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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Sobre el objeto de conocimiento de la educación física]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Libre Departamento de Educación Física ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Dealing with the object of knowledge of physical education requires, absolutely, a careful examination of its conceptual essence. Being at first sight a semantic compund it may happen, and has happened, that counfusions arise and, therefore, the educational fact is distorted as evidenced in the instructionist reductionisms with an apparent sports or military character. Therefore, this paper makes a necessary analysis aimed to propose clarity, with the possibility of overcoming the contrapositions, reductionisms and distortions mentioned. The theme is tackled with the intentionality of drawing attention to the ethical and human background implied in self achievement stemming in what is basic corporal and based on what is personalized.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Sobre el objeto de conocimiento de la educaci&oacute;n f&iacute;sica</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b> On the object of knowledge of physical education</b></font></p>     <p align="right">Teor&iacute;a de la Educaci&oacute;n </p>     <p><b>Luis Eduardo Ospina<sup>1</sup></b></p>     <p><sup>1</sup>Mag&iacute;ster en Educaci&oacute;n, Universidad de La Sabana, Colombia.   Profesor Investigador, Departamento de Educaci&oacute;n F&iacute;sica, Universidad Libre, Colombia. <a href="mailto:lucho1965@eleducador.com">lucho1965@eleducador.com</a></p> <hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Tratar sobre el objeto de conocimiento de la educaci&oacute;n f&iacute;sica requiere, en absoluto, de una mirada atenta a la esencia conceptual, pues siendo a primera vista un compuesto sem&aacute;ntico, puede, y ha ocurrido, que se presenten confusiones y, por ende, desvirtuaci&oacute;n del hecho educativo, como se evidencia en los reduccionismos instruccionistas con visos deportivistas y militares. As&iacute;, este art&iacute;culo entra en un an&aacute;lisis pertinente, en aras de proponer claridad, y con la posibilidad de superar las contraposiciones, reduccionismos y tergiversaciones expuestos. Al menos, se aborda el tema con la intencionalidad de llamar la atenci&oacute;n sobre el trasfondo &eacute;tico y humano que implica autorrealizarse desde lo b&aacute;sico corporal y con asiento en lo personalizado.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> teor&iacute;a de la educaci&oacute;n, educaci&oacute;n f&iacute;sica, educaci&oacute;n corporal, epistemolog&iacute;a de la educaci&oacute;n, educaci&oacute;n personalizada.</p> <hr size="1">     <p><b>Abstract</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Dealing with the object of knowledge of physical education requires, absolutely, a careful examination of its conceptual essence. Being at first sight a semantic compund it may happen, and has happened, that counfusions arise and, therefore, the educational fact is distorted as evidenced in the instructionist reductionisms with an apparent sports or military character. Therefore, this paper makes a necessary analysis aimed to propose clarity, with the possibility of overcoming the contrapositions, reductionisms and distortions mentioned. The theme is tackled with the intentionality of drawing attention to the ethical and human background implied in self achievement stemming in what is basic corporal and based on what is personalized.</p>     <p>Key words: theory of education, physical education, body education, epistemology of education, personalized education.</p> <hr size="1">     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>En t&eacute;rminos acad&eacute;micos, el debate acerca del objeto de conocimiento de la educaci&oacute;n f&iacute;sica ha sido intenso y no parece tener fin, pues con todo y los esfuerzos realizados no se ha llegado a acuerdo alguno, ya que esto depende de m&uacute;ltiples factores que van desde la pr&aacute;ctica docente hasta el supuesto alcance cient&iacute;fico de esta &aacute;rea formativa.</p>     <p>En el primer caso, hablar del objeto de conocimiento de la educaci&oacute;n f&iacute;sica es hacer referencia a una serie de connotaciones que dan cuenta de la actuaci&oacute;n racional del maestro, desde, para y en su labor diaria. El asunto es de gran complejidad si se   tiene en cuenta que la labor del educador f&iacute;sico posee varios frentes de actuaci&oacute;n, que oscilan entre el deporte, la recreaci&oacute;n, el trabajo, la salud, etc.<sup><a href="#1" name="p1">1</a></sup>.</p>     <p>En el segundo caso, los te&oacute;ricos de la educaci&oacute;n f&iacute;sica (pedagogos especializados en el tema), y hasta los mismos profesores de pr&aacute;ctica directa en el espacio escolar, fluct&uacute;an entre los diferentes niveles de conocimiento que hay alrededor del &aacute;rea y su ubicaci&oacute;n en el concierto de las ciencias, las disciplinas y las especulaciones conceptuales <sup><a href="#2" name="p2">2</a></sup>.</p>     <p>Esta atenci&oacute;n multivarial ha puesto en evidencia la no determinaci&oacute;n expresa de un objeto de conocimiento para la educaci&oacute;n f&iacute;sica, y se ha vuelto tan engorroso el asunto que frecuentemente se le elude en los c&iacute;rculos docentes argumentando que hay    cosas m&aacute;s importantes sobre las cuales tratar, como es el caso de los objetivos, los m&eacute;todos, los contenidos, etc.</p>     <p>No obstante, cabe ahora una reflexi&oacute;n profunda sobre la validez de esta evasi&oacute;n, pues hablar del objeto de conocimiento de algo es referirse expl&iacute;citamente a aquello que, de alguna manera, condiciona toda la din&aacute;mica de las actuaciones humanas que    implican diferentes grados de saber. Esto en atenci&oacute;n a las caracter&iacute;sticas de formalidad, operacionalidad e intencionalidad del objeto de conocimiento (Selles, 1997).</p>     <p>Efectivamente, ya sea de forma sistem&aacute;tica o no, rigurosa o no, todo gira en torno a aquello en lo que, en primera medida, la actividad humana como constructora de significados centra toda su atenci&oacute;n. Y es de tal modo, si tenemos en cuenta que el conocimiento trata acerca de lo real-conocido con un sentido vital para el sujeto cognoscente.</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&quot;Empleamos la palabra &lsquo;objeto&rsquo; para referirnos con ella no a lo real, sino a lo conocido de lo real en tanto que conocido; es decir, a una remisi&oacute;n del conocer de lo real. Esta pura remisi&oacute;n es la &iacute;ndole intencional del objeto conocido. La atenci&oacute;n a la naturaleza del objeto conocido permite asentar que lo conocido en tanto que objeto del conocer (a cualquier nivel) no es, en palabras de Tom&aacute;s de Aquino, aquello que es material, sino formal unido al acto de conocer. Lo material es el fundamento o causa del objeto conocido, respecto del cual el objeto es objeto. Hay objeto&quot; (Selles, 1997, 13-14).