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</front><body><![CDATA[ <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA"> </FONT>     <P   align="center" ><font size="2" face="VERDANA"><B><font size="4">LA CONCIENCIA DEL PRESENTE: ENTREVISTA A LUZ MARY GIRALDO</font><a href="#*" name="s*"><sup>*</sup></a></b></font></p> <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA">     <P align="right">Entevista<B> Alejandra Jaramillo Morales</b></p> <hr size="1">     <P align="justify"> <B></b>ALEJANDRA JARAMILLO</p>     <P align="justify"> <I>&iquest;Cu&aacute;l es tu balance de la literatura colombiana de las &uacute;ltimas dos </I><I>d&eacute;cadas?</I></p>     <P align="justify">LUZ MARY GIRALDO</p>     <P align="justify">Para m&iacute;, es claro que no se puede hablar solo de estos &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os. Habr&iacute;a que regresar hasta la d&eacute;cada de los ochenta o un poco m&aacute;s atr&aacute;s. Durante esos a&ntilde;os, la narrativa colombiana tuvo una producci&oacute;n sumamente amplia de hombres y mujeres, de g&eacute;ne</b>ros, de propuestas y proyectos, tanto en novela como en cuento, en minicuento, para hablar solo sobre narrativa. Pienso que entonces ocurri&oacute; algo que no se hab&iacute;a dado antes en Colombia, ni siquiera a mitad de siglo, cuando tambi&eacute;n hubo un crecimiento y cierta diversificaci&oacute;n en la literatura colombiana. En estos &uacute;ltimos veinte o treinta a&ntilde;os, la proliferaci&oacute;n de autores ha sido fundamental, porque su diversidad de promociones ha permitido much&iacute;simas b&uacute;squedas renovadoras. Hablo de promociones, porque no me parece adecuado hablar de generaciones. En la variedad de autores se ve la coexistencia de tendencias y preocupaciones muy diversas, lo que me hace pensar m&aacute;s bien en promociones. Dentro de ellas ha habido premios y autores que, en un momento dado, ocupan las primeras p&aacute;ginas de los peri&oacute;dicos, y tambi&eacute;n muchos autores y autoras muy importantes que no son muy reconocidos o lo suficientemente divulgados. </p>     <P align="justify">En estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, se podr&iacute;a hablar de tres momentos o &eacute;pocas que en el transcurso del tiempo se entrecruzan. Por una parte, la persistencia de autores que, desde los setenta y durante toda la d&eacute;cada de los ochenta, se deslindan de las preocupaciones de los narradores del boom y, particularmente en el caso colombiano, de Garc&iacute;a M&aacute;rquez, o en algunos aspectos tambi&eacute;n de &Aacute;lvaro Mutis. Aunque algunos autores y autoras de esa promoci&oacute;n empezaron a hacer camino a fines de la d&eacute;cada de los setenta o un poco antes, es durante los ochenta y noventa cuando la mayor&iacute;a de ellos se establecen o se leen como autores definitivos. Estoy pensando en Germ&aacute;n Espinosa, por ejemplo. A mediados de los sesenta hab&iacute;a publicado su primer libro de cuentos, posteriormente una novela, <I>Los cortejos </I><I>del diablo</I> y luego <I>La tejedora de coronas</I>, en 1982, que fue le&iacute;da veinte a&ntilde;os despu&eacute;s. Esta, adem&aacute;s, fue reconocida por &Aacute;ngel Rama debido al &quot;reingreso&quot; que invita a &quot;revisitar la historia&quot;. Tambi&eacute;n hablo de R. H. Moreno Dur&aacute;n, quien con su trilog&iacute;a <I>F&eacute;mina Suite </I>y su obra posterior marc&oacute; un hito dentro de lo que, en la literatura y en narrativa colombiana, se reconoci&oacute; como contestataria. El mismo Rama lo ubic&oacute; dentro de &quot;los contestatarios del poder&quot; por sus ficciones irreverentes, juguetonas, ir&oacute;nicas, experimentales. Hablo tambi&eacute;n de Rodrigo Parra Sandoval, quien, en un tono y unas formalizaciones semejantes, desde finales de la d&eacute;cada de los setenta fusiona preocupaciones intelectuales, formales y culturales de un presente marcado, digamos, por lo que ser&iacute;an las ciencias sociales. Pienso tambi&eacute;n en las parodias de Fanny Buitrago y las experimentaciones de Alba Luc&iacute;a &Aacute;ngel, con toda su carga cr&iacute;tica. Y tambi&eacute;n reconozco, aunque se da a conocer despu&eacute;s de los anteriores, a Fernando Vallejo, quien no solo ha recuperado la oralidad, sino la escritura mordaz y la diatriba. Pienso incluso en autores que establecen hitos con su escritura de tr&aacute;nsitos de lo provinciano a lo ciudadano o lo cosmopolita o metropolitano, o de las tradiciones y las renovaciones: cabr&iacute;a tener en cuenta a Fernando Cruz Kronfly y Marvel Moreno, a Helena Ara&uacute;jo, &Oacute;scar Collazos, Dar&iacute;o Ruiz G&oacute;mez, Nicol&aacute;s Suesc&uacute;n y en su momento Humberto Valverde. Son autores de una conciencia de ruptura clar&iacute;sima a quienes no les interes&oacute; el discurso hiperb&oacute;lico y los mundos maravillosos de Garc&iacute;a M&aacute;rquez, sino que al aceptar su existencia y sus aportes, procuraron tomar conciencia de los debates e inquietudes de su presente, de la ciudad y de la exigencia de nuevas formas de expresi&oacute;n y de lenguaje.</p>     <P align="justify">En esa b&uacute;squeda de nuevas formas de escritura y pensamiento que logre transmitir lo esencial de la ficci&oacute;n narrativa, es importante tambi&eacute;n Arturo Alape, quien, en su narrativa testimonial, explora de otra manera en los recovecos de la historia social y pol&iacute;tica. &Eacute;l y otros autores como Espinosa, Marvel Moreno y R. H. Moreno Dur&aacute;n han muerto y han dejado no solo una obra en marcha, sino un vac&iacute;o intelectual y literario. No cabe duda de que sus muertes han sido una p&eacute;rdida para el pa&iacute;s. Si estudiamos lo que signific&oacute; su conciencia cr&iacute;tica y anal&iacute;tica expresada en esas nuevas escrituras, en sus relaciones con el mundo intelectual, en sus v&iacute;nculos con la tradici&oacute;n, con la sociedad o con determinado compromiso hist&oacute;rico y con el deseo de estar a tono con las din&aacute;micas de su tiempo. Pienso que toda esta promoci&oacute;n, en la que incluyo tambi&eacute;n a Luis Fayad y a Roberto Burgos Cantor, como a todos aquellos que contin&uacute;an con una actividad productiva que ha sido fundamental, pues han cumplido un notable papel iluminador: relatar lo que ha pasado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XX y c&oacute;mo se recibe el siglo XXI. Sus obras dan clar&iacute;simo testimonio de procesos hist&oacute;ricos e ideol&oacute;gicos, de los cambios contempor&aacute;neos a nivel nacional y mundial; se trata de una literatura y unos autores muy receptivos a todo, con propuestas muy claras y coherentes; repito, conscientes de su tiempo y de la