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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Levinas y las Ciencias Sociales: fundamentos epistémicos desde la alteridad]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In order to consider the possibility of assuming them as the epistemic foundations of Social Sciences, this paper presents some of the essential theses of the French-Lithuanian philosopher, Emmanuel Levinas. In particular, the theses that support his philosophy of alterity are discussed. The paper is organized in five sections: First, Levinas is brought into the reflection framework about Social Sciences. Second, third and fourth sections go into the "Levinasian" proposal, under the categories of Totality, Face and Language, respectively. Finally, some epistemic views are presented to suggest further developments rather than final explanations]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size=2>     <p align="right"><b>ART&Iacute;CULOS</b></p>     <p>    <center><font size="4"><b>Levinas y las Ciencias Sociales: fundamentos epist&eacute;micos desde la alteridad</b></font><a name=top1></a><a href="#back1"><sup>1</sup></a></center> </p>     <center><font size="3"><i>Levinas and Social Sciences: epistemic foundations from alterity</i></font> </center></p>    <br>     <p>    <center><b>Luis Guillermo Jaramillo Echeverri</b><sup><a href="#*">*</a></sup>    <br> <b>Juan Carlos Aguirre Garc&iacute;a</b><sup><a href="#**">**</a></sup></center></p>    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="*">*</a></sup>Doctor en Ciencias Humanas y Sociales - Educaci&oacute;n. Universidad Tras-os-Montes (Portugal). Profesor Universidad del Cauca, <a href="mailto:ljaramillo@unicauca.edu.co">ljaramillo@unicauca.edu.co</a>.</p>     <p><sup><a name="**">**</a></sup>Mag&iacute;ster en Filosof&iacute;a, Universidad de Caldas. Profesor Universidad del Cauca. <a href="mailto:jcaguirre@unicauca.edu.co">jcaguirre@unicauca.edu.co</a>.</p>     <p>Art&iacute;culo recibido el 19 de julio de 2009 y aprobado el 30 de abril de 2010</p> <hr size="1">     <p><b>Resumen </b>    <br> El art&iacute;culo expone algunas de las tesis fundamentales del fil&oacute;sofo lituano-franc&eacute;s Emmanuel Levinas, especialmente, las que sustentan su filosof&iacute;a de la alteridad, con el fin de poner en discusi&oacute;n la posibilidad de asumirlas como fundamentos epistemol&oacute;gicos de las Ciencias Sociales. Consta de cinco partes: en la primera, se inscribe a Levinas en el marco de la reflexi&oacute;n sobre las Ciencias sociales. La segunda, tercera y cuarta abordan la propuesta levinasiana bajo las categor&iacute;as de Totalidad, Rostro y Lenguaje, respectivamente. El art&iacute;culo culmina con unas aproximaciones epistemol&oacute;gicas que, m&aacute;s que formular puntos de llegada, sugieren rutas para posteriores desarrollos.     <p><b>Palabras clave</b>    <br> Ciencias Sociales, totalidad, rostro, lenguaje, epistemolog&iacute;a.</p> <hr size="1">     <p><b>Abstract</b>    <br> In order to consider the possibility of assuming them as the epistemic foundations of Social Sciences, this paper presents some of the essential theses of the French-Lithuanian philosopher, Emmanuel Levinas. In particular, the theses that support his philosophy of alterity are discussed. The paper is organized in five sections: First, Levinas is brought into the reflection framework about Social Sciences. Second, third and fourth sections go into the &quot;Levinasian&quot; proposal, under the categories of Totality, Face and Language, respectively. Finally, some epistemic views are presented to suggest further developments rather than final explanations.</p>     <p><b>Key words</b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Social Sciences, totality, face, language, epistemology.</p> <hr size="1">     <br>     <p><b><font size="3">1. Introducci&oacute;n</font></b></p>     <p>En sus indagaciones sobre lo humano, las llamadas Ciencias Sociales necesariamente asumen una postura sobre el hombre. Pareciera que la cuesti&oacute;n de la pregunta por lo humano, la esencia de lo humano, ya hubiera sido superada por los humanismos posb&eacute;licos, con las confrontaciones intensas que suscitaron; sin embargo, toda &quot;ciencia&quot; del hombre, por no decir toda ciencia, est&aacute; llamada a no perder de vista su objeto, es decir, hacia donde se dirige el &quot;del&quot;. Escudri&ntilde;ar en las obras de Levinas, dirigiendo la mirada hacia las Ciencias Sociales, ser&aacute; la oportunidad de repensar una pregunta inactual aunque, siguiendo la enmara&ntilde;ada red de pensamientos del fil&oacute;sofo lituano-franc&eacute;s, actual es todo lo que est&aacute; encerrado en la patencia del ser-en-acto, re-presentaci&oacute;n en la conciencia intencional. In-actual ser&aacute; lo otro que lo actual, pues en el pensamiento occidental &quot;la inteligibilidad &uacute;ltima es la actualidad del ser en acto, la coexistencia de t&eacute;rminos en un tema, la relaci&oacute;n, la coherencia de lo uno y lo otro, a pesar de su diferencia, el acuerdo de lo diferente en el presente. El sistema. Lo uno significa lo otro y es significado por &eacute;l, cada uno es signo del otro&quot; (Levinas, 1998a, p. 14). Evidencia clara de total sujeci&oacute;n del otro por parte del mismo.</p>     <p>En el dominio de lo actual, toda significaci&oacute;n est&aacute; englobada en la verdad del sistema, quedando por fuera, como ajeno, el resto de lo humano. La propuesta in-actual de Levinas, adem&aacute;s de poner en cuesti&oacute;n la inteligibilidad que se esconde tras la ciencia -por m&aacute;s humana que pretenda ser- es un intento por situar las Ciencias Sociales en un terreno donde lo te&oacute;rico a&uacute;n no ha encontrado sus certezas, de ah&iacute; la pregunta que lanza: &quot;&iquest;no remonta la inteligibilidad, m&aacute;s ac&aacute; de la presencia, a la proximidad del otro?&quot; (<i>ib&iacute;d</i>.) Esta pregunta exigir&aacute; recurrir a lo in-actual, entre lo que se puede destacar: a) la impugnaci&oacute;n de la totalidad y del concepto de verdad que de ella brota; b) la alteridad, entendida como la diferencia del &quot;mismo&quot; y el &quot;otro&quot;, diferencia que no se basta en el reconocimiento, sino que la categor&iacute;a de &quot;Rostro&quot; exige la responsabilidad irreductible a cualquier sistema; c) la consideraci&oacute;n del lenguaje como una dimensi&oacute;n que no se agota en lo dicho ni en el discurso que expone el resultado de la s&iacute;ntesis judicativa kantiana, sino que reclama la voz de sutil silencio que hace se&ntilde;as al Otro. Como fundamento de todo esto, la &Eacute;tica, que no se plantea como simple discurso de buenas maneras, sino obsesi&oacute;n por el otro hombre; no encerrado en un g&eacute;nero (humanidad), sino Otro (<i>Autrui</i>, pr&oacute;ximo) que se impone y llega a m&iacute; de modo traum&aacute;tico, dej&aacute;ndome sin capacidad de opci&oacute;n.</p>     <p>Antes de desplegar cada uno de los puntos se&ntilde;alados es importante recalcar que la mayor preocupaci&oacute;n de Levinas, tal y como lo muestra Critchley (2004), consiste en aclarar al pensamiento contempor&aacute;neo que &quot;la &eacute;tica es la primera filosof&iacute;a, entendiendo por &quot;&eacute;tica&quot; una relaci&oacute;n de responsabilidad infinita hacia los dem&aacute;s&quot; (p. 12). Esta reubicaci&oacute;n de la &eacute;tica por encima de la metaf&iacute;sica, tradicionalmente concebida como <i>prima philosophia</i>, y de la epistemolog&iacute;a reinante durante la modernidad, hace que muchos especialistas en la obra de Levinas adopten posturas radicales respecto a la interpretaci&oacute;n de sus textos, alej&aacute;ndolo de cualquier referencia a lo pol&iacute;tico o a lo epistemol&oacute;gico. En la filosof&iacute;a pol&iacute;tica y del derecho, sin embargo, se han ido realizando esfuerzos por considerar las propuestas levinasianas; v&eacute;ase por ejemplo: Dussel (2004), Hendley (2004), Burggraeve (2005), Loumansky (2006). Similar esfuerzo se ha venido haciendo en la reflexi&oacute;n sobre lo humano, aunque tienen la caracter&iacute;stica de asumir algunas tesis fuertes de Levinas que se combinan con las necesidades t&iacute;picas de la disciplina particular en un aspecto espec&iacute;fico; casos como estos pueden ser: Todd (2003), Lippitz (2007) y Jaramillo y Aguirre (2008) en el contexto educativo; Aguirre (2007) y Guenther (2007) en el contexto medioambiental; van Hooft (2003) y Dueck &amp; Parsons (2007) en el contexto de la salud. No obstante, no ha habido una reconstrucci&oacute;n sistem&aacute;tica de las posibilidades que Levinas ofrece tanto a la filosof&iacute;a como a las metodolog&iacute;as de las Ciencias Sociales<a name=top2></a><a href="#back2"><sup>2</sup></a>. Este escrito es una aproximaci&oacute;n a tales posibilidades.</p>     <p>No quiere decirse con lo anterior que es forzosa la interpretaci&oacute;n de Levinas a la luz de la epistemolog&iacute;a de las Ciencias Sociales. En un breve apartado titulado, precisamente,<i> Las ciencias humanas</i> y tambi&eacute;n Levinas, de forma condensada, esbozan un programa susceptible de abordaje. En tal apartado subraya las siguientes ideas:</p> <ul>a. Se ha vuelto cotidiano decir que en las Ciencias Humanas se escuchan los ecos de los gritos que proclaman el &quot;fin del humanismo&quot; y la &quot;muerte del hombre&quot;. Estos esl&oacute;ganes dan cuenta de un estado de la investigaci&oacute;n donde la preocupaci&oacute;n por el rigor torna desconfiados a psic&oacute;logos, soci&oacute;logos, historiadores y ling&uuml;istas respecto al Yo. Por esto, &quot;se impone un formalismo para domesticar la salvaje proliferaci&oacute;n de hechos humanos que, abordados en su contenido, nublan la vista del te&oacute;rico; formalismo que se impone para medir la propia certeza del saber, m&aacute;s seguro de los l&iacute;mites de sus presupuestos axiom&aacute;ticos que de cualquier axioma&quot; (Levinas, 1998b, p. 81). En este sentido, la propuesta levinasiana tiende hacia los hechos (manifestaciones) humanos con una actitud que supera la domesticaci&oacute;n que pretende el formalismo para proclamar la gloria de lo Infinito.     <br>    <br> b. Las Ciencias Humanas han ca&iacute;do en una especie de romanticismo que intenta, desde el discurso, hablar bien del hombre, contribuyendo esto a la proliferaci&oacute;n de disciplinas &quot;sin contacto con la realidad de la violencia y la explotaci&oacute;n&quot; (Levinas, 1998b, p. 82). La reflexi&oacute;n sobre lo humano est&aacute; impregnada del llamado a la responsabilidad; por tanto, la investigaci&oacute;n social as&eacute;ptica, en la que se privilegia la neutralidad del observador y la contundencia de los hechos, es digna de sospecha pues no tiene en cuenta el &quot;Rostro&quot; y el &quot;Sufrimiento&quot; como aspectos de lo humano que sobrepasan todo intento de tematizaci&oacute;n.     <br>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> c. Finalmente, como fruto de la aspiraci&oacute;n por imitar las Ciencias Naturales y sus proyectos matematizadores, as&iacute; como la distancia que se permite el investigador social de las realidades que confronta, se ha perdido el rol de las Ciencias Humanas en la sociedad actual (basta ver la baja demanda de ingreso y las pobres partidas que se destinan a las Facultades de Ciencias Sociales en nuestro continente), haci&eacute;ndose incapaz de afrontar la angustia que carcome nuestras sociedades. Levinas afirma: &quot;&#91;la angustia&#93; Proviene de la experiencia de las revoluciones que se hunden en la burocracia y en la represi&oacute;n; de la experiencia de las violencias totalitarias que se hacen pasar por revoluciones. <i>Porque, en ellas, se aliena la desalienaci&oacute;n misma&quot;</i> (Levinas, 1998b, p. 84). Se hace urgente, por tanto, resituar la cr&iacute;tica a la totalidad e indagar por la utop&iacute;a de lo &quot;Infinito&quot;.      </ul>     <p>En la propuesta de Levinas veremos, entonces, una postura similar a lo que Giri (2006) denomin&oacute;: &laquo;Investigaci&oacute;n Social Creativa, donde no bastan las simples denuncias (esto, quiz&aacute;s se aleje un poco de lo que a primera vista pareciera una cercan&iacute;a con la Escuela de Frankfurt, v&eacute;ase Alford, 2002), sino que se asuman &quot;cr&iacute;ticas relevantes, y teor&iacute;as y m&eacute;todos transformativos que facilitar&iacute;an la investigaci&oacute;n cr&iacute;tica y creativa&quot;&raquo; (Giri, 2006, p. 227). Obviamente, la primera fase ser&aacute; indagar en sus textos y, en un trabajo posterior, habr&iacute;a que abrir discusiones y articulaciones entre Levinas y otras propuestas de la epistemolog&iacute;a de las Ciencias Sociales.</p>     <br>     <p><font size="3"><b> 2. La separaci&oacute;n de las Ciencias Sociales del discurso de la Modernidad: infinitud y verdad </b></font></p>     <p>El sello de la Modernidad lo marca, sin lugar a dudas, el surgimiento de una ciencia profundamente diferente a la antigua o medieval; en el siglo pasado varios pensadores narraron de modo magistral lo caracter&iacute;stico de esta naciente adquisici&oacute;n humana (v&eacute;ase, por ejemplo, Husserl (1991), Heidegger (1998), Foucault (2001), Gadamer (1993)). Como una breve radiograf&iacute;a de esa &eacute;poca podemos citar:</p> <ul> La ciencia se convierte en la gran empresa de penetraci&oacute;n en &aacute;mbitos desconocidos, para la que no urge un apoyo ni humano ni divino. Su camino de la investigaci&oacute;n met&oacute;dica significa autoaseguramiento de la raz&oacute;n. Pues s&oacute;lo un Dios malintencionado podr&iacute;a llevar &quot;la ciencia&quot; a su perdici&oacute;n (caso que se le antojase confundir nuestra raz&oacute;n matem&aacute;tica). Ahora ya no se trata de la contemplaci&oacute;n especulativa de la creaci&oacute;n divina en su aparente plenitud de la forma, en la que la sabidur&iacute;a divina puede venerarse: en la abstracci&oacute;n matem&aacute;tica se descubren regularidades que est&aacute;n ocultas a los sentidos. S&oacute;lo en el camino de la matematizaci&oacute;n del conocimiento de la experiencia se aproxima el investigador a la meta nunca definitivamente alcanzable: entender el libro de la naturaleza que Dios ha escrito con sus manos (Gadamer, 1993, pp. 30-31).    </ul>     <p>Gadamer condensa varias caracter&iacute;sticas de la ciencia moderna: a) la ciencia irrumpe en los m&aacute;s rec&oacute;nditos confines; incluso, los tradicionalmente vedados por las creencias religiosas o las potencias cognoscitivas; b) en la ciencia moderna se entroniza el m&eacute;todo que ya no requiere la luz divina, ni siquiera la intervenci&oacute;n creativa del hombre pues el m&eacute;todo asegura el conocimiento, s&oacute;lo basta su aplicaci&oacute;n; c) la raz&oacute;n se torna c&aacute;lculo y la matem&aacute;tica es su instrumento m&aacute;s excelso; d) lo patente se vuelve digno de desconfianza, lo que aparece oculta un trasfondo al que es preciso acceder; e) con el m&eacute;todo y la matem&aacute;tica todo cae bajo el dominio de la experiencia, todo es susceptible de comprensi&oacute;n, si bien no agotable, s&iacute; cierta y acumulable.</p>     <p>Esta imagen de ciencia se instaura no s&oacute;lo entre quienes indagan en el &aacute;mbito natural, sino tambi&eacute;n entre los estudiosos de lo social. Aunque varias voces se han levantado para reivindicar un car&aacute;cter diverso de los estudios sociales frente a la univocidad pretendida por la ciencia moderna, a&uacute;n es dif&iacute;cil establecer la identidad de las Ciencias Sociales; m&aacute;s a&uacute;n, todav&iacute;a se conservan muchas tesis de fil&oacute;sofos de la ciencia pertenecientes a la hoy llamada <i>Concepci&oacute;n Heredada</i><a name=top3></a><a href="#back3"><sup>3</sup></a>, tesis que se cre&iacute;an superadas y que hablaban de monismo metodol&oacute;gico, de una ciencia dependiente de lo emp&iacute;rico y de hechos que se traducen en enunciados con sentido. Como ejemplo de ello leamos a Haack (2002):</p> <ul>Los monistas metodol&oacute;gicos insisten en que las ciencias sociales usan &quot;el m&eacute;todo cient&iacute;fico&quot; tal y como lo hacen los f&iacute;sicos o los qu&iacute;micos. Los dualistas metodol&oacute;gicos sostienen que el m&eacute;todo de la Ciencia Social es <i>sui generis</i>, una cuesti&oacute;n no de explicaci&oacute;n causal, sino de &quot;comprensi&oacute;n&quot; (&quot;una estrategia de profundo aliento seguida de asociaci&oacute;n libre&quot;, seg&uacute;n el maravilloso sarcasmo de Braithwaite) Pero esta es una falsa dicotom&iacute;a: como toda investigaci&oacute;n emp&iacute;rica, la ciencia social intencional descansa en la experiencia y los razonamientos; s&oacute;lo requiere, en vez de microscopios o telescopios, cuestionarios bien dise&ntilde;ados, experimentos doble-ciego, test de significado estad&iacute;stico, y cosas por el estilo (Ib&iacute;d. p. 36).     </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El planteamiento de Levinas con respecto a las Ciencias Sociales no puede alejarse de este campo de debate (&iquest;o de batalla?<a name=top4></a><a href="#back4"><sup>4</sup></a>); no obstante, no se restringe a la defensa de un pluralismo metodol&oacute;gico, ni se ocupa de renovar las t&eacute;cnicas o instrumentos de investigaci&oacute;n; su preocupaci&oacute;n no se circunscribe a la cl&aacute;sica distinci&oacute;n entre explicaci&oacute;n y comprensi&oacute;n. No significa esto entonces que su propuesta no pueda ser le&iacute;da desde la &oacute;ptica de las Ciencias Sociales; al contrario, las tesis que plantea se remontan a cuestiones originarias, cuestiones que exigen salirse del escenario tradicionalmente levantado para considerarlas y, en consecuencia, permitir&aacute;n refrescar los discursos que, o bien se limitan a defender la similitud de las Ciencias Sociales con el operar de las Ciencias Naturales, o bien sucumben ante la posibilidad de encontrar verdades en los estudios sociales. Este apartado se&ntilde;alar&aacute;, aunque brevemente, la exigencia de considerar los debates sobre las Ciencias Sociales fuera de lo denominado por Levinas <i>Totalidad</i>; adem&aacute;s, se intentar&aacute; mostrar c&oacute;mo s&oacute;lo con la superaci&oacute;n de la <i>Totalidad</i> podremos comprender radicalmente el significado de verdad.</p>     <p>Tal y como lo sugerimos con Gadamer, a partir de la Revoluci&oacute;n Copernicana<a name=top5></a><a href="#back5"><sup>5</sup></a> se confi&oacute; a la raz&oacute;n cient&iacute;fica la tarea de explicar el libro de la naturaleza; sus &eacute;xitos en los descubrimientos te&oacute;ricos y pr&aacute;cticos fueron invadiendo todos los dominios de la realidad, incluso de lo humano. El giro consisti&oacute; en invertir los t&eacute;rminos de la relaci&oacute;n: anteriormente, la naturaleza y el hombre eran considerados criaturas, objetos dignos de admiraci&oacute;n y contemplaci&oacute;n; despu&eacute;s, naturaleza y hombre quedaron circunscritos al pensamiento que los piensa y hace que ellos digan lo que el pensador quiere escuchar. En el giro tanto naturaleza como hombre pierden su car&aacute;cter de exterioridad, de estar fuera de mi conciencia, y empiezan a hacer parte de la &quot;Mismidad&quot;. Si bien este proceso lo percibe Levinas no s&oacute;lo en relaci&oacute;n con lo humano (la alteridad la sit&uacute;a primordialmente en la relaci&oacute;n cara-a-cara), tambi&eacute;n podr&iacute;an hacerse an&aacute;lisis valiosos respecto a las Ciencias Naturales donde el objeto no es tomado como tal, sino que integra un sistema te&oacute;rico que lo aborda desde una perspectiva prefijada, escindiendo de &eacute;l aquello que no encuadre con las pretensiones heur&iacute;sticas<a name=top6></a><a href="#back6"><sup>6</sup></a>. Sin embargo, como nuestra reflexi&oacute;n se dirige a las Ciencias Sociales, nos limitaremos a ello.</p>     <p>Seg&uacute;n Levinas, el sello del pensamiento occidental lo constituye la <i>Totalidad</i>. Es importante notar c&oacute;mo desde Bacon se acced&iacute;a a la naturaleza, lo otro que yo, con el deseo de saber de ella, conocerla; los deseos de saber se fueron satisfaciendo en la medida en que los resultados obtenidos concordaban fielmente con lo que se esperaba. Pero Levinas se dirige hacia ese deseo, contraponi&eacute;ndolo a un deseo del &quot;otro&quot; que denomina metaf&iacute;sico:</p> <ul>Lo Otro metaf&iacute;sicamente deseado no es &quot;otro&quot; como el pan que como, o como el pa&iacute;s en que habito, como el paisaje que contemplo, como a veces, yo mismo a m&iacute; mismo, este &quot;yo&quot;, este &quot;otro&quot;. De estas realidades, puedo &quot;nutrirme&quot; y, en gran medida, satisfacerme, como si me hubiesen simplemente faltado. Por ello mismo, su <i>alteridad</i> se reabsorbe en mi identidad de pensante o de poseedor. El deseo metaf&iacute;sico tiende hacia lo <i>totalmente otro</i>, hacia lo <i>absolutamente otro</i> (Levinas, 1977, p. 57).     </ul>     <p>Se ha planteado una distinci&oacute;n radical: el deseo de un ser indigente que necesita de algo para satisfacerse y el deseo metaf&iacute;sico. En el primer sentido, se da una relaci&oacute;n entre quien desea y lo deseado; relaci&oacute;n reversible de polos que se acoplan en un sistema: &quot;En este caso, el Mismo y lo Otro se encontrar&iacute;an reunidos bajo una mirada com&uacute;n y la distancia absoluta que los separa ser&iacute;a suprimida&quot; (Levinas, 1977, p. 60). La supresi&oacute;n se da en varias instancias: en primera instancia, al interior del Mismo: yo que se mira &quot;como si&quot; fuese otro en su interioridad, concluyendo que no hay tal distinci&oacute;n y confirmando su identidad (A=A); en segunda instancia, yo que se enfrenta al mundo como lo distinto de s&iacute;, pero yo que con el tiempo se habit&uacute;a, &quot;encuentra en el mundo un lugar y una casa&quot; (Levinas, 1977, p. 61) y el mundo se torna &quot;a la mano&quot;, como posibilidad y espacio para ejercer <i>mi</i> libertad, siendo due&ntilde;o y se&ntilde;or de todo lo extra&ntilde;o; incluso, de mis cong&eacute;neres. En &uacute;ltima instancia, yo que se encuentra ante el Otro y lo re-presenta de acuerdo con im&aacute;genes previas, lo comprende basado en situaciones anteriormente vividas, lo adecua a lo conocido y lo subsume en pensamiento cogitante. Estas tres instancias configuran las relaciones enmarcadas en la <i>Totalidad</i>, yo y otro encapsulados en un sistema cerrado, donde la alteridad se suprime y todo queda reducido a Mismo.