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<surname><![CDATA[Pérez-Bret]]></surname>
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<institution><![CDATA[,Hospital Centro de Cuidados Laguna Centro de Formación ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">  <a name="Inicio"></a>      <br>    <p align="center"><font size="4"><b>RELATO:    <br> &quot;DETR&Aacute;S DE UNA MIRADA&quot;</b></font></p>      <p align="justify">Encarnaci&oacute;n P&eacute;rez-Bret<a name="no001"></a><a href="#no_001"><sup>*</sup></a></p>      <p align="justify"><a name="no_001"></a><a href="#no001"><sup>*</sup></a> Enfermera. Licenciada en Antropolog&iacute;a Social y Cultural. Mag&iacute;ster en Bio&eacute;tica. Coordinadora del Centro de Formaci&oacute;n, Hospital Centro de Cuidados Laguna, Madrid, Espa&ntilde;a.    <br> <a href="mailto:eperezbret@yahoo.es">eperezbret@yahoo.es</a></p>      <p align="justify"><b>FECHA DE RECEPCI&Oacute;N:</b> 19-05-2009 - <b>FECHA DE ACEPTACI&Oacute;N:</b> 29-05-2009</p>     <p align="justify">  <hr>      <br>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Comenzaba una nueva ma&ntilde;ana primaveral. Entr&eacute; en el vestuario del hospital y mientras me pon&iacute;a el uniforme repasaba mentalmente los enfermos que hab&iacute;a atendido el d&iacute;a anterior. &iquest;C&oacute;mo estar&aacute; Pepe? &iquest;Habr&aacute; fallecido Mar&iacute;a esta noche? &iquest;Se le habr&aacute; quitado totalmente el dolor a Sebasti&aacute;n? &iquest;Habr&aacute;n venido a ver a Gonzalo? Y as&iacute; uno a uno, pasaban todos por mi mente. Cerr&eacute; la taquilla y sal&iacute; dispuesta a comenzar la jornada, las personas de la planta de cuidados paliativos me esperaban. Lo que en ese momento no sab&iacute;a era que ese d&iacute;a ser&iacute;a inolvidable para m&iacute;.</p>      <p align="justify">Luisa, la compa&ntilde;era que hab&iacute;a estado esa noche me aclar&oacute; todas mis dudas, dici&eacute;ndome c&oacute;mo se encontraba cada uno de los pacientes. Cuando acab&oacute;, me coment&oacute; que en la habitaci&oacute;n n&uacute;mero uno iba a ingresar en el transcurso de la ma&ntilde;ana un nuevo enfermo llamado Juan, con un tumor cerebral. Ten&iacute;a cincuenta a&ntilde;os.</p>      <p align="justify">La jornada transcurri&oacute; r&aacute;pidamente. Casi no me daba cuenta de que el reloj avanzaba mientras conversaba con los pacientes, hac&iacute;a las curas, pasaba visita conjuntamente con varios compa&ntilde;eros, consolaba a familiares desbordados. Cuando recog&iacute;amos las bandejas de la comida, nos avisaron del Servicio de Admisi&oacute;n que hab&iacute;a llegado Juan. Instantes despu&eacute;s Carmen, la celadora, nos avisaba que ya estaba en la habitaci&oacute;n. Me dirig&iacute; a su encuentro junto con Susana, la enfermera que trabajaba conmigo esa ma&ntilde;ana. Entramos en la habitaci&oacute;n y les saludamos con afecto. Juan estaba en la cama con unos ojos azules preciosos, muy abiertos. De pie, a su lado, su esposa Mar&iacute;a, le acariciaba la cabeza y algo m&aacute;s alejada se encontraba Noem&iacute;, su hija mayor. Nos miraron con atenci&oacute;n. Les preguntamos c&oacute;mo se encontraban.</p>      <p align="justify">&mdash;&nbsp;Bien, aunque ahora tiene fiebre. Lleva unos meses sin hablar, s&oacute;lo se comunica con los ojos &mdash;nos contestaron.