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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[PEQUEÑA ENCICLOPEDIA DE LA CANDELARIA: ENTREVISTA A SANTIAGO GARCÍA]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA"> </FONT>     <P align="center"><font size="2" face="VERDANA"><B><font size="4">PEQUE&Ntilde;A ENCICLOPEDIA DE LA CANDELARIA: ENTREVISTA A SANTIAGO GARC&Iacute;A</font><a href="#*" name="s*"><sup>*</sup></a></b></font></p> <FONT SIZE="2" FACE="VERDANA">     <P align="right">&nbsp;</p>     <P align="right"><b>Entrevista V&iacute;ctor Viviescas    <br> </b><i>Universidad Nacional de Colombia - Bogot&aacute;, Colombia</i></p> <hr size="1"> <B>     <P align="justify">V&Iacute;CTOR VIVIESCAS</p> </B>     <P align="justify"> <I>Maestro Santiago Garc&iacute;a, usted es un director, actor y dramaturgo que tiene una larga tradici&oacute;n en el teatro colombiano. Vinculado desde su creaci&oacute;n en el a&ntilde;o 1966 al Teatro La Candelaria, cuando se crea como Casa de la Cultura, y luego, cuando se transforma en teatro independiente, usted ha dirigido esta agrupaci&oacute;n en cada una de sus etapas. Usted adem&aacute;s ha acompa&ntilde;ado de manera privilegiada al teatro moderno colombiano, este teatro que se empieza a generar a partir de los a&ntilde;os cincuenta. Desde una mirada muy libre de toda esa tradici&oacute;n, &iquest;qu&eacute; aspectos han sido una constante en su trabajo? &iquest;Sobre qu&eacute; preocupaciones regresa siempre? &iquest;Qu&eacute; temas son recurrentes en su trabajo particular y en el del Teatro La Candelaria, puesto que no podemos separar al dramaturgo del grupo mismo?</I></p>     <P align="justify"><b>SANTIAGO GARC&Iacute;A</b></p>     <P align="justify">Mi muy estimado Viviescas, me place mucho hacer esta entrevista contigo, este di&aacute;logo que nunca hab&iacute;amos tenido oportunidad de hacer. Yo empec&eacute; a hacer teatro cuando lleg&oacute; a Colombia Seki Sano, por all&aacute; en el a&ntilde;o 1955 o 1956. Mejor dicho, yo ya llevo cincuenta a&ntilde;os en esta vaina. Y me parece que as&iacute;, a vuelo de p&aacute;jaro &quot;teatral&quot;, lo que siempre he tenido como importante en mi vida es no tomar tan en serio el cuento del teatro, evitar caer en el abismo de la seriedad y mantener siempre la actitud del juego. El teatro tiene todos los elementos interesantes del juego. Uno de los m&aacute;s interesantes es el del riesgo, la aventura, el enfrentarse uno con algo desconocido y no saber qu&eacute; carajos va a pasar. Esto es lo que me ha hecho persistir en el teatro. Y creo que esto ha contaminado en cierta manera al grupo con el que trabajo y le ha permitido subsistir. Es decir, hemos procurado mantener lo que Bergson, en su tratado sobre la risa, dice del humor: la no-rigidez, una actitud que es no-seria, no-r&iacute;gida y que procura tener una mirada no-unitaria del universo.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><I>Sin embargo, las consecuencias que se desprenden de esa empre</I><I>sa, en el sentido de obra humana, son profundamente serias, en la </I><I>medida en que cuando surge la Casa de la Cultura se constituye in</I><I>mediatamente en una suerte de gu&iacute;a, de referente obligado para la </I><I>actividad teatral en Colombia. &iquest;C&oacute;mo se origina La Candelaria como </I><I>proyecto? &iquest;Pueden establecerse etapas en el desarrollo de ese trabajo? </I><I>&iquest;Qu&eacute; caracteriza a La Candelaria en distintas &eacute;pocas?</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">Antes de La Candelaria, yo dirig&iacute;a el Teatro Estudio de la Universidad Nacional, donde mont&eacute; <I>Galileo Galilei</I> de Bertolt Brecht, teniendo en mente esa imagen de lo no-serio. La vida de Galileo es como una paradoja, un chiste macabro: se la juega toda por dar el paso m&aacute;s serio del desarrollo de la ciencia moderna, para fundar el pensamiento cient&iacute;fico, y sin embargo cuando medio lo asustan -pues el Papa dice que no lo va a meter a la pira como a Giordano Bruno, sino que apenas hace que le muestren los instrumentos de tortura- se ablanda completamente y abjura. Y abjura de una manera profundamente ir&oacute;nica, profundamente no-seria, pues esta abjuraci&oacute;n no significaba que su teor&iacute;a, fundamentada en Kepler, fuera a desmoronarse. Toda la historia de Galileo es un gran chiste, y la mont&eacute; con ese sentido en mente.</p>     <P align="justify">Adem&aacute;s, quise mostrarle a los estudiantes universitarios, a trav&eacute;s de esa par&aacute;bola, que el profundo compromiso del hombre cient&iacute;fico con su realidad, hoy en d&iacute;a, es mucho m&aacute;s riesgoso que en la &eacute;poca de Galileo. Openheimer, por ejemplo, quiebra ese compromiso, pues vende o entrega sus conocimientos sobre la fusi&oacute;n del &aacute;tomo al Pent&aacute;gono, por el miedo a que lo expulsaran de Estados Unidos, y este hecho es el que posibilitar&iacute;a la construcci&oacute;n de la bomba at&oacute;mica. En la mitad del programa de mano de la obra de Brecht yo met&iacute; dos p&aacute;ginas en los que se se hablaba de Openheimer, de Hiroshima y Nagasaki y del desastre de la ciencia contempor&aacute;nea que anuncia Bertolt Brecht en el &uacute;ltimo parlamento de <I>Galileo Galilei</I>. Y esas dos hojitas provocaron un esc&aacute;ndalo terrible. A tres d&iacute;as del estreno en el Teatro Col&oacute;n, el ej&eacute;rcito me invadi&oacute; la oficina a culatazos, me decomisaron todos los programas de la obra y me llamaron a la rector&iacute;a de la Universidad Nacional.</p>     <P align="justify">Toda la situaci&oacute;n fue muy simp&aacute;tica. El rector Pati&ntilde;o Roselli me dec&iacute;a: &quot;nosotros hemos apoyado ese proyecto suyo con todo lo que usted ha querido&quot;. En efecto, en esa &eacute;poca me dieron un presupuesto como para montar una pel&iacute;cula. &Iacute;bamos a estrenar la obra en el Teatro Col&oacute;n, pero ahora hab&iacute;a una denuncia de la embajada de los Estados Unidos en contra de lo que nosotros dec&iacute;amos de Openheimer. Pati&ntilde;o Roselli me dec&iacute;a que para la universidad era muy grave tener en contra a la embajada de Estados Unidos justo cuando iba a recibir un pr&eacute;stamo del BID. Entonces yo le dije: &quot;Si el problema es el art&iacute;culo, pueden retirarlo; son dos paginitas en la mitad del programa de mano. All&aacute;, en el teatro, hay bastantes militares que pueden hacer eso, sacan de los programas las dos hojas y queda resuelto el problema&quot;. &quot;&iquest;Y se puede hacer eso?&quot;, dijo Pati&ntilde;o Roselli. &quot;Claro que se puede&quot;, le contest&eacute;. &quot;&iexcl;Ah! Bueno&quot;, dijo &eacute;l, &quot;entonces ya no hay ning&uacute;n problema. Porque a nosotros no nos preocupa que usted hable contra la iglesia cat&oacute;lica, contra todo lo que quiera. Lo malo es que tenga metido en el programa el cuento ese contra los Estados Unidos&quot;. Entonces no hubo problema, quitamos las dos paginitas del programa y la obra se present&oacute; en el Col&oacute;n. Sin embargo, desgraciadamente, el Comit&eacute; Estudiantil de la Universidad Nacional se enter&oacute; de esta conversaci&oacute;n, y algunos estudiantes editaron en mime&oacute;grafo las dos p&aacute;ginas y las repartieron en la entrada del teatro. El esc&aacute;ndalo fue gigantesco.</p>     <P align="justify">As&iacute;, una obra biogr&aacute;fica, casi hist&oacute;rica, como el <I>Galileo Galilei</I>, se volvi&oacute; una obra de una repercusi&oacute;n pol&iacute;tica gigantesca. De hecho, me toc&oacute; renunciar a la direcci&oacute;n del Teatro Estudio de la Universidad Nacional para evitar que cerraran el Departamento. All&iacute; se quedaron algunos de los profesores que yo hab&iacute;a llamado a trabajar conmigo: Dina Moscovici, Carlos Duplat y Carlos Perozo, entre otros. Otros se salieron conmigo y fundamos la Casa de la Cultura, es decir, el Teatro La Candelaria: Carlos Jos&eacute; Reyes, Eddy Armando, Miguel Torres, Gustavo Angarita y Patricia Ariza, que ya estaba en este proyecto de <I>Galileo Galilei</I>. Nuestro proyecto surge, pues de un asunto que, en el fondo, es muy poco serio. &iquest;C&oacute;mo es posible que suceda algo tan rid&iacute;culo en una instituci&oacute;n tan seria como la Universidad Nacional?</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Pero de alguna manera tambi&eacute;n da cuenta de una paradoja. De </I><I>un lado, lo peque&ntilde;o que es el hombre frente al poder (aqu&iacute; podemos </I><I>evocar la situaci&oacute;n de Galileo frente a la Iglesia), pero, del otro, el </I><I>hecho de que el hombre tambi&eacute;n tiene un gran poder. El gesto de la </I><I>risa disuelve la rigidez del poder y pone a temblar a los poderes.