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<journal-title><![CDATA[Revista U.D.C.A Actualidad & Divulgación Científica]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[UNA MIRADA AL MUNDO ÉTICO DE LA VIDA A PARTIR DE LA EXPERIENCIA DEL DOLOR CLÍNICO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper explores the phenomena of pain based on the ethical considerations of Emmanuel Levinas. For this purpose, some phenomenological postulates about the world of life are exposed; later, the proposal of the non-intentional consciousness in relation with the phenomena of pain is unfolded; finally, both the thesis of world of life as the nonintentional thesis are considered useful as base to analyze the clinical phenomena of pain. This article presents some conclusions that allow to reflect about the medical ethics in front of pain in the world of life.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">     <p align=right><b>CIENCIAS DE LA SALUD - Art&iacute;culo de Reflexi&oacute;n</b></p>     <p align="center"><b>UNA MIRADA AL MUNDO &Eacute;TICO DE LA VIDA A PARTIR DE LA EXPERIENCIA DEL DOLOR CL&Iacute;NICO</b></p>     <p align="center"><b>A VIEW OF THE ETHICAL LIFEWORLD FROM EXPERIENCE OF CLINICAL PAIN</b></p>     <p><b>Luis Guillermo Jaramillo<sup>1</sup>, Juan Carlos Aguirre<sup>2</sup></b></p>     <p><sup>1</sup>Doctor en Ciencias Humanas y Sociales - Educaci&oacute;n, Universidad del Cauca Ciudadela Campestre La Rioja, Casa i-2 Popay&aacute;n, Cauca, Colombia. E-mail: <a href="mailto: ljaramillo@unicauca.edu.co">ljaramillo@unicauca.edu.co</a> </p>     <p><sup>2</sup>Mag&iacute;ster en Filosof&iacute;a, Universidad del Cauca Ciudadela Campestre La Rioja, Casa i-7 Popay&aacute;n, Cauca, Colombia. E-mail: <a href="mailto: jcaguirre@unicauca.edu.co">jcaguirre@unicauca.edu.co</a>.</p>     <p>Rev. U.D.C.A Act. &amp; Div. Cient. 15(1): 9 - 17, 2012</p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>El art&iacute;culo explora el fen&oacute;meno del dolor a la luz de las consideraciones &eacute;ticas de Emmanuel Levinas. Para ello, se exponen algunos postulados fenomenol&oacute;gicos acerca del mundo de la vida; posteriormente, se despliega la propuesta de la conciencia no-intencional vista en relaci&oacute;n con el fen&oacute;meno del dolor y, finalmente, tanto la tesis del mundo de la vida como la de la conciencia no-intencional sirven como soportes para analizar el fen&oacute;meno del dolor cl&iacute;nico. El art&iacute;culo presenta unas conclusiones que permitir&aacute;n reflexionar sobre la &eacute;tica m&eacute;dica frente al dolor, en el mundo de la vida.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave:</b> Dolor, paciente, empat&iacute;a, comunicaci&oacute;n, conciencia.</p> <hr>     <p><b>SUMMARY</b></p>     <p>This paper explores the phenomena of pain based on the ethical considerations of Emmanuel Levinas. For this purpose, some phenomenological postulates about the world of life are exposed; later, the proposal of the non-intentional consciousness in relation with the phenomena of pain is unfolded; finally, both the thesis of world of life as the nonintentional thesis are considered useful as base to analyze the clinical phenomena of pain. This article presents some conclusions that allow to reflect about the medical ethics in front of pain in the world of life.</p>     <p><b>Key words:</b> Pain, patient, empathy, communication, consciousness.</p> <hr>     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N: LEBENSWELT O MUNDO DE LA VIDA</b></p>     <p>Antes de establecer la relaci&oacute;n entre Lebenswelt o Mundo de la vida y &Eacute;tica de la vida es preciso enmarcar la Lebenswelt dentro del pensamiento del fenomen&oacute;logo Edmund Husserl, toda vez que es, en este marco, donde tendr&aacute; lugar la presente discusi&oacute;n. No se har&aacute; una ex&eacute;gesis detallada del concepto, sino que se resaltar&aacute;n los puntos a los que se aludir&aacute; con mayor &eacute;nfasis; tampoco se agotar&aacute; la literatura sobre el tema, la cual, es bastante amplia (a modo de ejemplo, los trabajos de Gadamer, 1993; Habermas, 1987; Str&ouml;ker, 1997; Iribarne, 2008; Walton, 1993), sino que nos limitaremos al par&aacute;grafo 10 de "Experiencia y Juicio" (Husserl, 1980), titulado: "El retroceso a la evidencia de la experiencia como retroceso al mundo vital &#91;Lebenswelt&#93;. Destrucci&oacute;n de las idealizaciones que cubren el mundo vital". Valga aclarar que Husserl (2008b) abord&oacute; con detalle y sumo cuidado estas cuestiones.</p>     <p> Al fenomen&oacute;logo le interesa indagar acerca de los cimientos de la experiencia, tratando de buscar c&oacute;mo tal experiencia se da a nosotros de manera evidente, es decir, clara, sin lugar a dudas. Es sabido que todo conocimiento evidente adquiere la forma de una proposici&oacute;n, Husserl habla de juicios predicativos o enunciados afirmativos, en otras palabras, la forma S es P, donde S es el sujeto y P el predicado; por ejemplo: Juan est&aacute; enfermo, Mar&iacute;a cuida a sus pacientes. Esos enunciados alcanzan su plena exposici&oacute;n cuando se enuncian como "juicios". Ahora bien, la b&uacute;squeda que inicia el fenomen&oacute;logo se dirige a dejar clara la relaci&oacute;n entre lo que se afirma en P acerca de S, o sea, la forma como el juicio se relaciona con la experiencia que enuncia; en definitiva, cu&aacute;l es el suelo del que brota el juicio.</p>     <p>Hablar de suelo es plantear la premisa que, a lo largo de los a&ntilde;os, los juicios han ido acumulando sentidos que es preciso develar si se quiere encontrar cu&aacute;l fue la fuente de su origen. El m&eacute;todo fenomenol&oacute;gico tendr&aacute; que recurrir al an&aacute;lisis gen&eacute;tico, es decir, g&eacute;nesis u origen, de modo que se despejen las diversas idealizaciones que se han ido tejiendo alrededor de la experiencia, ocult&aacute;ndola o haciendo que aparezca confusa. Despu&eacute;s de este proceso, quedar&iacute;amos con el mundo de la experiencia, con el mundo vital en el que siempre hemos vivido, en el terreno sobre el que se asienta todo conocimiento y toda ciencia.