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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Abstract In this paper we do a theoretical consideration about the genesis and development of memory, as a sociological category, by emphasizing the important political role that fights of memory have by building the past and the present. Finally it is proposed that memory attached to the collective action is a fundamental category to understand the process of constitution of the actual subjectivities.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA">     <p align="center"><b><font size="4">La memoria y la construcci&oacute;n de lo subjetivo</font></b><a name="nu1"></a><a href="#num1"><sup>1</sup></a></p>     <p align="center"><b><font size="3">Memory and the Construction of Subjectivity</font></b></p>      <p align="center">Alexis V. Pinilla D&iacute;az<a name="nu2"></a><a href="#num2"><sup>2</sup></a></p>      <p><a name="num1"></a><a href="#nu1"><sup>1</sup></a>Este art&iacute;culo hace parte del trabajo de tesis doctoral "Memorias de la acci&oacute;n colectiva del magisterio en Colombia", adelantada por el autor en el marco del Doctorado Interinstitucional en Educaci&oacute;n, sede Universidad Pedag&oacute;gica Nacional</p>     <p><a name="num2"></a><a href="#nu2"><sup>2</sup></a>Profesor Asociado Departamento de Ciencias Sociales. Coordinador Maestr&iacute;a en Estudios Sociales, Universidad Pedag&oacute;gica Nacional. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:apinilla@pedagogica.edu.co">apinilla@pedagogica.edu.co</a></p>     <p>Art&iacute;culo recibido el 16 de mayo 2011 y aprobado el 19 de agosto de 2011</p> <hr>      <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>     <p>En el presente art&iacute;culo se hace una reflexi&oacute;n te&oacute;rica sobre la g&eacute;nesis y el desarrollo de la memoria, como categor&iacute;a sociol&oacute;gica, destacando el importante papel pol&iacute;tico que tienen las luchas por la memoria en la reconstrucci&oacute;n del pasado y el presente. Finalmente se propone que la memoria, junto a la acci&oacute;n colectiva, es una categor&iacute;a fundamental para comprender los procesos de constituci&oacute;n de las subjetividades contempor&aacute;neas.</p>     <p><b>Palabras clave</b>: memoria, historia, pasadopresente, acci&oacute;n colectiva, subjetividad.</p> <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><font size="3">Abstract</font></b></p>     <p>In this paper we do a theoretical consideration about the genesis and development of memory, as a sociological category, by emphasizing the important political role that fights of memory have by building the past and the present. Finally it is proposed that memory attached to the collective action is a fundamental category to understand the process of constitution of the actual subjectivities.</p>     <p><b>Key words</b>: memory, history, pastpresent, collective action, subjectivity.</p> <hr>       <p><font size="3"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>      <p>Desde hace un par de d&eacute;cadas la memoria se ha consolidado como una categor&iacute;a anal&iacute;tica central para comprender los procesos hist&oacute;ricos y la forma c&oacute;mo se ha narrado el pasado y presente de nuestras sociedades. Para el caso de Am&eacute;rica Latina este &eacute;nfasis en la memoria estuvo relacionado con el regreso a la democracia producto de la ca&iacute;da de los gobiernos militares del Cono Sur. En este contexto la intenci&oacute;n fue no dejar en el olvido los cr&iacute;menes que los dictadores cometieron contra la sociedad civil y recuperar la imagen viva de las v&iacute;ctimas de tales cr&iacute;menes. Para el caso de Colombia, el recurso a la memoria se ha activado en relaci&oacute;n con las v&iacute;ctimas del conflicto armado que ha azotado al pa&iacute;s desde la d&eacute;cada de los 80. Los hitos anteriores ponen de presente que la memoria es un escenario de disputa para la construcci&oacute;n de proyectos de pasado y futuro, pues como se anota en la cl&aacute;sica obra de George Orwell (1984) &laquo;quien domina el presente, domina el pasado; quien domina el pasado, domina el futuro&raquo;.</p>      <p><font size="3"><b>Ascendencias de la memoria</b></font></p>     <p>Los estudios sobre la memoria cobraron vigencia durante las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo anterior. Puede decirse, incluso, que frente a los estudios cronol&oacute;gicos propios de las corrientes hist&oacute;ricas tradicionales, la memoria se convirti&oacute; en un valioso recurso para darle un significado m&aacute;s amplio al pasado. Este hecho puede llevarnos a pensar nuestra &eacute;poca como un momento de mnemotropismo, entendido por Candau como una coyuntura en la que el regreso a la memoria resulta clave para comprender no s&oacute;lo nuestro pasado, sino para darle sentido(s) a nuestro presente. Resulta, entonces, que la memoria se constituye en un espacio anal&iacute;tico fundamental para comprender c&oacute;mo se conforma tanto el tiempo presente, como las subjetividades que habitan en &eacute;l. Pareciera que, en este punto, la memoria se torna distante de la historia en los siguientes t&eacute;rminos:     <blockquote>Si la historia tiende a aclarar lo mejor posible el pasado, la memoria busca m&aacute;s bien instaurarlo, instauraci&oacute;n que es inmanente a la memorizaci&oacute;n en acto. La historia busca revelar las formas del pasado, la memoria las modela, un poco como lo hace la tradici&oacute;n. La primera se preocupa por poner en orden; la segunda est&aacute; atravesada por el desorden de la pasi&oacute;n, de las emociones y de los afectos. La historia puede venir a legitimar, pero la memoria es fundadora. La historia se esfuerza por poner el pasado a distancia; la memoria busca fusionarse con &eacute;l (Candau, J., 2001).