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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">  <a name="Inicio"></a>  <font size="4">     <br>    <p align="center"><b>EDITORIAL</b></p></font>      <br>    <p align="center"><font size="3"><b>EL RETO DE APRECIAR LA VIDA HUMANA</b></font></p>  <hr>      <br>      <p align="justify">Durante el a&ntilde;o 2007 los l&iacute;deres de las naciones industrializadas prepararon la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Clim&aacute;tico, en Bali (Indonesia), con base en tres informes &#91;1&#93; emanados del Grupo Intergubernamental de la ONU, que fueron dados a conocer en el primer semestre en el llamado D&iacute;a de la Tierra. A pesar de los informes t&eacute;cnicos, las negociaciones para lograr un acuerdo sobre la disminuci&oacute;n de emisi&oacute;n de gases liberados a la atm&oacute;sfera estuvieron polarizadas por dos bloques, conformados por los pa&iacute;ses m&aacute;s &quot;afectados&quot; por el tema: un primer bloque, constituido por EE.UU., Rusia y Jap&oacute;n, frente a otro grupo de pa&iacute;ses, conocido como Los Setenta y Siete m&aacute;s China, liderados por la Uni&oacute;n Europea, donde se contaron muchos pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo.</p>      <p align="justify">La Uni&oacute;n Europea, de manera unilateral, se hab&iacute;a puesto el compromiso de reducir en 20%, para el 2020, la emisi&oacute;n de gases nocivos y esperaba que en Bali se establecieran compromisos planetarios en el mismo sentido, e incluso se llegara a un porcentaje m&aacute;s generoso. El otro bloque propon&iacute;a que cada pa&iacute;s estableciera compromisos solo voluntarios y de ninguna manera vinculantes. Finalmente, EE.UU., con un &quot;esp&iacute;ritu constructivo&quot; sin precedentes en estos temas, acept&oacute; sumarse a la Hoja de Ruta de Bali, que contiene los lineamientos de las negociaciones que el a&ntilde;o entrante tendr&aacute;n que emprenderse para concluir en 2009, en Copenhague, con la redacci&oacute;n de un nuevo documento que sustituya el Protocolo de Kyoto, hasta ahora vigente &#91;2&#93;.</p>      <p align="justify">Podr&iacute;a parecer que en el centro de la preocupaci&oacute;n por el bienestar global, por el equilibrio del ecosistema, no se encontrara la b&uacute;squeda de las mejores condiciones para que la vida del ser humano sobre la tierra siga siendo posible, sino que otros intereses son prioritarios y que todo lo dem&aacute;s deber&iacute;a estar en funci&oacute;n de ellos, y no a la inversa. Frente a realidades como esta, poco a poco, en la vida nacional -y tambi&eacute;n en el contexto internacional- van tomando cuerpo mecanismos de evasi&oacute;n: la indiferencia, la amnesia, el acostumbramiento... Parecer&iacute;a que la sociedad actual est&aacute; permitiendo que, por &oacute;smosis, sus componentes se est&eacute;n saturando por una mentalidad que podr&iacute;a resumirse con la triste frase atribuida a Stalin: &quot;Un muerto es una tragedia; varios, una estad&iacute;stica&quot;.</p>      <p align="justify">Los mencionados mecanismos de evasi&oacute;n surgen cuando los recursos para enfrentar la realidad tienen fallas, cuando funcionan inadecuadamente. Los seres humanos podemos tener conciencia de nosotros mismos, de la realidad, y somos capaces de adaptar y transformar esa realidad para poder vivirla, o de subvertir su apreciaci&oacute;n, cuando ella se torna hostil o al menos comprometedora, para as&iacute; adoptar una postura m&aacute;s c&oacute;moda o m&aacute;s impersonal: captar la realidad no como es, sino como quisi&eacute;ramos que fuera. Y muchas veces el reducir la realidad a categor&iacute;as prioritariamente personales -cuando no ego&iacute;stas- lleva consigo una notable disminuci&oacute;n del aprecio por las vidas humanas distintas a la propia.