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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[IMPORTANCIA HISTÓRICA Y CULTURAL DE LOS HUMEDALES DEL BORDE NORTE DE BOGOTÁ (COLOMBIA)]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In the Sabana de Bogotá, wetlands have been a place for human settlements of several societies that have occupied the region for at least 2000 years. The revision presented in this document explained a series of historical and cultural reflections about the wetlands of the Sabana de Bogotá, especially those located on the northern border of the city of Bogotá D.C. The text covers a period from pre-Hispanic times to the present, which allows an approach to the symbolic and cultural meanings that different communities, that existed in the Sabana de Bogota, over time, have given to the ecosystems.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">     <p align=right><b>CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES - Art&iacute;culo T&eacute;cnico</b></p>     <p align="center"><b>IMPORTANCIA HIST&Oacute;RICA Y CULTURAL DE LOS HUMEDALES DEL BORDE NORTE DE BOGOT&Aacute; (COLOMBIA)</b></p>     <p align="center"><b>HISTORICAL AND CULTURAL IMPORTANCE OF WETLANDS OF BOGOTA'S NORTHERN BORDER (COLOMBIA) </b></p>     <p><b>Henny Margoth Santiago Villa<sup>1</sup></b></p>     <p><sup>1</sup> Antrop&oacute;loga - M.Sc. en Investigaci&oacute;n Social Interdisciplinaria. Docente Investigadora - Facultad Ciencias Ambientales - Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales U.D.C.A - Bogot&aacute; (Colombia). <a href="mailto: hsantiago@udca.edu.co">hsantiago@udca.edu.co</a>; <a href="mailto: hmargoth@gmail.com">hmargoth@gmail.com</a></p>     <p>Rev. U.D.C.A Act. &amp; Div. Cient. 15(1): 167 - 180, 2012</p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>En la Sabana de Bogot&aacute;, los humedales han sido el lugar de asentamiento de varias sociedades, quienes han ocupado la regi&oacute;n desde hace 2000 a&ntilde;os. La revisi&oacute;n presentada en este documento expone una serie de reflexiones hist&oacute;ricas y culturales sobre los humedales, especialmente, los ubicados en la zona norte de la ciudad de Bogot&aacute; D.C. El texto abarca un lapso desde per&iacute;odos prehisp&aacute;nicos hasta la actualidad, lo que permiten tener un acercamiento a los significados simb&oacute;licos y culturales que las diferentes comunidades, quienes han coexistido en la Sabana de Bogot&aacute;, a trav&eacute;s del tiempo, han dado a estos ecosistemas.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> Humedales, historia, Sabana de Bogot&aacute;, Muiscas.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>SUMMARY</b></p>     <p>In the Sabana de Bogot&aacute;, wetlands have been a place for human settlements of several societies that have occupied the region for at least 2000 years. The revision presented in this document explained a series of historical and cultural reflections about the wetlands of the Sabana de Bogot&aacute;, especially those located on the northern border of the city of Bogot&aacute; D.C. The text covers a period from pre-Hispanic times to the present, which allows an approach to the symbolic and cultural meanings that different communities, that existed in the Sabana de Bogota, over time, have given to the ecosystems.</p>     <p><b>Key words:</b> Wetlands, History, Sabana de Bogot&aacute;, Muiscas.</p> <hr>     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>Los humedales fueron reconocidos por la Convenci&oacute;n de Ramsar, en 1971, como "las extensiones de marismas, pantanos y turberas, o superficies cubiertas de aguas, sean &eacute;stas de r&eacute;gimen natural o artificial, permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o saladas, incluidas las extensiones de agua marina cuya profundidad en marea baja no exceda de seis metros" (Ramsar, 2006).</p>     <p> En el Distrito Capital (D.C.), el DAMA (2000), los ha definido como ecosistemas intermedios entre el medio acu&aacute;tico y el terrestre, con porciones h&uacute;medas, semi-h&uacute;medas y secas, caracterizados por la presencia de flora y de fauna muy singular. Posteriormente, el DAMA (2002), se refiere a los humedales del altiplano de Bogot&aacute;, como "aquellos cuerpos y cursos de agua estacional o permanente, asociados con la red principal y los afluentes del r&iacute;o Bogot&aacute;" y los clasifica en dos tipos principales: humedales naturales y artificiales o altamente artificializados, que cumplen una variedad de funciones ecol&oacute;gicas, ambientales, h&iacute;dricas, sociales y culturales.</p>     <p> Por su parte, Andrade (2003), los clasifica como "casi-naturales" o semi-naturales, siguiendo los lineamientos de la Convenci&oacute;n de Ramsar (2006), al ser espacios con valores naturales, pero con grandes afectaciones de origen antr&oacute;pico. La importante biodiversidad que albergan los humedales del D.C. es desconocida y, en algunos casos, 'despreciada' por los habitantes de la ciudad (Calvachi, 2002).</p>     <p> Ahora bien, los seres humanos, a trav&eacute;s del tiempo, han establecido estrechos v&iacute;nculos con el entorno natural, en el cual, se desarrollan como grupo, logrando as&iacute; la construcci&oacute;n del paisaje cultural, en donde quedan marcas de estas relaciones establecidas, pues a diferencia de otros seres vivos, no s&oacute;lo vivimos sino que creamos nuestro propio entorno. Construimos un medio socio-cultural, al crear una relaci&oacute;n simbi&oacute;tica con el medio que transformamos, pero que tambi&eacute;n nos transforma (Godelier, 1989, Groot, 2006), como dir&iacute;a Moscovici (1975) "...el hombre es lo producido y no lo dado... ...dependemos de nuestro medio porque lo hemos hecho mientras &eacute;l nos hac&iacute;a...". Los humedales del D.C., que a&uacute;n se conservan, son muestra fehaciente de dicho proceso y no han sido ajenos a las problem&aacute;ticas presentadas en los humedales del altiplano Cundi-boyacense; dentro del conjunto de ecosistemas del D.C. son los m&aacute;s afectados, por el acelerado crecimiento de la ciudad (SDA, 2008).</p>     <p> Dar una mirada hist&oacute;rica a los humedales del D.C. es fundamental, para entender la situaci&oacute;n que viven actualmente, pues su deterioro tiene antecedentes que se remontan a la &eacute;poca colonial. Desde este per&iacute;odo, los imaginarios de estos ecosistemas cambiaron con el proceso de ocupaci&oacute;n y transformaci&oacute;n social, pol&iacute;tica y econ&oacute;mica, perpetrado por el espa&ntilde;ol, lo que implic&oacute; la desarticulaci&oacute;n de los ind&iacute;genas de su sistema cultural, al alternar, en gran medida, el paisaje y los referentes geogr&aacute;ficos, que serv&iacute;an como recurso de la memoria, la tradici&oacute;n y la cosmogon&iacute;a.</p>     <p> Durante el siglo XX, el tratamiento de las problem&aacute;ticas medio- ambientales ha privilegiado dimensiones de car&aacute;cter biol&oacute;gico, f&iacute;sico, t&eacute;cnico y ecol&oacute;gico y, hasta hace alg&uacute;n tiempo, empez&oacute; a ser tema de las ciencias sociales, entre ellas, la antropolog&iacute;a, la sociolog&iacute;a y la historia, dando importancia a las comunidades que han estado en continuo contacto con el medio ambiente y que han ocasionado efectos positivos y negativos en &eacute;ste. As&iacute; mismo, han empezado a transformar sus conceptos, sus m&eacute;todos y sus paradigmas, para tal tarea, dando como resultado, el surgimiento de la interdisciplinariedad, como una nueva forma de entender los problemas sociales actuales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b> METODOLOG&Iacute;A</b></p>     <p> Este documento surge como parte de la investigaci&oacute;n "Imaginarios culturales de los humedales en el D.C. El caso del humedal Torca Guaymaral", financiado por la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales U.D.C.A, en el 2010. Su objetivo es se&ntilde;alar c&oacute;mo las comunidades, a trav&eacute;s del tiempo, han establecido estrechos v&iacute;nculos con el entorno natural, logrando la construcci&oacute;n del paisaje cultural que cambia y se reinterpreta, pero en el que quedan huellas de esas relaciones establecidas. As&iacute; mismo, mostrar c&oacute;mo los imaginarios construidos sobre estos espacios han servido de mediadores en los deterioros medio-ambientales.</p>     <p> El trabajo, se desarroll&oacute; en el humedal de Torca Guaymaral; sin embargo, la revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica abarc&oacute; toda la Sabana de Bogot&aacute;, debido a que los humedales hacen parte de la Estructura Ecol&oacute;gica Principal (EEP) del D.C. y de la Regi&oacute;n y, junto con los dem&aacute;s ecosistemas de la Altiplanicie Cundi-boyacense, constituyen una unidad bio-geogr&aacute;fica en el &aacute;mbito regional, que se caracterizan por ser centros de endemismo, a nivel de fauna y de flora y lugares de paso de aves migratorias australes y boreales (Andrade, 2003; 2005); de igual forma, comparten un pasado cultural e hist&oacute;rico com&uacute;n.