</blockquote> Las diferencias entre la memoria y la historia expresadas por Candau son igualmente analizadas por Rossi, quien alude quela historia se centra en la comprensi&oacute;n e interpretaci&oacute;n del pasado, por lo cual requiere de una toma de distancia del mismo, mientras que la memoria implica una participaci&oacute;n emotiva en el pasado. As&iacute;, un estudio sobre la memoria no es un recuento sobre lo que sucedi&oacute;, sino un an&aacute;lisis de c&oacute;mo se involucraron los actores sociales en eso que sucedi&oacute; (Rossi, 2003). Profundizando un poco en el origen de este distanciamiento entre la historia y la memoria, Traverso (2007) sugiere que un momento significativo fue la crisis del historicismo en la d&eacute;cada del 60, en donde aparecieron estudios que dieron un papel m&aacute;s protag&oacute;nico a los sectores subalternos, para lo cual se acudi&oacute; a fuentes alejadas de los archivos oficiales utilizados tradicionalmente por los historiadores. Para este autor la historia es una representaci&oacute;n del pasado, fundada en la distancia, que se pretende objetiva y retrospectiva, mientras que la memoria es afectiva y m&aacute;gica, por lo cual llena de significado la cotidianidad presente de los sujetos sociales.</p>     <p>No obstante, no ser&iacute;a viable hipostasiar la memoria como recurso ineludible para la comprensi&oacute;n del pasado, limpi&aacute;ndola de cualquier 'contaminaci&oacute;n' de la historia oficial. Contrario a ello la memoria, como argumentar&eacute; m&aacute;s adelante, es un terreno de disputa en donde la versi&oacute;n oficial de la historia tambi&eacute;n tiene su lugar, ya que &laquo;los recuerdos son constantemente elaborados por una memoria inscrita en el espacio p&uacute;blico, sometidos a los modos de pensar colectivos, pero tambi&eacute;n influidos por los paradigmas cient&iacute;ficos de la representaci&oacute;n del pasado&raquo; (Traverso 2007).</p>     <p>Otro de los riesgos que conllevan los an&aacute;lisis de la memoria es presentado por Sarlo, quien ve con alguna reserva el hecho de que cuando se hable de memoria se haga &eacute;nfasis en los recuerdos y olvidos y no en el entendimiento del pasado. Siguiendo a Susan Sontang (quien anot&oacute; que quiz&aacute;s se le asigna demasiado valor a la memoria y un valor insuficiente al pensamiento), Sarlo propone una reconstrucci&oacute;n reflexiva del pasado &laquo;desoyendo la amenaza de que, si se examinan los actuales procesos de memoria, se estar&iacute;a fortaleciendo la posibilidad de un olvido indeseable&raquo; (Sarlo, 2005). As&iacute;, &laquo;el tiempo pasado no es el del testimonio y su dimensi&oacute;n autobiogr&aacute;fica, sino el del an&aacute;lisis de lo que otros narraron y la elaboraci&oacute;n de clasificaciones y categor&iacute;as&raquo; (Sarlo, 2005).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ligado a lo anterior, es necesario pensar con detenimiento de qu&eacute; manera se establecen las relaciones entre memoria y olvido, aceptando que es muy dif&iacute;cil concebir la una sin el otro, ya que convertir en 'objeto' de memoria alg&uacute;n recuerdo o acontecimiento, implica hacer una selecci&oacute;n intencionada de lo que se pretende olvidar. Para Aug&egrave;,     <blockquote>(...) llevar a cabo el elogio del olvido no implica vilipendiar la memoria, y mucho menos a&uacute;n ignorar el recuerdo, sino reconocer el trabajo del olvido en la primera y detectar su presencia en el segundo. La memoria y el olvido guardan en cierto modo la misma relaci&oacute;n que la vida y la muerte (...) en un caso la muerte se halla ante m&iacute; y debo en el momento presente recordar que un d&iacute;a tengo que morir, y en el otro la muerte est&aacute; tras de m&iacute; y debo vivir el momento presente sin olvidar el pasado que habita en &eacute;l (Aug&egrave;, 1998).</blockquote> Reconociendo que, para el caso de este proyecto, la memoria es el lugar desde el cual se analizar&aacute;n las acciones colectivas del magisterio y los procesos de construcci&oacute;n de la subjetividad de los maestros, es prudente aclarar las relaciones que se entablan entre memoria individual y memoria colectiva, entendiendo que la dial&eacute;ctica entre la memoria y el olvido se inscribe en un &aacute;mbito social de disputas pol&iacute;ticas. As&iacute;, lo que en un momento hist&oacute;rico espec&iacute;fico puede resultar hegem&oacute;nico en t&eacute;rminos <i>mn&eacute;micos</i>, puede cambiar sustancialmente en otro periodo dependiendo de las configuraciones sociales del presente. Para Zambrano, las necesidades actuales de las comunidades pol&iacute;ticas son las que brindan las condiciones para la estructuraci&oacute;n de la memoria colectiva, entendiendo que la memoria no es tradici&oacute;n e inmutabilidad sino devenir hist&oacute;rico. As&iacute;, &laquo;la memoria colectiva no es la transmisi&oacute;n de conocimientos de generaci&oacute;n a generaci&oacute;n, sino un proceso m&aacute;s complejo en la formaci&oacute;n del sujeto, que est&aacute; orientado a la construcci&oacute;n de su identidad colectiva&raquo; (Zambrano, 2006). </p>     <p>La memoria, entonces, no es una escatolog&iacute;a, sino un producto cultural que construye a lo largo de la historia un grupo social, y que, as&iacute; como ha servido como recurso de dominaci&oacute;n, en determinadas situaciones puede servir como referente emancipatorio. En todo caso, la memoria colectiva es un intento por dar sentido a las condiciones (sociales, pol&iacute;ticas, culturales) de un grupo en el presente, por lo cual su construcci&oacute;n tiene lugar en la intersubjetividad, es decir, en las negociaciones que se establezcan entre los diferentes miembros del grupo al definir qu&eacute; se olvida y qu&eacute; se recuerda. Para Passerini, &laquo;el silencio es esencial para recordar que la memoria no solamente es palabra, tambi&eacute;n es la 'memoria encarnada' (...) que toma forma en las relaciones intersubjetivas&raquo; (Passerini, 2003).