</p>     <p>Es precisamente la ruptura de la alteridad lo que permite establecer relaciones de adecuaci&oacute;n: donde hay elementos comparativos es posible enunciar uniformidades que podr&iacute;an ir alcanzando paulatinamente mayores niveles de abstracci&oacute;n y universalidad. Si recurrimos a la cl&aacute;sica definici&oacute;n de verdad como: <i>adequatio rei et intellectus</i>, tendremos que la distancia absoluta entre la cosa (yo, mundo, otro) y la mente se torna relativa, como relativa queda su alteridad. En este sentido la ciencia, cualquier ciencia, incluyendo la social, que tiende al establecimiento de la verdad, est&aacute; anclada en la <i>Totalidad</i>: &quot;el ser s&oacute;lo puede ser verdadero si es totalidad. La verdad debe comprender hasta aquellos errores que, excluidos, se llevar&iacute;an a &quot;otra parte&quot; y reducir&iacute;an la totalidad a una parte, es decir, a una abstracci&oacute;n. Contrario a la concepci&oacute;n criticista del saber, el pensamiento verdadero es ruptura con lo inmediatamente dado, con lo intuitivo. &#91;Por consiguiente&#93; la verdadera funci&oacute;n del pensamiento totalizante no consiste en mirar el ser, sino en determinarlo en su organizaci&oacute;n&quot; (Levinas, 2006, p. 64).</p>     <p>Por otra parte, las Ciencias Sociales tambi&eacute;n quedan inmersas en la <i>Totalidad</i> desde los c&aacute;nones interpretativos. Levinas analiza el caso de la hermen&eacute;utica: la intelecci&oacute;n de un texto o de una obra cultural -podr&iacute;amos agregar: de una manifestaci&oacute;n social-, se da por una v&iacute;a diferente a la pretendida por Descartes; o sea, supera la intelecci&oacute;n por las naturalezas simples en s&iacute; mismas; si bien tambi&eacute;n va de las partes al todo, las partes tienen su sentido en la totalidad: &quot;hab&iacute;a un c&iacute;rculo en el pensamiento totalizante y analizante al que podr&iacute;amos llamar vicioso, de esta manera, el an&aacute;lisis y la s&iacute;ntesis se presuponen mutuamente&quot; (Levinas, 2006, p. 66). Con Heidegger, la presuposici&oacute;n del an&aacute;lisis y de la s&iacute;ntesis puede llevar no ya a un c&iacute;rculo vicioso, donde el movimiento lineal sea la caracter&iacute;stica, sino a un c&iacute;rculo hermen&eacute;utico que opera de un modo m&aacute;s homog&eacute;neo; en este movimiento circular, el todo y las partes se determinan. Para comprender la totalidad habr&iacute;a necesidad de saltos progresivos: saber entrar en el c&iacute;rculo hermen&eacute;utico, sobrepasar la inmediatez en la que las partes son dadas, asumir los malentendidos como partes: &quot;noci&oacute;n de totalidad y de intelecto que conducir&aacute; a comprender toda experiencia, y puede ser razonamiento total sobre las cosas, acorde con el modelo de interpretaci&oacute;n de textos. &iexcl;Noci&oacute;n de totalizaci&oacute;n siempre recomenzando, noci&oacute;n de totalidad abierta!&quot; (ib&iacute;d.), m&aacute;s no por abierta la totalidad heideggeriana, deja de ser totalidad. </p>     <p>Ahora bien, con el &quot;Deseo&quot; metaf&iacute;sico se asume un segundo sentido. Levinas aboga por la ruptura con la <i>Totalidad</i>, la cual desaf&iacute;a el concepto de verdad esgrimido hasta el momento, al demostrar su contradicci&oacute;n: el conocimiento de la verdad supone un movimiento en el cual lo &quot;Otro&quot; se reduce a la medida del pensamiento del investigador; en este sentido, la verdad hallada no es m&aacute;s que una verdad que est&aacute; en el sujeto y que aspira a confrontar; el &quot;Otro&quot; se reduce a confirmar lo que ya estaba en el &quot;Mismo&quot;, legitim&aacute;ndose as&iacute; el ideal socr&aacute;tico de no recibir nada del otro pues basta conocerse a s&iacute; mismo. Pol&eacute;micamente, Levinas plantea un sentido m&aacute;s radical de verdad, pero ello exige trascender la <i>Totalidad</i> e ir tras la b&uacute;squeda de lo <i>Infinito</i>; de tal manera que &quot;Deseo&quot; en este contexto ser&aacute;: </p> <ul>Deseo de lo absolutamente Otro. Fuera del hambre que se satisface, de la sed que se calma y de los sentidos que se aplacan, la metaf&iacute;sica desea lo Otro m&aacute;s all&aacute; de las satisfacciones, sin que sea posible realizar con el cuerpo alg&uacute;n gesto para disminuir la aspiraci&oacute;n, sin que sea posible esbozar alguna caricia conocida, ni inventar alguna nueva caricia. Deseo sin satisfacci&oacute;n que, precisamente, espera el alejamiento, la alteridad y la exterioridad del Otro (Levinas, 1977, p. 58).    </ul>     <p> De acuerdo con esta caracterizaci&oacute;n de Deseo metaf&iacute;sico, la b&uacute;squeda de la verdad y su concretizaci&oacute;n en formas y abstracciones no ser&aacute; el objeto de la relaci&oacute;n con el Otro; m&aacute;s a&uacute;n, en los t&eacute;rminos planteados por la <i>Totalidad</i> este conocimiento es reducido. La relaci&oacute;n con el Otro tendr&aacute; que contemplar a &eacute;ste como Infinito<a name=top7></a><a href="#back7"><sup>7</sup></a>, lo que equivale a decir que pensar al Otro no consiste en pensar un objeto. Obviamente, la concepci&oacute;n de verdad adquirir&aacute; otra connotaci&oacute;n: a) el Otro es in-adecuado a las expectativas del pensador; el Otro <i>se revela</i>: &quot;el movimiento parte de lo pensado y no del pensador&quot; (Levinas, 1977; p. 85). b) en tanto relaci&oacute;n con lo <i>Infinito</i>, la teor&iacute;a, resultado al que tiende la investigaci&oacute;n, cede su primado a la b&uacute;squeda de la verdad (en t&eacute;rminos de Deseo); c) la relaci&oacute;n con el Otro trasciende el af&aacute;n cognoscitivo y exige respuesta: &quot;la inmortalidad no es el objetivo del primer movimiento del Deseo, sino el Otro, el Extranjero. Es absolutamente no-ego&iacute;sta, su nombre es justicia&quot; (Levinas, 1977; p. 87). Los pr&oacute;ximos apartados considerar&aacute;n estos aspectos bajo las categor&iacute;as de Rostro y Lenguaje, siempre teniendo la &Eacute;tica como suelo privilegiado; todo esto a su vez nos permitir&aacute; esbozar, en la parte final, algunas aproximaciones epistemol&oacute;gicas para las Ciencias Sociales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <p><font size="3"><b>3. Rostro y Ciencias Sociales: lo infinito de la separaci&oacute;n</b></font></p>     <p>En el apartado anterior ve&iacute;amos c&oacute;mo la correlaci&oacute;n ser-saber se encuentra afincada a un pensamiento de lo igual (totalizante); &quot;s<i>er que es, en la verdad, abarcado</i>&quot; (Levinas, 1991, p. 85). Recordemos que para la filosof&iacute;a primera o metaf&iacute;sica, existe un ser pensante que puede comprender lo real por la v&iacute;a cognoscitiva; pensamiento finito que se sabe en la simetr&iacute;a Mismo-Otro, lo dem&aacute;s, es tan s&oacute;lo ilusi&oacute;n. A esta finitud Levinas contrapone la idea de lo infinito como pensamiento de lo desigual (ib&iacute;d.); <i>relacionalidad</i> que se sale de toda adecuaci&oacute;n pensante para desbordar todo artilugio de apresamiento. Esta relaci&oacute;n fue inconcebible para la mayor&iacute;a de la filosof&iacute;a moderna; en ella, el yo pod&iacute;a resolver todos sus problemas con su entorno circundante, incluso los de su propia existencia. Pensamiento de lo igual donde el yo erige tanto su saber como su actuar: <i>pensar bien, es actuar bien</i>, es dar cuenta de lo adquirido como obra tematizada en relaci&oacute;n soluble que aclara todo acerca del otro.</p>     <p>Para Levinas, lo problem&aacute;tico de esta reducci&oacute;n &quot;identitaria&quot; no es s&oacute;lo la adecuaci&oacute;n envolvente del otro en el Mismo; su denuncia radical es ver c&oacute;mo la filosof&iacute;a occidental ha negado la existencia de la <i>desproporci&oacute;n entre el acto y lo que el acto hace acceder</i>: es decir, el trayecto de la relaci&oacute;n, proximidad puesta por fuera de toda correlaci&oacute;n y adecuaci&oacute;n &quot;originaria&quot; por parte del yo. Un gran reto para la filosof&iacute;a moderna y en s&iacute;, para las ciencias del hombre. Podr&iacute;amos preguntarnos entonces: &iquest;es posible acceder al Otro m&aacute;s all&aacute; de un pensamiento que lo piensa y a&uacute;n as&iacute;, no perder la relaci&oacute;n de alteridad? Es como decirle al pensamiento que no piense, a la mirada que no vea y a la conciencia que no se acerque intencionalmente. </p>     <p>Esta negaci&oacute;n del ser a lo id&eacute;ntico, ser des-pro-visto de toda investidura pensada constituye un yo puesto a merced del Otro, es decirle al Mismo que existe la idea de un Otro m&aacute;s all&aacute; de sus facultades mentales; Otro -distinto al (otro) de la modernidad- que lleva al Mismo hasta el l&iacute;mite del delirio y lo recusa de su adecuaci&oacute;n saber-ser; Otro que lo retrocede al acto originario del acto (lo in-actual), del pensamiento pre-reflexivo que revela un tiempo propio, una interioridad, una singularidad. En esta &quot;inadecuaci&oacute;n&quot; (a-totalizante) la determinaci&oacute;n del Mismo pierde hidalgu&iacute;a y finitud al ser lanzado a un m&aacute;s all&aacute; que le hace encontrarse con un ser con rostro de carne y hueso: la instauraci&oacute;n a un cara-a-cara. Pasividad que re-considera la desproporci&oacute;n de esa idea -tan anti-griega dir&iacute;a el mismo Levinas- que se sale de un pensamiento igualitario, y que a&uacute;n as&iacute;, puede ser pensada por &eacute;l. Resplandor de lo infinito en acto finito, desmedida de la correlaci&oacute;n, desmesura de la adecuaci&oacute;n. </p>     <p>En este sentido, &iquest;le quedar&aacute; algo que pensar al ser respecto al otro en la finitud de su pensamiento? Levinas responder&iacute;a a esta pregunta argumentando que, precisamente, &quot;la separaci&oacute;n es la constituci&oacute;n misma del pensamiento y de la interioridad; es decir, de una relaci&oacute;n con la independencia&quot; (1977, p. 126). Siendo as&iacute;, el pensamiento no desaparece al desbordar la adecuaci&oacute;n ser-saber; por el contrario, pensar es acci&oacute;n &quot;objetivante&quot; que se coloca como sospecha vigilante a todo intento de englobamiento finito por parte del Mismo. Pensar, en esta l&iacute;nea de pensamiento, ya no es actuar bien, inversamente, es estar separado de, a fin de responder a. Por consiguiente, la radical separaci&oacute;n que conserva la relaci&oacute;n Mismo-Otro es el lugar donde se produce precisamente lo Infinito. Paradoja de un pensamiento que conjuga la inexplicable-explicaci&oacute;n de estar frente-a-Otro (ser en cuesti&oacute;n) que no podemos poseer y no por ello, estar exentos de pensarlo como ser separado; m&aacute;s a&uacute;n, responder por &eacute;l. Pensamiento asim&eacute;trico que mantiene el infinito en lo finito; el m&aacute;s en el menos; el modo de ser por el cual &quot;un ser separado, fijado en su identidad, el Mismo &#91;...&#93; contiene sin embargo en s&iacute; lo que no puede contener m&aacute;s de lo que es posible contener&quot;. (Levinas, 1977, p. 52). Acci&oacute;n que s&oacute;lo puede concebir-se por la virtud de su subjetividad.