</p>     <p> Metodol&oacute;gicamente, se ha tenido en cuenta, de un lado, la concepci&oacute;n de complejidad retomada de los planteamientos de diversos autores, como Garc&iacute;a (2000), Carrizosa (2002), Morin (1988) y Vasco (1995), que permiten entender que el car&aacute;cter complejo de cualquier sistema, est&aacute; dado por las interrelaciones entre los componentes, cuyas funciones son, a su vez, interdependientes. Y, plantean una visi&oacute;n unitaria de las relaciones entre naturaleza y seres humanos, a trav&eacute;s del tiempo, incluyendo, las concepciones, los valores y las interacciones, que de ella se genera.</p>     <p> Bateson (2001), tambi&eacute;n propone una visi&oacute;n de la vida humana, que considera las relaciones entre mente y cuerpo (naturaleza y cultura, o espacio f&iacute;sico y territorio), como parte de una &uacute;nica unidad sagrada e indisoluble y enfatiza la gran equivocaci&oacute;n que cometemos al separar naturaleza y cultura, en cualquiera de los procesos vitales, que involucran a los seres humanos.</p>     <p> Se hizo una revisi&oacute;n hist&oacute;rica en el Archivo General de la Naci&oacute;n (AGN) y la Biblioteca Luis &Aacute;ngel Arango (BLAA), tanto en su colecci&oacute;n general como en la secci&oacute;n de Libros Raros y Manuscritos. En el AGN, se revis&oacute; la Secci&oacute;n Colonia: Fondos Miscel&aacute;neas, Tierras de Cundinamarca, Caciques e Indios y el Fondo Richmond, encontrando manuscritos que permitieron complementar la informaci&oacute;n revisada de los diferentes autores.</p>     <p>En la BLAA, se revis&oacute; la documentaci&oacute;n correspondiente a la zona de la Sabana de Bogot&aacute;, revisando las investigaciones desarrolladas en la zona desde la arqueolog&iacute;a y la etnohistoria, as&iacute; como la secci&oacute;n Libros Raros y Manuscritos, con el fin de ubicar informaci&oacute;n de la zona de estudio, para el siglo XIX.</p>     <p><b> RESULTADOS Y DISCUSI&Oacute;N</b></p>     <p> Seg&uacute;n la Convenci&oacute;n de Ramsar (2006), los humedales poseen atributos especiales, como parte del patrimonio cultural de la humanidad, asociados a creencias religiosas y cosmol&oacute;gicas y a valores espirituales; de igual forma, constituyen una fuente de inspiraci&oacute;n est&eacute;tica y art&iacute;stica, aportan informaci&oacute;n arqueol&oacute;gica sobre el pasado remoto, sirven de refugios de vida silvestre y de base a importantes tradiciones sociales, econ&oacute;micas y culturales locales.</p>     <p> Van der Hammen <i>et al.</i> (2009) definen los humedales del D.C., como "lugares-patrimonio", entendiendo patrimonio como el conjunto de claves de la historia que se reviven, se les confieren nuevos sentidos y se re-significan en el presente. Esta concepci&oacute;n de "lugares-patrimonio" surge a partir de procesos emergentes socio-espaciales din&aacute;micos, construidos colectivamente a partir de una multiplicidad de pr&aacute;cticas y de representaciones que convergen en un lugar y que, muchas veces, se encuentran en tensi&oacute;n. As&iacute; mismo, plantean que las representaciones y las pr&aacute;cticas de los habitantes dan sustento a ese capital cultural y, a trav&eacute;s de ellas, construyen sus identidades, en un proceso mutuo y din&aacute;mico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> De otro lado, retomo el concepto de imaginario, como gu&iacute;a de este trabajo, concepto que ha sido estudiado por diversos autores. Backzo (1991) considera el imaginario social como una fuerza reguladora de la vida colectiva, que funcionan como dispositivos de control y, en especial, del ejercicio del poder. Por su parte, Durand (2000) propone lo imaginario como im&aacute;genes mentales y visuales organizadas en el mito, donde el individuo, la sociedad y la humanidad organizan y expresan, simb&oacute;licamente, relaciones existenciales e interpretan el mundo frente a los desaf&iacute;os impuestos por la muerte y el tiempo; formula que lo imaginario obedece a una l&oacute;gica restrictiva sobre el modelo de las reglas sem&aacute;nticas y sint&aacute;cticas de los hechos del lenguaje.</p>     <p> Castoriadis (1997) plantea lo imaginario como resultado de un proceso social hist&oacute;rico, que permite la emergencia de nuevas significaciones imaginarias sociales. Estos imaginarios crean una representaci&oacute;n del mundo que comprende a la sociedad misma y su lugar en ese mundo y que, a su vez, crean el pensamiento de los individuos, pues el imaginario no se puede entender como algo fantasioso o ficticio, sino como la creaci&oacute;n portadora de sentido, una creaci&oacute;n que no puede ni debe cerrar la puerta a la alteridad. De Moraes (2007) plantea el imaginario social como una producci&oacute;n colectiva, compuesto por un conjunto de relaciones imag&eacute;ticas que act&uacute;an como memoria afectivo-social de una cultura y depositario de la memoria, que la familia y los grupos recogen, de sus contactos con lo cotidiano.</p>     <p> En este caso, se entender&aacute; como una construcci&oacute;n mental, resultado de un proceso social e hist&oacute;rico, que tiene como finalidad organizar y expresar, simb&oacute;licamente, relaciones existenciales e interpretar el mundo frente a los desaf&iacute;os impuestos por el tiempo (Castoriadis, 1997; Durand, 2000). As&iacute; mismo, los imaginarios pertenecen a per&iacute;odos hist&oacute;ricos espec&iacute;ficos, donde el significado depende del contexto. El imaginario es el recurso supremo de la conciencia, que transforma el mundo, pero que, a la vez, es creador y que funciona como "ordenador del ser a las &oacute;rdenes del mejor".</p>     <p> Los imaginarios obedecen a una l&oacute;gica restrictiva sobre el modelo de las reglas sem&aacute;nticas y sint&aacute;cticas de los hechos del lenguaje, pues las maneras de designar los espacios trae cargas sociales y culturales, que marcan la forma como los individuos y la sociedad se va a comportar con respecto a ellos y no s&oacute;lo se van a comportar, sino, tambi&eacute;n, el significado que adquieran para la sociedad (Durand, 2000). Los imaginarios, entonces, representan y simbolizan las esperanzas, los miedos y parte de la cultura de los grupos humanos, a trav&eacute;s del tiempo. Los s&iacute;mbolos son importantes, debido a que circulan dentro del universo del mundo social, por lo tanto, las im&aacute;genes no est&aacute;n constituidas sino en proceso, a partir de una interacci&oacute;n entre el hombre y el medio social que refiere a reflejos y a pulsiones.</p>     <p> Los seres humanos, a trav&eacute;s del tiempo, han necesitado simbolizar su entorno y su vida y, en este punto, entra en juego la memoria como un dep&oacute;sito simb&oacute;lico que surge, crea y da sentido a la realidad, ya que actualiza el pasado en el presente.</p>     <p> Hist&oacute;ricamente, las zonas de humedales han estado vinculadas al desarrollo de las sociedades que han coexistido con ellos, desde los primeros cazadores-recolectores hasta los actuales habitantes del D.C.</p>     <p> Es probable que estos primeros grupos pleistoc&eacute;nicos hayan comenzado a impactar y alterar el ecosistema, a trav&eacute;s de las pr&aacute;cticas cotidianas de consecuci&oacute;n de alimento. Gnecco &amp; Aceituno (2004) lo han planteado al hacer referencia a los cazadores-recolectores no como "explotadores pasivos" de los ecosistemas, sino por el contrario como "transformadores activos", al igual que los agricultores, a partir de pr&aacute;cticas de manipulaci&oacute;n de los recursos, con el fin de aumentar su productividad -desmonte y cultivo selectivo-.</p>     <p> La investigaci&oacute;n arqueol&oacute;gica realizada en la Sabana de Bogot&aacute; ha logrado trazar la secuencia regional m&aacute;s completa y mejor documentada en las tierras altas de la cordillera oriental, desde hace unos 12.000 AP hasta la aparici&oacute;n de los primeros agricultores, hace 3.000 AP (Correal Urrego &amp; Van der Hammen, 1977; Correal Urrego, 1986, 1981). Dentro de los aspectos m&aacute;s relevantes en el estudio de los cazadoresrecolectores encontramos la consecuci&oacute;n de materias primas, para la fabricaci&oacute;n de herramientas; la materia prima, se discrimina entre local, cuyas fuentes se hallan localizadas a menos de 50km del sitio y for&aacute;nea, fuentes ubicadas a m&aacute;s de 50km del sitio; esta distancia nos dar&iacute;a un &aacute;rea total de 2.500km2. Los resultados arrojados por la arqueolog&iacute;a indican que alrededor del 100% de las materias primas usadas en estas zonas fue local, lo que demuestra un conocimiento detallado del territorio (Gnecco &amp; Aceituno, 2004).</p>     <p> Dentro de las evidencias de intervenci&oacute;n antr&oacute;pica temprana de los ecosistemas, con los que se relacionaron estos primeros grupos humanos, se registra el manejo de especies vegetales, inicialmente, de plantas nativas y, luego, de cultivos de alto rendimiento, como el ma&iacute;z. Los datos arqueol&oacute;gicos y palinol&oacute;gicos de la Sabana de Bogot&aacute; muestran evidencias de cultivo de ma&iacute;z, hasta el a&ntilde;o 3.300 AP, hallada en Zipac&oacute;n (Correal Urrego &amp; Pinto, 1983), mientras que en Aguazuque, se ubican macro-restos de zapallo, de ibia y de motil&oacute;n, datados de 3.900 AP.