</p>     <P>La pregunta por la manera en que los grupos construyen su memoria colectiva nos lleva a pensar no s&oacute;lo en las disputas que tienen lugar dentro de un grupo social a la hora de establecer lo que debe hacer parte de la memoria o del olvido, sino, adem&aacute;s, a entender c&oacute;mo se "transmiten" estas formas de memoria y olvido a lo largo de la historia y las fracturas que se presentan en dicho proceso. Para Aug&egrave;     <blockquote>(...) si admitimos la hip&oacute;tesis seg&uacute;n la cual nuestra relaci&oacute;n con el tiempo pasa necesariamente por el olvido, no resultar&aacute; tan sorprendente que ahora proponga una nueva hip&oacute;tesis: la etnolog&iacute;a, las teor&iacute;as locales sobre el tiempo que esta disciplina ha recogido o reconstituido, los testimonios y las reflexiones que se han esforzado en recopilar, ponen en evidencia ejemplos de olvido de los que podr&iacute;an afirmarse que poseen una virtud narrativa (que ayudan a vivir el tiempo como una historia) y que, en este sentido, constituyen, en t&eacute;rminos de Paul Ricœur, configuraciones del tiempo (Aug&egrave;, 1998).</blockquote> A pesar de reconocer la pertinencia de la memoria colectiva en determinados momentos hist&oacute;ricos para algunos grupos sociales espec&iacute;ficos, Candau propone una mirada m&aacute;s cr&iacute;tica sobre dicho proceso. En sus reflexiones Candau distingue entre: 1) memoria de bajo nivel (protomemoria) caracterizada por lo circunstancial y cotidiano; esta memoria est&aacute; relacionada con lo que Bourdieu denominaba habitus, es decir, con aquellos conocimientos incorporados por la experiencia diaria y que dan sentido al mundo pr&aacute;ctico; 2) memorias de alto nivel, cercanas a los recuerdos y los reconocimientos; son la memoria propiamente dicha; y 3) metamemoria, entendida como el conocimiento que cada individuo tiene de su propia memoria y lo que dice de ella. Estas distinciones son posibles en la esfera individual; no obstante cuando se piensa en lo social, es m&aacute;s dif&iacute;cil aceptar dichas divisiones.</p>      <p>Generalmente se ha apelado al t&eacute;rmino de 'memoria colectiva' para referirse a la forma en que los grupos recuerdan. Para el autor,      <blockquote>(...) en su acepci&oacute;n corriente, la expresi&oacute;n 'memoria colectiva' es una representaci&oacute;n. La memoria colectiva es una forma de metamemoria, es decir, un enunciado que los miembros de un grupo quieren producir acerca de una memoria supuestamente com&uacute;n a todos los miembros de ese grupo (Candau, 2001).</blockquote> En todo caso, no es posible darle un car&aacute;cter demasiado estable ni homog&eacute;neo a la memoria colectiva, pues se correr&iacute;a el riesgo de caer en lo que Candau llama las ret&oacute;ricas holistas, esto es totalizaciones que se hacen utilizando t&eacute;rminos o expresiones que pretenden designar conjuntos homog&eacute;neos compuestos por elementos isomorfos. En esta direcci&oacute;n, el autor hace una cr&iacute;tica de la noci&oacute;n de memoria colectiva pues, seg&uacute;n &eacute;l,      <blockquote>(...) por un lado es emp&iacute;ricamente imposible y por el otro es insustentable desde un punto de vista te&oacute;rico, ya que esconde una triple confusi&oacute;n: una primera confusi&oacute;n entre los recuerdos manifestados (objetivados) y los recuerdos tal como son memorizados, una segunda confusi&oacute;n entre la metamemoria y la memoria colectiva, y una &uacute;ltima confusi&oacute;n entre el acto de memoria y el contenido de ese acto (Candau, 2001).</blockquote> La anterior idea sugiere una pista relacionada con la manera en que se construye narrativamente la memoria, es decir, por el lugar que ocupa la narraci&oacute;n en la reconstrucci&oacute;n de la memoria y las apuestas por la subjetividad que se juegan en la misma. En los an&aacute;lisis de Candau, cualquier intento por reconstruir la memoria colectiva a partir de los recuerdos manifestados por algunos actores sociales es reduccionista, pues deja en la sombra los recuerdos no manifestados. Sumado a lo anterior, puede ser que lo que se diga no sea, necesariamente, lo que pas&oacute;, sino que constituye aquellos relatos o recuerdos que se volvieron representaciones p&uacute;blicas por su 'contagio' entre los actores sociales.</p>     <p>Sarlo, por su parte, hace una fuerte cr&iacute;tica al recurso testimonial llamando la atenci&oacute;n sobre el car&aacute;cter de la tercera persona (testigo) en el mismo. En muchas ocasiones el pasado es reconstruido a partir del testimonio de personas que no vivieron en carne propia el fen&oacute;meno por recordar (por ejemplo, la shoah jud&iacute;a) sino que los presenciaron de lejos o a partir de la experiencia de terceros, de all&iacute; que sea necesario someterlo a un escrutinio ideol&oacute;gico. Compartiendo esta preocupaci&oacute;n anal&iacute;tica de Sarlo, considero que es necesario reflexionar, adem&aacute;s, sobre las formas de verdad que producen los testimonios, es decir, a qu&eacute; intereses, a qu&eacute; actores sociales benefician o no determinados testimonios. No se trata de un prurito de neutralidad o de objetividad, sino de profundizar en el an&aacute;lisis del car&aacute;cter relacional (de disputa pol&iacute;tica) que tiene la memoria y, por supuesto, el testimonio que la reconstruye. En palabras de Sarlo,     <blockquote>Es cierto que la memoria puede ser un impulso moral de la historia y tambi&eacute;n una de sus fuentes, pero estos dos rasgos no soportan el reclamo de una verdad m&aacute;s indiscutible que las verdades que es posible construir con y desde otros discursos. Sobre la memoria no hay que fundar una epistemolog&iacute;a ingenua cuyas pretensiones ser&iacute;an rechazadas en cualquier otro caso. No hay equivalencia entre el derecho a recordar y la afirmaci&oacute;n de una verdad del recuerdo; tampoco el deber de memoria obliga a aceptar esa equivalencia (...) s&oacute;lo una fetichizaci&oacute;n de la verdad testimonial podr&iacute;a otorgarles un peso superior al de otros documentos, incluidos los testimonios contempor&aacute;neos, a los hechos de los a&ntilde;os sesenta y setenta. S&oacute;lo una confianza ingenua en la primera persona y en el recuerdo de lo vivido pretender&iacute;a establecer un orden presidido por lo testimonial. Y s&oacute;lo una caracterizaci&oacute;n ingenua de la experiencia reclamar&iacute;a para ella una verdad m&aacute;s alta (Sarlo, 2005).</blockquote> Aceptando este riesgo del testimonio como recurso metodol&oacute;gico, Arfuch propone valorar el car&aacute;cter m&oacute;vil que la memoria adquiere en la narratividad, lo cual permite considerarla no como un dato objetivo para el historiador (como un hecho social dado) sino como un conjunto de sentidos que los actores sociales le otorgan al pasado. Para esta autora, "el tiempo mismo se torna humano en la medida en que es articulado sobre un modo narrativo". En sus palabras,     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>Hablar de relato entonces (...) no remite solamente a una disposici&oacute;n de acontecimientos –hist&oacute;ricos o ficcionales–, en un orden secuencial, a una ejercitaci&oacute;n mim&eacute;tica de aquello que constituir&iacute;a primariamente el registro de la acci&oacute;n humana, con sus l&oacute;gicas, personajes, tensiones y alternativas, sino a la forma por excelencia de estructuraci&oacute;n de la vida y, por ende, de la identidad, a la hip&oacute;tesis de que existe, entre la actividad de contar una historia y el car&aacute;cter temporal de la experiencia humana, una correlaci&oacute;n que no es puramente accidental, sino que presenta una forma de necesidad "transcultural" (Arfuch, 2002).</blockquote> En esta misma direcci&oacute;n Vezetti sugiere que la memoria, entendida como un campo de problemas, no debe centrarse exclusivamente en la recuperaci&oacute;n del pasado, sino concebirse como una dimensi&oacute;n abierta a la pr&aacute;ctica de la inteligencia. En este plano la memoria tendr&iacute;a un doble componente: desde el entendimiento y desde una dimensi&oacute;n &eacute;tica. Aqu&iacute; es importante comprender que la memoria, como terreno de disputa, no s&oacute;lo se tensiona por las rivalidades del presente, o por lo que desde el presente se quiere decir del pasado; en la lucha por la memoria tambi&eacute;n hay una apor&iacute;a entre presente y pasado: si el presente es el pasado recordado, es decir, lo ausente percibido a trav&eacute;s del recuerdo, el presente ser&iacute;a igualmente un recuerdo ausente. No obstante, nuestra experiencia nos muestra que el presente no est&aacute; ausente, por lo cual el pasado tampoco deber&iacute;a estarlo. La memoria, entonces, nos puede decir tanto sobre el pasado en disputa, como sobre el presente que se disputar&aacute; en tiempos posteriores. Retomando las palabras de Vezetti:     <blockquote>(...) un corte hist&oacute;rico produce efectos hacia el futuro tanto como hacia el pasado. Hacia el pasado porque no hay un recomienzo que no opere alguna recuperaci&oacute;n de una memoria anterior, as&iacute; sea para corregirla o para cancelarla. Hacia el futuro, porque encarna la promesa de un tiempo nuevo (Vezzetti, 2002).</blockquote></p> Paralelo a los riesgos que conlleva la memoria en la reconstrucci&oacute;n del pasado desde el presente, hay algunos acuerdos en torno a la importancia de la misma, entendi&eacute;ndola como un escenario de disputas en el presente. Es decir, si bien la construcci&oacute;n de la memoria tiene como materia prima hechos del pasado, este proceso est&aacute; relacionado con la actividad social y pol&iacute;tica del presente. Es desde el presente que se hace una selecci&oacute;n de olvidos y memorias, definiendo lo que un individuo o un grupo debe recordar.</p>      <p><font size="3"><b>La memoria: arena de conflicto</b></font></p>      <p>Teniendo en cuenta la dimensi&oacute;n temporal de la memoria y las disputas que &eacute;sta conlleva a la hora de hegemonizar determinados sucesos o narraciones del pasado, se puede sugerir que la memoria, antes que un dato fijo, es un terreno de luchas entre posiciones del presente que se inscriben en una serie de tensiones para definir qu&eacute; se debe olvidar y qu&eacute; debe ingresar en la memoria. En el trabajo coordinado por Elizabeth Jelin sobre el lugar de la memoria en las dictaduras del Cono Sur, se anota lo siguiente:     <blockquote>Siempre habr&aacute; otras historias, otras memorias e interpretaciones alternativas, en la resistencia, en el mundo privado, en las "catacumbas". Hay una lucha pol&iacute;tica activa acerca del sentido de lo ocurrido, pero tambi&eacute;n acerca del sentido de la memoria misma. El espacio de la memoria es entonces un espacio de lucha pol&iacute;tica, y no pocas veces esta lucha es concebida en t&eacute;rminos de la lucha "contra el olvido": recordar para no repetir (...) Tanto en las conmemoraciones como en el establecimiento de los lugares de la memoria hay una lucha pol&iacute;tica cuyos adversarios principales son las fuerzas sociales que demandan marcas de memoria y quienes piden la borradura de la marca, sobre la base de una versi&oacute;n del pasado que minimiza o elimina el sentido de lo que los otros quieren rememorar (Jelin, 2002).