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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Crítica moral de Francis Bacon a la filosofía]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper is about Bacon's moral critique to philosophy. This critique is present in his youth work and it is developed in three levels: first, charges against philosophy because of its uselessness; second, accusations against philosophy's lack of truth and method; and, finally, charges against philosophy's lack of charity and humility. Briefly, this study will state and support two hypotheses. 1. Bacon´s reform is not restricted to a new method neither a new theory of matter; beyond this; it is a new moral position about man in relation to nature. 2. His epistemological project makes sense in the moral background.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size=2>     <p align="right"><b>ART&Iacute;CULOS</b></p>     <p>    <center><font size="4"><b>Cr&iacute;tica moral de Francis Bacon a la filosof&iacute;a</b></font> </center></p>     <p>    <center><font size="3"><i></i></font>Francis Bacon&#39;s moral critique to philosophy </center></p>    <br>     <p>    <center><b>Maximiliano Prada Duss&aacute;n</b><a href="#*">*</a></sup>    <br> </center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <p><sup><a name="*">*</a></sup>Magister en Filosof&iacute;a. Profesor de la Universidad Pedag&oacute;gica Nacional. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:aprada@pedagogica.edu.co">aprada@pedagogica.edu.co</a>.</p>     <p>Art&iacute;culo recibido 31 de julio de 2009 y aprobado el 31 de julio de 2009.</p> <hr size=”1”>     <p><b>Resumen </b>       <br> Este escrito muestra la cr&iacute;tica moral de Bacon a la filosof&iacute;a, presente en sus obras de juventud, la cual es desarrollada en tres niveles: primero, los cargos a la filosof&iacute;a por su inutilidad, segundo, las acusaciones a la falta de verdad y de m&eacute;todo y, finalmente, la denuncia de falta de caridad y humildad. En conclusi&oacute;n, este estudio intentar&aacute; sustentar que 1. La reforma baconiana no se restringe a un nuevo m&eacute;todo ni a una nueva teor&iacute;a de la materia; m&aacute;s all&aacute; de esto, encuentra un sustento en una nueva posici&oacute;n moral del hombre frente a la naturaleza, y 2. Que su proyecto epistemol&oacute;gico encuentra sentido en el trasfondo moral.</p>     <p><b>Palabras clave</b>    <br> Francis Bacon, filosof&iacute;a del siglo XVII, filosof&iacute;a inglesa, filosof&iacute;a moral.</p> <hr size=”1”>     <p><b>Abstract</b>    <br> This paper is about Bacon&#39;s moral critique to philosophy. This critique is present in his youth work and it is developed in three levels: first, charges against philosophy because of its uselessness; second, accusations against philosophy&#39;s lack of truth and method; and, finally, charges against philosophy&#39;s lack of charity and humility. Briefly, this study will state and support two hypotheses. 1. Bacon&acute;s reform is not restricted to a new method neither a new theory of matter; beyond this; it is a new moral position about man in relation to nature. 2. His epistemological project makes sense in the moral background.</p>     <p><b>Key words</b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Francis Bacon, Seventeenth-Century philosophy, english philosophy, moral philosophy.</p> <hr size=”1”>     <br>     <p>No ha habido una &uacute;nica l&iacute;nea de interpretaci&oacute;n a la hora de responder a la pregunta por la impor-tancia de Francis Bacon en el nacimiento de la filosof&iacute;a moderna y en la revoluci&oacute;n cient&iacute;fica del siglo XVII. No siempre las distintas aproximaciones que la ciencia y la filosof&iacute;a posteriores a Bacon han hecho sobre el fil&oacute;sofo ingl&eacute;s han llegado a acuerdos a la hora de precisar sus aportes a la construcci&oacute;n de dicho proyecto. Aspectos como la importancia del m&eacute;todo inductivo para el desarrollo e investigaci&oacute;n en la ciencia, la relaci&oacute;n entre la utilidad y verdad, la instauraci&oacute;n de una tecnocracia o, incluso, las fuentes principales de su obra son algunos de los asuntos que ocupan a investigadores y sobre los cuales se suelen encontrar posiciones distintas. </p>     <p>No han faltado, tampoco, cr&iacute;ticas al proyecto baconiano, en especial aquellas que lo acusan de desarrollar una ciencia de ingenieros, esto es, un saber que s&oacute;lo propende al desarrollo de artefactos y obras, las que lo acusan de haber subordinado la verdad a la utilidad, o las que desechan su m&eacute;todo inductivo, entre otras acusaciones. </p>     <p>De manera introductoria, nos referiremos a dos de las posturas m&aacute;s comunes: la primera de ellas se refiere al inter&eacute;s que se ha puesto en aspectos epistemol&oacute;gicos, especialmente, con el m&eacute;todo inductivo de la ciencia; inter&eacute;s despertado en el siglo XIX por autores como John Herschel (1791-1871), el historiador de la ciencia William Whewell (1794-1866) y el fil&oacute;sofo John Stuart Mill (1806-1873), y que ha tenido respuesta en el rechazo del m&eacute;todo baconiano en la ciencia por parte de autores como Koyr&eacute; (1981, p. 2), Lakatos (1968, p. 318) y Popper (P&eacute;rez-Ramos, 1988, pp. 18-29). La segunda postura es la acusaci&oacute;n que se ha hecho a Bacon de promover un tecnicismo que se expande desde la producci&oacute;n de artefactos hacia los dem&aacute;s dominios humanos sin restricci&oacute;n alguna, incluidos los dominios &eacute;tico y pol&iacute;tico. De acuerdo con la interpretaci&oacute;n que de &eacute;l hicieran Horkheimer y Adorno (1994, p. 60), Bacon aparece como promotor del utilitarismo o como el germen del dominio de la raz&oacute;n instrumental<a name=top1></a><a href="#back1"><sup>1</sup></a>.</p>     <p>Tales cr&iacute;ticas han hecho que en ocasiones se olviden aspectos centrales del proyecto baconiano o que Bacon sea considerado como un autor de poca importancia para el pensamiento filos&oacute;fico y cient&iacute;fico. No obstante, como se intentar&aacute; mostrar en este art&iacute;culo, Bacon concibe el proyecto de renovaci&oacute;n metodol&oacute;gica de la filosof&iacute;a natural y su posterior efecto en el bienestar humano a partir de la transformaci&oacute;n de las condiciones materiales, enlazado &iacute;ntimamente a una reforma moral de la filosof&iacute;a y de los fil&oacute;sofos; enlace que ante un marcado &eacute;nfasis de la interpretaci&oacute;n en aspectos epistemol&oacute;gicos ha sido relegado a un segundo plano. En este sentido, en t&eacute;rminos generales, se pretende mostrar que interrogantes relacionados con las cr&iacute;ticas mencionadas (tales como la idea de dominio del hombre sobre el hombre, la idea de beneficio material o, incluso, el matiz que toma el m&eacute;todo inductivo) adquieren un car&aacute;cter distinto, una vez se estudia la epistemolog&iacute;a baconiana enlazada a la moral e incluso que aspectos centrales de su reforma encuentran justificaci&oacute;n tambi&eacute;n en este terreno. </p>     <p>Si bien en su obra cumbre, <i>Novum Organum</i>, el autor ingl&eacute;s centr&oacute; su inter&eacute;s en aspectos metodol&oacute;gicos, se puede encontrar que su proyecto de filosof&iacute;a natural est&aacute; soportado por consideraciones morales, desarrolladas fundamentalmente en sus obras de juventud<a name=top2></a><a href="#back2"><sup>2</sup></a>; en estas obras, Bacon intenta enlazar -y hasta de cierto modo justificar- aspectos de la construcci&oacute;n de la filosof&iacute;a natural con consideraciones morales, religiosas y teol&oacute;gicas. All&iacute;, Bacon encuentra que los errores propios de la investigaci&oacute;n de filosof&iacute;a natural est&aacute;n relacionados con la falta de virtudes morales de los fil&oacute;sofos. Nuestro trabajo, en el presente escrito, consiste, precisamente, en mostrar la relaci&oacute;n que hay entre los fines y m&eacute;todos de la filosof&iacute;a natural<a name=top3></a><a href="#back3"><sup>3</sup></a> con las virtudes morales -cristianas, en este caso- que Bacon examina en los fil&oacute;sofos; mostraremos que para Bacon el proyecto epistemol&oacute;gico encuentra sentido en estas virtudes e, incluso, que dichas virtudes marcan caminos por los cuales debe conducirse a la investigaci&oacute;n. As&iacute;, mostraremos que los puntos que Bacon considera centrales en la cr&iacute;tica a la filosof&iacute;a, los fines del conocimiento y el m&eacute;todo de demostraci&oacute;n<a name=top4></a><a href="#back4"><sup>4</sup></a>, son aunados a la caridad y la humildad, respectivamente<a name=top5></a><a href="#back5"><sup>5</sup></a>. Ahora bien, esta preocupaci&oacute;n moral por la filosof&iacute;a, si bien no es desarrollada por Bacon sistem&aacute;ticamente, podemos decir que permanece en el desarrollo de sus obras aunque no abordadas directamente. Si bien no es el asunto central de este art&iacute;culo brindar mayor sustento a esta tesis, incluimos algunas referencias al <i>Novum Organum</i> que evidencian esto<a name=top6></a><a href="#back6"><sup>6</sup></a>.</p>     <p>Antes de proponer un nuevo proyecto filos&oacute;fico, Bacon ve que es necesario justificar la necesidad del cambio de la filosof&iacute;a. Esta doble estructura de sus textos tiene tambi&eacute;n un cometido doble: por la parte destructiva, muestra los errores de la filosof&iacute;a; por la parte constructiva, muestra su propuesta para salir de ellos<a name=top7></a><a href="#back7"><sup>7</sup></a>. De este modo, sostenemos que para comprender el sentido de la reforma baconiana de la filosof&iacute;a y los rumbos que esta toma es necesario examinar primero c&oacute;mo entiende el estado de la filosof&iacute;a de su momento y las cr&iacute;ticas que levanta sobre ella.</p>     <p>Esta b&uacute;squeda nos lleva a considerar niveles de la cr&iacute;tica, los cuales estructuran los subt&iacute;tulos de este texto: el primero de ellos comienza cuando Bacon se aleja de las academias; se despoja de la vestidura de docto y valora la filosof&iacute;a desde la condici&oacute;n de hombre del com&uacute;n, lugar que le permite denunciarla por su esterilidad. En el siguiente nivel, deja su condici&oacute;n de hombre com&uacute;n y se ubica en la filosof&iacute;a discutiendo aspectos epistemol&oacute;gicos. All&iacute; situado, examina la relaci&oacute;n que hay entre la utilidad y la verdad. En un tercer nivel, da un paso m&aacute;s y examina la relaci&oacute;n que hay entre estos dos elementos con la moral. All&iacute;, encuentra que una filosof&iacute;a &uacute;til y verdadera es a la vez una filosof&iacute;a guiada por la caridad y la humildad.</p>     <p>Hemos llamado <i>niveles</i> a estos an&aacute;lisis, puesto que el paso gradual de uno a otro conduce al trasfondo desde el cual Bacon levanta sus cr&iacute;ticas y sus propuestas. El curso desde los signos externos hasta el &aacute;mbito moral es un curso que lleva desde lo que aparece en la superficie de la filosof&iacute;a hasta lo que lo origina, hasta su causa. Por supuesto, es posible centrarse en s&oacute;lo uno de tales niveles y comprender la filosof&iacute;a baconiana desde all&iacute;; no obstante, hemos querido hilar unos con otros para encontrar que efectivamente los niveles se encuentran relacionados y que un estudio que indaga sobre la naturaleza del proyecto baconiano y su coherencia interna requiere mantenerlos enlazados.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Llevar el an&aacute;lisis de la cr&iacute;tica hasta el &uacute;ltimo nivel servir&aacute; para insistir en que la propuesta de Bacon trasciende los dominios de la mera producci&oacute;n de obras y artefactos, pero tambi&eacute;n de la epistemolog&iacute;a. En sus obras de juventud, especialmente, <i>la cr&iacute;tica moral</i> devela no s&oacute;lo el proceder de los fil&oacute;sofos, sino, tambi&eacute;n, a juicio de Bacon, la causa de la falsedad de la filosof&iacute;a. Por este motivo, considerarla es de gran importancia para comprender el intento de reforma baconiano<a name=top8></a><a href="#back8"><sup>8</sup></a>.