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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La familia: ámbito de humanización del trabajo]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The family, being the basic cell of society, is the scenario where all possible social relations take place. Because of its intrinsically assistential character, it makes it possible for those who practice a profession -whether directly as in professions where assistential matters are the primary concern or indirectly in those where assistential matters are secondary- to cultivate in the family womb the attitudes that cause work to be something constitutively human.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><b><font size="4">La familia:    <br> &aacute;mbito de humanizaci&oacute;n del trabajo</font></b></p>     <p align="right">Teoria de la educaci&oacute;n</p>     <p><b>Alfredo Rodr&iacute;guez Sedano</b></p>     <p>Doctor en Filosof&iacute;a y en Ciencias Econ&oacute;micas y  Empresariales. Profesor Contratado Doctor de Sociolog&iacute;a en el  Departamento de Educaci&oacute;n de la Universidad de Navarra, Espa&ntilde;a.  <a href="mailto:arsedano@unav.es">arsedano@unav.es</a></p>     <p><b>Francisco Altarejos Masota</b></p>     <p>Catedr&aacute;tico de Filosof&iacute;a de la Educaci&oacute;n.  Profesor Ordinario en el Departamento de Educaci&oacute;n de la Universidad de  Navarra, Espa&ntilde;a. <a href="mailto:faltarejos@unav.es">faltarejos@unav.es</a></p>     <p><b>Aurora Bernal Mart&iacute;nez de Soria</b></p>     <p>Doctora en Pedagog&iacute;a y Teolog&iacute;a. Profesora  Contratada Doctora en el Departamento de Educaci&oacute;n de la Universidad de  Navarra, Espa&ntilde;a. <a href="mailto:abernal@unav.es">abernal@unav.es</a></p>  <hr size="1">      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Resumen</b></p>     <p>La  familia como c&eacute;lula b&aacute;sica de la sociedad es el escenario donde se  cultivan todas las relaciones sociales posibles. Precisamente por su  car&aacute;cter intr&iacute;nsecamente asistencial facilita que quienes ejerzan una  profesi&oacute;n, bien sea de modo directo, como son todas aquellas  profesiones donde lo asistencial es primario, bien sea de modo  indirecto, como son aquellas profesiones en las que secundariamente se  da lo asistencial, cultiven en el seno familiar aquellas actitudes que  hacen que el trabajo sea constitutivamente humano.</p>     <p><b>Palabras clave</b>: Educaci&oacute;n social, educaci&oacute;n familiar, sociabilidad, identidad personal, teor&iacute;a de la educaci&oacute;n.</p>  <hr size="1">      <p><b>Abstract</b></p>     <p>The  family, being the basic cell of society, is the scenario where all  possible social relations take place. Because of its intrinsically  assistential character, it makes it possible for those who practice a  profession -whether directly as in professions where assistential  matters are the primary concern or indirectly in those where  assistential matters are secondary- to cultivate in the family womb the  attitudes that cause work to be something constitutively human.</p>     <p><b>Key words</b>: Social education, family education, sociability, personal identity, theory of education.</p>  <hr size="1">      <p><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>La vocaci&oacute;n de humanidad -llega a  ser el que eres- reclama una unidad de vida entre saber, querer y  hacer, que se persigue incensantemente, pero que rara vez se alcanza.  Uno de los errores m&aacute;s corrientes es reducir la unidad buscada a una de  sus dimensiones, percibiendo desde esa dimensi&oacute;n todo el sentido de la  existencia humana. En nuestros d&iacute;as la eficacia productiva pretende ser  la finalidad &uacute;ltima buscada, el referente teleol&oacute;gico del hacer humano.  El sentido &uacute;ltimo del trabajo descansa en la eficacia: mejor es un  trabajo, cuanto m&aacute;s y mejor produce. Se enfatiza el aspecto  cuantitativo, su dimensi&oacute;n objetiva, en detrimento del aspecto  cualitativo, su dimensi&oacute;n subjetiva.</p>     <p>Sin embargo, la b&uacute;squeda de lo mejor  debe entra&ntilde;ar tambi&eacute;n para quien lo realiza un sentido perfectivo,  adem&aacute;s de la eficacia que se reclama. El trabajo no puede fundarse  exclusivamente en el criterio de la eficacia y la eficiencia, en un  mero saber t&eacute;cnico que conforme al profesional de hoy d&iacute;a. La  aspiraci&oacute;n a ser un buen profesional desborda la fractura de la  personalidad y la quiebra del sentido humano del trabajo. Junto al  saber t&eacute;cnico, se requiere de un saber &eacute;tico que haga bueno al  profesional bueno, para conseguir un buen profesional.</p>     <p>El objetivo del presente trabajo es  analizar las caracter&iacute;sticas esenciales com&uacute;nmente admitidas acerca del  profesional. Es decir, aquellos aspectos que le identifican como tal.  Del an&aacute;lisis de esas caracter&iacute;sticas, de acuerdo con Carr y Kemmis, se  observar&aacute; que dichas caracter&iacute;sticas enfatizan la dimensi&oacute;n objetiva  del trabajo. El car&aacute;cter asistencial que acompa&ntilde;a a toda profesi&oacute;n -a  unas de modo m&aacute;s pleno que a otras- no aparece en esas caracter&iacute;sticas  se&ntilde;aladas. La distinci&oacute;n entre la noci&oacute;n de servicio y ayuda ser&aacute; de  gran utilidad para repensar las caracter&iacute;sticas del buen profesional  desde su mismo quehacer. Las cinco caracter&iacute;sticas que se sugieren  enfatizan que no es suficiente con un saber t&eacute;cnico y la distinci&oacute;n  entre dimensi&oacute;n objetiva y subjetiva del trabajo fundamentan dicha  propuesta. Pero no son caracter&iacute;sticas o cualidades que emerjan solas.  A la luz de los cometidos que se se&ntilde;alan para la familia en la  Familiaris Consortio, encontramos el germen de la humanizaci&oacute;n del  trabajo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Y esto porque en la familia, como en  ning&uacute;n otro &aacute;mbito, se ejerce una atenci&oacute;n personalizada a los hijos,  donde son tratados como qui&eacute;nes no como qu&eacute;s. Por  esta raz&oacute;n, &quot;el aprendizaje de la equidad, como el de cualquier otra  virtud, se realiza primariamente en el seno de la familia, pues esta no  es otra cosa que un entramado de relaciones interpersonales, donde la  misma convivencia cotidiana es genuina praxis educativa&quot;<a name="1sup" id="1sup"></a><sup><a href="#1inf">1</a></sup>. Esta  actitud hacia los hijos en la familia es un reconocimiento de la  condici&oacute;n personal de los hijos, fundamento b&aacute;sico de la educaci&oacute;n <a name="2sup" id="2sup"></a><sup><a href="#2inf">2</a></sup>. As&iacute;  podemos afirmar que la familia es el lugar donde &quot;el ser humano se  personaliza y se socializa, es decir, como el lugar propio y primario  del devenir del individuo y de la sociedad&quot; <a name="3sup" id="3sup"></a><sup><a href="#3inf">3</a></sup>.  La familia se muestra as&iacute;, con mayor raz&oacute;n, como la c&eacute;lula b&aacute;sica de la  sociedad. Un &aacute;mbito en el que es posible desarrollar y cultivar las  caracter&iacute;sticas que acompa&ntilde;an al profesional. Y esto porque tanto la  familia como la profesi&oacute;n coinciden en ser asistenciales. La noci&oacute;n de  ayuda, entendida como refuerzo de la acci&oacute;n, contribuye as&iacute; no solo al  logro de la eficacia pretendida y buscada, sino al perfeccionamiento de  quien lo realiza.