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</front><body><![CDATA[ <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA"> </FONT>     <P   align="center" ><font size="2" face="VERDANA"><B><font size="4">LAS PALABRAS DESBORDADAS: ENTREVISTA A JUAN DAVID CORREA</font><B><a href="#*" name="s*"><sup>*</sup></a></B></b></font></p> <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA">     <P   align="center" >&nbsp;</p>     <P align="right">Entevistan<B> Alejandra Jaramillo Morales </B>y<B> &Oacute;scar Campo Becerra<a href="#*" name="s*"><sup>**</sup></a></B></p> <hr size="1">     <P align="justify">ALEJANDRA JARAMILLO</p>     <P align="justify"> <I>&iquest;Para empezar, cu&aacute;l es tu balance de estos &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os de la </I><I>literatura colombiana?</I></p>     <P align="justify">JUAN DAVID CORREA</p>     <P align="justify">Hace poco escrib&iacute; un texto con Ricardo Silva para hacer una presentaci&oacute;n en Cartagena sobre el tema de qu&eacute; ha pasado en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas en la literatura colombiana, y tuvimos la sensaci&oacute;n de que, tras la aparici&oacute;n de la edici&oacute;n multinacional en Colombia en el a&ntilde;o 95, m&aacute;s que una generaci&oacute;n, hubo una suerte de nudo de generaciones que se dio a conocer y pudo ser m&aacute;s le&iacute;da; al mismo tiempo, gente que en ese momento pod&iacute;a tener 35 o 40 a&ntilde;os y otros que en ese momento ten&iacute;an veintitantos. Esa especie de nudo generacional implica varias cosas. La visi&oacute;n literaria muy seria de Norma, la llegada de Alfaguara, la apuesta de Planeta por editar autores colombianos implica muchas cosas, tanto positivas como negativas. Dentro de las positivas, cabe resaltar que hubo un redescubrimiento de ciertos escritores que empezaron a publicar en los a&ntilde;os setenta y en la d&eacute;cada terrible que vivimos en los a&ntilde;os ochenta, en un momento en el que este pa&iacute;s era una desgracia absoluta, estaba lleno de miedo y se encontraba en una encrucijada muy dura. La literatura en ese momento, de alguna forma, era una cosa para poqu&iacute;simos lectores. Me refiero a la literatura colombiana, obviamente: las novelas de Antonio Caballero, de Germ&aacute;n Espinosa, de Luis Fayad, de Roberto Burgos, Harold Kremer, un mont&oacute;n de escritores serios, muy buenos, que de alguna manera vivieron un par&eacute;ntesis por la dif&iacute;cil situaci&oacute;n del pa&iacute;s. A partir del a&ntilde;o 90, creo, se empieza a consolidar la mirada de los editores hacia el p&uacute;blico por la aparici&oacute;n de esas tres editoriales, junto a muchas otras. Por ejemplo, Plaza y Jan&eacute;s daba premios en los ochenta; Tom&aacute;s Gonz&aacute;lez fue premio Plaza y Jan&eacute;s; Norma empez&oacute; a publicar autores como Andr&eacute;s Caicedo, que no se consegu&iacute;a sino en ediciones de Oveja Negra, muy escasas por cierto. Entonces, me parece que se empieza a configurar un clima de edici&oacute;n favorable para las y los escritores colombianos. No quer&iacute;a dejar de mencionar la importancia de la editorial Tercer Mundo, que publica una serie de novelas de escritores que en ese momento eran muy j&oacute;venes, como H&eacute;ctor Abad, Andr&eacute;s Hoyos, y un grupo de gente que en ese momento ten&iacute;a treinta o treinta y cinco a&ntilde;os.</p>     <P align="justify">En ese momento en el que, digamos, la literatura colombiana se sube al tren de la nueva edici&oacute;n, se suma una serie de escritores que empiezan a publicar a mediados de los noventa, para as&iacute; configuran, a mi modo de ver, uno de los momentos m&aacute;s interesantes, no solo en t&eacute;rminos editoriales, sino tambi&eacute;n en t&eacute;rminos de calidad, de la literatura colombiana. Preguntarnos sobre qu&eacute; nos pasa a mediados de los noventa, nos lleva a pensar, inevitablemente, que en esa d&eacute;cada redescubrimos a Fernando Vallejo, que no era muy le&iacute;do en Colombia: hab&iacute;a sido editado por Planeta en el 86, pero nadie le puso atenci&oacute;n a esos libros, se consideraba que no val&iacute;an la pena. Pero la aparici&oacute;n del Vallejo de <I>La</I> <I>virgen de los sicarios</I> en el a&ntilde;o 96, creo, hizo que pudi&eacute;ramos descubrir sus grandes libros que conforman la pentalog&iacute;a de <I>El r&iacute;o del tiempo</I>. A la par con Fernando Vallejo, regresamos al mismo &Aacute;lvaro Mutis como alguien que llevaba un tiempo escribiendo novelas (aunque Mutis no es, para m&iacute;, un dechado de virtudes como novelista). Ese momento de la literatura colombiana configura escritores que publican novelas o narrativa ya mayores, como William Ospina. Yo no estoy