</blockquote> El trabajo de Jelin aporta unas pistas interesantes para pensar el tema de la memoria, en tanto terreno de disputas y tensiones del presente sobre el pasado. Por un lado, es clave pensar la(s) memoria(s) como procesos subjetivos anclados en marcas simb&oacute;licas y materiales; y, por otro, reconocer el potencial de cambio hist&oacute;rico de la memoria, es decir, ser concientes de que al recurrir a la memoria se debe entender el lugar que le otorgan los grupos sociales a la misma. Esta idea confirmar&iacute;a el an&aacute;lisis de Vezetti, para quien la memoria tiene una dimensi&oacute;n &eacute;tica. Lo anterior nos conduce a pensar que el estudio de la memoria debe estar atento, por lo menos, a tres preguntas: qu&eacute; se recuerda, qui&eacute;n recuerda y el c&oacute;mo y cu&aacute;ndo se recuerda.</p>     <p>Estos cuestionamientos nos ponen frente a la importancia que cobra la subjetividad a la hora de pensar el tema de la memoria, no s&oacute;lo porque &eacute;sta es un atributo natural y cultural del sujeto, sino adem&aacute;s porque los sujetos se construyen en medio de tensiones mn&eacute;micas, es decir, en la lucha que se genera por instituir determinada memoria sobre pasado. Esta relaci&oacute;n entre memoria y subjetividad es pensada por Sarlo en los siguientes t&eacute;rminos:      <blockquote>El sujeto no s&oacute;lo tiene experiencias sino que puede comunicarlas, construir su sentido y, al hacerlo, afirmarse como sujeto. La memoria y los relatos de memoria ser&iacute;an una 'cura' de la alienaci&oacute;n y la cosificaci&oacute;n. Si ya no es posible sostener una Verdad, florecen en cambio unas verdades subjetivas que aseguran saber aquello que, hasta hace tres d&eacute;cadas, se consideraba oculto por la ideolog&iacute;a o sumergido en procesos poco accesibles a la introspecci&oacute;n simple. No hay Verdad, pero los sujetos, parad&oacute;jicamente, se han vuelto cognoscibles (Sarlo, 2005).</blockquote> La dimensi&oacute;n comunicativa del sujeto se&ntilde;alada por Sarlo, devuelve importancia a la narraci&oacute;n en tanto es mediante ella que un sujeto se posiciona frente al pasado. As&iacute; mismo, la narraci&oacute;n no est&aacute; expresando la vivencia individual con determinada situaci&oacute;n, sino que es expresi&oacute;n de las formas en que un grupo social se relacion&oacute; con su presente y las rutas que utiliza para la reconstrucci&oacute;n de su pasado. La siguiente reflexi&oacute;n de Jim&eacute;nez nos puede ayudar a comprender esta idea:</p>      <blockquote>Yo soy un relato. Mi narraci&oacute;n se demora en una palabra de nacimiento lejano, y se fragmenta hoy en un prisma de ecos innumerables. Soy un relato, pero no de sentido &uacute;nico. Muchas voces intervinieron en mi narraci&oacute;n. Muchos senderos son en ella transitados. Yo soy, adem&aacute;s, un relato abierto. S&oacute;lo el cuerpo que me acoge conoce la certeza de su fin, que no es meta (...) Somos conciencia hist&oacute;rica porque somos memoria. Las voces narrativas no son simple confusi&oacute;n o ruido. Los relatos construyen sentidos, y los hombres viven en ellos (Jim&eacute;nez, 1996).</blockquote>     <p>Sin duda alguna, pensar en la memoria implica, entonces, pensar en las formas de narrar el pasado por parte de los sujetos. Quiz&aacute;s en nuestro tiempo, m&aacute;s que en d&eacute;cadas anteriores, el recurso narrativo se ha consolidado como una estrategia metodol&oacute;gica de alta significaci&oacute;n para pensar la manera en que los sujetos construyen el pasado y se relacionan con &eacute;l. No obstante, no se trata de convertir las narraciones en objetos de conocimiento, es decir, en datos emp&iacute;ricos susceptibles de un tratamiento 'cient&iacute;fico' para acercarnos a una verdad sobre la realidad indagada. Contrario a ello, el objetivo es reconocer el potencial transformador de la narraci&oacute;n y del lenguaje, o sea, el campo de posibilidades y potencialidades que una y otro tienen para los sujetos. En este punto, estamos de acuerdo con Zemelman cuando anota que &laquo;no se trata de apropiarse de contenidos transformables en objetos, sino de potenciar la capacidad del sujeto para colocarse ante las circunstancias y reconocer sus opciones de desenvolvimiento&raquo; (Zemelman, 2007). No lejana de este argumento, Arfuch asume la relaci&oacute;n entre narraci&oacute;n y memoria en los siguientes t&eacute;rminos:     <blockquote>(...) la memoria es eminentemente narrativa y, en tanto narraci&oacute;n, articula por definici&oacute;n temporalidades disyuntas, despliega caprichosamente los acontecimientos en el tiempo, enhebra im&aacute;genes circulares, construye los vericuetos de una trama, aventura l&oacute;gicas ex post. En definitiva, pone en forma, que es tambi&eacute;n decir otorga sentido, a una historia entre otras posibles. Pero adem&aacute;s, nada es igual antes o despu&eacute;s de un relato, por m&aacute;s que &eacute;ste haya sido 'repetido' muchas veces. La fuerza performativa de la memoria –su propiedad de instaurar una realidad que como tal no preexiste a su intervenci&oacute;n– se articula al acontecimiento de su enunciaci&oacute;n, momento &uacute;nico, singular, situado, definido en relaci&oacute;n con otro, el destinatario, con un contexto, pero abierto a la iterabilidad de la cita, la posibilidad de otros contextos, la diferencia en la repetici&oacute;n (Arfuch, 2008).