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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper raises the complexity of the reading and writing tasks as learning processes which take place throughout the whole life cycle and involve a series of equally complex sub processes which must be coordinated to achieve success in the reading or writing tasks. It is stated that the work proposed in the classroom must take these aspects into account in order to design strategies and activities leading to taking the students&rsquo; previous knowledge into account, in order to get support from it and to promote progress in the reading and writing processes.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><b><font size="4">El aprendizaje en la escuela:    <br> el lugar de la lectura y la escritura</font></b></p>     <p align="right">Investigaci&oacute;n pedag&oacute;gica</p>     <p><b>Rita Fl&oacute;rez Romero</b></p>     <p>Mag&iacute;ster en ling&uuml;&iacute;stica con &eacute;nfasis en  socioling&uuml;&iacute;stica. Universidad Nacional de Colombia. Profesora asociada,  adscrita al Departamento de la Comunicaci&oacute;n Humana y sus Des&oacute;rdenes, de  la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia.  <a href="mailto:rflorezr@unal.edu.co">rflorezr@unal.edu.co</a></p>     <p><b>Nicol&aacute;s Arias Velandia</b></p>     <p>Psic&oacute;logo, Universidad Nacional de Colombia.  Miembro del grupo de investigaci&oacute;n Cognici&oacute;n y Lenguaje en la Infancia,  de la Universidad Nacional de Colombia.</p>     <p><b>Rosa Julia Guzm&aacute;n</b></p>     <p>Doctora en Educaci&oacute;n, Universidad de Nova,  Profesora asociada de la Facultad de Educaci&oacute;n de la Universidad de La  Sabana, Coordinadora del grupo de investigaci&oacute;n en Infancia.  <a href="mailto:rosa.guzman@unisabana.edu.co">rosa.guzman@unisabana.edu.co</a></p>  <hr size="1">      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Resumen</b></p>     <p>En  el presente art&iacute;culo se plantea la complejidad de las tareas de leer y  escribir como procesos de aprendizaje que se dan a lo largo de toda la  vida y que involucran una serie de subprocesos, tambi&eacute;n bastante  complejos, que deben ser coordinados entre s&iacute; para lograr &eacute;xito en la  tarea de leer o de escribir.</p>     <p>Se  se&ntilde;ala c&oacute;mo el trabajo que se propone en el aula de clase debe tomar en  consideraci&oacute;n estos aspectos, para dise&ntilde;ar estrategias y actividades  tendientes a tomar en cuenta el conocimiento previo de los estudiantes,  a fin de apoyarse en &eacute;l y promover avances en los procesos de lectura y  escritura.</p>     <p><b>Palabras clave</b>: lecto-escritura, did&aacute;ctica de la lengua, aprendizaje escolar, innovaci&oacute;n educativa.</p>  <hr size="1">      <p><b>Abstract</b></p>     <p>This  paper raises the complexity of the reading and writing tasks as  learning processes which take place throughout the whole life cycle and  involve a series of equally complex sub processes which must be  coordinated to achieve success in the reading or writing tasks. It is  stated that the work proposed in the classroom must take these aspects  into account in order to design strategies and activities leading to  taking the students&rsquo; previous knowledge into account, in order to get  support from it and to promote progress in the reading and writing  processes.</p>     <p><b>Key words</b>: Literacy, didactics of the language, school learning, educative innovation.</p>  <hr size="1">      <p><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>El aprendizaje escolar conlleva,  entre otros, un proceso social de construcci&oacute;n de conocimientos por  parte de profesores y estudiantes. Estos &uacute;ltimos act&uacute;an como aprendices  de las diferentes asignaturas/ materias que propone el curr&iacute;culo para  los distintos niveles de educaci&oacute;n: inicial, b&aacute;sica, media, superior.  En este sentido, un buen proceso de ense&ntilde;anza- aprendizaje en cualquier  dominio del saber, dinamizado por los maestros, debe entrelazar como  m&iacute;nimo cuatro aspectos: una actitud comprometida y creativa frente a lo  que se ense&ntilde;a y hacia los aprendices, una suficiencia en el  conocimiento de la materia que le corresponde ense&ntilde;ar, un conocimiento  sobre lo que los estudiantes previamente sienten y saben acerca del  tema y un conocimiento sobre estrategias pedag&oacute;gicas, did&aacute;cticas o  pr&aacute;cticas evolutivamente apropiadas, que promuevan escenarios  significativos para el aprendizaje de las diversas l&oacute;gicas y contenidos  de esa materia en particular.</p>     <p>Reconocemos que estos cuatro  aspectos apenas constituyen una peque&ntilde;a parte de lo que es el complejo  mundo de la escuela. Aunque se podr&iacute;an analizar otros factores, como  las interacciones en la escuela, su relaci&oacute;n con aspectos de la  reproducci&oacute;n del orden social o la perspectiva del mundo escolar que  tienen los directivos, los maestros, los estudiantes o los pol&iacute;ticos,  en este escrito nos centraremos en el problema espec&iacute;fico de los  procesos de aprendizaje de la lectura y la escritura, en relaci&oacute;n con  los modelos que ofrecen sustentos te&oacute;ricos y emp&iacute;ricos que han  demostrado ser efectivos para promover estos procesos. Nos centraremos en aspectos del estudio de la <i>instrucci&oacute;n</i> <a name="1sup" id="1sup"></a><sup><a href="#1inf">1</a></sup> <i>alfab&eacute;tica</i>,  es decir, del aprendizaje humano y su adaptaci&oacute;n a las condiciones que  imponen los entornos de las aulas de clase de preescolar, primaria y  secundaria, en lo que tiene que ver con el alfabetismo. Los dem&aacute;s  aspectos mencionados rebasan los objetivos de este escrito y, por lo  tanto, no los desarrollaremos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>El escenario</b></p>     <p>En el terreno de la formaci&oacute;n de  educadores es com&uacute;n que coexistan una diversidad de corrientes  te&oacute;ricas, m&eacute;todos y modelos pedag&oacute;gicos. Muchas de estas aproximaciones  cuentan con un buen sustento te&oacute;rico y emp&iacute;rico. Sin embargo, es  posible que la forma en que estos modelos se transmiten a los  educadores y la manera como muchos profesores deciden asumirlos sea  algo inconsciente, ligera y sin una confrontaci&oacute;n con las condiciones  que la realidad institucional impone. Por lo tanto, el uso de muchos  modelos queda al vaiv&eacute;n de la moda te&oacute;rica o pedag&oacute;gica. Entonces, la  escuela se ve invadida, por un lado, con los planteamientos de  psic&oacute;logos, soci&oacute;logos, ling&uuml;istas, pedagogos o economistas, que se han  puesto de moda en la formaci&oacute;n de los maestros, y, por otro, con  diferentes maneras de aplicaci&oacute;n de esos modelos por parte de los  docentes. Tambi&eacute;n es posible que estas teor&iacute;as, al pasar por la  mediaci&oacute;n de los profesores, sean resignificadas desde una perspectiva  que est&aacute; muy atada a sus pr&aacute;cticas, a las que subyacen ideas que se han  configurado desde los aportes de distintas disciplinas, pero no han  tenido el espacio de reflexi&oacute;n pedag&oacute;gica. Esto hace que se llegue en  ocasiones a implantar resultados de investigaci&oacute;n b&aacute;sica en una  transposici&oacute;n directa al aula, sin tomar en cuenta que la investigaci&oacute;n  b&aacute;sica y la pedagog&iacute;a tienen intencionalidades y funciones sociales  diferentes.</p>     <p>Desde la apreciaci&oacute;n de los autores  de este escrito, esta variedad de modas, y en algunas ocasiones el  seguimiento casi ciego de corrientes, modelos y micromodelos, suele  seguir, entre muchos otros, dos caminos distintos en la pr&aacute;ctica:</p> <ol>       <li>         <p> El maestro, ante el vaiv&eacute;n  y la poca estabilidad de un marco que gu&iacute;e su pr&aacute;ctica, prefiere seguir  ense&ntilde;ando de la misma manera en la que siempre lo ha hecho. Evita  reflexionar sobre su quehacer, o cuestionarlo, porque eso no le ha  aportado nada en concreto para el desarrollo de su labor docente y  puede llegar a sentir que ese marem&aacute;gnum de informaci&oacute;n solamente lo  confunde.</p>   </li>       <li> El maestro decide seguir a &quot;pies  juntillas&quot; -desde su interpretaci&oacute;n- una postura te&oacute;rica o un modelo  espec&iacute;fico. Ignora lo que los estudiantes saben en un momento y lo que  est&aacute;n dispuestos a hacer. La clase se convierte, entonces, en una serie  de tareas y rutinas que no repercuten en el aprendizaje de los  educandos. Por lo tanto, el modelo termina convirti&eacute;ndose en una serie  de rutinas r&iacute;gidas y sin sentido, tanto para el maestro como para el  estudiante. Se cae en la fuerza de la costumbre.</li>     </ol>     <p>En consecuencia, la ense&ntilde;anza de las  materias escolares se hace poco efectiva, porque ignora uno de los  puntos fundamentales que tienen que ver con lo que el estudiante ya  conoce, o no conoce, y con lo que es capaz de hacer, o no, cuando se  enfrenta a un contenido nuevo. Ignora incluso lo que el alumno siente y  la actitud que tiene frente a ese saber que se le propone. Es decir,  los dos caminos anteriores <i>desconocen</i> <i>la historia del aprendiz</i>.</p>     <p>A veces el maestro enfrenta  situaciones sin salida, como las de los dos puntos mencionados. Esto  puede deberse a que no se le form&oacute; para ense&ntilde;ar confiando en su propio  criterio y capacidad de juicio sobre la efectividad de aquello que  implementa en el proceso de ense&ntilde;anza-aprendizaje. Por otro lado, y  desde el conocimiento de los autores de este escrito, en una gran  proporci&oacute;n los maestros no acostumbran leer revistas especializadas en  investigaci&oacute;n educativa, como <i>Early Years</i>, <i>Educaci&oacute;n y Cultura</i>, <i>Cuadernos de Pedagog&iacute;a</i>, <i>Journal of Educational Psychology</i>, <i>Educational Review</i> o <i>Revista Colombiana de Educaci&oacute;n</i>.  En general, no leen de manera habitual literatura peri&oacute;dica de car&aacute;cter  investigativo, ni de reflexi&oacute;n pedag&oacute;gica. Tampoco hay una  participaci&oacute;n extensa en grupos de reflexi&oacute;n sobre el quehacer  pedag&oacute;gico. La presencia de estos grupos es todav&iacute;a muy incipiente en  nuestro medio.