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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La escuela en tiempos de crisis:Puntos de fuga para re-instaurar la esperanza en contextos post-desastre]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Abstract Contingent modernity can be described as the result of enlightened and industrialized modernity and hence bears the risk of being transformed into a condition of contemporary possibility. In this manner, risk appears as a social and historical construct permeating all fields of western culture, among them the field of education, which must be deconstructed from the emergency of uncertainty, which produces the catastrophe of the modern ideal. From this vein of ideas, the following text examines new conditions of opportunity for the school in a post-disaster context and the risks of future educational transformation.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA">     <p align="center"><b><font size="4">La escuela en tiempos de crisis:Puntos de fuga para re-instaurar la esperanza en contextos post-desastre</font></b></p>     <p align="center"><b><font size="3">The school in times of crisis:Projecting points to restore hope in post disaster contexts</font></b></p>     <p align="center">Bibiana V&eacute;lez Medina<a name="nu1"></a><a href="#num1"><sup>1</sup></a></p>      <p><a name="num1"></a><a href=;"#nu1"><sup>1</sup></a>Vicerrectora Acad&eacute;mica de la Universidad La Gran Colombia - Seccional Armenia. Lider del Grupo de Investigaci&oacute;n: PAIDEIA (Categor&iacute;a A - Colciencias). Correos electr&oacute;nicos <a href="mailto:viceaca@ugca.edu.co">viceaca@ugca.edu.co</a>, <a href="mailto:bibiambar@hotmail.com">  bibiambar@hotmail.com</a>.</p>     <p>Art&iacute;culo recibido el 17 de mayo de 2011 y aprobado el 19 de agosto de 2011</p> <hr>      <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>     <p>La modernidad contingente es el resultado de la modernidad ilustrada e industrializada, de all&iacute; que la contingencia devenga en riesgo y se instale como condici&oacute;n de posibilidad contempor&aacute;nea. El riesgo aparece entonces como un costructo social e historico que permea todos los ambitos de la cultura occidental, entre ellos el de la educaci&oacute;n, el cual debe ser deconstruido desde la emergencia de la incertidumbre que produce la catastrofe del ideal moderno. En este orden de ideas, el presente texto indaga sobre las nuevas condiciones de oportudinad de la escuela en el contexto post-desastre y los riesgos del futuro devenir educativo.</p>     <p><b>Palabras clave</b>: riesgo, escuela, crisis, incertidumbre, desastre.</p> <hr>      <p><b><font size="3">Abstract</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Contingent modernity can be described as the result of enlightened and industrialized modernity and hence bears the risk of being transformed into a condition of contemporary possibility. In this manner, risk appears as a social and historical construct permeating all fields of western culture, among them the field of education, which must be deconstructed from the emergency of uncertainty, which produces the catastrophe of the modern ideal. From this vein of ideas, the following text examines new conditions of opportunity for the school in a post-disaster context and the risks of future educational transformation.</p>     <p><b>Key words</b>: risk, school, uncertainty, disaster, crisis.</p> <hr>      <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>      <p>Ligada a la noci&oacute;n de incertidumbre, la idea del riesgo reaparece indiscriminada y aleatoria, una y otra vez, en el tiempo presente. Su concreci&oacute;n no es otra cosa que la manifestaci&oacute;n de un temor previsto o imprevisto, la exposici&oacute;n a nuestros l&iacute;mites de seguridad, la posibilidad de quedar aniquilados ante el asalto de las propias certezas o la opci&oacute;n de emerger hacia nuevos horizontes.</p>     <p>En efecto, basta con dar una mirada a los eventos recientes que han golpeado la estabilidad y fijeza de naciones enteras (Japon, 2011; Hait&iacute;, 2010; Chile, 2010) o con recordar cat&aacute;trofes tan cercanas que en definitiva, derrumbaron cualquier par&aacute;metro de seguridad (terremoto en el Eje Cafetero, 1999) para entender que los desastres naturales son una realidad contingente para la humanidad de todos los siglos.</p>     <p>Asistimos imp&aacute;vidos al escenario de las peores cat&aacute;strofes de la historia, que en lugar de reducirse debido al supuesto avance de la ciencia, est&aacute;n generando mayores desastres en raz&oacute;n de la intervenci&oacute;n fragmentada del hombre sobre la naturaleza en aras del progreso, lo cual, sumado a la concentraci&oacute;n urbana y a la organizaci&oacute;n territorial de las ciudades en el mundo actual (Mitchell, 1994), nos sit&uacute;a frente a la naturaleza de un riesgo que a&uacute;n no se ha comprendido ni dimensionado desde las l&oacute;gicas cartesianas que  dificultan concebir al hombre en interrelaci&oacute;n con el planeta.</p>     <p>Cuando los grandes desastres destruyen las edificaciones, arrasan con las vidas de los cercanos, dejan sin hogar a innumerables familias y alteran para siempre el devenir rutinario de un contexto, la escuela no puede voltear la mirada ignorando –como acostumbra– los sucesos de una sociedad en crisis. El Sistema Educativo Latinoamericano, reconocido por sus grandes problem&aacute;ticas, est&aacute; llamado en medio del desastre a revestirse de nuevas formas, superar sus desaciertos y enfrentar con pertinencia los contextos que demandan una voz de esperanza, una estrategia inteligente y una fuerza colegiada, un nosotros concertado para poder re-construirse, ya no desde los par&aacute;metros tecno-burocratizados y desgastados de los muros del aula o de los tiempos controlados del curr&iacute;culo, sino desde la ciudad, la vida y la otredad como esenario de encuentro no escolarizado para el aprendizaje.</p>     <p>El presente texto es una propuesta embrionaria de indagaci&oacute;n, para la cual las nociones capitales de "otredades", "reforma del pensamiento educativo" y "escenarios de ciudad como espacio educativo", son ejes que atraviesan y cautivan la presente idea investigativa.