</p>     <p><b>1. Notas o caracter&iacute;sticas de la profesi&oacute;n</b></p>     <p>Han sido muchos los intentos de caracterizar el quehacer profesional, especialmente del docente, desde muy diversas &oacute;pticas. Uno  de esos intentos por lograr una s&iacute;ntesis que arroje luz sobre el modo  en que debiera ejercerse y reconocerse esa actividad profesional, es la  que han llevado a cabo W. Carr y S. Kemmis <a name="4sup" id="4sup"></a><sup><a href="#4inf">4</a></sup>. Estos autores reducen a tres amplios rasgos la profesionalidad:</p>    <ol type="a">         <li>Conocimiento fundado en un saber te&oacute;rico.</li>         <li>Subordinaci&oacute;n del profesional al inter&eacute;s y bienestar del cliente.</li>         <li>Derecho a formular juicios aut&oacute;nomos exentos del control extraprofesional.</li>       </ol>      <p>Refiriendo esos rasgos al quehacer  educativo, veamos las cautelas que deben estar presentes para una  adecuada concepci&oacute;n de la profesi&oacute;n docente.</p>     <p><b>a. Conocimiento fundado en un saber te&oacute;rico</b></p>     <p>Lo primero que debi&eacute;ramos plantearnos es dirimir sobre cu&aacute;l o cu&aacute;les son los saberes que fundamentan la pr&aacute;ctica educativa. Si  la educaci&oacute;n es esencialmente un saber pr&aacute;ctico, ¿son suficientes unos  saberes meramente te&oacute;ricos para dicha pr&aacute;ctica? Si la docencia es una  pr&aacute;ctica, ¿puede realizarse como aplicaci&oacute;n de dicho saber te&oacute;rico? <a name="5sup" id="5sup"></a><sup><a href="#5inf">5</a></sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Parece claro que ning&uacute;n saber  pr&aacute;ctico puede considerarse como un conjunto de destrezas, habilidades  derivadas de un saber te&oacute;rico. Cabe incluso afirmar que aun conociendo  por completo, si eso fuera posible, la condici&oacute;n humana y su modo de  operar, no se sabr&aacute; qu&eacute; hacer en cada caso para ayudar al educando a su  mejora o perfeccionamiento. A obrar se aprende obrando y a educar educando, pero no conociendo el ser de la educaci&oacute;n y la naturaleza del educando <a name="6sup" id="6sup"></a><sup><a href="#6inf">6</a></sup>.</p>     <p>En la interacci&oacute;n que se da en el  quehacer educativo acontece la libertad que permite descubrir la  novedad en cada acci&oacute;n realizada. A diferencia de otras profesiones  donde el saber te&oacute;rico delimita el campo de acci&oacute;n, esto no ocurre en  la educaci&oacute;n. La clave est&aacute; en percatarse  de que as&iacute; como en otras profesiones se trabaja con cosas, en la  educaci&oacute;n &quot;no se trabaja con cosas, sino con personas&quot;<a name="7sup" id="7sup"></a><sup><a href="#7inf">7</a></sup>.  Este aspecto de la libertad hace comprender que la educaci&oacute;n es  estimulante, pues en ella acontece siempre lo nuevo en cada acci&oacute;n y  conviene tener presente que cada persona aporta su novedad por ser  &uacute;nica e irrepetible. Formalizar todas las situaciones del  comportamiento humano se hace de suyo tarea imposible.</p>     <p><b>b. Subordinaci&oacute;n del profesional al inter&eacute;s y bienestar del cliente</b></p>     <p>Al tratar de esta segunda  caracter&iacute;stica parece evidente que la actuaci&oacute;n profesional viene  determinada por la capacidad de servicio que se presta al cliente.  Observando las diferentes profesiones es con lo que nos encontramos hoy  d&iacute;a en la sociedad. De este modo, como formulaci&oacute;n gen&eacute;rica parece  irreprochable.</p>     <p>Sin embargo, cuando tratamos de ver  este rasgo en el &aacute;mbito educativo se torna problem&aacute;tica la formulaci&oacute;n.  ¿Qui&eacute;n es el cliente para un profesional de la docencia? Muy  probablemente la respuesta m&aacute;s com&uacute;n es la de ver en el alumno al  cliente. No obstante habr&iacute;a que decir que es un cliente muy peculiar,  al menos respecto de otros clientes del &aacute;mbito de la inform&aacute;tica,  consumo, etc.</p>     <p>Nos encontramos con que este cliente  que es el alumno, en muchos casos no es mayor de edad. Es decir, no  puede actuar como parte contratante. Pero aunque lo fuera no dispone de  los medios para actuar como tal. En ambos casos existe una clara y  n&iacute;tida dependencia, tanto en la elecci&oacute;n de los estudios, como en el  modo de sufragarlos. Realmente son los padres quienes se relacionan con  el docente, aunque el servicio se dirija al alumno. Siendo los padres  quienes se relacionan no son los que reciben los beneficios de la  educaci&oacute;n directamente -indirectamente cabe hablar de un servicio  recibido en la medida en que son parte del entramado educativo- y el  juicio que elaboran sobre la calidad de la docencia viene por terceros  -los hijos-.</p>     <p>En cualquier otro &aacute;mbito profesional  podr&iacute;amos prever las consecuencias negativas que pudieran derivarse y  adelantar el posible fracaso de una acci&oacute;n. Baste fijar la mirada en la  labor que realiza un arquitecto, o la inversi&oacute;n que lleva a cabo un  economista. ¿Es posible adelantar el fracaso en la tarea educativa?  Quiz&aacute; a quien ignora lo que es la educaci&oacute;n se le puede plantear la  posibilidad de adelantar acontecimientos. Esto es muy propio de la  aportaci&oacute;n que hace la sociolog&iacute;a a trav&eacute;s de la prospectiva. Pero  cuando se trata de un &aacute;mbito en el que acontece la libertad, el intento  se frustra por su inconsistencia radical. &quot;El futuro humano es  imprevisible, sobre todo si se prescinde de factores pertinentes. No  cabe aplicar a la sociolog&iacute;a el ideal de Augusto Comte: saber para  prever. Ello puede dar lugar a un escepticismo no justificado&quot; <a name="8sup" id="8sup"></a><sup><a href="#8inf">8</a></sup>.</p>     <p><b>c. Derecho a formular juicios aut&oacute;nomos exentos del control extraprofesional</b></p>     <p>Quiz&aacute; sea este el aspecto m&aacute;s  problem&aacute;tico para el profesional de la educaci&oacute;n. &quot;Es en el aspecto de  la autonom&iacute;a donde halla sus limitaciones m&aacute;s serias la profesionalidad  de los maestros. Pues si bien los  maestros pueden formular juicios aut&oacute;nomos en el decurso de la  actividad cotidiana de las clases, y en efecto lo hacen, en cambio  poseen escaso control sobre el contexto organizativo general dentro del  cual ocurre dicha actividad&quot; <a name="9sup" id="9sup"></a><sup><a href="#9inf">9</a></sup>.</p>     <p>La exigencia de la autonom&iacute;a es sin  duda una herencia de las llamadas &quot;profesiones liberales&quot;. Una  exigencia que hace referencia a la pr&aacute;ctica por libre o asociado a un  n&uacute;mero reducido de personas. Sin embargo, el docente es un asalariado.  No cabe desde esta perspectiva entender la autonom&iacute;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Bien es cierto que en otras  profesiones al tratar m&aacute;s directamente con cosas que con personas  -aunque siempre se trate con personas- las decisiones vienen dadas. Si  observamos la actividad que realiza un arquitecto, un ingeniero, un  economista, entenderemos que con los datos de los que disponen las  decisiones son relativamente f&aacute;ciles de tomar. El profesor en un aula  tiene una autonom&iacute;a bien distinta. No caben dos clases iguales con la  misma materia y siempre tendr&aacute; en cuenta a quienes tiene presentes,  tratando de adecuar la ense&ntilde;anza a las necesidades formativas. La  intencionalidad educativa que acompa&ntilde;a a la ense&ntilde;anza hace que la  formaci&oacute;n no pueda adelantarse, sin conocer las inquietudes y  necesidades del receptor.