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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El aporte cultural y educativo de la Baja Edad Media]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper explains why the Low Middle Ages was a period for the consolidation educational institutions and study centers and for the rise of different means of propagation of culture. It also shows the historical process by which manuscripts, codices, volumes, books, embossments, illustrations and libraries threw a light into the Low Middle Ages and projected it into the Renaissance, the modern world and the contemporary world.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El aporte cultural y educativo de la Baja Edad Media</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b> The cultural and educational contribution of the Low Middle Ages</b></font></p>     <p align="right">Ensayos</p>     <p><b>Clara Tamayo de Serrano<sup>1</sup></b></p>     <p><sup>1</sup>Mag&iacute;ster en Educaci&oacute;n, Universidad de La Sabana, Colombia. Doctora en Historia del Arte, International Philo Byzantine Academy and University. Miembro de la Academia Boyacense de Historia, Colombia. <a href="mailto:clara.serrano@unisabana.edu.co">clara.serrano@unisabana.edu.co</a></p> <hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Este trabajo permite conocer por qu&eacute; la Baja Edad Media fue un periodo de consolidaci&oacute;n de varias de las instituciones educativas, de centros de estudio y del surgimiento de diferentes medios para la difusi&oacute;n de la cultura. Tambi&eacute;n se muestra el proceso hist&oacute;rico mediante el cual, a trav&eacute;s de los manuscritos, los c&oacute;dices, los vol&uacute;menes, los libros, los relieves, las ilustraciones y las bibliotecas, hubo en la Baja Edad Media una luz, que se ha proyectado al Renacimiento, al mundo moderno y al contempor&aacute;neo.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> historia de la educaci&oacute;n, Baja Edad Media, instituciones educativas, Universidad, Historia.</p> <hr size="1"&nbsp; />     <p><b>Abstract</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>This paper explains why the Low Middle Ages was a period for the consolidation educational institutions and study centers and for the rise of different means of propagation of culture. It also shows the historical process by which manuscripts, codices, volumes, books, embossments, illustrations and libraries threw a light into the Low Middle Ages and projected it into the Renaissance, the modern world and the contemporary world.</p>     <p><b>Key words:</b> history of education, Low Middle Ages, educational institutions, university, history.</p> <hr size="1"&nbsp; />     <p><b>1. Introducci&oacute;n</b></p>     <p>El estudio de la historia es fundamental para comprender la evoluci&oacute;n de las ideas, las artes y las letras. Y la comprensi&oacute;n de la historia se puede considerar como una gu&iacute;a, es como encontrar una br&uacute;jula para navegar en el mar de informaci&oacute;n y conocimientos en la cultura actual.</p>     <p>Los artistas, los escritores, los compositores y los diferentes art&iacute;fices en general, a trav&eacute;s de sus obras, crean signos significativos y establecen relaciones entre estos signos, especialmente cuando expresan la forma de pensar y de sentir de un grupo humano o de un pueblo. En una &eacute;poca como la actual, en una sociedad eminentemente dial&oacute;gica, es importante proponer un estudio del proceso que se desarroll&oacute; en la cultura antes de la imprenta, cuando hubo un aporte muy importante, aunque no tuvieran muchos de los recursos posteriores, y, sin embargo, se alcanzaron grandes logros que constituyeron el origen de varios factores claves en el desarrollo cultural de Occidente.</p>     <p>Adem&aacute;s, en esta lectura se puede seguir el camino en el que se encuentra una referencia al origen de la escritura, de los libros, de las bibliotecas y de una serie de factores que han contribuido a facilitar los procesos educativos y a aprovechar los grandes avances contempor&aacute;neos.</p>     <p><b>2. Referencia hist&oacute;rica</b></p>     <p>Los estudios hist&oacute;ricos sobre la Baja Edad Media permiten conocer la importancia de un incipiente &quot;renacimiento&quot; entre los siglos X y XIII, cuando hubo una renovaci&oacute;n del pensamiento y la sensibilidad, y se estableci&oacute; la reflexi&oacute;n basada en la argumentaci&oacute;n y la raz&oacute;n l&oacute;gica.</p>     <p>A trav&eacute;s de la historia siempre se ha encontrado un inter&eacute;s de los pueblos por difundir su pensamiento y dejar un testimonio de la manera como solucionaron sus necesidades y alcanzaron su desarrollo. Asimismo, las creaciones, obras y productos de cada sociedad han permitido establecer un di&aacute;logo entre una cultura y otra, y construir puentes de comunicaci&oacute;n entre todos los seres humanos. La necesidad de comunicarse sirvi&oacute; para crear diferentes codificaciones expresivas, que se manifestaron especialmente en la literatura, el arte y la arquitectura.</p>     <p>Fue en los monasterios y abad&iacute;as fundados en estos siglos, localizados en diferentes lugares de Europa, donde especialmente se realizaron actividades relacionadas con la preservaci&oacute;n, mantenimiento y difusi&oacute;n de diferentes manifestaciones de la cultura medieval.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Adem&aacute;s, se crearon las escuelas episcopales, que m&aacute;s tarde dieron origen a las escuelas laicas y a las universidades. Se organizaron las bibliotecas de manuscritos, se copiaron libros de las culturas cl&aacute;sicas y se tradujeron obras griegas y &aacute;rabes al lat&iacute;n.</p>     <p>Tambi&eacute;n se realiz&oacute; este mismo proceso a trav&eacute;s de la poes&iacute;a y los textos de los juglares, transcritos a lenguas modernas para ponerlos al alcance de varias personas; con ellos se ha podido conocer el desarrollo de la cultura en esa &eacute;poca.</p>     <p>El historiador sacerdote jesuita Gregorio Arango dice que la Edad Media es la edad de la plenitud, porque hubo un gran adelanto en la cultura y en la civilizaci&oacute;n; nacieron muchas de las ciudades europeas y se fundaron las m&aacute;s famosas universidades, o &quot;los templos del saber&quot;<sup><a href="#1" name="p1">1</a></sup>.</p>     <p>El a&ntilde;o 1000 aparece en la historia como una brillante aurora de esperanza; hubo gran desarrollo en todos los aspectos y, en general, sobresale un inter&eacute;s por mejorar las condiciones de vida y en realizar una renovaci&oacute;n intelectual y espiritual; sin embargo, solamente un peque&ntilde;o grupo de personas se dedicaba a las actividades art&iacute;sticas o intelectuales.</p>     <p>Entre los siglos X y XIII se conform&oacute; lo que ser&iacute;a la sociedad feudal y los valores de car&aacute;cter m&aacute;s humanista, expresados en cualidades como fortaleza de &aacute;nimo, perseverancia, moderaci&oacute;n, dominio de s&iacute; mismo y desprecio del peligro, del dolor y de la muerte. Se ense&ntilde;aba que las virtudes fundamentales para la vida eran la fe, el valor y la ciega lealtad al igual o al superior. Para quienes no respetaban estos principios, los castigos eran el aislamiento y el rechazo; la derrota se decid&iacute;a en el campo de batalla o en los eventos o torneos. A los vencedores se les conced&iacute;a el reconocimiento de Honor y Bravura<sup><a href="#2" name="p2">2</a></sup>.</p>     <p>Tambi&eacute;n fue muy importante, en esta &eacute;poca, la creaci&oacute;n de las &oacute;rdenes de caballer&iacute;a &quot;... para ponerlas al servicio de las grandes empresas de la fe&quot;. Dice Mart&iacute;n Riquer que el caballero deb&iacute;a ser el prototipo del hombre perfecto: vigoroso y diestro en las armas, justo y piadoso. En esta &eacute;poca se exaltaba un concepto heroico de la vida y de los valores espirituales e individuales, manifiestos en la cortes&iacute;a y la caballerosidad<sup><a href="#3" name="p3">3</a></sup>.</p>     <p>Para el soci&oacute;logo e historiador Alfred Weber, en el acto de ser armado caballero, se hac&iacute;a una consagraci&oacute;n religiosa y se asum&iacute;a el deber de tener una determinada actitud espiritual. Adem&aacute;s, al &quot;vestir las armas y ce&ntilde;ir la espada&quot; eran impuestos diferentes deberes: c&oacute;mo llegar hasta el sacrificio en aras de los supremos bienes, prestar protecci&oacute;n a los desvalidos y a los d&eacute;biles, tener un esp&iacute;ritu de servicio, una magnanimidad generosa y una veracidad absoluta. El caballero deb&iacute;a ser un nuevo modelo de cristiano; su principal tarea era luchar por Dios y la cristiandad<sup><a href="#4" name="p4">4</a></sup>.</p>     <p>Otro acontecimiento importante de la Edad Media fue promovido por el papa Urbano II para rescatar los lugares santos de manos del Islam, las Cruzadas, una llamada a las armas en la que &quot;Dios ser&iacute;a su gu&iacute;a; la cruz blanca, su s&iacute;mbolo, y su grito de guerra: &iexcl;Dios lo quiere! (Deus le volt)&quot;. Estas fueron peregrinaciones colectivas hacia Tierra Santa. La narrativa hagiogr&aacute;fica y las Cruzadas proporcionaron un material de gran valor para los historiadores y para los cronistas que han estudiado estas expediciones y a quienes las acompa&ntilde;aron.</p>     <p>Uno de los relatos m&aacute;s importantes sobre las Cruzadas es el de la princesa griega Ana Comnena<sup><a href="#5" name="p5">5</a></sup>, cronista de la &eacute;poca, quien escribi&oacute; un relato muy interesante en el que se refiere a c&oacute;mo todo el Occidente, desde m&aacute;s all&aacute; del Adri&aacute;tico hasta las columnas de H&eacute;rcules, se marchaba en una sola columna a trav&eacute;s de Europa con rumbo al Asia y llevaban consigo familias enteras.</p>     <p>Dice el fil&oacute;logo e historiador Dietrich Schwanitz que en el transcurso de doscientos a&ntilde;os tuvieron lugar seis cruzadas que promovieron la creaci&oacute;n de distintas &oacute;rdenes militares, como los caballeros del Temple, los caballeros de la Orden de San Juan y la Orden Teut&oacute;nica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el a&ntilde;o 1119 el caballero Hugo de Payns organiz&oacute; un cuerpo militar para proteger las rutas y los acantonamientos en los caminos hacia Oriente. M&aacute;s tarde, uno de estos grupos constituy&oacute; la orden de los Caballeros Templarios, nombre tomado de la fortaleza situada en el emplazamiento al lado del templo de Salom&oacute;n, en Jerusal&eacute;n. Los Templarios construyeron al sur de Haifa un recinto fortificado para acoger a los peregrinos.