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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La narrativa educacional chilena y su proceso de transformación reciente: un análisis sociológico-histórico]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Chilean educational narrative and its process of recent transformation: a historical-sociological analysis]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[From an educational narrative approach and a conceptual framework stemming from the sociology of education, the article analyzes the State's role in the Chilean educational development as well as the social and political processes that have been established to transform and redefine this narrative. It is argued that, up until now, a narrative that gives centrality to the State, despite attempts to privatize and decentralize the educational system as well as regulate it based on market logic, remains.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p><font size="2" face="verdana">     <p align="center"><font size="4"><b>La narrativa educacional chilena y su proceso de transformaci&oacute;n reciente: un an&aacute;lisis sociol&oacute;gico-hist&oacute;rico</b></font><sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup></p>      <p align="center"><font size="3"><b>The Chilean educational narrative and its process of recent transformation: a historical-sociological analysis</b></font></p>      <p align="center"><b>Javier Corval&aacute;n</b><sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>     <p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Documento producido en el marco del Programa de Investigaci&oacute;n Pol&iacute;ticas P&uacute;blicas, Equidad e Igualdad del Sistema Educacional, financiado por la Fundaci&oacute;n Ford.    <br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Universidad Alberto Hurtado, Santiago, Chile. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:jcorvala@cide.cl">jcorvala@cide.cl</a></p>     <p>Art&iacute;culo recibido el 19 de junio de 2012 y aprobado el 8 de febrero de 2013</p> <hr>      <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>      <p>A partir de un concepto de narrativa educacional y de un enfoque proveniente de la sociolog&iacute;a de la educaci&oacute;n, este art&iacute;culo analiza el rol del Estado en el desarrollo educativo chileno as&iacute; como los procesos sociales y pol&iacute;ticos que se han establecido para trasformar y refundar esta narrativa. Se sostiene que hasta la actualidad se mantiene una narrativa que le da una centralidad al Estado pese a los intentos por privatizar y descentralizar el sistema educacional, as&iacute; como de regularlo desde una l&oacute;gica de mercado.</p>     <p align="center"><b>Palabras clave</b>: Sociolog&iacute;a de la educaci&oacute;n, narrativa educacional, Chile.</p> <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>     <p>From an educational narrative approach and a conceptual framework stemming from the sociology of education, the article analyzes the State's role in the Chilean educational development as well as the social and political processes that have been established to transform and redefine this narrative. It is argued that, up until now, a narrative that gives centrality to the State, despite attempts to privatize and decentralize the educational system as well as regulate it based on market logic, remains.</p>     <p align="center"><b>Keywords</b>: Sociology of education, educational narrative, Chile </p> <hr>      <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n:    <br>   sistemas educacionales modernos:    <br>   integraci&oacute;n, selecci&oacute;n y movilidad social </b></font></p>      <p>M&aacute;s all&aacute; de su objetivo de transmisi&oacute;n del conocimiento especializado a las generaciones siguientes, la educaci&oacute;n en las sociedades contempor&aacute;neas, organizada en sistemas educacionales complejos y masivos, es una concreci&oacute;n material y simb&oacute;lica, impulsada por diversos sectores, con el fin de democratizar la sociedad. Tal democratizaci&oacute;n busca hacer accesible, al conjunto de la poblaci&oacute;n, un cierto conocimiento y vivencia com&uacute;n que permita tanto la integraci&oacute;n de la sociedad como tambi&eacute;n una clasificaci&oacute;n y selecci&oacute;n de individuos, acorde a los principios democr&aacute;ticos y a las necesidades de divisi&oacute;n social del trabajo imperantes en una sociedad moderna. Adicionalmente, los sistemas educacionales modernos buscan aportar decisivamente a la movilidad social de los individuos y mediante ella, a la estabilidad de la sociedad.</p>      <p>Por un lado, la integraci&oacute;n social es un requisito funcional b&aacute;sico de cualquier sociedad y a la vez es de importancia a&uacute;n mayor debido a la heterogeneidad y diferenciaci&oacute;n creciente de las sociedades contempor&aacute;neas. Por otro lado, la selecci&oacute;n y clasificaci&oacute;n de los individuos a partir de sus habilidades y talentos es una necesidad imperiosa de las sociedades complejas y en particular del sistema laboral. Por &uacute;ltimo, la movilidad social es, desde el punto de vista del individuo, una de las concreciones de la idea democr&aacute;tica en las sociedades modernas y, por tanto, constituye tambi&eacute;n un elemento fundamental para la estabilidad de las mismas.</p>      <p>La creciente secularizaci&oacute;n, producto de la modernidad tard&iacute;a y del liberalismo naciente, aceler&oacute; y complejiz&oacute; los procesos de diferenciaci&oacute;n social y cultural, raz&oacute;n por la cual al interior de las sociedades contempor&aacute;neas se desarroll&oacute; la coexistencia de individuos y grupos sociales con orientaciones val&oacute;ricas y creencias no solo distintas sino tambi&eacute;n contrapuestas. Diversos intelectuales de fines del siglo XIX y comienzos del XX3 avizoraron la situaci&oacute;n problem&aacute;tica que emerg&iacute;a de la conjunci&oacute;n de un proceso de secularizaci&oacute;n, diferenciaci&oacute;n y de heterogeneidad axiol&oacute;gica creciente y se plantearon la pregunta respecto de la posibilidad de sobrevivencia de la sociedad y de un mundo en orden si los individuos no compart&iacute;an un m&iacute;nimo trasfondo val&oacute;rico y de orientaci&oacute;n conductual que posibilitara la integraci&oacute;n, la convivencia y la sinton&iacute;a entre las expectativas individuales y la acci&oacute;n colectiva. Si bien es cierto, parte importante de las respuestas a este dilema han apelado a la acci&oacute;n del Estado como ente integrador, la respuesta, particularmente despu&eacute;s de la segunda mitad del siglo XIX, ha sido todav&iacute;a mucho m&aacute;s contundente aludiendo a lo indispensable de una instrucci&oacute;n o ense&ntilde;anza com&uacute;n y universal, garantizada desde el poder de Estado, es decir, no solo proponiendo a tal instrucci&oacute;n como un derecho sino tambi&eacute;n como un deber de los ciudadanos.</p>      <p>El funcionamiento de las sociedades modernas supone que mediante esta escolaridad universal -garante de una socializaci&oacute;n m&iacute;nimamente igualitaria- se aporta al mandato de integrar la sociedad haciendo que individuos diversos y distintos tengan un m&iacute;nimo de vivencias, aspiraciones y racionalidades comunes4 y que, al mismo tiempo, tal proceso sea un redistribuidor potencial de los grados de poder adquiridos a parir del m&eacute;rito individual.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por los elementos mencionados, particularmente la integraci&oacute;n y la movilidad social, pero sobre todo por este &uacute;ltimo, la educaci&oacute;n, en su versi&oacute;n p&uacute;blica y masificada del siglo XX, se constituy&oacute; en una aspiraci&oacute;n progresista y pol&iacute;tico-liberal estructurada a partir de un principio de igualdad y de re-distribuci&oacute;n de un conocimiento que hab&iacute;a sido generado, inicialmente, en espacios privados y elitistas de la sociedad. En efecto, la historia del conocimiento anterior a la universalizaci&oacute;n de la educaci&oacute;n es un ejemplo de c&oacute;mo la ciencia, el arte y la cultura sofisticada se han producido, transmitido y conservado al interior de algunos circuitos sociales, siendo de paso tal limitaci&oacute;n un elemento fundamental para controlar el poder en la sociedad5. La consagraci&oacute;n de los sistemas educativos modernos tiende a cuestionar ese funcionamiento y desde la l&oacute;gica de la estructura global de tales sistemas esto se refleja en tanto ellos pretenden que un cierto tipo de saber transite desde una categor&iacute;a de bien privado a una de bien p&uacute;blico, responsabilizando al Estado por este proceso. Es por ello que la historia de la educaci&oacute;n moderna es indiferenciable del desarrollo de los Estados modernos y de la identificaci&oacute;n de estos &uacute;ltimos con la ampliaci&oacute;n de la igualdad civil y pol&iacute;tica (cf. Archer 1984).</p>      <p>En el caso de Chile, si bien es cierto se puede considerar que existe una idea de educaci&oacute;n p&uacute;blica desde poco despu&eacute;s de la Independencia, es en el siglo XX, y m&aacute;s espec&iacute;ficamente su segunda mitad, cuando la educaci&oacute;n se identifica plenamente con el proceso de democratizaci&oacute;n social creciente y se le ve como un objetivo central del mismo (cf. Ega&ntilde;a, 2000; PIIE, 1984). Respecto de los tempranos or&iacute;genes de una idea de educaci&oacute;n p&uacute;blica en el pa&iacute;s, y tal como lo se&ntilde;ala Barros Arana (1902), uno de los pioneros de la historiograf&iacute;a chilena, en 1817 el gobierno independentista reci&eacute;n instaurado desarrolla en Santiago y mediante su gobernador-intendente un reglamento para ''la multiplicaci&oacute;n de escuelas p&uacute;blicas, la reforma en los m&eacute;todos de ense&ntilde;anza, la elecci&oacute;n de maestros y directores id&oacute;neos para la educaci&oacute;n de la juventud'' (p. 212).</p>      <p>Por su parte, Serrano (1994), al analizar los fundamentos ideol&oacute;gicos de los independentistas al comienzo de tal proceso, se&ntilde;ala algunos aspectos que coinciden con el fundamento que Durkheim, casi un siglo m&aacute;s tarde, dar&iacute;a a la educaci&oacute;n y a la responsabilidad del Estado sobre ella:</p>     <blockquote>     <p>La educaci&oacute;n deb&iacute;a ser p&uacute;blica para crear v&iacute;nculos entre los habitantes de un mismo territorio, es decir, deb&iacute;a formar una cierta homogeneidad que pasaba por el poder centralizador del Estado. Continuando con la misma l&oacute;gica del Estado absolutista, los patriotas no dudaron del derecho que ten&iacute;a para ejercer este control, que no era concebido como antag&oacute;nico a la educaci&oacute;n privada y menos a la religiosa (pp. 41-42).</p></blockquote>      <p>El mismo Barros Arana (1902) indica que poco m&aacute;s tarde, en 1830, las ambiciones de instrucci&oacute;n p&uacute;blica se mantienen pero que su realizaci&oacute;n se ve dificultada por razones diversas: </p>     <blockquote>      <p>al sancionarse en setiembre de 1830 la devoluci&oacute;n de los bienes ra&iacute;ces secuestrados a las congregaciones relijiosas, se hab&iacute;a dispuesto que todas estas abriesen una escuela de primeras letras en cada pueblo en que tuviesen una casa conventual. Se pasaron, sin embargo, cerca de dos a&ntilde;os sin que se diera cumplimiento a esa disposici&oacute;n. Por fin, el Ministerio del Interior, declarando la insuficiencia de los recursos del Estado para atender en la medida de sus deseos este ramo del servicio mand&oacute; de la manera m&aacute;s perentoria, por un decreto de 12 de julio de 1832, que esas escuelas fueran establecidas en el t&eacute;rmino de un mes bajo apercibimiento de que, de no hacerlo as&iacute;, las establecer&iacute;an las municipalidades respectivas de cuenta de los conventos i bajo la m&aacute;s estricta responsabilidad (p. 252).</p> </blockquote>      <p>La acci&oacute;n gubernamental en educaci&oacute;n aument&oacute; notoriamente en el periodo 1840-1860 con diversas iniciativas dentro de las que destaca la fundaci&oacute;n de la Universidad de Chile (1842) y la promulgaci&oacute;n de la Ley General de Instrucci&oacute;n Primaria de 1860, entre otras6. Esta &uacute;ltima se&ntilde;ala en su art&iacute;culo 1o. que: ''la instrucci&oacute;n primaria se dar&aacute; bajo la direcci&oacute;n del Estado'' y en su art&iacute;culo 2o. garantiza materialmente lo anterior: ''la instrucci&oacute;n que se diere en virtud de esta ley ser&aacute; gratuita y comprender&aacute; a las personas de uno y otro sexo'' (Larra&iacute;n y Larra&iacute;n, 1871, p. 490). La Universidad de Chile, por su parte, naci&oacute; con una importante tuici&oacute;n sobre el sistema escolar, particularmente en la educaci&oacute;n secundaria, mandato que se ejerc&iacute;a a partir del monopolio de la examinaci&oacute;n7.