</p>     <p> De otra parte, los an&aacute;lisis realizados a restos humanos encontrados en los sitios de Tequendama y de Aguazuque, que datan de 4.000 AP, indican consumo de plantas, probablemente cultivadas, mientras que el cambio de dieta hacia el consumo de ma&iacute;z est&aacute; fechado 500 a&ntilde;os despu&eacute;s (Correal Urrego, 1990). Seg&uacute;n Gnecco &amp; Aceituno (2004) es probable que en la Sabana ya existiese un sistema de manejo y de cultivo de plantas nativas, en per&iacute;odos de poblamiento temprano; sin embargo, el cultivo no marc&oacute; una ruptura en la forma de vida de los cazadores-recolectores tempranos, sino que form&oacute; parte de un proceso continuo de explotaci&oacute;n del medio, cuyo efecto final fue la "domesticaci&oacute;n del bosque", a nivel econ&oacute;mico y simb&oacute;lico, derivando en sistemas agroecol&oacute;gicos (Aceituno &amp; Loaiza, 2008). Lo anterior, lleva a concluir que, probablemente, la evoluci&oacute;n de los ecosistemas en la Sabana de Bogot&aacute;, en los per&iacute;odos Pleistoceno y Holoceno, fue el resultado de las relaciones ecol&oacute;gicas e hist&oacute;ricas entre los seres humanos y el medio-ambiente, quienes sometieron a la naturaleza a diversas perturbaciones, como parte de sus estrategias de explotaci&oacute;n del territorio, manifest&aacute;ndose en cambios naturales y culturales, perceptibles en escalas de larga duraci&oacute;n, como por ejemplo, la apertura de bosques, la dispersi&oacute;n de semillas o el uso del fuego (Gnecco &amp; Aceituno, 2004).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> A partir del a&ntilde;o 1.200 A.P. hacen presencia los grupos premuiscas en la Sabana de Bogot&aacute; (Langebaek, 1992); Boada (2006) plante&oacute; que para el per&iacute;odo Herrera (300 a.c al 200 d.c), los asentamientos encontrados en la zona de Suba y de Cota fueron extremadamente dispersos y, la mayor&iacute;a, de menos de una hect&aacute;rea, estaban localizados a ambos lados del r&iacute;o Bogot&aacute;, con mayor presencia hacia el margen occidental. Algunos de estos asentamientos, se registran muy cerca a los humedales o chucuas de esta zona; no obstante, el acceso a los recursos estuvo m&aacute;s orientado hacia el r&iacute;o que hacia los humedales. Para el per&iacute;odo Muisca Temprano (200 d.c al 1.000 d.c) y Tard&iacute;o (1.000 d.c al 1.600 d.c), los asentamientos ubicados en la zona de Cota y de Suba crecieron sustancialmente. En el acceso a los recursos, sigue siendo prioritario el r&iacute;o Bogot&aacute;; los humedales parecen haber sido lugares secundarios en el proceso de ubicaci&oacute;n de los asentamientos; de todas formas, estos espacios suministraron fuentes de alimentaci&oacute;n, como peces, para los grupos humanos que all&iacute; se asentaron (Boada, 2006).</p>     <p> Entre el siglo I a.c. al VIII d.c., los humedales se convierten en sitios visitados permanentemente por los Muiscas, sirvi&eacute;ndose de la biodiversidad all&iacute; existente, obteniendo, en estas &aacute;reas, alimentos prote&iacute;nicos, a partir de la cacer&iacute;a, de la siembra de plantas o de la cr&iacute;a de peces. Seg&uacute;n lo corrobora el registro arqueol&oacute;gico (Boada, 2006), estos grupos humanos habitaron los sectores cercanos al r&iacute;o Bogot&aacute;, m&aacute;s que a los humedales, probablemente, por los recursos que &eacute;ste prove&iacute;a.</p>     <p> "En la sabana, los asentamientos m&aacute;s antiguos parecen estar cerca a la orilla del r&iacute;o y luego la gente coloniz&oacute; &aacute;reas m&aacute;s alejadas. Los camellones pr&oacute;ximos al r&iacute;o son los m&aacute;s antiguos (1100 aC), de manera que tambi&eacute;n coinciden con escoger zonas en donde se facilita el acceso simult&aacute;neo a varias zonas de recursos como el r&iacute;o, monte y tierra. Los recursos del r&iacute;o fueron muy importantes para la alimentaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n, con el pescado como una fuente de prote&iacute;na y al mismo tiempo, los camellones situados en la llanura de inundaci&oacute;n del r&iacute;o fueron b&aacute;sicos para la producci&oacute;n agr&iacute;cola..." (Boada, 2006).</p>     <p> La evidencia arqueol&oacute;gica demuestra la relaci&oacute;n que tuvieron los Muiscas con los humedales en la zona, pues en los fondos de los valles planos e inundables construyeron camellones -superficies de tierra elevadas artificialmente, lo suficientemente altas, para crear un &aacute;rea que permitiera cultivar plantas cuyas ra&iacute;ces no permanezcan con demasiada humedad-, separados por canales, que les permitieron aprovechar la fertilidad del terreno, la humedad en tiempos de sequ&iacute;a y el drenaje en &eacute;pocas lluviosas.</p>     <p> Sin duda, este sistema hidr&aacute;ulico, que inclu&iacute;a el camell&oacute;n, el canal y la forma como los camellones estaban estructurados, a trav&eacute;s del espacio (Boada, 2006), origin&oacute; un sistema de producci&oacute;n agr&iacute;cola muy efectivo, que pudo llegar a sostener una densa poblaci&oacute;n humana. Indica la misma autora, que se ha considerado que el sistema de canalizaci&oacute;n parece haber entrado en crisis en un per&iacute;odo inmediatamente anterior a la conquista, por dos razones: el progresivo incremento de la sedimentaci&oacute;n de las zanjas y la p&eacute;rdida de control sobre las inundaciones. Este sistema generaba reservas de humedad y de control sobre las heladas que se presentan en la sabana de Bogot&aacute; y permit&iacute;a implementar otras actividades econ&oacute;micas, como la cr&iacute;a de peces (Izquierdo &amp; L&oacute;pez, 2005).</p>     <p>Estos sistemas hidr&aacute;ulicos adquirieron importancia frente a los requerimientos de producci&oacute;n de alimentos y escasez de suelos &oacute;ptimos para la producci&oacute;n agropecuaria, adicional a ser sistemas de alta eficiencia para el mejoramiento de las condiciones agroecol&oacute;gicas de los suelos; fueron tambi&eacute;n una estrategia &oacute;ptima para el aumento del potencial productivo en &aacute;reas en que, por el exceso de agua, se hace casi imposible el sostenimiento de una agricultura permanente (Herrera et. al. 2004). Para la zona de Suba y de Cota, Boada (2006) localiz&oacute; un &aacute;rea total de 7.451ha de camellones, ubicados entre la orilla oriental del r&iacute;o Bogot&aacute; y la Autopista Norte y desde el humedal de Jaboque hasta el aeropuerto de Guaymaral, hallando camellones de damero; irregulares y paralelos al malec&oacute;n del r&iacute;o.</p>     <p> En el AGN, se registran datos que revelan la tradici&oacute;n en la construcci&oacute;n, en el uso y en el manejo de canales y "acequias", por parte de esta comunidad. Un documento de 1794 confirma el auto que provey&oacute; la Real Audiencia de Santaf&eacute; a los ind&iacute;genas de algunos pueblos de Boyac&aacute; (Sorac&aacute;, Sotaquir&aacute; y C&oacute;mbita), con el objeto de construir zanjas y hacer mantenimiento a la acequia, que prove&iacute;a de agua a la ciudad de Tunja.</p>     <p> "(...) por falta de agua respecto de llenarse para su abasto, dem&aacute;s de dos leguas, y sea su conducto de tierra tan deleznable y barrancosa que cualquier lluvia (sic) la derrumba (regando?) el conducto cuyo da&ntilde;o se hab&iacute;a (sic) continuado por m&aacute;s de ochenta a&ntilde;os, sin haver vastado (sic) los reparos que se hab&iacute;an (sic) aplicado por necesitar de especial asignaci&oacute;n de medios, para mantener quien continuase en ellos y limpiase el conducto, y que por no tener dha &#91;dicha&#93; ziudad (sic) propios ni de que poderlo hacer se hab&iacute;a (sic) originado el que los vecinos (sic) de ella la hayan dejado desierta (...) y que para que dos (sic) indios pudiesen asistir a este reparo y limpieza, los mandase reelevar (sic) de los servicios a que est&aacute;n obligados con vista de lo referido por z&eacute;dula (sic) de quatro (sic) de septiembre de mil y seiscientos y noventa y dos" (AGN, Colonia, Caciques e Indios, legajo 55, Rollo 056/78, f. 782-800).</p>     <p> De otra parte, los humedales fueron estrat&eacute;gicos para el desarrollo cultural de los Muiscas, quienes se mantuvieron en equilibrio con ellos, no solo por los recursos que estos espacios les ofrec&iacute;an, sino porque se fueron convirtiendo en lugares sagrados que explicaban el origen de la vida y otros acontecimientos, como la fertilidad, asociada a la trilog&iacute;a solagua- tierra, trilog&iacute;a que tambi&eacute;n pod&iacute;a significar semen-&uacute;tero- labranza, y lo terreno y lo pagano. El papel preponderante que tuvieron los humedales, las lagunas, los r&iacute;os y las quebradas para los Muiscas, se debi&oacute;, probablemente, al ser una sociedad agr&iacute;cola, que depend&iacute;a del agua para sus sementeras y, por ende, para su vida misma (Casta&ntilde;o, 2003; Rojas de Perdomo, 1995). La importancia del agua en la vida Muisca, se aprecia de m&uacute;ltiples formas; una de ellas, se representa en sus templos, considerados espacios sagrados que, seg&uacute;n la clasificaci&oacute;n realizada por Casilimas Rojas &amp; L&oacute;pez &Aacute;vila (1989) encontramos: Centros Ceremoniales Mayores Principales, Centros Ceremoniales Mayores Secundarios, Centros Ceremoniales Menores y Templos Particulares.