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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Sobre la naturaleza jurídica de la 'cooperación' del acreedor al cumplimiento de la obligación La posición dinámica del acreedor en la relación obligatoria, como sujeto no sólo de derechos, sino también de cargas y deberes]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[About the juridical nature of creditor's 'cooperation' in fulfill contractual obligation. The dynamic position of creditor as a subject not just of rights but also of duties]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Traditionally the contractual performance is in charge of debtor's behavior, but mostly, to be able to fulfll the debtor needs creditor's cooperation at the point that without cooperation the performance becomes impossible. In this context, the author ask if creditor have or not a duty to cooperate in debtor's performance, and which is the juridical nature of that duty.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Deber de cooperación]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>Sobre la naturaleza jur&iacute;dica de la 'cooperaci&oacute;n' del acreedor al cumplimiento de la obligaci&oacute;n</b></font>    <BR> <font size="3"><b>La posici&oacute;n din&aacute;mica del acreedor en la relaci&oacute;n obligatoria, como sujeto no s&oacute;lo de derechos, sino tambi&eacute;n de cargas y deberes</b></font><SUP>*</SUP></p>      <p align="center"><font size="3"><b><i>About the juridical nature of creditor's 'cooperation' in fulfill contractual obligation. The dynamic position of creditor as a subject not just of rights but also of duties</i></b></font></p>      <p align="center">Lilian C. San Mart&iacute;n Neira<sup>**</sup></p>     <br>      <p><sup>*</sup> Publicado en la Revista de Derecho Universidad de Concepci&oacute;n, n.&deg; 225-226, 2009, pp. 135-196. En sustancia este trabajo corresponde al 3er. cap&iacute;tulo de la tesis de m&aacute;ster titulada "<i>El legitimado para recibir el pago y el deber de cooperaci&oacute;n entre las partes de la obligaci&oacute;n</i>". Roma: Universit&agrave; degli Studi di Roma "Tor Vergata", 2006.    <br> <sup>**</sup> Abogada. Licenciada en Ciencias Jur&iacute;dicas y Sociales por la Universidad de Concepci&oacute;n - Chile. M&aacute;ster y Doctora en <i>Sistema Jur&iacute;dico Romanista</i> por la Universidad de Roma "Tor Vergata" - Italia. Profesora Universidad Alberto Hurtado - Chile. Correo electr&oacute;nico: l<a href="mailto:liliansanmartinneira@gmail.com">liliansanmartinneira@gmail.com</a></p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: 20 de julio de 2011. Fecha de aceptaci&oacute;n: 22 de agosto de 2011.<hr>     <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p> El cumplimiento de la obligaci&oacute;n est&aacute; puesto a cargo del deudor, sin embargo, la mayor&iacute;a de las veces para poder cumplir el deudor necesita la cooperaci&oacute;n del acreedor, al punto que en ocasiones la falta de cooperaci&oacute;n torna imposible el cumplimiento. Por lo dem&aacute;s, el cumplimiento, o cuando menos la extinci&oacute;n de la deuda, no le interesa s&oacute;lo al acreedor, sino tambi&eacute;n al deudor, quien quiere verse liberado del v&iacute;nculo obligatorio y, algunas veces, est&aacute; interesado en la efectiva ejecuci&oacute;n de la prestaci&oacute;n adeudada. Cabe entonces preguntarse &iquest;est&aacute; o no obligado el acreedor a prestar su cooperaci&oacute;n al cumplimiento?, en otras palabras, &iquest;cu&aacute;l es la naturaleza jur&iacute;dica de dicha cooperaci&oacute;n: una facultad, una carga, un deber secundario de conducta o una obligaci&oacute;n? este art&iacute;culo pretende, a partir del derecho romano como base del Sistema continental moderno, dar respuesta a tal interrogante mediante la ex&eacute;gesis de algunos pasajes del corpus iuris y el an&aacute;lisis de las cuatro opciones sostenidas por la doctrina.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave:</b> Deber de cooperaci&oacute;n, Cooperaci&oacute;n al cumplimiento, Mora creditoris, Cargas del acreedor, Buena fe, Deberes secundarios de conducta.</p> <HR>     <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>     <p>Traditionally the contractual performance is in charge of debtor's behavior, but mostly, to be able to fulfll the debtor needs creditor's cooperation at the point that without cooperation the performance becomes impossible. In this context, the author ask if creditor have or not a duty to cooperate in debtor's performance, and which is the juridical nature of that duty.</p>     <p><b>Keywords:</b> Duty to cooperate, mora creditoris, Good faith, Secondary duties to performance.</p> <hr>      <p><font size="3"><b>1. Premisa</b></font></p>     <p>En una concepci&oacute;n estrictamente t&eacute;cnica la obligaci&oacute;n se presenta como una contraposici&oacute;n entre dos situaciones jur&iacute;dicas en relaci&oacute;n a una conducta o prestaci&oacute;n debida: una de poder o activa -la acreedora- y otra de deber o pasiva -la deudora-. En la contraposici&oacute;n o correlaci&oacute;n de estas dos posiciones se halla la esencia de la relaci&oacute;n jur&iacute;dica obligatoria, sin que pueda hablarse de una sin tratar a la vez de la otra. Deuda y poder se presentan, la m&aacute;s de las veces, contrapuestos sin posibilidad alguna de alteridad: "como una relaci&oacute;n de guerra entre hombre y hombre, como una perpetua amenaza del acreedor contra el deudor, cuyo momento m&aacute;s significativo est&aacute; en la sanci&oacute;n conminada contra el incumplido"<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>. Sin embargo, la obligaci&oacute;n no se debe valorar tan s&oacute;lo bajo esta esencial contraposici&oacute;n de poder y deber, sino que tambi&eacute;n es necesario concebir las diferentes posiciones jur&iacute;dicas bajo otras perspectivas. Se debe tener en cuenta tambi&eacute;n el lado activo de la relaci&oacute;n, el cr&eacute;dito, y no s&oacute;lo en funci&oacute;n de la legitimaci&oacute;n para reclamar el cumplimiento de la obligaci&oacute;n, sino, especialmente, para ponderar qu&eacute; hay en la deuda adem&aacute;s del mero deber o sujeci&oacute;n<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>.</p>     <p>En efecto, dada la complejidad del mundo moderno, la relaci&oacute;n obligatoria se presenta como un 'proceso'<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> en que las partes tienen un sinn&uacute;mero de posibilidades de lesionar o bien de beneficiar a su contraparte. Lo dicho aparece perfectamente claro cuando se trata del deudor, pero no siempre hay plena consciencia de que la misma suerte corresponda al acreedor, quien tambi&eacute;n puede llegar a lesionar a su deudor. Este aspecto se hace patente cuando se trata de la cooperaci&oacute;n que, algunas veces, el acreedor debe prestar a fin de que el deudor pueda cumplir con su obligaci&oacute;n. En este sentido, la doctrina se pregunta &iquest;cu&aacute;l es la calificaci&oacute;n jur&iacute;dica que debemos dar a esta necesaria cooperaci&oacute;n?, ya que, dependiendo de ella, deberemos juzgar las consecuencias que la falta de cooperaci&oacute;n provocan en la relaci&oacute;n obligatoria. En particular, de dicha calificaci&oacute;n depender&aacute; si el deudor tiene o no derecho a exigir que el acreedor preste su colaboraci&oacute;n, con el consiguiente resarcimiento de perjuicios, para el caso en que la respuesta sea afirmativa.</p>     <p>Se trata de una cuesti&oacute;n que no es pac&iacute;fica en doctrina, pues hay diversas posiciones al respecto. En este trabajo intentaremos, a partir del Derecho romano, dar una respuesta a la pregunta &iquest;cu&aacute;l es la naturaleza jur&iacute;dica de la cooperaci&oacute;n del acreedor al cumplimiento? en efecto, modernas orientaciones sostienen con convicci&oacute;n que la 'relectura' de las fuentes y el 'redescubrimiento' de los principios que estaban en la base de las decisiones de los juristas romanos pueden ser provechosos incluso para la soluci&oacute;n de agudas cuestiones del Derecho actual<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup>. En tal sentido se dice que "aquel que haya comprendido el funcionamiento de una instituci&oacute;n en el Derecho romano, lo comprende tambi&eacute;n sin esfuerzo adicional en los Estados latinos que la hayan adoptado. Adem&aacute;s, en las normas de los ordenamientos jur&iacute;dicos vigentes contin&uacute;an existiendo las reglas romanas, al menos como modelos alternativos, incluso all&iacute; donde el legislador moderno acudi&oacute; a otra soluci&oacute;n"<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>.</p>     <p>En lo que concierne a nuestro argumento, la doctrina, tanto romanista como civilista, est&aacute; conteste en que a partir del Derecho romano la posici&oacute;n del deudor est&aacute; profundamente delineada por la buena fe, pues en virtud de la cl&aacute;usula <i>ex fide bona</i>, operante en cierto tipo de contratos, pas&oacute; de estar estrictamente obligado seg&uacute;n lo literal de los compromisos asumidos, a adeudar incluso otras cosas que no hab&iacute;an sido contempladas, pero que pod&iacute;an exigirse conforme a la buena fe<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup>. Sin embargo, la misma generalizada convicci&oacute;n no existe a la hora de determinar el rol que correspond&iacute;a al acreedor en la relaci&oacute;n obligatoria, por nuestra parte, estimamos que el proceso descrito no se produjo s&oacute;lo para el deudor, sino tambi&eacute;n para el acreedor, con lo cual tambi&eacute;n la posici&oacute;n de este &uacute;ltimo pas&oacute; a ser delineada conforme a la buena fe, en consecuencia, en aquellos casos en que la cooperaci&oacute;n del acreedor se hac&iacute;a indispensable para el cumplimiento de la obligaci&oacute;n, &eacute;sta deb&iacute;a ser valorada conforme a ella. Esto es lo que nos proponemos demostrar en las p&aacute;ginas siguientes, si bien el objetivo &uacute;ltimo de este trabajo es determinar la "naturaleza jur&iacute;dica de la cooperaci&oacute;n del acreedor al cumplimiento".</p>     <p>Hablar de la cooperaci&oacute;n del acreedor al cumplimiento, o bien de cooperaci&oacute;n entre las partes de la obligaci&oacute;n puede resultar un tanto equ&iacute;voco, si no se tienen bien separadas las diversas nociones de cooperaci&oacute;n (o colaboraci&oacute;n) a las cuales, de vez en vez, se hace referencia. En efecto, la cooperaci&oacute;n entre las partes de la obligaci&oacute;n puede ser dividida en tres aspectos: 'cooperaci&oacute;n en sentido gen&eacute;rico', 'deber de cooperaci&oacute;n' y 'cooperaci&oacute;n en sentido t&eacute;cnico'. Con la finalidad de aclarar todos estos conceptos, pertenecientes todos a la doctrina moderna, por tanto, sin correspondencia sem&aacute;ntica en las fuentes romanas, a continuaci&oacute;n hacemos una breve rese&ntilde;a de cada uno de ellos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>2. Cooperaci&oacute;n en sentido gen&eacute;rico</b></font></p>     <p>La cooperaci&oacute;n en sentido gen&eacute;rico se hace eco de la consideraci&oacute;n que todos los individuos, a fin de satisfacer nuestros intereses dignos de protecci&oacute;n jur&iacute;dica, tenemos necesidad de la 'cooperaci&oacute;n' de otro sujeto que es llamado a prest&aacute;rnosla<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup>. Como consecuencia, se dice que "el derecho de las obligaciones es el reglamento de la colaboraci&oacute;n entre sujetos y la obligaci&oacute;n es 'deber de cooperaci&oacute;n'. Su raz&oacute;n de ser estriba en la imposibilidad de concebir, cada d&iacute;a menos, una econom&iacute;a natural, dada la especializaci&oacute;n y el refinamiento en la oferta de bienes y servicios, que paulatinamente se ha ido extremando, y teniendo en cuenta la posibilidad de que cada cual se desenvuelva m&aacute;s amplia e intensamente en el propio campo, con una mayor riqueza de posibilidades de realizaci&oacute;n personal y de mejor calidad de vida"<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup>.</p>     <p>As&iacute; las cosas, es posible definir la cooperaci&oacute;n en sentido gen&eacute;rico como "todos los actos que el sujeto (acreedor o deudor) es llamado a ejecutar a fin de lograr la realizaci&oacute;n del programa obligatorio; incluidos los actos de ejercicio de la prestaci&oacute;n"<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup>.</p>     <p><font size="3"><b>3. Cooperaci&oacute;n como 'deber de cooperaci&oacute;n entre las partes'</b></font></p>     <p>En la ciencia jur&iacute;dica desde hace tiempo se viene consolidando la idea que la relaci&oacute;n contractual no s&oacute;lo consiste en exigencias contrapuestas, sino que origina ciertos deberes de cooperaci&oacute;n, conforme al principio de la buena fe<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>. De esta manera, cuando hablamos de 'deber de cooperaci&oacute;n' nos referimos a un conjunto de deberes secundarios de conducta que la buena fe impone a deudor y acreedor<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>, a fin que la ejecuci&oacute;n de la prestaci&oacute;n resulte lo m&aacute;s ventajosa posible para ambos<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>.</p>     <p>En este sentido se dice que la buena fe se comporta como un 'deber de cooperaci&oacute;n' para la realizaci&oacute;n del inter&eacute;s de la contraparte y en tal acepci&oacute;n se pone como elemento integrador o bien corrector del contenido y los efectos del contrato; la violaci&oacute;n de la buena fe, por tanto, representa un comportamiento ileg&iacute;timo apto para producir consecuencias jur&iacute;dicas y, en primer lugar, el deber de resarcir el da&ntilde;o, si bien no excluye, si es el caso, otros remedios como la resoluci&oacute;n del contrato, la condena al cumplimiento, la reintegraci&oacute;n en forma espec&iacute;fica<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup>.</p>     <p>Cabe se&ntilde;alar que este 'deber de cooperaci&oacute;n' no tiene contornos definidos, ni corresponde a un concepto eminentemente t&eacute;cnico<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup>, en virtud de &eacute;l se impone a las partes de la relaci&oacute;n obligatoria la necesidad de colaborar entre s&iacute; a fin de superar las dificultades que puedan surgir durante la vida del contrato<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup>, lo cual implica que tanto deudor como acreedor deben llevar a cabo comportamientos positivos tendientes a dicho fin, siempre que ello no conlleve un apreciable sacri-ficio de sus propios intereses<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup>.</p>     <p>En este sentido se pronuncian algunos cuerpos normativos modernos, como, por ejemplo, los Principios de UNIDROIT, art. 5.3:</p>     <p>"una parte debe cooperar con la otra cuando dicha cooperaci&oacute;n pueda ser razonablemente esperada para el cumplimiento de la obligaci&oacute;n de esta &uacute;ltima"<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup>.</p>     <p>Desde el punto de vista del deudor, esta imposici&oacute;n de cooperaci&oacute;n se refiere al principio de la correcta y leal ejecuci&oacute;n del contrato<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup>, <i>ex fide bona</i>, que nos viene dado desde el Derecho romano. En consecuencia, se puede caracterizar como un criterio de conducta que se basa en la fidelidad al v&iacute;nculo contractual y en el empe&ntilde;o en cumplir la leg&iacute;tima expectativa de la otra parte: empe&ntilde;o en desplegar toda la propia fuerza al servicio del inter&eacute;s de la contraparte en la medida requerida por la relaci&oacute;n obligatoria de que se trata; empe&ntilde;o en satisfacer &iacute;ntegramente el inter&eacute;s de la parte acreedora de la prestaci&oacute;n<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo, el deber en cuesti&oacute;n no alcanza s&oacute;lo al deudor, sino tambi&eacute;n al acreedor, pues, sea como titular de la posici&oacute;n jur&iacute;dica activa en la obligaci&oacute;n o como cualquier otro sujeto de derecho, queda vinculado y obligado por lo que imponga la buena fe<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup>. As&iacute; lo afirma la doctrina alemana, a pesar de que el &sect; 242 BGB s&oacute;lo se refiere al hecho que el deudor debe cumplir la prestaci&oacute;n en los t&eacute;rminos que sean exigibles seg&uacute;n la buena fe<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup>. Esta concepci&oacute;n se positiv&oacute; en el C&oacute;digo Civil italiano de 1942<i>, </i>art. 1175<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup>, que expresamente impone al deudor y al acreedor el deber de comportarse '<i>secondo le regole della correttezza</i>' reiter&aacute;ndolo en sede contractual (art. 1375), con la obligaci&oacute;n de ejecutar el contrato en buena fe. Por &uacute;ltimo, la misma idea fue consagrada en el C&oacute;digo Civil brasile&ntilde;o de 2002, art&iacute;culo 422:</p>     <p>"<i>Os contratantes s&atilde;o obrigados a guardar, assim na conclus&atilde;o do contrato, como em sua execu&ccedil;&atilde;o, os princ&iacute;pios de probidade e boa-f&eacute;</i>".</p>     <p>Cabe se&ntilde;alar que la necesaria intervenci&oacute;n del acreedor en el desarrollo de la relaci&oacute;n obligatoria est&aacute; principalmente relacionada con la 'cooperaci&oacute;n al cumplimiento', pero no es el &uacute;nico caso, ya que ella es m&aacute;s amplia, en efecto, se refriere, no s&oacute;lo al cumplimiento mismo, sino a toda la relaci&oacute;n obligatoria<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup>. As&iacute;, en virtud del 'deber de cooperaci&oacute;n' se imponen al acreedor deberes de informaci&oacute;n; deberes de gesti&oacute;n de los bienes del deudor, cuando estos queden en su poder; deber de conceder pr&oacute;rrogas a fin de facilitar el cumplimiento, etc. Particularmente detallada en este sentido es la convenci&oacute;n de compraventa Internacional de Mercader&iacute;as, que establece una serie de deberes que las partes deben ejecutar a fin de posibilitar la ejecuci&oacute;n del contrato<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup>.</p>     <p><b>3.1 El Deber cooperaci&oacute;n en el Derecho Romano</b></p>     <p>Queremos destacar que, a pesar que parece una cosa novedosa, una nueva "invenci&oacute;n jur&iacute;dica", el 'deber de cooperaci&oacute;n' no es para nada nuevo, &eacute;l era ya conocido por los juristas romanos, quienes lo sancionan en diversos pasajes del <i>Corpus Iuris</i>. En efecto, podemos citar un pasaje de Labe&oacute;n que impone un preciso 'deber de colaboraci&oacute;n' entre las partes, D.19.2.60.5:</p>     <p><i>Labeo 5 post. a iav. epit. "Messem inspiciente colono, cum alienam esse non ignorares, sustulisti. Condicere tibi frumentum dominum posse Labeo ait, et ut id faciat, colonum ex conducto cum domino </i><i>acturum"</i>. &#91;A vista del colono te llevaste la mies, no ignorando tu que era ajena; dice Labeon, que el due&ntilde;o puede ejercitar contra ti la condicci&oacute;n por el trigo; y para que haga esto, ejercitar&aacute; el colono contra el due&ntilde;o la acci&oacute;n de conducci&oacute;n&#93;.</p>     <p>En este pasaje Labe&oacute;n "presenta el caso de un colono que se deja llevar (<i>tolli</i>) la cosecha por recolectar (<i>messis in spicis</i>). Su <i>scientia </i>del hecho excluye el <i>furtum</i>. S&oacute;lo es posible la <i>condictio </i>a favor del propietario arrendador; que se ve forzado a ejercitarla, aunque no tenga inter&eacute;s en esa cosecha perdida para el colono, porque &eacute;ste se lo puede exigir <i>ex conducto</i>"<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup>, a fin que luego le traslade la indemnizaci&oacute;n obtenida del recolector<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup>. En suma, se trata de un caso en que la <i>bona fides </i>contractual obliga a uno de los contratantes a realizar un acto (ejercitar la <i>condictio</i>) que va en exclusivo beneficio del co-contratante, ya que &eacute;l no tiene inter&eacute;s alguno en la realizaci&oacute;n de dicho acto.</p>     <p>La doctrina moderna sostiene que en virtud de la cooperaci&oacute;n, las partes del contrato tienen tambi&eacute;n ciertos 'deberes de aviso', que en ciertos casos pueden conllevar incluso la obligaci&oacute;n de resarcir el da&ntilde;o causado por su omisi&oacute;n, pues bien, tambi&eacute;n estos eran conocidos por la jurisprudencia romana. En este sentido podemos citar dos pasajes que imponen al deudor la obligaci&oacute;n de advertir al acreedor del acaecimiento de un caso fortuito o fuerza mayor que impide el cumplimiento de la obligaci&oacute;n, la primera es un pasaje de Gayo ubicado en materia de mandato<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup> en D.17.1.27.2:</p>     <p><i>Gaius 9 ad ed. provinc. "Qui mandatum suscepit, si potest id explere, deserere promissum officium non debet, alioquin quanti mandatoris intersit damnabitur: si vero intellegit explere se id officium non posse, id ipsum cum primum poterit debet mandatori nuntiare, ut is si velit alterius opera utatur: quod si, cum possit nuntiare, cessaverit, quanti mandatoris intersit tenebitur: si aliqua ex causa </i><i>non poterit nuntiare, securus erit". </i>&#91;Si el que acept&oacute; un mandato, si puede cumplirlo, no debe abandonar el servicio prometido, y de lo contrario, ser&aacute; condenado en cuanto importe al mandante; pero si entiende que no puede cumplir &eacute;l aquel encargo, debe manifestarle esto mismo al mandante, cuanto antes pudiere, para que si quisiera, utilice los servicios de otro; pero si pudiendo hac&eacute;rselo saber, hubiera dejado de hacerlo, quedar&aacute; obligado por cuanto importe al mandante; mas si por alguna causa no pudiere hac&eacute;rselo saber, estar&aacute; exento de obligaci&oacute;n&#93;.</p>     <p>La segunda pertenece Ulpiano, citando a Labe&oacute;n, y se encuentra en materia de arrendamiento en D.19.2.13.7<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup>:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Ulpianus 32 ad ed. "Exercitu veniente migravit conductor, dein de hospitio milites fenestras et cetera sustulerunt. si domino non denuntiavit et migravit, ex locato tenebitur: Labeo autem, si resistere potuit et non resistit, teneri ait, quae sententia vera est. sed et si denuntiare non potuit, non </i><i>puto eum teneri". </i>&#91;Aproxim&aacute;ndose un ej&eacute;rcito, emigr&oacute; un arrendatario, y despu&eacute;s los soldados quitaron las ventanas y otras cosas del alojamiento; si no lo hizo saber al due&ntilde;o, y se fue, quedar&aacute; obligado por la acci&oacute;n de locaci&oacute;n; pero dice Labe&oacute;n, que si pudo impedirlo, y no lo impidi&oacute;, se obliga; cuya opini&oacute;n es verdadera; mas tambi&eacute;n si no pudo hacerlo saber, no creo que se obligue&#93;.</p>     <p>Es interesante notar que estos dos pasajes se refieren a un problema que para gran parte de la doctrina resulta del todo novedoso. Ellos imponen al deudor la obligaci&oacute;n de advertir al acreedor el acontecimiento de un caso fortuito o fuerza mayor, de manera que si no da aviso responde por los perjuicios que de la falta de conocimiento se deriven para el acreedor, es decir, en virtud del evento se extingue la obligaci&oacute;n principal, pero no el deber accesorio de conducta consistente en la "oportuna informaci&oacute;n de lo sucedido al acreedor". Pues bien, no s&oacute;lo se trata de una instituci&oacute;n expresamente reconocida en el <i>Corpus Iuris</i>, sino que ella fue expresamente registrada por los inspiradores del C&oacute;digo Civil franc&eacute;s, en efecto la podemos leer sea en Domat<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup> que en Pother<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup>. No obstante esto, ella fue preterida en la codificaci&oacute;n francesa y en los dem&aacute;s C&oacute;digos civiles<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup>. Modernamente ha sido recogida por algunos ordenamientos de unificaci&oacute;n del derecho privado que la establecen expresamente<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup>. Ahora bien, a nuestro entender, ella podr&iacute;a ser perfectamente aplicada incluso all&iacute; donde hay disposici&oacute;n expresa, ya que, en &uacute;ltimas instancias, ella deriva directamente de la cl&aacute;usula general de buena fe imperante sea en Derecho romano que en Derecho moderno, en virtud de la cual, a&uacute;n cuando desaparezca el deber primario de prestaci&oacute;n, si quedan en pie otros intereses involucrados en el contrato, estos deben ser actuados por las partes<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup>.</p>     <p><font size="3"><b>4. Cooperaci&oacute;n en sentido t&eacute;cnico</b></font></p>     <p>La cooperaci&oacute;n en sentido t&eacute;cnico se manifiesta cuando para la ejecuci&oacute;n de la prestaci&oacute;n es necesario el concurso del acreedor, es decir, el deudor no puede efectuar el pago sin la concurrencia del acreedor<sup><a name="nu34"></a><a href="#num34">34</a></sup>. A su vez, esta concurrencia puede ser dividida en: concurso preliminar, concurso integrador y concurso sucesivo al cumplimiento<sup><a name="nu35"></a><a href="#num35">35</a></sup>:</p>     <p><i>- Concurso preliminar: </i>se trata de la actividad requerida a fin de que el deudor pueda llevar a efecto los actos necesarios para el cumplimiento de la obligaci&oacute;n. Se trata, por ejemplo, de efectuar las especificaciones necesarias de las cuales se ha reservado derecho, procurar la materia prima, impartir instrucciones, etc. En caso que el acreedor no ejecute este tipo de actos, el mecanismo de la obligaci&oacute;n no se pone en movimiento o, si se ha iniciado, se paraliza<sup><a name="nu36"></a><a href="#num36">36</a></sup>.</p>     <p><i>- Concurso integrador: </i>se trata de los actos del acreedor necesarios para la ejecuci&oacute;n misma de la prestaci&oacute;n como, por ejemplo, cuando, trat&aacute;ndose de obligaciones alternativas, le corresponde la elecci&oacute;n de la prestaci&oacute;n, cuando debe proceder a la verificaci&oacute;n de la obra realizada por el deudor<sup><a name="nu37"></a><a href="#num37">37</a></sup>, cuando debe concurrir a la prueba de los vestidos encargado, cuando, el pasajero que debe presentarse en el lugar de partida del medio de transporte, etc.</p>     <p><i>- Concurso sucesivo al cumplimiento: </i>en este caso la cooperaci&oacute;n del acreedor no es indispensable para el cumplimiento, en efecto, &eacute;l puede negarse a cooperar y no por ello el cumplimiento ser&aacute; m&aacute;s o menos perfecto<sup><a name="nu38"></a><a href="#num38">38</a></sup>. Aqu&iacute; la cooperaci&oacute;n consiste en otorgar al deudor un medio de prueba id&oacute;neo para repeler un ulterior cobro de la misma prestaci&oacute;n, por esta raz&oacute;n algunos autores niegan que se trate verdaderamente de cooperaci&oacute;n al cumplimiento<sup><a name="nu39"></a><a href="#num39">39</a></sup>.</p>     <p><font size="3"><b>5. Naturaleza jur&iacute;dica de la cooperaci&oacute;n en sentido t&eacute;cnico (cooperaci&oacute;n al cumplimiento)</b></font></p>     <p>Establecidas las distintas nociones de 'cooperaci&oacute;n' en la relaci&oacute;n obligatoria cabe analizar un problema que, desde hace a&ntilde;os, ocupa a la doctrina civilista: 'la naturaleza jur&iacute;dica de la cooperaci&oacute;n del acreedor al cumplimiento' que, en realidad, corresponde a la cooperaci&oacute;n en sentido t&eacute;cnico.</p>     <p>En efecto, los autores han discutido largamente respecto de cu&aacute;l es la naturaleza jur&iacute;dica de la cooperaci&oacute;n del acreedor al cumplimiento<sup><a name="nu40"></a><a href="#num40">40</a></sup>. Al respecto encontramos las m&aacute;s variadas posiciones que pueden resumirse en las siguientes: quienes consideran la cooperaci&oacute;n al cumplimiento un deber instrumental emanado del principio de buena fe; quienes la consideran una verdadera obligaci&oacute;n del acreedor; quienes la ven como una mera facultad del acreedor; y, por &uacute;ltimo, quienes la consideran una carga que grava sobre el acreedor.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Expondremos en seguida todas las posiciones te&oacute;ricas, advirtiendo desde ya que nos reservamos nuestra opini&oacute;n hasta no haber visto c&oacute;mo operaba la instituci&oacute;n en el Derecho romano, que creemos es la clave para dilucidar la cuesti&oacute;n.</p>     <p><b>5.1. La cooperaci&oacute;n al cumplimiento como obligaci&oacute;n del acreedor</b></p>     <p>un sector de la doctrina pone en un mismo plano las posiciones de deudor y acreedor. En este sentido, dicen, cuando la cooperaci&oacute;n del acreedor es necesaria a fin que se pueda realizar el cumplimiento, el acreedor est&aacute; 'obligado' a prestarla. de manera que ello puede ser exigido por el deudor, quien tendr&aacute; derecho a cumplir y a obtener el resarcimiento que la falta de ejecuci&oacute;n oportuna de su prestaci&oacute;n le haya ocasionado.