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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Corpus y cánones de la oralidad cultural en la educación en Colombia. Una mirada introductoria]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Corpus and Canons of the Cultural Orality in Colombian Education. An Introductory Look]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article deals with some problematic issues associated to the textual orality for teaching Spanish as first language in Colombia . It is given a critical look of the current situation. In these terms, it is proposed a wide range of criteria for establishing textual corpus of the cultural orality, according to some canonical features.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana" size=2> <b>ARTÍCULOS</b></font></p>     <p>    <center><font face="Verdana"  size="4"><b>Corpus y c&aacute;nones de la oralidad cultural en la educaci&oacute;n en Colombia.     <br>Una mirada introductoria</b><a name="top1"></a><a href="#back1"><sup>1</sup></a></font></center>     <p><i>    <center>   <font face="Verdana"size="3">Corpus and Canons of the Cultural Orality in Colombian Education.     <br>   An Introductory Look</font></center></i></p> <font face="Verdana" size=2>     <p><b>Juan Moreno Blanco<sup><a href="#*">*</a></sup></b></p>     <p><sup><a name="*">*</a></sup> Profesor de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle; Docteur en &Eacute;tudes Ib&eacute;riques et Ib&eacute;ro-Am&eacute;ricaines, Universit&eacute; Michel de Montaigne-Bordeaux III. &Aacute;reas de docencia e investigaci&oacute;n: did&aacute;ctica de la literatura, oralidad cultural, narrativa colombiana. <a href="mailto:jmorenofr@yahoo.fr">jmorenofr@yahoo.fr</a>.</p>     <p>Art&iacute;culo recibido el 15 de febrero de 2008 y aprobado el 12 de mayo de 2008</p>  <hr size=”1”>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Resumen </b></p>     <p>Este trabajo establece algunos ejes problem&aacute;ticos del tratamiento de los textos de la oralidad cultural en el &aacute;rea de lengua materna en la educaci&oacute;n en Colombia. Hace una mirada cr&iacute;tica a la situaci&oacute;n actual de dicho tratamiento y presenta criterios para establecer corpus textuales de la oralidad cultural en Colombia seg&uacute;n el cumplimiento de unos rasgos de canonicidad. </p>     <p><b>Palabras clave</b>: Oralidad cultural, textos orales, agendas educativas; corpus textuales, rasgos de canonicidad. </p> <hr size=”1”>     <p><b>Abstract </b></p>     <p>This article deals with some problematic issues associated to the textual orality for teaching Spanish as first language in Colombia. It is given a critical look of the current situation. In these terms, it is proposed a wide range of criteria for establishing textual corpus of the cultural orality, according to some canonical features. </p>     <p><b>Key words</b>: Cultural orality, oral texts, educational calendars, textual corpus, canonical features. </p> <hr size=”1”>     <p><i>Una de las funciones principales de la formaci&oacute;n del canon (literario o no) es asegurar la estabilidad y adaptabilidad de una determinada comunidad de creyentes. Por lo tanto, la comunidad se sit&uacute;a a s&iacute; misma en relaci&oacute;n con una tradici&oacute;n. </i>    <br> Walter Mignolo </p>     <p>En un art&iacute;culo te&oacute;rico sobre oralidad fechado en 2002, Carlos Pacheco afirmaba que los estudios de oralidad conforman una l&iacute;nea de investigaci&oacute;n que se inici&oacute; formalmente hace unos 70 a&ntilde;os. En ese lapso las fronteras de un dominio y la construcci&oacute;n de un objeto de estudio han ido afin&aacute;ndose desde perspectivas propias de la antropolog&iacute;a, la socioling&uuml;&iacute;stica y los estudios literarios. Tambi&eacute;n en Colombia empieza a haber en esa direcci&oacute;n, desde hace m&aacute;s de una d&eacute;cada, una bibliograf&iacute;a resultado de trabajos investigativos e iniciativas editoriales que debe ser tenida en cuenta en el momento de desplegar una mirada sobre la cuesti&oacute;n. No obstante, en el