</blockquote> Como vemos, el potencial de la narraci&oacute;n para pensar la manera en que se construyen distintas memorias sobre un acontecimiento radica en el car&aacute;cter creativo de la misma. Ninguna historia podr&aacute; contarse igual dos veces. Cada historia, cada narraci&oacute;n, incluso de un mismo sujeto, trae consigo la impronta de la subjetividad hecha idea en un contorno de realidad espec&iacute;fico. Apelar a la memoria implica, entonces, desprenderse de la intenci&oacute;n de descubrir las causas del presente en el pasado y aceptar que, a lo sumo, mediante la investigaci&oacute;n podemos acercarnos a las interpretaciones que los sujetos hacen del pasado dependiendo de sus relaciones emotivas con el mismo. Esta idea nos puede conducir a abandonar el razonamiento hist&oacute;rico tradicional seg&uacute;n el cual toda causa antecede a un efecto; quiz&aacute;s deber&iacute;amos aventurarnos a pensar una realidad en donde el efecto antecede a la causa y, por ende, puede actuar como di&aacute;spora temporal constructora de m&uacute;ltiples pret&eacute;ritos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otorgarle valor –simb&oacute;lico, investigativo– a la narraci&oacute;n implica reconocer una dimensi&oacute;n clave de la subjetividad y de la importancia de la memoria en la conformaci&oacute;n de aquella, que radica no s&oacute;lo en la toma de conciencia y en el potencial de emancipaci&oacute;n para el sujeto, sino adem&aacute;s en la recuperaci&oacute;n emotiva del pasado, o mejor, en la reconstrucci&oacute;n de las emotividades del pasado. Para Rossi, la memoria      <blockquote>(...) se configurar&aacute;, con fuerza cada vez mayor, como un medio para remontarse hacia im&aacute;genes olvidadas y sepultadas por el tiempo. La autobiograf&iacute;a ya no ser&aacute; (...) el relato de una formaci&oacute;n intelectual. Ser&aacute; como en Rousseau y despu&eacute;s de otros innumerables autores, el redescubrimiento de emociones, im&aacute;genes y sensaciones olvidadas (Rossi, 2003).</blockquote> Un breve balance en torno a la memoria nos deja ver su importancia para la comprensi&oacute;n del pasado, entendido no como un c&uacute;mulo de hechos que se suceden unos a otros, sino como un juego din&aacute;mico de interpretaciones de la realidad. As&iacute; mismo, la memoria constituye un elemento importante a la hora de pensar dimensiones como la subjetividad y la identidad, sin las cuales ser&iacute;a muy dif&iacute;cil comprender el devenir de las sociedades contempor&aacute;neas. Sin embargo, como toda categor&iacute;a anal&iacute;tica, conlleva unos riesgos relacionados con dos problemas fundamentales: la fuente testimonial como el principal recurso para la reconstrucci&oacute;n de la memoria y las dificultades –te&oacute;ricas y emp&iacute;ricas– para la conformaci&oacute;n de la memoria colectiva.</p>       <p><font size="3"><b>El sujeto: entre la memoria y la acci&oacute;n colectiva</b></font></p>      <p>La pregunta por la subjetividad se relaciona con el car&aacute;cter trascendental de la existencia humana. En este sentido, no se trata s&oacute;lo de cuestionar las relaciones entre lo individual y lo colectivo, sino, tambi&eacute;n, las potencialidades que tiene el sujeto en el tiempo, es decir, realizar una indagaci&oacute;n por la capacidad de anticipaci&oacute;n y proyecci&oacute;n del ser humano en su interacci&oacute;n con otros. En esta concepci&oacute;n es necesario que el sujeto deje de ser visto desde las externalidades que lo determinan y m&aacute;s bien se le asuma como el lugar desde el cual mirar la realidad, lo cual implica reconocer la potencialidad transformadora que tiene el sujeto y las variadas relaciones que se establecen entre &eacute;l y los 'contornos' en los cuales se autoconstruye, sino adem&aacute;s incluir una gama de interrogantes que comportan tanto lo afectivo y lo cognitivo como lo pol&iacute;tico y lo social de la experiencia humana. En esta direcci&oacute;n, Zemelman se pregunta:     <blockquote>&iquest;C&oacute;mo hablar del hombre?, &iquest;c&oacute;mo hacerlo desde el conjunto de sus facultades sin reducirse a sus descripciones, como tambi&eacute;n a sus simples vivencias, sino hablar de ellas para mostrarlas como las capacidades de las posibilidades? Tal vez problematizando la idea de sujeto en un conjunto desigual de apetencias, desde el &aacute;mbito de sus alegr&iacute;as y pesares, que resultan del tumulto de ideas y ambiciones, logros y desenga&ntilde;os, de sus inquietudes y derrotas, de sus sue&ntilde;os y acciones, que van modelando al sujeto en un constante darse y no darse; seg&uacute;n las circunstancias que lo rodean. De sus variantes formas de interacci&oacute;n con las circunstancias, de las preguntas que lo asaltan y, a veces, abruman, o bien desde la sensaci&oacute;n de soledad o de multitud que lo embargan cuando lo abordamos en pensamiento, voluntad, sensaciones, percepciones, dudas y certezas (Zemelman, 2007).</blockquote> Esta gama de cuestionamientos sugerida por Zemelman puede contextualizarse pensando en la potenciaci&oacute;n del sujeto desde dos planos agon&iacute;sticos: la acci&oacute;n colectiva, entendida como una puesta en movimiento de las subjetividades constituyentes, y la memoria, asimilada al movimiento de tales subjetividades en el tiempo.