</p>     <p>Quiz&aacute; de estas tres caracter&iacute;sticas  aquella sobre la que hay m&aacute;s unanimidad a la hora de definir la  profesi&oacute;n y distinguirla de otras tareas ocupacionales sea la de la  autonom&iacute;a. Dicha caracter&iacute;stica hace referencia simult&aacute;neamente tanto a  la capacidad personal de tomar decisiones operativas en el trabajo, con  ausencia de toda pretensi&oacute;n externa, como a la pertinente  responsabilidad social ante los resultados y la calidad de dicho  trabajo. Sin embargo, no es menos cierto que cada vez el trabajo  reclama mayor interdependencia. Si expresamente lo contemplamos en la  educaci&oacute;n, entonces no cabe aspirar a una seria labor docente, salvo  que reduzcamos la educaci&oacute;n a mera instrucci&oacute;n.</p>     <p>Del an&aacute;lisis de estas  caracter&iacute;sticas cabr&iacute;a concluir que &quot;la aplicaci&oacute;n rigurosa y tajante  de estos requisitos no dejar&iacute;a profesi&oacute;n con cabeza. As&iacute;  ocurre con todas las clasificaciones, pero especialmente con las de  este tipo, fruto de un an&aacute;lisis sociol&oacute;gico que es incapaz de detectar  la jerarqu&iacute;a interna de los elementos, pues de la cuantificaci&oacute;n de los  hechos en datos, por abundantes que &eacute;stos sean, nunca emana el  principio de orden o de referencia esencial&quot;<a name="10sup" id="10sup"></a><sup><a href="#10inf">10</a></sup>.  Parece oportuno que nos centremos en la profesi&oacute;n destacando su  car&aacute;cter asistencial, como paso previo a la caracterizaci&oacute;n que mejor  se acomoda y que encuentra en la familia el escenario donde se pueden  ensayar todas las relaciones posibles que se llevan a cabo.</p>     <p><b>2. El trabajo como profesi&oacute;n asistencial: servicio-ayuda</b></p>     <p>De acuerdo con las caracter&iacute;sticas  se&ntilde;aladas caben dos opciones al profesional de la docencia: buscar un  reconocimiento social de acuerdo con las caracter&iacute;sticas se&ntilde;aladas, o  bien profundizar en el quehacer docente para establecer una nueva  propuesta sobre la noci&oacute;n de profesionalidad.</p>     <p>La opci&oacute;n m&aacute;s apropiada viene  indicada por la intencionalidad del educador anteriormente mencionada:  no pueden disociarse ense&ntilde;anza y formaci&oacute;n. A&uacute;n m&aacute;s, es precisamente a  trav&eacute;s de la ense&ntilde;anza como se logra la formaci&oacute;n. No cabe, por tanto,  una ense&ntilde;anza neutra. No cabe entender al docente como un ense&ntilde;ante,  como un instructor del saber. Precisamente,  el paso que media entre la informaci&oacute;n y el conocimiento -que siempre  es de una verdad- solo puede darlo la acci&oacute;n del docente,  intencionalmente educativa <a name="11sup" id="11sup"></a><sup><a href="#11inf">11</a></sup>. Esta  perspectiva ya fue puesta de manifiesto en las recomendaciones  presentadas por la Comisi&oacute;n internacional sobre la educaci&oacute;n para el  siglo XXI, recogidas en el informe Delhors, La educaci&oacute;n encierra un  tesoro <a name="12sup" id="12sup"></a><sup><a href="#12inf">12</a></sup>.  En este informe se recoge la idea de que los sistemas educativos en los  albores de este nuevo siglo deben orientarse a proporcionar una  educaci&oacute;n fundamentada en cuatro pilares:</p> <ol>       <li>         <p>Aprender a conocer: la  educaci&oacute;n podr&aacute; considerarse exitosa en la medida que proporcione las  bases y el impulso necesario para continuar aprendiendo a lo largo de  toda la vida, tanto dentro como fuera del trabajo.</p>   </li>       <li>         <p>Aprender  a hacer: este aprendizaje tiene que ver con la formaci&oacute;n en  competencias para poner en pr&aacute;ctica los conocimientos en unas  condiciones que demanda el mundo laboral, m&aacute;s que una calificaci&oacute;n  precisa, una capacidad derivada de la formaci&oacute;n profesional, la aptitud  al trabajo en equipo y la iniciativa, entre otras.</p>   </li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li>         <p>Aprender  a vivir con el otro: conocer y respetar al otro es el elemento primario  para disminuir el conflicto en cualquier sociedad, y posibilitar as&iacute; el  surgimiento de la confianza social, necesaria para desarrollar  proyectos con objetivos comunes o solidarios a cualquier nivel de las  estructuras sociales. Una educaci&oacute;n es de calidad si es capaz de  promover la capacidad de di&aacute;logo, fundado en argumentos, entre las  personas que pasan por la escuela.</p>   </li>       <li>         <p>Aprender  a ser: la educaci&oacute;n debe ser capaz de ayudarnos a lograr una identidad  personal -qui&eacute;n soy- que se manifieste en una identidad nacional,  social, familiar, etc. -qu&eacute; soy-, desarrollando una capacidad cr&iacute;tica y  la capacidad de juzgar como requisitos b&aacute;sicos para el ejercicio de  nuestra libertad.</p>   </li>     </ol>     <p>Estas recomendaciones ponen de  manifiesto, entre otras cuestiones, que el docente no se puede limitar  a conocer lo que hay, sino a conocer c&oacute;mo obrar en la ciencia y en la  vida. Ambos saberes han de ser comunicados <a name="13sup" id="13sup"></a><sup><a href="#13inf">13</a></sup> al alumno, pues es la mejor ayuda que puede recibir. Esto nos pone  sobre la pista de la consideraci&oacute;n de la profesi&oacute;n docente como una  profesi&oacute;n asistencial. La noci&oacute;n de ayuda es de suma importancia para  la comprensi&oacute;n de la esencia del quehacer educativo.</p>     <p>¿Por qu&eacute; esta incidencia en la  noci&oacute;n de ayuda? No cabe duda de que la noci&oacute;n de servicio est&aacute;  presente en los rasgos que anteriormente se ha se&ntilde;alado para la  profesi&oacute;n y ha contribuido notablemente a la transformaci&oacute;n de las  profesiones. Sin embargo, no es menos cierto que ambas nociones se  distinguen netamente y en la consideraci&oacute;n de la labor docente la ayuda  designa mejor la tarea que se viene a realizar.</p>     <p>&quot;Hay una neta diferencia conceptual  entre servicio y ayuda en raz&oacute;n de su finalidad (&hellip;) En el servicio, el  tomador es alguien que recibe el bien, y es por tanto un receptor  pasivo. En cambio, en la ayuda, el  destinatario es alguien reforzado en su propia acci&oacute;n, y dicho refuerzo  es precisamente el bien que se ofrece; el ayudado es un agente activo&quot; <a name="14sup" id="14sup"></a><sup><a href="#14inf">14</a></sup>. El tener enfatiza c&oacute;mo la superioridad del trabajo en sentido subjetivo sobre el trabajo objetivo es de &iacute;ndole teleol&oacute;gica <a name="15sup" id="15sup"></a><sup><a href="#15inf">15</a></sup>.</p>     <p>Esta neta diferencia, marca la pauta  de acci&oacute;n del docente. Podr&iacute;amos decir que su tarea como profesional, a  trav&eacute;s de la ense&ntilde;anza, consiste b&aacute;sicamente en ense&ntilde;ar a buscar,  ense&ntilde;ar a saber buscar, ense&ntilde;ar a saber buscar bien y ense&ntilde;ar a saber  buscar el bien. A trav&eacute;s de este aprendizaje cada alumno se encuentra  con la verdad y finalmente habr&aacute; de ense&ntilde;arle a alcanzarla. Una vez  alcanzada se inicia el proceso de b&uacute;squeda en la intensificaci&oacute;n de la  verdad. Y esa b&uacute;squeda ha de acompa&ntilde;ar intensiva y cualitativamente la  vida del alumno en todas las facetas de la vida. De este modo es como  el docente ayuda al alumno reforz&aacute;ndolo en su propia acci&oacute;n. La ayuda as&iacute; entendida es consistente con la finalidad de la educaci&oacute;n: el obrar feliz <a name="16sup" id="16sup"></a><sup><a href="#16inf">16</a></sup>.</p>     <p><b>3. Notas esenciales de la ayuda</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hay cinco notas esenciales que  definen la &iacute;ndole de cualquier tarea de ayuda, pero con un sentido  propio, constante en el tiempo y perfectivo o de mejora en el quehacer;  son las notas caracter&iacute;sticas de las profesiones asistenciales:  competencia, iniciativa, responsabilidad, compromiso y dedicaci&oacute;n <a name="17sup" id="17sup"></a><sup><a href="#17inf">17</a></sup>.