contexto colombiano la oralidad como problema no es solo objeto de inter&eacute;s de una agenda te&oacute;rica o epistemol&oacute;gica sino que, a partir de la puesta en marcha de la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991, la oralidad se ha convertido en problema de una agenda pol&iacute;tica. Esto se debe al hecho de que al reconocer la pluralidad cultural de los colombianos la Constituci&oacute;n deja planteado que todas las culturas del territorio nacional son reconocidas y por ello la cuesti&oacute;n del conocimiento de las culturas cuyos textos no tienen como soporte principal de permanencia la escritura ya no es un simple asunto acad&eacute;mico, sino, tambi&eacute;n, pol&iacute;tico. Es decir que una agenda pol&iacute;tica verdaderamente pluralista y democr&aacute;tica debe poner al orden del d&iacute;a una plataforma institucional y acad&eacute;mica para que ese reconocimiento constitucional de la creaci&oacute;n verbal no letrada se traduzca en praxis de la vida social, cultural y educativa del pa&iacute;s. </p>    <p>Si verdaderamente ya no estamos en el pa&iacute;s del &quot;Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s&quot; ni se estima que Colombia sea el espejo donde se refleja una identidad idiom&aacute;tica, religiosa y cultural unitaria, eso quiere decir que se reconoce la diversidad cultural en la diversidad de tipolog&iacute;as textuales representativas de las diferentes formas de ser-estar en el mundo que en coetaneidad constituyen la realidad civil del pa&iacute;s colombiano. De ah&iacute; que, en el contexto educativo, debamos replantearnos si los textos literarios son los &uacute;nicos que hay que estudiar en el &aacute;rea de lengua materna, siendo que en realidad hay una gran diversidad de textos que, sin ser literarios ni escritos, son representativos de la diversidad de culturas en Colombia. </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No obstante, la existencia de la Constituci&oacute;n de 1991 no es el &uacute;nico argumento que justifica una agenda pol&iacute;tica preocupada por el estudio de la oralidad; en realidad, esta agenda est&aacute; m&aacute;s que justificada hist&oacute;ricamente por la existencia de otra agenda pol&iacute;tica que desde el nacimiento de las rep&uacute;blicas en Am&eacute;rica Latina hizo del modelo euroc&eacute;ntrico de civilizaci&oacute;n y de la cultura letrada el filtro de lo que fuera reconocido como &quot;verdadera&quot; cultura, desde donde el <i>otro </i>de la modernidad, el que no correspond&iacute;a con los est&aacute;ndares de la alta cultura, era visto como el b&aacute;rbaro, el ser cultural infravalorado e invisivilizado por el sujeto letrado, art&iacute;fice del triunfante proyecto de naci&oacute;n. </p>    <p>Entonces, en el entrecruce de estas dos agendas, la pol&iacute;tica y la te&oacute;rico-epistemol&oacute;gica,laoralidad se viene constituyendo o construyendo como objeto y quiz&aacute;s alg&uacute;n d&iacute;a llegue a pensarse que su dominio pueda constituir una disciplina. Por el momento, es urgente que echemos una mirada que nos permita vislumbrar los senderos por donde la oralidad puede empezar a constituirse como objeto de una agenda educativa que se oriente hacia las aspiraciones pluralistas, democr&aacute;ticas y de reconocimiento que necesita la realidad civil del pa&iacute;s colombiano. </p>     <p><b>Los textos de la oralidad no son literatura </b></p>     <p>Una de las tendencias te&oacute;rico-epistemol&oacute;gicas que m&aacute;s han influido en el no conocimiento-reconocimiento de la oralidad como realidad concreta de la cultura es la que pretende que esta es un fen&oacute;meno que puede ser integrado al dominio de lo literario. Se presume que la oralidad es un objeto literario, y esto trae como consecuencia, principalmente, que se desnaturaliza al mismo tiempo que se considera en un rango inferior dentro de los g&eacute;neros literarios. </p>     <p>Entonces, es necesario empezar por un establecimiento de l&iacute;mites que, al resaltar las diferencias entre oralidad y literatura, nos libre de las amalgamas