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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size=2>     <p align="right"><b>Reseñas</b></p>      <p><font size="3" face="Verdana"><i><b>Jackie Derrida. Retrato de memoria</b></i></font></p>      <p><b>Ferraris, Maurizio</b></p>     <p>Bogot&aacute;, Siglo del Hombre    Editores–Instituto Pensar; Colecci&oacute;n Espacios, 2007; 91 pp.; 21 x 14,2 cms. (Tit.  orig.: <i> Jackie Derrida. Rittrato a memoria</i>, 2006; trad. Bruno Mazzoldi).</p>      <p><b>Germ&aacute;n Vargas Guill&eacute;n<a href="#*">*</a> </b></p>     <p>(…) La escritura, la señal de ser  	hijo, el cord&oacute;n umbilical de la tradici&oacute;n, es el tema filos&oacute;fico  	fundamental, probablemente el &uacute;nico, y no procede de los tres revoltosos,  	sino de ese inmenso empleado de la filosof&iacute;a que fue Husserl.Al que sin  	embargo Derrida cede un valor privado y pol&iacute;tico insospechado: interrogarse  	sobre la escritura significa hacer luz sobre el fondo personal y material  	del que emerge el discurso te&oacute;rico (p. 45).</p>     <p>El mismo Ferraris se pregunta si no es    un abuso de confianza tratarlo como Jackie, que no como Jacques –como ha sido    conocido planetariamente el autor– (p. 16). Pero no hay tal, aqu&eacute;l y no este fue    su nombre de pila, all&aacute; como jud&iacute;o en Argelia; que &eacute;ste, al cabo, result&oacute; ser su  seud&oacute;nimo. Aqu&iacute; vuelve y se repite el destino jud&iacute;o.</p>     <p>El librito es una verdadera joya. No    s&oacute;lo por la limpidez de la prosa, en la bien tratada traducci&oacute;n de Mazzoldi,    sino porque va revelando una serie de &quot;secretos&quot; sobre Derrida: que su obra es    un inacabable di&aacute;logo, de entre los muertos, con Husserl, Heidegger y Benjamin    (m&aacute;s que con Adorno), de veras, soportado en Plat&oacute;n; que, de entre los vivos, se    trenza en una disputa interminable con J.Searle; que no fue que Derrida se    acercara a Habermas, sino que fue &eacute;ste quien abri&oacute; las compuertas del di&aacute;logo;    que en el encuentro con Gadamer el m&aacute;s viejo gozaba de mejor salud que el m&aacute;s    joven; que su cualidad de alumno de Foucault no lo vuelve su disc&iacute;pulo; que    mantiene una tensa distancia-cercan&iacute;a con Deleuze. Todo eso y m&aacute;s va desgajando  de su jard&iacute;n de bellas y anecd&oacute;ticas referencias el autor, sobre el autor.</p>     <p>Ciertamente, se puede reseñar desde    muchos puntos de vista el librito; pero quien escribe estas l&iacute;neas privilegia la    presencia de Husserl y de la fenomenolog&iacute;a en la exposici&oacute;n de Ferraris. As&iacute;,    podemos leer la lac&oacute;nica frase &quot;nos hace falta un t&iacute;tulo para canonizar un  fenomen&oacute;logo&quot;(p.90); creo que en ella se re&uacute;ne todo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ferraris rescata el hecho de que Derrida    intenta una y otra vez &quot;una actitud filos&oacute;fica cl&aacute;sica, la de Cartesio y Husserl:    siquiera una vez en la vida, hay que exagerar, echar por la ventana el buen    sentido y todo lo que nos ha enseñado, de otra manera jam&aacute;s llegaremos a ser    fil&oacute;sofos&quot; (p. 39). Esta actitud, claro, se apunta a la clarificaci&oacute;n de la  escritura, aquella sentencia: &quot;todo es texto&quot;.</p>     <p>De Heidegger, muestra Ferraris, Derrida    hereda &quot;una historia de la metaf&iacute;sica, a la que hay que rendir cuentas,    exactamente como a un padre&quot; (p. 41); &quot;muchos t&eacute;rminos (…), empezando por   <i>   desconstrucci&oacute;n</i> y <i> diferencia</i>&quot; (<i>Ib&iacute;d</i>.), &quot;la idea de una filosof&iacute;a    trascendental que (…) se refiera (…) a un sujeto hist&oacute;ricamente determinado (…)    [en el que] intervienen las instancias del inconsciente y de todo aquello (…)    respecto de lo cual somos mucho m&aacute;s pasivos que activos&quot; (pp. 41-42). </p>     <p>Y en los temas,se observa sobre el    autor,&quot;Derrida depende por un largo trecho de la fenomenolog&iacute;a de Husserl. (…)    Derrida ha subrayado de qu&eacute; manera desde un principio Husserl habr&iacute;a sido el    modelo de rigor del que extra&iacute;a y los temas filos&oacute;ficos (…), mientras Heidegger    habr&iacute;a sido el autor al que se sent&iacute;a m&aacute;s pr&oacute;ximo por el modo de enunciar&quot; (p.  43).