</p>     <p> Los primeros fueron considerados santuarios exclusivos de algunos personajes, dedicados a actos religiosos o ceremonias especiales, como por ejemplo, investiduras de caciques principales o adoraciones a dioses particulares, asociados a su origen. Entre estos templos, se encuentran lagunas como Iguaque, Guatavita y Ubaque, mientras que los segundos son lagunas o fuentes h&iacute;dricas alrededor de los cuales viv&iacute;an los jeques y en donde se celebraban ceremonias y sacrificios de car&aacute;cter local. Las lagunas de F&uacute;quene, Tota, Suesca, La Herrera, Ubat&eacute;, m&uacute;ltiples quebradas y espacios con agua hacen parte de estos Centros Ceremoniales Secundarios (Casilimas Rojas &amp; L&oacute;pez &Aacute;vila, 1989).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El siguiente apartado sintetiza, en buena medida, la importancia de las fuentes de agua para la sociedad Muisca. "Al parecer las fuentes de agua en general, fueron lugares sagrados para los muiscas, porque en ellas veneraban a Bachu&eacute; la "diosa" madre de la humanidad "diosa" de las legumbres y la fertilidad, tambi&eacute;n porque el agua era el elemento vital para sus sementeras. Tambi&eacute;n es mencionada la quebrada de T&iacute;quiza, situada en Ch&iacute;a en la cual seg&uacute;n la tradici&oacute;n popular, se ba&ntilde;aba el cacique de Ch&iacute;a en las ceremonias de consagraci&oacute;n como Zipa de Bogot&aacute;" (Casilimas Rojas &amp; L&oacute;pez &Aacute;vila, 1989).</p>     <p> Las cr&oacute;nicas de la conquista nos dejan apreciar los mitos y las leyendas recogidos posterior a la llegada de los espa&ntilde;oles, en los que se puede apreciar la importancia del agua, como elemento central de muchos episodios mitol&oacute;gicos que acontecieron en lagos, en lagunas y en humedales (<a href="#f1">Mapa 1</a>).</p>     <p><a name="f1"></a></p>    <p align="center"><img src="img/revistas/rudca/v15n1/v15n1a18f1.jpg"></p>     <p> Entre los mitos relacionados con el agua, se encuentra el de Bachu&eacute;, quien representa el origen del pueblo Muisca. Emerge de la laguna de Iguaque con un ni&ntilde;o en sus brazos, con &eacute;l tendr&aacute; su descendencia, que va a poblar la tierra, vuelve a la laguna con su hijo adulto, convirti&eacute;ndose ambos en serpientes. Este animal es una de las im&aacute;genes m&aacute;s comunes y de mayor simbolismo en la cultura Muisca; considerado un animal tot&eacute;mico y m&iacute;tico, que simbolizaba la uni&oacute;n entre el agua y la tierra, entre el mundo de los vivos y de los muertos; fue muy importante para los Muiscas, siendo una sociedad antropoc&eacute;ntrica (Rojas de Perdomo, 1995; Casta&ntilde;o, 2003; Correa, 2005).</p>     <p>De otra parte, se encuentra Bochica, el h&eacute;roe civilizador, quien le ense&ntilde;&oacute; a los Muiscas normas pol&iacute;ticas, preceptos morales, t&eacute;cnicas agr&iacute;colas y a trabajar el algod&oacute;n, la cer&aacute;micas y el oro; adem&aacute;s, intercedi&oacute; para salvarlos de las inundaciones originadas por Chibchacum, como castigo al mal comportamiento que ten&iacute;an. Dio origen al Salto del Tequendama, por donde desagu&oacute; la Sabana de Bogot&aacute;. Finalmente, la diosa Ch&iacute;a, quien solicit&oacute; a los Muiscas ofrecer sacrificios y ofrendas a r&iacute;os y arroyos, lagos y lagunas en se&ntilde;al de devoci&oacute;n y de respeto a las deidades ind&iacute;genas, entre otros (Rojas de Perdomo, 1995; Correa, 2005).</p>     <p> La evidencia cultural nos permite entender la estrecha relaci&oacute;n que los Muiscas mantuvieron con las fuentes de agua. En las pr&aacute;cticas y en los rituales ceremoniales, se encuentran representaciones de im&aacute;genes tridimensionales -tri&aacute;ngulo-, pir&aacute;mides triangulares compuestas por semillas, cuentas de collar, objetos de oro y cobre, siempre asociados a la figura de la serpiente, posiblemente, como una representaci&oacute;n del &uacute;tero de la madre tierra. "El tri&aacute;ngulo fue, sin lugar a dudas, un s&iacute;mbolo de fertilidad y de conexi&oacute;n entre la vida y la muerte..." (Casta&ntilde;o, 2003).</p>     <p> Adem&aacute;s, es com&uacute;n encontrar en algunos humedales de la Sabana de Bogot&aacute; monolitos y menhires de piedra, como los 19 monolitos hallados en Jaboque (<a href="#f2">Figura 1</a>) y que se relacionan con la localizaci&oacute;n de camellones y de canales. La ubicaci&oacute;n de estos monolitos tienen varias interpretaciones que van desde estar alineados con la constelaci&oacute;n Escorpi&oacute;n, para los solsticios, hasta considerarlos mojones de linderos para los Resguardos, que se conformaron en el siglo XVI (Izquierdo &amp; L&oacute;pez, 2005).</p>     <p><a name="f2"></a></p>    <p align="center"><img src="img/revistas/rudca/v15n1/v15n1a18f2.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lamentablemente, el proceso de conquista y posterior colonia, dej&oacute; de lado el legado vital del simbolismo, la tradici&oacute;n y la cosmovisi&oacute;n que se ten&iacute;a del agua, como elemento central en el desarrollo cultural de los Muiscas (Casta&ntilde;o, 2003). Por el contrario, todas las pr&aacute;cticas culturales, especialmente, las religiosas, que se hac&iacute;an en estos espacios, fueron satanizadas por parte de los blancos, debido a que en ellos se realizaban rituales a sus dioses. Es probable que los imaginarios de los europeos frente a las pr&aacute;cticas culturales de los ind&iacute;genas fueran consideradas como pr&aacute;cticas socialmente prohibidas y, por ello, penalizadas.</p>     <p> "Desde las primeras &eacute;pocas de la Colonia, las autoridades centraron buena parte de sus esfuerzos en tratar de restringir actividades rituales de &iacute;ndole ind&iacute;gena. Se prohibieron los juegos y "tomatas", y dentro de los castigos estaban la trasquilada de pelo y la p&eacute;rdida de la manta. Pese a todas estas restricciones, las fiestas de car&aacute;cter ind&iacute;gena segu&iacute;an celebr&aacute;ndose en los solares de la servidumbre cobijadas por la oscuridad de una noche que, en el d&iacute;a, era satanizada por los sacerdotes" (Monroy &Aacute;lvarez, 2004).</p>     <p> Este proceso implic&oacute; tambi&eacute;n la desarticulaci&oacute;n de los ind&iacute;genas de su sistema cultural, al haberse transformado, en gran medida, sus referentes geogr&aacute;ficos, y con ellos la memoria, la tradici&oacute;n y la cosmogon&iacute;a. Sitios como los humedales, que tuvieron importancia a nivel econ&oacute;mico, territorial y religioso, pasaron a ser designados con nombres diversos, al tenor de los intereses de los encomenderos, los hacendados y los colonos, durante casi todo el periodo colonial. A esto, se lig&oacute; tambi&eacute;n la influencia de los misioneros cat&oacute;licos (dominicos y franciscanos), quienes arribaron a la regi&oacute;n cerca de 1550, para fundar &oacute;rdenes y adelantar una campa&ntilde;a de erradicaci&oacute;n de las costumbres y de las pr&aacute;cticas rituales ind&iacute;genas, en r&iacute;os, en bosques y en pantanos (humedales), para lo cual, adquiri&oacute; vigencia la creaci&oacute;n de centros doctrineros, en lo que m&aacute;s tarde fueron los resguardos de Bosa, de Fontib&oacute;n, de Engativ&aacute;, de Suba, de Usme y de Usaqu&eacute;n, principalmente (Velandia, 1983).</p>     <p> Seg&uacute;n Rodr&iacute;guez (2008), durante los siglos XVI y XVII, en el Nuevo Reino de Granada, los procesos de evangelizaci&oacute;n y de aculturaci&oacute;n fueron posibles, a partir de la imposici&oacute;n de nuevos espacios y relaciones sociales, nueva visi&oacute;n del tiempo y nuevas creencias, devociones y rituales. Fue orden de la Real Audiencia, en el siglo XVI, que los alcaldes mayores denunciaran cualquier tipo de actividad idol&aacute;trica, por parte de los ind&iacute;genas.</p>     <p>En el a&ntilde;o de 1606, Lorenzo G&oacute;mez tomaba posesi&oacute;n de unas tierras en Engativ&aacute;, pr&oacute;xima a los "(...) boh&iacute;os de la Poblason (sic) Vieja de Yngatiba (sic)" describe al solicitante, "(...) estando en un cerrillo y junto a unas labranzaz (sic) que dijeron ser de los indios (sic) de Suba, junto a una sanja (sic) y un pozo que los dos (sic) indios tiene fecho que dicen ser santtuario (sic)" (AGN, Colonia, Tierras-Cundinamarca, Tomo 35, rollo 115, f. 314).</p>     <p> As&iacute; mismo, las misiones cat&oacute;licas ten&iacute;an como objetivo extender la prohibici&oacute;n de ritos antiguos, ceremonias gentilicias, costumbres como bailes, fiestas y borracheras y destruir los santuarios, as&iacute; como aplicar castigos a los "indios cristianos", que persistiesen en el ejercicio de aquellos rituales, todo con el fin de cimentar la fe y la devoci&oacute;n cristiana, entre la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena (Velandia, 1983).