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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La pedagogía crítica: Una manera ética de generar procesos educativos]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Nariño Facultad de Educación ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The purpose of this work is to visualize the epistemological foundation of critical pedagogy, for which its theoretical assumptions are explained; assuming the manifest interrelationship between critical pedagogy and curriculum, and insisting on the required social movements promoted by such framework. Finally, the concretion of critical pedagogy in didactics is proposed whereby the teacher along with the student can reflect on questions such as ¿Why these contents are to be taught and learned, and no others? ¿What are the effects of teaching and learning such knowledge? ¿How the process is to be accomplished?]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Pedagogía crítica y currículo]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><font face="Verdana" size=2> <b>ARTÍCULOS</b></font></p>     <p><b>    <center><font face="Verdana"  size="4">La pedagog&iacute;a cr&iacute;tica Una manera &eacute;tica de generar procesos educativos</font> </center> </b></p> <font face="Verdana"size="3">    <p><i>    <center>Critical pedagogy An ethical way to generate educational processes</center></i></p></font> <font face="Verdana" size=2>     <p><b>Roberto Ram&iacute;rez Bravo<sup><a href="#*">*</a></sup></b></p>     <p><sup><a name="*">* </a></sup>Profesor de la Facultad de Educaci&oacute;n de la Universidad de Nari&ntilde;o. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:renerene40@yahoo.es">renerene40@yahoo.es</a></p>      <p>Art&iacute;culo recibido el 22 de septiembre de 2008 y aprobado el 14 de noviembre de 2008. <hr size=”1”>     <p><b>Resumen </b></p>     <p>El presente trabajo tiene como prop&oacute;sito visualizar la base epistemol&oacute;gica de la pedagog&iacute;a critica, para lo cual se recurre a la explicaci&oacute;n de lo supuestos te&oacute;ricos de la misma; se asume la interrelaci&oacute;n manifiesta entre pedagog&iacute;a cr&iacute;tica y curr&iacute;culo y se insiste en los movimientos sociales que exige y promueve la aplicaci&oacute;n de dicho enfoque. Finalmente, se propone la concreci&oacute;n de la pedagog&iacute;a cr&iacute;tica en la did&aacute;ctica de tal manera que el docente, en conjunci&oacute;n con el estudiante, pueda reflexionar sobre interrogantes como: &iquest;por qu&eacute; se debe ense&ntilde;ar y aprender esos contenidos y no otros? &iquest;Cu&aacute;les son las incidencias que tiene ense&ntilde;ar y aprender ese saber? &iquest;C&oacute;mo se debe desarrollar el proceso?     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave</b>: Pedagog&iacute;a cr&iacute;tica y curr&iacute;culo, pedagog&iacute;a cr&iacute;tica y did&aacute;ctica.</p> <hr size=”1”>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>The purpose of this work is to visualize the epistemological foundation of critical pedagogy, for which its theoretical assumptions are explained; assuming the manifest interrelationship between critical pedagogy and curriculum, and insisting on the required social movements promoted by such framework. Finally, the concretion of critical pedagogy in didactics is proposed whereby the teacher along with the student can reflect on questions such as &iquest;Why these contents are to be taught and learned, and no others? &iquest;What are the effects of teaching and learning such knowledge? &iquest;How the process is to be accomplished?</p>     <p><b>Key words</b>: Critical pedagogy and curriculum, critical pedagogy and didactics.</p> <hr size=”1”>     <p><b><font size="3">Introducci&oacute;n </font></b></p>     <p>Asumir la pedagog&iacute;a cr&iacute;tica en el contexto de la educaci&oacute;n es pensar en un nuevo paradigma del ejercicio profesional del maestro, es pensar en una forma de vida acad&eacute;mica en la que el punto central del proceso de formaci&oacute;n considera esencialmente para qui&eacute;n, por qu&eacute;, c&oacute;mo, cu&aacute;ndo y d&oacute;nde se desarrollan determinadas actividades y ejercicios acad&eacute;micos. De igual manera, asumir este paradigma constituye un punto de partida que conduce a que la escuela interiorice el marco pol&iacute;tico de la educaci&oacute;n, es decir, este paradigma es una base para que el sistema educativo, en su conjunto, fortalezca la cr&iacute;tica sobre las formas de construcci&oacute;n del conocimiento y sobre las maneras en que ese conocimiento se convierte en fuerza social. </p>     <p>El maestro que desarrolla la pedagog&iacute;a cr&iacute;tica considera el proceso educativo desde el contexto de la interacci&oacute;n comunicativa; analiza, comprende, interpreta y trasforma los problemas reales que afectan a una comunidad en particular. Concibe la educaci&oacute;n como posibilidad para la identificaci&oacute;n de problemas y para la b&uacute;squeda de alternativas de soluci&oacute;n desde las posibilidades de la propia cultura. Considera a la ciencia como la opci&oacute;n de rejuvenecimiento espiritual, como mutaci&oacute;n brusca que contradice el pasado para reconfigurar el presente (Bachelard, 1984). </p>     <p>En esta perspectiva, el maestro interpreta las pr&aacute;cticas educativas en los marcos pol&iacute;tico y social: en lo pol&iacute;tico, por cuanto que recupera el an&aacute;lisis del comportamiento intelectual que desarrolla el sujeto frente a unas condiciones culturales de existencia; y en lo social, dado que interpreta una opci&oacute;n pragm&aacute;tica y aplicada del saber reconstruido en la escuela. </p>     <p>Normalmente, la educaci&oacute;n se ha establecido como una construcci&oacute;n cimentada en los reglamentos y en las pol&iacute;ticas de gobierno del momento, en los que se pregona el conocimiento puramente instrumental, el conocimiento como una salida a un problema econ&oacute;mico inmediato. Desde otro &aacute;ngulo, la pedagog&iacute;a cr&iacute;tica toma el conocimiento como fuente de liberaci&oacute;n (Freire, 1989). Desarrolla la construcci&oacute;n del conocimiento en funci&oacute;n de la construcci&oacute;n de los significados que subyacen a las teor&iacute;as y discursos tradicionales. Lleva al