</p>     <p>En el marco de este escenario, en  este escrito nos centraremos en la perspectiva denominada la &quot;ciencia  del aprendizaje en la escuela&quot;, que proviene de diferentes fuentes  te&oacute;ricas y de estudios emp&iacute;ricos, y que fue expuesta por Bruer (1995)  en su libro <i>Escuelas para pensar</i>. Esta  perspectiva parte de algo que parece obvio, pero que la mayor&iacute;a del  tiempo olvidamos: para saber c&oacute;mo ense&ntilde;ar algo a alguien, o dicho de  otra manera, para cooperar con alguien para que aprenda algo, debemos  conocer qu&eacute; sabe y qu&eacute; siente la persona sobre la materia, c&oacute;mo es el  funcionamiento de sus mecanismos de aprendizaje en las diferentes &aacute;reas  del curr&iacute;culo y, teniendo en cuenta los dos conocimientos anteriores,  cu&aacute;les son los mejores escenarios para favorecer el aprendizaje de los  temas o contenidos espec&iacute;ficos de cada asignatura, escenarios que  incluyen actividades y tareas <a name="2sup" id="2sup"></a><sup><a href="#2inf">2</a></sup> significativas y apropiadas para los diferentes niveles de complejidad que se est&eacute;n manejando de un tema espec&iacute;fico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>La &quot;ciencia del aprendizaje en la escuela&quot;</b></p>     <p>Los bajos resultados de los  estudiantes en algunas evaluaciones, como las de competencias, muestran  la pobreza del aprendizaje al finalizar los a&ntilde;os escolares. Ante esta  situaci&oacute;n, se sugiere que se implementen en el aula de clase pr&aacute;cticas  sistem&aacute;ticas, evolutivamente apropiadas, y que sean consecuentes con el  desarrollo creciente de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas sobre &quot;lo que sabemos del  entendimiento humano&quot; (Bruer, Escuelas, 1995).</p>     <p>Desde la d&eacute;cada de los sesenta, se  ha impulsado la investigaci&oacute;n sobre el funcionamiento de la mente  humana. En particular, se ha estudiado bastante la forma en que los  seres humanos resolvemos problemas. Para llegar a la soluci&oacute;n de un  cuestionamiento, se ha planteado la importancia de hacer expl&iacute;citos los  siguientes aspectos: la manera como el marco general del problema est&aacute;  organizado (como un todo general y las partes que lo componen, que de  ac&aacute; en adelante llamaremos <i>espacio del problema</i>), y la  divisi&oacute;n del mismo en subproblemas, o partes m&aacute;s peque&ntilde;as, que llevan a  soluciones parciales. Estas, a su vez, conducen a la soluci&oacute;n general  de todo el problema planteado (Newell y Simon, <i>Human Problem Solving</i>,  1973). Estos hallazgos, reflexionados y apropiados por los docentes de  manera adecuada, podr&iacute;an tener el potencial de orientar propuestas  pedag&oacute;gicas y estrategias did&aacute;cticas.</p>     <p>Una consecuencia de la investigaci&oacute;n  en este campo es el hallazgo de que distintas estrategias se  implementan en funci&oacute;n de las demandas que plantea una tarea en un &aacute;rea  espec&iacute;fica. Esas estrategias involucran diferentes niveles de  conocimientos y/o habilidades, por ejemplo, destrezas para resolver  problemas en el &aacute;rea de f&iacute;sica o en el &aacute;rea de historia, o para  componer un texto. Desde esta perspectiva, se ha hallado uno de los  caminos que aportan elementos valiosos para desarrollar estrategias de  ense&ntilde;anzaaprendizaje m&aacute;s efectivas: el estudio de la diferencia de  estrategias de soluci&oacute;n de problemas entre el experto y el novato en  &aacute;reas espec&iacute;ficas. Diferencia de estrategias que a veces tambi&eacute;n pueden  explorarse entre aquellas personas con diferente nivel de conocimientos  en un &aacute;rea (por ejemplo, diferencia de estrategias para solucionar  problemas entre legos y f&iacute;sicos expertos en la construcci&oacute;n de una  torre de bloques).</p>     <p>El enfoque de soluci&oacute;n de problemas  muestra que una diferencia fundamental entre un novato y un experto, en  un &aacute;rea de conocimiento, es la manera como ambos est&aacute;n &quot;visualizando&quot;  el problema y analizando los posibles caminos para llegar a su  soluci&oacute;n. Es decir, la diferencia entre uno y otro est&aacute; en el nivel en  el cual logran captar las dimensiones del <i>espacio del problema</i>.  As&iacute;, el espacio del problema de una persona novata que intenta  equilibrar el peso de una balanza colocando pesos en puntos con  distinta distancia con respecto al fulcro, es m&aacute;s restringido. Por lo  tanto, utiliza muchas m&aacute;s estrategias err&oacute;neas para llegar a su  soluci&oacute;n. El experto en f&iacute;sica sabe que hay que hacer dos operaciones  fundamentales: calcular el peso, y tambi&eacute;n la distancia de cada peso  con respecto al fulcro. La combinaci&oacute;n de los dos datos da la respuesta  (a trav&eacute;s de una operaci&oacute;n de multiplicaci&oacute;n de la cantidad del peso  con la distancia, respecto del fulcro).</p>     <p>La manera como los expertos  resuelven la tarea nos muestra, con cierta precisi&oacute;n, qu&eacute; pasos se  necesitan para llegar a la soluci&oacute;n. Estos pasos implican una serie de  conocimientos y habilidades o capacidades, que hacen parte del espacio  de la tarea, y son descubiertos por medio del an&aacute;lisis de la tarea.  Esto es posible gracias a que la informaci&oacute;n necesaria para resolver  problemas est&aacute; organizada en esquemas, conjuntos de informaci&oacute;n que  resaltan algunos aspectos de la realidad, de forma an&aacute;loga a como un  mapa representa un territorio: el mapa no es el territorio, ni es una  reproducci&oacute;n exacta de este, pero da una idea precisa de localizaci&oacute;n  de algunos elementos importantes que all&iacute; se ubican y nombran. Por lo  tanto, el an&aacute;lisis de la tarea nos muestra qu&eacute; esquemas debe activar la  persona o, mejor: el conjunto de conocimientos espec&iacute;ficos y  estrategias que debe usar para resolver la tarea.</p>     <p>Seg&uacute;n el tipo de esquemas necesarios  para delimitar el espacio del problema, y con ello resolver la tarea,  hay dos tipos de problemas conocidos en los temas de estudio escolar:</p> <ol>       <li>         <p> Problemas &quot;bien definidos&quot;:  que hacen uso de esquemas restringidos, precisos y de uso obligatorio  para llegar a la soluci&oacute;n. El paradigma de la balanza es un ejemplo de  problemas bien definidos, como la mayor&iacute;a de situaciones habituales en  &aacute;reas como la f&iacute;sica, la qu&iacute;mica o las matem&aacute;ticas.</p>   </li>       <li>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Problemas &quot;mal definidos&quot;: que utilizan esquemas amplios, que implican  estrategias creativas y relativas a situaciones espec&iacute;ficas para darles  soluci&oacute;n. A esta clase pertenecen los problemas en &aacute;reas como la  lectura o la escritura.</p>   </li>     </ol>     <p>En s&iacute;ntesis, una de las  implicaciones educativas de esta propuesta tiene que ver con el  reconocimiento de que para impulsar procesos de aprendizaje efectivos,  es necesario saber qu&eacute; es lo que los aprendices saben sobre una tarea  en un &aacute;rea particular. Como se se&ntilde;al&oacute;, la tarea es una actividad que  pone en juego los contenidos aprendidos antes, con las capacidades y  los requerimientos para llegar a una meta de conocimiento. En  este sentido, es necesario saber c&oacute;mo resuelve un experto la tarea,  c&oacute;mo intenta solucionarla el novato, e incluso los pasos intermedios  que sigue un novato hasta convertirse en experto, en un &aacute;rea de  conocimiento particular <a name="3sup" id="3sup"></a><sup><a href="#3inf">3</a></sup>.</p>     <p>Otro aspecto que se ha explorado desde<i> la ciencia del aprendizaje en el aula</i>,  y que ha mostrado resultados muy interesantes para el desarrollo de  procesos de ense&ntilde;anza-aprendizaje, es el uso de estrategias por parte  de personas que son expertas en un &aacute;rea, pero que intentan resolver  problemas en un &aacute;rea nueva que no dominan. Esto ha permitido observar  con precisi&oacute;n las estrategias espec&iacute;ficas para solucionar dificultades  en cada &aacute;rea particular de conocimiento. Tambi&eacute;n permite ver las  estrategias que tienen elementos comunes para un uso en varias &aacute;reas,  lo cual nos permite observar hasta qu&eacute; punto es posible la  transferencia de habilidades de un &aacute;rea a otra. En este sentido, el  aprendizaje efectivo hace uso de tres tipos de habilidades para  resolver problemas:</p> <ul>       <li>         <p> <i>Habilidades b&aacute;sicas de tipo general</i>.  Son aquellas que permiten manipular informaci&oacute;n, como el an&aacute;lisis, la  s&iacute;ntesis y la transferencia. Son &uacute;tiles para dar inicio al aprendizaje  escolar, pero su ense&ntilde;anza expl&iacute;cita solo es &uacute;til para los estudiantes  muy j&oacute;venes o excesivamente novatos en un &aacute;rea, ya que en la medida en  que se adquieren conocimientos espec&iacute;ficos, estas estrategias pierden  su efectividad. Un ejemplo es la agrupaci&oacute;n de varias ideas sobre lo  que significa sumar objetos.</p>   </li>       <li>         <p> <i>Estrategias de soluci&oacute;n de problemas particulares a cada &aacute;rea de conocimientos</i>.  Estas pueden cultivarse a trav&eacute;s de la realizaci&oacute;n de tareas que  articulen requerimientos para su soluci&oacute;n, que sean coherentes con el  conocimiento previo o las preconcepciones que los aprendices ya tienen  en el &aacute;rea. Una gu&iacute;a precisa y el modelamiento, en actividades llenas  de sentido, de las estrategias m&aacute;s apropiadas de soluci&oacute;n, hace que el  aprendiz reorganice su conocimiento para poder resolver mejor la tarea.  Un buen ejemplo es cuando se le muestran al estudiante dos dibujos: en  uno, un hombre est&aacute; de pie sobre un banco de hielo fr&aacute;gil, y en otro,  el mismo hombre est&aacute; acostado sobre el mismo banco de hielo. Luego se  le pregunta cu&aacute;l cree que puede estar haciendo &quot;m&aacute;s peso para partir el  hielo que tiene debajo&quot;. Esto hace que, al no ser una tarea con  respuesta evidente, muchas veces el estudiante tenga que probar por s&iacute;  mismo ambas relaciones, para hallar la respuesta. Este dispositivo ha  sido usado en el estudio del aprendizaje de conceptos f&iacute;sicos, como  presi&oacute;n (Bruer, Escuelas, 1997).</p>   </li>       <li>         <p><i> Habilidades de explicitaci&oacute;n de las operaciones que se usan para resolver las tareas</i>.  