</p>     <p> Documentos hist&oacute;ricos en el AGN permiten relacionar algunos humedales de la ciudad, como Jaboque, con un aparente "santuario" ind&iacute;gena, cuya memoria permanece viva a principios del siglo XVII; de hecho, ya en 1607, la petici&oacute;n de Alonso Brice&ntilde;o alude a: (....) una ci&eacute;naga que se llama Tibaguya, linde con estancia de Lorenzo G&oacute;mez (...) corriendo el pantano y zienega (sic) abajo en el dicho termino de Suba; y en esta parte estaban unos indios (sic) de la encomienda de Bartholom&eacute; de Masmela que no eran sus tierras ni de su pueblo y fuera del dho (sic) Resguardo que estos indios (sic) dec&iacute;an estaban all&iacute; por cierto modor (sic) de Rito, que no pod&iacute;an acudir a ser doctrinados por la incomodidad (sic) del lugar (...) y que hab&iacute;an sucedido muertes , y que el sitio era santtuario (sic) donde dec&iacute;an los dhos indios (sic) y los de Suba ten&iacute;an idolatr&iacute;as (sic) por un montte (sic) que all&iacute; ay" (AGN, Colonia, Tierras Cundinamarca, Tomo 35, rollo 115, f. 283r285r).</p>     <p> Durante los siglos XVIII y XIX, los humedales fueron invisibles y sobre ellos se desarrollan procesos de expansi&oacute;n, inicialmente, con la conformaci&oacute;n de haciendas. Hacia 1851, se decreta la libre enajenaci&oacute;n de las tierras que anta&ntilde;o hab&iacute;an sido Resguardos Muiscas en Zipaquir&aacute;, en Nemoc&oacute;n, en Tabio, en Tocancip&aacute;, en Cota y en Suba, entre otros. Esto, unido a la desamortizaci&oacute;n de bienes de manos muertas, logr&oacute; la privatizaci&oacute;n de la tenencia de la tierra y consolid&oacute; la hacienda en la Sabana de Bogot&aacute; (Gu&iacute;o &amp; Palacio Casta&ntilde;eda, 2008).</p>     <p> Varios te&oacute;ricos han coincidido en plantear una relaci&oacute;n directa entre la encomienda y el establecimiento de las haciendas en Am&eacute;rica Latina. As&iacute; mismo, se ha planteado que la hacienda no s&oacute;lo fue una empresa econ&oacute;mica, sino la base fundamental para la creaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico y del prestigio social, a partir del siglo XVIII (Friede, 1965; Guill&eacute;n Mart&iacute;nez, 2003).</p>     <p> Lo anterior dio como resultado que varias zonas de humedales quedaran inmersas dentro de las haciendas, y sufrieran procesos de desecaci&oacute;n. En el caso de la Sabana de Bogot&aacute;, &eacute;ste proceso se inici&oacute; con la entrada del eucalipto, como medio para lograr convertir zonas no aptas en agr&iacute;colamente aptas, como lo menciona Palacio (2008): "Por su parte, la Sabana -zona desde la que proced&iacute;an buena parte de la poblaci&oacute;n de Bogot&aacute;, su idiosincrasia y la riqueza de sus tierras-, desde el siglo XIX hab&iacute;a transformado su paisaje con el ingreso al pa&iacute;s de pinos y eucaliptos que ayudaban a desecar ese pantano en que se convert&iacute;a en invierno, cuyos remanentes hoy llaman humedales".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Seg&uacute;n Pardo Uma&ntilde;a (1988), desde el finales del siglo XVIII, la tierra en la zona nororiental de la Sabana de Bogot&aacute;, se encontraba distribuida en nueve grandes haciendas: El Chucho, La Conejera, El Noviciado, Tibabit&aacute;, Hato Grande, Yerbabuena, Fusca, Tiquiza y Fagua. La fundaci&oacute;n y posterior fragmentaci&oacute;n de estas haciendas fue una de las grandes causas de la constante destrucci&oacute;n y transformaci&oacute;n de los actuales humedales de la zona.</p>     <p> Sumado a lo anterior, apreciamos que m&uacute;ltiples zonas de la Sabana de Bogot&aacute;, se llenaron de largas zanjas, de zanjones y de vallados de desag&uuml;e, con el fin de coadyuvar en el proceso de desecaci&oacute;n de la Sabana, dando comienzo tambi&eacute;n, al proceso de construcci&oacute;n de jarillones, -mont&iacute;culos de tierra en las orillas de los r&iacute;os-, para evitar inundaciones durante el per&iacute;odo de invierno. Estos procesos trajeron cambios en la vegetaci&oacute;n, pasando de bosques de aliso a las orillas del r&iacute;o Bogot&aacute; a siembras de sauces, cuyas ra&iacute;ces reforzaron los jarillones (Van der Hammen, 2003; Ruiz Soto, 2008).</p>     <p> Es com&uacute;n encontrar referencias a la vegetaci&oacute;n "de malezas" que exist&iacute;a en el monte de los cerros, entre las cuales, se hallan borrachero, arboloco, espino, encenillo, cordoncillos y a la fauna que se percib&iacute;a en esta &eacute;poca, ya fuera en las haciendas, en los humedales o en los alrededores de la ciudad. Entre la fauna sobresalen patos migratorios, garzas blancas y rosadas, venados, peces, como la guapucha y el capit&aacute;n, cangrejos de agua dulce, animales que se aprovechaban para la auto-subsistencia por parte de los ind&iacute;genas y estancieros (Ruiz Soto, 2008).</p>      <p>Los ind&iacute;genas que a&uacute;n quedaban, se les permit&iacute;a la cacer&iacute;a, con el consentimiento del cacique, como lo menciona el siguiente apartado: "De suerte que aunque hab&iacute;a en aquellos tiempos tanta abundancia de venados que andaban en manadas y les com&iacute;an a los indios sus labranzas y sementeras, no ten&iacute;an ellos facultad de matar alguno y comerlo sin licencia de su se&ntilde;or y cacique" (Rodr&iacute;guez Freyle, 1984); sin embargo, estas prohibiciones no inclu&iacute;an al resto de la poblaci&oacute;n, hacendados y extranjeros, especialmente, quienes vieron en la cacer&iacute;a, un deporte, especialmente, por parte de los extranjeros, asiduos visitantes de la capital, durante todo el siglo XIX, quienes hicieron menci&oacute;n de los humedales no solo como zonas de cacer&iacute;a sino tambi&eacute;n de pesca, "...vimos una gran cantidad de patos silvestres volando; la cacer&iacute;a de &eacute;stos; seg&uacute;n comprob&eacute; m&aacute;s tarde, es un buen deporte en algunas de las lagunas de esta sabana" (Potter Hamilton, 1993)</p>     <p> "En la Sabana se cazaba conejo, armadillo, comadrejas, borugos, patos de laguna, y los zorros y faras que sal&iacute;an en las noches a atormentar las gallinas o a pescar en el r&iacute;o. En montes y p&aacute;ramos hab&iacute;a venados y buitres que, al igual que las torcazas y palomas, los gallinazos, carracos y gualas, fueron objetivo del rifle de hacendados y mayordomos hasta mediados del siglo XX" (Ruiz Soto, 2008).</p>     <p> "En cuanto a los venados, raza que desapareci&oacute; completamente de la regi&oacute;n, su cacer&iacute;a fue diversi&oacute;n favorita de todos los se&ntilde;ores Castros, y las cabezas de los que mataban eran disecados y serv&iacute;an como adornos y roperos en las casa de las haciendas pertenecientes a la familia. ...y &eacute;ste (Don Antonio Castro y Montenegro) alcanz&oacute; a darles muerte...a 1582 venados, todos machos, pues era orden expresa suya, que se cumpl&iacute;a religiosamente, la de no disparar nunca contra las hembras" (Pardo Uma&ntilde;a, 1988).</p>     <p> Durante el siglo XIX, la hacienda "criolla" se considera como una unidad agro-ecosist&eacute;mica, en donde las actividades de explotaci&oacute;n agropecuaria toman fuerza. Con ellas, aparecen las transformaciones visibles en el paisaje, dadas por la introducci&oacute;n del eucalipto, entre 1857 y 1865, y el alambre de p&uacute;as, en 1880; ambos ayudaron al hacendado a fijar linderos y dividir potreros (Ruiz Soto, 2008).</p>     <p> Las actividades agr&iacute;colas, se establecieron en terrenos no inundables, ubicados sobre el costado occidental de la Sabana, pues hacia la parte nororiental, a&uacute;n quedaban grandes espejos de agua, que pasaban por el camino viejo, actual carrera s&eacute;ptima (<a href="#f3">Mapa 2</a>). En cuanto a la producci&oacute;n pecuaria, se criaron ovejas, caballos y ganado de ceba (carne y cuero), lo que permiti&oacute; para mediados del siglo XIX, la comercializaci&oacute;n de algunos productos como carne, quesos, papa, sal y harina de trigo con otras zonas del pa&iacute;s (Ruiz Soto, 2008). Sin embargo, desde el siglo XVI, la tierra en la Sabana, se hab&iacute;a dividido en estancias de ganado mayor (vacuno), estancias de pan sembrar (agricultura), estancias de ganado menor (ovinos) y estancias de pan coger (huertos) (Fundaci&oacute;n Misi&oacute;n Colombia, 1988).</p>     <p><a name="f3"></a></p>    <p align="center"><img src="img/revistas/rudca/v15n1/v15n1a18f3.jpg"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XX, la maquinaria agr&iacute;cola, como las trilladoras estacionarias a vapor y los tractores, ocasionaron una transformaci&oacute;n de la forma de vida y de producci&oacute;n rural desarrollada en el siglo XIX. Se comenz&oacute; el proceso de homogenizaci&oacute;n de los cultivos en la Sabana, con el trigo, el ma&iacute;z, la cebada y la papa; adicionalmente, se trajeron especies maderables, pastos, forrajes y razas de especies mayores y menores europeas y norteamericanas, con el fin de "modernizarse". A este proceso, se le ha denominado la "europeizaci&oacute;n de la Sabana de Bogot&aacute;" (Ruiz Soto, 2008).</p>     <p> Todo lo anterior, unido a la invisibilidad a que fueron sometidos los humedales durante los siglos anteriores y a las pr&aacute;cticas culturales que sobre ellos se desarrollaron, ocasion&oacute; un acelerado proceso de destrucci&oacute;n y de p&eacute;rdida total de gran parte de ellos. Las zonas de humedal desecadas fueron infestadas con agroqu&iacute;micos y con pesticidas, dejando de lado el conocimiento ancestral de los Muiscas, ocasionando un acelerado proceso de contaminaci&oacute;n de las aguas en los reductos de humedales que quedaron (Van der Hammen, 2003).