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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[MODOS DE LA IMAGEN EN BIG BANG DE SEVERO SARDUY]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana"> </font>     <P align="center"><font size="2" face="verdana"><B><font size="4">MODOS DE LA IMAGEN EN <i>BIG BANG </i>DE SEVERO SARDUY</font><B><a href="#*" name="s*"><sup>*</sup></a></b></b></font></p> <font size="2" face="verdana">     <P align="center">&nbsp;</p>     <P align="right"><B>Silvana F. Santucci</b>    <br>       <i>Universidad Nacional de C&oacute;rdoba CONICET - Argentina</i>    <br>   <a href="mailto:silvanasantucci@gmail.com">silvanasantucci@gmail.com</a></p> <hr size="1">     <p><B>Presentaci&oacute;n</b></p>     <blockquote>       <p> <B></b>Las galaxias parecen alejarse unas de otras a velocidades considerables. Las m&aacute;s lejanas huyen con la aceleraci&oacute;n de doscientos treinta mil kil&oacute;metros por segundo, pr&oacute;xima a la de la luz. El universo se hincha. Asistimos al resultado de una gigantesca explosi&oacute;n.</p>       <p align="right">Severo Sarduy, <I>Big Bang</I>, 81</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">DE ACUERDO CON LOS POSTULADOS de John Berger (1972), podemos afirmar que lo visible no existe en ninguna parte m&aacute;s que en el conjunto de im&aacute;genes que el ojo crea al mirar. Y, a pesar de que a veces lo visible pueda permanecer oculto o alternativamente iluminado, una vez que el ojo lo aprehende, comienza a formar parte sustancial de nuestro medio de vida. A la vez, lo que sabemos o lo que creemos afecta el modo en que vemos las cosas. Es por ello que, si acordamos con Berger, resulta sencillo considerar que nuestra apreciaci&oacute;n y percepci&oacute;n de la imagen depende del modo de ver que tengamos (Berger 2012, 7-9). </p>     <P align="justify">Frente al poemario <I>Big Bang</I> (1974), de Severo Sarduy, resulta sustancial poner en cuesti&oacute;n la perspectiva que presenta sobre la imagen. La noci&oacute;n de <I>estallido</I> como imagen visual y como met&aacute;fora te&oacute;rica sirve para pensar la escritura. Cabe preguntar &iquest;qu&eacute; significa asumir que la vida se form&oacute; a partir de una explosi&oacute;n originaria? &iquest;Qu&eacute; implica visualizar que el tiempo y el espacio han estado unidos y luego, se han expandido a partir de un mismo estallido original? &iquest;Ad&oacute;nde fueron a parar las esquirlas, los restos, de semejante acontecimiento? &iquest;Qu&eacute; pasa con la geometr&iacute;a del espacio-tiempo en el siglo XX y qu&eacute; nos dice esa creencia sobre el <I>modo de ver</I> el arte y la literatura que Sarduy construy&oacute; en torno a ellas?</p>     <P align="justify">Bajo este orden de interrogantes presentamos, entonces, un recorrido inicial por el lugar que la imagen adquiere en la factura de <I>Big Bang</I>. Sin embargo, independientemente de la consonancia o conformidad s&iacute;gnica que la imagen trace con la letra, consideramos que este poemario comporta algunas tesis y s&iacute;ntesis que <I>nuclean</I> el inter&eacute;s sarduyano por la dial&eacute;ctica lengua/imagen. Incluso, creemos que anticipa algunas de las reflexiones interart&iacute;sticas que dicho autor efectiviz&oacute; en buena parte de sus ensayos<a href="#pie1" name="spie1"><sup>1</sup></a>, dedicados directa o indirectamente a reflexionar sobre las artes pl&aacute;sticas.</p>     <p><B>El estallido como b&uacute;squeda art&iacute;stica</b></p>     <P align="justify"> <B></b>En a&ntilde;os posteriores a la publicaci&oacute;n de <I>Big Bang</I>, espec&iacute;ficamente en una entrevista que le hace Jorge Schwartz en 1987, Sarduy explicita los t&eacute;rminos en los que asume la comparaci&oacute;n entre artes. Por ejemplo, es posible afirmar que cuando Severo pinta se afirma, parad&oacute;jicamente, en la escritura:</p>     <blockquote>       <p align="justify">Pinto algo que se parece a letras hebraicas. Seg&uacute;n algunos, son letras de la Tor&aacute;, son trazos min&uacute;sculos que se van acumulando hasta ser una especie de texto. Seg&uacute;n otros, es como un tejido hind&uacute;, o como tejidos precolombinos, en fin, se parecen mucho a una escritura. (Sarduy 1999b, 1832)</p> </blockquote>     <P align="justify">Pero, al mismo tiempo, cuando escribe, se reconoce envuelto en una pr&aacute;ctica similar al proceso de pintura de Mark Rothko: &quot;busco plenamente el color, el rojo, la no-representaci&oacute;n&quot; (1836).</p>     <P align="justify">Por lo tanto, en el marco de un cruce que posteriormente tender&aacute; a asimilar ambas pr&aacute;cticas, <I>Big Bang</I> puede reconocerse como un poemario que se suscribe a una consideraci&oacute;n de la experiencia est&eacute;tica integrada a la experiencia mental de artista. En esta l&iacute;nea, la met&aacute;fora del estallido y la exaltaci&oacute;n del color componen los ejes centrales del poemario. Y a partir de ellos, se cuestiona el poder figurativo de la escritura y se revaloriza su componente visual, como aspecto disruptivo de los procesos intelectuales producidos por la racionalidad moderna. Dicho cuestionamiento explica el inter&eacute;s que llev&oacute; a Sarduy a considerar a los modelos de la f&iacute;sica como met&aacute;foras te&oacute;ricas relevantes para producir una resignificaci&oacute;n del Barroco. Al mismo tiempo, estos marcos te&oacute;rico-cient&iacute;ficos satirizados desarticulan<I> </I>la potencia l&iacute;rica que se presupone como expectativa gen&eacute;rica del poemario. De all&iacute; que en <I>Big Bang </I>pueda destacarse el juego con el estatuto l&iacute;rico de los poemas, como se observa en el caso de aquellos dedicados a las estrellas enanas, gigantes y vagabundas. Al mismo tiempo, en estos poemas parece producirse una comparaci&oacute;n entre parejas de astros y parejas humanas:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Como es sabido, la cantidad de estrellas dobles es muy grande: en una esfera de ciento veinte a&ntilde;os luz trazada alrededor del Sol, en un total de cuarenta y tres estrellas hay, por lo menos, diez parejas, es decir, casi la mitad. Es poco frecuente que la masa de estrellas de una pareja sea id&eacute;ntica. La estrella mayor, evolucionando r&aacute;pidamente, se convierte en una gigante roja, mientras que la menor sigue siendo una enana de la secuencia principal. Si la pareja es muy unida, entonces se producir&aacute; una transferencia