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Curiosamente, aquello que nos caracteriza como humanos lo sabemos emplear bien frente a realidades como el sufrimiento de otros seres vivos -de los animales, por ejemplo-, el creciente deterioro del medio ambiente, etc. Pero la misma capacidad se muestra insuficiente y corta cuando esa realidad es la propia o la de un semejante. Los sentimientos, en este caso, pasan por sobre la racionalidad y son los rectores de las respuestas que &quot;sabemos&quot; dar a los diferentes problemas propios de vivir la vida. El oscurecimiento racional en el aprecio<a name="no01"></a><a href="#no_01"><sup>1</sup></a> por la vida de la persona humana puede estribar en la infravaloraci&oacute;n que hacemos de ella, pues la consideramos de hecho como un valor de segunda categor&iacute;a y dudamos de que sea un bien para su titular.</p>      <p align="justify">La vida humana es valiosa porque la persona humana en s&iacute; misma lo es. Pero vivimos con el cercano riesgo de no captar ese valor, pues nos cuesta percibir que una nota que caracteriza a toda persona humana es la dignidad. Y como es laborioso dejar la abstracci&oacute;n del concepto y captarlo encarnado en las personas individuales, buscamos la l&iacute;nea del menor esfuerzo: negar la dignidad o al menos actuar prescindiendo de ella. El asunto se agrava porque, adem&aacute;s de actuar al margen de esa nota caracter&iacute;stica de la persona humana, muchas veces pretendemos asignarle un determinado valor a esta, sobre la base de apreciaciones demasiado subjetivas o contaminadas de criterios mercantiles, cientificistas o seudocient&iacute;ficos, cuando no politiqueros. La tendencia actual podr&iacute;a resumirse as&iacute;: la vida humana vale lo que nosotros queramos que valga.</p>      <p align="justify">Esta afirmaci&oacute;n puede entenderse en uno u otro sentido, dependiendo tambi&eacute;n de qui&eacute;nes seamos &quot;nosotros&quot;. El relativismo que puede encerrar es grande, pues el &quot;nosotros&quot; puede corresponder a lo que diga la opini&oacute;n p&uacute;blica o quienes la manejan e influyen; a lo que sea pol&iacute;tica de Estado o de partido pol&iacute;tico; a lo que exprese o &quot;sienta&quot; la mayor&iacute;a; a lo que est&aacute; de moda en el concierto internacional; a lo que se acuerde en un amplio consenso, etc. Y hay que repetir que la vida humana es valiosa porque la persona humana lo es; con un valor inconmensurable, que la hace intangible: no se puede manipular sin correr el grave peligro de lesionar su dignidad. Este valor es independiente de las variadas y -muchas veces- contradictorias circunstancias e inexplicables accidentes y contingencias a los que la persona humana est&aacute; sujeta.</p>      <p align="justify">Realidades como el aborto, la eutanasia, la experimentaci&oacute;n y clonaci&oacute;n de embriones, etc., siguen generando pol&eacute;micas en los &aacute;mbitos parlamentarios de gobiernos democr&aacute;ticos, pero tambi&eacute;n fuera de ellos. Casi siempre esos temas han estado presentes previamente en los medios masivos de comunicaci&oacute;n, donde muchas veces no se encuentra la ponderaci&oacute;n necesaria para analizarlos, y cuyo tratamiento se ve sujeto a la superficialidad, cuando no a la ideologizaci&oacute;n, impidiendo hacerse una idea adecuada del fondo de los problemas. Las consecuencias en la opini&oacute;n p&uacute;blica son diversas, muchas veces contradictorias: despreocupaci&oacute;n por los temas, debida a la saturaci&oacute;n de informaci&oacute;n; radicalizaci&oacute;n de las posturas; presiones indebidas sobre el legislador; distorsi&oacute;n en captar esas realidades, principalmente desconociendo sus causas y qued&aacute;ndose s&oacute;lo con las consecuencias<a name="no02"></a><a href="#no_02"><sup>2</sup></a>, etc. Y es necesario afirmar que no caben posiciones tibias frente a hechos tan radicalmente comprometedores.