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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[This paper reports a training experience with a group of workers in a private company of the industrial-service sector. The aim was to develop in workers the criteria necessary for the design of a personal plan for the development of leadership competences, based on a competences model. It was found out that the design of personal plans based on a concrete, substantiated and clear competences model can be achieved with a certain degree of efficacy by demanding an important introspection and reflection effort. It was also found out that such plans stem not only in the role that the person plays in the company: personal objectives and potentialities are also taken into account. Finally, it was observed that each person learns in a different way, and that the process of competences construction encourages and develops confidence in their problem- solving and learning-to-learn abilities.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Un modelo para la ense&ntilde;anza de las competencias de liderazgo</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b> A model for the teaching of leadership competences</b></font></p>     <p align="right">Pedagog&iacute;a Universitaria </p>     <p><b>Alfredo Gorrochotegui Martell<sup>1</sup></b></p>     <p><sup>1</sup>&nbsp;Doctor en Educaci&oacute;n, Universidad de Navarra, Espa&ntilde;a.   Director Acad&eacute;mico del Centro de Desarrollo Ejecutivo,  Universidad Monte&aacute;vila, Caracas, Venezuela.<a href="mailto:agorrochotegui@uma.edu.ve">agorrochotegui@uma.edu.ve</a></p> <hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>     <p>En este trabajo se recoge una experiencia de capacitaci&oacute;n dirigida a un grupo de trabajadores de una empresa privada del sector industrial-servicio, cuyo prop&oacute;sito era desarrollar en ellos el criterio necesario para la elaboraci&oacute;n de un plan personal de desarrollo de competencias de liderazgo, basado en un modelo de competencias. Se pudo constatar que la elaboraci&oacute;n de planes personales basados en un modelo de competencias concreto, sustentado y claro, puede lograrse con cierta eficacia exigiendo un esfuerzo importante de introspecci&oacute;n y de reflexi&oacute;n. Adem&aacute;s, se mostr&oacute; que dichos planes parten no solo de la funci&oacute;n que la persona desempe&ntilde;a en la empresa, sino que considera sus propios objetivos y potencialidades. Finalmente, se observ&oacute; que cada quien aprende de forma distinta, y que el proceso de construcci&oacute;n de competencias estimula y desarrolla la confianza en habilidades para resolver problemas y aprender a aprender.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> pedagog&iacute;a, pedagog&iacute;a de la empresa, competencias, liderazgo, capacitaci&oacute;n.</p> <hr size="1">     <p><b>Abstract</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>This paper reports a training experience with a group of workers in a private company of the industrial-service sector. The aim was to develop in workers the criteria necessary for the design of a personal plan for the development of leadership competences, based on a competences model. It was found out that the design of personal plans based on a concrete, substantiated and clear competences model can be achieved with a certain degree of efficacy by demanding an important introspection and reflection effort. It was also found out that such plans stem not only in the role that the person plays in the company: personal objectives and potentialities are also taken into account. Finally, it was observed that each person learns in a different way, and that the process of competences construction encourages and develops confidence in their problem- solving and learning-to-learn abilities.</p>     <p><b>Key words:</b> pedagogy, pedagogy of the enterprise, competences, leadership, training.</p> <hr size="1">     <p><b>1. Introducci&oacute;n y objetivos</b></p>     <p>En nuestros d&iacute;as, la pedagog&iacute;a empresarial est&aacute; apuntando a programas de formaci&oacute;n que buscan el desarrollo de competencias, y dentro de ellas, la competencia de liderazgo. Pero cuando se menciona la palabra &laquo;liderazgo&raquo;, nos recuerda Kotter (1990), la inmensa mayor&iacute;a de las personas piensan en Gandhi, Churchill o Iacocca. Al hacerlo, elevan el concepto de l&iacute;der hasta una altura en que solo resulta importante para un pu&ntilde;ado de personas. El liderazgo es hoy, como veremos, m&aacute;s que una posici&oacute;n, una forma de &quot;ser&quot; que es capaz de promover el trabajo en equipo y el alineamiento con una misi&oacute;n y visi&oacute;n organizacional. El liderazgo es ser ejemplo, es conocer el negocio, es saber delegar y es tener capacidad para la autocr&iacute;tica y el aprendizaje continuo.</p>     <p>Hoy las organizaciones humanas, m&aacute;s que un conjunto de personas movidas por un l&iacute;der en solitario, son un conglomerado del liderazgo en el que, como ha apuntado Zaleznik (1991), tanto los superiores como los colaboradores ponen todo de su parte para conseguir que estas triunfen y todos ayuden en el funcionamiento eficaz de la autoridad. Y tal actitud requiere de una organizaci&oacute;n que est&aacute; continuamente abierta al aprendizaje. As&iacute;, en la actualidad, &quot;la organizaci&oacute;n humana puede describirse como sujeto de aprendizaje, en cuanto que una organizaci&oacute;n capaz de aprender necesita ser integrada por individuos que aprenden&quot; (Meza, 2005, p. 82).</p>     <p>Nos proponemos tres objetivos en el presente trabajo: (a) comprender c&oacute;mo evolucionaron las teor&iacute;as de liderazgo desde las m&aacute;s antiguas, como la de rasgos, hasta la aparici&oacute;n del liderazgo por competencias; (b) explicar el modelo de 25 competencias de liderazgo de los profesores Cardona y Garc&iacute;a-Lombard&iacute;a del Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE), de la Universidad de Navarra (Espa&ntilde;a); y (c) analizar los resultados de la elaboraci&oacute;n de planes de desarrollo personal basado en dicho modelo por parte de 32 trabajadores de una empresa privada del sector industrial- servicio. All&iacute; veremos las implicaciones de tales planes, sus limitaciones y las preferencias de unas competencias sobre otras.</p>     <p><b>1.1. La evoluci&oacute;n del liderazgo</b></p>     <p>El liderazgo ha evolucionado, porque las teor&iacute;as que lo intentan explicar tambi&eacute;n han ampliado sus perspectivas sobre la comprensi&oacute;n del hombre y del mundo. Y en efecto, cuanto m&aacute;s se ha profundizado en dar una amplia y completa respuesta   a la pregunta &laquo;&iquest;qui&eacute;n es el hombre?&raquo; &mdash;que no es una pregunta solo para antrop&oacute;logos, fil&oacute;sofos y te&oacute;logos&mdash;, se ha clarificado el &quot;qu&eacute;&quot;, el &quot;c&oacute;mo&quot; y el &quot;para qu&eacute;&quot; del liderazgo.