de materia de la gigante hacia la enana; esta &uacute;ltima, al ver su masa aumentar de pronto, se calentar&aacute;. (Sarduy 2007, 87)</p> </blockquote>     <P align="justify">Por otra parte, la fragmentariedad constitutiva que comporta el poemario se construye a partir de la acumulaci&oacute;n de breves notas. Algunas est&aacute;n organizadas en estrofas, otras solamente aparecen como descripciones lineales que pretenden volverse objetivas. Sarduy mezcla, con voluntad de desarticular jerarqu&iacute;as, registros cient&iacute;ficos, versos libres y comentarios period&iacute;sticos. A su vez, retoma en el poemario la noci&oacute;n de elipse<a href="#pie2" name="spie2"><sup>2</sup></a> derivada de los postulados de la teor&iacute;a cosmog&oacute;nica de Johannes Kepler (1571-1630). La misma ser&aacute; luego profundizada en sus <I>Ensayos generales sobre el barroco </I>(1987)<a href="#pie3" name="spie3"><sup>3</sup></a>. La elipse, recontextualizada de la astronom&iacute;a, le permite justificar la inestabilidad espacial y el descentramiento subjetivo como caracter&iacute;sticas propias del Neobarroco, al tiempo que esos dos ejes (inestabilidad y descentramiento) le permiten concebir a dicho arte como un &quot;suplemento literario&quot; (Sarduy 1999b, 1307) eminentemente visual, puesto que, como define dentro del marco conceptual del Neobarroco, &quot;toda palabra tendr&iacute;a como &uacute;ltimo soporte una figura&quot; (1399).</p>     <P align="justify">En otro orden de ideas, <I>Big Bang </I>podr&iacute;a leerse como un compa&ntilde;ero te&oacute;rico y proyectual de<I> Galaxias</I> (1984), de Haroldo de Campos, principalmente porque ambos poemarios comparten una atenci&oacute;n especial sobre las tensiones escriturarias de las que participa Am&eacute;rica Latina en el mismo periodo: la ampliaci&oacute;n de las fronteras del &quot;objeto literatura&quot; y la extensi&oacute;n del mismo hacia b&uacute;squedas interdisciplinarias basadas en la experimentaci&oacute;n<a href="#pie4" name="spie4"><sup>4</sup></a>. Sin embargo, la visualidad de <I>Big Bang</I> se distancia de la privilegiada por los concretos (Campos -Augusto y Haroldo de-, Pignatari, D&eacute;cio 1958), puesto que aquella tend&iacute;a a &quot;reforzar al grafo&quot; y a otorgarle un <I>status mat&eacute;rico</I>, para sostener un &quot;locus de resistencia&quot; a la linealidad (Sarabia 2011, 19), mientras que la propuesta sarduyana trataba <I>hipert&eacute;licamente</I> de dar un paso <I>m&aacute;s all&aacute;</I>, que resistiera tambi&eacute;n la propia noci&oacute;n de representaci&oacute;n<a href="#pie5" name="spie5"><sup>5</sup></a>.</p>     <P align="justify">Es necesario destacar que <I>Big Bang</I> constituye el tercero de los poemarios que Sarduy public&oacute; fuera de Cuba y tiene la particularidad de haber sido anticipado por &eacute;l como una suerte de &quot;ejercicio mallarmeano de escritura&quot;. Sin embargo, en referencia a las posibilidades de trabajo con el blanco de la p&aacute;gina, Sarduy es claro al asumir que &quot;es poco lo que habr&iacute;a para hacer despu&eacute;s de Mallarm&eacute;&quot; (Fossey 2002, 5).</p>     <P align="justify">En consecuencia, es indispensable inscribir esta obra como parte de los registros art&iacute;sticos del siglo XX, puestos a pensar la relaci&oacute;n &quot;a menudo oscura&quot; -seg&uacute;n define Alain Badiou- que existe entre violencia y semblante, rostro y m&aacute;scara, desnudez y travestismo. Los textos de Sarduy cristalizan lo que Badiou define como el &quot;axioma del arte en el siglo&quot;, adscribible tambi&eacute;n a la vanguardia: procesos art&iacute;sticos en los que &quot;se trata de hacer ficci&oacute;n del poder de la ficci&oacute;n&quot; o, en otras palabras, que idealizan su propia materialidad y reflexionan en la medida en que tienen &quot;por real la eficacia del semblante&quot; (Badiou 2005, 71).</p>     <blockquote>       <p align="justify">El siglo XX propone gestos art&iacute;sticos anteriormente imposibles o presenta como arte lo que antes no era m&aacute;s que deshecho. Esos gestos, esas presentaciones, atestiguan la omnipresencia del arte, en cuanto el gesto art&iacute;stico equivale a una efracci&oacute;n del semblante que deja ver, en estado bruto, la distancia de lo real. (71)</p> </blockquote>     <P align="justify">De esta manera, a la vez que se configura como un ejercicio mallarmeano, <I>Big Bang</I> recrea, bajo la construcci&oacute;n <I>de un modo de ver</I> centrado en el azar, la instancia que hace estallar al r&eacute;gimen esc&oacute;pico del arte en su negatividad: el vac&iacute;o es el origen y, al mismo tiempo, el principio. Lo visible encarna, tambi&eacute;n, la distancia desde la que nos volvemos observables. En este sentido, la contrapartida pl&aacute;stica a la propuesta po&eacute;tica mallarmeana suele encontrarse en la famosa pintura <I>Cuadrado blanco sobre fondo blanco</I> (1917), de Kazimir Mal&eacute;vich, cuya propuesta est&eacute;tica se explicita en el manifiesto suprematista que produjo en 1915 en colaboraci&oacute;n con Maiak&oacute;vski. Al respecto, apuntaba Mal&eacute;vich:</p>     <blockquote>       <p align="justify">El arte ya no quiere estar al servicio de la Religi&oacute;n ni del Estado; no quiere seguir ilustrando la historia de las costumbres, no quiere saber nada del objeto como tal, y cree poder afirmarse sin la cosa, por tanto, sin la fuente v&aacute;lida y experimentada de la vida. (Mal&eacute;vich 2000, 317)</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">En paralelo, cabe comprender que el suprematismo se caracteriz&oacute; como un movimiento que se inquietaba contra la arbitrariedad del r&eacute;gimen zarista y contra el &aacute;spero capitalismo ruso. Frente a ello, procuraba la supremac&iacute;a absoluta de la sensibilidad pl&aacute;stica pura en las artes figurativas y formaba parte del origen de expresiones <I>deseantes</I> de una nueva organizaci&oacute;n pol&iacute;tica y cultural a escala revolucionaria. El suprematismo abandona la m&iacute;mesis para alcanzar una sensibilidad que muestre al arte como un producto cultural &quot;no disfrazado&quot;. Esa &quot;supremac&iacute;a de la nada&quot; procuraba una representaci&oacute;n de los objetos del mundo a partir de las formas primarias y privilegiaba un uso restrictivo del color, designado como &quot;el abismo del blanco del sin-objeto&quot; (320). En palabras de Mal&eacute;vich, el cuadro mencionado adquiere su car&aacute;cter de instrumento &quot;para la transcendencia&quot;, para la &quot;creaci&oacute;n de un dogma nuevo&quot;, entendido como una &quot;religi&oacute;n del esp&iacute;ritu&quot;, como una mudanza necesaria en el universo de las creencias tradicionales, en el que las prisiones de la representaci&oacute;n que encerraban al arte deb&iacute;an ser abandonadas<a href="#pie6" name="spie6"><sup>6</sup></a>.