</p>      <p>Tal proceso de consolidaci&oacute;n educativa a partir de la acci&oacute;n estatal -asumimos en este art&iacute;culo- requiri&oacute; necesariamente de un consenso social al interior de las &eacute;lites econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y culturales y de cuyas decisiones dependi&oacute; no solo la ampliaci&oacute;n de la educaci&oacute;n p&uacute;blica, sino tambi&eacute;n la extensi&oacute;n de este beneficio a los sectores medios y populares, destinatarios y beneficiarios potenciales de tal expansi&oacute;n. Por lo anterior, la educaci&oacute;n p&uacute;blicamente considerada puede ser concebida al mismo tiempo que un conjunto de dispositivos legales, como un discurso o relato que vive de manera permanente en el imaginario de los individuos, al referirse a sus ventajas y a su importancia para la vida colectiva e individual. Este discurso es tambi&eacute;n mantenido y avalado por los poderes p&uacute;blicos a partir de su producci&oacute;n simb&oacute;lica que se concretiza tanto en mensajes como en programas y pol&iacute;ticas educativas, y por supuesto, en el imperativo legal que proclama la obligatoriedad de la escolarizaci&oacute;n.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En las p&aacute;ginas que siguen abordamos tal problem&aacute;tica para un periodo particular de la historia educacional chilena. Se trata de la enorme transformaci&oacute;n que el sistema educacional experiment&oacute; en la pasada d&eacute;cada de 1980 que en gran parte perdura hasta nuestros d&iacute;as. Consideramos que, como lo explicaremos m&aacute;s adelante, el sistema educacional consolidado hasta los a&ntilde;os 1970 en Chile era productor a la vez que producto de lo que algunos autores han llamado una <I>narrativa educacional</I>, es decir, un relato que articula el sentido de qu&eacute; y c&oacute;mo es leg&iacute;timo tal sistema y en torno a qu&eacute; mediaciones institucionales y a qu&eacute; discursos debe ser estructurado.</p>     <p>Como otro principio de an&aacute;lisis, en este texto asumimos que en el siglo XX se llev&oacute; a cabo en Chile un proceso de consolidaci&oacute;n de una narrativa educacional que sustent&oacute; la existencia y legitimidad p&uacute;blica del sistema educativo mismo. La mayor expresi&oacute;n reciente de esta narrativa es, a nuestro parecer, la reforma educacional de 1965 que sintetiza requerimientos y discursos provenientes del campo pol&iacute;tico (ampliaci&oacute;n de la cobertura como expansi&oacute;n y consolidaci&oacute;n de la democracia), intelectual (cambios en planes y programas como concreci&oacute;n de una nueva relaci&oacute;n entre el conocimiento y la ciudadan&iacute;a) y t&eacute;cnico (integraci&oacute;n de nuevas modalidades pedag&oacute;gicas), como lo se&ntilde;ala un estudio hist&oacute;rico que aborda tal proceso:</p>     <blockquote>      <p>''la reforma educacional de 1965-70 es un esfuerzo org&aacute;nico y comprensivo de cambio que combina tres &aacute;reas: la r&aacute;pida ampliaci&oacute;n e igualaci&oacute;n de las oportunidades educativas, la modernizaci&oacute;n y mejoramiento de las pr&aacute;cticas escolares y la adecuaci&oacute;n del desarrollo educacional a los cambios econ&oacute;mico-sociales y pol&iacute;ticos que se intentaron en este periodo bajo el signo de una revoluci&oacute;n en libertad''. (PIIE, 1984, p. 21). </p></blockquote>      <p>Esta narrativa educacional ha sido tensionada como consecuencia de los enormes cambios estructurales del sistema educativo chileno comenzados a inicios de los 808. Insistimos en que tal proceso de transformaci&oacute;n no es solo cuantitativo sino, sobre todo, cualitativo, ya que en tal per&iacute;odo el sistema educativo se empieza a estructurar sobre un nuevo discurso de legitimidad.</p>      <p>Como ya se&ntilde;alamos, este discurso o narrativa educacional tuvo en Chile, hasta los a&ntilde;os 1980, un referente matriz en torno a la noci&oacute;n de educaci&oacute;n p&uacute;blica, provista por el Estado y con caracter&iacute;sticas extramercantiles y centralizadoras. Por tanto parece ajustado se&ntilde;alar que esta narrativa de la educaci&oacute;n chilena pueda ser denominada como <I>centro-estatista</I><b>. </b>Ella se refiere al protagonismo de un actor central, el Estado, en la provisi&oacute;n y regulaci&oacute;n de la demanda educativa y en las caracter&iacute;sticas de su oferta. Pr&aacute;cticamente todo el proceso educativo incremental entre los a&ntilde;os 1940 y 1970 comienza y converge en el actor estatal y en una homogeneidad y f&eacute;rreo control que este hace de las caracter&iacute;sticas de la oferta educacional. Tales caracter&iacute;sticas no fueron exclusivas del sistema educativo sino que, por el contrario, corresponden a una concepci&oacute;n global de desarrollo de la sociedad en la cual el protagonismo de la acci&oacute;n estatal, en una versi&oacute;n centralizada, es visto como requisito fundamental de un desarrollo social con equilibrio democr&aacute;tico. En este discurso, el sector educacional privado es asumido como leg&iacute;timo, en tanto receptor de fondos estatales, si est&aacute; subordinado a estrictos controles y regulaciones de su accionar, tal como se observa con la aprobaci&oacute;n de la ley de subvenciones escolares a establecimientos privados a comienzos de los a&ntilde;os 1950:</p>      <p>La educaci&oacute;n particular, si bien atiende una proporci&oacute;n menor de la matr&iacute;cula, se ve favorecida por el sistema de subvenciones estatales acordado por ley en 1951. Esto significa que los establecimientos privados que se benefician de ellas deben aplicar los planes y programas oficiales y someterse a la supervigilancia del sector p&uacute;blico como condici&oacute;n necesaria para recibir subsidios. (PIIE, 1984, p. 18). </p>      <p>La transformaci&oacute;n de los a&ntilde;os 1980 afect&oacute; precisamente esa narrativa centro-estatista, pues fue cuando se produjo un proceso que intent&oacute; legitimar de manera m&aacute;s profunda el rol de la educaci&oacute;n privada y en especial a los agentes privadosubvencionados destinados a proveerla (Ruiz, 2010). Paralelamente, a partir de esa transformaci&oacute;n se introdujeron regulaciones de mercado para gestionar y proveer mayor eficacia en el sistema educacional. En este proceso se observa un intento por refundar una nueva narrativa educacional, a la que podr&iacute;amos denominar de <I>mercado o competitiva</I>9<I>. </I>Este intento fundacional de un nuevo discurso o narrativa educacional va a encontrar un importante soporte en los a&ntilde;os 1980, pero sobre todo en la d&eacute;cada de 1990, en la teor&iacute;a del capital humano que ve a la educaci&oacute;n principalmente como un proceso individual con consecuencias colectivas agregadas y como un sistema necesariamente subordinado a la estructura ocupacional y productiva de los pa&iacute;ses (Becker, 1983).</p>      <p>Este panorama de transformaciones no es tampoco externo a la influencia y legitimidad de las disciplinas a partir de las cuales se concibe y planifica la pol&iacute;tica educativa antes y despu&eacute;s de los a&ntilde;os 1980. De esta manera, en el periodo anterior a la transformaci&oacute;n a la que hacemos referencia, el incipiente desarrollo de las ciencias sociales en el pa&iacute;s y el peso a&uacute;n menor de las mismas en la planificaci&oacute;n educativa particularmente entre las d&eacute;cadas de 1940 a la de 1970, hacen que el sistema educativo sea pensado desde el campo pol&iacute;tico y, a partir de los a&ntilde;os 1960, desde las nacientes disciplinas de la planificaci&oacute;n social (cf. Ministerio de Educaci&oacute;n, 1961, 1964). Con todo, aqu&iacute; se quiere reafirmar que a partir del proceso de expansi&oacute;n y consolidaci&oacute;n de educaci&oacute;n al amparo del Estado centralizado, el sistema educacional es principalmente asumido como una estructura que es consecuencia de la acci&oacute;n pol&iacute;tica y que, por tanto, responde principalmente a los macro procesos de democratizaci&oacute;n constante de la sociedad. Ello explica que, como ya lo se&ntilde;alamos, el principal elemento de evaluaci&oacute;n de logro del sistema educativo sea en ese momento el aumento constante de la cobertura ya que la misma es vista al interior de la narrativa centro-estatista como la concreci&oacute;n del aporte de tal sistema a la democratizaci&oacute;n creciente y a la integraci&oacute;n de la sociedad.</p>      <p>La transformaci&oacute;n de fines de los a&ntilde;os setenta y comienzos de los ochenta modifica esta perspectiva e introduce a la econom&iacute;a neoliberal como la principal e incluso &uacute;nica disciplina capaz de generar lenguaje explicativo y anal&iacute;tico del sistema educativo10. La versi&oacute;n del neoliberalismo adoptada en Chile para construir una nueva narrativa del sistema educacional tiene al menos tres componentes fundamentales: i) como lo se&ntilde;alamos anteriormente, utiliza la teor&iacute;a del capital humano como principal referente te&oacute;rico para comprender el rol de la educaci&oacute;n en la sociedad. A partir de esta teor&iacute;a, el sistema educativo es concebido como una respuesta funcional al sistema productivo orientado aquel, fundamentalmente, en una regulaci&oacute;n de mercado (Bonal, 1998). ii) Con lo anterior, la educaci&oacute;n es entendida, adem&aacute;s, como un tipo de acci&oacute;n individual basado en la racionalidad y en el c&aacute;lculo del individuo (Becker, 1983). iii) Los dos elementos anteriores implican que para <I>sincerar</I> correctamente el sistema educativo y llegar a su &oacute;ptimo funcionamiento y acoplamiento con el sistema productivo y el mercado del trabajo, es imperioso estructurarlo como un mercado abierto, es decir, limitando fuertemente sus regulaciones y permitiendo que la asignaci&oacute;n que se le haga de recursos refleje la eficiencia productiva de sus unidades.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo, en este panorama de transformaciones, los actores que protagonizan el sistema educativo no necesariamente asimilan ni aceptan el cambio que se impone a las estructuras organizativas y pol&iacute;ticas del mismo sistema, ni muchos menos tales actores asumen f&aacute;cilmente la legitimidad de la nueva narrativa. Particularmente los docentes, en la mayor parte de los pa&iacute;ses que han experimentado transformaciones educacionales aceleradas, desarrollan una l&oacute;gica defensiva puesto que, como lo ha indicado la literatura pertinente al caso chileno (cf. N&uacute;&ntilde;ez, 1989), su identidad est&aacute; construida en torno al Estado-docente y por tanto a partir de la narrativa centro-estatista.</p>     <p>El concepto de narrativa educacional ha sido propuesto por el acad&eacute;mico sueco Sverker Linbald y por el investigador norteamericano Thomas Popkewitz (Linblad y Popkewiz, 2001, 2004). Recientemente ambos autores han definido la narrativa educacional como una manera de</p>    <blockquote>      <p>pensar c&oacute;mo aspectos de la realidad est&aacute;n formados mediante distinciones y categor&iacute;as que circulan en la pol&iacute;tica p&uacute;blica y en las declaraciones de los actores educacionales. Las narrativas educacionales son historias de salvaci&oacute;n. Las pol&iacute;ticas y las investigaciones sobre las reformas escolares son narraciones sobre c&oacute;mo salvar o distribuir la naci&oacute;n mediante la educaci&oacute;n de los ni&ntilde;os (p. 71).''