</p>     <p>En la base de esta doctrina est&aacute; el concepto de <i>mora creditoris </i>elaborado en el Derecho intermedio<sup><a name="nu41"></a><a href="#num41">41</a></sup>. En efecto, partiendo del hecho que la doctrina del Derecho com&uacute;n hab&iacute;a configurado la mora como concepto unitario, algunos autores no dudaron en establecer an&aacute;logos supuestos para la mora <i>creditoris </i>y la mora <i>debitoris</i>, de manera que la <i>mora creditoris </i>derivaba de la violaci&oacute;n de un deber de recibir y, en general, de cooperar por parte del acreedor, consider&aacute;ndose necesaria la culpa de &eacute;ste. As&iacute; lo podemos ver en algunos autores de la pandect&iacute;stica alemana, en especial Dernburg y Windscheid<sup><a name="nu42"></a><a href="#num42">42</a></sup>. Particularmente este &uacute;ltimo considera que la mora produce consecuencias perjudiciales para el acreedor y, a menos que exista una disposici&oacute;n legal, los perjuicios no pueden imponerse a quien no es culpable, por tanto, no ser&iacute;a justo que el acreedor tenga que sufrir perjuicios cuando no ha incurrido en culpa, en consecuencia, la cooperaci&oacute;n del acreedor es tratada a la par de la obligaci&oacute;n de prestaci&oacute;n que pesa sobre el deudor, y el acreedor se liberar&aacute; de ella solamente si prueba ausencia de culpa<sup><a name="nu43"></a><a href="#num43">43</a></sup>.</p>     <p>A pesar de haber sido abandonada por la doctrina alemana<sup><a name="nu44"></a><a href="#num44">44</a></sup>, esta teor&iacute;a fue retomada por la doctrina italiana de mediados del siglo XX, especialmente por Falzea, quien se transform&oacute; en su m&aacute;s grande defensor. Para este autor el concepto de cooperaci&oacute;n es entendido como la forma de obtener los resultados esperados por las partes de la relaci&oacute;n obligatoria, para lo cual deben ser considerados los intereses propios de todos los sujetos de la misma y esto impone a cada uno de ellos un deber que se traduce en una conducta adeudada rec&iacute;procamente, a&uacute;n cuando de diferente naturaleza y con diversa intensidad<sup><a name="nu45"></a><a href="#num45">45</a></sup>. Por tanto, la cooperaci&oacute;n del acreedor constituye una 'obligaci&oacute;n' para el acreedor derivada, no de la buena fe, sino de la misma relaci&oacute;n obligatoria<sup><a name="nu46"></a><a href="#num46">46</a></sup>, y para ello se funda en los art&iacute;culos 1206 y 1207 del C&oacute;digo Civil italiano, que a la saz&oacute;n dicen:</p>     <p>Cc. it. art. 1206: "<i>Condizioni </i>- <i>Il creditore &egrave; in mora quando, senza motivo legittimo, non riceve il pagamento offertogli nei modi indicati dagli articoli seguenti o non compie quanto &egrave; necessario affinch&eacute; il debitore possa adempiere l'obbligazione</i>". &#91;El acreedor est&aacute; en mora cuando, sin motivo leg&iacute;timo, no recibe el pago que se le ofrece as&iacute; como se indica en los art&iacute;culos siguientes o no ejecuta cuanto es necesario a fin que el deudor pueda cumplir la obligaci&oacute;n".</p>     <p>Cc. it. Art. 1207: <i>"Effetti. </i>- <i>Quando il creditore &egrave; in mora, &egrave; a suo carico l'impossibilit&agrave; della prestazione sopravvenuta per causa non imputabile al debitore. Non sono pi&ugrave; dovuti gli interessi n&eacute; i frutti della cosa che non siano stati percepiti dal debitore.</i></p>     <p><i>Il creditore &egrave; pure tenuto a risarcire i danni derivati dalla sua mora e a sostenere le spese per la custodia e la conservazione della cosa dovuta.</i></p>     <p><i>Gli effetti della mora si verificano dal giorno dell'offerta, se questa &egrave; successivamente dichiarata valida con sentenza passata in giudicato o se &egrave; accettata dal creditore"".</i></p>     <p>&#91;Cuando el acreedor est&aacute; en mora, se hace responsable de la imposibilidad de la prestaci&oacute;n sobrevenida por causa no imputable al deudor. Se dejan de deber los intereses y los frutos de la cosa que no hayan sido percibidos por el deudor.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El acreedor queda tambi&eacute;n obligado a resarcir los da&ntilde;os derivados de su mora y a soportar los gastos para la custodia y conservaci&oacute;n de la cosa debida.</p>     <p>Los efectos de la mora se verifican desde el d&iacute;a de la oferta, si &eacute;sta es sucesivamente declarada v&aacute;lida por sentencia con autoridad de cosa juzgada o si es aceptada por el acreedor&#93;.</p>     <p>En virtud de estas disposiciones, los seguidores de esta teor&iacute;a razonan sobre la existencia de dos relaciones jur&iacute;dicas concentradas, respectivamente en la prestaci&oacute;n y la cooperaci&oacute;n<sup><a name="nu47"></a><a href="#num47">47</a></sup>. Especificando, en todo caso, que se trata de relaciones complementarias, una fundamental y la otra accesoria<sup><a name="nu48"></a><a href="#num48">48</a></sup>. La primera tiene, por una parte, la prestaci&oacute;n (obligaci&oacute;n del deudor) y, por otra, el cr&eacute;dito (pretensi&oacute;n del acreedor); la segunda, de una parte tiene el derecho a la liberaci&oacute;n mediante la ejecuci&oacute;n de la prestaci&oacute;n y, de la otra, la 'obligaci&oacute;n' del acreedor prestar su cooperaci&oacute;n para que este derecho se realice<sup><a name="nu49"></a><a href="#num49">49</a></sup>.</p>     <p>Tal construcci&oacute;n viene a establecer una relaci&oacute;n cr&eacute;dito-d&eacute;bito invertida, con la diferencia que, en vez de la prestaci&oacute;n, lo que el deudor obtiene es la liberaci&oacute;n del v&iacute;nculo. El deudor tiene un derecho de car&aacute;cter secundario al cumplimiento y el acreedor, como titular de un derecho subjetivo de cr&eacute;dito, es libre para exigir o no el pago de la deuda, pero cuando el deudor est&eacute; pronto a cumplir, surge para aqu&eacute;l la 'necesidad jur&iacute;dica' de concurrir al cumplimiento, a fin de no agravar la posici&oacute;n del sujeto pasivo prolongando su situaci&oacute;n de deudor<sup><a name="nu50"></a><a href="#num50">50</a></sup>. En tal orden de cosas, el acreedor debe cooperar y, si no lo hace, incurre en 'incumplimiento', por esta raz&oacute;n se dice que la teor&iacute;a del incumplimiento no puede ser construida s&oacute;lo con relaci&oacute;n al comportamiento del deudor, sino que debe tambi&eacute;n tenerse en cuenta el deber de cooperaci&oacute;n del acreedor, su eventual incumplimiento y, consecuentemente, el resarcimiento del da&ntilde;o por il&iacute;cito civil que genera responsabilidad contractual<sup><a name="nu51"></a><a href="#num51">51</a></sup>, como efectivamente impondr&iacute;a el inciso segundo del art&iacute;culo 1207, que pone a cargo del acreedor moroso una obligaci&oacute;n de resarcimiento en beneficio del deudor<sup><a name="nu52"></a><a href="#num52">52</a></sup>.</p>     <p>En virtud de dicha disposici&oacute;n, los autores concluyen que la mora <i>creditoris </i>no es otra cosa que una <i>mora debendi</i><sup><a name="nu53"></a><a href="#num53">53</a></sup><i>, </i>pues el acreedor que incurre en mora tiene la obligaci&oacute;n de resarcir los perjuicios ocasionados al deudor, o sea, sufre las consecuencias t&iacute;picas del incumplimiento de los deberes jur&iacute;dicos en el derecho privado<sup><a name="nu54"></a><a href="#num54">54</a></sup>; por su parte, el dep&oacute;sito de la cosa debida, constituye una particular especie de ejecuci&oacute;n forzada de obligaci&oacute;n de hacer, diversa en estructura, pero an&aacute;loga en funciones<sup><a name="nu55"></a><a href="#num55">55</a></sup>.</p>     <p>Esta postura es tambi&eacute;n asumida por algunos autores y jurisprudencia argentinos, quienes, ante la falta de disposiciones expresas en la materia, establecen que la mora del acreedor se rige por los mismos principios de la mora del deudor<sup><a name="nu56"></a><a href="#num56">56</a></sup>, en consecuencia, confieren al deudor el "derecho a exigir la cooperaci&oacute;n del acreedor cuando ello se requiere para que sea practicable el cumplimiento de la prestaci&oacute;n debida por &eacute;l"<sup><a name="nu57"></a><a href="#num57">57</a></sup>. En el ordenamiento jur&iacute;dico argentino esta idea viene dada desde antiguo, toda vez que en la nota al art&iacute;culo 509 del C&oacute;digo Civil<sup><a name="nu58"></a><a href="#num58">58</a></sup>, que regula la mora del deudor, Velez Sarfield habla expresamente de la 'culpa' del acreedor moroso<sup><a name="nu59"></a><a href="#num59">59</a></sup>. Como corolario de lo anterior, la doctrina impone al acreedor la obligaci&oacute;n de resarcimiento en los mismos t&eacute;rminos que al deudor<sup><a name="nu60"></a><a href="#num60">60</a></sup>, aplicando los mismos principios, es decir, el acreedor es responsable siempre y cuando la negativa a cooperar provenga de dolo o culpa y, "por el contrario, si la conducta material del acreedor moroso est&aacute; exenta de reproche, queda excluida su responsabilidad"<sup><a name="nu61"></a><a href="#num61">61</a></sup>. Tales conclusiones son avaladas por los art&iacute;culos que regulan los efectos de la falta de cooperaci&oacute;n por parte del comprador y de los cuales han sido extra&iacute;das conclusiones con aplicaci&oacute;n general:</p>     <p>Cc. arg. art. 1430 "Si el comprador de una cosa mueble deja de recibirla, el vendedor, despu&eacute;s de constituido en mora, tiene derecho a cobrarle los costos de la conservaci&oacute;n y las p&eacute;rdidas e intereses (...)".</p>     <p>Cc. arg. art. 431 "Si la venta hubiese sido de cosa inmueble, y el vendedor hubiese recibido el todo o parte del precio, o si la venta se hubiese hecho a cr&eacute;dito y no estuviere vencido el plazo para el pago, y el comprador se negase a recibir el inmueble, el vendedor tiene derecho a pedirle los costos de la conservaci&oacute;n e indemnizaci&oacute;n de perjuicios (...)"<sup><a name="nu62"></a><a href="#num62">62</a></sup>.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, cabe se&ntilde;alar que en la doctrina italiana recientemente se ha retomado esta postura con un importante agregado, en efecto, se sostiene que la cooperaci&oacute;n al cumplimiento constituye para el acreedor una 'obligaci&oacute;n' susceptible de ser encuadrada en lo que se conoce como 'obligaciones sin prestaci&oacute;n', y como tal se encuentra al conf&iacute;n entre responsabilidad contractual y extracontractual<sup><a name="nu633"></a><a href="#num63">63</a></sup>.</p>     <p><b>5.2 La cooperaci&oacute;n al cumplimiento como deber secundario de conducta</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un importante sector de la doctrina ve la cooperaci&oacute;n al cumplimiento como un 'deber secundario de conducta', en este sentido se dice que en virtud de la buena fe el acreedor debe colaborar para el correcto cumplimiento de la prestaci&oacute;n principal al cual se liga y, desde un punto de vista negativo, no dificultar al deudor la realizaci&oacute;n del pago<sup><a name="nu64"></a><a href="#num64">64</a></sup>. Se citan como ejemplos concretos de tales deberes: la concurrencia del acreedor a la recepci&oacute;n del pago, la adopci&oacute;n de medidas para recibir las mercader&iacute;as, la concesi&oacute;n de un plazo de gracia para el cumplimiento<sup><a name="nu65"></a><a href="#num65">65</a></sup>.</p>     <p>En este sentido se pronunci&oacute; tambi&eacute;n el Consejo de Estado italiano, en sesi&oacute;n del 10 de enero de 2003, Sentencia n.&deg; 32, donde sostuvo que el deber de actuar con rectitud y buena fe no se concluye en el cumplimiento de actos previstos en espec&iacute;ficas disposiciones de ley, sino que deben llevarse a cabo incluso con comportamientos no individuados por el legislador, pero que en relaci&oacute;n a las particulares situaciones de hecho sean necesarios pare evitar un agravarse de la posici&oacute;n del deudor. Por tanto, no es suficiente sostener, como hab&iacute;a hecho el juez de primera instancia, que ning&uacute;n deber normativamente previsto estaba puesto a cargo del acreedor en el caso tratado, pero debe indagarse si en el ejercicio del deber de cooperar con el deudor para el puntual cumplimiento de la obligaci&oacute;n el acreedor haya omitido actos que, sin causar particular agravio, pod&iacute;an, sin embargo, hacer menos gravosa la posici&oacute;n del deudor, a prop&oacute;sito de lo cual se debe agregar que el comportamiento integral de las partes de acuerdo a la buena fe, constituye una fuente de integraci&oacute;n de los deberes de las mismas partes.</p>     <p>En definitiva, para esta posici&oacute;n doctrinaria no habr&iacute;a una distinci&oacute;n entre 'deber de cooperaci&oacute;n' y 'cooperaci&oacute;n en sentido t&eacute;cnico', ya que siempre que el deudor 'por cualquier circunstancia' necesitara de la concurrencia del acreedor, la buena fe impondr&iacute;a a &eacute;ste prestar su colaboraci&oacute;n, sin que pueda refutarse a pres-tarla<sup><a name="nu66"></a><a href="#num66">66</a></sup>. En este sentido se dice que el deudor es portador de un inter&eacute;s a que sean ejecutados por parte del acreedor los actos de cooperaci&oacute;n dirigidos a consentir el exacto cumplimiento de la obligaci&oacute;n contractual, que encuentra su fundamento en el inter&eacute;s contractual del deudor<sup><a name="nu67"></a><a href="#num67">67</a></sup>.</p>     <p>Calificar la cooperaci&oacute;n del acreedor como 'deber secundario de conducta' que pesa sobre el acreedor implica que el deudor tendr&aacute; derecho a obtener esta cooperaci&oacute;n<sup><a name="nu68"></a><a href="#num68">68</a></sup>, desde este punto de vista existe una gran similitud con la posici&oacute;n anterior, pero hay tambi&eacute;n una sustancial diferencia: el grado de exigibilidad. En efecto, sostener que el acreedor tiene la obligaci&oacute;n de prestar su cooperaci&oacute;n, significa que &eacute;ste s&oacute;lo podr&aacute; liberarse de ella mediante las eximentes de responsabilidad que llevan a la liberaci&oacute;n del deudor: caso fortuito o fuerza mayor; hablar de deber de cooperaci&oacute;n, en cambio, implica que el acreedor se exonera de responsabilidad en todos aquellos casos en que prestar su colaboraci&oacute;n implique un 'apreciable sacrificio', no es necesario que se vea imposibilitado de cooperar, basta que le resulte demasiado problem&aacute;tico u oneroso<sup><a name="nu69"></a><a href="#num69">69</a></sup>.</p>     <p><b>5.3 La cooperaci&oacute;n al cumplimiento como facultad del acreedor</b></p>     <p>Esta perspectiva nos presenta la cooperaci&oacute;n del acreedor como algo 'puramente facultativo'<sup><a name="nu70"></a><a href="#num70">70</a></sup>, para llegar a tal razonamiento parte por criticar los llamados 'deberes secundarios de conducta'<sup><a name="nu71"></a><a href="#num71">71</a></sup> que impondr&iacute;an al acreedor los deberes de: a) no agravar la posici&oacute;n del deudor; b) no obstaculizar o impedir el cumplimiento; y c) cooperar al cumplimiento concurriendo positivamente a las actividades de pago del deudor. Tales 'deberes', se dice, constituyen, o simples cargas, y como tales son expresi&oacute;n de determinados l&iacute;mites formales inherentes al derecho del acreedor, o indican, a lo m&aacute;s, aquello que el acreedor no puede hacer, sirviendo, por ello, para determinar los l&iacute;mites sustanciales del derecho; o, por &uacute;ltimo, est&aacute;n ligadas, no tanto a la posici&oacute;n del acreedor en cuanto tal, sino en cuanto es contempor&aacute;neamente deudor<sup><a name="nu72"></a><a href="#num72">72</a></sup>. En s&iacute;ntesis, los deberes que la doctrina atribuye al acreedor representan la especificaci&oacute;n del deber general que la ley impone al titular de todo derecho subjetivo, cualquiera sea su categor&iacute;a, de no sobrepasar los confines de las facultades dispuestas por el ordenamiento jur&iacute;dico aumentando el gravamen del sujeto pasivo<sup><a name="nu73"></a><a href="#num73">73</a></sup>.</p>     <p>Espec&iacute;ficamente, con relaci&oacute;n al 'deber de cooperaci&oacute;n al cumplimiento', se dice que &eacute;ste no es m&aacute;s que natural reflejo de los l&iacute;mites del contenido del derecho del acreedor<sup><a name="nu74"></a><a href="#num74">74</a></sup>. Por otra parte, una intervenci&oacute;n del acreedor que impida al deudor cumplir, no podr&iacute;a tener sino las misma relevancia que cualquiera otra causa de imposibilidad no imputable al deudor, excluir&iacute;a, por tanto, toda responsabilidad incumplimiento y, eventualmente, provocar&iacute;a la liberaci&oacute;n del deudor junto con la extinci&oacute;n de la relaci&oacute;n obligatoria, seg&uacute;n las reglas generales de extinci&oacute;n de la obligaci&oacute;n por imposibilidad sobrevenida<sup><a name="nu75"></a><a href="#num75">75</a></sup>. En definitiva, afirman estos autores, dado que el cr&eacute;dito tiene el car&aacute;cter de derecho subjetivo, su ejercicio depende exclusivamente de la voluntad del acreedor.</p>     <p>Para atemperar las perniciosas consecuencias a las que puede llevar esta teor&iacute;a, sus sostenedores afirman que, como contrapeso a la arbitrariedad del acreedor, el deudor tiene el 'derecho potestativo'<sup><a name="nu76"></a><a href="#num76">76</a></sup> a ser liberado del v&iacute;nculo obligatorio'<sup><a name="nu77"></a><a href="#num77">77</a></sup>, que le proporciona la posibilidad de desobligarse a&uacute;n contra la voluntad del acreedor<sup><a name="nu78"></a><a href="#num78">78</a></sup>. En todo caso, aseveran, la existencia de tal derecho no implica colocar a cargo del acreedor la <i>obligaci&oacute;n </i>o <i>deber </i>de cooperar al cumplimiento, &eacute;l sirve s&oacute;lo para delimitar las fronteras del 'abuso del derecho' por parte del acreedor<sup><a name="nu79"></a><a href="#num79">79</a></sup>, quien, en principio, debe ser considerado &aacute;rbitro para decidir si colocar o no en movimiento aquella actividad que, dependiendo del caso, puede ser indispensable a fin que la relaci&oacute;n obligatoria pueda tener efectivo desarrollo y, la falta de dicha actividad, no puede tener para el acreedor un efecto m&aacute;s grave que la eventual extinci&oacute;n de su derecho<sup><a name="nu80"></a><a href="#num80">80</a></sup>. En conclusi&oacute;n, el deudor tendr&iacute;a siempre derecho a liberarse, pero no podr&iacute;a constre&ntilde;ir al acreedor a recibir la prestaci&oacute;n, una cosa es el inter&eacute;s de ser liberado del v&iacute;nculo obligatorio, y otra, el inter&eacute;s de liberarse mediante la efectiva ejecuci&oacute;n de la prestaci&oacute;n; la ley proteger&iacute;a s&oacute;lo el primero, quedando la protecci&oacute;n del segundo limitada a los casos en que las partes lo hayan expresamente establecido<sup><a name="nu81"></a><a href="#num81">81</a></sup>.</p>     <p>El autor, cuyo pensamiento se viene exponiendo basa su razonamiento en el art&iacute;culo 1206 del cc. italiano:</p>     <p><i>"Il creditore &egrave; in mora quando, senza motivo legittimo, non riceve il pagamento offertogli nei modi indicati dagli articoli seguenti o non compie quanto &egrave; necessario affinch&eacute; il debitore possa </i><i>adempiere l'obbligazione"</i>. &#91;El acreedor est&aacute; en mora cuando, sin motivo leg&iacute;timo, no recibe el pago que se le ha ofrecido en los modos establecidos por los art&iacute;culos siguientes o no realiza cuanto sea necesario a fin que el deudor pueda cumplir la obligaci&oacute;n&#93;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En virtud de este art&iacute;culo el autor distingue entre mora del acreedor y del deudor, se&ntilde;alando que mientras en &eacute;sta debe existir culpa o dolo del deudor, para constituir en mora al acreedor tales elementos subjetivos no son necesarios<sup><a name="nu82"></a><a href="#num82">82</a></sup>. Por tanto, para determinar si existe o no un 'motivo leg&iacute;timo' para refutar la prestaci&oacute;n, deber&aacute; analizarse el caso concreto, sobre bases objetivas, teniendo en cuenta, incluso, el inter&eacute;s del deudor de ser liberado de la obligaci&oacute;n, podr&aacute;n tambi&eacute;n considerarse elementos de car&aacute;cter subjetivo, siempre que sean decisivos, que el juez valorar&aacute; de acuerdo a las reglas de la buena fe. "El resultado negativo de tal valoraci&oacute;n, -la no plausibilidad de los motivos, o la confirmada inexistencia de una exigencia objetivamente prevaleciente respecto al inter&eacute;s del deudor- debe, en definitiva, hacer que se considere el comportamiento del acreedor como abusivo, en cuanto constituye una superaci&oacute;n del l&iacute;mite, que se expresa en la simple discrecionalidad (del contenido) del relativo derecho y, consecuentemente, debe dar lugar a la prevalencia del inter&eacute;s del deudor a la liberaci&oacute;n"<sup><a name="nu83"></a><a href="#num83">83</a></sup>. Resultado de tales consideraciones ser&iacute;an las sanciones impuestas en <i>Codice civile, </i>art&iacute;culo 1207:</p>     <p>Para esta doctrina, este art&iacute;culo constituye la reacci&oacute;n del legislador italiano frente a la 'actitud abusiva' del acreedor reflejada en la esfera jur&iacute;dica del deudor.</p>     <p>Por tanto, las medidas adoptadas por el art&iacute;culo establecer&iacute;an medidas de orden meramente equitativo, tendientes a reducir al m&iacute;nimo las consecuencias desventajosas que el comportamiento abusivo del acreedor implicar&iacute;a para el deudor al imponer a &eacute;ste, arbitrariamente, la dilaci&oacute;n de la relaci&oacute;n obligatoria<sup><a name="nu84"></a><a href="#num84">84</a></sup>.</p>     <p><b>5.4 La cooperaci&oacute;n al cumplimiento como carga sobre el acreedor</b></p>     <p>Por &uacute;ltimo, un sector de la doctrina que hoy podemos llamar mayoritaria<sup><a name="nu85"></a><a href="#num85">85</a></sup>, sostiene que el acreedor no es deudor de la cooperaci&oacute;n al cumplimiento, ni como 'deber' ni como 'obligaci&oacute;n', pero tampoco se trata de una 'mera facultad'. En efecto, sostienen, la mora del acreedor no es una especie de <i>mora solvendi </i>y s&oacute;lo cuando el contrato tutele el derecho del deudor a cumplir se puede decir que la cooperaci&oacute;n del acreedor es objeto de 'obligaci&oacute;n'<sup><a name="nu86"></a><a href="#num86">86</a></sup>, fuera de este campo puede hablarse, a lo m&aacute;s, de una 'carga' para el acreedor<sup><a name="nu87"></a><a href="#num87">87</a></sup>. La raz&oacute;n de tal razonamiento se encuentra en que para estos autores la cooperaci&oacute;n del acreedor est&aacute; siempre destinada a la realizaci&oacute;n de su derecho, el rol del acreedor no puede ser confundido con el del deudor sin alterar el esquema de la obligaci&oacute;n como instrumento para la satisfacci&oacute;n del inter&eacute;s crediticio<sup><a name="nu88"></a><a href="#num88">88</a></sup>.</p>     <p>Ver en la cooperaci&oacute;n del acreedor una 'obligaci&oacute;n', dicen, implicar&iacute;a que toda obligaci&oacute;n cuya ejecuci&oacute;n requiera el concurso del acreedor deba, necesariamente, ser tratada como 'bilateral' (al mismo modo que aquellas derivadas de contrato principal) y que entre la oferta real y la ejecuci&oacute;n forzada ya no existir&iacute;a ninguna distinci&oacute;n<sup><a name="nu89"></a><a href="#num89">89</a></sup>.</p>     <p>Argumentan los sostenedores de esta teor&iacute;a que las instituciones de la mora y del dep&oacute;sito de la cosa debida no est&aacute;n destinadas a resolver los problemas pr&aacute;cticos que pretende resolver la obligaci&oacute;n en sentido t&eacute;cnico<sup><a name="nu90"></a><a href="#num90">90</a></sup>. Esto es evidente en cuanto la <i>mora creditoris </i>cobra toda su magnitud cuando se trata de obligaciones rec&iacute;procas, en tal caso, el inter&eacute;s protegido no es el del deudor, sino el inter&eacute;s crediticio referido a la recepci&oacute;n de la contraprestaci&oacute;n, no a la cooperaci&oacute;n que la contraparte debe prestar a fin que se pueda llevar a efecto la propia prestaci&oacute;n.</p>     <p>En realidad, las normas sobre la mora del acreedor est&aacute;n destinadas a proteger el inter&eacute;s que cada una de las partes tiene a no perder el derecho a la contraprestaci&oacute;n por el hecho de la contraparte<sup><a name="nu91"></a><a href="#num91">91</a></sup>. En efecto, cuando el acreedor est&aacute; en mora, se pone a su cargo el riesgo de la cosa debida, por tanto, si la cosa perece sin culpa del deudor, &eacute;ste tendr&aacute; igualmente derecho a la contraprestaci&oacute;n. En definitiva, afirman, con tales normas la ley no entiende procurar al deudor un bien, ni el resultado de una actividad ajena, pretende s&oacute;lo regular el nexo sinalagm&aacute;tico entre las dos prestaciones. Por tanto, la cooperaci&oacute;n no es debida, se puede s&oacute;lo sostener que su falta es considerada por el legislador como criterio para asignar al acreedor el riesgo que envuelven los obst&aacute;culos que puedan impedir la prestaci&oacute;n del deudor. El acreedor no tiene sino una 'carga' de cooperar, a fin de no tener que cumplir en todo o parte su obligaci&oacute;n, sin ver satisfecho el propio cr&eacute;dito<sup><a name="nu92"></a><a href="#num92">92</a></sup>.</p>     <p>Por otro lado, dicen, en la negativa del acreedor a recibir la prestaci&oacute;n no puede verse un problema de culpa, la cual es fundamental en el incumplimiento del deudor. En efecto, argumentan, la mora del acreedor es independiente de la noci&oacute;n de culpa, ya que es suficiente el hecho objetivo del retraso<sup><a name="nu93"></a><a href="#num93">93</a></sup>.</p>     <p>En lo relativo a la liberaci&oacute;n coactiva del deudor, &eacute;sta no constituir&iacute;a la ejecuci&oacute;n forzada de una obligaci&oacute;n de hacer, ni tender&iacute;a a procurar una prestaci&oacute;n al deudor, sino a determinar los confines de la prestaci&oacute;n<sup><a name="nu94"></a><a href="#num94">94</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto al resarcimiento del da&ntilde;o y el reembolso de los gastos, la mayor&iacute;a de los sostenedores de esta teor&iacute;a, sostienen que el acreedor no est&aacute; sino obligado al reembolso, pero que no debe soportar las p&eacute;rdidas o perjuicios que de ello se sigan al deudor, pues en tal caso ya no se podr&iacute;a hablar de carga<sup><a name="nu95"></a><a href="#num95">95</a></sup>. Esta concepci&oacute;n est&aacute; consagrada en el BGB, &sect; 304, seg&uacute;n el cual el deudor puede exigir el resarcimiento de los mayores gastos que &eacute;l mismo ha debido hacer por el ofrecimiento infructuoso, como tambi&eacute;n por la custodia y conservaci&oacute;n del objeto debido<sup><a name="nu96"></a><a href="#num96">96</a></sup>. Para explicar el significado del par&aacute;grafo 304 del BGB algunos autores afirman que, a los efectos de la aplicaci&oacute;n de este precepto, deben tenerse en cuenta los gastos de almacenaje, primas de seguros, gastos de asistencia y alimentaci&oacute;n de ganados; pero no ganancias dejadas de obtener por el deudor -como, por ejemplo, el arrendamiento que en otro caso hubiese podido concertar de los locales que necesit&oacute; para la conservaci&oacute;n de la cosa- ya que estos son 'da&ntilde;os', pero no 'gastos'<sup><a name="nu971"></a><a href="#num97">97</a></sup>, <sup><a name="nu98"></a><a href="#num98">98</a></sup>.</p>     <p>La misma concepci&oacute;n contenida en el BGB pareciera estar consagrada en el C&oacute;digo Civil chileno, art&iacute;culo 1827:</p>     <p>"Si el comprador se constituye en mora de recibir, abonar&aacute; al vendedor el alquiler de los almacenes, graneros o vasijas en que se contenga lo vendido, (...)"<sup><a name="nu99"></a><a href="#num99">99</a></sup>.</p>     <p>En las notas de Bello a este art&iacute;culo cita como referente la P.5&ordf;, tit. 5, ley 27. Sin duda, esta norma es el antecedente de la parte relativa al peligro de la cosa, pero ella no hace referencia al resarcimiento del da&ntilde;o por parte del comprador, con lo cual, no fue de all&iacute; de donde sac&oacute; la parte que a nosotros interesa<sup><a name="nu100"></a><a href="#num100">100</a></sup>. En cambio, podemos ver un antecedente directo de este art&iacute;culo en el "Tratado de compraventa" de Pother, donde este autor afirma que "una de las obligaciones que contrae el comprador y que nace de la naturaleza del contrato, es la de llevarse los g&eacute;neros que le han sido vendidos", agregando, "cuando por notificaci&oacute;n judicial ha sido declarado en mora de cumplir esta obligaci&oacute;n, deber&aacute; responder de los da&ntilde;os y perjuicios que el vendedor haya sufrido desde el d&iacute;a en que tal notificaci&oacute;n tuvo lugar, en concepto de gastos de almacenaje"<sup><a name="nu101"></a><a href="#num101">101</a></sup>.</p>     <p>Sin embargo, y no obstante la letra del art&iacute;culo, que s&oacute;lo hace referencia a sumas que constituyen gastos efectuados por el vendedor, la doctrina chilena lo interpreta ampliamente, pues por una parte lo hace extensivo a todas las obligaciones y, por otra, lo extiende tambi&eacute;n al resarcimiento propiamente tal, se&ntilde;alando que en virtud de &eacute;l, cuando el 'acreedor' se constituya en mora "debe indemnizar los perjuicios" al deudor<sup><a name="nu102"></a><a href="#num102">102</a></sup>, sin distinciones de ning&uacute;n tipo. Pero debemos reconocer que los autores no se han detenido acuciosamente sobre el punto. En efecto, a la par que hablan de obligaci&oacute;n de resarcimiento, hablan tambi&eacute;n de carga, sin que haya una postura clara al respecto<sup><a name="nu103"></a><a href="#num103">103</a></sup>.