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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Diaconu, Diana. Fernando Vallejo y la autoficción. Coordenadas de un nuevo género narrativo. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2013. 392 págs.]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">     <p><a href="http://dx.doi.org/10.15446/lthc.v16n2.47222" target="_blank">http://dx.doi.org/10.15446/lthc.v16n2.47222</a></p>     <p align="right"><b>Rese&ntilde;as</b> </p>      <p align="center"><b><font size="4">Diaconu, Diana. <i>Fernando  Vallejo y la autoficci&oacute;n. Coordenadas</i> <i>de un nuevo g&eacute;nero narrativo</i>.    <br> Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia, 2013. 392 p&aacute;gs.</font></b></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="right"><b>Iv&aacute;n Vicente Padilla Chasing</b>    <br>   Departamento de Literatura    <br>   Universidad Nacional de Colombia &ndash; Bogot&aacute;</p> <hr>     <p>En  este libro Diana Diaconu ofrece una lectura de la obra de   Fernando  Vallejo en un enfoque que busca exponer todas las facetas   de  su escritura y la manera como su b&uacute;squeda est&eacute;tica, en el sentido   191   ag&oacute;nico  del t&eacute;rmino, por oposici&oacute;n al modo novelesco de expresi&oacute;n,   lo  conduce a la hoy llamada <i>autoficci&oacute;n</i>. Al proponerse explicar dicho   fen&oacute;meno  literario en relaci&oacute;n con las circunstancias hist&oacute;ricas,   sociales  y culturales de su aparici&oacute;n, la autora nos ofrece un riguroso   recorrido  por la obra del escritor antioque&ntilde;o, que lleva al lector, primero,   a  la comprensi&oacute;n del nuevo tipo de <i>pacto  ficcional </i>configurado   en  sus obras y, segundo, al discernimiento de la reacci&oacute;n o <i>toma de</i>   <i>posici&oacute;n </i>que este  asume no solo ante la realidad, sino tambi&eacute;n en el <i>campo </i>de la literatura colombiana, el de la  novela en particular. Sin   descuidar  la importancia de <i>Logoi: una gram&aacute;tica del lenguaje literario</i>,   el  an&aacute;lisis de las biograf&iacute;as <i>El mensajero </i>(Porfirio Barba Jacob),   <i>Almas en pena, Chapolas negras </i>(Jos&eacute;  Asunci&oacute;n Silva), del volumen   de  novelas comprendidas en <i>El r&iacute;o del tiempo </i>(<i>Los d&iacute;as azules</i>, <i>El fuego</i>   <i>secreto</i>, <i>Los  caminos a Roma</i>, <i>A&ntilde;os  de indulgencia </i>y <i>Entre  fantasmas</i>),   las  novelas <i>La virgen de los sicarios</i>, <i>La rambla paralela</i>, <i>Mi hermano</i>   <i>el alcalde</i>, <i>El desbarrancadero </i>y <i>El don de la vida </i>le permiten al lector   entender  c&oacute;mo, poco a poco, Vallejo se encamina a una escritura   hiperrealista,  en la cual, a pesar de la fuerte presencia de elementos   autobiogr&aacute;ficos,  la novela se reinventa y propone la compleja lectura   de  ficciones, cuya particularidad reside en el hecho de formular &quot;dos   pactos  antit&eacute;ticos y simult&aacute;neos&quot;: &quot;El resultado es este g&eacute;nero que recibi&oacute;  el nombre de <i>autoficci&oacute;n</i>&quot; (183-184).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esclarecer  este fen&oacute;meno le impone a Diaconu la tarea de explicar   los  aspectos composicionales, las caracter&iacute;sticas axiol&oacute;gicas y las   circunstancias  de concepci&oacute;n y redacci&oacute;n de las obras de Vallejo.   