</p> </blockquote>     <p>Enti&eacute;ndase, entonces, que la &iacute;ndole misma del objeto de conocimiento define aspectos secundarios, como metodolog&iacute;as, espacios, recursos, prop&oacute;sitos, etc., pues no es posible la determinaci&oacute;n de estos sin el reconocimiento pleno de aquel, lo cual indica que el asunto &mdash;dentro de lo educativo&mdash; no es tan trivial como se cree, sobre todo, cuando est&aacute; de por medio  la consolidaci&oacute;n de las personas en su proceso de autorrealizaci&oacute;n.</p>     <p>Ahora bien, puede decirse que existen tantos conceptos de educaci&oacute;n f&iacute;sica como mentalidades ciudadanas hay, pues inserta dentro del espacio educativo formal, la educaci&oacute;n f&iacute;sica ha tocado de diferentes modos a las personas, ya como estudiantes,    padres de familia, administrativos o docentes, y dichos conceptos var&iacute;an entre lo deportivo, lo recreativo, el juego, la actividad f&iacute;sica, el ejercicio f&iacute;sico, el entrenamiento, etc. Pero, no es arriesgado decir que todo deriva de la acci&oacute;n ejercida por el docente.</p>     <p>Ciertamente, los educadores f&iacute;sicos, al desarrollar sus clases, en la ense&ntilde;anza de contenidos y en el dise&ntilde;o de programas, han incidido &mdash;por efectos de autoridad&mdash; en las concepciones de educaci&oacute;n f&iacute;sica que se forman las personas con quienes interact&uacute;an; pero, indudablemente, este profesional tampoco goza de veracidad absoluta en el tema, ya que, al decir de Cecchini (1996), la educaci&oacute;n f&iacute;sica suele confundirse e identificarse con expresiones an&aacute;logas, un tanto contradictorias, incluso reduccionistas, que intentan llenar vac&iacute;os conceptuales:</p>     <blockquote>       <p>&quot;As&iacute;, podemos hablar de educaci&oacute;n corporal, educaci&oacute;n motriz, educaci&oacute;n por el movimiento, educaci&oacute;n psicocin&eacute;tica, psicomotricidad, pedagog&iacute;a de la actividad f&iacute;sica y el deporte, cultura f&iacute;sica, cultura corporal, fisopedagog&iacute;a, kinantropopedagog&iacute;a, etc.&quot; (Cecchini, 1996, 20).</p> </blockquote>     <p>En este orden de ideas, por argumentos de experiencia y academia, tal vez el educador f&iacute;sico tiene m&aacute;s raz&oacute;n pedag&oacute;gica sobre el objeto de conocimiento de su disciplina, pero esto no quiere decir que tenga la verdad &uacute;ltima en el particular, pues no escapa a los efectos de los dilemas planteados.</p>     <p>En consecuencia, tenemos que:</p>     <blockquote>       <p>&quot;Educaci&oacute;n f&iacute;sica es una expresi&oacute;n no un&iacute;vocamente entendida, referida a &aacute;mbitos de actuaci&oacute;n educativa muy diferentes y que ha evolucionado de una manera importante en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Una lexia con significados muy distintos en funci&oacute;n de: el momento hist&oacute;rico en que se desarrolla; la tradici&oacute;n y el contexto cultural; las escuelas y los m&eacute;todos utilizados; las ciencias y las teor&iacute;as que le prestan su apoyo; los diferentes campos de intervenci&oacute;n pedag&oacute;gica; los principios filos&oacute;ficos, antropol&oacute;gicos, axiol&oacute;gicos, que la fundamentan, etc.&quot; (Cecchini, 1996, 19).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por todo lo anterior, en aras de proponer claridad y con la posibilidad de superar las contraposiciones, reduccionismos y tergiversaciones expuestas, el presente art&iacute;culo aborda el tema del objeto de conocimiento de la educaci&oacute;n f&iacute;sica, desde el contexto espec&iacute;fico de lo b&aacute;sico corporal y con asiento en lo personalizado; esto sin una pretensi&oacute;n agotadora del asunto y con el fin de llamar la atenci&oacute;n sobre el trasfondo &eacute;tico y humano que implica autorrealizarse.</p>     <p><b>EDUCACI&Oacute;N Y PHYSIS</b></p>     <p>Ha planteado Cecchini que la expresi&oacute;n educaci&oacute;n f&iacute;sica es una unidad sem&aacute;ntica que no est&aacute; formalizada en un lexema &uacute;nico; se trata m&aacute;s bien de un compuesto de dos palabras, cuya relaci&oacute;n implica un significado que trasciende la mera literalidad. &quot;El adjetivo, en este caso, cumple una funci&oacute;n distinta, que no supone limitar la extensi&oacute;n del sustantivo, pues en ese caso perder&iacute;a su significado, sino que expresa uno de sus aspectos o dimensiones&quot; (Cecchini, 1996, 50).</p>     <p>Luego, el aspecto nominal de la educaci&oacute;n otorga sentido completo al predicado modal de lo f&iacute;sico. De ser asi, y teniendo en cuenta que los predicados &mdash;en ocasi&oacute;n de obtener sentido completo&mdash; se remiten plenamente a los sustantivos, se infiere que hablar de educaci&oacute;n f&iacute;sica es hablar netamente de educaci&oacute;n. De tal manera que cuando el profesor Peralta (1994) afirma que la educaci&oacute;n f&iacute;sica, al cumplir con sus objetivos educacionales, debe ir m&aacute;s all&aacute; de las t&eacute;cnicas y los gestos motores, encontrando su raz&oacute;n de ser en el contexto general de la educaci&oacute;n, indica que la educaci&oacute;n f&iacute;sica es ante todo, y sobre todo, educaci&oacute;n.</p>     <p>En este contexto, conviene primero verificar con algo de detalle la parte educativa del compuesto, para lo cual hemos de comenzar observando la &iacute;ndole misma del sustantivo en su esencia etimol&oacute;gica:</p>     <blockquote>       <p>&quot;El t&eacute;rmino &lsquo;educar&rsquo; tiene una etimolog&iacute;a ambivalente, pues puede proceder tanto de educare como de educere, t&eacute;rminos latinos que guardan a su vez una gran riqueza significativa. Educare significa&lsquo;criar, cuidar, alimentar y formar o instruir&rsquo;; est&aacute; emparentado con ducere, que significa &lsquo;sacar, conducir&rsquo;, y en la voz pasiva significa &lsquo;crecer&rsquo;. Educere significa&lsquo;sacar o extraer, avanzar, elevar&rsquo; (Naval, 2000, 23).</p> </blockquote>     <p>Se observa en lo enunciado algo relevante para la consolidaci&oacute;n nominal de la educaci&oacute;n, pues si la polisemia originaria, lejos de toda ambig&uuml;edad, expresa claramente la pluralidad de dimensiones operativas que encierra la profunda realidad humana, se deduce que la verbalidad de educar se proyecta en algo m&aacute;s general y actuativo: la acci&oacute;n.</p>     <p>Al estudiar las actuaciones de los seres, se deduce que las hay de dos tipos: actividades y acciones. Esta divisi&oacute;n se da en relaci&oacute;n con su finalidad, criterio de distinci&oacute;n verdaderamente radical, pues satisface la comprensi&oacute;n de la actuaci&oacute;n y la abarca en su totalidad. La actividad tiene una finalidad transe&uacute;nte, exterior a s&iacute; misma, es decir que desemboca en un producto, en un sustrato receptor; de ah&iacute; se deriva igualmente una realizaci&oacute;n procesual y, por lo tanto, un cese al alcanzar el fin. La acci&oacute;n en cambio tiene una finalidad que se cumple en la propia actuaci&oacute;n, es inmanente, por lo tanto se hace instant&aacute;nea al no requerir del proceso y no conocer cese al alcanzar el fin (Altarejos, 1983).