Estas tambi&eacute;n se llaman habilidades metacognitivas. Se les considera  generales a todas las &aacute;reas del conocimiento y consisten en la  formulaci&oacute;n expl&iacute;cita de estrategias de soluci&oacute;n y en el automonitoreo  de la ejecuci&oacute;n por parte del sujeto. Estas habilidades permiten  aproximarse mejor a los conocimientos nuevos y a las habilidades de  transferencia m&aacute;s f&aacute;cil de un &aacute;rea de conocimiento que se domina a otra  que todav&iacute;a no se domina (cf. Karmiloff-Smith, <i>M&aacute;s all&aacute; de la modularidad</i>,  1994). Por ejemplo, un individuo utiliza estrategias metacognitivas  cuando repite para s&iacute; mismo instrucciones para poder conducir un  autom&oacute;vil.</p>   </li>     ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>     <p>Una  perspectiva como la que aqu&iacute; se expone dirige nuestra atenci&oacute;n hacia  los problemas espec&iacute;ficos de los procesos de ense&ntilde;anza-aprendizaje  relacionados con el conocimiento previo de los aprendices, y los  mecanismos <a name="4sup" id="4sup"></a><sup><a href="#4inf">4</a></sup> que se ponen en juego en su mente cuando est&aacute;n aprendiendo algo por  medio de una tarea espec&iacute;fica. Podemos decir tambi&eacute;n algo que sigue  sonando obvio: nos permite saber las causas de buena parte de los  fen&oacute;menos del triunfo y del fracaso en el aprendizaje de los  estudiantes en cualquier asignatura. Bien podr&iacute;amos saber solamente qu&eacute;  tareas o actividades funcionan para ense&ntilde;ar algo. Pero si tenemos una  idea bastante precisa de por qu&eacute; parecen funcionar, es posible tambi&eacute;n  dise&ntilde;ar nuevas formas que promuevan el aprendizaje de manera m&aacute;s  precisa y pertinente para cada situaci&oacute;n particular en el aula.</p>     <p>En ese sentido, la propuesta que  presentamos no es un modelo pedag&oacute;gico unificado. Tampoco es un m&eacute;todo,  en el sentido de ense&ntilde;arle al maestro una serie de pasos o t&eacute;cnicas  para que los alumnos aprendan todo lo que se ense&ntilde;e. Es un marco de  trabajo que impulsa al docente para que dise&ntilde;e escenarios de  aprendizaje significativos, que incluyan de manera sistem&aacute;tica  pr&aacute;cticas -tareas, actividades- que sean apropiadas, evolutivamente  sensibles y consecuentes con el conocimiento de los estudiantes y con  la naturaleza de lo que se pretende que ellos aprendan.</p>     <p>Un ejemplo de lo anterior lo plante&oacute;  la investigadora Emilia Ferreiro, cuando se le pregunt&oacute; si es bueno o  malo ense&ntilde;ar a leer y a escribir a los ni&ntilde;os desde el preescolar.  Ferreiro respondi&oacute; que el problema no es ense&ntilde;ar a leer y escribir a  los preescolares o no hacerlo. Tanto la imposici&oacute;n ciega del  alfabetismo, como su prohibici&oacute;n perentoria a los preescolares, es  igualmente perjudicial. Se trata m&aacute;s bien de darles los elementos  disponibles y las ocasiones para aprender seg&uacute;n sus necesidades de  conocimiento, y d&aacute;rselos en el momento preciso, sin olvidar que como  adultos tambi&eacute;n podemos ofrecerles a los ni&ntilde;os los elementos para que  se acerquen a la lectura y a la escritura un poco m&aacute;s all&aacute; de su nivel  actual de conocimiento (Ferreiro, <i>Cultura escrita y educaci&oacute;n</i>, 1999).</p>     <p>Con este tel&oacute;n de fondo, a  continuaci&oacute;n nos vamos a referir a los procesos de lectura y escritura  que, vistos desde la &oacute;ptica de la <i>ciencia del aprendizaje en el aula</i>, clasifican en lo que anteriormente llamamos <i>problemas mal definidos</i>,  por la amplitud de posibles estrategias para llegar a la soluci&oacute;n del  problema planteado. Ambas actividades son la base de construcci&oacute;n  social de gran parte del conocimiento escolar. Tambi&eacute;n hacen parte de  la manera privilegiada de transmisi&oacute;n de distintos tipos de informaci&oacute;n  en el mundo alfabetizado, desde la invenci&oacute;n de la imprenta de tipos  m&oacute;viles por Johannes Gutemberg, y de ah&iacute; su importancia como recurso de  acceso a la herencia cultural (Olson, <i>El mundo sobre el papel</i>, 1994).</p>     <p><b>La lectura como captaci&oacute;n de la idea global</b></p>     <p>La lectura puede ser vista como una  actividad para obtener informaci&oacute;n de un c&oacute;digo ling&uuml;&iacute;stico a trav&eacute;s de  un canal visual: es descifrar caracteres. En este sentido, hace uso de  notaciones o s&iacute;mbolos externos que cumplen el papel de remplazar las  unidades del habla. Adem&aacute;s, los caracteres escritos tienen tres grandes  diferencias con el habla, porque poseen las siguientes caracter&iacute;sticas:  1) son un formato visual del lenguaje; de esta manera, deben cumplir la  funci&oacute;n de transmitir mensajes en una lengua a trav&eacute;s de las  combinaciones entre caracteres que captamos por el canal visual; 2) la  permanencia en el tiempo (lo que les da independencia de sus  creadores), y 3) que su aprendizaje puede tomar mucho m&aacute;s tiempo y  estar m&aacute;s sujeto a error que el habla, porque depende m&aacute;s de las  interacciones cercanas y del acceso a oportunidades -infortunadamente  no disponibles para todos- de uso significativo del conocimiento  alfab&eacute;tico (Gonz&aacute;lez y Jim&eacute;nez, <i>Representando el mundo a trav&eacute;s de las notaciones</i>,  2004). No en vano muchos autores consideran el habla como una capacidad  producto de la evoluci&oacute;n de la especie humana, y el sistema de  escritura, como un logro del desarrollo de las herramientas inventadas  por los humanos.</p>     <p>Pero la lectura tambi&eacute;n implica el  reconocimiento de un contenido expresado en los textos. La lectura como  actividad tambi&eacute;n implica reconocer los elementos esenciales de un  mensaje escrito, o incluso su interpretaci&oacute;n y contrastaci&oacute;n con otra  informaci&oacute;n externa. A este proceso se le denomina comprensi&oacute;n de la  lectura (Ruffinelli, <i>La comprensi&oacute;n de la lectura</i>, 1977). La  comprensi&oacute;n y la interpretaci&oacute;n se refieren a los procesos por los  cuales las palabras, las oraciones y los discursos se entienden e  interpretan. Se trata, pues, de procesos de la informaci&oacute;n de alto  nivel. En consecuencia, todo acto de lectura, por definici&oacute;n, tiene dos  aspectos complementarios: descifrar caracteres alfab&eacute;ticos y  alfanum&eacute;ricos que constituyen el texto, y la comprensi&oacute;n e  interpretaci&oacute;n de las ideas que se expresan en &eacute;l.</p>     <p>Seg&uacute;n estas definiciones iniciales,  y de acuerdo con la perspectiva de las personas alfabetizadas, leer  parece ser una actividad f&aacute;cil y que no reviste mayores dificultades.  Sin embargo, la lectura implica una alta coordinaci&oacute;n de capacidades  para llegar a su objetivo (Bruer, <i>Escuelas</i>, 1995). Una prueba  de ello es que la lectura suele presentar dificultades a los  estudiantes de todos los niveles de formaci&oacute;n escolar (Bruer, op. cit.,  1995; Fl&oacute;rez y cols., <i>Promoci&oacute;n del alfabetismo emergente</i>, en  curso). Otra prueba de ello es la alta sensibilidad de los  conocimientos alfab&eacute;ticos a las condiciones del medio social y cultural  de los individuos.</p>     <p>Al principio, la lectura era una  actividad profesional, solo en manos de personas que se dedicaban a  unos ciertos oficios, como el sacerdocio o la elaboraci&oacute;n de documentos  oficiales y legales (Ferreiro, <i>Lo que los ni&ntilde;os piensan sobre la escritura</i>,  2004). En una &eacute;poca siguiente, leer era un saber de transmisi&oacute;n casi  natural entre una peque&ntilde;a &eacute;lite, que al transportarlo a las aulas de  clase de la escuela p&uacute;blica no ha logrado transmitirse con la misma  eficacia. Los ni&ntilde;os en el proceso del alfabetismo inicial necesitan un  gran soporte de la actividad alfab&eacute;tica por parte de los adultos  cercanos, para consolidar su conocimiento en esta &aacute;rea, y requieren que  se les muestre claramente el sentido que la lectura puede tener, para  evitar futuros problemas con dicha actividad (Colomer, <i>El papel de la mediaci&oacute;n</i>, 2002; Garrido, <i>Estudio versus lectura</i>, 2002).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por este motivo, hablamos en esta  secci&oacute;n de modelos de lectura h&aacute;bil, en la cual los investigadores han  descubierto un patr&oacute;n de saltos de mirada que parece reflejar un paso  que obvia los elementos m&aacute;s familiares del texto y se detiene en los  m&aacute;s dif&iacute;ciles, o en aquellos que requieren una elaboraci&oacute;n m&aacute;s precisa  (Bruer, Escuelas, 1995; Cuetos, <i>Psicolog&iacute;a de la lectura</i>,  2002). Esto concuerda con el descubrimiento de un r&aacute;pido reconocimiento  de las palabras m&aacute;s familiares en los textos le&iacute;dos. Para que este  proceso pueda suceder, el cerebro del escolar debe articular, en  mil&eacute;simas de segundo, elementos l&eacute;xicos, subl&eacute;xicos, gramaticales y de  organizaci&oacute;n textual (Carreiras, <i>Descubriendo y procesando el lenguaje</i>, 1997; Cuetos, <i>Psicolog&iacute;a de la lectura</i>, 2002).</p>     <p>En la lectura inicial, desde el  preescolar, los ni&ntilde;os sienten curiosidad por caracteres como los  n&uacute;meros o las letras. Por lo tanto, deben implementarse con ellos  actividades que los gu&iacute;en a reconocer ese patr&oacute;n familiar en los  caracteres escritos, tales como una decoraci&oacute;n alfab&eacute;tica variada y que  sea atractiva para los ni&ntilde;os en el sal&oacute;n de clases, y actividades de  reconocimiento de letras, de palabras, de escritura del nombre propio y  de reconocimiento de sonidos correspondientes con las letras (Fl&oacute;rez y  cols., <i>Promoci&oacute;n del alfabetismo emergente</i>, en curso; Castedo, <i>Escribir con otros</i>,  2004). En este momento inicial (ni en ning&uacute;n otro) no pueden  descuidarse los procesos de comprensi&oacute;n de la lectura, y deben  trabajarse conjuntamente con aquellos que promueven el reconocimiento  r&aacute;pido de los caracteres alfab&eacute;ticos y su articulaci&oacute;n en mensajes  coherentes (Reyes, <i>Yo no leo... alguien me lee</i>, 2003).