Tal  como lo sugiere el t&iacute;tulo, el punto de vista inicial es el problema   del  g&eacute;nero, la forma de expresi&oacute;n escogida o descubierta por el   autor  para plantear un sinn&uacute;mero de problem&aacute;ticas de &eacute;poca. No   obstante,  no se trata de una reflexi&oacute;n sobre la forma en s&iacute;, derivada   de  un ingenuo af&aacute;n clasificador, sino de su significado cultural en   Colombia  y Latinoam&eacute;rica (91-92): la autoficci&oacute;n no aparece como   una  forma ret&oacute;rica desprovista de sentido, sino como un g&eacute;nero que   entra,  primero, a problematizar y evaluar la crisis de la modernidad   o  la problem&aacute;tica entrada de nuestros pa&iacute;ses en la posmodernidad,   y  luego, como un fen&oacute;meno literario que viene a cuestionar algunos   prejuicios  y automatismos de la narrativa del llamado <i>Boom</i>.</p>     <p>As&iacute;,  para empezar, en la primera parte (cap&iacute;tulos uno y dos),   el  estudio ofrece una rica reflexi&oacute;n te&oacute;rico-conceptual necesaria   para  explicar las caracter&iacute;sticas de la autoficci&oacute;n en general y la   particularidad  del uso que de ella hace Fernando Vallejo. Lejos de   ser  un tradicional cap&iacute;tulo te&oacute;rico en el cual se expone un marco   conceptual,  se trata de una construcci&oacute;n de las coordenadas del   g&eacute;nero  que le permiten diferenciar la autoficci&oacute;n de otros g&eacute;neros   como  la autobiograf&iacute;a, los relatos ficcionales en primera persona   del  tipo autobiogr&aacute;fico y los de la llamada literatura testimonial o   del  &quot;Yo&quot;. En este sentido, la autora entra en el debate de una categor&iacute;a   hasta  hoy discutida, puesto que se propone explicar un g&eacute;nero   inacabado,  a&uacute;n en proceso de constituci&oacute;n: al tratar de definir la   fisonom&iacute;a  est&eacute;tica y axiol&oacute;gica de la autoficci&oacute;n y la toma de posici&oacute;n   que  Vallejo expresa a trav&eacute;s de ella, en el cap&iacute;tulo primero,   Diaconu  se permite debatir, dialogar con autoridades como Genette   y  Dubrovsky, entre otros, que han intentado definir las caracter&iacute;sticas   de  este g&eacute;nero narrativo.</p>     <p>Distanci&aacute;ndose  de ellos y replanteando algunos aspectos de la narratolog&iacute;a   tradicional,  para exponer las particularidades de la <i>autoficci&oacute;n</i>,   la  autora expresa la necesidad de ir m&aacute;s all&aacute; de la identificaci&oacute;n sint&aacute;ctica   e  instrumental de la primera persona, del aspecto autorreferencial,   &quot;superar  el aspecto exclusivamente formal de este h&iacute;brido   visto  como producto de laboratorio y apuntar hacia su significado   cultural  en nuestra &eacute;poca posmoderna&quot;. Diaconu privilegia entonces   el  enfoque sociocr&iacute;tico: desde su punto de vista, esta perspectiva anal&iacute;tica   permite  explicar de manera m&aacute;s acertada el &quot;pacto ambivalente&quot;   (autobiogr&aacute;fico  y novelesco), &quot;la tensi&oacute;n creada entre los dos pactos   antit&eacute;ticos&quot;,  y observar c&oacute;mo las &quot;autoficciones aut&eacute;nticas&quot; exploran   &quot;los  l&iacute;mites narrativos de ambos g&eacute;neros, para cuestionar las convenciones   y  vivificar aquellos rasgos gen&eacute;ricos que, transformados, est&aacute;n   llamados  a perdurar&quot;. Para ella, &quot;las creaciones m&aacute;s genuinas&quot; de este   g&eacute;nero  son aquellas que, aunque introduzcan aspectos de la vida y la   personalidad  del autor, mantienen dicha tensi&oacute;n dando lugar a &quot;intensidades   m&aacute;ximas&quot;:  &quot;m&aacute;s que productos de la posmodernidad son   obras  extremadamente cr&iacute;ticas con respecto a nuestra &eacute;poca&quot; (49-50).