</p>     <p><b>3.1. Competencia</b></p>     <p>La competencia se refiere a la habilidad o capacidad para resolver y afrontar los problemas propios del trabajo. &quot;La persona competente no es tanto la que sabe y por eso puede hacer;  sino la que sabe obrar y hacer y puede afrontar los problemas pr&aacute;cticos  en su complejidad&quot; <a name="18sup" id="18sup"></a><sup><a href="#18inf">18</a></sup>.  En el ofrecimiento que hace de la competencia, el profesional se hace  cargo del inter&eacute;s y beneficio del otro. Ah&iacute; radica la autoridad del  profesional, bien distinta a la potestad. &quot;La autoridad es el saber socialmente reconocido y la potestad es el poder socialmente reconocido&quot; <a name="19sup" id="19sup"></a><sup><a href="#19inf">19</a></sup>.  Como saber socialmente reconocido, refuerza y alienta la acci&oacute;n de los  dem&aacute;s. En eso consiste precisamente la ayuda que se presta desde una  profesi&oacute;n que tiene un marcado matiz asistencial. Asistir, ayudar a  quien lo necesita ense&ntilde;&aacute;ndole a buscar, encontrar y alcanzar la verdad.  Pero como tal b&uacute;squeda, encuentro y logro, eso solo lo puede realizar  quien se enfrenta a la verdad.</p>     <p>La tarea de ayuda suscita una  relaci&oacute;n afectiva mutua que, si bien no es el fundamento, s&iacute; es un  recurso valioso y eficaz para el quehacer asistencial. A trav&eacute;s de la  competencia la impronta del docente es una ayuda muy eficaz para el  obrar feliz.</p>     <p><b>3.2. Compromiso</b></p>     <p>La competencia no ser&iacute;a posible si  no se diera el compromiso personal del profesional. El compromiso es  una caracter&iacute;stica b&aacute;sicamente inobjetiva y reacia a toda  estandarizaci&oacute;n por su misma naturaleza: un compromiso solo puede  entenderse como un acto enteramente personal, donde cada quien se  implica en aquello que realiza, dotando a la acci&oacute;n de una dimensi&oacute;n  que va m&aacute;s all&aacute; de lo estrictamente estipulado. Al tratar de las otras  dimensiones no es posible hablar de ellas sin el referente de esta  caracter&iacute;stica. El compromiso arroja luz, ilumina e impulsa las dem&aacute;s  caracterizaciones.</p>     <p>Desde esta caracter&iacute;stica es como cabe hablar de excelencia profesional, inscribi&eacute;ndose en la dimensi&oacute;n subjetiva del trabajo <a name="20sup" id="20sup"></a><sup><a href="#20inf">20</a></sup> que va m&aacute;s all&aacute; de la dimensi&oacute;n objetiva <a name="21sup" id="21sup"></a><sup><a href="#21inf">21</a></sup>.  El compromiso supone desbordar las expectativas que presenta la  dimensi&oacute;n objetiva, desbordando as&iacute; la mera eficacia productiva y  resaltando justamente el car&aacute;cter asistencial que acompa&ntilde;a a la  profesi&oacute;n. &quot;La superioridad del trabajo en sentido subjetivo sobre el  trabajo en sentido objetivo es de &iacute;ndole teleol&oacute;gica, lo cual implica  que el acto de trabajar est&eacute; integrado por operaciones inmanentes y  virtudes, a las cuales se debe su eficacia productiva. M&aacute;s  exactamente, el acto de trabajar es el cauce de las formas superiores  hacia la posesi&oacute;n y dominio del mundo material. Por eso el trabajo no  es un mero proceso mec&aacute;nico&quot; <a name="22sup" id="22sup"></a><sup><a href="#22inf">22</a></sup>.</p>     <p>¿Cabe exigir responsabilidad,  iniciativa, dedicaci&oacute;n, competencia, desde un c&oacute;digo deontol&oacute;gico?  Sobre la base objetiva en la que se apoyan los c&oacute;digos deontol&oacute;gicos no  es posible. En cambio el compromiso, en la medida en que desborda lo  objetivo, hace posible esa exigencia, que como tal es personal. En ese  desbordamiento se percibe no solo la mejora de la obra realizada, sino  de quien la realiza.</p>     <p><b>3.3. Iniciativa</b></p>     <p>De acuerdo con la segunda  caracter&iacute;stica, la profesionalidad se sit&uacute;a en una perspectiva  innovadora, en la medida en que el compromiso es inobjetivo y va m&aacute;s  all&aacute; de una estricta ocupaci&oacute;n. Desde esta perspectiva la iniciativa,  la innovaci&oacute;n, no es condici&oacute;n del trabajo, sino exigencia para quien  trabaja. La dimensi&oacute;n subjetiva del trabajo alienta esta caracter&iacute;stica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute; entendida la profesi&oacute;n, m&aacute;s que una obligaci&oacute;n es una vocaci&oacute;n <a name="23sup" id="23sup"></a><sup><a href="#23inf">23</a></sup>.  Una llamada que comporta una respuesta de acuerdo con el compromiso  personal, expandiendo m&aacute;s all&aacute; del mero quehacer, el logro de lo  buscado. En ese empe&ntilde;o no est&aacute; en juego  solo el trabajo ejercido, sino la mejora de quien lo realiza. Es decir,  la dimensi&oacute;n pr&aacute;xica y poi&eacute;tica de la acci&oacute;n <a name="24sup" id="24sup"></a><sup><a href="#24inf">24</a></sup>. De  este modo, puede decirse que en la profesi&oacute;n docente &quot;no hay acci&oacute;n  verdaderamente educativa que sea pura po&iacute;esis -ense&ntilde;anza-, porque en  toda acci&oacute;n educativa, aun en aquella que finalice en una obra  exterior, hay un proceso de decisi&oacute;n en el que el sujeto no solo decide  sobre el objeto, sino tambi&eacute;n sobre s&iacute; mismo -es el aspecto formativo  que conlleva la actuaci&oacute;n educativa&quot; <a name="25sup" id="25sup"></a><sup><a href="#25inf">25</a></sup>.</p>     <p><b>3.4. Dedicaci&oacute;n</b></p>     <p>Cuando nos referimos a esta  caracter&iacute;stica lo hacemos en sentido de ofrecimiento, entrega o  asignaci&oacute;n. La dedicaci&oacute;n es algo m&aacute;s que ocuparse de algo, ya que la  ocupaci&oacute;n tiende a la des-ocupaci&oacute;n, para ocuparse de otras cosas.</p>     <p>La diferencia entre dedicaci&oacute;n y  ocupaci&oacute;n puede verse, por una parte, por el componente de implicaci&oacute;n  intensivo y cualitativo de la dedicaci&oacute;n; mientras que el componente de  implicaci&oacute;n de la ocupaci&oacute;n es extensivo y cuantitativo. Desde esta  perspectiva, el profesional de hoy d&iacute;a tiende m&aacute;s a la ocupaci&oacute;n que a  la dedicaci&oacute;n. Por otra, y desde la perspectiva que aporta el tiempo,  la dedicaci&oacute;n m&aacute;s que en invertir muchas horas, lo que resalta es la  plena disponibilidad; mientras que en la ocupaci&oacute;n se invierten muchas  horas y falta disponibilidad, pues se pasa de una ocupaci&oacute;n a otra.</p>     <p>Obviamente, la dedicaci&oacute;n est&aacute; en  &iacute;ntima conexi&oacute;n con la ayuda. Ver al otro como un pr&oacute;jimo reclama para  quien ejerce la profesi&oacute;n, una actitud de permanente disponibilidad  ante las necesidades que vayan surgiendo. Obs&eacute;rvese que la dedicaci&oacute;n  no es una cuesti&oacute;n simplemente de ofrecer un servicio, sino de estar  disponible para ayudar, reforzar en todo momento la acci&oacute;n del otro o  de los otros. Entender esta distinci&oacute;n requiere del compromiso, en la  medida en que la inobjetivaci&oacute;n de ese compromiso desborda el mero  cumplimiento de un deber y entender la profesi&oacute;n como una llamada que  exige una respuesta.</p>     <p><b>3.5. Responsabilidad</b></p>     <p>La conexi&oacute;n que se establece entre  las diversas caracter&iacute;sticas, que se vienen mencionando, cobra mayor  vigor al tratar de la responsabilidad. No cabe entender las  caracter&iacute;sticas anteriormente se&ntilde;aladas, si no es desde la perspectiva  de &quot;hacerme cargo de&quot;. Resalta un aspecto que ilustra bien a la  profesi&oacute;n como comunidad. Al &quot;hacerme cargo de&quot;, el otro me importa  como tal y as&iacute; es posible constituir un &quot;nosotros&quot;.