</p>     <p> A principios del siglo XX, se encuentra un reconocimiento jur&iacute;dico hacia los humedales, chucuas, pantanos, entre otros, por parte del gobierno de Rafael Reyes, mediante el Decreto Legislativo 40 del 28, de febrero de 1905, donde se decreta en el art&iacute;culo 1&deg;, el deslinde de los predios particulares los lagos, las lagunas, las ci&eacute;nagas y los pantanos que, seg&uacute;n el par&aacute;grafo correspondiente a dicho art&iacute;culo, se deb&iacute;an deslindar los terrenos que en los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os hayan estado inundados u ocupados por agua (Rojas, 2000), sin que esto indique su protecci&oacute;n y su uso racional.</p>     <p> Por el contrario, la urbanizaci&oacute;n de la ciudad crey&oacute; traer consigo la idea de progreso y de desarrollo, sin darse cuenta que su acelerado proceso afect&oacute;, en gran medida, estos ecosistemas, pues de ser fuente de muchos productos (le&ntilde;a, alimento, recreaci&oacute;n), estar asociados con algunos aspectos de la vida cotidiana y sumar para principios del siglo XX m&aacute;s de 50.000 has, hoy s&oacute;lo quedan 800ha, debido a los continuos rellenos a los que se vieron sometidos, especialmente, hacia el occidente y el norte del D.C. y cuyo objetivo no es otro que construir nuevas urbanizaciones y nuevas v&iacute;as de comunicaci&oacute;n, ejemplo de ello, tenemos el caso de la Autopista Norte, inaugurada en 1956 y que transform&oacute; el antiguo humedal de Torca-Guaymaral, en tres secciones: hacia el occidente, el humedal de Guaymaral, la mejor conservada a nivel de biodiversidad; hacia el oriente, el humedal de Torca y, en el centro, el separador de la autopista (Moreno <i>et al.</i> 2005)</p>     <p> Las zonas h&uacute;medas que no desaparecieron, a pesar de estos embates, perdieron sus funciones naturales de regulaci&oacute;n de aguas en &eacute;pocas de invierno, dando paso a que las inundaciones ocasionaran desastres, como los ocurridos en los &uacute;ltimos inviernos.</p>     <p> "La regi&oacute;n fue perdiendo su capacidad de amortiguar, mediante sus ecosistemas nativos -p&aacute;ramos, bosques, humedales y los mismos r&iacute;os-, los comportamientos del clima, necesitando entonces implementar obras de ingenier&iacute;a para mitigarlos. En lugar de utilizar la ingenier&iacute;a para aprovechar las ventajas que ofrec&iacute;an los ecosistemas, se utilizaba las ingenier&iacute;a para disminuir los estragos producidos por las transformaciones de los ecosistemas" (Gu&iacute;o &amp; Palacio Casta&ntilde;eda, 2008).</p>     <p><b> EN CONCLUSI&Oacute;N</b></p>     <p> Es claro que la interacci&oacute;n del ser humano con los humedales de la Sabana de Bogot&aacute; ha tenido una serie de connotaciones especiales a lo largo de los &uacute;ltimos doce mil a&ntilde;os. Las relaciones establecidas con estos ecosistemas han influido notoriamente en su conservaci&oacute;n en tiempos prehisp&aacute;nicos y en su destrucci&oacute;n progresiva, posterior a la llegada de los europeos.</p>     <p> Los humedales de la ciudad de Bogot&aacute; y de la Sabana, han sido espacios de gran biodiversidad, fuentes de alimento y de oportunidades de calidad de vida de las diversas poblaciones humanas, que utilizaban sus servicios ambientales, principalmente el agua, as&iacute; como espacios sagrados que resum&iacute;an y sintetizaban el origen de la vida y la explicaci&oacute;n m&aacute;s profunda de los advenimientos sobrenaturales, entre la fertilidad, las deidades y el mundo terreno y pagano.</p>     <p> Al hacer una reflexi&oacute;n de la situaci&oacute;n que han vivido los humedales en la Sabana en los &uacute;ltimos tres mil a&ntilde;os, se logra entender que el significado de los imaginarios que sobre ellos se han construido va a depender del contexto hist&oacute;rico, en el cual, se construyen y que han funcionado como un recurso supremo de la conciencia, que transforma el mundo, pero que, a la vez, es creador y que funciona como "ordenador del ser a las &oacute;rdenes del mejor".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se evidencia, entonces, en el per&iacute;odo de conquista y posterior colonia, c&oacute;mo los imaginarios construidos sobre estos ecosistemas fueron cambiando y con ello las percepciones y el uso funcional y pr&aacute;ctico; los nuevos imaginarios rompieron con la armon&iacute;a que los ind&iacute;genas mantuvieron con el medio natural, dando paso a procesos destructivos que, hasta la fecha, siguen vigentes.</p>     <p> Los espejos de agua empezaron a disminuir progresivamente, mostrando s&iacute;ntomas de deterioro y de alteraci&oacute;n de su salud vital, en la medida que la sociedad los fue marginando e invisibilizando y, posteriormente, modific&aacute;ndolos, para convertirlos en suelos agr&iacute;colas y ganaderos, en suelos urbanizables o de expansi&oacute;n urbana del Distrito Capital, ocasionando una serie ininterrumpida de conflictos de orden ambiental, que comienzan en el per&iacute;odo de la colonia, en gran medida, por los imaginarios occidentales, construidos sobre estos espacios; imaginarios que rompieron con la armon&iacute;a que los ind&iacute;genas manten&iacute;an y dieron el origen para los procesos destructivos que, hasta la fecha, siguen vigentes. Es necesario entender que la relaci&oacute;n naturaleza - cultura es indisoluble y que los problemas ambientales involucran la construcci&oacute;n cultural de la naturaleza, bajo relaciones de poder; incluso, en estas relaciones de poder, debe ser muy clara la racionalidad ambiental, entendida como un proceso pol&iacute;tico y social que tenga en cuenta la conformaci&oacute;n y la concertaci&oacute;n de intereses opuestos, donde exista una reorientaci&oacute;n de tendencias; se rompan obst&aacute;culos epistemol&oacute;gicos y barreras institucionales; as&iacute; mismo, se creen nuevas formas de organizaci&oacute;n productiva, innovaci&oacute;n de nuevos m&eacute;todos de investigaci&oacute;n y de producci&oacute;n de nuevos conceptos y conocimientos (Leff, 1994).</p>     <p> Esta nueva racionalidad ambiental debe desembocar en una nueva conciencia ambiental, que permita discutir las amenazas no solo sobre los ecosistemas sino sobre la vida misma, logrando el desarrollo de un "pensar verde", como llamar&iacute;a Ulloa (2002), que solo se dar&iacute;a por el deterioro de los ecosistemas y el agotamiento o extinci&oacute;n de los recursos naturales y las especies biol&oacute;gicas, los que han transformado procesos biol&oacute;gicos, ecol&oacute;gicos, sociales y culturales, como el caso de los imaginarios ambientales.</p>     <p> Y es probable que el surgimiento de nuevos "ciudadanos verdes" traiga consigo la re-construcci&oacute;n de imaginarios culturales, que permitan la recuperaci&oacute;n, la protecci&oacute;n y la preservaci&oacute;n de los humedales; sin embargo, la idea de formar "ciudadanos-verdes" es que los conocimientos o pr&aacute;cticas se reproduzcan en su cotidianidad, hasta convertirse en pr&aacute;cticas culturales, para as&iacute; aportar a la re-visibilizaci&oacute;n de estos espacios, como ecosistemas estrat&eacute;gicos dentro de la Estructura Ecol&oacute;gica Principal del Distrito Capital.</p>     <p> Ser&iacute;a interesante retomar los sistemas de conocimiento no occidentales, espec&iacute;ficamente los ind&iacute;genas, considerados como una alternativa a la crisis ambiental, pues est&aacute;n basados en concepciones complejas y diferentes, sobre la naturaleza que no responden a las categor&iacute;as occidentales impuestas por procesos de etnocidio y aculturaci&oacute;n, sino a concepciones y conocimientos locales, articulados con un territorio, una identidad y una tradici&oacute;n hist&oacute;rica, &eacute;tnica, social y cultural de los mismos.</p>     <p> De otra parte, ser&iacute;a interesante explorar m&aacute;s a los humedales como "lugares-patrimonio" (van der Hammen <i>et al.</i> 2009), con el fin de darles nuevos sentidos y re-significaciones en el presente, pero tambi&eacute;n, con el fin de aportar en la construcci&oacute;n colectiva de identidad de los habitantes que conviven cotidianamente con estos espacios y quienes son los &uacute;nicos que podr&iacute;an convertirlos en "lugares-patrimonio" y as&iacute; darles, nuevamente, una gran valoraci&oacute;n social, por la biodiversidad y por los servicios ambientales y esc&eacute;nicos que ofrecen.</p>     <p> En estos procesos es fundamental recuperar las historias de los barrios que, en sus procesos de conformaci&oacute;n, fraccionaron o destruyeron gran parte de los humedales y que hoy hacen parte fundamental de su desarrollo; pues los procesos de arraigo y de sentido de pertenencia, fundamentados sobre las vivencias, son la base para la construcci&oacute;n de valores patrimoniales, son el motor para las acciones de recuperaci&oacute;n y de protecci&oacute;n de estos ecosistemas, as&iacute; como herramientas de apropiaci&oacute;n del lugar.</p>     <p><u> Conflicto de intereses:</u> El manuscrito fue preparado y revisado por la autora, quien declara que no existe ning&uacute;n conflicto de inter&eacute;s que ponga en riesgo la validez de los resultados presentados.</p>     <p><b> BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></p>     <!