</p>     <p>En  el cap&iacute;tulo segundo, la b&uacute;squeda conceptual para explicar la   originalidad  de la obra de Vallejo y exponer su valor est&eacute;tico y cultural   conduce  a Diaconu a elaborar un segundo marco conceptual en   el  cual sobresalen te&oacute;ricos y ensayistas europeos, norteamericanos,   latinoamericanos  y colombianos no siempre reconocidos como autoridades   en  el &aacute;mbito de los estudios literarios. Entre ellos aparecen   Bajt&iacute;n,  Kristeva, Mukarovsky, Bourdieu, Sloterdijk, Garc&iacute;a Canclini,   Cruz  Kronfly, &Aacute;lvaro Mutis, Vargas Llosa y Gonz&aacute;lez Echevarr&iacute;a,   entre  otros. Lejos de aparecer como referencias eruditas, gratuitas,   el  di&aacute;logo con estos autores le permite exponer no solo la toma de   posici&oacute;n  de Vallejo frente a nuestra tradici&oacute;n literaria, sino tambi&eacute;n   registrar  el cambio de paradigma que se opera en las categor&iacute;as   hasta  ahora utilizadas para explicar la narrativa latinoamericana.   B&aacute;sicamente  el paso o la ruptura que se da con respecto al discurso   americanista  fundamentado en categor&iacute;as como &quot;Am&eacute;rica mestiza&quot;   y  &quot;Am&eacute;rica m&aacute;gica o maravillosa&quot;. Seg&uacute;n Diaconu, &quot;como todas las   tomas  de posici&oacute;n v&aacute;lidas del <i>post-boom</i>, la de Fernando Vallejo   rompe  totalmente con la imagen m&iacute;tica-ex&oacute;tica de Am&eacute;rica Latina,   consagrada  por el <i>boom</i>&quot;,  raz&oacute;n por la cual, la primera reacci&oacute;n del   escritor  antioque&ntilde;o se ejerce contra Garc&iacute;a M&aacute;rquez y los numerosos   ep&iacute;gonos  &quot;que prolongaban una inaceptable imagen oficial,   comercial,  tur&iacute;stica de la realidad latinoamericana y, en especial, de   la  colombiana&quot; (118-120). Este gesto de Vallejo, la lleva a entender la   autoficci&oacute;n  como un &quot;discurso desmitificador&quot;, un &quot;g&eacute;nero en revuelta&quot;   que  expresa la experiencia de la <i>abyecci&oacute;n </i>vivida por el autor   en  Colombia (81-82). Al superar las <i>ficciones  del Archivo</i>, la soluci&oacute;n   est&eacute;tica  de Vallejo, &quot;este g&eacute;nero parad&oacute;jico&quot;, hace posible, primero,   &quot;que  el discurso literario se mantenga en contacto directo con la   realidad  hist&oacute;rica sin que por esto su car&aacute;cter est&eacute;tico se vea puesto   en  entredicho&quot;; y, segundo, al mismo tiempo, &quot;logra darle una voz   aut&eacute;ntica  al sujeto cuya identidad est&aacute; definiendo, en buena parte   porque  ya no lo concibe como un ser colectivo, abstracto, sino estrictamente   individual  y &uacute;nico&quot; (143-144).</p>     <p>En  la segunda parte, cap&iacute;tulos tres y cuatro, estas conclusiones parciales  dan lugar a un ejercicio cr&iacute;tico de an&aacute;lisis riguroso en el que  sobresalen, primero, el sentido hist&oacute;rico que pone en perspectiva la  g&eacute;nesis de la autoficci&oacute;n en relaci&oacute;n con la narrativa tradicional, costumbrista  y m&iacute;tica colombiana y latinoamericana; segundo, un sentido  sociol&oacute;gico y cultural que demuestra la importancia y el significado de  la aparici&oacute;n de un escritor como Fernando Vallejo en el &aacute;mbito  de las letras y de los problemas culturales latinoamericanos; tercero,  un ejercicio anal&iacute;tico comparado a trav&eacute;s del cual descubrimos no  solo la fisionom&iacute;a y vericuetos de un g&eacute;nero antican&oacute;nico, cr&iacute;tico  y autocr&iacute;tico, sino tambi&eacute;n la existencia de una serie o familia literaria  en la cual se inscribe Vallejo. Con respecto a estos &uacute;ltimos aspectos,  llama la atenci&oacute;n el tipo de comparaciones y paralelos establecidos por  Diaconu. Y, cuarto, un agudo sentido cr&iacute;tico que eval&uacute;a el  estado de la cr&iacute;tica especializada con respecto a la obra de Vallejo.