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, es interesante notar que Cattaneo, uno de los grandes sostenedores de esta teor&iacute;a, afirma que el deudor queda obligado a realizar cuanto sea necesario para asegurar la satisfacci&oacute;n del acreedor, pero el costo de este suplemento de prestaci&oacute;n debe ser enteramente soportado por el acreedor: no s&oacute;lo los mayores gastos<sup><a name="nu104"></a><a href="#num104">104</a></sup>, sino tambi&eacute;n las ganancias que el deudor no puede obtener por el hecho de tener que continuar a cumplir despu&eacute;s de la constituci&oacute;n en mora<sup><a name="nu105"></a><a href="#num105">105</a></sup>; con esta afirmaci&oacute;n el autor pareciera admitir que la cooperaci&oacute;n puede dar origen a una obligaci&oacute;n para el acreedor, lo cual se explica porque &eacute;l no puede desconocer el dato positivo del antes citado art&iacute;culo 1207 del <i>Codice civile </i>que expresamente establece que el acreedor queda obligado a resarcir los da&ntilde;os derivados de su mora, pero &eacute;l intenta salvar esta contrariedad aclarando que el resarcimiento por mora del acreedor se refiere a los da&ntilde;os ocasionados por la falta de liberaci&oacute;n tempestiva del obligado, no a aquellos consistentes en la p&eacute;rdida de aquellas ventajas de otro g&eacute;nero que el deudor, ejecutando la prestaci&oacute;n habr&iacute;a podido obtener, es decir, se limita al "inter&eacute;s negativo"<sup><a name="nu106"></a><a href="#num106">106</a></sup>. Por otro lado, afirma, la obligaci&oacute;n del acreedor de resarcir los da&ntilde;os que su mora ocasiona al deudor, as&iacute; como la liberaci&oacute;n coactiva, sirven para lograr objetivos que no quedan incluidos en las obligaciones en sentido t&eacute;cnico, y a tutelar intereses diversos de aquellos que el derecho de cr&eacute;dito tiende t&iacute;picamente a satisfacer<sup><a name="nu107"></a><a href="#num107">107</a></sup>. Por &uacute;ltimo, sostiene este autor, si bien la imposici&oacute;n de resarcimiento lleva a pensar en un 'deber', ello no puede aceptarse, pues el concepto de deber presupone que la relativa sanci&oacute;n se aplique solamente cuando el obligado est&eacute; en grado de llevar a cabo el comportamiento debido, mientras que cuando se habla de la mora del acreedor la responsabilidad es objetiva, no est&aacute; fundada en la culpa<sup><a name="nu108"></a><a href="#num108">108</a></sup>.</p>     <p>En conclusi&oacute;n, para los sostenedores de esta teor&iacute;a, la cooperaci&oacute;n es vista por el ordenamiento como un medio para proteger el inter&eacute;s del mismo acreedor<sup><a name="nu109"></a><a href="#num109">109</a></sup>, siendo &eacute;ste el &uacute;nico que debe soportar las consecuencias de su falta de cooperaci&oacute;n, por tanto, no puede constituir sino una 'carga'<sup><a name="nu110"></a><a href="#num110">110</a></sup>.</p>     <p><font size="3"><b>6. La 'carga' al interior de la relaci&oacute;n obligatoria: la noci&oacute;n de carga por oposici&oacute;n a aquella de deber</b></font></p>     <p>A fin de entender las consecuencias de las diversas teor&iacute;as que hemos expuesto deben ser diferenciados los diversos conceptos a que ellas hacen remisi&oacute;n. En particular, debemos referirnos a los conceptos 'deber' (comprensivo de obligaci&oacute;n) y 'carga', a fin de establecer cu&aacute;les son los criterios que nos permiten distinguir uno y otra, pues, como dijimos, la doctrina actualmente mayoritaria sostiene que la cooperaci&oacute;n del acreedor al cumplimiento constituye una precisamente una carga.</p>     <p>Tratando de los deberes jur&iacute;dicos la doctrina m&aacute;s autorizada sostiene que la existencia de un deber jur&iacute;dico no es otra cosa que la validez de una norma jur&iacute;dica, que haga depender una sanci&oacute;n del comportamiento (acci&oacute;n u omisi&oacute;n) opuesto a aquel que constituye el deber jur&iacute;dico. El deber jur&iacute;dico no es nada diverso de la norma jur&iacute;dica. Es simplemente la norma jur&iacute;dica en su relaci&oacute;n con el individuo, a cuyo comportamiento la norma conecta una sanci&oacute;n. Contenido del deber jur&iacute;dico es el comportamiento opuesto (contrario) al comportamiento que, en cuanto il&iacute;cito, es la condici&oacute;n de la sanci&oacute;n. El deber jur&iacute;dico es el deber de abstenerse del il&iacute;cito. Es el deber del sujeto de obedecer la norma jur&iacute;dica<sup><a name="nu111"></a><a href="#num111">111</a></sup>. En consecuencia, es posible definir el deber como la "posici&oacute;n (pasiva) del sujeto frente al ordenamiento, por efecto del cual &eacute;l viene a estar en la necesidad de un comportamiento (activo o pasivo) que adquiere relevancia jur&iacute;dica prescindiendo de cualquier consideraci&oacute;n de su voluntad (<i>necessitas agendi</i>)"<sup><a name="nu112"></a><a href="#num112">112</a></sup>. El t&eacute;rmino deber asume para el derecho un significado propio a trav&eacute;s de la sanci&oacute;n que va impl&iacute;cita en el concepto. En efecto, un comportamiento es necesario s&oacute;lo cuando de su inobservancia deriva, para el sujeto destinatario de la norma, la aplicaci&oacute;n de una sanci&oacute;n, o sea, cuando la violaci&oacute;n del deber conlleva una consecuencia para &eacute;l desfavorable.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De lo dicho se desprende que los elementos constitutivos del 'deber' son tres: a) la limitaci&oacute;n de la libertad del sujeto; b) el contenido sustancial del deber, es decir, el comportamiento debido en su objetividad y en su funci&oacute;n de satisfacci&oacute;n del inter&eacute;s jur&iacute;dico prevalente de otro sujeto o de la sociedad; c) la sanci&oacute;n puesta como garant&iacute;a del deber jur&iacute;dico y, por tanto, el estado de responsabilidad del sujeto de frente al ordenamiento jur&iacute;dico<sup><a name="nu113"></a><a href="#num113">113</a></sup>.</p>     <p>A fin de confrontar los conceptos de deber y carga, debemos concentrarnos en la sanci&oacute;n, que se define como "la consecuencia que el derecho conecta a la violaci&oacute;n de un precepto establecido para tutelar determinados intereses, confiriendo al ofendido el poder de obtener la reparaci&oacute;n o la represi&oacute;n y poniendo al culpable en la necesidad de sufrir un perjuicio correspondiente"<sup><a name="nu114"></a><a href="#num114">114</a></sup>. Desde el punto de vista del sujeto que viola la norma la sanci&oacute;n se traduce en responsabilidad<sup><a name="nu115"></a><a href="#num115">115</a></sup>, que se define como "la posici&oacute;n en que se encuentra una persona creada por la necesidad jur&iacute;dica de sufrir la p&eacute;rdida de un bien a t&iacute;tulo de reparaci&oacute;n o de pena, en raz&oacute;n de un il&iacute;cito puesto a su cargo"<sup><a name="nu116"></a><a href="#num116">116</a></sup>. Siguiendo esta l&iacute;nea de pensamiento, es posible distinguir entre la sanci&oacute;n penal y civil, en el primer caso la sanci&oacute;n es justamente la pena, y, en el segundo, se traduce en el resarcimiento de los perjuicios causados<sup><a name="nu117"></a><a href="#num117">117</a></sup>.</p>     <p>Lo dicho hasta aqu&iacute; se refiere a la violaci&oacute;n de un deber propiamente tal, veamos ahora la 'carga'. este t&eacute;rmino corresponde en espa&ntilde;ol al concepto de '<i>onere</i>' en italiano<sup><a name="nu118"></a><a href="#num118">118</a></sup>, a su vez, este &uacute;ltimo proviene del lat&iacute;n <i>onus</i><sup><a name="nu119"></a><a href="#num119">119</a></sup>, que se ha conservado en el idioma portugu&eacute;s con la misma graf&iacute;a: '<i>onus'</i><sup><a name="nu120"></a><a href="#num120">120</a></sup>, y que se ha generalizado en derecho procesal con la cl&aacute;sica locuci&oacute;n '<i>onus probandi'</i>, literalmente: 'carga de la prueba'<sup><a name="nu121"></a><a href="#num121">121</a></sup>. En efecto, la precisa delineaci&oacute;n del concepto de carga por parte de la ciencia jur&iacute;dica se debe especialmente a los estudiosos del derecho procesal civil<sup><a name="nu122"></a><a href="#num122">122</a></sup>. Ha sido precisamente en esta disciplina que la doctrina ha puesto en evidencia la diferencia que corre entre 'deber' y 'carga', sosteniendo que mientras al primer concepto corresponden las nociones de 'acto debido' y 'acto il&iacute;cito', estos son ajenos al concepto de carga, de manera que la base para distinguir entre 'deber' y 'carga' ser&iacute;a determinar si la contravenci&oacute;n de la norma que impone la conducta puede definirse como 'acto il&iacute;cito'<sup><a name="nu123"></a><a href="#num123">123</a></sup>. En este sentido, nos dice Betti, habr&iacute;a que distinguir entre el hecho 'il&iacute;cito' y aquel simplemente 'ilegal', donde &eacute;ste equivale a un hecho desprovisto de los requisitos establecidos en la ley y que, si bien no es reprochable en s&iacute; mismo, o sea, pudi&eacute;ndose ejecutar impunemente, no es id&oacute;neo, por esa sola raz&oacute;n, para reclamar la protecci&oacute;n legal<sup><a name="nu124"></a><a href="#num124">124</a></sup>.</p>     <p>La licitud de la conducta contraria a la carga es una caracter&iacute;stica fundamental de la misma, pero resulta insuficiente a la hora de determinar cu&aacute;ndo estamos delante de una carga y cu&aacute;ndo delante de un deber, o una mera facultad. En este punto cobra importancia la noci&oacute;n de 'inter&eacute;s que se pretende regular'<sup><a name="nu125"></a><a href="#num125">125</a></sup>. En efecto, mientras que cuando se trata de un deber la norma jur&iacute;dica mira al inter&eacute;s de un sujeto diverso de aquel a quien va dirigida, cuando se trata de una carga, la norma mira un inter&eacute;s del sujeto a quien ella va dirigida<sup><a name="nu126"></a><a href="#num126">126</a></sup>. De esta manera, la carga vendr&iacute;a a constituir la subordinaci&oacute;n de un inter&eacute;s a favor de otro inter&eacute;s del mismo sujeto, y ser&iacute;a &eacute;ste quien, en base a una valoraci&oacute;n econ&oacute;mica de sus diversos intereses en juego, decide si actuar o no<sup><a name="nu127"></a><a href="#num127">127</a></sup>. En esta segunda hip&oacute;tesis, no observando el comportamiento prescrito, el sujeto no comete un il&iacute;cito, dado que el ordenamiento le permite tambi&eacute;n una elecci&oacute;n diversa, pero, en todo caso, incurre en una situaci&oacute;n desfavorable para el mismo<sup><a name="nu128"></a><a href="#num128">128</a></sup>, esta &uacute;ltima caracter&iacute;stica distingue la carga de la 'mera facultad'.</p>     <p>En virtud de lo anterior resulta que el poder de decisi&oacute;n que tiene el sujeto gravado frente a la carga, no significa que est&eacute; en completa libertad al momento de decidir si llevar o no a cabo la conducta prescrita por la norma, en este sentido se habla de 'deber-libre'<sup><a name="nu129"></a><a href="#num129">129</a></sup>, pues, "si bien es cierto que, de acuerdo con su etimolog&iacute;a, la carga no es la vieja <i>necessitas</i>, ni la <i>obligatio </i>de la dogm&aacute;tica tradicional, ni el deber que dicen verdadero, no deja tampoco de pertenecer al mismo orden. La carga implica siempre una heterodeterminaci&oacute;n. Nunca es carga si es, meramente, inter&eacute;s, tampoco si es libertad absoluta"<sup><a name="nu130"></a><a href="#num130">130</a></sup>. Por tanto, la coactividad de la carga es limitada, pero existe, ella consiste en la 'auto-responsabilidad'<sup><a name="nu131"></a><a href="#num131">131</a></sup>, que "significa que el sujeto debe reparar, a lo m&aacute;s, por s&iacute; mismo, las consecuencias da&ntilde;inas, que un acto propio ocasiona en su patrimonio"<sup><a name="nu132"></a><a href="#num132">132</a></sup>, donde el t&eacute;rmino da&ntilde;ino viene considerado en sentido amplio, ya que en estricto rigor no se podr&iacute;a hablar de 'da&ntilde;o' causado con la inobservancia de una carga, porque no se estar&aacute; lesionando un derecho ajeno.</p>     <p>Delineado as&iacute; el concepto de carga, podemos decir que tambi&eacute;n en el campo de las relaciones obligatorias, las partes, sobre todo el acreedor, son gravadas por diversas cargas<sup><a name="nu133"></a><a href="#num133">133</a></sup>. En este sentido se dice que junto con los deberes de prestaci&oacute;n y otros deberes secundarios de conducta, las partes de la obligaci&oacute;n son sujetos de cargas, cuyos elementos caracterizadores son la inexigibilidad de la conducta y la improcedencia del resarcimiento del da&ntilde;o a la contraparte, para el caso de inejecuci&oacute;n por parte del gravado<sup><a name="nu134"></a><a href="#num134">134</a></sup>.</p>     <p>En cuanto al origen de las cargas en la relaci&oacute;n obligatoria, la doctrina sostiene que de igual manera que cabe una constituci&oacute;n aut&oacute;noma y una constituci&oacute;n heter&oacute;noma de las relaciones obligatorias, las cargas pueden tener uno u otro origen. Hay que distinguir en este sentido entre las cargas cuyo origen es heter&oacute;nomo, que son aquellas derivadas de la ley y de la buena fe contractual, entendida como criterio o est&aacute;ndar jur&iacute;dico, y las cargas contractuales que proceden directamente del acuerdo de las partes del contrato y, en general, del negocio jur&iacute;dico, de tal manera que no existir&iacute;an si no mediase un espec&iacute;fico convenio de las mismas en tal sentido, si bien es frecuente que figuren en contratos de adhesi&oacute;n<sup><a name="nu135"></a><a href="#num135">135</a></sup>.</p>     <p>En conclusi&oacute;n, en el campo de las obligaciones, las partes de la misma pueden ser simult&aacute;neamente sujetos de deberes y cargas, emanados de la ley, de la buena fe o del contrato. Para diferenciar una carga de un deber debemos considerar la exigibilidad y la procedencia o no de resarcimiento a favor de la contraparte, para el caso de inejecuci&oacute;n de la conducta. As&iacute;, la existencia de una carga implica que la parte gravada es libre para llevarla a cabo, en el sentido que la contraparte no podr&aacute;, en ning&uacute;n caso, exigir la ejecuci&oacute;n del comportamiento establecido por la carga, ni tampoco podr&aacute; solicitar el resarcimiento de los eventuales perjuicios que la inercia de su co-contratante le acarreen. Como contrapartida, significa que la parte gravada, que decida no actuar, deber&aacute; soportar ella sola los perjuicios que se deriven para s&iacute; misma, es decir, se har&aacute; efectiva su auto-responsabilidad. Por &uacute;ltimo, a fin de distinguir la carga de la mera facultad habr&aacute; que determinar si el comportamiento contrario a la conducta prescrita puede resultar pernicioso para el sujeto, si la respuesta es afirmativa, se tratar&aacute; de una carga, en caso contrario, de una facultad.</p>     <p><font size="3"><b>7. La cooperaci&oacute;n al cumplimiento en Derecho romano</b></font></p>     <p>Habiendo expuesto los conceptos modernos, veamos ahora cu&aacute;l era el rol que jugaba la cooperaci&oacute;n al cumplimiento en Derecho romano. La pregunta base de que debemos partir es la siguiente: &iquest;en Derecho romano, el acreedor estaba obligado a recibir la prestaci&oacute;n o no? Esta pregunta, como toda la instituci&oacute;n de la cooperaci&oacute;n al cumplimiento, est&aacute; directamente relacionada con la '<i>mora creditoris</i>'<sup><a name="nu136"></a><a href="#num136">136</a></sup>, instituci&oacute;n que los romanos individ&uacute;an con la frase "<i>si per creditorem steterit quo minus accipiat</i>"<sup><a name="nu137"></a><a href="#num137">137</a></sup> (si del acreedor dependiera que no reciba). Con estas palabras, y otras similares, los juristas romanos individualizaban una serie de casos en que la imposibilidad de pagar ten&iacute;a su origen en la 'esfera de control' del acreedor, sea porque &eacute;ste se refutaba a recibir el pago<sup><a name="nu138"></a><a href="#num138">138</a></sup>, o porque el deudor ignoraba quien era verdaderamente el acreedor<sup><a name="nu139"></a><a href="#num139">139</a></sup>, o porque no pod&iacute;a recibir, por ejemplo, por ser menor de edad<sup><a name="nu140"></a><a href="#num140">140</a></sup>; en definitiva, el caso concreto que conllevaba a la mora era considerado desde punto de vista puramente objetivo<sup><a name="nu141"></a><a href="#num141">141</a></sup>, siendo indiferente que el acreedor fuera culpable o no de rehusar su cooperaci&oacute;n<sup><a name="nu142"></a><a href="#num142">142</a></sup>. En este sentido una de las primeras preocupaciones en surgir es la relaci&oacute;n con el mayor costo que significaba para el deudor de una suma de dinero el pago de los intereses que la deuda continuaba a madurar mientras no se pagara, as&iacute;, a fin de protegerlo, se estableci&oacute; que si efectuaba el dep&oacute;sito de la suma debida dejaban de correr los intereses desde ese momento en adelante; pero esto no significaba que se liberara de la deuda, sino simplemente que no deb&iacute;a m&aacute;s intereses<sup><a name="nu143"></a><a href="#num143">143</a></sup>, D.22.1.7:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Papinianus 2 resp</i>. "<i>Debitor usurarius creditori pecuniam optulit et eam, cum accipere noluisset, obsignavit ac deposuit: ex eo die ratio non habebitur usurarum. quod si postea conventus ut solveret moram fecerit, nummi steriles ex eo tempore non erunt</i>". &#91;un deudor, que deb&iacute;a tambi&eacute;n intereses, ofreci&oacute; al acreedor el importe de la deuda, y no habi&eacute;ndolo querido recibir, lo sell&oacute; y lo deposit&oacute;; desde este d&iacute;a no se tendr&aacute; cuenta de los intereses. Pero si demandado despu&eacute;s para que pagase, hubiere incurrido en mora, el dinero no ser&aacute; est&eacute;ril desde ese momento&#93;.</p>     <p>Otra de las preocupaciones de los juristas, relacionadas con el retardo atribuible al acreedor, fue el riesgo de la cosa, en efecto, la regla general establec&iacute;a que si el deudor se constitu&iacute;a en mora de pagar respond&iacute;a por el riesgo de la cosa, pero esto era demasiado injusto cuando no depend&iacute;a del deudor que el pago no se efectuase, en este caso la soluci&oacute;n fue la inversi&oacute;n del riesgo. Se estableci&oacute; que si el deudor hac&iacute;a la oferta de pago, con todos sus requisitos, y el acreedor no lo recib&iacute;a, la responsabilidad del deudor por la conservaci&oacute;n de la cosa quedaba limitada al dolo<sup><a name="nu144"></a><a href="#num144">144</a></sup>, D.18.6.17(18):</p>     <p><i>Pomponius 31 ad q. muc.</i>; <i>"Illud sciendum est, cum moram emptor adhibere coepit, iam non culpam, sed dolum malum tantum praestandum a venditore". </i>&#91;Se ha de saber, que cuando el comprador comenz&oacute; a incurrir en mora, se ha de responder por el vendedor, no ya de la culpa, sino solamente del dolo malo (...)&#93;<sup><a name="nu145"></a><a href="#num145">145</a></sup>.</p>     <p>M&aacute;s tarde se lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n que si el deudor efectuaba el dep&oacute;sito de la cosa debida en un lugar p&uacute;blico, con todos los requisitos del pago, se liberaba de la deuda. nace as&iacute; el 'pago por consignaci&oacute;n'. C.8.42 (43).9<sup><a name="nu146"></a><a href="#num146">146</a></sup>:</p>     <p>Imperatores Diocletianus, Maximianus; "Obsignatione totius debitae pecuniae sollemniter facta liberationem contingere manifestum est. Sed ita demum oblatio debiti liberationem parit, si eo loco, quo debetur solutio, fuerit celebrata. * Diocl. et maxim. aa. cassio. * &lt;a 286 pp. v Id. mai. maximo II et Aquilino conss.&gt;".</p>     <p>&#91;Es evidente, que con el dep&oacute;sito de la cantidad adeudada hecho solemnemente se verifica la liberaci&oacute;n. Pero la oferta de lo adeudado produce la liberaci&oacute;n solamente si se hubiere hecho en el lugar en que se debe el pago.</p>     <p>Publicada a 5 de los idos de mayo, bajo el segundo consulado de m&aacute;ximo y el de Aquilino &lt;286&gt;&#93;</p>     <p><b>7.1 La cooperaci&oacute;n del comprador al cumplimiento en los libros 'ad Sabinum': D.18.6.1.3 y D.19.1.9.</b></p>     <p>Con el traspaso del riesgo y la instituci&oacute;n del pago mediante dep&oacute;sito resulta que el acreedor no estaba obligado a recibir el pago, ya que el deudor se pod&iacute;a liberar de su obligaci&oacute;n consignando lo adeudado, y as&iacute; resultaba suficientemente protegido<sup><a name="nu147"></a><a href="#num147">147</a></sup>. Pero, qu&eacute; pasaba en aquellos casos en que tal soluci&oacute;n no era viable, o bien, cuando el deudor en espera de la cooperaci&oacute;n del acreedor hab&iacute;a soportado alg&uacute;n gasto o sufrido alg&uacute;n perjuicio, o, m&aacute;s a&uacute;n, cuando el deudor ten&iacute;a un inter&eacute;s positivo en la ejecuci&oacute;n efectiva de la prestaci&oacute;n.</p>     <p>Para dar acabada respuesta a estas preguntas, particular atenci&oacute;n debe darse a la forma en que operaba la compraventa de vino en la antigua Roma<sup><a name="nu148"></a><a href="#num148">148</a></sup>. Ella, seg&uacute;n se desprende de las fuentes<sup>149</sup>, pod&iacute;a ser hecha a granel ('<i>Dolia, hence vinum doliare</i>')<sup><a name="nu150"></a><a href="#num150">150</a></sup> o envasado ('<i>Vinum amphorarium</i>')<sup><a name="nu151"></a><a href="#num151">151</a></sup>. Cuando se trataba de la venta a granel se deb&iacute;a proceder a la medida del vino y, hasta que &eacute;sta se efectuara, el vendedor respond&iacute;a por 'custodia'<sup><a name="nu152"></a><a href="#num152">152</a></sup>: D.18.6.1.1<sup><a name="nu153"></a><a href="#num153">153</a></sup>, D.18.6.2.1<sup><a name="nu154"></a><a href="#num154">154</a></sup>. Por el contrario, cuando se trataba de venta en vasijas, al vendedor correspond&iacute;a la 'custodia' del vino hasta la entrega del mismo<sup><a name="nu155"></a><a href="#num155">155</a></sup>, as&iacute; lo dicen Ulpiano, D.18.6.4.2, y Gayo, D.18.6.2pr., t&eacute;ngase en cuenta que este &uacute;ltimo distingue entre vendedor-agricultor y vendedor-comerciante, lo que cobra importancia para la extensi&oacute;n temporal de la obligaci&oacute;n de custodiar<sup><a name="nu156"></a><a href="#num156">156</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, todo lo dicho respecto a la responsabilidad por custodia, era v&aacute;lido siempre y cuando no hubiere dependido del comprador que no se realizara la entrega o mensura (<i>mora creditoris</i>) porque, en tal caso, la responsabilidad se reduc&iacute;a al dolo<sup><a name="nu157"></a><a href="#num157">157</a></sup>, D.18.6.5:</p>     <p><i>Paulus 5 ad Sab. "Si per emptorem steterit, quo minus ad diem vinum tolleret, postea, nisi quod dolo malo venditoris interceptum esset, non debet ab eo praestari. si verbi gratia amphorae centum ex eo vino, quod in cella esset, venierint, si admensum est, donec admetiatur, omne periculum venditoris </i><i>est, nisi id per emptorem fat". </i>&#91;Si hubiese consentido el comprador que no se llevase el vino en su d&iacute;a, despu&eacute;s, a no ser de lo que se hubiese quitado por dolo malo del vendedor, no debe responderse por &eacute;ste; si, por ejemplo, se hubieren vendido cien &aacute;nforas del vino que hubiese en la boda, si se midi&oacute;, hasta que se mida es del vendedor todo el riesgo, a no ser que &eacute;ste consista en el comprador&#93;.</p>     <p>Por otro lado, en ambas modalidades de venta, la <i>traditio </i>exig&iacute;a una conducta activa por parte del comprador, ya que &eacute;ste deb&iacute;a procurar la retirada de la mercanc&iacute;a, cuyo gasto era de su cuenta. De manera que, desde el punto de vista de la entrega, la obligaci&oacute;n del vendedor consist&iacute;a en permitir al comprador llevarse el vino, mientras que sobre el comprador pesaba la carga de retirar el producto, puesto que sobre el primero no ten&iacute;a nunca el deber de realizar el desplazamiento o transporte efectivo de la mercader&iacute;a<sup><a name="nu158"></a><a href="#num158">158</a></sup>. Ahora bien, si el comprador no concurr&iacute;a a retirar el vino, sea porque no acud&iacute;a a la mensura o bien no hac&iacute;a el trasvasije de aquel vendido en los envases del vendedor, &eacute;ste pod&iacute;a llegar, incluso, a verter el vino, previo aviso al comprador. Lo cual no significaba una disoluci&oacute;n del contrato, ya que el adquirente quedaba igualmente obligado al pago del precio y, para el caso que lo hubiese ya pagado, no ten&iacute;a acci&oacute;n de reembolso<sup><a name="nu159"></a><a href="#num159">159</a></sup>.</p>     <p>Para aclarar este &uacute;ltimo punto recordemos dos cosas: primero, que el t&iacute;tulo del Digesto al que pertenecen estos pasajes es "<i>De periculo et commodo rei venditae</i>"<sup><a name="nu160"></a><a href="#num160">160</a></sup> y, segundo, que el problema del <i>periculum </i>se presenta en los contratos bilaterales y consiste en determinar la suerte que corre la prestaci&oacute;n cuando la contraprestaci&oacute;n deviene imposible. De lo dicho resulta que, si el comprador no concurre a la medida del vino y el vendedor lo vierte, &eacute;ste se coloca en la imposibilidad de cumplir su obligaci&oacute;n, imposibilidad debida a 'su hecho', pero, por tratarse de un hecho leg&iacute;timo, es un hecho <i>sine culpa</i>, por tanto, se trata de 'imposibilidad sobrevenida por un hecho no imputable al deudor', que produce la extinci&oacute;n de la obligaci&oacute;n, con la consiguiente liberaci&oacute;n del deudor, y, de acuerdo con la norma romana <i>periculum est emptoris, </i>ser&aacute; precisamente el comprador quien deber&aacute; soportar esta p&eacute;rdida 'fortuita' de la prestaci&oacute;n y, en consecuencia, continuar&aacute; debiendo el precio pactado<sup><a name="nu161"></a><a href="#num161">161</a></sup>.</p>     <p>Tal razonamiento est&aacute; plenamente de acuerdo con lo que nos ha llegado por otras fuentes cl&aacute;sicas, esta vez de car&aacute;cter literario, en particular el <i>liber de agricultura</i><sup><a name="nu162"></a><a href="#num162">162</a></sup> de Marco Porcio Cat&oacute;n 'El viejo'<sup><a name="nu163"></a><a href="#num136">163</a></sup>, donde, tratando de la venta de vino, sostiene que el vendedor, en cuyo poder haya quedado el vino comprado (sea que se haya vendido en uva o despu&eacute;s de la vendimia), debe guardarlo en su cantina hasta las calendas del pr&oacute;ximo octubre, pasadas las cuales, si el comprador no concurre a retirarlo, "puede hacer lo que quiera con &eacute;l"<sup><a name="nu164"></a><a href="#num164">164</a></sup>. Exactamente la misma idea encontramos en D.18.6.1.4:</p>     <p><i>Ulpianus 28 ad Sab. "Si doliare vinum emeris nec de tradendo eo quicquam convenerit, id videri actum, ut ante evacuarentur quam ad vindemiam opera eorum futura sit necessaria: quod si non sint evacuata, faciendum, quod veteres putaverunt, per corbem venditorem mensuram facere et effundere: veteres enim hoc propter mensuram suaserunt, si, quanta mensura esset, non appareat, videlicet ut appareret, quantum emptori perierit". </i>&#91;Si se hubiera vendido el vino en tinajas, y no se hubiere convenido cosa alguna sobre esta entrega, se considera que se trat&oacute; de esto, que se desocupen antes que hayan de ser necesarias para la vendimia; pero si no se desocuparan, se ha de hacer lo que opinaron los antiguos, que el vendedor haga por cu&eacute;vanos la medida, y lo vierta; porque los antiguos aconsejaron esto respecto a la medida, si no apareciera cuanta fuese la medida, a saber, para que apareciese cuanto se haya perdido por el comprador&#93;.</p>     <p>En todo caso, el l&iacute;mite de la pr&oacute;xima vendimia (calendas de octubre) estaba dado para el vendedor agricultor<sup><a name="nu165"></a><a href="#num165">165</a></sup>, porque la tolerancia era mucho menor si se trataba de un vendedor negociante<sup><a name="nu166"></a><a href="#num166">166</a></sup>, en este caso se aplicaba la regla expuesta por Gayo en D.18.6.2pr., es decir, deb&iacute;a retirarse tan pronto fueran necesarias para el ejercicio del comercio.</p>     <p>Con lo dicho hasta aqu&iacute; podemos perfectamente visualizar en la venta de vino lo que, con lenguaje moderno, llamamos 'cooperaci&oacute;n al cumplimiento en sentido t&eacute;cnico', es decir, para el cumplimiento de la obligaci&oacute;n del deudor es necesaria una actividad por parte del acreedor: concurrir a retirar la mercader&iacute;a. Siempre con lenguaje moderno, podemos decir que se trata de una 'carga' que pesa sobre el comprador, en virtud de la cual, si no concurre oportunamente al retiro del vino, pierde su derecho a exigir la entrega del mismo, pues el deudor podr&iacute;a leg&iacute;timamente verterlo.