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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LEY NATURAL: UNA DE LAS CLAVES DE LA BIOÉTICA]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">  <a name="Inicio"></a>  <font size="4">     <br>    <p align="center"><b>EDITORIAL</b></p></font>      <br>    <p align="center"><font size="3"><b>LEY NATURAL:    <br> UNA DE LAS CLAVES DE LA BIO&Eacute;TICA</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>The Law of Natural:    <br> One of the Keys to Bioethics</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>A lei natural:    <br> uma clave da bio&eacute;tica</b></font></p> <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <p align="justify">El hombre, como ser vivo, tiene unos l&iacute;mites que en su mayor parte derivan de su dimensi&oacute;n material y corporal; en virtud de su dimensi&oacute;n inmaterial, &eacute;l mismo se crea otros que le complican su existencia personal y social. Esos l&iacute;mites se han venido incrementando con el avance de la posmodernidad y podr&iacute;a afirmarse que constri&ntilde;en cada vez m&aacute;s una tarea fundamental para el ser humano: la construcci&oacute;n de su felicidad.</p>      <p align="justify">En editoriales anteriores se han tratado algunos de los l&iacute;mites que tienen al mismo hombre por causa. Por un lado est&aacute;n los relacionados con el ecosistema, con la inadecuada utilizaci&oacute;n de los recursos naturales renovables y no renovables, y la hipertrofia de los problemas derivados de la emisi&oacute;n de gases que producen efecto invernadero. Pero a la vez se ha procurado mostrar una patolog&iacute;a de la cultura actual que, sin ser novedosa, tambi&eacute;n est&aacute; produciendo grandes efectos negativos: el relativismo.</p>      <p align="justify">Los l&iacute;mites que el hombre se autoimpone en este inicio del siglo XXI tienen mucha relaci&oacute;n con los problemas planteados a escala planetaria, pero no tanto como efectos de esas dificultades, sino principalmente porque son ellos, tales l&iacute;mites, los que est&aacute;n en el origen de esos problemas.</p>      <p align="justify">Por un lado est&aacute;n los inconvenientes que el hombre genera por la inadecuada utilizaci&oacute;n de los recursos: el incremento de sustancias t&oacute;xicas producido por la industria, por ejemplo. Por otro, est&aacute; la disminuci&oacute;n de la poblaci&oacute;n por las pol&iacute;ticas antinatalistas y los fen&oacute;menos de migraci&oacute;n originados por la violencia o la pobreza, que son un segundo orden de l&iacute;mites verdaderos que el hombre de hoy induce. Todos esos fen&oacute;menos est&aacute;n en la g&eacute;nesis de la crisis que experimenta el mundo en la actualidad.</p>      <p align="justify">Sobre algunos problemas mencionados ya se est&aacute;n tomando acciones concertadas, aunque el asumir responsabilidades sea todav&iacute;a una tarea pendiente; tampoco los acuerdos adoptados han tenido un car&aacute;cter vinculante para los Estados, sobre todo para los pa&iacute;ses del primer mundo. En la Cumbre de Copenhague, de finales del 2009, se tomaron determinaciones que son asim&eacute;tricas, y de las buenas intenciones generales no se concretaron decisiones que lleven a resolver problemas concretos.</p>      <p align="justify">En cambio, sobre el segundo grupo de problemas no parece haber ning&uacute;n tipo de acciones correctivas, porque precisamente no se ha captado el calado de su efecto &uacute;ltimo. Esa situaci&oacute;n ha tenido un efecto parad&oacute;jico: de una parte, las pol&iacute;ticas de restricci&oacute;n de la natalidad en los pa&iacute;ses ricos han llevado a la disminuci&oacute;n de los &iacute;ndices de recambio poblacional con la consiguiente inversi&oacute;n de las pir&aacute;mides demogr&aacute;ficas y los problemas secundarios al manejo del envejecimiento de un n&uacute;mero creciente de personas. Sin embargo, esas mismas pol&iacute;ticas en los pa&iacute;ses pobres desembocan en una disminuci&oacute;n del capital humano necesario para mantener funcional un aparato productivo: si no hay personas, no hay qui&eacute;n genere riqueza, ni qui&eacute;n tenga la capacidad de consumir, que es la supuesta clave del sistema actual.