</p>     <p> El propio Husserl reconoce que esta tarea no es f&aacute;cil, pues no se trata solamente de "remontarnos, a partir de algunos juicios particulares que podemos tener a la vista como ejemplos, a la manera como se dan previamente los objetossustratos" (Husserl, 1980), sino de comprender el complejo horizonte, en el que cada una de las funciones de experiencia, se confunden de modo inseparable. Este entretejimiento de funciones, oculto en la formulaci&oacute;n definitiva del juicio, siempre ha estado circund&aacute;ndonos y nos lo hemos ido apropiando, "mediante comunicaci&oacute;n, aprendizaje o tradici&oacute;n" (Husserl, 1980), en otras palabras, este mundo nos ha sido predado en nuestra familiaridad y, a su vez, en &eacute;l se nos ha se&ntilde;alado de antemano el sentido con el que todo objeto es determinable, en general, como lo-que-es.</p>     <p> Husserl (1980) plantea que el pre-darse de lo-que-es permite el actuar de la ciencia y sus m&eacute;todos: "el estilo de esta manera de conocer se ha hecho tan paradigm&aacute;tico que de antemano existe la convicci&oacute;n de que los objetos de nuestra experiencia est&aacute;n determinados en s&iacute;, y que la funci&oacute;n del conocimiento es justo descubrir en una aproximaci&oacute;n estas determinaciones existentes en s&iacute; y fijarlas de manera "objetiva" como son en s&iacute;". Es obvio que las ciencias f&iacute;sico-matem&aacute;ticas toman el mundo de nuestra experiencia y determinan en &eacute;l lo-que-es en s&iacute;, de manera objetiva. En el mundo espacio-temporal, las ciencias experimentan y establecen leyes causales: "con la misma obviedad se presupone que el nexo causal de lo-que-es, tal como se da en la experiencia, es el mismo que se determina posteriormente con exactitud y objetividad en la ciencia objetiva, como aquel nexo a que se refieren las leyes causales exactas" (Husserl, 1980). Seg&uacute;n lo anterior, el mundo de la experiencia se ve reflejado en las idealizaciones del mundo de la ciencia, por ejemplo, la idealizaci&oacute;n del espacio conduce al espacio exacto de la geometr&iacute;a; sin embargo, valga aclarar, que tales idealizaciones se basan en los datos previos de nuestra experiencia inmediata (el punto cumbre del desarrollo de esta idea se encuentra en Husserl (2008a).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Se puede decir, entonces, que el conocimiento cient&iacute;fico hunde sus ra&iacute;ces en contextos vitales o mundo de la vida, como punto de partida para la elaboraci&oacute;n de conceptos y de categor&iacute;as, sobre los cuales, la ciencia dar&aacute; cuenta como saber sistem&aacute;tico y verdadero, en otras palabras, la ciencia toma sus problemas del mundo cotidiano o cotidianidad de la vida y los resultados de ese proceso de elaboraci&oacute;n de conocimiento nuevo se revierten sobre esas estructuras de la vida social; de este modo, podemos decir que la praxis social es g&eacute;nesis y, a la vez, punto de llegada de los procesos de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica (una explicaci&oacute;n detallada de este proceso, se encuentra en San Mart&iacute;n, 2010). Ahora bien, el pensamiento moderno, caracterizado por lo que Husserl llama: la matematizaci&oacute;n de la naturaleza, "sustituy&oacute; el mundo de nuestra experiencia por el mundo exacto, olvid&aacute;ndose completamente de preguntar por las operaciones originarias, dadoras de sentido; con ello se pas&oacute; por alto que ese m&eacute;todo de la idealizaci&oacute;n, a fin de cuentas, no logra m&aacute;s que una anticipaci&oacute;n ampliada hasta el infinito de lo que cabe esperar de la experiencia" (Husserl, 1980). Aguirre &amp; Jaramillo (2010a) exponen una presentaci&oacute;n detallada de este proceso de idealizaci&oacute;n. Seg&uacute;n ellos, la idealizaci&oacute;n es vista por Husserl como un ejercicio de arropar la experiencia cotidiana, como un cubrir la experiencia pura. Lo complejo de la situaci&oacute;n es que cuando se intenta descubrir los fundamentos de lo que es en s&iacute;, de los fundamentos del conocer, se toma a la naturaleza arropada, idealizada, es decir, se hace uso de la arquitect&oacute;nica de las ciencias, de sus proposiciones y leyes. Esto, a decir de Husserl, ha conducido al olvido de la experiencia originaria y a la entronizaci&oacute;n del conocimiento exacto, como &uacute;nico tipo de conocimiento posible; por ello, la formulaci&oacute;n de la Lebenswelt es un esfuerzo de Husserl por integrar en la explicaci&oacute;n de la naturaleza de la ciencia elementos que, de no tenerse en cuenta, conducir&iacute;an a una imagen un&iacute;voca, pero irreal del fen&oacute;meno cient&iacute;fico.</p>     <p> Finalmente, Husserl propugna por lo que &eacute;l llama: la justificaci&oacute;n de la doxa, lo cual, consiste en integrar el saber exacto de la ciencia y el saber de la experiencia pre-predicativa dadora desde el mundo de la vida. Doxa, en este contexto, significa "el &aacute;mbito de las evidencias &uacute;ltimas y originarias a&uacute;n no exactas ni idealizadas f&iacute;sico-matem&aacute;ticamente" (Husserl, 1980). Tal justificaci&oacute;n de la doxa, necesariamente, exigir&aacute; buscar la experiencia del mundo vital, deshaci&eacute;ndose, as&iacute; sea metodol&oacute;gicamente, como cuando se practica la epoj&eacute;, de las idealizaciones.</p>     <p> El retorno al mundo vital no es una mera defensa del empirismo ingenuo, no es una simple aceptaci&oacute;n del mundo tal y como se nos da, sino que involucra la historicidad, durante, la cual, los sentidos se han ido sedimentando. Muy a pesar de lo que algunos creen, la Lebenswelt no es un programa que se pretenda convertir en ciencia aut&oacute;noma, una especie de exclusividad de lo que Maffesoli (1993, 1997) denomina "Conocimiento Ordinario", es m&aacute;s bien un ejercicio que tiene como fin "esclarecer el camino por el que debe llegarse a las evidencias en niveles superiores y de los presupuestos ocultos en los que estas evidencias se fundan y los que determinan y limitan su sentido" (Husserl, 1980). Con base en lo anterior, podemos decir que los procesos vitales del ser humano, en este caso su salud, desbordan las pretensiones te&oacute;rico-asistenciales de la ciencia m&eacute;dica (Gadamer, 1996); por lo general, el concepto de saludenfermedad se ha entendido como la asistencia que se dirige desde un sujeto que porta un saber especializado y exacto, hacia un otro necesitado que ignora los motivos y los or&iacute;genes de su dolor y su enfermedad. El mundo de la experiencia o mundo vital en el que el paciente siempre ha vivido, no es determinante, por cuanto se precisa un diagn&oacute;stico "veraz" acerca de la enfermedad; en tal sentido, la medicina no alcanza