</p>      <p><font size="3"><b>Argumentos iniciales: la naturaleza de la escuela</b></font><a name="nu2"></a><a href="#num2"><sup>2</sup></a></p>      <p>La escuela es quiz&aacute; el proyecto m&aacute;s representativo y viabilizador de las sociedades modernas. Si bien, como lo afirma Terr&eacute;n (1999, p. 67), la escuela no fue un invento de la modernidad ilustrada, &laquo;s&iacute; lo fue su configuraci&oacute;n como organizaci&oacute;n de masas y como principal anatematizador de la ociocidad&raquo;; fue concebida y estructurada para instaurarse como estamento formal, en donde se privilegia la perpetuaci&oacute;n y legitimaci&oacute;n de los bienes y sentidos de la humanidad, as&iacute; como para difundir la red de significados o &laquo;el magma de las significaciones imaginario sociales, las cuales son llevadas por la sociedad e incorporadas a ella y, por as&iacute; decirlo, la animan&raquo; (Castoriadis, 1986).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La idea moderna sustentada en torno a que &laquo;al igual que no hay progreso sin productividad, no hay tampoco productividad sin disciplina&raquo; (Terr&eacute;n, 1999), sent&oacute; los fundamentos de la escuela para garantizar la expansi&oacute;n y el ideal de progreso econ&oacute;mico, pol&iacute;tico, social y cultural del mundo occidental.</p>     <p>La escuela se ha convertido, desde entonces, en el s&iacute;mbolo cultural para la institucionalizaci&oacute;n del conocimiento y para el agenciamiento de los modos sociales en el contexto de una comunidad hist&oacute;rica de maestros y estudiantes.</p>     <p>Desde otra perspectiva, es preciso anotar que la escuela no s&oacute;lo ejerce una funci&oacute;n de &laquo;perpetuaci&oacute;n de los relatos&raquo; (Lyotard, 2000), &laquo;reproducci&oacute;n de las estructuras sociales y fabricaci&oacute;n de los modos de pensar y actuar de las personas&raquo; (Bourdieu, 1991) o &laquo;reproducci&oacute;n de los imaginarios&raquo; (Castoriadis, 1986), sino que adem&aacute;s, y en contraposici&oacute;n a lo anterior, es considerada como el motor para la renovaci&oacute;n y movilizaci&oacute;n de las estructuras viejas que necesitan ser transformadas. En efecto, se debate en la tensi&oacute;n antag&oacute;nica/complementaria de ser, por un lado, instituci&oacute;n determinada que reproduce y conserva las crisis sociales en sus estructuras, pero a su vez, sistema vivo que denuncia la actual devastaci&oacute;n humana y proclama el advenimiento de una sociedad en la cual nos situemos incluyentes, renovados, solidarios y realizados.</p>     <p>A partir de Luhmann (2006), se infiere que el sistema hist&oacute;rico-social ha creado y es creado por el sub-sistema educativo, atendiendo a una din&aacute;mica auto-referenicial y auto-poi&eacute;tica, en cuyo juego se fraguan en la escuela las expectativas culturales para la conservaci&oacute;n y preservaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n para la transformaci&oacute;n y la renovaci&oacute;n del conocimiento, la ciencia y la tecnolog&iacute;a. En su naturaleza subyace una dualidad que la circunscribe, pues encierra en s&iacute; un juego de contrarios: es a la vez determinada/indeterminada, simple/compleja y se debate entre la conmemoraci&oacute;n de un presente pasado y el anhelo de un presente porvenir.</p>     <p>Sin embargo, a pesar de la posibilidad creadora que suscitan estas tensiones, la escuela tiende hacia la estaticidad de su pensamiento y estructura. La escuela del tiempo presente no escapa a la tendencia natural de evitar la incertidumbre y procurar mantener un estado equilibrado, cierto y ordenado; como todo sistema, intenta mantener su organizaci&oacute;n y preservar su autonom&iacute;a. En efecto, la escuela se ha pensado como un estamento de la cultura, se cre&oacute; para permanecer, ; y por tanto, no est&aacute; preparada para enfrentar los acontecimientos inesperados de la sociedad-historia, no est&aacute; dise&ntilde;ada para devenir en un estado de vigilancia conceptual y experiencial, no est&aacute; capacitada para actuar bajo la ruina de sus inamovibles.</p>      <p><font size="3"><b>Algunas crisis de la escuela del tiempo presente</b></font></p>      <blockquote>"Supuestamente, la modernidad iba ser aquel periodo de la historia humana en el que, por fin, nos ser&iacute;a posible dejar atr&aacute;s los temores que dominaron la vida social del pasado, hacernos con el mando de nuestras vidas y dominar las descontroladas fuerzas de los mundos social y natural. Y, sin embargo, volvemos a vivir una &eacute;poca de miedo. Tanto si hablamos del miedo a los desastres naturales y a las cat&aacute;strofes medioambientales, como del miedo a los atentados terroristas indiscriminados, hoy en d&iacute;a el mundo experimenta un estado de ansiedad constante por los peligros que pueden azotarnos sin previo aviso y en cualquier momento" (Z. Bauman, 2007).</blockquote>     <p>1. <i>Paradigma determinista:</i> nuestras instituciones a&uacute;n no han logrado superar la l&oacute;gica del paradigma determinista, simplificado y reduccionista, heredado de la Modernidad Ilustrada. Esto se evidencia en el modo de relaci&oacute;n disyuntiva entre las instancias acad&eacute;mico-administrativas, en la rigidez de las estructuras de conocimiento-curr&iacute;culos-planes de estudio, en la multiplicidad de procesos y procedimientos aislados de la l&oacute;gica integradora, en la inminente ausencia de escenarios de pensamiento dedicados a la cr&iacute;tica radical de nuestras cegueras y errores.</p>     <p>La academia se esfuerza por conservar y "transmitir" un conocimiento que no logra renovarse, que cada vez es m&aacute;s hiper especializado, est&aacute;tico, compartimentado en campos delimitados del saber, poco sometido a racionalidades cr&iacute;ticas y segregado en su esencia del todo sist&eacute;mico al cual pertenece. Por un camino paralelo, disyuntivo, trasiega la administraci&oacute;n, quien en su intento por ser estrat&eacute;gica, planificada y controlada, olvida las reflexiones frente al conocimiento, ignora los puntos de encuentro y retroalimentaci&oacute;n con la academia, suscitando en ascenso la descontextualizaci&oacute;n de sus acciones.</p>     <p>2.<i> Temor a la incertidumbre:</i> al igual que todo ser viviente, el sistema educativo posee sus dispositivos y barreras de autoprotecci&oacute;n, defensa, hu&iacute;da, ataque, para la preservaci&oacute;n de su equilibrio en raz&oacute;n a su tendencia a perdurar. As&iacute;, la escuela como sistema, produce y organiza permanentemente una especie de membrana-frontera, de l&iacute;mite excluyente que selecciona y filtra los intercambios con el entorno, permitiendo el paso de lo asimilable a su estructura (lo ya conocido) y oponi&eacute;ndose a integrar lo no-asimilable (lo desconocido).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>3.