sujeto hacia la lectura de la realidad, especialmente en funci&oacute;n de detectar los problemas culturales e inconsistencias sociales (educaci&oacute;n repetitiva, corrupci&oacute;n pol&iacute;tica, delincuencia, etc.); en la perspectiva de revelar los nuevos niveles de cinismo y de tranquilidad con la que se los acepta y se los integra a la cotidianidad. Los intelectuales &eacute;ticos tienen la responsabilidad de insistir en la verdad y, al un&iacute;sono, tienen la obligaci&oacute;n de contemplar los acontecimientos en su perspectiva hist&oacute;rica (Chomsky, 1974). </p>     <p>En esta direcci&oacute;n, se entiende la educaci&oacute;n como un proceso de negociaci&oacute;n que facilita la comprensi&oacute;n de los significados y de los sentidos subyacentes en los fen&oacute;menos de la realidad; como un proceso que crea espacios de interpretaci&oacute;n en funci&oacute;n de la posici&oacute;n de sentido al servicio de la voluntad de poder (Gadamer, 1997). Se establece como un camino hacia la transformaci&oacute;n social en beneficio de los m&aacute;s d&eacute;biles. Supone compromiso con la justicia, con la equidad y con la emancipaci&oacute;n de las ideolog&iacute;as dominantes. Fortalece la autonom&iacute;a y la autogesti&oacute;n con miras a la construcci&oacute;n del pensamiento propio. Busca dirimir c&oacute;mo y por qu&eacute; el poder y el orden, encarnados en el estado, se manifiestan como patrones de dominio social (M&uacute;nera, 1994). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Supuestos te&oacute;ricos de la pedagog&iacute;a cr&iacute;tica </b></font></p>     <p>Entre los supuestos que se requiere considerar en la pedagog&iacute;a cr&iacute;tica se pueden se&ntilde;alar los siguientes: la participaci&oacute;n social, la comunicaci&oacute;n horizontal entre los diferentes actores que integran los estamentos, la significaci&oacute;n de los imaginarios simb&oacute;licos, la humanizaci&oacute;n de los procesos educativos, la contextualizaci&oacute;n del proceso educativo y la transformaci&oacute;n de la realidad social (<a href="#f1">Figura 1</a>). Veamos cada uno de ellos con m&aacute;s detalle: </p> <ul>     <p>a. La participaci&oacute;n social implica concienciar a los miembros de la comunidad educativa y a los miembros del grupo social sobre la responsabilidad que tienen para con el presente y el futuro desarrollo de su contexto. La participaci&oacute;n incluye el fortalecimiento del pensamiento democr&aacute;tico para asumir los problemas y las alternativas de soluci&oacute;n del mismo. Participar   supone estudiar las pr&aacute;cticas concretas de los actores comprometidos con el micropoder y el macropoder (Gramsci, 1975); analizar la hegemon&iacute;a de valores provenientes de una clase social espec&iacute;fica; ser parte del &eacute;xito como tambi&eacute;n del proceso que se lleva a cabo para lograrlo. En este marco, resurgen las pr&aacute;cticas cooperativas como espacios de acci&oacute;n social, en los que cada uno de sus miembros asume responsabilidades espec&iacute;ficas de gesti&oacute;n y de consolidaci&oacute;n de procesos aut&oacute;nomos. Se comprometen todos los miembros, no la peque&ntilde;a minor&iacute;a en nombre de todos los miembros; se implementa la participaci&oacute;n en funci&oacute;n del an&aacute;lisis de la pertinencia social de la formaci&oacute;n; y, en funci&oacute;n de desentra&ntilde;ar las pr&aacute;cticas educativas establecidas por el poder p&uacute;blico -la burocracia educativa-. </p>     </ul> <ul>b. La comunicaci&oacute;n horizontal liga las voluntades en intenciones de los sujetos en iguales condiciones de acci&oacute;n y de vida (Searle, 1978); es decir, en este proceso los interlocutores simbolizan y significan con base en la validaci&oacute;n del discurso del otro, con base en la legitimaci&oacute;n de las intervenciones y an&aacute;lisis de las visiones que en ellas subyacen. En esencia, la comunicaci&oacute;n es poner en com&uacute;n unos signos que suscriben unas intenciones compartidas por quienes intervienen en un acto discursivo; es reconocerse &eacute;ticamente y mutuamente en el discurso, sin que ello implique ausencia de diferencias (Prieto, 2004). La reciprocidad en la intercomunicaci&oacute;n involucra el fortalecimiento de la individualidad sobre los espacios que brinda la sociabilidad. El trabajo en el aula se plantea en un escenario de discusi&oacute;n con el prop&oacute;sito de discernir sobre el consentimiento proporcionado por la sociedad civil al estado para que dise&ntilde;e e implemente modelos y estilos de vida acad&eacute;mica y se convierta en el educador de las sociedades (Gramsci, 1974).     </ul>     <p>    <center><a name="f1"><img src="img/revistas/folios/n28/n28a09f1.gif"></a></center></p> <ul>  c. La significaci&oacute;n de los imaginarios simb&oacute;licos enlaza la reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica, sociocultural y pol&iacute;tica de un grupo. La reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica porque en &eacute;sta se dirime la manera en que se han construido los comportamientos y procedimientos que se apropia un grupo social frente a una situaci&oacute;n o fen&oacute;meno dado; porque facilita la comprensi&oacute;n esencial e inteligente de los procesos: la experiencia vital del hombre es comprender las propias experiencias y las circunstancias en las que se desarrollan; comprender e interpretar las condiciones materiales y la conciencia humana como base de la estructura social (Marx, 1975). La reconstrucci&oacute;n sociocultural, porque el proceso pedag&oacute;gico incluye el discernimiento de los alcances y de las limitaciones de los estilos de vida que se encarnan en las comunidades. La reconstrucci&oacute;n pol&iacute;tica porque, al igual que en los anteriores casos, las ideolog&iacute;as no son constructos moment&aacute;neos o espor&aacute;dicos, sino construcciones pautadas por los organismos de gobierno, por la escuela, por la sociedad y por los medios masivos de comunicaci&oacute;n. La b&uacute;squeda de significado y de sentido de las realidades y, en especial, el desbroce de la violencia simb&oacute;lica, constituyen la realizaci&oacute;n del sujeto hist&oacute;rico (Bourdieu, 1977).    </ul> <ul>d. La humanizaci&oacute;n de los procesos educativos sugiere estimular la habilidad intelectual, pero tambi&eacute;n sugiere agudizar el aparato sensorial y cultivar el complejo mundo de los sentimientos; presume crear escenarios en los que la colectividad tiende a autogobernarse y a autoinstituirse, tiende hacia la ruptura de la clausura institucional (Castoriadis, 2002). La educaci&oacute;n explicita horizontes que trascienden la c&aacute;tedra, recupera la integridad org&aacute;nica del sujeto para ubicarlo en el mundo complejo de las circunstancias sociales que envuelven los diferentes comportamientos. En este contexto, humanizar la educaci&oacute;n no se reduce a procesos de instrucci&oacute;n, sino que tambi&eacute;n exige la reflexi&oacute;n, el an&aacute;lisis y el discernimiento de las propias actitudes y valores; reclama la confrontaci&oacute;n del propio actuar con el actuar del otro para mejorar, no para censurar, excluir o descalificar. La c&aacute;tedra se establece como pretexto para hurgar en ella manifestaciones de entendimiento y complementariedad social; para relacionar en ella los cambios de la pol&iacute;tica, la ideolog&iacute;a y la sociedad en general.     </ul> <ul>e. La contextualizaci&oacute;n del proceso educativo se revierte en la posibilidad de educar para la vida en comunidad; dicho fen&oacute;meno supone la confrontaci&oacute;n de la realidad existente con la realidad estudiada; sugiere buscar la informaci&oacute;n en la sociedad para encontrar se&ntilde;ales de identidad que abiertamente cuestionen la crisis cultural, la profunda crisis de valores manifiesta en la exclusi&oacute;n social, la marginaci&oacute;n, la pol&iacute;tica oscurantista, la seudodemocracia y la dominaci&oacute;n simb&oacute;lica (Bourdieu, 1977); apunta a nuevos modelos de vida que sustituyan la noci&oacute;n de estado como aparato represivo propio de una &eacute;lite (Carnoy, 1993). En estas condiciones, la escuela se convierte en un escenario posible de cr&iacute;tica que, con disciplina y esfuerzo, permite el cuestionamiento de modelos sociales hegem&oacute;nicos; y de esta manera, cifra su fuerza en la convergencia de lo educativo con lo pedag&oacute;gico, lo cultural, lo sociopol&iacute;tico y lo hist&oacute;rico.    </ul> <ul> f. La transformaci&oacute;n de la realidad social se convierte en proceso y resultado de los anteriores acontecimientos. La escuela, entendida como acontecimiento pol&iacute;tico, circunscribe a la docencia como una aventura inagotable, din&aacute;mica y apasionante en la que se recoge la problem&aacute;tica social para analizarla y proponer caminos conducentes a la b&uacute;squeda de soluciones. Transformar la realidad no es simplemente cambiarla o adaptarla a las necesidades inmediatas, tambi&eacute;n es conceptuarla desde la conciencia social, desde el fortalecimiento del trabajo en equipo, desde la consolidaci&oacute;n de la investigaci&oacute;n permanente, desde la resignificaci&oacute;n hist&oacute;rica que d&eacute; cuenta explicita de un pasado, un presente y un futuro como procesos. Es sustituir la hegemon&iacute;a de un discurso pol&iacute;tico pre&ntilde;ado de manipulaci&oacute;n (Klaus, 1979).     ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>     <p>Como se puede observar, los supuestos anteriores tienen una dimensi&oacute;n comunicativa que transversa constantemente a los mismos. La comunicaci&oacute;n y la participaci&oacute;n mediante el di&aacute;logo &eacute;tico incrementan la comprensi&oacute;n mutua, la elaboraci&oacute;n de formas de convivencia y el compromiso para realizar todo aquello que se ha acordado. La palabra honesta, como experiencia y como responsabilidad, revierte en dimensiones de sinceridad que legitiman la dignidad humana (Austin, 1981), que, de manera exclusiva, fomenta la participaci&oacute;n, las relaciones interpersonales, y en ellas el afecto como el primer nivel de democracia escolar. La palabra honesta como suceso que evidencia una propuesta de mundo, con nuevas posibilidades de ser (Ricoeur, 1997). </p>     <p>Conviene aclarar que el afecto no puede garantizar completamente la democracia, pero constituye una fuerza imprescindible para legitimar procesos de an&aacute;lisis y de cr&iacute;tica. Integra la primera experiencia de moralidad. El impulso moral nace de la relaci&oacute;n afectiva con los dem&aacute;s y a su vez esta relaci&oacute;n se convierte en el pretexto para incentivar los lazos sociales. En general, las relaciones interpersonales se convierten en una experiencia imprescindible para la democracia y la cooperaci&oacute;n escolar. </p>     <p>Las anteriores manifestaciones se abstraen y se forjan en relaciones simb&oacute;licas (Bourdieu, 1977) que organizan y proyectan las pr&aacute;cticas acad&eacute;micas y sociales. Las simbolog&iacute;as son abstracciones o universos mentales que representan las formas de concebir un estilo de vida y las formas de sumergir los objetos y fen&oacute;menos en esos estilos de vida; por tanto, no es aventurado se&ntilde;alar que uno de los objetivos fundamentales de la pedagog&iacute;a cr&iacute;tica es discernir sobre los imaginarios simb&oacute;licos que constri&ntilde;en a un grupo social; desentra&ntilde;ar sus sentidos y evidenciarlos en la teor&iacute;a y en la pr&aacute;ctica; y reconstruir nuevas formas de interpretar la vida, la sociedad, el modo de comportarnos y la forma de interactuar. </p>     <p><b><font size="3">Pedagog&iacute;a cr&iacute;tica y curr&iacute;culo </font></b></p>     <p>El curr&iacute;culo, en este contexto, supone una visi&oacute;n de la sociedad: una representaci&oacute;n particular de la cultura; unos discursos construidos mediante mecanismos selectivos de inclusiones que legitiman determinadas formas de lenguaje, de experiencias humanas, de relaciones sociales y de formas de razonamiento (Appel, 1979). </p>     <p>En este marco, la estructura curricular busca menguar los efectos de la hegemon&iacute;a ideol&oacute;gica, los procesos de dominio intelectual y cultural y promocionar la liberaci&oacute;n social (Gramsci, 1974). Se preocupa por resistir a la imposici&oacute;n y consumo de recursos simb&oacute;licos; por generar un tipo de comunicaci&oacute;n precisa y sin ambig&uuml;edades; por establecer el reconocimiento y la confianza entre unos y otros; por aceptarse y apoyarse mutuamente y por resolver los conflictos constructivamente. </p>     <p>En el desarrollo