construcci&oacute;n de nuevos lenguajes, de ese renovar permanente en el que todo tiene un prop&oacute;sito. Su literatura est&aacute; marcada no solo por la creaci&oacute;n de ficciones, sino por lecturas de distinta &iacute;ndole: de ficci&oacute;n, de filosof&iacute;a, de ciencias humanas y sociales, de pol&iacute;tica, de sociolog&iacute;a... Est&aacute;n aliment&aacute;ndose permanentemente. Lo que se percibe en cierto di&aacute;logo de textos que subyace en las ficciones de algunos de ellos, ligada a una constante indagaci&oacute;n del ser, de la ciudad, de la historia social y pol&iacute;tica del pa&iacute;s, de Latinoam&eacute;rica y del mundo contempor&aacute;neo. Si en estos autores se encuentran temas en la calle y en seres cotidianos, en otros se perciben hondas preocupaciones intelectuales, culturales, hist&oacute;ricas, existenciales y sociales. En t&eacute;rminos m&aacute;s amplios, son autores que hacen de la literatura el veh&iacute;culo para buscar explicaci&oacute;n del presente o del pasado. Como he afirmado en otras ocasiones, es con ellos que se entiende que tanto las ciudades como sus habitantes exigen nuevas expresiones, nuevas maneras de ser narradas; que la historia tambi&eacute;n requiere ser contada de otras formas, que indague sobre el pasado por sus efectos o por las consecuencias del desastre del presente, y que ello es posible ironizando y burlando la llamada historia patria y sus h&eacute;roes. As&iacute; mismo, que la palabra, la escritura, debe ser portadora del esp&iacute;ritu del tiempo del autor, lo que significa que reclama estructuras distintas a las convencionales. </p>     <P align="justify">En segundo lugar, veo que, ya desde finales de los ochenta, durante los noventa y hasta nuestro tiempo, otros autores mucho m&aacute;s j&oacute;venes -aunque algunos por edades puedan ser pr&oacute;ximos a los anteriores- abren el abanico de otra manera. En muchos de ellos persiste la conciencia cr&iacute;tica, que se logra mediante la exploraci&oacute;n en los efectos de la pol&iacute;tica o de la violencia en los individuos y la sociedad, como ocurre con Laura Restrepo y otros escritores que surgen en los ochenta, como Fernando Vallejo. Muchos de esos autores de mediados de los ochenta tienen hoy entre 50 y 60 a&ntilde;os, Abad Faciolince y Evelio Jos&eacute; Rosero, por ejemplo. Los antecesores deben tener entre sesenta y setenta a&ntilde;os. Me resulta desagradable pensar en edades, pero eso me permite dar cuenta de lo que he llamado coexistencia de promociones. Creo que, si bien persisten algunas de las inquietudes y compromisos pol&iacute;ticos y sociales, e interrogantes o preocupaciones sobre el lenguaje, tambi&eacute;n hay otras cosas en estos autores. Por ejemplo, podemos entender que m&aacute;s all&aacute; de la renovaci&oacute;n de la oralidad y del posible regionalismo que algunos atribuyen a Vallejo, &eacute;l tiene una actitud muy propia de algunos de sus contempor&aacute;neos, no solo esc&eacute;pticos sino rabiosos, digamos autores de una agudeza cr&iacute;tica implacable y demoledora, y de esos autores inclementes, terribles, como es el caso de Bernhard, con quien se le ha relacionado, que est&aacute;n, &quot;desbaratando el establecimiento&quot; a partir de unos recursos del lenguaje muy propios del establecimiento, que son capaces de poner en crisis a la sociedad bien pensante. Vallejo hace uso de un lenguaje oral, una escritura hablada que, sin embargo, no se aferra a las formas del contar los temas tradicionales, como la religi&oacute;n, la historia o la pol&iacute;tica. &Eacute;l recupera la oralidad, pero no desde la cultura m&iacute;tica a la que nos acostumbr&oacute; Garc&iacute;a M&aacute;rquez, sino desde la ausencia del mito. Vallejo destroza los mitos completamente, los hace trizas y arremete contra la historia y nuestra cultura. Le apunta a la distorsi&oacute;n de los valores. Por esta raz&oacute;n, cuando se le identifica con Bernhardt, se habla de su inclemencia al tratar los temas y ofrecer una mirada a trav&eacute;s de un espejo que los deforma. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Yo no veo en &eacute;l a un autor resentido, sino a uno rabioso con la historia nacional y las instituciones. Eso es lo que percibo de su gesto de no dejar t&iacute;tere con cabeza. Tem&aacute;ticamente, eso est&aacute; presente en muchos de los escritores inmediatamente anteriores, pero en &eacute;l, ese sentir es muy particular, muy cargado de la violencia del lenguaje que vierte a la literatura y al cultivo de la gram&aacute;tica. Hay otro recurso fundamental que se debe reconocer en Vallejo: la autoficci&oacute;n. Su protagonista puede ser &eacute;l mismo, y aunque eso tambi&eacute;n est&aacute; presente en escritores anteriores, en Vallejo es muy contundente ese &quot;hablar en nombre propio&quot;. </p>     <P align="justify">En Vallejo hay una clar&iacute;sima conciencia y conocimiento de la historia, que se percibe en su pentalog&iacute;a y las ficciones posteriores. En ese recorrido que, de manera directa o alusiva, realiza a lo largo de la historia de Colombia del siglo XX no a partir de datos o de fechas, sino de las relaciones de personajes, pol&iacute;ticos o gobiernos que atropellan, en lo que se evidencia un prop&oacute;sito fundamental: acusar y dar testimonio del derrumbe del pa&iacute;s y su equivalencia en la ruina de la gram&aacute;tica. &iquest;Qui&eacute;nes son los causantes de este pa&iacute;s desbarrancado? Las instituciones, lo dice su personaje narrador. El pa&iacute;s que antes se identificaba por el buen uso del idioma, el de la Atenas suramericana, es ahora el de la jerga de los sicarios, el del lenguaje roto y desquiciado, el de la muerte que no da tregua. </p>     <P align="justify">Laura Restrepo se aproxima de otra forma a esta misma problem&aacute;tica. Sus preocupaciones han sido muy cercanas a las de Vallejo en cuanto a la actitud cr&iacute;tica. Tambi&eacute;n se emparentan con las de Alfredo Molano, quien tiene una escritura h&iacute;brida entre el testimonio y la investigaci&oacute;n. Molano escribe obras testimoniales, narraciones al estilo de la cr&oacute;nica, rescata memorias y las escribe de manera muy literaria, y mantiene, como Arturo Alape, respaldos fuertes en la historia real, pues se nutre de fuentes viva, de aquellas personas que le dan testimonio de sus experiencias de horror en la violencia y las consecuencias en el desplazamiento. Laura Restrepo es muy cercana a esto, con unos prop&oacute;sitos acordes con aquellos autores que cre&iacute;an en las utop&iacute;as revolucionarias, esos escritores de los ochenta que he mencionado, que se pueden rastrear desde los sesenta y a lo largo de los setenta. Est&aacute;n marcados por