</p>     <P align="justify">De esta manera, el suprematismo procuraba alcanzar una victoria de la &quot;facultad de sentir&quot; el arte, que hoy podr&iacute;amos ligar a la constituci&oacute;n ya no de una est&eacute;tica sino de una <I>est&eacute;sica</I>, para usar los t&eacute;rminos con los que Susan Buck-Morss (2005) revisa las tesis te&oacute;ricas de Walter Benjamin sobre la obra de arte<a href="#pie7" name="spie7"><sup>7</sup></a>. En cualquier caso, esta b&uacute;squeda de plenitud art&iacute;stica, vinculada a la depuraci&oacute;n o, especialmente, a la pureza tend&iacute;a para Mal&eacute;vich, a principios del siglo XX, hacia la <I>muerte</I> o hacia la <I>nada</I><a href="#pie8" name="spie8"><sup>8</sup></a>.</p>     <P align="justify"><B>La imagen del vac&iacute;o</b></p>     <P align="justify"> <B></b>Recientemente, los estudios dedicados a los problemas actuales de la historia del arte revisan y recuperan el lugar te&oacute;rico que adquieren los t&eacute;rminos <I>muerte</I> y <I>nada</I> como categor&iacute;as productivas en la constituci&oacute;n disciplinar. Georges Didi-Huberman (2006), en su genealog&iacute;a de la imagen, repone el lugar constitutivo que la muerte adquiere en la construcci&oacute;n originaria de la <I>imago</I>. Particularmente, relee los aportes de la <I>Historia Natural</I>, de Plinio el Viejo (77 d. C.), la formalizaci&oacute;n renacentista de la historia del arte en las <I>Vidas</I> de Giorgio Vassari (1550) y, sobretodo, los estudios de las m&aacute;scaras mortuorias de Hans Belting (2007). All&iacute;, Didi-Huberman parece confirmar que la contradicci&oacute;n entre presencia-ausencia, que rodea a la constituci&oacute;n de las im&aacute;genes en su estatuto de arte, proviene de la experiencia de la muerte de otros.</p>     <P align="justify">La <I>imago</I> -traducida por el autor como <I>imagen</I>- fue originalmente necrol&oacute;gica: era una mascarilla de cera que se fabricaba colocando un molde de yeso sobre el rostro de un muerto y que cumpl&iacute;a una funci&oacute;n civil y jur&iacute;dica al mismo tiempo, antes que una funci&oacute;n est&eacute;tica. Luego, esta era expuesta en los atrios de las casas, junto a im&aacute;genes de otros antepasados y acompa&ntilde;aba con su potencia representativa a los familiares cuando alguien mor&iacute;a. En efecto, era parte del ritual. Para los romanos del siglo I, la <I>imago</I> era asumida como representaci&oacute;n jur&iacute;dica de la muerte, en tanto retrato de la ausencia de otro, y estaba ligada -como propone Mar&iacute;a Guadalupe Silva- &quot;a su condici&oacute;n de testimonio: la imagen era una copia de la identidad y ten&iacute;a valor jur&iacute;dico como impronta del antepasado&quot; (2012, 173). El objeto del retrato no era, en este sentido, art&iacute;stico sino geneal&oacute;gico y consist&iacute;a en certificar la identidad del ancestro, pues estaba all&iacute; para rendir homenaje a los mayores, establecer el linaje de la familia y sostener su memoria. Siguiendo a Silva, la imago &quot;era la m&aacute;scara de la muerte, pero tambi&eacute;n el signo de supervivencia: un bien destinado a la posteridad&quot;. En esta perspectiva, Belting es quien operar&iacute;a la trasformaci&oacute;n ontol&oacute;gica de la imagen, puesto que en su lectura adquirir&aacute; finalmente el poder de <I>representar </I>&quot;la figura vicaria del ausente&quot; (2007, 174). Por lo tanto, refiere la transformaci&oacute;n hist&oacute;rica de la imagen en t&eacute;rminos est&eacute;ticos.</p>     <P align="justify">Badiou, por su parte, a la manera de una m&aacute;scara, revisa en la pintura de Mal&eacute;vich <I>Cuadrado blanco sobre fondo blanco</I> &quot;la representaci&oacute;n negativa de la ausencia&quot;. Esta obra es asumida por Badiou como el colmo pict&oacute;rico de la depuraci&oacute;n. Es decir, como &quot;un gesto muy pr&oacute;ximo al de Mallarm&eacute; en poes&iacute;a: la puesta en escena de la diferencia m&iacute;nima, pero absoluta, la diferencia entre el lugar y lo que tiene lugar en &eacute;l&quot; (Badiou 2005, 79). En este sentido, no es lo mismo lo que la escritura de<I> Big Bang</I> posibilita, que lo que la hace posible. El lugar vac&iacute;o, el origen, que la teor&iacute;a del Big Bang completa, en tanto relato cient&iacute;fico que explica el origen de la vida y del universo, emerge en el poemario de Sarduy como una imagen que metaforiza la instancia inicial del estallido. Al mismo tiempo, el poemario recrea un paisaje estrellado que se traduce en la fragmentaci&oacute;n de la lengua po&eacute;tica que simula el vac&iacute;o y el caos original. Tal como se observa en el siguiente poema:</p>     <blockquote>       <p>Medir sus reflejos en la arista de un pez,     <br>     en el ojo del cocuyo,           <br>     en la sura de la sombra del d&aacute;til;         ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     comparar la cal del marabuto         <br>     con el pa&ntilde;o de un monje mercedario,</p>       <p>con la nieve bajo el ant&iacute;lope         <br>     la sal de la garza f&oacute;sil,</p>       <p>con el semen         <br>     la V&iacute;a L&aacute;ctea. (Sarduy 2007, 85)</p> </blockquote>     <P align="justify">En este sentido, el Big Bang al que alude el poemario representa el estallido cosmol&oacute;gico, pero tambi&eacute;n es una met&aacute;fora de la explosi&oacute;n del semen, de la guerra o del parto, excedentes que Georges Bataille ha revisado en diversos textos (<I>La noci&oacute;n de gasto</I>, 1933; <I>La part maudite</I>, 1949; entre otros). En su<I> Historia del ojo</I> (1928) Bataille identifica a los colores rojo y blanco, respectivamente, con la sangre y el esperma, al tiempo que el color negro remitir&iacute;a a la existencia de un firmamento &quot;totalmente oscuro&quot; que refiere a esta explosi&oacute;n originaria. Rolando P&eacute;rez (2012), en un texto que versa sobre la relaci&oacute;n de Sarduy con las artes pl&aacute;sticas, propone que estos colores trazan una relaci&oacute;n entre el cuerpo y el universo, en el marco de una &quot;eroto-est&eacute;tica&quot;. Es decir, componen una est&eacute;tica que articula una perspectiva &quot;micro&quot; (el cuerpo) con una perspectiva &quot;macro&quot; (el cosmos). Siguiendo a P&eacute;rez podemos considerar que &quot;el blanco, el color del esperma, es tambi&eacute;n el color de la eyaculaci&oacute;n interestelar que llamamos V&iacute;a L&aacute;ctea, y es mejor apreciado contra el negro (fondo) del firmamento, en el cual el siguiente color prominente es el rojo&quot; (2012, 118-119)<a href="#pie9" name="spie9"><sup>9</sup></a>.