hablando aqu&iacute; de mis gustos y de las calidades, simplemente describo el momento que se viv&iacute;a entonces, un momento que saca a la luz a Laura Restrepo, por ejemplo, y a un mont&oacute;n de escritores que vivieron en esa &eacute;poca. Tambi&eacute;n apareci&oacute; una serie de escritores de los que ya hablaremos con detenimiento, que pertenecen a la generaci&oacute;n anterior a la m&iacute;a, y que hoy tienen cincuenta a&ntilde;os aproximadamente. Entre ellos se encuentra Santiago Gamboa, Mario Mendoza, Juan Carlos Botero, Julio Paredes, Hugo Chaparro (quien fue uno de los primeros en publicar, aunque su primera novela de gran tiraje fue <I>Si las sombras </I><I>me llevan hacia ella</I>) y Fernando Quiroz.</p>     <P align="justify"> &iquest;Qu&eacute; produce todo esto? Por un lado, la idea de que hay una tradici&oacute;n que hab&iacute;a sido un poco desconocida. Con el t&eacute;rmino <I>tra</I><I>dici&oacute;n</I> me refiero a que, si ustedes recuerdan, se empiezan a publicar los cuentos completos de Germ&aacute;n Espinosa (uno pensaba en el colegio que este se&ntilde;or se hab&iacute;a ganado un premio de la Unesco y nada m&aacute;s, pero result&oacute; que era cuentista). En fin, empiezan a aparecer &quot;revisitaciones&quot; a la literatura colombiana a partir de la d&eacute;cada de los setenta. El mismo Collazos, quien publicaba desde el 68, pero no era un escritor masivo, empez&oacute; a publicar sus novelas. Y a la par, todas esas personas de mi edad se suben al tren y empiezan a publicar. Me refiero al grupo &quot;Bogot&aacute; 39&quot;: Ricardo Silva, Antonio Ungar, y otros, que en ese momento tendr&iacute;an unos 25 a&ntilde;os.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">En ese momento, el problema de fondo consist&iacute;a en que no tuvimos esp&iacute;ritu cr&iacute;tico, y las editoriales, &aacute;vidas por ofrecer lo que entonces se estaba vendiendo muy bien, se convirtieron en una caja de resonancia de obras que no ten&iacute;an una buena calidad literaria. Este fen&oacute;meno, que duro m&aacute;s o menos desde el 95 hasta el 2005, ha tenido recientemente un efecto negativo debido a la crisis inmobiliaria en Espa&ntilde;a. Los escritores que alcanzamos a publicar en editoriales grandes en el a&ntilde;o 2007 (por azar o casi por efecto del &uacute;ltimo coletazo de este fen&oacute;meno), salimos a deber mucho, y cuando la econom&iacute;a espa&ntilde;ola se cay&oacute;, las editoriales estuvieron entre los primeros damnificados. Ya que las editoriales en Colombia eran o son casi todas espa&ntilde;olas, nos dejaron pr&aacute;cticamente a nuestro propio son. Nos toc&oacute; aprender a defendernos solos. Lo triste de todo eso es que hemos vuelto a una especie de oscurantismo similar al de los a&ntilde;os ochenta. Pero, adem&aacute;s, quiz&aacute;s a causa de esa insistencia en volver glamurosa la literatura -que no tiene por qu&eacute; serlo-, y de convertir al escritor en una figura p&uacute;blica, junto a una exigencia cr&iacute;tica muy pobre, nos encontramos abandonados hoy en d&iacute;a. Nos quedamos sin lectores, sin editoriales, y lo m&aacute;s triste es que debemos reconocer que nos hemos le&iacute;do muy poco a nosotros mismos. Eso habla perfectamente de lo que somos, de esa mezquindad com&uacute;n entre los escritores; eso de querer ser a costa de los dem&aacute;s, sin leerlos o ignor&aacute;ndolos. Lo que s&iacute; quiero ahora resaltar es que, a pesar de ese panorama, hoy hay escritores de muy buena calidad en Colombia, y me refiero a los casos evidentes de Tom&aacute;s Gonz&aacute;lez y Evelio Rosero. Siento que detr&aacute;s de ellos hay un mont&oacute;n de gente que est&aacute; escribiendo, que est&aacute; haciendo cosas buenas, que en silencio est&aacute; haciendo su carrera. Eso no ser&iacute;a malo en un pa&iacute;s con una industria editorial din&aacute;mica, pero es malo en un pa&iacute;s donde no la hay. Sin embargo, hay que resaltar que, desde hace unos a&ntilde;os, han venido apareciendo nuevas editoriales independientes. Es como si la historia -o la vida- propendiera porque las industrias o los empe&ntilde;os editoriales aparezcan cuando tienen que aparecer, y no antes; no durante el boom, porque era absurdo competir contra los grandes, sino cuando se cierra Norma y cuando Alfaguara saca tres o cuatro autores al a&ntilde;o. &iquest;De qu&eacute; viven los escritores? De un peque&ntilde;o nicho de lectores. Al fin y al cabo, siempre ha sido as&iacute;. Nos hicieron creer que, al publicar en multinacionales, &iacute;bamos a ser le&iacute;dos en todas partes, pero las editoriales hicieron tirajes exclusivos para Colombia. As&iacute;, un escritor colombiano nunca pudo venderse en Venezuela. Las editoriales peque&ntilde;as, en cambio, est&aacute;n apostando por lo artesanal, y eso va a configurar un nuevo estado de cosas, al que hay que sumar todas las posibilidades que se abren con el mercado de los libros electr&oacute;nicos.