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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ANÁLISIS DE LA CRÍTICA SOCIAL AL MARKETING]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Corporación Universitaria Autónoma de Occidente Ciencias Económicas y Empresariales ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[An ever increasing number of analysts and social critics associate marketing with conspicuous consumption, even to the point of claiming that firms often engage in the planned obsolescence of their products with a view to selling newer versions with few if any functional improvements. Furthermore, they claim that advertising adds a stiff surcharge to such products and that manufacturer´s profits are excessive. Such critics also point to abuses of the political power wielded by certain industries, and even to discrimination agains residents of low-income areas. The revelations of market analysts and critics have led to the formation of consumer´s groups and to the belief that marketing must exercise social responsibility. Potential buyers are also urged to rein in their more superfluous and whimsical desires.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">        <p align="right"><font size="4"><b>AN&Aacute;LISIS DE LA CR&Iacute;TICA SOCIAL  AL MARKETING</b></font></p>      <p align="right">RAYMOND PRADA DAZA.</p>      <p align="right">Decano de la Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas y Empresariales de la Corporaci&oacute;n Universitaria  Aut&oacute;noma de Occidente, en Cali, Colombia. Es asesor de empresas e Ingeniero Industrial con  estudios superiores en Administraci&oacute;n de Empresas, Marketing y Psicolog&iacute;a de la Creatividad.  Autor del libro &quot;Creatividad e Innovaci&oacute;n Empresarial&quot;. E&#45;mail:<a href="mailto:rrprada@cuao.edu.co">rrprada@cuao.edu.co</a></p>  <hr />            <p><b>RESUMEN</b></p>      <p>Cada vez un mayor n&uacute;mero de analistas  y cr&iacute;ticos sociales asocian el  marketing con el consumo exagerado,  y afirman que las empresas a  menudo <i><b>planifican la obsolescencia</b></i>  de sus productos con el &aacute;nimo de  que los compradores adquieran nuevas  versiones que incorporan muy  pocas mejoras funcionales. Pero, adem&aacute;s,  aseveran que la publicidad agrega  demasiados costos al precio de los  productos y que la ganancia bruta de  los fabricantes es exagerada. Las cr&iacute;ticas  se extienden al se&ntilde;alamiento de  abusos en el poder pol&iacute;tico de algunos  grupos de industrias y a la discriminaci&oacute;n  de distritos habitados por  familias de bajos ingresos.</p>      <p>Al comp&aacute;s de las respuestas de los  mercad&oacute;logos, los consumidores se  organizan y cobra relevancia el concepto  de que el <i><b>marketing debe ser  socialmente responsable</b></i> y que los  compradores potenciales pueden educar  sus deseos m&aacute;s superfluos y caprichosos.</p>      <p><b>PALABRAS CLAVES</b></p>      <p>Consumismo, mercad&oacute;logos, consumidorismo,  cabildeo, mercadotecnia  verde.</p>      <p><b>SUMMARY</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>An ever increasing number of  analysts and social critics associate  marketing with conspicuous consumption,  even to the point of claiming  that firms often engage in the  <i><b>planned obsolescence</b></i> of their products  with a view to selling newer  versions with few if any functional  improvements. Furthermore, they  claim that advertising adds a stiff  surcharge to such products and that  manufacturer&acute;s profits are excessive.</p>      <p>Such critics also point to abuses of the  political power wielded by certain  industries, and even to discrimination  agains residents of low&#45;income  areas.</p>      <p>The revelations of market analysts  and critics have led to the formation  of consumer&acute;s groups and to the belief  that <i><b>marketing must exercise social  responsibility</b></i>. Potential buyers  are also urged to rein in their more  superfluous and whimsical desires.