</p>     <p><font size="3"><b>Cr&iacute;tica por los signos: la inutilidad de la filosof&iacute;a </b></font></p>     <p>Para adentrarnos propiamente en el contenido de la cr&iacute;tica de Bacon a la filosof&iacute;a y a los fil&oacute;sofos, es necesario mencionar c&oacute;mo o con qu&eacute; medios la hace. Para examinar la filosof&iacute;a, el autor propone dejar de ser fil&oacute;sofo por un momento:</p> <ul>Desnud&eacute;monos, vosotros y yo, de nuestra condici&oacute;n de varones doctos, si algo de eso somos; hag&aacute;monos como unos del pueblo y, dejando a un lado las cosas mismas, admitamos conjeturas a partir de signos externos, pues al menos esto tenemos en com&uacute;n con los hombres (Bacon, 1985, p. 79).    </ul>     <p>El punto de partida es despojarse de la investidura de docto, esto es, dejar de lado los discursos t&iacute;picos de los doctos, dejar por un momento la academia y sus argumentaciones<a name=top9></a><a href="#back9"><sup>9</sup></a> y situarse del lado del com&uacute;n de los hombres. Sin entrar en consideraciones sociol&oacute;gicas acerca de la expectativa que ten&iacute;an los hombres del com&uacute;n del siglo XVII en Inglaterra sobre la filosof&iacute;a, se puede afirmar que el vulgo aparece en los textos de Bacon como el lugar desde el cual se juzga la filosof&iacute;a; con esto, Bacon rescata un interlocutor que quiz&aacute;s carec&iacute;a de importancia en la tradici&oacute;n filos&oacute;fica que Bacon critica.</p>     <p>De la misma manera, si bien diferentes estudios han se&ntilde;alado la importancia de otros saberes distintos a la filosof&iacute;a en la formulaci&oacute;n del proyecto baconiano, tales como la magia, la astrolog&iacute;a, las artes mec&aacute;nicas, la alquimia y la cultura ret&oacute;rica; y, en general, se suele decir que Bacon, como muchos de sus contempor&aacute;neos, intent&oacute; realzar el valor del saber operativo por encima del contemplativo<a name=top10></a><a href="#back10"><sup>10</sup></a>, no se podr&iacute;a afirmar que cuando Bacon decide despojarse de la vestidura de docto est&eacute; pensando en que la cr&iacute;tica a la filosof&iacute;a debe hacerse desde estos otros lugares. En efecto, el vulgo es el lugar desde el cual se valoran los saberes -de all&iacute; que tambi&eacute;n estas otras artes caigan en las cr&iacute;ticas- y es tambi&eacute;n el lugar al que los saberes retornan. Si bien Bacon retoma fines y modelos de las artes mec&aacute;nicas, la magia y la alquimia, su prop&oacute;sito &uacute;ltimo es hacer que la filosof&iacute;a llegue al hombre com&uacute;n y corriente &quot;al que no se llega si no es por medio de lo &uacute;til y de las obras&quot; (Bacon, 1985, p. 77). El hombre com&uacute;n se convierte en parte de la construcci&oacute;n de conocimiento, y se forma parte desde la posici&oacute;n de quien juzga dicha construcci&oacute;n. As&iacute;, el conocimiento comienza a romper sus fronteras y se abre a actores que antes no hab&iacute;an sido tenidos en cuenta. Bacon propone un conocimiento que no est&aacute; centrado m&aacute;s en las discusiones de las academias ni en el saber de iluminados (magia y alquimia), sino que se hace p&uacute;blico en la medida en que los hombres comunes lo valoran.</p>     <p>Por otro lado, situarse desde el hombre com&uacute;n implica que la filosof&iacute;a ser&aacute; vista no a partir de sus cosas mismas, de sus t&oacute;picos internos, sino desde lo que ella muestra al exterior. Ser&aacute; valorada desde lo que ha dejado la filosof&iacute;a a los hombres, m&aacute;s all&aacute; de largas discusiones y altercados. Como se&ntilde;ala Paolo Rossi (1990, pp. 112-114): &quot;Se trata de una valoraci&oacute;n hist&oacute;rica de la filosof&iacute;a, no de un an&aacute;lisis de los sistemas de pensamiento&quot;.</p>     <p>&iquest;Qu&eacute; ve el hombre com&uacute;n en la filosof&iacute;a? Expl&iacute;citamente Bacon no formula esta pregunta. No obstante, es posible reconstruirla y hallarle sentido desde sus textos. Al vulgo, en principio, no le interesa escudri&ntilde;ar en las cosas mismas, no le interesa bajo qu&eacute; m&eacute;todos procede la filosof&iacute;a o cu&aacute;les son los asuntos que discute, pero s&iacute; ve de ella que en lugar de engendrar frutos, genera constantemente altercados y discusiones (Bacon, 1985, p. 77). Por eso, el primero de los signos -y en opini&oacute;n de Bacon, el fundamental- es precisamente el que tiene que ver con la utilidad de la filosof&iacute;a: &quot;As&iacute; pues, retornemos ahora a examinar los sig&not;nos. Ahora bien: ninguno de ellos es, hijos m&iacute;os, m&aacute;s cierto o m&aacute;s notorio que el de los frutos&quot; (Bacon, 1985, p. 125). Asunto que se mantiene en el <i>Novum Organum</i>: &quot;entre los signos, ninguno hay m&aacute;s seguro y conocido que el que se deduce de los frutos&quot; (Bacon, 2003b, I. lxxiii).</p>     <p>Si bien esta valoraci&oacute;n de la filosof&iacute;a es de gran importancia, pues, como insiste Rossi, muestra que existe un enlace entre la deficiencia del conocimiento y la situaci&oacute;n hist&oacute;rica en las que &eacute;ste ha estado inscrito<a name=top11></a><a href="#back11"><sup>11</sup></a>, es necesario se&ntilde;alar que esta v&iacute;a es s&oacute;lo la puerta de entrada a la cr&iacute;tica de la filosof&iacute;a. Una indagaci&oacute;n m&aacute;s profunda sobre los signos, en concreto sobre el signo fundamental, permitir&aacute; dar un paso m&aacute;s en la comprensi&oacute;n del proyecto baconiano. Ese paso es propiamente la relaci&oacute;n entre la utilidad y la verdad por la cual se puede hallar que tal deficiencia es tambi&eacute;n resultado de un defecto en la concepci&oacute;n y el proceder de la filosof&iacute;a natural. En esta otra situaci&oacute;n se centra gran parte de la cr&iacute;tica baconiana.</p>     <p><font size="3"><b>Cr&iacute;tica a la falta de verdad y a los procedimientos incorrectos</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como se&ntilde;al&aacute;bamos, el primero de los signos es precisamente el que tiene que ver con la utilidad de la filosof&iacute;a. No obstante, cuando Bacon insiste en &eacute;sto, no est&aacute; pensando meramente en producci&oacute;n de objetos o de resultados como fin &uacute;ltimo de la filosof&iacute;a. En lugar de ello, considera que hay una &iacute;ntima relaci&oacute;n entre este signo y la idea de verdad, y que la utilidad debe ser buscada desde esa relaci&oacute;n.</p>     <p>Hay que insistir en que no se trata de una b&uacute;squeda de la utilidad por ella misma, sino que la utilidad refleja el conocimiento verdadero. La utilidad es signo, precisamente, de la verdad de la filosof&iacute;a: &quot;las obras en s&iacute; mismas han de estimarse m&aacute;s en cuanto que son prendas de la verdad que por sus conveniencias para la vida&quot; (Bacon, 2003b, I. cxxiv). De all&iacute; que los experimentos del investigador no deben conducir a este hacia la consecuci&oacute;n inmediata de inventos; m&aacute;s bien, los experimentos preferidos son los que arrojan verdad, las <i>experiencias luc&iacute;feras</i>. Al referirse a ellas, Bacon muestra su distancia frente a la mera producci&oacute;n de resultados:</p> <ul>Pues el mec&aacute;nico, sin preocupaci&oacute;n alguna por verdad, no levanta su mente ni tiende su mano a cosa aluna que no est&eacute; subordinada a su trabajo. M&aacute;s solamente habr&aacute; esperanzas bien fundadas de un progreso ulterior de las ciencias cuando se acepten y se re&uacute;nan en la historia natural muchos m&aacute;s experimentos que no son en s&iacute; de utilidad alguna y que se dirigen exclusivamente al descubrimiento de las causas y de los axiomas, a los cuales llamo <i>yo luc&iacute;feros</i> a diferencia de los<i> fruct&iacute;feros</i>. Estos tales tienen en s&iacute; una virtud y condici&oacute;n admirable: a saber la de que nunca fallan ni se malogran. Pues siempre que se les emplee para esto, no para realizar alg&uacute;n trabajo particular sino para revelar la causa natural de alguna cosa, donde quiera que caigan, responden a su prop&oacute;sito, ya que deciden la cuesti&oacute;n (Bacon, 2003b, I. xcix).     </ul>     <p>El af&aacute;n de utilidad guarda, entonces, estrecha relaci&oacute;n con la b&uacute;squeda de la verdad. Por esto, su estudio debe hacerse en una reconstrucci&oacute;n epistemol&oacute;gica capaz de abordar dicha relaci&oacute;n; esta ser&iacute;a, se&ntilde;ala P&eacute;rez-Ramos, la tradici&oacute;n del principio <i>verum factum</i>, en la cual:</p>     <p>El<i> factum</i> apunta a la pr&aacute;ctica en cuesti&oacute;n o a sus resultados: una acci&oacute;n intencional realizada en orden a alcanzar alg&uacute;n fin [...] El <i>verum</i>, de otro lado, introduce una pretensi&oacute;n de verdad en la primera dimensi&oacute;n, la cual, sin esta, s&oacute;lo apuntar&iacute;a a la utilidad o al placer (1998, p. 52).</p>     <p>Si bien el desarrollo extenso de este asunto es alcanzado en el <i>Novum Organum</i> -una vez Bacon describe en profundidad la idea de forma y el proceso de la inducci&oacute;n en relaci&oacute;n a la utilidad-, en las obras que estudiamos ahora ya se encuentra presente esta idea. En la <i>Refutaci&oacute;n de la filosof&iacute;a</i>, obra marcada por la relaci&oacute;n entre teolog&iacute;a y filosof&iacute;a, Bacon entiende la utilidad como el fruto de la verdad:</p> <ul>Pues del mismo modo que en la religi&oacute;n se procura mostrar la fe a partir de las obras, tambi&eacute;n eso mismo se traslada muy oportunamente a la filosof&iacute;a, de suerte que sea vana la que es est&eacute;ril. Y tanto m&aacute;s si en lugar de frutos como la uva o la aceituna produjera los cardos y las espinas de discusiones y contiendas (Bacon, 1985, p. 125)<a name=top12></a><a href="#back12"><sup>12</sup></a>.    </ul>     <p>Decir que la utilidad es un signo de la verdad implica que una filosof&iacute;a que no es capaz de engendrar frutos, una filosof&iacute;a est&eacute;ril, es ella misma vana o falsa; por esto considera que la filosof&iacute;a antigua y la filosof&iacute;a en uso son falsas, m&aacute;s a&uacute;n, teniendo en cuenta que estas filosof&iacute;as s&oacute;lo muestran al exterior altercados y discusiones. Pero, &iquest;puede decirse, a la inversa, que una filosof&iacute;a que produce frutos es por ello verdadera? Bacon considera que esto no puede concluirse sin cierta cautela, pues la obtenci&oacute;n de frutos puede ser resultado del azar y no de un proceso de b&uacute;squeda de la verdad conducido por un m&eacute;todo correcto (Bacon, 1850b, p. 91). Aqu&iacute; se encuentra, precisamente, el n&uacute;cleo de las cr&iacute;ticas a la alquimia, a la cual ataca porque sus resultados son fruto del azar y no de una pr&aacute;ctica met&oacute;dica<a name=top13></a><a href="#back13"><sup>13</sup></a>; y a la magia natural, la cual, si bien ha enriquecido la pr&aacute;ctica, lo ha hecho por medio de vanas conjeturas<a name=top14></a><a href="#back14"><sup>14</sup></a>. Unos y otros, unidos a los astr&oacute;logos, han alcanzado algunos frutos pero carecen de m&eacute;todo. La idea de que la utilidad es un signo de la verdad de la filosof&iacute;a se refuerza, entonces, al considerar que a Bacon no le interesa seguir las propuestas de aquellos que alcanzan frutos sin alcanzar verdad.</p>     <p>La verdad tendr&aacute; que emerger de un m&eacute;todo de investigaci&oacute;n correcto; sin un buen m&eacute;todo no habr&aacute; esperanzas de que la filosof&iacute;a cumpla su cometido: &quot;Si los procedimientos para construir esta filosof&iacute;a vuestra no son los debidos ni son aceptables, no s&eacute; qu&eacute; esperanza os cabe abrigar, salvo que sea cr&eacute;dula y superficial&quot; (Bacon, 1985, p. 139)<a name=top15></a><a href="#back15"><sup>15</sup></a>. De all&iacute; que Bacon llegue a afirmar en el <i>Novum Organum</i> que la ra&iacute;z de los defectos de la ciencia puede encontrarse precisamente en la carencia de los auxilios adecuados<a name=top16></a><a href="#back16"><sup>16</sup></a>. Esto explica tambi&eacute;n el marcado &eacute;nfasis que los int&eacute;rpretes han dado a la epistemolog&iacute;a baconiana.