</p>     <p>Entonces,  la responsabilidad &quot;supone una obligaci&oacute;n, pero no impuesta por  instancias abstractas o c&oacute;digos generales de conducta, sino acogida por  el sujeto, que quiere hacerse cargo de las consecuencias de su acci&oacute;n  por un lado, y pretende constantemente mejorar dicha acci&oacute;n por otro  lado, para que las consecuencias sean crecientemente beneficiosas, para  uno mismo y para los dem&aacute;s&quot; <a name="26sup" id="26sup"></a><sup><a href="#26inf">26</a></sup>.</p>     <p>Desde la responsabilidad, el  profesional se siente impelido a una permanente y constante formaci&oacute;n,  que mejore su competencia, facilite la iniciativa, haga eficaz su  dedicaci&oacute;n y consolide su compromiso. Es, por consiguiente, la otra  cara de la libertad, la de su incremento.</p>     <p>Ciertamente la responsabilidad es una cualidad moral en s&iacute; misma <a name="27sup" id="27sup"></a><sup><a href="#27inf">27</a></sup>.  Es el fundamento y la raz&oacute;n de ser de la profesionalidad y,  particularmente, de las profesiones asistenciales. Por lo que se viene  se&ntilde;alando, obs&eacute;rvese que ese car&aacute;cter asistencial no es propio o  exclusivo de determinadas profesiones, sino que acompa&ntilde;a, en mayor o  menor medida, a cualquier profesi&oacute;n, remarc&aacute;ndose especialmente en  aquellas cuya finalidad radica directamente en la ayuda.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>4. La familia, entramado de relaciones interpersonales</b></p>     <p>Hasta ahora hemos tratado de ver  c&oacute;mo las caracter&iacute;sticas com&uacute;nmente admitidas para la profesi&oacute;n, quiz&aacute;  no sean las m&aacute;s adecuadas para lo que hemos denominado &quot;profesiones  asistenciales&quot;. Reflexionando sobre el quehacer de la profesi&oacute;n  asistencial nos hemos centrado en cinco caracter&iacute;sticas que la acompa&ntilde;a  y la definen. Sin embargo, no es menos  cierto que es en la familia, como ning&uacute;n otro &aacute;mbito, donde se fomentan  y ejercitan las caracter&iacute;sticas hemos se&ntilde;alado para las profesiones  asistenciales <a name="28sup" id="28sup"></a><sup><a href="#28inf">28</a></sup>.</p>     <p>Merece  la pena fijar la atenci&oacute;n en un texto de la Familiaris Consortio, para  darnos cuenta de que al estipular los cuatro cometidos generales de la  familia <a name="29sup" id="29sup"></a><sup><a href="#29inf">29</a></sup>,  hay una clara coincidencia con las cinco caracter&iacute;sticas que hemos  se&ntilde;alado para las profesiones asistenciales. Y esto, porque en ning&uacute;n  otro sitio como en la familia est&aacute; presente la noci&oacute;n de ayuda, al  entenderse la familia como un entramado de relaciones personales.</p>     <p>Los cuatro cometidos son:</p>    <ol>         <li>formaci&oacute;n de una comunidad de personas;</li>         <li>servicio a la vida;</li>         <li>participaci&oacute;n en el desarrollo de la sociedad;</li>         <li>participaci&oacute;n en la vida y misi&oacute;n de la Iglesia.</li>       </ol>      <p><b>Formaci&oacute;n de una comunidad de personas</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La familia, originariamente se entiende como comunidad m&aacute;s que como asociaci&oacute;n; es decir, como unidad de convivencia en la que:</p>    <ol>         <li>los fines son las mismas personas que la integran;</li>         <li>el contrato legal la define solo parcialmente, pues la familia se funda en un compromiso personal con car&aacute;cter &eacute;tico;</li>         <li>se cultiva mediante actos libres de aceptaci&oacute;ndonaci&oacute;n interpersonales</li>       </ol>      <p>La primera caracter&iacute;stica es la m&aacute;s  radical, como lo muestra la misma sem&aacute;ntica del t&eacute;rmino. Seg&uacute;n el  diccionario, &quot;comunidad&quot; se define as&iacute;: &laquo;calidad de com&uacute;n, de lo que,  no siendo privativamente, pertenece o se extiende a varios&raquo;. La  cl&aacute;usula intermedia -no siendo privativamente- indica que la  participaci&oacute;n en lo com&uacute;n no conlleva p&eacute;rdida de lo participado: se  comparte sin merma en nada ni para nadie. (La ra&iacute;z desarrollada de  &quot;com&uacute;n&quot; tiene el mismo sentido de participaci&oacute;n no privativa en el  t&eacute;rmino comunicaci&oacute;n, y es lo que la distingue esencialmente de  informaci&oacute;n: que no se pierde lo otorgado). Pasando de la comunidad  como cualidad de una agrupaci&oacute;n humana al acto propio de sus miembros  es cuando puede hablarse de comuni&oacute;n, que gen&eacute;ricamente define el  diccionario como &laquo;participaci&oacute;n en lo com&uacute;n&raquo;, y de un modo m&aacute;s  espec&iacute;fico, en su segunda acepci&oacute;n, como &laquo;trato familiar, comunicaci&oacute;n  de unas personas con otras&raquo;. De ah&iacute; el profundo sentido de la definici&oacute;n de familia que aporta Juan Pablo II: &laquo;comuni&oacute;n de personas&raquo; (communio personarum) <a name="30sup" id="30sup"></a><sup><a href="#30inf">30</a></sup>; sentido hondo en lo antropol&oacute;gico y muy propio en lo ling&uuml;&iacute;stico. Sentido donde el autor radica la misi&oacute;n crucial de la familia que es ser la &laquo;escuela de humanidad m&aacute;s completa y m&aacute;s rica&raquo; <a name="31sup" id="31sup"></a><sup><a href="#31inf">31</a></sup>, sentido que no es atendido usualmente en las investigaciones sobre la realidad familiar.</p>     <p>La familia como comunidad desborda  las expectativas que presentan las funciones derivadas de la dimensi&oacute;n  objetiva de ese actuar en com&uacute;n. Resalta de modo claro el compromiso  que conlleva esa &quot;comuni&oacute;n de personas&quot;. Un compromiso que entiende la  crianza de los hijos como misi&oacute;n propia y radical de la familia; al  tiempo que se abre la v&iacute;a para la superaci&oacute;n trascendente -no privativa  o prescindente- de la crianza de los hijos, de su ampliaci&oacute;n  antropol&oacute;gica en la formaci&oacute;n de una comunidad de personas. Pero esto  es solo posible a trav&eacute;s de la acci&oacute;n conjunta; es decir, mediante la  cotidiana praxis de la convivencia en la vida familiar. Es decir, la  misi&oacute;n de la crianza de los hijos se trasciende -no se supera  meramente- en la formaci&oacute;n de una comunidad de personas fundada en la  crianza o educaci&oacute;n de los hijos.</p>     <p><b>Servicio a la vida</b></p>     <p>Al referirnos a los cometidos  generales de la familia, cabe destacar que no se habla de funciones,  sino de &quot;cometidos&quot;; t&eacute;rmino que tiene como sin&oacute;nimos &quot;comisi&oacute;n,  encargo, misi&oacute;n, encomienda&quot;; todos ellos con un intr&iacute;nseco contenido  significativo de sustancia &eacute;tica. Esto no implica de suyo una mayor  excelencia del cometido o misi&oacute;n sobre la funci&oacute;n; pero siendo la  funci&oacute;n -seg&uacute;n el diccionario- una &laquo;capacidad de acci&oacute;n&raquo; s&iacute; que muestra  una diferencia esencial de grado con la misi&oacute;n: esta, por su impronta  &eacute;tica puede ser revocable, pero no reemplazable o sustituible, como s&iacute;  ocurre con la funci&oacute;n. Por tanto, cuando se habla de cometidos o  misiones se est&aacute; en un plano l&oacute;gicamente superior, que puede  especificarse en unas funciones; pero no reducirse a ellas.</p>     <p>En este segundo cometido se est&aacute;  destacando la familia comunitaria como vocaci&oacute;n, como llamada. M&aacute;s all&aacute;  de la funci&oacute;n, el amor a los hijos y al c&oacute;nyuge agudiza el ingenio.  Suscita un car&aacute;cter innovador en el que se resalta la novedad que toda  acci&oacute;n conlleva en la medida en que en esa &quot;comuni&oacute;n de personas&quot; se  busca siempre el bien del otro.