</p>     <p>Una consecuencia importante de las Cruzadas fue el conocimiento, en Occidente, de la cultura de los &aacute;rabes, su pensamiento y su erudici&oacute;n. Adem&aacute;s, aprendieron los europeos varios procedimientos industriales y manufacturas, por ejemplo el uso del algod&oacute;n, la elaboraci&oacute;n de telas de algod&oacute;n, batistas, muselinas y brocados; el cultivo de otros productos agr&iacute;colas, como el algarrobo y el s&eacute;samo. Tambi&eacute;n se conocieron unos animales diferentes, que estimularon la imaginaci&oacute;n de los autores para concebir cuentos y f&aacute;bulas.</p>     <p>En esta &eacute;poca, en los siglos X, XI y XII, la escritura se convirti&oacute; en &quot;un instrumento de poder&quot;; proliferaron diferentes documentos pol&iacute;ticos, hist&oacute;ricos y administrativos, que daban fe de la vida administrativa y privada.</p>     <p>Sin embargo, desde la antig&uuml;edad cl&aacute;sica y en la Edad Media, especialmente, se consideraba la memoria como un arte que deb&iacute;a cultivarse. Los ret&oacute;ricos, los oradores, los fil&oacute;sofos y los cient&iacute;ficos europeos se preocuparon por conocer la nemotecnia. Y se consider&oacute; la memoria como &quot;la madre de la sabidur&iacute;a y el erario y el guardi&aacute;n de todas las cosas&quot;.</p>     <p>Antes de la difusi&oacute;n de la cultura a trav&eacute;s de la imprenta, fue el apogeo de la memoria para la preservaci&oacute;n y difusi&oacute;n de la cultura. Dice Daniel Boorstin que: &quot;Todo el mundo precisaba del arte de la memoria, que, al igual que las dem&aacute;s artes, pod&iacute;a cultivarse. La capacidad memor&iacute;stica pod&iacute;a perfeccionarse, y se admiraba a los virtuosos que ten&iacute;an una memoria altamente desarrollada&quot;<sup><a href="#6" name="p6">6</a></sup>.</p>     <p>Muchas obras importantes fueron transmitidas por tradici&oacute;n oral; se representaron y se conservaron mediante las artes de la memoria. Sin embargo, los libros manuscritos fueron tambi&eacute;n de gran ayuda y sirvieron especialmente para mantener, recopilar, citar y fundamentar diferentes conocimientos mediante el pensamiento de los maestros de la cultura grecolatina<sup><a href="#7" name="p7">7</a>, <a href="#8" name="p8">8</a></sup>.</p>     <p><b>3. Manuscritos, c&oacute;dices, miniaturas y arte</b></p>     <p>Los historiadores dicen que en la Edad Media las abad&iacute;as y los monasterios eran focos de ense&ntilde;anza y educaci&oacute;n; se consideraban como &quot;... verdaderos crisoles donde se fraguaban las ideas&quot;. All&iacute; los manuscritos eran guardados en unos lugares especiales que se convirtieron en las primeras bibliotecas medievales. De igual manera, hab&iacute;a talleres donde trabajaban en comunidad monjes miniaturistas y copistas.</p>     <p>En estos lugares hab&iacute;a atriles para los c&oacute;dices que se estaban copiando, mesas para cada uno de los copistas, para los rubricantes y para el estudio de los libros. En cada una de las mesas ten&iacute;an todo lo necesario para ilustrar y copiar: cuencos con tinta, plumas finas, piedra p&oacute;mez para alisar los pergaminos y tintas de oro y de colores para acabados especiales. En Francia, el monasterio de Saint Marial de Limonges tuvo un importante taller de copistas y miniaturistas.</p>     <p>El a&ntilde;o 910 marc&oacute; el inicio de reformas importantes en la vida religiosa, pol&iacute;tica, intelectual, econ&oacute;mica y art&iacute;stica. Hubo una especial preocupaci&oacute;n por usar las formas m&aacute;s correctas de las lenguas cl&aacute;sicas. El lat&iacute;n se impuso y fue especialmente el veh&iacute;culo de expresi&oacute;n de cl&eacute;rigos, intelectuales y estudiantes. Adem&aacute;s, una serie de poetas escribieron sus obras en lengua latina.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Dice Daniel J. Boorstin que el lat&iacute;n mantuvo unida a la comunidad erudita de la Iglesia, las universidades y lectores de la Edad Media. Esta fue la lengua que permiti&oacute; la existencia de un sistema universitario europeo &uacute;nico en sentido ling&uuml;&iacute;stico. Profesores y alumnos pod&iacute;an ir de Bolonia a Heidelberg, de Heidelberg a Praga y de Praga a Par&iacute;s y encontrarse en las aulas como en casa. &quot;Muchos estudiantes se trasladaban de una comunidad docta a otra, sin ninguna dificultad para comunicarse a pesar de las diferentes lenguas. El continente europeo ten&iacute;a una &uacute;nica lengua para el saber&quot;<sup><a href="#9" name="p9">9</a></sup>.</p>     <p>El lat&iacute;n medieval se adapt&oacute; a las necesidades de la vida cotidiana y conform&oacute; el pensamiento de los hombres cultos e ilustrados de la &eacute;poca. Los religiosos especialmente se preocuparon por conocer y adaptar la sabidur&iacute;a antigua para convertirla en un instrumento de apolog&eacute;tica y apostolado.</p>     <p>La Iglesia favoreci&oacute; la supervivencia del lat&iacute;n como idioma oficial, sin embargo, fomentaba la pr&aacute;ctica de la lengua vulgar en el apostolado, consciente de los progresivos avances de las lenguas romances.</p>     <p>En el siglo X se fund&oacute; la orden benedictina de Cluny, cerca de Lyon. En esta abad&iacute;a se hicieron excelentes trabajos; los copistas cluniacenses fueron reconocidos por sus manuscritos, aquellos pergaminos con miniaturas e iluminaciones en muchos colores, exquisitamente ilustrados con figuras, flores y arabescos de gran delicadeza. Algunos de estos dise&ntilde;os sirvieron de inspiraci&oacute;n para decorar los techos y paredes de algunas iglesias, como la de Santa Mar&iacute;a V&eacute;zelay y la iglesia de Cluny, en Francia.</p>     <p>San Bernardo, (1090-1153), un te&oacute;logo contemplativo y escritor m&iacute;stico especialmente devoto de la Sant&iacute;sima Virgen, comentaba a sus disc&iacute;pulos que no conoc&iacute;a mejores maestros de pensamiento que los &aacute;rboles de los bosques: manifestaba que &quot;se piensa en la contemplaci&oacute;n de la naturaleza&quot;. Y en el siglo XII, el abad de Cluny, Pedro el Venerable o Pedro de Montboissier (1092-1156), dec&iacute;a que descansaba cuando escrib&iacute;a poemas. Se conservan m&aacute;s de cien cartas suyas de gran inter&eacute;s hist&oacute;rico.</p>     <p>Fueron muy sobresalientes las ilustraciones que se hicieron en los manuscritos cuando estos se organizaron en forma de c&oacute;dices; estos se iluminaban con miniaturas: follaje, &aacute;rboles esbeltos, p&aacute;jaros, o elementos arquitect&oacute;nicos tomados del mundo cl&aacute;sico.</p>     <p>M&aacute;s tarde, para reproducir estas iluminaciones o ilustraciones en otros manuscritos, los artesanos usaron peque&ntilde;os troqueles. Se inspiraron en las planchas de madera utilizadas para estampar el lino y la seda. Tambi&eacute;n, hicieron reproducciones de los textos manuscritos, porque consideraban de gran importancia que se refirieran y se conservaran los grandes acontecimientos de la &eacute;poca y los hechos que, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, suced&iacute;an en el monasterio o en la comarca.</p>     <p>Hubo una especial preocupaci&oacute;n por ense&ntilde;ar a leer y escribir y la cera fue un material muy &uacute;til. Se us&oacute; para que las nodrizas ense&ntilde;aran a los ni&ntilde;os a despertar el ingenio. Tambi&eacute;n, en las escuelas, se usaron tablillas de madera con una capa de cera para aprender a leer y escribir<sup><a href="#10" name="p10">10</a></sup>.</p>     <p>En el siglo XII, los &aacute;rabes llevaron la t&eacute;cnica de la fabricaci&oacute;n del papel a la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica. Hacia 1150 hubo molinos de papel en J&aacute;tiva abastecidos con los linares de Valencia. Tambi&eacute;n hubo molinos papeleros en Catalu&ntilde;a. R&aacute;pidamente, la fabricaci&oacute;n de papel se extendi&oacute; a Italia y Francia, posteriormente a Alemania; sin embargo, la industria del papel, como tal, comenz&oacute; a desarrollarse en Europa a ra&iacute;z de la invenci&oacute;n de la imprenta en el siglo XV<sup><a href="#11" name="p11">11</a></sup>.</p>     <p>Hasta la aparici&oacute;n de la imprenta de Johannes Gutenberg (1400-1468), hacia 1450 d. C., los libros estaban reservados a muy pocas personas, aunque en las universidades, los alumnos segu&iacute;an las explicaciones de los profesores en unos libros manuscritos y pod&iacute;an consultar c&oacute;dices en las bibliotecas<sup><a href="#12" name="p12">12</a></sup>. Poco a poco fue aumentando la solicitud de los libros y la imprenta favoreci&oacute; para la soluci&oacute;n de la constante demanda.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuando se interrumpi&oacute; el comercio entre Europa y Egipto, no era f&aacute;cil conseguir papiros o pergaminos porque eran muy costosos y muy dif&iacute;ciles de preparar, por lo que algunos amanuenses prefirieron adquirir manuscritos y libros viejos para raspar la tinta y reutilizarlos. Otros usaron diferentes materiales, como los libros que se hicieron sobre el reda&ntilde;o, una membrana que cubre el peritoneo del elefante, o en hojas de malvas y de palmeras.</p>     <p>Se encontraron documentos medievales escritos en corteza de abedul, &aacute;rbol de madera blanca, de las zonas templadas y fr&iacute;as de Europa.</p>     <p>Posteriormente, tambi&eacute;n se hizo papel de la membrana de otros &aacute;rboles, que se encuentra entre la corteza y la madera. A esta membrana se le llam&oacute; &quot;liber&quot;, una palabra latina de donde viene el t&eacute;rmino libro. A los copistas o amanuenses tambi&eacute;n se les llam&oacute; librarios, especialmente al jefe del &quot;escritorio&quot;, quien distribu&iacute;a los manuscritos entre los amanuenses.