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">Para terminar de responder a tu primera pregunta: nosotros iniciamos el trabajo de la Casa de la Cultura con una obra de Carlos Jos&eacute; Reyes, <I>Soldados</I>, basada en la novela <I>La casa grande</I> de &Aacute;lvaro Cepeda Samudio. Un a&ntilde;o despu&eacute;s invitamos a Alejandro Jodorowski e hicimos un festival de teatro de c&aacute;mara, al que tambi&eacute;n vinieron los venezolanos Rom&aacute;n Chalbaud e Isaac Chocr&oacute;n. Jodorowski trajo su propuesta de espect&aacute;culos &quot;ef&iacute;meros&quot; y de &quot;<I>happenings</I>&quot;. Entonces armamos en la Casa de la Cultura una serie de funciones de ef&iacute;meros y <I>happenings</I> que para m&iacute; fue important&iacute;sima. All&iacute; participaron Kepa Amuch&aacute;stegui y Ricardo Camacho. Hab&iacute;a un mont&oacute;n de gente metida en ese experimento absolutamente loco en el teatro colombiano de los a&ntilde;os sesenta, que era hacer una sesi&oacute;n de un mes de ef&iacute;meros, de <I>happenings</I>, de ins&oacute;litos. Yo hice unos cuantos muy sorprendentes con el pintor Omar Rayo. Y esa actitud de hacer una cosa tan loca convoc&oacute; mucha gente. Aunque era algo que, al mismo tiempo, pon&iacute;a a trastabillar a mucha gente de la que nos segu&iacute;a, sobre todo a la gente de izquierda, que era la que m&aacute;s nos segu&iacute;a, y que se caracterizaba por su estricta seriedad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>O sea, un gesto tambi&eacute;n desestructurador, provocador incluso den</I><I>tro de la pr&aacute;ctica teatral misma. Entre las personas que usted acaba </I><I>de mencionar hay nombres muy relevantes para la historia del teatro </I><I>de estos &uacute;ltimos treinta o cuarenta a&ntilde;os. No solo de aquellos que han </I><I>permanecido en el Teatro la Candelaria, como Patricia Ariza, sino </I><I>tambi&eacute;n otros. Usted mencion&oacute;, por ejemplo, a Miguel Torres, que </I><I>dirige actualmente el Teatro el Local, a Eddy Armando, director del </I><I>Teatro La Mama, y a Ricardo Camacho, director del Teatro Libre. &iquest;La </I><I>experiencia de la Casa de la Cultura fue una especie de cuna del teatro </I><I>colombiano moderno?</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">No todos hac&iacute;an parte de nuestro grupo. Ricardo Camacho estaba en el grupo de teatro de la Universidad de los Andes, aunque tambi&eacute;n se presentaba en la Casa de la Cultura. Los dem&aacute;s nos fuimos separando poco a poco. Eddy Armando se fue con Kepa Amuch&aacute;stegui (que empez&oacute; trabajando conmigo en la <I>Historia del </I><I>zool&oacute;gico</I>), y luego fund&oacute; el Teatro La Mama. Miguel Torres fund&oacute; el Teatro el Local unos a&ntilde;os despu&eacute;s de la fundaci&oacute;n de la Casa de la Cultura. Carlos Jos&eacute; Reyes fund&oacute; el Teatro de Arte Popular, que despu&eacute;s se convirti&oacute; en El Alacr&aacute;n. Todo el mundo fue fundando sus teatros independientes.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Entonces el contacto con Enrique Buenaventura, que trabajaba en </I><I>Cali, es un poco posterior...</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">No, eso viene de antes. Justo despu&eacute;s de que Seki Sano fue expulsado del pa&iacute;s, Fausto Cabrera y yo nos metimos a la Escuela del Distrito, en los s&oacute;tanos de la Avenida Jim&eacute;nez. All&iacute; fundamos el Teatro el B&uacute;ho con varios directores, en el a&ntilde;o 1957. All&iacute; lleg&oacute; Enrique Buenaventura, que ven&iacute;a de Buenos Aires y tra&iacute;a un libreto de una obra que hab&iacute;a escrito all&iacute;, <I>A la diestra de Dios padre</I>. Fausto Cabrera dirigi&oacute; el montaje, y yo hice el papel de San Pedro.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Es decir que ustedes hicieron la primera puesta en escena de esta obra.</I></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">S&iacute;, nosotros montamos la obra antes que el Teatro Experimental de Cali (TEC). Nos presentamos al aire libre en los s&oacute;tanos de la Avenida Jim&eacute;nez y despu&eacute;s, tambi&eacute;n al aire libre, en el barrio Egipto, y hasta hicimos una versi&oacute;n en televisi&oacute;n. Despu&eacute;s, Enrique Buenaventura la mont&oacute; en Cali, en la &eacute;poca de la Escuela de Teatro de Bellas Artes.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>&iquest;Qu&eacute; preocupaciones animaban su trabajo en esta &eacute;poca? Cuando </I><I>uno mira el libro </I>Teatro La Candelaria 1966-1996<I>, descubre que en </I><I>los primeros a&ntilde;os hay muchos autores de la dramaturgia universal </I><I>que hacen parte de su repertorio. &iquest;Podr&iacute;amos pensar esta etapa como </I><I>de apropiaci&oacute;n de esta dramaturgia? &iquest;Cu&aacute;les eran sus motivaciones?</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">Esto puede verse en dos planos. Uno, el de las obras propias, las que nosotros cre&aacute;bamos, lo que empezamos con <I>Soldados</I> de Carlos Jos&eacute; Reyes, que tuvo la mayor repercusi&oacute;n en un p&uacute;blico popular. El otro plano, muy ecl&eacute;ctico, es el de los montajes de <I>La gaviota</I> de Chejov, <I>El Matrimonio</I> de Witold Gombrowicz -que tambi&eacute;n tuvo un &eacute;xito muy grande- y <I>Marat-Sade</I> de Peter Wiess, que montamos en 1965, con el Teatro Estudio de la Universidad Nacional.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Entonces estaban ustedes buscando piezas que convocaran al p&uacute;blico.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">S&iacute;, eso por un lado, y con un repertorio, digamos, ecl&eacute;ctico. Pero por otro lado hab&iacute;a la b&uacute;squeda de una forma de hacer teatro nuestro, que era lo que m&aacute;s nos impulsaba. Por eso tuvo tanta acogida y tanta importancia la llegada de Jodorowski y la realizaci&oacute;n de los ef&iacute;meros. Fue como una especie de ox&iacute;geno muy importante que tuvo el teatro. A finales del 67 o 68, antes de salir de La Casa de la Cultura, vinieron unos integrantes de La Mama Theater, que hicieron una serie de talleres.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>&iquest;La Mama de Nueva York?</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">S&iacute;, de Nueva York. Ven&iacute;an de Polonia y tra&iacute;an todos los ejercicios de Grotowski. As&iacute; lleg&oacute; la moda de Grotowski en 1967. Todos nos dedicamos a hacer yoga, a hacer ejercicios, a leer sobre el &quot;teatro pobre&quot;. Esa fue la segunda oleada importante para el desarrollo del teatro aqu&iacute;. Y vino tambi&eacute;n el teatro del absurdo, que fue tambi&eacute;n muy importante: Fernando Arrabal, Samuel Beckett. Todo esto influy&oacute; much&iacute;simo en m&iacute; m&aacute;s tarde, cuando escrib&iacute; <I>Maravilla estar</I>, donde pueden verse muchos elementos de <I>El Triciclo</I>, que fue una de las primeras obras de Arrabal, a quien encontr&eacute; en Par&iacute;s, que yo mont&eacute;. Y la tercera oleada de todas esas influencias fue la de Brecht. Yo fui a hacer unos estudios en Checoslovaquia, entre el 59 y el 61 y estuve medio a&ntilde;o en Berl&iacute;n, donde me met&iacute; muy a fondo a trabajar en los archivos donde se encontraba la teor&iacute;a brechtiana. Por eso, cuando mont&eacute; a Peter Weiss, trat&eacute; de hacer lo que &eacute;l hab&iacute;a hecho antes, que era fusionar lo que aparentemente era antag&oacute;nico: Beckett y Brecht. En el fondo, esta fue tambi&eacute;n la pirueta de Peter Brook con la obra de Wiess. Aunque debo aclarar que nosotros estrenamos <I>Marat-Sade</I> antes que Peter Brook en Londres.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Con relaci&oacute;n a la primera pregunta que le propon&iacute;a, &iquest;se podr&iacute;a </I><I>decir que ese intento de fusi&oacute;n casi imposible, pero al mismo tiempo </I><I>tan atractiva, de Beckett y Brecht, es una de las constantes que lo ha </I><I>acompa&ntilde;ado en su producci&oacute;n? Saltando bruscamente del periodo del </I><I>que est&aacute;bamos hablando a uno m&aacute;s reciente, en obras como </I>Maravilla estar<I>, </I>Manda patibularia<I> y </I>El Quijote<I>, se identifica una tensi&oacute;n entre </I><I>lo absurdo de la existencia y lo que es necesario denunciar como injus</I><I>to en la existencia. &iquest;Podr&iacute;amos hablar de eso?</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">S&iacute;. Pero antes quiero insistir en esos dos planos que fueron formando el derrotero de La Candelaria. El plano del repertorio, de los autores, de las obras que est&aacute;bamos montando: un gran repertorio universal, donde estaba incluida, por ejemplo<I>, La Orestiada</I> en una versi&oacute;n de Carlos Jos&eacute; Reyes. Y lo otro, que era mucho m&aacute;s interesante que el mismo repertorio y que las obras que est&aacute;bamos montando, que fueron las nuevas miradas sobre el hombre de teatro: la nueva mirada de Jodorowsqui, en quien se puede ver la influencia del teatro de la crueldad de Artaud; la nueva mirada de Grotowski; y la nueva mirada de Brecht -que a m&iacute; me parece todav&iacute;a m&aacute;s nueva que la de Grotowski-. Yo ya hab&iacute;a montado <I>Galileo Galilei</I>, pero con la antigua mirada de Brecht. Fue cuando montamos <I>La buena alma de </I><I>Ts&eacute;-Chuan</I>, obra con la que inauguramos esta sede actual del teatro La Candelaria, que el grupo hizo un estudio m&aacute;s serio sobre Brecht. Y fue esto lo que nos llev&oacute; a ser nosotros mismos los autores de nuestras propias obras, no &quot;a lo Brecht&quot;, sino &quot;con la actitud de Brecht&quot;. <I>Nosotros </I><I>los comunes</I>, por ejemplo, es una obra muy brechtiana, pero no imita ninguna obra de Brecht. Con esta obra, pudimos comprender c&oacute;mo era posible ver nuestra historia a trav&eacute;s de la mirada de Brecht: una obra &eacute;pica, narrada a saltos, sin protagonistas importantes, con antih&eacute;roes. Y esta primera experiencia nos llev&oacute; a la siguiente, <I>Guadalupe </I><I>a&ntilde;os sin cuenta</I>, que nos indic&oacute; por d&oacute;nde hab&iacute;a que buscar un p&uacute;blico.