</p>      <p><b>KEY WORDS</b></p>      <p>Consumption, market analysis, consumerism,  lobbying, green marketing.</p>    <hr />        <p>No s&oacute;lo los cr&iacute;ticos sociales, sino muchas  personas asocian al marketing  con el consumo exagerado o <b><i>consumismo</i></b>,  que se observa predominantemente  en lo que hemos dado en llamar  &quot;sociedades de econom&iacute;a desarrollada  de Occidente&quot;. Dentro de la  perspectiva de este concepto son comunes  las im&aacute;genes de gente apresurada  comprando compulsivamente  en medio del ruido de la publicidad y  de la presi&oacute;n de las ventas del comercio  y las industrias. ¿Pero qu&eacute; tan  cierta es esta representaci&oacute;n? ¿Hasta  qu&eacute; punto las personas est&aacute;n sujetas  a la influencia de los agentes del  mercado, sobre todo en las econom&iacute;as  desarrolladas? Parecer&iacute;a curioso concebirlo,  pero es cierto, que la mayor&iacute;a  de las cr&iacute;ticas sociales al marketing  provienen de soci&oacute;logos y humanistas  que viven en tales sociedades  &quot;consumistas&quot; como, por ejemplo, en  los Estados Unidos de Am&eacute;rica, Inglaterra  y Francia. Veamos entonces,  sin m&aacute;s pre&aacute;mbulos, lo que plantean  esos cr&iacute;ticos sociales, pero tambi&eacute;n los  argumentos de defensa de los expertos  en marketing o <i>mercad&oacute;logos</i>.  Luego me permitir&eacute; hacer un an&aacute;lisis  de la situaci&oacute;n, buscando calificar  los conceptos, tanto en contra como  en pro, desde la mirada de la econom&iacute;a  y de las necesidades de los pa&iacute;ses  en desarrollo.</p>      <p>Para una mejor comprensi&oacute;n de las  posiciones divergentes, presentar&eacute;  primero los argumentos de la cr&iacute;tica  social y luego, en letras cursivas, los  de los mercad&oacute;logos.</p>      <p><font size="3"><b>OBSOLESCENCIA PLANIFICADA</b></font></p>      <p>Los analistas sociales afirman que  algunos fabricantes <b><i>dise&ntilde;an sus  productos para que entren en  desuso antes de que sea realmente  necesario reemplazarlos</i></b>. Aseguran,  adem&aacute;s, que en algunas l&iacute;neas  de productos se generan cambios de  estilos y modelos de manera planificada  para inducir a las personas a  comprar antes de que necesiten reemplazar  los productos. El mundo de  la moda es un ejemplo fehaciente de  esta caracter&iacute;stica.</p>      <p>Pero, de igual manera, se sindica a  la industria automotriz y electr&oacute;nica  de <b><i>aplazar la introducci&oacute;n de algunas  caracter&iacute;sticas y mejoras  funcionales en sus productos</i></b> con  el fin de incorporarlas en nuevos modelos  que desaf&iacute;an el inter&eacute;s de los  consumidores, convoc&aacute;ndolos a adquirirlos  para obtener mejoras en su  desempe&ntilde;o.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los expertos en marketing responden  diciendo que a menudo <i>las personas  se cansan de usar los mismos productos,  por lo cual desean cambios en los  modelos y, adem&aacute;s, quieren tener productos  con mejores caracter&iacute;sticas.  Afirman que para un fabricante es un  serio riesgo el aplazar la incorporaci&oacute;n  de innovaciones en sus productos,  porque puede exponerse a que sus  competidores lo hagan primero</i>.</p>      <p><font size="3"><b>EXAGERADOS COSTOS  DE PUBLICIDAD  Y PROMOCI&Oacute;N</b></font></p>      <p>Los cr&iacute;ticos sociales aseguran que es  excesivo el cargo que las compa&ntilde;&iacute;as  hacen a los productos por concepto de  su presentaci&oacute;n, sus campa&ntilde;as publicitarias  y sus rondas promocionales.  <b><i>Dicen que se abusa del concepto  de la marca del producto y que se  agrega un valor psicol&oacute;gico, m&aacute;s  que caracter&iacute;sticas &uacute;tiles y diferenciadas  de uso</i></b>.