</p>     <p>Los libros manuscritos eran en forma de rollos, las p&aacute;ginas se pegaban y se enrollaban formando un &quot;volumen&quot;. Para leerlos el sistema era poco pr&aacute;ctico y se encuadernaron las hojas en un c&oacute;dice hecho de tablillas atadas, similar a los libros actuales, porque era mucho m&aacute;s pr&aacute;ctico y se pod&iacute;a leer cada hoja por ambos lados. Para fabricar un c&oacute;dice<sup><a href="#13" name="p13">13</a></sup> solamente se doblaban las hojas y se coc&iacute;an. Este modelo fue el que se us&oacute;, m&aacute;s tarde, para hacer los libros impresos. Con este nuevo formato, a partir del siglo XII se incluyeron, adem&aacute;s, tablas, t&iacute;tulos de p&aacute;ginas y unos &iacute;ndices rudimentarios, que facilitaron, posteriormente, la referencia a las fuentes escritas.</p>     <p>Desde el esplendor de las culturas cl&aacute;sicas, especialmente en Roma, los poetas le&iacute;an p&uacute;blicamente o en privado sus escritos y varias veces los llevaron a los editores para convertirlos en textos. Estos libros al principio fueron en forma de rollos de papiros escritos en columnas, y para facilitar la lectura se opt&oacute; por el formato de los c&oacute;dices.</p>     <p>Los romanos tambi&eacute;n tuvieron otros soportes para escribir, como el pergamino, pieles curtidas de ovejas o de cabras, o la vitela de la piel de una ternera. Dice Manuel V&aacute;squez Montalb&aacute;n que &quot;el papel tard&oacute; en llegar a Europa, aunque hay evidencias de que China dispon&iacute;a de &eacute;l en el a&ntilde;o 105 de nuestra era, cuando Tse ai Lun comunic&oacute; al emperador que dispon&iacute;a de un nuevo material sobre el que era una delicia escribir&quot;<sup><a href="#14" name="p14">14</a></sup>.</p>     <p>Tambi&eacute;n en Roma crearon el &aacute;lbum, unos muros blanqueados a la cal, divididos en rect&aacute;ngulos iguales, situados en las plazas p&uacute;blicas.</p>     <p>Para quienes se atrevieron a escribir all&iacute; sin autorizaci&oacute;n tuvieron sanciones dr&aacute;sticas. En las excavaciones en el territorio romano se encontr&oacute; un &aacute;lbum en las ruinas de Pompeya en la calle de los Orfebres. Lo describe Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n como un muro que consta de 23 rect&aacute;ngulos para los anuncios del teatro y la propaganda ilustrada, con la imagen de los actores en colores para atraer al p&uacute;blico<sup><a href="#15" name="p15">15</a></sup>.</p>     <p>Adem&aacute;s, en el mundo cl&aacute;sico, era importante el control de las noticias de cada d&iacute;a y el control de la historia inmediata, la cr&oacute;nica que almacenaba informaciones e interpretaciones del poder. En Roma, en el Imperio, se redactaban los Annali massimi, donde constaban los hechos controlados y los que posteriormente pasaban a ser guardados en un archivo. Cada ciudad del Imperio imitaba el ejemplo de la metr&oacute;poli. Tambi&eacute;n ensayaron los romanos la informaci&oacute;n de lo cotidiano mediante las actas diurna urbana, un diario de lo que acontec&iacute;a en la comunidad urbana, escrito cada d&iacute;a, fijado en lugares p&uacute;blicos y transmitido entre el patriarcado mediante copias manuscritas.</p>     <p>Ya en la Edad Media, no solamente se conservaron varias de estas costumbres, sino que apareci&oacute; una de las obras m&aacute;s importantes, el libro de Las etimolog&iacute;as de san Isidoro de Sevilla (560-636), una gran enciclopedia donde se encontraban reunidos, ordenados y sistematizados diferentes conocimientos. En veinte libros, san Isidoro, obispo, fil&oacute;sofo e historiador, realiz&oacute; una amplia labor de recopilaci&oacute;n que se convirti&oacute; en un texto obligatorio en las escuelas medievales, y posteriormente para todos los estudiosos de esta &eacute;poca hist&oacute;rica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entre los benedictinos se consideraba un deber copiar y leer los libros. Estos eran como un instrumento para proteger y ampliar las obras literarias conservadas en las bibliotecas. San Luis, rey de Francia (Luis IX, 1214-1270), dec&iacute;a que &quot;era mejor transcribir un libro que comprar el original, porque as&iacute; se contribu&iacute;a a conocer y difundir la fe cristiana&quot;.</p>     <p>San Benito (480-547), el fundador del monasterio de Montecasino, en Italia<sup><a href="#16" name="p16">16</a></sup>, fue considerado el santo patr&oacute;n de los libros manuscritos, porque decret&oacute; que la lectura fuera una parte esencial en la cotidianidad de la vida mon&aacute;stica. En los monasterios la regla de san Benito prescrib&iacute;a tanto el trabajo manual como el intelectual<sup><a href="#17" name="p17">17</a></sup>. Esta regla fue aceptada por diferentes monasterios y abad&iacute;as, y se viv&iacute;a estrictamente.</p>     <p>M&aacute;s tarde, Carlomagno (742-814), rey de los francos y emperador de Occidente, fue el principal promotor y protector de la cultura de los libros; adem&aacute;s, en la Escuela Palatina<sup><a href="#18" name="p18">18</a></sup> promovi&oacute; una reforma de la lengua latina y del alfabeto romano.</p>     <p>Tambi&eacute;n en la Edad Media para las personas analfabetas las pinturas, los vitrales y los relieves se fueron convirtiendo en una forma de escribir en im&aacute;genes, como sostiene Hans Ernst Gombrich. Uno de los mejores ejemplos de esta narraci&oacute;n son los relieves sobre textos sagrados, en madera policromada, que est&aacute;n en los costados del presbiterio principal de la catedral de Nuestra Se&ntilde;ora de Par&iacute;s.</p>     <p>Indudablemente una de las m&aacute;s bellas obras de la Edad Media son los vitrales<sup><a href="#19" name="p19">19</a></sup> que se hicieron para los vanos de las catedrales. Los art&iacute;fices combinaban los vidrios multicolores para reproducir historias inspiradas en la Biblia o en la vida de los santos. Una de las principales es la &quot;Sainte Chapelle&quot; de Par&iacute;s, construida por el rey Luis IX para recibir las reliquias sagradas de la Cruz, la Corona de Espinas y un fragmento del crucifijo que hab&iacute;an sido tra&iacute;dos desde Constantinopla.</p>     <p>Por ejemplo, a la entrada de la catedral de Chartres, en el p&oacute;rtico de la Virgen, los relieves son la personificaci&oacute;n de las siete artes liberales. Dice William Fleming que estos relieves serv&iacute;an para recordarles a los fieles que &quot;... la fe necesitaba ser iluminada por la raz&oacute;n y el conocimiento. La arquitectura ten&iacute;a que ser un tipo de l&oacute;gica en piedra; las vidrieras, enciclop&eacute;dicas en su extensi&oacute;n, y la m&uacute;sica una forma de matem&aacute;ticas en sonido&quot;<sup><a href="#20" name="p20">20</a></sup>. Se consideraba a la Sant&iacute;sima Virgen como la patrona de las artes liberales, y por eso los relieves de la catedral fueron como &quot;una enciclopedia visual&quot;; se aprecian en los t&iacute;mpanos y en los frisos tanto interiores como exteriores.</p>     <p>Dice Johannes Pedersen que las im&aacute;genes de la Europa medieval &quot;ofrec&iacute;an una sintaxis sin palabras a la que el lector a&ntilde;ad&iacute;a silenciosamente una narraci&oacute;n&quot;<sup><a href="#21" name="p21">21</a></sup>.</p>     <p>Para los temas profanos se hicieron representaciones escenogr&aacute;ficas en las paredes de los castillos; algunas veces estas pinturas se inspiraron en las novelas de caballer&iacute;a, en los relatos legendarios, en la cacer&iacute;a, en la pesca o en la naturaleza. Tambi&eacute;n, se decoraron las paredes con tapices o gobelinos sobre los mismos temas.</p>     <p><b>4. Las bibliotecas antes de la imprenta</b></p>     <p>Para ratificar la importancia de las bibliotecas en la difusi&oacute;n de la cultura en la Baja Edad Media, es muy interesante conocer su historia desde sus or&iacute;genes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se sabe que en las diferentes culturas de la antig&uuml;edad ya hubo bibliotecas; su origen estuvo en Mesopotamia en los &quot;archivos de las tablillas de arcilla&quot; que se han encontrado en las excavaciones, en Ur, en N&iacute;nive o en Babilonia.</p>     <p>En las excavaciones realizadas cerca del palacio de N&iacute;nive, Austen Henry Layard, el pol&iacute;tico y asiri&oacute;logo brit&aacute;nico, encontr&oacute; en 1850 una colecci&oacute;n de tablas de arcilla escritas con caracteres cuneiformes, pertenecientes al rey asirio Asurbanipal, quien sobresali&oacute; porque mand&oacute; copiar, traducir y clasificar los principales tesoros de la literatura asiria y babil&oacute;nica.</p>     <p>All&iacute; en Mesopotamia se pint&oacute;, se tall&oacute; la piedra, o se hicieron tablillas de arcilla que se coc&iacute;an al horno para que adquirieran dureza y posteriormente pudieran ser archivadas o se pudieran intercambiar, como ocurri&oacute; entre babilonios y egipcios. Otras veces se us&oacute; no solo la arcilla, la piedra, sino el bronce o el cobre.</p>     <p>En Egipto se emple&oacute; el papiro, que se hac&iacute;a de los tallos de una planta que crec&iacute;a abundante a orillas del r&iacute;o Nilo. Se sacaba la m&eacute;dula de las ca&ntilde;as, porque se pod&iacute;a prensar y laminar. El papiro es ligero y se puede almacenar f&aacute;cilmente en un clima des&eacute;rtico. Se difundi&oacute; su uso porque conservaba los grabados durante mucho tiempo. Los escribas tuvieron para escribir una ca&ntilde;a afilada y como tinta una soluci&oacute;n de holl&iacute;n, goma y &aacute;cido, para darle fijaci&oacute;n sobre el papiro. Dicen los historiadores que en el a&ntilde;o 2400 a. C. el imperio egipcio ten&iacute;a organizado un sistema de correos al servicio del rey, de los pr&iacute;ncipes y de los gobernadores.</p>     <p>Las bibliotecas en este pa&iacute;s estaban en los templos y en los palacios, porque se consideraba que estos lugares acumulaban tesoros, tradiciones y recuerdos que constitu&iacute;an la historia del pueblo egipcio. All&iacute; se encontraron los papiros y los relieves que se han llamado El libro de las puertas<sup><a href="#22" name="p22">22</a></sup> y varios documentos como los que estaban en las salas de los libros, en la ciudad de Tebas, donde los templos se convirtieron en verdaderos centros de actividad literaria.</p>     <p>Durante el reinado de Tolomeo II Filadelfo (309-246) se mand&oacute; construir el Museion, un edificio de gran tama&ntilde;o con un espacio exclusivo para una biblioteca y varias salas y habitaciones para los escribas y los artistas que ten&iacute;an a su cargo la preparaci&oacute;n de los c&oacute;dices y la conformaci&oacute;n de los rollos de papiros.