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>En todo caso, es muy importante resaltar que ustedes estaban </I><I>haciendo estos descubrimientos al mismo tiempo que en Europa. </I><I>Estamos hablando del periodo alrededor de 1965, periodo de postgue</I><I>rra y de guerra fr&iacute;a, cuando Europa est&aacute; descubriendo a Beckett, a </I><I>Grotowski, a Brecht.</I></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><I>Cuando uno lee </I>Nosotros los comunes <I>-lamentablemente, nun</I><I>ca pude ver la puesta en escena- lo que m&aacute;s le llama la atenci&oacute;n </I><I>es el desplazamiento de la organizaci&oacute;n del drama. En </I>Nosotros los comunes<I> el espacio del protagonista est&aacute; vac&iacute;o, pero ha sido llenado </I><I>por muchos personajes, y ese es un elemento fundamental en muchas </I><I>piezas de ustedes.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">S&iacute;. Nos propon&iacute;amos buscar episodios que fueran formando una f&aacute;bula en el sentido del teatro de Brecht, episodios en los que se revelara lo in&eacute;dito de la vida cotidiana. Una de las escenitas que montamos en la pieza era precisamente en el mercado, en un puesto de venta de carne en El Socorro, el pueblo donde tiene lugar la Revuelta Comunera. Para nosotros era muy importante mostrar el mundo del siglo XVIII en ese instante de la venta de carne en la placita de El Socorro. Una pelea entre una viejita, que ven&iacute;a a comprar una rila de carne, y el carnicero, que le hab&iacute;a subido el precio. Se arma un l&iacute;o porque entonces el carnicero tampoco ten&iacute;a la culpa, &eacute;l no sub&iacute;a el precio porque se le daba la gana, sino porque le hab&iacute;an aumentado los impuestos. Y se forma un mitin alrededor de la discusi&oacute;n de la viejita con el carnicero. En la obra, este fue uno de los primeros momentos de explosi&oacute;n de la Revuelta de los Comuneros. Esta historia ins&oacute;lita, desconocida, debe llamar la atenci&oacute;n del espectador y obligarlo a reflexionar sobre la revuelta. Este efecto de extra&ntilde;amiento, que es el efecto de lo ins&oacute;lito, vuelve muy importante lo que, generalmente, no tiene ninguna importancia para los tratados de la historia de Colombia.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>&iquest;Se trata, entonces, de mirar esas problem&aacute;ticas sociales que ter</I><I>minan siendo abstractas cuando empiezan a hacer parte del discurso </I><I>oficial, tratar de ver c&oacute;mo afectan en lo concreto a seres muy particu</I><I>lares, muy precisos?</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">S&iacute;, es una forma de minimalismo. Es como la novela de Georges P&eacute;rec, <I>La vida, instrucciones de uso</I>: meterse a un edificio de apartamentos de Par&iacute;s y empezar a ver todas las cositas que hay all&iacute;, y la gente que vive ah&iacute;, pero penetrar profundamente en ese particular, y, al hacerlo, revelar el mundo universal. Eso fue muy importante para nosotros. Ese sistema de encontrar episodios y maneras de actuar que utilizan a Stanislavski, pero que aprovechan al mismo tiempo a Brecht: a Stanislavski en la creencia, en la verosimilitud, en las acciones f&iacute;sicas de la compra y de la venta, del contrato; y a Brecht en la mirada de c&oacute;mo un incidente tan m&iacute;nimo puede producir una revuelta cuyas consecuencias conducen, treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, a la Independencia de Colombia.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Un hecho m&iacute;nimo que tiene profundas repercusiones.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">S&iacute;, como una bola de nieve que va arrastr&aacute;ndolo todo. Y, claro, en la historia estaba el momento en que Antonia Santos rompe el edicto de los impuestos. Pero antes hab&iacute;a habido estos peque&ntilde;os incidentes.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>En la pieza, ustedes presentan los acontecimientos en este orden. </I><I>Es decir, al principio uno ve la discusi&oacute;n de los venteros, y hacia el </I><I>final de esa discusi&oacute;n llega un mensajero y anuncia que a Antonia </I><I>Santos la han detenido porque ella rompi&oacute; el edicto, en una plaza que </I><I>se menciona como un &quot;all&aacute;&quot; de la escena.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">Aj&aacute;, &quot;all&aacute;&quot;.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Y, es a eso precisamente a lo que yo me refiero: el lugar del protago</I><I>nista, para la historia oficial, est&aacute; vac&iacute;o.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">S&iacute;, el lugar del protagonista y del incidente. Es como en el caso de Galilei: muy astutamente, Brecht no pone el incidente de la abjuraci&oacute;n en escena; en cambio, se escucha un bando en el fondo del escenario en el que se anuncia que Galileo abjur&oacute;. Pero Brecht no va a ser tan ingenuo como para presentarle al p&uacute;blico la escena de la abjuraci&oacute;n. De la misma manera, nosotros no mostramos la escena de la decapitaci&oacute;n de Gal&aacute;n. Se oye, por &quot;all&aacute;&quot;, que pas&oacute; Gal&aacute;n, pero nunca mostramos a Gal&aacute;n. De un modo similar, no sacamos a Guadalupe Salcedo en <I>Guadalupe a&ntilde;os sin cuenta</I>. Se oye hablar de &eacute;l, s&iacute;, pero como la sombra que pasa. El h&eacute;roe es una estructura ausente. El h&eacute;roe se vuelve la estructura de la que se habla, es el referente del cual siempre se est&aacute; hablando, pero a partir de incidentes que no son los que habitualmente se consideran como los teatrales, los incidentes importantes, sino los m&iacute;nimos.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><I>Incidentes que hacen que la mirada se centre en el hombre concreto. </I><I>La escena de Galileo que usted justamente evoca, del momento en que </I><I>&eacute;l est&aacute; abjurando, ocurre &quot;all&aacute;&quot; adentro, en un gran sal&oacute;n con todas las </I><I>autoridades de la Inquisici&oacute;n. Sin embargo, Brecht la resuelve &quot;aqu&iacute;&quot;, </I><I>en la actitud del ayudante y la criada que est&aacute;n esperando su salida. </I><I>Y el que sale es el hombre que ya ha abjurado.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">Galileo llega a una placita y se sienta junto a una fuente; entonces viene el alumno con l&aacute;grimas en los ojos mientras afuera suena el bando, y le dice: &quot;Desgraciado el pa&iacute;s que no tiene h&eacute;roes&quot;. Y Galileo le responde: &quot;Error. Desgraciado el pa&iacute;s que necesita h&eacute;roes.&quot; Y ah&iacute;, en esos dos parlamentos, se condensa todo lo que aparentemente significaba el gran aparato de la Inquisici&oacute;n.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Y reaparece toda la iron&iacute;a...</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">La iron&iacute;a, el sarcasmo...</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>...La iron&iacute;a que pone en crisis todo este aparato del estado, del po</I><I>der. En estos &uacute;ltimos minutos usted ha mencionado </I>Guadalupe a&ntilde;os sin cuenta <I>dos veces, y hay varios elementos que confluyen en esta obra. </I><I>Usted ha hablado, por ejemplo, del trabajo de investigaci&oacute;n documen</I><I>tal para </I>Nosotros los comunes<I>. Pero tambi&eacute;n, justamente porque fue </I><I>lo primero que usted plante&oacute;, este trabajo con la risa. Y finalmente esto </I><I>que usted acaba de mencionar, el trabajo con la estructura ausente. </I><I>Son todos elementos que uno identifica en </I>Guadalupe a&ntilde;os sin cuenta<I>. </I><I>Es como si la obra lograra sintetizar esta nueva mirada, esta nueva </I><I>dramaturgia que ustedes empiezan a inventar. Cuando </I>Guadalupe..., <I>&iquest;ya estamos en el a&ntilde;o 1975, tal vez?</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Es 1975, o sea, nueve a&ntilde;os despu&eacute;s del inicio de La Candelaria. <I>Guadalupe</I> viene a ser una especie de s&iacute;ntesis, de <I>summa</I>.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>En </I>Guadalupe<I>... aparecen elementos que caracterizan la drama</I><I>turgia de La Candelaria. En primer lugar, est&aacute; su propia visi&oacute;n del </I><I>tratamiento del h&eacute;roe en Brecht, de esa dial&eacute;ctica de los opuestos, de </I><I>c&oacute;mo el hombre pretende ser una cosa y las circunstancias de la so</I><I>ciedad terminan por arrastrarlo a otra. Por el otro, est&aacute; la oposici&oacute;n </I><I>entre Jer&oacute;nimo y el teniente Robledo, que me interesa mucho porque </I><I>esta visi&oacute;n del h&eacute;roe doble obliga al espectador a realizar una s&iacute;ntesis. </I><I>Los dos personajes son del mismo pueblo, pr&aacute;cticamente pertenecen al </I><I>mismo tipo de campesinos, pero uno se vincula a las guerrillas libe</I><I>rales, mientras que el otro termina encarnando el &quot;colombiantigger&quot;, </I><I>el modelo del soldado antiguerrillero de la &eacute;poca. Estos elementos se </I><I>combinan adem&aacute;s con la ausencia de Guadalupe Salcedo, de quien se </I><I>habla todo el tiempo, pero es tratado en la pieza como una estructura </I><I>ausente. Y, finalmente, est&aacute; el tratamiento del humor, que se plantea </I><I>desde la escena primera, la de la reconstrucci&oacute;n del asesinato.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">El p&uacute;blico nos colaboraba enormemente. Generalmente ten&iacute;amos la sala llena, que participaba fundamentalmente con su risa en la conducci&oacute;n del tema. El tema no pod&iacute;a tratarse bien, canalizarse como tem&aacute;tica, si no era a trav&eacute;s de la risa como forma de ruptura.