</p>     <P align="justify">9	Para nosotros, la relaci&oacute;n de Sarduy con la imagen no se produce exclusivamente en los t&eacute;rminos en los que P&eacute;rez (2012) la define, sino que acontece a partir de su trabajo con la noci&oacute;n de <I>mimetismo</I>. Por lo tanto, cabr&iacute;a comprenderla en el marco de la dualidad naturaleza/cultura apuntada por Roger Caillois en<I> Le Mythe et l&acute;Homme </I>(1937). Al respecto, Sarduy manifiesta tener, al igual que Lezama, una enorme deuda con este libro. Al parecer, Caillois le coment&oacute; en persona que &quot;estad&iacute;sticas norteamericanas confirman que los p&aacute;jaros de una regi&oacute;n dada devoran tanto mariposas pigmentadas como mariposas en que esto no ocurre &#91;...&#93; donde yo concluyo, abusivamente, &#91;dice Sarduy&#93; que el barroco ya se encuentra en la naturaleza&quot; (Sarduy 1999b, 1832). &#91;traducci&oacute;n del fragmento de Rolando P&eacute;rez (2012), <I>Severo Sarduy and the </I><I>Neo-Baroque Image of Thought in the Visual Art</I>, de la autora&#93;</p>     <P align="justify">De esta manera, la explosi&oacute;n como paisaje simb&oacute;lico y visual actualiza un importante archivo pict&oacute;rico con el que el siglo XX ha abordado sus propias grietas y sobre el que Sarduy ha intervenido: <I>La jungla</I> (1943), de Wilfredo Lam; el <I>Eolo</I> (1955), de Mariano Rodr&iacute;guez; el <I>Guernica</I> (1937) o las <I>Meninas </I>(1957), de Pablo Picasso.</p>     <P align="justify">A la vez, en tanto met&aacute;fora org&aacute;nica y temporal, el Big Bang subvierte la noci&oacute;n de origen, puesto que, como hemos afirmado, no indica fin ni principio.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Siguiendo a Sigfried Kracauer en sus comentarios sobre los textos de Proust, podemos asumir que Sarduy actualiza pasajes temporales que no son en absoluto un proceso, sino &quot;una mezcolanza de cambios caleidosc&oacute;picos, como nubes que se re&uacute;nen y dispersan en forma azarosa&quot;. Al igual que en las novelas del franc&eacute;s, en <I>Big </I><I>Bang</I> no habr&iacute;a referencias a flujos de tiempo, sino m&aacute;s bien a una &quot;sucesi&oacute;n discontinua, no causal, de situaciones, cuyos flujos se discontin&uacute;an&quot; (Kracauer 2010, 192).</p>     <P align="justify">En esta l&iacute;nea, a partir del pasaje temporal abierto por Sarduy, podr&iacute;amos distinguir, te&oacute;ricamente, su preocupaci&oacute;n por el mimetismo barroco y estelar como un modo de &quot;hacer arte&quot; propio de la contemporaneidad (Scramim 2007, 17)<a href="#pie10" name="spie10"><sup>10</sup></a>. Al mismo tiempo, su propuesta est&eacute;tica se distingue de la mera representaci&oacute;n, pues propone un v&iacute;nculo <I>hipert&eacute;lico</I> con la naturaleza, <I>un paso m&aacute;s all&aacute; </I>que, como los ciliados o las mariposas, suponen al cuerpo como una r&eacute;plica &quot;micro&quot; del universo. Este aspecto, a la vez, repone su cruce te&oacute;rico con las interpretaciones budistas, en las que el cuestionamiento de la &quot;voluntad&quot; tiene un lugar central.</p>     <p><B><I>Big Bang</I> fue tambi&eacute;n un libro-objeto</b></p>     <P align="justify"> <B></b>La edici&oacute;n espa&ntilde;ola de <I>Big Bang </I>de 1974, adem&aacute;s de los poemas nucleados bajo ese t&iacute;tulo, re&uacute;ne los dos primeros poemarios que Sarduy public&oacute; en Alemania, en Stuttgart, en 1970: <I>Flamenco</I> y <I>Mood Indigo</I>.</p>     <P align="justify">Ambos fueron<I> </I>ilustrados con grabados de Ratdolt Erhard (1442-1528), un famoso tip&oacute;grafo de finales del siglo XV y principios del XVI, quien no solo fue el realizador de lo que se conoce como el primer cat&aacute;logo de tipos (constituidos por una letra inicial destacada y decorada) sino tambi&eacute;n como el primero que produjo una portada con dise&ntilde;o integrada a un libro. Al mismo tiempo, fue un especialista en la ilustraci&oacute;n y diagramaci&oacute;n de misales coloridos, trabajos lit&uacute;rgicos y calendarios, y se destac&oacute;, adem&aacute;s, por sus xilograf&iacute;as y grabados en ediciones sobre astronom&iacute;a, astrolog&iacute;a y matem&aacute;ticas. As&iacute;, los dos primeros textos que Sarduy integra a <I>Big Bang</I> aparecen originariamente pensados y cuidados en un arco que deja ver, en su trazo, la l&iacute;nea epist&eacute;mica que los sostiene.</p>     <P align="justify">Por un lado, <I>Big Bang</I> presenta un espectro astron&oacute;mico sostenido sobre la base del trabajo con los relatos cient&iacute;ficos que narran el origen del mundo. A su vez, dicho relato est&aacute; organizado tem&aacute;ticamente bajo un par&aacute;metro musical. Alude tanto a la improvisaci&oacute;n del jazz (<I>Mood Indigo</I>) como a la del flamenco, y construye una puesta <I>imag&eacute;tica</I><a href="#pie11" name="spie11"><sup>11</sup></a> que invita a &quot;dejarse llevar&quot;, o a &quot;participar del caos con el propio cuerpo&quot;. Estas emergencias caracterizan las experiencias de <I>extimidad</I><a href="#pie12" name="spie12"><sup>12</sup></a> en los procesos de construcci&oacute;n de las subjetividades modernas.</p>     <P align="justify">Siguiendo a Sarduy, el tratamiento de la imagen que propone a lo largo de los tres poemarios integrados en <I>Big Bang </I>(similar a lo que sucede en el resto de su obra) no focaliza su componente representacional, involucrado en el proceso de la escritura. Por el contrario, cifra su inter&eacute;s en la noci&oacute;n de <I>mimetismo</I> como una operatoria visual de la trama barroca.