</p>      <p align="justify">Para intentar salir de esas apor&iacute;as, que la misma raz&oacute;n humana ha producido, es necesario encontrar una ruta segura y transitable por todos. Y es probable que no sea preciso construirla sino redescubrirla y empezar a recorrerla para orientarse adecuadamente y volver a encausar al ser humano a la felicidad que est&aacute; llamado a conquistar.</p>      <p align="justify">A primera vista parecer&iacute;a que un buen punto de apoyo lo suministra la Declaraci&oacute;n Universal de los Derechos Humanos. Aunque esta Declaraci&oacute;n se firm&oacute; en Par&iacute;s en 1948, su historia se remonta a la misma cuna del derecho: Roma. Mientras los griegos se dedicaban a filosofar, los romanos se dedicaron a hacer teor&iacute;a jur&iacute;dica (1). Sin embargo, el teatro donde surge el derecho y su &eacute;poca de eclosi&oacute;n en poco favorecieron su aplicabilidad a las personas: el derecho romano surge para estabilizar un imperio, no tanto para servir a las personas.</p>      <p align="justify">Pero tampoco se puede desconocer que ese inicial orden jur&iacute;dico de la comunidad participaba de una caracter&iacute;stica que es conveniente no perder de vista: desde Arist&oacute;teles (2) se sabe que el derecho pol&iacute;tico es en parte natural porque se apoya en lo humano del hombre, tiene fuerza propia y no depende de la opini&oacute;n cambiante de los individuos; y en parte legal o positivo, porque la ley escrita determina una regulaci&oacute;n y estructura una realidad social.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La unidad real entre derecho natural y derecho positivo es una caracter&iacute;stica del orden jur&iacute;dico y de los derechos humanos; as&iacute; lo reconocieron los romanos que se apoyaron en los griegos cuando su teor&iacute;a pol&iacute;tica demand&oacute; un piso filos&oacute;fico firme. Aquella unidad de orden se ve con claridad en la formulaci&oacute;n taxativa de los proleg&oacute;menos de los que m&aacute;s adelante se conocer&aacute;n como derechos humanos.</p>      <p align="justify">En la Escuela de Salamanca, en el siglo XVI, Francisco de Vitoria desarrolla el concepto de derechos humanos (3) ante la necesidad de regular, con un &quot;derecho de gentes&quot;, los cambios que se dieron en el mundo con ocasi&oacute;n del descubrimiento de Am&eacute;rica y su posterior conquista y colonizaci&oacute;n.</p>      <p align="justify">La modernidad trajo consigo la separaci&oacute;n de esa unidad del derecho y con ella el desarrollo de otra l&iacute;nea de pensamiento iniciada por Descartes y seguida por Leipniz, Spinoza y Kant, cuyo racionalismo cuaja &mdash;en lo pol&iacute;tico&mdash; en las ideas de Hobbes, Locke y Rousseau, fermento de varias revoluciones que inauguran el constitucionalismo: la revoluci&oacute;n norteamericana y francesa, en el siglo XVIII; y de los pa&iacute;ses iberoamericanos, en el siglo XIX (4). Se establecieron as&iacute; los que ser&aacute;n considerados los principios b&aacute;sicos del Estado liberal democr&aacute;tico o Estado de derecho (5).</p>      <p align="justify">Los derechos humanos se internacionalizan en el siglo XX gracias a las grandes guerras, mediante tratados, pactos, convenciones, declaraciones, creaci&oacute;n de organismos y tribunales supranacionales, etc., cuyo paradigma es la Declaraci&oacute;n Universal de los Derechos Humanos signada en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 1948 (6). Sin embargo esa unidad entre derecho natural y derecho positivo no se ha restablecido.</p>      <p align="justify">Una de las causas por las cuales tal divorcio persiste puede estar en la dificultad de volver a considerar lo natural como lo m&aacute;s normal: desde el siglo XVI lo natural fue sustituido por lo mec&aacute;nico (el concepto de naturaleza se cambi&oacute; por el de mecanismo) (7). Ahora ni siquiera el sentido com&uacute;n contribuye para establecer ciertas diferencias: antes lo natural era considerado como lo bueno y lo antinatural como lo contrario, en relaci&oacute;n con lo que distingue una acci&oacute;n humana de una inhumana: no torturar, no enga&ntilde;ar, no romper las promesas siempre se consider&oacute; como lo m&aacute;s natural, como lo humano.