a comprender c&oacute;mo en el complejo horizonte de las experiencias del paciente, se entretejen, de modo inseparable, unidades de sentido que dan cuenta de su enfermedad. Por el contrario, la linealidad de la ciencia m&eacute;dica, se asienta en la l&oacute;gica de la evidencia que porta el profesional de la salud y que "suele manifestarse como un distanciamiento y objetivaci&oacute;n del otro en la formalizaci&oacute;n del lenguaje, haciendo del otro-paciente un extra&ntilde;o y un subordinado" (Boh&oacute;rquez &amp; Jaramillo, 2004). Esta relaci&oacute;n de distancia no es m&aacute;s que el alejamiento tematizante y objetivo del otro, con el fin de ir a la constataci&oacute;n de un saber que se ha previsto de antemano; como consecuencia, en medicina se aprende lo desconocido del otro, paciente, con la ayuda de lo conocido o saber m&eacute;dico del mismo. Frente a esta negaci&oacute;n del otro, veamos a continuaci&oacute;n c&oacute;mo el fil&oacute;sofo Emmanuel Levinas propone una apertura &eacute;tica del Otro, desde el mundo de la vida en la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente (advertimos que estas tem&aacute;ticas no son exclusividad del pensamiento de Levinas; ver al respecto los trabajos de Canguilhem, 1982). Posici&oacute;n que est&aacute; en correspondencia con otros autores, como Thoresen <i>et al.</i> (2011), quienes consideran que el mundo de la vida puede ayudar a los profesionales a ser conscientes de las dimensiones significativas y relevantes que vivencian las personas que est&aacute;n cercanas a la experiencia de la muerte.</p>     <p><b> EL MUNDO DE LA VIDA COMO APERTURA A UNA RELACI&Oacute;N &Eacute;TICA M&Eacute;DICO-PACIENTE.</b> Antes de presentar las l&iacute;neas generales del pensamiento de Levinas es necesario hacer la siguiente salvedad: se ha dicho que m&aacute;s que Fenomenolog&iacute;a existen fenomenolog&iacute;as (Herrera, 2007; Aguirre &amp; Jaramillo, 2009); en el caso de Levinas, la ruptura con la ortodoxia husserliana intent&oacute; enmarcarla en su propuesta de la conciencia no-intencional. En el art&iacute;culo "La conciencia no-intencional" (Levinas, 1991), el autor refina su posici&oacute;n con respecto a la intencionalidad husserliana, destacando que ella es una deuda que tiene con Husserl; para Levinas, el gran aporte de la fenomenolog&iacute;a consiste en que "lo pensado -objeto, tema, sentido- remite al pensamiento que lo piensa, pero determina tambi&eacute;n la articulaci&oacute;n subjetiva de su aparecer: el ser determina sus fen&oacute;menos" (Levinas, 2004); esto anuncia una nueva forma de desarrollar conceptos no reducida a lo emp&iacute;rico ni a deducciones anal&iacute;ticas, sint&eacute;ticas o dial&eacute;cticas.</p>     <p> Reconocida su deuda con el fundador de la fenomenolog&iacute;a y expuesto su aporte en el proceso del conocimiento, Levinas pasa a cuestionar las tesis husserlianas, a las que acusa de privilegiar lo teor&eacute;tico, es decir, la representaci&oacute;n, el saber, el sentido ontol&oacute;gico del ser (una cr&iacute;tica similar, se puede encontrar en Sartre, 2003). Levinas ve en la consideraci&oacute;n husserliana de la "intencionalidad no te&oacute;rica", en el Lebenswelt, incluso en los an&aacute;lisis del cuerpo ampliamente desarrollados por otros autores, como Merleau-Ponty (1976), vanos intentos por salir de la esfera teor&eacute;tica del marco de la experiencia, pues esta intencionalidad mentalista propone sustituir el ser por la conciencia, trasformando el "en s&iacute;" del mundo por la objetividad de un mundo dado para el sujeto, a partir de sus representaciones (Gait&aacute;n, 2010).</p>     <p> Para Levinas, Husserl (1995) coloca la intencionalidad como a priori de todo conocimiento teorizante; aqu&iacute; la conciencia es punto de partida, en tanto es conciencia de… e inseparable del objeto intencional. De este modo, el objeto se presenta como re-presentaci&oacute;n de todo acto objetivante, siendo para la misma conciencia objeto de… Husserl (1995) a trav&eacute;s de la intencionalidad, invita a que nos preguntemos hacia d&oacute;nde tiende la conciencia, d&aacute;ndose una tematizaci&oacute;n del otro, en el orden fenom&eacute;nico del aparecer.</p>     <p> Por consiguiente, Levinas sintetiza sus cr&iacute;ticas contra lo que para la tradici&oacute;n filos&oacute;fica es la fuente de sentido, a trav&eacute;s de los siguientes planteamientos: la correlaci&oacute;n conocimiento y ser: "la correlaci&oacute;n conocimiento-ser, la tem&aacute;tica de la contemplaci&oacute;n, significa una diferencia y, a la vez, una diferencia sobrepasada en lo verdadero donde lo conocido es comprendido y, de este modo, apropiado por el saber y como eximido de su alteridad" (Levinas, 2006). Para Levinas, lo &uacute;nico que podr&iacute;a romper lo teor&eacute;tico ser&iacute;a la relaci&oacute;n con el otro, la cual, no se puede dar plenamente sino en el marco de la conciencia no-intencional; precisamente, se pregunta si el pensamiento, entendido como saber desde la ontolog&iacute;a de la filosof&iacute;a primera, agota los posibles de la significancia del pensamiento y si, tras el saber y su dominio sobre el ser, no surge una sabidur&iacute;a m&aacute;s urgente.</p>     <p> Para responder esta pregunta, Levinas (2004) establecer&aacute; la distinci&oacute;n entre la conciencia intencional y la conciencia no reflexiva o pre-reflexiva y se preguntar&aacute;: "&iquest;Sabe en sentido estricto el «saber» de la conciencia pre-reflexiva?" Esta conciencia pre-reflexiva ser&aacute; un saber que, lejos de anclarse en la claridad y en la distinci&oacute;n, se debe comprender como un desvanecimiento u ocultamiento de la presencia. Levinas denominar&aacute; esta conciencia pre-reflexiva mala conciencia, caracterizada por carecer de intenciones, enfoques, nombre, situaci&oacute;n, t&iacute;tulos; determinada por estar desnuda de todo atributo; desnudez que no se consigue a partir del develamiento o el descubrimiento de su verdad (en <u>Totalidad e Infinito</u> dir&aacute;: verdad plena que s&oacute;lo puede brotar de la revelaci&oacute;n); conciencia pre-reflexiva que, lejos de ser actividad del <i>yo puedo</i>, brota de la pasividad: "en la pasividad de lo no-intencional se pone en cuesti&oacute;n la justicia misma de la posici&oacute;n en el ser que se afirma en el pensamiento intencional, saber y dominio de la manu-tenci&oacute;n: ser como mala conciencia; estar en cuesti&oacute;n, pero tambi&eacute;n ser interrogado, tener que responder: nacimiento del lenguaje".