</p>     <P align="justify">Digamos que ha habido un auge y ca&iacute;da de la literatura colombiana en t&eacute;rminos de la industria editorial. Sin embargo, como lo prueban los a&ntilde;os ochenta y como se probar&aacute; en unas d&eacute;cadas, siempre ha habido escritores. No es posible poner en duda la tradici&oacute;n de los ochenta. No es posible negar el trabajo de un escritor como Roberto Burgos, quien publica su primer libro de cuentos en el a&ntilde;o 81, y cuyo proceso lo ha llevado a obtener el premio Casa de las Am&eacute;ricas. Tom&aacute;s Gonzalez no es, como se dec&iacute;a, el secreto mejor guardado de la literatura colombiana: se gan&oacute; el Plaza y Jan&eacute;s en el 87, y la edici&oacute;n de su primer libro fue financiada por sus amigos en el Goce Pagano.</p>     <P align="justify"> &iquest;Y en qu&eacute; estamos los que estamos empezando a escribir? Pues en lo mismo. Nosotros nos olvidamos de que la gente que escribe, en el fondo, no es estrella de rock ni est&aacute; hecha para las grandes audiencias, y que la lectura (eso lo pueden contradecir los grandes promotores de lectura) es una actividad minoritaria, como dijo Monsiv&aacute;is hace mucho tiempo. Nunca, en la historia de la humanidad, las culturas han sido letradas y fan&aacute;ticas del libro, nunca. </p>     <P align="justify">A. J. </p>     <P align="justify"> <I>De acuerdo con lo que has mencionado, y tambi&eacute;n de otras cosas </I><I>que no mencionaste, pero que has le&iacute;do, &iquest;qu&eacute; tendencias ves en la lite</I><I>ratura colombiana actual? </I></p>     <P align="justify">J. D. C. </p>     <P align="justify">Indiscutiblemente, hay tres momentos. Uno ser&iacute;a el coletazo despu&eacute;s de los ochenta, que produjo una literatura m&aacute;s consciente de s&iacute; misma, si se quiere, m&aacute;s interesada en dar cuenta de sus propios artificios. Son novelas inscritas en la tradici&oacute;n, en lo hist&oacute;rico o en lo g&oacute;tico, como por ejemplo la primera novela de H&eacute;ctor Abad, <I>Asuntos </I><I>de un hidalgo disoluto</I>, los cuentos de Germ&aacute;n Espinosa, o las obras de Roberto Burgos, R&oacute;mulo Bustos y Rodrigo Parra. Es una literatura hecha desde la literatura. Eso, digamos, conlleva un gran problema en un pa&iacute;s poco letrado, porque son pocos los lectores con los que cuenta, y los que la comprenden son un nicho a&uacute;n minoritario.</p>     <P align="justify">Una segunda tendencia se da en los noventa, y supone una interpretaci&oacute;n de lo que nos ha pasado como pa&iacute;s, y la idea de que la literatura no se reduce al artificio. La literatura tambi&eacute;n reflexiona sobre su presente o su pasado inmediato; aqu&iacute; hay un grupo de novelas que se han hecho famosas, como <I>Rosario Tijeras</I> de Jorge Franco y <I>La virgen de los sicarios</I> de Fernando Vallejo, o<I> La modelo asesinada</I> de &Oacute;scar Collazos. Esto es lo que H&eacute;ctor Abad llam&oacute; <I>la sicaresca</I>. </p>     <P align="justify">Y de ese dolor y ese caos de la realidad se desprenden otra serie de escritores que, creo yo, se dedican a trabajar con la familia y la intimidad. Me refiero a escritores como Antonio Ungar, &Aacute;lvaro Robledo, Andr&eacute;s Felipe Solano. Hablo de m&iacute; mismo, de Alejandra Jaramillo, Margarita Posada, Carolina Cuervo, Melba Escobar, una serie de escritores que, as&iacute; aparezca el Palacio de Justicia en sus novelas, necesita contar su mundo interior en medio de este caos. Estas tendencias no son generacionales, ni mucho menos. Por ejemplo, Juan Gabriel V&aacute;zquez es contempor&aacute;neo de esta generaci&oacute;n que estoy mencionando, pero puede quedar en la primera categor&iacute;a. Asimismo, hay escritores que ya est&aacute;n pasando los cincuenta y que son tan viscerales como estos &uacute;ltimos que mencion&eacute;, y que pertenecer&iacute;an a la &uacute;ltima categor&iacute;a, como H&eacute;ctor Abad o Julio Paredes. Se trata de elecciones y gustos personales de los escritores. Para m&iacute;, esos son los tres pilares de la narrativa actual, e insisto, no son generacionales, sino solo miradas de la literatura colombiana. </p>     <P align="justify">Ahora, ha habido y sigue habiendo escritores muy particulares que, en Colombia, se han vuelto autores de culto f&aacute;cil, o se han olvidado. El gran ejemplo es Rafael Chaparro, pero tambi&eacute;n est&aacute; Fernando Molano con <I>Un beso de Dick</I>, y Policarpo Var&oacute;n, un cuentista buen&iacute;simo que ya no se