mistificadoras y jerarquizadoras. </p>     <p>Para diferenciar claramente los textos literarios de los textos de la oralidad (sin tener en cuenta, por el momento, otros rasgos de la oralidad), podemos afirmar que los textos de la oralidad: </p>    <p><i>No son textos de autor. </i>Esto quiere decir que no hay una persona c&iacute;vica o un sujeto emp&iacute;rico a quien pueda atribu&iacute;rsele la autor&iacute;a de los textos, sino que son an&oacute;nimos; no son inspiraci&oacute;n de un individuo, sino que su origen se vincula con la historia de una sociedad y de una tradici&oacute;n narrativa. </p>    <p><i>Su existencia como lengua escrita es un accidente. </i>Son textos que han existido desde su inicio como tesoro nemot&eacute;cnico de una colectividad social. Su naturaleza tem&aacute;tica, estil&iacute;stica y estructural est&aacute; relacionada con esta realidad de la comunicaci&oacute;n humana en que la memoria se vierte en la voz para ser actualizada en el frente a frente del emisor y el receptor. No es en absoluto una comunicaci&oacute;n diferida. Si un d&iacute;a estos textos de la oralidad son vertidos a la lengua escrita, ello es solo una eventualidad y no podemos creer que la oralidad es solo aquello que la escritura alcanza a reproducir y hacer durar en el soporte escrito. </p>     <p><i>No son reductibles a un g&eacute;nero</i>. En la tradici&oacute;n acad&eacute;mica se ha hecho corriente integrar todo texto a una superestructura o pertenencia gen&eacute;rica; con ello se busca lograr unos primeros niveles de inteligibilidad de un texto; sin embargo, las distribuciones gen&eacute;ricas t&iacute;picas de los estudios literarios no logran abarcar la naturaleza de los textos de la oralidad (por lo dem&aacute;s, estas no fueron hechas para eso). Por tanto, la designaci&oacute;n gen&eacute;rica a la que pertenece un texto de la oralidad es una cuesti&oacute;n problem&aacute;tica que a&uacute;n no ha sido suficientemente estudiada puesto que antes es necesario hacer inteligible las condiciones de emergencia de ese texto como evento vivo de la palabra entre sujetos (<i>performance</i>). </p>    <p><i>Su inteligibilidad solo es posible dentro del marco de la inteligibilidad de la tradici&oacute;n que las comprende</i>. Un texto oral nunca es una unidad textual aislada, sino que se halla inserta en un tejido cultural. No pueden entenderse su significaci&oacute;n global ni su significaci&oacute;n parcial si no se conoce la tradici&oacute;n narrativa a la que pertenece. Es decir que un relato, por ejemplo, solo se hace inteligible al lado de otros relatos que compartan sus coordenadas culturales. </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Su materialidad textual es modificable</i>. Un texto de la oralidad puede cambiar seg&uacute;n el momento y los sujetos comprometidos en su actualizaci&oacute;n. De hecho, un texto oral nunca es id&eacute;ntico al mismo texto enunciado en otras situaciones o en otras coordenadas pragm&aacute;ticas. De ah&iacute; que su significancia cultural se halla tanto en su accidentalizaci&oacute;n como en su fijaci&oacute;n. </p>    <p>Por las razones anteriores, y por otras m&aacute;s que por el momento no formularemos, puede afirmarse que hasta el momento no se ha hecho conciencia, en la formulaci&oacute;n de los contenidos curriculares de la educaci&oacute;n a todos los niveles en Colombia, de la especificidad de los textos de la oralidad y del lugar que ellos deben ocupar en el &aacute;rea de lengua materna. Todo lo m&aacute;s, se habla de mitos, expresi&oacute;n folcl&oacute;rica, leyendas e historias sin llegar nunca a cristalizar un discurso comprensivo de esta realidad verbal que quiere observarse. </p>    <p><b>La visi&oacute;n excluyente </b></p>    <p>Fruto de una larga tradici&oacute;n etnoc&eacute;ntrica que ve&iacute;a en la &quot;alta cultura&quot; la &uacute;nica cultura o la que era modelo de civilizaci&oacute;n, la oralidad cultural ha sido considerada como un antimodelo de cultura. Ese sesgo valorativo no es expl&iacute;cito ni en las pol&iacute;ticas en las teor&iacute;as ni en los