</p>     <p> Sin embargo, esta respuesta no se puede dar en el tribunal del psiquismo como un ejercicio de autocr&iacute;tica en el que, el pensador, siempre apoyado en alguna argucia, saldr&iacute;a bien librado. Tener que responder nos sit&uacute;a en lo m&aacute;s exterior, en lo que no se deja reducir, debido a su infinitud, a mi interioridad; la respuesta no se da a una ley an&oacute;nima sino al temor por los dem&aacute;s: "Temor por todo aquello que mi existir, a pesar de su inocencia intencional y consciente, puede representar de violencia y muerte. Temor que se remonta m&aacute;s all&aacute; de mi «conciencia de s&iacute;», por muy fuerte que sea la recuperaci&oacute;n de la buena conciencia de la pura perseverancia en el ser. Temor que me llega desde el rostro del Otro (<i>Autrui</i>). Rectitud extrema del rostro del pr&oacute;jimo que desgarra las formas pl&aacute;sticas del fen&oacute;meno. Rectitud de una exposici&oacute;n a la muerte, sin defensa; y, antes de todo lenguaje y de toda m&iacute;mica, una demanda que se dirige a m&iacute; desde el fondo de una soledad absoluta; una llamada o una orden, cuestionamiento de mi presencia y de mi responsabilidad" (Levinas, 2004).</p>     <p> En este p&aacute;rrafo, que bien se podr&iacute;a considerar como la condensaci&oacute;n de toda la b&uacute;squeda levinasiana, se pueden entrever las cr&iacute;ticas a la conciencia representacional: en primer lugar, s&oacute;lo la presencia del otro, absolutamente Otro, da pleno sentido al concepto de verdad, en la medida en que el otro jam&aacute;s podr&aacute; ser reducido al mismo (representado, intencionado); en segundo lugar, m&aacute;s que adoptar posturas comprensivas frente al otro, lo que lo ubicar&iacute;a en el plano de la tematizaci&oacute;n, el Otro exige respuesta, actitud que s&oacute;lo se puede entender en la esfera de lo pre-reflexivo; finalmente, si el acceso al Otro se da en t&eacute;rminos de lenguaje, &eacute;ste no ser&aacute; ret&oacute;rica que pretenda algo, asentimiento o persuasi&oacute;n, ni texto, obra (pues el decir jam&aacute;s podr&aacute; encerrarse en lo dicho) sino en exposici&oacute;n (Aguirre &amp; Jaramillo, 2010b). Respecto a la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente podr&iacute;amos decir que el Otroenfermo no es el constituido a la conciencia de un profesional de la salud que puede pre-decir su patolog&iacute;a o lesi&oacute;n org&aacute;nica por su representaci&oacute;n te&oacute;rica que se tiene de la enfermedad; por el contrario, el Otro-enfermo se remonta a una vulnerabilidad y desnudez que pone en cuesti&oacute;n el saber del experto, al instalarse, m&aacute;s bien, al remontarse por encima del campo de una conciencia fenomenol&oacute;gica. El paciente, a pesar de su padecer, se retrae a la correlaci&oacute;n ser-saber porque demanda un llamado al saber-experto del m&eacute;dico; llamado a la responsabilidad por el destello de su rostro; rostro-paciente que se revela/rebela -por su vulnerabilidad- como pr&oacute;jimo, el cual, no se puede comprender s&oacute;lo desde an&aacute;lisis de laboratorio o anamnesis impersonales sino en un plano eminentemente &eacute;tico (Clifton-Soderstrom, 2003; Carel, 2011).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Lamentablemente, los procesos de relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente se han caracterizado por una relaci&oacute;n que engloba el saber del paciente en la totalidad omni-comprensiva del m&eacute;dico, ligado a la formaci&oacute;n que &eacute;ste ha tenido en los claustros universitarios, donde se va arropando su mundo vital o cotidiano por el mundo te&oacute;rico de la medicina. En este sentido, para el m&eacute;dico, su formaci&oacute;n es un conocer m&aacute;s desde su profesi&oacute;n como capacitaci&oacute;n que como formaci&oacute;n, que llama a un encuentro con el Otro: hay una escisi&oacute;n en la educaci&oacute;n m&eacute;dica que disocia capacitaci&oacute;n y formaci&oacute;n, sobrevalorando la capacitaci&oacute;n y desconociendo la formaci&oacute;n; as&iacute;, el m&eacute;dico tiende a anteponer su rol profesional al ser personal, por tanto, subroga su ser al proceder, al enfatizarse la formaci&oacute;n en la capacitaci&oacute;n, es valorada desde una racionalidad t&eacute;cnica y a intereses profesionales; como consecuencia, se subvaloran los sujetos que participan en ella y al contexto (Boh&oacute;rquez &amp; Jaramillo, 2004).</p>     <p> Anteponer capacitaci&oacute;n a formaci&oacute;n es reducir al m&eacute;dico a sujeto-productor de un saber que lo faculta sobre un sujeto que padece y necesita de su predicci&oacute;n anat&oacute;mico-funcional; saber que se aleja del encuentro &eacute;tico de la responsabilidad y la capacitaci&oacute;n como ejercicio de poder-m&eacute;dico que ubica en la correlaci&oacute;n padecer-conocer, y que hace del m&eacute;dico un ser que comprende en la soledad del encuentro con el otro que sufre; paciente que toca desde un diagn&oacute;stico, pero que ignora en la indefensi&oacute;n de su rostro. Por consiguiente, o bien el m&eacute;dico sigue tratando al otro (paciente-objeto) como fuente de datos o lo asume como Otro al abordarlo desde el infinito de su desnudez en el padecimiento y en el dolor de su enfermedad; s&oacute;lo podemos ver el infinito del otro que sufre cuando lo asumimos como radicalmente Otro (Jaramillo <i>et al.</i> 2004), pretensi&oacute;n que se intentar&aacute; en el siguiente apartado.</p>     <p><b> SUFRIMIENTO, DOLOR E IRREDUCTIBILIDAD EN LA RELACI&Oacute;N M&Eacute;DICO-PACIENTE.</b> El sufrimiento desborda toda contenci&oacute;n de la conciencia intencional; sin embargo, se podr&iacute;a intentar ver el sentido del sufrimiento apelando a una raz&oacute;n explicativa: "Ya en el interior de una conciencia aislada, el dolor de sufrir puede adquirir el sentido de una pena que merece y espera un salario, y parece perder as&iacute; de diversos modos su modalidad de in&uacute;til" (Levinas, 1993). En el plano individual, el sufrimiento templar&iacute;a el car&aacute;cter o, al menos, servir&iacute;a como indicador fisiol&oacute;gico, un s&iacute;ntoma que alerta de los peligros de una enfermedad. En el plano social, el sufrimiento de una comunidad permite llamados de atenci&oacute;n que se deben suplir en pro del bienestar del cuerpo colectivo; en este caso, la utilidad del sufrimiento ser&iacute;a recogida por el poder para que, de modo pedag&oacute;gico, emprendiera acciones de formaci&oacute;n, de direcci&oacute;n y de represi&oacute;n. Asumiendo razones personales o sociales, el sufrimiento adquiere un sentido: "es esta, en verdad, una teleolog&iacute;a pol&iacute;tica fundada en el valor de la existencia, en la perseverancia de la sociedad y del individuo en el ser, en su bienestar admitido como fin &uacute;ltimo y supremo" (Levinas, 1993).