publica, o el mismo Julio Paredes. Es el caso de gente que se ha dedicado, que ha mirado la cosa con mucha seriedad, pero a quienes el p&uacute;blico, o mejor las editoriales, no quisieron apoyar, pues es m&aacute;s f&aacute;cil mercadear un asesinato de la 63 con 13 que una novela sobre hombres lobo. El problema es que se acabaron los editores en Colombia. No hay gente inteligente que diga: &quot;Bueno, yo tengo que darle un lugar a este escritor y a esta novela&quot;. Se acab&oacute; la gente que dec&iacute;a: &quot;El lugar de esta novela no es Panamericana, sino La Madriguera de Conejo, es decir, una librer&iacute;a especializada&quot;. Ahora, &iquest;cu&aacute;nta gente va a esos lugares? Gente como para unos quinientos ejemplares. Pues bueno, entonces se trabaja con esos quinientos, porque es gente que debe estar en mi cat&aacute;logo. No todo el mundo vende doscientos mil ejemplares.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Los escritores de doscientos mil ejemplares tienen que sostener a los de quinientos, as&iacute; como el estrato seis tiene que apoyar en subsidios al estrato uno. Se trata de nuestra tradici&oacute;n, de nuestra memoria, y no solo por el hecho de tener arte y literatura, sino porque, si nos ponemos a revisar nuestra corta historia occidental de cuatros siglos, nuestros rastros est&aacute;n en la Literatura. Desde los cronistas de Indias o los testimonios de los ind&iacute;genas hasta hoy ha sido as&iacute;. La historia la cuentan los vencedores, pero &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n los testimonios de hace unos siglos? &iquest;D&oacute;nde dice c&oacute;mo era esta ciudad hace trescientos a&ntilde;os? Hay que ir al <I>Carnero </I>o a las <I>Reminiscencias</I> y ver c&oacute;mo era. </p>     <P align="justify">La literatura no se reduce solamente a una tonter&iacute;a del arte por el arte. En ella est&aacute; el testimonio de qui&eacute;nes fuimos. Acabo de leer, de hecho, un libro de un colombiano que me sorprendi&oacute; much&iacute;simo. Se llama Carlos Gran&eacute;s y se gan&oacute; el Premio de Ensayo Isabel de Polanco, y su libro es una revisi&oacute;n de todas las vanguardias del siglo XX. Aunque es muy duro con ellas, este tipo no se habr&iacute;a podido sentar a escribir sin el rastro de esas vanguardias, sin los poemas dad&aacute;, sin el surrealismo, o el orinal de Duchamp. Para m&iacute;, este es el sentido de la literatura, pero, tristemente, nosotros nos la pasamos ningune&aacute;ndonos, diciendo que lo importante est&aacute; en otras partes. Mu&eacute;strenme veinte escritores ganadores del Premio Nobel, espa&ntilde;oles o franceses. No los hay.</p>     <P align="justify"> &Oacute;SCAR CAMPO</p>     <P align="justify"> <I>&iquest;C&oacute;mo hacer un balance del papel de los premios, por un lado in</I><I>ternacionales, pero tambi&eacute;n nacionales? </I></p>     <P align="justify">J. D. C. </p>     <P align="justify">Con respecto a los premios nacionales, creo que la pol&iacute;tica ha sido err&aacute;tica. Empiezan por publicarse a s&iacute; mismos, pero los libros nunca se ven: el Estado no puede editar, porque no puede distribuir. Entonces la pol&iacute;tica cambia: el libro se le entrega a un editor privado para que se haga cargo. Pero entonces, &iquest;qu&eacute; hacen los editores? Le ponen el r&oacute;tulo de &quot;Premio Nacional de Novela&quot;, pero eso no le dice nada a nadie aqu&iacute; en Colombia, ni a mi mam&aacute;, ni a mis t&iacute;as, &iquest;verdad? Entonces no pasa nada, no se puede medir la calidad de una obra porque no se ha sabido situar en el mercado, ni darle un lugar a esos escritores. Si alguien se gana un premio, por ejemplo, una opci&oacute;n ser&iacute;a no darle los cuarenta millones, sino solo treinta y usar los diez restantes para llevar al ganador por todo el pa&iacute;s, para poner sus libros en la Costa y en todas partes, para que sea reconocido como un escritor nacional. Ingenuamente se piensa que, con darle la plata a alguien y tenerle el libro engavetado nueve meses, hacemos todo. &iquest;Qui&eacute;n se acuerda que S&aacute;nchez Baute fue premio de novela? Nosotros tres, porque estudiamos literatura. &quot;Ah, s&iacute;, el escritor de los gays de Chapinero&quot; se dice, pero nadie sabe que fue Premio Nacional. En cambio, &iquest;qui&eacute;n no sabe que Juan Gabriel V&aacute;squez o Laura Restrepo fueron Premio Alfaguara, o Evelio Rosero recibi&oacute; el premio Tusquets? Tusquets es una editorial diminuta, no es una gran multinacional, pero ellos s&iacute; le dan lugar a las cosas. Evelio Rosero, por ejemplo, es un tipo super t&iacute;mido, no le gusta la pantalla, pero a&uacute;n as&iacute; le insistieron y se lo llevaron al HAY Festival. A Tom&aacute;s Gonz&aacute;lez le ha tocado igual, pero qu&eacute; importa, ah&iacute; est&aacute;n los lectores.