manuales escolares, simple-mente desde su discreci&oacute;n nutre las pr&aacute;cticas y los sobreentendidos de nuestra cotidianidad educativa. Puede afirmarse que as&iacute; como hubo desde siempre en nuestra vida republicana obst&aacute;culos infranqueables para reconocer su calidad de ciudadano con plenos derechos al sujeto que no pertenec&iacute;a a la cultura letrada, as&iacute; mismo existe una resistencia en el establecimiento educativo para el reconocimiento de las tradiciones narrativas de la oralidad. Estas no son &quot;comprensibles&quot; en su especificidad, pues no se ha hecho la reflexi&oacute;n necesaria para visibilizarlas como corpus ni mucho menos para comprender los criterios can&oacute;nicos que las sociedades vern&aacute;culas han aplicado desde siempre para hacerlas suyas y permitirles atravesar las generaciones y las fronteras ling&uuml;&iacute;sticas y culturales. </p>     <p>Veamos c&oacute;mo en dos manuales del &aacute;rea de lengua castellana se abordan las tradiciones narrativas no letradas<a name="top2"></a><a href="#back2"><sup>2</sup></a>. El manual escolar <i>Espa&ntilde;ol sin fronteras </i>(1989) ubica las tradiciones narrativas no letradas en un apartado o m&oacute;dulo independiente titulado: <i>Literatura aborigen o prehisp&aacute;nica. Nuestros r&iacute;os profundos: los ind&iacute;genas, nuestros antepasados</i>, y se declara el prop&oacute;sito de combatir &quot;la apreciaci&oacute;n de desprecio&quot; que hay sobre estas expresiones culturales. No hay ning&uacute;n fin o prop&oacute;sito educativo que subyazga al contenido del m&oacute;dulo. Bajo el t&iacute;tulo Habilidades socioafectivas y comunicativas, se dice que: </p>    <p>La tradici&oacute;n oral es la oportunidad m&aacute;s grande que tenemos de <i>reencontrarnos </i>con el <i>pasado </i>y de demostrar respeto por el legado humano de nuestros padres y mayores. Escribir la historia de nuestro pueblo [...] es darle dignidad a la tradici&oacute;n oral y convertirla en un <i>documento hist&oacute;rico </i>(p. 97) [La cursiva es m&iacute;a]. </p>     <p>As&iacute;, al introducir los textos orales se les vincula con el pasado, se sit&uacute;a en el pret&eacute;rito su momento de creaci&oacute;n y se cae en el estereotipo seg&uacute;n el cual la tradici&oacute;n oral es una manifestaci&oacute;n anterior a la escritura y a la historia presente. </p>    <p>El manual escolar El Nuevo Port@l del Idioma, castellano y literatura 8.&deg; (2003) por su parte ratifica este &quot;lugar cultural&quot; de la oralidad: </p>     <p>Podr&iacute;a parecer <i>curioso </i>que buena parte de la literatura aborigen no haya sido escrita en espa&ntilde;ol, sino en lenguas cuyos nombres pr&aacute;cticamente se <i>desconocen. </i>M&aacute;s a&uacute;n, la mayor parte de esta literatura ni siquiera <i>fue </i>escrita, sino que existe en los cantos y las leyendas de los pueblos que <i>habitaron </i>nuestro territorio desde hace miles de a&ntilde;os (p. 20) [la cursiva es m&iacute;a].</p>     <p>Este consenso sobre el &quot;lugar cultural&quot; de la oralidad muestra que en el &aacute;mbito educativo, y en las formaciones discursivas que lo enmarcan, este fen&oacute;meno de la creaci&oacute;n verbal es dejado m&aacute;s all&aacute; del margen de lo que se asume como lo cultural propio o, en todo caso, contempor&aacute;neo. No obstante, la disposici&oacute;n discursiva que subyace a los manuales escolares no es lo &uacute;nico que debe ser puesto en cuesti&oacute;n; ser&iacute;a necesario que examin&aacute;ramos con atenci&oacute;n la pol&iacute;tica educativa y la teor&iacute;a que se ense&ntilde;a en nuestras universidades para constatar que la exclusi&oacute;n impl&iacute;cita de la oralidad es una pr&aacute;ctica derivada de la monumentalizaci&oacute;n que se hace de la literatura como exclusiva realidad textual <i>per se </i>representativa de la cultura (Moreno Blanco, 2005 y 2006). </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>El corpus y los c&aacute;nones de los textos de la oralidad </b></p>    <p>En ejercicio de una visi&oacute;n centralista y nacionalista, desde