</p>      <p align="justify">Pero no solo lo natural se pone en tela de juicio: conceptos como principio y finalidad tambi&eacute;n lo est&aacute;n y, en el &aacute;mbito pr&aacute;ctico, deber&iacute;an permanecer unidos puesto que el obrar humano tiene raz&oacute;n de fin y el hombre es una clase peculiar de principio (8).</p>      <p align="justify">La importancia de restablecer esa unidad de orden en la vida y en el derecho estriba en la posibilidad real corregir el sentido del hombre actual y su cultura para orientarlo a un puerto que sea el adecuado a su peculiar constituci&oacute;n y posici&oacute;n en el mundo. Un elemento determinante para restablecer ese sentido puede ser la ley natural.</p>      <p align="justify">Al menos cinco conceptos (9) pueden servir para clarificar la necesidad de la ley natural en la construcci&oacute;n de ese camino o itinerario seguro al que se hac&iacute;a referencia en p&aacute;rrafos anteriores.</p>      <p align="justify"><i>La ley natural es principio intr&iacute;nseco y extr&iacute;nseco de acci&oacute;n. </i>En su calidad de ley es principio extr&iacute;nseco de la acci&oacute;n humana &mdash;y principio imperativo&mdash; (10) pero a la vez, por su car&aacute;cter racional y principalmente por su relaci&oacute;n con la libertad humana, es principio intr&iacute;nseco de ella; es principio intelectual y constitutivo del obrar &eacute;tico, es decir, de la acci&oacute;n racional y libre.</p>      <p align="justify"><i>La Ley natural es ley de la raz&oacute;n. </i>Aunque no sea innata porque se forma sobre la base de la noci&oacute;n de bien que la experiencia ayuda a configurar, la natural es ley de la raz&oacute;n, y de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica, en la medida que es capaz de captar la referencia al bien que se encuentra desde las mismas inclinaciones naturales, cuando &eacute;stas expresan los fines a los que ellas apuntan.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><i>Universalidad de la ley natural. </i>Los preceptos de la ley natural son aplicables a todos y cada uno de los miembros de la especie humana pues se apoya en lo que es m&aacute;s propio de ellos, su esencia. Esa aplicabilidad demanda una responsabilidad tambi&eacute;n universal: nadie puede desentenderse de unos preceptos que, proviniendo de su interior, le orientan hacia los verdaderos bienes.</p>      <p align="justify"><i>Historicidad de la ley natural. </i>La ley natural, por su car&aacute;cter indeterminado, reclama una determinaci&oacute;n positiva que la inserta dentro del tiempo y la historia. Pero no es que se identifique con las leyes positivas sino que funciona dentro de ellas en su calidad de correctora de las mismas.</p>      <p align="justify"><i>La ley natural como concepto filos&oacute;fico</i>. La relevancia del concepto de ley natural deriva de su profunda raigambre filos&oacute;fica, de su propuesta de hacer justicia a la verdad del hombre. En este sentido, la ley natural &quot;es una regulaci&oacute;n de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica del hombre que establece los criterios permanentes para guiar las tendencias y acciones humanas y para trazar la diferencia entre 'bien' y 'mal' en ellas&quot; (11).</p>      <p align="justify">Los escritos que se ofrecen en el presente n&uacute;mero de <i>Persona y Bio&eacute;tica </i>buscan mostrar, en diferentes &aacute;mbitos y aplicaciones, la importancia de contar con esa coherencia entre orden natural y orden jur&iacute;dico, que permita rebasar los estrechos marcos de las tendencias ciegas, de los condicionamientos determinados por la afectividad desordenada, de los convencionalismos sociales ajenos al bien com&uacute;n, de las pol&iacute;ticas internacionales que dejan de lado los verdaderos bienes de las personas; en suma, de la aplicaci&oacute;n obtusa de la ley del m&aacute;s fuerte.</p>      <p align="justify">El art&iacute;culo &quot;Bio&eacute;tica e infancia: compromiso &eacute;tico con el futuro&quot;, denuncia las situaciones que, en el mundo actual, afectan a los ni&ntilde;os y a trav&eacute;s de ellos, a las generaciones por venir y al planeta que dejaremos en herencia; pero adem&aacute;s plantea, como un deber bio&eacute;tico fundamental, la atenci&oacute;n de la infancia y las caracter&iacute;sticas que ella engloba, desde la perspectiva de los derechos del ni&ntilde;o.