</p>     <P align="justify">Los premios de novela, en Colombia, se reducen a estampar una firma en un acta y a hacer una consignaci&oacute;n de 35 millones (porque le quitan a uno 5). No son ninguna garant&iacute;a, pues el Estado no puede prometer que quien recibe un premio nacional firmar&aacute; contrato con tal editorial, y que el compromiso de esa editorial es tal. Ni aqu&iacute;, ni en Bolivia, ni en Ecuador o Venezuela los premios de literatura reciben un buen trato. En Argentina hubo un cambio, el Premio Clar&iacute;n, por ejemplo, trae ac&aacute; al ganador y todos lo conocemos.</p>     <P align="justify">Por otro lado, los premios internacionales le han dado cierta visibilidad a algunos escritores, pero tambi&eacute;n han producido una mirada corta y coja de lo que deber&iacute;a ser la literatura. La literatura que quiera aspirar a premios espa&ntilde;oles debe tocar temas locales y de una tremenda intensidad, que es lo que ocurre con la gran novela de Evelio Rosero la cual, me parece, se merec&iacute;a todos los premios del mundo, pero el premio fue concedido por una raz&oacute;n tem&aacute;tica, si se quiere. &Eacute;l tambi&eacute;n fue muy h&aacute;bil, y les mostr&oacute; que tiene otros libros, pues lleva veinte a&ntilde;os escribiendo, gracias a lo cual salieron varias cosas en Tusquets. Pero, por ejemplo, a m&iacute; me gusta <I>Historia secreta </I><I>de Costaguana</I>, la novela m&aacute;s visceral de Juan Gabriel V&aacute;squez, y eso es lo que me gusta de la literatura; a m&iacute; no me gustan las miradas tan cerebrales y literarias. Sin embargo, y sin dejar de lado que es una buena novela, se trata de una novela de una frialdad espa&ntilde;ola tremenda. No s&eacute; si se dieron cuenta de que, por un momento, parece una gu&iacute;a tur&iacute;stica: Barrancabermeja es una poblaci&oacute;n a trescientos kil&oacute;metros de Bogot&aacute;, de clima templado. Bueno, parece una novela escrita en clave para los espa&ntilde;oles. No niego que sea buena, pero creo que nos falta arriesgarnos a ser menos complacientes. Hay otros premios en los que se premia a un autor que tiene mil libros guardados, pero cuya calidad escritural y literaria es b&aacute;sica; a&uacute;n as&iacute;, son libros aplaudidos por los espa&ntilde;oles, pero terminan siendo muy malos. Creo que ustedes saben a qu&eacute; me refiero.</p>     <P align="justify">A. J.</p>     <P align="justify"> <I>&iquest;Cu&aacute;les crees que son las influencias que se est&aacute;n dando ahora? </I><I>&iquest;Crees que se est&aacute;n leyendo ciertas cosas espec&iacute;ficas, escritores y escri</I><I>toras en particular?</I></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">J. D. C.</p>     <P align="justify">Yo creo que hay una cosa buena que infiero de tu pregunta, y es que todas las cosas, buenas o malas, generan una reacci&oacute;n en medios de difusi&oacute;n, tales como <I>Arcadia</I>, <I>El malpensante</I> y <I>N&uacute;mero,</I> e incluso en internet, que ha servido como espejo. Si preguntas por mi perspectiva sobre todo esto, yo dir&iacute;a que mi generaci&oacute;n lee cosas que nadie estaba leyendo antes, porque esta es una generaci&oacute;n m&aacute;s biling&uuml;e, que lee en franc&eacute;s o ingl&eacute;s, y que mira el mundo desde otro lugar. Hay otros lectores, que no somos necesariamente nosotros como generaci&oacute;n, aunque tambi&eacute;n nos incluyo, cuya lectura es dirigida por las ediciones espa&ntilde;olas: lo que nosotros leemos es, as&iacute; no nos guste, el efecto del gran bot&oacute;n que oprimen las industrias editoriales, y en general vamos como borregos a leer. Hay muchas novelas que, aunque son muy buenas, responden a un patr&oacute;n tradicional, del XIX. A m&iacute; me gusta esa literatura, pero creo que lo que estamos leyendo sigue respondiendo a ese mismo patr&oacute;n.</p>     <P align="justify">Igual, creo que la gente pide cada vez m&aacute;s libros, aunque, eso s&iacute;, cada vez leemos menos a nuestros contempor&aacute;neos colombianos. Hay una cosa que me parece sintom&aacute;tica, y es esa especie de conciencia reaccionaria al volver a leer la historia. Esta conciencia me parece bien como manifestaci&oacute;n de la vigencia que tiene la necesidad de entender qui&eacute;nes somos; sin embargo, a veces se cae en el simple hecho de ser reaccionario -es que uno lee autores de treinta que parecen de ochenta-. Uno tambi&eacute;n siente que entramos de nuevo en esa especie de oscurantismo, donde ser escritor era como ser importante para la familia, digamos, como el que tocaba guitarra y era el de mostrar en la casa. Estamos perdiendo lo que se