</p>     <p>As&iacute; es posible afirmar que, &quot;categ&oacute;ricamente&quot;, la educaci&oacute;n es un hecho general complejizado sobre los hechos brutos<sup><a href="#3" name="p3">3</a></sup>, por ende, va m&aacute;s all&aacute; del factum como res gesta (la cosa llevada a cabo) para consolidarse como principio de lo verdadero. Significa esto que goza de un contexto determinado en el que se evidencia una finalidad inmanente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La educaci&oacute;n entonces no es un ser u objetocomo tal, es m&aacute;s bien una actuaci&oacute;n con finalidad intr&iacute;nseca que compete a los seres humanos en pro de su autorrealizaci&oacute;n. Luego, hablar de educaci&oacute;n es aludir al comportamiento &eacute;tico humano y no decir de lo que el hombre es. La educaci&oacute;n se consolida como un saber pr&aacute;ctico que no se rige tanto por el conocimiento de la verdad del objeto, sino por la rectitud de la acci&oacute;n (Naval, 2000).</p>     <p>Con el &aacute;nimo de precisar m&aacute;s sobre la acci&oacute;n educativa, observaremos a continuaci&oacute;n algunas de sus caracter&iacute;sticas m&aacute;s relevantes; pueden ser aquellas que la definen en su especificidad personalizante.</p>     <p>En primer lugar, atendemos al factor integral. El hecho educativo, en cuanto humano, no se limita al desarrollo de una sola dimensi&oacute;n, ya sea lo cognitivo o lo f&iacute;sico, porque si bien el hombre posee estas dimensiones, su real comprensi&oacute;n solo es posible como unidad sicobiol&oacute;gica.</p>     <p>Del mismo modo, en su inherente aspecto de apertura, el hombre tiene una sentida necesidad de relaci&oacute;n con los dem&aacute;s, es lo que en palabras de Zubiri se llama versi&oacute;n<sup><a href="#4" name="p4">4</a></sup>. As&iacute;, &quot;La educaci&oacute;n es un proceso comunicativo, interactivo, y que requiere, por lo tanto, la presencia del hombre como interventor en ese proceso&quot; (Cecchini, 1996, 21).</p>     <p>Tambi&eacute;n la educaci&oacute;n es un proceso de inicio, optimizaci&oacute;n y desarrollo de todas las capacidades humanas; esto, si lo miramos en un contexto &eacute;tico, puede decirse que es din&aacute;mica perfectiva, pues la perfecci&oacute;n se da en la medida en que el sujeto a&ntilde;ade a su vida cualidades, modos de ser y conocimiento acorde con su sentido existencial.</p>     <p>De acuerdo con lo anterior, la educaci&oacute;n exige una teleolog&iacute;a definida en relaci&oacute;n con objetivos, metas y finalidades, jerarquizaci&oacute;n que desemboca en la intencionalidad perfectiva del ser humano, lo cual da cabida a la casualidad<sup><a href="#5" name="p5">5</a></sup>, pero no la absolutiza.</p>     <p>Y en cuanto la persona nace, pero se hace a trav&eacute;s de un desarrollo vitalicio e intrincado en el tiempo, la educaci&oacute;n implica un proceso gradual de car&aacute;cter ascendente, permitiendo superar niveles de una forma progresiva y arm&oacute;nica.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, al ser de orden personal, la educaci&oacute;n compete &uacute;nicamente al sujeto que vive humana e intensamente su autorrealizaci&oacute;n, de tal modo que cada quien, como educando, es responsable, gestor y actor de su propia formaci&oacute;n vital.</p>     <p>Ahora hemos de ver con detalle el predicado o adjetivo del ya mencionado compuesto sem&aacute;ntico, es decir, lo concerniente a la f&iacute;sica.</p>     <p>En la Grecia cl&aacute;sica se consideraba la physis en relaci&oacute;n con la naturaleza, pues trataba de la estructura de lo natural y sus modos de ser. Mas dicha naturaleza no era aquello simplemente dado u original, sino algo de mayor talante que enmarcaba el   propio desarrollo del ser.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este orden de ideas, y aunque Arist&oacute;teles ofreci&oacute; varios sentidos de la naturaleza<sup><a href="#6" name="p6">6</a></sup>, lo com&uacute;n y m&aacute;s importante de todo radica en la esencia de los seres que poseen en s&iacute; mismos, y en cuanto tales, el principio de su movimiento. Naturaleza es, entonces, principio y causa del movimiento y reposo para aquello en lo cual reside de forma inmediata por s&iacute; y no accidentalmente.</p>     <p>&quot;De todo ello se desprende que la &lsquo;naturaleza&rsquo; de una cosa &mdash;y a&uacute;n, podr&iacute;a decirse, la&lsquo;naturaleza&rsquo;&mdash; de todas las cosas en cuanto&lsquo;cosas naturales&rsquo; es lo que hace que la cosa, o las cosas, posean un ser, y, por consiguiente,   un llegar a ser o &lsquo;movimiento&rsquo; que les es propio&quot; (Ferrater, 2001, 2.501).</p>     <p>Para efectos de mejorar la comprensi&oacute;n sobre el tema, podemos decir que la physis est&aacute; relacionada de modo directo con otros t&eacute;rminos griegos, como eidos, dynamis, energeia y soma; relaci&oacute;n que hemos de abordar seguidamente.</p>     <p>Inicialmente, lo natural se ofrece en un aspecto de su realidad, o sea, que se la ve en lo que la constituye como realidad tal, es lo que llamamos eidos o forma aprehensible<sup><a href="#7" name="p7">7</a></sup>. En segundo lugar, est&aacute; la dynamis o potencia en virtud de la cual lo natural act&uacute;a de manera consecuente con el ser constituido. La physis entonces se consolida en dos instancias claramente definidas: en su aspecto aprehensible y en su potencia de actuaci&oacute;n (eidos y dynamis).</p>     <p>M&aacute;s all&aacute;, la energeia expresa plenamente la dynamis en la actuaci&oacute;n pura; por ende, se trata de la actualizaci&oacute;n de la dynamis misma, lo que ocurre inexorablemente en un cuerpo (soma). Luego, lo corporal va m&aacute;s lejos de lo material y extenso, ubic&aacute;ndose en lo sensible-estimulativo, llegando a constituirse en lo fundamental de los seres vivos, seg&uacute;n el nivel de existencia que les compete<sup><a href="#8" name="p8">8</a></sup>.</p>     <p>Pues bien, retomando la significaci&oacute;n de la unidad sem&aacute;ntica en la educaci&oacute;n f&iacute;sica, tenemos que hay en com&uacute;n, tanto en el sustantivo como en el adjetivo, la actuaci&oacute;n plena del sujeto, es decir, la actuaci&oacute;n bajo condiciones con sentido apropiativo.</p>     <p>De modo general tenemos que, en un primer momento, la physis responde a la misma naturaleza humana en cuanto corporalidad, para, en un segundo momento, inscribir la actuaci&oacute;n educativa, m&aacute;s radical y apropiativa, en la trascendencia de la conciencia y la voluntad con una tendencia autorrealizativa. Y digamos que dicha actuaci&oacute;n se patentiza de forma inmediata en el movimiento, entendido este como devenir.</p>     <blockquote>       <p>&quot;El galicismo &lsquo;devenir&rsquo; es ya de uso corriente en la literatura filos&oacute;fica en lengua espa&ntilde;ola. Su significaci&oacute;n no es, sin embargo, un&iacute;voca. A veces se usa como sin&oacute;nimo de&lsquo;llegar a ser&rsquo;; a veces se considera como el equivalente de &lsquo;ir siendo&rsquo;, a veces se emplea para designar de un modo general el cambiar o el moverse (los cuales, por lo dem&aacute;s, suelen expresarse por medio del uso de los correspondientes sustantivos: cambio y movimiento). Dentro de esta multiplicidad de significaciones parece haber, con todo, un n&uacute;cleo significativo invariable en el vocablo &lsquo;devenir&rsquo; es el que destaca el proceso del ser o, si se quiere, el ser como proceso&quot; (Ferrater, 2001, 852).