</p>     <p>Veamos, entonces, la cr&iacute;tica al m&eacute;todo desde la perspectiva que estamos considerando. Hemos dicho que Bacon deja a un lado la magia y la alquimia, al considerar que all&iacute; no hay m&eacute;todo como tal; justamente, su cr&iacute;tica es que obtienen resultados como resultado del azar. El m&eacute;todo que Bacon critica con m&aacute;s fuerza es, entonces, el silog&iacute;stico, pues es &eacute;ste el que se ha privilegiado en la investigaci&oacute;n de la naturaleza<a name=top17></a><a href="#back17"><sup>17</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No es necesario ahondar en la cr&iacute;tica que ejerce Bacon al silogismo como forma l&oacute;gica ni en las implicaciones ontol&oacute;gicas que esto conlleva, asuntos que han sido tratados por autores como Gonzalo Serrano y Antonio P&eacute;rez-Ramos en los textos que hemos citado. Nos interesa centrar la atenci&oacute;n en la idea de anticipaci&oacute;n de la naturaleza -idea que subyace a la construcci&oacute;n de saber por v&iacute;a silog&iacute;stica, en tanto permite formular leyes generales-, pues es precisamente en la formulaci&oacute;n de leyes generales en donde Bacon encuentra defectos tanto en el m&eacute;todo en uso como en los fil&oacute;sofos<a name=top18></a><a href="#back18"><sup>18</sup></a>.</p>     <p>Bacon distingue entre anticipaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de la naturaleza (Bacon, 2003b, I. xix). Ambos m&eacute;todos parten de la experiencia y buscan establecer axiomas generales, pero se diferencian en que el primero desde lo particular se remonta &quot;en seguida&quot; a los principios generales, mientras que el segundo se &quot;eleva&quot; prudente, paciente y reflexivamente. En la deducci&oacute;n silog&iacute;stica, se&ntilde;ala, los principios o premisas generales (premisa mayor del silogismo) no han sido verificados, sino solamente admitidos o supuestos por los fil&oacute;sofos, son fruto de la anticipaci&oacute;n de la naturaleza:</p> <ul>El silogismo consta de proposiciones, las proposiciones de palabras y &eacute;stas son s&iacute;mbolos de nociones. De modo que si las nociones mismas (que son la base de la realidad) son confusas y responden a una abstracci&oacute;n precipitada de los hechos, no puede haber solidez alguna en lo que se construye sobre ellas (Bacon, 2003b, I. xiv)<a name=top19></a><a href="#back19"><sup>19</sup></a>.    </ul>     <p>A estos principios supuestos se ha llegado por v&iacute;a de la disputaci&oacute;n, de la conjetura r&aacute;pida y de la fe, m&aacute;s que por medio de la observaci&oacute;n rigurosa de los procesos naturales, por eso fallan en su intento de captar la sutilidad de la naturaleza. As&iacute;, no son capaces de comprenderla, de interpretarla; solamente la anticipan.</p>     <p>A juicio de Bacon, la mayor&iacute;a de investigadores buscan con prisa acceder a los axiomas generales, pues esto les brinda tranquilidad y comodidad<a name=top20></a><a href="#back20"><sup>20</sup></a>; por ello, es necesario insistir en que tal elevaci&oacute;n debe hacerse siguiendo un m&eacute;todo riguroso: los investigadores necesitan m&aacute;s que plumas, plomo a la hora de postular las leyes generales<a name=top21></a><a href="#back21"><sup>21</sup></a>. El segundo libro del <i>Novum Organum</i> constituye, precisamente, los pasos por los cuales se da esta elevaci&oacute;n prudente de la<i> interpretaci&oacute;n</i>. </p>     <p>Con todo, Bacon ataca tanto a quienes piensan extraer obras de las mismas obras (los que tienen af&aacute;n de utilidad sin reparar en la verdad) como a quienes dejan de lado la verificaci&oacute;n de los principios de los cuales se deducen las obras (quienes proceden por <i>anticipaci&oacute;n</i>). Habiendo caracterizado estos dos errores fundamentales de las filosof&iacute;as podemos preguntar cu&aacute;l era la filosof&iacute;a que en la lectura de Bacon ca&iacute;a en ellos. Si bien este t&oacute;pico est&aacute; presente en otras obras, tanto en el<i> Avance del saber</i> como en el <i>Novum Organum</i>, Bacon intent&oacute; sistematizar los errores, o la vanidad, de los sistemas filos&oacute;ficos que denuncia. En la obra de 1605, se refiere a dos tipos de vanidades: la que tiene que ver con las palabras y la que tiene que ver con la materia. A la primera pertenece el saber delicado, y a la segunda, el contencioso y el fant&aacute;stico. Por saber delicado, saber de los ret&oacute;ricos, entiende aquel que es condenado porque estudia las palabras y no las cosas, pues &quot;las palabras no son sino im&aacute;genes de las cosas, y si &eacute;stas no est&aacute;n vivificadas por la raz&oacute;n y la invenci&oacute;n, enamorarse de ellas es lo mismo que enamorarse de un cuadro&quot; (Bacon, 1988, I. iv. 3). Este saber constituye un estorbo para la inquisici&oacute;n de la verdad y el progreso de la filosof&iacute;a &quot;porque satisface la mente humana demasiado pronto y apaga el deseo de ulterior indagaci&oacute;n antes de alcanzado el t&eacute;rmino debido&quot; (Bacon, 1988, I. iv. 4). Por saber contencioso, saber que prevaleci&oacute; en los escol&aacute;sticos, Bacon entiende: &quot;aquel&quot; que si bien abandona las palabras, no trabaja sobre la naturaleza sino sobre las mismas construcciones te&oacute;ricas de los fil&oacute;sofos. Al alejarse de la evidencia de la naturaleza, estos fil&oacute;sofos no pueden engendrar frutos, sino dificultades y altercados en la medida en que avanzan en sus distinciones y conclusiones. Precisamente, se&ntilde;ala Bacon, el hecho de que siempre est&eacute;n discutiendo sobre altercados te&oacute;ricos es se&ntilde;al de su extrav&iacute;o (Bacon, 1988, I. iv. 5). Finalmente, el saber fant&aacute;stico es aquel concerniente al enga&ntilde;o o a la falsedad, en muchos casos, por permitir la mezcla entre filosof&iacute;a y teolog&iacute;a, por lo cual confunde el objeto de estudio (Bacon, 1988, I. iv, pp. 8-12).</p>     <p>Estas referencias muestran un panorama de las filosof&iacute;as que Bacon quiere criticar. Ahora bien, no interesa en este momento hacer un empalme profundo entre la clasificaci&oacute;n que presenta en la<i> Refutaci&oacute;n de la filosof&iacute;a</i> y la del <i>Novum Organum</i><a name=top22></a><a href="#back22"><sup>22</sup></a>. Basta con decir que en la obra de 1620 desaparece la vanidad que tiene que ver con las palabras (el saber delicado), y en lugar de ello se centra &uacute;nicamente en las que tienen que ver con la materia, es decir, aquellas que tienen pretensiones de alcanzar la verdad de la naturaleza. Las hemos tra&iacute;do a colaci&oacute;n para mostrar que las vanas filosof&iacute;as tienen errores comunes: la renuncia a la verdad y la falta de m&eacute;todos. Por ello, Bacon ve necesario salir de este camino y emprender uno nuevo.</p>     <p>Pero, adem&aacute;s de esto, nos interesa se&ntilde;alar que Bacon concibe la cr&iacute;tica a la filosof&iacute;a al lado de la cr&iacute;tica a los fil&oacute;sofos. En este enlace, la filosof&iacute;a vana indica, a la vez, vanos fil&oacute;sofos. Precisamente, la clasificaci&oacute;n de los errores de la filosof&iacute;a est&aacute; precedida por esta anotaci&oacute;n: &quot;pues estimamos vanas aquellas cosas que son falsas o fr&iacute;volas, aquellas en las que no hay verdad o utilidad; y estimamos vanas a aquellas personas que son cr&eacute;dulas o curiosas sin motivo&quot; (Bacon, 1988, I. iv. 2)<a name=top23></a><a href="#back23"><sup>23</sup></a>. Los fil&oacute;sofos, tanto como la filosof&iacute;a, est&aacute;n impregnados tambi&eacute;n de errores en su proceder, errores que la religi&oacute;n, la pol&iacute;tica, las academias y, en general, la tradici&oacute;n ha inculcado en las personas<a name=top24></a><a href="#back24"><sup>24</sup></a>. Este asunto es tema del siguiente apartado.</p>     <p>La utilidad como signo sirve a Bacon, entonces, para hacer una cr&iacute;tica a la filosof&iacute;a desde una doble perspectiva: por un lado, a la filosof&iacute;a griega y a sus seguidores por no engendrar ning&uacute;n fruto. Por otro, sirve para denunciar a aquellos que logran producirlos, pero sin m&eacute;todo alguno, es decir, que lo logran sin garantizar la verdad de la filosof&iacute;a. Como se puede ver, la relaci&oacute;n que ahora introduce entre utilidad y verdad hace que su lugar de la cr&iacute;tica no sea ya el com&uacute;n de los hombres. En efecto, si la verdad lleva a la utilidad o no es asunto de discusi&oacute;n de los fil&oacute;sofos. Como &eacute;l mismo indica, la consideraci&oacute;n de los signos obliga a entrar en la discusi&oacute;n sobre las cosas mismas (Bacon, 1985, p. 101), y sobre las cosas mismas de la filosof&iacute;a se discute propiamente con los fil&oacute;sofos. Utilizando el lenguaje de Bacon, diremos que el cambio de lugar de la cr&iacute;tica, lo cual implica un cambio de perspectiva, de lugar de enunciaci&oacute;n y de interlocutores, es un signo que muestra que Bacon se halla aqu&iacute; en otro nivel.</p>     <p><font size="3"><b>Cr&iacute;tica moral: indagando la causa del error </b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La cr&iacute;tica a los fil&oacute;sofos se conduce tambi&eacute;n siguiendo el esquema de la cr&iacute;tica a los fines y a los procedimientos. Pero el camino que toma aqu&iacute; no lo lleva a considerar aspectos de car&aacute;cter epistemol&oacute;gico. En lugar de ello, examina el camino moral que los fil&oacute;sofos han tomado. Esta cr&iacute;tica es de suma importancia, porque en ella cree Bacon encontrar causas de los errores filos&oacute;ficos. Intentaremos mostrar, entonces, que para Bacon el error de la filosof&iacute;a no es s&oacute;lo un asunto que ata&ntilde;e a la definici&oacute;n de nuevos fines y m&eacute;todo, sino que este tiene a la base una nueva actitud moral ante el conocimiento y la historia. Con este giro dejamos a un lado el nivel del an&aacute;lisis epistemol&oacute;gico sobre la filosof&iacute;a y pasamos a otro nivel en el cual &eacute;ste se funda: el an&aacute;lisis moral. Bacon lleva su cr&iacute;tica hacia dos virtudes cristianas: la caridad y la humildad, y las relaciona con los fines y procedimientos de la filosof&iacute;a.</p>     <p><b>Caridad </b></p>     <p>etornemos a la primera cr&iacute;tica, la inutilidad de la filosof&iacute;a. En t&eacute;rminos generales, como se ha visto, Bacon acusa a los fil&oacute;sofos antiguos de profesar una filosof&iacute;a est&eacute;ril. Entre ellos, quiz&aacute;s sea Arist&oacute;teles quien m&aacute;s es criticado por Bacon, al considerar que es &eacute;l &quot;el principal causante de este mal&quot; (Bacon, 1985, p. 127). Despu&eacute;s de Arist&oacute;teles, la cr&iacute;tica a los fil&oacute;sofos se centra en Plat&oacute;n, y con ellos dos se extiende a los dem&aacute;s (Pit&aacute;goras, Emp&eacute;docles, Her&aacute;clito, Anax&aacute;goras, Dem&oacute;crito, Parm&eacute;nides y otros, Bacon, 1985, p. 101) bajo el supuesto de que todos &quot;eran semejantes, pues la filosof&iacute;a de los griegos es a modo de una &uacute;nica nave: siendo diversos los errores, son comunes sus causas&quot; (Bacon, 1985, p. 105).</p>     <p>El enlace encontrado entre utilidad y verdad introduce a Bacon en la cr&iacute;tica a Arist&oacute;teles. &Eacute;ste promulga una filosof&iacute;a que fue seguida por los escol&aacute;sticos, en la que &quot;no parece buscarse el descubrimiento de la verdad sino el fomento de la discusi&oacute;n&quot; (Bacon, 1985, p. 129). El esquema de estudio natural aristot&eacute;lico cae tambi&eacute;n bajo acusaci&oacute;n, tanto por la presentaci&oacute;n de la ciencia en forma de cuestiones como por la forma de las soluciones que da: &quot;el principal empe&ntilde;o de Arist&oacute;teles fue que los hombres tuviesen preparado, en cada caso, qu&eacute; decir, qu&eacute; responder y por d&oacute;nde escabullirse, con preferencia a qu&eacute; deb&iacute;an creer profundamente, o pensar con claridad, o saber de verdad&quot; (Bacon, 1985, pp. 128-129).</p>     <p>Pero, a medida que Bacon se adentra en la acusaci&oacute;n a Arist&oacute;teles, va abandonando el terreno epistemol&oacute;gico y se instala en el de las virtudes que, a juicio de Bacon, llevaron al estagirita a plantear su esquema filos&oacute;fico. Arist&oacute;teles:</p> <ul>Viene en nombre propio, &eacute;se es Arist&oacute;teles, que en todo se tiene a s&iacute; mismo por la autoridad, y que de tal modo despreci&oacute; a los antiguos que casi ni se digna nombrar a ninguno de ellos, como no sea para refutarlo e injuriarlo (Bacon, 1985, p. 95).    </ul>     <p>Arist&oacute;teles, en opini&oacute;n del autor, aunque diga representar la verdad, no habla en su nombre, sino a t&iacute;tulo personal; por eso requiere acallar a los dem&aacute;s fil&oacute;sofos. En esto radica su impostura. La actitud frente a las dem&aacute;s filosof&iacute;as soporta esta acusaci&oacute;n: &quot;a la manera de los turcos, crey&oacute; que no podr&iacute;a reinar sin haber exterminado a sus hermanos. Cosa que le sali&oacute; seg&uacute;n sus deseos, y con demasiado &eacute;xito, no en el momento pero s&iacute; m&aacute;s tarde&quot; (Bacon, 1985, p. 95). En suma, Bacon est&aacute; acusando a Arist&oacute;teles de querer imponerse sobre los dem&aacute;s. Esto es, en lugar de buscar el beneficio del hombre, busc&oacute; el dominio sobre los dem&aacute;s, en ello radica su vanidad.