</p>     <p> La b&uacute;squeda del sentido del sin-sentido del sufrimiento es nominada por Levinas como Teodicea; en este caso, el sufrimiento se torna "un dolor que por tanto tiene sentido, que est&aacute; subordinado de una u otra forma a la finalidad metaf&iacute;sica adivinada por la fe o por la creencia en el progreso. ¡Creencias todas ellas presupuestas por la teodicea! Esta es la gran idea necesaria para la paz interior de las almas en nuestro aquejado mundo. La invocamos para hacer comprensibles los sufrimientos de este mundo" (Levinas, 1993). El sentido, en este caso, fundar&iacute;a un orden justo que comprende y tolera el sufrimiento, merced a su funci&oacute;n depuradora para lograr el Bien, siempre y cuando los derechos del hombre a&uacute;n se preserven, es decir, hasta el sufrimiento queda regulado y adquiere un estatus dentro del orden establecido; sin embargo, &iquest;c&oacute;mo justificar el dolor de otro?, &iquest;c&oacute;mo solicitarle que encuentre un sentido, as&iacute; sea persuadi&eacute;ndolo con los m&aacute;s nobles ideales? En este punto Levinas concluye que "la justificaci&oacute;n del dolor del pr&oacute;jimo es ciertamente el origen de toda inmoralidad" (Levinas, 1993; Aguirre, 2010).</p>     <p> Si algo reclama Levinas en su filosof&iacute;a es la inaplazable urgencia del rostro concreto del otro, en especial del desplazado, de la viuda, del enfermo; rostros tan f&aacute;ciles de abstraer en la totalidad y de situarlos en categor&iacute;as as&eacute;pticas (Jaramillo &amp; Aguirre, 2010), por tanto, en vez de hablar del dolor, del sufrimiento, situ&eacute;monos en el caso concreto de la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente y, a partir de lo considerado, tanto por Husserl sobre el mundo de la vida como por la &Eacute;tica de Levinas, encontremos modos concretos de asumir una &eacute;tica de la vida. Para esto, nos apoyaremos en algunas investigaciones del profesor Stan van Hooft, de la Universidad de Deakin, Australia (aunque podr&iacute;amos citar trabajos m&aacute;s recientes como, por ejemplo, los de Orange, 2011). Para Hooft (1998), "el sufrimiento es una de las experiencias humanas m&aacute;s profundas y perturbadoras. La misma palabra sufrimiento tiene una resonancia que se relaciona con el sentido que damos al significado de nuestra vida y con la amenaza que lanza el sufrimiento a nuestro af&aacute;n de felicidad". Ahora bien, el sufrimiento no s&oacute;lo se relaciona con las enfermedades, los dolores y las dificultades a las que debemos enfrentarnos; tambi&eacute;n involucra las crisis y las amenazas, que constituyen una degradaci&oacute;n o alienaci&oacute;n de nuestro propio ser; Wolcher (2003) plantea, en t&eacute;rminos levinasianos, que el sufrimiento no admite justificaciones en tanto est&aacute; m&aacute;s all&aacute; del ser; sin embargo, es en los primeros casos en los que palpamos, de manera m&aacute;s urgente y cotidiana, bajo las formas del dolor, c&oacute;mo el sufrimiento del enfermo interrumpe la estabilidad de su vivir.</p>     <p> El alivio del dolor es considerado una disciplina cient&iacute;fica administrada por expertos basados en consideraciones objetivas, m&aacute;s que en las necesidades y deseos de los pacientes. Quiz&aacute; una de las causas para esta aproximaci&oacute;n es que el dolor es asumido como algo no directamente comunicable; como resultado, los cl&iacute;nicos deben usar un modo de juzgar que brota de un diagn&oacute;stico objetivo; los tratamientos que prescriben, se basan s&oacute;lo en tales juicios, m&aacute;s que en la comunicaci&oacute;n del dolor por parte del paciente (Hooft, 2003). La cuesti&oacute;n primordial aqu&iacute; es que si el dolor se enfoca, desde Levinas, como algo que no se puede tematizar, como propio de la esfera no-intencional, &iquest;c&oacute;mo hace el m&eacute;dico para comprender el dolor del paciente, c&oacute;mo hace &eacute;ste para expresar su dolor? En este sentido, el problema se ubica en la comunicabilidad del dolor.</p>     <p> La definici&oacute;n de dolor, que asume Hooft, es la siguiente: "una experiencia sensorial y emocional asociada con da&ntilde;o actual o potencial de un tejido o descrita en t&eacute;rminos de tal da&ntilde;o" (Hooft, 2003). Esta definici&oacute;n subraya varios aspectos: en primer lugar, el car&aacute;cter desagradable del dolor: preferir&iacute;amos estar sin dolor; en segundo lugar, que el dolor es una experiencia: no tendr&iacute;a sentido decir que una persona tiene un dolor pero que no lo siente; en tercer lugar, la definici&oacute;n apunta al cuerpo: el dolor siempre es sentido como si estuviera localizado en una porci&oacute;n espec&iacute;fica del cuerpo, es decir, "parece que a todo dolor le acompa&ntilde;a una experiencia f&iacute;sica" o, dicho en otras palabras, "no resulta posible pensar el dolor sin un acompa&ntilde;ante f&iacute;sico" (Vargas, 2005). En cuarto lugar, el dolor es una experiencia sensible: no se quiere decir que se vea o se toque, lo que se quiere enfatizar es que el dolor es sentido y experimentado en el cuerpo m&aacute;s que en el pensamiento. Finalmente, el dolor es una experiencia emocional: reaccionamos negativamente frente a &eacute;l (Hooft, 2003).</p>     <p> Se puede considerar ahora otra idea agregada al concepto de dolor: su car&aacute;cter de privacidad. Como modo de la subjetividad, el dolor es intensamente privado, es decir, es radicalmente m&iacute;o; no existe objetivaci&oacute;n que pueda permitirle al otro compartir mi dolor. Es tal vez esa la caracter&iacute;stica que haga dif&iacute;cil al m&eacute;dico aproximarse a mi dolor; a lo sumo podr&aacute;n comprender que el dolor que tengo es un llamado a una respuesta m&eacute;dica; sin embargo, si hemos partido de la premisa que el dolor es intensamente privado, &iquest;c&oacute;mo es posible una respuesta?