las utop&iacute;as que definieron nuevas b&uacute;squedas en Am&eacute;rica Latina, que leyeron con pasi&oacute;n las novelas del boom, que supieron de los compromisos a los que apelaba la Revoluci&oacute;n cubana. Estos autores que acabo de se&ntilde;alar tienen la capacidad de aprovechar el testimonio... Lo que me hace recordar otras formas de testimonio de esta &eacute;poca, como ese tan bello: <I>Se&ntilde;as particulares</I>, escrito no hace muchos a&ntilde;os por Burgos Cantor. All&iacute; se refiere a su generaci&oacute;n, a la vida universitaria, que constituye una suerte de testimonio intelectual, que al cotejarlo con otro posterior, tan hondo y cat&aacute;trico para muchos de sus lectores, hace vivir otro momento de nuestra historia. Hablo de <I>El olvido que seremos</I>, de H&eacute;ctor Abad Faciolince, que corresponde no solo a su historia personal y familiar, sino al desgarramiento del pa&iacute;s sumido en la violencia. No sobra recordar que mucha de la narrativa de H&eacute;ctor Abad tiene elementos comunes a los de Moreno Dur&aacute;n y Parra Sandoval: el car&aacute;cter experimental, la risa, la necesidad de retomar temas de la tradici&oacute;n cl&aacute;sica, del mundo burgu&eacute;s de la literatura del Renacimiento, de <I>El Decamer&oacute;n</I> de Boccaccio; de rescatar, entre comillas, las formas, problemas y f&oacute;rmulas de las literaturas medievales y ponerlas en contextos de la contemporaneidad.</p>     <P align="justify">Evelio Rosero, contempor&aacute;neo de H&eacute;ctor Abad, se encuentra en este grupo. La escritura de Rosero es muy fina, muy tradicional desde el punto de vista de la escritura, y la problem&aacute;tica tambi&eacute;n tiene que ver con muchos elementos que lo aproximan a las inquietudes de Restrepo, Alape y Molano: el problema de la violencia, el despojo y el abandono. Veo tambi&eacute;n muchas otras l&iacute;neas, y por eso tomo tambi&eacute;n, paralelamente, a Tom&aacute;s Gonz&aacute;lez, Roberto Rubiano y Julio Paredes. Pienso que hay varias preocupaciones en Rosero: la violencia, la ciudad y la sociedad se imponen como mundos muy en crisis. En &eacute;l hay una clara noci&oacute;n de desamparo. Sin embargo, cuando paso a Gonz&aacute;lez, encuentro un desamparo muy distinto, de tipo existencial. En &eacute;l est&aacute; todo el pensamiento o, mejor, el esp&iacute;ritu del budismo Zen, y eso lo hace excepcional con respecto a los escritores anteriores, que est&aacute;n muy conmovidos y afectados por la crisis, por los cambios, el v&eacute;rtigo con el que suceden todas las cosas, por la violencia. Eso tambi&eacute;n lleva a Tom&aacute;s a construir mundos id&iacute;licos, muy interiores, a&uacute;n dentro del desamparo. Pero no pasa lo mismo con Evelio Rosero. &Eacute;l siempre est&aacute; metiendo el dedo en la llaga. Muestra unos mundos muy atormentados, unos personajes muy solos, unas ciudades muy perseguidoras, unas sociedades ca&oacute;ticas, y la violencia, de una u otra manera, siempre est&aacute; presente. Es por eso que se me ocurre ponerlo cerca a los antes nombrados, pero destacando su concepci&oacute;n diferente. Restrepo, Alape y Molano tienen un compromiso ideol&oacute;gico de izquierda. Me parece que a Rosero no le interesa esto, pues la suya es una generaci&oacute;n del desencanto que lo conduce al escepticismo. Esto lo acercar&iacute;a a los autores que posteriores, pues dicho sentimiento es com&uacute;n a todos ellos, mientras que en los anteriores -la promoci&oacute;n de Restrepo- se muestra el desencanto aunque se siga creyendo en distintas utop&iacute;as. Quienes asistieron a Mayo del 68, luego tuvieron que ver la ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n y los grandes relatos que esta produjo. El abanico se abre m&aacute;s en aquellos que escriben desde el desencanto pero con escepticismo, y ah&iacute; es donde caben Mario Mendoza y su visi&oacute;n apocal&iacute;ptica, Santiago Gamboa y otros autores que empiezan a publicar principalmente en los a&ntilde;os noventa. </p>     <P align="justify">Yo dir&iacute;a que esto de las ciencias sociales carece de importancia para Mario Mendoza, Santiago Gamboa, Juan Carlos Botero y Jorge Franco, y mucho menos a quienes les siguen inmediatamente despu&eacute;s. Tal vez la realidad inmediata los atropella (no dir&iacute;a lo mismo sobre Botero, que es m&aacute;s aleg&oacute;rico). Para ellos hay una af&aacute;n de contar su &eacute;poca. Aparentemente, se han precipitado en la escritura de sus ficciones gracias a los medios de comunicaci&oacute;n, que promueven sus textos. Nosotros tenemos toda esa invasi&oacute;n y amenaza del mundo de los medios, pero estos &uacute;ltimos escritores son mucho m&aacute;s receptivos con respecto a lo que entregan los medios y a la velocidad con que suceden las cosas. En la mayor&iacute;a de estos autores, est&aacute; presente el deseo de aprehender lo inmediato para fijarlo, y no solamente porque se trate de los temas de moda, sino porque estos son los temas que los agobian. Sin embargo, en esa misma d&eacute;cada, hay autores que representan un quiebre, como Enrique Serrano, quien busca hacer una literatura filos&oacute;fica, para lo que recurre a un pasado hist&oacute;rico. Pablo Montoya, por su parte, vuelve a lo ancestral, no necesariamente lo nacional. En general, los dem&aacute;s est&aacute;n muy marcados por lo nacional y la truculencia global. Sin embargo, ser&iacute;a necesario analizar obras e individualidades.</p>     <P align="justify">A. J.</p>     <P align="justify"> <I>A Juan David Correa tambi&eacute;n lo entrevistamos para este dossier </I><I>de entrevistas y &eacute;l dec&iacute;a que le parece que en los autores que empiezan </I><I>a publicar en el inicio de este siglo hay una b&uacute;squeda de lo &iacute;ntimo, </I><I>mientras que los anteriores ten&iacute;an una preocupaci&oacute;n m&aacute;s sociol&oacute;gica. </I><I>&iquest;C&oacute;mo lo ves t&uacute;?