</p></blockquote>      <p>M&aacute;s adelante, los mismos autores se refieren a la narrativa educacional como articulada en torno a una historia de progreso junto a la de salvaci&oacute;n, lo cual se comunica como algo beneficioso para el individuo y para la sociedad. Tambi&eacute;n la narrativa, seg&uacute;n estos autores, es una suerte de <I>historia de redenci&oacute;n,</I> puesto que ''la saga del progreso es contada mediante un sistema pol&iacute;tico que es continuamente vigilante mediante el trabajo hacia una sociedad totalmente inclusiva''(p.72). De esta manera, la narrativa educacional alude necesariamente a la constituci&oacute;n identitaria de la educaci&oacute;n en la sociedad y a las expectativas y creencias que los actores depositan en ella<I>. </I></p>      <p>Los mismos autores se refieren al concepto de narrativa aplicado a lo educacional como una noci&oacute;n &uacute;til para comprender las transiciones educacionales, espec&iacute;ficamente como ciertas historias ''son construidas en relaci&oacute;n a las escuelas y los ni&ntilde;os y su vinculaci&oacute;n con alg&uacute;n sentido colectivo de progreso y finalidad''. En esta l&iacute;nea, es interesante c&oacute;mo los autores citados relacionan una cierta funcionalidad de la narrativa educacional con lo que Benedict Anderson (1993) denomina <I>comunidades imaginadas. </I>De manera similar y en una reflexi&oacute;n cercana a&uacute;n cuando no relacionada directamente con educaci&oacute;n sino con procesos identitarios de las sociedades latinoamericanas, el soci&oacute;logo chileno Jorge Larra&iacute;n (2005) alude tambi&eacute;n a Anderson se&ntilde;alando que ''una identidad nacional es un puro artefacto cultural, una comunidad imaginada como lo ha descrito Anderson, un sentido de fraternidad que vive en la mente de sus miembros (...) las identidades nacionales son discurso, narrativas sobre el ser nacional'' (p. 162). Larra&iacute;n analiza, desde el punto de vista de la identidad nacional, un tema que tiene un claro paralelo con nuestra tem&aacute;tica educacional y que se refiere a <I>narrativas en competencia</I>. La pregunta que nos hacemos es si ha sucedido algo similar en el campo estrictamente educativo, es decir, si ha existido un trasfondo que bien puede ser identitario respecto de la educaci&oacute;n, particularmente en su versi&oacute;n p&uacute;blica y de responsabilidad estatal y si ella ha experimentado similares procesos de refundaci&oacute;n y de competencia.</p>      <p><b>La generaci&oacute;n de la narrativa centro-estatista y su intento de transformaci&oacute;n en Chile </b></p>      <p>Uno de los mayores logros institucionales del Chile republicano y democr&aacute;tico fue su sistema educacional. En efecto, como consecuencia de los procesos de democratizaci&oacute;n y de participaci&oacute;n social y pol&iacute;tica desencadenados durante el siglo XX, se desarroll&oacute; con fuerza un sistema educativo propiamente tal, que incluy&oacute; escuelas, liceos y universidades. De acuerdo con el modelo centralizado que hab&iacute;a marcado la administraci&oacute;n pol&iacute;tica del pa&iacute;s y del modelo de industrializaci&oacute;n estado-desarrollista que se consagra hacia mitad del siglo XX, el sistema escolar fue concebido con una l&oacute;gica tambi&eacute;n centro-estatista en la cual una administraci&oacute;n central -el Ministerio Educaci&oacute;n- era no solo la gestora sino tambi&eacute;n la propietaria de un extenso conglomerado de instituciones escolares, formando as&iacute; una red de educaci&oacute;n republicana, laica y gratuita (N&uacute;&ntilde;ez, 1998). La t&oacute;nica de este sistema escolar fue su dise&ntilde;o homog&eacute;neo, por lo cual la mayor&iacute;a de los ni&ntilde;os chilenos eran formados en una rutina escolar relativamente similar11. Tambi&eacute;n y desde los inicios del sistema escolar, exist&iacute;a un sector de escuelas privadas-subvencionadas que estaban, por lo general, vinculadas a la iglesia cat&oacute;lica. Por &uacute;ltimo exist&iacute;a, al igual que hoy en d&iacute;a, un sector de establecimientos educativos particulares y privados, que recib&iacute;an una peque&ntilde;a proporci&oacute;n de la matr&iacute;cula nacional (Corvalan, Elacqua y Salazar, 2010). </p>      <p>El golpe militar de 1973 y el posterior R&eacute;gimen Militar cambiaron fuertemente este panorama, no de manera inmediata sino en especial a partir de los a&ntilde;os ochenta, tal como fue rese&ntilde;ado en las primeras p&aacute;ginas de este art&iacute;culo. As&iacute;, el R&eacute;gimen Militar desarroll&oacute; una pol&iacute;tica p&uacute;blica diferenciada en las d&eacute;cadas de 1970 y 1980. En la primera, su accionar tanto en educaci&oacute;n como en otros campos, se fundament&oacute; en la represi&oacute;n pol&iacute;tica y en un severo ajuste econ&oacute;mico que se llev&oacute; a cabo mediante la reducci&oacute;n del Estado y de la minimizaci&oacute;n de su accionar pol&iacute;tico-p&uacute;blico: </p>     <blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>en relaci&oacute;n al periodo anterior, en el lapso 19761978, se observa cierta persistencia en el discurso sobre el ''sistema nacional de educaci&oacute;n'' y en la preservaci&oacute;n del aparato educacional del Estado y de su rol como regulador y planificador. Se acent&uacute;a el discurso de prioridad a la atenci&oacute;n de los sectores de extrema pobreza y sobre eliminaci&oacute;n de los factores de desigualdad en la distribuci&oacute;n de los beneficios educativos. (PIIE, 1984, p. 78). </p></blockquote>      <p>A comienzos de los a&ntilde;os ochenta, el gobierno comenz&oacute; lo que se ha llamado una <I>fase fundacional </I>(Garret&oacute;n, 1983) destinada a crear una nueva institucionalidad cuyos principios son el <I>apoliticismo </I>como centro ideol&oacute;gico de la vida de los individuos y el mercado como elemento articulador preferencial de la vida p&uacute;blica. La educaci&oacute;n no escap&oacute; a este proceso y su institucionalidad fue profundamente transformada durante esa d&eacute;cada. Para entender la l&oacute;gica de tal proceso de transformaciones es necesario incorporar a los principios antes mencionados, al proyecto de descentralizaci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos que, en t&eacute;rminos reales, fue m&aacute;s bien lo que se conoce como una desconcentraci&oacute;n de la provisi&oacute;n de salud y de educaci&oacute;n.</p>      <p>Los documentos y estudios que existen sobre las transformaciones educativas de la &eacute;poca nos sirven para fundamentar la l&oacute;gica argumentativa de las mismas de la manera siguiente:</p>  <ol>    <li>El sistema educativo chileno existente hasta el a&ntilde;o 1973 es considerado politizado en exceso. Si bien este juicio se hace principalmente en relaci&oacute;n a las universidades, tambi&eacute;n alcanza el mundo escolar y en particular al gremio docente. El proyecto de descentralizaci&oacute;ndesconcentraci&oacute;n cumple con el objetivo de aportar a esta despolitizaci&oacute;n ya que, entre otros aspectos, rompe con la unidad sindical de los docentes. El discurso de la &eacute;poca se&ntilde;ala que los objetivos pol&iacute;ticos sectoriales atentan contra el objetivo de unidad nacional que es propio de un sistema educacional. De esta manera, el proyecto de sistema educacional del gobierno militar recoge la exigencia de construcci&oacute;n del Estado-naci&oacute;n que hab&iacute;a sido propio de la narrativa fundacional de tal sistema, pero la contrapone al funcionamiento del sistema pol&iacute;tico y a la heterogeneidad de ideas, propias de tal sistema: ''la municipalizaci&oacute;n representa tambi&eacute;n un instrumento eficaz en lo que llam&aacute;bamos la privatizaci&oacute;n del conflicto social &#91;...&#93; los conflictos que, como se demostrar&aacute;, en el pasado compromet&iacute;an al profesorado, involucraban necesariamente a la misma c&uacute;pula de Estado'' (PIIE, 1984, pp. 52-53; cf. Espinoza y Gonz&aacute;lez 1993).</li>        <li>La necesidad y conveniencia de una <I>participaci&oacute;n ciudadana local</I> en contraposici&oacute;n a lo que se denomina una <I>participaci&oacute;n pol&iacute;tica. </I>Esto se reconoce en el hecho de que, al ser administradas por los municipios, las escuelas generar&iacute;an una mayor sinton&iacute;a y comunicaci&oacute;n con la comunidad y lo que a su vez enmarcar&aacute; la conversaci&oacute;n educativa entre las familias y los agentes locales en aquello que es estrictamente educativo. Este tema no deja de ser interesante puesto que, a diferencia de lo se&ntilde;alado en el punto anterior, hay aqu&iacute; una alusi&oacute;n a los aspectos microsociales de la educaci&oacute;n y una cr&iacute;tica a su vinculaci&oacute;n macrosocial-pol&iacute;tica del periodo anterior12. </li>          <li>Una mayor eficiencia en el gasto y en la asignaci&oacute;n de los recursos. Este es el principal argumento de sintonizaci&oacute;n de la l&oacute;gica de mercado con exigencias hechas al sistema educativo bajo el subentendido de una asignaci&oacute;n ineficiente de los recursos mediante la estructura centralizada. Los argumentos respecto de este tema no dejan de ser paradojales dado que a&uacute;n cuando lo se&ntilde;alado constituye un juicio t&eacute;cnico, no se citan estudios de referencia al respecto13. </li>      <li>Por &uacute;ltimo, se alude a una mayor participaci&oacute;n del sector privado debido a una eventual incapacidad del sector estatal de asumir la demanda creciente de educaci&oacute;n y se posibilita la obtenci&oacute;n de lucro mediante la oferta educativa privada con subvenci&oacute;n del Estado. A diferencia de los anteriores, se trata este de un argumento fundamentalmente t&eacute;cnico aun cuando conlleva evidentes impactos sociales y pol&iacute;ticos. En efecto, con ello se reconoce expl&iacute;citamente aqu&iacute; el proyecto de reducci&oacute;n del gasto fiscal al mismo tiempo que un aumento constante de la cobertura escolar14.</li>     </ol>      <p>Los cuatro elementos anteriores pueden ser considerados como los antecedentes para llevar a cabo la transformaci&oacute;n en cuesti&oacute;n y, como se observa, son tanto t&eacute;cnicos como pol&iacute;ticos. Lo interesante es describir tambi&eacute;n cu&aacute;les son los aspectos de pol&iacute;tica educativa que se reservan para el Estado dentro del nuevo ordenamiento y entre ellos se se&ntilde;ala:</p>  <ol>    <li>La tuici&oacute;n sobre los contenidos de la ense&ntilde;anza, partiendo de verdades fundamentales que deben ser transmitidas y mediante las cuales se preserva el ''humanismo cristiano, que se expresa en la Declaraci&oacute;n de Principios de la Junta de Gobierno de Chile'' (El Mercurio, 1979). Es importante recordar que este proyecto de control de contenidos curriculares, bastante parad&oacute;jico al interior de un ordenamiento educativo y socioecon&oacute;mico fuertemente liberal, se debe probablemente a los motivos expresados por el mismo general Pinochet en una entrevista de la &eacute;poca en la que se refiere a que tanto la libertad curricular como la autonom&iacute;a del profesor pueden tener resultados subversivos: ''La educaci&oacute;n en estos momentos est&aacute; concebida en tal forma que abre las puertas a la acci&oacute;n sibilina del marxismo sovi&eacute;tico. Me he dado el trabajo de leer algunos de los programas de educaci&oacute;n y mi primera impresi&oacute;n es que ellos dejan tal libertad que permiten al maestro marxista guiar al muchacho en la direcci&oacute;n que &eacute;l desea. El profesor puede tener la libertad para decidir c&oacute;mo desarrolla las clases y c&oacute;mo pasa las materias; pero es el Estado que tiene que decidir cu&aacute;les materias se pasar&aacute;n, orientando los programas conforme a los intereses vocacionales que demanda el pa&iacute;s'' (El Mercurio, 1980).</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>La responsabilidad estatal por el acceso universal a la educaci&oacute;n b&aacute;sica (primaria), considerando un privilegio el acceso a la educaci&oacute;n media (secundaria) y superior. Como lo se&ntilde;ala uno de los principales an&aacute;lisis del periodo, esta limitaci&oacute;n de responsabilidad estatal y de garant&iacute;a ciudadana ''representa una importante restricci&oacute;n al principio de igualdad de oportunidades que prevaleciera en el pasado'' (PIIE, 1984, pp. 50-51). Respecto de la educaci&oacute;n superior <I>El Ladrillo </I>se&ntilde;ala:</li>    </ol>     <blockquote>     <p>Los niveles superiores de educaci&oacute;n -t&eacute;cnica y profesional- representan un beneficio directo y notorio para los que lo obtienen, de modo que no se justifica en absoluto la gratuidad de este tipo de educaci&oacute;n; de hecho, ni siquiera se justifica el subsidio parcial que hoy reciben pues a &eacute;l acceden principalmente a los grupos de mayor poder econ&oacute;mico. (CEP, 1992, p. 146).