</p>     <p>Ciertamente, la manera de liderar ha tenido que ser influida por la manera de ver, percibir y entender a la organizaci&oacute;n humana. As&iacute;, hemos ido pasando de la &quot;organizaci&oacute;n jer&aacute;rquica&quot;, donde se ha hecho &eacute;nfasis en la direcci&oacute;n por tareas y en motivaciones espec&iacute;ficamente extr&iacute;nsecas (pagar por los resultados obtenidos), a la &quot;organizaci&oacute;n profesional&quot;, con &eacute;nfasis en la direcci&oacute;n por objetivos y reconocimiento de motivaciones m&aacute;s profundas, como las intr&iacute;nsecas (motivar por lo atractivo de la acci&oacute;n y el objetivo), para pasar, entonces, a la &quot;organizaci&oacute;n competente&quot;, que hace &eacute;nfasis en una direcci&oacute;n por competencias reconociendo la existencia de motivaciones no solo extr&iacute;nsecas e intr&iacute;nsecas, sino adem&aacute;s de motivaciones trascendentes (motivar por servicio aut&eacute;ntico al cliente) (Cardona y Garc&iacute;a- Lombard&iacute;a, 2005).</p>     <p>En la literatura actual sobre liderazgo podemos encontrar conceptos y observaciones realmente novedosos y retadores que nos ilustran acerca de una &quot;evoluci&oacute;n&quot; en la manera de entender el proceso del liderazgo. Por ejemplo, Luthe Garc&iacute;a (2006) afirma que lo que ha de enfatizarse hoy no es tanto la figura del director del grupo sino la del grupo dirigido: m&aacute;s que una persona, el liderazgo es un sistema de trabajo en equipo. Por su parte, Leider (2006) expresa que el autoliderazgo es la esencia del liderazgo, y que este se basa en conocerse a s&iacute; mismo y entender que los l&iacute;deres de un mundo cambiante necesitan hacer inventario de sus atributos personales, aceptando que tal autoliderazgo es la esencia de todo cambio individual, de equipo y organizacional.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo anterior indica que las consideraciones sobre el arte del liderazgo como dimensi&oacute;n del gobierno de las organizaciones humanas est&aacute;n ampliando sus perspectivas, expresando posturas no convencionales en las que el liderazgo ya no tiene relaci&oacute;n con el puesto en la escala vertical, sino que es visto como una actitud incluso compartida que exige de competencias espec&iacute;ficas en todos los lugares y niveles de la empresa. Ya el liderazgo no es un cargo sino una &quot;elecci&oacute;n&quot;, es decir, una forma de entender y tratar a las personas con las que se trabaja (Covey, 2005).</p>     <p><b>1.2. Primera fase de evoluci&oacute;n: la influencia del l&iacute;der sobre los seguidores</b></p>     <p>A principios del siglo XX solo pod&iacute;a hablarse, en el &aacute;mbito de los primeros escritos, sobre el liderazgo de &quot;los grandes hombres&quot;. El foco no pod&iacute;a ser otro que el &quot;liderazgo centrado en los rasgos de personalidad&quot;. Y era l&oacute;gico comprender que    <br>   quien fung&iacute;a como l&iacute;der ten&iacute;a que ser entendido como alguien con unos &quot;rasgos&quot; espec&iacute;ficos, y creer, en consecuencia, que quien tuviese esos rasgos pod&iacute;a ser l&iacute;der en cualquier circunstancia.</p>     <p>Se pensaba entonces que rasgos como la &quot;masculinidad&quot;, la &quot;inteligencia&quot;, el &quot;dominio&quot;, la &quot;energ&iacute;a&quot;, etc., distingu&iacute;an al l&iacute;der (Cardona y Garc&iacute;a-Lombard&iacute;a, 2005). Y se constata que la explicaci&oacute;n del liderazgo se centraba en una relaci&oacute;n est&aacute;tica en la que la influencia iba en una sola direcci&oacute;n: solo el l&iacute;der influye sobre los seguidores.</p>     <p>Hoy en d&iacute;a a&uacute;n podemos encontrar alguna explicaci&oacute;n del liderazgo basado en rasgos, tal vez m&aacute;s dosificada y centrada en la ya muy estudiada actividad empresarial, como, por ejemplo, la que nos propone Tedlow (2004), quien al estudiar las carreras de grandes l&iacute;deres empresariales destaca que estos:</p>     <p>- Tienen el coraje para apostar por su visi&oacute;n de potencial del mercado.    <br>   - Convierten su visi&oacute;n del mercado en una misi&oacute;n para la compa&ntilde;&iacute;a y en mensajes consistentes para los clientes, empleados e   inversores.    <br>   - Entregan m&aacute;s de lo que prometen.    <br>   - Se dedican totalmente a su compa&ntilde;&iacute;a.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   - No miran atr&aacute;s.</p>     <p>Son parte tambi&eacute;n de esta primera fase evolutiva del liderazgo las teor&iacute;as que se focalizan en el &quot;liderazgo centrado en lo contingente o situacional&quot;. Se trata de una evoluci&oacute;n con respecto a la teor&iacute;a de rasgos, porque, como es l&oacute;gico, los rasgos no coincidieron en los l&iacute;deres estudiados, ya que estos se enfrentaban a situaciones dis&iacute;miles en sus historias personales. El primero en hablar de lo cambiante, y de la necesidad de adaptarse a ese cambio, fue Fiedler (1967); tambi&eacute;n aparecieron con su &quot;celda o red gerencial&quot; Blake y Mouton (1964); y finalmente los profesores Hersey y Blanchard (1977, 1993) con el &quot;liderazgo situacional&quot;.</p>     <p>En estos enfoques se reconoce que hay que relacionar dos variables: el control sobre la realizaci&oacute;n de tareas y/o capacidad para cumplirlas, y las relaciones o capacidad para conectar emocionalmente con el colaborador. El cruce de estas variables ofrec&iacute;a una gama de &quot;estilos&quot; de liderazgo, dando como resultado &mdash;al menos en el caso de Hersey y Blanchard, quienes fungen como los m&aacute;s conocidos y citados&mdash; cuatro estilos: directivo (alto control por la tarea y poca relaci&oacute;n), coaching (alta tarea y alta relaci&oacute;n), apoyo (alta relaci&oacute;n y poca tarea) y con &eacute;nfasis en la delegaci&oacute;n (poca relaci&oacute;n y poco control hacia las tareas).</p>     <p>Esta primera fase de evoluci&oacute;n, como ya se dijo, intenta comprender la relaci&oacute;n est&aacute;tica de influencia del l&iacute;der sobre los seguidores. Adem&aacute;s, intenta explicar el &quot;qu&eacute;&quot; del liderazgo cuando expresa que este se produce al aparecer unos rasgos espec&iacute;ficos y constantes en todos los l&iacute;deres, y el &quot;c&oacute;mo&quot; y el &quot;cu&aacute;ndo&quot; del liderazgo al descubrir, de manera m&aacute;s cient&iacute;fica, que el l&iacute;der influye m&aacute;s eficazmente cuando aplica un estilo en una determinada situaci&oacute;n, definida esta como el grado en el que los seguidores poseen mayor habilidad para lograr o no sus tareas.</p>     <p>La debilidad que vemos en esta fase es que no se explica c&oacute;mo se produce el &quot;aprendizaje&quot; de los seguidores, es decir, no se indican los elementos de orden intr&iacute;nseco propios de una conducta que cambia debido a la influencia de otro agente externo. Por lo tanto, las motivaciones para influir en el seguidor solo se centran en aspectos extr&iacute;nsecos, como los sueldos o recompensas, sin ir m&aacute;s all&aacute; o sin reconocer que el hombre tambi&eacute;n requiere de otros motivos para lograr sus resultados, tales como el hecho de que lo que hace le influye a &eacute;l en su subjetividad, es decir, aprende de lo que hace; y no solo eso, sino que es capaz de reconocer que en su actuaci&oacute;n tambi&eacute;n puede influir en el aprendizaje de los clientes internos y externos.