</p>     <p> Hooft cita a este respecto una frase de Virginia Wolf: "El ingl&eacute;s que puede expresar los pensamientos de Hamlet y la tragedia de Lear no tiene palabras para el escalofr&iacute;o o el dolor de cabeza" (Hooft, 2003). A lo sumo, las palabras nos transmiten met&aacute;foras del dolor sentido; de ah&iacute; se concluir&iacute;a, seguramente tambi&eacute;n Wolf, que el dolor no se puede transmitir en un lenguaje literal, sino que s&oacute;lo tendr&iacute;amos un acceso metaf&oacute;rico y, por tanto, impreciso, lo que a la larga implicar&iacute;a un desconocimiento; no obstante, tal desconfianza con respecto a la met&aacute;fora carece de justificaci&oacute;n: &iquest;acaso no es usual que describamos metaf&oacute;ricamente nuestras experiencias?, &iquest;la experiencia que tengo de disfrutar un hermoso atardecer no se puede compartir? Si bien mi descripci&oacute;n puede que no salga tan po&eacute;tica o metaf&oacute;rica como yo la percibo, puedo comunicar la mayor&iacute;a de mi sentimiento con relaci&oacute;n a ese atardecer.</p>     <p> Hooft se pregunta si esto no sucede igual con el dolor. &Eacute;ste hace menci&oacute;n al cuestionario del dolor de McGill, desarrollado por Melzack &amp; Torgerson (1971), el cual, "explora las connotaciones, relaciones, contrastes y similitudes entre las met&aacute;foras usadas al describir el dolor y sus relaciones con las enfermedades actuales". Con esto quedar&iacute;a desvirtuado el hecho que el dolor es incomunicable. Ahora bien, pongamos un caso extremo, dolores que ni siquiera pueden dar alguna articulaci&oacute;n metaf&oacute;rica; un dolor expresado en gemidos o llanto. Concluye Hooft que, pese a que ese lenguaje es incapaz de articularse verbalmente, esto no significa que no pueda articularse de ning&uacute;n modo (Hooft, 2003).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero lo que en la actitud natural se puede ver tan f&aacute;cil de subsanar, en la actitud filos&oacute;fica plantea serias cuestiones a la comunicabilidad del dolor: en primer lugar, el dolor es nointencional: "Yo puedo describir mi ira al decir lo que me molest&oacute;. Puedo describir mi miedo al decir lo que me atemorizaba. Pero no puedo describir mi dolor de este modo. Puedo referirme a esa parte de mi cuerpo en la que el dolor est&aacute; localizado, pero esto no es identificar un objeto intencional de dolor as&iacute; como su sitio" (Hooft, 2003). En segundo lugar, el dolor derrota al lenguaje, en tanto la funci&oacute;n del lenguaje es referirse a objetos; ahora bien, esto se extiende a que en ausencia de objetos a los cuales referirse el lenguaje, se deben recurrir a criterios objetivos para la adscripci&oacute;n de tales t&eacute;rminos; as&iacute;, "debo ser capaz de aplicar el criterio p&uacute;blico para adscribir un estado subjetivo a m&iacute; mismo del modo en el que he aprendido a adscrib&iacute;rselo a otros" (Hooft, 2003). Ambos argumentos se podr&iacute;an desvanecer usando un argumento del sentido com&uacute;n: ambas premisas olvidan que la mayor&iacute;a de nuestras charlas cotidianas no tienen la intenci&oacute;n de informarnos acerca del mundo, sino de conservar o crear la intersubjetividad. Introduzcamos, finalmente, otro desaf&iacute;o a la comunicabilidad del dolor: el dolor a&iacute;sla: "Para quien sufre dolor su mundo se reduce, en proporci&oacute;n a la severidad de su dolor, a su propia y aislada realidad. El mundo cesa de contar para esa persona. No es capaz de olvidarse de s&iacute; misma y estar plenamente en contacto con el mundo. Su atenci&oacute;n est&aacute; centrada en s&iacute; mismo. Est&aacute; obsesionado con los estados de su cuerpo. No se trata s&oacute;lo de que su experiencia es propia o que es incomunicable. No es que no se tengan las palabras para describir su dolor, como algunos sostienen. Es que no se es capaz de escapar de la prisi&oacute;n del auto-envolvimiento que su dolor ha creado a su alrededor. No hay realidad para ellos m&aacute;s que su propio sufrimiento (Hooft, 2003).</p>     <p> Siguiendo a Levinas, Hooft analiza el dolor como un reto &eacute;tico. Para sustentar su conclusi&oacute;n, parte de las siguientes premisas: a) pese a que en fen&oacute;menos cotidianos como, por ejemplo, la conversaci&oacute;n, se dan en t&eacute;rminos de lenguaje, hay elementos, una mirada, un gesto, un silencio, que no pueden ser le&iacute;dos como temas; b) el misterio y el infinito del Otro no se pueden asir conceptualmente; c) el Otro siempre es Otro en el sentido radical en que no puede ser apropiado por m&iacute; ni en la comprensi&oacute;n ni en la percepci&oacute;n; d) el modo de acceso al Otro es fundamentalmente &eacute;tico: "si lo clasifico y lo pongo en una categor&iacute;a predefinida, si me relaciono con &eacute;l, tal y como lo he estructurado por esa clasificaci&oacute;n, entonces act&uacute;o sin &eacute;tica. Si me relaciono con un empleado s&oacute;lo como un funcionario de mi empresa, o si me relaciono con mi paciente como un problema por resolver, entonces mi comportamiento no es &eacute;tico" (Hooft, 2003).</p>     <p> Seg&uacute;n esto, si bien existen argumentos para demostrar que el dolor es comunicable es m&aacute;s importante considerar que el dolor es radicalmente privado y no se puede compartir; posici&oacute;n planteada por Vargas (2005), cuando considera que "el dolor del otro es experimentado en la posici&oacute;n de la subjetividad como tal y en cuanto tal. El otro, sujeto, me motiva, hesitando mi posibilidad de existencia de estar en su lugar". El dolor es, entonces, un misterio para quien lo observa desde fuera, es parte de la naturaleza incomprensible e infinita del Otro. La raz&oacute;n te&oacute;rica de esto radica en que, seg&uacute;n Hooft (2003), "para m&iacute;, <i>tu</i> dolor no es un fen&oacute;meno, no es un precepto. Es una modalidad de tu subjetividad, es una condici&oacute;n de tu misterio, de tu otredad, de tu infinitud. Aunque t&uacute; me transmitas mucho mediante las cosas que dices, las met&aacute;foras que usas o los gestos de tu cuerpo, permaneces en tu dolor. A&uacute;n en los niveles m&aacute;s profundos del encuentro, no puedo entenderlo ni clasificarlo. Si lo compartimentalizara como parte de un diagn&oacute;stico o tratamiento, no podr&iacute;a tomar posesi&oacute;n de &eacute;l, ni hacerlo m&iacute;o".