</p>     <p>No est&aacute; de m&aacute;s recordar que &quot;El primer    libro de Derrida no es un libro,sino m&aacute;s bien una largu&iacute;sima introducci&oacute;n a<i>   El origen de la geometr&iacute;a</i> de Husserl, publicada en 1962. Lo que Derrida    estaba buscando a trav&eacute;s del comentario eran las condiciones materiales del  origen de los objetos ideales&quot; (p. 76).</p>     <p>Pero claro, m&aacute;s all&aacute; de las influencias    reconocidas por Derrida, con respecto a Husserl y a la fenomenolog&iacute;a, hay un    asunto que los ocupa a ambos; cuyas consecuencias en sus trayectorias    intelectuales son divergentes, pero su punto de partida es com&uacute;n: la idea    Europa.&quot;¿Qu&eacute; quiero dar a entender diciendo <i>motivo gen&eacute;tico</i>? (…) Se trata    de inquirir por aquella forma espec&iacute;fica de racionalidad que es la europea, la  &uacute;nica que pretende una validez universal (…). Husserl, quien ya hab&iacute;a    experimentado en su propio pellejo el lado oscuro del &#39;esp&iacute;ritu europeo&#39;, no    dudaba en sostener que los gitanos y lo esquimales est&aacute;n situados    geogr&aacute;ficamente en Europa, pero espiritualmente son desterrados&quot; (pp. 85-86). Y    sin embargo, pese a la diferencia de las trayectorias, no hay aqu&iacute; lo que se  pudiera caracterizar como una oposici&oacute;n.</p>     <p>Ahora bien, est&aacute; claro, Derrida no es ni    pretende ser un <i>fenomen&oacute;logo</i>. Pretende, eso s&iacute;, ser un fil&oacute;sofo. Y por    eso practica una sugesti&oacute;n de Husserl. &quot;El radicalismo derridiano, en efecto, es  la radicalidad de Cartesio a la que remite Husserl, en 1929, en Par&iacute;s&quot; (p. 86).</p>     <p>Y esa misma radicalidad lo lleva a no    aceptar la f&oacute;rmula <i>ego cogito cogitatum</i> –de <i>Krisis</i>; § 50– y la lleva a su    propia postula bajo la resoluci&oacute;n: <i>ego cogito</i>, <i> ego sum</i> (p. 87; 88). Que    esta radicalidad va m&aacute;s all&aacute; se probar&iacute;a por el rechazo a la an&eacute;cdota de Husserl    seg&uacute;n la cual &quot;En los años treinta, cuando estaba en trance de abandonar    Alemania, alguien le hizo caer en cuenta a Husserl de la necesidad de poner a    salvo todos sus manuscritos (…),pero Husserl no se preocupaba de la misma manera    y, como verdadero idealista, le contesto: «No importa, pues todo lo que escrib&iacute;    es verdadero».Viceversa, todo el pensamiento de Derrida se concentra sobre la no    exterioridad de la expresi&oacute;n respecto de la esencia, de la escritura respecto  del pensamiento&quot; (p. 43, nota).</p>     <p>Como lo advert&iacute;, dej&eacute; en esta reseña    muchos otros temas que, de veras, tienen importancia en el librito. S&oacute;lo a guisa    de ejemplo, menciono algunos muy relevante: la &quot;hiperbolitis&quot; de la que el mismo    Derrida se hace cargo; el enamoramiento de Derrida con respecto a la vida, la    relaci&oacute;n fil&oacute;sofo-hijo, la posibilidad del psicoan&aacute;lisis del texto y/o de su  autor; el nazismo, Hitler; el f&uacute;tbol. Todo ello cobra su valor en la exposici&oacute;n.</p>     <p>Sin embargo, para concluir, quiero  reiterar una bella s&iacute;ntesis que nos ofrece Ferraris del pensamiento de Derrida:</p>     <p>La presencia f&iacute;sica de las cosas en  	el mundo es transitoria; duran m&aacute;s que las ideas pero, para que no  	desaparezcan juntamente con esas otras cosas f&iacute;sicas que son los hombres que  	las pensaron, es necesario que estos hombres las transmitan a sus semejantes  	y, sobre todo, que las pongan por escrito, para que lo que ha sido presente  	no se disperse, se conserve como idea.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Éste es el n&uacute;cleo gen&eacute;tico de todo  	el pensamiento de Derrida, el ovillo que ha devanado en un desmedido <i> 	corpus</i> de textos, y que lleva consigo toda la paradoja constitutiva de  	su reflexi&oacute;n: la verdadera presencia es la idea, no la cosa f&iacute;sica; sin  	embargo, para que la idea pueda conservarse, ha de ser nuevamente confiada a  	trazas escritas, a esa materia tan despreciada por los fil&oacute;sofos. De  	S&oacute;crates y sus ideas no sabr&iacute;amos nada, ni siquiera que muri&oacute;, si Plat&oacute;n, en  	sus di&aacute;logos que simulan la palabra y –aunque conden&aacute;ndola– emplean la  	escritura, no hubiese transmitido su imagen (p. 18).</p>     <p><a name="*">*</a> Profesor titular de la  Universidad Pedag&oacute;gica Nacional.</p> </font>      ]]></body>
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