</p>     <P align="justify">V. V.<I> </I></p>     <P align="justify"><I>S&iacute;, es lo que decimos sobre todo el proceso. Al final de la obra, </I><I>cuando la escena del asesinato ya no se muestra como parte de un </I><I>procedimiento judicial, sino como reconstrucci&oacute;n teatral, el impacto </I><I>en el espectador es muy distinto al del inicio. La escena es pr&aacute;ctica</I><I>mente igual a la primera, pero entre ambas el espectador ha tenido </I><I>que reflexionar, y ha sido llevado a criticar las versiones oficiales, a </I><I>ir m&aacute;s all&aacute; de ellas y comprender cu&aacute;l es la realidad que se esconde </I><I>detr&aacute;s de la &quot;verdad oficial&quot;.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">Una realidad que se repite en la historia misma. Es decir, a trav&eacute;s de <I>Guadalupe</I>, el espectador puede tambi&eacute;n plantearse una perspectiva de c&oacute;mo se traicion&oacute; y se mat&oacute; a Jos&eacute; Antonio Gal&aacute;n, por ejemplo, y de c&oacute;mo se traicion&oacute; a toda la cantidad de h&eacute;roes que hemos tenido ac&aacute;, a Pizarro, a Gait&aacute;n, al otro Gal&aacute;n, a todos. Ellos tratan de reconciliarse, pero en la reconciliaci&oacute;n encuentran la muerte, como pas&oacute; con Zapata en M&eacute;xico. Cuando yo fui invitado a montar <I>Guadalupe a&ntilde;os sin cuenta</I> en M&eacute;xico, all&aacute; se le&iacute;a esta par&aacute;bola a trav&eacute;s de la historia de Zapata. Y cuando la presentamos en Nicaragua era la misma par&aacute;bola de Sandino.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><I>Con </I>Guadalupe a&ntilde;os sin cuenta <I>y </I>Diez d&iacute;as que estremecieron al mundo<I>, sobre todo, aunque tambi&eacute;n con </I>Golpe de suerte<I>, asistimos, </I><I>todos lo sabemos, al resultado de un momento de madurez del Teatro </I><I>La Candelaria. Madurez en el sentido de acrisolamiento y apropia</I><I>ci&oacute;n de las nuevas miradas sobre el fen&oacute;meno teatral, pero madurez </I><I>tambi&eacute;n por la maestr&iacute;a en la creaci&oacute;n colectiva, procedimiento que </I><I>caracteriza a la agrupaci&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo llegan ustedes a la creaci&oacute;n colec</I><I>tiva? En ese momento &iquest;c&oacute;mo surge?</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">M&aacute;s que todo por necesidad. Nosotros vimos que con los autores latinoamericanos o colombianos ten&iacute;amos mucha m&aacute;s resonancia que con un autor europeo. Lo pod&iacute;amos ver con las obras de Jos&eacute; Manuel Freidel, o con las que empez&oacute; a hacer Carlos Duplat, o las que hac&iacute;an Jairo An&iacute;bal Ni&ntilde;o y Jorge Plata. Toda la dramaturgia nacional que comienza a salir en los a&ntilde;os 60 y 70 hace que el teatro evolucione al mismo tiempo que el p&uacute;blico -y eso era lo que nos importaba-. Empezamos a buscar obras latinoamericanas, colombianas, pero vimos que eran muy pocas, y las que hab&iacute;a estaban siendo montadas por el TEC y otros grupos, como el Teatro Libre...</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Las estaba haciendo el grupo respectivo de cada dramaturgo.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">...Vimos que deb&iacute;amos hacer nuestras propias obras, y el grupo resolvi&oacute; volverse autor. La creaci&oacute;n colectiva ten&iacute;a mucha eficacia en Francia, en la experiencia de Arianne Mouchkine con el Teatro del Sol. Y entonces nos lanzamos por ah&iacute;. Para eso nos ayud&oacute; mucho el taller y la experimentaci&oacute;n a partir de Grotowski: que el actor se vuelva autor sin convertirse en el centro del espect&aacute;culo, y el uso de la herramienta de la improvisaci&oacute;n. Esta manera de entender a Grotowski nos sirvi&oacute; mucho. Entonces el grupo fue afilando las garras hasta colonizar el campo del autor y del director omn&iacute;modo. El actor participa en la direcci&oacute;n de la obra, y no solo en la dramaturgia, sino tambi&eacute;n en la puesta en escena.</p>     <P align="justify">Como director, yo deb&iacute;a aprender a tolerar, y eso fue lo m&aacute;s dif&iacute;cil, lo m&aacute;s cruel. Desde el punto de vista de autor, la mayor dificultad fue lograr creer en que cualquiera de los integrantes del grupo, que muchas veces no ten&iacute;a medios expresivos suficientes, no solo pod&iacute;a expresarse como actor, sino tambi&eacute;n como inventor. El grupo fue creyendo en s&iacute; mismo, y despu&eacute;s nos encontramos con magn&iacute;ficos resultados con el p&uacute;blico. Inicialmente hab&iacute;a muchas sospechas de que esas cosas pudieran funcionar. Sin embargo, empezaron a funcionar, y much&iacute;simo.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Me gustar&iacute;a referirme a Artaud, aunque en un sentido diferente. </I><I>&iquest;Hay, en esta reacci&oacute;n que desemboca en la creaci&oacute;n colectiva, una suerte </I><I>de asesinato del padre, de asesinato de la autoridad que significa el texto, </I><I>de la autoridad que significa el autor? &iquest;Eso tambi&eacute;n act&uacute;a en ustedes?</I></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">S&iacute;, much&iacute;simo, porque entonces viene tambi&eacute;n otra ola, muy importante, que es la de la semiolog&iacute;a, la gestualidad y los lenguajes no verbales. Hab&iacute;a una serie de estudios muy importantes de Enrique Buenaventura y el TEC, sobre todo, con hallazgos que se difund&iacute;an en art&iacute;culos y folletos. Los lenguajes no verbales, que se pusieron de moda, encajaban muy bien en la creaci&oacute;n colectiva. La mayor parte de las improvisaciones -las m&aacute;s interesantes- no eran el producto de un libreto, sino del hecho de que a alguien, o a un grupo, se le ocurr&iacute;a inventar una escena, muchas veces cantada o hablada en jerigonza -pues lo importante no era el di&aacute;logo, sino la acci&oacute;n de las contradicciones en las situaciones concretas-. M&aacute;s tarde ven&iacute;a el trabajo sobre los di&aacute;logos, trabajo que algunas veces se hizo despu&eacute;s de los estrenos. Yo escrib&iacute; <I>Guadalupe </I>uno o dos meses despu&eacute;s de la primera presentaci&oacute;n, obras como <I>La ciudad dorada</I> o <I>Nosotros </I><I>los comunes</I>, despu&eacute;s de cuarenta o treinta presentaciones, cuando el texto verbal ya descansaba firme sobre el piso fundamental de las acciones teatrales. Al principio, esos libretos eran como guiones de cine, como un <I>canovaccio</I> en el que se relataban las acciones, sin que hubiera casi ninguna escritura de di&aacute;logo.</p>     <P align="justify">Esto nos condujo tambi&eacute;n a un cierto libertinaje, frente al que fuimos muy cr&iacute;ticos, por ejemplo en <I>Los diez d&iacute;as que estremecieron </I><I>al mundo </I>y la &uacute;ltima creaci&oacute;n colectiva que hicimos en esa etapa, <I>Golpe de suerte</I>. Nuestra reacci&oacute;n fue la de volver al texto hablado. Por eso montamos <I>Vida y muerte severina</I>, de Jo&atilde;o Cabral de Melo Neto, un texto en verso con una traducci&oacute;n muy buena que hab&iacute;amos conseguido en La Habana. As&iacute;, nos sometimos a la rigidez del texto. Y tambi&eacute;n como reacci&oacute;n contra aquel libertinaje, escrib&iacute; en verso la obra sobre la muerte de Atahualpa, <I>Corre, corre </I><I>chasqui Carig&uuml;eta</I>, en la que el actor no pod&iacute;a cambiar las palabras ni desplazarlas porque destru&iacute;a el ritmo y la rima. Estas dos obras significaron un retorno a la seriedad del texto verbal.</p>     <P align="justify">Pero buscamos nuevamente la independencia del texto verbal con <I>El paso</I>, y regresamos otra vez al reino de la gestualidad. <I>El paso</I> es el reino de los lenguajes no verbales: de los ademanes, de las miradas, de los susurros, de los murmullos. Pero hubo otra obra que nos sirvi&oacute; much&iacute;simo para recuperar el texto, que fue la <I>Historia del </I><I>soldado </I>de Stravinski.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Pero, en este recuento de obras, es </I>Di&aacute;logo del rebusque <I>el territo</I><I>rio hacia el que nos estamos moviendo.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify"><I>Di&aacute;logo del rebusque </I>fue una reacci&oacute;n a <I>Golpe de suerte</I>, que era como una repetici&oacute;n del mismo esquema de <I>Guadalupe a&ntilde;os </I><I>sin cuenta</I>, aunque el tema del narcotr&aacute;fico era muy interesante. Si hoy se presentara esta obra como la hicimos en esa &eacute;poca, ser&iacute;a una bomba at&oacute;mica. En ese momento el narcotr&aacute;fico era una cosa casi desconocida. Pero el problema de <I>Golpe de suerte </I>era que repet&iacute;a las f&oacute;rmulas que ya hab&iacute;amos encontrado.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I> S&iacute;, hay elementos formales que uno puede identificar, que vienen </I><I>de </I>Guadalupe<I>...</I></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">S&iacute;, de <I>Guadalupe</I>... y de <I>Los diez d&iacute;as que estremecieron al mundo</I>...</p>     <P align="justify">V. V<I>.</I></p>     <P align="justify"><I>Pero tambi&eacute;n me interesa el v&iacute;nculo entre esa obra y </I>El paso<I>. En </I><I>una entrevista para la revista </I>Conjunto<I>, usted dec&iacute;a que en Colombia </I><I>el problema del narcotr&aacute;fico estaba ligado a c&oacute;mo se interpretaba aqu&iacute; </I><I>el poder. En esa entrevista, usted vinculaba las tem&aacute;ticas de las dos </I><I>obras, aunque el tratamiento sea diferente.