</p>     <p>Tambi&eacute;n podemos ver la actuaci&oacute;n de la buena fe imponiendo lo que hoy en d&iacute;a llamamos 'deber de cooperaci&oacute;n', esto desde el punto de vista del vendedor, ya que &eacute;ste, si bien tiene la facultad de verter el vino cuando no es oportunamente retirado por el comprador, no lo puede realizar sin m&aacute;s, sino que debe proceder a advertir al comprador y, adem&aacute;s, debe efectuar la medida del vino, a fin que se sepa qu&eacute; cantidad se pierde para el comprador<sup><a name="nu167"></a><a href="#num167">167</a></sup>. Por otro lado, la &uacute;nica finalidad del derrame del vino es permitir al vendedor liberarse de su obligaci&oacute;n de entrega ante la inercia del comprador<sup><a name="nu168"></a><a href="#num168">168</a></sup>, por lo tanto, no puede ejecutar dicha operaci&oacute;n caprichosamente, sino que debe esperar hasta que los envases en que es custodiado el vino le sean estrictamente necesarios, es decir, se trata de una soluci&oacute;n extrema, el vendedor queda autorizado para liberarse del vino s&oacute;lo cuando necesite verdaderamente la bodega. Pero, mientras el almacenaje del vino no comporte perjuicios para sus propios intereses, el vendedor no puede desembarazarse de &eacute;l, debiendo conservarlo hasta cuando el comprador se presente para llev&aacute;rselo.</p>     <p>Sin embargo, todo lo dicho respecto del tiempo que el vendedor deb&iacute;a esperar para el derrame no se aplicaba cuando se hab&iacute;a fijado d&iacute;a para la medida, ya que en este caso el vendedor, una vez trascurrido el t&eacute;rmino, pod&iacute;a verter desde ya el vino. En ese contexto se encuadra un pasaje de Ulpiano de su obra <i>Ad Sabinum</i><sup><a name="nu169"></a><a href="#num169">169</a></sup><i>, </i>contenido en D.18.6.1.3:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Ulpianus 28 ad Sab. "Licet autem venditori vel effundere vinum, si diem ad metiendum praestituit nec intra diem admensum est: effundere autem non statim poterit, priusquam testando denuntiet emp-tori, ut aut tollat vinum aut sciat futurum, ut vinum effunderetur. Si tamen, cum posset effundere, non effudit, laudandus est potius: ea propter mercedem quoque doliorum potest exigere, sed ita demum, si interfuit eius inania esse vasa in quibus vinum fuit (veluti si locaturus ea fuisset) vel si necesse habuit alia conducere dolia. Commodius est autem conduci vasa nec reddi vinum, nisi quanti conduxerit ab emptore reddatur, aut vendere vinum bona fide: id est quantum sine ipsius incommodo feri potest operam dare, ut quam minime detrimento sit ea res emptori"</i>. &#91;mas es l&iacute;cito al vendedor verter el vino si se se&ntilde;al&oacute; d&iacute;a para que se midiese, y no se midi&oacute; dentro de t&eacute;rmino; pero no podr&aacute; verterlo desde luego, antes que avise ante testigos al comprador, para que o se lleve el vino, o sepa que se habr&aacute; de verter el vino; pero si pudiendo verterlo no lo verti&oacute;, es m&aacute;s bien digno de gracias; y puede tambi&eacute;n exigir retribuci&oacute;n por las tinajas, pero solamente si le import&oacute; que estuviesen vac&iacute;as las vasijas en que estuvo el vino, por ejemplo, si las hubiese de dar en arrendamiento, o si tuvo necesidad de tomar alquiladas otras tinajas. Pero es m&aacute;s conveniente que se tomen vasijas arrendadas y que no se entregue el vino, a no ser que se pague por el comprador la cantidad en que las hubiere tomado alquiladas; o vender de buena fe el vino, esto es, procurar, en cuanto puede hacerse sin perjuicio del mismo, que al comprador le resulte la cosa con el menor detrimento posible&#93;<sup><a name="nu170"></a><a href="#num170">170</a></sup>.</p>     <p>El pasaje trata de una compraventa de vino en que, habi&eacute;ndose fijado d&iacute;a para la mensura, el comprador dej&oacute; transcurrir el plazo sin llevar a cabo las providencias necesarias para practicar tal operaci&oacute;n. Una vez expirado el plazo, de acuerdo con la costumbre de la &eacute;poca, el vendedor se encontraba liberado de su obligaci&oacute;n de entrega pudiendo, "desde luego", verter el vino, pero siempre advirtiendo al comprador de sus intenciones. Sin embargo, y aqu&iacute; inician las innovaciones, nos encontramos delante de un vendedor que no procede al derramamiento, sino que decide conservar el vino; en tal caso, dice el Ulpiano (Sabino), el vendedor "<i>lau-dandus est potius" </i>(es digno de alabanza), y, para demostrar que no se trata de puro altruismo, agrega que si de ello se derivaron perjuicios, estos deben ser resarcidos. En efecto, sostiene que, por ejemplo, si el vendedor deb&iacute;a dar en arrendamiento las propias vasijas, o bien, para almacenar el propio vino ha debido tomar en arriendo otras ajenas, tendr&aacute; derecho a que repercuta en el comprador el importe del canon (que deb&iacute;a recibir o bien que tuvo que pagar). Pero el jurista no se limita a reconocer la posibilidad de resarcimiento del da&ntilde;o, sino que concede, adem&aacute;s, un derecho de retenci&oacute;n en virtud del cual el comprador no podr&aacute; retirar el vino mientras no pague al vendedor "la cantidad en las que las hubiere tomado alquiladas", que debemos interpretar en el sentido expresado m&aacute;s arriba: en cuanto "le import&oacute; que estuvieren vac&iacute;as"<sup><a name="nu171"></a><a href="#num171">171</a></sup>.</p>     <p>Por otro lado, para el caso en que no proceda la soluci&oacute;n precedente, concede un ulterior derecho al vendedor: "<i>vendere vinum bona fide</i>" (vender el vino de buena fe). N&oacute;tese en este caso la utilizaci&oacute;n de la expresi&oacute;n <i>bona fide</i>, con ella el jurista nos est&aacute; indicando que el vendedor debe actuar de buena fe, es decir, como el <i>bonus vir </i>que, en este caso, corresponder&aacute; al diligente agricultor que vende la cosecha o al diligente comerciante en el ejercicio del comercio; no basta con que vaya al mercado y venda al primero que se ofrece para comprar, sino que debe procurar el precio m&aacute;s conveniente.</p>     <p>El pasaje concluye con una frase de cierre que se considera interpolada<sup><a name="nu172"></a><a href="#num172">172</a></sup>, pero, aunque as&iacute; fuera, ella no modifica su contenido, sino que solamente lo aclara y extiende, ya que, al decir que "debe hacerse por el vendedor todo aquello que sea necesario a fin que la cosa llegue a poder del comprador con el menor detrimento posible", no hace sino hacer un enunciado general englobando todos los ejemplos anteriormente puestos, por lo dem&aacute;s, tiene el buen cuidado de aclarar que todo esto vale siempre y cuando no implique perjuicio para el mismo (vendedor). En definitiva, a trav&eacute;s de esta f&oacute;rmula resulta evidente la voluntad de tener en cuenta los diferentes intereses del comprador y del vendedor, estableciendo lo que hoy llamamos 'deber de cooperaci&oacute;n' entre las partes de la obligaci&oacute;n.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, el aspecto m&aacute;s importante que emana de este pasaje est&aacute; en relaci&oacute;n con la posici&oacute;n que corresponde al acreedor en la relaci&oacute;n obligatoria, cambio intr&iacute;nsicamente ligado a los cambios en el sistema econ&oacute;mico que se produjeron en Roma<sup><a name="nu173"></a><a href="#num173">173</a></sup>. En efecto, la soluci&oacute;n propuesta por los antiguos se ajustaba al car&aacute;cter agr&iacute;cola de la primitiva econom&iacute;a romana, donde el peligro de llegar a verter el vino era m&iacute;nimo, ya que el agricultor pod&iacute;a esperar hasta un a&ntilde;o, sin necesitar las tinajas de su bodega. Pero, una vez que la estructura econ&oacute;mica cambi&oacute;, pasando de una econom&iacute;a agr&iacute;cola a una comercial<sup><a name="nu174"></a><a href="#num174">174</a></sup>, tal soluci&oacute;n qued&oacute; obsoleta, lo cual se debe principalmente a dos factores: a) el crecimiento del tr&aacute;fico comercial conlleva el aumento de los casos en que el vendedor necesitaba las tinajas antes de un a&ntilde;o, con lo cual se multiplican los casos vertimiento del vino, y, b) el nuevo orden econ&oacute;mico no toleraba el desperdicio de los recursos, por tanto, el vino no deb&iacute;a ser vertido, sino m&aacute;s bien conservado, y los costos de conservaci&oacute;n deb&iacute;an ser, en &uacute;ltima instancia, soportados por el comprador<sup><a name="nu175"></a><a href="#num175">175</a></sup>.</p>     <p>En definitiva, mediante la imposici&oacute;n de una obligaci&oacute;n de resarcimiento, se produce la conversi&oacute;n de la naturaleza jur&iacute;dica de la cooperaci&oacute;n del comprador de vino, pasando de 'mera carga' a 'deber'. En efecto, la principal diferencia entre estos dos conceptos est&aacute; en la incoercibilidad del primero, en consecuencia, la inejecuci&oacute;n de la conducta (carga) no da origen a una obligaci&oacute;n de resarcimiento. Por lo tanto, si se establece que el comprador debe resarcir al vendedor los perjuicios que le ocasione su falta de cooperaci&oacute;n, ya no se trata de una mera carga, sino de un verdadero y propio deber<sup><a name="nu176"></a><a href="#num176">176</a></sup>. Por &uacute;ltimo, el que se trata de un verdadero 'deber' se desprende tambi&eacute;n del contenido del resarcimiento, ya que no se trata del mero reembolso de las sumas invertidas en la conservaci&oacute;n del vino, si as&iacute; fuera podr&iacute;a continuar pens&aacute;ndose en una carga, salvo que el vendedor tiene derecho a "cu&aacute;nto le import&oacute; que las tinajas estuvieran disponibles"<sup><a name="nu177"></a><a href="#num177">177</a></sup>, es decir, tiene derecho al inter&eacute;s positivo en la cooperaci&oacute;n del comprador. Cabe se&ntilde;alar que esta es tambi&eacute;n la interpretaci&oacute;n que, con valor general, hizo de este pasaje Pothier, se&ntilde;alando que el comprador deber&aacute; resarcir al vendedor incluso la ganancia que &eacute;ste habr&iacute;a podido obtener, por ejemplo, arrendando las tinajas en que estaba almacenado el vino<sup><a name="nu178"></a><a href="#num178">178</a></sup>.</P>     <p>En conclusi&oacute;n, podemos decir que D.18.6.1.3 manifiesta un cambio de tendencia, en el sentido que el comprador del vino 'debe' cooperar a fin que el vendedor pueda cumplir con su obligaci&oacute;n de entrega ya que, si no lo hace, debe resarcir el perjuicio que ello ocasione al vendedor. Es dif&iacute;cil saber hasta qu&eacute; punto se trata de una soluci&oacute;n propuesta por Sabino, por Ulpiano, o bien por los mismos compiladores<sup><a name="nu179"></a><a href="#num179">179</a></sup>, ya que en el periodo alto-post-cl&aacute;sico la obra de Ulpiano sufri&oacute; cambios radicales y esta revisi&oacute;n removi&oacute; completamente el original cl&aacute;sico (donde el jurista habr&iacute;a tenido el buen cuidado de distinguir entre sus comentarios y las citas de Sabino), situaci&oacute;n que fue incluso empeorada por los compiladores, ya que estos actuaron sin cautela, unas veces cortando y otras refundiendo en una varias citas, de manera que, de tanto en tanto, la opini&oacute;n de un jurista qued&oacute; en boca del otro<sup><a name="nu180"></a><a href="#num180">180</a></sup>.</p>     <p>No obstante la confusi&oacute;n creada por el paso de mano en mano de la soluci&oacute;n original, somos proclives a pensar que, cuando menos un esbozo de la soluci&oacute;n contenida en el pasaje, deb&iacute;a ya encontrarse en la obra de Sabino, dado que &eacute;ste no es el &uacute;nico caso que encontramos en el Digesto relativo al mismo argumento y atribuido al mismo jurista<sup><a name="nu181"></a><a href="#num181">181</a></sup>. En efecto, encontramos tambi&eacute;n un pasaje perteneciente a Pomponio, precisamente de su obra <i>Comentarios a Sabino</i><sup><a name="nu182"></a><a href="#num182">182</a></sup>, donde, hablando del <i>Damnum Infectus</i><sup><a name="nu183"></a><a href="#num183">183</a></sup> realiza un razonamiento a contrario y establece que forma parte del contrato de compraventa, por tanto, sancionable con responsabilidad contractual, la obligaci&oacute;n del comprador de cooperar con el vendedor para el cumplimiento de su obligaci&oacute;n, se trata de D.19.1.9:</p>     <p><i>Pomponius 20 ad Sab. "Si is, qui lapides ex fundo emerit, tollere eos nolit, ex vendito agi cum eo </i><i>potest, ut eos tollat"</i>. &#91;Si el que hubiere comprado piedras de un fundo no las quisiera sacar, puede ejercitarse contra &eacute;l la acci&oacute;n de venta, para que las saque&#93;.</p>     <p>En este pasaje el jurista concede la <i>actio venditi </i>para obtener el retiro unas piedras precedentemente vendidas. Se debe tener en cuenta que dicha <i>actio </i>tiene por objeto exigir el pago del precio, D.19.1.13.19, pudiendo el vendedor, adem&aacute;s, solicitar los intereses corrientes desde el d&iacute;a de la entrega hasta la fecha del pago<sup><a name="nu184"></a><a href="#num184">184</a></sup>, D.19.1.13.20, y el reembolso de los gastos que hubiere hecho en la cosa vendida, D.19.1.13.22. Sin embargo, en este caso ella es concedida para proteger "el inter&eacute;s del vendedor en la remoci&oacute;n de las piedras"<sup><a name="nu185"></a><a href="#num185">185</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La pregunta que cabe en este caso es &iquest;por qu&eacute; se concede al deudor (vendedor) la acci&oacute;n de venta y no se le ordena efectuar el pago por consignaci&oacute;n? en efecto, alguno podr&iacute;a pensar que bastaba que el deudor hiciera retirar por su cuenta las piedras, las depositara en un lugar que le hubiera sido indicado por el juez y as&iacute; se liberaba de la obligaci&oacute;n. La verdad es que el dep&oacute;sito de la cosa debida con efectos liberatorios en la &eacute;poca de Sabino, y de Pomponio, no se conoc&iacute;a, lo cual vale s&oacute;lo para la soluci&oacute;n originaria pues, en la &eacute;poca de la Compilaci&oacute;n el pago por consignaci&oacute;n era una instituci&oacute;n reconocida, los juristas la sancionan en un considerable n&uacute;mero de pasajes<sup><a name="nu186"></a><a href="#num186">186</a></sup>. Cabe entonces preguntarse: &iquest;por qu&eacute; insisten en la misma soluci&oacute;n?, &iquest;por qu&eacute; reconocen al deudor la posibilidad de ejercer la acci&oacute;n de la venta y no aplican las normas del pago por consignaci&oacute;n? A nuestro entender la respuesta ser&iacute;a: porque en este caso dicha instituci&oacute;n no es de ayuda; en efecto, la forma en que ella funciona la hace inaplicable al caso concreto. Tres son los pasos que deben seguirse para que la consignaci&oacute;n se estime completa: la oferta de la cosa debida, <i>oblatio, </i>la aposici&oacute;n de sellos, <i>obsignatio</i>, y la entrega en manos de un tercero, <i>depositio</i>, luego de lo cual se declara la suficiencia del pago y el deudor ve extinguida su obligaci&oacute;n<sup><a name="nu187"></a><a href="#num187">187</a></sup>. En el caso propuesto, el deudor deber&iacute;a tomar las piedras y transportarlas al lugar designado para el dep&oacute;sito, el problema es que el costo de realizar tal trabajo podr&iacute;a superar el precio que el comprador hab&iacute;a pagado por las piedras y, en todo caso, significar&iacute;a un considerable desembolso.</p>     <p>Si el deudor ejecutaba semejante operaci&oacute;n, ve&iacute;a extinguida su obligaci&oacute;n de entrega, pero el que era su acreedor se transformaba en su deudor, por el costo de la remoci&oacute;n de las piedras, por otro lado, qu&eacute; diremos respecto del <i>interesse </i>del vendedor a que el fundo quedara libre de las piedras oportunamente. En cuanto al costo de remoci&oacute;n, por analog&iacute;a, podemos pensar que habr&iacute;a obtenido la suma mediante arbitraje, como dicen Sexto Elio, Druso y Celso cuando se trataba de los gastos que el vendedor hubiera efectuado en la alimentaci&oacute;n del esclavo, durante la mora del acreedor en recibir, D.19.1.38.1. Pero, &iquest;qu&eacute; hay respecto del <i>interesse</i>?, &eacute;ste ciertamente no ten&iacute;a cabida cuando se trataba de obtener el mero reembolso. En definitiva, la soluci&oacute;n del Sabino (Pomponio) es la m&aacute;s oportuna, declara que el comprador, derivado directamente del contrato de compraventa, 'debe' prestarse para que el deudor cumpla con su obligaci&oacute;n de entrega, en consecuencia, el vendedor puede exigir directamente el cumplimiento forzado de este deber mediante la <i>actio venditi</i>, la cual, por tratarse de una acci&oacute;n que daba origen al resarcimiento del <i>id quod interest </i>(<i>ex fide bona</i>), daba al vendedor la posibilidad de obtener 'cuanto le import&oacute; que el fundo hubiera sido liberado en tiempo', es decir, quedaba protegido incluso el inter&eacute;s que el deudor ten&iacute;a en el efectivo cumplimiento de la obligaci&oacute;n.</p>     <p>Ahora bien, el mismo razonamiento basado en la <i>bona fides </i>nos lleva a concluir que, para el caso en que sea procedente el pago por consignaci&oacute;n, el deudor deb&iacute;a valerse de este medio, ya que la 'obligaci&oacute;n' del comprador de asistir a la entrega nac&iacute;a solamente en caso que fuera estrictamente necesario, por lo dem&aacute;s, el deudor deb&iacute;a realizar todo aquello que pudiera ejecutar sin la cooperaci&oacute;n del acreedor<sup><a name="nu188"></a><a href="#num188">188</a></sup>. En efecto, el <i>synallagma </i>contractual impone que, mientras el inter&eacute;s del deudor no se vea afectado (como nos dice Ulpiano), &eacute;l debe "procurar que la cosa llegue al acreedor con el menor detrimento posible", s&oacute;lo as&iacute; quedan en equilibrio los diversos intereses en juego.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, cabe se&ntilde;alar que la doctrina ha dado otra interpretaci&oacute;n al pasaje de Pomponio. En efecto, algunos autores sostienen que la raz&oacute;n por la cual el jurista habr&iacute;a concedido la <i>actio venditi </i>ser&iacute;a la existencia de un pacto expreso entre las partes, en virtud del cual el comprador deb&iacute;a desescombrar el fundo del vendedor, es decir, se tratar&iacute;a de una obligaci&oacute;n contractual del comprador<sup><a name="nu189"></a><a href="#num189">189</a></sup>. En este sentido se expresa Windscheid, quien afirma que "el deudor no tiene ning&uacute;n derecho (y por ello ninguna acci&oacute;n) a la aceptaci&oacute;n. Pero una obligaci&oacute;n del acreedor, de recibir del deudor dentro de un cierto t&eacute;rmino el objeto a prestar, puede ser constituida expresa o t&aacute;citamente por el hecho generador del derecho de cr&eacute;dito", citando como ejemplo D.19.1.9<sup><a name="nu190"></a><a href="#num190">190</a></sup>. N&oacute;tese que reconoce que la obligaci&oacute;n del acreedor puede ser contra&iacute;da t&aacute;citamente, hoy en d&iacute;a podr&iacute;amos decir 'emanar de la naturaleza de la obligaci&oacute;n', en base a la buena fe contractual.</p>     <p>Esta &uacute;ltima es precisamente la interpretaci&oacute;n que Pother hac&iacute;a de la situaci&oacute;n que nos ocupa. En efecto, este autor, por un lado, sosten&iacute;a que en el contrato de compraventa, por ser rec&iacute;procas las obligaciones, todo aquello que la buena fe impone al vendedor, se entiende tambi&eacute;n para el comprador<sup><a name="nu191"></a><a href="#num191">191</a></sup>. Por otro lado, entend&iacute;a que "una de una de las obligaciones que contrae el comprador y que nace de la naturaleza del contrato, es la de llevarse los g&eacute;neros que le han sido vendidos, y cuando por notificaci&oacute;n judicial haya sido declarado en demora de cumplir esta obligaci&oacute;n, deber&aacute; responder de los da&ntilde;os y perjuicios que el vendedor haya sufrido desde el d&iacute;a en que tal notificaci&oacute;n tuvo lugar, en concepto de gastos de almacenaje"<sup><a name="nu192"></a><a href="#num192">192</a></sup>. Si bien en este punto lo limita a los gastos de almacenaje, el autor comprend&iacute;a tambi&eacute;n el resarcimiento del lucro cesante, pues en las Pandectas, al analizar D.18.6.1.3, habla tambi&eacute;n de las mercedes que el vendedor hubiera podido obtener arrendando las vasijas<sup><a name="nu193"></a><a href="#num193">193</a></sup>. En definitiva, seg&uacute;n Pothier, en virtud de su car&aacute;cter sinalagm&aacute;tico, del contrato de compraventa surgen 'naturalmente' obligaciones para ambas partes, entre las cuales se enumera la obligaci&oacute;n del comprador de retirar la cosa comprada en tiempo y forma (cooperar para la entrega) y, en caso contrario, se hace responsable de todo el da&ntilde;o que esto acarree al vendedor<sup><a name="nu194"></a><a href="#num194">194</a></sup>.</p>     <p><font size="3"><b>8. Los diversos factores que nos pueden llevar a tomar una decisi&oacute;n en la materia</b></font></p>     <p>Como hemos tenido ocasi&oacute;n de ver, el ordenamiento jur&iacute;dico desde antiguo se ha preocupado por las consecuencias que de la falta de cooperaci&oacute;n del acreedor se derivan para la relaci&oacute;n obligatoria. Hoy en d&iacute;a, a partir de dichas consecuencias, la doctrina trata de establecer cu&aacute;l es la naturaleza jur&iacute;dica de la cooperaci&oacute;n del acreedor al cumplimiento. Por tratarse de argumento delicado, es dif&iacute;cil llegar a un consenso, en consecuencia, han surgido tantas teor&iacute;as como posibilidades se han presentado: 'facultad', 'obligaci&oacute;n', 'deber', 'carga'.</p>     <p>Estimamos que, a fin de dar una respuesta cabal a este problema, es necesario resolver algunas cuestiones previas a) la mora del acreedor, supone su culpa o se trata de un hecho objetivo; b) qu&eacute; suerte corre la prestaci&oacute;n a causa de la falta de cooperaci&oacute;n del acreedor; c) si en la relaci&oacute;n obligatoria destaca s&oacute;lo el inter&eacute;s del acreedor o bien puede tambi&eacute;n considerarse el eventual inter&eacute;s del deudor al cumplimiento efectivo de la prestaci&oacute;n; d) procede o no resarcimiento por los eventuales perjuicios que la falta de cooperaci&oacute;n del acreedor ocasione al deudor; e) por &uacute;ltimo, si en caso de protegerse el inter&eacute;s del deudor mediante una obligaci&oacute;n de resarcimiento, pueden configurarse causales de eximente de responsabilidad para el acreedor.</p>     <p>Para responder todas estas preguntas es posible apoyarse en el Derecho romano, de donde en &uacute;ltima instancia derivan todas las teor&iacute;as antes expuestas.</p>     <p>a.&nbsp;Respecto a la <i>mora creditoris</i>, ya desde el Derecho romano no es sino un medio para proteger al deudor de la inercia del acreedor cuando, por diversas razones, no pueda recibir la prestaci&oacute;n, sin que cobre importancia si la negativa a cooperar sea voluntaria o bien causada por una fuerza irresistible. Por tanto, no tiene lugar el hablar de culpa del acreedor, sino que, para que produzcan los efectos de la mora bastar&aacute; el hecho objetivo de la no cooperaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>b.&nbsp;A los efectos de determinar si el acreedor tiene o no la necesidad de prestarse para el cumplimiento es &uacute;til determinar si la obligaci&oacute;n subsiste o no sin esa cooperaci&oacute;n. En este sentido hemos visto que ya desde el Derecho romano la falta de cooperaci&oacute;n del acreedor pod&iacute;a dar lugar a la extinci&oacute;n de la obligaci&oacute;n, sin responsabilidad por parte del deudor. En efecto, la m&aacute;s antigua jurisprudencia admit&iacute;a que el vendedor de vino pudiera incluso verter el vino, si el comprador no se presentaba en tiempo a recogerlo. Si tuvi&eacute;ramos que atenernos a esta sola consideraci&oacute;n, deber&iacute;amos necesariamente concluir que la cooperaci&oacute;n del acreedor constituye una 'carga', pues si &eacute;l no quiere ver extinto su derecho de cr&eacute;dito deber&aacute; presentarse en tiempo y forma a prestar su colaboraci&oacute;n<sup><a name="nu195"></a><a href="#num195">195</a></sup>. Cabe se&ntilde;alar que desde este punto de vista la cooperaci&oacute;n no constituye nunca una facultad, ya que, en &uacute;ltima instancia, el deudor dispone siempre de la excepci&oacute;n de prescripci&oacute;n, es decir, la carga del acreedor podr&aacute; ser m&aacute;s o menos estricta, pero, si no la lleva a cabo, deber&aacute; siempre asumir las consecuencias<sup><a name="nu196"></a><a href="#num196">196</a></sup>. Sin embargo, el s&oacute;lo inter&eacute;s a no ver extinguido su derecho, no es suficiente para calificar fundadamente la cooperaci&oacute;n del acreedor, sino que debemos atenernos a los dem&aacute;s que hemos enunciado, antes de llegar a una conclusi&oacute;n.</p>     <p>c.&nbsp;Otro aspecto fundamental, a fin de decidir la naturaleza jur&iacute;dica de la cooperaci&oacute;n est&aacute; en relaci&oacute;n con los intereses del deudor que cobran vigor en la relaci&oacute;n obligatoria, al respecto puede hablarse: a) del inter&eacute;s a no ver agravada su posici&oacute;n, b) inter&eacute;s sobre la liberaci&oacute;n de la obligaci&oacute;n, c) inter&eacute;s sobre la contraprestaci&oacute;n y d) para algunos, inter&eacute;s en el cumplimiento efectivo de la obligaci&oacute;n<sup><a name="nu197"></a><a href="#num197">197</a></sup>. De todos estos intereses nos parece que el derecho a la contraprestaci&oacute;n, por referirse a los casos en que el deudor tenga a su vez el car&aacute;cter de acreedor, se trata m&aacute;s de una tutela al cr&eacute;dito que una protecci&oacute;n a los intereses del deudor; en lo que se refiere al inter&eacute;s en no ver agravada su posici&oacute;n y de ser liberado del v&iacute;nculo obligatorio, hoy en d&iacute;a no hay mayores discusiones, ya que, por lo dem&aacute;s, son reconocidos desde antiguo con la instituci&oacute;n de la '<i>mora creditoris</i>' y sus respectivas consecuencias<sup><a name="nu198"></a><a href="#num198">198</a></sup>. Aquel que se presenta m&aacute;s complejo, es precisamente aquel que lleva a determinar la posici&oacute;n del acreedor en la relaci&oacute;n obligatoria, es decir, el 'inter&eacute;s del deudor en el cumplimiento efectivo de la prestaci&oacute;n'<sup><a name="nu199"></a><a href="#num199">199</a></sup>.</p>     <p>Ahora bien, desde un punto de vista meramente f&aacute;ctico es indudable que en muchas ocasiones el deudor tiene un notable inter&eacute;s en la efectiva ejecuci&oacute;n de la prestaci&oacute;n. Se trata no s&oacute;lo de verse libre del v&iacute;nculo obligatorio, sino de llevarlo a cabo mediante cumplimiento. En este sentido es posible distinguir entre 'inter&eacute;s' econ&oacute;mico interno' de la relaci&oacute;n obligatoria e 'inter&eacute;s econ&oacute;mico externo', en cuanto este &uacute;ltimo no es intr&iacute;nseco a la relaci&oacute;n obligatoria, &eacute;ste ser&iacute;a precisamente el caso en que el deudor tenga un objetivo inter&eacute;s en el cumplimiento de la obligaci&oacute;n, pero que &eacute;ste no forme parte de la relaci&oacute;n obligatoria, es decir, sea 'externo' a la misma<sup><a name="nu200"></a><a href="#num200">200</a></sup>; esto sucede frecuentemente con aquellas prestaciones de car&aacute;cter intelectual, por ejemplo, cuando a un artista se le encomienda la realizaci&oacute;n de una obra de arte y &eacute;l tiene inter&eacute;s de exhibirla luego en una muestra o participar en un concurso; o cuando un escritor es contratado por una casa editorial, &eacute;ste no s&oacute;lo tiene inter&eacute;s en el dinero que eventualmente pueda recibir, sino tambi&eacute;n a la publicaci&oacute;n misma de la obra; est&aacute;n tambi&eacute;n los casos del actor que es contratado para presentar un montaje, del cient&iacute;fico que es contratado para realizar una investigaci&oacute;n, el profesor que es contratado para dictar conferencias o lecciones, etc. En todos estos casos la simple 'liberaci&oacute;n' del v&iacute;nculo obligatorio no es suficiente para dar por satisfecho el inter&eacute;s del deudor, entonces la pregunta que cabe es: &iquest;este inter&eacute;s del deudor en el cumplimiento efectivo de la prestaci&oacute;n, merece tutela jur&iacute;dica? Desde ya es preciso dejar claro que, si ha habido de parte del acreedor un empe&ntilde;o en orden a que ser&aacute; respetado tal inter&eacute;s, el derecho del deudor es tutelado, porque, en el fondo, se trata de una obligaci&oacute;n contra&iacute;da por el acreedor<sup><a name="nu201"></a><a href="#num201">201</a></sup>. La cuesti&oacute;n es: &iquest;qu&eacute; pasa en aquellos casos en que no ha existido entre las partes ning&uacute;n acuerdo al respecto?</p>     <p>Con respecto a esta cuesti&oacute;n la doctrina est&aacute; dividida, por una parte est&aacute;n aquellos para quienes el inter&eacute;s del deudor en el efectivo cumplimiento cobrar&aacute; importancia s&oacute;lo en caso que el contrato tutele el derecho del deudor a ejecutar la prestaci&oacute;n, fuera de ese caso, dicho inter&eacute;s no tendr&iacute;a relevancia jur&iacute;dica<sup><a name="nu202"></a><a href="#num202">202</a></sup>. En otra posici&oacute;n est&aacute;n aquellos que sostienen la existencia de un inter&eacute;s general del deudor por obtener la liberaci&oacute;n del v&iacute;nculo mediante la ejecuci&oacute;n efectiva de la prestaci&oacute;n<sup><a name="nu203"></a><a href="#num203">203</a></sup>. Por &uacute;ltimo, est&aacute;n aquellos que reconocen la existencia de este inter&eacute;s, pero agregan que su protecci&oacute;n no puede ser declarada en forma general, sino que depender&aacute; del caso particular, ser&aacute;n las circunstancias de la relaci&oacute;n las que determinar&aacute;n si es digno o no de protecci&oacute;n<sup><a name="nu204"></a><a href="#num204">204</a></sup>. En este &uacute;ltimo punto, una opini&oacute;n proclama que el derecho al cumplimiento se puede configurar con certeza s&oacute;lo en una hip&oacute;tesis: cuando el cumplimiento constituya el &uacute;nico medio para el deudor de conseguir la liberaci&oacute;n del v&iacute;nculo obligatorio; por tanto, se deber&iacute;a hablar de 'derecho a la liberaci&oacute;n mediante cumplimiento'<sup><a name="nu205"></a><a href="#num205">205</a></sup>.