</p>     <p>La comprensi&oacute;n de lectura en las  actividades alfab&eacute;ticas iniciales descansa, de manera importante, en el  aprendizaje de vocabulario nuevo (Bruer, Escuelas, 1995; Van Kleeck,  1994). Aprender palabras nuevas enriquece el conocimiento del ni&ntilde;o  sobre el lenguaje y es un punto articulador entre los procesos de  descifrado y la articulaci&oacute;n de conocimientos previos del lector  novato, aspectos cruciales para el desarrollo de procesos de  comprensi&oacute;n (Fl&oacute;rez, <i>Alfabetismo emergente, investigaci&oacute;n, teor&iacute;a y pr&aacute;ctica</i>,  en prensa). Los conocimientos previos del ni&ntilde;o como lector novato dan  un contenido que marca lo que puede ser m&aacute;s asequible al inicio, y c&oacute;mo  puede enriquecerse ese contenido de lo que ya se sabe (Castedo, <i>Escribir con otros</i>, 2004). Al respecto, J. Bruer (<i>Escuelas</i>,  1995) expone que el conocimiento previo es algo tan importante en la  comprensi&oacute;n de la lectura, que es el mejor punto de partida cuando se  quiere dise&ntilde;ar libros de texto. Curiosamente, como expone el mismo autor, es un aspecto frecuentemente ignorado en la elaboraci&oacute;n de estos libros <a name="5sup" id="5sup"></a><sup><a href="#5inf">5</a></sup>.</p>     <p>Para el desarrollo de habilidades  relacionadas con la comprensi&oacute;n de lectura, tambi&eacute;n es preciso llevar a  cabo actividades que promuevan el reconocimiento de estilos, de los  distintos g&eacute;neros de lectura en la escuela, y de las estructuras  t&iacute;picas de textos comunes, como las narraciones, los textos  informativos, descriptivos, argumentativos y los poemas, en actividades  como la lectura compartida (Kamhi y Catts, <i>Reading Development</i>, 1999; Fl&oacute;rez y cols., <i>Promoci&oacute;n del alfabetismo emergente</i>,  en curso; Fl&oacute;rez &amp; Sep&uacute;lveda, 2004). En la lectura compartida el  adulto lee en voz alta, y formula preguntas antes, durante y despu&eacute;s de  la realizaci&oacute;n de la lectura. En esta actividad se integran todos los  procesos relacionados con la comprensi&oacute;n. Adem&aacute;s, ella promueve una  alta motivaci&oacute;n por la lectura desde edades muy tempranas (Reyes, <i>Yo no leo... alguien me lee</i>, 2003; Fl&oacute;rez y Sep&uacute;lveda, 2004).</p>     <p>En el texto <i>Escuelas para pensar</i>,  Bruer (1995) nos muestra tambi&eacute;n c&oacute;mo el modelo de la lectura  compartida sigue siendo el mejor para reforzar las tareas de lectura en  la escuela primaria y en la secundaria. El programa que se describe  all&iacute; se llama <i>ense&ntilde;anza rec&iacute;proca</i>, y se desarrolla en  sesiones de lectura turnada entre varios estudiantes: al finalizar cada  turno, la persona que ley&oacute; debe formular una pregunta pertinente al  contenido le&iacute;do, y los dem&aacute;s deben responderla entre todos. Al  principio el maestro dirige la actividad, y luego va dejando que alguno  de los estudiantes pase a dirigirla, y as&iacute; se convierte paulatinamente  en un participante m&aacute;s. Este programa ha mostrado gran &eacute;xito en la  mejora de las habilidades de comprensi&oacute;n de lectura de los estudiantes  de varias escuelas norteamericanas.</p>     <p>Programas que incorporen la lectura compartida en preescolares, o la <i>ense&ntilde;anza rec&iacute;proca</i>,  parecen funcionar muy bien, puesto que promueven la inversi&oacute;n de  papeles tradicionales entre maestros y alumnos; estos se dan cuenta de  lo que saben antes y durante la lectura (lo cual les permite controlar  sus propios procesos de comprensi&oacute;n). Adem&aacute;s, estos programas refuerzan  el trabajo en grupos peque&ntilde;os, en el cual se da m&aacute;s oportunidad de  participaci&oacute;n a todos los integrantes del grupo (Fl&oacute;rez y cols., <i>El alfabetismo emergente</i>,  en prensa). Pero, ante todo, parecen funcionar porque le permiten al  estudiante hacer m&aacute;s claro que lo que hay que hacer en una lectura con  alto nivel de comprensi&oacute;n es captar la imagen o idea global, que uno ya  se ha esbozado desde el inicio, poniendo atenci&oacute;n a los detalles de lo  que se va leyendo, para mejorar, complementar o precisar esa imagen o  idea. Los dem&aacute;s procesos conexos con este se subordinan a esta meta.</p>     <p><b>La escritura como transformaci&oacute;n del conocimiento</b></p>     <p>La escritura, en la perspectiva que  presentamos, es la elaboraci&oacute;n/composici&oacute;n de un texto con un prop&oacute;sito  determinado y para una audiencia espec&iacute;fica. Esto determina una  escogencia de estilos de expresi&oacute;n, sobre los cuales se desarrollan los  textos (Bruer, <i>Escuelas</i>, 1995; Scott, <i>Learning to Write</i>, 1999; Cuervo y Fl&oacute;rez, <i>Aprender y ense&ntilde;ar a escribir</i>,  1998). Los procesos involucrados en la resoluci&oacute;n de las tareas de  escritura, al igual que los de lectura, no siguen una serie de pasos  espec&iacute;ficos ni t&eacute;cnicas; m&aacute;s bien, contienen una serie de subprocesos  necesarios para llegar a alcanzar un objetivo final. En este sentido,  es tambi&eacute;n un problema mal definido. Recu&eacute;rdese que un problema mal  definido no quiere decir que sea mal estructurado, sino que las v&iacute;as  para su soluci&oacute;n no est&aacute;n establecidas en una serie de pasos  espec&iacute;ficos que se deben seguir, y est&aacute; m&aacute;s sujeto a estilos personales  de trabajo y a estrategias creativas de soluci&oacute;n en cada momento de la  elaboraci&oacute;n del texto (Bruer, <i>op. cit.</i>, 1995). Las investigadoras C. Cuervo y R. Fl&oacute;rez (<i>La escritura como proceso</i>,  1992) aclaran que la escritura es tambi&eacute;n una habilidad compleja, con  m&uacute;ltiples exigencias simult&aacute;neas (coordinaci&oacute;n de contenidos,  generaci&oacute;n de ideas, audiencia, recursos estil&iacute;sticos, sintaxis, etc.)  en una serie de procesos de planeaci&oacute;n, transcripci&oacute;n, revisi&oacute;n y  edici&oacute;n, que no siguen un orden fijo, sino que van y vuelven entre  ellos antes de lograr versiones finales de los escritos.</p>     <p>Algunos autores que trabajan en esta perspectiva, como Bruer (<i>op. cit</i>, 1995) y Scott (<i>op. cit.</i>,  1999), muestran que los adelantos en el conocimiento sobre el  funcionamiento de la actividad humana, desarrollados a partir de la  investigaci&oacute;n en los a&ntilde;os setenta, han tenido tambi&eacute;n una fuerte  influencia en el estudio de la escritura en el medio escolar. Este  aporte, antes centrado en el estudio de los productos escritos por los  estudiantes, ahora se centra m&aacute;s en el estudio del proceso de  elaboraci&oacute;n del texto escrito.</p>     <p>El  estudio contempor&aacute;neo de la escritura ha llegado a un consenso sobre la  funci&oacute;n de tres elementos en el proceso de elaboraci&oacute;n de un texto  escrito: la memoria de trabajo del escritor <a name="6sup" id="6sup"></a><sup><a href="#6inf">6</a></sup>, la memoria a largo plazo del escritor <a name="7sup" id="7sup"></a><sup><a href="#7inf">7</a></sup> y el entorno de la tarea de escritura que realiza <a name="8sup" id="8sup"></a><sup><a href="#8inf">8</a></sup> (Bruer,<i> op. cit.</i>, 1995). La memoria de trabajo del escritor <a name="9sup" id="9sup"></a><sup><a href="#9inf">9</a></sup> es el mecanismo que se usa para planificar (es decir, generar los  objetivos del texto y obtener una organizaci&oacute;n del mismo, consecuente  con estos), traducir/transcribir (es decir, &quot;poner en palabras&quot; los  objetivos y la organizaci&oacute;n del texto), revisar y editar (evaluaci&oacute;n y  repaso de todo el proceso de traducci&oacute;n). Para poder realizar estos  procesos, la memoria de trabajo hace uso moment&aacute;neo de los recursos  disponibles en la memoria a largo plazo: el conocimiento del tema, de  la audiencia y de la forma de los planes de escritura. As&iacute;  mismo, la memoria de trabajo tambi&eacute;n opera con la informaci&oacute;n del  entorno de la tarea, como el uso de medios ret&oacute;ricos apropiados en cada  situaci&oacute;n <a name="10sup" id="10sup"></a><sup><a href="#10inf">10</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El proceso general de escritura est&aacute;  compuesto por tres subprocesos que no siguen un orden estricto, y que  m&aacute;s parecen ir y venir seg&uacute;n la fijaci&oacute;n de la atenci&oacute;n en cada aspecto  por parte del escritor. Cuervo y Fl&oacute;rez (<i>La escritura como proceso</i>, 1992; <i>La escritura como pr&aacute;ctica comunicativa adulta</i>, 1993) describen en detalle las fases de dicho proceso, como se expone a continuaci&oacute;n.</p>     <p>Una de las fases o subprocesos -tal vez el principal- es el de la <i>planeaci&oacute;n</i>,  que constituye el conjunto de ideas que el escritor construye, con el  fin de lograr el objetivo del texto y el impacto esperado en la  potencial audiencia. En este sentido, el plan de un texto escrito no  queda completamente prefigurado desde antes. No es como planear un  viaje, en el cual se prev&eacute; casi todo con antelaci&oacute;n. El plan puede  modificarse o acomodarse, de acuerdo con las necesidades que nota la  persona que escribe. En suma, la planeaci&oacute;n incluye todos los aspectos  concernientes al prop&oacute;sito del texto, y a la manera como se logra  presentar este a la audiencia lectora; la planeaci&oacute;n no es un momento  antes de la escritura, sino que ya es parte de la escritura.</p>     <p>La <i>transcripci&oacute;n/traducci&oacute;n</i> es la versi&oacute;n puesta sobre el papel de lo que se quiere escribir, en la  cual se ensayan los recursos del lenguaje y el estilo m&aacute;s apropiado  para el escrito. En este subproceso no se trata de escribir sin m&aacute;s lo  que a uno se le va ocurriendo, sino la transcripci&oacute;n acomodada a las  ideas formuladas en el proceso de planeaci&oacute;n. Por eso, si no hay  planeaci&oacute;n el escritor se ve obligado a abandonar su proyecto o,  simplemente, pierde el rumbo con facilidad en el transcurso de su  redacci&oacute;n. La transcripci&oacute;n exige, entonces, la preparaci&oacute;n de varias  versiones sucesivas del mismo texto, hasta que este logre acomodarse a  los objetivos del texto y a la audiencia objetivo.</p>     <p>El subproceso de <i>revisi&oacute;n</i> se da en la visualizaci&oacute;n de los ajustes de cada versi&oacute;n a los planes.  