del trabajo curricular, desde la perspectiva se&ntilde;alada, los participantes de la comunidad educativa aprenden que el mediador &eacute;tico -el maestro- debe tener en cuenta cuatro aspectos fundamentales (<a href="img/revistas/folios/n28/n28a09f2.gif" target="_blank">Figura 2</a>): 1. amplitud conceptual que le permita precisar el desarrollo de la tarea; 2. disposici&oacute;n para potenciar habilidades de pensamiento y contenido; 3. autodeterminaci&oacute;n para dise&ntilde;ar los par&aacute;metros con los que se eval&uacute;a el trabajo y 4. reconocimiento y disciplina para concebir la autoevaluaci&oacute;n de la tarea. Conviene se&ntilde;alar que en este contexto los participantes -en especial el estudiante y el profesor- desarrollan capacidades metacognitivas y analizan sus propias fortalezas, debilidades y necesidades relacionadas con el lenguaje; establecen objetivos y metas alcanzables; planean un programa de trabajo para alcanzar los objetivos establecidos; escogen ejercicios, materiales y actividades; trabajan sin supervisi&oacute;n y eval&uacute;an su propio progreso.</p>      <p>Si el sujeto se educa para la vida en comunidad, igualmente debe diferenciar entre lo que es la realidad existente en la que est&aacute; inscrito y la realidad estudiada con la cual se puede confrontar. Los curr&iacute;culos cerrados constituyen un obst&aacute;culo para que el estudiante entre en contacto con su realidad, descubra, comparta, discuta y reconstruya nuevos significados. En estas condiciones, el docente debe propiciar relaciones entre los sujetos y su realidad, y debe esforzarse por comprender e interpretar esas relaciones. La escuela es un escenario de cr&iacute;tica que permite el cuestionamiento de modelos sociales hegem&oacute;nicos y presenta otros alternativos. En el contexto de la pedagog&iacute;a cr&iacute;tica, la estructura curricular supone generar movimientos sociales (<a href="#f3">Figura 3</a>) como: </p> <ul>a. Crisis cultural, por cuanto desacomoda las estructuras establecidas por sistemas hegem&oacute;nicos. Reinventa los estilos de vida y las formas de organizaci&oacute;n y participaci&oacute;n de los sujetos; desarrolla nuevas percepciones del contexto de vida individual y las confronta con el contexto de vida social; incluye paradigmas alternativos para reconocer e interpretar la cultura y los imaginarios simb&oacute;licos que gobiernan; crea nuevos modelos de vivir y de pensar para oponerse a los existentes. En general, el curr&iacute;culo, desde la pedagog&iacute;a cr&iacute;tica, se sumerge en la manera de comunicarse entre los grupos humanos, en el lenguaje, en las costumbres y tradiciones, en los h&aacute;bitos, en los comportamientos y las aficiones. Es preciso se&ntilde;alar que, en este entorno, la cultura se la entiende como pr&aacute;ctica simb&oacute;lica sobre la cual se ejercita el pensamiento y las opciones imaginarias que, finalmente, se adquieren y se interpretan como ideas generales.    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="f3"><img src="img/revistas/folios/n28/n28a09f3.gif"></a></center></p> <ul>b. Crisis pol&iacute;tica, dado que la pedagog&iacute;a reflexiona cr&iacute;ticamente sobre las maneras mediante las cuales se legislan los comportamientos sociales, los sistemas de educaci&oacute;n y las dem&aacute;s instituciones socioculturales incluyendo los sistemas de comunicaci&oacute;n y los sistemas econ&oacute;micos. Analiza el contexto ideol&oacute;gico dominante inserto en los procesos de recepci&oacute;n de mensajes lanzados desde el mundo educativo formal y no formal. En general, interpreta las diversas ideolog&iacute;as (procesos de producci&oacute;n de discursos) subyacentes en la estructura curricular, en los planes de estudio y en los propios contenidos que se prescriben como objetos de ense&ntilde;anza y de aprendizaje. De esta forma, construye la conciencia de los reflejos o ecos de la representaci&oacute;n de la vida real (Pizarro, 1979).    </ul> <ul>c. Crisis educativa, ya que el ajuste, la adaptaci&oacute;n y lo dominante en la educaci&oacute;n es objeto de an&aacute;lisis. Es una mirada reflexiva que se presenta como neutra, cient&iacute;fica, desinteresada y t&eacute;cnica. Los maestros y los estudiantes, con base en la investigaci&oacute;n, disciernen y procesan los objetivos, los procedimientos y los m&eacute;todos establecidos para la obtenci&oacute;n de resultados. As&iacute; mismo, intervienen los procesos pedag&oacute;gicos y did&aacute;cticos y formulan categor&iacute;as te&oacute;ricas dis&iacute;miles y alternativas a las establecidas; generan procesos de organizaci&oacute;n, planificaci&oacute;n, evaluaci&oacute;n y autoevaluaci&oacute;n de la ense&ntilde;anza-aprendizaje. Dicho de otra manera: &quot;&#91;...&#93; desarrollan teor&iacute;as que especifiquen c&oacute;mo se construyen y utilizan las representaciones cognitivas&quot; (Graesser, Gernsbacher y Goldman, 2003:419): se interesan en la manera en que las personas perciben y describen el mundo acad&eacute;mico en el curso de la interacci&oacute;n social (Condor y Antaky, 2003).    </ul>     <p>En la pedagog&iacute;a cr&iacute;tica, los conceptos de curr&iacute;culo, ense&ntilde;anza y aprendizaje se concretan en las representaciones de la realidad (c&oacute;mo es y c&oacute;mo deber&iacute;a ser) y tienen efectos reales. El discurso sobre el curr&iacute;culo crea una idea social y pragm&aacute;tica del sujeto. El papel de la escuela, especialmente el de la escuela p&uacute;blica, no se interpreta s&oacute;lo como espacio de reproducci&oacute;n ideol&oacute;gica y social, sino como escenario de investigaci&oacute;n y de resistencia contrahegem&oacute;nica. En este contexto, el saber escolar no soslaya las realidades culturales presentes en el aula, es un espacio de intercambio y de cruce cultural que genera competencia cultural e ideol&oacute;gica y, por tanto, capacidad para afrontar problemas diversos y respuestas alternativas.  </p>      <p>La escuela supone vivencias y experiencias diversas que permiten salir del anquilosamiento acad&eacute;mico, cultural y facilita la conexi&oacute;n con la realidad social. La escuela sugiere, como ya se se&ntilde;ala m&aacute;s arriba, el desarrollo del pensamiento cr&iacute;tico convergente de los movimientos educativo, pedag&oacute;gico, cultural, sociopol&iacute;tico e hist&oacute;rico.   </p>     <p>Se insiste en el desarrollo del pensamiento cr&iacute;tico convergente, por cuanto la escuela circunscrita en esta tendencia favorece el consenso como fruto del disenso, la discusi&oacute;n y la tolerancia conceptuales. En este tipo de escuela se confrontan los diferentes movimientos curriculares y educativos territoriales, nacionales e internacionales; se analizan los enfoques pedag&oacute;gicos a la luz de las necesidades hist&oacute;ricas y presentes del contexto; se reflexiona sobre los imaginarios culturales que regentan las pr&aacute;cticas comunicativas; se discierne sobre las ambig&uuml;edades, las injusticias y los desprop&oacute;sitos socioculturales a la luz de las necesidades, de las urgencias y de los deseos de grupos marginales; se reconsidera la historia para desenmara&ntilde;ar las falacias establecidas sobre ciertos personajes o acontecimientos sociales y se busca deshacer los seudobeneficios brindados por una determinada estirpe grupal o de coyuntura. En este prisma conceptual, la dimensi&oacute;n de la educaci&oacute;n democr&aacute;tica y en particular del curr&iacute;culo no reside s&oacute;lo en los contenidos, sino en las pr&aacute;cticas que suponen los mismos. Es decir, los contenidos se constituyen en pretextos para el desarrollo de esta praxis.</p>        <p>La escuela se pregunta por qu&eacute;, para qu&eacute;, a qui&eacute;n, c&oacute;mo, cu&aacute;ndo y d&oacute;nde ense&ntilde;ar. As&iacute; el proceso de aprendizaje se orienta hacia la formulaci&oacute;n de problemas y la planificaci&oacute;n de alternativas de soluci&oacute;n. Se produce la reconstrucci&oacute;n de la autonom&iacute;a y los fines de la educaci&oacute;n a partir de problemas y conflictos concretos situados en contextos socio-hist&oacute;ricos espec&iacute;ficos. Se fundamenta el di&aacute;logo orientado a consensos, de manera que los valores son inseparables de lo afectivo y lo cognitivo.</p>       <p> En esta dimensi&oacute;n, el curr&iacute;culo se transforma en una acci&oacute;n emancipadora y negociada. El proceso comunicativo que desata dicho curr&iacute;culo posibilita que los estudiantes usen su capital ling&uuml;&iacute;stico y cultural, para la discusi&oacute;n de creencias y valores (Kemmis, 1989); facilita la discusi&oacute;n sobre la hegemon&iacute;a ideol&oacute;gica (Gramsci, 1976); implica un acto de dominio intelectual y cultural, que impide o dificulta la trasgresi&oacute;n de la dignidad humana y de los derechos de libertad que poseen los sujetos. Con esta orientaci&oacute;n cr&iacute;tica, el curr&iacute;culo cuestiona los presupuestos del orden social y educativo existentes; desde la fuente sociol&oacute;gica del curr&iacute;culo, interroga para qu&eacute;, por qu&eacute;, con qu&eacute;, y para qui&eacute;n se dise&ntilde;an los procesos e indaga las relaciones entre saber, identidad y poder (Freinet, 2001).</p>     <p> En esta medida, con la debida restricci&oacute;n se revitalizan las posturas de Chomsky especialmente cuando se&ntilde;ala que:</p> <ul> Los intelectuales se hallan en la situaci&oacute;n de denunciar las mentiras de los gobiernos, de analizar las acciones seg&uacute;n sus causas y sus motivos y, a menudo, seg&uacute;n sus intenciones ocultas. Al menos en el mundo occidental, tiene el poder que se deriva de la libertad pol&iacute;tica, del acceso a la informaci&oacute;n y de la libertad de expresi&oacute;n. A esta minor&iacute;a privilegiada, la democracia occidental le proporciona el tiempo, los medios y la formaci&oacute;n que permiten ver la verdad oculta tras el velo de deformaci&oacute;n y desfiguraci&oacute;n, de ideolog&iacute;a e inter&eacute;s de clase a trav&eacute;s de los cuales se nos presenta la historia contempor&aacute;nea (Chomsky, 1974: 34).      ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>     <p>En esta dimensi&oacute;n, las pr&aacute;cticas pedag&oacute;gicas que realiza el docente est&aacute;n relacionadas con procesos que inciden en la vida acad&eacute;mica, pero fundamentalmente en la vida social de la comunidad educativa. Esto quiere decir que el docente no se dedica exclusivamente a dictar clases, tambi&eacute;n recurre al an&aacute;lisis de las circunstancias sociales y al an&aacute;lisis de los problemas que &eacute;stas generan, para sobre ellas desarrollar procesos de formaci&oacute;n integral -formaci&oacute;n intelectual en el compromiso y la &eacute;tica ciudadana- (Ortega y Gasset, 1975). </p>     <p>El espacio curricular no se reduce a un conjunto de &aacute;reas y de actividades con finalidades -t&eacute;cnico- educativas, lo que est&aacute; en cuesti&oacute;n es el modelo cultural desde el cual se establece el ejercicio pedag&oacute;gico en el marco de un sistema educativo y la posibilidad de reconstruir cr&iacute;ticamente pr&aacute;cticas y experiencias que renueven el dinamismo sociocultural. </p>     <p>Conviene insistir en que, en este paradigma, el sujeto asume algunas responsabilidades, tales como: 1. la concienciaci&oacute;n del esfuerzo personal y la capacidad de autocr&iacute;tica, lo que supone un alto grado de disciplina que &quot;no anula la personalidad &#91;...&#93; sino que controla la impulsividad irresponsable&quot; (Gramsci, 1976: 216); 2. el fortalecimiento del intercambio entre iguales; 3. la constante cooperaci&oacute;n o colaboraci&oacute;n; 4. la intervenci&oacute;n activa en los diferentes procesos; 5. la permanente b&uacute;squeda de explicaciones; y 6. la visi&oacute;n del pensamiento divergente. Es la responsabilidad del ser verbalizado, es decir, del ser como acontecimiento (Levinas, 1991). </p>     <p>En esta orientaci&oacute;n, el curr&iacute;culo forja una relaci&oacute;n estrecha entre lo conceptual y la acci&oacute;n, es una relaci&oacute;n que va m&aacute;s all&aacute; de la realidad econ&oacute;mica para formar una moralidad diferente y nueva. Se puede decir que en esta l&iacute;nea el problema pedag&oacute;gico, adem&aacute;s de incluir un problema did&aacute;ctico, se enlaza con los problemas pol&iacute;ticos y culturales; es decir, el papel y la responsabilidad del intelectual trasciende las marcas institucionales (Althusser, 1985), por cuanto que, aparte de robustecer el yo tambi&eacute;n toma en cuenta al otro: conocerse a s&iacute; mismo implica ser due&ntilde;o de s&iacute; mismo y, a su vez, conocer y tolerar al otro (Gramsci, 1974).