</p>     <p>Siguiendo una vez m&aacute;s a la jurisprudencia romana, creemos que el pasaje de Sabino (Pomponio) contendido en D.19.1.9 nos demuestra que el inter&eacute;s del deudor en el cumplimiento puede encontrar tutela jur&iacute;dica, no s&oacute;lo a trav&eacute;s de una verdadera obligaci&oacute;n, sino como un deber impuesto por la buena fe contractual. En efecto, ese pasaje revela que el acreedor no siempre es libre para decidir si prestarse o no para la ejecuci&oacute;n del contrato, sino que, a veces, se ve constre&ntilde;ido por las circunstancias, podr&iacute;amos decir por 'la naturaleza de la obligaci&oacute;n' lo que, a fin de cuentas, se traduce en el inter&eacute;s que tenga el deudor en el efectivo cumplimiento de la prestaci&oacute;n. Pero de las fuentes romanas tambi&eacute;n emana que en aquellos casos en que el deudor no tenga un efectivo inter&eacute;s en la ejecuci&oacute;n, es decir, cuando la no ejecuci&oacute;n no le ocasione perjuicios, debe realizar todo aquello que pueda llevar a cabo sin la cooperaci&oacute;n del acreedor, y al efecto se establecen el dep&oacute;sito de la cosa debida y, en general, todas las consecuencias que emanan de la <i>mora creditoris</i>. Es decir, en la jurisprudencia romana se tutela el inter&eacute;s del deudor en aquellos casos en que la efectiva ejecuci&oacute;n de la prestaci&oacute;n conlleve un beneficio adicional para &eacute;l mismo ('inter&eacute;s econ&oacute;mico externo') o, desde el otro lado de la medalla, resulta perjudicado con la simple liberaci&oacute;n del v&iacute;nculo obligatorio; en los dem&aacute;s casos el deudor no puede implorar por la cooperaci&oacute;n del acreedor<sup><a name="nu206"></a><a href="#num206">206</a></sup>.</p>     <p>Ahora bien, la pregunta que nos queda es c&oacute;mo haremos para determinar cu&aacute;ndo el inter&eacute;s del deudor en la efectiva ejecuci&oacute;n de la prestaci&oacute;n tiene relevancia jur&iacute;dica y cu&aacute;ndo carece de ella. Para esto podemos recurrir a la cl&aacute;usula de buena fe, que impone a las partes del contrato la protecci&oacute;n de los intereses de la contraparte, en base a las circunstancias que rodeen la relaci&oacute;n obligatoria o, para decirlo con palabras de Pother, cuando ello sea impuesto por 'naturaleza de la obligaci&oacute;n'. En el ordenamiento chileno esta conclusi&oacute;n es avalada por el texto del art&iacute;culo 1546 que a prop&oacute;sito de la buena fe establece:</p>     <p>Cc. ch. art&iacute;culo 1546: "Los contratos deben ejecutarse de buena fe, y por consiguiente obligan no s&oacute;lo a lo que ellos se expresa, sino a todas las cosas que emanan precisamente la naturaleza de la obligaci&oacute;n, o que por la ley o la costumbre pertenecen a ella".</p>     <p>Nuestra conclusi&oacute;n es tambi&eacute;n ratificada por la interpretaci&oacute;n que la doctrina m&aacute;s autorizada ha hecho de este art&iacute;culo, en efecto, a prop&oacute;sito de &eacute;l nos dice Guzm&aacute;n Brito: "el art&iacute;culo 1546, cuando discurre sobre ciertas cosas que emanan de la naturaleza de la obligaci&oacute;n, no establece una expresi&oacute;n t&eacute;cnica, definida por la ley. Se trata simplemente de un giro de lenguaje, que perfectamente pudo ser sustituido por otro, empleado para expresar la idea de que a partir del ser, estructura u organizaci&oacute;n de cada obligaci&oacute;n pueda derivarse algo no declarado, pero que resulta necesario para la total satisfacci&oacute;n de la prestaci&oacute;n obligatoria de que se trata. Por lo tanto, <i>es menester un examen caso a caso de la concreta obligaci&oacute;n expresada y de su naturaleza</i>, para determinar si de ella emana otra 'cosa' que deba ser considerada tambi&eacute;n obligatoria, si bien no haya sido expresada como obligaci&oacute;n (la cursiva es nuestra)"<sup><a name="nu207"></a><a href="#num207">207</a></sup>.</p>     <p>En consecuencia, ser&aacute; la aplicaci&oacute;n de la buena fe objetiva lo que nos dir&aacute; si el deudor resulta o no perjudicado con la inejecuci&oacute;n y, de ser as&iacute;, pasaremos del campo de la cooperaci&oacute;n al cumplimiento al 'deber de cooperaci&oacute;n entre las partes'.</p>     <p>d. Sin perjuicio de lo anterior, uno de los factores m&aacute;s importantes a la hora de optar por una u otra teor&iacute;a es saber qu&eacute; suerte corren los perjuicios que se sigan de la falta de cooperaci&oacute;n del acreedor. En efecto, dado que, por regla general, la mora del acreedor deja inc&oacute;lume el v&iacute;nculo obligatorio, el deudor muchas veces incurrir&aacute; en gastos ulteriores relativos a su propia condici&oacute;n de deudor, as&iacute; como podr&aacute; sufrir da&ntilde;os derivados de la prolongaci&oacute;n del v&iacute;nculo obligatorio<sup><a name="nu208"></a><a href="#num208">208</a></sup>. En concreto, el punto aqu&iacute; es la incompatibilidad que existe entre las nociones de carga y resarcimiento del da&ntilde;o, es decir, si determinamos que el acreedor debe resarcir al deudor por los da&ntilde;os derivados de su incumplimiento, no podemos hablar de carga, ni mucho menos de facultad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, tambi&eacute;n en este punto la jurisprudencia romana nos da pautas a seguir, efectivamente, Ulpiano (o sabin o) en D.18.6.1.3, nos dice que en caso que de la falta de cooperaci&oacute;n al cumplimiento se originen perjuicios al deudor, estos deben ser resarcidos por el acreedor, pues el deudor tiene derecho a 'todo aquello que habr&iacute;a obtenido si la cooperaci&oacute;n hubiese sido prestada en forma y oportunidad'. A la misma conclusi&oacute;n llegamos en el caso de D.19.1.9, pues se trataba de una consecuencia 'natural' de la <i>actio venditi</i>, que conllevaba siempre el resarcimiento del <i>id quod interest</i>, es decir, todo aquello que interesaba al vendedor, sin necesidad de que el jurista lo dijera expresamente. En virtud de esta conclusi&oacute;n, el acreedor no ser&iacute;a totalmente libre para prestar o no su cooperaci&oacute;n, ya que si ocasiona da&ntilde;os al deudor &eacute;l debe resarcir, y esta obligaci&oacute;n de resarcimiento se opone a los conceptos de 'facultad' y de 'carga'. Sin embargo, esta conclusi&oacute;n no puede ser generalizada sin ulteriores consideraciones, pues en la legislaci&oacute;n moderna ello no parece tan claro.</p>     <p>En este punto cobran importancia los art&iacute;culos que se refieren a los efectos de la mora del acreedor, en particular aquellos que regulan la eventual obligaci&oacute;n de resarcimiento. As&iacute;, por ejemplo, en la convenci&oacute;n de compraventa internacional de mercader&iacute;as, la cooperaci&oacute;n del comprador al cumplimiento de la obligaci&oacute;n est&aacute; elevada a obligaci&oacute;n, esto se desprende de los art&iacute;culos 53<sup><a name="nu209"></a><a href="#num209">209</a></sup>, 60<sup><a name="nu210"></a><a href="#num210">210</a></sup>, 61<sup><a name="nu211"></a><a href="#num211">211</a></sup> y 74<sup><a name="nu212"></a><a href="#num212">212</a></sup>, en virtud de los cuales el comprador adeuda su colaboraci&oacute;n so pena de resarcir integralmente al vendedor, y dicha colaboraci&oacute;n incluye "adoptar las medidas y cumplir los requisitos fijados por las leyes o los reglamentos pertinentes para que sea posible el pago"<sup><a name="nu213"></a><a href="#num213">213</a></sup>.</p>     <p>Una situaci&oacute;n particular se presenta en Italia, donde resulta del todo discutible que la cooperaci&oacute;n del acreedor pueda constituir una carga, toda vez que el art&iacute;culo 1207 del <i>Codice civile </i>establece que el acreedor queda obligado al resarcimiento del da&ntilde;o que ocasione al deudor, adem&aacute;s del reembolso por los gastos de custodia<sup><a name="nu214"></a><a href="#num214">214</a></sup>. Sin embargo, parte de la doctrina italiana m&aacute;s autorizada afirma con convicci&oacute;n que se trata precisamente de una carga y que dicha obligaci&oacute;n de resarcimiento tiene como fundamento el principio general en virtud del cual el deudor debe quedar exento del perjuicio ocasionado por el hecho del acreedor, sea que &eacute;ste incurra o no en culpa, por consiguiente, la norma ser&iacute;a coherente con la exigencia que el riesgo de la no aceptaci&oacute;n o cooperaci&oacute;n del acreedor recaiga sobre &eacute;l mismo sin que resulte agravada la posici&oacute;n del deudor<sup><a name="nu215"></a><a href="#num215">215</a></sup>. Tal conclusi&oacute;n no es para nada errada, en cuanto es precisamente ese el fundamento de la <i>mora creditoris</i>, pero no tiene en cuenta el hecho que la noci&oacute;n jur&iacute;dica de carga es incompatible con la noci&oacute;n de resarcimiento<sup><a name="nu216"></a><a href="#num216">216</a></sup>. A decir verdad, vista la redacci&oacute;n de la disposici&oacute;n, es l&oacute;gico pensar que se trata de una 'obligaci&oacute;n' propiamente tal, as&iacute; como propone otro respetable sector de la doctrina, pero en tal caso surge una gran dificultad: la desnaturalizaci&oacute;n de la relaci&oacute;n obligatoria. En efecto, la obligaci&oacute;n supone siempre una parte activa y otra pasiva (un deudor y un acreedor), y si aceptamos que el acreedor tiene la obligaci&oacute;n de prestar su colaboraci&oacute;n, con la consiguiente obligaci&oacute;n de resarcimiento, de la cual se liberar&aacute; s&oacute;lo ante una de las eximentes de responsabilidad establecidas para el deudor, ya no podremos distinguir qui&eacute;n es qui&eacute;n en la relaci&oacute;n obligatoria, &eacute;sta pierde su esencia<sup><a name="nu217"></a><a href="#num217">217</a></sup>. En consecuencia, nos parece que en el ordenamiento jur&iacute;dico italiano ser&iacute;a m&aacute;s atendible aquella posici&oacute;n que pone la cooperaci&oacute;n del acreedor como un deber secundario de conducta<sup><a name="nu218"></a><a href="#num218">218</a></sup>, como un "<i>obbligo</i>" derivado de la buena fe contractual impuesta tanto al deudor como al acreedor en virtud de los art&iacute;culos 1175 y 1375 del <i>Codice civile</i><sup><a name="nu219"></a><a href="#num219">219</a></sup>, sin embargo, tampoco esta soluci&oacute;n est&aacute; exenta de objeciones, pues, efectivamente, hay casos en que ver un deber secundario de conducta en relaci&oacute;n al acreedor parece demasiado forzado, &iquest;deber&iacute;amos acaso decir que el pasajero que compra un boleto de avi&oacute;n tiene el deber secundario de conducta de presentarse al aeropuerto en tiempo para subir al avi&oacute;n?</p>     <p>En lo que a nosotros toca m&aacute;s de cerca, el C&oacute;digo Civil chileno, cabe se&ntilde;alar que en &eacute;l no existe una reglamentaci&oacute;n general de la <i>mora creditoris </i>y que su reconstrucci&oacute;n es doctrinariamente realizada en base a aisladas disposiciones<sup><a name="nu220"></a><a href="#num220">220</a></sup>, adem&aacute;s, la doctrina ha puesto de manifiesto que las disposiciones relativas al resarcimiento de perjuicios, art&iacute;culos 1556-1558, se refieren solamente al perjuicio causado por el deudor al acreedor, sin hacer menci&oacute;n del perjuicio que pueda causar el acreedor al deudor<sup><a name="nu221"></a><a href="#num221">221</a></sup>. Las &uacute;nicas disposiciones que tocan el argumento son el art&iacute;culo 1604, que pone a cargo del acreedor las 'expensas' que genera el pago mediante dep&oacute;sito, y el antes citado el art&iacute;culo 1827<sup><a name="nu222"></a><a href="#num222">222</a></sup>, pero esta disposici&oacute;n est&aacute; puesta en materia de compraventa, que es donde hist&oacute;ricamente ha sido tratado el problema que nos ocupa<sup><a name="nu223"></a><a href="#num223">223</a></sup>, adem&aacute;s, ambas disposiciones se refieren &uacute;nicamente al reembolso de los gastos efectuados por el deudor, sin hacer menci&oacute;n de los eventuales perjuicios (ni los niegan ni los autorizan), por consiguiente, no son suficientes para hacer un enunciado general.</p>     <p>En consecuencia, para determinar si en el ordenamiento jur&iacute;dico chileno es o no posible establecer una obligaci&oacute;n de resarcimiento que pese sobre el acreedor, debemos recurrir a los principios generales de nuestro C&oacute;digo, entre los cuales se cuenta el principio de buena fe contractual, que tiene una funci&oacute;n expresamente integradora, art&iacute;culo 1546<sup><a name="nu224"></a><a href="#num224">224</a></sup>, y en virtud del cual se "impone a los contratantes el deber de comportarse correcta y lealmente en sus relaciones mutuas, desde el inicio de los tratos preliminares y hasta momentos incluso ulteriores a la terminaci&oacute;n del contrato"<sup><a name="nu2251"></a><a href="#num225">225</a></sup>. En consecuencia, nos parece que el art&iacute;culo 1827 lo que hace es explicitar para la compraventa un principio de general aplicaci&oacute;n, en virtud del cual todas las p&eacute;rdidas que el deudor sufra por tener empe&ntilde;adas sus fuerzas laborales m&aacute;s all&aacute; de lo necesario, as&iacute; como los gastos extras que deba realizar para cumplir cabalmente, deben correr por cuenta del acreedor, esto no es s&oacute;lo una consecuencia de la mora <i>creditoris</i>, sino que est&aacute; &iacute;ntimamente ligado con el equilibrio contractual, pues el acreedor no puede exigir al deudor un sacrifico mayor a aquel que hab&iacute;a previsto al tiempo de obligarse, se trata de conservar el <i>synallagma </i>contractual<sup><a name="nu226"></a><a href="#num226">226</a></sup>, que en nuestro C&oacute;digo est&aacute; reconocido incluso para el deudor incumplido, a trav&eacute;s de la limitaci&oacute;n del resarcimiento a los da&ntilde;os previsibles, art&iacute;culo 1558, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s queda entonces para el deudor que se apresta a cumplir? Por otro lado, hemos visto que en virtud de la buena fe se impone al acreedor el deber de tener en consideraci&oacute;n los intereses del deudor en la efectiva ejecuci&oacute;n de la prestaci&oacute;n, que no siempre cobran relevancia jur&iacute;dica, pero cuando la cobran merecen una tutela, y &eacute;sta se encontrar&aacute; a trav&eacute;s del resarcimiento, que es precisamente lo que distingue el deber de las meras facultades o cargas.</p>     <p>En definitiva, si las circunstancias (naturaleza) de la obligaci&oacute;n lo ameritan, es perfectamente posible que el acreedor<sup><a name="nu227"></a><a href="#num227">227</a></sup> sea condenado a resarcir perjuicios al deudor, y dicho resarcimiento deber&iacute;a regirse por las mismas reglas que rigen el resarcimiento de la obligaci&oacute;n principal, es decir, comprender tanto el da&ntilde;o emergente como el lucro cesante, art&iacute;culo 1556<sup><a name="nu228"></a><a href="#num228">228</a></sup>, y se aplicar&aacute; el art&iacute;culo 1558 sobre la previsibilidad y causalidad de los da&ntilde;os; adem&aacute;s, el deudor deber&aacute; comportarse conforme a los dictados de la diligencia del buen padre de familia, y en base a ella evitar o mitigar los perjuicios que la falta de cooperaci&oacute;n del acreedor pueda ocasionarle<sup><a name="nu229"></a><a href="#num229">229</a></sup>.</p>     <p>e. Pero nos queda todav&iacute;a una &uacute;ltima cuesti&oacute;n, &iquest;dentro de qu&eacute; limites puede el acreedor ser obligado a prestar su colaboraci&oacute;n? en otras palabras &iquest;c&oacute;mo se libera de su obligaci&oacute;n de resarcir perjuicios al deudor? en efecto, si determinamos que el deudor tiene un inter&eacute;s en el cumplimiento y que &eacute;ste es digno de protecci&oacute;n jur&iacute;dica, debe determinarse cu&aacute;les ser&iacute;an las causales que autorizar&iacute;an una negativa por parte del acreedor, es decir, cu&aacute;les ser&iacute;an las eximentes de responsabilidad. Pues bien, es claro que si el deber de cooperaci&oacute;n emana de una cl&aacute;usula contractual expresamente prevista por las partes, el acreedor no se libera sino de acuerdo a las reglas que rigen la extinci&oacute;n de la obligaci&oacute;n por imposibilidad sobreviniente no imputable al deudor. El punto es &iquest;cu&aacute;ndo el deber de cooperar emana de la buena fe contractual, cu&aacute;l es el l&iacute;mite a dicha exigibilidad? Para responder a esta pregunta es necesario distinguir, dependiendo del contenido o fundamento de la obligaci&oacute;n de resarcimiento, si ella pretende reembolsar al deudor los mayores gastos que haya debido realizar, as&iacute; como las p&eacute;rdidas sufridas por estar empe&ntilde;ado m&aacute;s de lo preestablecido, en estos casos, el acreedor no puede liberarse de esta obligaci&oacute;n de resarcimiento, pues se trata de 'perjuicios' del deudor que redundan en un directo beneficio para el acreedor, como vimos, su resarcimiento pretende s&oacute;lo reestablecer el equilibrio inicial de la obligaci&oacute;n, y el riesgo de la falta de cooperaci&oacute;n corre siempre por cuenta del acreedor, en este sentido puede hablarse de responsabilidad objetiva del acreedor.</p>     <p>Distinta ser&aacute; la situaci&oacute;n cuando el resarcimiento se deba en consideraci&oacute;n inter&eacute;s del deudor en cumplir efectivamente la prestaci&oacute;n. En este caso, debemos tener en consideraci&oacute;n que se trata de un 'deber secundario de conducta' y no de una verdadera obligaci&oacute;n, en consecuencia, las causales de eximente que se configuran en relaci&oacute;n al acreedor no son las mismas que se configuran para el deudor, llegando al extremo de la 'imposibilidad', en este punto bastar&aacute; la '<i>difficultas'</i>. En efecto, si bien es cierto que se reconoce el inter&eacute;s del deudor en cumplir y, por ende, se constituye un deber para el acreedor el recibir la prestaci&oacute;n, &eacute;ste es por siempre el sujeto eminentemente activo de la relaci&oacute;n obligatoria, es el titular del derecho de cr&eacute;dito y, si no est&aacute; en condiciones de aceptar la prestaci&oacute;n del deudor, no se lo puede constre&ntilde;ir del mismo modo en que se constre&ntilde;ir&iacute;a al deudor propiamente tal a realizar su prestaci&oacute;n. En efecto, cuando la doctrina habla del 'deber de cooperaci&oacute;n' en forma general, establece que el l&iacute;mite de este deber es el 'apreciable sacrificio', por tanto, si el acreedor, de acuerdo a la buena fe, no est&aacute; en condiciones de cooperar, queda exonerado de su 'deber'<sup><a name="nu230"></a><a href="#num230">230</a></sup>, esto est&aacute; refrendado por la casu&iacute;stica del Digesto. En efecto, ya Labe&oacute;n dejaba exento de responsabilidad al arrendatario que no 'pudo' informar al arrendador sobre la acometida del ejercito enemigo<sup><a name="nu231"></a><a href="#num231">231</a></sup>.</p>     <p><font size="3"><b>9. Consideraciones finales: Las diversas posiciones como manifestaciones de m&uacute;ltiples tipos de cooperaci&oacute;n</b></font></p>     <p>Concluyendo, vistas las cinco cuestiones principales que pueden llevarnos a dar una respuesta a nuestra pregunta: &iquest;cu&aacute;l es la naturaleza jur&iacute;dica de la cooperaci&oacute;n del acreedor al cumplimiento? Podemos decir que, despu&eacute;s de haber reflexionado sobre cada una de las teor&iacute;as que se proponen, y habi&eacute;ndolas analizado a la luz del Derecho romano, como pilar de nuestro sistema jur&iacute;dico, estimamos que no es posible hacer un enunciado general sobre la 'naturaleza de la cooperaci&oacute;n del acreedor al cumplimiento'. En efecto, la cooperaci&oacute;n es necesaria, no como una imposici&oacute;n abstracta, sino como una realidad, las partes, tanto deudor como acreedor, para el logro de sus objetivos precisan de la colaboraci&oacute;n de la otra parte. Pero, objetivamente, para la obtenci&oacute;n de los prop&oacute;sitos individuales no siempre es estrictamente necesaria la participaci&oacute;n de la otra, ya que &eacute;stos se pueden lograr mediante v&iacute;as alternativas; por otro lado, no todos los intereses que una de las partes tenga comprometidos en la relaci&oacute;n son susceptibles de ser jur&iacute;dicamente protegidos mediante la exigencia de cooperaci&oacute;n a la otra parte. Por &uacute;ltimo, la falta de cooperaci&oacute;n por parte del acreedor no produce el mismo efecto en todas las relaciones obligatorias, no podemos equiparar la situaci&oacute;n del pasajero que, debiendo tomar un avi&oacute;n, no se presenta a la hora de embarque, a la del el arrendador que no se presente en el d&iacute;a establecido a retirar el dinero de la renta: en el primer caso la obligaci&oacute;n se extingue, en el segundo permanece intacta; as&iacute; como tampoco podemos comparar la situaci&oacute;n del que debe limpiar una casa, cuyo propietario no le entrega oportunamente las llaves, con la del actor que no puede exhibirse en un espect&aacute;culo; en el primer caso el &uacute;nico perjudicado es el propietario, en el segundo puede tambi&eacute;n resultar perjudicado el mismo actor. En definitiva, no puede hacerse un enunciado general, sino que, a lo m&aacute;s, se podr&aacute; hablar de una regla general minada por un sinn&uacute;mero de excepciones<sup><a name="nu232"></a><a href="#num232">232</a></sup>. En conclusi&oacute;n, creemos que la regla general es la 'carga', es decir, que en la mayor&iacute;a de los casos la cooperaci&oacute;n del acreedor se presentar&aacute; como una 'carga' que &eacute;ste debe llevar a cabo si quiere ver satisfecha la propia prestaci&oacute;n, pero ella tambi&eacute;n puede presentarse como una obligaci&oacute;n o bien como un 'deber secundario de conducta'.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Nos damos cuenta de que tal conclusi&oacute;n lleva al desmembramiento de la 'cooperaci&oacute;n en sentido t&eacute;cnico', pues, no tendr&iacute;a una naturaleza jur&iacute;dica unitaria, sino que depender&iacute;a del caso concreto. Sin embargo, creemos que ello no es verdaderamente &oacute;bice para tal proposici&oacute;n, en efecto, la necesidad de cooperaci&oacute;n est&aacute; estrechamente ligada a la naturaleza de la obligaci&oacute;n y las circunstancias que la rodean, y claramente no todas las obligaciones presentan la misma naturaleza, ni est&aacute;n regidas por las mismas circunstancias; en consecuencia, s&oacute;lo en algunos casos, la buena fe objetiva (que, por el contrario, rige todas y cada una de las obligaciones) impondr&aacute; al acreedor el "deber" de prestarse para ejecuci&oacute;n de la prestaci&oacute;n, en los dem&aacute;s casos este deber no nace<sup><a name="nu233"></a><a href="#num233">233</a></sup> y, por consiguiente, el acreedor no tiene sino una 'carga' de cooperaci&oacute;n, exceptuados los casos en que ella haya sido elevada a obligaci&oacute;n por los propios contratantes.</p>     <p>Ahora bien, a fin de determinar en el caso concreto si se trata de una carga, de un deber o de una obligaci&oacute;n, deberemos analizar los puntos antes vistos, y en base a las respuestas que obtengamos podremos realizar nuestra calificaci&oacute;n. As&iacute;, si la ejecuci&oacute;n de la prestaci&oacute;n mira al exclusivo beneficio del acreedor, sin que entren en juego los intereses del deudor, si de la falta de cooperaci&oacute;n no se derivan perjuicios para el deudor, y, por &uacute;ltimo, ella no est&aacute; expresamente establecida como una cl&aacute;usula del contrato: ser&aacute; una 'carga'. En este caso el ejemplo de escuela est&aacute; dado por el pasajero que no se presenta al aeropuerto en tiempo para tomar el avi&oacute;n, aqu&iacute; claramente ninguno podr&aacute; decir que el pasajero ten&iacute;a el deber, ni mucho menos la obligaci&oacute;n de presentarse, pues s&oacute;lo a &eacute;l interesaba tomar ese avi&oacute;n y si sus intereses cambiaron, pues simplemente no se presenta. Ahora bien, si alguno de los supuestos enumerados llegase a faltar, podr&iacute;a entonces hablarse de una obligaci&oacute;n, si est&aacute; establecida en el contrato, o bien un deber secundario de conducta, si es impuesto por la buena fe contractual.</p>     <p>En este orden de cosas, la buena fe contractual puede transformar la 'carga' en 'deber' en dos hip&oacute;tesis, cuando la ejecuci&oacute;n efectiva de la prestaci&oacute;n constituya un inter&eacute;s jur&iacute;dicamente relevante del deudor, como cuando se trata de la primera vez que un artista se presenta en un espect&aacute;culo de gran nivel, y cuando la falta de cooperaci&oacute;n haya de hecho originado perjuicios al deudor, como cuando a falta de la colaboraci&oacute;n del acreedor, la obra, que deb&iacute;a estar terminada en un mes, demora dos meses.</p>     <p>Cabe remarcar que la importancia de nuestra conclusi&oacute;n radica en los efectos que producir&aacute; la falta de cooperaci&oacute;n del acreedor. En efecto, en aquellos casos en que ella sea considerada una carga, el acreedor no podr&aacute; ser constre&ntilde;ido a prestar su colaboraci&oacute;n y, por consiguiente, no proceder&aacute; una obligaci&oacute;n de resarcimiento que vaya m&aacute;s all&aacute; del mero reembolso de los gastos efectuados por el deudor. En cambio, en aquellos casos en que la cooperaci&oacute;n se demuestre necesaria en base a la buena fe, el acreedor adeudar&aacute; tambi&eacute;n los perjuicios que el deudor sufra por estar obligado m&aacute;s de lo previamente establecido y, siempre que las circunstancias lo ameriten, deber&aacute; tambi&eacute;n el resarcimiento por los beneficios que el deudor hubiera obtenido con la ejecuci&oacute;n efectiva de la prestaci&oacute;n. En este &uacute;ltimo caso, por tratarse de un deber secundario de conducta, el acreedor podr&aacute; quedar exonerado de responsabilidad en base a la misma buena fe que le impone el deber de cooperar, es decir, siempre que la ejecuci&oacute;n efectiva de la prestaci&oacute;n por parte del deudor conlleve un 'apreciable sacrificio' para los intereses del acreedor.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>  <sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Cfr. Arangio-Ruiz, Vincenzo; <I>Responsabilit&agrave; contrattuale in diritto romano</I>, reimpresi&oacute;n de la 1&ordf; ed., Napoli: Jovene, 1987, pp. 2 ss.    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>V&eacute;ase Angelo Falzea; <i>L'offerta reale e la liberazione coattiva del debitore</i>, Milano: Giuffr&egrave;, 1947; pp. 31 ss.; D&eacute;m&egrave;tre J. Baroncea; <i>Essai sur la faute et le fait du creancier</i> (<i>cause justificative du d&eacute;biteur en mati&egrave;re contractuelle</i>), Paris: E. Duchemin, 1930, pp. 9 ss.; Ren&eacute; Demogue;<i> Trait&eacute; des obligations en g&eacute;n&eacute;ral</i>. II. <i>Effets des obligations</i>, tomo VI, Paris: Librairie Arthur Rousseau, 1931, pp. 17 ss.    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Respecto del uso de la expresi&oacute;n 'proceso' para definir la relaci&oacute;n obligatoria, v&eacute;ase: Larenz, Karl; <i>Derecho de obligaciones</i>, tomo I, trad. castellana de Jaime Santos Briz, Madrid: Revista de derecho privado, 1958, p. 37; Silva, Clovis Ver&iacute;ssimo do Coutoe; <i>A obriga&ccedil;&atilde;o como processo</i>, S&atilde;o Paulo: Bushatsky, 1976. V&eacute;ase tambi&eacute;n: Hinestrosa, Fernando; <i>Tratado de las obligaciones. Concepto, estructura, vicisitudes</i>, Bogot&aacute;: Universidad Externado de Colombia, 2002, p. 541.    <br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Cfr. Sebastiano Tafaro; <i>Buona fede ed equilibrio degli interessi nei contratti</i>, en: Il ruolo della buona fede oggettiva nell'esperienza giuridica storica e contemporanea, atti del convegno internazionale in onore di Alberto Burdese, vol. III, Padova: CEDAM, 2003, p. 566. V&eacute;ase tambi&eacute;n: Rolf Kn&uuml;tel; <I>Derecho romano y ius comune frente a las cortes del la Uni&oacute;n Europea</I>, en: Roma e America, 1, 1996, pp. 41 ss.; Sandro Schipani; <I>Unificazione del diritto e diritto dell'integrazione alla luce dello Ius Romanum Commune</I>, en: Roma e America, 4, 1997, pp. 247 ss.    <br>  <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Cfr. Andrea Wacke; <i>Los presupuestos de la responsabilidad por evicci&oacute;n en derecho romano y comparado</i>, en: Seminarios Complutenses de Derecho Romano, 1992, p. 204.    <br>  <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>La doctrina sobre la buena fe es extremadamente amplia, en un breve elenco de los trabajos m&aacute;s significativos que hemos consultado pueden citarse: AA.VV. <i>Studi sulla buona fede</i>, Milano: Giuffr&egrave;, 1975; AA.VV. <i>Good Faith in European Contract Law</i>, dirigido por Reinhard Zimmermann y Simon Whittaker, Cambridge: C ambridge University Press, 2000; AA.VV. "<i>Il ruolo della buona fede oggettiva nell'esperienza giuridica storica e contemporanea</i>": Atti del Convegno internazionale di studi in onore di Alberto Burdese (Padova - Venezia - Treviso, 14-15-16 giugno 2001), 4 vols., al cuidado de Luigi Garofalo, Padova: CEDAM, 2003; AA.VV. <i>Tratado de la buena fe en el derecho</i>, dirigido por Marcos M. C&oacute;rdoba, 2 vols., Buenos Aires: La Ley, 2004; Pietro Bonfante; <i>Essenza della 'bona fides' e suo rapporto colla teorica del errore</i>, en: BIDR, 1893, vol. VI. Consultado en: <i>Scritti giuridici varii</i>, II, Torino: UTET, 1926; Luigi Lombardi; <i>Della 'fides' alla 'bona fides'</i>, Milano: Giuffr&egrave;, 1961; Carcaterra, Antonio; <i>Intorno ai bonae fidei iudicia</i>, Napoli: Jovene, 1964; Luigi Corradini; <i>Il criterio della buona fede e la scienza del diritto privato</i>, Milano: Giuffr&egrave;, 1968; Pierre Daniel Senn; voz <i>Buona fede nel diritto romano</i>, en: Digesto delle discipline privatistiche, vol. II; Gian Paolo Massetto; voz <i>Buona fede nel diritto medievale e moderno</i>, en: Digesto delle discipline privatistiche, vol. II; Lina Bilgiazzi Geri; voz Buona fede nel diritto civile, en: Digesto delle discipline privatistiche, vol. II; Luca Nanni; <i>La buona fede contrattuale</i>, Padova: CEDAM, 1988; Riccardo Cardilli; <i>'Bonae fides', tra storia e sistema</i>, Torino: Giappiechelli, 2004; Giovanni Maria Uda; <i>La buona fede nell'esecuzione del contratto</i>, Torino: Giappichelli, 2004; Mario Barcellona; <i>Clausole generali e giustizia contrattuale</i>, Torino: Giappichelli, 2006; Roberto Fiori; <i>Fides e bona fides. Gerarchia sociale e categorie giuridiche</i>, en: Modelli Teorici e Metodologici nella storia del diritto privato, al cuidado de Roberto Fiori, Napoli: Jovene, 2008, pp. 237 ss; Ferm&iacute;n Camacho Evangelista; <i>La buena fe en el cumplimiento de las obligaciones</i>, Granada: Imprenta Francisco Rom&aacute;n, 1962; Jos&eacute; Luis de los Mozos; <i>El principio de la buena fe. Sus aplicaciones pr&aacute;cticas en el derecho civil espa&ntilde;ol</i>, Barcelona: Bosch, 1965; Amelia Castresana; <i>Fides, bona fides: un concepto para la creaci&oacute;n del derecho</i>, Madrid: Tecnos, 1991; Jos&eacute; Luis Gil y Gil; <i>Principio de la buena fe y poderes del empresario</i>, Sevilla: carl, 2003; Franz Wieack er; <i>El principio general de la buena fe</i>, 2.&ordf; ed., trad. de Jos&eacute; Luis Carro, Madrid: Civitas, 1986; Judith Martins-Costa; <i>A boa f&eacute; no direito privado: sistema e t&oacute;pica no processo obrigaciona</i>l; S&atilde;o Paulo: Editora Revisto dos Tribunais, 1999; B&eacute;atrice Jaluzot; <i>La bonne foi dans les contrats. &Eacute;tude comparative des droits fran&ccedil;ais, allemand et japonais</i>, Paris: Dalloz, 2001.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>As&iacute; nos dice Betti: "<i>Noi vedremo come l'idea della cooperazione sia il filo conduttore che serve a orientare il giurista attraverso le massime questioni del diritto delle obbligazioni</i>". Cfr. Emilio Betti; <i>Teoria generale delle obbligazioni</i>, tomo i, Milano: Giuffr&egrave;, 1953, p. 10.    <br>  <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>Cfr. Fernando Hinestrosa; <i>Tratado de las obligaciones</i>, cit., p. 114; Ver tambi&eacute;n Daniel Pe&ntilde;ailill o Ar&eacute;valo; <i>Obligaciones. Teor&iacute;a general y clasificaciones, la resoluci&oacute;n por incumplimiento</i>, Santiago: Jur&iacute;dica de Chile, 2003, p. 114; Emilio sBetti; <i>Teoria generale delle obbligazioni</i>, cit., p. 10.    <br>  <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>Cfr. Geremia Romano; <i>Interessi del debitore e adempimento</i>, Napoli: e.s.i., 1995, p. 77; Ver tambi&eacute;n: Lamarca Marqu&eacute;s; <i>El hecho del acreedor y la imposibilidad de la prestaci&oacute;n</i>, Bolonia: Publicaciones del Real Colegio de Espa&ntilde;a, 2001, pp. 53 ss.    <br>  <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>B&eacute;atrice Jaluzot; <i>La bonne foi dans les contrats</i>..., cit., pp. 513 ss.    <br>  <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>"<i>Gli obblighi di buona fede possono ricadere, indifferentemente, sull'una o sull'altra delle parti contraenti, a prescindere dal fatto che relativamente al singolo rapporto obbligatorio principale essa rivesta la qualit&agrave; di debitore o di creditore</i>". Cfr. Giovanni Maria Uda; <i>La buona fede nell'esecuzione del contratto</i>, cit., p. 314. Para la afirmaci&oacute;n que el deber de cooperaci&oacute;n afecta tanto al deudor como el acreedor, v&eacute;ase Yves Picod; <i>Le devoir de loyaut&eacute; dans l'ex&eacute;cution du contrat</i>, Paris: Librarie g&eacute;n&eacute;rale de droit et de jurisprudente, 1989, p. 104; Jos&eacute; Luis Gil y Gil; <i>Principio de la buena fe y poderes del empresario</i>, cit., p. 224.    <br>  <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>En este mismo sentido Clovis Ver&iacute;ssimo do Couto e Silva; <i>A obriga&ccedil;&atilde;o como processo</i>, cit., pp. 35 ss., p. 117. Este autor destaca que todos los deberes anexos pueden ser considerados deberes de cooperaci&oacute;n. Entre estos deberes la doctrina destaca el 'deber de aviso' y el 'deber de salvaguardar la utilidad de la contraparte'. V&eacute;ase Luca Nanni; <i>La buona fede contrattuale</i>, cit., pp. 269 ss.    <br>  <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup>Cfr. Antonio Palma; <i>Violazione del criterio della buona fede e risarcibilit&agrave; del danno conseguente: brevi profili comparatistici</i>, en: Il ruolo della buona fede oggettiva nell'esperienza giuridica storica e contemporanea, vol. III, Padova: CEDAM, 2003, pp. 42 ss.; Luca Nanni; <i>La buona fede contrattuale</i>, cit., p. 269; Jos&eacute; Luis Gil y Gil; <i>Principio de la buena fe y poderes del empresario</i>, cit., p. 222.    <br>  <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup>En efecto, el deber de cooperaci&oacute;n es un deber "sin consistencia real", &eacute;l simplemente permite al juez determinar a posteriori si ha habido o no violaci&oacute;n del contrato. Cfr. B&eacute;atrice Jaluzot; <i>La bonne foi dans les contrats</i>..., cit., p. 516.    <br>  <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>Esta noci&oacute;n ha sido reconocida por la justicia italiana que sancion&oacute;, por contrariar las normas sobre buena fe y correcci&oacute;n (art. 1375 y 1175 Cc.), la omisi&oacute;n de un promitente vendedor que se neg&oacute; a prestar su colaboraci&oacute;n a fin que el promitente comprador pudiera gestionar el cr&eacute;dito necesario para la compra, cuando, si bien no hab&iacute;a sido expresamente establecido, de las concretas circunstancias se desprend&iacute;a que habr&iacute;a debido colaborar. Cfr. Cass. Civ., sez. III, 9 marzo 1991, n.&deg; 2503, en: <i>Il corriere giuridico</i>, 7, 1991, pp. 789 ss., con Commentario de Adolf o Di Majo; para algunos casos acogidos por las justicias alemana, francesa y japonesa aceptando el 'deber de cooperaci&oacute;n' v&eacute;ase: B&eacute;atrice Jaluzot; <i>La bonne foi dans les contrats</i>..., cit. pp. 513-514.    <br>  <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup>En estos t&eacute;rminos se expresa la doctrina civilista que reconoce la existencia de este deber de cooperaci&oacute;n. Ver: C. Massimo Bianca; <i>La nozione di buona fede quale regola di comportamento contrattuale</i>, en: Riv. dir. civ., parte i, 1983 pp. 205 ss.; Adolf o Di Majo; <i>Principio di buona fede e dovere di cooperazione contrattuale</i>, comentario a Cass. Civ., sez. III, 9 marzo 1991, n.&deg; 2503, en: Il corriere giuridico, 7, 1991, pp. 789 ss.; Id. <i>La buona fede nel contratto</i>, en: Il corriere giuridico, 3, 2002, pp. 332 ss.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup>As&iacute; tambi&eacute;n los Principios de Derecho Europeo de los Contratos1:202: "Las partes tienen el deber de cooperar entre s&iacute; para asegurar el pleno cumplimiento del contrato, lo cual incluye el deber de permitir que la otra parte cumpla sus obligaciones y as&iacute; obtener los frutos de la prestaci&oacute;n pactada en el contrato".    <br>  <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup>Cfr. Yves Picod; <i>Le devoir de loyaut&eacute; dans l'ex&eacute;cution du contrat</i>, cit., p. 104; Jos&eacute; Luis Gil y Gil; <i>Principio de la buena fe y poderes del empresario</i>, cit., p. 224.    <br>  <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup>En este sentido Emilio Betti; <i>Teoria generale delle obbligazioni</i>, cit., p. 103.    <br>  <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup>Cfr. Lamarca Marqu&eacute;s; <i>El hecho del acreedor y la imposibilidad de la prestaci&oacute;n</i>, cit., p. 31; Yves Picod; <i>Le devoir de loyaut&eacute; dans l'ex&eacute;cution du contrat</i>, cit., p. 104; Gil y Gil, Jos&eacute; Luis; <i>Principio de la buena fe y poderes del empresario</i>, cit., p. 224; Giovanni Maria Uda; <i>La buona fede nell'esecuzione del contratto</i>, cit., p. 314.    <br>  <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup>En la doctrina alemana se afirma de manera un&aacute;nime que el &sect; 242 BGB no se limita a imponer deberes de conducta al deudor, sino tambi&eacute;n es extensible al acreedor; es m&aacute;s a pesar de ser una disposici&oacute;n en sede de derecho de las obligaciones, se generaliza su eficacia como principio informador del conjunto del ordenamiento jur&iacute;dico. V&eacute;ase Karl Larenz; <i>Derecho de obligaciones</i>, cit. pp. 142 ss.    <br>  <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup>Sobre este art&iacute;culo nos dice Betti: "llamamos la atenci&oacute;n sobre el punto siguiente: aqu&iacute; no se dice que s&oacute;lo el deudor en el cumplimiento de la obligaci&oacute;n debe comportarse seg&uacute;n la buena fe, se dice que tanto una como la otra parte, tanto el deudor como el acreedor, en las relaciones rec&iacute;procas deben tener una actitud correspondiente a ese significado de respeto en la esfera de intereses ajenos y se concreta, sobre todo (a&uacute;n cuando no exclusivamente), en deberes negativos, principalmente en el deber de abstenerse de una ingerencia incorrecta, perjudicial para la otra parte &#91;...&#93;". Cfr. Emilio Betti; <i>Teoria generale delle obbligazioni</i>, cit., p. 81.    <br>  <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup>V&eacute;ase Adolfo Di Majo; <i>Principio di buona fede e dovere di cooperazione contrattuale</i>, cit. p. 789 ss.; Antonio Palma; <i>Violazione del criterio della buona fede e risarcibilit&agrave; del danno conseguente: brevi profili comparatistici</i>, cit., pp. 42 ss.    <br>  <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup>V&eacute;ase el texto comentado la Convenci&oacute;n en: Enrique Paillas Pe&ntilde;a; <i>La compraventa internacional de mercaderias. Convenci&oacute;n de Viena. Notas sobre arbitraje comercial internacional y Ley 19.971</i>, Santiago: Jur&iacute;dica de Chile, 2006.    <br>  <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup>Cfr. Alvaro D'Ors; "<i>Messis in spicis</i>", en: SDHI, 58, 1992, p. 284.    <br>  <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup>Cfr. Alvaro D'Ors; "<I>Messis in spicis</I>", en: SDHI, 58, 1992, p. 284.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup>Pongamos de manifiesto que es precisamente con relaci&oacute;n al contrato de mandato que Gayo nos proporciona la definici&oacute;n de buena fe objetiva: Gai. 3.151; "(...) <I>itaque siue ut mea negotia geras siue ut alterius, mandauerim, contrahitur mandati obligatio, et inuicem alter alteri tenebimur in id, quod uel me tibi uel te mihi bona fide praestare oportet</I>". &#91;(...) Si yo te encargara que llevaras mis negocios, o los de otra persona, se contrae obligaci&oacute;n de mandato y quedamos ligados mutuamente en lo que cada uno de hacer respecto del otro conforme a la lealtad rec&iacute;proca&#93;. (Traducci&oacute;n castellana de Francisco Samper; <I>Instituciones jur&iacute;dicas de Gayo. Texto y traducci&oacute;n</I>, Santiago: Jur&iacute;dica de Chile, 2000, p. 281). Por otro lado, la doctrina entiende que dicha definici&oacute;n debe aplicarse a todos los contratos de buena fe. Cfr. Lourdes Salom&oacute;n Sancho; <I>El concepto de buena fe en las instituciones de Gayo. En concreto Gai. 2,51</I>, en: Il ruolo della buona fede oggettiva nell'esperienza giuridica storica e contemporanea, vol. III, Padova: CEDAM, 2003, p. 289.    <br>  <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup>"Per Ulpiano, se la <I>migratio</I> debe considerarsi legittima, ci&ograve; non esclude l'obbligazione del conduttore di <i>denuntiare</i> al <i>dominus</i> sia l'avvicinamento dell'esercito, sia il suo prossimo abbandono della <i>res locata</i>". (Cfr. Riccardo Cardilli; <i>L'obbligazione di 'praestare' e la responsabilit&agrave; contrattuale in diritto romano</i> (II sec. a. C. - II sec. d. C.), Milano: Giuffr&egrave;, 1995, pp. 350 ss.) En este mismo sentido Voci y Luzzatto, para quienes se tratar&iacute;a de una especificaci&oacute;n del <i>custodiam prestare</i> del locatario, introducida por Ulpiano con base en la buena fe objetiva que rige la relaci&oacute;n contractual. Cfr. Pasquale Voci; <i>'Diligentia', 'custodia', 'culpa'</i>, en: SDHI, 46, 1990, p. 80; Giusepp e Ignazio Luzzatto; <i>Caso fortuito e forza maggiore come limite alla responsabilit&agrave; contrattuale. I La responsabilit&agrave; per custodia</i>, Milano: Giuffr&eacute;, 1938, p. 213.    <br>  <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup>Este autor, mientras explicaba la situaci&oacute;n del deudor que se ha visto imposibilitado de cumplir su obligaci&oacute;n por caso fortuito, tiene cuidado de agregar como requisito copulativo para la exenci&oacute;n de pago que "el propietario no hubiese podido advertir al mercader (acreedor) de estos cambiamientos (el evento fortuito)". Cfr. Jean Domat; <i>Le leggi civili nel lor ordine naturale</i>, parte I, vol. II, lib. III, tit. V, p. 352.    <br>  <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup>Este autor recoge la ense&ntilde;anza del <i>Corpus iuris</i> relativa al mandato y la extiende a todas las obligaciones de hacer se&ntilde;alando expresamente: "...Observad que en ese caso debo advertiros de la fuerza mayor que me hab&iacute;a impedido hacer aquello que yo me hab&iacute;a comprometido a hacer respecto a vos, a fin de que vos pod&aacute;is tomar vuestras medidas para proveer por vos mismo o por otro. Sin eso yo no evitar&iacute;a los da&ntilde;os y perjuicios, a menos de que esta fuerza mayor no me hubiere tambi&eacute;n privado de poder advert&iacute;roslo (L.27, &sect; 2, D. Mand.)". Cfr. Robert Joseph Pothier; <i>Tratado de las obligaciones</i>, traducci&oacute;n castellana de Guillermo Cabanellas de Torres, 2.&ordf; ed., Buenos Aires: Heliasta, 2007, p. 82.    <br>  <sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup>Una disposici&oacute;n parecida contiene el C.com. espa&ntilde;ol, art. 306 inc. 2.&deg;, que, hablando del dep&oacute;sito, dispone: "En la conservaci&oacute;n del dep&oacute;sito responder&aacute; el depositario de los menoscabos, da&ntilde;os y perjuicios que las cosas depositadas sufrieren por su malicia o negligencia, y tambi&eacute;n de los que provengan de la naturaleza o vicio de las cosas, si en estos casos no hizo por su parte lo necesario para evitarlos o remediarlos, dando aviso de ellos adem&aacute;s al depositante inmediatamente que se manifestaren". De esta disposici&oacute;n una parte de la doctrina espa&ntilde;ola colige una regla de aplicaci&oacute;n general, en virtud de la cual el deudor de la entrega de una cosa debe notificar al acreedor de la imposibilidad sobrevenida de la prestaci&oacute;n. V&eacute;ase Francisco Jordano Fraga; <i>La responsabilidad contractual</i>, Madrid: Civitas, 1987, p. 139.    <br>  <sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup>Ver: art&iacute;culo 7.1.7 Principios unidroit; art&iacute;culo 79 Convenci&oacute;n de Viena sobre compra venta internacional de mercader&iacute;as; y Art&iacute;culo 8:108: Principios de derecho contractual europeo.    <br>  <sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup>En este sentido, expresamente, Adolfo Di Majo; <i>La buona fede oltre il contratto</i>, en: <i>Il corriere giuridico</i>, 3, 2002, p. 334. En el mismo sentido nos dice Larenz que la relaci&oacute;n obligatoria "subsiste como tal, aunque algunos de los deberes que contienen se hayan extinguido por el cumplimiento, o algunos de los derechos de formaci&oacute;n hayan desaparecido por haberse ejercitado o hayan prescrito por no haber sido ejercitados en el tiempo previsto". Cfr. Karl Larenz; <i>Derecho de obligaciones</i>, cit. p. 38.    <br>  <sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup>Cfr. Emilio Betti; <i>Teoria generale delle obbligazioni</i>, cit., p. 81; D&eacute;m&egrave;tre J. Baroncea; <i>Essai sur la faute et le fait du creancier</i>..., cit., p. 90 ss.; Ren&eacute; Demogue; <i>Trait&eacute; des obligations en g&eacute;n&eacute;ral</i>..., cit., pp. 20 ss.; Pietro Rescigno; <i>Incapacit&agrave; naturale e adempimento</i>, Napoli: Jovene, 1950, p. 138; Giovanni Giacobbe; voz <i>Mora del creditore</i> (dir. civ.), en: Enciclopedia del diritto, vol. XXVI, p. 947 ss.; Luigi Bellini; <i>Sull'obbligo del creditore di prestarsi per l'adempimento dell'obbligazione</i>, en: Riv. dir. civ., 1921, pp. 27 ss.; Antonio Cabanill a S&aacute;nchez; <i>Las cargas del acreedor en el derecho civil y en el mercantil</i>, Madrid: Montecorvo, 1988, pp. 72 ss.; Lamarca Marqu&eacute;s; <i>El hecho del acreedor y la imposibilidad de la prestaci&oacute;n</i>, cit., p. 48; Rene Abeliuk Manasevich; <i>Las obligaciones</i>, tomo II, 2.&ordf;, ed., Santiago: Jur&iacute;dica de Chile, 2001, p. 779.    <br>  <sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup>Cfr. Pietro Rescigno; <i>Incapacit&agrave; naturale e adempimento</i>, cit., p. 138; Giorgio Ghezzi; <i>La mora del creditore nel rapporto di lavoro</i>, Milano: Giuffr&egrave;, 1965, pp. 27 ss. Otra forma de divisi&oacute;n nos presenta Cabanilla S&aacute;nchez, para quien debemos distinguir entre 'La facilitaci&oacute;n de la liberaci&oacute;n del deudor' y 'La cooperaci&oacute;n del acreedor al cumplimiento'. Pero, a nuestro entender, se trata de una divisi&oacute;n al cuanto ficticia, porque al analizar el contenido y consecuencias de una y otra, el autor termina por repetir en la segunda lo que dijo para la primera. V&eacute;ase Antonio Cabanilla S&aacute;nchez; <i>Las cargas del acreedor en el derecho civil y comercial</i>, cit., pp. 207 ss.    <br>  <sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup>Cfr. Pietro Rescigno; <i>Incapacit&agrave; naturale e adempimento</i>, cit., p. 139.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup>Cfr. Pietro Rescigno; <i>Incapacit&agrave; naturale e adempimento</i>, cit., p. 140.    <br>  <sup><a name="num38"></a><a href="#nu38">38</a></sup>Cfr. Pietro Rescigno; <i>Incapacit&agrave; naturale e adempimento</i>, cit., p. 140.    <br>  <sup><a name="num39"></a><a href="#nu39">39</a></sup>Cfr. Lamarca Marqu&eacute;s; <i>El hecho del acreedor y la imposibilidad de la prestaci&oacute;n</i>, cit., p. 53.    <br>  <sup><a name="num40"></a><a href="#nu40">40</a></sup>Para un resumen del estado de la cuesti&oacute;n hasta los a&ntilde;os 30. V&eacute;ase: D&eacute;m&egrave;tre J. Baroncea; <i>Essai sur la faute et le fait du cr&eacute;ancier</i>..., cit., pp. 127 ss.    <br>  <sup><a name="num41"></a><a href="#nu41">41</a></sup>D&eacute;m&egrave;tre J. Baroncea; <i>Essai sur la faute et le fait du creancier</i>..., cit., pp. 133 ss.    <br>  <sup><a name="num42"></a><a href="#nu42">42</a></sup>Cfr. Bernardo Windscheid; <i>Diritto delle pandette</i>, trad. italiana de Carlo Fadda y Paolo Bensa, vol. II, parte 1.&ordf;, Torino: UTE, 1904, pp. 336, 337 n.&deg; 10.    <br>  <sup><a name="num43"></a><a href="#nu43">43</a></sup>Cabe precisar que no toda la pandect&iacute;stica est&aacute; concorde con esta opini&oacute;n, as&iacute; Gluck, se limit&oacute; a decir que para que se produzca la mora creditoris, basta que el deudor est&eacute; dispuesto a cumplir y el acreedor sin justo motivo no reciba la prestaci&oacute;n ofrecida en la forma debida. Cfr. Gl&uuml;ck, <i>Commentario alle pandette</i>, tomo II, p. 794.    <br>  <sup><a name="num44"></a><a href="#nu44">44</a></sup>En la redacci&oacute;n del BGB se tuvo en cuenta la opini&oacute;n de Kohler, para quien el acreedor no est&aacute; obligado a la aceptaci&oacute;n de la prestaci&oacute;n, ni a la ejecuci&oacute;n de la conducta de cooperaci&oacute;n. Cfr. Antonio Cabanilla S&aacute;nchez; <i>Las cargas del acreedor en el derecho civil y en el mercantil</i>, cit., p. 89.    <br>  <sup><a name="num45"></a><a href="#nu45">45</a></sup>Angelo Falzea; <i>L'offerta reale e la liberazione coattiva del debitore</i>, cit., p. 57.    <br>  <sup><a name="num46"></a><a href="#nu46">46</a></sup>la colaboraci&oacute;n en el contrato celebrado entre las partes, en virtud del cual, el acreedor no puede dificultar el cumplimiento de la obligaci&oacute;n por el deudor, sino que, como un buen padre de familia, est&aacute; obligado a la colaboraci&oacute;n. Sin embargo, la mayor parte de los autores y la jurisprudencia de este pa&iacute;s no acepta esta teor&iacute;a. Cfr. Antonio Cabanilla S&aacute;nchez; <i>Las cargas del acreedor en el derecho civil y en el mercantil</i>, cit., pp. 93 ss.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num47"></a><a href="#nu47">47</a></sup>Angelo Falzea; <i>L'offerta reale e la liberazione coattiva del debitore</i>, cit., p. 78.    <br>  <sup><a name="num48"></a><a href="#nu48">48</a></sup>Angelo Falzea; <i>L'offerta reale e la liberazione coattiva del debitore</i>, cit., p. 79.    <br>  <sup><a name="num49"></a><a href="#nu49">49</a></sup>Angelo Falzea; <i>L'offerta reale e la liberazione coattiva del debitore</i>, cit., pp. 80 ss.    <br>  <sup><a name="num50"></a><a href="#nu50">50</a></sup>Angelo Falzea; <i>L'offerta reale e la liberazione coattiva del debitore</i>, cit., p. 55.    <br>  <sup><a name="num51"></a><a href="#nu51">51</a></sup>Pietro Perlingieri; <i>Il fenomeno dell'estinzione nelle obbligazioni</i>, Napoli: Edizioni Scientifiche Italiane, 1995, p. 49.    <br>  <sup><a name="num52"></a><a href="#nu52">52</a></sup>Efectivamente en Italia dicho inciso es fundamental a la hora de tomar partido por una u otra teor&iacute;a, en consecuencia, el problema crucial es establecer los contornos de la obligaci&oacute;n resarcimiento que &eacute;l impone.    <br>  <sup><a name="num53"></a><a href="#nu53">53</a></sup>Rubino, citado por: Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, Milano: Giuffr&egrave;, 1964, p. 46.    <br>  <sup><a name="num54"></a><a href="#nu54">54</a></sup>Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., p. 48.    <br>  <sup><a name="num55"></a><a href="#nu55">55</a></sup>Falzea, Angelo; <i>L'offerta reale e la liberazione coattiva del debitore</i>, cit., p. 384.    <br>  <sup><a name="num56"></a><a href="#nu56">56</a></sup>Cfr. Jorge Joaqu&iacute;n Llamb&iacute;as; <i>Tratado de derecho civil. Obligaciones</i>, tomo I, 2.&ordf; ed., Buenos Aires: Perrot, 1973, p. 174.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num57"></a><a href="#nu57">57</a></sup>Cfr. Jorge Joaqu&iacute;n Llamb&iacute;as; <i>Tratado de derecho civil. Obligaciones</i>, cit., p. 79. V&eacute;ase jurisprudencia citada en la nota 11 de la misma p&aacute;gina.    <br>  <sup><a name="num58"></a><a href="#nu58">58</a></sup>Cabe recordar que las notas de V&eacute;lez a los art&iacute;culos del C&oacute;digo civil argentino, por expresa disposici&oacute;n legislativa, forma parte integrante del C&oacute;digo, y son esenciales a la hora de interpretar los art&iacute;culos respectivos. Sobre este argumento v&eacute;ase: Sabrina Lanni; <i>Le notas del codice di V&eacute;lez Sarsfield</i>, en: Roma e America, 23, 2007, pp. 69 ss.    <br>  <sup><a name="num59"></a><a href="#nu59">59</a></sup>Al efecto sostiene: "El acreedor se encuentra en mora toda vez que un por un hecho o por una omisi&oacute;n culpable, hace imposible o impide la ejecuci&oacute;n de la obligaci&oacute;n, por ejemplo, rehusando aceptar la prestaci&oacute;n debida en el lugar y tiempo oportuno, no encontr&aacute;ndose en el lugar convenido para la ejecuci&oacute;n o rehusando concurrir a los actos indispensables para la ejecuci&oacute;n, como la medida o el peso de los objetos que se deban entregar, o la liquidaci&oacute;n de un cr&eacute;dito no l&iacute;quido". Cfr. C&oacute;digo civil argentino, nota al art. 509.    <br>  <sup><a name="num60"></a><a href="#nu60">60</a></sup>Cfr. Jorge Joaqu&iacute;n Llamb&iacute;as; <i>Tratado de derecho civil. Obligaciones</i>, cit., p. 176.    <br>  <sup><a name="num61"></a><a href="#nu61">61</a></sup>Cfr. Jorge Joaqu&iacute;n Llamb&iacute;as; <i>Tratado de derecho civil. Obligaciones</i>, cit., p. 183.    <br>  <sup><a name="num62"></a><a href="#nu62">62</a></sup>En las notas de V&eacute;lez podemos ver claramente que el art&iacute;fice original de esta soluci&oacute;n fue Pothier, pues los p&aacute;rrafos &sect; 291 ss. son expresamente en la nota al art&iacute;culo 1430. El codificador argentino cita tambi&eacute;n a Duranton, Troplong y Aubry y Rau. Por otro lado, la doctrina argentina sostiene que este art&iacute;culo establece 'un deber de colaboraci&oacute;n' del comprador para con el deudor. Cfr. Ricardo Luis Lorenzetti; <i>Tratado de los contratos</i>, tomo i, Buenos Aires: Rubinzal-Culzoni, 1999, p. 294.    <br>  <sup><a name="num63"></a><a href="#nu63">63</a></sup>Giovanni D'Amico; <i>Mancata cooperazione del creditore e violazione contrattuale</i>; en: Studi in Onore de Cesare Massimo Bianca, Milano: Giuffr&egrave;, 2006, p. 87. Publicado tambi&eacute;n en Riv. dir. civ., 2004, parte I, p. 77 ss. Sobre la obligaci&oacute;n sin prestaci&oacute;n, v&eacute;ase: Carlo Castronovo; <i>L'obbligazione senza prestazione ai confini tra il contratto e il torto</i>, en: <i>Le ragioni del diritto</i>: scritti in onore di Luigi Mengoni, vol. I, Milano: Giuffr&egrave;, 1995, pp. 147 ss.    <br>  <sup><a name="num64"></a><a href="#nu64">64</a></sup>Cfr. Judith Martins-Costa; <i>A boa f&eacute; no direito privado: sistema e t&oacute;pica no processo obrigacional</i>, S&atilde;o Paulo: Revista dos Tribunais, 1999, p. 439. En este mismo sentido se pronuncian importantes autores franceses, como Demogue, Cfr. Robert Vouin; <i>La bonne foi. Notion et role actuels em droit priv&eacute; fran&ccedil;ais</i>, Paris: Librarie g&eacute;n&eacute;rale de droit & jurisprudence, 1939, p. 137.    <br>  <sup><a name="num65"></a><a href="#nu65">65</a></sup>Ricardo Lorenzetti; <i>Tratado de los contratos</i>. Parte general, Buenos Aires: Rubinzal - Culzoni Editores, p. 393, n.&deg; 43.    <br>  <sup><a name="num66"></a><a href="#nu66">66</a></sup>En este sentido Lu&iacute;s Pascual Estevill; <i>La responsabilidad contractual</i>, tomo II vol. 1. <i>Parte especial</i>, Barcelona: Bosch, 1989, p. 110 ss.; Giovanni Maria Uda; <i>La buona fede nell'esecuzione del contratto</i>, cit., pp. 355 ss.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num67"></a><a href="#nu67">67</a></sup>Cfr. Giovanni Maria Uda; <i>La buona fede nell'esecuzione del contratto</i>, cit., p. 364.    <br>  <sup><a name="num68"></a><a href="#nu68">68</a></sup><i>"Nell'obbligo giuridico, il quale si struttura evidentemente in un rapporto giuridico, sussiste pur sempre una posizione giuridica passiva che si manifesta nella doverosit&agrave; giuridica di un atto e una posizione giuridica attiva di "pretesa" </i>Cfr. Giovanni Maria Uda; <i>La buona fede nell'esecuzione del contratto</i>, cit., pp. 246-247.    <br>  <sup><a name="num69"></a><a href="#nu69">69</a></sup>En efecto, a prop&oacute;sito de los deberes derivados de la buena fe la doctrina sostiene que "<i>questo impegno di solidariet&agrave;, che si proietta al di l&agrave; del contenuto dell'obbligazione e dei doveri di rispetto altrui, trova il suo limite nell'interesse altrui ma non fino al punto di subire un apprezzabile sacrificio, personale o economico</i>". Cfr. C. Massimo Bianca; Diritto civile. 3. Il contratto, 2.&ordf; ed., Milano: Giuffr&egrave;, 2000, p. 505.    <br>  <sup><a name="num70"></a><a href="#nu70">70</a></sup>Ugo Natoli; <i>L'attuazione del rapporto obbligatorio</i>. Tomo I: <i>Il comportamento del creditore</i>, Milano: Giuffr&egrave;, 1974, p. 48.    <br>  <sup><a name="num71"></a><a href="#nu71">71</a></sup>Una dura cr&iacute;tica a la existencia de estos deberes realizza Lina Bigliazzi Geri; en: voz <i>Buona fede nel diritto civile</i>, en: Digesto delle discipline privatistiche, vol. II, p. 170.    <br>  <sup><a name="num72"></a><a href="#nu72">72</a></sup>Ugo Natoli; <i>L'attuazione del rapporto obbligatorio</i>, cit., p. 50 ss.; Bigliazzi Geri, Lina; voz <i>Buona fede nel diritto civile</i>, cit., pp. 170 ss.    <br>  <sup><a name="num73"></a><a href="#nu73">73</a></sup>Ugo Natoli; <i>L'attuazione del rapporto obbligatorio</i>, cit., p. 55.    <br>  <sup><a name="num74"></a><a href="#nu74">74</a></sup>Ugo Natoli; <i>L'attuazione del rapporto obbligatorio</i>, cit., p. 49.    <br>  <sup><a name="num75"></a><a href="#nu75">75</a></sup>Ugo Natoli; <i>L'attuazione del rapporto obbligatorio</i>, cit., p. 49. Sobre los efectos de la falta de cooperaci&oacute;n en la extinci&oacute;n de la obligaci&oacute;n, v&eacute;ase: Lamarca Marqu&eacute;s; <i>El hecho del acreedor y la imposibilidad de la prestaci&oacute;n</i>, cit.    <br>  <sup><a name="num76"></a><a href="#nu76">76</a></sup>"I diritti potestativi sarebbero caratterizzati da questo che la norma attribuisce ad un subbietto il potere di modificare una situazione giuridica preesistente mediante un atto della sua volont&agrave;, atto che diventa rilevante anche per tutti coloro i quali sono interessati a quella situazione giuridica: questi ultimi nulla sono tenuti a fare al fine de cooperare col titolare al raggiungimento del suo interesse, ma nulla possono d'altro canto fare per impedire quel mutamento". Giorgianni, Michele; <i>L'obbligazione, Parte generale</i>, Milano: Giuffr&egrave;, 1968. Ver tambi&eacute;n: Auletta, Giuseppe; <i>Poteri formativi e diritti potestativi</i>, en: Riv. dir. com., 1939 (consultado mediante el extracto elaborado por: Casa Editrice Dottor Francesco Vallardi, Milano, 1939).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num77"></a><a href="#nu77">77</a></sup>Natoli, Ugo; <i>L'attuazione del rapporto obbligatorio</i>, cit., p. 64.    <br>  <sup><a name="num78"></a><a href="#nu78">78</a></sup>Rescigno, Pietro; voz <i>Obbligazione</i>, en: Enciclopedia del diritto, vol. 29, p. 145: "El destinatario de un derecho potestativo sufre la modificaci&oacute;n de la propia esfera jur&iacute;dica sin necesidad de colaboraci&oacute;n y sin la posibilidad de impedir los efectos del acto".    <br>  <sup><a name="num79"></a><a href="#nu79">79</a></sup>Natoli, Ugo; <i>L'attuazione del rapporto obbligatorio</i>, cit., p. 64.    <br>  <sup><a name="num80"></a><a href="#nu80">80</a></sup>Natoli, Ugo; <i>L'attuazione del rapporto obbligatorio</i>, cit., p. 49.    <br>  <sup><a name="num81"></a><a href="#nu81">81</a></sup>Natoli, Ugo; <i>L'attuazione del rapporto obbligatorio</i>, cit., p. 65.    <br>  <sup><a name="num82"></a><a href="#nu82">82</a></sup>Ugo Natoli; <i>L'attuazione del rapporto obbligatorio</i>, cit., p. 65.    <br>  <sup><a name="num83"></a><a href="#nu83">83</a></sup>Ugo Natoli; <i>L'attuazione del rapporto obbligatorio</i>, cit., p. 72.    <br>  <sup><a name="num84"></a><a href="#nu84">84</a></sup>Ugo Natoli; <i>L'attuazione del rapporto obbligatorio</i>, cit., p. 72.    <br>  <sup><a name="num85"></a><a href="#nu85">85</a></sup>Para todos ver Antonio Cabanill a S&aacute;nchez; <i>Las cargas del acreedor en el derecho civil y en el mercantil</i>, cit., pp. 91 ss; Lamarca Marqu&eacute;s; <i>El hecho del acreedor y la imposibilidad de la prestaci&oacute;n</i>, cit.; Fernando Hinestrosa; <i>Tratado de las obligaciones</i>, cit., p. 556.    <br>  <sup><a name="num86"></a><a href="#nu86">86</a></sup>Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., p. 47.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num87"></a><a href="#nu87">87</a></sup>Cfr. Arturo Alessandri, Manuel Somarriva y Antonio Vodanovic; <i>Tratado de las obligaciones. Del cumplimiento e incumplimiento de las obligaciones</i>, 2.&ordf; ed., Santiago: Jur&iacute;dica de Chile, 2004, p. 305. A esta noci&oacute;n recurren numerosos autores de la doctrina alemana moderna, y ser&iacute;a aquella consagrada en el C&oacute;digo de las obligaciones suizo. Cfr. Antonio Cabanill a S&aacute;nchez; <i>Las cargas del acreedor en el derecho civil y en el mercantil</i>, cit., pp. 91 ss.    <br>  <sup><a name="num88"></a><a href="#nu88">88</a></sup>C. Massimo Bianca; <i>L'obbligazione</i>, reimpresi&oacute;n actualizada, Milano: Giuffr&egrave;, 2005, p. 375.    <br>  <sup><a name="num89"></a><a href="#nu89">89</a></sup>V&eacute;ase Geremia Romano; <i>Interessi del debitore e adempimento</i>, cit., p. 210.    <br>  <sup><a name="num90"></a><a href="#nu90">90</a></sup>Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., p. 48; Antonio Cabanill a S&aacute;nchez; <i>Las cargas del acreedor en el derecho civil y en el mercantil</i>, cit., pp. 119 ss.    <br>  <sup><a name="num91"></a><a href="#nu91">91</a></sup>Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., p. 49.    <br>  <sup><a name="num92"></a><a href="#nu92">92</a></sup>Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., p. 50.    <br>  <sup><a name="num93"></a><a href="#nu93">93</a></sup>Ver Antonio Cabanilla S&aacute;nchez; <i>Las cargas del acreedor en el derecho civil y en el mercantil</i>, cit., p. 92.    <br>  <sup><a name="num94"></a><a href="#nu94">94</a></sup>Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., p. 58.    <br>  <sup><a name="num95"></a><a href="#nu95">95</a></sup>Antonio Cabanilla S&aacute;nchez; <i>Las cargas del acreedor en el derecho civil y en el mercantil</i>, cit., p. 55. Este autor, hablando en general de las 'cargas del acreedor', sostiene que en el supuesto de inobservancia de la carga por el acreedor, el riesgo ha de atribuirse exclusivamente al acreedor. Las consecuencias perjudiciales que derivan de la inobservancia de la carga han de ser soportadas exclusivamente por el acreedor, sin que quepa su desplazamiento al deudor, ya que son el resultado de una conducta que s&oacute;lo a &eacute;l le es imputable.    <br>  <sup><a name="num96"></a><a href="#nu96">96</a></sup>Cfr. Antonio Cabanilla S&aacute;nchez; <i>Las cargas del acreedor en el derecho civil y comercial</i>, cit., p. 185.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num97"></a><a href="#nu97">97</a></sup>Cfr. Antonio Cabanilla S&aacute;nchez; <i>Las cargas del acreedor en el derecho civil y comercial</i>, cit., p. 186.    <br>  <sup><a name="num98"></a><a href="#nu98">98</a></sup>En todo caso cabe se&ntilde;alar que, al resarcimiento de los perjuicios se llega mediante los llamados 'deberes de protecci&oacute;n', que tienen por objeto proteger a los contratantes del da&ntilde;o de contacto social al interior de la relaci&oacute;n obligatoria. Sobre el origen y funcionamiento de los 'deberes de protecci&oacute;n', v&eacute;ase: Luigi Lambo; <i>Obblighi di protezione</i>, Padova: CEDAM, 2007; Carlo Rosello; <I>Responsabilit&agrave; contrattuale ed aquiliana: il punto della giurisprudenza</I>, en: Contratto e impresa, 1996, p. 653; Francesco Benatti;<i> Osservazioni in tema di doveri di protezione</i>, en: Riv. trim. proc. civ., 1960, pp. 1342 ss.; Carlo - Wilhelm Castronovo; Obblighi di protezione e tutela del terzo, en: Jus, 1976, pp. 123 ss.; Claus Canaris; <i>Norme di protezione, obblighi del traffico, doveri di protezione</i>, en: Riv. critica dir. priv., 1983, pp. 793 ss.; Luigi Mengoni; <i>La parte generale delle obbligazioni</i>, en: Riv. critica dir. priv., 1984, pp. 507 ss.; Carlo Castronovo; voz <i>Obblighi di protezione</i>, en: Enciclopedia giuridica, Treccani, vol. XXI, 1990.    <br>  <sup><a name="num99"></a><a href="#nu99">99</a></sup>La misma idea se desprende del art&iacute;culo 1604, que dice: "Las expensas de toda oferta y consignaci&oacute;n v&aacute;lidas ser&aacute;n a cargo del acreedor".    <br>  <sup><a name="num100"></a><a href="#nu100">100</a></sup>V&eacute;ase P.5.&ordf;, tit. 5.&deg;, Ley 27. Consultada en: <i>Las siete Partidas del Sabio Rey D. Alonso el IX, con las variantes de m&aacute;s inter&eacute;s, y con la glosa del Lic. Gregorio L&oacute;pez</i>, trad. castellana de Ignacio Sanponts y Barba, Ram&oacute;n Marti de Eixala, Jos&eacute; Ferrer y Subina, tomo II, Barcelona: Imprenta de Antonio Bergnes, 1843, p. 82.    <br>  <sup><a name="num101"></a><a href="#nu101">101</a></sup>Cfr. Robert Joseph Pothier; <i>Tratado de los contratos. Tomo I. Tratado de contrato de venta</i>, cit., p. 151.    <br>  <sup><a name="num102"></a><a href="#nu102">102</a></sup>Cfr. Alfredo Barros Errazuris; <i>Curso de Derecho civil</i>, Santiago: Editorial Nacimiento, 1932, p. 75; Rene Abeliuk Manasevich; Las obligaciones, cit., p. 782; Arturo Alessandri, Manuel Somarriva, Antonio Vodanovic; <i>Tratado de las obligaciones. Del cumplimiento e incumplimiento de las obligaciones</i>, cit., p. 311.    <br>  <sup><a name="num103"></a><a href="#nu103">103</a></sup>En este sentido Fernando Fueyo, quien despu&eacute;s de haber hablado de la "carga que llevaba el acreedor como tal en la relaci&oacute;n", termina por tratarla como una verdadera obligaci&oacute;n que se rige por las mismas reglas que rigen el incumplimiento del deudor propiamente tal, art&iacute;culos 1556-1558. V&eacute;ase Fernando Fueyo Laneri; <i>Cumplimiento e incumplimiento de las obligaciones</i>, 3&ordf; ed., actualizada por Gonzalo Figueroa Ya&ntilde;ez, Santiago: Jur&iacute;dica de Chile, 2004, pp. 453 ss. Similarmente Arturo Alessandri, Manuel Somarriva, Manuel Vodanovic; <i>Tratado de las obligaciones</i>,..., cit., pp. 305 ss., en esta obra no se duda en calificar de 'carga' la cooperaci&oacute;n del acreedor, pero luego, al tratar los efectos de la mora, se dice que el acreedor debe resarcir "los perjuicios al deudor".    <br>  <sup><a name="num104"></a><a href="#nu104">104</a></sup>Sobre las caracter&iacute;sticas que deben cumplir los gastos para ser reembolsados, v&eacute;ase Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., pp. 96 ss.    <br>  <sup><a name="num105"></a><a href="#nu105">105</a></sup>Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., p. 98; Id. <i>Della mora del creditore</i>, en: <i>Commentario del codice civile</i>, al cuidado de Antonio Scialoja y Giusepp e Branca, Bologna: Zanichelli, Roma: Soc. Ed. del Foro Italiano, 1973, p. 120.    <br>  <sup><a name="num106"></a><a href="#nu106">106</a></sup>Cfr. Giovanni Cattaneo; <i>Della mora del creditore</i>, cit., pp. 120 ss.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num107"></a><a href="#nu107">107</a></sup>Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., p. 50.    <br>  <sup><a name="num108"></a><a href="#nu108">108</a></sup>Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., p. 57. En el sentido que la mora creditoris no necesita de la culpa, pero que no obstante ello constituye igualmente un 'deber secundario de conducta', v&eacute;ase Giovanni Giacobbe; voz <i>Mora del creditore</i> (dir. civ.) en: Enciclopedia del diritto, vol. XXVI, pp. 962 ss.    <br>  <sup><a name="num109"></a><a href="#nu109">109</a></sup>Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., p. 58.    <br>  <sup><a name="num110"></a><a href="#nu110">110</a></sup>Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., 1964, p. 60.    <br>  <sup><a name="num111"></a><a href="#nu111">111</a></sup>Cfr. Hans Kelsen; <i>Teoria generale del diritto e dello stato</i>, trad. italiana de Sergio Cotta y Giuseppino Treves, 6.&ordf; ed., 1994, reimpresi&oacute;n, Milano: etas, 2000, p. 59. V&eacute;anse tambi&eacute;n: Andreas Von Tuhr; <i>Parte general del derecho civil</i>, trad. castellana de Wenceslao Roces, San Jos&eacute; de Costa Rica: Ediciones Juricentro, 1977, p. 19; Emilio Betti; <i>Diritto romano</i>, vol. I. <i>Parte generale</i>, Padova: CEDAM, 1935, pp. 406 ss.    <br>  <sup><a name="num112"></a><a href="#nu112">112</a></sup>Cfr. Antonio Palermo; voz <i>Obbligo giuridico</i>, en: Novissimo digesto italiano, vol. XI, p. 704.    <br>  <sup><a name="num113"></a><a href="#nu113">113</a></sup>Antonio Palermo; voz <i>Obbligo giuridico</i>, cit., p. 704. Emilio    <br>  <sup><a name="num114"></a><a href="#nu114">114</a></sup>Cfr. Betti; <i>Diritto romano</i>, cit., p. 412.    <br>  <sup><a name="num115"></a><a href="#nu115">115</a></sup>Cfr. Arturo Alessandri, Manuel Somarriva y Antonio Vodanovic; <i>Tratado de derecho civil. Partes preliminar y general</i>, 7.&ordf; ed., Santiago: Jur&iacute;dica de Chile, 1998, p. 301.    <br>  <sup><a name="num116"></a><a href="#nu116">116</a></sup>Cfr. Emilio Betti; <i>Diritto romano</i>, cit., p. 413.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num117"></a><a href="#nu117">117</a></sup>Cfr. Arturo Alessandri, Manuel Somarriva y Antonio Vodanovic; <i>Tratado de derecho civil. Partes preliminar y general</i>, cit., p. 161; Emilio Betti; Diritto romano, cit., p. 431. Este &uacute;ltimo autor habla del Derecho romano, por lo tanto, al interior de la sanci&oacute;n civil &eacute;l distingue entre la sanci&oacute;n dirigida al resarcimiento y aquella dirigida a la imposici&oacute;n de una poena, pero, como sabemos, esta divisi&oacute;n ha sido superada en el sistema romanista moderno, pues, sin perjuicio de las opiniones disidentes, en la jurisprudencia no se aceptan los llamados 'da&ntilde;os punitivos'.    <br>  <sup><a name="num118"></a><a href="#nu118">118</a></sup>Cfr. Sebasti&aacute;n Carbonell; <i>Dizionario fraseologico completo Italiano-Sapgnolo e Spagnolo-Italiano</i>, parte Italiana-Spagnola, Milano: Hoelpi, 1986, p. 438; Istituto della Enciclopedia Italiana; <i>Vocabolario della lingua italiana</i>, vol. III, Roma: 1987, p. 523.    <br>  <sup><a name="num119"></a><a href="#nu119">119</a></sup>Cfr. Manlio Cortelazzo; Paolo Zolli; <i>Dizionario etimologico della lingua italiana</i>, reimpresi&oacute;n de la 1.&ordf; ed. de 1985, Bologna: Zanichelli, 1999, p. 833.    <br>  <sup><a name="num120"></a><a href="#nu120">120</a></sup>Cfr. Spinell i, Vincenzo; Casasanta, Mario; <i>Dizionario completo italiano- portoghese (brasiliano)</i>, parte 1.&ordf;, Milan: Hoelpi, 1983, p. 491.    <br>  <sup><a name="num121"></a><a href="#nu121">121</a></sup>Cfr. Lorenzo Carnelli; voz <i>Carga</i>, en: Enciclopedia Jur&iacute;dica Omeba, tomo II, p. 708 En este mismo sentido: Gian Antonio Micheli, <i>L'onere della prova</i>, Padova: CEDAM, 1942, pp. 67 ss.    <br>  <sup><a name="num122"></a><a href="#nu122">122</a></sup>Antonio Palermo; voz Onere, en: Novissimo digesto italiano, vol. XI, p. 916; Paola Gelato; voz <i>Onere</i>, en: Digesto delle discipline privatistiche, XIII, p. 62.    <br>  <sup><a name="num123"></a><a href="#nu123">123</a></sup>V&eacute;ase Francesco Carnelutti; <i>Teoria generale del diritto</i>, 3.&ordf; ed., Roma: Foro Italiano, 1951, p. 160. Tal conclusi&oacute;n corresponde a la evoluci&oacute;n del pensamiento de este autor, en efecto, ya antes hab&iacute;a afirmado: "La nozione che caratterizza l'obbligo &egrave; il vincolo imposto alla volont&agrave;. Vi sono diverse gradazioni di questo vincolo. Perci&ograve; vi sono obblighi pi&ugrave; o meno intensi, come legami pi&ugrave; o meno infrangibili (...). La intensit&agrave; del vincolo &egrave; infatti riflesso della attivit&agrave; della sanzione; la volont&agrave; &egrave; tanto pi&ugrave; vincolata quanto meglio sappia che non potr&agrave; sottrarsi a quel sacrificio che il diritto le impone. Sotto questo aspetto assume una importanza di prim'ordine la distinzione tra le due forme fondamentali di sanzione: esecuzione e pena. Il massimo del vincolo &egrave; realizzato appunto della minaccia dell'esecuzione; quanto pi&ugrave; questa minaccia sia precisa ed effettiva tanto pi&ugrave; la volont&agrave; si sente dominata dell'ineluttabile. (...). La esecuzione e non la pena toglie alla volont&agrave; dell'obbligato ogni possibilit&agrave; di evitare quel sacrificio, che il diritto pretende da lui. Perci&ograve; man mano che si passa dell'esecuzione alla pena si digrada anche della figura dell'<i>obbligo</i> alla figura del <i>onere</i>". Cfr. Francesco Carnelutti; <i>Negozio giuridico, atto illecito, atto dovuto</i>, en: Riv. Dir. Comm., vol. XXI, 1923, Parte I, p. 354.    <br>  <sup><a name="num124"></a><a href="#nu124">124</a></sup>Cfr. Emilio Betti; <i>Diritto romano</i>, cit., p. 410.    <br>  <sup><a name="num125"></a><a href="#nu125">125</a></sup>Cfr. Oberdam Tommaso Scozzafava; voz <i>Onere</i> (nozione) en: Enciclopedia del diritto, vol. XXX, p. 102; Emilio Betti; <i>Diritto romano</i>, vol. I. <i>Parte generale</i>, Padova: cedam, 1935, pp. 412 ss.; Vincenzo Durante; voz <i>Onere</i>, en: Enciclopedia giuridica italiana, vol. XXI, p. 3.    <br>  <sup><a name="num126"></a><a href="#nu126">126</a></sup>Antonio Palermo; voz <i>Onere</i>, cit., p. 916; Vincenzo Durante; voz Onere, cit., p. 1; Oberdam Tommaso Scozzafava; voz<i> Onere</i> (nozione), cit., 102; Arturo Alessandri, Manuel Smarriva, Antonio Vodanovic; <i>Tratado de derecho civil. Partes preliminar y general</i>, cit., p. 301.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num127"></a><a href="#nu127">127</a></sup>Cfr. Emilio Betti; <i>Diritto romano</i>, cit., p. 410; Paola Gelato; voz Onere, en: Digesto delle discipline privatistiche, XIII, p. 62; Palermo, Antonio; voz <i>Onere</i>, cit., p. 917.    <br>  <sup><a name="num128"></a><a href="#nu128">128</a></sup>Antonio Palermo; voz <i>Onere</i>, cit., p. 917; Emilio Betti; <i>Diritto romano</i>, cit., p. 410.    <br>  <sup><a name="num129"></a><a href="#nu129">129</a></sup>V&eacute;ase Giacomo Gavazzi; <i>L'onere. Tra la libert&agrave; e l'obbligo</i>, reimpresi&oacute;n de la 1.&ordf; ed., Torino: Giapichelli, 1985.    <br>  <sup><a name="num130"></a><a href="#nu130">130</a></sup>Cfr. Lorenzo Carnelli; voz <i>Carga</i>, en: Enciclopedia Jur&iacute;dica Omeba, tomo II, p. 708 En este mismo sentido: Gian Antonio Micheli, <i>L'onere della prova</i>, cit., pp. 67 ss.    <br>  <sup><a name="num131"></a><a href="#nu131">131</a></sup>"L'antecedente immediato di codeste teoriche &egrave; da ricercare nello Zitelmann, il quale distingue della responsabilit&agrave; verso il terzo, la responsabilit&agrave; verso se stesso (<i>Verschulden gegen sich selbst</i>) e cio&egrave; appunto autoresponsabilit&agrave;". Cfr. Gian Antonio Micheli, <i>L'onere della prova</i>, cit., p. 67.    <br>  <sup><a name="num132"></a><a href="#nu132">132</a></sup>Cfr. Salvatore Pugliatti; voz <i>Autoresponsabilit&agrave;</i>, en: Enciclopedia del diritto, vol. IV, pp. 452 ss.; Oberdam Tomm aso Scozzafava; voz Onere (nozione), cit., pp. 99 ss.; Emilio Betti; <i>Diritto romano</i>, cit., pp. 410-411; Ernesto Sico; <i>Il creditore ha l'onere di proporre l'azione esecutiva?</i>, (nota a la Cassazione civile, sez. I, 14 gennaio 1992), en: Il corriere giuridico, 1992, pp. 283 ss.; Albert Lamarca Marqu&eacute;s; <i>El hecho del acreedor y la imposibilidad de la prestaci&oacute;n</i>, cit., p. 39.    <br>  <sup><a name="num133"></a><a href="#nu133">133</a></sup>Al respecto, v&eacute;ase Antonio Cabanilla S&aacute;nchez; <i>Las cargas del acreedor en el derecho civil y en el mercantil</i>, cit., pp. 50 ss.    <br>  <sup><a name="num134"></a><a href="#nu134">134</a></sup>En este sentido Cabanilla S&aacute;nchez, quien contrapone el concepto de carga a los deberes de prestaci&oacute;n, deberes accesorios y deberes de protecci&oacute;n. En todos los casos sostiene que la diferencia radica en la inexigibilidad e improcedencia de resarcimiento cuando se trata de una carga. Cfr. Antonio Cabanilla S&aacute;nchez; <i>Las cargas del acreedor en el derecho civil y en el mercantil</i>, cit., pp. 50 ss.    <br>  <sup><a name="num135"></a><a href="#nu135">135</a></sup>Antonio Cabanill a S&aacute;nchez; <i>Las cargas del acreedor en el derecho civil y en el mercantil</i>, cit., p. 62.    <br>  <sup><a name="num136"></a><a href="#nu136">136</a></sup>D&eacute;m&egrave;tre J. Baroncea; <i>Essai sur la faute et le fait du cr&eacute;ancier</i>..., cit., p. 14.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num137"></a><a href="#nu137">137</a></sup>Cfr. D.17.1.37; D.18.6.5; D.19.1.38.1; D.46.3.9.1; C.4.32.19.    <br>  <sup><a name="num138"></a><a href="#nu138">138</a></sup>D.18.6.17.    <br>  <sup><a name="num139"></a><a href="#nu139">139</a></sup>D.16.3.1.36-37; D.22.1.18.1.    <br>  <sup><a name="num140"></a><a href="#nu140">140</a></sup>D.4.4.7.2; D.17.1.56.1.    <br>  <sup><a name="num141"></a><a href="#nu141">141</a></sup>Cfr. Carlo Augusto Cannata; voz <i>Mora</i> (storia), en: Enciclopedia del diritto, vol. 26, p. 927.    <br>  <sup><a name="num142"></a><a href="#nu142">142</a></sup>Cfr. Max Kaser; <i>Derecho romano privado</i>, trad. castellana de Jos&eacute; Santa Cruz Teijeiro, Madrid: Reus, 1968, p. 174. Cabe se&ntilde;alar que &eacute;sta no ha sido siempre la opini&oacute;n dominante, en efecto, la pandect&iacute;stica alemana construy&oacute; la 'mora creditoris' bajo los designios de la <i>mora debitoris</i>, en consecuencia, para estos autores, ella no se produc&iacute;a, sino cuando el acreedor estaba en culpa. Cfr Bernardo Windscheid; <i>Diritto delle pandette</i>, cit., pp. 336-337 n.&deg; 10.    <br>  <sup><a name="num143"></a><a href="#nu143">143</a></sup>Discutido es entre los autores el preciso efecto que produce la consignaci&oacute;n de la suma debida en el Derecho romano. As&iacute;, mientras algunos opinan que ella ten&iacute;a desde el derecho cl&aacute;sico un efecto liberatorio, otros dicen que esto se habr&iacute;a producido s&oacute;lo en el derecho justinianeo. (V&eacute;ase Ram&oacute;n Herrera Bravo; <i>Usurae, problem&aacute;tica jur&iacute;dica de los intereses en el Derecho romano</i>, Granada: Universidad de Ja&eacute;n, 1997, p. 97); otros autores como De Rugg iero sostienen que en derecho cl&aacute;sico debe distinguirse entre "dep&oacute;sito publico o judicial" y "dep&oacute;sito privado" (Cfr. Roberto de Ruggiero; <i>Note sul cosidetto deposito pubblico o giudiziale in diritto romano</i>, en: St. Cagliarii, 1909) y, por &uacute;ltimo, existe quien se&ntilde;ala que debe distinguirse entre antes y despu&eacute;s del emperador Diocleciano y que ser&iacute;a a la &eacute;poca de &eacute;ste que la consignaci&oacute;n habr&iacute;a adquirido un efecto liberatorio (Cfr. Lucio Bove; <i>Glieffetti del deposito della cosa dovuta</i>, LABEO 1, 1955, pp. 173 ss.; Reinhard Zimmermann; <i>The law of obligations. Roman foundations of the civilian tradition</i>, South Africa - Deventer (Boston): Juta & Co. - Kluwer, 1992, p. 821; Elena Quintana Orive; <i>Observaciones sobre el dep&oacute;sito de la cosa debida en caso de mora</i>, en: rida, 3.&ordf; serie, tomo 46, 1999, p. 448). Por nuestra parte, consideramos que, cu&aacute;ndo menos hasta al s. III d.C., la consignaci&oacute;n no ten&iacute;a efecto liberatorio, ello lo demuestra el texto de Papiniano, contenido en D.22.1.7, que reconoce expresamente la posibilidad de que el deudor sea demandado de pago con posterioridad al dep&oacute;sito y, a&uacute;n m&aacute;s, que sea constituido en mora, lo que no ser&iacute;a posible si la obligaci&oacute;n estuviese ya extinguida.    <br>  <sup><a name="num144"></a><a href="#nu144">144</a></sup>V&eacute;ase Carlo Augusto Cannata; voz <i>Mora</i> (storia), cit., p. 928. Este autor sostiene que &eacute;ste ser&iacute;a el 'efecto normal' de la <i>mora creditoris</i>.    <br>  <sup><a name="num145"></a><a href="#nu145">145</a></sup>En el mismo sentido podemos ver <i>Marcellus 20 Dig</i>., D.46.3.72pr.    <br>  <sup><a name="num146"></a><a href="#nu146">146</a></sup>V&eacute;ase tambi&eacute;n: D.22.1.7; D.22.1.18; D.26.7.28.1; C.4.32.2; C.4.32.6; C.4.32.19. Todos estos pasajes presuponen una deuda pecuniaria, pero que el dep&oacute;sito era admitido tambi&eacute;n para cosas muebles, lo demuestra la Nov. 91, c. 2. Cfr. Bernardo Windscheid; <i>Diritto delle pandette</i>, cit., p. 341 n.&deg; 2.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num147"></a><a href="#nu147">147</a></sup>En este sentido nos dice Kaser: "El acreedor puede perjudicar su propio cr&eacute;dito impidiendo por causa a &eacute;l imputable e correcto cumplimiento de la prestaci&oacute;n que el deudor le ofrece. Especialmente por la no aceptaci&oacute;n de la prestaci&oacute;n, por el acreedor. Esta mora del acreedor (<i>mora accipiendi</i>) no implica, como la mora del deudor, violaci&oacute;n de la obligaci&oacute;n. El acreedor no est&aacute; obligado a aceptar la prestaci&oacute;n y, por tanto, no responde al deudor cuando no la acepta. Sin emabrgo, se protege al deudor que hizo cuanto pudo para cumplir su obligaci&oacute;n, siendo indiferente que el acreedor sea o no culpable al rehusar la cooperaci&oacute;n". Max Kaser; <i>Derecho romano privado</i>, cit., pp. 173-174.    <br>  <sup><a name="num148"></a><a href="#nu148">148</a></sup>Estudiamos la compraventa de vino porque el <i>Corpus Iuris</i> nos proporciona diversos pasajes al respecto, pero debe tenerse en consideraci&oacute;n que la doctrina romanista insiste en que las soluciones adoptadas para este caso se aplicaban tambi&eacute;n a los dem&aacute;s casos similares. Cfr. Elena Quintana Orive; <i>Observaciones sobre el dep&oacute;sito de la cosa debida en caso de mora</i>, cit. p. 428.    <br>  <sup><a name="num149"></a><a href="#nu149">149</a></sup>Para todas ver: Mar&iacute;a M. Ben&iacute;tez L&oacute;pez; <i>La venta de vino y otras mercanc&iacute;as en la jurisprudencia romana</i>, Madrid: Dikinson, 1994.    <br>  <sup><a name="num150"></a><a href="#nu150">150</a></sup>En este caso se trataba, por lo general, del vino nuevo que estaba en las tinajas del agricultor todav&iacute;a en proceso de fermentaci&oacute;n. Cfr. Reinhard Zimm ermann; <i>The law of obligation</i>, cit. p. 284.    <br>  <sup><a name="num151"></a><a href="#nu151">151</a></sup>En este caso se trataba del vino ya fermentado y de mejor calidad. Cfr. Reinhard Zimm ermann; <i>The law of obligations</i>, cit., p. 285.    <br>  <sup><a name="num152"></a><a href="#nu152">152</a></sup>Cfr. Vincenzo Arangio-Ruiz; <i>Responsabilit&agrave; contrattuale in diritto romano</i>, cit., pp. 73 ss. Reinhard Zimmermann; <i>The law of obligations</i>, cit., p. 287. Recordemos que en virtud de este grado de responsabilidad el deudor quedaba obligado a garantizar que habr&iacute;a hecho todo lo posible para salvar la integridad de la cosa dejada a su vigilancia, a su cuidado a su atenci&oacute;n: en caso de falta de restituci&oacute;n &eacute;l era responsable para con el acreedor sin que &eacute;ste &uacute;ltimo tuviera que probar su espec&iacute;fica culpa (<i>'sine culpa'</i>). Cfr. Antonio Guarino; <i>Diritto privato romano</i>, 12.&ordf; ed., Napoli: Jovene, 2001, p. 1014.    <br>  <sup><a name="num153"></a><a href="#nu153">153</a></sup>Cabe se&ntilde;alar que la responsabilidad por 'custodia' est&aacute; referida a la p&eacute;rdida del vino en poder del vendedor, ya que el riesgo de acidez o enmohecimiento pasaba al comprador desde el momento de la degustatio, para la cual Cat&oacute;n aconsejaba tres d&iacute;as desde de la celebraci&oacute;n del contrato. Cfr. Reinhard Zimmermann; <i>The law of obligations</i>, cit., pp. 285 ss.    <br>  <sup><a name="num154"></a><a href="#nu154">154</a></sup>Ver la ex&eacute;gesis del pasaje que lleva a determinar que el jurista hac&iacute;a un uso t&eacute;cnico de la expresi&oacute;n custodia, en: Vincenzo Arangio-Ruiz; <i>Responsabilit&agrave; contrattuale in diritto romano</i>, cit., pp. 73 ss.    <br>  <sup><a name="num155"></a><a href="#nu155">155</a></sup>Cfr. Bruce W. Frier; <i>Roman law and the wine trade: the problem of 'vinegar sold as wine'</i>, en: zssr, 100, 1983, p. 281.    <br>  <sup><a name="num156"></a><a href="#nu156">156</a></sup>Cfr. Bruce W. Frier; <i>Roman law and the wine trade</i>, cit.. p. 290.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num157"></a><a href="#nu157">157</a></sup>Cfr. Mar&iacute;a M. Ben&iacute;tez L&oacute;pez; <i>La venta de vino y otras mercanc&iacute;as</i>, cit. p. 151; Id; <i>La "traditio" de mercanc&iacute;as</i>, en: index, 27, 1999, pp. 359 ss.    <br>  <sup><a name="num158"></a><a href="#nu158">158</a></sup>Mar&iacute;a M. Ben&iacute;tez L&oacute;pez; <i>La venta de vino y otras mercanc&iacute;as</i>, cit., p. 150.    <br>  <sup><a name="num159"></a><a href="#nu159">159</a></sup>Crf. Alberto Burdese; <i>Catone e la vendita di vino</i>, en: SDHI, LXVI, 2000, p. 275.    <br>  <sup><a name="num160"></a><a href="#nu160">160</a></sup>Con respecto a este t&iacute;tulo v&eacute;anse Mario Talamanca; <I>Considerazioni sul 'periculum rei venditae'</I>, en: Seminarios complutenses de Derecho romano, VII, 1995, pp. 217 ss. V&eacute;ase tambi&eacute;n Sargenti, Manlio; <i>Problemi della responsabilit&agrave; contrattuale</i>, III, <i>Obbligazione di consegnare e 'periculum rei venditae'</i>, en: SDHI, 20, 1954, pp. 200 ss.; Id.; voz <i>Rischio</i>, en: Enciclopedia del diritto, vol. 41, pp. 1126 ss.    <br>  <sup><a name="num161"></a><a href="#nu161">161</a></sup>Hoy en d&iacute;a la doctrina se pregunta qu&eacute; ocurre con la contraprestaci&oacute;n cuando el acreedor da lugar a la imposibilidad de la suya. La respuesta no es un&aacute;nime, pero gran parte de ella tiende a seguir la soluci&oacute;n propuesta por el BGB &sect;324, en el sentido que el deudor tendr&aacute; derecho a la contraprestaci&oacute;n, pero "deber&aacute; tolerar que se le impute aquello que ahorre a causa de la liberaci&oacute;n de la prestaci&oacute;n, o aquello que adquiera o deje maliciosamente de adquirir mediante ulterior utilizaci&oacute;n de su actividad". Cfr. Antonio Cabanilla S&aacute;nchez; <i>Las cargas del acreedor en el derecho civil y comercial</i>, cit., p. 218.    <br>  <sup><a name="num162"></a><a href="#nu162">162</a></sup>Hay algunas incertezas con respecto del t&iacute;tulo de esta obra, en efecto, para algunos el t&iacute;tulo correcto ser&iacute;a '<i>De re rustica</i>'. Cfr. <i>Opere di Marco di Marco Porcio Catone Censore</i>, trad. italiana al cuidado de Paolo Cugusi y Maria Teresa Sblendorio Cugusi, vol. I, Torino: UTET, 2001, p. 60, n.