</p></blockquote>      <p>Se consagra una autolimitaci&oacute;n del alcance del Estado en educaci&oacute;n, fundamentalmente en torno a funciones normativas y fiscalizadoras, otorgando en contrapartida espacio para el mercado y la iniciativa privada:</p>     <blockquote>      <p>El Estado, a trav&eacute;s del Ministerio de Educaci&oacute;n, solo tendr&iacute;a a su cargo la formulaci&oacute;n de la pol&iacute;tica general, el control de los requisitos m&iacute;nimos de promoci&oacute;n y curr&iacute;culum y la obligaci&oacute;n de financiar el costo m&iacute;nimo de cada uno que se estuviese educando; para ello traspasar&iacute;a a las municipalidades los fondos respectivos para que estos centros comunales los administraran. El Estado podr&iacute;a otorgar subsidios especiales a determinadas regiones o centros espec&iacute;ficos que por su naturaleza necesitaren para ello un servicio adecuado. (CEP, 1992, p. 149).</p></blockquote>      <p>De lo anterior &iquest;qu&eacute; es posible concluir como continuidad y cambio de una narrativa educacional proveniente del desarrollo democr&aacute;tico de Chile durante el siglo XX, a partir de los cambios introducidos a comienzos de los a&ntilde;os ochenta? En cuanto a elementos de continuidad de este discurso articulador entre Estado y sociedad sobre educaci&oacute;n, se encuentran15:</p>     <blockquote>      <p>i. 	La idea de la educaci&oacute;n como instrumento de igualdad de oportunidades en sociedades profundamente desiguales. En ning&uacute;n momento se renuncia a este principio orientador16 aun cuando se le separa de la idea de educaci&oacute;n p&uacute;blica y se le acerca al concepto de m&eacute;rito individual y, en consecuencia, de igualdad inicial y potencial desigualdad posterior. Este principio recorre gran parte de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de la &eacute;poca se&ntilde;alando que las desigualdades posteriores ser&iacute;an producto de <I>Dios o el m&eacute;rito</I>17<I>. </I></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>ii. 	La responsabilidad del Estado en proveer el acceso a la educaci&oacute;n. Ello se subentiende ya que en ning&uacute;n momento se cuestiona este principio pero, como se&ntilde;alamos anteriormente, se concentra en la educaci&oacute;n b&aacute;sica. </p>      <p>iii. 	La responsabilidad del Estado por los contenidos de la educaci&oacute;n. Contrariamente a la propuesta de comienzos de la d&eacute;cada de 1990, el rol del Estado es visto como centralizador y controlador de los contenidos educacionales, no solo por un principio de igualdad sino sobre todo por uno de control ideol&oacute;gico.</p> </blockquote>      <p>Entre los elementos rupturistas e innovadores se encuentran:</p>     <blockquote>     <p>iv. La autolimitaci&oacute;n de la acci&oacute;n estatal centralizada como agente proveedora de educaci&oacute;n. Como se&ntilde;alamos anteriormente, la historia educacional chilena de la segunda mitad del siglo XX se hab&iacute;a caracterizado por una creciente extensi&oacute;n del Estado centralizado como proveedor, garante y organizador del proceso educativo. </p>     <p>v. Consecuentemente con lo anterior, una innovaci&oacute;n importante es la cesi&oacute;n de espacio en el mundo educativo escolar a los actores privados y la consecuente autorizaci&oacute;n para el lucro mediante la oferta educativa subvencionada. Tradicionalmente la actividad privada subvencionada en educaci&oacute;n hab&iacute;a estado fuertemente limitada en el pa&iacute;s, situaci&oacute;n que ahora se invierte. El lucro, por su parte, hab&iacute;a sido algo absolutamente ajeno a la oferta educativa subsidiada. </p> </blockquote>     <p>Con todo, hay otros elementos que mirados a tres d&eacute;cadas de distancia contin&uacute;an llamando la atenci&oacute;n al momento de hacer un balance en el peso que se hizo de las innovaciones: en primer lugar, no queda claro el trasfondo de la cr&iacute;tica a la manera centralizada como hab&iacute;a funcionado hasta ese momento la educaci&oacute;n. Lo m&aacute;s elaborado -m&aacute;s all&aacute; del argumento de la ''politizaci&oacute;n''- es lo relativo a una mayor eficacia en el gasto, pero a juzgar por la fuentes revisadas, no es este un argumento en el que se profundice demasiado, sino que m&aacute;s bien se argumenta, casi dogm&aacute;ticamente, que una mayor desconcentraci&oacute;n, descentralizaci&oacute;n y privatizaci&oacute;n educativa significar&iacute;a un mejor uso de recursos. En la misma l&iacute;nea definitivamente no se proponen argumentos que avalen t&eacute;cnicamente los beneficios de tal desconcentraci&oacute;n. Por lo mismo, la propuesta que se realiza parece en esencia una estrategia respecto de la crisis fiscal que se viv&iacute;a en esos a&ntilde;os18. En segundo lugar, no aparece claramente establecido el porqu&eacute; del traspaso a los municipios y no, en su lugar, una propuesta de total privatizaci&oacute;n de los establecimientos educacionales.</p>      <p>En t&eacute;rminos globales, el intento refundacional de la educaci&oacute;n chilena llevado en la d&eacute;cada de 1980 es, como en otras &aacute;reas de la vida p&uacute;blica y social chilena, un proyecto para generar una nueva narrativa, en este caso educacional, que apunta sobre todo a tres quiebres o transformaciones en relaci&oacute;n a la narrativa construida en las d&eacute;cadas anteriores:</p>     <blockquote>     <p>i. 	El primer elemento de quiebre es el relativo a la relaci&oacute;n entre el Estado y la sociedad en relaci&oacute;n a la generaci&oacute;n de educaci&oacute;n. Como hemos se&ntilde;alado esta provisi&oacute;n de educaci&oacute;n en Chile, particularmente desde los a&ntilde;os cuarenta, tuvo un discurso y una pr&aacute;ctica fuertemente institucionalizada mediante profundos procedimientos y estructuras for-males y estatales (regulaci&oacute;n burocr&aacute;tica). Las alusiones a la participaci&oacute;n e involucramiento de las familias se expresaban de preferencia en el sector privado y en particular en los establecimientos cat&oacute;licos. El r&eacute;gimen militar propone como parte de su pol&iacute;tica social y de su declaraci&oacute;n de principios un &eacute;nfasis en elemento de tipo <I>familista y privatista</I> que no estaba presente en las definiciones anteriores de la educaci&oacute;n chilena. Por ejemplo, en el discurso de inauguraci&oacute;n del a&ntilde;o escolar 1987 se se&ntilde;ala:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p>Familia y comunidad: como nunca antes lo hizo alguna anterior Constituci&oacute;n, pone la de 1980 el &eacute;nfasis en la responsabilidad educacional en donde corresponde por Derecho Natural: en la familia y en su medio circundante nacional y local, constituido por la comunidad (Discurso del Ministro de Educaci&oacute;n. Inauguraci&oacute;n del a&ntilde;o escolar 1987).</p></blockquote></blockquote>      <p>En esta misma l&iacute;nea hay un quiebre y una innovaci&oacute;n importante de enormes consecuencias simb&oacute;licas dentro de la narrativa hist&oacute;rica de la educaci&oacute;n chilena. Se trata del cambio de regulaci&oacute;n o control del sistema educativo desde una institucionalidad (el Estado central) hacia un mecanismo (el mercado y en particular la demanda). As&iacute;, el nuevo discurso har&aacute; un giro de proporciones entre un Estado garante del servicio educativo (hasta el momento en lo que corresponde a su provisi&oacute;n y no a su calidad) y de sus caracter&iacute;sticas espec&iacute;ficas, hacia una responsabilizaci&oacute;n de los individuos a partir de la racionalidad de sus acciones (la buena elecci&oacute;n de establecimiento educacional). Por lo anterior, es posible sugerir que aquello que est&aacute; en el fondo en esta transformaci&oacute;n es precisamente un cambio en la gobernabilidad del sistema escolar. De esta manera, si frente a las preguntas de a partir de qui&eacute;n y c&oacute;mo se gobierna este sistema surg&iacute;an anteriormente las respuestas del gobierno central y sus mecanismos burocr&aacute;ticos, ahora la respuesta pasa a ser la comunidad local (en la figura del municipio) y m&aacute;s espec&iacute;ficamente los individuos a partir de mecanismos de mercado y en especial, desde la demanda. Llama la atenci&oacute;n que dentro de la justificaci&oacute;n de este mecanismo no se hace alusi&oacute;n a la regulaci&oacute;n de la calidad de la educaci&oacute;n (recor-demos que este t&eacute;rmino hace su aparici&oacute;n en la discusi&oacute;n educacional en la segunda mitad de los a&ntilde;os ochenta) por lo que es posible hipotetizar que tal justificaci&oacute;n se relaciona con una adecuaci&oacute;n entre la demanda y la oferta del servicios educacionales, evitando as&iacute; la mantenci&oacute;n de establecimientos con baja asistencia. Al mismo tiempo este mecanismo busca asegurar la asistencia efectiva de los alumnos a los establecimientos19.</p>      <blockquote>     <p>ii. 	Un segundo elemento de quiebre respecto de la relaci&oacute;n entre el Estado y la sociedad civil respecto de la provisi&oacute;n de educaci&oacute;n es lo que se refiere a la continuidad de estudios despu&eacute;s de la ense&ntilde;anza b&aacute;sica. En efecto, el desarrollo de la educaci&oacute;n chilena hasta los a&ntilde;os setenta hab&iacute;a puesto el &eacute;nfasis en el aumento de la cobertura y en el intento de universalizaci&oacute;n de la educaci&oacute;n b&aacute;sica y media. Respecto de la educaci&oacute;n superior a&uacute;n cuando su cobertura a inicios de la d&eacute;cada se&ntilde;alada era muy menor (en torno al 10%), parte importante de sus pol&iacute;ticas pon&iacute;an el &eacute;nfasis en un aumento socialmente equitativo de su matr&iacute;cula. La transformaci&oacute;n educativa de los a&ntilde;os ochenta genera un profundo cambio al respecto lo cual queda graficado en los puntos 4 y 5 de la carta del general Pinochet al Ministro de Educaci&oacute;n en marzo de 1979, documento que la prensa de la &eacute;poca titul&oacute; <I>Aspectos Fundamentales de la Revisi&oacute;n del Proceso Educacional </I>y que en los puntos referidos se&ntilde;ala:</p>      <p>El Estado centrar&aacute; el &eacute;nfasis en la educaci&oacute;n b&aacute;sica y a cualquier costo cumplir&aacute; su deber hist&oacute;rico y legal de que todos los chilenos no solo tengan acceso a ella sino que efectivamente la adquieran y as&iacute; queden capacitados para ser buenos trabajadores, buenos ciudadanos y buenos patriotas; 5) Alcanzar la educaci&oacute;n media y, en especial, la superior, constituye una situaci&oacute;n de excepci&oacute;n para la juventud y quienes disfruten de ella deben ganarla con esfuerzo -lo cual implica un alto nivel de trabajo y exigencia compatibles con los avances cient&iacute;ficos y tecnol&oacute;gicos- y adem&aacute;s debe pagarse o devolverse a la comunidad nacional por quien pueda hacerlo ahora o en el futuro. El que reciba gratuitamente una educaci&oacute;n que pueda pagar o no restituya el valor cuando est&eacute; ello a su alcance, priva de leg&iacute;timas oportunidades a otros chilenos (El Mercurio, 1979).</p></blockquote>     <blockquote>     <p>iii. 	El paso de una educaci&oacute;n fiscal a una municipal, dado que durante los 80 todos los establecimientos educacionales del Estado fueron transferidos a las respectivas municipalidades. La respuesta a por qu&eacute; se produjo este traspaso conduce necesariamente a estudiar la producci&oacute;n discursiva de la &eacute;poca y los an&aacute;lisis que se han hecho de ella. Los an&aacute;lisis del periodo en cuesti&oacute;n hacen factible establecer dos grandes polos orientadores de pol&iacute;tica a inicios de los ochenta. El primero es el referente del ya mencionado <I>apoliticismo</I> entendido de diversas maneras entre las cuales se destaca la primac&iacute;a de intereses nacionales sobre los particulares y grupales y tambi&eacute;n una suerte de re-centramiento de instituciones tradicionales del pa&iacute;s -entre ellas la educaci&oacute;n- en torno a principios de los cuales se hab&iacute;a alejado, tales como la formaci&oacute;n de buenos ciudadanos a partir de la disciplina y los <I>valores patrios</I>. Esta ideolog&iacute;a apol&iacute;tica se relaciona con lo que Larra&iacute;n denomina un proceso de refundaci&oacute;n de identidad nacional en torno a la imagen del ej&eacute;rcito en tanto instituci&oacute;n apol&iacute;tica y <I>garante de la chilenidad </I>(Larra&iacute;n, 2005, p. 162).</p></blockquote>      <p>El segundo polo orientador de pol&iacute;ticas que se impone de manera paulatina en la segunda mitad de los a&ntilde;os setenta y con decidida fuerza a inicios de los ochenta es lo que se ha denominado <I>neoliberalismo</I>, asumiendo todas las ambig&uuml;edades de este t&eacute;rmino, pero entendiendo que, para efectos de nuestro tema, se refiere a una priorizaci&oacute;n de los mecanismos de mercado en torno la gesti&oacute;n de &aacute;reas de pol&iacute;tica p&uacute;blica incluida la educaci&oacute;n20 tradicionalmente administradas a partir de otros principios. Otros an&aacute;lisis han clasificado de otra manera las explicaciones respecto del proceso de municipalizaci&oacute;n educativa durante el r&eacute;gimen militar argumentando orientaciones corporativistas y neoliberales como las ya se&ntilde;aladas pero tambi&eacute;n las de tipo comunitariolocales, a las cuales nos referimos en los p&aacute;rrafos anteriores (Espinoza y Gonz&aacute;lez, 1993).