</p>     <P align="justify">La primera versi&oacute;n editada de <I>Flamenco </I>(1970) apareci&oacute; bajo el formato de libro-objeto. Era una caja pintada de color amarillo/naranja. Seg&uacute;n Sarduy, ten&iacute;a &quot;el color del manto de los monjes budistas&quot;. Por otro lado, manifiesta que supo construir &quot;un objeto bello&quot; que reun&iacute;a alrededor de treinta poemas y, &quot;en esta medida&quot;, la existencia de libro estaba &quot;justificada&quot;. Esos treinta poemas de <I>Flamenco</I> presentan un v&iacute;nculo con la imagen abstracta que, para Sarduy, &quot;adoptan en la p&aacute;gina disposiciones tales, que parece que componen vol&uacute;menes, es decir, esferas, cubos, etc.&quot; (Fossey 2002, 6).</p>     <P align="justify">Hay un claro v&iacute;nculo entre este libro-objeto (condici&oacute;n perdida al integrarse a <I>Big Bang</I>)<I> </I>y el <I>estuche</I> que Octavio Paz hiciera dos a&ntilde;os antes, en 1968, como parte de su lectura de la obra de Duchamp, aunque Sarduy insista en marcar que su &quot;caja&quot; fue pensada con otra fuerza te&oacute;rica, como maqueta, tras la adopci&oacute;n de la tesis aprior&iacute;stica del estallido.</p>     <P align="justify">Por otra parte, la noci&oacute;n de lugar es considerada en el texto como una &quot;geometrizaci&oacute;n del espacio-tiempo&quot;, desde donde se recrea un paisaje estrellado que se traduce en la fragmentaci&oacute;n de la lengua po&eacute;tica. La misma no exhibe el dise&ntilde;o de una puesta estil&iacute;stica, sino que es la actuaci&oacute;n de una lengua metaforizada, es decir, visual. En la entrevista que le hace Fossey, Sarduy explica que</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="justify">&#91;l&#93;a escritura interviene como agente ideol&oacute;gico que sutura lo abierto, el intersticio entre el absoluto de libertad necesitado y lo que, parad&oacute;jicamente, la revoluci&oacute;n total le exige: es decir, la degradaci&oacute;n de su cuerpo, exactamente lo contrario del absoluto. (Fossey 2002, 3)</p> </blockquote>     <P align="justify">En consecuencia, <I>Big Bang</I> metaboliza, es decir, disuelve la escisi&oacute;n abierta por la palabra, a partir de la escritura <I>imag&eacute;tica </I>y colorida de un estallido original. En esta perspectiva, Sarduy, tanto como Didi-Huberman (2006), repone el car&aacute;cter aur&aacute;tico que conlleva la imagen, es decir, su constituci&oacute;n como ritual. Esta experiencia art&iacute;stica, asumida como acontecimiento de percepci&oacute;n de lo sensible, ilustra el borramiento de toda b&uacute;squeda de un &quot;sentido fundacional&quot; en los objetos, a la vez que &quot;rechaza las im&aacute;genes plenas y los se&ntilde;uelos de la representaci&oacute;n&quot; (Link 2008, 222). Al respecto, en <I>Nueva inestabilidad</I>, Sarduy afirma</p>     <blockquote>       <p align="justify">&#91;q&#93;ue el pensamiento m&aacute;s elaborado y menos figurativo -el que conduce a lo impensable, a nuestra concepci&oacute;n actual del universo- recurra, como para apoyarse en met&aacute;foras vistosas, con frecuencia pintorescas y que van desde las enanas blancas hasta el llamado viento solar, sigue siendo, en definitiva, algo banal. &#91;...&#93; Lo m&aacute;s notable es que la representaci&oacute;n llegue en este caso, y expl&iacute;citamente, a imponer no solo las leyes de su objeto -el cosmos- sino las de su forma, su propia estructura: no hay observador que no sea observable, no hay mirada que no suponga un espejo. &#91;...&#93; &iquest;D&oacute;nde y c&oacute;mo se dejan ver esas formas cuya g&eacute;nesis escapa -en el espacio observable- a toda deducci&oacute;n, cuya &quot;anomal&iacute;a&quot; es un constante desaf&iacute;o al saber? (Sarduy 1999b, 1368-1369)</p> </blockquote>     <P align="justify">Por lo tanto, <I>Big Bang</I>, desafiando un relato sobre la invenci&oacute;n del origen, se inscribe como parte de un pensamiento posfundacionalista. Persigue &quot;una imagen que no es original, ni copia; ni arcaica, ni contempor&aacute;nea&quot; y mediante ella busca evidenciar un nuevo montaje de la historia que no sea efecto residual del tejido de m&uacute;ltiples pasados sino una suspensi&oacute;n temporal entre el fen&oacute;meno y el archivo (Antelo 2012, 3). Presenta al estallido como un modo de ver que, como un espejo, nos mira desde el territorio pl&aacute;stico de la escritura. La imagen del Big Bang puede proyectarse &quot;como un elemento del futuro y &#91;a la vez&#93; de la duraci&oacute;n&quot; (Didi-Huberman 2006, 12).</p>     <P align="justify">Tal como hemos afirmado al inicio, imagen y escritura constituyen para Sarduy emergencias, lugares en donde los signos dise&ntilde;an -frente al vac&iacute;o- distintos &oacute;rdenes de sutura en la composici&oacute;n de lo real. <I>Big Bang</I> hace estallar la condici&oacute;n pict&oacute;rica del archivo universal, y nos devuelve hacia las formas de la imagen en su condici&oacute;n originaria: m&aacute;scaras del <I>vac&iacute;o</I>, la <I>nada</I> o la <I>muerte</I>.</p> <hr size="1">     <P align="justify"><a href="#s*" name="*"><sup>*</sup></a>	Una versi&oacute;n preliminar de este trabajo fue le&iacute;da en el Encontro Internacional de Poesia Hispano-Americana: &quot;A poesia como L&iacute;ngua Franca&quot;, realizado en S&atilde;o Paulo, Brasil, el 18 y 19 de octubre de 2012, organizado por el Departamento de Letras Modernas de la Faculdade de Filosofia, Letras e Ci&ecirc;ncias Humanas de la Universidade de S&atilde;o Paulo (USP).</p>     <P align="justify"><a href="#spie1" name="pie1">1</a>	&quot;Escritos sobre un cuerpo&quot; (1969), &quot;Barroco&quot; (1974), &quot;La simulaci&oacute;n&quot; (1982)  y &quot;Nueva inestabilidad&quot; (1987), entre otros.</p>     <P align="justify"><a href="#spie2" name="pie2">2</a>	Sarduy propone a Kepler y no a Cop&eacute;rnico como el verdadero revolucionario del conocimiento cosmol&oacute;gico, dada su visi&oacute;n del sistema planetario descentrada y no conc&eacute;ntrica. Si bien Johannes Kepler no las describi&oacute; exactamente como se las enuncia en la actualidad, las llamadas &quot;leyes de Kepler&quot; describen matem&aacute;ticamente el movimiento de los planetas en sus &oacute;rbitas alrededor del Sol, afirmando que todos los planetas se desplazan alrededor de la estrella describiendo &oacute;rbitas el&iacute;pticas. A la vez, el Sol se encuentra en uno de los focos de la elipse.   