el siglo XIX, la instituci&oacute;n educativa ha construido un corpus de los textos literarios representativos de Colombia o de la cultura colombiana. De tal suerte, los textos culturales que no son literarios ni est&aacute;n registrados en la lengua escrita no hacen parte de este archivo de la &quot;cultura nacional&quot;.Por eso debe abandonarse ese tipo de visi&oacute;n para acceder a las v&iacute;as que nos permitan visibilizar los textos de la oralidad y su anclaje cultural. Lo que est&aacute; en cuesti&oacute;n es la atribuci&oacute;n del car&aacute;cter &quot;representativo&quot; que puede tener un texto. La verdad es que, a escala nacional, un texto oral no puede ser representativo, pues eso supondr&iacute;a la existencia, en esa escala, de un sujeto cultural e hist&oacute;ricamente homog&eacute;neo y la ubicuidad de tal texto que podr&iacute;a actualizar su significaci&oacute;n sin importar la situaci&oacute;n y el lugar. </p>     <p>Sin duda, la mejor manera de encontrar el universo para el cual un texto oral es representativo es realizar la historizaci&oacute;n de su anclaje social, es decir, conocer el aqu&iacute; y ahora en que el texto &quot;funciona&quot; para unos sujetos concretos. Ese trabajo de historizaci&oacute;n ha de llevar sin duda a la historia regional y local de las m&uacute;ltiples identidades y territorialidades que componen el pa&iacute;s colombiano. </p>     <p>Se trata entonces de abandonar la escala de la &quot;historia patria&quot; y allanar el reconocimiento de los contextos en que la microhistoria, la etnohistoria, el an&aacute;lisis de los vectores migratorios, las yuxtaposici&oacute;n de substratos culturales y ling&uuml;&iacute;sticos pueden servir de preestructura de conocimiento de narraciones (textos) que en la voz y memoria de los sujetos culturales concretos han atravesado las generaciones, las lenguas y siguen alimentando la identidad de comunidades espec&iacute;ficas<a name="top3"></a><a href="#back3"><sup>3</sup></a>. Entonces ya no estamos hablando de la creaci&oacute;n verbal prestigiosa de las &eacute;lites letradas, sino de la cultura verbal de los sujetos subalternizados, descendientes, la m&aacute;s de las veces, de los vectores hist&oacute;ricos amerindios y/o afrocolombianos. Es a esa escala y con conocimiento de causa que s&iacute; puede hablarse de representatividad en la medida en que esa riqueza verbal tiene que ver con sujetos sociales concretos. </p>    <p>Solo as&iacute; podemos poner a prueba categor&iacute;as que han querido abarcar la creaci&oacute;n verbal de la oralidad como la de <i>etnotexto</i>, de Hugo Ni&ntilde;o, <i>Literatura alternativa</i>, de Mart&iacute;n Lienhard, <i>etnoliteratura</i>, de Gabriel Ferrer y Yolanda Rodr&iacute;guez, etc. Son los estudios de caso los que pueden permitir allanar el &aacute;mbito de las categorizaciones y clasificaciones que tanta falta, es cierto, nos hacen. </p>    <p>Un ejemplo de estructuraci&oacute;n de un corpus can&oacute;nico, es decir, representativo a escala cultural y social particular puede ser, para ciertas regiones del departamento de La Guajira, el trabajo de selecci&oacute;n de textos de la tradici&oacute;n narrativa way&uacute;u hoy d&iacute;a accesibles por medio de libros que han sido el producto del trabajo de investigaci&oacute;n de escritores way&uacute;u biling&uuml;es, investigadores de estudios literarios y etn&oacute;logos<a name="top4"></a> <a href="#back4"><sup>4</sup></a>. La aproximaci&oacute;n a estos textos implicar&iacute;a para los docentes que quisieran conocer la tradici&oacute;n narrativa way&uacute;u con miras a su posterior integraci&oacute;n al curr&iacute;culo, un proceso de investigaci&oacute;n que sin duda los llevar&iacute;a a buscar esos relatos en la boca de los sujetos way&uacute;u que a&uacute;n los hacen vivir con su palabra. Estar&iacute;amos hablando de un proceder que implica un proyecto capaz de sacar a la instituci&oacute;n educativa de la convencional unidireccionalidad en que el conocimiento est&aacute; en los libros para proponer que el conocimiento puede venir del contacto