</p>      <p>Los mercad&oacute;logos contestan a esta  cr&iacute;tica explicando que <i>a menudo las  personas desean obtener la implicaci&oacute;n  psicol&oacute;gica que constituye comprar  una marca reconocida, cuyas  caracter&iacute;sticas funcionales permanecen  estables a trav&eacute;s del tiempo. Aseguran  que por esta raz&oacute;n las marcas  reconocidas dan confianza a los compradores  y hace que est&eacute;n dispuestos  a pagar un mayor valor por concepto  de la calidad y la seguridad. Tambi&eacute;n  manifiestan que un producto mediocre  o defectuoso no resiste una campa&ntilde;a  publicitaria. <b>La mejor manera  de matar un producto malo es  haci&eacute;ndole publicidad y promoci&oacute;n</b>,  me dec&iacute;a recientemente el presidente  de una compa&ntilde;&iacute;a global, fabricante  de productos de uso personal  (cremas dentales, jabones de tocador  y shampoos). Igualmente, muchos economistas  dan su aporte a estos argumentos  explicando que un gran n&uacute;mero  de bienes debe producirse con  anticipaci&oacute;n a su demanda, considerando  las econom&iacute;as de escala y de  producci&oacute;n masiva, y, por lo tanto,  afirman que es necesario dise&ntilde;ar promociones  con el prop&oacute;sito de que los  inventarios roten oportunamente</i>.</p>      <p><font size="3"><b>ALTOS PRECIOS Y EXCESIVA  GANANCIA BRUTA</b></font></p>      <p>Al analizar los costos de producci&oacute;n  de una amplia gama de productos y  servicios, los cr&iacute;ticos sociales dicen  que los precios finales al consumidor  reflejan una ganancia exorbitante  para los fabricantes, los distribuidores  y los detallistas de los puntos de  venta de los productos. Afirman que  <b><i>un analg&eacute;sico puede tener un costo  de producci&oacute;n de cuatro centavos  de d&oacute;lar, pero al comprador  de una tienda detallista le puede  llegar a cuarenta centavos</i></b>.</p>      <p>Los expertos en marketing explican  que <i>casi siempre es necesario tener la  intermediaci&oacute;n de un distribuidor o  una tienda detallista para que se presenten  los productos de una manera  adecuada a los consumidores. En una  tienda, por ejemplo, se incurre en costos  por concepto de espacio, comodidad,  parqueaderos, personal y horarios  prolongados, que ofrecen un mejor  servicio a los compradores. Los  distribuidores, en tanto, tienen que  soportar costos de almacenamiento,  de camiones repartidores y fuerza de  ventas especializada para impulsar  las ventas esperadas de los productos</i>.</p>      <p><font size="3"><b>MAYORES PRECIOS  PARA LOS COMPRADORES  DE BAJA CONDICI&Oacute;N  ECON&Oacute;MICA</b></font></p>      <p>Los cr&iacute;ticos sociales han acusado a los  sistemas comerciales de la gran mayor&iacute;a  de los pa&iacute;ses del mundo, argumentando  que los ciudadanos pobres  que viven en grandes ciudades, tienen,  por lo general, que hacer sus  compras en tiendas peque&ntilde;as que  ofrecen productos m&aacute;s caros y de  menor calidad. Un estudio reciente de  la <b><i>Uni&oacute;n de Consumidores de los  Estados Unidos de Am&eacute;rica (Consumers  Union)</i></b> confirm&oacute; esta aseveraci&oacute;n  al comparar los h&aacute;bitos de  compra de consumidores que ten&iacute;an  ingresos bajos con otros grupos que  devengaban ingresos medios y que  viv&iacute;an en una misma ciudad. El estudio  determin&oacute;, igualmente, que <b><i>las  principales cadenas de ventas a  detallistas no ubicaban sus almacenes  en vecindarios o distritos de  bajos ingresos</i></b>.</p>      <p>Los mercad&oacute;logos explican que en  muchos pa&iacute;ses <i>es necesario ofrecer  presentaciones de algunos productos  en cantidades peque&ntilde;as, y esto ocasiona  mayores costos por concepto de  envases e intermediaci&oacute;n comercial.  