El modelo de Kepler (la cosmolog&iacute;a barroca por excelencia, seg&uacute;n Sarduy) constituye un cambio radical. Seg&uacute;n este sistema, el centro se ha duplicado (desdoblado) y el c&iacute;rculo se ha transformado en una elipse. El antes &quot;centro &uacute;nico&quot;, irradiante, luminoso y paternal (Sol), ha sido reemplazado por un doble centro que opone al foco visible, uno igualmente real, pero obturado, muerto, como si se tratara de su punto ciego. &quot;Este descentramiento es la perturbaci&oacute;n del c&iacute;rculo que producir&aacute; consecuencias teol&oacute;gicas, espaciales y culturales&quot; (R&iacute;os 2006, 247-258). Para Sarduy, la elipse se vuelve entonces la figura representativa del &quot;espacio&quot; en el orden del mundo barroco.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify"><a href="#spie3" name="pie3">3</a>	Escribe Sarduy: &quot;As&iacute; como la elipse -en sus dos versiones, geom&eacute;trica y ret&oacute;rica, la elipsis- constituye la marca de nuestro primer Barroco -Bernini, Borromini y G&oacute;ngora bastar&iacute;an para ilustrar esta primera aseveraci&oacute;n-. Asimismo, la materia fon&eacute;tica y gr&aacute;fica en expansi&oacute;n accidentada constituir&iacute;a la firma del segundo. Una expansi&oacute;n irregular cuyo principio se ha perdido y cuya ley es informulable. No solo una representaci&oacute;n de la expansi&oacute;n, tal y como puede situarse en la obra de Pollock, en ciertos caligramas o hasta en la poes&iacute;a concreta de algunos brasile&ntilde;os en sus primeras manifestaciones, sino un Barroco en estallido, en el que los signos giran y se escapan hacia los l&iacute;mites del soporte sin que ninguna f&oacute;rmula permita trazar sus l&iacute;neas o seguir los mecanismos de su producci&oacute;n, hacia los l&iacute;mites del pensamiento, imagen de un universo que estalla hasta quedar extenuado, hasta las cenizas. Y que, quiz&aacute;s, vuelve a cerrarse sobre s&iacute; mismo&quot; (Sarduy 1999b, 1375).</p>     <P align="justify"><a href="#spie4" name="pie4">4</a>	Sobre todo en lo que refiere a la distancia temporal que reviste la noci&oacute;n de <I>retombe&eacute;</I>, dice Sarduy: &quot;Llam&eacute; <I>retombe&eacute;,</I> a falta de un mejor t&eacute;rmino en castellano, a toda causalidad acr&oacute;nica. La causa y la consecuencia de un fen&oacute;meno dado pueden no sucederse en el tiempo, sino coexistir; la <I>consecuencia</I> incluso, puede preceder a la <I>causa</I>; ambas pueden barajarse como en un juego de naipes. <I>Retombe&eacute;</I> es tambi&eacute;n una similaridad o un parecido en lo discontinuo: dos objetos distantes y sin comunicaci&oacute;n o interferencia pueden revelarse an&aacute;logos; uno puede funcionar como el doble -la palabra tambi&eacute;n tomada en el sentido teatral del t&eacute;rmino- del otro: no hay ninguna jerarqu&iacute;a de valores entre el modelo y la copia&quot; (Sarduy 1999b, 1370). Tales afirmaciones se producen en claro v&iacute;nculo con el <I>come&ccedil;o, recome&ccedil;o</I> que abre el citado poemario de Haroldo de Campos (1984). </p>     <P align="justify"><a href="#spie5" name="pie5">5</a>	En &quot;Pintado sobre un cuerpo&quot;, uno de los ensayos recogidos en <I>La simulaci&oacute;n </I>(1982), Sarduy desarrolla la noci&oacute;n de <I>arte hipert&eacute;lico</I>. Al respecto, apunta: &quot;Llegada la marea del equinoccio, ciertos animales ciliados retroceden excesivamente sobre la arena, huyen demasiado lejos hacia el interior de la tierra. Cuando el mar se calma, son incapaces de volver a alcanzarlo: mueren en el exilio, tratando en vano de regresar al agua, cada vez m&aacute;s lejana, de recorrer al rev&eacute;s el camino que un impulso irresistible, inscrito en ellos desde su nacimiento y satur&aacute;ndolos con su energ&iacute;a, les hab&iacute;a obligado a tomar&quot; (1999b, 1293). A partir de este ejemplo, define la hipertelicidad como &quot;la posibilidad del arte y de la naturaleza de ir m&aacute;s all&aacute; de sus fines&quot; (Sarduy 1999 b, 1298), y describe lo que entiende como una &quot;voluntad&quot; de los ciliados por manifestar un &quot;fasto&quot;, una &quot;inutilidad&quot; y un &quot;exceso&quot; que los conduce a la muerte. En su propuesta, la naturaleza solo puede superar sus fines mediante una voluntad cifrada en su saber gen&eacute;tico. En la medida en que trasvasa la conservaci&oacute;n, instala un vac&iacute;o entre los l&iacute;mites de vida y de muerte que funda, como el Barroco, una identidad &quot;no id&eacute;ntica al objeto&quot; (1999b, 1294). En correspondencia con este ejemplo, Sarduy posiciona al Neobarroco como un saber que quiere instalarse &quot;m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; mismo&quot;, es decir, fundar un lenguaje alejado de los intercambios eficaces y de los modos de regulaci&oacute;n de las &quot;buenas y malas&quot; maneras de hacer arte. Un desarrollo completo de los alcances de esta noci&oacute;n ha sido presentado en otro art&iacute;culo, &quot;Sarduy y el neobarroco. Interpretaciones sobre lo pol&iacute;tico en el arte&quot; (Santucci 2011, 1-14).</p>     <P align="justify"><a href="#spie6" name="pie6">6</a>	Al respecto apunta Mal&eacute;vich: &quot;Cuando en 1913, a lo largo de mis esfuerzos desesperados por liberar al arte del lastre de la objetividad, me refugi&eacute; en la forma del cuadrado y expuse una pintura que no representaba m&aacute;s que un cuadrado negro sobre un fondo blanco, los cr&iacute;ticos y el p&uacute;blico se quejaron: &#39;Se perdi&oacute; todo lo que hab&iacute;amos amado. Estamos en un desierto. &iexcl;Lo que tenemos ante nosotros no es m&aacute;s que un cuadrado negro sobre fondo blanco!&#39; Y buscaban palabras aplastantes para alejar el s&iacute;mbolo del desierto y para reencontrar en el cuadrado muerto la imagen preferida de la realidad, la objetividad real y la sensibilidad moral. La cr&iacute;tica y el p&uacute;blico consideraban a este cuadrado incomprensible y peligroso, pero no se pod&iacute;a esperar otra cosa&quot; (Mal&eacute;vich 1915, 317-323).