</p>     <p>En relaci&oacute;n con el primer plano, podemos sugerir que en toda acci&oacute;n colectiva es posible encontrar registros relacionados con la subjetividad de los actores vinculados a la misma, es decir, las acciones colectivas pueden ser analizadas como un conjunto de experiencias, saberes, intenciones, intereses, contradicciones y posibilidades de transformaciones definidas por los sujetos sociales en un horizonte pol&iacute;tico y cultural espec&iacute;fico. En este sentido, la subjetividad estar&iacute;a cumpliendo, adem&aacute;s de sus funciones cognitiva (proponiendo esquemas referenciales para comprender la realidad) y pr&aacute;ctica (sugiriendo elementos en torno a los cuales los sujetos orientan su experiencia), con una funci&oacute;n identitaria, es decir, &laquo;aportando los materiales desde los cuales individuos y colectivos definen su identidad y sus pertenencias sociales&raquo;. Siguiendo con este razonamiento, Torres destaca c&oacute;mo el sujeto social     <blockquote>(...) se constituye en la medida en que pueda generar una voluntad colectiva y desplegar un poder que le permita construir realidades con una direccionalidad consciente. El sujeto puede ser entendido como el colectivo que potencia las posibilidades de la historia desde sus pr&aacute;cticas. Al trascender el marco intersubjetivo, se entra en el escenario pol&iacute;tico donde se definen y se confrontan opciones de futuro viables (Torres, 2006).</blockquote> He optado por denominar los planos de la acci&oacute;n colectiva y de la memoria como planos agon&iacute;sticos, en la medida en que ellos est&aacute;n definidos por el conflicto; es decir, en cada uno se hacen apuestas pol&iacute;ticas por el futuro y se ponen en juego significados sobre los contornos de realidad en los que se inscriben los sujetos. As&iacute;, el sentido otorgado a la realidad est&aacute; en permanente construcci&oacute;n dado el car&aacute;cter din&aacute;mico de las interacciones sociales. Aqu&iacute; nos acercamos a los planteamientos de Melucci, quien sugiere la necesidad de     <blockquote>(...) volver a plantearse la acci&oacute;n social a partir del proceso por el cual su significado se construye en la interacci&oacute;n social (...) Son los actores sociales quienes producen el sentido de sus actos mediante las relaciones que entablan entre ellos. Pero la interacci&oacute;n nunca es un proceso completamente manifiesto, sino que depende del campo de oportunidades y constricciones que los actores observan y utilizan. La dominaci&oacute;n y el poder no son realidades metaf&iacute;sicas que existan fuera de los juegos de los actores; son la expresi&oacute;n m&aacute;s s&oacute;lida, permanente y desequilibrada de esos juegos (Melucci, 2002).</blockquote> En relaci&oacute;n con el segundo plano agon&iacute;stico en el que se constituye el sujeto, el de la memoria, es claro que no existen memorias un&iacute;vocas y globalizantes, sino que la memoria est&aacute; marcada por la fragmentaci&oacute;n. Siguiendo a Candau, &laquo;las memorias contempor&aacute;neas ser&iacute;an mosaicos sin unidad, hechos de ruinas de grandes memorias organizadoras que volaron en pedazos, de fragmentos compuestos, de restos divergentes, de huellas heterog&eacute;neas, de testimonios opuestos, de vestigios incoherentes&raquo; (Candau, 2001). Quiz&aacute;s esta fragmentaci&oacute;n y atomizaci&oacute;n de la memoria sea una ventaja metodol&oacute;gica, antes que una dificultad, a la hora de pensar c&oacute;mo los diferentes actores sociales del presente llenan de sentidos dis&iacute;miles las experiencias y acciones colectivas del pasado.</p>     <p>En esta misma direcci&oacute;n, Ibarra y Tejerina encuentran en la memoria un espacio clave a la hora de pensar los procesos de conformaci&oacute;n de los movimientos sociales a los cuales ven como agrupaciones constituidas por &laquo;un conjunto de normas preestablecidas, provenientes de la sedimentaci&oacute;n de una memoria y pr&aacute;ctica hist&oacute;rica, y que formal o informalmente constituye una gu&iacute;a para la acci&oacute;n&raquo; (Ibarra y Tejerina, 1998). Este proceso de sedimentaci&oacute;n estar&iacute;a relacionado con la manera en que los grupos sociales construyen sus referentes mn&eacute;micos, pues, siguiendo a Casquete, &laquo;gran parte de lo que recordamos lo hacemos en tanto que miembros de grupos sociales (...) sin intercambio comunicativo no hay memoria colectiva, y sin memoria colectiva la construcci&oacute;n identitaria se presenta como una empresa castrada por un impedimento de considerable magnitud&raquo; (Casquete, 2006).</p>     <p>La memoria, entonces, resulta central a la hora de pensar los sujetos sociales y los procesos sociopol&iacute;ticos y culturales en los cuales ellos se han constituido como tales, ya que     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>(...) la memoria no se define por su funci&oacute;n consoladora, del todo inesencial. Su esencia consiste en ser condici&oacute;n de posibilidad para la existencia del pasado: dibujar la escena en la que el sujeto ha de actuar. En este sentido, el sujeto es un producto de la memoria (Cruz, 2007).</blockquote></p> En s&iacute;ntesis, la acci&oacute;n colectiva y la memoria, entendidos como planos agon&iacute;sticos en donde se juegan significados sobre el pasado y el presente, y se ponen de manifiesto los intereses sobre el futuro, son escenarios indispensables para ampliar la comprensi&oacute;n sobre la forma en que se constituyen las subjetividades contempor&aacute;neas y sobre los horizontes de acci&oacute;n de nuestra &eacute;poca.</p> <hr>      <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>Arfuch, L. (2008). Cr&iacute;tica cultural entre pol&iacute;tica y po&eacute;tica. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0123-4870201100020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Arfuch, L.(2002). El espacio biogr&aacute;fico. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0123-4870201100020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Aug&egrave;, M. (1998). Las formas del olvido. Barcelona: Gedisa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0123-4870201100020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Candau, J. (2001). Memoria e identidad. Buenos Aires: Ediciones del Sol.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0123-4870201100020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Casquete, J. (2006). El poder de la calle. Ensayos sobre acci&oacute;n colectiva. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0123-4870201100020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cruz, M. (2007). C&oacute;mo hacer cosas con recuerdos. Buenos Aires: Katz Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0123-4870201100020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Elias, N. (1995). Sociolog&iacute;a fundamental. Barcelona: Gedisa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0123-4870201100020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ibarra, P. y Tejerina, B. (eds.). (1998). Los movimientos sociales: transformaciones pol&iacute;ticas y cambio cultural. Madrid: Editorial Trotta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0123-4870201100020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jelin, E. (2002). Los trabajos de la memoria. Madrid: Siglo XXI.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0123-4870201100020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jim&eacute;nez, J. (1996). Memoria. Madrid: Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0123-4870201100020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kornhauser, W. (1959). Aspectos pol&iacute;ticos de la sociedad de masas. Buenos Aires: Amorrortu editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0123-4870201100020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lara&ntilde;a, E. (1999). La construcci&oacute;n de los movimientos sociales. Madrid: Alianza Editorial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0123-4870201100020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>McAdam, D., McCarthy, J. y Zald, M. (1999). Movimientos sociales: perspectivas comparadas. Madrid: Ediciones Istmo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0123-4870201100020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Melucci, A. (2002). Acci&oacute;n colectiva, vida cotidiana y democracia. M&eacute;xico: El Colegio de M&eacute;xico.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0123-4870201100020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mouffe, C. (2005). Pol&iacute;tica y pasiones: las apuestas de la democracia. En L. Arfuch (comp.), Pensar este tiempo. Buenos Aires: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0123-4870201100020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Offe, C. (1996). Partidos pol&iacute;ticos y nuevos movimientos sociales. Madrid: Editorial Sistema.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0123-4870201100020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Olson, M. (1992). La l&oacute;gica de la acci&oacute;n colectiva. M&eacute;xico: Limusa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0123-4870201100020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Passerini, L. (2003). Memoria y utop&iacute;a. La primac&iacute;a de la intersubjetividad. Valencia: Universidad de Valencia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0123-4870201100020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rossi, P. (2003). El pasado, la memoria, el olvido. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visi&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0123-4870201100020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rubio, A. (2004). Perspectivas te&oacute;ricas en el estudio de los movimientos sociales. En Circunstancia (N&deg; 3). Madrid: Instituto Universitario de Investigaci&oacute;n Ortega y Gasset, enero de 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0123-4870201100020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sarlo, B. (2005). Tiempo pasado. Cultura de la memoria y giro subjetivo. Una discusi&oacute;n. Buenos Aires: Siglo XXI.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0123-4870201100020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Serrano, R. y Garc&iacute;a, I. (2002). La identidad como anomal&iacute;a o debilidad del razonamiento metodol&oacute;gico m&aacute;s que como paradigma alternativo para el estudio de la acci&oacute;n colectiva. En J. Robles (comp.), El reto de la participaci&oacute;n. Movimientos sociales y organizaciones. Madrid: Editorial M&iacute;nimo Tr&aacute;nsito.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0123-4870201100020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Smelser, N. (1995). Teor&iacute;a del comportamiento colectivo. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0123-4870201100020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tarrow, S. (1997). El poder en movimiento. Los movimientos sociales, la acci&oacute;n colectiva y la pol&iacute;tica. Madrid: Alianza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0123-4870201100020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tejerina, B. (2002). Movimientos sociales y producci&oacute;n de identidades colectivas en el contexto de la globalizaci&oacute;n. En J. Robles (comp.), El reto de la participaci&oacute;n. Movimientos sociales y organizaciones. Madrid: Editorial M&iacute;nimo Tr&aacute;nsito.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0123-4870201100020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Thompson, E. (1981). Miseria de la teor&iacute;a. 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