<i> Crisis de la docencia:</i> "Han entrado, o quiz&aacute;s, permanecido en crisis, los AXIOMAS que sustentan la &eacute;tica, la praxis, el demos, el ontos de la episteme docente" (Guar&iacute;n, 2004). A&uacute;n no se define con claridad qui&eacute;n es el sujeto docente, cu&aacute;les son los criterios que fundamentan la ense&ntilde;anza, c&oacute;mo permitir la reintegraci&oacute;n entre ciencia y filosof&iacute;a para encontrar el origen filos&oacute;fico del conocimiento en su relaci&oacute;n interdependiente con la ciencia, c&oacute;mo atender al llamado de la indagaci&oacute;n sostenida, y ante todo, c&oacute;mo entender que el rol del maestro no es "ense&ntilde;ar-lo-dicho", sino el "estar-diciendo" (Melich, 1998) en un continuo acontecimiento de estar-aprendiendo.</p>     <p>De esta manera, Nietzsche lo anunciaba al referirse a los docentes de su &eacute;poca:</p>     <blockquote>La triste causa de que, a pesar de todo, no consiga manifestarse por ning&uacute;n lado una honradez completa, es la pobreza espiritual de los profesores de nuestra &eacute;poca: precisamente en ese campo faltan los talentos realmente inventivos, faltan los hombres verdaderamente pr&aacute;cticos, o sea, los que tienen ideas buenas y nuevas, y saben que la aut&eacute;ntica genialidad y la aut&eacute;ntica praxis deben encontrarse necesariamente en el mismo individuo (2000; versi&oacute;n original, 1872).</blockquote>     <p>4. <i>La crisis de los metarrelatos:</i> las grandes teor&iacute;as explicativas, asentadas sobre la presunci&oacute;n de una verdad determinada para garantizar un progreso ilimitado, ya no nos sirven para comprender el mundo, han ca&iacute;do en descr&eacute;dito porque perdieron su legitimaci&oacute;n y, por tanto, su papel totalizante (Lyotard, 2000). Los discursos viejos, lisiados y desesperanzadores se han tomado la hermen&eacute;utica del sentido de humanidad. Los criterios de formaci&oacute;n son poco sustentables. Las peroraciones dial&eacute;cticas contin&uacute;an separando a sujeto-objeto, y a&uacute;n no se encuentra el camino para conjugar articuladamente un nuevo metarrelato del conocimiento. Las preguntas por la libertad, la autonom&iacute;a, la autorealizaci&oacute;n del sujeto, la emancipaci&oacute;n del pensamiento, no han superado los lenguajes que simplifican y anulan la posibilidad de creaci&oacute;n para dejar ser, dejar hacer, dejar aprender, dejar pensar... Superar la crisis del relato implica un desaf&iacute;o para comprender las im&aacute;genes tecnocient&iacute;ficas del mundo, para aventurarse en los nuevos juegos ling&uuml;&iacute;sticos que no pasan por el libro, para comprender las connotaciones &eacute;ticas/pol&iacute;ticas/jur&iacute;dicas/epist&eacute;micas de las nuevas narrativas. A&uacute;n la escuela no sabe c&oacute;mo acompasar los lenguajes contradictorios sin simplificarlos, c&oacute;mo conjugar arte-literatura-religi&oacute;n-mito-lenguaje telem&aacute;tico... Tampoco hemos logrado conjurar un lenguaje que nos acerque al mundo, al contexto, a las realidades de vida de la humanidad en crisis; el lenguaje de la escuela a&iacute;sla, excluye y discrimina en lugar de generar mayor dialogicidad con la sociedad.</p>     <p>5. <i>&laquo;La institucionalizaci&oacute;n del Autismo&raquo; (S&aacute;nchez, 2007):</i> nuestro sistema educativo ha desarrollado una especie de inteligencia ciega, ensimismada y cerrada que le impide el desarrollo de una adecuada interacci&oacute;n social, comunicaci&oacute;n y reciprocidad con la auto-eco-regulaci&oacute;n sist&eacute;mica que la habita y en que habita. La escuela se ha aislado y la sociedad as&iacute; lo ha asumido.</p>     <p>6.<i> El aula olvidada:</i> se ha burocratizado tanto el sistema educativo y sobre &eacute;l han reca&iacute;do tantas responsabilidades delegadas –la de la familia, el estado, la salud, la iglesia, la ley– que nuestras escuelas de hoy congregan m&aacute;s atenciones y tratamientos que aprendizajes, han perdido su esencia de escenario-encuentro para la formaci&oacute;n humana. Los docentes deben llenar incontables formatos; entregar cientos de reportes, informes, estad&iacute;sticas y datos; asistir a reuniones, capacitaciones y encuentros que ocupan su principal atenci&oacute;n, invaden la gran parte de su tiempo y colman su escasa agenda laboral. Por &uacute;ltimo, escondida tras la inmensa cantidad de actividades que "garantizan la calidad", t&iacute;mida y olvidada queda la responsabilidad del Aula, relegada y atendida despu&eacute;s del &uacute;ltimo informe, reuni&oacute;n y formato. El sentido fundamental de la escuela –el aula, como espacio/tiempo de interacci&oacute;n para conservar y renovar el conocimiento procurando la sabidur&iacute;a en contexto– se ha ignorado y sencillamente se ha incorporado a la pr&aacute;ctica desgastada del maestro.</p>      <p><font size="3"><b>En medio de la incertidumbre y el colapso, la escuela queda aturdida e inmovilizada</b></font></p>      <blockquote>&#34;En el mundo en que estamos viviendo hay muchas cosas que se est&aacute;n deteriorando [...]; nuestra naturaleza est&aacute; cada vez m&aacute;s deteriorada y agredida, crecen los desiertos, se destruyen selvas extraordinarias e importantes para la supervivencia de tantas especies en el planeta; miles y miles de personas, cientos de miles de personas mueren en presuntos desastres naturales, que por cierto no son de origen natural sino que son de origen humano y en su &uacute;ltima manifestaci&oacute;n solamente son una expresi&oacute;n de la naturaleza" (Max Neef, 1991).</blockquote>      <p>La idea que prevaleci&oacute; desde Descartes hasta Newton acerca de un mundo ordenado, cierto, predecible y dominado por la ciencia, se derrumba ante las evidentes situaciones de crisis, incertidumbre y caos que desbordan nuestra posibilidad de control sobre los fen&oacute;menos. En efecto, toda idea de dominio del hombre sobre la naturaleza pierde su validez cuando nos golpean las incontenibles e inesperadas crisis econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas, religiosas, culturales y m&aacute;s a&uacute;n, ante la ocurrencia de las cat&aacute;strofes naturales que arrasan con la vida, la estabilidad y la soberan&iacute;a humana: &iquest;qu&eacute; es el hombre frente a la magnitud imponente de un terremoto, un tsunami, una inundaci&oacute;n, un hurac&aacute;n o una exposici&oacute;n a la radiactividad? &iquest;qui&eacute;n est&aacute; excento de perderlo todo, incluso la vida, en un desastre sufrido por aquella naturaleza que nos sostiene como especie en el planeta? &iquest;qu&eacute; queda de lo humano y sus instituciones <a name="nu3"></a><a href="#num3"><sup>3</sup></a> despu&eacute;s de una cat&aacute;strofe?