</p>     <p>Ahora bien, &iquest;c&oacute;mo es posible la total separaci&oacute;n Mismo-Otro sin malograr o perder, en ning&uacute;n momento, la relaci&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo palpar esta separaci&oacute;n relacional? Nuestro fil&oacute;sofo de la alteridad considera que s&oacute;lo en la piel es donde el Rostro se hace presente; carne de mi carne que se desgarra como infinito para dejarse ver desnuda y libre de toda m&aacute;scara, &quot;rostro que est&aacute; cerca, contacto de una piel; rostro que se espesa como piel&quot; (Levinas, 1987, p. 152); infinito hecho carne que deshechiza al rostro de la multiforme mistificaci&oacute;n y el apresamiento en una conciencia intencional (Ver al respecto: Jaramillo y Aguirre, 2009)<a name=top8></a><a href="#back8"><sup>8</sup></a>. Por consiguiente, infinito es carne gracias al Rostro desnudo del Otro, rostro libre de todo acto objetivante y finito: &quot;el infinito me viene a la idea en la significancia del rostro&quot; (Levinas, 1991, p. 97). No es posible concebir el Rostro fuera de la infinici&oacute;n que produce lo infinito. Concebir el rostro fuera del infinito es enmascararlo por las capas tem&aacute;ticas de un pensamiento moderno. Es por ello que la radical superaci&oacute;n del Otro en el Mismo es denominada por Levinas: &quot;Rostro&quot;, superaci&oacute;n que s&oacute;lo es posible gracias a la participaci&oacute;n de lo infinito en la relaci&oacute;n; infinito que hace estallar los cuadros de todo contenido pensado donde queda abarcado el otro. Es gracias al concepto de Rostro, que la propuesta levinasiana est&aacute; lejos de ser abstracci&oacute;n te&oacute;rica o idealismo trascendental. Concepto, a nuestro parecer, oportuno para la reflexi&oacute;n contempor&aacute;nea de las Ciencias Sociales; incluso de las Ciencias Naturales, pues la t&eacute;cnica &quot;desmitifica el universo. Deshechiza la naturaleza. Por su universalidad abstracta choca im&aacute;genes y pasiones. Pero ha descubierto al hombre en la desnudez de su rostro&quot; (Levinas, 2004, p. 291).</p>     <p>&quot;Rostro&quot; aqu&iacute; no est&aacute; entendido en su sentido fison&oacute;mico (color de los ojos, forma de la nariz, frescura de las mejillas); es decir, gesto propio de la corporalidad o representaci&oacute;n f&iacute;sica del ser. Para Levinas el &#39;Rostro&#39; es esa &quot;posibilidad que tiene lo humano de significar -en su unicidad, en la unidad de su desembozo y de su mortalidad- el se&ntilde;or&iacute;o de su llamada a mi responsabilidad respecto a &eacute;l&quot; (Levinas, 2001, p. 279). Rostro que se revela al expresarse desde una interioridad; por tanto, es m&aacute;s que imagen que se muestra o cuerpo que realiza; Rostro es relaci&oacute;n asim&eacute;trica en la que Mismo-Otro conservan su total exterioridad por la acci&oacute;n de lo infinito.</p>     <p>Lo infinito de la relaci&oacute;n muestra (revela) un rostro liberado de la mirada abarcante del mismo, decantada, muchas veces, en la mordaz tipificaci&oacute;n de un rol; liberaci&oacute;n que lo deja al desnudo, lejos de todo solapamiento y atributo locuaz; rostro sin adornos, sin encajes decorativos puestos al servicio del Mismo. Gracias al infinito, rostro es rostro en su desnudez. Orfandad <i>que excede el ser sobre la finalidad</i> desligado de toda formalidad tematizante; en su desnudez, su sentido ya no ser&iacute;a para otros sino para s&iacute;. Rostro desnudo que se opone a ser de-velado y ofrecido a los poderes del Mismo; rostro que se &quot;prolonga en la desnudez del cuerpo que siente fr&iacute;o y verg&uuml;enza de su desnudez&quot; (Levinas, 1977, p. 98).</p>     <p>No obstante, &iquest;si el rostro se expone desnudo no correr&iacute;a el riesgo de quedar a merced de los poderes del Mismo? Trampa de apresamiento que Levinas controvierte de dos maneras. En primer lugar, contrario a lo que se podr&iacute;a pensar, el rostro hecho tema o tipificado est&aacute; m&aacute;s al acecho que la indefensi&oacute;n de un rostro puesto al desnudo; el rostro desnudo no s&oacute;lo presenta una orfandad, muestra tambi&eacute;n un se&ntilde;or&iacute;o al revelarse libre de toda adecuaci&oacute;n; por tanto, es alguien que se muestra tal y como es, sin necesidad de dar cuenta de s&iacute;; es por consiguiente lo que es y no lo que el tema hace o dice de &eacute;l; indefenso y revestido de humanidad: su verdadera humanidad. En segundo lugar -y unido a lo anterior- el rostro desnudo se muestra como alguien donde se expone la existencia de un ser que suplica desde su misma humanidad; en &eacute;l podemos ver no s&oacute;lo una verg&uuml;enza sino tambi&eacute;n una miseria; sin embargo, es rostro que exige desde su misma des-protecci&oacute;n. Rostro que &quot;s&oacute;lo puede suplicar porque exige, privado de todo, porque tiene derecho a todo y que se reconoce al dar&quot; (Ib&iacute;d.). Es precisamente en esta segunda contraversi&oacute;n donde Levinas utiliza la palabra Epifan&iacute;a<a name=top9></a><a href="#back9"><sup>9</sup></a>. En la epifan&iacute;a, el rostro se muestra con total se&ntilde;or&iacute;o, como alguien que pide y pone en-cuesti&oacute;n; Otro con rostro que carece de m&aacute;scara por su desnudamiento; en &eacute;l, se ve un hambre y una desnudez hecha indigencia. Rostro que se expresa m&aacute;s all&aacute; de lo dicho y &quot;pide como se pide algo que se ordena, como cuando se dice: &quot;&iexcl;se os ruega que...!&quot;&quot; (Levinas, 1991, p. 92). Epifan&iacute;a del rostro que se revela con indigencia y a su vez con altura: ambig&uuml;edad que se exhibe como despose&iacute;do-se&ntilde;or, hu&eacute;rfano-maestro, extranjero-hermano, siervo-rey.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De esta manera, desnudez y epifan&iacute;a juegan un papel preponderante en el rostro del Otro gracias a la producci&oacute;n de lo infinito<a name=top10></a><a href="#back10"><sup>10</sup></a> en la relaci&oacute;n Mismo-Otro. Por un lado, se encuentra un rostro que exige &quot;otro modo que ser&quot; observado al exponerse desnudo al Mismo; por otro, su desnudez invoca una responsabilidad que va m&aacute;s all&aacute; de la necesidad. Todo esto es posible por la acci&oacute;n desbordante de un pensamiento omni-abarcante; acci&oacute;n que no lo destruye, sino que lo excede y lo estremece en el asombro de una alteridad radical o absoluta. De esta manera, el Rostro no se revela con violencia a la finitud, no se instaura en la negatividad, no es resistencia que arremete y agrede; por el contrario, es rostro que se recibe positivamente al salirse del plano meta-f&iacute;sico del ser para ingresar al plano &eacute;tico de una alteridad absoluta. As&iacute; pues, asumir el rostro en su eticidad es, de entrada renunciar a la posesi&oacute;n de los poderes del mismo, poderes que no lo debilitan; por el contrario, le otorgan su capacidad de poder asumirlo con Altura<a name=top11></a><a href="#back11"><sup>11</sup></a>, invocar por una creatividad tal que obligan al mismo a ser mirado <i>De Otro modo que ser o m&aacute;s all&aacute; de su esencia</i>. Reto imperante que exige a las Ciencias Sociales considerar lo humano m&aacute;s all&aacute; de unos derechos (derechos humanos) y m&aacute;s ac&aacute; de unos deberes (deberes ciudadanos). Reto que se instala en el plano de lo &eacute;tico como lugar de resistencia donde se encuentra &quot;la piel de un Rostro que se mantiene m&aacute;s desnuda, m&aacute;s desprotegida&quot; (Levinas, 1991, p. 79).</p>     <p>Con base en lo anterior, la &eacute;tica que propone Levinas contraviene cualquier resistencia, paraliza los poderes porque otorga poder; es una &eacute;tica hecha rostro de pobre al que todo se debe. Rostro que s&oacute;lo puede darse de manera &eacute;tica porque en ella se desanuda el control y el dominio de toda acci&oacute;n comprehensora. La &eacute;tica revela el rostro en su completa desnudez para que pueda expresar sin la mediaci&oacute;n de la imagen pl&aacute;stica que le opaca. Se otorga poder al Otro para expresarse a trav&eacute;s de su rostro, poderes emergentes de una vida interior que se expresa en el decir del acontecimiento; expresi&oacute;n que s&oacute;lo puede darse en el cara-a-cara, en el solicitar una respuesta a mi llamado y en esperar una pregunta de su discurso; expresi&oacute;n que se impone al Mismo desde una desnudez y un hambre, sin posibilidad de emplazamiento o justificaci&oacute;n por su no entendimiento, &quot;de suerte que, en la expresi&oacute;n, el ser que se impone no limita sino que promueve mi libertad, al suscitar mi bondad&quot; (Levinas, 1991, p. 214). Por consiguiente, reiteramos el interrogante expuesto ya hace algunos a&ntilde;os: &iquest;en la inadecuaci&oacute;n dada por lo infinito es posible un conocimiento del Otro, o estamos condenados a la incertidumbre? La pregunta sigue a&uacute;n vigente y de su posible respuesta depender&aacute; la adopci&oacute;n de distintas posturas epist&eacute;micas para los Estudios Sociales (Aguirre y Jaramillo, 2006, p. 67).</p>     <p>Concluyendo con el presente apartado, podemos decir que el rostro, m&aacute;s que ente que se expresa facialmente (<i>le visage</i>), es Rostro porque habla, que se revela en lo infinito para dar testimonio del mandato originario que precede todo pensamiento de adecuaci&oacute;n. Antes de cualquier develamiento del ser, antes de cualquier acci&oacute;n tematizante, antes de cualquier constataci&oacute;n objetiva; incluso, antes de cualquier virtuosidad hecha caridad, gritar&aacute; la voz del &quot;Rostro&quot; para resistir cualquier enmascaramiento; su desnudez desdice el dicho que lo cubre para revelarse (y rebelarse)<a name=top12></a><a href="#back12"><sup>12</sup></a> fuera de todo enmascaramiento hecho obra. Conocimiento ya no de lo adecuado sino de lo &quot;Deseable&quot;, que como se expresaba anteriormente: es &quot;Deseo &#91;que&#93; mide al infinito porque es medida en tanto que imposibilidad misma de medida&quot; (Levinas, 1977, p. 285). As&iacute; podr&iacute;amos decir que: la desmesura medida por el Deseo es Rostro.</p>     <br>     <p><font size="3"><b>4. Lenguaje y Ciencias Sociales: entre la ret&oacute;rica de la injusticia y la instauraci&oacute;n de la significaci&oacute;n</b></font></p>     <p>La cr&iacute;tica levinasiana a la totalidad y la propuesta de recibir al Otro como infinito nos han llevado a considerar el Rostro como posibilidad de relaci&oacute;n; obviamente, la infinitud del Otro no puede caer en las abstracciones que caracterizan la totalidad, aunque tampoco pueden reducirlo a mera carne y figura. El apartado anterior termin&oacute; reivindicando la voz del Rostro y, en efecto, el lenguaje juega un rol central en la propuesta de Levinas. Pero, &iquest;acaso el lenguaje no ha sido una cuesti&oacute;n recurrente, al menos en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas?, &iquest;est&aacute; Levinas en la onda de lo que se denomin&oacute; el &quot;giro ling&uuml;&iacute;stico&quot;? Sin lugar a dudas, su propuesta con respecto al lenguaje merece un amplio y detenido desarrollo, pues la forma de tejer sus ideas puede llevarnos a parajes muy lejanos a los que originalmente quiere conducirnos. El an&aacute;lisis en este apartado se dedicar&aacute; a mostrar c&oacute;mo el lenguaje se puede tornar ret&oacute;rica que confunde y seduce; de igual modo, se ligar&aacute; discurso y &eacute;tica y, finalmente, se propondr&aacute; c&oacute;mo las Ciencias Sociales est&aacute;n llamadas a instaurar la significaci&oacute;n.