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero este cometido destaca a su vez  la dedicaci&oacute;n como aspecto esencial de ese servicio a la vida. Una  dedicaci&oacute;n donde se resalta la disponibilidad mutua y la constante  actualizaci&oacute;n de esa dedicaci&oacute;n, como manifestaci&oacute;n amorosa de donaci&oacute;n  en las funciones que hay que cumplir en el seno de cada comunidad, pues  as&iacute; lo exige el dinamismo de la vida humana que impone la divisi&oacute;n del  trabajo; por eso, la comunidad no es nunca puramente tal ni garantiza  absolutamente la personalizaci&oacute;n constante de las relaciones humanas en  su seno. As&iacute; puede ocurrir en el seno de las familias cuando la madre  solo es considerada como la obrera del hogar, el padre s&oacute;lo como la  fuente de ingresos en la econom&iacute;a familiar, o los hijos como  perpetuadores de la estirpe o elementos de la &quot;realizaci&oacute;n&quot; y  autocomplacencia de los padres. En estos casos, la familia corre el  riesgo de acabar concluyendo en una asociaci&oacute;n privada, donde sus  miembros se estanquen en la condici&oacute;n de individuos; es decir, que  lleguen a vivir conjuntamente, pero con la posibilidad abierta de su  reemplazo por otros y, consecuentemente, con el riesgo de la  desmembraci&oacute;n o descomposici&oacute;n. La realidad familiar, pues, no tiene la  forma de comunidad pura y absoluta; pero s&iacute; lo es originariamente, no  solo por constituirse as&iacute; desde su inicio temporal con el matrimonio,  sino por el amor que funda a este y se expande a los hijos. Entonces,  la naturaleza propia de la familia como comunidad originaria de  personas significa tambi&eacute;n que su misi&oacute;n consiste en la actualizaci&oacute;n y  plenificaci&oacute;n de su ser original; o sea en el acendramiento de su vida  comunitaria mediante el reconocimiento y el crecimiento de sus miembros  como personas, o si se quiere -tanto da en la pr&aacute;ctica-, en la  afirmaci&oacute;n y el desarrollo perfectivo de las personas mediante el  cuidado de la vida como comunidad.</p>     <p><b>Participaci&oacute;n en el desarrollo de la sociedad</b></p>     <p>En este cometido se resalta  inicialmente la responsabilidad. El modo de llevarla a cabo es tener  presente que la dignidad humana se vive y se actualiza naturalmente en  la familia, y por ello se conforma como comunidad; esto es, como  sociedad donde los fines son las propias personas que la integran. Y  parte esencial de la dignidad humana es la mejora, el crecimiento  perfectivo de las personas que da sentido a sus existencias. Por eso,  un aspecto esencial y constitutivo de la realidad familiar es la  promoci&oacute;n de ese crecimiento de las personas que la componen;  crecimiento del cuerpo y crecimiento del esp&iacute;ritu, nutrici&oacute;n y  formaci&oacute;n que son indiscernibles en la praxis de la convivencia  familiar como comunidad. De ah&iacute; que establecer la misi&oacute;n de la familia  como &laquo;formaci&oacute;n de una comunidad de personas&raquo; equivalga a definir la  familia como comunidad para la formaci&oacute;n de las personas; ambas  expresiones, con una ligera diferencia de sentido, tienen el mismo  referente.</p>     <p>Pero tambi&eacute;n se fomenta la  competencia, como aspecto esencial para una participaci&oacute;n en el  desarrollo social. En la familia se aprende a hacer de la sociedad  comunidad. Tratar al otro por ser quien es engendra un modo de  conducirse, de desempe&ntilde;ar funciones con constancia en virtud de un  compromiso; y se aprende emul&aacute;ndolo. Constituye una fuente de  civilizaci&oacute;n. La familia es matriz de individuos y de sociedad; puede  ser matriz de personas que se comportan como tal y en este sentido se  es matriz de una sociedad personalizada. &quot;La civilizaci&oacute;n consiste en saber traducir en familiar lo no familiar&quot; <a name="32sup" id="32sup"></a><sup><a href="#32inf">32</a></sup>.</p>     <p>La dimensi&oacute;n sociable de las  personas se expande como solidaridad -aporte a una comunidad de  personas- y no solo como socializaci&oacute;n -adaptaci&oacute;n a un grupo y  entorno-. Se origina y nutre en la familia primordialmente si esta se  entiende y se emprende como un proyecto de vida en los t&eacute;rminos ya  mencionados: reconocimiento y aceptaci&oacute;n de quienes son, acogiendo su  donaci&oacute;n, la donaci&oacute;n de diversos, por sexo, edad y libertad. La  familia se convierte en un &aacute;mbito privilegiado de v&iacute;nculos entre  personas con tal fecundidad que se abre a otras personas en sociedad y  se genera el altruismo, verdadero fundamento de la ayuda, una cultura  de uni&oacute;n desinteresada con los dem&aacute;s.</p>     <p><b>Participaci&oacute;n en la vida y misi&oacute;n de la Iglesia</b></p>     <p>En este cometido encuentra la  familia su m&aacute;s alta raz&oacute;n de ser, as&iacute; como el fundamento m&aacute;s s&oacute;lido de  las caracter&iacute;sticas que hemos venido considerando: compromiso,  iniciativa dedicaci&oacute;n, responsabilidad y competencia.</p>     <p>Efectivamente,  &quot;en el matrimonio y en la familia se constituye un conjunto de  relaciones interpersonales -relaci&oacute;n conyugal, paternidad-maternidad,  filiaci&oacute;n, fraternidad- mediante las cuales toda persona humana queda  introducida en la &laquo;familia humana&raquo; y en la &laquo;familia de Dios&raquo;, que es la  Iglesia&quot; <a name="33sup" id="33sup"></a><sup><a href="#33inf">33</a></sup>.  En esa constituci&oacute;n tiene lugar una llamada que alienta la propia  iniciativa personal, as&iacute; como estimula la propia responsabilidad ante  la respuesta que se espera de cada uno.</p>     <p>Precisamente ese car&aacute;cter  comunitario que es la familia, hace que ella misma contribuya a la  propia edificaci&oacute;n de la Iglesia, desde la iniciativa y  responsabilidad, suscitando as&iacute; un compromiso y una dedicaci&oacute;n que  tendr&aacute; su propio correlato social en el &aacute;mbito en el que nos  desenvolvemos. &quot;El matrimonio y la  familia cristiana edifican la Iglesia; en efecto, dentro de la familia  la persona humana no solo es engendrada y progresivamente introducida,  mediante la educaci&oacute;n, en la comunidad humana, sino que mediante la  regeneraci&oacute;n por el bautismo y la educaci&oacute;n en la fe, es introducida  tambi&eacute;n en la familia de Dios, que es la Iglesia&quot; <a name="34sup" id="34sup"></a><sup><a href="#34inf">34</a></sup>.</p>     <p>Pero para llevar a cabo los  cometidos se&ntilde;alados, la familia y cada uno de los miembros que la  componen en unidad, adquieren la competencia necesaria recibida como  don salv&iacute;fico. La conciencia de ese don fundamenta todos los dem&aacute;s  cometidos. &quot;La familia humana,  disgregada por el pecado, queda reconstituida en su unidad por la  fuerza redentora de la muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo <a name="35sup" id="35sup"></a><sup><a href="#35inf">35</a></sup>. El  matrimonio cristiano, part&iacute;cipe de la eficacia salv&iacute;fica de este  acontecimiento, constituye el lugar natural dentro del cual se lleva a  cabo la inserci&oacute;n de la persona humana en la gran familia de la  Iglesia&quot; <a name="36sup" id="36sup"></a><sup><a href="#36inf">36</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>5. Conclusi&oacute;n</b></p>     <p>La familia como c&eacute;lula b&aacute;sica de la  sociedad es el escenario donde se cultivan todas las relaciones  sociales posibles. Precisamente por su car&aacute;cter intr&iacute;nsecamente  asistencial facilita que quienes ejerzan una profesi&oacute;n, bien sea de  modo directo, como son todas aquellas profesiones donde lo asistencial  es primario, bien sea de modo indirecto, como son aquellas profesiones  en las que secundariamente se da lo asistencial, cultiven en el seno  familiar aquellas actitudes que hacen que el trabajo sea  constitutivamente humano.