</p>     <p>El sistema educativo, estructurado para perdurar y perpetuar, caracterizado por su est&aacute;tica quietud, organizado para garantizar la reproducci&oacute;n de la cultura, incorporado en el quehacer aut&oacute;mata de millones de ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y j&oacute;venes; sistema seguro, amurallado e inexpugnable, cuando se halla en medio de una devastaci&oacute;n que derriba las paredes de sus aulas, sencillamente queda desnudo e imp&aacute;bido por su vulnerabilidad e incapacidad de actuar en y por el desorden.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Resulta importante anotar que el mundo f&iacute;sico se despliega en medio de tracciones entre movimientos contrarios y complementarios "eventos-en-atracci&oacute;n" que generan posibilidades de creaci&oacute;n, transformaci&oacute;n y regeneraci&oacute;n de la vida; estos movimientos podr&iacute;an representarse de la siguiente manera:</p>      <p align="center"> <img src="img/revistas/Folios/n34/n34a03f01.jpg"></p>      <p>Dichos eventos de atracci&oacute;n-tensi&oacute;n nos recuerdan la latencia constante de lo incierto en el juego impredescible de creaci&oacute;n/destrucci&oacute;n, orden/desorden, organizaci&oacute;n/desorganizaci&oacute;n, vida/muerte, despertando la conciencia por la fragilidad y futilidad de la especie en el planeta.</p>     <p>La idea de <i>fijeza</i> de la escuela queda revaluada en el <i> v&eacute;rtigo </i> producido por las interacciones inciertas y violentas de la naturaleza. As&iacute;, cuando el sistema educativo colapsa por las cat&aacute;strofes, la noci&oacute;n de educaci&oacute;n institucionalizada pierde todo su sentido, deja de ser funcional para sobrepasar la crisis, y entonces la sociedad se enfrenta a la re-configuraci&oacute;n de su imaginario educativo.</p>     <p>Aturdido y desconcertado por la p&eacute;rdida y desolaci&oacute;n que emergen post-desastre, el sistema educativo se enfrenta al reto enorme de generar condiciones de seguridad, estabilidad, protecci&oacute;n y mitigaci&oacute;n de los impactos f&iacute;sicos, psicol&oacute;gicos, sociales y econ&oacute;micos. La sociedad colapsada vuelve su mirada a la escuela y le exige ser el dispositivo que garantice la supervivencia, pues ella es la &uacute;nica que puede significar esperanza en medio de la muerte<a name="nu4"></a><a href="#num4"><sup>4</sup></a>. Entonces, se hace evidente que, nuestra escuela est&aacute; tan determinada por las normas y principios de "estabilidad" que no ha podido encontrar una respuesta din&aacute;mica y adecuada al cambio r&aacute;pido en el cual debe afrontar las transformaciones complejas que se suscitan con los desastres.</p>     <p><font size="3"><b>Los contextos de desastre</b></font></p>     <blockquote>&laquo;El ser humano se ha enfrentado desde siempre a la incertidumbre del futuro&raquo; Luhmann, 2006.</blockquote>     <blockquote>&laquo;Tal vez nuestras normas y valores culturales no son adecuados; es posible que muchos de nosotros busquemos eliminar el riesgo ambiental completamente o tratemos de apartarnos de &eacute;l, m&aacute;s que aprender a ajustarnos a sus l&iacute;mites&raquo; Mitchell, 1994.</blockquote>     <p>Podr&iacute;amos afirmar, a luz de la teor&iacute;a de Mitchell (1994), que los desastres son problemas todav&iacute;a no mitigados por el desarrollo de las sociedades contempor&aacute;neas, y m&aacute;s a&uacute;n, que ellos son el resultado de la intervenci&oacute;n fragmentada de la inteligencia del hombre sobre la naturaleza.</p>     <p>La problem&aacute;tica del desastre natural atraviesa por la incapacidad del hombre para comprender los fen&oacute;menos naturales de una manera sist&eacute;mica, y esto mismo hace que, desde su inteligencia disyuntiva, no logre intervenir la naturaleza de una forma compleja, generando as&iacute; mayores desastres colaterales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es suficiente con revisar las agendas de planificaci&oacute;n post-desastre para concluir que la b&uacute;squeda desesperada por encontrar una nueva estabilidad despu&eacute;s del caos generado tras una cat&aacute;strofe natural, es orientada por actuaciones particulares y segmentadas que olvidan o ignaran los tejidos sist&eacute;micos en los cuales estamos inmersos. Estas mediaciones fragmentadas hacen que prevalezca la l&oacute;gica reduccionista y simplificada que no logra dar respuesta integral a fen&oacute;menos que son de naturaleza interrelacional.</p>     <p>Por otro lado, no ha sido posible lograr la comprensi&oacute;n profunda del balance que debe existir en el tratamiento de los v&iacute;nculos entre el <i>fen&oacute;meno del desastre y los contextos del desastre</i>. En efecto, se otorga demasiada atenci&oacute;n al fen&oacute;meno del desastre y se pasan por alto –o se exploran muy poco– los contextos sociales, culturales, pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos en que ocurren (Mitchell, 1994).</p>     <p>El af&aacute;n inmediato de los organismos que intervienen post-desastre se centra en la atenci&oacute;n humanitaria, posteriormente en la rehabilitaci&oacute;n y finalmente, en la reparaci&oacute;n. Luego el desarrollo de estas fases ocurre desde miradas externas, planes paternalistas y estrategias inmediatistas que ignoran los contextos y se enfocan en el fen&oacute;meno.</p>     <p>Dicha simplificaci&oacute;n nos lleva a olvidar o desconocer que el contexto social, hist&oacute;rico, econ&oacute;mico, pol&iacute;tico, educativo y cultural en que ocurren las cat&aacute;strofes condiciona las posibilidades y potencialidades de atenci&oacute;n e intervenci&oacute;n. As&iacute; se ignora la constricci&oacute;n y, a su vez, la emergencia creadora en la interacci&oacute;n desastre/contexto.</p>     <p>Pero no s&oacute;lo se descontextualiza el fen&oacute;meno del lugar espec&iacute;fico y de sus contextos sist&eacute;micos de ocurrencia, sino que adem&aacute;s las explicaciones actuales sobre los desastres no dan un peso adecuado a la acci&oacute;n forzada y sin precedentes de los cambios sociales y ambientales contempor&aacute;neos (Mitchell, 1994). Por consiguiente, es posible afirmar que la desconexi&oacute;n compleja ocurre en tres niveles de ignorancia acerca de los contextos que no s&oacute;lo rodean, sino que condicionan/posibilitan la re-configuraci&oacute;n socio-hist&oacute;rica. Estos son:</p>     <p><b>Contextos espaciales: el "lugar" perdido</b></p>     <p>El an&aacute;lisis del contexto debe ocuparse de la comprensi&oacute;n del lugar donde ocurren los desastres, entendida aqu&iacute; la comprensi&oacute;n no en t&eacute;rminos de acumulaci&oacute;n de informaci&oacute;n o conocimiento, sino como la implicaci&oacute;n f&iacute;sica, emocional, cognitiva y comunicativa del que conoce, en el objeto de conocimiento, para asumir postura pol&iacute;tica y &eacute;tica frente a lo que comprende.