</p>     <p>Partamos de la premisa seg&uacute;n la cual la verdad que brota de la relaci&oacute;n Mismo-Otro asume un sentido dual: por un lado, si se entiende en su originalidad, impide la adecuaci&oacute;n, pues cada uno conserva la autonom&iacute;a del ser separado; por otro lado, permite franquear la distancia, aunque sin formar totalidad con la &quot;otra orilla&quot;. Lo que permite establecer relaci&oacute;n, en este segundo modo, reposa en el lenguaje: &quot;relaci&oacute;n en la que los t&eacute;rminos se absuelven en la relaci&oacute;n, siguen siendo absolutos en la relaci&oacute;n. Sin esta absoluci&oacute;n, la distancia absuelta de la metaf&iacute;sica ser&iacute;a ilusoria&quot; (Levinas, 1977, p. 87). De manera que sin el lenguaje, no habr&iacute;a posibilidad de alcanzar la verdad y, m&aacute;s que eso, no habr&iacute;a ninguna posibilidad de encuentro con el Otro, con su Rostro pues, en definitiva, &quot;el rostro es una presencia viva, es expresi&oacute;n &#91;...&#93; El rostro habla. La manifestaci&oacute;n del rostro es ya discurso<a name=top13></a><a href="#back13"><sup>13</sup></a>&quot; (Levinas, 1977, p. 89).</p>     <p>Hay que aclarar, pese a todo, que cuando se habla de lenguaje es preciso hacer ciertas distinciones, pues no todo discurso es relaci&oacute;n con la exterioridad. Es muy com&uacute;n leer reflexiones sobre el lenguaje y su relevancia en la investigaci&oacute;n cualitativa, sin embargo, muchas de tales reflexiones podr&iacute;an caer en lo que Levinas denomina ret&oacute;rica la cual, aunque conserva un tipo de relaci&oacute;n interpersonal (no es entre persona y cosa, sino entre persona y persona; recordemos que a&uacute;n la ret&oacute;rica sigue siendo discurso y, en esa medida, solicita el libre asentimiento del otro), plantea tal relaci&oacute;n en t&eacute;rminos de violencia: &quot;la naturaleza espec&iacute;fica de la ret&oacute;rica (de la propaganda, de la adulaci&oacute;n, de la diplomacia, etc.) consiste en corromper esta libertad. Por esto es violencia por excelencia, es decir, injusticia&quot; (Levinas, 1977, p. 93). Esto se hace evidente cuando se desarrollan, por ejemplo, investigaciones sobre lo &eacute;tnico, con el inter&eacute;s de configurar representaciones id&iacute;licas sobre las personas que conforman una comunidad, deformando sus propias vivencias en aras de un mercado acad&eacute;mico que demanda relatos ex&oacute;ticos. Tambi&eacute;n es el caso de investigaciones que responden a intereses de clase o a intervencionismos sociales, en las cuales el investigador se yergue como el detentor de respuestas o soluciones, aguijoneador de las conciencias dormidas.</p>     <p>La recuperaci&oacute;n del lenguaje como posibilidad de encuentro, como conversaci&oacute;n16, se hace vital en las Ciencias Sociales, tanto en su l&iacute;nea epistemol&oacute;gica como metodol&oacute;gica. En Levinas, es necesario renunciar a las pretensiones ret&oacute;ricas inmersas en lo que &eacute;l denomina <i>psicagogia, demagogia, pedagog&iacute;a</i>; es decir, hay que abordar al Otro no mediante escorzos o perfiles tematizantes, sino de frente, en un verdadero discurso: &quot;es necesaria la relaci&oacute;n del discurso para &quot;dejarlo ser&quot;: el &quot;develamiento&quot; puro, en el que se propone como un tema, no lo respeta suficientemente. <i>Llamamos justicia a este acceso de cara, en el discurso</i>&quot; (Levinas, 1977, p. 94). Como puede notarse, el lenguaje se desplaza ahora de su mera pretensi&oacute;n cognoscitiva hacia una dimensi&oacute;n de justicia. No obstante, justicia en Levinas no remite a igualdad entre personas; &eacute;l es claro en reclamar que el Otro es Maestro, del Otro yo aprendo, el Otro no es igual a m&iacute;, el Otro me trasciende en su Altura; de esta manera se constituye la posibilidad de la verdad. En consecuencia, &quot;la sociedad no se desprende de la contemplaci&oacute;n de lo verdadero, la relaci&oacute;n con el otro, nuestro maestro, hace posible la verdad. La verdad se conecta a la relaci&oacute;n social que es justicia. La justicia consiste en reconocer en otro a mi maestro&quot; (Levinas, 1977, p. 95).</p>     <p>As&iacute; pues, la reflexi&oacute;n sobre el lenguaje se anclar&iacute;a en el terreno &eacute;tico. Tradicionalmente se ha visto el di&aacute;logo como un encuentro de personas que utilizan el lenguaje para exponer sus razones en aras de consenso o aclaraci&oacute;n; en ese sentido, se requerir&iacute;a un lenguaje com&uacute;n, una raz&oacute;n com&uacute;n en la que se traduzca lo pensado: &quot;s&oacute;lo habr&iacute;a raz&oacute;n en el individuo pensante en la medida en que entrase &eacute;l mismo en su propio discurso, en el que, en el sentido etimol&oacute;gico del t&eacute;rmino, el pensamiento comprender&iacute;a al pensador, lo englobar&iacute;a&quot; (Levinas, 1977, p. 96). Discurso es tradicionalmente entendido, entonces, como un decir coherente, como coherencia de los conceptos y, en conclusi&oacute;n, se suprimir&iacute;a lo irracional (incluido, claro est&aacute;, lo sensible) en aras de una argumentaci&oacute;n l&oacute;gicamente construida. Levinas ve en esto una supresi&oacute;n de lo Otro, pues lo Otro existe en el discurso en tanto pueda ser representado y pensado y, como anotamos anteriormente, la representaci&oacute;n y el pensamiento se inscriben en el &aacute;mbito del sistema, de la <i>Totalidad</i>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, la obra del lenguaje no puede reducirse a un juego de razones y a un intento por acoplarlas con las exigencias de un sistema universal; en vez de ello, tal obra:</p>     <p>Consiste en entrar en relaci&oacute;n con una desnudez desligada de toda forma, pero que tiene un sentido por s&iacute; misma &#91;...&#93;, que significa antes que proyectemos la luz sobre ella &#91;...&#93; La desnudez del rostro no es lo que se ofrece a m&iacute; para que lo devele y que, por esto, me ser&iacute;a ofrecido, a mis poderes, a mis ojos, a mis percepciones en una luz exterior a &eacute;l. El rostro se ha vuelto hacia m&iacute; y es esa su misma desnudez. <i>Es</i> por s&iacute; mismo y no con referencia a un sistema (Levinas, 1977, p. 98).</p>     <p>Este <i>por s&iacute; mismo</i>, no tematizado como se tematizan los objetos, es la desnudez de un Rostro que siente hambre y fr&iacute;o, Rostro indigente; su reconocimiento no se traduce en darle una categor&iacute;a ni filos&oacute;fica, ni sociol&oacute;gica, ni antropol&oacute;gica; reconocer es dar: &quot;pero dar al maestro, al se&ntilde;or, al que se aborda como &quot;Usted&quot; en una dimensi&oacute;n de grandeza&quot; (Levinas, 1977, pp. 98-99). De este modo, el lenguaje podr&aacute; asumir otra caracter&iacute;stica en las Ciencias Sociales, la de instaurar originalmente la significaci&oacute;n; obviamente, ya lo hab&iacute;amos visto con la hermen&eacute;utica, las Ciencias Sociales han tenido siempre esta pretensi&oacute;n; sin embargo, lo han hecho encerrados en el juego de los signos. Seg&uacute;n Levinas, si intentamos comprender la significaci&oacute;n a trav&eacute;s de los signos, continuar&iacute;amos reduciendo el Otro a simple representaci&oacute;n, imagen congelada en la conciencia. La significaci&oacute;n aut&eacute;ntica (cuyo acontecimiento original es el cara-a-cara) es la que hace posible todo signo (Aguirre y Jaramillo, 2006).</p>     <p>En conclusi&oacute;n, el lenguaje no sucumbe ante la pretensi&oacute;n de su comprensi&oacute;n, de encerrarlo en un sistema de signos susceptible de codificaci&oacute;n o decodificaci&oacute;n; el lenguaje trasciende la reciprocidad de los t&eacute;rminos, aunque posibilita el encuentro. Es de resaltar que el lenguaje no se plantea en neutralidades conceptuales, sino que asume el car&aacute;cter de conversaci&oacute;n donde el Otro se revela en su rostro y es recibido en su manifestaci&oacute;n previa a cualquier objetivaci&oacute;n. La funci&oacute;n de las Ciencias Sociales de instaurar significado consistir&aacute; en dislocar la obsesi&oacute;n por el sentido y acoger la <i>responsabilidad para con el Otro</i>, lo que en &uacute;ltimas significa invocar la pasividad de un yo tradicionalmente activo y orgulloso en su conciencia, conciencia que fracasa al pretender ser Midas que convierte todo en representaci&oacute;n.</p>     <br>     <p><font size="3"><b>5. Aproximaciones epistemol&oacute;gicas</b></font></p>     <p>Como lo expresamos anteriormente, la Ciencias Sociales habr&iacute;an de nacer a mediados del siglo XIX en contraposici&oacute;n a unas Ciencias Naturales imperantes, que erig&iacute;an su m&eacute;todo (nomot&eacute;tico) como acci&oacute;n de validez vinculante entre hecho y teor&iacute;a. Su emergencia se hizo manifiesta por problemas de tipo social que poco importaban a los cient&iacute;ficos &quot;naturales&quot; y que s&iacute; empezaron a ser apremiantes en otros c&iacute;rculos de reflexi&oacute;n o ciencias noveles como la Historia, la Econom&iacute;a y la Sociolog&iacute;a. Estas ciencias, en sus primeros desarrollos, comenzar&iacute;an a preguntarse por la estructura de la sociedad, la manera como se sistematiza la historia, y con ella, las diferentes acciones e interacciones humanas. No obstante, en un intento de sistematizaci&oacute;n, &eacute;stas ceden a la tentaci&oacute;n de presentar sus hallazgos te&oacute;ricos o investigaciones bajo el modelo cl&aacute;sico de ciencia newtoniana (Gait&aacute;n, 2008).</p>     <p>Con ellas, el positivismo es puesto en cuesti&oacute;n para abrir paso a tradiciones filos&oacute;ficas como la hermen&eacute;utica, llevando as&iacute; a una disputa metodol&oacute;gica: ciencias nomot&eacute;ticas y ciencias ideogr&aacute;ficas. En las primeras, el investigador cuestiona la naturaleza y le exige por tanto un saber; es un sujeto activo que se formula permanentemente hip&oacute;tesis y teor&iacute;as, plantea instrumentos cada vez m&aacute;s precisos, contrasta coherentemente sus conjeturas y las expresa en un lenguaje matem&aacute;tico explicando la realidad. En las segundas, por el contrario, m&aacute;s que interrogar la naturaleza, se preguntan por un sujeto hist&oacute;rico a partir de su pertinencia con la realidad donde las instituciones y construcciones humanas son vistas como expresiones de la vida o como bien lo llamara Dilthey: &quot;Las Ciencias del Esp&iacute;ritu&quot;.</p>     <p>Precisamos, entonces, que las diferencias entre ambas tradiciones no fueron solamente cuestiones de procedimiento -as&iacute; en sus comienzos haya sido el punto m&aacute;s &aacute;lgido para la discusi&oacute;n, Levinas dir&aacute;: &quot;Su verdad primera es de orden metodol&oacute;gico&quot; (1998b, p. 81)-; sin embargo, es necesario precisar que las diferencias tambi&eacute;n estribaron en una serie de dificultades relacionadas con un conocimiento de lo social, el papel del cient&iacute;fico y los procesos de relaci&oacute;n &quot;objetiva&quot; entre investigadores e investigados. Diferencias como:</p> <ul>Los objetos de estudio (personas o cosas), la parcial identidad que se establece entre sujeto y objeto de conocimiento (lo que ocasiona que el investigador se vea afectado y a su vez afecte de modos diversos a sus objetos), la obtenci&oacute;n de un conocimiento basado en leyes (la dificultad de generalizaci&oacute;n propia de muchos campos de lo social) y finalmente, los dilemas &eacute;ticos vinculados a la experimentaci&oacute;n en el &aacute;mbito de lo humano (Gait&aacute;n, 2008, p. 2).     </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo, a pesar de la marcada diferencia entre ambas, las Ciencias Sociales a&uacute;n no han podido desprenderse con total independencia de la tradici&oacute;n newtoniana, en tanto, a&uacute;n le apuestan a cierta neutralidad valorativa, a la creaci&oacute;n de leyes generales con un soporte emp&iacute;rico y a la conformaci&oacute;n de comunidades que validan sus avances heur&iacute;sticos y de investigaci&oacute;n. Las Ciencias Sociales a&uacute;n siguen siendo extra&ntilde;as para el concierto general de los seres humanos, como lo expresara Fuller (1997, p. 1): &quot;Normalmente pensamos acerca de la ciencia como diferente del resto de la sociedad, para pensarla como una actividad social normal, necesitamos alejarnos de nuestra actitud normal hacia ella, parece que al p&uacute;blico se le da s&oacute;lo un grupo de lentes con los cuales observar la ciencia contempor&aacute;nea&quot;. A&uacute;n as&iacute;, cada vez es m&aacute;s creciente el n&uacute;mero de cient&iacute;ficos sociales que establecen procesos de empat&iacute;a con los sujetos de su estudio y se abstienen de hacer generalizaciones demasiado amplias en sus postulados; ello gracias a la flexibilidad de los dise&ntilde;os cualitativos y la multiplicidad de m&eacute;todos que cada vez son m&aacute;s crecientes en los &aacute;mbitos de la investigaci&oacute;n social.</p>     <p>Lamentablemente, la pertinencia de las Ciencias Sociales se ha centrado, en muchas ocasiones, en la multiplicidad metodol&oacute;gica y no en ser abordada desde sus fundamentos &eacute;ticos y epistemol&oacute;gicos. Preocupaci&oacute;n indispensable, ya que no enfocar&iacute;a la reflexi&oacute;n s&oacute;lo en los procedimientos, sino que ir&iacute;a -a las cosas mismas- de las ciencias del hombre: el ser humano y sus procesos de interacci&oacute;n. He ah&iacute; la pertinencia de un autor como Levinas, pues &eacute;ste se separa de una visi&oacute;n filos&oacute;fica moderna de univocidad met&oacute;dica de asunci&oacute;n del otro (la linealidad Mismo-Otro), para instalarse en los campos de una &eacute;tica como filosof&iacute;a primera en tanto alteridad y trascendencia.</p>     <p>Si bien Levinas no centr&oacute; su pensamiento en la fundamentaci&oacute;n de las Ciencias Sociales, s&iacute; podemos otear en sus reflexiones posibilidades de <i>fecundaci&oacute;n epist&eacute;mica</i><a name=top14></a><a href="#back14"><sup>14</sup></a> acerca de nuestra concepci&oacute;n y acercamiento al Otro. Intentar deshechizar las ciencias de su cerraz&oacute;n te&oacute;rica y humanismo pueril, que muchas veces se traslapan en discursos clericales y rom&aacute;nticos ocultando un mundo lleno de exclusi&oacute;n y miseria, trampa en la que cay&oacute; el humanismo europeo al instaurarse en la impronta ambigua del discurso ret&oacute;rico, sin contacto con una realidad donde habitan los excluidos y los explotados.</p>     <p>En tal sentido, bosquejamos tres postulados cr&iacute;ticos con el fin de abrir una nueva brecha para pensar la investigaci&oacute;n social. El primer postulado tiene que ver con el formalismo social impuesto para domesticar las acciones humanas: el investigador, gracias a sus presupuestos te&oacute;ricos, se convierte en sujeto de obras para decir y pos-decir todo acerca del sujeto investigado, lugar de adecuaci&oacute;n que oculta o enmascara su rostro, dej&aacute;ndolo a entera disposici&oacute;n de la obra<a name=top15></a><a href="#back15"><sup>15</sup></a>. El segundo tiene que ver con visiones maniqueas e id&iacute;licas que se tienen acerca del otro investigado, puntos de vista que terminan alineando la singularidad a la mismidad del investigador. El tercer punto cr&iacute;tico hace referencia a los procesos de formaci&oacute;n de los investigadores sociales; procesos en los que se les forma para explicar o comprender a las comunidades locales bajo la mismidad de una sociedad injusta que discursivamente apela a derechos de igualdad. A continuaci&oacute;n explicitaremos de manera sucinta cada uno de ellos.</p>     <p><b>El formalismo de las pr&aacute;cticas sociales</b>: para Foucault (2001) el surgimiento de las Ciencias Sociales se encontr&oacute; ligado a la emergencia de disciplinas como un intento de abordar las pr&aacute;cticas sociales de los sujetos; los saberes que comportan dichas pr&aacute;cticas hacen parte de las formas de relaci&oacute;n intersubjetiva. De este modo, a las disciplinas, en su intento de volverse omni-comprensivas, se les escaparon los saberes a trav&eacute;s de los intersticios de sus postulados cient&iacute;ficos; son los sujetos sociales los que significan el mundo emancipadamente. Los saberes son pr&aacute;cticas que van m&aacute;s all&aacute; de las disciplinas o ciencias humanas; saberes que las desbordan porque son parte, seg&uacute;n Levinas del &quot;misterio humano&quot;; as&iacute; sea &quot;denunciado &#91;por &eacute;stas&#93; como ignorancia y opresi&oacute;n&quot; (1998b, p. 82).</p>     <p>Por lo general, en investigaci&oacute;n se da m&aacute;s preeminencia a antecedentes de marcos l&oacute;gicos en torno a un objeto de estudio (que obviamente son importantes), que a las pr&aacute;cticas de los sujetos relacionados con esos saberes. Los tiempos internos de los sujetos implicados son igualmente importantes en la configuraci&oacute;n del proyecto, tanto como los referentes conceptuales que los sustentan. En tal sentido, se hace necesaria esa actitud fenomenol&oacute;gica del investigador del <i>ir a las cosas mismas</i>, &quot;lo que significa ante todo no atenerse a las palabras que s&oacute;lo mientan una realidad ausente&quot; (Levinas, 2005b, p. 68), realidad no percibida, escondida en las hojas de los libros, privada de ser tocada. Esto invoca a que el investigador se pregunte si el conocimiento emergente de su proyecto proviene de un mundo te&oacute;rico objetivo o si, por el contrario, tiene m&uacute;ltiples formas de trabajo cient&iacute;fico; es decir, est&aacute; regado en novelas, relatos, expresiones art&iacute;sticas, reportajes, etc. (Jaramillo, 2006).</p>     <p><b>La visi&oacute;n del Otro:</b> una preocupaci&oacute;n principal en las Ciencias Sociales son los sujetos sociales; seres que responden a heterogeneidades caracterizadas por tiempos y lugares construidos objetiva y subjetivamente, &quot;actores&quot;<a name=top16></a><a href="#back16"><sup>16</sup></a> -y no objetos- que hacen parte de los procesos de investigaci&oacute;n (Zemelman, 2006). A veces se considera que por tratarse de seres humanos, se tiene una total comprensi&oacute;n acerca de la trascendencia y altura del Otro en sus procesos de alteridad; sin embargo, en la praxis, el otro que se estudia se torna instrumental. Lo anterior, se presenta desde dos perspectivas: la primera tiene que ver con ir al otro en posici&oacute;n de superioridad donde se nos vuelve tema de estudio; se compartimentaliza a fin de ser tratado como poblaci&oacute;n objeto de una investigaci&oacute;n. As&iacute;, terminamos considerando al otro como <i>exterioridad</i> (como alguien que se encuentra fuera de m&iacute;), o como negatividad (distinto a m&iacute;), o como <i>tem&aacute;tica de estudio</i> (as&iacute; no hablaremos de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as sino de infancia o de pobres sino de pobreza) (Skliar, 2006, p. 256). En el segundo caso, el investigador va con una mirada m&aacute;s implicativa, con su conciencia abarcadora que el otro no es s&oacute;lo fuente de datos sino alguien igual a m&iacute;; adecuaci&oacute;n del otro a partir de la experiencia del mismo. En ambas posiciones el otro pasa a ser un an&oacute;nimo, ser de obras que circula de mano en mano, constatado a partir de pre-figuraciones emp&iacute;ricas y moldeado perfectamente al gran corpus de la teor&iacute;a.</p>     <p>Recordemos que para Levinas el otro no es adecuaci&oacute;n a un sujeto cognoscente, sino que es un sujeto que se nos presenta como rostro; rostro en la medida que no es reductible a la apariencia, ni menos a caretas de personajes. Para tal fin, se hace &quot;necesario que aparezcamos el uno para el otro, no como si estuvi&eacute;ramos yuxtapuestos, sino convencidos de que yo soy mi exterior y el cuerpo del otro es &eacute;l mismo. Sin esta concepci&oacute;n, seguir&iacute;a el pensador &#91;investigador&#93; creyendo que el cuerpo del otro es un accidente que obstaculiza su objetivaci&oacute;n; o, a lo mejor, reduciendo el Otro al Mismo, creyendo totalizar el infinito que encierra&quot; (Aguirre, 2006b, p. 71). La formaci&oacute;n de los conceptos que se tienen del Otro es m&aacute;s que alcanzar conocimiento a partir de consensos en los que se garantizar&iacute;a la objetividad del saber, siempre y cuando haya un acuerdo entre las m&uacute;ltiples subjetividades. El Otro nos &quot;arranca de nuestra hip&oacute;stasis, del aqu&iacute;, del coraz&oacute;n del ser o del centro del mundo en donde yo me pongo a m&iacute; mismo como privilegiado &#91;...&#93; la reducci&oacute;n intersubjetiva describe la posibilidad asombrosa o traum&aacute;tica de ese desenga&ntilde;o en el que el yo, frente al otro, se libera de s&iacute;, despierta de su sue&ntilde;o dogm&aacute;tico&quot; (Levinas, 2001b, p. 109).</p>     <p>Este proceso de ver al otro como absolutamente Otro pasa a ser de vital importancia en las Ciencias Sociales, pues la visi&oacute;n que se tenga del Otro, partir&aacute; su relaci&oacute;n intersubjetiva y los ensanchamientos de horizonte de vida; lo que va m&aacute;s all&aacute; de ser una relaci&oacute;n cognitiva, relaci&oacute;n m&aacute;s bien &eacute;tica y espiritual: &quot;quiz&aacute;s lo espiritual no muestre -no revele- su especificidad m&aacute;s que cuando se interrumpe la rutina del ser: en la extra&ntilde;eza de unos humanos ante los otros, que sin embargo son capaces de una sociedad cuyo v&iacute;nculo ya no es la integraci&oacute;n de las partes en un todo (Levinas, 2002, p. 117). Amar al Otro en la no-indiferencia, sino en su rostro humano es nuestro principal reto en la investigaci&oacute;n.</p>     <p><b>Formando en la Totalidad</b>: La &eacute;poca moderna se caracteriz&oacute; por una formaci&oacute;n que propugnaba la experticia, el desarrollo de talentos y el tener cierta edad para resolver problemas del mundo adulto. Formarse quer&iacute;a decir aquellas obligaciones que tiene el sujeto para consigo mismo al no dejar oxidar los propios talentos. Concepto Kantiano de formaci&oacute;n que se alejaba de la vida y la vivencia que, seg&uacute;n Gadamer, son aquellas disposiciones que tienen en cuenta la experiencia del sujeto que se forma a partir de la interacci&oacute;n. Humboldt sugiere un sentido de formaci&oacute;n que diferencia la cultura (que seg&uacute;n la modernidad forma para la t&eacute;cnica y el talento) de la formaci&oacute;n del ser: &quot;cuando en nuestra lengua decimos formaci&oacute;n (Bildung)20, nos referimos a algo m&aacute;s elevado y m&aacute;s interior, al modo de percibir que procede del conocimiento y del sentimiento de toda la vida espiritual y &eacute;tica y se derrama armoniosamente sobre la sensibilidad y el car&aacute;cter (Gadamer, 1983, p. 86). Formaci&oacute;n en este sentido, no quiere decir s&oacute;lo el desarrollo de talentos o capacidades, ella es y hace parte de la vida interior del hombre.