</p>     <p>Como se ha visto, las  caracter&iacute;sticas que acompa&ntilde;an a la profesi&oacute;n no resaltan precisamente  el car&aacute;cter asistencial que toda acci&oacute;n humana conlleva, dejando de  lado la noci&oacute;n de ayuda, clave para las relaciones interpersonales,  generaci&oacute;n de confianza y mutuo perfeccionamiento.</p>     <p>Fijar la atenci&oacute;n en el quehacer de  la profesi&oacute;n docente nos ha permitido sugerir aquellas caracter&iacute;sticas  que parecen m&aacute;s apropiadas para la consideraci&oacute;n de esa profesi&oacute;n.  Caracter&iacute;sticas que vienen a coincidir sustancialmente con los  cometidos generales de la familia sugeridos en la Familiaris Consortio.</p>     <p>Como se ha podido ver, en el seno  familiar se desenvuelven los radicales del ser persona; es lugar de  coexistencia en el que es posible y natural -propio de la naturaleza  humana- el amor, para aceptar la existencia de las personas y  contribuir a su potencialidad; se eleva la propia libertad -el grado  m&aacute;s alto de libertad consiste en disponer de s&iacute; para darse- y se hace  para promover la libertad del otro. Se comprende la gratuidad, la  reciprocidad. Se vive la dependencia rec&iacute;proca de las personas que  fundamenta la pertenencia personal. Se  hace de la dependencia ocasi&oacute;n de independencia bien entendida,  compatible con la vida social: &quot;El reconocimiento de la dependencia es  la clave de la independencia&quot; <a name="37sup" id="37sup"></a><sup><a href="#37inf">37</a></sup>. El v&iacute;nculo &quot;personal&quot; no limita la acci&oacute;n sino que es fuente de acciones personales.</p>     <p>La familia, con ese sentido se puede  entender como comunidad; cada miembro trasciende su yo y hace un  nosotros. Cada persona va m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; cuando entra en la comuni&oacute;n  con otro yo: como mujer, como marido, como padre, como madre, como hijo  y como hija. De esta comuni&oacute;n de un yo con otro yo, se pasa a la  referencia de ese yo con los otros yo como otros, fraguando comunidad.  El yo se encuentra en el nosotros de una manera m&aacute;s plena como persona.  La persona buscando el bien com&uacute;n no solo no pierde el propio sino que  confirma que es persona. El &quot;nosotros&quot; se define por sus v&iacute;nculos de  pertenencia por los que se deben crear las condiciones para que cada  quien sea quien es; tan importante es conseguir ese bien para todos  como colaborar para conseguirlo coexistiendo.</p>     <p>Los miembros de una familia se trascienden en la familia y esta se transciende en la sociedad. El paso de la multi-subjetividad a la subjetividad de muchos es el verdadero sentido del nosotros <a name="38sup" id="38sup"></a><sup><a href="#38inf">38</a></sup>. Ese &quot;nosotros&quot; tiene en la familia su origen.</p>  <hr size="1">            <p><a href="#1sup">1</a><a name="1inf" id="1inf"></a>     Altarejos, F. &quot;Libertades educativas e igualdad de oportunidades en sociedades interculturales&quot;, en: <i>Educaci&oacute;n y democracia</i>, Madrid, Comunidad de Madrid, 2004, 261.</p>               <p><a href="#2sup">2</a><a name="2inf" id="2inf"></a>     Cfr. Bernal, A. &quot;La participaci&oacute;n como propiedad de la persona. Ra&iacute;ces antropol&oacute;gicas de una educaci&oacute;n participativa&quot;, <i>Revista espa&ntilde;ola de pedagog&iacute;a</i>, 200, 105-129.</p>               <p><a href="#3sup">3</a><a name="3inf" id="3inf"></a>     Alvira, R. &quot;Sobre la esencia de la familia&quot;, en: Cruz, J. (ed.) <i>Metaf&iacute;sica de la familia</i>, Pamplona, Eunsa, 1995, 15.</p>               ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#4sup">4</a><a name="4inf" id="4inf"></a>     Carr, W.; Kemmis, S. <i>Teor&iacute;a cr&iacute;tica de la ense&ntilde;anza</i>, Barcelona, Mart&iacute;nez Roca, 1988, p. 26</p>               <p><a href="#5sup">5</a><a name="5inf" id="5inf"></a>     Cfr. Altarejos, F. <i>Dimensi&oacute;n &eacute;tica de la educaci&oacute;n</i>, Pamplona, Eunsa, 2002, 2&ordf; ed., cap. VI: &quot;La practicidad del saber educativo&quot;.</p>              <p><a href="#6sup">6</a><a name="6inf" id="6inf"></a>     Cfr. Alvira, R. &quot;La educaci&oacute;n como arte&quot;, en: <i>Reivindicaci&oacute;n de la voluntad</i>, Pamplona, Eunsa, 1988, pp. 130-140.</p>               <p><a href="#7sup">7</a><a name="7inf" id="7inf"></a>     Alvira, T. <i>Calidad del profesor: calidad de educaci&oacute;n</i>, Madrid, Dossat, 1985, p. 8.</p>               <p><a href="#8sup">8</a><a name="8inf" id="8inf"></a>     Polo, L. Nominalismo, <i>idealismo y realismo</i>, Pamplona, Eunsa, 3&ordf; ed., 2001, p. 57.</p>               <p><a href="#9sup">9</a><a name="9inf" id="9inf"></a>     Carr, W.; Kemmis, S. <i>Teor&iacute;a cr&iacute;tica de la ense&ntilde;anza</i>, p. 27.</p>               <!-- ref --><p><a href="#10sup">10</a><a name="10inf" id="10inf"></a>     Altarejos, F. &quot;<i>La docencia como profesi&oacute;n asistencial</i>&quot;, en: VV. AA. &Eacute;tica docente, Barcelona, Ariel, 2&ordf; ed., 2003, p. 33.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0123-1294200600010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><a href="#11sup">11</a><a name="11inf" id="11inf"></a>     Cfr. Drucker, P. <i>Las nuevas realidades</i>, Barcelona, Edhasa, 1989.</p>               <p><a href="#12sup">12</a><a name="12inf" id="12inf"></a>     Cfr. Delors, J. (coord.). <i>La educaci&oacute;n encierra un tesoro</i>, Madrid, Santillana- Ediciones, Unesco, 1996.</p>              <p><a href="#13sup">13</a><a name="13inf" id="13inf"></a>     Cfr. Altarejos, F.; Naval, C. <i>Filosofia dell'educazione</i>, Brescia, La Scuola, 2003, cap. IV.</p>               ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#14sup">14</a><a name="14inf" id="14inf"></a>     Altarejos, F. <i>La docencia como profesi&oacute;n asistencial</i>, p. 43.</p>               <p><a href="#15sup">15</a><a name="15inf" id="15inf"></a>     La  distinci&oacute;n entre el sentido objetivo y el sentido subjetivo del trabajo  humano es el eje central de la enc&iacute;clica Laborem exercens, de Juan  Pablo II.</p>              <p><a href="#16sup">16</a><a name="16inf" id="16inf"></a>     Cfr. Altarejos, F.; Naval, C. <i>Op. cit</i>., parte II, cap. II.</p>               <p><a href="#17sup">17</a><a name="17inf" id="17inf"></a>     Cfr. Altarejos, F. <i>Op. cit</i>., pp 44-50.</p>               <p><a href="#18sup">18</a><a name="18inf" id="18inf"></a>     F. Altarejos,<i> Ib&iacute;d</i>., p. 44</p>               <p><a href="#19sup">19</a><a name="19inf" id="19inf"></a>     D&#39;Ors, A. <i>Derecho privado romano</i>, Pamplona, Eunsa, 1968, p. 10.</p>               <p><a href="#20sup">20</a><a name="20inf" id="20inf"></a>     La incidencia de la dimensi&oacute;n subjetiva del trabajo puede verse en Laborem exercens 6.</p>               <p><a href="#21sup">21</a><a name="21inf" id="21inf"></a>     La dimensi&oacute;n objetiva del trabajo es tratada en Laborem exercens 5.</p>               <p><a href="#22sup">22</a><a name="22inf" id="22inf"></a>     Polo,  L. Sobre la existencia cristiana, Pamplona, Eunsa, 1996, p. 107, nota  5. La dimensi&oacute;n teleol&oacute;gica a la que hacemos referencia se resalta en  Laborem exercens, n. 4c, al tratar la noci&oacute;n de dominio.