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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size=2>     <p align="right"><b>Reseñas</b></p>      <p><font size="3" face="Verdana"><i><b>Educar contra Auschwitz. Memoria e  historia</b></i></font></p>      <p><b>Forges, Jean-François</b></p>     <p>  Barcelona, Anthropos Editorial, Colecci&oacute;n Huellas,    Memoria y Texto de Creaci&oacute;n, 2006; 261 pp.; 18 x 12 cm. T&iacute;t. orig. <i>Éduquer    contre Auschwitz</i>. <i> Historie et memorie</i>, 3.ª ed.: 2004; trad. Juan Carlos Moreno  Romo). Pr&oacute;logo de Ferran Gallego; prefacio de Pierre Vidal-Naquet.</p>      <p><b>Germ&aacute;n Vargas Guill&eacute;n<a href="#*">*</a> </b></p>     <p><i>Auschwitz ha sido posible. Por lo tanto, Auschwitz es    todav&iacute;a posible. El deber de la memoria intenta rechazar lo m&aacute;s lejos esta  imposibilidad (p. 226)</i>.</p>     <p>Ahora no s&oacute;lo se cuenta con una <i>&eacute;tica</i> y una <i> pol&iacute;tica</i> de    la memoria, se tiene una <i>pedagog&iacute;a</i> y una <i>did&aacute;ctica</i> para ella. Es la que ofrece    este autor –profesor de historia en un instituto de bachillerato de Lyon– y este    libro. Aunque cuenta con una rica y variada bibliograf&iacute;a especializada sobre el    tema, se nutre de dos grandes referentes: <i>Shoah</i>, la pel&iacute;cula de Claude Lanzmann,  y la obra –una y otra vez consagrada– de Primo Levi.</p>     <p>Como profesor de historia, claro est&aacute;,    pone en duda la validez de las fuentes; como pedagogo, recurre a una pluralidad    de ellas, precisamente, para que de ellas emerja el juicio cr&iacute;tico de los    estudiantes. Pero, este juicio s&oacute;lo puede venir de la confrontaci&oacute;n directa con    ellas. De hecho, como pol&iacute;tica oficial de la educaci&oacute;n francesa, las escuelas    llegaron a tener la dotaci&oacute;n de los 173 minutos con extractos de la <i>Shoah</i>    editados por Lanzmann (<i>vid</i>. P. 191), en DVD, a partir de 2001; pero est&aacute;n    disponibles no s&oacute;lo estos minutos, tambi&eacute;n los monumentos y los testimonios, las  plurales historias de vida y las interpretaciones de este fen&oacute;meno hist&oacute;rico.</p>     <p>¿Por qu&eacute; elige Forges a Lanzmann y a    Levi? Poco a poco va configurando la raz&oacute;n en su libro: porque el primero    muestra, con odio y sentido de venganza, qu&eacute; fue la <i>Shoah</i> mientras el segundo    asume la posici&oacute;n de testigo –que no de m&aacute;rtir– frente a todo el proceso de  destrucci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>B. Bettelheim fue, precisamente, uno de    los cr&iacute;ticos de <i>Shoah</i>, y lo fue porque del odio y la venganza no puede advenir    otra cosa que resentimiento, primero, y luego alguna forma de <i>evasi&oacute;n</i>. Entre    ellas, la peor de todas, el <i>olvido</i>. En cambio, del testimonio –que igualmente   <i>acorrala</i> y <i>urge</i> <i> una</i> <i> salida</i>– queda la posibilidad de la &eacute;tica. El mismo Primo Levi se mostr&oacute;, de repetir tantas veces su versi&oacute;n en las escuelas, cansado; fue    increpado por hacer relato de &eacute;sa y no de otras historias –por ejemplo, de la    del Vietnam–; y sin embargo, dio el testimonio una y otra vez s&oacute;lo a partir de  lo que &eacute;l efectivamente hab&iacute;a vivido.</p>     <p>Pero, ¿por qu&eacute; introducir la S<i>h</i>oah como    categor&iacute;a? De hecho, por lo que ocultan expresiones como <i>Holocausto</i> o <i>Genocidio</i>.    Estas dos &uacute;ltimas refieren equivocadamente lo que pas&oacute; en Auschwitz; y su    equ&iacute;voco radica en que con la primera se da la impresi&oacute;n de que los jud&iacute;os se    autoinmolaron, que se hizo arder la carne de la v&iacute;ctima hasta producir un humo    propiciatorio, que hubo decisi&oacute;n de entrega. Con la segunda se cae en una    abstracci&oacute;n: cuatro jud&iacute;os, con una historia concreta, donde uno es padre, otra    madre, otro hijo y otro t&iacute;o o conocido de la familia es un dolor comprensible,    se refiere a un aut&eacute;ntico <i>alter</i>; pero una cifra, digamos, cuatrocientos mil, es  abstracta y como abstracci&oacute;n no relata, no refiere, ning&uacute;n dolor.