Por ejemplo, los shampoos, aceites  comestibles, y carnes fr&iacute;as (salchichas  y rodajas de jamonada) que se venden  en peque&ntilde;as bolsas o sachets,  implican mayores costos de mano de  obra y materiales de empaque</i>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La anterior explicaci&oacute;n, sin embargo,  no es suficiente para responder el  argumento de discriminaci&oacute;n econ&oacute;mica  que hacen las grandes cadenas  detallistas al evitar abrir tiendas en  zonas de familias pobres. Sobre este  particular, la Federal Trade Commission  (FTC) de los Estados Unidos ha  iniciado ya una acci&oacute;n legal contra  esta discriminaci&oacute;n y ha incluido a  los agentes comerciales que cobran  demasiado por vender a cr&eacute;dito y que,  adem&aacute;s, venden mercanc&iacute;a obsoleta  como si fuera nueva, y anuncian caracter&iacute;sticas  falsas en los productos.</p>      <p><font size="3"><b>MATERIALISMO Y CONSUMISMO  DESMESURADOS</b></font></p>      <p>En la d&eacute;cada de los a&ntilde;os ochenta se  popularizaron en los Estados Unidos  frases como <i>gana el que tenga m&aacute;s  juguetes al morir, o compra hasta que  te canses</i>, y, aunque en los a&ntilde;os subsiguientes  los soci&oacute;logos han registrado  un descenso del consumismo exagerado,  a&uacute;n persiste una alta tendencia  hacia la posesi&oacute;n de bienes materiales.  Esta condici&oacute;n ha sido confirmada  por una encuesta reciente, en  la que el 85% de los entrevistados  respondi&oacute; que lo que mejor simboliza  el &eacute;xito es el dinero y todo lo que &eacute;ste  puede comprar.</p>      <p>Los mercad&oacute;logos responden diciendo  que <i>la competencia natural de los  mercados, exige a los fabricantes que  anuncien las caracter&iacute;sticas de sus  productos y que inviten a usarlos, de  lo contrario estas empresas podr&iacute;an  quebrar al tener pocas ventas y, de  esta manera, se perder&iacute;an muchos  puestos de trabajo. Agregan que la  cr&iacute;tica social exagera el poder de los  negocios de crear necesidades en las  personas, y afirman que el marketing  es m&aacute;s efectivo cuando se dirige a estimular  deseos ya existentes &#45;o potenciales&#45;  que cuando pretende crear  nuevos deseos. Adem&aacute;s, los deseos de  las personas no s&oacute;lo est&aacute;n a merced  de la promoci&oacute;n y la publicidad, sino  que en gran medida dependen de los  rasgos &eacute;tnicos, de la familia, de la religi&oacute;n,  de la educaci&oacute;n y de la cultura  de los compradores</i>.</p>      <p><font size="3"><b>DEMASIADO  PODER POL&Iacute;TICO</b></font></p>      <p>Los cr&iacute;ticos sociales expresan que en  un gran n&uacute;mero de pa&iacute;ses a lo largo  y ancho del mundo, muchas empresas  globales y poderosas han conseguido  que algunos legisladores apoyen  los intereses de sus gremios industriales.  Esto se ha verificado con  las industrias licoreras, tabacaleras,  automotrices, farmac&eacute;uticas y petroleras,  entre otras. La manera de que  se sirven estos conglomerados para  hacer presi&oacute;n pol&iacute;tica o cabildeo  &#45;lobbying&#45; es ofreciendo apoyo financiero  para las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas, y  pre&#45;negociando prebendas para grupos  de amigos o familiares de los funcionarios  que, de ser elegidos, estar&aacute;n  involucrados en las decisiones  normativas y reguladoras para estas  industrias. Se sabe, por ejemplo, que  los &quot;precios controlados&quot; de varios  productos b&aacute;sicos y de otros suntuarios,  como los licores y los cigarrillos,  de varios pa&iacute;ses latinoamericanos, se  &quot;negocian&quot; previamente con los legisladores,  y que, adem&aacute;s, el impuesto  que algunos Estados fijan sobre la  venta de estos productos (concretamente  sobre licores y cigarrillos) excede  el cien por cien del precio neto  del fabricante, y lo hacen con el pretexto  de que estas rentas se dedicar&aacute;n  a la educaci&oacute;n y la salud, pero su  manejo a menudo se encuentra cuestionado  por acusaciones de corrupci&oacute;n.  