Para este fin, es de gran ayuda la lectura propia y de otros del texto  que se escribe, con el fin de poder ver el impacto y si se logra el  objetivo de la redacci&oacute;n. En otras palabras, se trata de la observaci&oacute;n  y consecuente perfeccionamiento de las versiones del texto, sus  arreglos de acuerdo con el plan y las relaciones mutuas que all&iacute; se  generan.</p>     <p>Es indudable que la escritura se  convierte as&iacute; en una actividad de alto grado de complejidad, que en  muchas ocasiones solo observamos en personas expertas en la escritura  de textos. La escritura no es una tarea que se pueda definir como una  serie de pasos fijos, sino como una combinaci&oacute;n simult&aacute;nea de varias  estrategias y recursos, de acuerdo con el &quot;momento&quot; de la redacci&oacute;n. El  escritor realiza un proceso din&aacute;mico: se mueve r&aacute;pidamente entre el  marco general y los detalles ret&oacute;ricos de la exposici&oacute;n escrita de sus  ideas (Bruer, <i>op. cit.</i>, 1995; Cuervo y Fl&oacute;rez, <i>La escritura como proceso</i>, 1992).</p>     <p>¿C&oacute;mo llegan los novatos a ser  expertos en la redacci&oacute;n de textos? Gran parte del desarrollo de esta  capacidad se basa en el conocimiento que los ni&ntilde;os, en el alfabetismo  inicial, desarrollan acerca del funcionamiento que debe cumplir la  lengua escrita, y sobre los aspectos en los cuales este funcionamiento  es distinto de aquel de la lengua oral (Ferreiro, <i>Acerca de las no previstas</i>, 2002; Castedo, <i>Escribir con otros</i>, 2004). Ferreiro (<i>op. cit</i>., 2002) explica que este es un conocimiento clave para el aprendizaje de la lectura y de la escritura.</p>     <p>Es curioso, entonces, que el  conocimiento sobre el proceso de escritura y acerca de la audiencia,  con frecuencia sea ignorado en las actividades alfab&eacute;ticas iniciales en  las aulas preescolares y en la instrucci&oacute;n formal de la lectura y la  escritura, al iniciar la escuela primaria. Los estudios de comparaci&oacute;n  entre novatos y expertos muestran que los primeros tienen una tendencia  muy fuerte a desarrollar la redacci&oacute;n de textos apenas como una  transcripci&oacute;n de lo que se sabe. De hecho, los escritores novatos  declaran que lo que hay que hacer, al escribir un texto, es &quot;escribir  lo primero que a uno se le pase por la cabeza&quot;, lo cual refleja una de  las preconcepciones m&aacute;s extendidas sobre la escritura, incluso entre  los maestros (Fl&oacute;rez y Cuervo, <i>El regalo de la escritura</i>, en prensa; Cuervo y Fl&oacute;rez, <i>Aprender y ense&ntilde;ar a escribir</i>,  1998). Sin embargo, desde hace tiempo existen en nuestro medio  experiencias innovadoras e investigativas, que muestran que es posible  trabajar con los ni&ntilde;os en esta perspectiva de manejo de la escritura,  aun desde las etapas iniciales de alfabetizaci&oacute;n (Guzm&aacute;n, 1984).</p>     <p>La anterior forma de escritura carece de un elemento de planificaci&oacute;n claro y expl&iacute;cito (Scott, <i>Learning to Write</i>,  1999). Sin embargo, es la que m&aacute;s se refuerza en las actividades de  escritura en la escuela. El estilo novato de escritura se mantiene, en  gran medida, porque el medio escolar de la primaria y la secundaria  promueve la transcripci&oacute;n e ignora la planeaci&oacute;n y el sentido que puede  adquirir la escritura en un medio particular (Bruer, <i>Escuelas</i>,  1995). Recordemos que el conocimiento natural que los ni&ntilde;os han  desarrollado sobre la escritura, antes de su instrucci&oacute;n formal, tiene  unos indicios muy claros acerca de los poderosos recursos que la  escritura misma utiliza como transmisora de informaci&oacute;n (Ferreiro, <i>Acerca de las no previstas</i>,  2002). Sin embargo, la escritura en el medio escolar se reduce a &quot;decir  el conocimiento&quot;, lo cual es una actividad poco interesante y poco  exigente para los aprendices de la escritura. No es raro que muchos  estudiantes, de diversos niveles, hablen de la escritura &uacute;nicamente  como &quot;una manera para presentar trabajos como le gustan al profesor y  poder pasar la materia&quot; (Scott, <i>Learning to Write</i>, 1999). Al  contrario, la escritura es un recurso cultural que no puede estar solo  al servicio de las actividades para el colegio, y no est&aacute; restringido a  la asignatura de Espa&ntilde;ol y Literatura; por lo tanto, debe mantenerse  como parte de los recursos culturales asequibles a las personas (Cuervo  y Fl&oacute;rez, <i>Emergencia de un sentido de la escritura en la educaci&oacute;n</i>, 1998).</p>     <p>Por la persistencia de estilos de  escritura de novatos en el medio escolar, permanecen entre muchas  personas algunas preconcepciones acerca del car&aacute;cter de la escritura  (Fl&oacute;rez, <i>La escritura como proceso</i>, en prensa), que se expresan con frecuencia de maneras como la siguiente:</p>    <ol>         <li>&quot;Yo no soy escritor, porque no nac&iacute; con ese don. Nunca me llega la inspiraci&oacute;n&quot;.</li>         ]]></body>
<body><![CDATA[<li>&quot;Yo no soy escritor porque escribir no es mi oficio y no me gano la vida vendiendo novelas y poes&iacute;a&quot;.</li>         <li>&quot;Como a estas horas de la vida sigo sin escribir bien, ya me toc&oacute; quedarme as&iacute;&quot;.</li>         <li>&quot;Cuando alguien sabe escribir, lo hace r&aacute;pidamente, sin esfuerzo y sin necesidad de borradores&quot;.</li>         <li>&quot;Cuando alguien tiene que escribir la misma cosa dos veces, es porque no sabe escribir&quot;.</li>       </ol>      <p>Como se ve, a la luz de los planteamientos expuestos, la noci&oacute;n de escritura que ac&aacute; se expone es contraria a tales posiciones.</p>     <p>Los requerimientos para la escritura  de textos en expertos son muy distintos al estilo de &quot;transcripci&oacute;n del  pensamiento&quot; del novato. Los hallazgos muestran que los expertos en  esta &aacute;rea gastan m&aacute;s tiempo y atenci&oacute;n en la planeaci&oacute;n del texto, en  especial en lo concerniente a los recursos ret&oacute;ricos. Esto implica que  estos expertos tienen dos condiciones b&aacute;sicas: dominan ampliamente el  tema del contenido de sus escritos, tienen claro el prop&oacute;sito del  escrito en todas las fases del proceso, y conocen las restricciones del  uso de recursos estil&iacute;sticos para hacer un texto con los objetivos  planteados y en el g&eacute;nero de escritura proyectado (Bruer, <i>Escuelas</i>,  1995; Scott, op. cit., 1999). Por lo tanto, en los expertos en  escritura hay un mayor &eacute;nfasis en los instrumentos que deben usarse  para decir las cosas a una audiencia espec&iacute;fica. En este sentido, la  escritura consiste en &quot;ver el contenido por los filtros del  conocimiento ret&oacute;rico&quot; (Bruer, <i>Escuelas</i>, 1995, p. 242).</p>     <p>Bruer cita un buen ejemplo de esto,  que radica en el &eacute;xito que obtienen algunos profesores universitarios  cuando se les plantea que deben escribir un texto, en el cual expliquen  en qu&eacute; consiste su profesi&oacute;n a j&oacute;venes lectores de una revista para  adolescentes. El tiempo gastado por los redactores exitosos en la  evocaci&oacute;n de lo que deb&iacute;an decir fue m&iacute;nimo, en comparaci&oacute;n con el  invertido para acomodar el estilo del lenguaje y la redacci&oacute;n a la  audiencia a quien el texto se dirige (a menudo gastaban horas enteras  en ello). Del mismo modo, era mayor la cantidad de preguntas y  consultas al investigador por parte de los participantes en esta  experiencia, con respecto a caracter&iacute;sticas de la audiencia lectora del  texto.</p>     <p>De otra parte, los expertos  escritores manejan estrategias claras para la superaci&oacute;n de  dificultades en la composici&oacute;n. Como se ha dicho, estos expertos  vuelven con frecuencia al plan, y usan un solo subproceso a la vez:  planean, transcriben o revisan, pero no combinan dos o m&aacute;s al mismo  tiempo. Esto parece tener una funci&oacute;n importante: evitar que la memoria  de trabajo se sobrecargue (Cuervo y Fl&oacute;rez, <i>La escritura</i>, 1992). Cuervo y Fl&oacute;rez (<i>op. cit</i>.,  1992) aclaran tambi&eacute;n que un punto notorio de diferencia entre novatos  y expertos en la escritura es el nivel de control y de posibilidad de  decir qu&eacute; se hace en cada subproceso de la escritura: el novato con  frecuencia salta sin control entre varios subprocesos, y al  pregunt&aacute;rsele qu&eacute; hizo para la composici&oacute;n del texto dice que no sabe  c&oacute;mo lo hizo, mientras que el experto opera con mayor control y puede  decir a otra persona qu&eacute; acciones concretas realiz&oacute; en cada parte del  proceso.</p>     <p>Los resultados que las investigadoras Cuervo y Fl&oacute;rez (<i>La escritura como pr&aacute;ctica comunicativa adulta</i>, 1993) extraen de esta perspectiva son los siguientes planteamientos sobre la naturaleza de aprender y ense&ntilde;ar a escribir:</p> <ol>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li>         <p> La escritura consiste en componer y redactar un texto original, con prop&oacute;sito claro y dirigido a una audiencia concreta.</p>   </li>       <li>         <p> El escritor no es solo aquel que compone textos literarios como  profesi&oacute;n u oficio. Un escritor es tambi&eacute;n una persona que sabe  componer bien un texto escrito cualquiera, y en este sentido puede  llegar a serlo cualquier persona.</p>   </li>       <li>         <p> La escritura es una compleja actividad, que implica el uso de altas habilidades de razonamiento y lenguaje.</p>   </li>       <li>         <p> No se llega a la escritura por &quot;soplos m&aacute;gicos de la inspiraci&oacute;n&quot;. Una  persona puede hacerse escritora si se dedica a una serie de  actividades, como el trabajo en la planeaci&oacute;n, la transcripci&oacute;n y la  revisi&oacute;n.</p>   </li>       <li>         <p> La escritura no  es solo un requisito o forma de registro, sino un poderoso recurso de  comunicaci&oacute;n. As&iacute; concebida, es un instrumento que potencia las  capacidades intelectuales y el intercambio de conocimientos.</p>   </li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li>         <p> La escritura trabaja sobre habilidades que siempre son susceptibles de  mejora. En este sentido, la escritura se puede perfeccionar a todo lo  largo de la vida.</p>   </li>       <li>         <p> Es &uacute;til para la expresi&oacute;n p&uacute;blica de opiniones y el fortalecimiento de valores democr&aacute;ticos.