</p>      <p align="justify">No todo se puede tolerar: hay acciones que por s&iacute; mismas vulneran lo m&aacute;s preciado. Cuando va de por medio la renuncia de una de las caracter&iacute;sticas propias de la persona humana (su humanidad), es necesario desprenderse de opiniones m&aacute;s o menos autorizadas, pero err&oacute;neas o que inducen al error; del resultado de encuestas que solo reflejan parcialmente m&aacute;s sentires y gustos, pero que de saberes y convicciones muestran muy poco. Hay que buscar apoyarse en principios objetivos para salir de la arbitrariedad a la que conduce la ignorancia. La vida humana vale lo que nosotros queramos que valga, se afirmaba unas l&iacute;neas atr&aacute;s. La vida humana es un valor fundamental y hay que tener valor para vivirla y para defenderla, m&aacute;s en los actuales momentos donde parecer&iacute;a que nada vale o que se tasa por dinero, por conveniencias, por &quot;necesidades&quot; cient&iacute;ficas, por urgencias de solucionar problemas de salud p&uacute;blica.</p>      <p align="justify">Algo est&aacute; fallando cuando el desarrollo cient&iacute;fico lleva al hombre que hace ciencia a oscuras apor&iacute;as y a quien recibe de ella sus beneficios -o sus efectos perversos, que tambi&eacute;n los tiene-, a perplejidades y desconfianzas, y a unos y otros, a plantearse unas aparentes disyuntivas en el terreno &eacute;tico. Pero muchas veces ni siquiera es posible que se plantee la pregunta &eacute;tica, pues las conciencias parecen como deslumbradas o narcotizadas por los avances cient&iacute;ficos en los que muy dif&iacute;cilmente es posible apreciar finalidades. Pero adem&aacute;s se da otra consecuencia: cuando el hombre hace ciencia no solo transforma la naturaleza y la acomoda a &eacute;l, sino que en el proceso se transforma &eacute;l mismo, haci&eacute;ndose objeto de esa transformaci&oacute;n, materia pl&aacute;stica remodelable, deconstruible y, en el fondo, manipulable &#91;3&#93;.</p>      <p align="justify">La ciencia, cuando es verdadera, cuando busca conocimientos ciertos, lejos de ocasionar da&ntilde;o al hombre y a su entorno, suscita un gran respeto por la criatura que es su causa, por la dignidad de la que es titular; su acci&oacute;n consciente nunca deber&iacute;a entra&ntilde;ar da&ntilde;o a quienes ha de servir: la ciencia, cuando es verdadera, sirve al hombre, no se sirve de &eacute;l. Cuando pasa lo contrario nos encontramos con el cientificismo muy bien caracterizado por Artigas:</p>      <blockquote>     <p align="justify">El cientificismo se ha desarrollado del modo siguiente. Primero se afirm&oacute; que la ciencia moderna ven&iacute;a a sustituir a la antigua filosof&iacute;a natural. Despu&eacute;s se pens&oacute; que la nueva ciencia era capaz de solucionar todos los problemas por s&iacute; sola, y se acab&oacute; afirmando que las dem&aacute;s pretensiones cognoscitivas carec&iacute;an de sentido. Finalmente, al advertir que la ciencia encuentra muchos l&iacute;mites y progresa gracias a la utilizaci&oacute;n de construcciones convencionales, se ha generalizado un relativismo que se aplica a la ciencia en primer lugar, pero se extiende a continuaci&oacute;n a todo el conocimiento humano &#91;4&#93;.</p> </blockquote>      <p align="justify">Uno de los escenarios donde se presenta el encuentro entre la ciencia y la persona humana es la Unidad de Cuidado Intensivo (UCI). All&iacute; es determinante el reconocimiento que se sepa hacer de la dignidad del otro, cuando se encuentra en un estado de especial vulnerabilidad. Glosando el t&iacute;tulo de uno de los art&iacute;culos del presente n&uacute;mero, se puede afirmar que el paso por una UCI neonatal es un momento clave para humanizar, para que esa ciencia de la que hace gala el personal de salud se muestre con un rostro humano: un servicio entre semejantes.