</p>     <p><b>1.3. Segunda fase: la &quot;interfluencia&quot; entre el l&iacute;der y los colaboradores</b></p>     <p>Burns (1978) y Bass (1985) tal vez sean unos de los autores m&aacute;s conocidos de esta segunda fase con su interesante invitaci&oacute;n a enfrentar el &quot;Liderazgo Transformacional versus el Liderazgo Transaccional&quot;. Las transacciones aqu&iacute; son superadas por un l&iacute;der que &quot;transforma&quot;, ya que estimula intereses en los colegas y seguidores para que en su trabajo vean nuevas perspectivas, genera conciencia de la misi&oacute;n y visi&oacute;n del equipo y la organizaci&oacute;n, desarrolla en los colegas y seguidores altos niveles de habilidades y potencialidades y, finalmente, motiva a los colegas y seguidores a ver, m&aacute;s all&aacute; de sus propios intereses, cu&aacute;l puede beneficiar al grupo (Bass y Avolio, 1994). En otras palabras, se trata de un l&iacute;der que establece metas y objetivos con la intenci&oacute;n de convertir a su seguidor tambi&eacute;n en l&iacute;der. Estos autores ya no hablan de rasgos, sino de &quot;dimensiones&quot;, las cuales bautizan como las &quot;Cuatro I&quot;: influencia idealizada (el l&iacute;der es un modelo de conducta), motivaci&oacute;n por inspiraci&oacute;n (el l&iacute;der da sentido y reto inspirando hacia el logro de los resultados esperados), estimulaci&oacute;n intelectual (el l&iacute;der estimula los esfuerzos para la creatividad y la innovaci&oacute;n a trav&eacute;s del cuestionamiento) y consideraci&oacute;n individual (el l&iacute;der presta especial atenci&oacute;n a las necesidades de logro y crecimiento de cada colaborador).</p>     <p>Paralelo a estos autores, irrumpe Greenleaf (1977) con el &quot;Liderazgo Servidor&quot;, quien, a trav&eacute;s de un relato de Herman Hesse, Journey to the East, cuenta la historia de un viaje m&iacute;tico de un grupo de personas en una b&uacute;squeda espiritual. El personaje central de la historia es Leo, que acompa&ntilde;a al grupo como siervo y lo sostiene con su esp&iacute;ritu bondadoso. Todo marcha bien hasta que un d&iacute;a desaparece Leo. El grupo se sume r&aacute;pidamente en confusi&oacute;n, y el viaje es abandonado. Los viajeros descubren que nunca alcanzar&aacute;n su meta sin el siervo, Leo. Despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os de b&uacute;squeda, el narrador de la historia se tropieza con Leo e ingresa a una organizaci&oacute;n religiosa que hab&iacute;a patrocinado el viaje original. All&iacute; descubre que Leo, a quien hab&iacute;a conocido anteriormente como siervo, era de hecho el jefe de dicha organizaci&oacute;n, su l&iacute;der.</p>     <p>Despu&eacute;s de leer esta historia, Greenleaf concluye que su significado fundamental consist&iacute;a en que el verdadero l&iacute;der se prueba en primer lugar como servidor de los dem&aacute;s, y que este simple hecho es la clave de su grandeza. El l&iacute;der aut&eacute;ntico brota de aquellos cuya motivaci&oacute;n primordial es un deseo profundo de ayudar a los dem&aacute;s (Spears, 2000). Y a partir de all&iacute;, este autor profundiza m&aacute;s, y es capaz de invitarnos a hacer reflexiones como la siguiente: &quot;la mejor prueba del liderazgo servidor consiste en preguntarse: &iquest;crecen como personas aquellos a quien sirvo?; mientras les sirvo, &iquest;se hacen m&aacute;s sanos, m&aacute;s sabios, m&aacute;s libres, m&aacute;s aut&oacute;nomos, m&aacute;s aptos para convertirse ellos mismos en servidores?&quot; (Greenleaf, 1977, pp. 13-14).</p>     <p>Otro autor que irrumpe con fuerza con su libro &quot;Los siete h&aacute;bitos de la gente altamente efectiva&quot;, y que profundiza m&aacute;s en las anteriores propuestas, es Stephen Covey (1989), y que de alguna manera complementa con otra obra titulada &quot;El 8&ordm; h&aacute;bito&quot;   (2005). El autor plantea la necesidad de desarrollar en cada uno de nosotros el &quot;liderazgo personal&quot;. Tal desarrollo se lograr&iacute;a a trav&eacute;s de unos h&aacute;bitos que permitan alcanzar madurez. &Eacute;l los denomina h&aacute;bitos de la &quot;victoria privada&quot;, los cuales preceden a otros h&aacute;bitos denominados de la &quot;victoria p&uacute;blica&quot;, vendiendo as&iacute; la idea de que la base de todo aut&eacute;ntico liderazgo est&aacute; en la transformaci&oacute;n interior, que consiste en la comprensi&oacute;n y fiel seguimiento de principios universales sin los cuales no es posible un cambio radical (Covey, 1989).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se trata de comprender que uno de los h&aacute;bitos m&aacute;s importantes para ser un l&iacute;der es clarificarse cu&aacute;les son los objetivos personales que se tienen en mente, y que luego se pondr&aacute;n en la pr&aacute;ctica. Objetivos estos que, guiados por principios absolutos y que no van en contra de la naturaleza humana, modelar&iacute;an la conducta de la persona hacia la verdadera felicidad. Y adem&aacute;s, recordar&aacute; el autor la necesidad de &quot;afilar la sierra&quot;, es decir, la necesidad de dedicar tiempo para la reflexi&oacute;n personal, la lectura, el desarrollo de un hobby y el descanso necesario para recuperar fuerzas. Todo ello para ponerse al servicio del ser humano en el &aacute;mbito familiar, social o empresarial (Covey, 1989).</p>     <p>Se puede notar en esta fase un claro enfoque de tipo &quot;relacional&quot;, en el que hay una mutua influencia (o &quot;interfluencia&quot;) entre l&iacute;der y colaboradores. El primero se deja influir, se pone en el lugar del otro y, en consecuencia, aprende del otro. As&iacute; mismo, los colaboradores, que antes eran llamados &quot;seguidores&quot;, tambi&eacute;n aprenden del ejemplo del l&iacute;der. Y como consecuencia de lo anterior, siguiendo a P&eacute;rez L&oacute;pez (1994), ahora en la empresa las personas no han de aprender all&iacute; tan solo el lado t&eacute;cnico de una profesi&oacute;n, sino que tambi&eacute;n han de aprender a ser profesionales, a convertir sus conocimientos t&eacute;cnicos en instrumentos de servicio a los dem&aacute;s.</p>     <p><b>2. El liderazgo por competencias. El marco te&oacute;rico del modelo de 25 competencias de Cardona y Garc&iacute;a-Lombard&iacute;a</b></p>     <p>Tenemos por &uacute;ltimo, y como cierre de la segunda fase de evoluci&oacute;n de las teor&iacute;as, el desarrollo de &quot;competencias&quot; para el liderazgo. El primero en hablar de ese concepto fue McClelland (1973), quien se&ntilde;al&oacute; que no se puede predecir el &eacute;xito profesional &uacute;nicamente con test de inteligencia. Posteriormente, Boyatzis (1983) hizo un estudio de las competencias, en el que preguntaba a un colectivo de directivos cu&aacute;les eran los comportamientos espec&iacute;ficos que les hab&iacute;an ayudado a ser eficaces en su puesto. Sin embargo, ambos autores no definen claramente las competencias, las cuales abarcan tanto aptitudes como conocimientos, actitudes y rasgos de personalidad.</p>     <p>Dentro de los autores que actualmente desarrollan el tema de competencias para la direcci&oacute;n de personas, nos hemos circunscrito a los aportes de Pablo Cardona, quien nos ha parecido expone, de una forma coherente e integral, dimensiones del liderazgo que otras teor&iacute;as no toman en cuenta.</p>     <p>Cardona es actualmente profesor asociado del Departamento de Direcci&oacute;n de Personas en las Organizaciones en el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa, de la Universidad de Navarra, y tiene publicaciones desde el a&ntilde;o 1996 en revistas especializadas y congresos internacionales dedicados al tema empresarial; es coautor de cinco libros y autor de cuatro. De entre sus aportes, el concepto de competencia lo desarrolla inicialmente en un art&iacute;culo para la revista Harvard- Deusto Business Review, titulado &quot;Evaluaci&oacute;n y desarrollo de las competencias directivas&quot; (1999), escrito con la profesora Nuria Chinchilla, y m&aacute;s actualmente en su libro C&oacute;mo desarrollar las competencias de liderazgo (2005), escrito con la profesora Pilar Garc&iacute;a-Lombard&iacute;a. Es fundament&aacute;ndonos en esta obra que vamos a desarrollar los aspectos te&oacute;ricos y pr&aacute;cticos del presente estudio.