</p>               <p><a href="#23sup">23</a><a name="23inf" id="23inf"></a>     Los elementos para una espiritualidad del trabajo pueden verse en la Parte V de Laborem exercens.</p>               ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#24sup">24</a><a name="24inf" id="24inf"></a>     Cfr. Arist&oacute;teles,<i> &Eacute;tica a Nic&oacute;maco</i>, 6, 4, 1140b.</p>               <p><a href="#25sup">25</a><a name="25inf" id="25inf"></a>     Altarejos, F.; Rodr&iacute;guez, A.; Fontrodona, J. <i>Retos educativos de la globalizaci&oacute;n. Hacia una sociedad solidaria</i>, Pamplona, Eunsa, 2003, pp. 94-95.</p>               <p><a href="#26sup">26</a><a name="26inf" id="26inf"></a>     Altarejos, F. <i>Op. cit</i>., pp. 45-46.</p>               <p><a href="#27sup">27</a><a name="27inf" id="27inf"></a>     La incidencia en la importancia de los valores puede verse en Laborem exercens 7.</p>               <p><a href="#28sup">28</a><a name="28inf" id="28inf"></a>     Nos  serviremos para el desarrollo de este ep&iacute;grafe de las ideas que se  contienen en un libro que saldr&aacute; pr&oacute;ximamente a la luz. Cfr. Bernal A.  (ed.). La familia como &aacute;mbito educativo, Instituto Ciencias para la  Familia, Madrid, Rialp, 2005, en prensa. Los otros dos coautores de  este art&iacute;culo son tambi&eacute;n coautores de diversos cap&iacute;tulos.</p>               <p><a href="#29sup">29</a><a name="29inf" id="29inf"></a>     Juan Pablo II. Familiaris Consortio, 17.</p>               <p><a href="#30sup">30</a><a name="30inf" id="30inf"></a>     Juan Pablo II. Familiaris Consortio, 21.</p>               <p><a href="#31sup">31</a><a name="31inf" id="31inf"></a>     Conc. Ecum. Vat. II, Const. pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 52.</p>               <p><a href="#32sup">32</a><a name="32inf" id="32inf"></a>     Donati, P.<i> Manual de Sociolog&iacute;a de la familia</i>, Pamplona, Eunsa, 2003, p. 21.</p>               <p><a href="#33sup">33</a><a name="33inf" id="33inf"></a>     Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 15.</p>               ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#34sup">34</a><a name="34inf" id="34inf"></a>     Ibidem.</p>               <p><a href="#35sup">35</a><a name="35inf" id="35inf"></a>     Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Const. pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 78.</p>               <p><a href="#36sup">36</a><a name="36inf" id="36inf"></a>     Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 15.</p>               <p><a href="#37sup">37</a><a name="37inf" id="37inf"></a>     MacIntyre, A. <i>Animales racionales y dependientes. Por qu&eacute; los seres humanos necesitamos las virtudes</i>, Barcelona, Paid&oacute;s, 2001, p. 103.</p>               <p><a href="#38sup">38</a><a name="38inf" id="38inf"></a> Wojtyla, K. <i>El hombre y su destino. Ensayos de antropolog&iacute;a</i>, Madrid, Rialp, 1998, p. 98.</p> 	 	<hr size="1"> 	         <p><b><font size="3">Bibliograf&iacute;a</font></b></p>                <p>Altarejos, F. &quot;La docencia como profesi&oacute;n asistencial&quot;, en: VV. AA. <i>&Eacute;tica docente</i>, Barcelona, Ariel, 2&ordf; ed., 2003.</p>           <!-- ref --><p>________. &quot;Libertades educativas e igualdad de oportunidades en sociedades interculturales&quot;, en: <i>Educaci&oacute;n y democracia</i>, Madrid, Comunidad de Madrid, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0123-1294200600010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>________. <i>Dimensi&oacute;n &eacute;tica de la educaci&oacute;n</i>, Pamplona, Eunsa, 2&ordf; ed., 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0123-1294200600010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Altarejos, F.; Naval, C. <i>Filosofia dell'educazione</i>, Brescia, La Scuola, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0123-1294200600010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Altarejos, F.; Rodr&iacute;guez, A.; Fontrodona, J. <i>Retos educativos de la globalizaci&oacute;n. Hacia una sociedad solidaria</i>, Pamplona, Eunsa, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0123-1294200600010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Alvira, R. &quot;Sobre la esencia de la familia&quot;, en: Cruz, J. (ed.). <i>Metaf&iacute;sica de la familia</i>, Pamplona, Eunsa, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0123-1294200600010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>________. &quot;La educaci&oacute;n como arte&quot;, en: <i>Reivindicaci&oacute;n de la voluntad</i>, Pamplona, Eunsa, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0123-1294200600010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Alvira, T. <i>Calidad del profesor: calidad de educaci&oacute;n</i>, Madrid, Dossat, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0123-1294200600010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bernal, A. (ed). <i>La familia como &aacute;mbito educativo</i>, Instituto Ciencias para la Familia, Madrid, Rialp, 2005, en prensa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0123-1294200600010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bernal, A. &quot;La participaci&oacute;n como propiedad de la persona. Ra&iacute;ces antropol&oacute;gicas de una educaci&oacute;n participativa&quot;, <i>Revista espa&ntilde;ola de pedagog&iacute;a</i>, 200, 105-129.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0123-1294200600010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Carr, W.; Kemmis, S. <i>Teor&iacute;a cr&iacute;tica de la ense&ntilde;anza</i>, Barcelona, Mart&iacute;nez Roca, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0123-1294200600010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>D&#39;Ors, A. <i>Derecho privado romano</i>, Pamplona, Eunsa, 1968.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0123-1294200600010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Delhors, J. (coord.). <i>La educaci&oacute;n encierra un tesoro</i>, Madrid, Santillana-Ediciones, Unesco, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0123-1294200600010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Donati, P. <i>Manual de Sociolog&iacute;a de la familia</i>, Pamplona, Eunsa, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0123-1294200600010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Drucker, P. <i>Las nuevas realidades</i>, Barcelona, Edhasa, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0123-1294200600010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Juan Pablo II. <i>Familiaris Consortio</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0123-1294200600010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Juan Pablo II. <i>Gaudium et spes</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0123-1294200600010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MacIntyre, A. <i>Animales racionales y dependientes. Por qu&eacute; los seres humanos necesitamos las virtudes</i>, Barcelona, Paid&oacute;s, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0123-1294200600010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Polo, L. <i>Sobre la existencia cristiana</i>, Pamplona, Eunsa, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0123-1294200600010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>________. <i>Nominalismo, idealismo y realismo</i>, Pamplona, Eunsa, 3&ordf; ed., 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0123-1294200600010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Wojtyla, K. <i>El hombre y su destino</i>. Ensayos de antropolog&iacute;a, Madrid, Rialp, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0123-1294200600010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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