</p>      <p align="justify">Solicitamos a Juan poder explorarle y nos dijo que s&iacute; con la mirada. Al preguntar a Mar&iacute;a si necesitaba algo, nos contest&oacute; que no. A los pocos minutos volvimos a la habitaci&oacute;n para hacerle una corta entrevista. Descubrimos que a Juan le encantaban los chistes y prometimos aprendernos algunos para cont&aacute;rselos. Insistimos en preguntar a Mar&iacute;a y a Noem&iacute; si necesitaban algo, y volvieron a girar la cabeza negativamente. Ya est&aacute;bamos en el pasillo.</p>      <p align="justify">&mdash;&nbsp;Me gustar&iacute;a preguntaros una cosa &mdash;nos dijo Mar&iacute;a. Sali&oacute; de la habitaci&oacute;n y cerr&oacute; la puerta tras de s&iacute;. Comenz&oacute; a llorar desconsoladamente.</p>      <p align="justify">&mdash;&nbsp;Cuando he salido del ascensor he visto a una persona fallecida en una camilla, cubierta con una s&aacute;bana blanca. Juan ha venido aqu&iacute; a morir. ¡Despu&eacute;s de todo lo que ha pasado!</p>      <p align="justify">La abrac&eacute; y observ&eacute; que no pod&iacute;a parar de llorar. Le dije que pod&iacute;amos hablar en una salita contigua. Mi compa&ntilde;era Susana se dirigi&oacute; a atender al resto de los enfermos. La esposa de Juan estaba asustada y cansada tras ocho meses de tratamiento intensivo contra el c&aacute;ncer. Lo que m&aacute;s le preocupaba era que su marido falleciese pronto y lo que ser&iacute;a de sus hijos. Me coment&oacute; que desde el momento del diagn&oacute;stico, que &eacute;l acept&oacute;, hab&iacute;a tenido mucha paz.</p>      <p align="justify">&mdash;&nbsp;No le he visto revelarse en ning&uacute;n momento, pero &iquest;por qu&eacute; a &eacute;l? &iquest;Es que no queda esperanza?</p>      <p align="justify">Yo la escuchaba con atenci&oacute;n. Le ofrec&iacute; un vaso de agua y unos pa&ntilde;uelos para secarse las l&aacute;grimas. Le pregunt&eacute; por la persona m&aacute;s cercana a ella, con la que pudiese desahogarse, en quien tuviese plena confianza. Me contest&oacute; que esa persona era su hermana. Hab&iacute;a hablado con ella esa ma&ntilde;ana y eso le hab&iacute;a consolado, pero ahora se encontraba descorazonada. Intent&eacute; transmitirle que aqu&iacute;, en la Unidad de Cuidados Paliativos, se ayuda a las personas a <i>vivir </i>lo mejor posible, a llevar su enfermedad junto con sus seres queridos, a encontrarse con el mayor bienestar posible.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&mdash;&nbsp;Puedes preguntarnos todo lo que quieras, siempre te vamos a decir la verdad.</p>      <p align="justify">Ella esboz&oacute; una leve sonrisa en se&ntilde;al de agrado. Prometimos mantener esa confianza mutua y la anim&eacute; a que volviera a hablar con su hermana. Mar&iacute;a repet&iacute;a una y otra vez que Juan no se pod&iacute;a morir. Me pregunt&oacute; si los ni&ntilde;os pod&iacute;an venir a verlo y le contest&eacute; afirmativamente. Le aconsej&eacute; que les preparase porque seg&uacute;n me dijo llevaban varios meses sin verlo. Mir&oacute; el reloj y dijo que ten&iacute;a que volver a la habitaci&oacute;n.</p>      <p align="justify">Cuando llegu&eacute; al control de enfermer&iacute;a ya estaban mis compa&ntilde;eras de la tarde. Les transmit&iacute; a ellas y al m&eacute;dico todo lo ocurrido. Entre todos decidimos apoyar a Mar&iacute;a con todos los medios a nuestro alcance. Nos hab&iacute;a impresionado la edad de Juan, su mirada profunda, y tambi&eacute;n el saber que ten&iacute;a ni&ntilde;os peque&ntilde;os a los que quer&iacute;a con locura.