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la formaci&oacute;n no s&oacute;lo intervienen las capacidades y talentos de una raz&oacute;n ilustrada, tambi&eacute;n participa una vida valorada y fundamentada en una &eacute;tica no impuesta en procesos de alteridad. Formaci&oacute;n que emerge en el devenir del tiempo, que hace historia y se dinamiza al no quedarse s&oacute;lo en lo experto de la academia, sino que trasciende, avanza y toca al sujeto en su multi-dimensionalidad. En el &aacute;mbito formativo, se observa que las Ciencias Sociales le apuestan a un sujeto que necesita ser formado para cierto tipo de sociedad; es decir, el otro se forma con base al tipo de hombre y humanismo imperante; y ello no s&oacute;lo desde los &aacute;mbitos escolares, sino en la manera como se instruye a los cient&iacute;ficos actuales. Un investigador que plantea postulados para la mismidad de la sociedad presente (<i>Totalidad</i>) y que poco cuestiona tal alienaci&oacute;n, se convierte en un ser preso de fuerzas que los dirigen a sus espaldas y toma prestado un sentido para seguirse moviendo en medio de sus obras (Levinas, 1977). Se entrena un investigador para que compruebe teor&iacute;as producto de observaciones emp&iacute;ricas que posteriormente constata y presenta a un p&uacute;blico ilustrado; sin embargo, la vida, la verdadera vida &#91;...&#93; a&uacute;n sigue ausente.</p>     <br> <hr size="1">     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     <p><a name="back1"></a><a href="#top1">1</a> El presente art&iacute;culo hace parte de las discusiones del grupo de investigaci&oacute;n: Fenomenolog&iacute;a y Ciencias; reflexiones que se vienen desarrollando desde el a&ntilde;o 2004 y que se consolidan en l&iacute;neas te&oacute;ricas que involucran tanto cuestiones epistemol&oacute;gicas, como rutas de acci&oacute;n en Investigaci&oacute;n para las Ciencias Sociales y las Did&aacute;cticas de las Ciencias.</p>     <p><a name="back2"></a><a href="#top2">2</a> Una primera reconstrucci&oacute;n fue hecha en Aguirre y Jaramillo (2006), aunque en ella s&oacute;lo se abord&oacute; la relaci&oacute;n objeto-sujeto en la investigaci&oacute;n en Ciencias Sociales y la superaci&oacute;n de tal dicotom&iacute;a a partir de la propuesta levinasiana.</p>     <p><a name="back3"></a><a href="#top3">3</a> La&#39;<i>concepci&oacute;n heredada</i>&#39; (<i>received view</i>) es el nombre con el que se agrupa a los fil&oacute;sofos de la ciencia que surgieron en el per&iacute;odo entre guerras (siglo XX) y que tuvieron enorme vigencia hasta el advenimiento de la Revuelta Historicista (Kuhn, Lakatos, Feyerabend, Toulmin y otros). Entre los fil&oacute;sofos de la ciencia de ese per&iacute;odo se encuentran los fil&oacute;sofos del C&iacute;rculo de Viena, los del C&iacute;rculo de Berl&iacute;n y Popper.</p>      <p><a name="back4"></a><a href="#top4">4</a> Muchas discusiones sobre estos temas se han agrupado bajo la denominaci&oacute;n Science Wars (para una protohistoria de las<i> Guerras de la ciencia</i>, ver Theocharis, 1997).</p>      <p><a name="back5"></a><a href="#top5">5</a> Asumimos como Revoluci&oacute;n Copernicana, no s&oacute;lo el dato hist&oacute;rico de la intuici&oacute;n helioc&eacute;ntrica, sino el profundo impacto que esto tuvo en el pensamiento moderno; en este sentido, por Revoluci&oacute;n Copernicana retomamos el optimismo kantiano para quien &quot;la raz&oacute;n s&oacute;lo reconoce lo que ella misma produce seg&uacute;n su bosquejo &#91;...&#93; La raz&oacute;n tiene que anticiparse con los principios de sus juicios de acuerdo con leyes constantes y &#91;...&#93; tiene que obligar a la naturaleza a responder sus preguntas, pero sin dejarse conducir con andaderas &#91;...&#93; La raz&oacute;n debe abordar la naturaleza &#91;pero&#93; no lo har&aacute; en calidad de disc&iacute;pulo que escucha todo lo que el maestro quiere, sino como juez designado que obliga a los testigos a responder a las preguntas que &eacute;l les formula&quot; (Kant, 2000, p. 18).</p>      <p><a name="back6"></a><a href="#top6">6</a> Por heur&iacute;stica se entiende aqu&iacute; el conjunto de t&eacute;cnicas usadas para indagar y descubrir.</p>     <p><a name="back7"></a><a href="#top7">7</a> Aunque generalmente este concepto ha sido ligado a la divinidad y el propio Levinas es un fil&oacute;sofo que no reh&uacute;sa su ser jud&iacute;o, Infinito es uno de los t&eacute;rminos que m&aacute;s desarrollo filos&oacute;fico ha tenido dentro de la obra del autor. Para las pretensiones del art&iacute;culo, nos bastar&aacute; consignar que Infinito en Levinas no tendr&aacute; ninguna referencia teol&oacute;gica ni abstracta; para &eacute;l: &quot;la experiencia, la idea de lo infinito, est&aacute; en la relaci&oacute;n con el Pr&oacute;jimo. La idea de lo infinito es la relaci&oacute;n social&quot; (Levinas, 2005a, p. 247).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back8"></a><a href="#top8">8</a> En entrevista con Ph Nemo, Levinas corrige a &eacute;ste cuando pregunta &iquest;en qu&eacute; consiste y para qu&eacute; sirve una fenomenolog&iacute;a del rostro? Ante lo cual &eacute;l responde que &quot;no se puede hablar de una fenomenolog&iacute;a del rostro en tanto la fenomenolog&iacute;a describe lo que aparece; por lo mismo, tampoco se podr&iacute;a hablar de una mirada vuelta hacia el rostro, pues la mirada es conocimiento y percepci&oacute;n (Levinas, 1991, p. 79). Se presenta as&iacute; una doble mistificaci&oacute;n: la primera se relaciona con la mirada vuelta hacia &#91;...&#93;, lugar com&uacute;n en el mundo donde la filosof&iacute;a moderna ha apresado el rostro en la correlaci&oacute;n saber-ser; la segunda mistificaci&oacute;n hace alusi&oacute;n a la conciencia intencional, lugar donde se adec&uacute;a perfectamente el rostro en tanto, fenomenol&oacute;gicamente en este caso, todo rostro ser&iacute;a rostro de o rostro para&#91;...&#93;En ambos casos, se presenta el rostro como objeto, como tema, donde &quot;ser objeto, ser tema, es ser aquel del cual puedo hablar con alguien que ha atravesado el plano del fen&oacute;meno y me ha asociado a &eacute;l&quot; (Levinas, 1977, p. 122).</p>     <p><a name="back9"></a><a href="#top9">9</a> Este t&eacute;rmino podr&iacute;a entenderse, atendiendo a su etimolog&iacute;a, a la presentificaci&oacute;n del Otro como &quot;manifestaci&oacute;n&quot;. El t&eacute;rmino ha adquirido matices sagrados, por lo que la &quot;epifan&iacute;a&quot; podr&iacute;a definirse como la revelaci&oacute;n del Otro, entendido &eacute;ste como dotado de &quot;santidad&quot; o absoluta separaci&oacute;n.</p>     <p><a name="back10"></a><a href="#top10">10</a> Producci&oacute;n entendida en su doble acepci&oacute;n: como verbo esencial de la operaci&oacute;n por la cual a la vez, se gesta el ser de una entidad y por la cual se revela (Levinas, 1977).</p>     <p><a name="back11"></a><a href="#top11">11</a> La idea de altura concilia la contradicci&oacute;n que opone espontaneidad a sumisi&oacute;n: si la sumisi&oacute;n al Otro (<i>Autrui</i>) no le arrebata al acto su dignidad de movimiento espont&aacute;neo, es que el Otro (Autrui) no est&aacute; solamente <i>fuera</i>, sino ya como altura (Levinas, 2001&ordf;, p. 103).</p>     <p><a name="back12"></a><a href="#top12">12</a> Para una mejor comprensi&oacute;n de este aparente juego de palabras, ver: Jaramillo, 2008.</p>     <p><a name="back13"></a><a href="#top13">13</a> En este sentido, &#39;discurso&#39; no se plantea como un decir hueco, como palabrer&iacute;a agotada. Seg&uacute;n Levinas: &quot;El discurso no es simplemente una modificaci&oacute;n de la intuici&oacute;n (o pensamiento), sino una relaci&oacute;n original con el ser exterior&quot; (Levinas, 1977: 89).</p>     <p><a name="back14"></a><a href="#top14">14</a> Como adecuadamente lo plantea Hendley: &quot;Lo que parece que necesita aqu&iacute; Levinas es una explicaci&oacute;n de c&oacute;mo &quot;todo recurso a las palabras&quot; presupone un uso conversacional del lenguaje y, por tanto, el sentido de obligaci&oacute;n con el otro exigido por esa pr&aacute;ctica conversacional&quot; (2004, pp. 154-155). Es necesaria una reflexi&oacute;n multidisciplinaria sobre el fen&oacute;meno de la conversaci&oacute;n, en la medida en que es el &aacute;mbito por excelencia, la reflexi&oacute;n sobre lo humano (una aproximaci&oacute;n a esta discusi&oacute;n puede encontrarse en Aguirre, 2006a).</p>     <p><a name="back15"></a><a href="#top15">15</a> &#39;Epistemolog&iacute;a fecundante&#39; entendida como aquella que lleva consigo un pensamiento reflexivo del conocimiento en confrontaci&oacute;n consigo mismo, con sus pares e impares (otros) y con su mundo; epistemolog&iacute;a movida por el viento, la cual reacciona frente a aquellos adelantos cient&iacute;ficos que el sujeto se niega aceptar, ciega y acr&iacute;ticamente. Lo producido &quot;como cient&iacute;fico&quot;, por el cient&iacute;fico social y natural, debe ser continuamente depurado en procesos subjetivos e intersubjetivos de reflexi&oacute;n (Jaramillo, 2003).</p>     <p><a name="back16"></a><a href="#top16">16</a> Por &#39;obras&#39; entendemos aquellas producciones que del intelecto humano, se condensan en textos escritos, y que reflejan un conocimiento cerrado y objetivo de la realidad.</p>     <p><a name="back17"></a><a href="#top17">17</a> Dado que &#39;actor&#39; puede connotar cierta simulaci&oacute;n, asumimos mejor la noci&oacute;n de sujeto, el cual no es una simple forma de la raz&oacute;n, sino Sujeto en tanto &quot;es capaz de movilizar el c&aacute;lculo y la t&eacute;cnica del mismo modo que la memoria y la solidaridad, y sobre todo al combatir, indignarse, esperar, inscribir su libertad personal en las batallas sociales y liberaciones culturales. El sujeto, m&aacute;s a&uacute;n que raz&oacute;n, es libertad, liberaci&oacute;n y rechazo&quot; (Touraine, 2000, p. 67).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back18"></a><a href="#top18">18</a> El t&eacute;rmino alem&aacute;n &#39;<i>Bildung</i>&#39;, que se traduce como &quot;formaci&oacute;n&quot;, lo entendemos como la cultura que posee el individuo como resultado de su formaci&oacute;n en los contenidos de la tradici&oacute;n de su entorno.</p>     <br>  <hr size="1">     <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <!-- ref --><p>1. Aguirre, J. (2007). &quot;El concepto &#39;Morada&#39; como categor&iacute;a posible para la fundamentaci&oacute;n de una &eacute;tica ambiental&quot;. En: <i>Revista Luna Azul</i> (en l&iacute;nea), n.&deg; 25 (Julio - Diciembre). Obtenido desde &#91;<a href="http://lunazul.ucaldas.edu.co/downloads/Revista25_9.pdf" target="_blank">http://lunazul.ucaldas.edu.co/downloads/Revista25_9.pdf</a>&#93;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0123-4870201000010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Aguirre, J. (2006a). &quot;Estatus epistemol&oacute;gico de la conversaci&oacute;n y sus aportes a la pr&aacute;ctica investigativa&quot;. En: <i>Cinta de Moebio</i> (en l&iacute;nea), n.