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">En <I>Golpe de suerte </I>se encuentran todos esos hallazgos estructurales que tiene <I>Guadalupe</I>: se trata de una obra epis&oacute;dica con un enfrentamiento de dos polos. En <I>El paso</I>, en cambio, volvimos de un modo muy radical y claramente intencionado al problema del lenguaje no verbal. Pero la b&uacute;squeda m&aacute;s importante de <I>El paso</I> fue el querer hacer una obra aristot&eacute;lica, es decir, una obra que tuviera unidad de lugar y de tiempo, cuyos personajes fueran muy elaborados. Este era un problema que hab&iacute;amos heredado de <I>Di&aacute;logo del </I><I>rebusque</I>: procurar que en La Candelaria los personajes no fueran m&aacute;scaras, personajes epis&oacute;dicos, como los de <I>Guadalupe</I>, <I>Los diez </I><I>d&iacute;as</I> o incluso <I>Golpe de suerte</I>. En esta obra ya se empezaba a vislumbrar la necesidad de crear un personaje como Palomino, y esto nos llev&oacute; a dar un paso m&aacute;s en el <I>Di&aacute;logo del rebusque</I>: la elaboraci&oacute;n de don Pablos a partir del relato de Quevedo. Busc&aacute;bamos crear un personaje que no fuera epis&oacute;dico, sino que constituyera el eje fundamental de la obra y que estuviera presente de principio a fin.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Como una manera de volver a recuperar una suerte de protagonista...</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">El protagonista, don Pablos, con su coprotagonista, el Diablillo, que sacamos de <I>El diablo cojuelo</I>, y una especie de personaje de cuento maravilloso, que es el donador, el Diablo Mayor, que le otorga a don Pablos la oportunidad de salir de los infiernos y relatar su vida. <I>Di&aacute;logo del rebusque </I>nos permiti&oacute;, en primer lugar, recuperar lo que est&aacute;bamos perdiendo: la riqueza del di&aacute;logo, del texto y del verbo, puesto que ten&iacute;amos nada menos que a Quevedo, cuyo texto es de una riqueza extraordinaria. Tambi&eacute;n nos permiti&oacute; explorar las posibilidades de la l&iacute;nea argumental que nos suministraba Quevedo, junto a nuestras piruetas con Brecht acerca de la narraci&oacute;n con rupturas y quiebres, echando para delante y para atr&aacute;s, jugando con el tiempo, movi&eacute;ndonos en el cronotropo de la obra. En tercer lugar, pudimos usar el espacio de la representaci&oacute;n como una plaza de car&aacute;cter polif&oacute;nico, donde llegan las gentes a contar sus historias, a la manera del espacio carnavalesco de Bajtin, a quien comenzamos a leer entonces. El relato carnavalesco, juglaresco, fue decisivo en el camino que abrimos con <I>El di&aacute;logo del rebusque</I>, y que retomamos despu&eacute;s con <I>En la raya</I>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><I>El Paso</I> nos sirvi&oacute; para dar el paso del mundo rural que siempre hab&iacute;amos tratado, sobre todo en <I>Guadalupe</I>, al mundo de la ciudad. Este paso nos permiti&oacute; entrar, como en <I>Golpe de suerte</I>, al problema del narcotr&aacute;fico, que es lo que nos ha urbanizado en Colombia, lo que nos ha hecho ciudadanos del mundo, lo que nos ha dado a conocer en el mundo entero, lo que nos ha dado una identidad, buena o mala, o lo que sea; pero eso fue lo que nos puso en la mitad del siglo XX.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Antes de volver a ese planteamiento, que me parece tan importan</I><I>te, hay una cosa que quisiera resaltar. </I>Di&aacute;logo del rebusque<I> significa </I><I>el retorno al protagonista con continuidad, que es distinto al protago</I><I>nista epis&oacute;dico de obras anteriores. Pero no se trata de un retorno al </I><I>protagonista del teatro naturalista, es decir, a ese modelo de hombre </I><I>real cuya historia se relata en la obra. Yo intuyo que su origen textual </I><I>de alguna manera hace imposible esta recuperaci&oacute;n del protagonista </I><I>de corte naturalista. En su origen literario, el protagonista es, &eacute;l mis</I><I>mo, texto.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">Al mismo tiempo que es el protagonista de la <I>Historia de la vida </I><I>del busc&oacute;n</I>, de Quevedo, el Diablo Mayor le ha otorgado la posibilidad de contar su propia vida. &Eacute;l tiene la libertad de inventarla, de mentir casi, de construir una nueva vida en el escenario. Esto es lo que el Diablo Mayor le obstaculiza permanentemente, que diga mentiras. Y esa es la raz&oacute;n por la que Quevedo, en un momento dado, le dice &quot;un momentico, ese no fue el personaje que yo cre&eacute;. Usted est&aacute; inventando, est&aacute; tratando de ser mejor de lo desgraciado que fue&quot;. Ese protagonista es un antih&eacute;roe, un pobre diablo al estilo de Chaplin. Pertenece a lo m&aacute;s bajo del estamento social, no puede ser modelo de virtud ni de nada, es un tramposo, el hijo de un ladr&oacute;n, el hijo de una puta, alguien que escapa a un escenario para contar su vida, una vida que no tiene ning&uacute;n m&eacute;rito para ser contada, la vida de un truhan que quiere escalar posiciones en la vida social. Su &uacute;nico m&eacute;rito es su habilidad para decir mentiras, incluso sobre su propia vida. Su biograf&iacute;a inventada es un desastre tal, que &eacute;l ni siquiera merece el infierno. Es la vida de un tipo que no existe, pero que se vuelve existencia por el milagro del teatro, que permite que alguien vuelva a vivir su propia vida, pero inventada por un actor.</p>     <P align="justify">Ese experimento que se hace con ese personaje anti-heroico, sacado de la reflexi&oacute;n bajtiniana, de la tradici&oacute;n chaplinesca, del mundo del carnaval, y claro, del mundo de Brecht, nos llev&oacute; a otras aventuras, como <I>En la raya </I>y <I>El Quijote</I>. Esta aventura consiste en extraer un teatro no narrativo de las entra&ntilde;as de la gran literatura narrativa, un teatro de acci&oacute;n y no de narraci&oacute;n. Esta hab&iacute;a sido tambi&eacute;n una ense&ntilde;anza que nos hab&iacute;a dejado <I>Vida y Muerte severi</I><I>na</I>: que el personaje no es lo que se dice de &eacute;l, sino lo que &eacute;l hace. El protagonista mismo lo dice en la escena: &quot;Voy a contar mi vida, pero lo que yo voy a hacer en la escena es lo &uacute;nico que va a constituir mi vida. Son los hechos de mi vida los que me van a volver personaje.&quot;</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Pero en </I>Di&aacute;logo del rebusque <I>ustedes encuentran una manera de </I><I>hacer que el protagonista no sea naturalista -yo sigo con mi idea- al </I><I>introducir en el protagonista una condici&oacute;n dial&oacute;gica. No hay un dis</I><I>curso &uacute;nico que pueda describir la vida del personaje. Esto se ve cla</I><I>ramente en la discusi&oacute;n que don Pablos mantiene con su autor. Hay </I><I>cierta polifon&iacute;a de lo oficial -para citar de nuevo a Bajtin-, pero esta </I><I>no se da con relaci&oacute;n a la historia, como suceder&iacute;a en </I>Guadalupe...<I>, </I><I>sino con relaci&oacute;n a la literatura, al arte mismo. El autor y su obra </I><I>enfrentados en un di&aacute;logo que hace aparecer todo lo polif&oacute;nico del </I><I>personaje.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">Esto puede mirarse tambi&eacute;n desde distintos &aacute;ngulos, porque lo que se hace en la escena no es la verdad. Es decir, la intenci&oacute;n no es contar la vida verdadera de don Pablos, porque, como relator de su vida &eacute;l es esencialmente un mentiroso. Y esta es la esencia misma del actor y del teatro: el mito, la mentira. Lo que pasa en la escena no puede ser verdad, y esta discusi&oacute;n ante el p&uacute;blico acerca de la verdad y la mentira lo vuelve luminoso y atractivo. El p&uacute;blico no puede ir al teatro en busca de la verdad en la escena, como quien va a buscar una verdad metaf&iacute;sica. No, como espectador, yo voy a encontrar una mentira; pero una mentira que se puede mirar de muchas maneras, que es polif&oacute;nica y que, de pronto, encierra la verdad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">V. V. </p>     <P align="justify"><I>En esa reflexi&oacute;n yo percibo, desde afuera, que La Candelaria -y </I><I>Santiago Garc&iacute;a, porque como ya dijimos al principio no podemos </I><I>separar el grupo del dramaturgo- ha empezado a abandonar la dis</I><I>cusi&oacute;n cr&iacute;tica sobre lo real, sobre los conflictos sociales, sobre la histo</I><I>ria de nuestro pa&iacute;s, sobre todo lo que dio un fruto tan productivo en </I>Guadalupe<I>..., y ha llegado a una pregunta m&aacute;s honda, m&aacute;s profunda </I><I>sobre lo humano. La f&oacute;rmula con que se podr&iacute;a describir este proceso </I><I>de pasar de los aspectos m&aacute;s hist&oacute;ricos, ideol&oacute;gicos y did&aacute;cticos a una </I><I>pregunta m&aacute;s de reflexi&oacute;n filos&oacute;fica es la del desplazamiento de lo &eacute;pi</I><I>co-cr&iacute;tico hacia lo ontol&oacute;gico, como lo han se&ntilde;alado algunos cr&iacute;ticos. </I><I>Es esto lo que yo veo desde afuera. &iquest;Usted piensa que ese tr&aacute;nsito se </I><I>dio, o que se trata m&aacute;s bien de dos niveles que siempre han coexistido </I><I>en el trabajo de La Candelaria?