</p>     <p>En este sentido, la "comprensi&oacute;n del lugar" no es el simple conocimiento de una localizaci&oacute;n geogr&aacute;fica en donde ha ocurrido un desastre, sino la comprensi&oacute;n de una entidad que es producto de la interacci&oacute;n humana en el medio ambiente local y que parte de la identidad de sus habitantes, como componente central que ayuda a entender la actitud y el comportamiento de la gente que est&aacute; en contacto con dicho lugar (Mitchell, 1994). De tal manera que el an&aacute;lisis del contexto espacial debe proporcionar una comprensi&oacute;n profunda de las amenazas y potencialidades enraizadas que emergen tras la cat&aacute;strofe.</p>     <p>No es posible desconocer que en virtud de los espacios se instauran las relaciones sociales, y que adem&aacute;s, seg&uacute;n Bachelard, la adherencia a esos lugares hace que tomemos la forma de nuestros escondites (2000, p. 45; versi&oacute;n original, 1957). Entonces, tras la destrucci&oacute;n de los espacios, consecuentemente surgen nuevas formas de interacci&oacute;n humana: constrictivas, ego&iacute;stas, violentas o solidarias, abnegadas, incluyentes, en todo caso, supeditadas a las restricciones, hacinamientos y temporalidades de los lugares adaptados para el resguardo de los sobrevivientes. Relaciones viabilizadas, por supuesto, por el lugar de sentido que se instaure para el aprendizaje de los nuevos modos de asentamiento.</p>     <p>Un lugar configura las relaciones inscritas en el espacio, relaciones tambi&eacute;n inscritas en la duraci&oacute;n de formas espaciales concretadas en el tiempo, para hacerse lugar de identidad, relacional e hist&oacute;rico. En este orden de ideas, un espacio que no puede definirse en la consolidaci&oacute;n de identidad, en la perduraci&oacute;n de relaciones y en la configuraci&oacute;n hist&oacute;rica, ser&aacute;, sin duda, un no-lugar (Auge, 1996). &iquest;Qu&eacute; sucede con los lugares de sentido cuando han sido arrasados por un fen&oacute;meno natural? &iquest;C&oacute;mo configurar nuevos lugares de identidad que permitan la recuperaci&oacute;n de la esperanza en las comunidades que lo han perdido todo y cuyo contexto espacial ha sido removido o quiz&aacute;s borrado del paisaje geogr&aacute;fico? &iquest;Cu&aacute;l es la responsabilidad y la capacidad de la escuela para la configuraci&oacute;n de nuevos lugares? O &iquest;ser&aacute; que tras la tragedia, lo que se instaura es un no-lugar prolongado?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote><i>Los no–lugares son tanto las instalaciones necesarias para la circulaci&oacute;n acelerada de personas y bienes (v&iacute;as r&aacute;pidas, empalmes de rutas, aeropuertos) como los medios de trasporte mismos o los grandes centros comerciales, o tambi&eacute;n los campos de tr&aacute;nsito prolongado donde se estacionan los refugiados del planeta (Aug&eacute;, 1996, p. 41).</i></blockquote>     <p>&laquo;El no lugar es lo contrario de la utop&iacute;a: existe y no postula ninguna sociedad org&aacute;nica&raquo; (Aug&eacute;, 1996, p. 41). Entre tanto, el espacio es la sublimaci&oacute;n del lugar, constituye su evocaci&oacute;n, la cristalizaci&oacute;n en la memoria mediante el recorrido de significados del ser humano que halla en el lugar la transformaci&oacute;n en espacio personal de vida. &laquo;El espacio ser&iacute;a al lugar lo que se vuelve la palabra cuando es hablada, es decir, cuando est&aacute; atrapada en la ambig&uuml;edad de una ejecuci&oacute;n&raquo; (Merleau-Ponty, citado por Aug&eacute;, 1996, p. 85).</p>     <p>Una vez perdido el espacio, las personas quedan expuestas al "afuera", expulsadas –en el sentido de Bachelard (2000) – de la concreci&oacute;n de lo de dentro y arrojadas a la vastedad de lo de fuera: &laquo;lo de dentro y lo de fuera no reciben de igual manera los calificativos, esos calificativos que son la medida de nuestra adhesi&oacute;n a las cosas&raquo; (p. 188).</p>     <p>Si la escuela no logra generar memoria, realizaci&oacute;n, espacio personal de vida, sociedad antropo-bio-crono-l&oacute;gica, el contexto espacial destruido no ser&aacute; espacio, no ser&aacute; de nuevo lugar, y sus habitantes quedar&aacute;n condenados al hast&iacute;o o a la costumbre de permanecer en un tr&aacute;nsito indefinido por un no-lugar, en el cual se perdieron los sentidos de vida compartidos, donde se cristaliza el simbolismo de la <i>antropolog&iacute;a de la sobremodernidad:</i> sujeto-humanidad-tiempo, marchan tan de prisa, que en su af&aacute;n dif&iacute;cilmente logran la acogida c&aacute;lida de la posibilidad figurativa de hallarse lugar para conjugar identidad y relaci&oacute;n, para alcanzar, al menos, una estabilidad m&iacute;nima, un lugar para la memoria.</p>     <p><b>Contextos temporales: el desastre como umbral hist&oacute;rico de la potencia</b></p>     <p>&iquest;Cu&aacute;les son las condiciones para convertir el desastre en posibilidad de ruptura hist&oacute;rica y en movimiento para atravesar los umbrales de la utop&iacute;a?</p>     <p>Si bien los estudios se han centrado en el an&aacute;lisis geo-referencial de los espacios en condici&oacute;n de desastre, vale la pena preguntarse por el an&aacute;lisis del contexto hist&oacute;rico en que ellos ocurren desde la axialidad temporal. &iquest;Cu&aacute;l es la lectura del tiempo presente en los contextos de mundo? y &iquest;de qu&eacute; manera influyen sobre la condici&oacute;n post-desastre?</p>     <p>Adem&aacute;s, si la sociedad se mantiene unida y perdura en su condici&oacute;n hist&oacute;rica por la suma de normas, valores, lenguaje, instrumentos, procedimientos, m&eacute;todos que dan sentido particular al Yo individual y colectivo con su tipo y su forma (Castoriadis, 1986), y as&iacute; mismo se transforma como instituci&oacute;n social por dos v&iacute;as posibles [1. &laquo;Superficialmente por la coerci&oacute;n, la violencia, el poder, la ley impuesta y las sanciones, pero 2. Ampliamente por la adhesi&oacute;n, el consenso, la creencia y la legitimaci&oacute;n&raquo; (Castoriadis, 1986)], podr&iacute;amos asumir entonces que una situaci&oacute;n de cat&aacute;strofe natural estar&iacute;a ubicada en ambas v&iacute;as: la de violencia natural y la del posterior consenso, a partir de las cuales se puede generar una potencia ut&oacute;pica o un pesimismo tr&aacute;gico postdesastre. O bien, surgir&iacute;a un sentido renovado para hacer una ruptura emancipatoria que de paso a la instauraci&oacute;n de nuevas normas, valores, lenguajes e instrumentos sociales para el rescate de una humanidad posible, unida por su necesidad de supervivencia como especie; o en su defecto, la sociedad se transformar&iacute;a hacia estadios m&aacute;s violentos, primarios, egoc&eacute;ntricos y auto-destructivos.