</p>     <p>Cardona y Garc&iacute;a-Lombard&iacute;a (2005) se basan en una teor&iacute;a de la acci&oacute;n humana y en los fundamentos, que esta genera para la direcci&oacute;n de empresas, desarrollados por el profesor Juan Antonio P&eacute;rez L&oacute;pez (1994), ofreciendo unas competencias espec&iacute;ficas para el liderazgo. Siguiendo concretamente este modelo, se nos indica que existen unos criterios que determinan la calidad de una organizaci&oacute;n:</p>     <p>1. EFICACIA: Como capacidad para lograr los objetivos propuestos. Sin ella no se sobrevive.    <br>   2. ATRACTIVIDAD: Grado de satisfacci&oacute;n que experimentan los miembros de la organizaci&oacute;n por el trabajo que realizan y por el desarrollo que alcanzan.    <br>   3. UNIDAD: Grado de confianza e identificaci&oacute;n de las personas con la misi&oacute;n de la organizaci&oacute;n. Confianza entre directivo y colaborador en cada nivel.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los anteriores par&aacute;metros de calidad exigen el desarrollo de tres talentos en el directivo. Para la &quot;eficacia&quot;, el talento estrat&eacute;gico, que busca lograr buenos resultados econ&oacute;micos. Para la &quot;atractividad&quot;, el talento ejecutivo, que busca desarrollar a los colaboradores y adaptar las tareas a las aptitudes de cada uno. Y para la &quot;unidad&quot;, el talento de liderazgo personal, que busca crear confianza e identificaci&oacute;n de los colaboradores con la misi&oacute;n de la organizaci&oacute;n.</p>     <p>Tales talentos requieren de unas competencias, entendidas estas como aquellos &quot;comportamientos observables y habituales que conducen al &eacute;xito en el desempe&ntilde;o de una funci&oacute;n o tarea&quot; (Cardona y Garc&iacute;a-Lombard&iacute;a, 2005, p. 43). As&iacute;, para el talento estrat&eacute;gico es necesario desarrollar competencias de negocio, las cuales est&aacute;n dirigidas a lograr mayor valor econ&oacute;mico para la empresa (por ejemplo: conocimiento del sector, negociaci&oacute;n de recursos, trato con clientes, etc.). El talento ejecutivo requiere de competencias interpersonales, orientadas a lograr relaciones interpersonales efectivas (por ejemplo: comunicaci&oacute;n, trabajo en equipo, delegaci&oacute;n, etc.). Por &uacute;ltimo, el talento de liderazgo personal que se configura gracias al desarrollo de competencias personales, las cuales tienen como misi&oacute;n lograr el &quot;autoliderazgo&quot;, y que promueven la profesionalidad y ejemplaridad del directivo. Las hay&quot;externas&quot;, que recogen aspectos relacionados con la respuesta personal a est&iacute;mulos externos, como la iniciativa, la gesti&oacute;n del tiempo y la gesti&oacute;n del estr&eacute;s, entre otras; y las hay &quot;internas&quot;,   que se centran en aspectos m&aacute;s &iacute;ntimos de la persona, como su capacidad de aprendizaje, su capacidad de autocr&iacute;tica, su autoconocimiento o su integridad.</p>     <p>Estos grupos de competencias afectan niveles distintos en la persona, y por ello requieren un proceso espec&iacute;fico de desarrollo. Podemos representar los distintos niveles como c&iacute;rculos, desde los m&aacute;s externos o t&eacute;cnicos a los m&aacute;s internos o    <br>   personales (ver <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>).</p>     <p align="center"><a name="g1"></a><img src="img/revistas/eded/v10n2/2a07g1.gif"></p>     <p>La relaci&oacute;n entre los par&aacute;metros de calidad de una empresa, los talentos directos y las competencias necesarias para lograr el &eacute;xito en estas dimensiones son los siguientes:</p>     <p align="center"><img src="img/revistas/eded/v10n2/2a06c1.gif"></p>     <p>A continuaci&oacute;n describimos el directorio completo de competencias de liderazgo, del modelo de los profesores Cardona y Garc&iacute;a-Lombard&iacute;a (2005, pp. 44-46):</p>     <p><b>DIMENSI&Oacute;N DE NEGOCIO    <br> </b>Competencias dirigidas al logro de un mayor  valor econ&oacute;mico para la empresa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>1. VISI&Oacute;N DE NEGOCIO</b></p>     <p>Es la capacidad de reconocer los peligros y aprovechar las oportunidades que repercuten en la competitividad y efectividad del negocio.</p>     <p><b>2. VISI&Oacute;N DE LA ORGANIZACI&Oacute;N</b></p>     <p>Es la capacidad de valorar la empresa m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de la propia funci&oacute;n, comprender la interrelaci&oacute;n entre las distintas unidades y desarrollar la cooperaci&oacute;n interfuncional.</p>     <p><b>3. ORIENTACI&Oacute;N AL CLIENTE</b></p>     <p>Es la capacidad de satisfacer las necesidades del cliente, brindando una oferta de valor, cuidando todos los detalles de la relaci&oacute;n y dando respuesta a sus peticiones y sugerencias.</p>     <p><b>4. GESTI&Oacute;N DE RECURSOS</b></p>     <p>Es la capacidad de utilizar los recursos materiales y econ&oacute;micos del modo m&aacute;s id&oacute;neo, r&aacute;pido, econ&oacute;mico y eficaz, para obtener los resultados deseados.</p>     <p><b>5. NEGOCIACI&Oacute;N</b></p>     <p>Es la capacidad de alcanzar acuerdos satisfactorios para las partes implicadas, descubriendo o creando elementos que produzcan valor a&ntilde;adido.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>6. NETWORKING</b></p>     <p>Es la capacidad de desarrollar, mantener y utilizar una amplia red de relaciones con personas clave dentro de la empresa y del sector.</p>     <p><b>    <br>   DIMENSI&Oacute;N INTERPERSONAL</b>    <br>   Competencias que permiten el desarrollo de    las capacidades de los colaboradores y su correcta    funcionalidad en el trabajo.</p>     <p><b>7. COMUNICACI&Oacute;N</b></p>     <p>Es la capacidad de escuchar y transmitir ideas de manera efectiva, empleando el canal adecuado en el momento oportuno y proporcionando datos concretos para respaldar sus observaciones y conclusiones.</p>     <p><b>8. GESTI&Oacute;N DE CONFLICTOS</b></p>     <p>Es la capacidad de diagnosticar, afrontar y resolver conflictos personales con prontitud y profundidad, sin da&ntilde;ar la relaci&oacute;n personal.</p>     <p><b>9. CARISMA</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es la capacidad de lograr el compromiso de los colaboradores, inspirando su confianza, dando sentido a su trabajo y motiv&aacute;ndoles a conseguir sus objetivos</p>     <p><b>10. DELEGACI&Oacute;N</b></p>     <p>Es la capacidad de conseguir que los colaboradores del equipo dispongan de la informaci&oacute;n y los recursos necesarios para tomar decisiones y lograr sus objetivos.</p>     <p><b>11. COACHING</b></p>     <p>Es la capacidad de ayudar a desarrollar el potencial de cada persona.</p>     <p><b>12. TRABAJO EN EQUIPO</b></p>     <p>Es la capacidad de fomentar un ambiente de colaboraci&oacute;n, comunicaci&oacute;n y confianza entre los miembros del equipo.</p>     <p><b>DIMENSI&Oacute;N PERSONAL</b>    <br>   Competencias que desarrollan la confianza y la identificaci&oacute;n de los colaboradores con la misi&oacute;n de la empresa.</p>     <p><b>EXTERNA</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>13. INICIATIVA</b></p>     <p>Es la capacidad de mostrar un comportamiento emprendedor, iniciando e impulsando loscambios necesarios con energ&iacute;a y responsabilidad personal.