</p>      <p align="justify">Sal&iacute;a del hospital muy impresionada. En el coche, antes de arrancar el motor, son&oacute; el m&oacute;vil, mi amiga Ana me llamaba y yo le dije c&oacute;mo me encontraba. Pude contarle mis anteriores momentos y me anim&oacute; a descansar ese fin de semana. Sus palabras me llegaban llenas de &aacute;nimo pero recuerdo que las horas siguientes fueron dif&iacute;ciles. Con frecuencia me ven&iacute;a a la mente lo vivido y dec&iacute;a ¡Dios m&iacute;o, acomp&aacute;&ntilde;ales, ay&uacute;dales!, ¡qu&eacute; duro va a ser!</p>      <p align="justify">El lunes, cuando pas&eacute; por la puerta de la habitaci&oacute;n n&uacute;mero uno, el coraz&oacute;n me lati&oacute; con fuerza. &iquest;Qu&eacute; habr&iacute;a pasado? Al contarme el parte de enfermer&iacute;a Alberto me dijo que Juan estaba en coma, no respond&iacute;a a ning&uacute;n est&iacute;mulo y su mujer estaba agotada. A continuaci&oacute;n comenc&eacute; a preparar la medicaci&oacute;n y me pregunt&eacute;, &iquest;empiezo por la habitaci&oacute;n n&uacute;mero uno donde est&aacute; Juan, o voy a final de la planta y retrocedo? Decid&iacute; hacer esto &uacute;ltimo para que al acabar pudiera estar m&aacute;s tiempo con Mar&iacute;a y me contase c&oacute;mo estaba. Cuando llegu&eacute;, abr&iacute; la puerta con cuidado por si Mar&iacute;a todav&iacute;a dorm&iacute;a. Pero no era as&iacute;, se encontraba en una silla junto a la cama cogiendo la mano de Juan. Al verme levant&oacute; la cabeza, y sonri&oacute;.</p>      <p align="justify">&mdash;&nbsp;Tiene los ojos cerrados, parece completamente dormido.</p>      <p align="justify">Me acerqu&eacute;, tom&eacute; la otra mano de Juan y la acarici&eacute;.</p>      <p align="justify">&mdash;&nbsp;¡Qu&eacute; bien que est&aacute;s a su lado! No sabemos si nos oye o nos siente, pero ante esa duda pienso que a &eacute;l y a nosotros nos ayuda esta cercan&iacute;a &mdash;le dije.</p>      <p align="justify">Tras ponerle la medicaci&oacute;n, arrim&eacute; una silla junto a Mar&iacute;a y le pregunt&eacute; por el fin de semana. Me dijo que hab&iacute;a sido muy intenso.</p>      <p align="justify">&mdash;&nbsp;Todos nuestros hijos estuvieron el viernes por la tarde, lo besaron, pero los dos m&aacute;s peque&ntilde;os no fueron conscientes de la situaci&oacute;n de su padre. &Eacute;l les habl&oacute; a trav&eacute;s de una mirada intensa y llena de cari&ntilde;o. Despu&eacute;s de la cena tambi&eacute;n vino el capell&aacute;n a darle la Unci&oacute;n de enfermos porque yo lo solicit&eacute;, ya que Juan lo hab&iacute;a pedido semanas antes. El s&aacute;bado amaneci&oacute; dormido y ya no despert&oacute;. Susana, tu compa&ntilde;era, me ha dicho que probablemente el viernes fue una despedida y que ya est&aacute; en paz.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Yo le confirm&eacute; que ten&iacute;a la misma impresi&oacute;n y que mirase ahora el rostro de sosiego que ten&iacute;a Juan. Ella afirm&oacute; con la cabeza y comenz&oacute; a sollozar.