</p>      <p align="justify">Para que ese futuro sea promisorio es clave la &quot;Formaci&oacute;n en &eacute;tica y profesionalismo para las nuevas generaciones&quot;. En este escrito se muestra la importancia de un aspecto solo en apariencia peque&ntilde;o: los profesionales de la salud han de aprender a anteponer a su propio inter&eacute;s el inter&eacute;s de los dem&aacute;s. Y se hace una reflexi&oacute;n sobre las virtudes, los valores y los principios que los maestros han de saber transmitir a los disc&iacute;pulos para propiciar en ellos la transformaci&oacute;n personal que combine, de manera balanceada, capacidad t&eacute;cnica y profesionalismo, que desembocar&aacute;n en una necesaria humanizaci&oacute;n de las ciencias de la salud.</p>      <p align="justify">En una l&iacute;nea an&aacute;loga pueden catalogarse los contenidos del art&iacute;culo &quot;Consentimiento informado y aborto en Espa&ntilde;a&quot;, tema de gran actualidad ahora que el gobierno espa&ntilde;ol ha puesto en vigencia una nueva ley de aborto y la imposici&oacute;n de una educaci&oacute;n que intenta justificar esa y otras conductas ajenas a la pr&aacute;ctica m&eacute;dica (12).</p>      <p align="justify">Tanto en el proceso de formaci&oacute;n de los nuevos profesionales de la salud como en el ejercicio de la objeci&oacute;n de conciencia, y en general en cualquier acto humano, son imprescindibles las competencias comunicativas. Esta realidad es tratada a partir de una de sus aplicaciones en el art&iacute;culo &quot;El proceso comunicativo en la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente terminal&quot;. Cuando faltan o son d&eacute;biles esas competencias comunicativas se producen efectos no deseados.</p>      <p align="justify">En el escrito &quot;Dependencia y maltrato en el paciente anciano con demencia&quot; se encuentra un ejemplo patente de esa falencia. A trav&eacute;s de un interesante estudio efectuado en M&eacute;xico se puede inferir &mdash;entre otras cosas&mdash; que la relaci&oacute;n entre el maltrato y el no respeto por las preferencias en personas ancianas aquejadas de demencia leve a moderada puede estar relacionada con la incapacidad para establecer y mantener una comunicaci&oacute;n fruct&iacute;fera con ellas.</p>      <p align="justify">No sobra volver a poner de presente que muchos errores pr&aacute;cticos deben su existencia a planteamientos te&oacute;ricos poco afortunados, cuando no claramente desenfocados. Un ejemplo de lo anterior se puede encontrar en el estudio &quot;Emmanuel Mounier y el existencialismo ateo: debate entorno a la intersubjetividad y la muerte&quot;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Pero tambi&eacute;n en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica son claves esos elementos te&oacute;ricos para ayudar a que ella discurra por cauces acordes con la realidad tanto de quien act&uacute;a en el campo de la salud como de quien recibe esa acci&oacute;n. El art&iacute;culo &quot;Elementos para valorar los m&eacute;todos de fertilizaci&oacute;n asistida&quot; plantea las inquietudes que surgen de la aplicaci&oacute;n de unas t&eacute;cnicas cuyo procedimiento y resultados dejan de lado la dignidad de las personas involucradas en ellas.</p>      <p align="justify">Para reconciliar la ciencia con su destino primigenio de servir al hombre, es necesario &quot;Reencantar la vida&quot;; este t&iacute;tulo sirve de abrebocas a un bello escrito que plantea una senda para la docencia en las ciencias de la salud, formulada en dos sencillas estrategias perfectamente aplicables; porque es necesario defender la docencia &quot;universitaria&quot; frente a su tecnificaci&oacute;n.</p>      <p align="justify">Solo en la medida en que seamos capaces de lograr revertir la tendencia a investigar sin preguntarse por los principios, por el sentido y la finalidad de las cosas, en esa medida la tecnolog&iacute;a, y la biotecnolog&iacute;a, pasar&aacute;n a ocupar un papel verdadero al servicio de la persona humana. Y quien investiga volver&aacute; a tener la capacidad de asombro que encanta la vida y todas sus realidades.