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En otro de los art&iacute;culos se aborda el tema de la Psicocirug&iacute;a, su evoluci&oacute;n desde la leucotom&iacute;a frontal hasta las actuales t&eacute;cnicas, m&aacute;s sectorizadas, sus implicaciones y su aplicabilidad, todo desde la perspectiva que aporta la Bio&eacute;tica.</p>      <p align="justify">La relaci&oacute;n entre el agente de salud y el paciente es abordada desde uno de los factores que no puede dejarse al margen de esta particular alianza. Y es que la concepci&oacute;n que se tenga del trato y dependencia con la trascendencia, el elemento &eacute;tico-religioso, puede convertirse en un elemento clave para la buena marcha de esa relaci&oacute;n, por el respeto que demanda y por el recurso que ofrece, cuando se hace necesario encontrar sentido a situaciones que parecen carecer por completo de &eacute;l.</p>      <p align="justify">Otros dos campos en los que se presenta el reto de apreciar la vida humana son la neutralidad en la terap&eacute;utica psicol&oacute;gica y la actitud de los profesionales de la salud frente a un semejante que padece dolor. Aunque la autora del primer tema afirme que con su trabajo no se responde la pregunta que da origen al art&iacute;culo -&iquest;es posible la neutralidad en la terapia psicol&oacute;gica?- se puede asegurar que sus aportes para dar luces sobre el particular son sumamente valiosos, apoyados en una juiciosa reflexi&oacute;n hecha a partir de la Bio&eacute;tica.</p>      <p align="justify">El dolor y el sufrimiento son realidades constantes en la vida de las personas, aunque no por ese hecho dejen de tener un trasfondo importante de misterio. Las l&iacute;neas que sobre este tema se ofrecen tienen una particularidad muy especial: son materia de reflexi&oacute;n tambi&eacute;n desde la perspectiva del profesional de la salud, como sujeto de dolor y sufrimiento: son realidades que tambi&eacute;n se presentan en quien tiene como misi&oacute;n no solo ayudar a mitigarlos, sino adem&aacute;s a encontrarles sentido, cuando los recursos t&eacute;cnicos impiden hacerlos desaparecer<a name="no03"></a><a href="#no_03"><sup>3</sup></a>.</p>      <p align="justify">La <i>Revista Persona y Bio&eacute;tica </i>es consciente de su tarea de contribuir al desarrollo cient&iacute;fico del pa&iacute;s a trav&eacute;s de la investigaci&oacute;n; teniendo en cuenta la recomendaci&oacute;n que en su momento hiciera la llamada Misi&oacute;n de Sabios, una de las estrategias es &quot;la formaci&oacute;n de los recursos humanos para la investigaci&oacute;n&quot; &#91;5&#93;. La Misi&oacute;n propuso pasar de 4.500 investigadores (en 1993), a 36.000. En esta tarea es muy importante cuidar los primeros pasos de los futuros investigadores para que desde el primer momento, adem&aacute;s del empe&ntilde;o por prepararse con gran competencia profesional, tengan siempre presente la dimensi&oacute;n &eacute;tica de su quehacer; pero adem&aacute;s la necesidad de adecuar la b&uacute;squeda y posterior posesi&oacute;n de la verdad con la necesaria coherencia de vida, que se hace imprescindible cuando esa verdad es aut&eacute;nticamente pose&iacute;da, a trav&eacute;s del imperativo &eacute;tico que ha de regir la conducta y prescribir deberes pr&aacute;cticos acerca de c&oacute;mo hay que hacer las cosas para que estas resulten bien, para que den la talla que la dignidad de la persona humana exige.