</p>     <p>La vanidad de Arist&oacute;teles, el principal causante de la esterilidad de la filosof&iacute;a, radica en desear m&aacute;s que el avance del saber, su prestigio frente a los dem&aacute;s hombres y frente a la historia. Arist&oacute;teles, pues, es acusado de encarnar la ambici&oacute;n m&aacute;s baja: querer imponerse sobre los dem&aacute;s.</p> <ul>Adem&aacute;s no estar&aacute; fuera de lugar el distinguir tres g&eacute;neros y como si dij&eacute;ramos tres grados de ambici&oacute;n de los hombres. El primero es el de aquellos que anhelan extender su propio poder en su patria; que es un g&eacute;nero vulgar y bajo. El segundo, es el de aquellos que se esfuerzan por aumentar el poder&iacute;o e imperio de su patria entre el genero humano; el cual tiene ciertamente m&aacute;s dignidad, aunque no menos concupiscencia. M&aacute;s si alguien del g&eacute;nero humano se esfuerza por instaurar y acrecentar el poder&iacute;o e imperio de &eacute;ste sobre el universo, esa ambici&oacute;n (si as&iacute; puede llam&aacute;rsela) es sin duda no s&oacute;lo m&aacute;s sana, sino tambi&eacute;n m&aacute;s noble que las dem&aacute;s. Ahora bien, el imperio del hombre sobre las cosas reside por entero en las artes y las ciencias. Pues no se manda a la naturaleza sino obedeci&eacute;ndola (Bacon, 2003b, I. cxxix).    </ul>     <p>Como Bacon lo presenta en esta cita, el deseo de una naci&oacute;n de imponerse sobre otras tambi&eacute;n es censurado en relaci&oacute;n con el fin &uacute;ltimo del conocimiento, el cual es proveer frutos a la especie humana. Por ello, Bacon considera que los hombres que s&oacute;lo buscan favorecer a un estado determinado no merecen un premio superior a quienes buscan el beneficio de la especie humana<a name=top25></a><a href="#back25"><sup>25</sup></a>. La raz&oacute;n de esto es doble: por un lado, los bienes de los primeros son pasajeros, pues est&aacute;n circunscritos a la valoraci&oacute;n que de ellos hace una naci&oacute;n en un momento determinado, mientras que los segundos son permanentes y universales; por otro, los primeros surgen de luchas y altercados, los segundos de la presencia divina.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute;, ni Arist&oacute;teles, en el plano particular; ni Alejandro, su sucesor, en el plano civil, son para Bacon el modelo a seguir: &quot;conquistando uno todas las opiniones como el otro conquist&oacute; todas la naciones&quot; (Bacon, 1988, II. vii., p. 2), pues sus ambiciones son todav&iacute;a censurables al lado de la mayor aspiraci&oacute;n del hombre y el conocimiento. Ninguno de los dos es acusado de falta de ingenio o de saber, pero son acusados de errar en su ambici&oacute;n. Para Bacon, pues, el modelo no est&aacute; en ninguno de ellos, sino en quien es capaz de trabajar no por su propio beneficio y el de su naci&oacute;n, sino por el de dar dominio sobre la naturaleza a la especie humana en general.</p>     <p>Bacon no propone el avance del saber sin m&aacute;s, sino un avance que se encamine al provecho humano. Pero en este nivel, el provecho de la filosof&iacute;a no es una mera utilidad exigida por el hombre com&uacute;n, sino una exigencia moral que revela un trasfondo religioso: &quot;Si yo hablara con las lenguas de los hombres y de los &aacute;ngeles, y no tuviera caridad, ser&iacute;a como c&iacute;mbalo que resuena&quot;; seguidamente, Bacon cifra en la caridad la raz&oacute;n de esto:</p>     <p>No porque el hablar con las lenguas de los hombres y de los &aacute;ngeles no sea cosa excelente, sino porque, si se separa de la caridad y no se aplica al bien de los hombres y de la humanidad, es m&aacute;s gloria resonante e indigna que virtud meritoria y sustancial (Bacon, 1988, I. i. 3)<a name=top26></a><a href="#back26"><sup>26</sup></a>.</p>     <p>Esa otra ambici&oacute;n, a la cual Bacon llama caridad, debe ser la &uacute;nica ambici&oacute;n del conocimiento, &quot;si es que se le puede dar tal t&iacute;tulo&quot;, por encima del poder&iacute;o en el mismo pa&iacute;s, y del poder&iacute;o del pa&iacute;s sobre los otros pa&iacute;ses.</p>     <p>Con todo, la escala de ambici&oacute;n se teje entre el beneficio personal y el beneficio de la especie: entre la impostura y la caridad; la primera tiende a mostrarse como la segunda, de all&iacute; que se le llame precisamente &quot;impostura&quot;; la segunda muestra sus signos en el provecho humano. Arist&oacute;teles encarna el nivel m&aacute;s bajo en la escala, y la nueva filosof&iacute;a que propone Bacon encarnar&iacute;a su polo opuesto. En medio de esa escala, se encontrar&iacute;a el af&aacute;n por el beneficio de los estados.</p>     <p>Ahora bien, Bacon introduce la caridad en la filosof&iacute;a a modo de correctivo. Ya nos referimos a la caridad como correctivo de los fines del conocimiento; ahora haremos una alusi&oacute;n en cuanto correctivo que delimita el campo de estudio. Lo que ha hecho al conocimiento perder su rumbo no es, se&ntilde;ala Bacon, su misma naturaleza, sino tomarlo sin el debido correctivo; de all&iacute; que se requiera ayudas para conducir el conocimiento: &quot;Esa especia correctiva, cuya adici&oacute;n hace al conocimiento tan soberano, es la caridad, que el ap&oacute;stol agrega in&not;mediatamente a la cl&aacute;usula citada, pues dice: <i>El conocimiento hincha</i>, pero la caridad construye&quot; (Bacon, 1988, I. i., p. 3). Bacon es consciente de que la b&uacute;squeda de conocimiento sin correctivo conduce a la vanidad, por eso, en sus obras recuerda la necesidad de ponerle l&iacute;mites (Bacon, 1988, I. i., p. 3), ya sea por v&iacute;a de la religi&oacute;n<a name=top27></a><a href="#back27"><sup>27</sup></a> o por el recto uso de la raz&oacute;n<a name=top28></a><a href="#back28"><sup>28</sup></a>; l&iacute;mites que, en todo caso, refieren al correctivo de la caridad. Indaguemos un momento en ellos.</p>     <p>En el <i>Avance del saber</i> se&ntilde;ala estos l&iacute;mites. Nos interesa tratar el que tiene que ver con la separaci&oacute;n entre filosof&iacute;a y teolog&iacute;a. Bacon entiende la b&uacute;squeda de las causas formal y final como parte de la metaf&iacute;sica, a diferencia de la f&iacute;sica, la cual se ocupa de la eficiente y material (Bacon, 1988, II. vii., p. 4); no obstante, ambas hacen parte de la filosof&iacute;a natural, esto es, de la filosof&iacute;a a la cual se llega por la luz de la raz&oacute;n. Pero mientras la causa final lleva a considerar la intenci&oacute;n, la formal lleva a la generaci&oacute;n de obras -en la cual la pregunta por la intenci&oacute;n no tiene cabida-, por eso la filosof&iacute;a natural se dedica s&oacute;lo a esta &uacute;ltima. Bacon, a diferencia de Plat&oacute;n, entiende que mantenerse en la causa formal es permanecer en la materia, es decir, en la naturaleza, &uacute;nica posibilidad de encontrar las formas o normas para la operaci&oacute;n. Aqu&iacute; es necesario volver sobre aquella idea de que la utilidad es cauci&oacute;n de la verdad, pues Bacon considera que la utilidad es el reflejo de que se est&aacute; auscultando la forma y no otras causas de la naturaleza<a name=top29></a><a href="#back29"><sup>29</sup></a>. As&iacute;, la filosof&iacute;a encuentra un l&iacute;mite en tanto debe entenderse ella misma como contemplaci&oacute;n de las obras de Dios y no de la naturaleza o voluntad divina. Precisamente, aqu&iacute; radica la separaci&oacute;n que Bacon quiere hacer entre filosof&iacute;a y teolog&iacute;a, con lo cual logra la autonom&iacute;a de la filosof&iacute;a<a name=top30></a><a href="#back30"><sup>30</sup></a>.</p>     <p>Por medio de esta limitaci&oacute;n, Bacon quiere mostrar que, si bien hay una demarcaci&oacute;n que aparta el estudio filos&oacute;fico de la teolog&iacute;a y de la religi&oacute;n, el correctivo moral s&iacute; afecta el campo epistemol&oacute;gico. Con todo, Bacon no considera que los valores est&eacute;n separados de la investigaci&oacute;n de la filosof&iacute;a natural. Las consideraciones morales, adem&aacute;s de servir para la organizaci&oacute;n de colectivos investigativos y para definir los prop&oacute;sitos de la investigaci&oacute;n, las tiene en cuenta Bacon para indicar las cosas mismas por las que debe guiarse la filosof&iacute;a: la b&uacute;squeda de las formas y el m&eacute;todo inductivo. </p>     <p>Siguiendo una constante en la filosof&iacute;a de los siglos XVI y XVII, Arist&oacute;teles es el centro de la cr&iacute;tica de Bacon. Ampliamente ha sido estudiada su cr&iacute;tica al silogismo, pero en este caso se trata de una cr&iacute;tica moral en la cual el fil&oacute;sofo griego pierde protagonismo al ser fijado en el nivel moral m&aacute;s bajo por encarnar la ambici&oacute;n m&aacute;s baja. Bien podr&iacute;a pensarse que la cr&iacute;tica moral a Arist&oacute;teles no tiene relaci&oacute;n necesaria con la filosof&iacute;a de Arist&oacute;teles. No obstante, como Bacon comprende aqu&iacute; el desarrollo filos&oacute;fico, la actitud moral es de alguna manera una causa del error filos&oacute;fico, pues el prop&oacute;sito que persigue un fil&oacute;sofo delimita as&iacute; mismo el camino que sigue y los m&eacute;todos por los cuales se conduce. Veamos esta idea en la cr&iacute;tica al m&eacute;todo.</p>     <p> <b>Humildad </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Retornemos a la cita en que se hablaba de las ambiciones: &quot;Ahora bien, el imperio del hombre sobre las cosas reside por entero en las artes y las ciencias. Pues no se manda a la naturaleza sino obedeci&eacute;ndola&quot;. Aqu&iacute; se muestra algo que ya antes hab&iacute;amos anunciado: la uni&oacute;n entre el fin del conocimiento y el m&eacute;todo de la filosof&iacute;a; uni&oacute;n que en los t&eacute;rminos de la cr&iacute;tica moral se traduce en aquella entre caridad y humildad. En efecto, Arist&oacute;teles no s&oacute;lo es acusado de falta de caridad, esto es, de confundir el fin del conocimiento. A partir del examen de su filosof&iacute;a natural es acusado de soberbia<a name=top31></a><a href="#back31"><sup>31</sup></a>. En &uacute;ltimo t&eacute;rmino, dejar de auscultar la naturaleza para imponerle categor&iacute;as propias es reflejo de la soberbia humana: &quot;la soberbia empuja a los hombres hasta tales extremos de locura que no auscultan el latido de la naturaleza sino su propio latir, y aunque crearan artes para auscultarlo, no dar&iacute;an con &eacute;l&quot; (Bacon, 1985, p. 115).</p>     <p>La acusaci&oacute;n a los escol&aacute;sticos, y en general al saber contencioso, se mantiene en esta misma l&iacute;nea:</p> <ul>As&iacute; como en la inquisici&oacute;n de la verdad divina su soberbia los inclin&oacute; a abandonar el or&aacute;culo de las obras de Dios y a disiparse en la mixtura de sus invenciones propias, as&iacute; tambi&eacute;n en la inquisici&oacute;n de la naturaleza abandonaron el or&aacute;culo de las obras de Dios y adoraron las im&aacute;genes enga&ntilde;osas y deformadas que el espejo desigual de sus propias mentes, o de unos cuantos autores o principios prestigiosos, les presentaban (Bacon, 1988, I. iv., p. 7)<a name=top32></a><a href="#back32"><sup>32</sup></a>.    </ul>     <p>La soberbia quiere decir aqu&iacute; imponer categor&iacute;as a la naturaleza; su contrario, la humildad, indica dejarla hablar. Dejarla hablar quiere decir propiamente &quot;obedecerla&quot;, pues s&oacute;lo escuch&aacute;ndola se pueden encontrar sus leyes<a name=top33></a><a href="#back33"><sup>33</sup></a>. Por v&iacute;a de la humildad, el fil&oacute;sofo puede hacerse propiamente sirviente e int&eacute;rprete de la naturaleza<a name=top34></a><a href="#back34"><sup>34</sup></a>. De esta manera, <i>anticipaci&oacute;n</i> e <i>interpretaci&oacute;n</i> de la naturaleza quedan relacionadas estrechamente con soberbia y humildad, respectivamente.