</I></p>     <P align="justify">L. M. G. </p>     <P align="justify">S&iacute; y no. Solo si pensamos que lo &iacute;ntimo es lo autorreferencial. Yo creo que la cuesti&oacute;n &iacute;ntima se ha dado de manera ocasional, como podemos ver en la narrativa de Tom&aacute;s Gonz&aacute;lez, quien desde los ochenta hasta hoy ha mostrado determinadas formas de la intimidad a trav&eacute;s de sus personajes, una especie de nuevo existencialismo muy profundo; como una exploraci&oacute;n de lo m&aacute;s &iacute;ntimo del ser humano que busca ir m&aacute;s all&aacute; de las sensaciones y lo encuentra en lo esencial, en el silencio, en la quietud. En el caso de Gamboa, Franco y Mendoza, pienso tambi&eacute;n en Sergio &Aacute;lvarez -en general en esa promoci&oacute;n de los nacidos entre los a&ntilde;os sesenta y setenta-, veo la truculencia del presente contempor&aacute;neo concentrada, particularmente, en el caso colombiano: se hace referencia al dolor, a la guerra, a la violencia, todo eso que nos marc&oacute;, y que de todas maneras se ha convertido en un referente que ya no podemos borrar. Todo eso, que se est&aacute; volviendo televisi&oacute;n, cine, literatura, es una marca indeleble que refleja lo que no hemos podido superar; todav&iacute;a llevamos el fardo de la violencia de los cincuenta y pasamos al de la violencia del conflicto armado. </p>     <P align="justify">En los autores recientes hay un af&aacute;n por mostrar el presente y, en determinados casos, conectarlo con el pasado. Sin embargo, impera el hoy. En Sergio &Aacute;lvarez, Antonio Ungar y Juan Gabriel V&aacute;zquez, especialmente en sus m&aacute;s recientes novelas, se habla de ello: ata&uacute;des, muertos, degradaci&oacute;n permanente. Los t&iacute;tulos son significativos y, desde un principio, est&aacute;n relacionados con guerrilla, narcotr&aacute;fico, paramilitares. Se narran con la velocidad de la metralleta que Vallejo recrea en alguna de sus ficciones o que Restrepo muestra en la intimidad de sus desplazados o Alape en la de sus &quot;enmontados&quot;. Si Mendoza se refiere al mal que asecha como una maldici&oacute;n y se revela en lo criminal, estos otros autores muestran diversas cadenas de muerte. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Yo creer&iacute;a que en Ungar hay un intimismo epid&eacute;rmico, muy personal y autobiogr&aacute;fico. Algo semejante podr&iacute;a decir de lo que le&iacute;do de Juan David Correa, de Melba Escobar, de Pilar Quintana y Carolina San&iacute;n. Todos ellos son intimistas, parten de unos personajes muy referidos a las vidas e historias de ellos mismos. A veces los siento muy <I>yoicos</I>. S&eacute; que no les gustar&aacute; que yo lo diga, pero me parece que ellos y ellas cuentan su historia personal como si no tuvieran m&aacute;s referentes. Sin embargo, esta inclinaci&oacute;n es muy actual, tal vez est&aacute; apoyada en la inmediatez y en una ruptura de los l&iacute;mites de la novela, en la cual la ficci&oacute;n deviene en autobiograf&iacute;a y viceversa. Ese no es tu caso, pues, al menos en lo que he le&iacute;do, identifico una preocupaci&oacute;n m&aacute;s honda, m&aacute;s social, o quiz&aacute;s m&aacute;s pol&iacute;tica y existencial. De todas maneras, aunque estos autores est&aacute;n apuntando a una literatura intimista, no se acercan a esa literatura del yo que se est&aacute; escribiendo en muchos lugares del mundo, que reconoce que ese yo se ha roto y no permite una definici&oacute;n unidimensional. </p>     <P align="justify">Lo anterior me lleva a recordar al chileno Alejandro Zambra, por ejemplo, quien pertenece a ese grupo de autores que crecieron en una &eacute;poca dif&iacute;cil en pa&iacute;ses truculentos. El caso de Zambra, sucede en Chile durante la dictadura de Pinochet. Al autor no les queda m&aacute;s remedio que contar lo que ha vivido y sentido; los referentes externos se diluyen para dar paso a su experiencia &iacute;ntima. &iquest;Qu&eacute; cuenta Melba Escobar si no es la vida, muerte y ausencia de su padre? &iquest;Qu&eacute; cuenta Carolina San&iacute;n en su novela medio experimental si no una serie de experiencias de la sensibilidad femenina? Sin embargo, son obras bien escritas y bien contadas. Ellos y ellas no hacen biograf&iacute;as de su vida personal, sino que esa vida es un gran tormento y, a la vez, un torrente de su creaci&oacute;n literaria. Eso, por supuesto, tambi&eacute;n es v&aacute;lido.</p>     <P align="justify">El caso de Juan Gabriel V&aacute;squez se desliga de los anteriores: no es su yo quien se revela al contar su propia biograf&iacute;a, sino el que sale a recorrer escenarios e historias que seguramente lo marcaron y que ha investigado para recrearlos, como sucede con la novela que obtuvo el premio Alfaguara -en muchos aspectos cercana a <I>Cartas </I><I>cruzadas</I> de Dar&iacute;o Jaramillo Agudelo, y a <I>Delirio</I> de Laura Restrepo, novelas que cuentan c&oacute;mo las clases altas se fueron contaminando con el narcotr&aacute;fico-. No me encanta la narrativa de Juan Gabriel, pero me parece bueno, determinante en su escritura, a veces con m&aacute;s estilo que alma. Sus historias son muy particulares, y creo que cada vez es m&aacute;s contempor&aacute;neo, m&aacute;s a tono con el presente. Ahora, al buscar particularidades en los autores m&aacute;s recientes, se puede encontrar que la mayor&iacute;a tiene la necesidad de hallar ritos de iniciaci&oacute;n. La novela de Juan David Correa, por ejemplo, est&aacute; deliciosamente escrita, se deja leer muy r&aacute;pido. A m&iacute; me record&oacute; mucho <I>Un mundo para Julius </I>de Bryce Echenique: un ni&ntilde;o que descubre el mundo al observar a los mayores; es un ni&ntilde;o perplejo. Su ensayo, casi testimonio, que se lo deb&iacute;a a su mam&aacute;, tambi&eacute;n es muy bello. Esa destrucci&oacute;n de Armero, ese caos propiciado por una naturaleza abrupta, es tambi&eacute;n parte de la mirada de ese ni&ntilde;o perplejo que no solo ve el desbarajuste del pa&iacute;s, sino que ve la propia impotencia frente a la naturaleza. La novela de Correa no es confesional, pero s&iacute; muy <I>y&oacute;ica</I>: los m&aacute;ximos referentes est&aacute;n en su entorno, en lo cercano, en su familia y amigos. Eso es v&aacute;lido hoy, repito.</p>     <P align="justify">Si nosotros nos acordamos de lo que pasaba con los escritores j&oacute;venes de promociones anteriores (Andr&eacute;s Caicedo a fines de los setenta; Hugo Chaparro Valderrama y Rafael Chaparro Madiedo a comienzos de los noventa), reconocemos que trasmiten la visi&oacute;n de una &eacute;poca: la m&uacute;sica, los medios, el cine, el resquebrajamiento de la sociedad y la apertura a otras formas de vida, en fin, tantas cosas que obedecen a sus respectivos momentos. Creo que, si bien los m&aacute;s recientes transmiten la &eacute;poca, parece que no han salido de su percepci&oacute;n de ahogo y perplejidad, que no han podido mirar m&aacute;s all&aacute; de sus narices, de ese haber sido aplastados por la historia del pa&iacute;s, de no tener verdaderos referentes, de haber nacido en una &eacute;poca de desencanto que los llev&oacute; al escepticismo. En todo caso, me parece que escriben bien, y no creo que sus obras sean intentos fallidos. Sucede que no han podido salir de todo lo que el mundo contempor&aacute;neo les ha dado y dejado como huella. En la promoci&oacute;n anterior -Mendoza, Gamboa y Franco, por ejemplo- uno ve mucho de historia personal en su narrativa, pero esta historia personal se teje