</p>     <P align="justify"><a href="#spie7" name="pie7">7</a>	Seg&uacute;n la tesis de Susan Buck-Morss (2005, 167-222), Walter Benjamin concibe a la experiencia est&eacute;tica en t&eacute;rminos neurol&oacute;gicos, es decir, en t&eacute;rminos de un proceso que acontece en la mente del artista, en la medida en que este participa de la misma con la potencia org&aacute;nica de sus sentidos. Por su parte, la propuesta te&oacute;rica de Sarduy sobre la imagen nos permite reconsiderar, tambi&eacute;n, a la est&eacute;tica como un acontecimiento de percepci&oacute;n de lo sensible y por lo tanto como una <I>est&eacute;sica</I>, en t&eacute;rminos de Buck-Morss y Cherri (2012). Adem&aacute;s, cabe destacar que la relaci&oacute;n <I>est&eacute;sica</I> es un modo de poner en juego lo humano y lo animal/natural. Al respecto, apunta Sarduy: &quot;Los colores curan. Los colores y esa otra forma vibratoria de los colores que son las palabras. En el tantrismo se practica la cromoterapia. La disposici&oacute;n de los diferentes rojos en el mandala, los c&iacute;rculos, la figura que ocupa el centro y las figuras anexas, en sus respectivos para&iacute;sos, tienen como funci&oacute;n canalizar una energ&iacute;a, es decir, armonizar el cuerpo y sus diferentes fluidos, sus distintas intensidades&quot; (Sarduy 1999b, 1823). Vemos en este caso c&oacute;mo Sarduy asume a la escritura en tanto trabaz&oacute;n simb&oacute;lica entre naturaleza y cultura. En otro trabajo hemos aludido a este tipo de afirmaciones frecuentes en la reflexi&oacute;n sarduayana. V&eacute;ase &quot;Asimilaciones te&oacute;ricas de Severo Sarduy. Comentarios sobre la analog&iacute;a pl&aacute;stica&quot; (Santucci 2013).</p>     <P align="justify"><a href="#spie8" name="pie8">8</a>	A prop&oacute;sito de este cuadro, en <I>Fifteen Theses on Contemporary Art</I>, Badiou afirma: &quot;&iquest;Es &#39;eso&#39; la creaci&oacute;n de algo? En un sentido s&iacute;, pero de hecho, es la purificaci&oacute;n completa del problema de la relaci&oacute;n entre forma y color. Es m&aacute;s, el problema de la relaci&oacute;n entre la forma y el color es uno antiguo, con una larga historia, y en el <I>Cuadrado blanco sobre fondo blanco,</I> de Mal&eacute;vich, tenemos la purificaci&oacute;n definitiva de la historia del problema y tambi&eacute;n es una creaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n es el final, porque despu&eacute;s del <I>Cuadrado blanco sobre fondo blanco</I> hay, en un sentido, nada, no podemos continuar. Es por eso que tenemos una purificaci&oacute;n completa y despu&eacute;s de Mal&eacute;vich toda correlaci&oacute;n entre forma y color parece vieja, o impura, pero es tambi&eacute;n el final de la pregunta, y tenemos que empezar con otra m&aacute;s. Podr&iacute;amos decir que con la creaci&oacute;n art&iacute;stica, no es exactamente la creaci&oacute;n pura de formas nuevas, algo como el proceso de purificaci&oacute;n con principios y con finales tambi&eacute;n. As&iacute; pues, tenemos secuencias de purificaci&oacute;n, mucho m&aacute;s que puras rupturas de la pura creaci&oacute;n&quot; (2003, 4) &#91;traducci&oacute;n de la autora&#93;. &quot;Is that the creation of something? In one sense yes, but in fact, it&#39;s the complete purification of the problem of the relation between shape and color. In fact, the problem of the relation between shape and color is an old one with a long story and in Malevich&#39;s <I>White Square on </I><I>White Square</I>, we have an ultimate purification of the story of the problem and also it&#39;s a creation, but it&#39;s also the end, because after <I>White Square on White </I><I>Square</I> there is, in one sense, nothing, we cannot continue. So we have a complete purification, and after Malevich all correlation between shape and color looks old, or impure, but it&#39;s also the end of the question, and we have to begin with something else. We may say that with artistic creation it&#39;s not exactly the pure creation of new forms, something like the process of purification with beginnings and with ends too. So, we have sequences of purification, much more than pure rupture of pure creation&quot;.</p>     <P align="justify"><a href="#spie10" name="pie10">10</a>	Aludimos a la noci&oacute;n de &quot;presente no inaugural&quot; con la que Susana Scramim identifica la temporalidad en las obras de arte y literarias de la modernidad. Para Scramim la discusi&oacute;n sobre la temporalidad no tiene que ver con la construcci&oacute;n de un &quot;ahora&quot; de los textos vinculado con un eje de acontecimientos que circulan en ellos. Por el contrario, los textos literarios y art&iacute;sticos de la modernidad -va a decir- &quot;m&aacute;s que presuponer una contemporaneidad implican una noci&oacute;n compartida del hacer art&iacute;stico. Los escritores que valoramos como &#39;del presente&#39; no son necesariamente &#39;contempor&aacute;neos&#39; sino que producen un pensamiento &#39;com&uacute;n acerca de lo literario&#39;&quot;. Su efecto no es el de la construcci&oacute;n de un grupo identificable sino el de &quot;una comunidad sin lazos&quot;, con singularidades movidas por un deseo de arte (un &quot;querer ser arte&quot;) m&aacute;s que por un hacer art&iacute;stico. Esto se visualiza en diversas obras actuales que abdican de las caracter&iacute;sticas de ser arte, ultrapasando las fronteras de los g&eacute;neros, siendo distintas modalidades discursivas, pero ninguna de ellas aut&oacute;nomamente (Scramim 2007, 13-17) &#91;traducci&oacute;n de la autora&#93;.</p>     <P align="justify"><a href="#spie11" name="pie11">11</a> <I>Imag&eacute;tico</I> es un t&eacute;rmino portugu&eacute;s que no tiene traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol, significar&iacute;a &quot;que est&aacute; hecho de im&aacute;genes&quot; y no deber&iacute;a confundirse con lo que en espa&ntilde;ol definimos como &quot;imaginario&quot;, dado el componente de abstracci&oacute;n, <I>imaginaci&oacute;n</I> o imaginer&iacute;a, que comporta. Por otro lado, Sarduy asume a la modernidad en t&eacute;rminos similares a los que Antelo presenta en <I>Cr&iacute;tica ac&eacute;</I><I>fala</I>, seg&uacute;n la cual, la modernidad, &quot;es un guion, un <I>roteiro</I> o derrotero, un movimiento en direcci&oacute;n al movimiento pero tambi&eacute;n una secuencia de discontinuidades&quot; (Antelo 2008, 13), de modo que resulta &uacute;til tomar esta ultima categor&iacute;a para su explicitaci&oacute;n.