</p>     <p>Durante el reinado de Tolomeo II Filadelfo (309-246) se mand&oacute; construir el Museion, un edificio de gran tama&ntilde;o con un espacio exclusivo para una biblioteca y varias salas y habitaciones para los escribas y los artistas que ten&iacute;an a su cargo la preparaci&oacute;n de los c&oacute;dices y la conformaci&oacute;n de los rollos de papiros<sup><a href="#23" name="p23">23</a></sup>.</p>     <p>En Grecia, en el siglo V, el tirano Pis&iacute;strato (600-527 a. C.) favoreci&oacute; las ciencias y las artes, mand&oacute; construir el teatro de Epidauro para la representaci&oacute;n de las obras dram&aacute;ticas y fund&oacute; una biblioteca donde reuni&oacute; las obras de la &eacute;poca hom&eacute;rica; fue la primera biblioteca que se abri&oacute; al p&uacute;blico en Atenas. Adem&aacute;s, este gobernante dispuso la recopilaci&oacute;n de los cantos de Homero, una empresa que permiti&oacute; tener el primer ejemplar completo que se conoce de la Il&iacute;ada y la Odisea.</p>     <p>M&aacute;s tarde, Eutidemo<sup><a href="#24" name="p24">24</a></sup>, sofista natural de Qu&iacute;o, contempor&aacute;neo de S&oacute;crates, hizo una compilaci&oacute;n de diferentes obras de poetas y oradores c&eacute;lebres, entre las que se encontraban todos los poemas de Homero y varias obras de los fil&oacute;sofos y m&eacute;dicos m&aacute;s renombrados.</p>     <p>Las bibliotecas helen&iacute;sticas fueron colecciones de libros de las escuelas cient&iacute;fico-filos&oacute;ficas, reservadas a un n&uacute;mero restringido de maestros y disc&iacute;pulos, aunque tambi&eacute;n hubo algunas bibliotecas p&uacute;blicas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No obstante, una de las bibliotecas m&aacute;s importantes fue la de Arist&oacute;teles<sup><a href="#25" name="p25">25</a></sup>; una colecci&oacute;n de libros ordenados de tal manera que constituyen un ejemplo para ordenar una biblioteca cient&iacute;fica. No hay mucha informaci&oacute;n sobre ella; sin embargo, se sabe que Teofrasto (372-287 a. C.), fil&oacute;sofo griego que frecuentaba la Escuela de Plat&oacute;n y el Liceo de Arist&oacute;teles, sucedi&oacute; al estagirita en la Escuela y en la posesi&oacute;n de la biblioteca durante 31 a&ntilde;os.</p>     <p>A la muerte de Teofrasto recibi&oacute; la biblioteca uno de sus disc&iacute;pulos, Neleo de Scepsis, quien la hered&oacute; a sus familiares y estos se la vendieron a Tolomeo Filadelfo. All&iacute; la compr&oacute; Apelic&oacute;n de Teos, fil&oacute;sofo griego, peripat&eacute;tico y bibli&oacute;filo del siglo I a. C., quien la guard&oacute; en una caverna, en Atenas. Sin embargo, este proyecto nunca se realiz&oacute;, y en este lugar ambas colecciones sufrieron grandes perjuicios a causa de la polilla y la humedad, y fue necesario &quot;... copiar muchos vol&uacute;menes con un notable menoscabo de la exactitud de los originales&quot;<sup><a href="#26" name="p26">26</a></sup>.</p>     <p>Los libros griegos se convirtieron en bot&iacute;n de guerra, cuando los romanos, dirigidos por Sila, tomaron Atenas. Las bibliotecas de Arist&oacute;teles y Teofrasto pasaron a ser propiedad de la ciudad de en el a&ntilde;o 86 a. C.</p>     <p>En el periodo hel&eacute;nico de la cultura griega, siglo IV a. C., se fund&oacute; en la ciudad de Alejandr&iacute;a la famosa biblioteca donde, en la &eacute;poca tolomeica, se recopilaron los principales libros de la antig&uuml;edad traducidos al koin&eacute;, especialmente por la labor cultural de tres faraones: Laguidas, Evergetes y Filadelfo.</p>     <p>La biblioteca de Alejandr&iacute;a<sup><a href="#27" name="p27">27</a></sup> fue fundada hacia el 306 a. C., por Demetrio de Falena (350-283), escritor y alumno de Teofrasto. Existen documentos donde consta que &quot;todos los viajeros y sabios que llegaban a Alejandr&iacute;a estaban obligados a dejar en ella una copia de los libros que pose&iacute;an&quot;. Esta biblioteca lleg&oacute; a tener m&aacute;s de 700.000 vol&uacute;menes. Despu&eacute;s del incendio del puerto de Alejandr&iacute;a, Octavio le regal&oacute; a Cleopatra 200.000 vol&uacute;menes en pergamino, procedentes de P&eacute;rgamo, para resarcir a Egipto por las p&eacute;rdidas en la biblioteca.</p>     <p>Al lado de la biblioteca se fund&oacute; el Museo o &quot;templo de las musas&quot;; fue una escuela, corporaci&oacute;n laica de sabios y artistas asociados para estudiar y ense&ntilde;ar. Una de las principales actividades de esa biblioteca fue la depuraci&oacute;n de textos de los escritores cl&aacute;sicos. Tambi&eacute;n, vend&iacute;a y exportaba manuscritos, muy apreciados en el mundo antiguo.</p>     <p>Dicen Guglielmo Cavallo y Roger Chartier, en la &quot;Historia de la lectura&quot;, que los romanos tomaron de los griegos la estructura f&iacute;sica del volumen literario y la pr&aacute;ctica de la lectura dentro de los diferentes estamentos de la sociedad, sobre todo de libros griegos. Por ejemplo, los comedi&oacute;grafos se inspiraron en situaciones jocosas de autores griegos, y en los siglos II y I a. C. los libros se convirtieron en bot&iacute;n de guerra y eran exhibidos en Roma en las mansiones de quienes los llevaban. Esos libros poco a poco se constituyeron en bibliotecas privadas de lectura<sup><a href="#28" name="p28">28</a></sup>.</p>     <p>El historiador Polibio refer&iacute;a que hab&iacute;a pr&eacute;stamos de libros entre los hombres cultos de Roma cuando en la &eacute;poca imperial hubo una proliferaci&oacute;n de bibliotecas privadas, y la creaci&oacute;n de las bibliotecas p&uacute;blicas, abiertas a quienes quisieran tener acceso a ellas<sup><a href="#29" name="p29">29</a></sup>.</p>     <p>En Roma, Emilio Paulo llev&oacute; a esta ciudad los primeros libros. Despu&eacute;s, L&uacute;culo, Lucio Licinio (106-57 a. C.) form&oacute; una biblioteca con los libros griegos recogidos en las campa&ntilde;as que realizaron los romanos en este territorio. M&aacute;s tarde, esta biblioteca se puso a disposici&oacute;n de &quot;los hombres de letras&quot; en la ciudad de Roma.</p>     <p>Julio C&eacute;sar encarg&oacute; a Marco Terencio (116-27 a. C.), pol&iacute;grafo y escritor latino, para que formara una gran biblioteca y organizara las bibliotecas p&uacute;blicas. Poli&oacute;n fue el primero que, en Roma, abri&oacute; las puertas de las bibliotecas al p&uacute;blico en general. En estas hab&iacute;a vol&uacute;menes de autores griegos y latinos y en sus atrios se colocaron los retratos escult&oacute;ricos de los m&aacute;s c&eacute;lebres escritores<sup><a href="#30" name="p30">30</a></sup>. En el siglo IV d. C., hab&iacute;a en Roma 28 &oacute; 29 bibliotecas p&uacute;blicas, adem&aacute;s de las que se hab&iacute;an fundado en otras ciudades del Imperio. Una biblioteca importante en Roma fue la de C&eacute;sar Augusto, construida en el templo del Palatino; estuvo dedicada a Apolo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Marco Tulio Cicer&oacute;n, uno de los hombres m&aacute;s cultos de Roma, fue orador y pol&iacute;tico. Dice Stefan Zweig que consideraba los libros como unos magn&iacute;ficos compa&ntilde;eros que jam&aacute;s defraudan y que est&aacute;n siempre dispuestos al silencio o a la charla. Tuvo en Tusculum, la actual Frascati, entre las colinas y los bosques, en su casa, una biblioteca en la que se &quot;... alineaban las obras de los sabios griegos, junto a las cr&oacute;nicas romanas y los compendios de la ley&quot;. Sobre los libros, dec&iacute;a Cicer&oacute;n que &quot;&hellip; con semejantes amigos de todos los tiempos y todas las lenguas, nunca pudo haberse sentido solo, ni una sola noche&quot;<sup><a href="#31" name="p31">31</a></sup>.</p>     <p>En Roma, los arquitectos aconsejaban que para las bibliotecas era conveniente prohibir el uso de los dorados en los techos o en los pavimentos, porque era muy luminoso para los ojos; se deb&iacute;a usar el m&aacute;rmol de caristo que por su color verde apagaba el fulgor del oro y era un alivio para los ojos, porque serv&iacute;a para descansar la vista.</p>     <p>En Espa&ntilde;a, durante el califato de C&oacute;rdoba, los &aacute;rabes fundaron gran n&uacute;mero de escuelas y bibliotecas y tradujeron al &aacute;rabe muchos manuscritos. Convirtieron a Bagdad y a C&oacute;rdoba, especialmente, en grandes centros del saber.</p>     <p>El emperador Carlomagno tuvo en Aix-la-Chapelle, actual Aachen, en Alemania, la capital de su imperio, en la Escuela Palatina; all&iacute; hubo una biblioteca que se convirti&oacute; en un importante centro cultural que atra&iacute;a a los eruditos europeos de diferentes lugares.</p>     <p>M&aacute;s tarde, ya en la Baja Edad Media, dice Arnold Hauser que &quot;La ciencia, el arte y la literatura proceden de los monasterios; en sus bibliotecas, escritorios y talleres era donde se realizaba la parte m&aacute;s importante del trabajo intelectual&quot;. La educaci&oacute;n en general estaba a cargo de los obispos o de los monjes.</p>     <p>Sobre las bibliotecas medievales dice Umberto Eco, en La comunicaci&oacute;n en la historia, que &quot;... en el scriptorium se ofrec&iacute;a a la mirada una espaciosa inmensidad, cubierta con b&oacute;vedas curvas y no demasiado altas, apoyadas en recias pilastras, un espacio ba&ntilde;ado por una luz bell&iacute;sima; ...en cada una de las paredes anchas hab&iacute;a tres enormes ventanas, y en los torreones ventanas m&aacute;s peque&ntilde;as. ... Una luz continua y pareja alegraba la gran sala, incluso en una tarde de invierno. As&iacute;, la biblioteca    era una f&aacute;brica del saber&quot;<sup><a href="#32" name="p32">32</a></sup>.</p>     <p>En el siglo XII hubo una especial preocupaci&oacute;n por el conocimiento de las ciencias de la naturaleza. Hacia el a&ntilde;o 1160 aparecieron tratados de medicina, astronom&iacute;a y ciencias y m&aacute;s tarde textos de car&aacute;cter filos&oacute;fico, como la l&oacute;gica de Arist&oacute;teles y los comentarios de Averroes (Ibn Rosch, 1126-1198) y de Maim&oacute;nides (Mois&eacute;s Ben Maimon, 1135-1204), traducidos al lat&iacute;n.