</p>      <p>Ahora bien, la pregunta es entonces c&oacute;mo la conjunci&oacute;n de ambas orientaciones ideol&oacute;gicas desemboca en una pol&iacute;tica educativa tendiente a la municipalizaci&oacute;n educacional y no, como parecer&iacute;a en principio m&aacute;s evidente, directamente a una privatizaci&oacute;n. Lamentablemente ni los documentos de la &eacute;poca ni los an&aacute;lisis posteriores entregan elementos que indiquen con claridad el lugar que ocupa la municipalizaci&oacute;n de la educaci&oacute;n dentro del intento de generaci&oacute;n de una nueva narrativa educacional y menos a&uacute;n que permitan responder a la pregunta relativa a por qu&eacute; no se produce un proceso definitivo de traslado de las escuelas hacia un sector particular subvencionado. Con todo, son tres las hip&oacute;tesis que se pueden plantear al respecto: i) una cierta reticencia a entregar toda la educaci&oacute;n a sectores privados puesto que, considerando el contenido ideol&oacute;gico propio de cualquier proceso educativo, dentro de tales oferentes potenciales de educaci&oacute;n se encontraban sectores que pod&iacute;an no pertenecer a la matriz cat&oacute;lica conservadora que formaba la <I>Declaraci&oacute;n de Principios del Gobierno</I> y que como se se&ntilde;al&oacute; m&aacute;s arriba era asumida tambi&eacute;n como fundamento del sistema educacional21; ii) un proyecto de control del proceso educativo puesto que adem&aacute;s de lo aqu&iacute; se&ntilde;alado, el R&eacute;gimen Militar se inspiraba tambi&eacute;n en la llamada <I>Doctrina de Seguridad Interior del Estado. </I>No est&aacute; de m&aacute;s recordar que el hecho de traspasar la educaci&oacute;n a los municipios no implicaba necesariamente el desprendimiento del gobierno central del control de lo que en ellos suced&iacute;a. Por el contrario, los alcaldes eran un nombramiento directo del Jefe de Estado y, por consiguiente, la descentralizaci&oacute;n educacional bajo la estructura de la municipalizaci&oacute;n era un fen&oacute;meno que se restring&iacute;a a los aspectos financiero-administrativos pero no al los de tipo pol&iacute;tico. El caso inverso se produce con el retorno a la democracia en 1990 momento en el cual, por primera vez en la historia reciente de la educaci&oacute;n chilena y en el caso espec&iacute;fico de los municipios cuyos alcaldes pertenecen a la oposici&oacute;n pol&iacute;tica, se rompe la cadena entre la orientaci&oacute;n y definici&oacute;n pol&iacute;tica del gobierno central y la del poder inmediato que gobierna las escuelas municipales; iii) finalmente, y lo que se considera m&aacute;s cercano a esta problem&aacute;tica, la municipalizaci&oacute;n permite una continuidad hist&oacute;rica con la idea de educaci&oacute;n p&uacute;blica arraigada despu&eacute;s de medio siglo de expansi&oacute;n de la misma al amparo del Estado. A&uacute;n cuando el gobierno de la &eacute;poca evita hablar de educaci&oacute;n p&uacute;blica propiamente tal (en los documentos analizados no encontramos el concepto salvo para referirse al per&iacute;odo anterior a la transformaci&oacute;n) s&iacute; genera un sistema educativo al amparo del Estado, si por tal se entiende al menos la garant&iacute;a financiera del mismo. En este aspecto entonces el proyecto municipal en educaci&oacute;n por parte de la dictadura refleja en cierto sentido asumir el peso hist&oacute;rico de la narrativa y la tradici&oacute;n educacional y por lo mismo da cuenta que el gobierno no estaba dispuesto a asumir los costos de su eliminaci&oacute;n. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El proyecto de descentralizaci&oacute;n educativa en t&eacute;rminos de municipalizaci&oacute;n fue, como en todo proceso pol&iacute;tico, un producto h&iacute;brido que busc&oacute; un consenso entre diferentes orientaciones presentes en el r&eacute;gimen imperante y que para su correcta comprensi&oacute;n es necesario apelar nuevamente al concepto de <I>narrativa educacional</I>. En efecto, si, como se acepta ampliamente, la orientaci&oacute;n de desarrollo econ&oacute;mico y social del r&eacute;gimen es n&iacute;tidamente neoliberal transform&aacute;ndose tal orientaci&oacute;n en un discurso que identifica el desarrollo y bienestar social con la maximizaci&oacute;n de la iniciativa privada orientada por el lucro, la disminuci&oacute;n de las regulaciones entre los actores privados a lo estrictamente funcional, la visi&oacute;n negativa de la asociatividad de tipo reivindicativa y en su reemplazo por una asociatividad fundamentalmente expresiva, no hubiese cabido otra opci&oacute;n en este panorama que la privatizaci&oacute;n absoluta del sistema educacional p&uacute;blico. Sin embargo, ello no fue as&iacute; y en su reemplazo se lleg&oacute; a este proyecto de municipalizaci&oacute;n que en varios de sus aspectos se encuentra a medio camino entre una educaci&oacute;n p&uacute;blica y una privada.</p>      <p>En definitiva, una propuesta de privatizaci&oacute;n absoluta del sistema educacional hubiese sido la negaci&oacute;n de una narrativa muy arraigada hasta ese momento, constituida durante d&eacute;cadas y asumida no solo por la poblaci&oacute;n destinataria de la <I>educaci&oacute;n p&uacute;blica </I>sino tambi&eacute;n por parte importante de los actores gobernantes. El elemento h&iacute;brido m&aacute;s notable en este dise&ntilde;o educacional es que genera un subsistema educacional al amparo de instituciones p&uacute;blicas y de naturaleza no mercantil como son los municipios pero que tal sistema asume reglas del juego propias de las entidades privadas y con fin lucrativo tales dentro de las cuales la m&aacute;s notoria es el acceso competitivo a los recursos a partir del nivel de demanda que les afecte, es decir, el conjunto de procesos que se desarrollan a partir de la subvenci&oacute;n educacional.</p>      <p><b>La narrativa educacional chilena a partir del retorno a la democracia. Elemento de debate </b></p>      <p>En marzo de 1990 Chile retorna a la democracia bajo el gobierno de la Concertaci&oacute;n de Partidos por la Democracia, coalici&oacute;n que se mantuvo en el poder hasta inicios del a&ntilde;o 2010. El panorama en el cual la Concertaci&oacute;n recibe la educaci&oacute;n chilena es deficitario y pol&iacute;ticamente adverso en la mayor parte de sus aspectos (MINEDUC, 1992) lo que justifica que las primeras iniciativas educacionales innovadoras sean de car&aacute;cter compensatorio. Hacia la segunda mitad de los a&ntilde;os noventa, se observa una fuerte legitimaci&oacute;n de los elementos de medici&oacute;n educacional, en particular el SIMCE22, que influyen no solo en la gesti&oacute;n de las pol&iacute;ticas educativas sino tambi&eacute;n en la introducci&oacute;n de un nuevo l&eacute;xico para referirse al sistema educativo y, por tanto, impactan tambi&eacute;n en la narrativa del sector. Es este indicador, adem&aacute;s, el que a comienzos de los noventa permite diagnosticar la profunda inequidad educacional y la baja calidad de los aprendizajes de los escolares chilenos (Comisi&oacute;n para el Desarrollo y Uso del Sistema de Medici&oacute;n de la Calidad de la Educaci&oacute;n, 2003).</p>      <p>Probablemente sea el SIMCE el elemento que re&uacute;ne m&aacute;s fehacientemente el encuentro entre las producciones discursivas de ambas narrativas educacionales. En efecto, el SIMCE tiene al menos tres interpretaciones: i) desde un discurso educacional plenamente anclado en el decenio de 1980, el SIMCE puede ser entendido como informaci&oacute;n al consumidor de educaci&oacute;n a efecto que tome las correctas decisiones en el mercado educacional, es decir, que opte por <I>exit, voice </I>o<I> loyalty</I>23 a partir del establecimiento educacional que frecuenta o pretende frecuentar. Desde este punto de vista, el SIMCE ser&iacute;a una innovaci&oacute;n absoluta en relaci&oacute;n a la narrativa educacional centro-estatista ya que responsabiliza finalmente a los individuos por la calidad educativa de los establecimientos y del sistema educacional en su conjunto frente a la responsabilidad casi absoluta que del mismo ten&iacute;a el gobierno central antes de los ochenta; ii) en contrapartida desde un discurso propio de los a&ntilde;os noventa, el SIMCE es visto principalmente como un recurso orientador de pol&iacute;ticas y por tanto como un instrumento que orienta y responsabiliza al Estado, al menos parcialmente, por los niveles de calidad y equidad imperante en el sistema educacional; iii) desde un punto de vista intermedio entre las dos primeras interpretaciones, el SIMCE es visto como informaci&oacute;n para el mejoramiento de los establecimientos, es decir, una suerte de apelaci&oacute;n a un proceso de tipo comunitario-institucional en el que la unidad educativa pueda observarse diacr&oacute;nicamente y proponer soluciones a sus &aacute;reas deficitarias siendo estas &uacute;ltimas apoyadas por el nivel local o nacional (cf. Bellei, 2002). </p>      <p>La producci&oacute;n discursiva del gobierno entrante en 1990 acent&uacute;a la idea de que la educaci&oacute;n chilena se encuentra en una profunda crisis (cf. Garc&iacute;a-Huidobro, 1989; Brunner y Cox, 1995; Cox 1993). Por otro lado y en el plano pol&iacute;tico, el d&iacute;a anterior al cambio de gobierno (10 de marzo de 1990) se promulga la Ley Org&aacute;nica Constitucional de Ense&ntilde;anza (LOCE) que consagra el orden institucional de la educaci&oacute;n chilena sellando, con rango constitucional, varios de los elementos rupturistas de los a&ntilde;os ochenta, entre ellos los ya se&ntilde;alados de incentivo a la participaci&oacute;n de los agentes privados en educaci&oacute;n, la primac&iacute;a dada a la libertad de ense&ntilde;anza y la responsabilidad de la familia por la educaci&oacute;n de sus hijos, incluyendo la elecci&oacute;n de establecimiento (tema este &uacute;ltimo que no es novedoso en la educaci&oacute;n chilena pero que se refuerza como elementos central de los derechos y responsabilidades familiares en educaci&oacute;n). A nivel muy general, los nuevos referentes del discurso educativo al inicio de los noventa son los de calidad y equidad, en reemplazo (parcial al menos) de cobertura y acceso a la educaci&oacute;n. Si bien ambos conceptos (calidad y equidad) son novedosos en t&eacute;rminos de que ellos no estaban presentes en la narrativa centro-estatista ni en la de mercado o competitiva, lo que se hace a partir del a&ntilde;o 1990 es integrar de mayor manera una responsabilidad estatal por el proceso y los resultados educativos (Cox, 2003).</p>      <p>Reconocemos entonces en nuestro an&aacute;lisis que la coalici&oacute;n gobernante en Chile a partir de los a&ntilde;os noventa trata de generar una nueva producci&oacute;n discursiva en educaci&oacute;n. Lo que no es totalmente claro es que esta sea una nueva narrativa y lo que no corresponde en absoluto afirmar es que se trate de una recuperaci&oacute;n de la de tipo centro-estatista. Reafirmamos aqu&iacute; lo se&ntilde;alado al inicio de este art&iacute;culo en t&eacute;rminos del peso hist&oacute;rico en los sistemas educativos lo que implica, por lo mismo, la imposibilidad de legitimar f&aacute;cilmente cambios de tipo radical y que, al contrario, obligan por lo general a alternativas reformistas graduales.