</p>     <p>En efecto, Bacon aqu&iacute; est&aacute; pensando que cualquier m&eacute;todo que se derive de la soberbia es, desde su misma ra&iacute;z, un m&eacute;todo errado para captar la naturaleza. Es esto lo que ocurre a Arist&oacute;teles y a los escol&aacute;sticos, pues su af&aacute;n de imponerse frente a la naturaleza y frente a los dem&aacute;s los condujo a desarrollar una red de conceptos que, antes que permitir captar la naturaleza, impone categor&iacute;as sobre ella, raz&oacute;n por la cual es inevitable que &eacute;sta se le escape. En este punto, se puede comprender que la animadversi&oacute;n al silogismo est&aacute; no s&oacute;lo en estrecha relaci&oacute;n con la concepci&oacute;n del saber y con su actitud frente a la naturaleza<a name=top35></a><a href="#back35"><sup>35</sup></a>, sino, tambi&eacute;n, con su posici&oacute;n moral frente a la filosof&iacute;a.</p>     <p>Bacon subraya tres diferencias de su propuesta frente a la antigua l&oacute;gica: el fin que se propone, el punto de partida y el orden de la demostraci&oacute;n. Ya nos hemos referido, y m&aacute;s adelante insistiremos en ello, al prop&oacute;sito de la filosof&iacute;a: en la propuesta baconiana, la caridad. Para invertir el punto de partida, esto es, para hacer un examen de las nociones generales desde las cuales se dan explicaciones sobre la naturaleza, es necesario dejarla hablar, callar; es necesaria la humildad. Mientras el fil&oacute;sofo no calle para auscultar el latir de la naturaleza, la sutilidad de &eacute;sta ser&aacute; mayor que la de sus construcciones te&oacute;ricas. Finalmente, la estructura silog&iacute;stica-deductiva, como demostraci&oacute;n de la antigua l&oacute;gica, no aporta para salir del error al que lleva la soberbia, pues el silogismo se erige sobre las nociones generales ya aceptadas.</p>     <p>De la misma manera, se puede comprender la carga moral que tiene la inducci&oacute;n: si el fil&oacute;sofo est&aacute; en actitud de escuchar, entonces puede captar los principios naturales, en la recolecci&oacute;n de experiencias por medio de las distintas tablas y en su posterior proceso de registro y escritura. Este intento de no imponer categor&iacute;as a la naturaleza, ni siquiera en la observaci&oacute;n, lleva a Bacon a proponer que en las tablas por las que se construye el conocimiento deben registrarse experiencias de todo tipo, incluso aquellas que a primera vista parecen in&uacute;tiles o no importantes para la investigaci&oacute;n.</p>     <p>Dejemos a un lado la cr&iacute;tica a Arist&oacute;teles y veamos c&oacute;mo se refiere a Plat&oacute;n. &Eacute;l es atacado fundamentalmente por ir en pos de acrecentar su fama por medio de la filosof&iacute;a, por haber mezclado filosof&iacute;a y teolog&iacute;a<a name=top36></a><a href="#back36"><sup>36</sup></a> y por haber introducido la acatalepsia<a name=top37></a><a href="#back37"><sup>37</sup></a>. No nos referiremos a la primera cr&iacute;tica, pues bien se puede entrever que la ambici&oacute;n de fama indica que Plat&oacute;n est&aacute; por fuera del camino del conocimiento verdadero y caritativo, de aquel que busca no el provecho propio, sino el beneficio del g&eacute;nero humano. Por su parte, la mezcla entre teolog&iacute;a y filosof&iacute;a resulta de singular importancia, no s&oacute;lo porque muestra los l&iacute;mites morales del fil&oacute;sofo, sino porque distinguirlas ayuda a Bacon a delimitar el objeto propio de estudio la filosof&iacute;a. Aspecto al que ya nos referimos anteriormente.</p>     <p>Nos detendremos en la acusaci&oacute;n que le hace de haber introducido la acatalepsia. &Eacute;sta la entiende Bacon como el exceso contrario al estudiado con Arist&oacute;teles<a name=top38></a><a href="#back38"><sup>38</sup></a>: en lugar de imponer categor&iacute;as a la naturaleza, la acatalepsia afirma la imposibilidad de conocerla precisamente porque escapa de las manos por su sutilidad<a name=top39></a><a href="#back39"><sup>39</sup></a>. &iquest;C&oacute;mo se entiende la acatalepsia en la cr&iacute;tica moral? Tender&iacute;a a pensarse que si la imposici&oacute;n de categor&iacute;as es fruto de la soberbia, la acatalepsia es un reconocimiento que parte de la humildad del saber. M&aacute;s para Bacon esto no es as&iacute;; todo lo contrario, es tambi&eacute;n un exceso de soberbia:</p> <ul>Pues lo que pretenden con todas sus fuerzas es poner y desplazar fuera de los l&iacute;mites de lo posible, todo aquello que en las ciencias fuese desconocido o no tratado por ellos mismos o sus maestros: &eacute;sta es su modestia y humildad (Bacon, 1985, p. 137).    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La acatalepsia la entiende Bacon como el intento de poner l&iacute;mites al conocimiento justo donde terminan las posibilidades de conocer de quien la promulga; ella condena al conocimiento a quedar encerrado en lo que alg&uacute;n autor ha alcanzado. Quienes la promulgan convierten su debilidad en calumnia a la naturaleza y al conocimiento (Bacon, 1985, p. 137)<a name=top40></a><a href="#back40"><sup>40</sup></a>. As&iacute; pues, tampoco ellos son, efectivamente, verdaderos sirvientes de la naturaleza; tampoco la acatalepsia refleja la &quot;fecundidad de la humildad&quot;.</p>     <p>***</p>     <p>Hemos intentado mostrar que la cr&iacute;tica de Bacon a la filosof&iacute;a se lleva a cabo en distintos niveles, a partir de los cuales se han ido acu&ntilde;ando conceptos clave para desarrollarla. La cr&iacute;tica la hemos llevado hasta el nivel en el que Bacon pretende encontrar las causas de la vanidad de la filosof&iacute;a hasta el nivel moral; por tanto, podemos afirmar que Bacon no entiende este nivel como un nivel externo o a&ntilde;adido a su proyecto cient&iacute;fico. Es enf&aacute;tico al se&ntilde;alar que su reforma epistemol&oacute;gica debe estar dirigida por la caridad y la humildad, aspectos que no ser&iacute;an tomados en cuenta cuando se quiere estudiar exclusivamente los aspectos epistemol&oacute;gicos de sus planteamientos. En efecto, si bien es posible interpretar y examinar la obra de Bacon tomando por referencia dominios espec&iacute;ficos, como el &eacute;tico, el pol&iacute;tico, el epistemol&oacute;gico, el ontol&oacute;gico, entre otros, no parece ser el caso que el autor ingl&eacute;s desarrolle su reforma sin tener en cuenta las relaciones que hay entre ellos.</p>     <p>Como se mostraba en el primer apartado, Bacon levanta su cr&iacute;tica a partir de la valoraci&oacute;n hist&oacute;rica de la filosof&iacute;a, en la cual encontraba que &eacute;sta no ha dado frutos al hombre com&uacute;n, que ha sido in&uacute;til. En este nivel, fija tambi&eacute;n el cometido filos&oacute;fico: la utilidad. A partir de las cr&iacute;ticas al saber de su tiempo, en el segundo apartado se mostraba que la inutilidad est&aacute; ligada a la falta de verdad y de m&eacute;todo; aspectos concernientes a la discusi&oacute;n epistemol&oacute;gica, ya no a la hist&oacute;rica. Opuesto a ello, en consideraci&oacute;n de Bacon, la utilidad es signo de la verdad y la utilizaci&oacute;n de los auxilios adecuados. Finalmente, en el tercer apartado se mostraba que la renuncia a la verdad se apoya en un af&aacute;n de dominio de los hombres sobre los hombres mismos, y que la falta de m&eacute;todo est&aacute; relacionada con el impulso de alcanzar verdades r&aacute;pidamente imponiendo a la naturaleza categor&iacute;as del investigador (soberbia). Aspectos concernientes al an&aacute;lisis moral. En la transformaci&oacute;n que Bacon propone se requiere, pues, af&aacute;n de servicio al hombre y (caridad) y virtud para dejar que la naturaleza hable por s&iacute; misma (humildad).</p>     <p>La <a href="#Tabla1">Tabla 1</a> re&uacute;ne, entonces, los conceptos sobre los cuales transita Bacon:</p>     <center><a name="Tabla1">   <img src="img/revistas/folios/n30/n30a07fig1.gif"></a></center>      <p>A nuestro juicio, el enlace entre estos niveles -y sus conceptos- previene de acusaciones que se han hecho a Bacon. En efecto, si se olvida que la propuesta busca un desarrollo moral de la filosof&iacute;a y los fil&oacute;sofos, se interpretar&iacute;a su aporte como restringido al campo epistemol&oacute;gico y r&aacute;pidamente caer&iacute;a en olvido, al notarse las fallas en su estructura, o se pensar&iacute;a que se trata de un tecnicismo moralmente neutro. Por otro lado, si se olvida que detr&aacute;s de su proyecto hay tambi&eacute;n una b&uacute;squeda de la verdad, f&aacute;cilmente se le puede acusar de construir una ciencia para ingenieros o se afirmar&iacute;a que se trata de un mero utilitarismo. Por eso, a nuestro juicio las dos perspectivas -la epistemol&oacute;gica y la moral- deben estar enlazadas para comprender los alcances del proyecto baconiano. Ninguna, tomada aisladamente, dar&iacute;a cuenta de ello. </p>     <p>Por otro lado, al indagar sobre las exigencias morales que Bacon da a su proyecto, nos encontramos con la disputa entre si se trata de una propuesta que busca el desarrollo e imperio de la monarqu&iacute;a inglesa o si tiene como panorama el beneficio de la especie en general. Como vimos, Bacon piensa en esta &uacute;ltima opci&oacute;n y rechaza tajantemente la primera. Al pensar en t&eacute;rminos de la especie, y no en t&eacute;rminos de un solo pueblo, en la propuesta de Bacon, el hombre se ubica frente a la naturaleza e intenta recobrar su posici&oacute;n frente a ella -aspectos que desarrollar&aacute; en los escritos de corte teol&oacute;gico-filos&oacute;fico, tambi&eacute;n en las obras de juventud. Si bien es conciente de que el avance del saber puede llevar a reorganizaciones pol&iacute;ticas, no aparece un hombre frente a los dem&aacute;s o un pueblo frente a los dem&aacute;s como prop&oacute;sito moral o antropol&oacute;gico. Bacon prefiere un dominio del hombre sobre la naturaleza al dominio del hombre sobre el hombre y cree encontrar en la nueva filosof&iacute;a un camino para lograrlo. </p>     <p>No obstante, si bien es cierto que en el terreno de la puesta en pr&aacute;ctica no resulta f&aacute;cil determinar en qu&eacute; situaciones cierto conocimiento favorecer&aacute; a unos o a otros, o incluso tomar una decisi&oacute;n ante la alternativa de tener que favorecer a unos frente a otros, o ante la imposibilidad de lograr un beneficio para todos. En todo caso el fil&oacute;sofo natural debe despojarse de sus ambiciones personales y grupales para pensar estos asuntos en t&eacute;rminos de beneficio de la especie. Bacon no desarrolla a profundidad c&oacute;mo se ejerce este correctivo de la caridad a la hora de ponerlo en pr&aacute;ctica; no obstante, el principio de imperio humano se postula como regla &uacute;ltima del desarrollo de la ciencia. Al menos este correctivo permite pensar que la ciencia no debe ordenarse a fines personales o pol&iacute;ticos. </p>     <p>Si se prescinde de este trasfondo, es f&aacute;cil caer en la idea de Bacon que propone un conocimiento y un dominio ilimitados del hombre sobre la naturaleza. Los l&iacute;mites que impone la caridad previenen de la utilizaci&oacute;n del conocimiento para fines de dominio social o pol&iacute;tico y podr&iacute;a prevenir de tomar a la naturaleza como una &quot;estaci&oacute;n de gasolina&quot;, como dir&iacute;a Heidegger. En efecto, la idea de beneficio para la especie servir&iacute;a de correctivo ante excesos de devastaci&oacute;n natural. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es necesario revalorar el aporte de Bacon tanto en la transformaci&oacute;n del pensamiento del siglo XVII como en el desarrollo del pensamiento en los siglos posteriores, a partir del estudio de las conexiones conceptuales entre el dominio epistemol&oacute;gico y otros dominios, pues resulta poco esclarecedor decir que el valor de la obra de Bacon se restringe al planteamiento de un nuevo m&eacute;todo.</p> <hr size=”1”>     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     <p><a name="back1"></a><a href="#top1">1</a> Vale anotar que estas dos interpretaciones sobre Bacon gu&iacute;an los estudios introductorios de las dos traducciones m&aacute;s difundidas que tenemos al espa&ntilde;ol del <i>Novum Organum</i>. Intentando valorar su obra, Risieri Frondizi afirma que &quot;lo que m&aacute;s cuenta de su contribuci&oacute;n debe buscarse en su metodolog&iacute;a&quot; (2003, p. 11). Por su parte, Francisco Larroyo se&ntilde;ala que Bacon extiende el saber t&eacute;cnico a los campos pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y moral: &quot;Tambi&eacute;n en estas zonas hay que encauzar la acci&oacute;n de los hombres de manera t&eacute;cnica&quot; (2000, pp. xxiv-xxv). Esto muestra que en nuestro contexto hispanohablante de interpretaci&oacute;n y estudio del fil&oacute;sofo ingl&eacute;s, &eacute;stas son las interpretaciones que se han difundido. Como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, en otros contextos, la interpretaci&oacute;n sobre Bacon ha cambiado, pero estos cambios no se han visto reflejados en estudios recientes en lengua espa&ntilde;ola. Graham Rees (2002, pp. 379-374) ha elaborado una s&iacute;ntesis sobre las interpretaciones recientes de Bacon.