</p>     <p>En los monasterios se hac&iacute;an pr&eacute;stamos interbibliotecarios y tambi&eacute;n al p&uacute;blico seglar, de los cuales era encargado un monje quien tambi&eacute;n controlaba que los libros fueran devueltos. Los monjes benedictinos tuvieron una especie de biblioteca p&uacute;blica al alcance de los hombres cultos.</p>     <p>Los libros no solo deb&iacute;an ser devueltos, sino que su cuidado se prescrib&iacute;a especialmente. Daniel Boorstin afirma que en la Edad Media se lanzaban maldiciones contra aquellos que mutilaban o robaban los libros; una muestra puede leerse en un manuscrito del siglo XII: &quot;Este libro pertenece al monasterio de St. Mary de Robert&acute;s Bridge. Quienquiera que lo robe, lo venda, lo aliene en cualquier modo de esta casa o lo mutile ser&aacute; culpado por siempre. Am&eacute;n&quot;.</p>     <p>Las prescripciones eran muy estrictas y hab&iacute;a un especial cuidado en cumplirlas. No era para menos; en las bibliotecas medievales hab&iacute;a verdaderos tesoros de la cultura europea: las Sagradas Escrituras, escritos y comentarios de los padres de    la Iglesia, cr&oacute;nicas como la Historia Eclesi&aacute;stica, obras de grandes personalidades religiosas como San Agust&iacute;n, San Alberto Magno, Santo Tom&aacute;s de Aquino y Roger Bacon y de seglares como Plat&oacute;n, Arist&oacute;teles, Virgilio, Horacio, Cicer&oacute;n, entre otros.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>5. Juglares y trovadores</b></p>     <p>En la Edad Media, en las cortes y en las ciudades hab&iacute;a poetas especializados en canciones heroicas, y en las plazas, juglares y mimos, poetas, m&uacute;sicos y bailarines que cultivaban la poes&iacute;a popular.</p>     <p>En la Baja Edad Media sobresalieron los trovadores del suroeste de Francia, de Aquitania, donde se recitaban tambi&eacute;n poes&iacute;as cortas en dialecto occitano</p>     <p>El historiador y cr&iacute;tico de arte William Fleming dice que en el arte de la trova &quot;un verso sin m&uacute;sica es como un molino sin agua&quot;. Los juglares y los trovadores cantaban poemas populares con el acompa&ntilde;amiento de la viola o la lira. Eran canciones de gesta, baladas, romances, cuentos tradicionales y f&aacute;bulas. Tambi&eacute;n, en las ciudades, las plazas fueron las escuelas de todas las gentes, un lugar donde se realizaban lecturas p&uacute;blicas de diferentes obras; se puede decir que eran los lugares de la vida intelectual para el p&uacute;blico en general.</p>     <p>Los trovadores, los juglares o los minnesingers, en el siglo XI, interven&iacute;an en los castillos o en las abad&iacute;as; en las fiestas especiales, cantaban en las plazas y plazoletas o en lugares abiertos. Estos personajes eran diestros en ejercicios circenses, sab&iacute;an bailar, tocar instrumentos, cantar, recitar o componer poemas y los recitaban de memoria, o improvisaban, cuando era necesario.</p>     <p>Los juglares se reun&iacute;an para intercambiar parte de su repertorio. Estas reuniones dieron origen a competencias de poes&iacute;a. En estos cert&aacute;menes se demostraba la fuerza y la agilidad, la pericia con el arco, la habilidad de &quot;andar seg&uacute;n el sonido de la c&iacute;tara y de la flauta&quot;.</p>     <p>Una de las costumbres era cantar mientras realizaban diferentes actividades; es probable que el canto fuera m&aacute;s cultivado que la m&uacute;sica instrumental. La poes&iacute;a se mezclaba con canciones populares, que se acompa&ntilde;aban con instrumentos de cuerda, viento y percusi&oacute;n. Entre los instrumentos de viento, interpretaron el corno y la flauta. Estas composiciones musicales, que acompa&ntilde;aron obras literarias, eran de regocijo y de burla. Tambi&eacute;n se hicieron juegos de palabras.</p>     <p>En estos a&ntilde;os, en la Baja Edad Media, se compusieron grandes poemas, como el Cantar de Hildebrando, el de Beowulfo, el Cantar de los Nibelungos y el Cantar de Rolando, para exaltar la realeza; el centro de estas composiciones eran el rey, un caballero o un h&eacute;roe.</p>     <p>Entre los a&ntilde;os 1100 y 1275 hubo una literatura abundante: epopeyas heroicas, populares y caballerescas, poes&iacute;as y novelas trovadorescas. En los estudios de literatura se considera que fue &quot;... una polifon&iacute;a de las voces de la vida; polifon&iacute;a llena de resplandores, de la claridad sobre el propio ser y la vida&quot;.</p>     <p>En el norte de Europa se escriben los eddas, unas composiciones breves de car&aacute;cter narrativo y did&aacute;ctico, y las sagas, unos relatos tradicionales sobre hechos legendarios como si fueran reales. Estas versan sobre diferentes temas: viajes, aventuras de poetas, piratas y guerreros. Varias de estas narraciones se transmit&iacute;an oralmente, y solamente hasta los siglos XII y XIII fueron escritas. El Cantar de los Nibelungos (Nibelungenlied) fue un cantar &eacute;dico escrito por un caballero austr&iacute;aco, entre 1200 y 1205.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En los siglos XII y XIII, los juglares eran los encargados de animar los torneos, y all&iacute; empezaron a celebrarse los cert&aacute;menes musicales. Tambi&eacute;n, en Francia surgi&oacute; la comedia eleg&iacute;aca, en la que de forma dialogada se dramatizaron sucesos picantes y divertidos. Eran obras para ser le&iacute;das, tanto individual como colectivamente; en ellas cada una de las personas asum&iacute;a el papel de un personaje de la ficci&oacute;n<sup><a href="#33" name="p33">33</a></sup>.</p>     <p>Una expresi&oacute;n literaria importante fueron los cantares de gesta, poemas escritos en lat&iacute;n sobre hechos y haza&ntilde;as con contenido hist&oacute;rico. Dice Jos&eacute; Mar&iacute;a Valverde que son la historia al alcance y al gusto del pueblo. Las personas ilustradas pod&iacute;an leer y estudiar las cr&oacute;nicas y los anales en lat&iacute;n, y los iletrados necesitaban escuchar las lecturas de la historia y &quot;se interesaban en lo emotivo, sorprendente y maravilloso y la idealizaci&oacute;n de h&eacute;roes y guerreros a los que se sent&iacute;an vinculados por lazos nacionales, feudales o religiosos&quot;<sup><a href="#34" name="p34">34</a></sup>. Estos poemas se han considerado como &quot;reportajes period&iacute;sticos&quot; y se les llam&oacute; &quot;cantos noticieros&quot; en Castilla.</p>     <p>Indudablemente, la comunicaci&oacute;n de Espa&ntilde;a con Europa a trav&eacute;s del camino de Santiago fue muy importante. En la literatura contribuy&oacute; a la formaci&oacute;n de los cantares de gesta y a la l&iacute;rica castellana y gallega. Tambi&eacute;n, fue muy importante para la difusi&oacute;n de las canciones de los peregrinos.</p>     <p>En esta &eacute;poca se escribieron sagas, relatos en prosa de hechos legendarios, por ejemplo La Saga de Teodorico.</p>     <p>Los cantares de gesta, &quot;hechos y haza&ntilde;as&quot;, se compon&iacute;an para ser le&iacute;dos o recitados por los juglares en los castillos, en las plazas, en las ferias o en las romer&iacute;as. En las batallas se entonaban para enardecer a los combatientes.</p>     <p>Una de las m&aacute;s importantes expresiones de la literatura medieval fueron los dramas lit&uacute;rgicos en lat&iacute;n, para ense&ntilde;ar al pueblo con escenas y episodios de Historia Sagrada. Y el surgimiento de la poes&iacute;a hagiogr&aacute;fica en lengua vulgar, porque para los cl&eacute;rigos era la mejor forma de relacionarse con todas las personas.</p>     <p><b>6. Escuelas y universidades</b></p>     <p>A fines del siglo VIII Carlomagno lleva al monje ingl&eacute;s Alcuino de York<sup><a href="#35" name="p35">35</a></sup>(735-804) a la Escuela Palatina en Aquisgr&aacute;n y, con su ayuda, el emperador orden&oacute; que en cada obispado y en cada monasterio &quot;... se ense&ntilde;aran los salmos, las notas, los cantos, el c&aacute;lculo y la gram&aacute;tica, y que todos dispusieran de libros cuidadosamente corregidos&quot;.</p>     <p>Posteriormente, cuando se consider&oacute; que ya no hab&iacute;a el peligro de las invasiones b&aacute;rbaras, aparecieron centros culturales y art&iacute;sticos en la parte oriental de Francia y en diferentes lugares de Europa. Anexas a las iglesias, cerca de los monasterios, las abad&iacute;as y las catedrales, hab&iacute;a escuelas y colegios que reanudaron sus actividades, a finales del siglo IX; adem&aacute;s, se llevaban a cabo diferentes actividades culturales abiertas para el p&uacute;blico, como las representaciones del teatro religioso.</p>     <p>Adem&aacute;s de la Escuela Palatina, en otros lugares de Europa ya hab&iacute;a un especial inter&eacute;s en realizar una s&iacute;ntesis entre lo cl&aacute;sico y lo germ&aacute;nico en diferentes aspectos desde los siglos VIII y IX, sobresalieron la Escuela catedralicia de York y los centros de estudio al norte de la Galia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hacia finales del siglo XII, un maestro recib&iacute;a la autorizaci&oacute;n del cancelario catedralicio o de una autoridad similar, para crear una facultas ubique docenti y el derecho a ense&ntilde;ar. M&aacute;s tarde, se formaron los gremios o corporaciones de maestros, y ellos fueron los encargados de otorgar las licencias para ense&ntilde;ar; estas ten&iacute;an car&aacute;cter local. Tiempo despu&eacute;s, algunas escuelas lograron reconocimiento en otros lugares por su calidad acad&eacute;mica. Se consider&oacute; que un doctor de Par&iacute;s o de Bolonia pod&iacute;a ense&ntilde;ar en cualquier sitio. A las escuelas reconocidas se les llam&oacute; Studia Generalia, institutos que ten&iacute;an derecho de ense&ntilde;ar y conferir t&iacute;tulos.</p>     <p>Cuando un maestro obten&iacute;a el permiso para ense&ntilde;ar, ten&iacute;a derecho a hablar en p&uacute;blico y lo iban a escuchar los que quer&iacute;an. Los maestros hablaban unas veces al aire libre, en una calle, una plaza o una encrucijada, subidos en un guardacant&oacute;n o en un poyo, otras veces en un espacio cubierto, en un claustro o en una sala que tuviera un estrado o un escabel. Los alumnos recib&iacute;an la denominaci&oacute;n de escolares al iniciar los estudios, luego bachilleres y al terminar la etapa superior eran considerados maestros.