</p>      <p>Al parecer, este intento de fundaci&oacute;n de una nueva narrativa educacional se produce al inicio de la d&eacute;cada de 1990 con un discurso que est&aacute; expresado en los llamados <I>programas de mejoramiento </I>(Garc&iacute;a Huidobro y Cox, 1999). Estos programas no son solo soluciones t&eacute;cnicas sino que sobre todo y desde el punto de vista de este texto, se trata de producciones simb&oacute;licas que sintetizan roles y obligaciones por parte del Estado en educaci&oacute;n, y que comunican a la sociedad aquello que ser&aacute; considerado inaceptable dentro del orden educacional. Dos son los programas que instalan este nuevo discurso: el Programa de Mejoramiento para Escuelas de Sectores Pobres (P-900) y el Programa MECE (Mejoramiento de la Calidad y Equidad de la Educaci&oacute;n); por motivos de espacio hacemos referencia solamente a este &uacute;ltimo. Sint&eacute;ticamente y considerando los documentos oficiales de la &eacute;poca es posible formular cinco elementos que marcan tanto los objetivos del MECE como el centro de la nueva pol&iacute;tica educacional de los a&ntilde;os noventa. Tres de estos elementos corresponden a aspectos considerados positivos o favorable para las nuevas iniciativas educacionales y otros dos son de car&aacute;cter problem&aacute;tico:</p> <ol type="a">     <li>El primero se refiere a un alto clima de consenso en el pa&iacute;s respecto de la organizaci&oacute;n descentralizada del sector educaci&oacute;n. Esto significa asumir un elemento propio de la pol&iacute;tica y de la generaci&oacute;n discursiva de los a&ntilde;os ochenta. </li>     <li>El segundo elemento -ya mencionado anteriormente- es el de la cobertura educativa: ''el pa&iacute;s ha dejado atr&aacute;s el acceso a la educaci&oacute;n como problema principal: pr&aacute;cticamente la totalidad de ni&ntilde;os de 6-13 a&ntilde;os est&aacute; en la escuela y m&aacute;s de tres cuartas partes de los del grupo 14-17 es atendido en la educaci&oacute;n media'' (MINEDUC, 1992, p. 7). Se trata aqu&iacute; de un elemento del discurso que busca situar la discusi&oacute;n pol&iacute;tica educativa en torno a nuevos referentes.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>El tercero de estos elementos considerados positivos se basa en la situaci&oacute;n y las perspectivas socioecon&oacute;micas del pa&iacute;s. En efecto, el MECE asume la inminencia del paso del pa&iacute;s a un mayor desarrollo econ&oacute;mico y tecnol&oacute;gico en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, fen&oacute;meno para el cual la educaci&oacute;n no est&aacute; preparada. Se trata este de un discurso que se afirma fuertemente en la propuesta de CEPAL-UNESCO (1992) y de sus implicaciones en la formaci&oacute;n de capital humano en el pa&iacute;s.</li>     </ol>      <p>Frente a estos elementos considerados positivos en el diagn&oacute;stico de inicios de los noventa, se plantean dos realidades negativas: la falta de calidad de los contenidos de la educaci&oacute;n nacional y la escasa equidad en la distribuci&oacute;n de los bienes educativos:</p>     <blockquote>     <p>sin desaf&iacute;os mayores respecto de los problemas de acceso a la educaci&oacute;n, ni dilemas sobre la organizaci&oacute;n del sector, el n&uacute;cleo de demandas de la sociedade respecto de su sistema educativo, as&iacute; como el propio nivel de desarrollo alcanzado por este definen hoy en a la calidad de sus procesos internos y resultados, y la equidad de la distribuci&oacute;n social de &eacute;stos, como el centro de la pol&iacute;tica educacional &#91;...&#93; una educaci&oacute;n de pobre calidad limita en forme grave las posibilidades de obtener las metas consensuales de un orden social justo e integrado en su diversidad, de una democracia estable, y un crecimiento econ&oacute;mico de bases s&oacute;lidas. (MINEDUC, 1992, pp. 7, 8)<I>. </I></p></blockquote>      <p>Es interesante observar c&oacute;mo, durante la primera mitad de los a&ntilde;os noventa se lleva a cabo esta nueva producci&oacute;n discursiva en educaci&oacute;n, que re&uacute;ne a otros programas importantes de la &eacute;poca y que solo hacia la segunda mitad de la d&eacute;cada, espec&iacute;ficamente en 1996, este proceso es denominado <I>reforma </I><I>educativa</I>24. Por &uacute;ltimo, resulta interesante tambi&eacute;n c&oacute;mo en esta nueva producci&oacute;n discursiva hay un intento de recuperaci&oacute;n de un rol estatal en educaci&oacute;n -pr&aacute;cticamente inexistente durante el per&iacute;odo dictatorial- y que, tal como se plante&oacute; en p&aacute;ginas anteriores, se le busca una armonizaci&oacute;n con las modificaciones estructurales de los a&ntilde;os ochenta, en particular la descentralizaci&oacute;n del sistema educativo. </p>      <p>La movilizaci&oacute;n de estudiantes secundarios del a&ntilde;o 2006 (''Revoluci&oacute;n de los ping&uuml;inos'', -cf. Bellei, Contreras y Valenzuela, 2010-) marca un quiebre en el estado de la discusi&oacute;n socio-educacional chilena y de acuerdo a las definiciones de este art&iacute;culo, un intento de cambio en la narrativa educacional imperante. Esta movilizaci&oacute;n instal&oacute; al menos tres tem&aacute;ticas en la conversacional nacional sobre la educaci&oacute;n: a) lo inaceptable de la desigualdad educacional persistente en el pa&iacute;s despu&eacute;s de una d&eacute;cada y media de implementaci&oacute;n de estrategias de soluci&oacute;n a tal problema; b) el fin del car&aacute;cter lucrativo de instituciones educativas financiadas con recursos estatales; c) una mayor injerencia y responsabilidad del Estado por la gesti&oacute;n y los resultados educacionales.</p>      <p>Al analizar cada uno de estos temas vemos que ellos corresponden en gran medida a los contenidos b&aacute;sicos de la narrativo-centro-estatista de la educaci&oacute;n chilena existente hasta la d&eacute;cada de 1970, con algunas variantes. En efecto, la cr&iacute;tica a la desigualdad educacional era algo ya presente a partir de la mitad del siglo pasado concretizada en el ideal de la plena cobertura en la educaci&oacute;n b&aacute;sica. La variante que la movilizaci&oacute;n estudiantil del a&ntilde;o 2006 introdujo en esta aspiraci&oacute;n un acento en la calidad de los resultados educativos, es decir, se recoge parte de la problematizaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas educacionales de los a&ntilde;os noventa en adelante, que no enfatizan tanto en la cobertura, meta ya lograda al menos a nivel b&aacute;sico, sino en los distintos efectos que la asistencia a la escuela tiene en los alumnos dependiendo del origen social de los mismos.</p>      <p>El segundo tema, la cr&iacute;tica al lucro en educaci&oacute;n, es algo que ya estaba presente de manera t&aacute;cita en la antigua narrativa educacional, ya que la legislaci&oacute;n imperante no permit&iacute;a que los establecimientos privados que recib&iacute;an subvenci&oacute;n del Estado tuviesen una finalidad mercantil. Curiosamente este tema es al menos parcialmente modificado por la legislaci&oacute;n instalada a comienzos de los a&ntilde;os ochenta, espec&iacute;ficamente en lo relativo a la educaci&oacute;n superior, por cuanto en ella se incentiva la creaci&oacute;n de nuevas universidades privadas pero dentro de un marco tambi&eacute;n no lucrativo, aun cuando no reciban subsidios de Estado. Con ello se propone que el gobierno de la &eacute;poca conserva y reafirma, al menos parcialmente, la idea de la antigua narrativa educacional que establec&iacute;a una contradicci&oacute;n entre la educaci&oacute;n y el lucro. Es posible establecer tambi&eacute;n que la manera en que el movimiento estudiantil expresa su rechazo al lucro en educaci&oacute;n implica una cr&iacute;tica a la regulaci&oacute;n de mercado y competitiva en el sistema educacional, m&aacute;s all&aacute; del tema espec&iacute;fico del lucro. Dicho de otro modo, este &uacute;ltimo tema encapsula y sintetiza una cr&iacute;tica global m&aacute;s amplia a aspectos considerados inaceptables en el funcionamiento del sistema educacional.</p>      <p>Por &uacute;ltimo, el tema de la mayor ingerencia y participaci&oacute;n del Estado en la gesti&oacute;n del sistema educacional es, al parecer, un elemento que marca la argumentaci&oacute;n central de este art&iacute;culo. En efecto, a partir de la movilizaci&oacute;n estudiantil del a&ntilde;o 2006 se generan las cr&iacute;ticas y demandas que rese&ntilde;amos en los puntos anteriores y que el discurso de quienes reivindican los cambios centra en el Estado tanto como responsable de dicha situaci&oacute;n como en la obligaci&oacute;n de actuar para solucionarla. En consecuencia, el centro de la producci&oacute;n discursiva de la movilizaci&oacute;n estudiantil da cuenta de la permanencia de la narrativa educacional centro-estatista, en tanto gran parte de las medidas propuestas a partir de ella se ubican, paradojalmente, desde la narrativa competitiva (cf. Bellei, Contreras y Valenzuela, 2010). Algo similar ocurri&oacute; con un &uacute;ltimo fen&oacute;meno y que aqu&iacute; solo tenemos el espacio para rese&ntilde;ar, nos referimos a la movilizaci&oacute;n de estudiantes de educaci&oacute;n superior ocurrida en 2011 en Chile. Se trata esta de la m&aacute;s importante de las movilizaciones de este nivel de estudiantes que se tenga memoria desde el regreso a la democracia y cuyas banderas de lucha, aun cuando centradas la mayor parte de ellas en el &aacute;mbito universitario, recogen el ideario propuesto por la movilizaci&oacute;n del a&ntilde;o 2006 y que de acuerdo al concepto central de este art&iacute;culo, abog&oacute; por pol&iacute;ticas educacionales que se sustenten en la recuperaci&oacute;n de aspectos fundamentales de la narrativa centro-estatista o por lo menos de una que confronte los principales supuestos de una narrativa de tipo competitiva y mercantil en educaci&oacute;n.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b> Conclusi&oacute;n </b></font></p>      <p>La discusi&oacute;n de la &uacute;ltima d&eacute;cada en Chile sobre el sistema educacional y sus necesarias transformaciones se ha planteado reiterativamente como un debate t&eacute;cnico en el cual el centro de la discusi&oacute;n, parece ser, el descubrimiento de la soluci&oacute;n m&aacute;s eficiente a problemas que se manifiestan como evidentes. Sin embargo, es importante recordar que la educaci&oacute;n es tambi&eacute;n un tema ideol&oacute;gico y simb&oacute;lico que existe como representaci&oacute;n y aspiraci&oacute;n colectiva de la ciudadan&iacute;a, que tales representaciones han sido construidas a trav&eacute;s de la historia educacional de cada sociedad as&iacute; como por los discursos p&uacute;blicos que se han generado y legitimado en torno a esa historia. Si bien en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se ha insistido en Chile en un concepto de educaci&oacute;n que la define desde un punto de vista t&eacute;cnico e individual -identific&aacute;ndola de manera casi total con la teor&iacute;a del capital humano- en los discursos de los actores, y particularmente en las movilizaci&oacute;n estudiantiles de los a&ntilde;os 2006 y 2011, se observa una representaci&oacute;n de la educaci&oacute;n cercana a una idea de profundizaci&oacute;n democr&aacute;tica, de construcci&oacute;n de un colectivo, de integraci&oacute;n social, y de cr&iacute;tica a las soluciones de mercado y de tipo competitiva en educaci&oacute;n, entre otros aspectos. Tal vez sea cierto decir que una narrativa centro-estatista est&eacute; superada en la educaci&oacute;n chilena; sin embargo, tampoco parece evidente que en su reemplazo se haya instalado una que reniegue del Estado y que abrace totalmente un concepto de educaci&oacute;n entendida solo como capital humano.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Pie de P&aacute;gina</b></font></p>     <p><sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Entre los cuales se encuentra Durkheim (1990), as&iacute; como tambi&eacute;n Saint Simon (que ve la necesidad de la planificaci&oacute;n centralizada como soporte frente a la creciente disociaci&oacute;n social y econ&oacute;mica), Comte (que ve en el predominio del pensamiento cient&iacute;fico la defensa contra el desorden social creado por la revoluci&oacute;n francesa) y Spencer (que ve una evoluci&oacute;n natural de la sociedad en el plano social y moral como respuesta a una moment&aacute;nea falta de unidad de los individuos), entre otros pensadores cl&aacute;sicos de la sociolog&iacute;a.    <br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Tal vez el aporte te&oacute;rico inicial m&aacute;s importante a este respecto, m&aacute;s a all&aacute; de Durkheim, es el de Parsons y su modelo AGIL que da cuenta de los cuatro imperativos funcionales de todo sistema social: A: adaptaci&oacute;n; G: capacidad para alcanzar metas <I>(goal attainment); </I>I (integraci&oacute;n); L (latencia) (ver Parsons 1988).    <br> <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Es este el tema que enuncia Bourdieu con los conceptos de distinci&oacute;n social y de consumo de bienes culturales y simb&oacute;licos dentro de los cuales est&aacute; la educaci&oacute;n y su certificaci&oacute;n (Bourdieu y Passeron, 1970; Bourdieu, 1979). La tesis bourdiana se refiere al hecho que los procesos de masificaci&oacute;n educativa generan el acceso a bienes simb&oacute;licos y a un cierto tipo de consumo cultural que hasta hace unas d&eacute;cadas estaba reservado a las &eacute;lites sociales. Mientras se produce lo anterior, las antiguas &eacute;lites y tambi&eacute;n las nuevas que se van consolidando por la misma redistribuci&oacute;n generan nuevas distinciones de consumo cultural a medida que los sectores sociales emergentes acceden a tal consumo, en particular, a la educaci&oacute;n. El acceso masivo a los sistemas educacionales genera, por tanto, en estas sociedades, un doble movimiento de democratizaci&oacute;n del conocimiento y de certificaci&oacute;n, por un lado, y de desplazamiento de las &eacute;lites en b&uacute;squeda de nuevas distinciones, por otro. Sin embargo mientras el sistema educativo mantenga su contenido y organizaci&oacute;n p&uacute;blica, las &eacute;lites no podr&aacute;n apropiarse de manera absoluta de nuevos conocimientos por lo que el saldo neto ser&iacute;a positivo a favor de la democratizaci&oacute;n del saber.    <br> <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>''La d&eacute;cada de 1840 fue pr&oacute;diga en la fundaci&oacute;n de instituciones educacionales que ven&iacute;an a complementar con ense&ntilde;anza vocacional la estructura madre de la educaci&oacute;n primaria, secundaria y superior. Las m&aacute;s importantes ten&iacute;an por objeto estructurar socialmente el sistema en su conjunto fueron la Escuela Normal de Preceptores (1842) y la Escuela de Artes y Oficios (1849). Ambas eran a los sectores populares que acced&iacute;an a la educaci&oacute;n primaria, lo que la educaci&oacute;n secundaria y superior a las clases dirigentes''. (Serrano, 1994, p. 81).     <br> <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>''La Ley Org&aacute;nica de 1842 en su art&iacute;culo 15 establec&iacute;a que los ex&aacute;menes anuales de los colegios estatales y particulares de Santiago deb&iacute;an rendirse ante comisiones nombradas por las facultades. Ese era el requisito legal para ingresar a los estudios superiores''. (Serrano, 1994, p. 223).    <br> <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>Respecto a la comparaci&oacute;n socioeducativa de las reformas de 1965 y 1980 cf. Brunner, 1980.     <br> <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>Las denominaciones que hemos escogido para estas narrativas obedecen a caracter&iacute;sticas y proyectos centrales de las mismas. La narrativa centro-estatista basa su visi&oacute;n de la educaci&oacute;n como bien p&uacute;blico a partir de la generaci&oacute;n y distribuci&oacute;n que el Estado hace del mismo. La educaci&oacute;n privada, sea ella subvencionada o no, es, en esta perspectiva, un elemento secundario y minoritario que para muchos de sus aspectos claves debe tambi&eacute;n basarse en los mandatos del Estado. Un segundo elemento es la visi&oacute;n homogenizadora de la narrativa centro-estatista como producto de un Estado de bienestar social de mediados del siglo XX. En contrapartida, la narrativa de mercado o competitiva asume que el sistema educativo es fundamentalmente un escenario de disputa de recursos y, por consiguiente, competitivo. Como todo mercado se presupone que las caracter&iacute;sticas de la oferta deben estar estructuradas desde la demanda lo que significa que la ''forma'' que tenga el sistema educativo (n&uacute;mero y tipo de establecimientos, por ejemplo) es un proceso que debe concretarse de acuerdo al tipo de demanda y cantidad en que ella se produzca.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>Este predominio de la econom&iacute;a sobre las restantes ciencias sociales corresponde incluso a una pol&iacute;tica de Estado frente a an&aacute;lisis de todo el orden social como lo constata Garret&oacute;n (2005): ''como adelantamos, la econom&iacute;a cobra gran protagonismo dentro de las ciencias sociales, expandi&eacute;ndose en recursos y estudiantes, por el rol que juega en el proyecto del r&eacute;gimen militar de instalar un modelo neo-liberal de desarrollo que reemplace al modelo basado en el Estado y en la industrializaci&oacute;n, y por su aporte a la ideolog&iacute;a oficial que combina doctrina militar, filosof&iacute;a pol&iacute;tica integrista y discurso econ&oacute;mico neo-liberal'' (p. 14). Tambi&eacute;n se&ntilde;ala: ''en el plano universitario, la Ley de Universidades consagra un deterioro de las ciencias sociales, en la medida que solo la econom&iacute;a es definida como exclusivamente universitaria, el resto pod&iacute;a ser ense&ntilde;ado por instituciones no universitarias'' (p. 10).     <br> <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>En sociolog&iacute;a escolar este tema ha sido abordado desde Durkheim a Bourdieu aludiendo a la incorporaci&oacute;n de un <I>habitus</I> en los alumnos a trav&eacute;s de la pr&aacute;ctica escolar, plasmada en la rutina, tema que con algunas variantes te&oacute;ricas lo retoma Dubet mediante el concepto de <I>experiencia escola</I>r.    <br> <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>Por ejemplo el documento <I>El Ladrillo</I> que da cuenta de los principios fundamentales del R&eacute;gimen Militar en materia de ordenamiento econ&oacute;mico y social, al referirse a las bondades de un proceso de descentralizaci&oacute;n educativa se&ntilde;ala: ''uno de los sectores m&aacute;s ineficientes del sector p&uacute;blico es el &aacute;rea de la educaci&oacute;n donde, aparte del extremo burocr&aacute;tico, no existen mecanismos para que el usuario del servicio (padres y alumnos) puedan controlar la calidad y el tipo de educaci&oacute;n que se est&aacute; implantando &#91;...&#93; las limitadas experiencias de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, que han resultado en una mayor participaci&oacute;n de los padres y profesores en la administraci&oacute;n de escuelas y liceos, han sido exitosas'' (CEP, 1992, pp. 148-149).     <br> <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup>El mismo texto aludido en la cita anterior se&ntilde;ala: ''se estima que la forma m&aacute;s adecuada de abaratar el costo y mejorar la calidad de la educaci&oacute;n es una dr&aacute;stica descentralizaci&oacute;n de la actual estructura de manera que sea la comunidad local quien pasa a administrar la unidad escolar respectiva'' (CEP, 1992, p. 148).     <br> <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup>Podemos citar al respecto la ''Entrevista de <I>El Mercurio</I> al ministro Gonzalo Vial'' del 8 de marzo de 1979: ''...pero se da entrada al lucro en educaci&oacute;n (pregunta del entrevistador). Por de pronto no solo al lucro. Mucha educaci&oacute;n privada es gratuita o semigratuita... No toda. Dicho sea de paso, es religiosa; muchas laica o neutra. Uno de los esfuerzos privados m&aacute;s grandes y fecundos de nuestra historia educacional lo hizo la Sociedad de Instrucci&oacute;n Primaria cuya orientaci&oacute;n puede decirse fue radical. Y tampoco el lucro en la educaci&oacute;n es en s&iacute; censurable, si la educaci&oacute;n es buena y si hay educaci&oacute;n gratuita para quienes la necesitan. Precisamente consolidar este &uacute;ltimo objetivo es lo que exige el Estado, para enfocar hacia &eacute;l la totalidad de sus recursos, alentar al mismo tiempo la ense&ntilde;anza privada''.    <br> <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>denomina a estos elementos de continuidad como <I>continuismo desarrollista </I>(p. 102).     <br> <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup>Se&ntilde;ala <I>El Ladrillo: </I>''La pol&iacute;tica educacional debe estar encaminada a garantizar la igualdad de oportunidades a todos los ciudadanos de modo que cada cual pueda desarrollar al m&aacute;ximo su potencial humano'' (CEP 1992, p. 145).    <br> <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup>ODEPLAN (1983).    <br> <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup>La recesi&oacute;n internacional de 1982 hizo que el producto interno bruto del pa&iacute;s cayera ese a&ntilde;o en un 13,5%.     <br> <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup>Con todo el tema de la medici&oacute;n de la calidad de la educaci&oacute;n est&aacute; presente en un periodo de ese gobierno bajo las iniciativas de la Prueba de Evaluaci&oacute;n del Rendimiento Escolar (PER), a partir de 1982 y luego con la creaci&oacute;n del Sistema de Medici&oacute;n de la Calidad de la Educaci&oacute;n (SIMCE), en 1988.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup>Sucintamente por mecanismos de mercado entendemos a procesos de coordinaci&oacute;n de acciones a partir de: a) relaci&oacute;n competitiva entre agentes; b) lucro o generaci&oacute;n de ingresos a partir de criterios de eficiencia; c) priorizaci&oacute;n de oferentes privados y rol del Estado como garante de la relaci&oacute;n entre estos y sus clientes.     <br> <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup>El gobierno de la &eacute;poca asume la noci&oacute;n de humanismo-cristiano como principio rector del sistema educacional pero dentro de tal acepci&oacute;n se inclu&iacute;a preferencialmente al catolicismo y dentro del mismo a interpretaciones del mismo cercanas o propias del r&eacute;gimen.     <br> <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup>Sistema de medici&oacute;n de calidad de la educaci&oacute;n (www.simce. cl). Evaluaci&oacute;n censal y estandarizada de la totalidad de alumnos chilenos en determinados grados escolares. Sus resultados se exhiben p&uacute;blicamente a nivel de promedios por establecimientos. Fue inaugurado a fines de la d&eacute;cada de 1980 y perfeccionado y ampliado en sus usos y &aacute;mbitos de evaluaci&oacute;n en las dos d&eacute;cadas siguientes.     <br> <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup><I>Exit</I> (salida), <I>voice</I> (voz) y <I>loyalty</I> (lealtad) es el t&iacute;tulo de un connotado libro del economista Albert Hirschman (1977) y que, precisamente, hace alusi&oacute;n a las tres posibilidades del individuo en un contexto institucional dispuesto como un mercado, en nuestro caso, de las familias frente a las escuelas. La salida es la conducta de fuga y de b&uacute;squeda de alternativas institucionales mejores, la voz se refiere a algo que no necesariamente est&aacute; incorporado en las propuesta de organizaci&oacute;n mercantil de la pol&iacute;tica educativa y se relaciona con la capacidad expresiva de los individuos, bajo la forma ya sea de protesta o de propuesta al interior de la instituci&oacute;n para producir mejoras en ella. Es la conducta de aquellos que no quieren abandonarla pero que tampoco est&aacute;n conformes con su situaci&oacute;n actual. Por &uacute;ltimo, la lealtad se refiere a la conducta de permanencia y adhesi&oacute;n de aquellos que consideran que la instituci&oacute;n es la mejor opci&oacute;n. Los an&aacute;lisis de la &uacute;ltima (ver por ejemplo Corval&aacute;n y Rom&aacute;n 2012) d&eacute;cada respecto del sistema educacional chileno demuestran que para dar cuenta del mismo estas categor&iacute;as deben al menos ser relativizadas: al parecer son pocos los que <I>salen</I>, dado que el cambio de establecimiento educativo es un tema complejo que involucra sobre todo aspectos subjetivos en juego (del propio alumno, principalmente); tampoco son tantos los que se expresan y tal expresi&oacute;n, cuando ocurre, no parece tener mayor impacto. Tomar seriamente el tema de la voz implica un dise&ntilde;o comunitario y participativo del sistema educacional lo que es contradictorio con la existencia de instituciones de naturaleza privada que no est&aacute;n obligadas a desarrollar la participaci&oacute;n de la comunidad y es contradictorio tambi&eacute;n con una visi&oacute;n de mercado propiamente tal en el que los clientes no participan en el negocio del due&ntilde;o, sino que simplemente si no est&aacute;n conformes, cambian de tienda. Por &uacute;ltimo, los que se quedan no necesariamente lo hacen por lealtad sino, muchas veces, por falta de opci&oacute;n.     <br> <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup>Espec&iacute;ficamente en el Discurso Presidencial del 21 de mayo de 1996.</p>   <hr>     <p><font size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas </b></font></p>     <!-- ref --><p>Anderson, B. (1993). <I>Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusi&oacute;n del nacionalismo</I>. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0123-4870201300010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Archer, M. (1984). <I>Social origins of educational systems</I>. London: Sage.