con la palabra de los sujetos sociales que habitan el contexto. </p>     <p>Es de anotar que el trabajo de reconocimiento del contexto y de los sujetos del contexto seguramente escapa a las competencias del docente del &aacute;rea de lengua materna, de ah&iacute; que sea posible plantear desde un principio que un proyecto como este solo puede ser llevado a realizaci&oacute;n a condici&oacute;n de integrar los objetivos pedag&oacute;gicos y contenidos curriculares de esta &aacute;rea con los del &aacute;rea de ciencias sociales. Esto har&iacute;a que la oralidad se convirtiera en el eje transversal de dos disciplinas que buscar&iacute;an articular la preestructura de conocimiento del contexto con el corpus textual can&oacute;nico de una tradici&oacute;n vern&aacute;cula donde lo que pervive y da coherencia a ese tejido narrativo son los ejes tem&aacute;ticos, la lengua, la comunicaci&oacute;n no ling&uuml;&iacute;stica, es decir, todo lo interiorizado por los individuos pero que proviene de la textura social de la palabra y la cosmovisi&oacute;n. </p>     <p>La cuesti&oacute;n del corpus y del canon de los textos de la oralidad planteada as&iacute; deja de lado toda pretensi&oacute;n de validez universal o universalista que pudiera llevarnos a postular la existencia de un conocimiento pertinente para todos los contextos. Entonces la canonicidad de los textos queda planteada con relaci&oacute;n a una comunidad concreta para la cual ellos son relevantes. De tal suerte, existir&iacute;an tantos c&aacute;nones de los textos de la oralidad como tantas comunidades relacionadas con ellos. Tal es la importancia de esta relaci&oacute;n entre corpus, canon y comunidad en todo agrupamiento textual que, incluso en el &aacute;mbito de lo literario, esta es puesta en evidencia por Gonz&aacute;lez Ortega (2002): </p>     <p><i>Los conceptos de &quot;canon&quot; y &quot;canonizaci&oacute;n&quot; aplicados a los estudios literarios [...] implican el acto de seleccionar una serie de textos, autores y valoraciones textuales como &uacute;nicos representantes de la literatura de una comunidad. Los principales aspectos que asocian el canon con la literatura son: a) selecci&oacute;n de una lista de textos (corpus), b) el otorgamiento de un valor est&eacute;tico o de una identificaci&oacute;n ideol&oacute;gica con unos criterios determinados de selecci&oacute;n, c) la cualificaci&oacute;n de dichos textos como obras (cl&aacute;sicas) dignas de imitaci&oacute;n y de estudio, y d) el poder institucional y pol&iacute;tico para hacer circular estos textos en la sociedad como obras cl&aacute;sicas de inigualable valor est&eacute;tico. </i></p>     <p>Evidentemente tendremos que definir para el asunto que nos ocupa c&oacute;mo entendemos cosas como <i>el valor est&eacute;tico</i>, <i>lo cl&aacute;sico </i>o <i>el poder institucional y pol&iacute;tico</i>. Adem&aacute;s, esto se complica porque, aparte de la relaci&oacute;n entre corpus, canon y comunidad, hay que considerar que los textos de la oralidad involucran otra esfera problem&aacute;tica: la de la interacci&oacute;n aural. No hay que olvidar que los relatos orales que son recopilados y registrados en la escritura, al convertirse en textos de comunicaci&oacute;n gr&aacute;fica diferida, adquieren la potencialidad de movilidad del soporte que sin remedio los alejan de su medio sociocultural de origen. Entonces, para el conocimiento de la val&iacute;a cultural de un texto de la oralidad que ha llegado a nosotros por la v&iacute;a de lo escrito tendremos que sobreponernos a la discontinuidad hist&oacute;rica que, con su ingreso a la Galaxia G&uuml;tenberg, lo alej&oacute; del universo de la interacci&oacute;n aural donde la tradici&oacute;n de una comunidad lo hace legible. De ah&iacute; que el desentra&ntilde;amiento del sentido de un texto de la oralidad implique necesariamente la comprensi&oacute;n de la situaci&oacute;n en que este acontece como palabra viva. </p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entonces la preestructura de conocimiento-reconocimiento de los textos orales deber&iacute;a atender