</p>   </li>     </ol>     <p>En la exposici&oacute;n de Bruer (1995, op.  cit.) se muestran dos programas para el enriquecimiento de las  actividades de escritura en las escuelas. El programa de <i>Planeaci&oacute;n Colaborativa</i> y el uso del programa inform&aacute;tico <i>CSILE</i>.</p>     <p>El programa de <i>Planeaci&oacute;n Colaborativa</i> consiste en una reuni&oacute;n de estudiantes, donde todos escriben un texto  sobre el mismo tema, y la discusi&oacute;n es guiada por el maestro hacia  preguntas como si lo escrito se entiende, si como est&aacute; escrito interesa  a los otros estudiantes, etc. En conjunto, los estudiantes hacen  discusi&oacute;n sobre este tema y escriben los puntos de esta discusi&oacute;n en un  tablero que todos puedan ver.</p>     <p>En varias escuelas p&uacute;blicas de los  Estados Unidos, este programa ha mostrado un mejoramiento en las  habilidades de producci&oacute;n de textos en los estudiantes, y ha hecho que  estos se interesen m&aacute;s por las actividades de escritura. Gran parte de  su &eacute;xito reside, como otras actividades similares, en potenciar los  recursos de planeaci&oacute;n con respecto a la audiencia: se aprende sobre la  audiencia si al leer el propio texto se notan los puntos fuertes y  d&eacute;biles en la redacci&oacute;n, al leerlo para todos y para uno mismo en voz  alta (Od&eacute;ric-Delefosse, <i>Dictar al adulto</i>, 1997). Como se ve, este programa maneja una estrategia an&aacute;loga al de la <i>ense&ntilde;anza rec&iacute;proca</i> en la lectura.</p>     <p>El programa que utiliza la asistencia de recursos inform&aacute;ticos, el <i>CSILE</i>,  es una estrategia similar a la anterior. En esencia es lo mismo, solo  que el programa inform&aacute;tico ayuda a la producci&oacute;n de textos  significativos para que los estudiantes publiquen y a una  retroalimentaci&oacute;n continua sobre c&oacute;mo ajustar el texto para publicar.  Esto promueve actividades de di&aacute;logo sobre el tema entre compa&ntilde;eros  ubicados en distintas terminales de computador, a la manera de un chat.  En este programa son cruciales la interacci&oacute;n entre distintos  estudiantes y el elemento inform&aacute;tico que permite llevar a cabo  realmente una actividad propia de las actividades de escritura: tener  en cuenta al mismo tiempo el estado del escrito, las sugerencias para  su redacci&oacute;n y la discusi&oacute;n sobre la mejor presentaci&oacute;n del tema.</p>     <p>Otras experiencias cercanas se han desarrollado en la ciudad de Bogot&aacute; por Cuervo y Fl&oacute;rez (<i>La escritura</i>, 1993; <i>Aprender y ense&ntilde;ar a escribir</i>,  1998), a trav&eacute;s de los institutos de escritura y de la investigaci&oacute;n  cooperativa de las investigadoras con docentes de escuelas primaria y  secundaria.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los institutos de escritura se  pusieron en funcionamiento por iniciativa de las investigadoras, como  un servicio abierto a personas que quisiesen mejorar sus habilidades  para la composici&oacute;n de textos escritos, inicialmente ofrecido a la  comunidad de fonoaudi&oacute;logos, y luego abierto a p&uacute;blico en general con  diversas ocupaciones. Los institutos siguieron un modelo de actividades  similares propuestas en Estados Unidos y Gran Breta&ntilde;a. Los dos  objetivos b&aacute;sicos de los institutos fueron que sus integrantes  escribieran mejor y que las personas se hicieran conscientes del poder  de la escritura en la vida del hombre. En esta experiencia se  desarrollan actividades tendientes a la realizaci&oacute;n de escritos, al  principio sin demasiada detenci&oacute;n en aspectos puntuales, y luego  deteni&eacute;ndose en algunos aspectos cruciales, como la planeaci&oacute;n, la  revisi&oacute;n y la direcci&oacute;n de la atenci&oacute;n al tema, y aspectos m&aacute;s all&aacute; de  la puntuaci&oacute;n y otras habilidades puntuales. Al mismo tiempo, se  trabaja con el modelo de personas gu&iacute;as del instituto, que muestran  c&oacute;mo realizar cada uno de los pasos o subprocesos expuestos; se hace  que el participante los diga en voz alta, y se trata de hacer el  ejercicio de rastreo del proceso de escritura en textos terminados que  se escogen para la lectura. Adicionalmente, se traen a cuento lecturas  de ensayos y otros textos sobre la escritura y su proceso, de diversos  autores, y se les regala la cartilla llamada <i>El regalo de la escritura</i>.</p>     <p>La experiencia mostr&oacute; algunos  resultados satisfactorios, tales como la autosatisfacci&oacute;n con el cambio  obtenido por la mayor&iacute;a de personas en sus habilidades, y por las  modificaciones logradas en las habilidades mismas. Entre estos cambios  tenemos: redefinici&oacute;n del concepto de planear un texto, aumento de la  fluidez para transcribir la primera versi&oacute;n del texto, aumento de la  sensibilidad en la revisi&oacute;n de los textos, alta motivaci&oacute;n por la  lectura activa y anal&iacute;tica, la toma de riesgos y el compartir el propio  texto. A pesar de esto, las autoras tambi&eacute;n muestran una serie de  limitaciones de la experiencia, tales como la diferencia de niveles al  inicio de cada instituto, las resistencias frente a la planeaci&oacute;n (por  la preconcepci&oacute;n de que quien revisa menos es m&aacute;s eficiente),  deficiencia en el conocimiento de la agrupaci&oacute;n de ideas en p&aacute;rrafos,  dificultad de toma de distancia del propio texto, caracter&iacute;sticas  personales de los participantes y diferencias entre el discurso te&oacute;rico  y la escritura llevada a la pr&aacute;ctica.</p>     <p>La experiencia de los institutos de  escritura hizo pensar a las autoras en el sentido que puede cobrar la  escritura en la escuela. Despu&eacute;s de todo, si los ni&ntilde;os y j&oacute;venes  recibiesen una ense&ntilde;anza eficiente y tuviesen experiencias  enriquecedoras en esta &aacute;rea, los adultos no tendr&iacute;an por qu&eacute; pedir  ayuda para mejorar su proceso de escritura (Cuervo y Fl&oacute;rez, <i>La escritura</i>,  1993). Por lo tanto, se hizo necesario actuar cooperativamente con los  maestros en la investigaci&oacute;n sobre la ense&ntilde;anza y el aprendizaje de la  escritura (Cuervo y Fl&oacute;rez, <i>Aprender</i>, 1998).</p>     <p>Dicha investigaci&oacute;n parte de la idea  de que la escritura debe hacer parte de los recursos culturales,  disponibles gracias a la aplicaci&oacute;n de pol&iacute;ticas a gran escala, que  hallen su expresi&oacute;n en verdaderos proyectos institucionales, sobre todo  de tipo educativo (Cuervo y Fl&oacute;rez, <i>Emergencia</i>, 1998). La  investigaci&oacute;n ha comprobado que quienes son m&aacute;s consistentes en el uso  de los estudios sobre la mente humana suelen ser los maestros, aunque  los formuladores de pol&iacute;tica p&uacute;blica tambi&eacute;n los usen (Cuervo, <i>Cognitive theory and its application</i>,  1989). En este sentido, es v&aacute;lido pensar que un agente fundamental para  un nuevo desarrollo del aprendizaje y la ense&ntilde;anza de la escritura es  el maestro (por el conocimiento de, y el sentido que otorga a, las  actividades de escritura).</p>     <p>La investigaci&oacute;n se propuso entonces  trabajar en el perfeccionamiento de las habilidades de escritura de los  maestros, en un programa de formaci&oacute;n de docentes en ejercicio (Cuervo  y Fl&oacute;rez, <i>Emergencia</i>, 1998). Las investigadoras parten entonces de los siguientes supuestos:</p> <ol>       <li>         <p> Escribir debe hacer parte  de la realidad cotidiana de quien escribe. Si el docente no llega a  cumplir esta condici&oacute;n, no tendr&aacute; la sensibilidad ni la habilidad  suficiente para ayudar a los aprendices del proceso de escritura en la  escuela.</p>   </li>       <li>         <p> Se debe contar con los suficientes recursos y materiales del entorno para el desarrollo de las actividades de escritura.</p>   </li>       <li>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p> La escritura debe inscribirse dentro de prop&oacute;sitos comunicativos aut&eacute;nticos y significativos.</p>   </li>       <li>         <p> El saber c&oacute;mo escribir requiere de la revisi&oacute;n y elaboraci&oacute;n de varias versiones del mismo texto.</p>   </li>     </ol>     <p>En la investigaci&oacute;n-acci&oacute;n  desarrollada por las autoras, en conjunto con 26 maestros de primaria y  secundaria de varias partes de Colombia, se trabaj&oacute; en cuatro ejes: la  autoimagen de la persona-docente-escritor, la comprensi&oacute;n del  significado de ense&ntilde;ar y aprender a escribir, el nivel de conocimiento  de los docentes sobre la escritura y su puesta en marcha, y la  articulaci&oacute;n investigaci&oacute;n- pr&aacute;ctica pedag&oacute;gica. Para recopilar los  resultados de la experiencia, las investigadoras acudieron a un  cuestionario llamado &quot;yo como escritor&quot;, sobre ideas acerca de la  escritura y de preconcepciones sobre la misma, programas docentes de  aula elaborados por las investigadoras, observaciones sobre los  factores alrededor de la experiencia de los docentes, observaciones del  docente en el sal&oacute;n de clases y en su vida en sus propias instituciones  escolares, productos escritos de sus alumnos, evaluaciones de los  docentes sobre actividades desarrolladas para el mejoramiento de su  propia escritura.</p>     <p>Como resultados positivos, los  maestros se reconocieron a s&iacute; mismos como escritores, a pesar de los  recuerdos casi siempre dolorosos del aprendizaje de la escritura  durante su educaci&oacute;n previa; se identificaron los subprocesos que  intervinieron en la escritura, y unos hicieron algunas primeras  aproximaciones al trabajo en el aula. Entre las principales  limitaciones sigue estando el prestar atenci&oacute;n de manera m&aacute;s  sistem&aacute;tica al proceso de evaluaci&oacute;n (entendida esta exclusivamente  como calificaci&oacute;n), y algunas dificultades con el uso de la sintaxis y  del vocabulario apropiado en los textos redactados por los maestros.</p>     <p>Como un producto importante de estas dos experiencias, se est&aacute; preparando el libro <i>El regalo de la escritura</i>, en el cual la autora profundiza en cada uno de los subprocesos y aspectos implicados en el proceso de escritura (Fl&oacute;rez, <i>El regalo</i>, en prensa).