</p>     <p><i>Shoah</i> es la expresi&oacute;n que se va    configurando como <i>lugar</i>, pero tambi&eacute;n como <i>t&iacute;tulo</i> para el reconocimiento. S&iacute;.    Esto, Auschwitz, s&iacute; sucedi&oacute; y s&iacute; se puede repetir –o como vemos en nuestra  historia presente y viva: se est&aacute; repitiendo, una y otra vez–.</p>     <p>Un film que reconstruye las vivencias de    las v&iacute;ctimas, en primera persona, da a entender qu&eacute; fue este horror y c&oacute;mo lo    sufrieron; pero s&oacute;lo hay v&iacute;ctimas por la acci&oacute;n de los victimarios: ¿qu&eacute;    recuerdan? ¡Hay tanta fragilidad en la memoria y es tan ben&eacute;volo el olvido!, y,  ¿qu&eacute; ganaron? Por ejemplo, los polacos de la circunvecindad; y, ¿qu&eacute; gestos    ten&iacute;an?, ¿c&oacute;mo vest&iacute;an? Tambi&eacute;n eran y –los sobrevivientes– son <i>personas</i>. Y    entonces cuando los acosa Lanzmann con sus preguntas, reclaman por sus derechos  humanos y piden no ser vejados.</p>     <p>S&iacute;, y lo peor de todo, es que en todo    esto hay un <i>triunfo</i> de la <i> irracionalidad</i>, de la <i>barbarie</i>. Se ha criticado a    Primo Levi, porque &eacute;l fue quien lo dijo y de &eacute;l lo aprendi&oacute; Lanzmann, al afirmar    que en todo esto: «<i>No</i> <i> hay</i> <i>porqu&eacute;</i>». Bettelheim los critica a ambos. Pero claro,    el &quot;creador&quot; de la sentencia fue Levi. No obstante, se olvida que &eacute;l es s&oacute;lo  testigo, v&iacute;ctima (p. 177 y ss.).</p>     <p>Al cabo, ¿qu&eacute; nos ha enseñado Levi?    Forges lo declara lac&oacute;nicamente &quot;la necesidad del deber sagrado de memoria&quot; (p.    220); y &eacute;l mismo saca en su radicalidad, citando a Pascal, la consecuencia de    que &quot;Lo propio de la fuerza (…) es proteger&quot; (p. 240). Esta tal protecci&oacute;n es,    sin m&aacute;s, una <i>&eacute;tica</i> <i> del</i> <i> cuidado</i>. Es ella la que permite el tr&aacute;nsito   <i> de</i> <i> la</i> <i>memoria</i> <i>  a</i> <i> la</i> <i> resistencia</i> (p. 223 y ss.).</p>     <p>De esa muerte de Primo Levi –que &quot;Cay&oacute;    de una escalera en su casa de Tur&iacute;n, cuya barandilla es lo suficientemente alta    como para que se dude de que una persona la pueda franquear accidentalmente.[–]    Nunca sabremos la absoluta verdad. ¿Qui&eacute;n puede decir si (…) hab&iacute;a reencontrado    la confianza en la humanidad que permite sobrevivir? ¿El horror humanamente    insuperable estaba grabado para siempre en su esp&iacute;ritu, como el tatuaje 174517  en su brazo izquierdo?&quot; (p. 222).</p>     <p>Pero en todo ello cabe meditar. Y este    es el asunto que queda para la pedagog&iacute;a. Como profesor de historia, Forges no    puede dar paso a las preguntas: ¿por qu&eacute; sucedi&oacute;?, ¿d&oacute;nde estaba Dios? Pero de    hecho se las encuentra &eacute;l y se las encuentran sus alumnos. Hay testimonios que    urgen una respuesta en esta direcci&oacute;n: &quot;Una pequeña rusa moribunda dec&iacute;a a Etty    Hillesum, en Westerbrock, el campo holand&eacute;s: «¿<i>Comprender&aacute;</i> D<i>i</i>os   m<i>is dudas, en    un mundo como &eacute;ste?»&quot;</i> (p. 183). Y sin Forges dar paso de la enseñanza de la    historia a la de la &eacute;tica, s&iacute; se vale de otras reflexiones y testimonios –de    nuevo en cabeza de Levi– para ofrecer una salida a esto que, de veras, se han    preguntado sus estudiantes. Su respuesta es: &quot;No es tanto Dios, sino el hombre    quien ha muerto en Auschwitz&quot; y vuelve a lo que deja como horizonte la enseñanza    de &eacute;ste, que ya es un aut&eacute;ntico maestro,&quot;Primo Levi ha mostrado que el deber de    memoria, la conservaci&oacute;n imperativa de la memoria[,] significa la prohibici&oacute;n de  la menor humillaci&oacute;n&quot; (p. 241).</p>     <p><a name="*">*</a> Profesor titular de la  Universidad Pedag&oacute;gica Nacional.</p>  </font>      ]]></body>
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