Adicionalmente, los cr&iacute;ticos expresan  que los valores morales que  soportan esas decisiones son claramente  contradictorios, ya que pretender  promover el consumo de licores  para mejorar la educaci&oacute;n equivale a  &quot;embrutecer a los padres a costa de  educar a sus hijos&quot;.</p>      <p>Pero, sobre este particular, los comentarios  de los cr&iacute;ticos sociales van  mucho m&aacute;s all&aacute; del cuestionamiento  de la influencia pol&iacute;tica nacional que  tienen los conglomerados industriales  poderosos, al comprobar que en  muchos pa&iacute;ses su poder llega a contrastar,  y en ocasiones a anteponerse,  al poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico de  esas naciones. Es sabido, por ejemplo,  que el consumo de cigarrillos ocasiona  al menos el doble de las muertes  que se atribuyen a la coca&iacute;na, pero  la industria tabacalera prolifera en  los pa&iacute;ses del tercer mundo y su publicidad  se dirige a crear h&aacute;bito entre  los adolescentes j&oacute;venes con miras  a conquistarlos para toda la vida,  para la vida que pudieran tener, si es  que el c&aacute;ncer no los acaba antes. Estas  compa&ntilde;&iacute;as tabacaleras hacen importantes  donaciones para los dos  grupos pol&iacute;ticos <i>finalistas</i> que est&aacute;n  en la puja por el poder en las elecciones,  como &quot;para no perder la inversi&oacute;n&quot; si uno u otro gana. Lo curioso  es que ninguna campa&ntilde;a de salud o  de prevenci&oacute;n del consumo de sustancias  hace tanto despliegue de los efectos  nocivos del cigarrillo o de los licores  que se consumen en exceso, como  el despliegue noticioso sobre las campa&ntilde;as  y las medidas que se toman en  contra de los pa&iacute;ses latinoamericanos  que cultivan coca, pa&iacute;ses, que a pesar  de poner los muertos expiatorios,  son tildados como los causantes del  problema, relevando as&iacute; al consumo  como la verdadera causa. En esta  guerra desigual, el sur latinoamericano  ofrece el escenario de la cacer&iacute;a  sangrienta de los traficantes y el norte  opulento pone las narices para el  consumo y se queda con la mayor&iacute;a  de las ganancias.</p>      <p>&quot;Ante la complejidad de la injerencia  del poder pol&iacute;tico de algunas compa&ntilde;&iacute;as  globales, y ante la problem&aacute;tica  social de los pa&iacute;ses que son objeto de  las influencias, es muy poco lo que  pueden argumentar los mercad&oacute;logos,  ya que las intrincadas implicaciones  en el juego del poder transnacional,  la mayor&iacute;a de las veces escapan  a su control. Pero no as&iacute; en lo que  concierne a la representatividad que  ellos pueden tener en gobiernos honestos  y con enfoques de equidad social  y servicio; en estos terrenos los  mercad&oacute;logos est&aacute;n llamados a demostrar  que el marketing no es s&oacute;lo  la promoci&oacute;n de las ventas, sino que  el marketing puede elevarse a un concepto  de informaci&oacute;n de las necesidades  humanas y su consiguiente servicio.  Muchos mercad&oacute;logos son conscientes  del efecto nocivo que les puede acarrear abusar de sus influencias.  Sobre este particular, un reconocido  texto acad&eacute;mico sobre esta disciplina  menciona: &lsquo;El abuso del poder de  los negocios tiende a dar como resultados  fuerzas contrarias que controlan  y compensan esos poderosos intereses&quot; (Kotler y Armstrong, <i>Fundamentos  de Mercadotecnia</i>, 1998).</p>      <p><font size="3"><b>ACCIONES SOCIALES  PARA REGULAR  LAS PR&Aacute;CTICAS  DEL MARKETING</b></font></p>      <p><b><i>Consumidorismo</i></b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una medida que confirma la intenci&oacute;n  de la frase antes mencionada, es  la creaci&oacute;n en los Estados Unidos del  <i>consumidorismo</i>, como una respuesta  de los consumidores ante los intereses  desmedidos de los productores.  