</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">Lo que ocurre es que uno no hace esas distinciones racionalmente durante el proceso de creaci&oacute;n. Es despu&eacute;s cuando uno descubre que el teatro, que es un juego de referencias, est&aacute; siempre contando una historia, pero al mismo tiempo est&aacute; contando otra. Si uno est&aacute; contando la historia de Guadalupe Salcedo en<I> Guadalupe, a&ntilde;os sin </I><I>cuenta</I>, al mismo tiempo est&aacute; contando la historia actual de Manuel Marulanda, &quot;Tirofijo&quot;, en este momento de di&aacute;logos con el gobierno. Se est&aacute; refiriendo al intento de hacer un di&aacute;logo en el que, probablemente -si &eacute;l le cree al gobierno y le entrega las armas-puede pasarle lo mismo que le pas&oacute; a Guadalupe, que es lo que le pas&oacute; a Atahualpa y a Moctezuma. Se trata del mismo di&aacute;logo: cuando uno habla de Guadalupe Salcedo, est&aacute; hablando de todos los di&aacute;logos de paz que ha habido, que constituyen el referente del espectador. Aqu&iacute; se encuentra la funci&oacute;n po&eacute;tica inmediata de la obra, que es una manera de evitar el contar la historia simplemente, el naturalismo en el relato.</p>     <P align="justify">Pero a m&iacute; me parece muy interesante lo que t&uacute; dices, porque tambi&eacute;n hay otro polo, otro referente m&aacute;s profundo, con lo que se formar&iacute;a un tri&aacute;ngulo de referentes. Al mismo tiempo que uno est&aacute; hablando de un referente pol&iacute;tico social conocido, est&aacute; hablando de cosas m&aacute;s profundas, que tienen que ver con la existencia humana, cosas de las que es muy dif&iacute;cil hablar, y que solo se pueden decir a trav&eacute;s de esos dos primeros niveles: la historia que uno est&aacute; contando y aquello a lo que se refiere la historia. Lo que est&aacute; detr&aacute;s, el significado profundo, ser&iacute;a ese problema de la existencia humana, el de vivir debati&eacute;ndose en un pantano de b&uacute;squedas e incertidumbres que constituye el &quot;mundo oscuro&quot; del que venimos-como lo llama Aldo en <I>Maravilla estar</I>-, cuyo conocimiento me atrae profundamente, pero que solo puedo conocer a trav&eacute;s de esos mitos. Tales mitos, adem&aacute;s, tienen un referente directo, que para mucha gente es el referente pol&iacute;tico y social. Pero yo creo que uno no se puede contentar con eso, uno tiene que seguir buscando otra cosa, una cosa m&aacute;s interna.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Pero, aunque toda pieza de teatro remite a esas tres esferas, a ese </I><I>tri&aacute;ngulo del que usted habla, en algunas de sus &uacute;ltimas obras la </I><I>met&aacute;fora proviene m&aacute;s de lo pantanoso informe, antes que de una </I><I>configuraci&oacute;n hist&oacute;rica y social precisa. Es decir, hay piezas como </I>Guadalupe...<I> que, remitiendo tambi&eacute;n a un problema fundamental</I><I>mente humano, lo que expresan en su estructura superficial queda </I><I>atrapado en un contexto sociopol&iacute;tico muy preciso. Pero, en cambio, </I><I>hay otras obras en las que usted arriesga una met&aacute;fora que estar&iacute;a </I><I>m&aacute;s cercana al &quot;lado del pantano&quot;. En </I>La trifulca<I>, por ejemplo, se </I><I>escamotean, yo dir&iacute;a que conscientemente, los referentes muy inme</I><I>diatos para que la obra no quede atrapada f&aacute;cilmente en ese marco </I><I>sociohist&oacute;rico. Y lo mismo ocurre en </I>Maravilla estar<I>, donde hay esta </I><I>met&aacute;fora del espacio vac&iacute;o, del venir de ese otro lado, aquel cenagoso </I><I>lugar donde existimos.</I></p>     <P align="justify"><I>Y esto tambi&eacute;n puede verse en </I>El paso<I>. Al comienzo de esta en</I><I>trevista, usted hablaba del legado beckettiano que se busca encontrar </I><I>con el brechtiano, encuentro que se manifiesta en esta situaci&oacute;n de </I><I>desamparo metaf&iacute;sico, podr&iacute;amos decir, en el que viven personajes tan </I><I>concretos como los de </I>El paso<I>. Igualmente, en </I>En la raya<I>-la pieza </I><I>que usted mencionaba, de la que no hemos hablado- hay algo que a </I><I>m&iacute; me parece absolutamente fascinante: la puesta en evidencia de la </I><I>precariedad de lo humano. S&iacute;, es cierto que nosotros reconocemos a los </I><I>personajes en nuestra cotidianidad -la de una ciudad como Bogot&aacute;, </I><I>azotada por la demencia de las &quot;limpiezas sociales&quot;-, pero al mismo </I><I>tiempo la inminencia de la muerte construye la met&aacute;fora de que, en </I><I>&uacute;ltimas, el hombre vive muy desprotegido en el mundo. Quiero decir, </I><I>hay algunas piezas en las que esta met&aacute;fora est&aacute; m&aacute;s atrapada por </I><I>referentes inmediatos, y hay otras en las que esos referentes se borran. </I><I>&iquest;Usted c&oacute;mo percibe esta divisi&oacute;n?</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">En el caso de <I>Maravilla estar</I>, por ejemplo, fui inventando la obra remiti&eacute;ndome a otras obras. En primer lugar, a <I>Alicia en el pa&iacute;s de </I><I>las maravillas</I>, de la que tom&eacute; la estructura de esa ca&iacute;da en un hueco donde todo es posible, donde la vida puede ser manejada por uno mismo para agrandarla o achicarla, para vivirla hacia delante o hacia atr&aacute;s. Mi referente inmediato fue ese juego con el tiempo y el espacio, como ese juego con el cronotopo que plantea Lewis Carrol.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Otro referente inmediato fue mi infancia, mi propia vida, que el p&uacute;blico, obviamente, no tiene por qu&eacute; conocer, pero que me sirve mucho de polo a tierra. Y esto conduce, inexorablemente, a tocar ese otro mundo que uno no se atreve a mentar, del cual no se atreve a hablar, que es el de la existencia humana. El mundo de los grandes porqu&eacute;s de la existencia humana, de eso que t&uacute; hablas como ese desamparo en el cual se encuentra el hombre, de esa precariedad del destino, del por qu&eacute; estamos aqu&iacute;, qu&eacute; es la vida y hacia d&oacute;nde vamos -para evocar el t&iacute;tulo del cuadro de Gauguin <I>&iquest;De d&oacute;nde ve</I><I>nimos? &iquest;Qui&eacute;nes somos? &iquest;Para d&oacute;nde vamos</I><I> ?</I><I>, </I>que resume<I> </I>las cosas inquietantes de la vida.</p>     <P align="justify">Aqu&iacute; radica, para m&iacute;, la mirada que yo puedo tener de lo no-serio que mencion&aacute;bamos al principio. Porque yo s&eacute; que esas preguntas inquietantes no van a tener respuesta. Si yo supiera que tienen respuesta me tomar&iacute;a en serio estas cuestiones. La &uacute;nica manera en que puedo enfrentar esas inquietantes preguntas es evadiendo la seriedad; quiero decir, evadiendo la seriedad de lo m&aacute;s serio, que ser&iacute;a Dios, el Uno o la autoridad. Yo la evado con la mirada de la paradoja, de lo no-serio, de la burla, de la iron&iacute;a.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Como si fuesen unas preguntas que son permanentes...</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">Y muy serias...</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify">...<I>Y cada obra de teatro es como una aproximaci&oacute;n l&uacute;dica, aunque </I><I>tambi&eacute;n riesgosa, a ellas.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">En una escena de nuestra &uacute;ltima obra, <I>De caos y deca caos</I>, un tipo le muestra una galer&iacute;a de cuadros a una chiquilla, y cita una frase de Picasso: &quot;Si sabemos lo que estamos buscando, &iquest;para qu&eacute; buscarlo entonces?&quot; Pues es porque no lo sabemos que lo buscamos; sabiendo que no lo vamos a encontrar. O lo que dice Einstein del universo: &quot;Lo m&aacute;s concebible que puede haber sobre el universo es que es inconcebible&quot;. &Eacute;l parte de la premisa de que lo que hace que el universo sea concebible es, precisamente, el hecho de que no se puede concebir. Esto le quita seriedad a cualquier investigaci&oacute;n seria y cient&iacute;fica que se pueda hacer en estos momentos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>En sus &uacute;ltimas piezas est&aacute; tambi&eacute;n presente el tema de la muerte: </I><I>en </I>La trifulca<I> como la lucha entre la vida y la muerte por el Ni&ntilde;o </I><I>Benny; en </I>En la raya <I>la idea de l&iacute;mite nos recuerda que vivimos en la </I><I>cuerda floja; en </I>Manda patibularia <I>el hombre no sabe exactamente </I><I>por qu&eacute; lo van a matar, est&aacute; huyendo del encuentro con la muerte, </I><I>pero sabe que esta se aproxima. La muerte tambi&eacute;n est&aacute; presente en </I>Maravilla estar<I>, en la medida en que Aldo teme perderse porque no </I><I>tiene los referentes de su propia historia, porque lo asalta el miedo de </I><I>no tener el control sobre s&iacute; mismo, lo que significar&iacute;a su disoluci&oacute;n.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">Claro. Yo hice <I>Maravilla estar</I> acord&aacute;ndome de un viaje que hicimos a M&eacute;xico. &Iacute;bamos con <I>El di&aacute;logo del rebusque</I> y nos llevaron a hacer unas presentaciones en la frontera entre M&eacute;xico y Estados Unidos -entre otros, en un sitio que se llamaba, justamente, El paso-. En los sitios donde nos qued&aacute;bamos, ve&iacute;amos que hab&iacute;a un mundo de gente, colombianos, dominicanos, mexicanos, que estaban ah&iacute;, en la frontera, esperando a ver a qu&eacute; horas pod&iacute;an pasar al otro lado: a ese otro lado luminoso, a ese mundo, que es el mundo que, en <I>Maravilla estar</I>, Alicia le ofrece a Aldo: ese mundo que est&aacute; all&aacute;, que es el salto que hay que dar. Pero ese mundo que est&aacute; all&aacute;, en realidad no existe, es imaginario. Esto fue lo que me motiv&oacute; para crear la historia de Aldo, un personaje al que le roban cinco a&ntilde;os de su vida, que no sabe qu&eacute; fue lo que le pas&oacute;, porque le vendi&oacute; su alma al diablo. Es el mito de <I>La historia del soldado</I>, un mito muy viejo: el de la p&eacute;rdida de la vida, como si dentro de tu propia vida tuvieras unos huecos que son muertos, de los cuales no te puedes acordar, y que son robados, precisamente, cuando te vendes a la felicidad.