</p>     <p>En este escenario de posibilidad tiene lugar la escuela como instituci&oacute;n que puede generar sentidos compartidos, convicciones, adhesiones, fe y estrategia colegiada para romper con las viejas formas de organizaci&oacute;n y propiciar la instauraci&oacute;n de nuevos escenarios de transformaci&oacute;n en la sociedad.</p>     <p>Sin embargo, al proponer que el sistema educativo se convierta en punto de fuga para las tensiones entre lo ut&oacute;pico y lo tr&aacute;gico de la cat&aacute;strofe, tenemos que volver a la pregunta &iquest;est&aacute; preparada la escuela para configurar un presente/porvenir en horizonte de esperanza?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Contextos discursivos e imaginarios</b></p>     <p>El tercer contexto que debe ser estudiado y comprendido es aquel intangible, imaginario y compartido que hace referencia al conjunto de significaciones imaginarias que dan sentido y otorgan determinados valores a las cosas y a las relaciones en la sociedad.</p>     <p>Un contexto imaginario se sostiene por los relatos, discursos y lenguajes, los cuales, a su vez, son determinados por el paradigma de mundo instaurado en el suprasistema social:</p>     <blockquote>En realidad ser&iacute;a superficial e insuficiente decir que toda sociedad tiene en s&iacute; misma un sistema de interpretaci&oacute;n del mundo. La sociedad es un sistema de interpretaci&oacute;n del mundo; aunque el t&eacute;rmino "interpretaci&oacute;n" es aqu&iacute; otra vez superficial e inapropiado. La sociedad es una construcci&oacute;n, una constituci&oacute;n, una creaci&oacute;n del mundo, de su propio mundo. Su identidad no es sino este sistema de interpretaci&oacute;n, este mundo que ella crea. Y a eso se debe que la sociedad sienta (de la misma manera que un individuo) como una amenaza mortal cualquier ataque que se haga contra su sistema de interpretaci&oacute;n; tal ataque lo siente contra su identidad, contra s&iacute; misma (Castoriadis, 1986).</blockquote>     <p>Teniendo en cuenta lo anterior, el significado y valor de las p&eacute;rdidas post-desastre ser&aacute;n diferentes para los distintos contextos imaginarios. De igual manera, las urgencias de re-construcci&oacute;n ser&aacute;n variables y supeditadas a las prioridades de una sociedad determinada y auto-organizada por la comunicaci&oacute;n, que a su vez es producida y producente de los modos sociales (Luhmann, 2006). &iquest;Cu&aacute;l es el valor no-cuantitativo de la p&eacute;rdida post-desastre? &iquest;cu&aacute;l es la organizaci&oacute;n funcional y la estructura de relaciones que colapsa con la cat&aacute;strofe? &iquest;qu&eacute; es lo que la escuela debe ayudar a restaurar a partir de la comprensi&oacute;n de los imaginarios y sistemas de interpretaci&oacute;n de mundo del contexto imaginario y discursivo? &iquest;cu&aacute;les son los lenguajes que posibilitan y los que imposibilitan la instauraci&oacute;n de una esperanza post-desastre?</p>      <p><font size="3"><b>La crisis del desastre como oportunidad para la de-construcci&oacute;n del pensamiento educativo tradicional</b></font></p>      <blockquote>En esta guerra, nuestro ganado ha sido tomado por las milicias Janjaweed y tuvimos que huir de nuestra tierra. Tuvimos que dejar atr&aacute;s todas nuestras pertenencias. Lo &uacute;nico que podr&iacute;a traer con nosotros es lo que tenemos en nuestras cabezas, lo que se nos ha ense&ntilde;ado-nuestra educaci&oacute;n. La educaci&oacute;n es lo &uacute;nico que no puede ser tomado de nosotros y sobre la cual podemos construir una vida mejor para nuestros hijos. (Las mujeres en el campamento de refugiados de Breijing, al este de Chad, 2005).</blockquote>     <p>En el marco de las condiciones normales de vida, la escuela nos recuerda que la educaci&oacute;n es un fen&oacute;meno necesario en la vida del ser humano y a la vez un proceso que nos acompa&ntilde;a desde la concepci&oacute;n hasta el final de la existencia. Ante las situaciones de desastre, en las cuales la normalidad se torna en plena anormalidad, desequilibrio y caos, la escuela est&aacute; llamada a adquirir otras dimensiones que le permitan movilizar sus estructuras y movilizar la re-construcci&oacute;n de las urdimbres sociales. En este sentido, cobran fuerza interrogantes como: &iquest;Qu&eacute; entendemos por escuela? &iquest;Qu&eacute; podemos esperar de ella para que nos permita vivir mejor? &iquest;Puede la escuela aprovechar la dificultad para transformarla en oportunidad y para encontrar un nuevo orden/organizaci&oacute;n en medio del caos? &iquest;Es capaz de re-configurar sus lenguajes para transformar los sentidos viejos en nuevas significaciones de humanidad?</p>     <p>De-construir el imaginario tradicional de escuela es condici&oacute;n prioritaria para re-construir un mundo posible tras el desastre; all&iacute; cobra real importancia reconocer que el aprendizaje no est&aacute; demarcado ni circunscrito a la formalizaci&oacute;n curricular de la institucionalidad, que se aprenden sin necesidad de gradualidad ni relaciones formales o "encierro"; que en efecto se aprende mejor sin la necesidad de un maestro, sin esa &laquo;l&oacute;gica del atontamiento que hace a los alumnos dependientes de la explicaci&oacute;n&raquo; (Ranci&eacute;re, 2007), que se aprende y desaprende en un contexto social que instala a los sujetos en el n&uacute;cleo de m&uacute;ltiples miradas y &aacute;mbitos de relaci&oacute;n e interacci&oacute;n con sus iguales y con los otros.</p>     <p>La ausencia de una edificaci&oacute;n para la educaci&oacute;n formal genera una forma distinta de encuentro para el aprendizaje, situado desde la humanidad del otro, desde su profunda sensaci&oacute;n y deseo de superaci&oacute;n sin la barrera del muro; esto nos permite ser capaces de superar el concepto de escuela como un lugar espacial y temporal para asumirla como un sistema de sentidos, comunicaciones e interacciones de hombres y mujeres que encuentran en el acontecimiento de estar-aprendiendo, "estar-diciendo" (Melich, 1998, p. 97) una disculpa para reconfigurar los modos perdidos que dej&oacute; la tragedia. Este marco de posibilidad necesariamente se recorre en el trayecto de una Pedagog&iacute;a Social que, a la vez, se convierte en eje motor de la reconstrucci&oacute;n de v&iacute;nculos solidarios, ciudadanos y culturales que van m&aacute;s all&aacute; de la simple escolaridad; se trata, ante todo, de una oportunidad para la recuperaci&oacute;n de la esperanza colectiva.