A principios del siglo XX las revelaciones  del novelista americano Upton  Sinclair acerca de las condiciones insalubres  en el procesamiento de las  carnes industriales en Chicago, y sobre  las maniobras de la industria farmac&eacute;utica,  dieron lugar a que el ciudadano  medio americano tomara conciencia  sobre la necesidad de organizarse  para defender sus derechos. El  consumidorismo tom&oacute; fuerzas a ra&iacute;z  de las inequitativas alzas de precios  durante la gran depresi&oacute;n estadounidense  de los a&ntilde;os treinta, y luego en  los a&ntilde;os sesenta a ra&iacute;z de las denuncias  de varios cr&iacute;ticos sociales, entre  ellos el escritor Ralph Nader, sobre  las pr&aacute;cticas poco &eacute;ticas de varios  grupos de industrias. Pero, a&uacute;n hoy  en d&iacute;a, ya en pleno siglo XXI, vuelven  a sorprendernos los malabares contables  y las manipulaciones burs&aacute;tiles  de compa&ntilde;&iacute;as como Enron, WorldCom,  Laboratorios Merck y Xerox,  que han sido cuestionadas en los Estados  Unidos por declarar ingresos  irreales, ocultar informaci&oacute;n y efectuar  maniobras para afectar el precio  de sus acciones. Todos estos hechos  fortalecer&aacute;n, sin duda, las organizaciones  por la defensa del consumidor  y ser&aacute;n un ejemplo a emular  en muchos otros pa&iacute;ses, incluidos seguramente  los latinoamericanos.</p>      <p><b><i>Ambientalismo</i></b></p>      <p>Hoy en d&iacute;a es un hecho probado que  la sobrexplotaci&oacute;n de la pesca, la tala  incontrolada de los bosques, la exagerada  extracci&oacute;n de minerales, el  hueco en la capa de ozono, la lluvia  &aacute;cida y los desperdicios t&oacute;xicos son  fruto del crecimiento desmedido que  no observa los protocolos mundiales  que llaman a la moderaci&oacute;n. Los Estados  Unidos de Am&eacute;rica, con un 38%  del consumo mundial de combustibles  f&oacute;siles, llega a doblar al segundo consumidor  que es Rusia. Pero, a pesar  de la evidencia que tal consumo ejerce  al incrementar el efecto invernadero  en el planeta, esa naci&oacute;n no acepta  las recomendaciones sobre la racionalizaci&oacute;n  del consumo expresando  razones de mercado.</p>      <p>Los ambientalistas manifiestan que  el objetivo del marketing debe ser la  mejora en la calidad de vida de las  personas y no el incremento del consumo  y la satisfacci&oacute;n de los deseos  m&aacute;s caprichosos de los consumidores.  Ellos sostienen que la calidad del  ambiente est&aacute; impl&iacute;cita en la calidad  de la vida, y piden que los costos ambientales  se tomen en consideraci&oacute;n  en el momento de hacer decisiones de  transacci&oacute;n, tanto de los consumidores  como de los fabricantes.</p>      <p>Los mercad&oacute;logos han expresado su  acuerdo con las pol&iacute;ticas y las pr&aacute;cticas  que conduzcan a un mayor cuidado  del medio ambiente y de las reservas  del planeta. Un paso en este  sentido, es su apoyo a la <b><i>Eco&#45;Management  and Audit Regulation</i></b> de  la Uni&oacute;n Europea que proporciona  pautas para la autorregulaci&oacute;n ambiental.  Sobre este particular, cabe  igualmente resaltar la creaci&oacute;n de <b><i>los  &iacute;ndices FTSE4Good de la Bolsa de  Londres</i></b> que privilegian las acciones  de las empresas que observan pr&aacute;cticas  de responsabilidad social y valores  &eacute;ticos. Precisamente, de la consideraci&oacute;n  ambientalista del marketing,  ha nacido la <b><i>Mercadotecnia  Verde</i></b> que propende a las tres <b><i>R</i></b> del  control de desperdicios: <b><i>R</i></b>educir,  <b><i>R</i></b>eutilizar y <b><i>R</i></b>eciclar.