&ordm;25 (Marzo). Obtenido desde &#91;<a href="http://www.csociales.uchile.cl/publicaciones/moebio/25/aguirre.htm" target="_blank">http://www.csociales.uchile.cl/publicaciones/moebio/25/aguirre.htm</a>&#93;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0123-4870201000010000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Aguirre, J. C. (2006b).<i> La fenomenolog&iacute;a como fundamento de las ciencias humanas</i>. Tesis para optar al t&iacute;tulo de Mag&iacute;ster en Filosof&iacute;a de la Ciencia. Programa de Filosof&iacute;a. Universidad de Caldas. Manizales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0123-4870201000010000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Alford, C. F. (2002). &quot;The opposite of totality: Levinas and the Frankfurt School&quot;. En: <i>Theory and Society</i>, vol. 31, n.&ordm; 2 (Abril), pp. 229 - 254.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0123-4870201000010000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Burggraeve, R. (2005). &quot;The good and its shadow: the view of Levinas on human rights as the surpassing of political rationality&quot;. En: <i>Human Rights Review</i>, vol. 6, n.&ordm; 2, (Junio), pp. 80 - 101.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0123-4870201000010000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Critchley, S. (2004). &quot;Introducci&oacute;n a Levinas&quot;. En: Levinas, E. <i>Dif&iacute;cil Libertad</i>. M&eacute;xico: Editorial Fineo, pp. 11 - 39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0123-4870201000010000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Dueck, A., Parsons, T. (2007). &quot;Ethics, Alterity, and Psychotherapy: a Levinasian Perspective&quot;. En: <i>Pastoral Psychology</i>, vol. 55, pp. 271-282.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0123-4870201000010000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Dussel, E. (2004). &quot;Lo pol&iacute;tico en Levinas (hacia una filosof&iacute;a pol&iacute;tica cr&iacute;tica)&quot;. En: Barroso, Mois&eacute;s; P&eacute;rez, David. <i>Un libro de huellas. Aproximaciones al pensamiento de Emmanuel L&eacute;vinas</i>. Madrid: Trotta. pp. 271 - 293.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0123-4870201000010000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Foucault, M. (2001). <i>Las palabras y las cosas, una arqueolog&iacute;a de las ciencias humanas</i>. M&eacute;xico: Siglo Veintiuno Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0123-4870201000010000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Gadamer, H. (1993). <i>Elogio de la teor&iacute;a, discursos y art&iacute;culos</i>. Barcelona: Pen&iacute;nsula.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0123-4870201000010000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Gadamer, Hans. (1983). <i>Verdad y M&eacute;todo I</i>. Salamanca: S&iacute;gueme.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0123-4870201000010000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Gait&aacute;n, C. (2008). <i>Sentido de la epistemolog&iacute;a en las Ciencias Sociales</i>. Conferencia orientada en el Primer Encuentro Nacional de Historia de la Educaci&oacute;n F&iacute;sica, la Recreaci&oacute;n, el Deporte y la Motricidad Humana. Facultad de Ciencias Naturales, Exactas y de la Educaci&oacute;n, Universidad del Cauca, Popay&aacute;n, Diciembre 11-13.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0123-4870201000010000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Giri, A. (2006). &quot;Creative Social Research: rethinking theories and methods and the calling of an ontological epistemology of participation&quot;. En: <i>Dialectical Anthropology</i>, vol. 30, pp. 227 - 271.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0123-4870201000010000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Guenther, L. (2007). &quot;Le flair animal: Levinas and the possibility of animal friendship&quot;. En: <i>PhaenEx</i>, n.&ordm; 2 (oto&ntilde;o/invierno), pp. 216 - 238.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0123-4870201000010000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Fuller, S. (1997).<i> La comprensi&oacute;n p&uacute;blica de la ciencia: nuestro &uacute;ltimo p&aacute;nico moral</i>. (Traducido por Dalia Restrepo, 2002). Doctorado en Ciencias Sociales, Ni&ntilde;ez y Juventud, Universidad de Manizales - CINDE, pp. 1-39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0123-4870201000010000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Haack, S. (2002). &quot;The same, only different&quot;. En: <i>Journal of Aesthetic Education</i>, vol. 36, n.&ordm; 3 (oto&ntilde;o), pp. 34-39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0123-4870201000010000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Hendley, S. (2004). &quot;Speech and Sensibility: Levinas and Habermas on the constitution of the moral point of view&quot;. En: <i>Continental Philosophy Review</i>, vol. 37, pp. 153 - 173.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0123-4870201000010000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Heidegger, M. (1998). &quot;La &eacute;poca de la imagen del mundo&quot;. En: <i>Caminos de Bosque</i>. Madrid: Alianza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0123-4870201000010000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Husserl, E. (1991). <i>La crisis de las ciencias europeas y la fenomenolog&iacute;a trascendental</i>. Barcelona: Cr&iacute;tica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0123-4870201000010000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Jaramillo, L. (2008). &quot;La rebeli&oacute;n de la revelaci&oacute;n&quot;. En: <i>Segundo Encuentro Nacional por la Vida</i>. Bogot&aacute;, Universidad Nacional, Octubre 31 - Noviembre 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0123-4870201000010000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Jaramillo, L. (2006). <i>Investigaci&oacute;n y Subjetividad. La complementariedad como posibilidad para investigar en educaci&oacute;</i>n. Tesis para optar al t&iacute;tulo de doctorado. Universidad de Tras-os-Montes. Vila Real - Portugal.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0123-4870201000010000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Jaramillo, L. (2003). &quot;&iquest;Qu&eacute; es epistemolog&iacute;a? Mi mirar epistemol&oacute;gico y el progreso de la ciencia&quot; En: <i>Revista digital Cinta de Moebio</i>, n.&ordm;. 18. Diciembre. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Chile &#91;<a href="http://www.moebio.uchile.cl/18/frames01.htm" target="_blank">http://www.moebio.uchile.cl/18/frames01.htm</a>&#93;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0123-4870201000010000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Jaramillo, L, Aguirre, J. (2008). &quot;Educaci&oacute;n y Mundo de la Vida&quot;. En: Revista U.D.C.A. Actualidad &amp;  Divulgaci&oacute;n Cient&iacute;fica, a&ntilde;o 11, n.&ordm;. 2, pp. 61 - 70.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0123-4870201000010000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Jaramillo, L., Aguirre, J. (2009). &quot;Rostro y Otro: M&aacute;s all&aacute; de la Tematizaci&oacute;n&quot;. En: <i>IV Jornadas Nacionales Emmanuel Levinas: Perspectivas de Alteridad</i>, Medell&iacute;n, Universidad de Antioquia, Abril 13-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0123-4870201000010000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Kant, I. (2000). <i>Cr&iacute;tica de la Raz&oacute;n Pura</i>. 18 ed. Madrid: Alfaguara.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0123-4870201000010000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Levinas, E. (2006). <i>Alt&eacute;rit&eacute; et transcendance</i>. Paris: Librairie G&eacute;n&eacute;rale Fran&ccedil;aise.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0123-4870201000010000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Levinas, E. (2005a). &quot;La filosof&iacute;a y la idea de lo infinito&quot;. En: <i>Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger</i>. Madrid: S&iacute;ntesis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0123-4870201000010000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Levinas, E. (2005b). &quot;Reflexiones sobre la &laquo;t&eacute;cnica&raquo; fenomenol&oacute;gica&quot;. En: <i>Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger</i>. Madrid: S&iacute;ntesis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0123-4870201000010000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Levinas, E. (2004). &quot;Heidegger, Gagarin y Nosotros&quot;. En: <i>Dif&iacute;cil Libertad</i>. Buenos Aires: Lilmod. pp. 289 - 291.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0123-4870201000010000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Levinas, E. (2002).<i> Fuera del sujeto. De la intersubjetividad. Notas sobre Merleau-Ponty</i>. Madrid: Caparr&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0123-4870201000010000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Levinas, E. (2001a). &quot;Trascendencia y Altura&quot;. En: <i>La realidad y su sombra</i>. Madrid: Trotta. pp. 85-125.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0123-4870201000010000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Levinas, E. (2001b). <i>Entre nosotros: ensayos para pensar en otro</i>. Valencia: Pretextos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0123-4870201000010000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Levinas, E. (1998a). &quot;Prefacio&quot;. En: <i>Humanismo del otro hombre</i>. Madrid: Caparr&oacute;s. pp. 11 - 17.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0123-4870201000010000100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Levinas, E. (1998b). &quot;Sin identidad&quot;. En: <i>Humanismo del otro hombre</i>. Madrid: Caparr&oacute;s. pp. 81 - 97.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0123-4870201000010000100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Levinas, E. (1991). <i>&Eacute;tica e Infinito</i>. Madrid: Rogar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0123-4870201000010000100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Levinas, E. (1987). <i>De Otro modo que ser, o m&aacute;s all&aacute; de la esencia</i>. Salamanca: S&iacute;gueme.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0123-4870201000010000100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Levinas, E. (1977). <i>Totalidad e Infinito: ensayo sobre la exterioridad</i>. Salamanca: S&iacute;gueme.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0123-4870201000010000100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Lippitz, W. (2007). &quot;Foreignness and Otherness in Pedagogical Context&quot;. 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En: <i>Studies in Philosophy and Education</i>, vol. 22, pp. 1 - 4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0123-4870201000010000100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Tourine, A. (2000). <i>&iquest;Podremos vivir juntos? El destino del Hombre en la aldea Global</i>. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0123-4870201000010000100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Van Hooft, S. (2003). &quot;Pain and Communication&quot;. 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