</p>     <p>El aumento de los estudios liberales y la tendencia, de los estudiantes, a agruparse de acuerdo con diferentes ramas profesionales de entonces, contribuy&oacute; a iniciar la actividad universitaria en el &uacute;ltimo cuarto del siglo XII, estimulada adem&aacute;s por la labor del Concilio Lateranense, en 1179, que incentiv&oacute; los estudios eclesi&aacute;sticos, teol&oacute;gicos, jur&iacute;dicos, filos&oacute;ficos, as&iacute; como la admiraci&oacute;n suscitada, en Europa, por las instituciones culturales &aacute;rabes y por su antigua costumbre de expedir t&iacute;tulos   acad&eacute;micos. Las universidades m&aacute;s sobresalientes de la Edad Media fueron la de Par&iacute;s, Bolonia, Padua, Siena, Toulouse, Oxford y Pav&iacute;a<sup><a href="#36" name="p36">36</a></sup>.</p>     <p>Con la aparici&oacute;n de las universidades hubo una renovaci&oacute;n cultural, nuevas materias de estudio y nuevos m&eacute;todos de ense&ntilde;anza como el dial&eacute;ctico, usado en el siglo Xll. De igual manera, hubo m&aacute;s investigaci&oacute;n y profundizaci&oacute;n por medio de la exposici&oacute;n de argumentos en torno a puntos de debate.</p>     <p>La universidad de Par&iacute;s naci&oacute; entre finales del siglo XI y principios del XII, de la agrupaci&oacute;n de las escuelas catedralicias entre 1150 y 1170, en la Cit&eacute;, alrededor de la primera iglesia de Nuestra Se&ntilde;ora. Durante el reinado de Felipe Augusto (1165-1223), el te&oacute;logo Roberto de Sorbon fund&oacute; la universidad bajo la autoridad del obispo de Par&iacute;s, y el colegio anexo para dar albergue a los maestros y para los que estudiaban el doctorado en Teolog&iacute;a.</p>     <p>La jurisdicci&oacute;n de la universidad de Par&iacute;s, que m&aacute;s tarde se llam&oacute; La Sorbona, se extend&iacute;a por la orilla izquierda del Sena y la mitad de Par&iacute;s, en la Cit&eacute;, la Ile-de France; lleg&oacute; a constituir una especie de rep&uacute;blica de sabios, como una comunidad universitaria, que ten&iacute;a sus tribunales y una lengua propia, el lat&iacute;n. El primer reconocimiento como corporaci&oacute;n legal fue de 1211, cuando el papa Inocencio III la facult&oacute; para nombrar un procurador que la representara en la corte pontificia. Sin embargo, fue hasta 1231 que con la bula Parens Scientiarum, del papa Gregorio IX, se reconoci&oacute; plenamente. Esta bula constituy&oacute; la carta magna de la universidad<sup><a href="#37" name="p37">37</a></sup>.</p>     <p>Uno de los profesores m&aacute;s importantes de la universidad de Par&iacute;s fue Santo Tom&aacute;s de Aquino (1225-1274), autor de dos importantes tratados de Teolog&iacute;a: Summa contra Gentiles y Summa Teol&oacute;gica. Comprendi&oacute; la importancia que para el pensamiento occidental ten&iacute;a la obra de Arist&oacute;teles y busc&oacute; una s&iacute;ntesis del aristotelismo y de la fe cristiana. Su problema esencial fue conciliar raz&oacute;n y fe, filosof&iacute;a y teolog&iacute;a, tesis clave de la escol&aacute;stica.</p>     <p>Dice Edouard Perroy que entre los siglos XII y XIII en los centros intelectuales como la universidad de Par&iacute;s se realizaron las grandes &quot;s&iacute;ntesis de los espejos&quot;, trabajos y estudios como enciclopedias donde se catalogan y se clasifican los conocimientos universales: las summas, en las que los te&oacute;logos re&uacute;nen y confrontan proposiciones dogm&aacute;ticas, donde se concilian razonamiento y revelaci&oacute;n<sup><a href="#38" name="p38">38</a></sup>.</p>     <p>En Bolonia, adem&aacute;s de las escuelas catedralicias, hab&iacute;a escuelas dedicadas al estudio del derecho, especialmente del civil y del can&oacute;nico.</p>     <p>En Espa&ntilde;a, el origen de las universidades de Castilla en el siglo XIII fue la fundaci&oacute;n episcopal de Palencia, la de Salamanca y la de Valladolid. La universidad de Salamanca fue constituida por el rey Fernando III, el Santo, y reconfirmada por el rey Alfonso X mediante la Carta Real de 1254.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Durante el reinado de Alfonso X, el Sabio (Toledo 1221, Sevilla 1284), se establecieron en Salamanca las c&aacute;tedras de Lenguas, Ret&oacute;rica, Medicina, Matem&aacute;ticas y M&uacute;sica; adem&aacute;s, los estudios teol&oacute;gicos y jur&iacute;dicos. El rey hizo traducir al lat&iacute;n las mejores obras de los griegos, promovi&oacute; la reuni&oacute;n en Toledo de un equipo de intelectuales: traductores, cient&iacute;ficos, historiadores, escribas, artistas y m&uacute;sicos, del que hac&iacute;an parte cristianos, musulmanes y jud&iacute;os. Cre&oacute; la famosa Escuela de Traductores de Toledo, que realiz&oacute; la Cr&oacute;nica general, la General (Gran Estoria), el c&oacute;digo de las Siete partidas, las Cantigas de Santa Mar&iacute;a, y trabajos cient&iacute;ficos como El lapidario, las Tablas Alfons&iacute;es y los libros del saber de Astronom&iacute;a.</p>     <p>En la Baja Edad Media, la universidad de Salamanca se hizo muy conocida y hasta all&iacute; llegaban personas de diferentes pa&iacute;ses atra&iacute;das por su renombre y su fama.</p>     <p>En un comienzo, en las universidades, hubo grupos de alumnos y maestros que se reun&iacute;an para recibir clases en unas condiciones muy inc&oacute;modas. Refiere Edouard Perroy que, en esta &eacute;poca, estuvieron &quot;sentados sobre el suelo sembrado de paja, escuchaban y copiaban las lecciones y las lecturas comentadas de los maestros&quot;. Por ejemplo en Par&iacute;s, en la calle Fouarre, hab&iacute;a unas gavillas de heno que serv&iacute;an de bancos a los estudiantes de la Facultad de Medicina, hasta que pudieron disponer de un lugar propio en la calle de Bucherie<sup><a href="#39" name="p39">39</a></sup>.</p>     <p>En las universidades, los m&eacute;todos de ense&ntilde;anza eran diversos; en general, las clases tuvieron un car&aacute;cter oral, la lectio o lecci&oacute;n magistral, la questio y la disputatio. Se procuraba que hubiera una informaci&oacute;n m&aacute;s amplia en las clases de la que se pod&iacute;a encontrar en los libros.</p>     <p>M&aacute;s tarde, las artes liberales se ense&ntilde;aron con mejores m&eacute;todos. Se conservaba la pureza del lat&iacute;n. Hubo un &quot;renacimiento&quot; de las culturas cl&aacute;sicas mediante el estudio de las mejores obras de la literatura latina y griega; se le&iacute;a, comentaba y estudiaba a Plat&oacute;n, Virgilio, Ovidio, Lucano y Horacio. La adaptaci&oacute;n del pensamiento de Plat&oacute;n por San Ambrosio y San Agust&iacute;n, contribuyeron al enriquecimiento espiritual<sup><a href="#40" name="p40">40</a></sup>. Las artes liberales estaban agrupadas en el &quot;Trivium&quot; y el &quot;Quadrivium&quot;<sup><a href="#41" name="p41">41</a></sup>: dice Enrique Bagu&eacute; que las siete artes liberales eran como las siete columnas sobre las que reposa el edificio de la verdadera ciencia<sup><a href="#42" name="p42">42</a></sup>. Tambi&eacute;n se las ha considerado como los caminos que conducen al conocimiento de otras ciencias.</p>     <p>En las escuelas de Chartres o de Par&iacute;s se aplicaron los m&eacute;todos pedag&oacute;gicos del trivium y el quadrivium, en las facultades de Artes, con una orientaci&oacute;n human&iacute;stica. En el siglo XI sobresalieron estas escuelas en el estudio de la filosof&iacute;a. Y en la escuela de Cantorbery o Canterbury, san Anselmo (1033-1109), un abad benedictino, se convirti&oacute; en el padre de la escol&aacute;stica. En las facultades de Teolog&iacute;a, Derecho y Medicina se pod&iacute;a obtener el t&iacute;tulo de doctor.</p>     <p>A mediados del siglo XIII se fundaron los colegios, unas casas que ofrec&iacute;an ense&ntilde;anza y hospedaje a una muchedumbre de estudiantes procedentes de diferentes lugares. Estos sitios, posteriormente, fueron los colegios mayores o residencias universitarias<sup><a href="#43" name="p43">43</a></sup>.</p>     <p><b>7. Una breve y evidente conclusi&oacute;n</b></p>     <p>En la Baja Edad Media hubo copistas laicos al servicio de los reyes, de los pr&iacute;ncipes y de las universidades, que se encargaron de la transcripci&oacute;n de textos cl&aacute;sicos que facilitaron el surgimiento de los libros impresos despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de la imprenta. La literatura de Grecia y Roma tuvo un nuevo auge, autores como Her&oacute;doto, Tuc&iacute;dides, Jenofonte, Plat&oacute;n, Arist&oacute;teles, S&eacute;neca, Plauto, Terencio, Tito Livio y Horacio se difundieron r&aacute;pidamente en las principales ciudades.</p>     <p>Dice George Jean en su obra &quot;La escritura, memoria de la humanidad&quot; que en esta &eacute;poca la demanda de libros creci&oacute; tanto que los copistas y artesanos se vieron obligados a especializarse y a constituirse en gremios, para proteger sus derechos y los secretos de sus t&eacute;cnicas para elaborar los libros confeccionados a mano; algunos llegaron a realizar verdaderas obras de arte.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s de este recorrido a trav&eacute;s de la historia, se puede decir que la Baja Edad Media constituye un prerrenacimiento de la cultura occidental, donde se encuentran las ra&iacute;ces de la cultura moderna y de las instituciones educativas m&aacute;s representativas que perduran hasta nuestros d&iacute;as: escuela y universidad.</p> <hr size="1">     <p><sup><a name="1" href="#p1">1</a>.</sup> Arango, Gregorio, S. J. Los gremios durante la Edad Media. Bogot&aacute;, Editorial Difusi&oacute;n Colombiana, p. 23, 1946. </p>     <p><sup><a name="2" href="#p2">2</a>.</sup> Fleming, William. Arte, m&uacute;sica e ideas. Bogot&aacute;, Editorial McGraw-Hill, p. 121, 1997.</p>     <p><sup><a name="3" href="#p3">3</a>.</sup> Riquer, Mart&iacute;n De. Historia de la literatura universal. T. 2, Barcelona, Editorial Planeta, p. 197, 1984.</p>     <p><sup><a name="4" href="#p4">4</a>.</sup> Weber, Alfred. Historia de la cultura, Kulturgeschichte als Kulturoziologie. M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica de M&eacute;xico, p. 285, 1945.</p>     <p><sup><a name="5" href="#p5">5</a>.</sup> La princesa Ana Comnena pertenec&iacute;a a una gran familia aristocr&aacute;tica bizantina, que desempe&ntilde;&oacute; un papel importante en los siglos XI y XII.</p>     <p><sup><a name="6" href="#p6">6</a>.</sup> Boorstin, Daniel J. &quot;Los descubridores&quot;, vol. II, La naturaleza y la sociedad. Barcelona, Editorial Grijalbo, p. 464, 1997.