</p> </blockquote>     <p>Esta din&aacute;mica operativa (devenir) tiene acierto manifestativo de modo irrebatible en los seres finitos e imperfectos. Caben aqu&iacute; no solo aquellos seres carentes de perfecci&oacute;n absoluta, sino tambi&eacute;n aquellos que ni siquiera poseen en s&iacute; la plenitud natural que les corresponde, pero indudablemente, estas condiciones son susceptibles de ser alcanzadas mediante la propia actividad, d&aacute;ndose diferentes grados de perfecci&oacute;n, seg&uacute;n el nivel de vida que corresponda (Choza, 1988).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>&quot;Esta jerarqu&iacute;a en la escala de la vida se puede dividir en tres grados, marcados por grandes diferencias: 1) La vida vegetativa, propia de las plantas y todos los animales superiores a ellas. Tiene tres funciones principales: la nutrici&oacute;n, el crecimiento y la reproducci&oacute;n&hellip; 2) El segundo grado es la vida sensitiva, que distingue a los animales de las plantas. La vida sensitiva consiste en tener un sistema perceptivo que ayuda a realizar las funciones vegetativas mediante la captaci&oacute;n de diversos est&iacute;mulos: lo presente, lo distante, lo pasado y lo futuro&hellip; 3) El tercer grado de vida es la vida intelectiva, que es propia del hombre. En ella se rompe la necesidad del circuito est&iacute;mulo-respuesta&quot; (Yepes Stork, 2003, 23-24).</p> </blockquote>     <p>Seg&uacute;n lo planteado, no hay duda que la physis del hombre, aunque parte de lo material, supera este hecho para ubicarse en la complejidad perfectiva desde lo corporal, lo cual da pie para analizar variados aspectos en torno a la naturaleza humana.</p>     <p><b>LA NATURALEZA HUMANA</b></p>     <p>En primer lugar, se entiende que el mayor grado de perfecci&oacute;n que pueda alcanzar cualquier ser finito se hace realidad en el ser humano, pues nada hay que lo iguale en su indigencia; en consecuencia, sus posibilidades de autorrealizaci&oacute;n son m&aacute;s amplias e indefinidas que en los otros seres.</p>     <p>En efecto, m&aacute;s all&aacute; del appetitus naturalis, goza el hombre del appetitus elicito, hasta tal punto, que tiene el deber de definirse y descubrirse para ascender evidentemente en la escala zool&oacute;gica; solo as&iacute; logra dar significado a su propia existencia<sup><a href="#9" name="p9">9</a></sup>. No en vano, desde la antropolog&iacute;a filos&oacute;fica, se ha se&ntilde;alado que el hombre es el &uacute;nico animal que necesita saber qui&eacute;n es para poder serlo. As&iacute;, podemos decir que desde la physis misma, el ser humano est&aacute; fuertemente ligado con lo excelente del universo. A&uacute;n as&iacute;, se registra tal grado de plasticidad en la din&aacute;mica tendencial humana, que puede el hombre negarse a ser lo que es, en ese caso podemos referirnos a un acto desnaturalizante.</p>     <p>En segundo lugar tenemos que esa intencionalidad perfectiva es constante, y al no ser redimida en un estado absoluto como t&eacute;rmino &uacute;ltimo, se verifica desde el principio hasta el final de la propia vida. Luego, la physis y el devenir son factores vitalicios e inherentes al hombre, que implican lo ontol&oacute;gico y teleol&oacute;gico del mismo.</p>     <blockquote>       <p>&quot;La naturaleza del hombre es precisamente la condici&oacute;n de posibilidad del despliegue del hombre hacia su bien final, que constituye su perfecci&oacute;n. Atentos: la naturaleza est&aacute; en el punto de partida, pero a la vez es la causa del dinamismo biogr&aacute;fico del que hemos hablado. Si el hombre busca la perfecci&oacute;n, si en &eacute;l hay un anhelo, una inquietud de ser m&aacute;s, es precisamente porque por naturaleza est&aacute; hecho para ese crecimiento. Por eso, en el mundo cl&aacute;sico, a la naturaleza se le ha llamado tambi&eacute;n principio de operaciones. De este modo, la naturaleza de todos los seres, y especialmente del hombre, tiene car&aacute;cter final, teleol&oacute;gico&quot; (Yepes Stork, 2003, 77).</p> </blockquote>     <p>Referidos a la escala de la vida, agregamos a la naturaleza perfectiva humana los fines de la misma en el pleno desarrollo de las capacidades; esto de forma integral y adecuada, que bien puede ser tarea de la educaci&oacute;n, destac&aacute;ndose en ello el desenvolvimiento de las capacidades superiores: inteligencia y voluntad. &quot;La inteligencia busca el conocimiento de la realidad. Cuando lo logra, alcanza la verdad, que es el bien propio de la inteligencia. Abrirse a lo real. Querer lo verdaderamente bueno es ejercer la voluntad perfeccion&aacute;ndola&quot; (Yepes Stork, 2003, 79).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De esta manera llegamos a la ineludible relaci&oacute;n entre naturaleza humana y &eacute;tica, pues el desarrollo pleno de las capacidades superiores conduce inevitablemente al sentido de lo bueno y lo bello. Sin duda alguna, este sentido tiene su inicio en el adecuado ejercicio de lo corporal, de acuerdo con lo ontol&oacute;gico y teleol&oacute;gico del hombre en cuanto persona. En consecuencia, la physis, como devenir hecho corporalidad, se haya instalada en el factor &eacute;tico para dar significado existencial al ser humano.</p>     <blockquote>       <p>&quot;Sin &eacute;tica no hay desarrollo de la persona, ni armon&iacute;a del alma. A poco que se considere qui&eacute;n es el hombre, enseguida surge la evidencia de que, por ser persona, es necesariamente &eacute;tico: la &eacute;tica es aquel modo de usar el propio tiempo, seg&uacute;n el cual el hombre crece como un ser completo. La naturaleza humana se realiza y perfecciona mediante decisiones libres, que nos hacen mejores porque desarrollan nuestras capacidades. El hombre, o es &eacute;tico, o no es hombre&quot; (Yepes Stork, 2003,81).</p> </blockquote>     <p><b>CUERPO Y PERSONA</b></p>     <p>Si hemos estado prestos al hilo conductor de esta disertaci&oacute;n, podemos entender sin ambig&uuml;edad que la corporalidad humana va m&aacute;s all&aacute; del simple materialismo, hasta el punto de llegar a visualizar el cuerpo y el movimiento como elementos propios de la autorrealizaci&oacute;n personal, cuesti&oacute;n que invita a una elucubraci&oacute;n detenida.</p>     <p>El punto de partida est&aacute; en el reconocimiento absoluto de la corporalidad como el primer y fundamental modo de ser y estar del hombre en el cosmos, lo que constituye una formalidad real materializada en lo sensible y cin&eacute;tico, que abarca elaboradas   manifestaciones significativas.</p>     <p>&quot;El movimiento observable no es una mera movilizaci&oacute;n mec&aacute;nica de los segmentos corporales, sino que traduce procesos internos, expresa reacciones de un organismo en situaci&oacute;n. En el caso del hombre, de un organismo que se apodera del mundo que le es dado conocer como real y sobre el que act&uacute;a de un modo absolutamente personal (conducta motriz)&quot; (Cecchini, 1996, 53).