</p>     <p>La escritura, y las diversas  experiencias que en esta secci&oacute;n presentamos, nos muestran que aquella  es una actividad altamente compleja de planeaci&oacute;n, transcripci&oacute;n y  revisi&oacute;n, como tres procesos en relaci&oacute;n continua entre ellos, para  poder llegar a la versi&oacute;n final de un texto. La escritura es as&iacute; una  actividad de gran demanda de recursos, que nos hace volver  permanentemente sobre el material escrito. Como lo manifiestan diversos  investigadores: escribir no es otra cosa que escribir, volver a  escribir y seguir escribiendo, hasta obtener el texto m&aacute;s cercano a  nuestros prop&oacute;sitos de lograr dejar claro el objetivo de lo escrito a  una audiencia particular.</p>     <p><b>A modo de conclusiones</b></p>     <p>Los procesos de  ense&ntilde;anza-aprendizaje en la escuela o, dicho de otra manera, los  procesos de construcci&oacute;n social del conocimiento, no deben ser vistos  solo como una serie de contenidos que se van a ense&ntilde;ar, sino que  tambi&eacute;n deben incorporar las habilidades propias para la adquisici&oacute;n de  esos contenidos. En este sentido, las labores de lectura y escritura  deben presentarse como actividades en toda la dimensi&oacute;n de su  complejidad. Las distintas acciones promotoras del conocimiento de la  lectura y la escritura deben aprovechar la curiosidad por lo escrito en  los per&iacute;odos anteriores a su ense&ntilde;anza formal en la escuela primaria.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El cultivo de estas habilidades no  debe detenerse en ese punto. Debe extenderse y mejorarse en el paso de  los estudiantes por la escuela primaria y secundaria, para lo cual las  estrategias de lectura y escritura, en interacci&oacute;n social, parecen  favorecer m&aacute;s las capacidades de todos los alumnos. Estas actividades  articulan el conocimiento previo de los alumnos, sus intereses y los  contenidos que se suelen ense&ntilde;ar en la escuela convencional. Gran parte  de esta articulaci&oacute;n se debe a que le retornan a la lectura y a la  escritura un sentido comunicativo que les es propio en el mundo  cultural, en el cual son comunes, y eso las hace actividades de alta  exigencia y de elevado nivel para todos los estudiantes.</p>     <p>En el mismo sentido, quisi&eacute;ramos  terminar con una reflexi&oacute;n sobre el cultivo de habilidades alfab&eacute;ticas  en el preescolar. No se trata de ense&ntilde;ar o no ense&ntilde;ar. Ambas son  posiciones extremas (que obedecen a una particular concepci&oacute;n de lo que  es ense&ntilde;ar a leer y a escribir). Se trata de dar espacios para el  trabajo con elementos alfab&eacute;ticos por los ni&ntilde;os, en actividades  estructuradas que les muestren el uso de los medios alfab&eacute;ticos y su  utilidad en el mundo real. Recordemos que las acciones estructuradas no  siempre necesitan que el profesor sea el &uacute;nico que transmite y da  &oacute;rdenes, y que los alumnos solo hagan aquello que se les pide. M&aacute;s bien  se trata de realizar actividades en las cuales hay un gu&iacute;a (maestro)  que propone un ejercicio (estructurado y con prop&oacute;sitos definidos), en  el cual se tengan que usar los conocimientos para poder llegar a otros,  solucionando tareas que no tienen respuesta inmediata ni evidente para  los aprendices (Ferreiro, <i>Acerca de las no previstas</i>, 2002).</p>     <p>Este tipo de actividades en  escenarios significativos en el preescolar exige al maestro ser tambi&eacute;n  un animador y un gu&iacute;a de un aprendizaje, por el reto que supone a los  ni&ntilde;os tratar de articular habilidades de alto grado de complejidad,  para llegar a la lectura y a la escritura como actividades, en s&iacute;  mismas, interesantes. De lo contrario, estas no dar&aacute;n su aporte y no  podr&aacute;n reformar de manera suficiente la instrucci&oacute;n en el aula, y el  conocimiento sobre el entendimiento humano no podr&aacute; producir un  esperado cambio en los procesos de ense&ntilde;anza-aprendizaje y en sus  resultados (Larreamendy- J&ouml;erns, <i>Ciencia cognitiva y educaci&oacute;n</i>, 2002).</p>     <p>As&iacute; mismo, es importante continuar  la ense&ntilde;anza de la lectura y la escritura en la educaci&oacute;n b&aacute;sica  primaria y secundaria con esta misma perspectiva, si se quiere lograr  avances importantes en ellas, ya que si a&uacute;n persisten dificultades y  vac&iacute;os en su ense&ntilde;anza en el preescolar, son m&aacute;s notorios los vac&iacute;os  que hay en el conocimiento de las etapas intermedias de este proceso.  Tambi&eacute;n en este campo existen evidencias pedag&oacute;gicas e investigativas,  que muestran que all&iacute; hay una evoluci&oacute;n importante que los docentes  deben conocer, para poder intervenir de manera intencionada y efectiva  en los aprendizajes de sus estudiantes (Guzm&aacute;n, 2004).</p>  <hr size="1">           <p><a href="#1sup">1</a><a name="1inf" id="1inf"></a>     Aunque  pueda ser problem&aacute;tico, utilizamos ac&aacute; deliberadamente el t&eacute;rmino  instrucci&oacute;n tal y como es conocido en el vocabulario m&aacute;s universal del  castellano: el conjunto de actividades y procesos implicados en la  ense&ntilde;anza y el aprendizaje expl&iacute;citos de contenidos en la escuela. En  ese sentido, se trata de un &aacute;rea de inter&eacute;s com&uacute;n de la psicolog&iacute;a  educativa y la pedagog&iacute;a (<i>Diccionario Enciclop&eacute;dico Salvat</i>, 1988).</p>               <p><a href="#2sup">2</a><a name="2inf" id="2inf"></a>     Cuando  hablamos de tareas nos referimos a un problema que es organizado  intencionalmente por alguien, para que una persona busque una soluci&oacute;n  utilizando algunas estrategias necesarias, sin las cuales no es posible  llegar a la soluci&oacute;n. En este sentido, la tarea debe dise&ntilde;arse haciendo  un an&aacute;lisis de los pasos o subtareas necesarios e ineludibles para  resolverla, y teniendo en cuenta todas las dimensiones que el problema  planteado en ella propone. La tarea tambi&eacute;n exige formular consignas  claras y expl&iacute;citas para que una persona la resuelva. M&aacute;s adelante se  profundizar&aacute; en este punto.</p>               <p><a href="#3sup">3</a><a name="3inf" id="3inf"></a>     Los  investigadores que trabajan en esta &aacute;rea utilizan distintos m&eacute;todos  para acceder a las estrategias de soluci&oacute;n de problemas en &aacute;reas  espec&iacute;ficas: el registro de lo que la persona explica que hace a medida  que resuelve una tarea (por ejemplo: se le pide al f&iacute;sico que resuelve  la tarea de la balanza, que haga un paso y diga qu&eacute; hizo en ese paso, y  as&iacute; en cada paso, hasta la soluci&oacute;n), o el registro del uso de recursos  disponibles (por ejemplo: detallar las operaciones que realiza la  persona con la balanza hasta llegar a la soluci&oacute;n).</p>               <p><a href="#4sup">4</a><a name="4inf" id="4inf"></a>     Estos mecanismos incluyen aspectos emocionales y actitudinales frente a la tarea.</p>               <p><a href="#5sup">5</a><a name="5inf" id="5inf"></a>     Bruer  cita un ejemplo, donde se muestran conocimientos pobres acerca del  proceso de independencia de los Estados Unidos en una muestra de  estudiantes estadounidenses que finalizan quinto de primaria. Se  encuentra que los libros de texto en los que tales alumnos han  estudiado este contenido, parten del supuesto de que los estudiantes  conocen definiciones tan complejas como &quot;revoluci&oacute;n&quot;, &quot;beneficios  tributarios&quot; o &quot;gobierno constitucional democr&aacute;tico&quot;. Los mismos  estudiantes muestran no conocer tales conceptos, lo cual conduce a un  desajuste en el nivel de conocimientos previos de los lectores en la  elaboraci&oacute;n de estos libros de texto.</p>               <p><a href="#6sup">6</a><a name="6inf" id="6inf"></a>     Memoria  de trabajo, o a corto plazo, es la memoria mec&aacute;nica que se usa en el  curso de una actividad, y usa unidades discretas para operar. Su  capacidad est&aacute; limitada para trabajar con cinco a nueve unidades  discretas a la vez, y tiene un l&iacute;mite de tiempo de cinco segundos por  operaci&oacute;n. Un ejemplo: aprender moment&aacute;neamente una serie de productos,  para ir a comprarlos a la tienda sin una lista.</p>               ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#7sup">7</a><a name="7inf" id="7inf"></a>     Memoria  a largo plazo es aquella en la cual acumulamos todo nuestro  conocimiento sobre el mundo en el cual nos movemos. Su capacidad de  almacenamiento es infinita, ya que trabaja con unidades articuladas en  redes o esquemas sobre el mundo. Un ejemplo: lo que sabemos sobre los  alimentos que podemos consumir.</p>               <p><a href="#8sup">8</a><a name="8inf" id="8inf"></a>     En  este punto con entorno de la tarea nos referimos al paso del proceso en  la elaboraci&oacute;n de un escrito: la p&aacute;gina en blanco, el esquema inicial,  un esquema elaborado para ajustar, o una versi&oacute;n que se va mejorando  paulatinamente, seg&uacute;n el criterio que el escritor tiene sobre la  audiencia.</p>               <p><a href="#9sup">9</a><a name="9inf" id="9inf"></a>     Cuando  hablamos de escritor en este texto, hacemos referencia a la acepci&oacute;n  del t&eacute;rmino que designa a cualquier persona que escribe y redacta un  texto, y no a aquella que lo define como la persona que es autor de  textos destinados a la publicaci&oacute;n (Diccionario Enciclop&eacute;dico Salvat,  1988).</p>               <p><a href="#10sup">10</a><a name="10inf" id="10inf"></a> Los  medios ret&oacute;ricos situacionales son aquellos recursos que se usan para  redactar puntos particulares del texto, para que se comprenda mejor y  se logre el impacto buscado. Por ejemplo: c&oacute;mo mantener el tratamiento  que se debe dar al tema, el nivel del lenguaje que se utiliza seg&uacute;n el  tipo de audiencia a la cual se dirige, y el nivel de exigencia en la  lectura para el potencial lector.</p> 	 	<hr size="1">      	    <p><b><font size="3">Bibliograf&iacute;a</font></b></p>                <!-- ref --><p>Bruer, John. <i>Escuelas para pensar: una ciencia del aprendizaje en el aula</i>, Madrid, Barcelona, Ministerio de Educaci&oacute;n y Ciencia, Paid&oacute;s, Ib&eacute;rica, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0123-1294200600010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Carreiras, Manuel. <i>Descubriendo y procesando el lenguaje</i>, Madrid, Trotta, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0123-1294200600010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Castedo, Mirta. <i>Escribir con otros y a trav&eacute;s de otros</i>,  ponencia inaugural del Primer Congreso de Alfabetismo Emergente,  Bogot&aacute;, Colombia, noviembre 25, 26 y 27 de 2004. Evento organizado por  el departamento de la Comunicaci&oacute;n Humana de la Universidad Nacional de  Colombia, Sede Bogot&aacute;, Compensar, Colciencias y el Instituto para el  Desarrollo Pedag&oacute;gico (IDEP).