</p>     <p><a name="back2"></a><a href="#top2">2</a> Obras que abarcan el periodo 1603-1609, entre las cuales se encuentran <i>Temporis Partus Masculus</i> (1603), <i>Valerius Terminus of the interpretation of nature, with annotations by Hermes Stella</i> (1603), <i>Cogitationes de Natura Rerum </i>(1604), <i>The Proficience and Advancement of learning, Divine and Human </i>(1605), <i>Filium Labyrinthi sive Formula Inquisitions</i> (1606), <i>Cogitata et visa de Interpretatione Nature</i> (1607), <i>Redargutio Philosophiarum</i> (1608) y <i>De Sapientia Veterum</i> (1609). En concreto, nos centraremos en las obras <i>Valerius Terminus </i>(1603), edici&oacute;n de 1850; <i>The Advancement of Learning</i> (1605), edici&oacute;n de 1988; y <i>Redargutio Philosophiarum</i> (1608), edici&oacute;n de 1985.</p>     <p><a name="back3"></a><a href="#top3">3</a> Si bien -esto ser&aacute; aclarado m&aacute;s adelante- podemos decir por el momento que por principios, Bacon entiende el fin &uacute;ltimo del conocimiento y por formas de demostraci&oacute;n, el m&eacute;todo por el cual la filosof&iacute;a construye sus tesis. Por los primeros, se refiere a la idea de que el conocimiento debe servir para la construcci&oacute;n de obras y no de discursos admirables o argumentos satisfactorios. En cuanto al m&eacute;todo, a la necesidad de una nueva inducci&oacute;n y al abandono de la silog&iacute;stica y la inducci&oacute;n antigua como caminos de la filosof&iacute;a. (Bacon, 1850b, p. 88). Ver tambi&eacute;n (Bacon, 2003a, pp. 55-56): &quot;Pues prop&oacute;nese como fin a esta ciencia, no el encontrar argumentos sino artes, ni lo l&oacute;gico para los principios, sino los principios mismos, ni las razones probables sino las disposiciones e indicaciones de las obras. Y as&iacute;, de una intenci&oacute;n diversa s&iacute;guese un efecto diverso. Pues all&iacute; se vence y constri&ntilde;e al adversario por la disputa, aqu&iacute; a la naturaleza por la obra. Con un fin semejante est&aacute;n de acuerdo la naturaleza y el orden de las demostraciones mismas. Pues en la l&oacute;gica vulgar casi todo el esfuerzo se consume en el silogismo. M&aacute;s los dial&eacute;cticos no parece que hayan pensado seriamente apenas acerca de la inducci&oacute;n; trasmiti&eacute;ndola con una leve menci&oacute;n y acordando apresuradamente las f&oacute;rmulas de la disputa. Yo, en cambio, rechazo la demostraci&oacute;n por el silogismo, porque procede un tanto confusamente y saca la naturaleza de las manos. Pues aun cuando no pueda ser dudoso a nadie que las cosas que convienen en el t&eacute;rmino medio convienen tambi&eacute;n entre s&iacute; (lo que es en cierto modo una verdad matem&aacute;tica), sin embargo hay latente este fraude, el que el silogismo consta de proposiciones, (55) y las proposiciones son palabras y las palabra son signos y se&ntilde;as de las nociones. As&iacute; pues, si las nociones mismas de la mente (que son como el alma de las palabras y base de toda su estructura y f&aacute;brica), est&aacute;n extra&iacute;das mal y a la ligera de las cosas, y son vagas y no bien definidas, y limitadas. Finalmente, viciosas de m&uacute;ltiples maneras, todo cae por el suelo. As&iacute;, pues, rechazo el silogismo; y esto no s&oacute;lo en cuanto a los principios (en orden a los cuales ellos no lo emplean), sino tambi&eacute;n en cuanto a las proposiciones medias, las que el silogismo saca y engendra de cualquier manera que sea est&eacute;ril, empero, para las obras y apartada de la pr&aacute;ctica e incompetente en absoluto en cuanto a la parte activa de las ciencias&quot;.</p>     <p><a name="back4"></a><a href="#top4">4</a> &quot;Si quisi&eacute;ramos abordarlos m&aacute;s de cerca [los sistemas filos&oacute;ficos] para combatirlos uno a uno, ser&iacute;a en vano, por haber sido suprimida la norma de la disputaci&oacute;n al no estar de acuerdo en los principios, y mucho m&aacute;s puesto que rechazamos las formas mismas de las pruebas y las demostraciones, as&iacute; como su validez&quot;. (Bacon, 1985, p. 62). La f&oacute;rmula se repite en el <i>Novum Organum </i>as&iacute;: &quot;pero intentar y acometer su refutaci&oacute;n estar&iacute;a en pleno desacuerdo con lo que llevamos dicho hasta aqu&iacute;, pues como no estamos de acuerdo ni en los principios ni en las demostraciones, estar&iacute;a de m&aacute;s toda argumentaci&oacute;n&quot; (Bacon, 2003b, pp. I. ixi).</p>     <p><a name="back5"></a><a href="#top5">5</a> Existen ya numerosos trabajos que resaltan el sentido moral de la filosof&iacute;a baconiana y su enlace con la investigaci&oacute;n de la filosof&iacute;a natural (Gaukroger, 2004, p. 112; Sargent, 1999, pp. 146-171; 2002, p. 129; 2005, pp. 71-80 y 137; Box, 1999, p. 265; Channing Brings, 1999, pp. 260-282; Tovey, 1952, pp. 568 y ss.).</p>     <p><a name="back6"></a><a href="#top6">6</a> Estamos de acuerdo con Milner (1997, p. 264) en que a obra cumbre de Bacon se encuentran a&uacute;n vestigios de este trasfondo moral-religioso desarrollado en las obras de juventud.</p>     <p><a name="back7"></a><a href="#top7">7</a> Dos de los intentos m&aacute;s claros de sistematizar la estructura doble (cr&iacute;tica y construcci&oacute;n) se encuentran en <i>El avance del saber</i> y en el <i>Novum Organum</i>. El primer libro del Advancement, Bacon lo desarrolla en dos partes: &quot;una primera relativa a la excelencia del saber y del conocimiento, y la excelencia del m&eacute;rito y verdadera gloria que hay en su aumento y propagaci&oacute;n, y una segunda relativa a cu&aacute;les sean las acciones y obras particulares que han sido puestas en pr&aacute;ctica y emprendidas en orden al progreso del saber, y tambi&eacute;n a qu&eacute; defectos e imperfecciones encuentro yo en tales actos particulares&quot; (Bacon, 1988, I. i. 3). Asimismo, el primer libro del <i>Novum Organum</i>: &quot;y justamente debe cerrarse aqu&iacute; la parte destructiva de mi Instauraci&oacute;n, que esta formada por tres refutaciones; a saber: refutaci&oacute;n de la raz&oacute;n humana natural dejada a s&iacute; misma; refutaci&oacute;n <i>de las demostraciones</i> y refutaci&oacute;n <i>de las teor&iacute;as</i> o sistemas filos&oacute;ficos y doctrinas admitidas [...] Por lo cual es hora de que pasemos al arte y a la norma misma de <i>interpretar la naturaleza</i>; todav&iacute;a sin embargo queda algo que debe ponerse por delante. Pues habi&eacute;ndome propuesto en este primer libro de los aforismos el dejar preparadas las mentes de los hombres tanto para entender como para recibir lo que sigue; ahora que he limpiado, rozado, y nivelado el suelo de la mente, viene ya el que la mente se coloque en posici&oacute;n propicia y como de buen talante frente a lo que voy a poner delante de ella&quot; (Bacon, 2003b, I. cxv).</p>     <p><a name="back8"></a><a href="#top8">8</a> Estamos de acuerdo con el &eacute;nfasis que hace Benjam&iacute;n Farrington (1971, pp. 155 y ss.) con respecto a la cr&iacute;tica de Bacon a la filosof&iacute;a, en el sentido de que se trata de una cr&iacute;tica moral.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back9"></a><a href="#top9">9</a> Como se&ntilde;ala Stephen Menn (2003, p. 34), &quot;la cr&iacute;tica a la filosof&iacute;a en los siglos XVI y XVII se hizo primero por fuera de las academias y luego entr&oacute; a ellas. Las nuevas filosof&iacute;as se desarrollaron por fuera de las universidades, o al menos por fuera de las facultades de filosof&iacute;a, y si ganaron un lugar en el curr&iacute;culo fue despu&eacute;s de una larga lucha. La gente produjo una nueva filosof&iacute;a porque hab&iacute;a una demanda de una filosof&iacute;a tal, esto es, una corriente a la expectativa de lo que la filosof&iacute;a deb&iacute;a hacer, y un sentimiento de que la vieja filosof&iacute;a no pod&iacute;a hacerlo propiamente. De hecho, uno puede decir que el legado que dej&oacute; la filosof&iacute;a del siglo XVI al siglo XVII no fue una nueva filosof&iacute;a particular sino justamente esta expectativa de una nueva filosof&iacute;a&quot;.</p>     <p><a name="back10"></a><a href="#top10">10</a> V&eacute;ase Rossi (1990, cap. 1). Tambi&eacute;n Garin (1981, p. 201): &quot;La gran deuda de Francis Bacon con las ense&ntilde;anzas m&aacute;gico-alquimistas emerge con claras transparencias en su modo de concebir la ciencia como poder, como obra activa que escucha el lenguaje de la naturaleza para apropiarse de &eacute;l; para Bacon, la ciencia acabar&aacute; por dominar la naturaleza y convertirla en su servicial esclava&quot;. De la misma manera, Serrano (2006, pp. 82-83): &quot;Lo que se puede caracterizar te&oacute;ricamente como el cambio del procedimiento deductivo, en el que la silog&iacute;stica aristot&eacute;lica adquiere total hegemon&iacute;a, al procedimiento inductivo que propone Bacon, se corresponde y parece estar &iacute;ntimamente ligado al cambio que se sugiere de la antigua relaci&oacute;n de dependencia entre el saber contemplativo y el operativo. Lo cual no quiere decir que se trate de un abandono de la actitud contemplativa sin m&aacute;s, sino precisamente de una inversi&oacute;n de la relaci&oacute;n: el saber contemplativo entra ahora a depender del saber pr&aacute;ctico o contemplativo. Con eso se despeja otro posible malentendido que conduzca a la interpretaci&oacute;n de Bacon como el representante de un saber meramente t&eacute;cnico carente de valor cient&iacute;fico. En la medida en que Bacon busca las formas, est&aacute; en una actitud contemplativa; en la medida en que las busca a partir de la experiencia, procede inductivamente; y en la medida en que hace depender la forma buscada de su producci&oacute;n natural, reduce la verdad cient&iacute;fica a operaci&oacute;n efectiva y est&aacute; en la actitud pr&aacute;ctica&quot;. Para un an&aacute;lisis de la influencia de la ret&oacute;rica en Bacon puede consultarse: Gaukroger (2004, cap. 2) y del mismo autor (2006, pp. 129 y ss.). Un estudio acerca de c&oacute;mo postula Bacon la elaboraci&oacute;n de las historias naturales a la luz de los m&eacute;todos humanistas v&eacute;ase: Blair (1992, pp. 541-551).</p>     <p><a name="back11"></a><a href="#top11">11</a> &quot;En los <i>Cogitata et visa</i> y en la <i>Redargutio philosopharum </i>Bacon traza las grandes l&iacute;neas de un panorama hist&oacute;rico que hace de la &quot;culpa&quot; de estos fil&oacute;sofos el resultado de una determinada situaci&oacute;n hist&oacute;rica e identifica sus l&iacute;mites con los l&iacute;mites propios de una civilizaci&oacute;n&quot; (Rossi, 1990, p. 114). Esto se sustenta en la insistencia de Bacon en que la antig&uuml;edad es en realidad la infancia del mundo, y en que el conocimiento del que se dispone en el siglo XVII supera ampliamente aquella otra edad. (Bacon, 1985, pp. 72-73 y 82-83).</p>     <p><a name="back12"></a><a href="#top12">12</a> En el <i>Novum Organum </i>se se&ntilde;ala: &quot;los frutos y los inventos son como fiadores y garantes de la verdad de la teor&iacute;a&quot;. La cita contin&uacute;a: &quot;Ahora bien, de toda la filosof&iacute;a de los griegos y de las ciencias particulares que derivaron de ella, a duras penas se puede, despu&eacute;s de un lapso de tantos a&ntilde;os, aducir un solo experimento realmente aceptable que haya contribuido a aliviar y mejorar el estado del hombre, o que pueda aprovecharse para las especulaciones y dogmas de la filosof&iacute;a [...] por lo cual, del mismo modo que en religi&oacute;n se nos previene y se nos recomienda que nuestra fe se eche a ver en nuestras obras, as&iacute; pude aplicarse esto muy oportunamente a la filosof&iacute;a juzg&aacute;ndola por sus frutos y dando por vana aquella que sea est&eacute;ril: muy especialmente en el caso de que, en lugar de frutos de vid y de oliva, produzca cardos y espinas de disputas y contiendas&quot; (Bacon, 2003b, I. lxxiii). La misma idea se mantiene en Valerius Terminus: &quot;Pero al contrario se puede concluir con seguridad que si esto no lleva a la ninguna invenci&oacute;n, es vano y falso&quot; (Bacon, 1850b, p. 91).