</p>      <p align="justify">Es por esto que nuestros lectores encontrar&aacute;n una nueva secci&oacute;n en la revista: J&oacute;venes investigadores. Con ella nos proponemos ofrecer a los docentes y los estudiantes que hacen parte de los semilleros de investigaci&oacute;n una ventana para mostrar los resultados de sus trabajos, que se constituya en un incentivo m&aacute;s para su importante labor. Bien sabemos que los trabajos que all&iacute; se publiquen podr&aacute;n tener algunas limitaciones, pero en su concepci&oacute;n y m&eacute;todo se ci&ntilde;en a las pautas establecidas; sin embargo, lo m&aacute;s importante es ayudar a consolidar en esos semilleros de investigaci&oacute;n, principalmente en sus integrantes, aquella dimensi&oacute;n interna que les permitir&aacute; tener un fuerte compromiso para propender por el bien de los pacientes y evitar el da&ntilde;o a los sujetos sobre los cuales se realiza la investigaci&oacute;n &#91;6&#93;. En esta ocasi&oacute;n presentamos un trabajo elaborado bajo las indicaciones del profesor Andr&eacute;s Salazar A. sobre embarazo en adolescentes.</p>      <p align="justify">Con estos contenidos, la revista <i>Persona y Bio&eacute;tica </i>contin&uacute;a en su tarea de fomentar el crecimiento del saber y de priorizar &quot;la b&uacute;squeda de soluciones a los problemas que vulneran en mayor grado la defensa de la vida y de la dignidad humana&quot; &#91;7&#93;. Dentro de esa tarea estar&aacute; siempre la reflexi&oacute;n cr&iacute;tica, que muestra c&oacute;mo la ciencia tambi&eacute;n tiene sus l&iacute;mites y que es tarea de la Bio&eacute;tica ayudarle a descubrirlos y superarlos.</p>      <p align="justify">Karl Popper denunciaba la pretensi&oacute;n de la ciencia de querer adscribirse siempre la raz&oacute;n y la necesidad de que quien hace ciencia tenga siempre inquietud de indagaci&oacute;n y capacidad de hacerse preguntas, m&aacute;s all&aacute; de las mismas preguntas de investigaci&oacute;n:</p>      <blockquote>     <p align="justify">El antiguo ideal cient&iacute;fico de la <i>episteme</i><a name="no04"></a><a href="#no_04"><sup>4</sup></a> -de un conocimiento absolutamente seguro y demostrable- ha mostrado ser un &iacute;dolo. La petici&oacute;n de objetividad cient&iacute;fica hace inevitable que todo enunciado cient&iacute;fico sea provisional para siempre: sin duda cabe corroborarlo, pero toda corroboraci&oacute;n es relativa a otros enunciados que son, a su vez, provisionales. &#91;...&#93; La opini&oacute;n equivocada de la ciencia se delata en su pretensi&oacute;n de tener raz&oacute;n: pues lo que hace a un hombre de ciencia no es su posesi&oacute;n del conocimiento, de la verdad irrefutable, sino su indagaci&oacute;n de la verdad persistente y temerariamente cr&iacute;tica &#91;8&#93;.</p> </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Un buen camino para reorientar la ciencia, hacerla de paso m&aacute;s humana y asegurar una conducta &eacute;tica de la investigaci&oacute;n &#91;9&#93; es el aprecio incondicional por la vida, por la vida personal. Cuando nos acostumbremos a pensar as&iacute;, tal vez nos dediquemos con un celo m&aacute;s racional a la apasionante tarea de defender la vida, de procurar su bien y de motivar su promoci&oacute;n.</p>      <p align="right">Gilberto A. Gamboa Bernal    <br> <a href="mailto:gilberto.gamboa@unisabana.edu.co"><i>gilberto.gamboa@unisabana.edu.co</i></a></p>  <hr>      <p align="justify"><a name="no_01"></a><a href="#no01"><sup>1</sup></a> En este escrito se utiliza el verbo apreciar en su acepci&oacute;n de reconocer y estimar el valor de la vida, de la persona humana y no en el sentido de ponerle precio o tasa, pues la vida humana no los tiene: es invaluable; no tiene precio, es dignidad.