</p>      <p align="justify">Le pregunt&eacute; si necesitaba algo y me dijo que no. Me interes&eacute; por si hab&iacute;a hablado con su hermana y respondi&oacute; que todos los d&iacute;as lo hac&iacute;a y eso la consolaba. Me cont&oacute; que sus dos hijos mayores no quer&iacute;an que estuviese sola en ning&uacute;n momento y que se iban a turnar para acompa&ntilde;arla. Ahora estaba con su hijo Sergio que se encontraba en la terraza de la habitaci&oacute;n. Me asom&eacute; a trav&eacute;s de la puerta. La persiana estaba levantada y el d&iacute;a tan luminoso permit&iacute;a deleitarse en una vista panor&aacute;mica preciosa.</p>      <p align="justify">&mdash;&nbsp;¡Es realmente relajante! &mdash;dijo Mar&iacute;a y yo asent&iacute; al ver a Sergio c&oacute;modamente sentado en el sill&oacute;n de la terraza.</p>      <p align="justify">&mdash;&nbsp;&iquest;C&oacute;mo lo lleva Sergio? &mdash;pregunt&eacute;. Mar&iacute;a me dijo que no era muy hablador, que no sol&iacute;a contar lo que pensaba, pero que le ve&iacute;a a veces preocupado. Lo invit&eacute; a que hablaran y compartiesen todo lo que sent&iacute;an. Le cont&eacute; a Juan el chiste prometido antes del fin de semana, segura de que en el fondo me escuchaba, y se ri&oacute;, aunque exteriormente no lo manifestara.</p>      <p align="justify">La ma&ntilde;ana continu&oacute;. A la hora de la visita conjunta pas&eacute; de nuevo por todas las habitaciones, hasta que llegu&eacute; a la de Juan, esta vez en compa&ntilde;&iacute;a de Jos&eacute;, el m&eacute;dico, y de Noem&iacute;, la alumna de tercero de enfermer&iacute;a. Nos sentamos todos alrededor de la cama, dispuestos a conversar. Mar&iacute;a permanec&iacute;a de pie agarrando la mano de Juan y preguntaba al m&eacute;dico muchas cuestiones t&eacute;cnicas: la fiebre, los resultados de los an&aacute;lisis, el nivel de consciencia, etc. Jos&eacute; pacientemente le explicaba todo.</p>      <p align="justify">&mdash;&nbsp;&iquest;C&oacute;mo est&aacute;? &mdash;pregunt&oacute; directamente.</p>      <p align="justify">Jos&eacute; hizo un gesto para que sali&eacute;ramos todos de la habitaci&oacute;n y en voz muy baja, imperceptible para Juan, le cont&oacute; que estaba muy mal, pero que no se sab&iacute;a cu&aacute;ndo pod&iacute;a fallecer. Insisti&oacute; en preguntar qu&eacute; m&aacute;s deseaba conocer y Mar&iacute;a coment&oacute; que no sab&iacute;a qu&eacute; hacer con los dos ni&ntilde;os m&aacute;s peque&ntilde;os, de 9 y 10 a&ntilde;os, si era conveniente que vieran a su padre cuando muriera. Ante esa pregunta afluyeron a mi mente los recuerdos familiares del fallecimiento de mis abuelos, cuando yo ten&iacute;a esa edad, y c&oacute;mo mis padres respetaron siempre mi opini&oacute;n.</p>      <p align="justify">Jos&eacute; se interes&oacute; por lo que pensaba Mar&iacute;a al respecto.</p>      <p align="justify">&mdash;&nbsp;Estoy hecha un l&iacute;o, por una parte Juan es su padre, al que ya nunca m&aacute;s van a ver, y por otra parte, puede afectarles para toda la vida.</p>      <p align="justify">Despu&eacute;s le pregunt&oacute; a Sergio su parecer, como hermano mayor de ellos. &Eacute;l pensaba que deb&iacute;an ver a su padre. Cada miembro del equipo presente en la habitaci&oacute;n expres&oacute; las diversas vivencias personales en circunstancias parecidas con seres queridos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&mdash;&nbsp;&iquest;Qu&eacute; quieren los ni&ntilde;os? &mdash;pregunt&oacute; Jos&eacute; y se hizo un silencio abrumador.