hab&iacute;a encontrado en los a&ntilde;os setenta, y estamos volviendo al escritor que, hace cien a&ntilde;os, hac&iacute;a la tonter&iacute;a de ufanarse de sus viajes. No hemos ca&iacute;do en cuenta de que, hoy d&iacute;a, Colombia tiene m&aacute;s clase media, m&aacute;s estudiantes y m&aacute;s escuelas de letras que hace treinta a&ntilde;os. El escritor no puede seguir diciendo &quot;en mi &uacute;ltimo viaje a Par&iacute;s&quot; como si no supiera a qui&eacute;n se est&aacute; dirigiendo. Eso s&iacute; me parece un poco terrible de los escritores que leemos. Los escritores hablan cada vez menos de lo que leen, lo cual es rar&iacute;simo. P&oacute;nganse a mirar en la prensa, a ver si alg&uacute;n escritor habla de un libro. Es como si lo que hicieran sucediera por reacci&oacute;n espont&aacute;nea: no se trata simplemente de rese&ntilde;ar libros, sino de brindarle a la gente eso que a uno lo est&aacute; alimentando. Todo escritor se debe a una serie de lecturas y momentos que no puede negar, ninguno es un ser iluminado. Pero los escritores se ponen de nuevo en un podio familiar, y eso nos tiene sin cuidado a los lectores. Por eso, al pa&iacute;s no le importa que tales escritores existan, y ellos, entonces, se vuelven recelosos, hablan bajito de lo que leen, hablan de ese lugar para iniciados. </p>     <P align="justify">Como balance, puedo decir que hemos pasado por dos d&eacute;cadas positivas que han dejado una cantidad de nombres e ideas. Es como si nos hubieran abierto la compuerta del barco y nos dijeran &quot;s&aacute;lvese quien pueda&quot; y que van a empezar a elegir qui&eacute;n sobrevive. &iquest;Qui&eacute;n hace esta elecci&oacute;n? Un demiurgo espa&ntilde;ol: &quot;Este es premio&quot;, dice, &quot;Este es importante&quot;, y los dem&aacute;s tenemos que irnos a buscar otras islas, porque en el fondo uno no escribe para la posteridad, sino porque tiene la necesidad de hacerlo. Pero hay escribir con la conciencia de que tenemos que responderle al futuro. Esto es lo que nos van a empezar a pedir los espa&ntilde;oles: novelas hist&oacute;ricas, temas curiosos, otra vez exotismo latinoamericano, poca ciudad. &quot;Y a m&iacute; qu&eacute; me importa qui&eacute;n es tu familia&quot;, nos dir&aacute;n.</p>     <P align="justify">A. J.</p>     <P align="justify"> <I>&iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a el papel que ha cumplido la rese&ntilde;a cr&iacute;tica y de divul</I><I>gaci&oacute;n hecha por los mismos escritores en el desarrollo de la literatura </I><I>colombiana reciente? Hay que considerar, tambi&eacute;n, que se han gene</I><I>rado espacios de rese&ntilde;istas que no son escritores.</I></p>     <P align="justify">J. D. C.</p>     <P align="justify">Hay que tener presente que las rese&ntilde;as cr&iacute;ticas son cada vez m&aacute;s minoritarias, porque los medios mismos son cada vez m&aacute;s minoritarios. Los medios est&aacute;n llegando a su justa medida: el fantasma de ser masivos. La p&aacute;gina m&aacute;s vista en internet, por ejemplo, tiene solo un mill&oacute;n de lectores pero esto, ante 44 millones, es una minor&iacute;a absoluta. Ahora, el problema de las rese&ntilde;as no es que sean una actividad minoritaria. El problema es que est&aacute;n hechas a partir de la idea, en primer lugar, de que el rese&ntilde;ista es un tipo al que le regalan libros y buenamente escribe algo para ayudarle al editor en la solapa. En segundo lugar, de que las rese&ntilde;as no deben responder a un di&aacute;logo personal con la escritura. Para escribir rese&ntilde;as, uno debe pensar en la forma en que se escribe un cuento, uno debe hacerse preguntas y respond&eacute;rselas. Son preguntas para uno, sobre qu&eacute; nos dicen los libros. </p>     <P align="justify">Mis lectores comunes son siete tipos que me insultan cada quince d&iacute;as por mis rese&ntilde;as. &quot;Bruto&quot;, me dicen. &quot;Aprenda a escribir, cerdo. &iexcl;Claro, como le regalaron el libro...!&quot;. Pero, a la hora de la verdad, &iquest;qui&eacute;n m&aacute;s las lee? En el fondo, las rese&ntilde;as no han calado entre el p&uacute;blico porque no tenemos qu&eacute; rese&ntilde;ar. Si los libros se vuelven un art&iacute;culo escondido, es dif&iacute;cil que lleguen a ser algo m&aacute;s. F&iacute;jense, por ejemplo, como el cine s&iacute; tiene una cabida muy importante en el peri&oacute;dico. </p>     <P align="justify">Adem&aacute;s, el papel de la rese&ntilde;a se ha vuelto cada vez m&aacute;s entr&oacute;pico, es decir, uno escribe para quienes sabe que leen y quienes escriben. En principio, las rese&ntilde;as buscan sorprender a un lector que no compra libros, sino que compra el diario, pero en Colombia la situaci&oacute;n de la lectura es