</p>     <p>L&oacute;gicamente, se trata de la existencia incorporada y el planteamiento hecho por Cajigal (1979) de&quot;cuerpo pero m&aacute;s que cuerpo&quot;, que se hace evidente. La referencia est&aacute; dada desde lo real primigenio que enmarca lo espacial-temporal-causal, y cuya din&aacute;mica implica la esencia de lo existencial humano.</p>     <p>Yendo m&aacute;s lejos, puede afirmarse que lo corporal constituye la persona humana y esta es impensable sin su cuerpo, ya que la presencia personal de los sujetos se hace evidente desde lo elemental en cuanto a espacio y tiempo, sensaci&oacute;n y movimiento, con implicaci&oacute;n directa en todas las dimensiones en que se desarrolla la vida del hombre. &quot;Yo soy persona desde mi existencia m&aacute;s elemental, y, lejos de despersonalizarme, mi existencia encarnada es un factor esencial de mi fundamento personal&quot; (Mounier, 1993, 47).</p>     <p>Ahora bien, en cuanto la persona se define como la posesi&oacute;n plena del propio ser<sup><a href="#10" name="p10">10</a></sup>, las implicaciones corporales no admiten discusi&oacute;n, pues dicha posesi&oacute;n comienza a ser realidad desde las intencionalidades no cognoscitivas y cognoscitivas del cuerpo, junto a su car&aacute;cter de fundamento en el mundo vital, el arte y la cultura.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En un primer momento, se realiza un proceso no cognoscitivo que tiende hacia la constituci&oacute;n del propio cuerpo como organismo biol&oacute;gico. Seguidamente, y en ese mismo proceso, hay conformaci&oacute;n de lo anat&oacute;mico para generar lo individual (la separaci&oacute;n num&eacute;rica y real). Todo se da en una compaginaci&oacute;n exacta entre lo gen&eacute;tico y lo formalizado desde el exterior. En este orden de ideas, el cuerpo, aparte de ser un algo dado, es tambi&eacute;n un algo construido que abarca los procesos de individuaci&oacute;n e individualidad, pues en cuanto la materia se individualiza, lo que resulta individuado es el hombre.</p>     <p>Del mismo modo, como principio de individuaci&oacute;n en la formaci&oacute;n personal, el cuerpo consolida dicha premisa, pues la autodeterminaci&oacute;n y la singularizaci&oacute;n son m&aacute;s palpables en los rasgos f&iacute;sicos, en el desempe&ntilde;o motriz y en las formas y dimensiones corporales. De manera que, en lo fenomenol&oacute;gico, la apropiaci&oacute;n del s&iacute; humano se fundamenta en lo corporal, y, naturalmente, los efectos de la integralidad no se hacen esperar.</p>     <p>A la par con lo anterior, y en dependencia de ello, ocurre la intencionalidad en el orden cognoscitivo, con lo cual empieza a superarse la mera materialidad que puede asign&aacute;rsele al cuerpo, puesto que la psique no solo formaliza la materia, tambi&eacute;n hay formalizaci&oacute;n del espacio, el tiempo y lo geogr&aacute;fico, para constituir el mundo vital propio del viviente. &quot;La intencionalidad del cuerpo en el nivel cognoscitivo se puede desglosar en cuatro momentos: 1, la sensaci&oacute;n; 2, la percepci&oacute;n, 3, los deseos-tendencias, y 4, el movimiento y la acci&oacute;n&quot; (Arregui y Choza, 2002, 139).</p>     <p>As&iacute;, mientras el cuerpo se constituye como la presencia misma del hombre en el universo, es igualmente medio cognoscitivo por excelencia. Las formalizaciones de la materia por parte de la psique est&aacute;n determinadas por el uso corporal y la disposici&oacute;n del mundo a trav&eacute;s de lo som&aacute;tico. Esto se&ntilde;ala la &iacute;ntima relaci&oacute;n entre la configuraci&oacute;n y el ordenamiento del &aacute;mbito interno con el dominio t&eacute;cnico del propio cuerpo.</p>     <blockquote>       <p>&quot;No se reduce el cuerpo a una sola modalidad experiencial ni se agota la conciencia en un solo movimiento cognitivo. As&iacute; la arrogancia del pensamiento olvide con frecuencia que el cuerpo es articulador imprescindible para su formaci&oacute;n, no podemos negar que todo conocimiento pasa por &eacute;l, consistiendo nuestra tarea en preguntarnos una y otra vez por la savia senso-motora que sirve de gu&iacute;a a las m&aacute;s finas operaciones de la conciencia&quot; (Restrepo, 1994, 96).</p> </blockquote>     <p>En tercera instancia, la realidad cultural del hombre se hace evidente en la exteriorizaci&oacute;n subjetiva. Se trata del mundo expresado y sentido en las formas m&aacute;s diversas; esto copa desde lo simple gestual hasta lo transformado por manipulaci&oacute;n directa o indirecta. Aqu&iacute; el hombre expresa objetivamente la vivencia que de su propio cuerpo posee, ya desde la t&eacute;cnica o la cultura.</p>     <blockquote>       <p>&quot;En cuanto que se va adquiriendo un dominio t&eacute;cnico del propio cuerpo, se va configurando y ordenando intencionalmente el mundo interior de los deseos, tendencias y acciones posibles, y eo ipso se va configurando y ordenando tambi&eacute;n intencionalmente el mundo exterior, pues el mundo interior y el exterior adquieren cada uno su sentido en funci&oacute;n del otro constituyendo un solo mundo vital. As&iacute;, disponer del mundo es disponer del cuerpo, y viceversa&quot; (Arregui y Choza, 2002, 142).</p> </blockquote>     <p>Y es en este momento cuando puede evidenciarse con mayor acento la relaci&oacute;n entre persona y cuerpo, ya que hay una manifestaci&oacute;n m&aacute;s comprometida de aquella a trav&eacute;s de lo som&aacute;tico; esto, sin olvidar que, seg&uacute;n Yepes Stork (2003), la manifestaci&oacute;n es una nota definitoria de la persona en la que se muestra la intimidad, la apertura y la libertad por medio de las actuaciones corporales. Es igualmente deducible que el cuerpo, junto a su car&aacute;cter cin&eacute;tico, es principio de lenguaje y comunicaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>&quot;Los seres humanos existimos en el lenguaje, que es el espacio de coordinaciones conductuales consensuales en que nos movemos. El lenguaje fluye en los encuentros, en el contacto visual, sonoro o t&aacute;ctil que ocurre en los sistemas nerviosos. El encuentro gatilla cambios determinados en la corporalidad de cada uno&quot; (Maturana, 1996, 35).</p> </blockquote>     <p>Si en su aspecto m&aacute;s &iacute;ntimo y humano, el acto comunicativo implica el trato espec&iacute;fico por medio del cual un yo se encuentra a s&iacute; mismo a trav&eacute;s de un t&uacute;, lo corporal se hace relevante, porque la expresi&oacute;n e interpretaci&oacute;n de sentimientos, ya en la palabra condicionada por el tono de voz, ya en los gestos y ademanes, en la mirada, en los roces y hasta en lo accesorio, se constituyen en fuentes preciosas para dicho encuentro personal, eso sin dejar de lado lo que Restrepo (1994) llama la comunicaci&oacute;n implicativa, en la cual, desde el entramado corporal, se logran la intersubjetivacion, el proceso de ensanchamiento de los mundos imaginarios y la dilataci&oacute;n de las conciencias<sup><a href="#11" name="p11">11</a></sup>.