</p>      <p align="justify"><a name="no_02"></a><a href="#no02"><sup>2</sup></a> La responsabilidad de los medios de comunicaci&oacute;n es notable en estos temas, pues pueden contribuir a establecer en la opini&oacute;n p&uacute;blica &eacute;ticas solo subjetivas, proporcionalistas, consecuencialistas y relativistas; o llevarla a asumir la postura reflexiva, pero din&aacute;mica, positiva, esperanzadora y optimista, que proporciona toda &eacute;tica objetiva.</p>      <p align="justify"><a name="no_03"></a><a href="#no03"><sup>3</sup></a> Hay que tener en cuenta que por el avance de la terapia ant&aacute;lgica, mediante la cual hoy es posible controlar un alt&iacute;simo porcentaje -casi la totalidad- de dolores severos, no se eliminan esas otras irrenunciables tareas del personal de salud: acompa&ntilde;ar al que sufre y ayudar a encontrarle sentido a su situaci&oacute;n.</p>      <p align="justify"><a name="no_04"></a><a href="#no04"><sup>4</sup></a> Los griegos llamaban a la ciencia <i>episteme, </i>que inclu&iacute;a tanto lo que llamamos f&iacute;sica como lo que llamamos filosof&iacute;a de la naturaleza. Los latinos la llamaron <i>scientia.</i></p>  <hr>  <font size="3">     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p></font>      <!-- ref --><p>1.&nbsp;<a href="http://unfccc.mt/portal_espanoyitems/3980.php" target="_blank">http://unfccc.mt/portal_espanoyitems/3980.php</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000041&pid=S0123-3122200700020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2.&nbsp;<a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2007/12/15/ciencia/1197703306.html" target="_blank">http://www.elmundo.es/elmundo/2007/12/15/ciencia/1197703306.html</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000042&pid=S0123-3122200700020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3.&nbsp;Rovaletti ML. La odisea de la especie:   el porvenir lejano de la humanidad. Acta Bioethica. 2005; 11(1):77-84.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S0123-3122200700020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">4.&nbsp;Artigas M. El hombre a la luz de la ciencia. Madrid: Palabra; 1992. p. 38.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S0123-3122200700020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">5.&nbsp;VV.AA. Misi&oacute;n Ciencia, Educaci&oacute;n y Desarrollo. Santa Fe de Bogot&aacute;: Presidencia de la Rep&uacute;blica, Colciencias; 1996. t. I. p. 216.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0123-3122200700020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">6.&nbsp;Drane J. La &Eacute;tica como car&aacute;cter y la investigaci&oacute;n m&eacute;dica. Acta Bioethicatica. 2004; 10(1):17-25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0123-3122200700020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>7.&nbsp;Misi&oacute;n de la Revista Persona y Bio&eacute;tica. <a href="http://personaybioetica.unisabana.edu.co/index.php/personaybioetica/about" target="_blank">http://personaybioetica.unisabana.edu.co/index.php/personaybioetica/about</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0123-3122200700020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8.&nbsp;Popper K. La l&oacute;gica de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. Madrid: Tecnos; 1994. p. 261.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0123-3122200700020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">9.&nbsp;Rodr&iacute;guez, E. Cultura &eacute;tica e investigaci&oacute;n en salud. Acta Bioethica. 2005; 11(1):11-21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0123-3122200700020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  <hr>      <p align="justify"><a href="#Inicio">Inicio</a></p>  </font>      ]]></body><back>
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