</p>      <p align="justify">&mdash;&nbsp;Ellos quieren ver a su padre cuando haya muerto &mdash; contest&oacute; Mar&iacute;a con los ojos brillantes. Hubo entonces unanimidad entre los presentes para aconsejar a Mar&iacute;a que lo mejor ser&iacute;a dejarlos despedirse de Juan cuando falleciese, puesto que era su voluntad, pero que hab&iacute;a que prepararlos.</p>      <p align="justify">Casi sin darme cuenta termin&oacute; la ma&ntilde;ana y estaba dispuesta a comentar con mis compa&ntilde;eras de tarde el transcurso de la jornada con todas sus emociones. Al cambiar el turno Sara, la enfermera que hab&iacute;a estado tambi&eacute;n la tarde anterior, me dijo que hab&iacute;a conversado con Mar&iacute;a acerca de la educaci&oacute;n de sus hijos. Apreci&oacute; la gran dedicaci&oacute;n de Juan y Mar&iacute;a a cada uno de sus cuatro hijos. Tanto fue as&iacute;, que al final Sara le pidi&oacute; consejos a Mar&iacute;a para la educaci&oacute;n de sus dos peque&ntilde;os ni&ntilde;os. Me cont&oacute; que se sent&iacute;a identificada cuando entraba en la habitaci&oacute;n.</p>      <p align="justify">&mdash; Podr&iacute;a ser mi familia a la que le hubiese tocado vivir esa enfermedad. Mar&iacute;a es realmente una mujer muy fuerte y de gran coraz&oacute;n. Pasando todo lo que est&aacute; pasando, se ha interesado mucho por mis dos hijos y me ha dado muy buenos consejos para ayudarlos.</p>      <p align="justify">Pens&eacute; para mis adentros que en esta Planta de Cuidados Paliativos hab&iacute;a descubierto muchas &quot;Mar&iacute;a&quot;, pendientes siempre de sus familiares y a la vez de los profesionales que nos acerc&aacute;bamos para acompa&ntilde;arlos en esos momentos de dolor y sufrimiento. Repas&eacute; los acompa&ntilde;antes de los enfermos que hab&iacute;a en ese momento en la planta y comprend&iacute; que ten&iacute;an mucho m&eacute;rito. Cada caso, cada familia era singular, pero sin duda Juan nos estaba afectando a todos los miembros del Equipo, a cada cual seg&uacute;n sus peculiaridades.</p>      <p align="justify">Cuando me dirig&iacute;a a la salida pas&eacute; por delante de la habitaci&oacute;n n&uacute;mero uno. La puerta estaba cerrada y me daba cuenta de lo que dejaba. Me desped&iacute; mentalmente, pues tal vez ya no los volver&iacute;a a ver m&aacute;s.</p>      <p align="justify">Al comenzar la siguiente jornada llegu&eacute; al control de enfermer&iacute;a y me comentaron el estado de todos los pacientes. Nos dijeron que Juan estaba falleciendo y que ten&iacute;amos un nuevo paciente llamado Pepe. Paqui, mi compa&ntilde;era esa ma&ntilde;ana, prefiri&oacute; ir a ver a Pepe y yo me dirig&iacute; hacia la habitaci&oacute;n donde se encontraban Juan y su familia. Noem&iacute; estaba sentada junto a la cama, acarici&aacute;ndole la mano y llev&aacute;ndosela junto a su cara. Mar&iacute;a lo estaba afeitando y Sergio se encontraba al otro lado de la habitaci&oacute;n, junto a la ventana. La respiraci&oacute;n de Juan era estertorosa. A pesar ello, su cara reflejaba paz. Al verme, Mar&iacute;a me dijo que hab&iacute;a llegado el fin. Les pregunt&eacute; en qu&eacute; les pod&iacute;a ayudar y me pidi&oacute; que avisara al Capell&aacute;n para que rezara con ellos y as&iacute; lo hice.