</p>     <p><b>OBJETO DE CONOCIMIENTO Y PERSONA</b></p>     <p>En cuanto lo educativo encierra el fin &uacute;ltimo de la vida humana (la autorrealizaci&oacute;n), tambi&eacute;n abarca al hombre en toda su magnitud, pues no le compete la consolidaci&oacute;n del bien su-premo a una determinada parte del ser humano, sino a su totalidad. Porque mientras el hombre sea una unidad indisoluble de cuerpo, alma y esp&iacute;ritu, solo asi podr&aacute; hacerse evidente el verdadero sentido existencial. Luego, la educaci&oacute;n se hace integral, cobija lo social y lo individual del ser humano, dentro de una din&aacute;mica personal en un proceso perfectivo.</p>     <blockquote>       <p>&quot;Se entiende como proceso educativo el conjunto de acciones mentales, afectivas, volitivas y sicomotrices que desarrolla el ser humano para alcanzar su formaci&oacute;n humana, individual y social. La formaci&oacute;n humana es, por lo tanto, mucho m&aacute;s que unacto intelectual: involucra el compromiso de la afectividad, la voluntad y la sicomotricidad, los cuales, junto con la mente, act&uacute;an como estructura integral&quot; (Cajamarca, 1995, 3).</p> </blockquote>     <p>Respondiendo a este postulado, la educaci&oacute;n f&iacute;sica vence el materialismo puro y observa en la physis el devenir que le es propio al ser humano para efectos de personalizaci&oacute;n. As&iacute;, aunque se inicie en lo anat&oacute;mico, cin&eacute;tico y fisiol&oacute;gico, hay extensi&oacute;n ver&iacute;dica hacia la inteligencia y la voluntad, para, en &uacute;ltimas, consolidar la vida &eacute;tica. Entonces:</p>     <blockquote>       <p>&quot;La educaci&oacute;n f&iacute;sica es, para nosotros, educaci&oacute;n del ser humano que dialoga, se comunica, se compromete f&iacute;sicamente con el mundo; di&aacute;logo o comunicaci&oacute;n motriz que hemos precisado, en una consideraci&oacute;n ontol&oacute;gica, en la motricidad humana como superadora de cualquier concepci&oacute;n educativa parcelada. Una educaci&oacute;n del hombre sistematizada a partir de la dial&oacute;gica motriz&quot; (Cecchini, 1996, 50-51).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Igualmente, desde su relevancia cotidiana, es posible llegar a entender que la educaci&oacute;n f&iacute;sica determina el rasgo netamente humano de palabras como libertad, arte, tiempo, esp&iacute;ritu, ya que son construcciones pertenecientes al mundo vital gestado en la acci&oacute;n corporal. &quot;El mundo vi-tal se constituye como el conjunto de significados que los entes f&iacute;sicos tienen para un determinado organismo o conjunto de ellos, y por eso los mundos vitales son siempre una novedad irreducible al &aacute;mbito f&iacute;sico&quot; (Arregui y Choza, 2002, 139).</p>     <p>Por lo tanto, en la educaci&oacute;n f&iacute;sica aparece plenamente lo l&uacute;dico recuperando lo inservible. M&aacute;s que simple actividad f&iacute;sica con objetivos de desarrollo f&iacute;sico y adquisici&oacute;n de destrezas, los prop&oacute;sitos de la educaci&oacute;n f&iacute;sica est&aacute;n referidos al arte y la &eacute;tica como finalidades del proyecto de vida humano.</p>     <p>As&iacute;, el cuerpo personalizado es el cuerpo propio de la educaci&oacute;n f&iacute;sica. Cuerpo que patentiza la presencia del hombre y manifiesta los factores personales de singularidad, autonom&iacute;a y apertura. Se trata del devenir significativo que deja entrever la espiritualidad encarnada. &quot;El cuerpo de la educaci&oacute;n f&iacute;sica es el cuerpo en movimiento, y el movimiento de la educaci&oacute;n f&iacute;sica es el movimiento corporal, por lo que estas dos realidades antropol&oacute;gicas quedan reducidas a una sola: el movimiento humano, acci&oacute;n motriz o conducta motriz observable&quot; (Cecchini, 1996, 48).</p>     <p>Ahora es posible afirmar que el objeto de conocimiento de la educaci&oacute;n f&iacute;sica es el hombre en su din&aacute;mica de vida, la persona humana en cuanto corporalidad, aunque se parta de lo f&iacute;sico, porque lo realmente educable del ser humano radica en su integralidad y no espec&iacute;ficamente en lo material, que, a lo sumo, es adiestrable.</p>     <p>En este marco de referencia, es interesante ver c&oacute;mo en la sicocin&eacute;tica, la tendencia a compaginar arm&oacute;nicamente el movimiento con el desarrollo personal de los sujetos se muestra como un avance significativo en la comprensi&oacute;n de esta ciencia; pero, m&aacute;s all&aacute;, hay afirmaciones relevantes en el sentido formativo que le compete a la educaci&oacute;n f&iacute;sica.</p>     <blockquote>       <p>&quot;El movimiento, desde esta perspectiva, se convierte en un medio fundamental de la educaci&oacute;n; es el hilo conductor alrededor del cual se forja la unidad corporal y mental de la persona, y que se desarrolla en dos direcciones distintas:</p>       <p>-la expresi&oacute;n de la m&iacute;mica, gestos y actitudes que manifiestan la vivencia afectiva;</p>       <p>-la acci&oacute;n eficaz, respecto al medio y de significaci&oacute;n adaptativa&quot; (Le Boulch, 1997, 22). En momentos m&aacute;s recientes contin&uacute;a:</p>       <p>&quot;Se trata de volver a dar prioridad a la acci&oacute;n y hacer del movimiento el hilo conductor del desarrollo; no considerarlo como un medio anexo, sino como un elemento central de la educaci&oacute;n en torno al cual se forjar&aacute; la unidad de la persona corporal y mental, afectiva e intelectual&quot; (Le Boulch, 2001, 18).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p>Desde sus concepciones iniciales hasta su inserci&oacute;n real en el sistema educativo, la educaci&oacute;n f&iacute;sica ha venido sorteando una serie de avatares, tratando de consolidar un puesto de importancia en el concierto de la formaci&oacute;n humana, lo cual, en cierta   medida, ha sido lento y no pocas veces infructuoso, debido en parte a su no definici&oacute;n dentro de lo pedag&oacute;gico, y en esto, la falta de un objeto de conocimiento que le permita trasegar con seguridad.</p>     <p>Las ciencias del movimiento humano y el cuerpo le han ganado la carrera a la educaci&oacute;n f&iacute;sica, acallando la verdadera labor que le compete; porque ellas &mdash;la anatom&iacute;a, la kinantropolog&iacute;a, la sicocin&eacute;tica, la sicomotricidad, entre otras&mdash; han resuelto satisfactoriamente el problema de su objeto de conocimiento, e incluso,han venido a constituirse como ciencias base para el desarrollo de la educaci&oacute;n f&iacute;sica.</p>     <p>Significa esto que, tal vez, el educador f&iacute;sico no ha podido consolidar un constructo te&oacute;rico propio para la identidad plena de su profesi&oacute;n, quedando a merced de las dem&aacute;s disciplinas y efectuando pr&aacute;cticas un tanto deportivizadas y/o reducidas a lo acad&eacute;mico, en aras de parecerse a sus colegas de otras &aacute;reas educativas, que al igual responden con seguridad a las tendencias pol&iacute;ticas, sociales y econ&oacute;micas del momento.</p>     <p>Pero&hellip;</p>     <blockquote>       <p>&quot;A pesar de sus insuficiencias, nadie cuestiona la necesidad de la educaci&oacute;n f&iacute;sica. Ocurre que el inconsciente colectivo considera que aporta algo insustituible en educaci&oacute;n. Esta convicci&oacute;n profunda explica la importancia     que en nuestras culturas tienen las&lsquo;t&eacute;cnicas del cuerpo&rsquo;, las actividades deportivas y en general las &lsquo;pr&aacute;cticas f&iacute;sicas&rsquo; (Le Boulch, 2001, 51).