a unos criterios capaces, sino de restaurar el universo de la interacci&oacute;n aural de la que provienen, capaces al menos de hacer visibles los rasgos peritextuales que los definen. A continuaci&oacute;n se esbozan algunos de esos rasgos que, tal vez, tambi&eacute;n pueden convertirse en criterios can&oacute;nicos que vinculan un corpus textual con una comunidad o una tradici&oacute;n: </p>     <p>1. <i>Su ascendencia</i>: un texto de la oralidad no existe como datura &uacute;nica y aislada, sino que guarda relaciones con otros textos que puestos en red significan m&aacute;s que ellos mismos. Esa mayor significancia del conjunto textual suscita la relaci&oacute;n con una matriz hist&oacute;rica y cultural com&uacute;n. </p>     <p>2. <i>Su contemporaneidad</i>: el conocimiento de los textos de la oralidad es pertinente para la comprensi&oacute;n de los rasgos culturales e identitarios de una comunidad que participa con su diferencia en el di&aacute;logo presente de la heterogeneidad constitutiva del tejido social. Su presencia constituye la alteridad cultural del proyecto ilustrado-letrado. </p>     <p>3. <i>Su representatividad patrimonial</i>: a pesar de su accidentalidad y variabilidad, un corpus de textos de la oralidad siempre delata una coherencia y unidad que lo hace susceptible de ser tomado como patrimonio de un <i>nosotros</i> privativo. </p>     <p>4. <i>Su nexo con la comunicaci&oacute;n aural</i>: el estudio de los textos orales puede permitir superar las discontinuidades de diferente orden (hist&oacute;ricas, &eacute;tnicas, ling&uuml;&iacute;sticas, geogr&aacute;ficas, sociales) para tratar de aprehender la <i>performance </i>del contador o los contadores de un texto. </p>     <p>5. 	<i>Su nexo con el territorio</i>: as&iacute; como todo texto oral est&aacute; relacionado con una comunidad as&iacute; tambi&eacute;n est&aacute; relacionado con un &aacute;mbito geogr&aacute;fico espec&iacute;fico que se define, m&aacute;s que por factores emp&iacute;ricos, por las marcas culturales y antropol&oacute;gicas de la sociedad constructora del espacio. </p>    <p>Para finalizar esta mirada introductoria, y con el &aacute;nimo de abonar elementos para el debate, propondr&iacute;amos que estas cuestiones sean circunscritas por el problema pol&iacute;tico-cultural principal&iacute;simo de las pol&iacute;ticas de la memoria que mencionan Vich y Zavala (2004: 18): </p>     <p>... la oralidad es una de las instancias mediante las cuales las sociedades construyen un archivo de conocimiento destinado a interpretar y negociar el pasado. Actualizadas en situaciones concretas, algunas <i>performances </i>orales funcionan como rituales que escenifican las experiencias vividas y aspiran a intervenir en las pol&iacute;ticas de la memoria. </p>     <p><b>Notas</b></p>     <p><a name="back1"></a><a href="#top1">1</a> Agradezco los comentarios y aportes que sobre el borrador de este trabajo recib&iacute; de Patricia Calonge, del Instituto de Educaci&oacute;n y Pedagog&iacute;a de la Universidad del Valle. Este trabajo es resultado de los seminarios del Grupo de Investigaci&oacute;n en Literaturas y Culturas Mitakuye Oyasin.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back2"></a><a href="#top2">2</a>Este aspecto de los manuales escolares est&aacute; tratado con m&aacute;s detalle en &iquest;C&oacute;mo se abordan las tradiciones narrativas no letradas en la educaci&oacute;n b&aacute;sica secundaria en Colombia? Hacia una lectura cr&iacute;tica. Grupo Mitakuye Oyasin. </p>     <p><a name="back3"></a><a href="#top3">3</a>A ese prop&oacute;sito, <i>v&eacute;ase </i>nuestro trabajo de an&aacute;lisis del substrato amerindio de una tradici&oacute;n narrativa en el Magdalena Grande, Moreno Blanco, 2007. </p>     <p><a name="back4"></a><a href="#top4">4</a> Para el caso de los escritores way&uacute;u me refiero al trabajo editorial hecho por Miguel &Aacute;ngel Jusay&uacute; (que public&oacute; cuatro libros biling&uuml;es de relatos guajiros) y a Ram&oacute;n Paz Ipuana (un libro). Es de gran importancia el libro <i>Etnoliteratura way&uacute;u. Estudios