-- ref --><p> 1. ACEITUNO, F.J.; LOAIZA, N. 2008. Rastreando los or&iacute;genes de la agricultura en la vertiente oriental del Cauca Medio. En: L&oacute;pez, C.E.; Ospina, G.A. (eds). Ecolog&iacute;a Hist&oacute;rica. Interacciones Sociedad - Ambiente a Distintas Escalas Socio - Temporales. UTP, Pereira. 297p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0123-4226201200010001800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 2. ANDRADE, G. 2003. Los humedales de Bogot&aacute; y la convenci&oacute;n Ramsar: Oportunidades para la gesti&oacute;n del patrimonio natural de la ciudad. Serie Documentos T&eacute;cnicos. No.1 Fundaci&oacute;n Humedales. Bogot&aacute;, Colombia. 16p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0123-4226201200010001800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 3. ANDRADE, G. 2005. La continuidad de los parques y el espacio p&uacute;blico en Bogot&aacute; y su entorno. Hacia un sistema regional y distrital de &aacute;reas protegidas. En: C&aacute;rdenas, F.; Correa, H.D.; Mesa, C. (Compiladores) Regi&oacute;n, ciudad y &aacute;reas protegidas. Manejo ambiental participativo. CEREC, Ecofondo, FPAA, Fescol, Bogot&aacute;. 564 p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0123-4226201200010001800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 4. Archivo General de la Naci&oacute;n AGN. 2010. Secci&oacute;n Colonia, Tierras de Cundinamarca, Tomo 35, rollo 115, f. 283r 285r.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0123-4226201200010001800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 5. Archivo General de la Naci&oacute;n AGN. 2010 Secci&oacute;n Colonia, Caciques e Indios, legajo 55, Rollo 056/78, f. 782-800.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0123-4226201200010001800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 6. Archivo General de la Naci&oacute;n AGN. 2010. Secci&oacute;n Colonia, Tierras-Cundinamarca, Tomo 35, rollo 115, f. 314.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0123-4226201200010001800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 7. BACKZO, B. 1991. Los imaginarios sociales. Memorias y esperanzas colectivas. Ed. Nueva Visi&oacute;n. Argentina. 199p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0123-4226201200010001800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 8. BATESON, G. 2001. Esp&iacute;ritu y naturaleza. Buenos Aires: Amorrortu eds. 480p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0123-4226201200010001800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 9. BOADA, A.M. 2006. Patrones de asentamiento regional y sistemas de agricultura intensiva en Cota y Suba, Sabana de Bogot&aacute; (Colombia) Fund. Investig. Arqueol. Nacionales, Banco de la Rep&uacute;blica. 181p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0123-4226201200010001800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 10. CALVACHI, B. 2002. La biodiversidad bogotana. Rev. La Tadeo. 67:89-98.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0123-4226201200010001800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 11. CARRIZOSA, J. 2002. Colombia de lo imaginario a lo complejo. Bogot&aacute;: IDEA. Universidad Nacional. 203p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0123-4226201200010001800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 12. CASILIMAS ROJAS, C.I.; L&Oacute;PEZ &Aacute;VILA, M.I. 1989. El templo Muisca. Rev. Maguar&eacute; 5:127-150.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0123-4226201200010001800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 13. CASTA&Ntilde;O U., C. 2003. Adaptaciones simb&oacute;licas y culturales al bioma de los humedales de la Sabana de Bogot&aacute; y los ecosistemas de alta monta&ntilde;a. En Los Humedales de Bogot&aacute; y la Sabana. EAAB, Conservaci&oacute;n Internacional. Bogot&aacute;, Colombia. p.141-167.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0123-4226201200010001800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 14. CASTORIADIS, C. 1997. Ontolog&iacute;a de la creaci&oacute;n. Ensayo &amp; Error, Colecci&oacute;n Pensamiento Cr&iacute;tico Contempor&aacute;neo. Bogot&aacute;. 320p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0123-4226201200010001800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 15. CORREA RUBIO, F. 2005. Sociedad y naturaleza en la mitolog&iacute;a Muisca. Tabula Rasa. 3:197-222.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0123-4226201200010001800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 16. CORREAL URREGO, G. 1986. Apuntes sobre el medio ambiente pleistoc&eacute;nico y el hombre prehist&oacute;rico en Colombia. En: Bryan, A.L. (ed.) New Evidence for the Pleistocene Peopling of the Americas. Center for the Study of Early Man, University of Maine, Orono. 368p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0123-4226201200010001800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 17. CORREAL URREGO, G. 1990. Aguazuque: Evidencias de Cazadores, Recolectores y Plantadores en la Altiplanicie de la Cordillera Oriental. FIAN, Bogot&aacute;. 307p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0123-4226201200010001800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 18. CORREAL URREGO, G. 1981. Evidencias culturales y megafauna pleistoc&eacute;nica en Colombia. Fund. Invest. Arqueol. Nal. 12:1-148.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0123-4226201200010001800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 19. CORREAL URREGO, G.; PINTO, M. 1983. Investigaciones Arqueol&oacute;gicas en el Municipio de Zipac&oacute;n, Cundinamarca. FIAN, Bogot&aacute;. 204p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0123-4226201200010001800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 20. CORREAL URREGO, G.; VAN DER HAMMEN, T. 1977. Investigaciones Arqueol&oacute;gicas en los Abrigos Rocosos de Tequendama. Banco Popular, Bogot&aacute;. 194p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0123-4226201200010001800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 21. DAMA, 2000. Historia de los Humedales de Bogot&aacute; con &eacute;nfasis en cinco de ellos. Bogot&aacute; D.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0123-4226201200010001800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->C. 107 p.</p>     <!-- ref --><p> 22. DAMA, 2002. Los Humedales del Altiplano en Bogot&aacute;, bases t&eacute;cnicas para su conservaci&oacute;n, restauraci&oacute;n y manejo. Documento T&eacute;cnico Elaborado por G. I. Andrade. 68p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0123-4226201200010001800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 23. DE MORAES, D. 2007. Imaginario social, cultura y construcci&oacute;n de la hegemon&iacute;a. En Contratiempo Revista de cultura y pensamiento / La cultura cr&iacute;tica en Am&eacute;rica Latina / Oto&ntilde;o - Invierno N&deg; 2. Disponible desde Internet en: <a href="http://www.revistacontratiempo. com.ar/moraes_imaginario_cultura_hegemonia.htm"target="_blank">http://www.revistacontratiempo. com.ar/moraes_imaginario_cultura_hegemonia.htm</a> (con acceso 07/10/12)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0123-4226201200010001800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 24. DURAND, G. 2000. Lo imaginario. Ed. del Bronce. Barcelona.165p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0123-4226201200010001800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. FALCHETTI, A.M.; PLAZAS, C. 1973 El territorio de los muiscas a la llegada de los espa&ntilde;oles. Bogot&aacute;, U. de los Andes. 27p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0123-4226201200010001800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 26. FRIEDE, J. 1965. Los or&iacute;genes de la propiedad territorial en la Am&eacute;rica Intertropical. En: Historia Extensa de Colombia. Descubrimiento y Conquista del Nuevo Reino de Granada. Vol. 4 Tomo II. Acad. Col. Historia. Editorial Lerner. Bogot&aacute;. 453p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0123-4226201200010001800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>27. FUNDACI&Oacute;N MISI&Oacute;N COLOMBIA. 1988. Historia de Bogot&aacute;. Bogot&aacute;: Villegas Editores. Vol. 1. 330p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0123-4226201200010001800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 28. FUNDACI&Oacute;N MISI&Oacute;N COLOMBIA. 1988. Historia de Bogot&aacute;. Bogot&aacute;: Villegas Editores. Vol. 2. 330p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0123-4226201200010001800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 29. GARC&Iacute;A, R. 2000. Estudio B&aacute;sico de Sistemas Complejos. En: Leff, E.; Morello, J. (eds) Los problemas de conocimiento y la perspectiva ambiental del desarrollo. M&eacute;xico: Siglo XXI Editores. 410p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0123-4226201200010001800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 30. GNECCO, C.; ACEITUNO, J. 2004. Poblamiento temprano y espacios antropog&eacute;nicos en el norte de Suram&eacute;rica. Complutum. 15(15):151-164.