</p>      <p><font size="3"><b>EL MARKETING  DEBE SER SOCIALMENTE  RESPONSABLE</b></font></p>      <p>Sobre el entendido de que el concepto  de la mercadotecnia debe ser una filosof&iacute;a  de servicio al cliente y buscar el  mutuo beneficio consumidor&#45;fabricante,  las pr&aacute;cticas del marketing deben  orientarse a lograr el <b><i>mejor desempe&ntilde;o  a largo plazo</i></b> del sistema de  mercadotecnia de las empresas. Con  esto quiero significar que la visi&oacute;n de  la gerencia debe trascender la &uacute;nica  b&uacute;squeda de utilidades de corto plazo  y enfocarse en el mantenimiento del  servicio a largo plazo. Esta perspectiva  implica una fundamentaci&oacute;n filos&oacute;fica  del marketing, por cuanto al  orientarse al consumidor y sus derechos,  debe buscar la agregaci&oacute;n de  valor social mediante el dise&ntilde;o de productos  innovadores que se transen en  condiciones de equidad.</p>      <p>Ante las condiciones actuales de los  mercados, los consumidores tienen el  derecho a estar bien informados de  los alcances y las caracter&iacute;sticas reales  de los productos y servicios que  se les ofrecen. Para validar este leg&iacute;timo  derecho los estados nacionales  deben alentar que la comunicaci&oacute;n  empresarial sea veraz y fidedigna, y  deben ejercer un estricto control sobre  las pr&aacute;cticas enga&ntilde;osas, el <i>dumping</i>  y las prebendas de los monopolios.</p>      <p><b><i>Los deseos se pueden educar</i></b></p>      <p>De otra parte, es imperativo que los  ministerios de Educaci&oacute;n, la Academia,  y las organizaciones sociales  <b><i>eduquen de una mejor manera las  tendencias de los individuos por  satisfacer necesidades m&aacute;s que  deseos</i></b>. Debemos educar sobre la  prioridad de satisfacer primero las  necesidades b&aacute;sicas del mayor n&uacute;mero  de personas posible, aun a costa  de sacrificar la satisfacci&oacute;n de muchos  deseos superfluos. El reto es  enorme, pues se trata de generar una  vasta campa&ntilde;a social de educaci&oacute;n,  pero los beneficios compensar&aacute;n los  costos y los esfuerzos, porque se traducir&aacute;n  en una mejor distribuci&oacute;n de  los recursos nacionales y mundiales,  en una mejor calidad de vida para  muchas m&aacute;s personas y en la disminuci&oacute;n  de presiones sociales. La intervenci&oacute;n  del marketing debe ser  decidida y din&aacute;mica en el objetivo de  alcanzar la solidaridad y la equidad  que urgentemente est&aacute; demandando  el mundo, pues es muy dif&iacute;cil concebir  c&oacute;mo en la actualidad 2.225 familias  poseen m&aacute;s bienes que 2.225 millones  de personas(!), mientras que en  Latinoam&eacute;rica el porcentaje de la  1980 a 43.8% en 1999, seg&uacute;n la Cepal.  Esto significa que actualmente  existen m&aacute;s de 215 millones de personas  que viven en condiciones precarias  en Latinoam&eacute;rica, y, de ellas,  <b><i>m&aacute;s de 90 millones viven en la  indigencia</i></b>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El presidente del Banco Mundial,  James Wolfensohn, advirti&oacute;, despu&eacute;s  de lo ocurrido el 11 de septiembre en  Nueva York, que &quot;mientras exista  pobreza, los ricos no tendr&aacute;n paz. Si  no tendemos una mano a la gente viviendo  en la pobreza y no creamos  una mejor distribuci&oacute;n de la riqueza,  no habr&aacute; paz&quot;. Es muy sencillo  &#45;agreg&oacute; Wolfensohn&#45; el 80 por ciento  de la poblaci&oacute;n del planeta vive con  20 por ciento del ingreso, de los 6.000  millones de habitantes del mundo,  4.800 millones accede a s&oacute;lo 20 por  ciento del Producto Interno Bruto  Global. La mitad de la poblaci&oacute;n  mundial, 3.000 de los 6.000 millones,  viven con menos de dos d&oacute;lares al d&iacute;a.  De estos, 1.200 millones de personas  viven con menos de un d&oacute;lar al d&iacute;a.