cr&iacute;ticos y selecci&oacute;n de textos</i>, realizado por Gabriel Ferrer y Yolanda Rodr&iacute;guez (Fondo de publicaciones Universidad del Atl&aacute;ntico, Barranquilla, 1998). En cuanto a trabajos etnogr&aacute;ficos, resaltan los dos libros de Michel Perrin: <i>El camino de los indios muertos y Los practicantes del sue&ntilde;o. Un ejemplo de chamanismo</i>. </p>     <p> </p>     <p><b>Bibliograf&iacute;a </b></p> </font>    <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">1. Gonz&aacute;lez Ortega, Nelson. Canon y canonizaci&oacute;n en la obra literaria, period&iacute;stica y cinematogr&aacute;fica de Garc&iacute;a M&aacute;rquez. Tropel&iacute;as, 9 y 10</i>, 237-253, 1998-1999. Espa&ntilde;a [Este texto se encuentra integralmente accesible en Internet]. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0123-4870200800010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Grupo Mitakuye Oyasin. (2007). &iquest;C&oacute;mo se abordan las tradiciones narrativas no letradas en la educaci&oacute;n b&aacute;sica secundaria en Colombia? Hacia una lectura cr&iacute;tica. En Memorias del II Coloquio Did&aacute;ctica de la Literatura, Cali, noviembre de 2006, Grupo de Investigaci&oacute;n en Literatura y Pedagog&iacute;a, Escuela de Estudios Literarios-Universidad del Valle. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0123-4870200800010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Mignolo, Walter. (1998). Los c&aacute;nones y (m&aacute;s all&aacute; de) las fronteras culturales (o &iquest;de qui&eacute;n es el canon del que hablamos?). En: <i>El canon literario</i>, Enric Sull&aacute; (comp.), Madrid: Arco/Libros. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0123-4870200800010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Moreno Blanco, Juan.(2005).La competencia literaria en la cartograf&iacute;a de los lineamientos del MEN. <i>Enunciaci&oacute;n</i>, Universidad Distrital Francisco Jos&eacute; de Caldas, 10, 102-106. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0123-4870200800010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">5. Moreno Blanco, Juan.(2006).Nuestras agendas educativas frente a la crisis del concepto-instituci&oacute;n &quot;literatura&quot;. En <i>Poligramas, </i>26, 113-125. Escuela de Estudios Literarios, Universidad del Valle. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0123-4870200800010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Moreno Blanco, Juan. (2007). El cham&aacute;n amerindio: sustrato tem&aacute;tico de los relatos-leyendas del Magdalena Grande [Un estudio de caso de la oralidad regional para su integraci&oacute;n a agendas educativas]. En Memorias del II Coloquio Did&aacute;ctica de la Literatura, Cali, noviembre 2006, Grupo de Investigaci&oacute;n en Literatura y Pedagog&iacute;a, Escuela de Estudios Literarios - Universidad del Valle. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0123-4870200800010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7.   Pacheco, Carlos. (2002), El binarismo oralidad/escritura y los nuevos medios comunicacionales: reflexiones desde el borde del nuevo milenio. En: <i>Cuadernos de literatura, </i>15, 37-47. Pontificia Universidad Javeriana. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0123-4870200800010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Vich, V&iacute;ctor; Zavala, Virginia. (2004). <i>Oralidad y poder. Herramientas metodol&oacute;gicas</i>, Bogot&aacute;: Norma. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0123-4870200800010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Manuales escolares citados: </b></p>     <!-- ref --><p>9. <i>Espa&ntilde;ol sin fronteras 8&deg;,</i> Bogot&aacute;: Santillana. 1989. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0123-4870200800010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. <i>Nuevo Port@l del idioma</i>, Bogot&aacute;: Norma. 2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0123-4870200800010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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