tan entr&oacute;pica que quienes leen libros son los mismos que leen el peri&oacute;dico. &iquest;Qu&eacute; cambia esta situaci&oacute;n? Facebook, los <I>blogs</I>... Seguramente, este tipo de cosas va a contribuir a que, de alguna manera, los bienes culturales empiecen a circular de otra manera, el &quot;bombardeo&quot; de informaci&oacute;n sirve para promocionar libros. Sin embargo, los medios en general se han vuelto est&aacute;ticos. Me refiero a los medios tradicionales, que no se arriesgan a publicar rese&ntilde;as todos los d&iacute;as. Eso me parece una paradoja de los medios escritos, porque la palabra que es su medio de trabajo principal, pero le sirven muy poco a ella, porque est&aacute;n muy mal escritos o no hacen nada para promover la lectura.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">A. J.</p>     <P align="justify"> <I>&iquest;C&oacute;mo, cu&aacute;ndo y para qu&eacute; rese&ntilde;ar un libro?</I></p>     <P align="justify">J. D. C.</p>     <P align="justify">Yo estoy decidido a hacerlo, a pesar de que alguna vez llegu&eacute; a decir que era una tarea terrible. Ahora soy feliz, porque en el fondo puedo decir algo nuevo para m&iacute; cada quince d&iacute;as. Llevo un diario de lecturas en el que escribo lo que es importante para m&iacute;. Es la oportunidad de responderme preguntas a m&iacute; mismo a trav&eacute;s de la lectura. Aspiro a ser cada vez menos masivo: ya no me importa. Uno suele empezar con cierta vanidad, pero yo descubr&iacute; que la lectura es, en efecto, una posibilidad de vida real. A trav&eacute;s de estas relaciones tormentosas de pareja que necesitan setecientas p&aacute;ginas para despejarse, he aprendido un mont&oacute;n de cosas de m&iacute; mismo, de mi esposa, de la paternidad, de la libertad. La lectura opera en uno. Aunque la gente crea que uno est&aacute; echando carreta, no es verdad, pues la lectura nos afecta. No nos hace mejores, sino que nos confronta con lo peor de nosotros mismos, y eso s&iacute; que hace falta en un pa&iacute;s como el nuestro.</p>     <P align="justify"> &Oacute;. C.</p>     <P align="justify"> <I>Si tuviera que pensar en un paradigma como escritor y lector de </I><I>los contempor&aacute;neos, &iquest;cu&aacute;l ser&iacute;a? Con Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, el pa</I><I>radigma era demostrarle al mundo que aqu&iacute; tambi&eacute;n se pod&iacute;an hacer </I><I>novelas, y despu&eacute;s de &eacute;l, consisti&oacute; en demostrar que se pod&iacute;an seguir </I><I>haciendo obras de arte. Ahora, &iquest;cu&aacute;l ser&iacute;a?</I></p>     <P align="justify">J. D. C.</p>     <P align="justify">Yo dir&iacute;a que el paradigma es ya no tener paradigma. Eso es una herencia evidente del humanismo. En el fondo, el &quot;paradigma de no tener paradigma&quot; implica empezar a hablarle a nuestros vecinos. Por ejemplo, Gabo solo pudo hacer lo que hizo mirando a su abuelo, a su pueblo miserable; esa entra&ntilde;a que &eacute;l aprendi&oacute; tomando a su vez de otros, de eso que constituye la tradici&oacute;n literaria. En el fondo, lo grande siempre aparece en lo peque&ntilde;o. Hay gente que quiere ser grande, pero adem&aacute;s no va a cambiar nada. Por eso, me atrevo a decir que la ambici&oacute;n de la fama universal no constituye la literatura. Esta necesita de los paradigmas de lo completamente local, de lo provinciano, de eso que s&iacute; hace la literatura.</p>     <P align="justify"> &iquest;Qu&eacute; es <I>Ana Karenina</I>, si no una historia provinciana? &iquest;Qu&eacute; es <I>Madame Bovary</I>? &iquest;Qu&eacute; es Proust? La literatura est&aacute; hecha de detalles cercanos y familiares, no de cr&iacute;ticas sociol&oacute;gicas ni de malos reflejos de la realidad. Esos elementos hacen que la literatura perviva. No seguimos leyendo a Kafka por ser kafkianos, sino porque uno siente que est&aacute; atrapado en espacios como los que &eacute;l muestra. La literatura se hace las preguntas que se hacen las personas de a pie. La literatura no es un asunto de grande salones, no es un espect&aacute;culo, y muchos medios en Colombia parecen no haber entendido esto. Por eso insisto en que hay que darle un lugar a un escritor, pero ese lugar no es el mismo que se le dar&iacute;a a un cantante o a un actor. Hay gracia en los escritores, incluso en los que sudan cuando hablan en p&uacute;blico, y por eso es que escriben, porque si no fuera as&iacute;, se dedicar&iacute;an a otra vaina.</p>     <P align="justify"> &Oacute;. C.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"> <I>Para terminar, nos gustar&iacute;a que nos mencionaras quince novelas </I><I>que te parezcan importantes de estas dos d&eacute;cadas.</I></p>     <P align="justify">J. D. C.