de tal manera que se convierte en la radiograf&iacute;a de su tiempo. A pesar de mis diferencias frente a determinadas escrituras, lo que me gusta de ellos es el hecho de que logran transmitir el esp&iacute;ritu de crisis del momento en que les toc&oacute; vivir su adolescencia, su juventud y su proceso de madurez. En los otros noto claramente una afectaci&oacute;n que hace que al escribir tengan un estilo muy &aacute;gil y desenvuelto, pero no est&aacute; construido todav&iacute;a alrededor de la capacidad de crear un mundo complejo. Todav&iacute;a est&aacute; muy replegado en su historia personal. </p>     <P align="justify">Hay otro caso, muchos casos, como el de Ricardo Silva, por ejemplo, quien se mueve alrededor de la percepci&oacute;n de los medios, del cine, de lo banal que, me parece, refleja en sus diferentes libros de cuentos o novelas, b&uacute;squedas y problem&aacute;ticas constantes. Esa es otra l&iacute;nea, la misma de Miguel Mendoza: aqu&iacute; no se pierde el afuera ni el individuo, pero su tema fuerte es la banalizaci&oacute;n del sujeto a partir de la visi&oacute;n de los medios y las diversas sicosis. Este ser&iacute;a, pues, otro grupo. Es tal la proliferaci&oacute;n de narradores, que yo dir&iacute;a no es f&aacute;cil de abarcar en este momento.</p>     <P align="justify">A. J.</p>     <P align="justify"> <I>T&uacute; has hecho un trabajo impresionante, por un lado, de recolec</I><I>ci&oacute;n de escritores en antolog&iacute;as y, por otro, de cr&iacute;tica sobre su obra en </I><I>ensayos, en los que muestras qu&eacute; ha pasado con sus obras, c&oacute;mo se </I><I>han construido. Ante eso, &iquest;qu&eacute; nos puedes contar de lo que significa </I><I>hacer ese trabajo de seleccionar una serie de autores para hacer un </I><I>ensayo o una antolog&iacute;a? &iquest;C&oacute;mo se ha ido dando ese proceso dentro </I><I>de tu visi&oacute;n de cr&iacute;tica literaria frente a la literatura colombiana y sus </I><I>distintos procesos?</I></p>     <P align="justify">L. M. G.</p>     <P align="justify">Yo creo que hay dos cosas. Por una parte, la inquietud que se gener&oacute; en m&iacute; cuando era estudiante de Literatura. Entonces, me enfrent&eacute; permanentemente al desd&eacute;n por la literatura colombiana, pues muchos la consideraban mediocre o de poco valor. Cuando entr&eacute; a trabajar la Universidad Nacional como docente, me segu&iacute; encontrando con profesores que cre&iacute;an que la literatura colombiana no merec&iacute;a tanta dedicaci&oacute;n. Tambi&eacute;n tuve profesores magn&iacute;ficos, pero no tuve un solo curso, como estudiante de la Javeriana, de literatura colombiana. Yo aprend&iacute; a valorar y a reconocer nuestra literatura gracias a profesores y profesoras extranjeros, quienes ven&iacute;an a hablarnos de Garc&iacute;a M&aacute;rquez y Mutis. Fue una profesora extranjera, Martha Canfield, quien nos hac&iacute;a leer la poes&iacute;a y la narrativa que iba saliendo aqu&iacute; en Colombia en los a&ntilde;os setenta. As&iacute; me encontr&eacute; con Fayad, con Burgos, con Collazos, con Rojas Herazo, con Dar&iacute;o Ruiz y Fanny Buitrago.</p>     <P align="justify">Cuando me enfrent&eacute; al papel de ser profesora en la Javeriana, cuando a&uacute;n era muy joven, se organiz&oacute; un congreso sobre cultura colombiana, y a m&iacute; me encargaron una charla sobre los hitos de la literatura colombiana para entender nuestra cultura a trav&eacute;s de su literatura. Eso fue un reto para m&iacute;, porque me estaban pidiendo que hiciera un barrido, un recorrido, de la literatura colombiana, y yo no sab&iacute;a qu&eacute; era eso. Acept&eacute; ese reto porque los otros dec&iacute;an que eso era muy malo. Empec&eacute; por la narrativa, aunque pude haber inclinado con la poes&iacute;a, ya que me hab&iacute;an ense&ntilde;ado que el nuestro era un pa&iacute;s de poetas, aunque, a partir de todos mis estudios, ahora s&eacute; que somos un pa&iacute;s de cuentistas, y que tenemos grandes narradores. Para este trabajo me entregu&eacute;, pues, a la lectura de narrativa colombiana, con cierto temor, pues como dec&iacute;an que era muy mala, pod&iacute;a correr el riesgo de perder o da&ntilde;ar el gusto literario. Como estudiante a uno le da miedo eso. Era como una amenaza anunciada por algunos profesores que me rodeaban. Se part&iacute;a de un principio: alguien que ha le&iacute;do a Proust, a Faulkner, a los cl&aacute;sicos griegos y latinos, a los del Renacimiento, a los grandes vanguardistas, en fin, <I>la gran </I><I>literatura</I>. Tras ese proceso, &iquest;como exponerse o literaturas menores? Debo reconocer que ten&iacute;a p&aacute;nico de leer a los colombianos y perder el gusto literario aprendido en los a&ntilde;os de estudiante. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Cuando empec&eacute; mi trabajo con las obras can&oacute;nicas de la literatura colombiana, vi indicios de evoluci&oacute;n y desarrollo, y not&eacute; c&oacute;mo, en cada &eacute;poca, los autores lograban representar elementos de la cultura construyendo nuevos lenguajes. Eso me emocion&oacute; mucho. Cuando tuve la intervenci&oacute;n que me hab&iacute;an solicitado, estaba muy nerviosa por mi ignorancia, pero al p&uacute;blico de profesores de diversas universidades y facultades le gust&oacute; mucho lo que aport&eacute;, pues logr&eacute; plasmar algunas reflexiones sobre los procesos de construcci&oacute;n del lenguaje narrativo en el siglo XX en Colombia. Luego, a comienzos de los ochenta, hubo un evento en la Universidad Javeriana, donde ya era profesora de literatura colombiana. Acababa de fundarse la Asociaci&oacute;n de Colombianistas Norteamericanos, y se interesaron por el trabajo que yo hab&iacute;a hecho. No olvido que muchos tildaban a esa asociaci&oacute;n de mediocre. Por esa misma &eacute;poca, despu&eacute;s de alg&uacute;n encuentro literario en alg&uacute;n lugar, Juan Gustavo Cobo Borda se me acerc&oacute; y me dijo: &quot;A usted le gusta estudiar la literatura de modo sistem&aacute;tico. P&oacute;ngale cuidado a una serie de narradores colombianos nuevos. Tienen que ver con su generaci&oacute;n, pero hay otros que son un poco mayores. No se le olvide que vamos a publicar pr&oacute;ximamente a Andr&eacute;s Caicedo, p&oacute;ngale cuidado; y tambi&eacute;n a Luis Fayad, a Ricardo Cano Gaviria y a Rodrigo Parra Sandoval&quot;. De jovencita, yo hab&iacute;a le&iacute;do cosas sueltas de Collazos, de Dar&iacute;o Ru&iacute;z G&oacute;mez, pero a partir del trabajo que me pidieron para el Congreso de Colombianistas y lo que me dijo Cobo, empec&eacute; a leer a todos estos autores, y encontr&eacute; una literatura muy diversa, con vertientes diferentes a las que nos hab&iacute;an ense&ntilde;ado. Me pareci&oacute; que hab&iacute;a intereses y b&uacute;squedas inquietantes, y si en muchos escritores encontr&eacute; una cercan&iacute;a con el boom narrativo latinoamericano -pues encontraba elementos de experimentaci&oacute;n-, encontr&eacute; tambi&eacute;n otras propuestas que surg&iacute;an de la necesidad de deslindarse de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, de la literatura comprometida. Aparec&iacute;a as&iacute; la exploraci&oacute;n en la ciudad, en la m&uacute;sica, capt&eacute; otros ritmos narrativos y me pareci&oacute; que eso implicaba un reto importante.