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0123-4226201200010001800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 31. GODELIER, M. 1989. Lo ideal y lo material. Pensamiento, econom&iacute;as, sociedades. Madrid. Taurus. 310p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0123-4226201200010001800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> 32. GROOT, A.M. 2006. Arqueolog&iacute;a y patrimonio: conocimiento y apropiaci&oacute;n social. Rev. Acad. Col. Ciencia. 30(114): 5-17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0123-4226201200010001800032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 33. GUILL&Eacute;N MART&Iacute;NEZ, F. 2003. El poder pol&iacute;tico en Colombia. Ed. Planeta, Bogot&aacute;. 594 p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0123-4226201200010001800033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 34. GU&Iacute;O, C.; PALACIO CASTA&Ntilde;EDA, G. 2008. Bogot&aacute;: el tortuoso y catastr&oacute;fico (des)encuentro entre el r&iacute;o y la ciudad. En: Palacio, G. (ed.) Historia ambiental de Bogot&aacute; y la Sabana, 1850-2005. Universidad Nacional de Colombia Sede Amazon&iacute;a, IMANI. Leticia, Amazonas, Colombia. 345p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0123-4226201200010001800034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 35. HERRERA, L.F.; ROJAS, S.; MONTEJO, F. 2004. Poblamiento prehisp&aacute;nico de la depresi&oacute;n Momposina: Un sistema integrado de manejo sostenible de los ecosistemas inundables. En: Restrepo, R. (Compilador). Saberes de Vida. Por el bienestar de las nuevas generaciones. UNESCO - Siglo del Hombre Editores, Bogot&aacute;. 342p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0123-4226201200010001800035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 36. IZQUIERDO P., M.A.; L&Oacute;PEZ, L.F. 2005. Valoraci&oacute;n Arqueoastron&oacute;mica del emplazamiento monol&iacute;tico del Humedal de Jaboque (Engativ&aacute;). Segundo informe. U.N. de Colombia - EAAB Instituto de Ciencias Naturales Observatorio Astron&oacute;mico Nacional. 180p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0123-4226201200010001800036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> 37. LANGEBAEK, C.H. 1992. Noticias de caciques muy mayores. Origen y desarrollo de las sociedades complejas en el noroccidente de Colombia y norte de Venezuela. U. de los Andes y U.de Antioquia, Medell&iacute;n. 24p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0123-4226201200010001800037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 38. LEFF, E. 1994. Sociolog&iacute;a y ambiente: Formaci&oacute;n socio-econ&oacute;mica, racionalidad ambiental y transformaciones del conocimiento. En: Leff, E. (Ed). Ciencias Sociales y formaci&oacute;n ambiental. Ed. Gedisa. Madrid. 321p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0123-4226201200010001800038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 39. Manual de la Convenci&oacute;n de Ramsar. Gu&iacute;a a la Convenci&oacute;n sobre los Humedales (Ramsar, Ir&aacute;n, 1971). 2006. 4a. ed. Secretar&iacute;a de la Convenci&oacute;n de Ramsar, Gland, Suiza. 124p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0123-4226201200010001800039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 40. MONROY &Aacute;LVAREZ, S. 2004. Los gozos del arrabal: la permanencia de objetos rituales y las identidades marginales en el suroriente de Bogot&aacute;. Bol. Antropol. 18(035):73-91.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0123-4226201200010001800040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 41. MORENO, V.; GARC&Iacute;A, J.F.; VILLALBA, J.C. 2005. Descripci&oacute;n general de los Humedales de Bogot&aacute; D.C. Disponible desde Internet en: <a href="http://www. sogeocol.edu.co/documentos/humed.pdf"target="_blank">http://www. sogeocol.edu.co/documentos/humed.pdf</a> (con acceso 15/12/12).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0123-4226201200010001800041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> 42. MORIN, E. 1988. El m&eacute;todo III. El conocimiento del conocimiento. Madrid: C&aacute;tedra. 264p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0123-4226201200010001800042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 43. MOSCOVICI, S. 1975. Sociedad contra natura. Editorial Siglo XXI, M&eacute;xico. 336p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0123-4226201200010001800043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 44. PALACIO, G. 2008. Urbanismo, naturaleza y territorio en la Bogot&aacute; republicana (1810-1910) En: Palacio, G. (ed.) Historia ambiental de Bogot&aacute; y la Sabana, 1850-2005. Universidad Nacional de Colombia Sede Amazon&iacute;a, IMANI. Leticia, Amazonas, Colombia. 345p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0123-4226201200010001800044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 45. PARDO UMA&Ntilde;A, C. 1988. Haciendas de la Sabana. Villegas Eds. 2a Ed. Colombia. 205p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0123-4226201200010001800045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 46. POTTER HAMILTON, J. 1993. Viajes por el interior de las provincias de Colombia. Comisi&oacute;n Preparatoria para el V Centenario del Descubrimiento de Am&eacute;rica, Instituto Colombiano de Cultura. Bogot&aacute;. 369p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0123-4226201200010001800046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> 47. RODR&Iacute;GUEZ, D.F. 2008. La m&uacute;sica en la evangelizaci&oacute;n de los pueblos de indios del altiplano cundiboyacense durante el siglo XVII. En: Gamboa M., J.A. (ed.) Los muiscas en los siglos XVI y XVII: miradas desde la arqueolog&iacute;a, la antropolog&iacute;a y la historia. Ed. Uniandes. 317p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0123-4226201200010001800047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 48. RODR&Iacute;GUEZ FREYLE, J. 1984. El Carnero. Instituto Caro y Cuervo. Bogot&aacute;. 345p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0123-4226201200010001800048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>49. ROJAS, R. 2000. Humedales en la Sabana de Bogot&aacute;. Una mirada hist&oacute;rica durante los siglos XV a XIX. Alcald&iacute;a Mayor de Bogot&aacute;, Colombia. 66p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0123-4226201200010001800049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 50. ROJAS DE PERDOMO, L. 1995. Arqueolog&iacute;a colombiana. C&iacute;rculo de Lectores. Bogot&aacute;. 374p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0123-4226201200010001800050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 51. RUIZ SOTO, M.F. 2008. Lineamientos para una historia agro-ambiental de la Sabana de Bogot&aacute;. En: Palacio, G. (ed.) Historia ambiental de Bogot&aacute; y la Sabana, 1850-2005. Universidad Nacional de Colombia Sede Amazon&iacute;a, IMANI. Leticia, Amazonas, Colombia. 345p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0123-4226201200010001800051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> 52. SECRETAR&Iacute;A DISTRITAL DE AMBIENTE SDA. 2008. Protocolo de recuperaci&oacute;n y rehabilitaci&oacute;n ecol&oacute;gica de humedales en centros urbanos. Bogot&aacute; D.C. 296p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0123-4226201200010001800052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 53. ULLOA, A. 2002. Pensando verde: el surgimiento y desarrollo de la conciencia ambiental global. En: Palacios, G.; Ulloa, A. (Eds). Repensando la naturaleza. Encuentros y desencuentros disciplinarios en torno a lo ambiental. UNAL (Amazonas), Imani, ICANH, Colciencias. 246p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0123-4226201200010001800053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 54. VAN DER HAMMEN, M.C.; LULLE, T.; PALACIO, D.C. 2009. La construcci&oacute;n del patrimonio como lugar: Un estudio de caso en Bogot&aacute;. Rev. Ant&iacute;poda. 8:61- 85.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0123-4226201200010001800054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 55. VAN DER HAMMEN, T. 2003. Los humedales de la Sabana. Origen, evoluci&oacute;n, degradaci&oacute;n y restauraci&oacute;n. En: Los Humedales de Bogot&aacute; y la Sabana. EAAB, Conserv. Int. Bogot&aacute;, Colombia. 264p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0123-4226201200010001800055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p> 56. VASCO, C. 1995. La teor&iacute;a general de procesos y sistemas. En Misi&oacute;n Ciencia Educaci&oacute;n y Desarrollo. Vol 2. Colciencias, Presidencia de la Rep&uacute;blica. Bogot&aacute;. 241p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0123-4226201200010001800056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> 57. VELANDIA, R. 1983. Fontib&oacute;n: pueblo de la Real Corona. Imprenta Distrital. Academia Colombiana de Historia, Bogot&aacute;. 192p.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0123-4226201200010001800057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p> Recibido: Diciembre 2 de 2011 Aceptado: Mayo 15 de 2012</p> </font>      ]]></body><back>
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