</p>     <p>Seg&uacute;n Gramsci (1976), el modo de ser del nuevo intelectual no puede residir en la simple elocuencia, sino que debe incrustarse en la vida social y pr&aacute;ctica; sentir las pasiones del pueblo, comprenderlas y explicarlas; y ocupar el papel de intelectual &eacute;tico y dirigente. Chomsky se&ntilde;ala que: </p> <ul>Tradicionalmente, el papel del intelectual, o al menos de la imagen que &eacute;ste se hace de s&iacute; mismo, ha sido el de un cr&iacute;tico desapasionado. En la medida en que este papel se ha perdido, la reacci&oacute;n de las escuelas frente a los intelectuales ha de ser, en realidad, de defensa propia. &#91;...&#93; Sin duda, ser&iacute;a rid&iacute;culo proponer que las escuelas de cualquier pa&iacute;s se enfrenten objetivamente con la historia contempor&aacute;nea, pues no pueden liberarse lo suficiente de las presiones de la ideolog&iacute;a. Pero no es necesariamente absurdo suponer que &#91;...&#93; ser&iacute;a posible estudiar de un modo objetivo los esc&aacute;ndalos nacionales del pasado (Chomsky, 1974: 319).     </ul>     <p>El intelectual &eacute;tico y dirigente evidencia la ideolog&iacute;a en la reproducci&oacute;n de las relaciones sociales, dado que muestra comportamientos de sumisi&oacute;n o de irreverencia a los modos de vida propuestos institucionalmente; devela la ideolog&iacute;a en las relaciones de producci&oacute;n (Marx, 1972), ya que dirime la inequidad con la que se distribuyen las ganancias; aclara la presencia ideol&oacute;gica en las relaciones intersubjetivas, puesto que examina los contenidos soterrados y los sentidos de las representaciones que se albergan en la conciencia sin el debido discernimiento de los mismos. En este orden de ideas, los procesos curriculares exigen un intelectual dirigente que provee de estrategias para el desarrollo de una competencia semi&oacute;tica, que permite procesar significantes, desmembrar significados y sentidos e identificar interdependencias.</p>     <p><b><font size="3">Pedagog&iacute;a cr&iacute;tica y did&aacute;ctica</font></b></p>     <p>En l&iacute;neas anteriores se defini&oacute; la pedagog&iacute;a cr&iacute;tica como la base ideol&oacute;gica de la educaci&oacute;n. Base ideol&oacute;gica que asume la participaci&oacute;n social, la comunicaci&oacute;n horizontal entre los diferentes actores, la significaci&oacute;n de los imaginarios simb&oacute;licos, la humanizaci&oacute;n de los procesos educativos, la contextualizaci&oacute;n del proceso educativo y la transformaci&oacute;n de la realidad social como fines del quehacer educativo. En este contexto se suscribe la did&aacute;ctica como la disciplina en la que se concreta la teor&iacute;a pedag&oacute;gica. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La did&aacute;ctica se hace visible directamente en el aula, en el proceso de interacci&oacute;n discursiva sobre un saber particular. La did&aacute;ctica se pregunta sobre: &iquest;Cu&aacute;les son los contenidos relevantes para el proceso? &iquest;C&oacute;mo se debe desarrollar el proceso de ense&ntilde;anza aprendizaje? &iquest;Por qu&eacute; se deben ense&ntilde;ar y aprender esos contenidos y no otros? &iquest;Cu&aacute;les son las incidencias que tiene ense&ntilde;ar y aprender ese saber? &iquest;Qui&eacute;nes son o ser&aacute;n los usuarios de ese conocimiento? &iquest;D&oacute;nde y cu&aacute;ndo ese saber ser&aacute; de utilidad para resolver problemas individuales o sociales? Dicho de otra manera, la did&aacute;ctica se ocupa de proponer y de presentar respuestas a interrogantes propios de una disciplina y, particularmente, de proponer formas de interrelaci&oacute;n discursiva disciplinar entre estudiantes, docentes y sociedad en general. Se preocupa por comprender, no &uacute;nicamente el conocimiento, sino tambi&eacute;n por interpretar el modo de ser en la relaci&oacute;n sujeto-saber (Ricoeur, 2006). </p>     <p>La did&aacute;ctica no se revierte; &uacute;nicamente en problemas o ejercicios de instrumentaci&oacute;n para la ense&ntilde;anza y aprendizaje de un saber, asume sobre todo el saber como objeto de ense&ntilde;anza y de aprendizaje en contextos de interacci&oacute;n acad&eacute;mica y social, como objeto susceptible de ser utilizado para la formaci&oacute;n del sujeto, para la reconstrucci&oacute;n de la sociedad y para la reinterpretaci&oacute;n de la cultura. Es un campo en el que la raz&oacute;n de la voluntad tiene concreci&oacute;n en la pr&aacute;ctica (Kant, 2003); en el que el decir es hacer (Austin, 1981). </p>     <p>En este contexto did&aacute;ctico, algunos de los elementos que se tienen en cuenta en la interrelaci&oacute;n estudiante-saber-profesor y sociedad (<a href="#f4">Figura 4</a>) son los siguientes: </p> <ul>a. La controversia o el conflicto de intereses sobre un contenido. Plantea el desacuerdo o pol&eacute;mica sobre un tema o un caso particular de la disciplina objeto de estudio.     </ul> <ul>b. El objeto o problema real. Es el pretexto para generar conocimiento en el contexto de la disciplina especial y, sobre todo, el est&iacute;mulo para generar actitudes responsables frente a la propia cotidianidad desde el saber.    </ul> <ul> c. El objetivo o fines del proceso. Son los prop&oacute;sitos epistemol&oacute;gicos de la disciplina espec&iacute;fica, las intenciones pol&iacute;ticas y pragm&aacute;ticas que impulsan el desarrollo de actividades particulares.     </ul> <ul>e. El o los destinatarios. Son las personas quienes regulan y modifican el discurso y las actividades, ya que se establecen como usuarios del proyecto. En otras palabras, son los afectados por el saber en unas condiciones particulares de aplicaci&oacute;n.     </ul> <ul>f. El lugar social. Es el factor que condiciona el dise&ntilde;o y ejecuci&oacute;n del proyecto did&aacute;ctico; es la cotidianidad m&aacute;s cercana a los actores del proceso educativo. En conjunto con el anterior componente, establece el contexto pragm&aacute;tico de aplicaci&oacute;n del saber espec&iacute;fico.    </ul>     <p>    <center><a name="f4"><img src="img/revistas/folios/n28/n28a09f4.gif"></a></center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con base en lo anterior, se conjetura que la did&aacute;ctica es un acontecimiento marcado por encuentros y por relaciones entre los actores y las actividades educativas; y en cualquier sentido, no se puede evadir la siguiente noci&oacute;n:</p>  <ul>La experiencia educativa es tambi&eacute;n administrativa y pedag&oacute;gica, la escuela por ejemplo se convierte en taller, f&aacute;brica y laboratorio; y la pedagog&iacute;a se instrumentaliza, la did&aacute;ctica se arma de t&eacute;cnicas, procedimientos y c&aacute;lculos, as&iacute; adquiere la idea de inteligencia sobre los procesos. El modelo escolar es entonces una pr&aacute;ctica de adquisici&oacute;n de un saber calificado, de identidad con una profesi&oacute;n y de acceso a las formas de ser un individuo social, que vive porque trabaja, que es &eacute;tico porque es disciplinado y que progresa porque se mueve insistentemente (Quiceno, 1993: 72).      </ul>     <p>La cita anterior, a primera vista, puede causar escozor, no obstante la misma se la incrusta en un marco en el que la reflexi&oacute;n y el an&aacute;lisis son las constantes en el desarrollo de las pr&aacute;cticas did&aacute;cticas. Para una mejor ilustraci&oacute;n de la anterior teor&iacute;a se propone el siguiente ejemplo, en el que, adem&aacute;s de visualizar el contexto te&oacute;rico de la pedagog&iacute;a cr&iacute;tica, se evidencia la funcionalidad de la misma en el desarrollo did&aacute;ctico de un tema propio de una disciplina. </p>     <p>De manera particular, se considera el estudio de la teor&iacute;a argumentativa y como pretexto para el desarrollo de la misma, se asume el problema de la violencia intrafamiliar. En otras palabras, la intenci&oacute;n es fundamentar la teor&iacute;a argumentativa no como un saber acad&eacute;mico en s&iacute; mismo, sino como un saber acad&eacute;mico que supone aproximaci&oacute;n a la soluci&oacute;n de un problema social. El problema de violencia intrafamiliar se constituye en el pretexto para que la teor&iacute;a no se relegue a conceptos de clase, sino que se proyecte a la consolidaci&oacute;n de una forma de vida (Ram&iacute;rez, 2006). </p>     <p>Para mayor operatividad de la teor&iacute;a se proponen actividades propias de una secuencia did&aacute;ctica. La secuencia did&aacute;ctica se apropia de un tema en profundidad a partir de un proyecto que permite generar &quot;situaciones did&aacute;cticas estructuradas y vinculadas entre s&iacute; por su coherencia interna y sentido propio, y se realiza en momentos sucesivos&quot; (Nemirovsky, 1999: 124). </p>     <p>Las actividades que se proponen para cada una de las fases se&ntilde;aladas son puntos de referencia (<a href="#t1">Tabla 1</a>). Las mismas pueden ser modificadas seg&uacute;n la conveniencia y las necesidades de los participantes. Se sugiere la modalidad de taller en la que se incentive el trabajo en equipo y la discusi&oacute;n como elemento fundamental de la construcci&oacute;n del conocimiento. Esta secuencia puede ser aplicada en niveles de Educaci&oacute;n Superior.</p>     <p align="center"><a name="t1"><img src="img/revistas/folios/n28/n28a09t1.gif"></a>     <p>Dicha secuencia se fundamenta en un proyecto de aula que se puede desarrollar en un tiempo m&aacute;ximo de diez sesiones de dos horas cada una. Para cada interrogante, seg&uacute;n los intereses, los participantes proponen objetivos espec&iacute;ficos y actitudes que implican los mismos. </p>     <p><b><font size="3">Conclusi&oacute;n</font></b></p>     <p> La pedagog&iacute;a cr&iacute;tica es una opci&oacute;n que facilita el trabajo escolar en funci&oacute;n del reconocimiento del sujeto como agente de cambio social. Es un espacio conceptual en el que los problemas individuales o colectivos toman vigencia para ser analizados a la luz de la teor&iacute;a y de la pr&aacute;ctica; es la posibilidad de humanizar la educaci&oacute;n. En este contexto, el curr&iacute;culo se dise&ntilde;a y se implementa como una alternativa que cuestiona los modos de vida acad&eacute;mica y los estilos de vida que han generado el estado y la sociedad como tal. Y la did&aacute;ctica se gesta como el di&aacute;logo, estudiante- saber-profesor y sociedad, con perspectivas funcionales, como el reencuentro de la academia con las dificultades y los proyectos colectivos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><font size="3">Referencias bibliogr&aacute;ficas </font></b></p>     <!-- ref --><p>1. Althuser, L. (1985): <i>La filosof&iacute;a como arma de la revoluci&oacute;n</i>. M&eacute;xico: Siglo XXI Editores. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0123-4870200800020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Apple, W. (1979). <i>Ideolog&iacute;a y curr&iacute;culum</i>. Madrid: Akal. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0123-4870200800020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Austin, J. (1981). <i>C&oacute;mo hacer cosas con palabras</i>. Barcelona: Paid&oacute;s. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0123-4870200800020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Bachelard, G. (1984). <i>La formaci&oacute;n del esp&iacute;ritu cient&iacute;fico</i>. M&eacute;xico: Siglo XXI Editores. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0123-4870200800020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Bourdieu, P. (1977). <i>La reproducci&oacute;n. Elementos para una teor&iacute;a del sistema de ense&ntilde;anza</i>. Barcelona: Laia. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0123-4870200800020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Carnoy, M. (1993). <i>El estado y la teor&iacute;a pol&iacute;tica</i>. M&eacute;xico: Alianza Editorial. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0123-4870200800020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Condor, S. y Antaki, C. (2003).  Cognici&oacute;n social y discurso. En T. van Dijk (2003), <i>El discurso como estructura y proceso </i>(pp. 453-489). Barcelona: Gedisa. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0123-4870200800020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Castoriadis, C. (2002). <i>La cr&eacute;ation humanine I</i>. Par&iacute;s: Seuil. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0123-4870200800020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Chomsky, N. (1969). <i>La responsabilidad de los intelectuales y otros ensayos y pol&iacute;ticos (Los nuevos mandarine)</i>. Barcelona: Ariel. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0123-4870200800020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Freinet, C. (1972). <i> Por una escuela del pueblo</i>. Barcelona: Fontanella. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0123-4870200800020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Freinet, C. (2001). <i>Pedagog&iacute;a y emancipaci&oacute;n</i>. Barcelona: Laia. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0123-4870200800020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Freire, P. (1989). <i>La educaci&oacute;n como pr&aacute;ctica de la libertad</i>. Madrid: Siglo XXI Editores. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0123-4870200800020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Gadamer, H. G. (1997). Texto e interpretaci&oacute;n. En J. Dom&iacute;nguez (Ed.) (1997),<i> </i><i>Hermen&eacute;utica</i> (pp. 77-114).     Madrid: Arco-Libros.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0123-4870200800020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Graesser, A., Gernsbacher, M. y Goldman, S. (2003). Cognici&oacute;n. En T. van Dijk (2003), <i>El discurso como estructura y proceso</i> (pp. 417-452). Barcelona: Gedisa. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0123-4870200800020000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Gramsci, A. (1974). <i>Antolog&iacute;a</i>. Madrid: siglo XXI Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0123-4870200800020000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16.  Gramsci, A. (1976). <i>La alternativa pedag&oacute;gica</i>. Barcelona: Nova Terra. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0123-4870200800020000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Gramsci, A. (1975). Noterelle sulla pol&iacute;tica del machiavelli. <i>Quaderni del carcere</i>, Vol. III. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0123-4870200800020000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Kant, I. (2003). <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica</i>. Buenos Aires: Losada. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0123-4870200800020000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Kemmis, S. (1989). <i>El curr&iacute;culo. M&aacute;s all&aacute; de la reproducci&oacute;n</i>. Madrid: Morata. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0123-4870200800020000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Klaus, G. (1979). <i>El lenguaje de los pol&iacute;ticos</i>. Barcelona: Anagrama. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0123-4870200800020000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Levinas, E. (1991). <i>&Eacute;tica e infinito</i>. Madrid: Visor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0123-4870200800020000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">22.  Levinas, E. (1961). <i>Totallit&eacute; et infini. Essai sur l'ext&eacute;riorit&eacute;</i>. La Haya: Nijhoff. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0123-4870200800020000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Marx, K. (1972). <i>Los fundamentos de la cr&iacute;tica de la econom&iacute;a pol&iacute;tica</i>. Madrid: Comunicaci&oacute;n. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0123-4870200800020000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Marx, K. (1975). <i>La ideolog&iacute;a alemana</i>. Bogot&aacute;: Arca de No&eacute;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0123-4870200800020000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. M&uacute;nera, L. (1994). Las dimensiones del estado. En varios autores, <i>Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica y reorganizaci&oacute;n del Estado</i>. Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0123-4870200800020000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Nemirovsky, M. (1999). Sobre la ense&ntilde;anza del lenguaje escrito y temas aleda&ntilde;os. En <i>Maestros y ense&ntilde;anza </i>(pp. 117-129). Barcelona: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0123-4870200800020000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Ortega y Gasset, J. (1975). <i>La rebeli&oacute;n de las masas.</i> Madrid: Editorial Victor Hugo. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0123-4870200800020000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Pizarro, N. (1979). <i>Metodolog&iacute;a sociol&oacute;gica y teor&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica</i>. Madrid: Comunicaci&oacute;n. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0123-4870200800020000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Prieto, D. (2004). <i>La comunicaci&oacute;n en la educaci&oacute;n</i>. Buenos Aires: La Crujia. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0123-4870200800020000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Quiceno, H. (1993). <i>Los intelectuales y el saber. Michael Foucault y el pensamiento franc&eacute;s contempor&aacute;neo</i>. Cali: Universidad del Valle. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0123-4870200800020000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Ram&iacute;rez, R. (2006). Secuencias did&aacute;cticas en los procesos de ense&ntilde;anza-aprendizaje de la competencia argumentativa escrita. <i>Folios</i>, 24. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0123-4870200800020000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Ricoeur, P. (1997). La funci&oacute;n hermen&eacute;utica del distanciamiento. En J. Dom&iacute;nguez (Ed.) (1997), <i>Hermen&eacute;utica</i> (pp. 115-133). Madrid: Arco/Libros.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0123-4870200800020000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33.  Ricoeur, P. (2006). <i>El conflicto de las interpretaciones</i>. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0123-4870200800020000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Searle, J. (1982). La filosof&iacute;a del lenguaje, di&aacute;logo con John Searle. En varios autores, <i>Los hombres detras de las ideas</i> (pp. 190-211). M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0123-4870200800020000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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