</p>      <p align="justify">A los pocos minutos fallec&iacute;a Juan rodeado de su familia y de miembros del Equipo. Mar&iacute;a, abrazada a sus hijos mayores, sollozaba mientras nos agradec&iacute;a toda nuestra ayuda. Nos pidi&oacute; que arregl&aacute;semos a Juan lo mejor posible para que los ni&ntilde;os no se impresionaran. Sergio se fue a buscarlos. Intentamos cumplir el deseo de Mar&iacute;a y tratamos de dejar a Juan lo mejor posible.</p>      <p align="justify">Mar&iacute;a, que en esos momentos se encontraba en el pasillo, nos agradeci&oacute; todo lo que hab&iacute;amos hecho por ellos. Entre otras cosas, nos coment&oacute; que lo que m&aacute;s le hab&iacute;a gustado era el hecho de que los ni&ntilde;os hubiesen visto a su padre, porque en los hospitales generales por los que hab&iacute;a pasado estaba prohibido que los ni&ntilde;os subiesen a las plantas.</p>      <p align="justify">Tambi&eacute;n valor&oacute; muy positivamente peque&ntilde;os detalles como el hecho de tener una salita con microondas para las familias donde poder hacerse una manzanilla &quot;cuando tienes los nervios rotos&quot;, el que haya una mini-nevera en la habitaci&oacute;n para tomar alguna bebida fresca, el paisaje tan relajante, visible a trav&eacute;s de las ventanas, el que se le llevara todos los d&iacute;as una bandeja con la comida a los acompa&ntilde;antes y, sobre todo, expres&oacute; que el trato de todo el Equipo que la hab&iacute;a atendido hab&iacute;a sido espl&eacute;ndido y nos lo agradeci&oacute; muy de veras. Nosotros le comentamos que hab&iacute;amos tenido la gozosa oportunidad de acompa&ntilde;arlos en esos momentos tan singulares para ellos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Mar&iacute;a se dispuso a llamar por tel&eacute;fono a todos sus familiares con la voz entrecortada y llorosa. Al poco tiempo lleg&oacute; Sergio con sus hermanos m&aacute;s peque&ntilde;os. Pasaron a la habitaci&oacute;n de la mano de su madre, le dieron un beso en la frente a Juan y le dijeron un &quot;adi&oacute;s pap&aacute;&quot;.</p>      <p align="justify">Cuando esa ma&ntilde;ana lleg&oacute; a su fin, tuve la sensaci&oacute;n de haber vivido una intensa despedida no s&oacute;lo de Juan, sino de una gran familia. El haber podido ayudarlos tanto t&eacute;cnica como humanamente hace que me enorgullezca una vez m&aacute;s de mi profesi&oacute;n. Una de las cosas que m&aacute;s me consol&oacute; en esa separaci&oacute;n fue haber podido compartir e intercambiar mis experiencias con mis compa&ntilde;eros y saberme apoyada en los momentos en que m&aacute;s lo necesitaba.</p>      <p align="justify">Este puede ser un caso representativo de lo que vivo a diario en mi lugar de trabajo, en donde se entremezclan el dolor y el sufrimiento con un verdadero agradecimiento del enfermo y su familia al intentar consolarlos y acompa&ntilde;arlos en esos momentos. Constato que por mucho que quieras dar, siempre es mayor lo que recibes de cada uno de ellos. Son muchos los hombres y las mujeres que han compartido conmigo los &uacute;ltimos momentos de su vida y ahora los llevo en mi coraz&oacute;n porque han dejado una huella imborrable. A ellos les agradezco el haberme dado esta gran oportunidad.</p>  <hr>      <p align="justify"><a href="#Inicio">Inicio</a></p>  </font>      ]]></body>
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