</p>     <p><b>14. OPTIMISMO</b></p>     <p>Es la capacidad de ver el lado positivo de la realidad, tener fe en las propias posibilidades y afrontar las dificultades con entusiasmo.</p>     <p><b>15. AMBICI&Oacute;N</b></p>     <p>Es la capacidad de establecer metas elevadas para s&iacute; y para los dem&aacute;s, y de perseguirlas con determinaci&oacute;n.</p>     <p><b>16. GESTI&Oacute;N DEL TIEMPO</b></p>     <p>Es la capacidad de priorizar los objetivos, programar las actividades de manera adecuada y ejecutarlas en el plazo previsto.</p>     <p><b>17. GESTI&Oacute;N DE LA INFORMACI&Oacute;N</b></p>     <p>Es la capacidad de identificar y tratar de manera efectiva la informaci&oacute;n relevante para el trabajo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>18. GESTI&Oacute;N DEL ESTR&Eacute;S</b></p>     <p>Es la capacidad de mantener el equilibrio personal ante situaciones de especial tensi&oacute;n.</p>     <p><b>INTERNA</b></p>     <p><b>19. AUTOCR&Iacute;TICA</b></p>     <p>Es la capacidad de aceptar y asumir las limitaciones y errores personales.</p>     <p><b>20. AUTOCONOCIMIENTO</b></p>     <p>Es la capacidad de entender c&oacute;mo es y c&oacute;mo reacciona uno mismo ante distintas circunstancias, tanto en lo personal como en lo profesional.</p>     <p><b>21. APRENDIZAJE</b></p>     <p>Es la capacidad de adquirir nuevos conocimientos, modificar h&aacute;bitos y estar abierto al cambio.</p>     <p><b>22. TOMA DE DECISIONES</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es la capacidad de tomar decisiones de modo adecuado y en el momento oportuno.</p>     <p><b>23. AUTOCONTROL</b></p>     <p>Es la capacidad de acometer acciones costosas.</p>     <p><b>24. EQUILIBRIO EMOCIONAL</b></p>     <p>Es la capacidad de reaccionar con las emociones y los estados de &aacute;nimo apropiados a cada situaci&oacute;n.</p>     <p><b>25. INTEGRIDAD</b></p>     <p>Es la capacidad de comportarse de manera recta y honrada ante cualquier situaci&oacute;n.</p>     <p>La gran fortaleza que vemos en esta teor&iacute;a de liderazgo es que se intenta explicar c&oacute;mo se produce el &quot;aprendizaje&quot; de los colaboradores y el l&iacute;der. Es decir, el desarrollo de estos est&aacute; sujeto al dominio de una serie de h&aacute;bitos, disposiciones estables o rasgos del car&aacute;cter, que con el tiempo formar&aacute;n parte de su personalidad. Aqu&iacute;, &quot;el liderazgo no se superpone postizamente a la persona. Arranca de ella, es la expresi&oacute;n de su m&aacute;s profundo modo de ser y trasunto de su insondable vida interior&hellip; De ah&iacute; la necesidad de que el l&iacute;der encarne valores sustanciales y s&oacute;lidos, y no se valga epid&eacute;rmicamente de teor&iacute;as pasajeras&quot; (Luthe Garc&iacute;a, 2006, p. 6).</p>     <p>As&iacute; mismo, las competencias de liderazgo son h&aacute;bitos necesarios para desplegar un sentido de misi&oacute;n en el tiempo. Aqu&iacute; el liderazgo tiene un sentido, una direcci&oacute;n, un rumbo, una meta, una misi&oacute;n. Los valores que tiene que encarnar estimulan la visualizaci&oacute;n de un norte. Valores como el &quot;servicio&quot; o competencias como el &quot;autoconocimiento&quot; y la &quot;autocr&iacute;tica&quot; ofrecen oportunidades para develar el camino que se debe seguir. Ayudan a definir lo que cada l&iacute;der quiere llegar a ser, aunque aquello exija un sufrimiento o una gran renuncia.</p>     <p><b>3. Metodolog&iacute;a para elaborar planes de desarrollo personal basados en el modelo de 25 competencias de liderazgo de Cardona y Garc&iacute;a-Lombard&iacute;a</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entre los meses de agosto a octubre del 2006 se realizaron tres talleres con estructura y contenidos similares sobre &quot;liderazgo&quot;, dentro de un amplio programa de competencias corporativas solicitado por una empresa privada del sector industrial-servicios. Participaron 32 trabajadores de diversas profesiones (ingenieros civiles, industriales, de materiales, de minas y de producci&oacute;n; licenciados en Administraci&oacute;n, licenciados en Recursos Humanos, psic&oacute;logos y contadores p&uacute;blicos). Sus posiciones en la empresa van desde profesionales en desarrollo que tienen pocos meses de contratados y que est&aacute;n en un per&iacute;odo de formaci&oacute;n y conocimiento de todas las &aacute;reas, hasta mandos medios y cargos directivos con varios a&ntilde;os de experiencia.</p>     <p>Los objetivos del taller fueron, entre otros: (a) conocer el &quot;qu&eacute;&quot;, el &quot;c&oacute;mo&quot; y el &quot;para qu&eacute;&quot; del &quot;liderazgo por competencias&quot;; (b) identificar 25 competencias de liderazgo que ayuden a lograr el &eacute;xito personal y de la empresa, y (c) lograr que los participantes elaborasen un primer plan personal que permitiera el desarrollo de por lo menos tres competencias de liderazgo.</p>     <p>Para lograr el tercer objetivo &mdash;la elaboraci&oacute;n del plan personal&mdash; nos basamos en la convicci&oacute;n de que el mismo deb&iacute;a hacerse con la libre intervenci&oacute;n del propio interesado. Este aspecto fue fundamental para lograr la motivaci&oacute;n necesaria, ya que no debe imponerse ni ser id&eacute;ntico para todos los trabajadores. Como enfatizan los autores en los que nos hemos basado, &quot;cada persona tiene sus propios objetivos, su ritmo de aprendizaje y sus circunstancias. Un plan de mejora que resulte eficaz para una persona no tiene por qu&eacute; resultar igualmente pr&aacute;ctico para otra&quot; (Cardona y Garc&iacute;a-Lombard&iacute;a, 2005, p. 109).</p>     <p>En la obra en la que estamos basando el presente escrito se presenta un &quot;ap&eacute;ndice&quot; con las 25 competencias (p. 153). Para cada competencia hay igualmente un breve concepto, seguido de una explicaci&oacute;n que pretende aclarar m&aacute;s en profundidad el alcance de la misma. Seguidamente se presentan seis &quot;comportamientos caracter&iacute;sticos&quot;, luego un listado que va entre cuatro y seis &quot;s&iacute;ntomas de carencia&quot;, despu&eacute;s cuatro preguntas &quot;para la reflexi&oacute;n&quot; y finalmente cuatro&quot;sugerencias de mejora&quot;.</p>     <p>En el taller se present&oacute; este ap&eacute;ndice pero con algunas modificaciones. En primer lugar, se le coloc&oacute; una portada con los autores de las competencias, y a continuaci&oacute;n, el listado de las mismas divididas claramente en sus correspondientes dimensiones. De esta manera se facilitaba hacer una primera revisi&oacute;n general del nombre de las competencias y la dimensi&oacute;n a la que pertenec&iacute;an.</p>     <p>Despu&eacute;s de esta portada, se presentaron las competencias en una sola p&aacute;gina cada una, con la misma estructura sugerida en la obra, pero sustrayendo los &quot;s&iacute;ntomas de carencia&quot;, porque nos pareci&oacute; que con las preguntas &quot;para la reflexi&oacute;n&quot; era suficiente para inducir a una reflexi&oacute;n que permitiese visualizar las brechas y necesidades.</p>     <p>Luego, en la misma obra comentada, se presenta una explicaci&oacute;n de los planes de desarrollo de competencias (p. 107 y siguientes). Los autores los denominaron &quot;planes de mejora&quot;, y sugieren que observen tres elementos: (a) desarrollo de las fortalezas, (b) acciones de mejora y (c) programa de seguimiento. El desarrollo de fortalezas consiste en un diagn&oacute;stico previo, que especifica cu&aacute;les son las &aacute;reas de mejora y las fortalezas. En este punto decidimos que los participantes del taller se centraran solo en las &quot;&aacute;reas de mejora&quot;, pidi&eacute;ndoles que hiciesen una introspecci&oacute;n personal para elegir aquellas competencias en las que piensan que deben mejorar su desempe&ntilde;o.