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0123-4870201300010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Bellei, C.; Contreras, D. y Valenzuela, J.P. (eds.) (2010). <I>Ecos de la revoluci&oacute;n ping&uuml;ina.</I> Santiago de Chile: Universidad de Chile, Unicef.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0123-4870201300010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Barros, D. (1902). <I>Historia jeneral de Chile.</I> Santiago de Chile: Imprenta Cervantes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0123-4870201300010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Becker, G. (1983). <I>Capital humano</I>. Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0123-4870201300010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bellei, C. (2002). <I>Apuntes para debatir el aporte del SIMCE al mejoramiento de la educaci&oacute;n chilena.</I> Recuperado el 30 de octubre de 2011 de: <a href="http://www.piie.cl/centro-de-documentacion/images/pdf/PolRefEdu/ Apuntes%20para%20debatir%20el%20aporte%20 del%20SIMCE.pdf">http://www.piie.cl/centro-de-documentacion/images/pdf/PolRefEdu/ Apuntes%20para%20debatir%20el%20aporte%20 del%20SIMCE.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0123-4870201300010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bourdieu, P. y Passeron, J.C. (1970). <I>La r&eacute;production. &Eacute;lements pour une th&eacute;orie du syst&egrave;me d&acute;&eacute;nseignement</I>. Paris: Minuit.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0123-4870201300010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bourdieu, P. (1979). <I>La distinction. Critique sociale du jugement</I>. Paris: Minuit.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0123-4870201300010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Brunner, J.J. (1980). <I>Sociolog&iacute;a de los principios educativos. Un an&aacute;lisis de dos reformas de los planes y programas de la ense&ntilde;anza b&aacute;sica chilena: 1965 y 1980</I>. Santiago de Chile: Flacso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0123-4870201300010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Brunner, J.J. y Cox, C. (1995). Din&aacute;micas de transformaci&oacute;n en el sistema educacional de Chile. En J. Puryear y J.J. Brunner. <I>Educaci&oacute;n, equidad y competitividad en las Am&eacute;ricas</I>. <I>Un proyecto del di&aacute;logo interamericano </I>(pp. 101- 152). Vol. II. Estudios de caso. Washington: OEA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0123-4870201300010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Cepal-Unesco, 1992, <I>Educaci&oacute;n y conocimiento: eje de la transformaci&oacute;n productiva con equidad</I>. Santiago de Chile: Cepal-Unesco.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0123-4870201300010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Comisi&oacute;n para el Desarrollo y Uso del Sistema de Medici&oacute;n de la Calidad de la Educaci&oacute;n (2003). <I>Evaluaci&oacute;n de aprendizajes para una educaci&oacute;n de calidad</I>, Santiago. MINEDUC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0123-4870201300010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Corval&aacute;n J. y Rom&aacute;m. M. (2012) La permanencia de escuelas de bajo rendimiento cr&oacute;nico en le cuasi mercado educativo chileno. <I>Revista Uruguaya de Ciencia Pol&iacute;tica 21(01)</I>, 43-64.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0123-4870201300010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Corval&aacute;n, J.; Elacqua, G. y Salazar, F. (2010). <I>El sector particular subvencionado en Chile.</I> Santiago de Chile: MINEDUC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0123-4870201300010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Cox, C. (1993). <I>Las pol&iacute;ticas de los 90 para el sistema escolar.</I> Santiago de Chile: MINEDUC-MECE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0123-4870201300010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Cox, C. (2003). Las pol&iacute;ticas educacionales de Chile en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas del siglo XX. En C. Cox (ed.). <I>Pol&iacute;ticas educacionales en el cambio de siglo. La reforma del sistema escolar en Chile </I>(pp. 19 -114). Santiago de Chile: Editorial Universitaria.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0123-4870201300010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Durkheim, E. (1972). <I>La educaci&oacute;n moral.</I> Buenos Aires: Shapire.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0123-4870201300010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Durkheim, E. (1982). <I>Historia de la educaci&oacute;n y de las doctrinas pedag&oacute;gicas. La evoluci&oacute;n pedag&oacute;gica en Francia.</I> Madrid: La Piqueta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0123-4870201300010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Durkheim, E. (1990). <I>Educaci&oacute;n y sociolog&iacute;a.</I> Barcelona: Pen&iacute;nsula.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0123-4870201300010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ega&ntilde;a, M.L. (2000). <I>La educaci&oacute;n primaria popular en el siglo XIX en Chile: una pr&aacute;ctica de pol&iacute;tica estatal</I>. Santiago de Chile: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, DIBAM, PIIE, LOM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0123-4870201300010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>El Mercurio (8 de marzo de 1979). Carta de S.E. al Ministro de Educaci&oacute;n, 5 de marzo de 1979. Aspectos Fundamentales de la Revisi&oacute;n del Proceso Educacional. Primer cuerpo p.1&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0123-4870201300010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>El Mercurio (1 de junio de 1980). ''Entrevista al presidente Pinochet''. Segundo cuerpo p.2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0123-4870201300010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Espinoza, O. y Gonz&aacute;lez, L.E. (1993). <I>La experiencia del proceso de desconcentraci&oacute;n y descentralizaci&oacute;n educacional en Chile 1974-1989.</I> Santiago de Chile: PIIE. Recuperado de: <a href="http://www.piie.cl/documentos/documento/descentralizacion_oscar_espinoza2.pdf">http://www.piie.cl/documentos/documento/descentralizacion_oscar_espinoza2.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0123-4870201300010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Garc&iacute;a-Huidobro, J.E. (ed.) (1989). <I>Escuela, calidad e igualdad.</I> Santiago de Chile: CIDE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0123-4870201300010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Garc&igrave;a-Huidobro, J.E. y Cox, C. (1999). 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Institucionalizaci&oacute;n, ruptura y renacimiento</I>. Recuperado el 7 de noviembre de 2011 de: <a href="http://www.insumisos.com/lecturasinsumisas/Ciencias%20 sociales%20en%20Chile.pdf">http://www.insumisos.com/lecturasinsumisas/Ciencias%20 sociales%20en%20Chile.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0123-4870201300010000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hirschman, A. (1977). <I>Salida, voz y lealtad</I>. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0123-4870201300010000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Labarca, A. (1939). <I>Historia de la ense&ntilde;anza en Chile. </I>Santiago de Chile: Imprenta Universitaria.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0123-4870201300010000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Larra&iacute;n, J. (2005). <I>&iquest;Am&eacute;rica Latina moderna? Globalizaci&oacute;n e identidad.</I> Santiago de Chile: LOM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0123-4870201300010000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Larra&iacute;n, J. y Larra&iacute;n, J. (1871). <I>Bolet&iacute;n de las principales leyes y decretos vijentes dictadas desde enero 1 de 1860 hasta enero 1 de 1871 y recopiladas por orden de materias.</I> Valparaiso: Imprenta de El Mercurio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0123-4870201300010000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Linblad, S. y Popkewitz, T. (2001). <I>Education governance and social integration and exclusi&oacute;n. Studies in the power of reason and the reason of power</I>. A report of EGSIE project. Uppsala: Departament of Education, Uppsala University.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0123-4870201300010000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Linblad, S. y Popkewitz, T. (eds.) (2004). <I>Educational Restructuring. International Perspectives on Educational, Policy, Research and Practice.</I> Greenwich: Information Age Publishing.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0123-4870201300010000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ministerio de Educaci&oacute;n (1961). <I>Bases generales para el planeamiento integral de la educaci&oacute;n chilena</I>. Santiago de Chile: MINEDUC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0123-4870201300010000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ministerio de Educaci&oacute;n (1964). <I>Algunos antecedentes para el planeamiento integral de la educaci&oacute;n chilena</I>. Santiago de Chile: MINEDUC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0123-4870201300010000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ministerio de Educaci&oacute;n (1992). <I>Orientaciones b&aacute;sicas, objetivos y componentes del programa MECE.</I> Santiago de Chile: MINEDUC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0123-4870201300010000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>N&uacute;&ntilde;ez, I. (s.f.). <I>Tradici&oacute;n, reformas y alternativas educacionales en Chile, 1925-1973. </I>Santiago de Chile: Estudios Vector 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0123-4870201300010000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>N&uacute;&ntilde;ez, I. (1989). <I>Historia del trabajo y formaci&oacute;n de profesores en Chile</I>. Santiago de Chile: PIIE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0123-4870201300010000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>N&uacute;&ntilde;ez, I. (1997). <I>Historia reciente de la educaci&oacute;n chilena</I>. Recuperado el D15 de noviembre de 2011 de: <a href="http://historiaeducacion.tripod.com/sitebuildercontent/sitebuilderfiles/historia_reciente.doc">http://historiaeducacion.tripod.com/sitebuildercontent/sitebuilderfiles/historia_reciente.doc</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0123-4870201300010000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>N&uacute;&ntilde;ez, I. (1998). <I>El Ministerio de Educacion de Chile: instrumento del rol estatal en educaci&oacute;n 1927-1997</I>. Recuperado el 15 de noviembre de 2011 de: <a href="http://www.piie.cl/centro-de-documentacion/images/pdf/PolRefEdu/HISTMINponIVC.pdf">http://www.piie.cl/centro-de-documentacion/images/pdf/PolRefEdu/HISTMINponIVC.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0123-4870201300010000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Odeplan (1983). <I>Informe social.</I> Santiago de Chile: Odeplan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0123-4870201300010000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Parsons, T. (1959). The school class as a social system: Some of its functions in american society. <I>Harvard Educational Review</I>, <I>29</I>(4), 297-318.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0123-4870201300010000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Parsons, T. (1988). <I>El sistema social</I>. Madrid: Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0123-4870201300010000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educaci&oacute;n (1984). <I>Las transformaciones educaciones del R&eacute;gimen Militar.</I> Santiago de Chile: PIIE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0123-4870201300010000500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ruiz, C. (2010). <I>De la rep&uacute;blica al mercado</I>. Santiago de Chile: LOM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0123-4870201300010000500045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Serrano, S. (1994). <I>Universidad y naci&oacute;n. Chile en el siglo XIX</I>. Santiago de Chile: Universitaria.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0123-4870201300010000500046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>       ]]></body><back>
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