</p>     <p><sup><a name="7" href="#p7">7</a>.</sup> Garc&iacute;a de Cort&aacute;zar, Jos&eacute; &Aacute;ngel, y de Aguirre, Ruiz. Alta Edad Media, siglos V-XIII. T. 6, Barcelona, Instituto Gallach, Grupo Editorial Oc&eacute;ano, p. 1203, sin fecha.</p>     <p><sup><a name="8" href="#p8">8</a>.</sup> Sobre el origen de los libros, tambi&eacute;n dice Alberto Manguel que la prehistoria de los libros fue hacia mediados del cuarto milenio antes de Cristo, en las ciudades-estado mesopot&aacute;micas, donde &quot;... con el fin de organizar mejor una sociedad cada vez m&aacute;s compleja, con sus leyes, edictos y reglas de comercio, inventaron un arte que cambiar&iacute;a para siempre la naturaleza de la comunicaci&oacute;n entre los seres humanos: el arte de escribir&quot;. Dice Charles C. Mann que &quot;hacia el 3200 a. C., los escribas sumerios escrib&iacute;an sobre tablillas de arcilla, con juncos afilados; se encaminaban hacia algo semejante a la escritura&quot;.</p>     <p><sup><a name="9" href="#p9">9</a>.</sup> Boorstin, Daniel. Op. cit., p. 472.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="10" href="#p10">10</a>.</sup> En cuanto a la escritura, dice Manuel V&aacute;squez Montalb&aacute;n que los griegos aceptaron el alfabeto fenicio y crearon las vocales. Por la dificultad de conseguir papiros, emplearon tablillas de madera cubiertas de cera. Tambi&eacute;n se sabe, por documentos hist&oacute;ricos, que se colocaban en lugares p&uacute;blicos piedras grabadas (axones) y tablillas de madera (cyrbes), para hacer conocer de todos los comunicados oficiales.</p>     <p><sup><a name="11" href="#p11">11</a>.</sup> Los historiadores no saben la fecha exacta en que los chinos inventaron el papel; sin embargo, se ha establecido que fue a lo largo del siglo II. Para obtener la pasta de papel somet&iacute;an el lino a maceraci&oacute;n, lavado y prensado, y a la pulpa obtenida le a&ntilde;ad&iacute;an agua y almid&oacute;n. Anteriormente, los romanos ya hab&iacute;an usado el l&iacute;ber de diversos &aacute;rboles, como arce, pl&aacute;tano y tilo. Y en Roma, a las bibliotecas tambi&eacute;n se les llam&oacute; las librarias.</p>     <p><sup><a name="12" href="#p12">12</a>.</sup> Con el surgimiento de la imprenta aparecen centros editoriales en Amberes, Lovaina y Brujas. All&iacute; trabajaba Peter Pilles, quien fue amigo de Tom&aacute;s Moro, y a trav&eacute;s de &eacute;l tuvo una referencia del Nuevo Mundo, que le sirvi&oacute; de inspiraci&oacute;n para el pa&iacute;s de &quot;Utop&iacute;a&quot;.</p>     <p><sup><a name="13" href="#p13">13</a>.</sup> El c&oacute;dice de pergamino se convirti&oacute; en la forma m&aacute;s com&uacute;n de los libros para todos: funcionarios, cl&eacute;rigos, viajeros y estudiantes, o para todos los que necesitaban transportar su material de lectura y hacer consultas de cualquier lugar del texto o incluir notas de estudio. Adem&aacute;s, los c&oacute;dices facilitaron la organizaci&oacute;n de los textos, de acuerdo con su contenido, en libros o cap&iacute;tulos.</p>     <p><sup><a name="14" href="#p14">14</a>.</sup> V&aacute;squez Montalb&aacute;n, Manuel. Historia y comunicaci&oacute;n social. Edici&oacute;n revisada y ampliada. Barcelona, Editorial Grijalbo Mondadori, p. 14, 1997.</p>     <p><sup><a name="15" href="#p15">15</a>.</sup> V&aacute;squez Montalb&aacute;n. Ib&iacute;d., p. 17.</p>     <p><sup><a name="16" href="#p16">16</a>.</sup> Montecasino es una colina en Italia meridional, donde san Benito fund&oacute; un monasterio benedictino en el a&ntilde;o 529.</p>     <p><sup><a name="17" href="#p17">17</a>.</sup> Hauser, Arnold. Historia social de la literatura y el arte. Madrid, Ediciones Guadarrama, vol. 1, p. 223, 1972.</p>     <p><sup><a name="18" href="#p18">18</a>.</sup> En la corte de Aquisgr&aacute;n (Aachen), Carlomagno invit&oacute; a Alcuino de York, Pablo Di&aacute;como y Pedro de Pizza, con el fin de crear la Escuela Palatina, para formar servidores del estado, laicos y cl&eacute;rigos. Esta escuela se constituy&oacute; en el centro m&aacute;s importante del desarrollo cultural. All&iacute; se organizaron las bibliotecas, se foment&oacute; el estudio del lat&iacute;n y las artes liberales.</p>     <p><sup><a name="19" href="#p19">19</a>.</sup> Entre los siglos XII y XVI hubo un auge art&iacute;stico en el norte de Europa. Los arquitectos construyeron alt&iacute;simas iglesias, profusamente iluminadas por ser las casas de Dios. Usaron especialmente vidrieras lisas o muy poco decoradas. M&aacute;s tarde, se inspiraron en las piedras preciosas que decoraban los relicarios y pintaron los vidrios con diferentes t&eacute;cnicas, y dise&ntilde;aron relatos en im&aacute;genes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="20" href="#p20">20</a>.</sup> Fleming, William. Op. cit., p. 140.</p>     <p><sup><a name="21" href="#p21">21</a>.</sup> En el arte colonial en Colombia, en la capilla del Rosario, en la iglesia de Santo Domingo, en Tunja, se pueden apreciar en los relieves en madera policromada los misterios del Rosario, para seguir el relato de la vida de Jes&uacute;s en im&aacute;genes.</p>     <p><sup><a name="22" href="#p22">22</a>.</sup> Cuando se descifraron los jerogl&iacute;ficos, se encontr&oacute; que en los fustes de Roma, las columnas de las salas hip&oacute;stilas de los templos, y en los papiros que estaban en los anaqueles, se conten&iacute;a la historia del pueblo egipcio, y por eso se llam&oacute; el Libro de las puertas. Y a las pinturas y jerogl&iacute;ficos que se encontraron en el interior de las c&aacute;maras funerarias, el Libro de los muertos.</p>     <p><sup><a name="23" href="#p23">23</a>.</sup> Manguel, Alberto. Una historia de la lectura. Santaf&eacute; de Bogot&aacute;, Editorial Norma, p. 52, 1999.</p>     <p><sup><a name="24" href="#p24">24</a>.</sup> Eutidemo es uno de los di&aacute;logos de Plat&oacute;n que se refiere a un joven sofista extranjero, que asist&iacute;a a los recintos del Liceo, uno de los m&aacute;s famosos gimnasios de Atenas.</p>     <p><sup><a name="25" href="#p25">25</a>.</sup> En la Edad Media, la filosof&iacute;a de Arist&oacute;teles se fue conociendo especialmente desde el siglo XII, en las traducciones del griego o del &aacute;rabe al lat&iacute;n. Cuando se conocieron sus ideas sobre ciencias, l&oacute;gica y metaf&iacute;sica, el fil&oacute;sofo se fue convirtiendo en el maestro de fil&oacute;sofos y pensadores.</p>     <p><sup><a name="26" href="#p26">26</a>.</sup> Manguel, Alberto. Op. cit., p. 250.</p>     <p><sup><a name="27" href="#p27">27</a>.</sup> Entre los bibliotecarios de Alejandr&iacute;a sobresalieron Cal&iacute;maco (310-240 a. C.), gram&aacute;tico y poeta; Erat&oacute;stenes de Cirene (275-194 a. C.), astr&oacute;nomo, ge&oacute;grafo, matem&aacute;tico y fil&oacute;sofo griego, primero en medir exactamente la circunferencia de la Tierra, 252.000 estadios, que equivale a casi 40.000 millones de m. Aristarco de Samotracia (215-143 a. C.), gram&aacute;tico y cr&iacute;tico literario, sobresali&oacute; por sus comentarios sobre Hes&iacute;odo, Alceo, P&iacute;ndaro y Homero. Los estudios que realiz&oacute; sobre Homero han servido para demostrar que la Il&iacute;ada y la Odisea fueron escritas por este autor, y para tener un mayor conocimiento de la literatura griega. Aristarco tuvo en Alejandr&iacute;a una escuela de filolog&iacute;a y fue director del museo y de la biblioteca. Tambi&eacute;n Cal&iacute;maco de Cirene, bibliotecario epigrafista, quien ayudaba en la biblioteca a organizar y encontrar los libros que alguien necesitaba.</p>     <p><sup><a name="28" href="#p28">28</a>.</sup> Cavallo, Guglielmo, y Chartier, Roger. Historia de la lectura en el mundo occidental. Madrid, Taurus, p. 26, 1997.</p>     <p><sup><a name="29" href="#p29">29</a>.</sup> La lectura en el mundo cl&aacute;sico se hac&iacute;a en los jardines y porches o en plazas y calles, como espacios de escrituras expuestas y que en ocasiones se usaban para la lectura. En Atenas fue famosa la Escuela de los Peripat&eacute;ticos, en los propileos del &aacute;gora, y m&aacute;s tarde el Liceo de Arist&oacute;teles. Durante el reinado de Pis&iacute;strato, Policleto, el joven, construy&oacute; el teatro de Epidauro para las representaciones teatrales y las disertaciones p&uacute;blicas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="30" href="#p30">30</a>.</sup> Riquer, Mart&iacute;n. Las etimolog&iacute;as de San Isidoro. Op. cit., p. 65.</p>     <p><sup><a name="31" href="#p31">31</a>.</sup> Zweig, Stefan. Momentos estelares de la humanidad. Catorce miniaturas hist&oacute;ricas, Barcelona, Editorial Acantilado, p. 14, 2002.</p>     <p><sup><a name="32" href="#p32">32</a>.</sup> Eco, Humberto. &quot;Una biblioteca medieval&quot;. Ensayo de La comunicaci&oacute;n en la historia. Barcelona, Sociedad David Crowley, 1997.</p>     <p><sup><a name="33" href="#p33">33</a>.</sup> Riquer, Mart&iacute;n De. Op. cit., p. 39.</p>     <p><sup><a name="34" href="#p34">34</a>.</sup> Riquer, Mart&iacute;n De, y Valverde, Jos&eacute; Mar&iacute;a. Historia de la literatura universal. Vol. 2, Barcelona, Editorial Planeta, p. 133, 1984.</p>     <p><sup><a name="35" href="#p35">35</a>.</sup> Alcuino sobresali&oacute; entre los sabios de la corte de Carlomagno y fue el encargado de organizar la ense&ntilde;anza en las escuelas. Fund&oacute; la Academia o Escuela Palatina. Ense&ntilde;&oacute; dial&eacute;ctica y ret&oacute;rica y tuvo un profundo conocimiento de la filosof&iacute;a y la literatura greco-latina.</p>     <p><sup><a name="36" href="#p36">36</a>.</sup> Las universidades m&aacute;s famosas se fundaron en diferentes lugares de Europa: Par&iacute;s, Oxford, Cambridge, Papua y Praga. All&iacute; se aprend&iacute;an las siete artes liberales: el trivio (gram&aacute;tica, l&oacute;gica y ret&oacute;rica) y el cuadrivio (geometr&iacute;a, astronom&iacute;a, aritm&eacute;tica y m&uacute;sica), adem&aacute;s de otros estudios especializados.</p>     <p><sup><a name="37" href="#p37">37</a>.</sup> Los principales estudios sobre la historia de la Universidad de la Sorbona son del padre dominico Denifle Joseph, en religi&oacute;n Heinrich Suso, erudito austr&iacute;aco (Imst Tirol, 1844-Munich, 1905). La principal obra fue Chartularium et Auctarium Chartularii Universitatis Parisiensis.