</p>     <P align="justify"> <I>Duermevela</I> de Melba Escobar, porque me parece honesta, interesante. Hay un escritor menos conocido que se llama Jos&eacute; Manuel Palacios, que escribi&oacute; <I>El coraz&oacute;n del escorpi&oacute;n</I>, premio de la Universidad de Medell&iacute;n (y ahora la publicar&aacute; Alfaguara). Hay un libro de cuentos de Juan &Aacute;lvarez que me gusta mucho, <I>Falsas </I><I>alarmas</I>. La novela de Mar&iacute;a Castilla tambi&eacute;n me parece interesante.</p>     <P align="justify">Cuando uno empieza a hacer este tipo de listas, menciona el primer autor y comienza a conectarlo con gente de la misma edad, pero no siempre es as&iacute;. Uno puede hacer listas de todo tipo. A m&iacute;, en general, todos los libros de Tom&aacute;s Gonz&aacute;lez me gustan. Todav&iacute;a no he le&iacute;do el &uacute;ltimo, pero a &eacute;l lo hab&iacute;a le&iacute;do desde antes. Recomiendo mucho a Tim Keppel, &iquest;no lo conocen? Es maravilloso. <I>El inquilino</I> de Guido Tamayo muy buena...</p>     <P align="justify">Todo listado es terrible, porque al final hay m&aacute;s exclusiones que inclusiones. En el fondo, a lo largo de los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os en Colombia, se ha producido una literatura tan potente como la que se hab&iacute;a producido en los veinte a&ntilde;os anteriores, que incluyen la obra de Garc&iacute;a M&aacute;rquez. Ac&aacute; se han hecho cosas interesantes, pero literatura no es sin&oacute;nimo de periodismo, no supone leer la actualidad y decir qu&eacute; es importante y qu&eacute; no. Las jerarqu&iacute;as en la literatura se definen con el paso del tiempo. F&iacute;jense, y repito algunos ejemplos: un escritor que hab&iacute;a estudiado derecho public&oacute; hace d&eacute;cadas un librito m&iacute;nimo, de setenta p&aacute;ginas, llamado <I>Lo Amador</I>, y treinta a&ntilde;os despu&eacute;s escribe una novela que recibe un reconocimiento mayor con un premio continental. Ese hombre es Roberto Burgos. Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de publicar su primera novela, gracias al apoyo de sus amigos en un bar, un hombre que se llama Tom&aacute;s Gonz&aacute;lez consigue ser muy reconocido. Los escritores de mi generaci&oacute;n llevamos diez a&ntilde;os. Yo no espero ser un autor de doscientos mil ejemplares; espero ser de los de quinientos, al menos. Ojal&aacute; encuentre la buena fortuna de un editor al que le guste tanto lo que yo hago como para llevarme por lo menos a Venezuela.</p> <hr size="1">     <P align="justify"> <a href="#s*" name="*"><sup>*</sup></a>	Juan David Correa Ulloa (Bogot&aacute;, 1976) estudi&oacute; Literatura en la Universidad de los Andes, en Bogot&aacute;. Al graduarse, trabaj&oacute; como redactor cultural en <I>El </I><I>Espectador</I>. Durante algunos meses fue corresponsal en Par&iacute;s para el mismo semanario y, desde 2004, publica all&iacute; su columna sobre libros &quot;Ojo a las hojas&quot;. Entre los a&ntilde;os 2001 y 2002 trabaj&oacute; como periodista en la revista <I>Cromos</I>. Fue coordinador de prensa de Fundalectura, una fundaci&oacute;n para la promoci&oacute;n de la lectura en Colombia. Fue editor de Arcadia de 2005 a 2009. Adem&aacute;s, coordin&oacute; las actividades culturales de la Biblioteca Nacional en 2010, y en 2011. Fund&oacute; junto a &Aacute;lvaro Robledo la editorial El Peregrino. Public&oacute; su memoria <I>El barro y el silencio</I> (Seix Barral) y es, desde 2011, el coordinador cultural de la C&aacute;mara Colombiana del Libro. Este a&ntilde;o aparecer&aacute; su segunda novela <I>Los </I><I>cuerpos</I>, de la que se public&oacute; en la revista <I>Granta </I>12 un fragmento. (Perfil biogr&aacute;fico tomado del sitio web <I>Alfaguara</I>, en <a href="http://www.santillana.com.co/alfaguara/detalleAutor.php?autorID=818" target="_blank">http://www.santillana.com.co/alfaguara/detalleAutor.php?autorID=818</a>. Modificaciones del editor).</p>     <P align="justify"> <a href="#s*" name="*"><sup>**</sup></a>	&Oacute;scar Daniel Campo Becerra, profesional en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia. En el 2009, fue finalista del V Concurso de Libro de Cuentos, organizado por la Universidad Industrial de Santander. Algunos de sus cuentos han sido publicados en antolog&iacute;as de concursos. Un art&iacute;culo suyo sobre la narrativa de Fabi&aacute;n Casas apareci&oacute; en la Revista <I>Vox </I><I>Virtual</I> 23<I>.</I> Trabaj&oacute; en el proyecto Poes&iacute;a en Escena. Actualmente tiene la beca a Estudiante Sobresaliente en la Maestr&iacute;a en Escrituras Creativas, donde adelanta la escritura de una novela.</p> </FONT>      ]]></body>
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