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0123-1294200600010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Colomer, Teresa. &quot;El papel de la mediaci&oacute;n en la formaci&oacute;n de lectores&quot;, <i>Lecturas sobre lecturas</i>,  I, (2002). 9, 29. Publicaci&oacute;n en coedici&oacute;n entre el Consejo Nacional  para la Cultura y las Artes de M&eacute;xico (Conaculta) y la Asociaci&oacute;n  Colombiana de Lectura y Escritura (Asolectura), con el apoyo de la  Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n Distrital de Bogot&aacute; D. C., Colsubsidio y la Red  Capital de Bibliotecas P&uacute;blicas de Bogot&aacute; (Biblored).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0123-1294200600010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cuervo, Clemencia. <i>Cognitive theory and its application to British educational matters in the area of writing</i>, disertaci&oacute;n redactada con el objeto de aspirar al t&iacute;tulo de Maestr&iacute;a (Master of Arts), University of Southampton, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0123-1294200600010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cuervo, Clemencia; Fl&oacute;rez, Rita. &quot;La escritura como proceso&quot;, <i>Educaci&oacute;n y Cultura</i>, 1992, No. 28, pp. 41-44 (publicaci&oacute;n de la Federaci&oacute;n Colombiana de Educadores, Fecode).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0123-1294200600010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>________. &quot;La escritura como pr&aacute;ctica comunicativa adulta. La experiencia de los institutos de escritura&quot;. En: <i>Arte y conocimiento</i>, vol. 1 (memorias), Bogot&aacute;, Iberoamericana Inpi.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0123-1294200600010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>________. <i>Aprender y ense&ntilde;ar a escribir</i>, Bogot&aacute;, Programa RED, Universidad Nacional de Colombia, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0123-1294200600010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>________. &quot;Emergencia de un sentido de la escritura en la educaci&oacute;n&quot;, <i>Revista de la Universidad del Valle</i>, 1998, No. 19, pp. 72-77.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0123-1294200600010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cuetos, Fernando. <i>Psicolog&iacute;a de la lectura</i>, Barcelona, Cisspraxis, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0123-1294200600010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ferreiro, Emilia. <i>Cultura escrita y educaci&oacute;n</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0123-1294200600010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>________. <i>Lo que los ni&ntilde;os piensan de la escritura</i>, M&eacute;xico, Siglo XXI, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0123-1294200600010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>________.  &quot;Acerca de las no previstas pero lamentables consecuencias de pensar  s&oacute;lo en la lectura y olvidar la escritura cuando se pretende formar al  lector&quot;, <i>Lecturas sobre lecturas</i>, I, 2002, 31-37.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0123-1294200600010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fl&oacute;rez, Rita; Cuervo, Clemencia. <i>El regalo de la escritura</i>, volumen en prensa para publicaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0123-1294200600010000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fl&oacute;rez, Rita (Ed.). <i>Alfabetismo emergente, investigaci&oacute;n, teor&iacute;a y pr&aacute;ctica</i>,  Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia e Instituto para el Desarrollo  Pedag&oacute;gico (IDEP), Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n de Bogot&aacute;, en prensa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0123-1294200600010000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fl&oacute;rez, Rita; Sep&uacute;lveda, Ang&eacute;lica. &quot;La lectura compartida: escenario de encantamiento y aprendizaje&quot;. En: <i>Memorias del VI Congreso Nacional de Lectura para Construir Naci&oacute;n</i>, Bogot&aacute;, Fundalectura y Ministerio de Cultura, 2004, pp. 307-311.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0123-1294200600010000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fl&oacute;rez, Rita; Torrado, Mar&iacute;a Cristina; Rodr&iacute;guez, Olga; Quintero, Constanza. <i>Promoci&oacute;n del alfabetismo emergente y prevenci&oacute;n de las dificultades de lectura: una experiencia pedag&oacute;gica en el aula</i>,  proyecto de investigaci&oacute;n apoyado por la Divisi&oacute;n de Investigaciones de  la Sede Bogot&aacute; de la Universidad Nacional de Colombia, por Colciencias,  por Compensar y por el IDEP. En curso.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0123-1294200600010000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Garrido, Felipe. &quot;Estudio versus lectura&quot;, <i>Lecturas sobre lecturas</i>, I, 2002, 39-61.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0123-1294200600010000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez, Carlos; Jim&eacute;nez, Diego. &quot;Representando el mundo a trav&eacute;s de las notaciones&quot; <i>Cognici&oacute;n y desarrollo</i>,  No. 5, 2004, 8-10. &Oacute;rgano de difusi&oacute;n del Laboratorio de Cognici&oacute;n y  Desarrollo, Departamento de Psicolog&iacute;a, Universidad Nacional de  Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0123-1294200600010000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Guzm&aacute;n R. Rosa Julia. <i>El manejo escolar del lenguaje escrito</i>, Tesis de Maestr&iacute;a, Centro Internacional de Educaci&oacute;n y Desarrollo Humano (CINDE), Bogot&aacute;, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0123-1294200600010000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>________. &quot;Producci&oacute;n infantil de textos expositivos&quot;, En: Revista <i>Educaci&oacute;n y Educadores</i>, Vol. 7, Facultad de Educaci&oacute;n, Universidad de La Sabana, Ch&iacute;a, 2004, pp 157-175.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0123-1294200600010000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kamhi, Alan; Catts, Hugh W. &quot;Reading Development&quot;. En: Catts, Hugh W.; Kamhi, Alan G. (eds.), <i>Language and reading disabilities</i>, Needham Heights, Mass, Allyn and Bacon, 1999, pp. 25-46.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0123-1294200600010000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Karmiloff-Smith, A. <i>M&aacute;s all&aacute; de la modularidad</i>, Madrid, Alianza, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0123-1294200600010000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Larreamendy-J&ouml;erns, Jorge Fernando. &quot;Ciencia cognitiva y educaci&oacute;n: m&aacute;s all&aacute; de la falacia de la aplicaci&oacute;n&quot;, <i>Di&aacute;logos, discusiones en la psicolog&iacute;a contempor&aacute;nea</i>, No. 2, 2002, 139-151. Publicaci&oacute;n peri&oacute;dica del Departamento de Psicolog&iacute;a de la Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0123-1294200600010000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Neira, Liliana Isabel; Fl&oacute;rez, Rita. &quot;El trabajo en grupos peque&ntilde;os&quot;. En: Fl&oacute;rez, Rita (Ed.). <i>Alfabetismo emergente: investigaci&oacute;n, teor&iacute;a y pr&aacute;ctica</i>.  El caso de la lectura, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia e  Instituto para el Desarrollo Pedag&oacute;gico (IDEP), Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n  de Bogot&aacute;, en prensa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0123-1294200600010000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Newell, Allan; Simon, Herbert. <i>Human Problem Solving</i>, Cambrige, Mass, Harvard University Press, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0123-1294200600010000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Od&eacute;ric-Delefosse,  J. M. (1997). &quot;Dictar al adulto: una pr&aacute;ctica que lleva al dominio de  la lecto-escritura&quot;. En: Rodr&iacute;guez, Emma; Lager, Elisabeth (Comps.). <i>La lectura</i>, Cali, Universidad del Valle, 1997, pp. 93-113.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0123-1294200600010000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Olson, David. &quot;El mundo sobre el papel&quot;, <i>Colecci&oacute;n LEA, Lectura, Escritura y Alfabetizaci&oacute;n</i>, Barcelona, Gedisa, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0123-1294200600010000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Reyes,  Yolanda. &quot;Yo no leo, alguien me lee... me descifra y escribe en m&iacute;. La  bebeteca, relato de una experiencia de lectura en la primera infancia,  desarrollada en Espantap&aacute;jaros Taller&quot;, <i>Lecturas sobre lecturas</i>, V, 2003, 29-56.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0123-1294200600010000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ruffinelli, Jorge. <i>Comprensi&oacute;n de la lectura</i>, M&eacute;xico, Trillas, 1977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0123-1294200600010000800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Scott, Carol M. &quot;Learning to Write&quot;. En: Catts, Hugh W.; Kamhi, Alan G. (eds.). <i>Language and reading disabilities</i>, Needham Heights, Mass, Allyn and Bacon, 1999, pp. 224-258.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0123-1294200600010000800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Van Kleeck, Anne. &quot;Metalinguistic Development&quot;. En: Wallach, A.; Buttler, D. <i>Language Learning Disabilities In Schools - Age Children and Adolescents: Some Principles and Applications</i>, Needham Heights, Mass, Allyn and Bacon, 1994, pp. 53-98.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0123-1294200600010000800032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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