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>S&iacute;. Yo ten&iacute;a justamente la palabra &quot;discontinuidad&quot; en la cabeza. </I><I>El universo de Aldo no es continuo...</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">No es continuo porque &eacute;l le vende su alma a la felicidad, y as&iacute; renuncia a la reflexi&oacute;n, a la posibilidad de detenerse y reflexionar sobre qu&eacute; es la vida. Ese es el precio que hay que pagar, como si fuera la muerte.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Hay que pagar este precio, porque mientras vamos viviendo no </I><I>tenemos tiempo para reflexionar sobre qu&eacute; es la vida.</I></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">Y tampoco la podemos repetir, pues lo &uacute;nico que nos permitir&iacute;a entender la vida ser&iacute;a repetirla, aunque fuera durante un minuto, para uno darse cuenta de c&oacute;mo es, para experimentar. Esto es lo que trata de hacer Pablos en <I>El di&aacute;logo del rebusque</I>: quiere que le permitan volver a presentar su vida para entender qu&eacute; es y por qu&eacute; es as&iacute; -&quot;qu&eacute; es y por qu&eacute;&quot; son las palabras que &eacute;l usa-. Entonces, si yo repito la vida, puedo entenderla. Por eso es tan importante el teatro, porque permite volver a vivir la vida, aunque sea de mentiras, porque es el espacio en el que podemos repetir la existencia, podemos repetir el tiempo, echarlo para atr&aacute;s, para adelante, reconstruirlo.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Claro. Pero si la opci&oacute;n es como la de Aldo, que pierde la vida al </I><I>detenerla para reflexionar sobre ella, entonces la reflexi&oacute;n no lleva a </I><I>la vida verdadera, sino a una vida discontinua, con huecos, con sal</I><I>tos, en la que finalmente el protagonista, es decir el hombre, termina </I><I>simplemente siendo juguete de un mundo arbitrario, que ha perdido </I><I>su l&oacute;gica en esos huecos de la memoria.</I></p>     <P align="justify"><I>Tambi&eacute;n es muy importante en </I>Maravilla estar <I>esa reflexi&oacute;n suya </I><I>sobre el teatro. El mundo de Alicia, el mundo a donde llega Aldo, </I><I>es un mundo supremamente teatral, cuyo referente inmediato no es </I><I>la vida real, sino que en &eacute;l aparece el disfraz, la transformaci&oacute;n, el </I><I>desdoblamiento.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">El mundo del teatro en s&iacute; es el mundo de la magia, del salto, de la acrobacia. Es, en parte, el mundo que buscan todos esos emigrantes en la frontera entre M&eacute;xico y los Estados Unidos, y que quieren dar ese salto: del mundo del subdesarrollo y la carencia, al mundo de la riqueza y la maravilla. Pero el precio de ese salto es la vida perdida. M&aacute;s que la vida, se pierde la memoria.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Se trata de la paradoja que se da al cambiar de identidad por al</I><I>canzar la felicidad. La zona de frontera, ahora que usted lo menciona, </I><I>es como ese momento en el que estamos dejando de ser los que somos, </I><I>pero todav&iacute;a no hemos llegado a ser eso otro que estamos buscando.</I></p>     <P align="justify"><I>Para cerrar esta conversaci&oacute;n, quisiera que nos refiri&eacute;ramos a su </I><I>&uacute;ltima creaci&oacute;n, </I>De caos y deca caos<I>. En ella hay dos elementos que </I><I>me llaman la atenci&oacute;n. Por un lado, la elaboraci&oacute;n muy consciente de </I><I>lo fragmentario, de la discontinuidad. Si en </I>Maravilla estar<I> habl&aacute;ba</I><I>mos de la discontinuidad de la conciencia de Aldo, el personaje, en </I><I>esta nueva obra esa discontinuidad se expresa ya en la forma exterior, </I><I>en la estructuraci&oacute;n de un relato por cuadros. En segundo lugar, esta </I><I>obra hace una radiograf&iacute;a despiadada de una clase. Para un artista </I><I>que est&aacute; siempre haciendo s&iacute;ntesis, cerrando etapas y abriendo otras </I><I>nuevas, &iquest;es </I>De caos y deca caos<I> una s&iacute;ntesis que vuelve a juntar el </I><I>aspecto m&aacute;s documental que hab&iacute;a en la &eacute;poca de </I>Guadalupe a&ntilde;os sin cuenta<I> con estas nuevas visiones formales de lo discontinuo, de </I><I>lo fractal, a las que hace referencia el programa de mano de la obra?</I></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify"><I>De caos y deca caos</I> es la obra de m&aacute;s creaci&oacute;n colectiva que hemos hecho en La Candelaria -si podemos usar el adverbio de cantidad para la expresi&oacute;n &quot;creaci&oacute;n colectiva&quot;-.Yo la veo como un intento del grupo, a la vez consciente e inconsciente, de hacer una obra en la que no haya metarrelato. Eso fue lo m&aacute;s importante. Buscamos evitar el metarrelato que hay en<I> El Quijote</I> o en <I>Guadalupe a&ntilde;os sin </I><I>cuenta</I>. Procuramos que no hubiera una unidad narrativa, sino una fractalidad -y no precisamente una fragmentaci&oacute;n. Son fractales que no se refieren a un cuento, sino a una manera de ver el tiempo-espacio de un modo no lineal, como una posibilidad de visiones simult&aacute;neas de ese mismo tiempo. Es casi como la t&eacute;cnica cubista, que consiste en tomar un objeto y mirarlo por muchos lados. Y ese mismo objeto es, a la vez, varios objetos. Esa es la visi&oacute;n de la geometr&iacute;a fractal, cuyo ejemplo es la mu&ntilde;eca rusa, la matriuska: una mu&ntilde;eca metida en otra, pero siempre la misma mu&ntilde;eca. En los t&eacute;rminos de la obra, se trata del mismo relato, el mismo peque&ntilde;o relato que se repite una y otra vez, pero sin que este forme parte, por ejemplo, del gran relato de la historia de la burgues&iacute;a. Quisimos explorar una manera de ver un incidente en la vida de un hombre, de un ser que trata de construirse una estabilidad, una seguridad, y que por un elemento del azar vive el derrumbe de esa estabilidad y cambia totalmente.</p>     <P align="justify">El primer cuadro es de una familia donde todo est&aacute; en orden y, espacialmente, se representa en un plano en blanco y negro. Ese plano es de una gran seriedad, encarna la b&uacute;squeda de la clase dirigente, la clase alta, que es la seguridad y el ocio -el hecho, por ejemplo, de que un desayuno pueda durar mucho tiempo-, pues el poder le da al hombre tiempo para el ocio. De un momento a otro, esto se desbarata a causa de un impulso animal violento, que es enterrarle a alguien, al otro, un tenedor en la mano.</p>     <P align="justify">En much&iacute;simas improvisaciones buscamos desarrollar el mismo esquema. As&iacute; ocurre, por ejemplo, en el cuadro de las cenizas de la abuela: una familia muy honorable se re&uacute;ne para hacer una &uacute;ltima ceremonia ante las cenizas de la abuela que ha muerto, y en un momento dado todo esto estalla cuando la hija se vuelve loca, porque, de pronto, un texto de la Biblia la hace recordar que en el pasado el pap&aacute; la viol&oacute;. Por esa misma &eacute;poca -aunque un poco despu&eacute;s- ocurri&oacute; el derrumbe de las Torres Gemelas en Nueva York, que tiene un sentido similar. La seguridad de un pa&iacute;s, de un imperio fundado en la certidumbre y en la imposibilidad del cambio se derrumba de un momento a otro, por la acci&oacute;n de unos tipos con unos tenedores pl&aacute;sticos, para decirlo en los t&eacute;rminos de nuestra obra. Y estos tipos han transformado en un instante el futuro de un siglo.</p>     <P align="justify">El elemento fractal, la <I>kinesis</I> de los movimientos brownianos de las part&iacute;culas que uno ve en el sol, esa confirmaci&oacute;n de la f&iacute;sica cu&aacute;ntica de que el movimiento es siempre movimiento discontinuo, nos se&ntilde;alaron la senda de la discontinuidad. Esa discontinuidad es la que quisimos dar en la obra. Buscamos que cada uno de los diez cuadros, que cada uno tuviera una autonom&iacute;a total, que no remitiera a un metarrelato, y que los cuadros aut&oacute;nomos se vincularan con unas transiciones casuales, que nosotros llamamos <I>cupl&iacute;s</I>. Quisimos hacer una obra que no tuviera principio, que comenzara cuando la gente entra al teatro, que el p&uacute;blico no supiera cu&aacute;ndo comenzaba la obra, y que tampoco tuviera final. Esto es algo que nunca hab&iacute;amos podido lograr en La Candelaria, el experimento de meter al p&uacute;blico en algo frente a lo cual tiene mucha resistencia, algo que carece de unidad. Buscamos que la gente goce viendo una cosa que puede producirle cierto rechazo, pues no tiene coherencia, que es un caos, como la vida. El primer cuadro de la obra puede ser el &uacute;ltimo, y el &uacute;ltimo puede ser el primero. La arbitrariedad de la disposici&oacute;n de esos cuadros es absoluta, pues se estableci&oacute; casi que por cabal&iacute;stica.