</p>     <P align="justify">En 1995, alguien crey&oacute; que yo sab&iacute;a mucho de literatura colombiana y me pidi&oacute; que hiciera una antolog&iacute;a de cuento colombiano. Estoy hablando de una agencia editorial que no logr&oacute; dar frutos, La bicicleta invisible, dirigida por Anna Mar&iacute;a Rodr&iacute;guez y Adriana Urrea. Yo no sab&iacute;a tanto de literatura colombiana como para preparar una antolog&iacute;a para una editorial de renombre, solo hab&iacute;a le&iacute;do a ciertos autores, pero otra vez me gust&oacute; el reto. De ah&iacute; sali&oacute; la primera antolog&iacute;a, que busc&oacute; recoger las nuevas propuestas de la cuent&iacute;stica m&aacute;s reciente. Yo estaba muy asustada porque no conoc&iacute;a a todos los autores, pero no me interes&eacute; solo por los consagrados, sino adem&aacute;s por aquellos en los que hab&iacute;a nuevas propuestas. Me encant&oacute; darme cuenta de la capacidad narrativa en Colombia. Esta antolog&iacute;a iba a ser publicada en convenio con la Universidad Javeriana, pero se lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que en este pa&iacute;s no interesaba el cuento y mucho menos el de autores nacionales, as&iacute; que al final lo public&oacute; el Fondo de Cultura Econ&oacute;mica en 1997. Por esos a&ntilde;os, adem&aacute;s, se hab&iacute;a generado un debate muy interesante en la prensa, en el que se cuestionaba la calidad del cuento escrito en Colombia. Se elogiaba la cuent&iacute;stica publicada entre los sesenta y setenta, y algunos participantes en el hablaban de promesas. Fue tan virulento el debate, que me puse en la tarea de leer a ver qui&eacute;nes ten&iacute;an raz&oacute;n para menospreciar algunas voces y anunciar nuevas.</p>     <P align="justify">Luego me llamaron de Planeta y me dijeron que hab&iacute;an conocido mi antolog&iacute;a de cuentistas, y que les gustar&iacute;a una de mujeres. Eso fue en 1998. Empec&eacute; a preguntarme por narradoras contempor&aacute;neas. Alcanc&eacute; a percibir que, en Colombia, la mujer hab&iacute;a sido m&aacute;s pr&oacute;xima a la poes&iacute;a que a la narrativa, pero empec&eacute; a buscar. Me propuse mostrar la evoluci&oacute;n de la narrativa escrita por mujeres en Colombia. En la editorial aceptaron mi propuesta. Tuve dedicarme nuevamente al estudio, pero claro, yo ya llevaba un tiempo como profesora, y en mis cursos siempre me interesaba incluir colombianos y colombianas, as&iacute; que ya ten&iacute;a un poquito de trayectoria. Ese fue otro azar que me llev&oacute; a seguir profundizando y redescubriendo la literatura colombiana que hab&iacute;a sido ignorada por muchos. Creo que la docencia permite hacer antolog&iacute;as personales a partir de los autores que uno incluye en sus cursos, a partir de la preocupaci&oacute;n por determinados temas -aunque tambi&eacute;n hay que ser receptivo ante lo que se dice hoy, y lo que se ha hecho antes-. Luego, Alfaguara solicit&oacute; un concepto sobre los narradores m&aacute;s j&oacute;venes, pues quer&iacute;an dar cuenta de la narrativa del fin de milenio. De esa forma, me acerqu&eacute; a la narrativa escrita por autores nacidos en los sesenta y los primeros a&ntilde;os de los setenta. </p>     <P align="justify">Cuando me llamaron de nuevo del Fondo de Cultura, yo me hab&iacute;a dado cuenta de que ya hab&iacute;a adquirido eso que no ten&iacute;a al comienzo: un barrido, un mapa de la literatura colombiana. Empezamos, pues, una nueva antolog&iacute;a que quise comenzar con el inicio de la literatura en este pa&iacute;s. Para ello, busqu&eacute; asesor&iacute;as en tradici&oacute;n oral y mitolog&iacute;as, en textos de la Colonia y el siglo XIX. Le&iacute; muchos mitos maravillosos para poder seleccionar alguno de las diferentes etnias y llamar la atenci&oacute;n sobre el valor literario de esos textos sagrados y de c&oacute;mo se vinculan a la tradici&oacute;n del contar en nuestro pa&iacute;s. Tambi&eacute;n logr&eacute; percibir c&oacute;mo se fue configurando el g&eacute;nero hasta llegar a su plenitud y a la diversificaci&oacute;n actual. En ese proceso, empezamos a involucrar a las narraciones marginales, como la literatura para ni&ntilde;os y j&oacute;venes, y lo que se conoce como minicuento.</p>     <P align="justify">Ahora, aun con todo el trabajo que he realizado, no s&eacute; tanto de literatura colombiana como algunos creen. Conozco unos autores, pero no estoy actualizada, porque estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, despu&eacute;s del fen&oacute;meno Garc&iacute;a M&aacute;rquez, como ya he dicho, prolifer&oacute; la necesidad de los autores de buscar caminos distintos. Se ha escrito mucho, se sigue escribiendo en este pa&iacute;s de narradores. </p>     <P align="justify">A. J.</p>     <P align="justify"> <I>&iquest;Qu&eacute; crees que est&aacute; pasando en este momento en las </I><I>universidades </I><I>y en las editoriales en cuanto al trabajo de hacer antolog&iacute;as? &iquest;Qu&eacute; est&aacute; </I><I>pasando ahora y en qu&eacute; nos estamos quedando cortos frente a la lite</I><I>ratura colombiana?</I></p>     <P align="justify">L. M. G.</p>     <P align="justify">Hace dos a&ntilde;os me retir&eacute; de la docencia de tiempo completo, y en esos dos a&ntilde;os me he dado cuenta de que, si bien las universidades tienen cursos de literatura colombiana, los egresados de estas carreras -y los estudiosos, adem&aacute;s de profesores y profesoras- que est&aacute;n interesados en esta l&iacute;nea de investigaci&oacute;n son muy pocos y ocasionales, aunque hay m&aacute;s que hace unos a&ntilde;os, eso debo reconocerlo.