</p>     <P align="justify"><a href="#spie12" name="pie12">12</a>	La palabra &quot;extimidad&quot;, que Jacques Lacan invent&oacute; en su seminario sobre <I>La &eacute;ti</I><I>ca del psicoan&aacute;lisis</I> (1958) y que Jacques-Alain Miller rescat&oacute; y reutiliz&oacute; en 1985, puede definirse como &quot;goce que toman las formas m&aacute;s variadas de s&iacute;ntoma&quot;: &quot;algo exterior, confiado a s&iacute; mismo, rechazado del lenguaje. Ya no es &eacute;xtimo al Otro sino &#39;forcluido&#39; &#91;mecanismo espec&iacute;fico que opera en la psicosis por el cual se produce el rechazo de un significante fundamental, expulsado del universo simb&oacute;lico del sujeto&#93; y retorna en lo real&quot; (Miller 2010, 20). Antelo, por su parte, en <I>Cr&iacute;tica ac&eacute;fala</I>, la define como &quot;un lugar simult&aacute;neamente interno-externo, metido en la cueva de lo propio pero abierto asimismo a la indefensi&oacute;n de la vida. En ese sitio-guion, ni plenamente mim&eacute;tico ni totalmente m&aacute;gico, sino &eacute;tico, se esboza un m&aacute;s all&aacute; del sujeto y un m&aacute;s all&aacute; de lo moderno&quot; (Antelo 2008, 28). Sarduy, por su parte, pone en circulaci&oacute;n este concepto al proponer al sujeto moderno como un &quot;exilado de s&iacute; mismo&quot; (1990) integrado a procesos de desestabilizaci&oacute;n epist&eacute;mica (Sarduy 1999a, 41-43).</p> <hr size="1">     <p><B>Obras citadas</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p> <B></b>Antelo, Ra&uacute;l. 2008. <I>Cr&iacute;tica ac&eacute;fala</I>. Buenos Aires: Editorial Grumo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0123-5931201300010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Antelo, Ra&uacute;l. 2012. Apuntes del curso &quot;Archifilolog&iacute;as latinoamericanas. La modernidad como escena del crimen&quot;. Universidad Nacional de C&oacute;rdoba: Mimeo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0123-5931201300010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Badiou, Alain. 2003. &quot;Fifteen theses on contemporary art&quot;. <I>Lacanian Ink 23.</I> <a href="http://www.lacan.com/frameXXIII7.htm" target="_blank">http://www.lacan.com/frameXXIII7.htm</a> (consultado en marzo de 2013)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0123-5931201300010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Badiou, Alain. 2005. <I>El siglo</I>. Buenos Aires: Manantial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0123-5931201300010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Belting, Hans. 2007. <I>Antropolog&iacute;a de la imagen</I>. Bueno Aires: Editorial Katz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0123-5931201300010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Berger, John. 2012. <I>Modos de ver</I>. 2.&ordf; ed. Barcelona: Gustavo Gilli.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0123-5931201300010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Buck-Morss, Susan. 2005. &quot;Est&eacute;tica y anest&eacute;sica. Una reconsideraci&oacute;n del ensayo sobre la obra de arte&quot;. En <I>Walter Benjamin, escritor </I><I>revolucionario</I>, 169-222. 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Ponencia presentada en el VIII Congreso Internacional de Teor&iacute;a y Cr&iacute;tica Literaria Orbis Tertius <I>Literaturas compartidas</I>, mayo. La Plata: FaHCE. En prensa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0123-5931201300010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Didi-Huberman, Georges. 2006. <I>Ante el tiempo. Historia del arte y </I><I>anacronismo de las im&aacute;genes</I>. Buenos Aires: Adriana Hidalgo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0123-5931201300010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Fossey, Jean Michel. 2002. &quot;Entrevistas con Severo Sarduy&quot;. <I>Revista La </I><I>Habana Elegante</I>. <I>Segunda &eacute;poca</I> 17: 1-12.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0123-5931201300010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kracauer, Sigfried. 2010. <I>Historia. Las &uacute;ltimas cosas antes de las &uacute;ltimas</I>. 1.&ordf; ed. Buenos Aires: Las Cuarenta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0123-5931201300010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Link, Daniel. 2008. &quot;Rese&ntilde;a <I>Cr&iacute;tica ac&eacute;fala</I>&quot;. <I>Revista</I> <I>Boletim de Pesquisa - </I><I>NELIC </I>8: 12- 13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0123-5931201300010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mal&eacute;vich, Kazimir. 2000. &quot;Manifiesto del suprematismo, 1915&quot;. En Mario de Micheli.<I> Las vanguardias art&iacute;sticas del siglo </I><I>XX</I>, 317-323. Trad. Pepa Linares. Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0123-5931201300010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Miller, Jacques-Alain. 2010. <I>Extimidad</I>. Buenos Aires: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0123-5931201300010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>P&eacute;rez, Rolando. 2012. <I>Severo Sarduy and the neo-baroque image of thought </I><I>in the visual arts.</I> West Lafayette, Indiana: Purdue University.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0123-5931201300010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>R&iacute;os, Valeria de los. 2006. &quot;La anamorfosis en la obra de Severo Sarduy&quot;. <I>Revista </I><I>ALPHA</I> 23 (diciembre): 247-258.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0123-5931201300010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sarabia, Rosa. 2011. <I>La po&eacute;tica visual de Vicente Huidobro. </I>Madrid: Iberoamericana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0123-5931201300010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sarduy, Severo. 1999a. <I>Obras completas</I>. Tomo I. M&eacute;xico: FCE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0123-5931201300010001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sarduy, Severo. 1999b. <I>Obras completas</I>. Tomo II. M&eacute;xico: FCE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0123-5931201300010001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sarduy, Severo. 2007. <I>Obras </I><I>I </I><I>Poes&iacute;a</I>. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0123-5931201300010001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Scramim, Susana. 2007. <I>A literatura do presente. Hist&oacute;ria e anacronismo </I><I>dos textos</I>. Santa Catarina: Argos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0123-5931201300010001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Silva, Mar&iacute;a Guadalupe. 2012. &quot;El arte del recuerdo. Im&aacute;genes de Jos&eacute; Lezama Lima.&quot; En <I>&Iacute;nsulas y po&eacute;ticas. Figuras literarias en el caribe</I>, 173-194.<I> </I>Buenos Aires: Biblos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0123-5931201300010001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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