</p>     <p><a name="back13"></a><a href="#top13">13</a> &quot;Y en lo que ata&ntilde;e a la pr&aacute;ctica de los alquimistas, me parece que le viene como anillo al dedo aquella f&aacute;bula del anciano que leg&oacute; a sus hijos oro enterrado en una vi&ntilde;a, sin que supieran con exactitud en qu&eacute; lugar; al punto se pusieron a cavar la vi&ntilde;a, y por cierto que del oro no encontraron nada, pero con esa labor la vendimia result&oacute; m&aacute;s abundante. Del mismo modo, los hijos de la alquimia, al esforzarse en extraer trabajosamente el oro escondido -realmente o no- y en cierta manera enterrado en el huerto de la naturaleza, con sus muchas manipulaciones y ensayos, fueron de gran provecho y utilidad para los hombres, pues dotaron a la vida y a las actividades humanas de muchos inventos nada despreciables&quot;. (Bacon, 1985, p. 119). La misma idea se encuentra en (Bacon, 2003b, I. lxxxv).</p>     <p><a name="back14"></a><a href="#top14">14</a> &quot;&iquest;De qu&eacute; nos sirve, cuando sus dogmas son manifiestamente fantas&iacute;a y superstici&oacute;n, y sus obras enga&ntilde;os e impostura?&quot; (Bacon, 1985, p. 123). Tambi&eacute;n: &quot;Pero los cultivadores de la magia natural, que todo lo resuelven con simpat&iacute;as y antipat&iacute;as de las cosas, de conjeturas ociosas y negligent&iacute;simas dedujeron falsamente virtudes y operaciones maravillosas para las cosas y si bien a veces han producido obras, &eacute;stas son de tal &iacute;ndole que se presentan m&aacute;s bien a la admiraci&oacute;n y a la novedad que al provecho y a la utilidad&quot; (Bacon, 2003b, I. lxxxv).</p>     <p><a name="back15"></a><a href="#top15">15</a> Tambi&eacute;n: &quot;si los hombres en el transcurso de tantos a&ntilde;os se hubieran mantenido en el camino verdadero del descubrimiento y cultivo de las ciencias y a pesar de eso no hubieran podido avanzar m&aacute;s; audaz temeraria sin duda alguna hubiera sido la opini&oacute;n de que el asunto pudiera llevarse m&aacute;s adelante. Pero si el error ha consistido en la v&iacute;a misma y el esfuerzo del hombre se ha consumido en lo que no deb&iacute;a, s&iacute;guese de ah&iacute; que la dificultad no nace de las cosas mismas, que no estan en nuestro poder, sino del entendimiento humano y de su uso y su aplicaci&oacute;n; lo cual tiene remedio y medicina&quot; (Bacon, 2003b, I. xciv).</p>     <p><a name="back16"></a><a href="#top16">16</a> &quot;La causa y raiz &uacute;nica de casi todos los males de las ciencias es &eacute;sta: que mientras admiramos y enzalzamos sin raz&oacute;n las fuerzas de la mente humana, no le procuramos los auxilios apropiados&quot; (Bacon, 2003b, I. ix).</p>     <p><a name="back17"></a><a href="#top17">17</a> Como muestra Kristeller (1970, pp. 195-196), la filosof&iacute;a natural hunde sus ra&iacute;ces en el pensamiento aristot&eacute;lico, m&aacute;s que en el pensamiento humanista del renacimiento.</p>     <p><a name="back18"></a><a href="#top18">18</a> Una exposici&oacute;n detallada de la diferencia entre anticipaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n puede verse en Urbach (1993, pp. 25-58).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back19"></a><a href="#top19">19</a> Este es un defecto de los escol&aacute;sticos, m&aacute;s que del mismo Arist&oacute;teles, pues &eacute;ste distingu&iacute;a entre silogismo dial&eacute;ctico y demostrativo (Serrano, 2006, p. 90).</p>     <p><a name="back20"></a><a href="#top20">20</a> &quot;El entendimiento humano, guiado guiado por las leyes de la dial&eacute;ctica, sigue el mismo camino (entiendase el primero) que el que sigue cuando est&aacute; abandonado a sus solas fuerzas. Pues la mente, con el af&aacute;n de satisfacerse y tranquilizarse, tiene prisa por saltar a los principios m&aacute;s generales, y tras una breve dilaci&oacute;n se hast&iacute;a de la experiencia; y finalmente la dial&eacute;ctica, con el aparato de las controversias, ha agravado estos males&quot; (Bacon, 2003b, I. xx). Tambi&eacute;n, &quot;El entidimento humano abandonado a si mismo en un espirit&uacute; prudente, paciente y serio, sobre todo sin la r&eacute;mora de doctrinas aceptadas, intenta un poco aquel otro camino que es el recto, pero con poco provecho, ya que el entimiento si no se le rige y ayuda, es algo irregular y completamente inh&aacute;bil para vencer la oscuridad de las cosas&quot; (Bacon, 2003B, I. xxi). &quot;Uno y otro camino tienen su punto de partida en los sentidos y en los hechos particulares y vienen a descansar en principios m&aacute;s generales: sin embargo, hay entre ellos una diferencia inmensa: mientras el uno toca apenas de pasada la experiencia y los hechos particulares, el otro se detiene sistem&aacute;ticamente y ordenadamente en ellos; aqu&eacute;l establece desde el principio ciertas generalidades, abstractas e in&uacute;tiles, mientras que el otro se eleva gradualmente a aquello que realmente es m&aacute;s conocido en el orden de la naturaleza&quot; (Bacon, 2003b, I. xxii).</p>     <p><a name="back21"></a><a href="#top21">21</a> &quot;Por lo tanto al humano intelecto no hay que pertrecharlo de plumas sino m&aacute;s bien de plomo y lastre que le contenga de todo salto y vuelo. Y esto no se ha hecho hasta ahora; m&aacute;s cuando se haga, se podr&aacute;n tener mejores esperanzas de las ciencias&quot; (Bacon, 2003b, I. civ).</p>     <p><a name="back22"></a><a href="#top22">22</a> Por su parte, en el <i>Novum Organum</i> se refiere a la sof&iacute;stica, la filosof&iacute;a emp&iacute;rica y a la supersticiosa. La sof&iacute;stica o llamada tambi&eacute;n racionalista, es acusada &quot;pues se procura un mont&oacute;n de experimentos vulgares no debidamente comprobados ni examinados y pesados cuidadosamente, y deja lo dem&aacute;s a la contemplaci&oacute;n y al ejercicio (<i>agitation</i>e) del ingenio&quot; (Bacon, 2003b, I. lxii). En la emp&iacute;rica, los fil&oacute;sofos &quot;habiendo trabajado con mucha atenci&oacute;n y cuidado en unos pocos experimentos se atrevieron por ello a deducir y planear sistemas fil&oacute;soficos tergiversando de extra&ntilde;a manera el resto de los hechos conforme a aquellos&quot; Ib&iacute;d. Finalmente, la filosof&iacute;a supersticiosa es aquella en la que los fil&oacute;sofos &quot;por religiosidad y respeto mezclan la ciencia con la teolog&iacute;a y la tradici&oacute;n a algunos de los cuales los llev&oacute; hasta pretender sacar y derivar las ciencias de las inspiraciones de los genios y los esp&iacute;ritus; de modo que todo este linaje de errores y <i>falsa filosof&iacute;a</i> es de tres clases: <i>sof&iacute;stica, emp&iacute;rica y supersticiosa</i>&quot; Ib&iacute;d.</p>     <p><a name="back23"></a><a href="#top23">23</a> En el <i>Novum Organum</i>, la cr&iacute;tica a la filosof&iacute;a se trata de la doctrina de los &iacute;dolos, como &iacute;dolo del teatro. Esto es importante mencionarlo pues muestra que en las obras de juventud constituye una falta moral, pero en la obra de 1620 se convierte en una falta psicol&oacute;gica.</p>     <p><a name="back24"></a><a href="#top24">24</a> &quot;Se han creado infinitos prejuicios; se han formado, recibido y esparcido infinitas opiniones. Los te&oacute;logos hicieron suyas muchas cosas procedentes de esa filosof&iacute;a, y fundaron una cierta doctrina especulativa que es mezcla de las dos. Los pol&iacute;ticos creyendo que va en beneficio de su reputaci&oacute;n que se les tenga por doctos, salpican sus escritos y discursos con muchas cosas tomadas de dicha doctrina por todas partes. Incluso las expresiones y las palabras: hijos m&iacute;os, est&aacute;n formadas a prop&oacute;sito con arreglo al dictamen de esa misma filosof&iacute;a, siguiendo sus prescripciones y pareceres, hasta el extremo de que, al mismo tiempo, hab&eacute;is aprendido a hablar, os fue necesario beber y empaparos de &eacute;sta -&iquest;dir&eacute; feliz o infeliz?- c&aacute;bala de errores. Y conste que &eacute;sta no solamente ha sido confirmada por consenso de individuos, sino tambi&eacute;n, en cierto modo, aprobada por acuerdos de academias, colegios, &oacute;rdenes y hasta de gobiernos casi&quot; (Bacon, 1985, pp. 75-76).</p>     <p><a name="back25"></a><a href="#top25">25</a> Legisladores, fundadores y unificadores de estados y ciudades, padres de la patria y otras figuras, &quot;eminentes en lo civil no eran honrados sino con el t&iacute;tulo de h&eacute;roe o semidi&oacute;s, [...] en cambio los inventores y autores de nuevas artes, bienes y mejoras para la vida humana eran siempre incluidos entre los propios dioses&quot; (Bacon, 1988, I. vii. 1). V&eacute;ase tambi&eacute;n: &quot;The dignity of this end, of endowment of man' life with new commodities, appeareth by the estimation that antiquity made of such as guided thereunto; for whereas founders of states, law-givers, extirpers of tyrants, fathers of the people, were honoured but with the titles of worthies or demigods, inventors were ever consecrated amongst the gods themselves. And if the ordinary ambitions of men lead them to seek the amplification of their own power in their countries, and a better ambition than that hath moved men to seek the amplification of the power of their own countries amongst other nations: better again and more worthy must that aspiring be, which seeketh the amplification of the power and kingdom of mankind over the world: the rather, because the other two prosecutions are ever culpable of much perturbation and injustice; but this is a work truly divine, which cometh &quot;in aura leni,&quot; without noise or observation&quot; (Bacon, 1850b, p. 84).</p>     <p><a name="back26"></a><a href="#top26">26</a> V&eacute;ase tambi&eacute;n: &quot;Finalmente, quiero advertir a todos los hombres en general, que mediten en los verdaderos fines de la ciencia, y no se dirijan a ella por gusto ni para disensiones, ni con el fin de despreciar a otros ni para su bienestar o su fama o su poder o bajezas semejantes sino para rendimiento y utilidad de la vida; y que la perfeccionen y gobiernen en caridad&quot; (Bacon, 2003a, p. 51).</p>     <p><a name="back27"></a><a href="#top27">27</a> &quot;I thought it good and necessary in the first place, to make a strong and sound head or bank to rule and guide the course of the waters; by setting down this position or firmament, namely, &quot;That all knowledge is to be limited by religion, and to be referred to use and action&quot; (Bacon, 1850b, p. 81).</p>     <p><a name="back28"></a><a href="#top28">28</a> &quot;Recobre ahora el g&eacute;nero humano su derecho sobre la naturaleza, el que le compete por el legado divino, y d&eacute;sele poder: la recta raz&oacute;n y una religi&oacute;n sana regir&aacute;n su ejercicio&quot; (Bacon, 2003b, I. cxxix).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back29"></a><a href="#top29">29</a> &quot;M&aacute;s si se mantienen una vigilancia continua y una mirada severa sobre la acci&oacute;n, operaci&oacute;n y empleo del conocimiento, ser&aacute; posible advertir lo que son las formas&quot; (Bacon, 1988, II. vii. 5).</p>     <p><a name="back30"></a><a href="#top30">30</a> Como lo muestra Gaukroger (2004, p. 95; 2006, p. 115 y ss., 157 y ss.), la filosof&iacute;a logra su autonom&iacute;a en un proceso que se inicia en el siglo XIII y que se consolida en el siglo XVII. Bacon se inscribe en esta empresa precisamente en su intento de separar los objetos de estudio de ambas disciplinas. Tambi&eacute;n v&eacute;ase Reale y Antiseri. (1988, tomo II, cap. IV-VI), y M&iacute;nguez (2006, pp. 122-140). Cabe recordar tambi&eacute;n que ante el rechazo a Arist&oacute;teles, y la necesidad de encontrar un nuevo enlace entre el pensamiento filos&oacute;fico griego y el pensamiento cristiano, Agust&iacute;n se alza como una figura que puede mostrar ese camino. As&iacute;, el intento de lograr autonom&iacute;a para la filosof&iacute;a tiene un trasfondo agustiniano en la doctrina de la separaci&oacute;n entre luz natural y luz divina. Para este asunto v&eacute;ase Gaukroger (2004, p. 79 y ss.). Tambi&eacute;n, Menn (2003, pp. 42-44).</p>     <p><a name="back31"></a><a href="#top31">31</a> Ponemos a vuestra memoria por testigo, hijos m&iacute;os, de si en sus libros f&iacute;sicos y metaf&iacute;sicos no o&iacute;s m&aacute;s a menudo las voces de la dial&eacute;ctica que las de la naturaleza&quot; (Bacon, 1985, p. 89).