</p>      <p align="justify">Finalmente, la secci&oacute;n Bio&eacute;tica Pr&aacute;ctica trae un relato que lleva por t&iacute;tulo &quot;No lo hagas: yo ya pas&eacute; por eso&quot;, sobre la cruda realidad de un aborto secundario a acceso carnal violento. Esta narraci&oacute;n fue tomada por la doctora Luc&iacute;a Catalina Trujillo Escobar a una de sus pacientes &mdash;con su respectiva autorizaci&oacute;n&mdash;, durante la tarea de manejar el s&iacute;ndrome posaborto, y fue amablemente cedida para la revista <i>Persona y Bio&eacute;tica.</i></p>      <p align="right">Gilberto A. Gamboa-Bernal    <br> <a href="mailto:gilberto.gamboa@unisabana.edu.co">gilberto.gamboa@unisabana.edu.co</a>    <br>  <hr>  <font size="3">     <br>    <p><b>Referencias</b></p></font>      <!-- ref --><p align="justify">1. Albendea-Pab&oacute;n J. Manual de ideas pol&iacute;ticas. Su historia y desarrollo. Bogot&aacute;: Ed. Jur&iacute;dica Gustavo Ib&aacute;&ntilde;ez; 1999. p. 20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0123-3122201000010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">2.&nbsp;Arist&oacute;teles. &Eacute;tica a Nic&oacute;maco. V, 1134 b 20 ss. Madrid: Gredos; 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0123-3122201000010000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">3.&nbsp;Beuchot M. Filosof&iacute;a y Derechos Humanos. M&eacute;xico: Siglo XXI; 2001. p. 61 y ss.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0123-3122201000010000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">4.&nbsp;Gentile JH. Los Derechos Humanos hoy. Rev. Jur&iacute;dica 2003; (7): 126-133.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0123-3122201000010000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">5.&nbsp;Reale G, Antiseri D. Historia del pensamiento filos&oacute;fico y cient&iacute;fico. Tomo II. Barcelona: Herder; 2004. p.  572.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0123-3122201000010000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>6.&nbsp;Declaraci&oacute;n Universal de los Derechos Humanos. Disponible en <a href="http://www.un.org/es/documents/udhr/" target="_blank">http://www.un.org/es/documents/udhr/</a> &#91;Fecha de consulta: 22 de marzo de 2010&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0123-3122201000010000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>      <!-- ref --><p>7.&nbsp;Spaemann R. La visi&oacute;n universalista de la ley natural. Disponible en <a href="http://www.aebioetica.org/rtf/universalista.pdf" target="_blank">http://www.aebioetica.org/rtf/universalista.pdf</a> &#91;Fecha de consulta: 21 de mayo de 2010&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0123-3122201000010000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>      <!-- ref --><p align="justify">8.&nbsp;Arist&oacute;teles. &Eacute;tica a Nic&oacute;maco. VI, 2. Madrid: Gredos; 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0123-3122201000010000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">9.&nbsp;Gonz&aacute;lez AM. Claves de Ley natural. Madrid: Rialp; 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0123-3122201000010000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">10.&nbsp;Mill&aacute;n-Puelles A. &Eacute;tica y realismo. Madrid: Rialp; 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0123-3122201000010000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p align="justify">11.&nbsp;Rhonheimer M. La perspectiva de la moral. Fundamentos de la &Eacute;tica Filos&oacute;fica. Madrid: Rialp; 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0123-3122201000010000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>12.&nbsp;Abortar en el primer trimestre no requiere desde hoy ninguna justificaci&oacute;n. Disponible en <a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2010/07/05/espana/1278308458.html" target="_blank">http://www.elmundo.es/elmundo/2010/07/05/espana/1278308458.html</a> &#91;Fecha de consulta: 5 de mayo de 2010&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0123-3122201000010000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>      <p><a href="#Inicio">Inicio</a></p>  </font>      ]]></body><back>
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