</p>     <P align="justify">En cuanto al trabajo de las editoriales, creo que se est&aacute;n dedicando a publicar a sus propios autores, como en el caso de Planeta. Alfaguara lleva un tiempo en crisis de autores nuevos. Entiendo que, tanto Planeta como Alfaguara, est&aacute;n en un momento de activaci&oacute;n. Igual, pienso que la literatura colombiana, o mejor a&uacute;n, la literatura en general, las artes, y lo cultural en el pa&iacute;s, est&aacute;n muy adormecidos en muchas cosas. Las universidades tambi&eacute;n tienen que moverse en este tema. La maestr&iacute;a en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia tiene una ventaja, que es la promoci&oacute;n de la escritura. Sin embargo, hay que preguntarse qu&eacute; hacen las personas con sus manuscritos despu&eacute;s de hacer la maestr&iacute;a. No solo debe promoverse la creaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n la circulaci&oacute;n de nuestra propia literatura. Al volver a la Javeriana a dar clases, me dio mucho gusto darme cuenta de que hab&iacute;an creado el premio de Novela Breve. Esa es una manera de motivar la creaci&oacute;n y de promoverla. No se trata solamente de premiar al ganador, sino tambi&eacute;n de hacer ruido, de darlo a conocer. Eso es un incentivo. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Hay otra cosa que s&iacute; me ha motivado -y que s&eacute; que se est&aacute; moviendo mucho y con fuerza-: el mundo de las peque&ntilde;as editoriales. No tenemos que estar pensando solamente en las multinacionales, porque ellas publican lo que quieren leer algunos, obras o autores que en muchos casos son flor de un d&iacute;a. Hay que creer en el trabajo de crear nuevos lectores, preparar nuevos lectores a trav&eacute;s de nuevas literaturas. Yo creo que las cosas est&aacute;n cambiando, y que hay inquietudes que son muy lindas, por lo menos en Colombia, que tienen que ver con la publicaci&oacute;n y la circulaci&oacute;n. Creo que hay que apoyar estos proyectos. Apoyarlos es llevar los manuscritos y decir: &quot;Yo pago la edici&oacute;n&quot;. &iquest;Por qu&eacute; no? No se trata de publicar cualquier cosa, sino de llevar los libros y someterlos a comit&eacute;s editoriales y, por supuesto, estar dispuestos a o&iacute;r un s&iacute; o un no. Hay que pensar tambi&eacute;n en la calidad de las obras que se publican, no publicar solo promesas de momento.</p>     <P align="justify">A. J.</p>     <P align="justify"> <I>A prop&oacute;sito de ese mismo tema, en la entrevista que hicimos a Julio </I><I>Paredes, &eacute;l dec&iacute;a que esa proliferaci&oacute;n de editoriales independientes iba </I><I>a permitir el renacer de los editores. &iquest;T&uacute; qu&eacute; piensas al respecto?</I></p>     <P align="justify">L. M. G.</p>     <P align="justify">Yo s&iacute; creo que eso tiene que darse, y que es lo ideal. En ese sentido, eso ser&iacute;a una zancadilla total a las grandes editoriales, porque no puede ser que se tenga que fomentar el mal gusto creyendo que todos quieren leer lo mismo. Hay premios, sin mencionar nombres, que compran la primera edici&oacute;n de un libro ganador y, a la semana siguiente, lo publican con el letrero de &quot;segunda edici&oacute;n&quot; para que la gente corra a ver qu&eacute; es eso que se est&aacute; vendiendo tanto. Hay autores que se conforman con ganarse el derecho a la publicaci&oacute;n pero, &iquest;por qu&eacute; no pensar tambi&eacute;n en la promoci&oacute;n y divulgaci&oacute;n? Si yo tuviera modo y tiempo, participar&iacute;a de una editorial y no pensar&iacute;a en qu&eacute; tipo de libro vamos a publicar, sino en qu&eacute; tipo de literatura vamos a proponer. </p>     <P align="justify">A. J.</p>     <P align="justify"> <I>Pensando no solo en el autor sino en las obras mismas, &iquest;cu&aacute;les </I><I>ser&iacute;an las tendencias, los temas importantes de estos &uacute;ltimos veinte </I><I>a&ntilde;os, y cu&aacute;les son esos grandes hitos que est&aacute;n ah&iacute; presentes para las </I><I>nuevas generaciones?</I></p>     <P align="justify">L. M. G.</p>     <P align="justify">No me interesan los temas de moda, sino las obras que tienen un trasfondo. Cuando hablo de esto, hablo de una densidad de pensamiento, de una concepci&oacute;n de historia o de vida y, asimismo, de literatura. Vaticinar es muy dif&iacute;cil. &iquest;Qu&eacute; interesar&aacute; leer en futuro a un lector ? Creo que una vertiente que va a quedar por lo menos consagrada es, con muy pocas obras en Colombia, la nueva novela hist&oacute;rica, la de pensamiento y reflexi&oacute;n. No tiene que ser la nueva novela hist&oacute;rica seg&uacute;n los postulados te&oacute;ricos de algunos autores. La contestataria, la irreverente, la que suscita risa, la que reinventa la historia y la cuenta con las coordenadas del presente, siempre respetando el pasado. Para eso creo que hay novelas que funcionan, y que han sido tenidas en cuenta en otros pa&iacute;ses. Hay otras que no han sido descubiertas a&uacute;n. </p>     <P align="justify">El car&aacute;cter experimental de algunas obras tambi&eacute;n es importante. Hay autores que han experimentado a partir de la literatura, de la ficci&oacute;n como espacio para reflexi&oacute;n sobre el hecho creativo, y han establecido, o establecieron, una serie de par&aacute;metros con l&iacute;neas experimentales desde la forma. No se trata de la experimentaci&oacute;n como simple juego, sino como medio para poder contar la complejidad del mundo contempor&aacute;neo y de la vida en general. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Me gustar&iacute;a que quedaran para la posteridad algunas obras o tendencias en las que se muestre la densidad de la existencia. Me refiero a obras que no hablan solamente de los temas o de los problemas del momento en que el autor escribe, sino en las que esos temas y problemas trascienden el momento y se pueden relacionar con otras &eacute;pocas y otras sociedades y culturas. Para m&iacute;, esas ser&iacute;an las tres tendencias o los tres factores que vale la pena resaltar en el presente: la historia, algo experimental y algo que tenga que ver con la renovaci&oacute;n y la puesta en escena de la vida en movimiento, lo que requiere algo m&aacute;s que estructura llana. </p>     <P align="justify">A. J.</p>     <P align="justify"> <I>&iquest;Podr&iacute;amos hablar del panorama de la poes&iacute;a de estos &uacute;ltimos </I><I>veinte a&ntilde;os? &iquest;Cu&aacute;les son esos poetas que t&uacute; crees que valen la pena?</I></p>     <P align="justify">L. M. G.</p>     <P align="justify">No tenemos una poes&iacute;a muy renovadora, aunque hay muy buenos poetas. Yo creo que a partir de la Generaci&oacute;n sin Nombre hay algunos poetas que son definitivos: Giovanni Quessep es maravilloso en toda esa fusi&oacute;n de imaginarios, tonalidades y ritmos; lo constituye la renovaci&oacute;n de la tradici&oacute;n modernista. Giovanni es anacr&oacute;nico en su sentimiento y renovador en la sumatoria de ritmos. Tambi&eacute;n resalto algo de Dar&iacute;o Jaramillo Agudelo, sobre todo, algo de su poes&iacute;a amorosa y de su poes&iacute;a cr&iacute;tica. G&oacute;mez Jattin, aunque no toda su obra. La exquisitez de Jos&eacute; Manuel Arango es indudable. Cada nuevo libro de Juan Manuel Roca, indudablemente, es mejor que el anterior. Me resulta interesante Cobo Borda y su l&iacute;rica esc&eacute;ptica de forma equilibrada. En el campo femenino est&aacute; Piedad Bonnett con esa poes&iacute;a cotidiana y desgarrada que puede leerse en su &uacute;ltimo libro. No se debe desconocer de ninguna manera a Mar&iacute;a Mercedes Carranza, hay que tenerla en cuenta por su iron&iacute;a dolorosa, por el cinismo. Hay y ha habido muchos poetas, no cabe duda.