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para lograr la configuraci&oacute;n de nuevas posibilidades de organizaci&oacute;n humana post-desastre es necesario que la escuela supere la tensi&oacute;n entre dos polos inmovilizadores del pensamiento: el pesimismo tr&aacute;gico y la utop&iacute;a ingenua, pues ninguno de estos extremos la sit&uacute;a en un plano jur&iacute;dico de actuaci&oacute;n que le permita consolidar apuestas de creaci&oacute;n; por el contrario, conduce a los sujetos hacia la indiferencia acr&iacute;tica, desprovista de una praxis pertinente.</p>     <p>Subyace, entonces, la imperiosa necesidad de atravesar los l&iacute;mites de lo tradicional y propiciar, a ra&iacute;z del desastre, una modificaci&oacute;n profunda de la estructura, funcionamiento y relaciones pedag&oacute;gicas en las escuelas, y de &eacute;stas con la comunidad.</p>      <p><font size="3"><b>Ejes de Problematizaci&oacute;n</b></font></p> <ol>     <li> &iquest;Cu&aacute;l es el valor imaginario de la p&eacute;rdida post-desastre? &iquest;Cu&aacute;l es la organizaci&oacute;n funcional y la estructura de relaciones que colapsa con la cat&aacute;strofe?</li>     <li> &iquest;Cu&aacute;les son las crisis y posibilidades que revisten a la escuela en el momento de la cat&aacute;strofe y con las cuales se acompa&ntilde;a para configurar un presente/porvenir tras la ocurrencia de un desastre?</li>     <li> &iquest;Qu&eacute; queda de la escuela sin la escuela y c&oacute;mo se configura en el contexto temporal del miedo y en el vac&iacute;o del lugar? &iquest;Cu&aacute;les son las nuevas connotaciones que se fraguan en el aula sin muros y en el curr&iacute;culo sin tiempos?</li>     <li> &iquest;Qu&eacute; es lo que la escuela debe ayudar a restituir/reconstruir a partir de la comprensi&oacute;n de los imaginarios y sistemas de interpretaci&oacute;n del mundo en el contexto espacial, temporal y discursivo de una comunidad que se enfrenta a la p&eacute;rdida? &iquest;Cu&aacute;les son los lenguajes que posibilitan y los que imposibilitan la instauraci&oacute;n de una esperanza post-desastre? &iquest;Es capaz de re-configurar sus lenguajes para transformar los sentidos viejos en nuevas significaciones de humanidad?</li>     <li> &iquest;C&oacute;mo superar los modos de intervenci&oacute;n disyuntiva que, adem&aacute;s de ignorar la complejidad sist&eacute;mica del lugar, ignoran las relaciones hist&oacute;rico-temporales que afectan e influyen en los contextos de desastre? &iquest;Es posible la instauraci&oacute;n de una l&oacute;gica transdisciplinaria para la comprensi&oacute;n del fen&oacute;meno del desastre y para la re-configuraci&oacute;n de una escuela posible?</li>     <li> &iquest;Cu&aacute;l es el lugar de la memoria y la palabra en la recuperaci&oacute;n post-desastre?</li>     <li> &iquest;Cu&aacute;les son las condiciones de oportunidad para superar las "l&oacute;gicas de restituci&oacute;n" de lo perdido y, en lugar de ello, abordar las "l&oacute;gicas de la reconstrucci&oacute;n" del porvenir?</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li> &iquest;Cu&aacute;les son los sentidos de vida y necesidades de aprendizaje que emergen tras la cat&aacute;strofe?</li>     <li> &iquest;C&oacute;mo hallar &aacute;ngulos de expansi&oacute;n a partir de la tensi&oacute;n entre egocentrismo/abnegaci&oacute;n que permitan la prevalencia del nosotros colegiado a partir de la escuela que se levanta post-desastre?</li>     <li> &iquest;Cu&aacute;l es el pensamiento educativo que fenece con el desastre?</li>     <li> &iquest;C&oacute;mo hacer del desastre un punto de fuga para configurar la esperanza de una escuela que trasciende sus crisis y de una sociedad que instaura nuevos modos de pensamiento, lenguaje y actuaci&oacute;n? &iquest;Cu&aacute;les son las condiciones para convertir el desastre en posibilidad de ruptura hist&oacute;rica de la escuela y para atravesar los umbrales de la utop&iacute;a social?</li>     <li> &iquest;C&oacute;mo instaurar una geo-pol&iacute;tica educativa que genere en el sistema escolar capacidad para anticiparse al riesgo y estrategias para atender las cat&aacute;strofes de manera compleja y pertinente?</li>    </ol>      <p><font size="3"><b>Enfoque metodol&oacute;gico</b></font></p>      <p>En principio, se considera que el enfoque m&aacute;s cercano para el abordaje de este inter&eacute;s investigativo ser&iacute;a el hist&oacute;rico-hermen&eacute;utico, ya que se cuenta con algunos soportes institucionales realizados desde la labor de los investigadores que integran el grupo de investigaci&oacute;n PAIDEIA. Estos soportes son:</p> <ol>     <li> Propuesta educativa para la atenci&oacute;n de emergencias y la re-construcci&oacute;n post-desastres: proyecto enmarcado en la pedagog&iacute;a social para la inclusi&oacute;n, ganador de la convocatoria ASCUN 2010 y avalado por la misma organizaci&oacute;n como propuesta de responsabilidad social universitaria.</li>     <li> Re-Crear la Escuela, su significado y sentido como contexto vital para la inclusi&oacute;n y la recuperaci&oacute;n del sujeto y los modos de intersubjetivaci&oacute;n.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Vivienda temporal de emergencia para la atenci&oacute;n post-desastre: proyecto adelantado por docentes y semilleros de la facultad de Arquitectura, orientado al dise&ntilde;o y construcci&oacute;n de prototipos de vivienda y edificaciones de servicios comunitarios b&aacute;sicos temporales en contextos post-desastre.</li>     <li> La escuela busca al ni&ntilde;o (1999-2007). Proyecto implementado por el municipio de Armenia post-terremoto del eje cafetero, reconocido y avalado por UNESCO.</li>    </ol>  <hr>      <p><font size="3"><b>Pies de p&aacute;gina</b></font></p> </font>     <p><font size="2" face="VERDANA"><a name="num2"></a><a href="#nu2"><sup>2</sup></a>Aqu&iacute; entendida como aquella noci&oacute;n gen&eacute;rica para designar cualquier estamento formal en el que se desarrolla un curr&iacute;culo gradual desde la educaci&oacute;n preescolar hasta la universitaria.