</p>     <p>La actividad de los participantes consisti&oacute;, por &uacute;ltimo, en que siguieran los pasos solicitados en un documento que acompa&ntilde;aba al &quot;ap&eacute;ndice&quot; de las 25 competencias. All&iacute; se les solicitaba que leyeran las competencias una a una, concentr&aacute;ndose especialmente en las &quot;preguntas para la reflexi&oacute;n&quot;. Luego, que eligiesen un m&aacute;ximo de tres competencias a raz&oacute;n de una por cada dimensi&oacute;n. Despu&eacute;s, que eligiesen entre tres y cinco &quot;comportamientos caracter&iacute;sticos&quot; que debieran mejorar (sugeridos en cada competencia). Y, finalmente, que desarrollasen entre dos y cuatro &quot;acciones de mejora&quot; para cada &quot;comportamiento caracter&iacute;stico&quot;. Para ayudar a los participantes, se les coloc&oacute; en este documento el mismo ejemplo que aparece en la obra para la competencia &quot;comunicaci&oacute;n&quot; (p. 113), y se les sugiri&oacute; que las acciones de mejora cumpliesen   las condiciones SMART (siglas inglesas correspondientes a Specific / Measurable / Attainable / Relevant / Trackable) o, en castellano, MARES: Medibles (bien definidas y f&aacute;ciles de seguir), Asequibles (realistas, teniendo en cuenta las circunstancias    personales), Relevantes (deben ser un reto que valga la pena asumir), Espec&iacute;ficas (deben ser comportamientos concretos) y Seguibles (deben poderse establecer hitos de progreso).</p>     <p>El &uacute;nico aspecto que se dej&oacute; por fuera, en el proceso sugerido por los autores para realizar planes personales de desarrollo de competencias, fue el &quot;programa de seguimiento&quot;, ya que no era el objetivo del taller y que corresponder&iacute;a m&aacute;s bien a un proceso de coaching.</p>     <p>Luego de una hora de trabajo individual, y eventualmente solicitando algunos de los participantes sugerencias y apoyo del profesor, los 32 trabajadores produjeron cada uno su plan por escrito.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El material entregado a los participantes para producir el documento fueron hojas blancas y bol&iacute;grafos, d&aacute;ndoseles libertad para que cada quien usara los espacios o esquemas que decidieran.</p>     <p>Al realizar este tipo de ejercicio, pretend&iacute;amos que se produjera una reflexi&oacute;n sobre la pr&aacute;ctica. As&iacute;, intentar&iacute;amos que los participantes del taller tuviesen la oportunidad de reconocer la necesidad, como ha apuntado Meza (2005, p. 84), &quot;de analizar lo que se hace cuando se enfrentan problemas complejos; c&oacute;mo se utilizan el conocimiento cient&iacute;fico y la capacidad intelectual; c&oacute;mo se enfrentan situaciones inciertas y desconocidas; c&oacute;mo se elaboran y modifican rutinas, experimentan hip&oacute;tesis de trabajo, utilizan t&eacute;cnicas&hellip; y c&oacute;mo se recrean e inventan procedimientos, tareas y recursos&quot;.</p>     <p><b>4. Discusi&oacute;n de los resultados</b></p>     <p>En general, hubo algunas dudas a la hora de redactar y concretar las acciones de mejora para cada comportamiento caracter&iacute;stico. Sin embargo, se not&oacute; una disposici&oacute;n para reflexionar y elegir con calma la competencia, los comportamientos    <br>   caracter&iacute;sticos, y configurar las acciones que se deb&iacute;an implementar. Al final, todos los trabajadores produjeron un listado de acciones que en el tiempo pod&iacute;an ser seguidas y medidas.</p>     <p>Por otra parte, a los 32 participantes se les indic&oacute; que deb&iacute;an elegir una competencia por cada dimensi&oacute;n, pero algunos decidieron darle m&aacute;s importancia a las dimensiones interpersonal y personal, echando a un lado la dimensi&oacute;n de negocios. As&iacute;, de todos los participantes, 24 eligieron una competencia por cada dimensi&oacute;n; tres eligieron hacer planes con una competencia de negocio y dos personales; dos eligieron hacer planes con dos competencias interpersonales y una personal; dos eligieron hacer planes con una competencia interpersonal y dos personales; y un participante eligi&oacute; hacer su plan con tres competencias personales.</p>     <p>De esta distribuci&oacute;n se desprende que algunos participantes necesitaron hacer mayor &eacute;nfasis en las competencias de la dimensi&oacute;n interpersonal y de la dimensi&oacute;n personal. Estas dimensiones fueron las de mayor discusi&oacute;n y reflexi&oacute;n previa a la elaboraci&oacute;n del plan de desarrollo. Recordemos que ambas tocan aspectos humanos muy relacionados con el d&iacute;a a d&iacute;a del trabajo y con el autodesarrollo personal y profesional. La dimensi&oacute;n interpersonal sugiere competencias que se refieren sobre todo al trato efectivo de las relaciones interpersonales, adem&aacute;s de todo lo relacionado con la actitud y aptitud de los colaboradores, y la dimensi&oacute;n personal sugiere competencias que se refieren a aspectos que promueven la profesionalidad y la ejemplaridad del directivo.</p>     <p>Como se puede constatar en la <a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>, en la dimensi&oacute;n de negocio la competencia con mayor n&uacute;mero de elecci&oacute;n fue la orientaci&oacute;n al cliente, y la segunda m&aacute;s elegida, visi&oacute;n de negocio. Ambas son competencias fundamentales: la primera porque, como es l&oacute;gico, la supervivencia de cualquier empresa se basa en su capacidad de servir a los clientes, y la segunda porque siempre ha sido necesaria la observaci&oacute;n del entorno para dedicar tiempo a analizar datos de mercado y de la competencia, reflexionando as&iacute; sobre las caracter&iacute;sticas esenciales del propio negocio y los factores que en &eacute;l influyen. Adem&aacute;s, es bastante probable que los trabajadores de esta empresa en concreto est&eacute;n especialmente exigidos por sus superiores a tener una clara orientaci&oacute;n hacia el cliente y el conocimiento profundo del negocio.</p>     <p>Tambi&eacute;n se observ&oacute; un empate en la escogencia de las competencias networking y negociaci&oacute;n, lo cual induce a pensar que en una actividad empresarial del sector industrial-servicios se necesita, por una parte, capacidad para desarrollar y mantener una amplia red de relaciones con personas clave del sector y, por otra, una evidente capacidad para alcanzar acuerdos satisfactorios entre partes implicadas, configurando elementos que produzcan valor a&ntilde;adido a la relaci&oacute;n.</p>     <p>En cuanto a la dimensi&oacute;n interpersonal, la <a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a> muestra que la competencia con m&aacute;s elecciones fue comunicaci&oacute;n, siendo incluso la competencia con mayor elecciones entre las 25 que contiene el modelo. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="g2"></a><img src="img/revistas/eded/v10n2/2a07g2.gif"></p>     <p align="center"><a name="g3"></a><img src="img/revistas/eded/v10n2/2a07g3.gif"></p>     <p>Comunicar es generar valor a trav&eacute;s de la transmisi&oacute;n y/o recepci&oacute;n de un mensaje con contenido, y suele ser en este &aacute;mbito donde surgen gran parte de los conflictos. La experiencia demuestra que quien comunica cosas en momentos inoportunos o en un tono inadecuado, o quien no tiene capacidad para ofrecer mensajes concretos sino m&aacute;s bien confusos o contradictorios, o quien es poco flexible para adaptar su discurso a la audiencia, suele tener problemas de comunicaci&oacute;n con sus colaboradores y superiores. Por lo tanto, en este grupo de participantes es una necesidad perentoria mejorar su competencia de comunicaci&oacute;n.</p>     <p>Otra competencia de alta elecci&oacute;n en la dimensi&oacute;n interpersonal fue la delegaci&oacute;n, y no hay duda de que se trata de un h&aacute;bito complejo y dif&iacute;cil de poner en pr&aacute;ctica de manera racional, prudente y efectiva, ya que justamente la delegaci&oacute;n &quot;es el arte de dar a cada colaborador el espacio de decisi&oacute;n y acci&oacute;n adecuado a sus circunstancias y a las necesidades de cada situaci&oacute;n&quot; (Cardona y Garc&iacute;a-Lombard&iacute;a, 2005, p. 172). Luego, es interesante comprobar que la competencia del coaching tenga tambi&eacute;n un alto inter&eacute;s para un n&uacute;mero no despreciable de participantes en este taller. Efectivamente, si se trata de lograr ser un buen l&iacute;der, lo propio de esta competencia es ayudar a los colaboradores a diagnosticar correctamente sus fortalezas y &aacute;reas de mejora, a dise&ntilde;ar retos profesionales personalizados y acompa&ntilde;arles en su proceso de mejora dando consejos oportunos, animando y exigiendo cuando sea necesario.</p>     <p>De entre las competencias tambi&eacute;n elegidas en esta dimensi&oacute;n, se constata la necesidad de dominar herramientas para una adecuada gesti&oacute;n de conflictos y un eficaz trabajo en equipo, competencias que son muy necesarias en un personal con nivel de supervisi&oacute;n como el de la mayor&iacute;a de los participantes en el taller.</p>     <p>Finalmente, se observ&oacute; que en esta dimensi&oacute;n la competencia carisma tambi&eacute;n fue tomada en consideraci&oacute;n, ya que, como los mismos autores apuntan, se trata de la habilidad de lograr el compromiso de los colaboradores, inspirando su confianza, dando sentido a su trabajo y motiv&aacute;ndoles a conseguir sus metas y aspiraciones, aspectos que son relevantes para lograr que el personal se identifique con los valores y objetivos de la empresa y aseguren su confianza y lealtad.</p>     <p>Tenemos, por &uacute;ltimo, que las competencias m&aacute;s elegidas para mejorar en la dimensi&oacute;n personal fueron, en primer lugar &mdash;como lo muestra la <a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a>&mdash;, gesti&oacute;n del tiempo, luego gesti&oacute;n del estr&eacute;s y autoconocimiento. Se observa que hay otras competencias que tambi&eacute;n fueron tomadas muy en cuenta, como las dos que quedaron empatadas en puntos, autocr&iacute;tica y optimismo, sigui&eacute;ndoles aprendizaje, ambici&oacute;n y equilibrio emocional, que tambi&eacute;n quedaron en un empate, y como las menos elegidas, pero no por esto menos importantes, autocontrol, gesti&oacute;n de la informaci&oacute;n e iniciativa. Quedaron fuera de elecci&oacute;n las competencias integridad y toma de decisiones.</p>     <p align="center"><a name="g4"></a><img src="img/revistas/eded/v10n2/2a07g4.gif"></p>     <p>La gesti&oacute;n del tiempo siempre ha sido una necesidad, ya que el tiempo es un recurso escaso y como tal debe ser administrado eficazmente. Adem&aacute;s de aprender a planificar bien, hay que intentar lograr lo planificado y en el plazo se&ntilde;alado. Pero para ello es importante utilizar herramientas de gesti&oacute;n del tiempo: identificar ladrones de tiempo, uso de la agenda, delegaci&oacute;n, etc.</p>     <p>Dentro de los comentarios sobre las competencias de la dimensi&oacute;n personal, una de las m&aacute;s observadas y discutidas por todos los participantes fue la gesti&oacute;n del estr&eacute;s, ya que, efectivamente, con las exigencias del mundo actual, los horarios, los resultados solicitados por la alta direcci&oacute;n y el ritmo de las grandes ciudades, el estr&eacute;s provoca efectos devastadores en la salud del individuo y en sus &aacute;mbitos personal y familiar. Entre las sugerencias de mejora para esta competencia, y que dieron pie para dar ejemplos y profundizar en el tema, Cardona y Garc&iacute;a-Lombard&iacute;a (2005) sugieren: profundizar en el conocimiento de uno mismo, para tomar conciencia de las armas disponibles frente al estr&eacute;s y las situaciones en que aparece; desarrollar el control de las propias emociones y sentimientos aprendiendo a relajarse, buscando el momento oportuno y utilizando las t&eacute;cnicas adecuadas; ampliar en lo posible la red personal de apoyo social (amigos, familia, etc.) y tratar de establecer y cuidar las relaciones interpersonales profundas; desarrollar una mayor sensibilidad hacia los factores que producen el estr&eacute;s, de manera que sea posible evitar las circunstancias en que tales factores aparecen, y ejercitar la voluntad para respetar, en la medida de lo posible, los horarios de sue&ntilde;o, esparcimiento, etc.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De este primer grupo de competencias en la dimensi&oacute;n personal, los participantes eligieron la competencia autoconocimiento, la cual es en cierto sentido, y siguiendo a los autores comentados, la primera competencia: es el punto de arranque para diagnosticar las &aacute;reas de desarrollo personal. De hecho, en el taller se hizo &eacute;nfasis en esta herramienta, recogiendo tambi&eacute;n amplios comentarios y aceptaci&oacute;n. Las siguientes cuestiones para la reflexi&oacute;n, sugeridas para esta competencia, expresan con claridad su importancia (Cardona y Garc&iacute;a-Lombard&iacute;a, 2005, p. 193):</p>     <p>- &iquest;Me comprometo frecuentemente con tareas que exceden mis capacidades?    <br>   - &iquest;Podr&iacute;a enumerar con relativa facilidad un listado de comportamientos o h&aacute;bitos que constituyen mis &aacute;reas de mejora?    <br>   - &iquest;Tengo identificados mis puntos fuertes, aquellas cosas que realmente hago bien?    <br>   - &iquest;Utilizo eficazmente mis puntos fuertes para compensar mis carencias?</p>     <p>Luego, quedaron en un segundo grupo, entre otras, la competencia autocr&iacute;tica, que apunta a desarrollar la capacidad de asumir con madurez las limitaciones y errores personales; el optimismo, que en las discusiones produjo comentarios numerosos por encontrarse poco en la disposici&oacute;n personal de gerentes y supervisores; el aprendizaje, que exige un esfuerzo por modificar h&aacute;bitos y tener una actitud de apertura ante los cambios que exigen el entorno y las nuevas tecnolog&iacute;as; el equilibrio emocional, que tambi&eacute;n produjo generosos comentarios en las discusiones por tratarse de un tema de mucha importancia en una cultura muy emocional y que exige, por lo tanto, aprender a reaccionar con las emociones y sentimientos adecuados para cada situaci&oacute;n, y el autocontrol, que los autores describen como una de las armas m&aacute;s poderosas del ser humano por ser la capacidad de sacrificar algo en el presente en aras de un logro futuro, y que es sin&oacute;nimo de &quot;fuerza de voluntad&quot;.