</p> </blockquote>     <p>Significa esto que hay ahora, y bajo la llamada &quot;cultura corporal&quot;, un instante coyuntural de &quot;efervescencia y calor&quot;, para avanzar efectivamente en la b&uacute;squeda de identidad. El punto de partida puede ser la determinaci&oacute;n del objeto de conocimiento, y esto requiere, en primera medida, una mirada detenida a la esencia conceptual de la educaci&oacute;n f&iacute;sica, haciendo &eacute;nfasis desde lo filos&oacute;fico y antropol&oacute;gico en la relaci&oacute;n del compuesto sem&aacute;ntico.</p>     <p>As&iacute;, podemos afirmar que en la expresi&oacute;n educaci&oacute;n f&iacute;sica se supera la literalidad del asunto, y el adjetivo denota solo una dimensi&oacute;n del sustantivo sin estropear la &iacute;ndole integral que le corresponde al mismo en su pretendida formaci&oacute;n humana.</p>     <p>Luego, hablar de la educaci&oacute;n f&iacute;sica es hacer referencia a la cuesti&oacute;n educativa sin atenuante alguno; esto, en t&eacute;rminos de la educaci&oacute;n como acci&oacute;n con una finalidad autorrealizativa para el ser humano y bajo las caracter&iacute;sticas de integralidad, apertura, perfecci&oacute;n, intencionalidad, gradualidad y personalizaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En relaci&oacute;n con la f&iacute;sica, tenemos que en lo educativo est&aacute; muy relacionada con la naturaleza humana, que de hecho invita a la operatividad propia del hombre en relaci&oacute;n con lo corporal y cin&eacute;tico, lo cual supera lo material, para ubicarse dentro del devenir, entendido este como una din&aacute;mica que abarca el proceso de ser o el ser como proceso.</p>     <p>Esta din&aacute;mica denota claramente los rasgos elevados de la competencia humana. En primer lugar, admite que la mayor perfecci&oacute;n sobre la tierra le corresponde al hombre, esto en orden a su amplio rango de indigencia; en segunda instancia, observa el car&aacute;cter vitalicio de ese mismo proceso de perfeccionamiento. Todo para, en &uacute;ltimas, llegar al desarrollo de las capacidades superiores de inteligencia y voluntad, y el reconocimiento claro del factor &eacute;tico como el elemento clave de la formaci&oacute;n humana.</p>     <p>M&aacute;s all&aacute;, y para fortuna de la educaci&oacute;n f&iacute;sica, se evidencia una relaci&oacute;n indisoluble entre el cuerpo y la persona. Inicialmente, se verifica la actualizaci&oacute;n de esta en la materializaci&oacute;n som&aacute;tica, se trata de la forma b&aacute;sica de existencia humana. Seguidamente, se muestran los principios personalizantes de singularidad, autonom&iacute;a y apertura, desde las tendencias corporales autoconstructivas y/o en las din&aacute;micas cognoscitivas y comunicativas.</p>     <p>En este orden de ideas, lo corporal, en cuanto cin&eacute;tico y sensorial, adquiere un significado relevante para la educaci&oacute;n f&iacute;sica, pues desde ah&iacute; es posible ver la trascendencia de esta &aacute;rea como elemento fundamentalmente educativo, lo cual indica un nuevo derrotero que se debe seguir en la valoraci&oacute;n cabal de las personas desde su ontolog&iacute;a b&aacute;sica.</p>     <p>As&iacute;, el llamado es a la observaci&oacute;n integral del sujeto humano como cuerpo y m&aacute;s que cuerpo, en esto mismo, la redimensionalidad de la educaci&oacute;n f&iacute;sica, que no puede ser homologada con las otras &aacute;reas del conocimiento, acusando una supuesta &quot;seriedad acad&eacute;mica&quot;.</p>     <blockquote>       <p>&quot;Somos y estamos en nuestro cuerpo desde siempre, hasta que aprendemos a separarnos de &eacute;l. Todo peque&ntilde;o vive en un estado de plenitud hasta que no padece ning&uacute;n control externo o un control autoi mpuesto que lo obliga a objetivar el mundo con categor&iacute;as ordenadoras que se vuelven absolutas, a pesar de su relatividad. El ni&ntilde;o vive llevando el mundo consigo, sin establecer distinciones entre unidad y diversidad, y no por falta de madurez ni por dificultad para diferenciar matices y rasgos, sino por ser uno con el devenir de la naturaleza&quot; (Calvo, 2005, 102).</p> </blockquote>     <p>Finalmente, y cumpliendo con el prop&oacute;sito inicial de este art&iacute;culo, podemos decir que el objeto de conocimiento de la educaci&oacute;n f&iacute;sica viene a ser la persona humana en cuanto corporalidad. Se conserva as&iacute; el respeto en la superaci&oacute;n de la literalidad sem&aacute;ntica; igualmente, hay reconocimiento de lo educativo como proceso de autorrealizaci&oacute;n y se aborda satisfactoriamente la supuesta materialidad de la physis, ubic&aacute;ndola dentro de lo natural y en correspondencia con el devenir humano.</p>     <p>Luego, la educaci&oacute;n f&iacute;sica se constituye como un medio educativo, que tiene en cuenta la totalidad de la corporalidad humana para llevar a cabo su cometido personalizante.</p> <hr size="1">     <p><sup><a name="1" href="#p1">1</a>.</sup> A prop&oacute;sito de estos temas, y a modo de ilustraci&oacute;n, es interesante el recorrido hist&oacute;rico que hace Le Boulch (2001) en la educaci&oacute;n f&iacute;sica para el caso franc&eacute;s. M&aacute;s all&aacute;, sobre la idea y el concepto de educaci&oacute;n f&iacute;sica, junto a su inserci&oacute;n en el &aacute;mbito educativo formal y los sistemas planteados, puede el lector profundizar en Avanzini (1987). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="2" href="#p2">2</a>.</sup> Hoy en Colombia, por ejemplo, se habla de la educaci&oacute;n f&iacute;sica como una pr&aacute;ctica socio-cultural, como una disciplina de conocimiento, como una disciplina pedag&oacute;gica y como un derecho avalado en la carta constitucional (MEN, 2000). Por otro lado, hay referencias a la educaci&oacute;n f&iacute;sica como una ciencia aplicada, cuyo objeto de conocimiento viene a ser la din&aacute;mica corporal como medio de adaptaci&oacute;n biol&oacute;gica y social (Le Boulch, 1997); contrariamente, Parlebas (2001) ve en la educaci&oacute;n f&iacute;sica una pr&aacute;ctica neta que no tiene car&aacute;cter cient&iacute;fico puro, aunque pueda inspirarse en resultados cient&iacute;ficos y suscitar investigaciones.</p>     <p><sup><a name="3" href="#p3">3</a>.</sup> &quot;Los hechos pueden ser &lsquo;hechos brutos&rsquo;&sbquo; o &lsquo;hechos generales&rsquo;. Estos &uacute;ltimos son como &lsquo;complejos de hechos brutos&rsquo;&sbquo;. As&iacute;, por ejemplo, la ca&iacute;da de una manzana de un &aacute;rbol es un hecho bruto que se explica por medio de un hecho general: la gravitaci&oacute;n. Podr&iacute;a decirse, asimismo, que los hechos generales son prolongaciones de los hechos brutos&quot; (Ferrater, 1570-1571). </p>     <p><sup><a name="4" href="#p4">4</a>.