</p>     <p>En resumen, el reto &eacute;tico del que habla Hooft, espec&iacute;ficamente, en el caso del paciente, se comprime en que el encuentro del otro como Otro exige reabrir el mundo del paciente y romper su aislamiento al que ha sido forzado por su dolor y que es tematizado, a trav&eacute;s de una escala de valores num&eacute;ricos, llamada umbral de dolor. En el contexto cl&iacute;nico, la empat&iacute;a o la compasi&oacute;n es la forma de responder a este reto y hacer posible la comunicaci&oacute;n de y acerca del dolor. Obviamente, no estamos hablando de una comunicaci&oacute;n factual y de informaci&oacute;n pragm&aacute;tica que lleve a responder a preguntas como: &iquest;d&oacute;nde te duele? o &iquest;c&oacute;mo sientes esto?, estamos hablando del establecimiento de la intersubjetividad, un encuentro entre dos yos.</p>     <p><b> CONCLUSI&Oacute;N: La &eacute;tica m&eacute;dica frente al dolor en el mundo de la vida.</b> El dolor revela al otro en su vulnerabilidad y desborda las representaciones que el mismo posee en su conciencia; fuera de toda intencionalidad comprehensiva, el dolor del otro-paciente duele al mismo de la medicina desde el infinito de su trascendencia e irreductibilidad. El paciente que sufre, a pesar de su dolencia, no llama a sentir por &eacute;l una compasi&oacute;n lastimera, ni la conmiseraci&oacute;n de querer ocupar su lugar como doliente; tampoco al seudo-altruismo abnegado que se enmascara como caridad. M&aacute;s all&aacute; de cualquier mistificaci&oacute;n humanitaria, el m&eacute;dico, en s&iacute; mismo, experimentar&aacute; el dolor desgarrado de no querer apresar al paciente, a trav&eacute;s de los roles tipificadores de su conciencia (Jaramillo &amp; Aguirre, 2010). Ahora bien, tampoco se trata de contrarrestar el dolor del otro haciendo de la insensibilidad e indiferencia de saber que el que sufre es el otro y no el mismo. Por el contrario, tanto en la tipificaci&oacute;n del dolor como en su negaci&oacute;n; el paciente que sufre demanda e invoca una responsabilidad que obliga al saber m&eacute;dico a sentirlo en la hospitalidad de la acogida. Por ello, quien niega el dolor o lo enmascara no lo hace por las fallas o aciertos del intelecto; m&aacute;s all&aacute; de todo psiquismo, ser&aacute; por fallas del esp&iacute;ritu (Das, 2008). Esp&iacute;ritu que revela el grito ensordecedor de un sufrimiento que impide que el paciente, m&aacute;s all&aacute; de su dolor f&iacute;sico, padezca tambi&eacute;n el dolor infinito de su trascendencia; por ello: "quiz&aacute;s lo espiritual no muestre -no revele- su especificidad m&aacute;s que cuando se interrumpe la rutina del ser: en la extra&ntilde;eza de unos humanos ante los otros, que sin embargo son capaces de una sociedad cuyo v&iacute;nculo ya no es la integraci&oacute;n de las partes en un todo.</p>     <p> Quiz&aacute;s, el v&iacute;nculo espiritual resida en la no-indiferencia de unos hombres para con los otros que tambi&eacute;n se llama amor, pero que no reabsorbe la indiferencia de la extra&ntilde;eza y que no es posible m&aacute;s que a partir de una palabra o de una orden que viene, a trav&eacute;s del rostro humano, de muy alto fuera del mundo" (Levinas, 2002).</p>     <p> Quiz&aacute;s, la irreductibilidad del dolor en la relaci&oacute;n m&eacute;dicopaciente sea uno de los retos que m&aacute;s debe afrontar el ser humano en el acontecer de su cotidianidad; el quebrantamiento de una humanidad que se hace piel en su dolor y enfermedad est&aacute; propensa a ser re-absorbida por la representaci&oacute;n de la conciencia intencional del saber m&eacute;dico. El recorrido hecho a lo largo de este escrito nos ha permitido entablar di&aacute;logo con la propuesta husserliana de la Lebenswelt. El retorno al mundo pre-dado, al mundo no cubierto, a&uacute;n por el abrigo de la teor&iacute;a, nos descubre las entreveradas relaciones que se tejen cient&iacute;ficamente alrededor del dolor y las justificaciones que brotan acerca de la posibilidad de su comunicaci&oacute;n, bien sea en palabras o en gestos, llevando a los especialistas del dolor a confiar en sus diagn&oacute;sticos. El &eacute;nfasis puesto por Levinas en la conciencia no-intencional libera al mundo de la vida de las pretensiones te&oacute;ricas y omnicomprensivas, t&iacute;picas del naturalismo y sit&uacute;a el dolor "de espaldas" a la conciencia. En este sentido, el mundo de la vida es un resituar el olvidado mundo en el que acaece lo aut&eacute;nticamente humano, un descentrar las pretensiones de <i>mathesis universalis</i> que justifican todo a partir de la conjunci&oacute;n conocer-ser y, un entronizar la &eacute;tica como filosof&iacute;a primera. As&iacute;, en el caso concreto del dolor que sufre un paciente y las relaciones que se tejen con el m&eacute;dico, se puede establecer la prolijidad del mundo de la vida en pro de la cada vez m&aacute;s urgente formulaci&oacute;n de la &Eacute;tica de la vida, permitiendo ampliar las fronteras del cuidado de la salud (Nortvedt, 2003).</p>     <p><b> Agradecimientos:</b> Los autores desean expresamente dar cr&eacute;dito y menci&oacute;n a la Universidad del Cauca, por brindar los espacios y los tiempos necesarios para madurar las reflexiones aqu&iacute; consignadas; tambi&eacute;n queremos agradecer a nuestros colegas de los Departamentos de Filosof&iacute;a y Educaci&oacute;n F&iacute;sica, por las discusiones que se han ido adelantando al interior de estas unidades acad&eacute;micas. <u>Conflicto de intereses:</u> El manuscrito fue preparado y revisado con la participaci&oacute;n de todos los autores, quienes declaramos que no existe ning&uacute;n conflicto de intereses que ponga en riesgo la validez de los resultados esperados. Finalmente, queremos resaltar que algunas ideas contenidas en este trabajo se encuentran en Giraldo &amp; Aguirre (2009).</p>     <p><b> BIBLIOGRAF&Iacute;A</b> </p>     <!-- ref --><p>1. AGUIRRE, J.C. 2010. Sufrimiento, verdad y justicia. Alpha 30:169-180.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0123-4226201200010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 2. AGUIRRE, J.C.; JARAMILLO, L.G. 2010a. La ciencia y el sentido com&uacute;n: por la ense&ntilde;anza de un sentido com&uacute;n cr&iacute;tico. Educ. Educad. 13(3):477-494.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0123-4226201200010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. AGUIRRE, J.C.; JARAMILLO, L.G. 2010b. Cr&iacute;ticas de Levinas al primado husserliano de la conciencia intencional". Rev. Filos. 66:51-70.