</p>      <p>No s&oacute;lo es necesario sino urgente que  la Academia y las instituciones sociales  y culturales de diverso orden se  dispongan a educar en la solidaridad  y la equidad, a educar los deseos superfluos  y los cuantiosos gastos que  demandan, para trasladar una parte  de estos a la educaci&oacute;n y al sustento  de miles de millones de personas. La  pobreza de la mayor&iacute;a del mundo (de  los 4.800 millones que acceden a tan  s&oacute;lo el 20% del PIB Global) es pobreza  de la humanidad como un todo, y  no se trata de darles el pescado, sino  de ense&ntilde;arles a pescar. Se trata de ense&ntilde;arles  a pescar y darles equitativamente  otros bienes por su pescado.  La pobreza y la indigencia del  mundo no se deben a la naturaleza  sino al hombre mismo, a ese hombre  que debe rescatar y fortalecer su conciencia  social para mejorar la calidad  de vida de todos. En este cometido tan  trascendental no puede fallar el marketing,  pues de no hacerlo estar&iacute;a  poniendo en riesgo el escenario mismo  de su actividad, es decir, el mercado.</p>      <hr />      <p><font size="3"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>        <!-- ref --><p>Alan R. Andreasen. <i>Revisiting the  Disadvantages: Old Lesson  and New Problems</i>. Journal of  Public Policy and Marketing, 12(2),   U.S.A., 1993, pp. 270&#45;75.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0123-5923200200030000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Anne B. Fisher. <i>A Brewing Revolt  Against the Rich</i>. Fortune, December  17, 1990, pp. 89&#45;94.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0123-5923200200030000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Campbell, A., Devine, M. and Young, D. <i>A Sense of  Mission</i>. 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Chapman  &amp; Hall, London, 1993. pp:  50&#45;62.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0123-5923200200030000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>James A. Heely and Roy L. Nersesian.  T<i>he Case of Planned Obsolescence</i>.  Management Accounting,  U.S.A., February,  1994, p. 67.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0123-5923200200030000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Judith Bell and Bonnie Mar&iacute;a Burlin.  <i>In Urban Areas: Many  More Still Pay More for Food</i>.  Journal of Public Policy and  Marketing, 17, U.S.A., 1993,  pp. 268&#45;70.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0123-5923200200030000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kenneth Labich. <i>The New Crisis in  Business Management</i>. Fortune,  April 20, 1992, pp. 167&#45;  76, here p . 176.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0123-5923200200030000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kotler, Philip y Armstrong, Gary.  <i>Fundamentos de Mercadotecnia</i>.  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Harvard Business Review, 59,  November&#45;December  1981, pp. 130&#45;39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0123-5923200200030000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Prada, Raymond. <i>Creatividad e Innovaci&oacute;n  Empresarial</i>. Tecno&#45;  Press, Colombia, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0123-5923200200030000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Robert J. Samuelson. <i>The Aging of  Ralph Nader</i>. Business Week,  March 6, 1989, p. 28.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0123-5923200200030000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>S. Nobel Robinson, Ralph Earle III,  and Ronald A.N. McLean.  <i>Transnational Corporations  and Global Environmental  Policy</i>. Prizm, Arthur D. Little,  Inc., Cambridge, MA First  Quarter, 1994, pp. 51&#45;63.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0123-5923200200030000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sen, Amartya. <i>On Ethics and Economics</i>.  Basil Blackwell, Cambridge,  Mass, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0123-5923200200030000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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