</p>     <p><a name="back32"></a><a href="#top32">32</a> V&eacute;ase tambi&eacute;n: &quot;The felicity wherewith he hath blessed an humility of mind, such as rather laboureth to spell, and so by degrees to read in the volumes of his creatures, than to solicit and urge, and as it were to invocate a man's own spirit to divine, and give oracles unto him. For as in the inquiry of divine truth, the pride of man hath ever inclined to leave the oracles of God's word, and to vanish in the mixture of their own inventions; so in the selfsame manner, in inquisition of nature, they have ever left the oracles of God's works, and adored the deceiving and deformed imagery, which the unequal mirrors of their own minds have represented unto them. Nay, it is a point fit and necessary in the front, and beginning of this work, without hesitation or reservation to be professed, that it is no less true in this human kingdom of knowledge, than in God's kingdom of heaven, that no man shall enter into it, &quot;except he become first as a little child&quot; (Bacon, 1850b, p. 84).</p>     <p><a name="back33"></a><a href="#top33">33</a> &quot;Ciencia y poder humanos coinciden en una misma cosa, puesto que la ignorancia de la causa defrauda el efecto. A la naturaleza no se la vence sino obedeci&eacute;ndola, y lo que en la observaci&oacute;n es como causa, es como regla en la pr&aacute;ctica&quot; (Bacon, 2003b, I. iii).</p>     <p><a name="back34"></a><a href="#top34">34</a> &quot;Pues el hombre, servidor e int&eacute;rprete de la naturaleza, hace y entiende tanto cuanto observare acerca del orden de la misma, con sus obras o con su mente: ni sabe ni puede m&aacute;s. Pues ni habr&aacute; fuerza alguna que pueda romper o soltar la cadena de las causas; ni la naturaleza se vence de otro modo que obedeciendo&quot; (Bacon, 2003a, p. 65).</p>     <p><a name="back35"></a><a href="#top35">35</a> El trabajo de Serrano (2006, p. 35) muestra esta relaci&oacute;n. Nos interesa mostrar la relaci&oacute;n que tiene esa animadversi&oacute;n con la perspectiva moral baconiana.</p>     <p><a name="back36"></a><a href="#top36">36</a> &quot;No se preocup&oacute; gran cosa por la filosof&iacute;a natural, salvo en la medida indispensable para defender su nombre y su fama de fil&oacute;sofo, as&iacute; como para a&ntilde;adir e infundir cierta grandeza a sus doctrinas morales y pol&iacute;ticas. De ah&iacute; que cuanto escribi&oacute; sobre la naturaleza no goce de solidez alguna. Es m&aacute;s: envenen&oacute; y corrompi&oacute; la naturaleza, con teolog&iacute;a, no menos que lo hizo Arist&oacute;teles con dial&eacute;ctica&quot; (Bacon, 1985, pp. 99-100).</p>     <p><a name="back37"></a><a href="#top37">37</a> &quot;La escuela de Plat&oacute;n, por su parte, introdujo la acatalepsia, al principio como en broma y por iron&iacute;a por aversi&oacute;n a los antiguos sofistas: Prot&aacute;goras, Hipias y dem&aacute;s, que de nada parec&iacute;an asustarse tanto como de parecer que tuvieran dudas de cosa alguna. Pero la Nueva Academia dogmatiz&oacute; la <i>acatalepsia</i> e hizo de ella un principio&quot; (Bacon, 2003b, I. lxvii).</p>     <p><a name="back38"></a><a href="#top38">38</a> &quot;Y este exceso es de dos clases: el primero es el de aquellos que se pronuncian f&aacute;cilmente y hacen a las ciencias, positivas y magistrales; el otro, el de los que introdujeron la acatalepsia y la inquisici&oacute;n vaga y sin objeto; de los cuales el primero deprime el intelecto y el segundo lo enerva&quot; (Bacon, 2003B, I. lxvii).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back39"></a><a href="#top39">39</a> &quot;Pues ellos, que con tanta confianza dictaminan acerca de las cosas, a intervalos, cuando recapacitan consigo mismos, empiezan a quejarse de la sutilidad de la naturaleza, de la oscuridad de las cosas y de la flaqueza del ingenio humano. Esto si lo hiciesen sencillamente, podr&iacute;a acaso apartar a algunos m&aacute;s t&iacute;midos de toda inquisici&oacute;n posterior, pero en cambio incitar&iacute;a y estimular&iacute;a a otros, de temperamento m&aacute;s animoso y confiado, a progresar en la investigaci&oacute;n. Pero no les basta con confesar esto de s&iacute; mismos sino que de todo aquello que est&aacute; fuera de su conocimiento y alcance o el de sus maestros, lo colocan fuera de los l&iacute;mites de toda posibilidad y como apoyados en razones cient&iacute;ficas lo declaran imposible de hacerse o de conocerse. Soberbia y malicia extremas, servirse de la inconsistencia de sus invenciones para calumniar a la naturaleza y desesperar a todos los dem&aacute;s&quot; (Bacon, 2003b, I. lxxv). V&eacute;ase tambi&eacute;n: &quot;Tenemos tambi&eacute;n otro signo, si es que esa denominaci&oacute;n conviene a este caso, ya que es m&aacute;s bien testimonio, incluso el m&aacute;s s&oacute;lido de todos los testimonios. Se trata de la propia confesi&oacute;n y juicio de los autores en los que hab&eacute;is depositado vuestra confianza. En efecto: los mismos que impusieron una cierta dictadura en las ciencias y con tanta seguridad se pronuncian sobre las cosas, a ratos, sin embargo, cuando recapacitan, se entregan justamente a lamentarse de la sutilidad de la naturaleza, la oscuridad de las cosas, la debilidad del ingenio humano y de cosas parecidas&quot; (Bacon, 1985, p. 135).</p>     <p><a name="back40"></a><a href="#top40">40</a> V&eacute;ase tambi&eacute;n: &quot;Pues primeramente se encuentra aquella treta y ardid ya conocido y familiar, com&uacute;n a todas las artes, esto es, que las autoridades en cualquier arte conecten en calumnia contra la naturaleza la debilidad de su arte; y lo que su arte no alcanza lo declaran en nombre de su mismo arte, imposible por naturaleza&quot; (Bacon, 2003b, I. lxxxviii).</p>     <br> <hr size=”1”>     <br>     <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p>1. Bacon, F. (1850a). Essays. En <i>The works of Francis Bacon, Lord Chancellor of England</i> (pp. 11- 67). Philadelphia: A Hart, Late Carey y Hart.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0123-4870200900020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Bacon, F. (1850b). Valerius Terminus. En <i>The Works of Francis Bacon, Lord Chancellor of England</i> (pp. 81-96). Philadelphia: A Hart, Late Carey y Hart.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0123-4870200900020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Bacon, F. (1988). <i>El avance del saber</i>. Madrid: Alianza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0123-4870200900020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Bacon, F. (2003a). <i>Instauratio Magna</i>. Buenos Aires: Losada.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0123-4870200900020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Bacon, F. (2003b). <i>Novum Organum</i>. Buenos Aires: Losada.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0123-4870200900020000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Bacon, F. (1985) <i>Refutaci&oacute;n de la filosof&iacute;as</i>. Madrid: Consejo superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0123-4870200900020000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Blair, A. (1992). Humanist methods in natural philosophy: the commonplace book.<i> Journal of the History of Idea</i>s, 53, 541-551.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0123-4870200900020000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Box, I. (1999). Bacon's moral philosophy. En M. Peltonen (ed.),<i> The Cambridge companion to Bacon</i> (pp. 260-282). Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0123-4870200900020000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Channing Brings, J. (1999). Bacon&#39;s science and religion. En M. Peltonen (ed.),<i> The Cambridge companion to Bacon</i> (pp. 173-199). Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0123-4870200900020000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Farrington, B. (1971). <i>Francis Bacon: fil&oacute;sofo de la revoluci&oacute;n industrial</i>. Madrid: Ayuso.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0123-4870200900020000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Frondizi, R. (2003). Significado y contenido del Novum Organum. En <i>Novum Organum</i> (pp. 7-36). Buenos aires: Losada.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0123-4870200900020000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Garin, E. (1981). <i>La revoluci&oacute;n cultural del renacimiento.</i> Barcelona: Editorial Cr&iacute;tica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0123-4870200900020000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Gaukroger, S. (2004). <i>Francis Bacon and the transformation of early-modern philosophy</i>. Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0123-4870200900020000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Gaukroger, S. (2006). <i>The emergence of a scientific culture-sciene and the shaping of modernity 1210-1685</i>. Oxford: Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0123-4870200900020000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Horkheimer, M. y Adorno, T. (1994). <i>Dial&eacute;ctica de la ilustraci&oacute;n: fragmentos filos&oacute;ficos</i>. Madrid: Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0123-4870200900020000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Koyr&eacute;, A. (1981). <i>Estudios galileanos</i>. M&eacute;xico: Siglo XXI Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0123-4870200900020000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Kristeller, P. (1970). <i>Ocho fil&oacute;sofos del renacimiento italiano</i>. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0123-4870200900020000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Larroyo, F. (1980). Estudio introductorio. En <i>Instauratio Magna</i> (pp. xi-xxix). Buenos Aires.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0123-4870200900020000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Menn, S. (2003). The intellectual setting. En D. Ayers y M. Garber (ed.), <i>The Cambridge history of Seventeenth- century philosophy</i> (pp. 33-86). 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Madrid: Alianza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0123-4870200900020000700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Rossi, P. (1999). Bacon's idea of science. En M. Peltonen (ed.), <i>The Cambridge companion to Bacon</i> (pp. 25-46). Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0123-4870200900020000700028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Rossi, P. (2002). Francis Bacon and the humanistic aspects of modernity. En P. French y H. Wettstein (ed.) (2002), <i>Midwest studies in philosophy. Renaissance and Early Modern Philosophy</i> (pp. 124-139). Oxford: Blackwell.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0123-4870200900020000700029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Rossi, P. (2005). Virtues and the scientific revolutions. En N. Koertge (ed.), <i>Scientific values and civic virtues</i> (pp. 71-80). Nueva York: Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0123-4870200900020000700030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Sargent, R. (1999). Bacon as an adv&oacute;cate or cooperative scientific research. En M. Peltonen (ed.), <i>The Cambridge Companion to Bacon</i> (pp. 146-171). Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0123-4870200900020000700031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Serrano, G. (2006). <i>La querella en torno al silogismo 1605-1704: conocimiento versus forma l&oacute;gica</i>. Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0123-4870200900020000700032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Tovey, G. (1952). Toward a new understanding of Francis Bacon's reform of philosophy. <i>The Philosophical Review</i>, 61, 568-574.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0123-4870200900020000700033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Urbach, P. (1993). <i>Francis Bacon&#39;s philosophy of science</i>. Illinois: Open Court.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0123-4870200900020000700034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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