&deg; 284.    <br>  <sup><a name="num163"></a><a href="#nu163">163</a></sup>La doctrina nos cuenta que Cat&oacute;n fue un jurisconsulto e historiador, nacido en Roma el 234 a. C., <i>praetor sardiniae</i> en el 198, c&oacute;nsul en el 195 y censor en el 184, muerto en el 149 a. C. (Cfr. Riccardo Orestano; voz <i>Catone Marco Porcioil Censore</i>, en: Novissimo digesto italiano, vol. III, p. 27). Se trataba de un hombre de gran cultura, en efecto habr&iacute;a sido el m&aacute;ximo representante de su tiempo en lo que se refiere a las instituciones y costumbres de la ciudad. (Cfr. Mario Bretone; <i>Tecniche e ideologie dei giuristi romani</i>, Napoli: E.S.I., p. 7; Carlo Augusto Cannata; <i>Per una storia della scienza giuridica europea, I. Dalle origini all'opera di Labeone</i>, Torino: Giappichelli, 1997, p. 208). Era tambi&eacute;n un experto de derecho, calificado por Cicer&oacute;n en De Orat. 1.37.171 como 'expert&iacute;simo en derecho civil', y citado por Sexto Pomponio entre los m&aacute;ximos jurisconsultos del pasado, D.1.2.2.38. Por tanto, el contenido de su obra, a&uacute;n cuando sea de car&aacute;cter literario, es perfectamente atendible del punto de vista jur&iacute;dico. Para la importancia jur&iacute;dica de la obra de Cat&oacute;n, particularmente en lo que se refiere al incumplimiento, ver: Riccardo Cardilli; <i>L'obbligazione di 'praestare' e la responsabilit&agrave; contrattuale in diritto romano</i>, Milano: Giuffr&egrave;, 1995, pp. 63 ss.    <br>  <sup><a name="num164"></a><a href="#nu1614">164</a></sup>Cfr. <i>Opere di Marco di Marco Porcio Catone Censore</i>, cit., p. 245.    <br>  <sup><a name="num165"></a><a href="#nu165">165</a></sup>Trat&aacute;ndose de un agricultor que vend&iacute;a a granel, nos ilustra Cat&oacute;n cu&aacute;l era exactamente la usanza de la &eacute;poca: si no se hab&iacute;a fijado d&iacute;a para la medida deb&iacute;a esperar el vendedoragricultor hasta las pr&oacute;ximas calendas de enero, si para entonces el comprador no hab&iacute;a prove&iacute;do, deb&iacute;a proceder a medir el vino y conservarlo en su bodega hasta las pr&oacute;ximascalendas del octubre (pr&oacute;xima vendimia); si todav&iacute;a el comprador no lo hab&iacute;a retirado, el vendedor pod&iacute;a hacer lo que quisiera con el vino. Cfr. <i>Opere di Marco di Marco Porcio Catone Censore</i>, cit., p. 245. Ver tambi&eacute;n: Carlo Castello; <i>Nuovi spunti su problemi di storia, economia e diritto desunti dea de agri cultura di Catone</i>, en: Studi in memoria do Guido Donatuti, vol. I, Milano: Cisalpino - La Gogliardica, 1973, pp. 237 ss.    <br>  <sup><a name="num166"></a><a href="#nu166">166</a></sup>Cfr. Vincenzo Arangio-Ruiz; <i>Responsabilit&agrave; contrattuale in diritto romano</i>, cit., p. 73.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num167"></a><a href="#nu167">167</a></sup>"...i veteres volevano che il venditore misurasse il vino prima di versarlo: il compratore ha interesse di sapere se &egrave; rimasta una parte di quanto comprato. No vi &egrave; una ragione seria di togliere la paternit&agrave; di questa annotazione (la parte final de D.18.6.1.4) a Ulpiano e attribuirla, come alcuni vogliono, a un oscuro glossatore postclassico". Cfr. Riccardo Astolfi; <i>I libri tres iuris civilis di Sabino</i>, 2&ordf; ed., Padova: CEDAM, 2001, p. 123.    <br>  <sup><a name="num168"></a><a href="#nu168">168</a></sup>Cfr. Mar&iacute;a M. Ben&iacute;tez L&oacute;pez; <i>La venta de vino y otras mercanc&iacute;as</i>, cit. p. 151.    <br>  <sup><a name="num169"></a><a href="#nu169">169</a></sup>Se trata del comentario de Ulpiano a '<i>Libri III iuris civilis</i>' de Sabino, el m&aacute;s antiguo manual de instrucci&oacute;n para estudiantes de derecho del que tengamos conocimiento, y que continu&oacute; siendo citado por los juristas durante todo el periodo cl&aacute;sico. En efecto, Pomp onio, Paulo y Ulpiano le dedicaron extensos comentarios. Cfr. Fritz Shulz; <i>Storia della giurisprudenza romana</i>, Firenze: Sansoni, 1968, pp. 277 ss.    <br>  <sup><a name="num170"></a><a href="#nu170">170</a></sup>Dada la dif&iacute;cil inteligencia del pasaje, acompa&ntilde;amos tambi&eacute;n la versi&oacute;n en italiano: "Il venditore &egrave; autorizzato, del resto, a versare il vino fuori dai recipienti spargendolo, se ha fissato un termine per la misurazione e non si &egrave; proceduto alla stessa entro il termine: egli non potr&agrave; per&ograve; procedere immediatamente a versare il vino, prima di averlo comunicato al compratore con attestazione della comunicazione stessa, affinch&eacute; quest'ultimo ritiri il vino o sappia che il vino verr&agrave; versato. Se, per&ograve;, pur potendolo versare, non lo abbia fatto, il venditore &egrave; degno do lode, ed &egrave; perci&ograve; che pu&ograve; pretendere anche un canone per la giare occupate; ma soltanto se egli ebbe interesse ad avere vuoti quei recipienti in cui si trovava il vino (ad esempio perch&eacute; li avrebbe dati in locazione) o se consider&ograve; necessario prendere in locazione altre giare. Pi&ugrave; adeguato alla situazione, poi, &egrave; che il venditore prenda in locazione i recipienti e non consegni il vino, se dal compratore non gli venga restituito il relativo cannone di locazione; o rivenda il vino con le modalit&agrave; richieste dalla buona fede, e cio&egrave;, nei limiti in cui ci&ograve; non torni di ostacolo (alla sua normale attivit&agrave;) faccia in modo che la cosa si svolga con il minor danno possibile per il compratore". Cfr. Sandro Schipani (al cuidado de); <i>Iustiniani augusti digesta seu pandectae</i>, vol. III, Milano: Giuffr&egrave;, 2007, p. 385.    <br>  <sup><a name="num171"></a><a href="#nu171">171</a></sup>En el mismo sentido ver: Mario Talamanca; voz <i>Vendita</i> (dir. rom.), Enciclopedia del diritto, vol. 46, p. 437.    <br>  <sup><a name="num172"></a><a href="#nu172">172</a></sup>Cfr. Index Interpolationum, t. I, p. 330.    <br>  <sup><a name="num173"></a><a href="#nu173">173</a></sup>En la historia de Roma antigua pueden distinguirse tres modelos econ&oacute;mico-sociales, o, si se prefiere, tres modos de producci&oacute;n dominantes. El primero se desarrolla en el periodo que va desde la m&aacute;s antigua comunidad gentilicia hasta la afirmaci&oacute;n de la esclavitud como fen&oacute;meno absorbente en el campo de las fuerzas de trabajo, o sea, hasta todo el s. IV a.C. En este periodo la actividad comercial no est&aacute; desarrollada, se produce para el consumo familiar y no para el mercado. La segunda fase cubre el periodo en que las fuerzas de trabajo estaban constituidas por esclavos y no por trabajadores; esta formaci&oacute;n se extiende del s. III a.C. hasta la mitad del s. III d.C. y, desde el punto de vista econ&oacute;mico, se caracteriza por la afirmaci&oacute;n del valor de intercambio, por un gran desarrollo comercial y una profunda transformaci&oacute;n de la agricultura y de los modos de aprovechamiento de la tierra. El tercer modelo econ&oacute;mico-social rige desde la mitad del s. III d.C. hasta la ca&iacute;da del Imperio, este periodo est&aacute; marcado por la gran crisis econ&oacute;mica del s. iii, por la decadencia de la actividad comercial, por las nuevas relaciones entre el campo y la ciudad y, principalmente, por la decadencia de la econom&iacute;a esclavista y por la emersi&oacute;n de las fuerzas de trabajo libres que, bajo forma de colonos, son f&eacute;rreamente vinculadas a las grandes propiedades territoriales encabezadas por los dominios imperiales. Cfr. Serrao, Feliciano; <i>Diritto privato economia e societ&agrave; nella storia di Roma. Dalla societ&agrave; gentilizia alle origini dell'economia schiavistica</i>, Jovene: 2006, pp. 7 ss. V&eacute;ase tambi&eacute;n: Fadda; <i>Istituti commerciali del diritto romano. Introduzione</i>. Con una nota de lectura de Lucio Bove, Carlo Napoli: Jovene, 1987; Manuel Jes&uacute;s Garc&iacute;a Garrido; <i>El comercio los negocios y las finanzas en el mundo romano</i>, Madrid: Dykinson, 2001, pp. 16 ss.; Maria M. Benitez L&oacute;pez; <i>La venta de vino y otras mercanc&iacute;as</i>, cit., pp. 13 ss.; Laura Solidoro; <i>Problemi di storia sociale nell'elaborazione giuridica romana</i>, 2&ordf; ed., Napoli: Jovene, 1996, p. 17.    <br>  <sup><a name="num174"></a><a href="#nu174">174</a></sup>Sabino, a quien consideramos pertenece la 'idea' contenida en el pasaje, vivi&oacute; en el S. I D. C. (Cfr. Ricc ardo Orestano; voz <i>Sabino Masurio</i>, en: Novissimo digesto italiano, vol XVI, p. 294), que, como vimos en la nota 145, corresponde un periodo de grande apogeo en la econom&iacute;a romana, caracterizado por un fuerte intercambio comercial.    <br>  <sup><a name="num175"></a><a href="#nu175">175</a></sup>En este sentido es interesante notar el paralelo que Jorge Adame realiza entre este pasaje y los art&iacute;culos 85-88 de la Convenci&oacute;n de Viena, donde textualmente sostiene: "En este moderno derecho mercantil internacional subyace la idea de que es preciso conservar las mercanc&iacute;as y minimizar los da&ntilde;os, siempre y cuando esto no implique una carga inmoderada o excesiva a la parte que las tiene (v&eacute;anse especialmente los art&iacute;culos 77, 87, 88). Esta idea est&aacute; claramente expresada en la frase final de este texto de Ulp iano: "hacer cuando pueda hacerse sin perjuicio del vendedor para que sea m&iacute;nimo el detrimento para el comprador"". Cfr. Jorge Adame Godard; <i>Libro XVIII del Digesto. (Sobre la compraventa)</i>, M&eacute;xico: unam, 1993, p. 77.    <br>  <sup><a name="num176"></a><a href="#nu176">176</a></sup>Sobre "la reparaci&oacute;n del da&ntilde;o como &iacute;ndice de existencia de una obligaci&oacute;n", v&eacute;ase Andreas Von Tuhr; <i>Parte general del derecho civil</i>, cit., p. 103.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num177"></a><a href="#nu177">177</a></sup>En este sentido expresamente Mario Talamanca; voz <i>Vendita</i>, cit., p. 437.    <br>  <sup><a name="num178"></a><a href="#nu178">178</a></sup>Robert Joseph Pothier; <i>Le pandette di Giustiniano riordinate da R. G. Pothier</i>, trad. italiana, vol. I, Venezia: Tipografia giustinianea di Antonio Bazzabini, 1841, p. 850.    <br>  <sup><a name="num179"></a><a href="#nu179">179</a></sup>La doctrina retiene este pasaje fuertemente interpolado, sin que haya acuerdo en cu&aacute;l ser&iacute;a la correcta reconstrucci&oacute;n. Cfr. <i>Index Interp</i>., p. 380.    <br>  <sup><a name="num180"></a><a href="#nu180">180</a></sup>Cfr. Fritz Shulz; <i>Storia della giurisprudenza romana</i>, cit., pp. 381 ss.    <br>  <sup><a name="num181"></a><a href="#nu181">181</a></sup>Que Sabino era partidario de conceder la <i>actio venditi </i>a fin que el vendedor obtuviera su inter&eacute;s en la correcta ejecuci&oacute;n del contrato por parte del comprador se desprende tambi&eacute;n de D.18.7.6.1. Este pasaje trata de la venta de un esclavo con la promesa de que el comprador le inferir&iacute;a un castigo (entendemos corporal), si el comprador falta a su promesa, entonces Papiniano invoca la autoridad de Sabino para que el vendedor obtenga la diferencia de precio, ya que es de suponer que a causa de dicha cl&aacute;usula lo vendi&oacute; en menos de cuanto efectivamente costaba.    <br>  <sup><a name="num182"></a><a href="#nu182">182</a></sup>Pomponio vivi&oacute; durante el s. II d. C., siendo anterior a Ulpiano, por consiguiente, su comentario a los libros de Sabino es tambi&eacute;n anterior. En efecto, se trata del m&aacute;s antiguo comentario a la obra de Sabino, con la cual Pomponio pretend&iacute;a exponer el <i>ius civile</i> distingui&eacute;ndolo del ius honorarium. Cfr. Fritz Shulz; <i>Storia della giurisprudenza romana</i>, cit., p. 376; v&eacute;ase tambi&eacute;n Riccardo Orestano; voz <i>Pomponio Sesto</i>, en: Novissimo digesto italiano, vol. XIII, p. 271.    <br>  <sup><a name="num183"></a><a href="#nu183">183</a></sup>Cfr. <i>Palingenesia</i>, vol. II, p. 128.    <br>  <sup><a name="num184"></a><a href="#nu184">184</a></sup>Cfr. Reinhard Zimmermann; <i>The law of obligations</i>, cit., p. 277; Giuliano Cervenca; <i>Contributo allo studio delle usurae c.d. legali nel diritto romano</i>, Milano: Giuffr&egrave;, 1969, pp. 13 ss.    <br>  <sup><a name="num185"></a><a href="#nu185">185</a></sup>Cfr. Reinhard Zimm ermann; <i>The law of obligations</i>, cit., p. 823.    <br>  <sup><a name="num186"></a><a href="#nu186">186</a></sup>D.22.1.7; D.22.1.18; D.26.7.28.1; C.4.32.2; C.4.32.6; C.4.32.19.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num187"></a><a href="#nu187">187</a></sup>Ver Siro Solazzi; <i>L'estinzione delle obbligazioni nel diritto romano</i>, Napoli: Jovene, 1935 p. 143.    <br>  <sup><a name="num188"></a><a href="#nu188">188</a></sup>Cfr. Bernardo Windscheid; <i>Diritto delle pandette</i>, cit., pp. 335 ss.; Carlo Augusto Cannata; voz <i>Mora</i> (storia), cit., p. 927.    <br>  <sup><a name="num189"></a><a href="#nu189">189</a></sup>Esta explicaci&oacute;n se habr&iacute;a sido sostenida por primera vez por Momm senn. En este sentido ver: Cfr. C. Massimo Bianca; L'obbligazione, cit., p. 381; Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., p. 69. A&uacute;n cuando sin estar del todo convencido, la misma explicaci&oacute;n encontramos en Zimm ermann (Cfr. Reinhard Zimmermann; <i>The law of obligations</i>, cit., p. 823). En todo caso, llama la atenci&oacute;n que en la misma obra este autor cita este pasaje para demostrar como con la actio venditi el vendedor pod&iacute;a obtener "<i>the co-operation of the purchaser in implementing the contract</i>". (Cfr. Idem, p. 278).    <br>  <sup><a name="num190"></a><a href="#nu190">190</a></sup>Cfr. Bernardo Windscheid; <i>Diritto delle pandette</i>, cit., p. 341 n.&deg; 1.    <br>  <sup><a name="num191"></a><a href="#nu191">191</a></sup>Cfr. Robert Joseph Pothier; <i>Tratado de los contratos. Tomo I. Tratado de contrato de venta</i>, trad. castellana bajo la direcci&oacute;n de M. Dupin, Buenos Aires: Atalaya, 1954 p. 151.    <br>  <sup><a name="num192"></a><a href="#nu192">192</a></sup>Cfr. Robert Joseph Pothier; <i>Tratado de los contratos. Tomo I. Tratado de contrato de venta</i>, cit., p. 151.    <br>  <sup><a name="num193"></a><a href="#nu193">193</a></sup>Cfr. Robert Joseph Pothier; <i>Le pandette di Giustiniano</i>, cit., p. 850.    <br>  <sup><a name="num194"></a><a href="#nu194">194</a></sup>V&eacute;ase Robert Joseph Pothier; <i>Le pandette di Giustiniano</i>, cit., pp. 849 ss. y 885; Robert Joseph Pothier; <i>Tratado de los contratos. Tomo I. Tratado de contrato de venta</i>, cit., p. 151.    <br>  <sup><a name="num195"></a><a href="#nu195">195</a></sup>En este sentido Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., p. 51.    <br>  <sup><a name="num196"></a><a href="#nu196">196</a></sup>En una primera manifestaci&oacute;n de nuestra opini&oacute;n (Tesis de Master citada en la primera nota), hablamos tambi&eacute;n de una facultad, en el sentido que algunas obligaciones no se ven para nada afectadas por la falta de cooperaci&oacute;n del acreedor, pero, en realidad, tambi&eacute;n en estos casos se trata de una 'carga', ya que en &uacute;ltima instancia est&aacute; la instituci&oacute;n de la prescripci&oacute;n, con lo cual el acreedor que no presta su necesaria cooperaci&oacute;n dentro de los plazos de prescripci&oacute;n ve extinguida su obligaci&oacute;n, es decir, sufre las consecuencias, con lo cual deja de ser una facultad en sentido estricto.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num197"></a><a href="#nu197">197</a></sup>Geremia Romano; <i>Interessi del debitore e adempimento</i>, cit., p. 146.    <br>  <sup><a name="num198"></a><a href="#nu198">198</a></sup>Sobre este deber, v&eacute;ase D&eacute;m&egrave;tre J. Baroncea; <i>Essai sur la faute et le fait du creancier</i> ... cit., pp. 16 ss.    <br>  <sup><a name="num199"></a><a href="#nu199">199</a></sup>"<i>Interesse alla liberazione e interesse all'adempimento sono concetti, evidentemente, diversi. Il secondo, in particolare, si presta a configurazioni di diversa ampiezza: la formula &egrave; tale, infatti, da ricomprendere (di per s&eacute;) non soltanto l'interesse del debitore ad adempiere per liberarsi del vincolo obbligatorio, ma altres&igrave; una serie di altri interessi che potrebbero ricollegarsi all' adempimento (quali interessi alla diffusione dei propri prodotti, ecc.)</i>". Giovanni D'Amico; <i>Mancata cooperazione del creditore e violazione contrattuale</i>, cit., p. 66.    <br>  <sup><a name="num200"></a><a href="#nu200">200</a></sup>Ampliamente sobre la distinci&oacute;n entre inter&eacute;s interno y externo en la relaci&oacute;n obligatoria, Giovanni Maria Uda; <i>La buona fede nell'esecuzione del contratto</i>, cit., pp. 260 ss.    <br>  <sup><a name="num201"></a><a href="#nu201">201</a></sup>Geremia Romano; <i>Interessi del debitore e adempimento</i>, cit. p. 291: "<i>Quando l'interesse del debitore all'adempimento risulta del titolo dell'obbligazione, la cooperazione diventa un obbligo corrispettivo e giustifica i rimedi sinallagmatici nonch&eacute; quelli previsti nella disciplina della mora debendi; si ha un obbligo principale e autonomo la cui configurazione giuridica non pu&ograve; risultare n&eacute; condizionata, e neppure compromessa, da considerazioni eminentemente economiche dell'affare. Sorge, in definitiva, una nuova obbligazione</i>". Ver tambi&eacute;n Lamarca Marqu&eacute;s; <i>El hecho del acreedor y la imposibilidad de la prestaci&oacute;n</i>, cit., p. 73.    <br>  <sup><a name="num202"></a><a href="#nu202">202</a></sup>En este sentido, entre otros: Giorgio Ghezzi; <i>La mora del creditore</i>..., cit., pp. 98 ss.; Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., p. 47; Ugo Natoli; <i>L'attuazione del rapporto obbligatorio</i>, cit., p. 69; C. Massimo Bianca; <i>L'obbligazione</i>, cit., p. 381.    <br>  <sup><a name="num203"></a><a href="#nu203">203</a></sup>Giovanni D'Amico; <i>Mancata cooperazione del creditore e violazione contrattuale</i>, cit. p. 79.    <br>  <sup><a name="num204"></a><a href="#nu204">204</a></sup>Geremia Romano; <i>Interessi del debitore e adempimento</i>, cit., p. 244.    <br>  <sup><a name="num205"></a><a href="#nu205">205</a></sup>Giovanni D'Amico; <i>Mancata cooperazione del creditore e violazione contrattuale</i>, cit. p. 68.    <br>  <sup><a name="num206"></a><a href="#nu206">206</a></sup>En este mismo sentido: Lamarca Marqu&eacute;s; <i>El hecho del acreedor y la imposibilidad de la prestaci&oacute;n</i>, cit., p. 72; Giovanni Maria Uda; <i>La buona fede nell'esecuzione del contratto</i>, cit., pp. 312 ss.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num207"></a><a href="#nu207">207</a></sup>Cfr. Alejandro Guzm&aacute;n Brito; <i>La buena fe en el C&oacute;digo civil de Chile</i>, en: Il ruolo della buona fede oggettiva nell'esperienza giuridica storica e contemporanea, vol. II, Padova: CEDAM, 2003, pp. 308 ss., obra publicada tambi&eacute;n en: <I>Tratado de la buena fe en el derecho</I>, dirigido por Marcos M. C&oacute;rdoba, vol. II, Buenos Aires: La Ley, 2004, pp. 77-94. En t&eacute;rminos similares Hern&aacute;n Corral Talciani; <i>La aplicaci&oacute;n jurisprudencial de la buena fe objetiva en el ordenamiento chileno</i>, en: <i>Tratado de la buena fe en el derecho</i>, dirigido por Marcos M. C&oacute;rdoba, Buenos Aires: La Ley, 2004, p. 213; Jorge L&oacute;pez Santa Mar&iacute;a; Los contratos, vol II, 4.&ordf; ed., Santiago: Editorial Jur&iacute;dica de Chile, 2005, p. 404; Riccardo Cardilli; <i>Bonae fides, tra storia e sistema</i>, cit. pp. 73 ss.    <br>  <sup><a name="num208"></a><a href="#nu208">208</a></sup>Giovanni Cattaneo; <i>La cooperazione del creditore all'adempimento</i>, cit., p. 96 ss.; Giovanni Giacobbe; voz <i>Mora del creditore</i> (dir. civ.) en: Enciclopedia del diritto, vol. XXVI, pp. 971 ss.    <br>  <sup><a name="num209"></a><a href="#nu209">209</a></sup>Art. 53 "El comprador deber&aacute; pagar el precio de las mercader&iacute;as y recibirlas en las condiciones establecidas en el contrato".    <br>  <sup><a name="num210"></a><a href="#nu210">210</a></sup>Art. 60 "La obligaci&oacute;n del comprador de proceder a la recepci&oacute;n consiste: a. en realizar todos los actos que se pueda razonablemente esperar de &eacute;l para que el vendedor efect&uacute;e la entrega; y b. en hacerse cargo de las mercader&iacute;as".    <br>  <sup><a name="num211"></a><a href="#nu211">211</a></sup>Art. 61 "Si el comprador no cumple cualquiera de las obligaciones que le incumben conforme al contrato o a la presente convenci&oacute;n, el vendedor podr&aacute;: (...) exigir la indemnizaci&oacute;n de los da&ntilde;os y perjuicios conforme a los art&iacute;culos 74 a 77 (...)".    <br>  <sup><a name="num212"></a><a href="#nu212">212</a></sup>Art. 74 "La indemnizaci&oacute;n de da&ntilde;os y perjuicios por el incumplimiento del contrato en que haya incurrido una de las partes comprender&aacute; el valor de la p&eacute;rdida sufrida y el de la ganancia dejada de obtener por la otra parte como consecuencia del incumplimiento (...)".    <br>  <sup><a name="num213"></a><a href="#nu213">213</a></sup>Cfr. Convenci&oacute;n de Viena sobre la compraventa internacional de mercanc&iacute;as, art. 54.    <br>  <sup><a name="num214"></a><a href="#nu214">214</a></sup>Ver <i>supra</i>.    <br>  <sup><a name="num215"></a><a href="#nu215">215</a></sup>Cfr. C. Massimo Bianca; <i>L'obbligazione</i>, cit., p. 399.    <br>  <sup><a name="num216"></a><a href="#nu216">216</a></sup>Ver <i>supra</i>.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num217"></a><a href="#nu217">217</a></sup>Al respecto justamente dice Bianca, "<i>La cooperazione del creditore &egrave; pur sempre finalizzata alla realizzazione del suo diritto, e il ruolo del creditore non pu&ograve; essere confuso con quello del debitore senza alterare lo schema dell'obbligazione quale strumento di soddisfacimento dell'interesse creditorio</i>". Cfr. Cfr. C. Massimo Bianca; <i>L'obbligazione</i>, cit., p. 399. En el sentido que es importante distinguir entre obligaci&oacute;n y deber secundario (<i>obbligo</i>), porque de lo contrario se otorgar&iacute;a al incumplimiento de &eacute;ste la misma relevancia que al incumplimiento de la obligaci&oacute;n, v&eacute;ase Giovanni Maria Uda; <i>La buona fede nell'esecuzione del contratto</i>, cit., pp. 251 ss.    <br>  <sup><a name="num218"></a><a href="#nu218">218</a></sup>De deber instrumental, "<i>obbligo</i>", pero sin recurrir a la buena fe como su fundamento, habla Giovanni Giacobbe; voz <i>Mora del creditore</i>, cit. p. 961.    <br>  <sup><a name="num219"></a><a href="#nu219">219</a></sup>En este sentido Giovanni Maria Uda; <i>La buona fede nell'esecuzione del contratto</i>, cit., pp. 355 ss.    <br>  <sup><a name="num220"></a><a href="#nu220">220</a></sup>Para todas ellas v&eacute;ase Fernando Fueyo Laneri; <i>Cumplimiento e incumplimiento</i>..., cit. pp. 453 ss.    <br>  <sup><a name="num221"></a><a href="#nu221">221</a></sup>As&iacute; Luis Claro Solar; <i>Explicaciones de derecho civil chileno y comparado</i>, vol. V. De las obligaciones, Santiago: Editorial Jur&iacute;dica de Chile, 1992, p. 751. Aunque no trata mayormente el problema, hay que destacar que el autor reconoce que la falta de cooperaci&oacute;n por parte del acreedor puede acarrear verdaderos perjuicios al deudor.    <br>  <sup><a name="num222"></a><a href="#nu222">222</a></sup>Ver <i>supra</i>.    <br>  <sup><a name="num223"></a><a href="#nu223">223</a></sup>En efecto los dos pasajes de Sabino que hemos tratado, as&iacute; como la doctrina de Pothier provienen precisamente de este contrato.    <br>  <sup><a name="num224"></a><a href="#nu224">224</a></sup>Ver supra. Sobre la historia e importancia de esta disposici&oacute;n v&eacute;ase Alejandro Guzm&aacute;n Brito; <i>La buena fe en el C&oacute;digo civil de Chile</i>, cit.; Riccardo Cardilli; <i>Bonae fides, tra storia e sistema</i>, cit. pp. 73 ss. Sobre la forma en que opera la buena fe en el ordenamiento chileno v&eacute;ase: Daniel Pe&ntilde;ailillo Ar&eacute;valo; <i>La apreciaci&oacute;n de la buena fe</i>, en: Revista de derecho. Universidad Cat&oacute;lica de la Sant&iacute;sima Concepci&oacute;n, n.&deg; 1, 1993, pp. 69-78; Ram&oacute;n Dom&iacute;nguez &Aacute;guila; <i>Comentarios de jurisprudencia</i>, en: Revista de Derecho. Universidad de Concepci&oacute;n, n.&deg; 217- 218, 2005, pp. 305-316; Hern&aacute;n Corral Talciani; <i>La aplicaci&oacute;n jurisprudencial de la buena fe</i>..., cit., pp. 207 ss.;    <br>  <sup><a name="num225"></a><a href="#nu225">225</a></sup>Cfr. Jorge L&oacute;pez Santa Mar&iacute;a; <i>Los contratos</i>, cit., p. 402.    <br>  <sup><a name="num226"></a><a href="#nu226">226</a></sup>En Derecho romano, los contratos que daban origen a un juicio de buena fe ten&iacute;an como caracter&iacute;stica fundamental el ser sinalagm&aacute;ticos, es decir, hab&iacute;a un ligamen indisoluble entre las prestaciones de las partes, esta conexi&oacute;n implicaba un constante equilibrio que se enunciaba con la expresi&oacute;n '<i>ultro citroque obligatio</i>' y que m&aacute;s tarde fue sintetizada con el t&eacute;rmino synallagma, Ulp. D.50.16.19. Por lo dem&aacute;s, el synallagma ten&iacute;a una doble faz: <i>synallagma</i> gen&eacute;tico y funcional, seg&uacute;n si el nexo de interdependencia entre las dos obligaciones operaba en el momento del nacimiento de las mismas, o si regulaba, adem&aacute;s, la ulterior vida de la relaci&oacute;n obligatoria. Cfr. Mario Talamanca; voz <i>Vendita</i> cit., p. 373; Vincenzo Arangio-Ruiz; La compravendita in diritto romano. Reimpresi&oacute;n de la 1.&ordf; ed., vol. II, Napoli: Jovene, 1990, p. 218.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num227"></a><a href="#nu227">227</a></sup>En el sentido que la buena fe conlleva deberes tambi&eacute;n para el acreedor Patricio Oyaneder Davies; <i>Comportamiento contractual de buena fe. &iquest;Impone la buena fe deberes de conducta?</i>, en: Actualidad jur&iacute;dica, n.&deg; 10, 2004, pp. 287-291.    <br>  <sup><a name="num228"></a><a href="#nu228">228</a></sup>En este sentido, aunque sin mayores justificaciones, Fernando Fueyo Laneri; Cumplimiento e incumplimiento..., cit. p. 459.    <br>  <sup><a name="num229"></a><a href="#nu229">229</a></sup>Sobre la aplicaci&oacute;n de esta instituci&oacute;n en el ordenamiento chileno v&eacute;anse Ram&oacute;n Dom&iacute;nguez &Aacute;guila; <i>Notas sobre el deber de minimizar el da&ntilde;o</i>, en: Revista chilena de derecho privado, n.&deg; 5, 2005, pp. 73-95; Rodrigo Fuentes Gui&ntilde;ez; <i>El deber de evitar o mitigar el da&ntilde;o</i>, en: Revista de derecho Universidad de Concepci&oacute;n, n.&deg; 217-218, 2005, pp. 223-248.    <br>  <sup><a name="num230"></a><a href="#nu230">230</a></sup>Ver <i>supra</i>.    <br>  <sup><a name="num231"></a><a href="#nu231">231</a></sup>Ver <i>supra</i>.    <br>  <sup><a name="num232"></a><a href="#nu232">232</a></sup>A decir verdad, sustancialmente a esta misma conclusi&oacute;n hab&iacute;a ya llegado un autor franc&eacute;s en la primera mitad del s. XX, quien se&ntilde;alaba: "<i>Il est donc assez difficile de poser une r&egrave;gle g&eacute;n&eacute;rale quand il s'agit de d&eacute;finir le caract&egrave;re d'une obligation qui est mise &aacute; la charge du cr&eacute;ancier en cette qualit&eacute;. Les actes que l'ex&eacute;cution d'un contrat peut supposer, n'ayant pas toujours une valeur identique. (...) En r&eacute;sume, l'ex&eacute;cution de l'obligation du d&eacute;biteur suppose un acte constant de coop&eacute;ration de la part du cr&eacute;ancier, l'acceptation pure et simple et il peut aussi &ecirc;tre tenu &agrave; un acte de coop&eacute;ration positive, dont la valeur sera plus ou moins grande selon l'intention des parties ou la nature du rapport contractuel</i>". Cfr. D&eacute;m&egrave;tre J. Baroncea; <i>Essai sur la faute et le fait du cr&eacute;ancier</i>..., cit., p. 105.    <br>  <sup><a name="num233"></a><a href="#nu233">233</a></sup>En efecto, "<i>L'atto strumentale &egrave; eventuale, in quanto la sua rilevanza sociale e giuridica non &egrave; necessaria ma occasionale. Uno specifico atto sar&agrave; giuridicamente rilevante in quanto una determinata occasione lo avr&agrave; reso strumentalmente indispensabile ai fini della realizzazione dell'affare economico; non sar&agrave; pi&ugrave; giuridicamente rilevante nell'ipotesi in cui tale occasione sia venuta a mancare e l'affare economico ben pu&ograve; essere realizzato anche senza il suddetto atto (...)</i>". Cfr. Giovanni Maria Uda; <i>La buona fede nell'esecuzione del contratto</i>, cit., p. 249, n.&deg; 28. "<i>Infatti, la prestazione contrattuale diretta alla realizzazione del programma economico &egrave; quella risultante dell'acordo delle parti; quando tale prestazione &egrave; di per se sufficiente ad assolvere l'adempimento del contratto, l'obbligo di buona fede non entra in gioco e, pi&ugrave; precisamente, ne anche sorge</i>". Idem, p. 273.    <br> </font>      ]]></body>
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