</p>     <p><sup><a name="38" href="#p38">38</a>.</sup> Perroy, Edouard. Florecimiento de la Europa feudal. Barcelona, Ediciones Destino, p. 318, 1969.</p>     <p><sup><a name="39" href="#p39">39</a>.</sup> Perroy, Edouard. La Edad Media. La expansi&oacute;n del Oriente y el nacimiento de la civilizaci&oacute;n occidental. Op. cit., p. 467.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="40" href="#p40">40</a>.</sup> Perroy, Edouard. &quot;Historia general de las civilizaciones&quot;, vol. III. La Edad Media. Barcelona, Edici&oacute;n Destino, 1969.</p>     <p><sup><a name="41" href="#p41">41</a>.</sup> Enrique de Andely, trovador del siglo XIII, escribi&oacute; un poema aleg&oacute;rico acerca de la lucha de las siete artes liberales (The Battle of the seven arts).</p>     <p><sup><a name="42" href="#p42">42</a>.</sup> Bagu&eacute;, Enrique. La vida intelectual en la Edad Media. Barcelona, Seix Barral, S. A., 1947.</p>     <p><sup><a name="43" href="#p43">43</a>.</sup> En la Baja Edad Media los estudiantes tuvieron grandes dificultades para vivir cerca de las universidades, entre ellos varios ricos, pero la mayor parte muy pobres; no ten&iacute;an ni para el sustento diario. Dicen los historiadores que algunos estudiantes dorm&iacute;an en cuevas o en los p&oacute;rticos de las iglesias. Para estudiar le&iacute;an en los misales que estaban encadenados detr&aacute;s de las celos&iacute;as de hierro, a la puerta de las iglesias o en los manuscritos expuestos en las tiendas de los libreros, en la calle Saint Jaques.</p> <hr size="1">     <p><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>     <!-- ref --><p>1.	Adao Da Fonseca, Luis. Historia universal. La ciudad medieval. Pamplona, Eunsa, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0123-1294200700020001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2.	Anderson Bonnie, S., y Zinsser, Judith. Historia de las mujeres, vol. 1. Barcelona, Editorial Cr&iacute;tica, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0123-1294200700020001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3.	Aguirre, Ruiz. Alta Edad Media. Siglos V-Xll, tomo 6. Barcelona, Instituto Gallach, Grupo Editorial Oc&eacute;ano, sin fecha.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0123-1294200700020001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4.	Arango, Gregorio, S. J. Los gremios durante la Edad Media. Bogot&aacute;, Editorial Difusi&oacute;n Cultural Colombiana, 1946.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0123-1294200700020001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5.	Bagu&eacute;, Enrique. La vida intelectual de la Edad Media. Barcelona, Seix Barral, 1947.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0123-1294200700020001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6.	Bartlett, Robert. Panorama medieval. Barcelona, Editorial Blume, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0123-1294200700020001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7.	Benson, Conteble (Eds.). Renaissance and renewal in the twelfth century. Oxford, 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0123-1294200700020001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8.	Bertini, F. La mujer medieval. Madrid, Alianza Editorial, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0123-1294200700020001300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9.	Bonnie S., Anderson, y Zinsser, Judith P. Historia de las mujeres. &quot;Una historia propia&quot;, vol. 1. Barcelona, Editorial Cr&iacute;tica, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0123-1294200700020001300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10.	Boorstin, Daniel J. Los descubridores. Barcelona, Editorial Grijalbo, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0123-1294200700020001300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11.	Briggs, Asa, y Burke, Meter. De Gutenberg a Internet. &quot;Una historia social de los medios de comunicaci&oacute;n&quot;. Santaf&eacute; de Bogot&aacute;, Editorial Taurus, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0123-1294200700020001300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12.	Duby, George. Arte y sociedad en la Edad Media. Madrid, Editorial Taurus, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0123-1294200700020001300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13.	Fleming, William. Arte, m&uacute;sica e ideas. Bogot&aacute;, Editorial McGraw-Hill, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0123-1294200700020001300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14.	Garc&iacute;a de Cortazar, Jos&eacute; &Aacute;ngel. Alta Edad Media. Barcelona, Instituto Gallach, Grupo Editorial Oc&eacute;ano, sin fecha.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0123-1294200700020001300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15.	Garc&iacute;a Morente, Manuel. La Edad Media hasta el final de los Staufen. Madrid, Editorial Espasa-Calpe, 1970.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0123-1294200700020001300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16.	Georges, Jean. La escritura, memoria de la humanidad. Barcelona, Ediciones Grupo Zeta, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0123-1294200700020001300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17.	Gombrich, Ernst Hans. Historia del arte. Traducci&oacute;n de Rafael Santos Torroella, Madrid, Editorial Debate, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0123-1294200700020001300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18.	Gombrich, Ernst Hans. Breve historia del mundo. Barcelona, Atalaya, Ediciones Pen&iacute;nsula, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0123-1294200700020001300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19.	Hauser, Arnold. Historia social de la literatura y el arte. Madrid, Editorial Guadarrama, 1972.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0123-1294200700020001300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20.	Heers, Jacques. Historia de la Edad Media. Barcelona, Editorial Labor Universitaria, Manual, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0123-1294200700020001300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21.	Huisman, Denis, y Vergez, Andre. Historia de los fil&oacute;sofos. Traducida por Carmen Garc&iacute;a Trevijano, Madrid, Editorial Tecnos. Reimpresi&oacute;n, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0123-1294200700020001300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22.	Ingpen, Robert, y Wilkinson, Philip. Grandes acontecimientos de la historia. Madrid, Editorial Anaya, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0123-1294200700020001300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23.	Manguel, Alberto. Una historia de la lectura. Santa Fe de Bogot&aacute;, Grupo Editorial Norma, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0123-1294200700020001300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24.	Matthew, Donald. Europa medieval. Ra&iacute;ces de la cultura moderna. Barcelona, Ediciones Folio, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0123-1294200700020001300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25.	Matthew, Donald. Europa medieval. Ra&iacute;ces de la cultura moderna, vol. II. Oxford, Editorial Folio, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0123-1294200700020001300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26.	Pernoud, R&eacute;gine. La mujer en tiempos de las Cruzadas. &quot;La mirada de la historia&quot;. Madrid, Editorial Complutense. T&iacute;tulo original: &quot;La femme au temps des croisades&quot;, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0123-1294200700020001300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27.	Perroy, Edouard. &quot;Historia general de las civilizaciones&quot;, vol. III. La Edad Media. Barcelona, Editorial Destino, 1969.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0123-1294200700020001300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28.	Rafols, J. F. Historia del arte. Barcelona, Editorial Ram&oacute;n Sopena, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0123-1294200700020001300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29.	Riquer, Mart&iacute;n De, y Valverde, Jos&eacute; Mar&iacute;a. Historia de la literatura universal, vol. II. Barcelona, Editorial Planeta, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0123-1294200700020001300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30.	Senner, Wayne. Los or&iacute;genes de la escritura. M&eacute;xico, Siglo XXI Editores, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0123-1294200700020001300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31.	St&ouml;rig, Hans Joachim. Historia universal de la Filosof&iacute;a. Traducci&oacute;n: Antonio G&oacute;mez Ramos. Reimpresi&oacute;n. Madrid, Editorial Tecnos, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0123-1294200700020001300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32.	Schwanitz, Dietrich. La cultura, todo lo que hay que saber. Traducci&oacute;n: Vicente G&oacute;mez Ib&aacute;&ntilde;ez. Buenos Aires, Editorial Taurus, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0123-1294200700020001300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33.	Valverde, Jos&eacute; Mar&iacute;a. Historia de la literatura universal, vol. II. Barcelona, Editorial Planeta, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0123-1294200700020001300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34.	Vidal, C&eacute;sar. Los textos que cambiaron la historia. Barcelona, Enciclopedia Planeta, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0123-1294200700020001300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35.	Zweig, Stefan. Momentos estelares de la humanidad. Catorce miniaturas hist&oacute;ricas. Ensayo, Barcelona, Editorial Acantilado, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0123-1294200700020001300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><br /> Fecha de Recepci&oacute;n: 07-V-2007<br />  Fecha de Arbitraje: 04-VI-2007 </p>  </font>      ]]></body><back>
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