</sup> &quot;La versi&oacute;n de cada hombre a los dem&aacute;s no es simplemente una versi&oacute;n as&iacute; en abstracto. Porque no se trata de una versi&oacute;n cualquiera, sino de una versi&oacute;n de convivencia. Yo no estoy vertido &lsquo;a los&rsquo; hombres, sino a&lsquo;estas&rsquo; personas, a &lsquo;estos&rsquo; hombres que me rodean. Si yo estoy vertido hoy a &lsquo;los&rsquo; hombres, lo es por razones que no estaban compartidas hace siete u ocho siglos. Estos hombres que me rodean comprenden hoy a los habitantes del polo, pero no los comprend&iacute;an hace esos siglos. La versi&oacute;n tiene, pues, un car&aacute;cter sumamente concreto: es una versi&oacute;n conviviente&quot; (Zubiri, 2006, 40-41).</p>     <p><sup><a name="5" href="#p5">5</a>.</sup> Con respecto a este tema y en relaci&oacute;n directa con la educaci&oacute;n f&iacute;sica, confr&oacute;ntese Calvo (&hellip;&hellip;.)</p>     <p><sup><a name="6" href="#p6">6</a>.</sup> &quot;Escribi&oacute; Arist&oacute;teles que hay varios sentidos de &lsquo;naturaleza&rsquo;; la generaci&oacute;n de lo que crece; el elemento primero de donde emerge lo que crece; el principio del primer movimiento inmanente en cada uno de los seres naturales en virtud de su propia &iacute;ndole; el elemento primario del que est&aacute; hecho un objeto o del cual proviene; la realidad primaria de las cosas&quot; (Ferrater, 2001, 2501).</p>     <p><sup><a name="7" href="#p7">7</a>.</sup> &quot;Como el tipo de realidad que algo es, es &lsquo;visible&rsquo;, o se supone que es aprensible, por medio de alguna operaci&oacute;n intelectual el eidos es entendido asimismo como la idea de la realidad&quot; (Ferrater, 2001, 980).</p>     <p><sup><a name="8" href="#p8">8</a>.</sup> Como veremos m&aacute;s adelante, esta idea es primordial, ya que desde ella lo som&aacute;tico adquiiere un significado relevante y singular para el hombre en la cuesti&oacute;n existencial y educativa.</p>     <p><sup><a name="9" href="#p9">9</a>.</sup> &quot;&hellip;el t&eacute;rmino apetito natural designa el &uacute;nico principio operativo existente en los seres inertes y en los que pertenecen al primer grado de vida (vida vegetal), o sea, a aquellos seres que simplemente cumplen o ejecutan su movimiento, sin conocer ni el objetivo al que tienden ni su propio tender. Por su parte, el t&eacute;rmino apetito el&iacute;cito designa aquel principio operativo (facultad) que, adem&aacute;s del apetito natural, existe en los seres pertenecientes a los grados superiores de vida (sensitiva animal y humana), es decir, en los seres que protagonizan sus operaciones desde el conocimiento de los objetivos que persiguen y de su propio tender y moverse&quot; (Choza, 1988, 207).</p>     <p><sup><a name="10" href="#p10">10</a>.</sup> Altarejos (1983) ha tomado esta definici&oacute;n de Zubiri y logra relacionarla con el fin &uacute;ltimo del hombre: la felicidad; tambi&eacute;n tarea ineludible del acto educativo.</p>     <p><sup><a name="11" href="#p11">11</a>.</sup> Puede observarse que la referencia se encamina hacia el sentido existencial de lo comunicativo y supera lo ling&uuml;&iacute;stico. &quot;La comunicaci&oacute;n existencial, &uacute;nica e irrepetible, tiene lugar entre seres que son &quot;s&iacute; mismos&quot; y no representan a otros (a comunidades, ideales o cosas). Solo en tal comunicaci&oacute;n &quot;el s&iacute; mismo existe para el otro s&iacute;-mismo en mutua creaci&oacute;n&quot; (Ferrater, 2001, 612).</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>     <!-- ref --><p>1. Altarejos, Francisco (1983). Educaci&oacute;n y felicidad. Pamplona, Universidad de Navarra.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0123-1294200700020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Avanzini, Guy (1987). La pedagog&iacute;a en el siglo XX. Madrid, Narcea.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0123-1294200700020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Arregui, Jorge, y Choza, Jacinto (2002). Filosof&iacute;a del hombre, una antropolog&iacute;a de la intimidad. Madrid, Rialp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0123-1294200700020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Barrio, Jos&eacute; Mar&iacute;a (2000). Elementos de antropolog&iacute;a pedag&oacute;gica. Madrid, Rialp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0123-1294200700020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Cajigal, Jos&eacute; Mar&iacute;a (1979). Cultura intelectual y cultura f&iacute;sica. Buenos Aires, Kapeluz.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0123-1294200700020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Calvo Mu&ntilde;oz, Carlos (2005). &quot;Entre la educaci&oacute;n corporal ca&oacute;tica y la escolarizaci&oacute;n corporal ordenada&quot;. Madrid, OIE. En Revista Iberoamericana de Educaci&oacute;n (OIE), pp. 91-105.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0123-1294200700020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Cajamarca Rey, Carlos E. (1995). Aprender a educarse, a ser y a obrar. Bogot&aacute;, G&eacute;minis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0123-1294200700020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Cecchini Estrada, Jos&eacute; (1996). &quot;Personalizaci&oacute;n en la educaci&oacute;n f&iacute;sica&quot;. Tratado de educaci&oacute;n personalizada, tomo 19. Madrid, Rialp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0123-1294200700020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Choza, Jacinto (1988). Manual de antropolog&iacute;a filos&oacute;fica. Madrid, Rialp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0123-1294200700020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Ferrater Mora, Jos&eacute; (2001). Diccionario de filosof&iacute;a. Barcelona (Espa&ntilde;a), Ariel.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0123-1294200700020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Garc&iacute;a Hoz, V&iacute;ctor (1988). Educaci&oacute;n personalizada. Madrid, Rialp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0123-1294200700020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Le Boulch, Jean (2001). El cuerpo en la escuela en el siglo XXI. Barcelona, INDE.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0123-1294200700020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Le Boulch, Jean (1997). El movimiento en la formaci&oacute;n de la persona. Barcelona, Paidotribo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0123-1294200700020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Maturana, Humberto (1996). El sentido de lo humano. Santiago de Chile, Dolmen.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0123-1294200700020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. MEN (2000). Educaci&oacute;n f&iacute;sica, recreaci&oacute;n y deportes: lineamientos curriculares. 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Pamplona, Eunsa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0123-1294200700020001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Zubiri, Xavier (2006). Tres dimensiones del ser humano: individual, social, hist&oacute;rica. Madrid, Alianza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0123-1294200700020001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>    <br> Fecha de Recepci&oacute;n: 12-IX-2007    <br>   Fecha de Arbitraje: 12-IX-2007 </p> </font>      ]]></body><back>
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