</p>     <P align="justify">Y encontramos que ese experimento, frente al que est&aacute;bamos muy recelosos, sobre todo al comienzo, le produce risa a la gente, y sobre todo a la gente joven. El p&uacute;blico se r&iacute;e mucho, y no ve la obra como una obra pol&iacute;tica expl&iacute;citamente. Es decir, esta obra es, obviamente, una cr&iacute;tica a la burgues&iacute;a, a los modales de la gente de ac&aacute;, aunque no nos referimos a ninguna persona en concreto, pero nosotros hemos tratado de ver en esta clase lo ef&iacute;mera que es la estabilidad de la vida humana, de ver, a trav&eacute;s de esta clase, que cualquier cosa que t&uacute; te construyes es como una pompa de jab&oacute;n que, necesariamente, tiene que reventarse.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Uno reconoce en la estructura interna de los peque&ntilde;os cuadros una </I><I>met&aacute;fora de lo que dicen de la teor&iacute;a del caos, de que el batir de alas de </I><I>una mariposa en la selva amaz&oacute;nica puede provocar un maremoto en </I><I>Filipinas. &iquest;Esta obra es un intento de explorar la dramaturgia del caos?</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">La dramaturgia del caos est&aacute; tambi&eacute;n en el cuadro del cumplea&ntilde;os de la chiquilla, en el que le desbarata un negocio buen&iacute;simo al pap&aacute;, y eso lo vuelve mierda. Entonces el gran burgu&eacute;s empieza a hablar como un &quot;&ntilde;ero&quot;: &quot;Todo el d&iacute;a lami&eacute;ndole el culo a ese malparido, para que esta china hijueputa... &iquest;por qu&eacute; nos odia tanto?&quot;, dice. As&iacute;, exploramos la reversi&oacute;n, en un instante, del individuo de clase alta que se mide en todo y guarda las apariencias, pero que en la intimidad, de pronto, rompe totalmente con estas apariencias. En el cuadro del baile se resumen, en cierta medida, todas esas cosas: en el centro est&aacute; el ba&ntilde;o, que es el lugar de la intimidad total, pero resulta que la intimidad de la reuni&oacute;n de clase alta es igual a la de una fiesta por all&aacute;, en el barrio Las cruces, por ejemplo. Todo el mundo va y se vomita en el ba&ntilde;o, todos consumen coca&iacute;na y se pegan, en el ba&ntilde;o; ah&iacute; se dan las cosas m&aacute;s terribles. Es igual: el ser humano de la clase s&uacute;per alta se vuelve igual al otro y termina vomit&aacute;ndose y haciendo las mismas cosas que el de clase baja. Esta es la precariedad de la vida, que fue lo que quisimos tratar ya en <I>El Quijote</I>: mostrar lo precario de las cosas, de los elementos, de un ser humano como don Quijote, que se desgonza y se vuelve mierda en un instante por algo azaroso. Es la funci&oacute;n del azar en la vida.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Hay dos cuadros que no tienen esa estructura, y eso lo hicimos a prop&oacute;sito. Son dos cuadros que pierden ese significado y se vuelven puro significante. Uno es el del juego de tenis, que es puro significante, imagen. All&iacute; no pasa nada, no hay el estallido ni quiebre. El otro es el cuadro de la vieja ye-ye, una se&ntilde;ora a la que se le va la criada. All&iacute; tampoco sucede nada -simplemente, la tipa termina bailando con &quot;el otro&quot;, con su amante-. En este cuadro se muestra a esa clase en decadencia, que persiste en quedarse ah&iacute;. Su futuro derrumbe se manifiesta en la dignidad de esa se&ntilde;ora, que no se quiere ir, pero el estallido est&aacute; oculto. La estructura ausente de este cuadro es precisamente el estallido. Lo mismo ocurre en el cuadro del juego de tenis: es como un sue&ntilde;o cuyo significado aparente ni siquiera es aparente, est&aacute; escamoteado. El p&uacute;blico trata de interpretarlo, pero no va a poder hacerlo porque esa escena es como la nube de la escena de Hamlet, que en un momento es un camello, en otro una ballena y en otro cualquier otra cosa. Cuando se pierde el significado, cuando se escamotea el significado, el significante puede ser cualquier cosa.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Usted se refiere a la escena de Hamlet con Polonio. Pero, para vol</I><I>ver a la comparaci&oacute;n entre </I>De caos y deca caos<I>, y </I>El Quijote<I>, yo </I><I>creo que existen diferencias entre ambas. En </I>El Quijote<I> se expresa lo </I><I>ef&iacute;mero de lo humano, pero hay esta construcci&oacute;n de la utop&iacute;a, esta </I><I>aspiraci&oacute;n de la reconciliaci&oacute;n, de encontrar un sentido a todas estas </I><I>aventuras. En </I>De Caos y deca caos<I>, en cambio, lo fr&aacute;gil se muestra </I><I>desde el lugar de la radiograf&iacute;a desalmada. Jean-Pierre Sarrazac ha</I><I>bla de Strindberg como un dramaturgo que pone a sus personajes en </I><I>la mesa de disecci&oacute;n, como un cirujano, y as&iacute; pone en evidencia todo </I><I>lo terrible que es finalmente lo humano. En ese sentido, yo hablo de </I>De caos y deca caos <I>como una suerte de radiograf&iacute;a desalmada...</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">...Y cubista. Es decir, eso mismo, pero visto desde muchos &aacute;ngulos. Para pasar de un punto de vista a otro sobre lo que, aparentemente, deber&iacute;a ser el mismo objeto, la misma escena, ponemos diez escenas diferentes. Es como el relato de <I>Las mil y una noches</I>, que est&aacute; compuesto de mil y un relatos cuya funci&oacute;n es, tambi&eacute;n, la de evitar que maten a la narradora. Ella cuenta un relato, pero lo deja en suspenso para la noche siguiente y entonces el rey ya no la puede matar. Ella suspende el relato para contarle al rey otro relato que no tiene nada que ver con el primero, pero que sirve para que ella se mantenga con vida mil y una noches. O como el <I>Decamer&oacute;n</I>, que fue de donde sacamos el t&iacute;tulo, por el &quot;deca&quot; de los diez relatos. As&iacute; tambi&eacute;n, en <I>De caos y deca caos</I>, hay diez relatos atados solo por unos <I>cupl&iacute;s </I>(&quot;t&eacute;rmino con el que se designa, en lenguaje popular, un dispositivo de la mec&aacute;nica automotriz, el cual es el engranaje con el que se comunican o acoplan dos sistemas din&aacute;micos&quot;, dice el programa de mano). Esos diez relatos, aparentemente, deber&iacute;an remitir a un metarrelato, como en el caso de <I>El Quijote</I>. Sin embargo, en <I>De caos...</I> no hay metarrelato, aunque la gente trate de buscarlo. Por eso, muchas veces parte del p&uacute;blico sale azorado, sobre todo la gente culta -no lo suficiente, pero culta-, que se enoja porque no sabe donde est&aacute; la vaina. Y ellos se preguntan: &quot;&iquest;Esto qu&eacute; quiere decir? Est&aacute;n hablando de la burgues&iacute;a, pero ah&iacute; no se le critica nada a la burgues&iacute;a.&quot;</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Pero hay un aspecto de esa tem&aacute;tica que a m&iacute; me parece muy inte</I><I>resante en la pieza, que es hablar de lo &iacute;ntimo.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">De la intimidad. Nosotros la exploramos en tres espacios de la burgues&iacute;a, la clase dominante o lo que fuera: lo p&uacute;blico -es decir, el palco donde estas gentes se asoman para mostrarse-, lo privado -que son los salones de fiesta, los comedores, todos esos sitios- y lo &iacute;ntimo -el ba&ntilde;o, que es el lugar de la intimidad individual, o la cama, donde se da la intimidad de la pareja, donde se produce el quiebre, donde el hombre puede revelarse en su profundo salvajismo, en lo inesperado, el golpe inesperado de la bestia-. Tambi&eacute;n buscamos la ruptura de la linealidad, buscamos el momento del eterno retorno del que habla Nietzsche, esa manera de ver el mundo, no con la mirada cartesiana del tiempo lineal, sino como un tiempo roto. Y ese tiempo roto es el tiempo de la realidad, el tiempo que existe, y que no se puede ordenar linealmente. T&uacute; puedes hacerlo en una novela, en una pel&iacute;cula o en una obra de teatro &quot;de siempre&quot;, convencional, pero para poder medio hacerlo en el teatro &quot;de ahora&quot;, tienes que romperlo, tratar de mostrarlo absolutamente roto, como es en la realidad.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><I>Es un poco lo que sintetiza el cuadro del baile, o sea, esos tres niveles.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">S&iacute;, es una perspectiva al rev&eacute;s.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>Deber&iacute;amos tener otra conversaci&oacute;n, porque en esta pieza hay ele</I><I>mentos que cambian much&iacute;simo con relaci&oacute;n a la tradici&oacute;n de ustedes.</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     <P align="justify">Pero hay reminiscencias de todas las obras, desde <I>Marat-Sade</I> y <I>Galileo Galilei</I>. De muchas, muchas obras. Diez mil referencias.</p>     <P align="justify">V. V.</p>     <P align="justify"><I>&iquest;Esta obra es, entonces, una enciclopedia del Teatro La Candelaria?</I></p>     <P align="justify">S. G.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Una peque&ntilde;a enciclopedia de La Candelaria.</p> <hr size="1">     <P align="justify"><a href="#s*" name="*"><sup>*</sup></a>	La presente entrevista tuvo lugar en Bogot&aacute;, el 17 de mayo de 2002, como parte del proceso de la investigaci&oacute;n Continuidad en la ruptura, de V&iacute;ctor Viviescas, y hace parte de un proyecto m&aacute;s grande de di&aacute;logos con dramaturgos del mismo autor. Para esta publicaci&oacute;n, fue editada por William D&iacute;az Villarreal, profesor de la Universidad Nacional de Colombia y miembro del comit&eacute; editorial de la revista. y luego revisada por V&iacute;ctor Viviescas.</p> </FONT>      ]]></body>
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