</font></p> <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA"> </font>    <p><font size="2" face="VERDANA"><a name="num3"></a><a href="#nu3"><sup>3</sup></a>En el sentido de Castoriadis, entendidas las instituciones sociales como el conjunto de normas, valores, creencias y bienes culturales que dan sentido a las interpretaciones del mundo en un determinado contexto.</font></p> <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA">    <p><a name="num4"></a><a href="#nu4"><sup>4</sup></a>La Red Interagencial de Educaci&oacute;n en Situaciones de Emergencia (INEE, 2010) afirma que &laquo;la educaci&oacute;n mitiga el impacto psicosocial de los conflictos y desastres, dando una sensaci&oacute;n de normalidad, estabilidad, estructura y esperanza para el futuro&raquo;. Adem&aacute;s plantea que, &laquo;cuando un ni&ntilde;o est&aacute; en un ambiente de aprendizaje seguro, &eacute;l o ella tiene menos probabilidades de ser sexual o econ&oacute;micamente explotado o expuesto a otros riesgos, tales como la trata de personas o unirse a un grupo de delincuencia organizada. Adem&aacute;s, la educaci&oacute;n puede transmitir informaci&oacute;n vital para fortalecer las habilidades cr&iacute;ticas de supervivencia y mecanismos de adaptaci&oacute;n, por ejemplo, c&oacute;mo evitar las minas terrestres, c&oacute;mo protegerse contra el abuso sexual, c&oacute;mo prevenir el VIH/SIDA y c&oacute;mo acceder a la asistencia sanitaria y a la distribuci&oacute;n de alimentos. La educaci&oacute;n en emergencias tambi&eacute;n proporciona protecci&oacute;n cognitiva, apoyando el desarrollo intelectual a trav&eacute;s de la ense&ntilde;anza de la alfabetizaci&oacute;n, la aritm&eacute;tica y habilidades de estudio. Tambi&eacute;n puede ense&ntilde;ar a construir la paz y la resoluci&oacute;n de conflictos. Puede proporcionar elementos esenciales para la estabilidad econ&oacute;mica futura&raquo;.</p> <hr>       <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>Aug&eacute;, M. (1996). Los no-lugares. Espacios del anonimato. Una antropolog&iacute;a de la sobremodernidad. Barcelona: Gedisa S. A.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0123-4870201100020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bauman, Z. (2007). Miedo l&iacute;quido: la sociedad contempor&aacute;nea y sus temores. Barcelona: Paid&oacute;s Ib&eacute;rica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0123-4870201100020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bachelard, G. (2000). La po&eacute;tica del espacio. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica de Argentina S. A.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0123-4870201100020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bourdieu, P. (1991). Sobre la escuela. Entrevista recuperada el 10 de abril de 2011, disponible en <a href="http://www.youtube.com/watch?v=3mChkak7_3A" target="_blank">www.youtube.com/watch?v=3mChkak7_3A</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0123-4870201100020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Castoriadis, C. (1986). Los dominios del hombre: encrucijadas del laberinto II. Argentina: Gedisa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0123-4870201100020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Guar&iacute;n, G. (2004). Las crisis de la universidad contempor&aacute;nea. Conferencia presentada en el Seminario de inducci&oacute;n a docentes de la Universidad La Gran Colombia, Julio, Armenia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0123-4870201100020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Luhmann, N. (1992). Sociolog&iacute;a del riesgo. M&eacute;xico: Universidad Iberoamericana, Publicaciones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0123-4870201100020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Luhmann, N (1996). Teor&iacute;a de la sociedad y pedagog&iacute;a. Barcelona: Paid&oacute;s Educador.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0123-4870201100020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lyotard, J. (2000). La condici&oacute;n postmoderna. Madrid: C&aacute;tedra Teorema.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0123-4870201100020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Max-Neef, M. (1991). De la esterilidad de la certeza a la fecundidad de la incertidumbre. Ponencia presentada al Congreso internacional de la creatividad. Universidad Javeriana, facultad de psicolog&iacute;a, Bogot&aacute;.     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0123-4870201100020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>M&eacute;lich, J. (1998). Totalitarismo y Fecundidad. Monterrey: Anthropos Editorial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0123-4870201100020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mitchell, J. (1994). Negociando los contextos de la prevenci&oacute;n de desastres. Versi&oacute;n modificada de la ponencia presentada en el Seminario internacional Sociedad y prevenci&oacute;n de desastres. COMECSO, UNAM, CONACYT, LA RED. Traducci&oacute;n de Elizabeth Mansilla e Ignacio Rubio, M&eacute;xico.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0123-4870201100020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Nietzsche, F. (2000). Sobre el porvenir de nuestras instituciones educativas. Barcelona: Tusquets.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0123-4870201100020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Terren, E. (1999). Educaci&oacute;n y modernidad: entre la utop&iacute;a y la burocracia. Barcelona: Anthropos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0123-4870201100020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ranciere, J. (2007). El maestro ignorante: cinco lecciones sobre la emancipaci&oacute;n intelectual. Buenos Aires: Libros del Zorzal.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0123-4870201100020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>V&eacute;lez, B. (2006). Condiciones de posibilidad para la configuraci&oacute;n de sentido en las comunidades de la Universidad. Tesis de maestr&iacute;a no publicada, Universidad de Manizales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0123-4870201100020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>V&eacute;lez, B. (2010). Universidad: sociedad, crisis y compromiso. Revista SOPHIA. VI edici&oacute;n, 11-21. Universidad La Gran Colombia, Armenia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0123-4870201100020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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