</p>     <p>Llama la atenci&oacute;n que los participantes no hayan elegido la competencia integridad, que como se ha apuntado es la capacidad de actuar de manera recta y honrada ante cualquier situaci&oacute;n. En las discusiones no se suscit&oacute; una amplia discusi&oacute;n sobre esta competencia; pero es posible que no interesara inicialmente y fuese opacada por la urgencia de desarrollar competencias tan necesarias por la misma din&aacute;mica del trabajo, como gesti&oacute;n del tiempo y del estr&eacute;s.</p>     <p><b>5. Conclusiones</b></p>     <p>1. Seg&uacute;n la experiencia descrita, la elaboraci&oacute;n de planes personales basados en un modelo de competencias concreto, sustentado y claro, podr&iacute;a lograrse con cierta eficacia.</p>     <p>2. Para elaborar tales planes personales es preciso un esfuerzo intelectual adicional en el que es necesario el conocimiento de uno mismo, lo cual implica un esfuerzo de introspecci&oacute;n y de reflexi&oacute;n que requiere de una cierta capacidad para analizar el propio comportamiento a la luz de la racionalidad, buscando la explicaci&oacute;n a las diferentes reacciones, sensaciones y sentimientos experimentados.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>3. Al poder identificarse cada competencia con una dimensi&oacute;n, con un concepto que la describe claramente y unos comportamientos caracter&iacute;sticos que ayudan a reflexionar sobre ella, se puede lograr detectar &aacute;reas donde hay una necesidad espec&iacute;fica de formaci&oacute;n.</p>     <p>4. Se detect&oacute; que el proceso de elaboraci&oacute;n personal de un plan de desarrollo de competencias parte no solo de la funci&oacute;n que la persona desempe&ntilde;a en la empresa, sino que considera sus propios objetivos y potencialidades.</p>     <p>5. Se pudo constatar la idea de que cada quien aprende de forma distinta y que el proceso de construcci&oacute;n de competencias estimula y desarrolla la confianza de las habilidades propias para resolver problemas y aprender a aprender.</p>     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>1.	Bass, B. M. (1985). Leadership and Performance Beyond Expetations. New York, Free Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0123-1294200700020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2.	Bass, B. M., y Avolio, B. (1994). Improving Organizational Effectivenes Through Transfomational Leadership.Thousand Oaks, Sage Publications.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0123-1294200700020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3.	Blake, R. R., y Mouton, J. S. (1964). The managerid grid. Houston, Guef Publishing.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0123-1294200700020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4.	Boyatzis, R. (1983). The competent manager. San Francisco, Jossey-Bass.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0123-1294200700020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5.	Burns, J. M. (1978). Leadership. New York, Harper &amp; Row.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0123-1294200700020000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6.	Cardona, P., y Chinchilla, N. (1999). &quot;Evaluaci&oacute;n y desarrollo de las competencias directivas&quot;. Harvard-Deusto Business Review, 89: 10-27.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0123-1294200700020000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7.	Cardona, P., y Garc&iacute;a-Lombard&iacute;a, P. (2005). C&oacute;mo desarrollar las competencias de liderazgo. Pamplona, Eunsa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0123-1294200700020000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8.	Covey, S. R. (2005). El 8&ordm; h&aacute;bito. De la efectividad a la grandeza. Barcelona, Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0123-1294200700020000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9.	Covey, S. R. (1989). The Seven Habits of Highly Effective People. New Cork, Fireside.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0123-1294200700020000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10.	Fiedler, F. E. (1967). A Theory of Leadership Effectiveness. New Cork, McGraw-Hill.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0123-1294200700020000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11.	Greenleaf, R. K. (1977). Servant Leadership. New York, Paulist Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0123-1294200700020000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12.	Hersey, P., y Blanchard, K. H. (1977). Management and Organizational Behavior, Utilizing Human Resources. Englewood Cliffs, Prentice-Hall.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0123-1294200700020000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13.	Hersey, P., y Blanchard, K. H. (1993). Management of Organizational Behavior. Englewood Cliffs, Prentice-Hall.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0123-1294200700020000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14.	Kotter, J. P. (1990). El factor liderazgo. Madrid, D&iacute;az de Santos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0123-1294200700020000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15.	Leider, R. J. (2006). La tarea fundamental del liderazgo: el autoliderazgo. En F. Hesselbein, M. Goldsmith y R.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0123-1294200700020000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16.	Beckjard. El l&iacute;der del futuro (pp. 217-227). Barcelona, Deusto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0123-1294200700020000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17.	Luthe Garc&iacute;a, R. (2006). El l&iacute;der. C&oacute;mo formar al l&iacute;der del siglo XXI. M&eacute;xico, Trillas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0123-1294200700020000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18.	McClelland, D. C. (1973). Testing for competence rather than for intelligence. American Psychologist, 28: 1-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0123-1294200700020000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19.	Meza Mej&iacute;a, M. (2005). &quot;Modelos de pedagog&iacute;a empresarial&quot;. Educaci&oacute;n y Educadores, 8: 77-89.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0123-1294200700020000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20.	P&eacute;rez L&oacute;pez, J. A. (1994). Fundamentos de la direcci&oacute;n de empresas. Madrid, Rialp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0123-1294200700020000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21.	Spears, L. C. (2000). &quot;El liderazgo servidor en la empresa&quot;. En D. Mel&eacute; Carn&eacute; (coord.). Ra&iacute;ces &eacute;ticas del liderazgo (pp. 199-215). Pamplona, Eunsa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0123-1294200700020000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22.	Tedlow, R. S. (2004). &quot;Lo que los titanes nos pueden ense&ntilde;ar&quot;. En Harvard Business Rewiew: Liderazgo al m&aacute;s alto nivel (pp. 129-147). Barcelona, Deusto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0123-1294200700020000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23.	Zaleznik, A. (1993). La m&iacute;stica del management. Barcelona, Grijalbo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0123-1294200700020000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br> </p>     <p>Fecha de Recepci&oacute;n: 20-IV-2007    <br>   Fecha de Arbitraje: 04-IX-2007 </p> </font>    ]]></body>
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