</p>     <P align="justify">A prop&oacute;sito, yo s&iacute; creo que la poes&iacute;a colombiana es muy solemne, y en ese sentido muy tradicional. A la poes&iacute;a colombiana le falta lo que a veces le sobra a otras, como la chilena, que es llena de rupturas, as&iacute; como la peruana o la argentina. Por eso, ellos pueden tener tant&iacute;simos autores de tan diversas posibilidades expresivas. Para m&iacute;, estas que menciono son voces fundamentales, aunque s&eacute; que se me quedan muchos por fuera. Dir&iacute;a que, entre las voces m&aacute;s recientes, Andrea Cote promete. </p>     <P align="justify">A. J.</p>     <P align="justify"> <I>Terminemos entonces con una recomendaci&oacute;n: &iquest;cu&aacute;les crees que </I><I>son las quince novelas necesarias de estos veinte a&ntilde;os, las que t&uacute; creas </I><I>que nuestros alumnos deben leer, a las que todos debemos acercarnos </I><I>para enamorarnos de ellas? </I></p>     <P align="justify">L. M. G. </p>     <P align="justify">Es tan dif&iacute;cil recomendar en un pa&iacute;s que no cree en lo propio... Yo siempre he dicho que voy un poquito atr&aacute;s, as&iacute; que pienso en <I>La </I><I>tejedora de coronas</I>, publicada ya hace treinta a&ntilde;os, en <I>La ceiba de </I><I>la memoria </I>de Roberto Burgos Cantor, entre las novelas hist&oacute;ricas. Tambi&eacute;n recomendar&iacute;a mucho los cuentos de Marvel Moreno, publicados en los ochenta. De Parra Sandoval me interesa la novela que gan&oacute; uno de los premios de Casa de las Am&eacute;ricas, <I>Fara&oacute;n </I><I>Angola</I>. Es un viaje por la violencia que muestra esa necesidad de construir identidades en un pa&iacute;s donde todo parece perdido. Esta novela no solo se relaciona con toda la obra de este autor, sino con sus comienzos en <I>El &aacute;lbum secreto del Sagrado Coraz&oacute;n</I>. Dir&iacute;a que <I>F&eacute;mina suite</I> de R. H. Moreno-Dur&aacute;n es determinante a la hora de hablar de narradores del deslinde, como tambi&eacute;n lo es la novela teatral <I>Cuesti&oacute;n de h&aacute;bitos</I>, que me parece juguetona y deliciosa de leer, rica en referentes. Tambi&eacute;n est&aacute; <I>Sin remedio</I> de Antonio Caballero y <I>Los parientes de Ester</I> de Luis Fayad, pues son definitivas para entender ciudades y &eacute;pocas. Recomendar&iacute;a los cuentos de Fanny Buitrago y Alba Luc&iacute;a &Aacute;ngel<I>, </I>los de Julio Paredes, que me parecen sustanciales. De Vallejo, <I>La Virgen de los sicarios</I>, por esa ecuaci&oacute;n pa&iacute;s y gram&aacute;tica en descomposici&oacute;n, y de esa l&iacute;nea me gusta mucho <I>Rosario Tijeras</I>, de Jorge Franco, por el dolor que transmite de manera acongojada y sorprendente. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">A. J.</p>     <P align="justify"> <I>Yo defiendo mucho a </I>Rosario Tijeras<I> porque es un acto de duelo </I><I>muy interesante.</I></p>     <P align="justify">L. M. G.</p>     <P align="justify">Yo no entiendo que la gente se moleste cuando uno confiesa que le gusta. Es, igual que <I>La virgen de los sicarios</I> de Vallejo, un constante cuestionamiento sobre los valores y, s&iacute;, un acto de duelo. De Mario Mendoza, me gusta<I> La traves&iacute;a del vidente</I>, sus cuentos tenebrosos. De Collazos, me gustan sus libros de cuentos. Lina Mar&iacute;a P&eacute;rez es otra autora a la que no se le ha atendido mucho en este pa&iacute;s, pero casi todos sus libros de cuentos han sido premiados a nivel nacional e internacional. Hay que leer a Pablo Montoya y sus novelas hist&oacute;ricas, as&iacute; como los cuentos de Enrique Serrano. Se me dificulta mucho recomendar las novelas premiadas por grandes editoriales, aunque me parecen buenas en determinados sentidos, pero considero que est&aacute;n m&aacute;s relacionadas con la imagen que tienen de nosotros despu&eacute;s de Macondo: la del horror por la violencia. Hay un libro de cuentos de una escritora de Medell&iacute;n que es muy sugestivo: <I>Las tres </I><I>pasas</I>, de Ester Fleisacher. Re&uacute;ne cuentos sobre jud&iacute;os que han de ser de historias que ella o&iacute;a de ni&ntilde;a. Tambi&eacute;n me parece atractivo <I>El rumor del astrac&aacute;n</I>, de Azriel Bibliowicz. Por otro lado, desde su visi&oacute;n muy cl&aacute;sica, recomiendo <I>El inquilino</I>, de Guido Tamayo, que gan&oacute; el premio de Novela Breve de la Universidad Javeriana. Ante los autores m&aacute;s j&oacute;venes, prefiero esperar. S&eacute; que dejo muchas obras por fuera. A veces la memoria selectiva comete sus injusticias...</p> <hr size="1">     <p align="justify"><a href="#s*" name="*"><sup>*</sup></a>	Es poetisa, ensayista, cr&iacute;tica literaria, profesora de literatura latinoamericana y colombiana, autora de varias antolog&iacute;as de cuento, nacida en&nbsp;Ibagu&eacute;,&nbsp;Colombia&nbsp;en&nbsp;1950&nbsp;y licenciada en filosof&iacute;a y letras por la&nbsp;Pontificia Universidad Javeriana. Sus textos han sido recogidos en algunas antolog&iacute;as del exterior y del pa&iacute;s, as&iacute; como traducidos al ingl&eacute;s, italiano y franc&eacute;s. Ha participado en distintos eventos nacionales y extranjeros como conferencista y cr&iacute;tica literaria. Entre los premios y distinciones que ha recibido se encuentran: Premio Internacional de Cuento&nbsp;Juan Rulfo en la modalidad &quot;Relato Negro&quot;, 1999, Escritora invitada del&nbsp;<i>Hay Festival</i>, (Cartagena, 2007), Festival Internacional de Poes&iacute;a en Bogot&aacute; (2006, 2007), Festival Internacional de Poes&iacute;a en Medell&iacute;n (2008), Casa de la Luz y de la Poes&iacute;a (Florencia, Italia, 2003), Encuentro Colombo Mexicano de Escritores (M&eacute;xico, D. F., 1996), Jurado Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, Jurado Premio Internacional de Poes&iacute;a Juan Valera Mora, Caracas. (Perfil biogr&aacute;fico tomado del sitio web Wikipedia, en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Luz_Mary_Giraldo" target="_blank">http://es.wikipedia.org/wiki/Luz_Mary_Giraldo</a>. Consultado el 11 de mayo de 2012. Modificaciones del editor).</p> </FONT>      ]]></body>
</article>