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0123-4226201200010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 4. AGUIRRE, J.C.; JARAMILLO, L.G. 2009. La relaci&oacute;n entre Merleau-Ponty y Gurwitsch en torno a la fenomenolog&iacute;a de Husserl: &iquest;progreso o ruptura?" 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Bioeth. 32(1):33-46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0123-4226201200010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 8. CLIFTON-SODERSTROM, M. 2003. Levinas and Patient as Other: The Ethical Foundation of Medicine. J. Med. &amp; Philos. 28(4):447-460.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0123-4226201200010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 9. DAS, V. 2008. Lenguaje y Cuerpo: transacciones en la construcci&oacute;n del dolor. Ortega, F. (ed.). Sujetos del dolor, agentes de dignidad. 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Bogot&aacute;: San Pablo. p.19-46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0123-4226201200010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 16. HOOFT, S. 1998. The Meanings of Suffering. The Hastings Center Report. 28(5):13-19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0123-4226201200010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 17. HOOFT, S. 2003. Pain and Communication. Med., Health Care Philos. 6:255-262.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0123-4226201200010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 18. HUSSERL, E. 1980. Experiencia y Juicio: investigaciones acerca de la genealog&iacute;a de la l&oacute;gica (redacci&oacute;n y edici&oacute;n de Ludwig Langrebe) UNAM (M&eacute;xico). 482p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0123-4226201200010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 19. HUSSERL, E. 1995. Investigaciones L&oacute;gicas. Volumen II. Altaya (Madrid). 777p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0123-4226201200010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 20. HUSSERL, E. 2008a. Crisis de las ciencias europeas y la fenomenolog&iacute;a trascendental. Prometeo (Buenos Aires). 304p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0123-4226201200010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 21. HUSSERL, E. 2008b. Die Lebenswelt. Auslegungen der vorgegebenen Welt und ihrer Konstitution. Texte aus dem Nachlass (1916-1937). 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Soc., Ni&ntilde;ez y Juv. 8(1):175- 188.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0123-4226201200010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 24. JARAMILLO, L.G.; PINILLA, C.A.; DUQUE, M.I.; GONZ&Aacute;LEZ, L. 2004. Percepci&oacute;n del paciente y su relaci&oacute;n comunicativa con el personal de la salud en el servicio de agudos del Hospital de Caldas. Index Enf. 46:29-33.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0123-4226201200010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 25. LEVINAS, E. 2006. &Eacute;tica como filosof&iacute;a primera. A parte rei, 43:1-21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0123-4226201200010000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 26. LEVINAS, E. 2004. Entre nous. Le livre de poche (Paris). 252p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0123-4226201200010000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 27. LEVINAS, E. 2002. Fuera del sujeto. Caparr&oacute;s (Madrid). 172p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0123-4226201200010000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 28. LEVINAS, E. 1993. Entre Nosotros; ensayos para pensar en otro. Pre-textos (Valencia). 289p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0123-4226201200010000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 29. LEVINAS, E. 1991. La Conscience non-intentionnelle. Entre-nous: Essais sur le penser-&agrave;-l’autre (Paris). 150p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0123-4226201200010000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>30. MAFFESOLI, M. 1993. El conocimiento ordinario: compendio de sociolog&iacute;a. Fondo de Cultura Econ&oacute;mica (M&eacute;xico). 216p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0123-4226201200010000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 31. MAFFESOLI, M. 1997. Elogio de la raz&oacute;n sensible. Paid&oacute;s (Barcelona). 270p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0123-4226201200010000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 32. MELZACK, R.; TORGERSON, W. 1971. On the language of pain. Anesthesiol. 34:50-59.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0123-4226201200010000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 33. MERLEAU-PONTY, M. 1976. Ph&eacute;nom&eacute;nologie de la Perception. Gallimard (Paris). 531p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0123-4226201200010000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 34. NORTVEDT, P. 2003. Levinas, justice and health care. Med., Health Care Philos. 6:25-34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0123-4226201200010000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 35. ORANGE, D. 2011. The suffering stranger. Hermeneutics for Everyday Clinical Practice. Routledge (New York). 267p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0123-4226201200010000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 36. SAN MART&Iacute;N, J. 2010. El pluralismo desde la "raz&oacute;n" fenomenol&oacute;gica. Anuario Colombiano de Fenomenolog&iacute;a, Volumen IV. Universidad del Cauca (Popay&aacute;n). p.263-274.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0123-4226201200010000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 37. SARTRE, J.P. 2003. La trascendencia del ego: esbozo de una descripci&oacute;n fenomenol&oacute;gica. 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Husserl, mundo, conciencia y temporalidad. Almagesto (Buenos Aires). 193p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0123-4226201200010000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 42. WOLCHER, L. 2003. Ethics, justice, and suffering in the thought of Levinas: the problem of the passage. Law Critique. 14:93-116.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0123-4226201200010000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p> Recibido: Septiembre 29 de 2011 Aceptado: Marzo 1 de 2012</p> </font>      ]]></body><back>
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