</p>     <p>As&iacute;,  dichas comparaciones desbordan el &aacute;mbito colombiano y   latinoamericano  y ponen a dialogar las afinidades est&eacute;ticas y axiol&oacute;gicas   de  Vallejo y su obra con autores y fil&oacute;sofos de culturas distintas   a  la nuestra. Las comparaciones con Juan Goytisolo, Michel Onfray,   Sloterdijk,  Cioran, Piglia y los llamados fil&oacute;sofos c&iacute;nicos de la antig&uuml;edad   cl&aacute;sica  le permiten a Diaconu iluminar el caso de Vallejo,   exponer  su originalidad. As&iacute; como se expone la particularidad de   su  obra, se explica c&oacute;mo, en t&eacute;rminos de Sainte-Beuve, una &quot;familia   espiritual&quot;,  a lo largo de la historia de Occidente, se ha expresado   contra  el idealismo oficial, contra las visiones m&iacute;ticas y religiosas del   mundo  y, sobre todo, contra la <i>doxa </i>propia de los discursos de poder.   Diaconu  revela una familia literaria-filos&oacute;fica que desde la antig&uuml;edad   cl&aacute;sica  ha denunciado el car&aacute;cter reaccionario del pensamiento   idealista  que somete el pensamiento a los intereses del poder. Al   explicar  este tipo de reacciones, de voces minoritarias cuyas vidas   se  han desarrollado al margen del poder y de la <i>doxa</i>, expresadas en   t&eacute;rminos  de <i>revuelta </i>y  de provocaci&oacute;n <i>neoqu&iacute;nica</i>,  y asumiendo que   para  estos escritores la escritura es un &quot;campo de batalla&quot; (73) y &quot;la   provocaci&oacute;n  &#91;&hellip;&#93; es la se&ntilde;a de identidad que particulariza la toma   de  posici&oacute;n de Fernando Vallejo dentro de la m&aacute;s vasta &lsquo;literatura   del  yo&rsquo;&quot; (126), Diaconu argumenta que &quot;irreductible al nivel de la   expresi&oacute;n  o del contenido considerado en su aspecto pre-est&eacute;tico, el   efecto  provocador de la obra de Fernando Vallejo es resultado de una   actitud  vital, de un modo personal y &uacute;nico de pensar, de valorar la   realidad  colombiana contempor&aacute;nea&quot; (151).</p>     <p>No  sin antes advertir que &quot;los falsos moralistas, tanto de nuestra   &eacute;poca,  como los de la Antig&uuml;edad, no perciben la dimensi&oacute;n provocadora   y  cr&iacute;tica de ciertos gestos de los c&iacute;nicos de antes, ni las afirmaciones   de  Fernando Vallejo hoy en d&iacute;a&quot; (168-169), al entrar en los   detalles  de las autoficciones de Vallejo, el gesto cr&iacute;tico de Diaconu   se  vuelca sobre los tics y prejuicios de la cr&iacute;tica literaria colombiana   y  latinoamericana con respecto a la obra de Vallejo. Seg&uacute;n la   autora,  por el hecho de ignorar el <i>nivel est&eacute;tico </i>de las autoficciones   vajellianas,  la cr&iacute;tica ha ca&iacute;do en una interpretaci&oacute;n literal. Por falta   de  sentido del humor y de categor&iacute;as explicativas m&aacute;s adecuadas, se   desconoce  el alcance provocador, cr&iacute;tico, simb&oacute;lico y figurado de   su  escritura. La reivindicaci&oacute;n del nivel est&eacute;tico, y por ende de la   esencia  de los estudios literarios, le permite a Diaconu marcar los   deslindes  de su estudio de los de los estudios culturales y poscoloniales.   Para  ella, indagar en los problemas culturales a trav&eacute;s de la   literatura  precisa, inicialmente, reconocer la intenci&oacute;n art&iacute;stica, la   funci&oacute;n  est&eacute;tica de los textos:</p>     <blockquote>El  error de recepci&oacute;n que supone estimar el discurso <i>novelesco </i>de   Fernando  Vallejo como convencional y hegem&oacute;nico es inducido esta   vez  por la absolutizaci&oacute;n de las tesis de los estudios culturales o poscoloniales;   en  &uacute;ltima instancia, por la tendencia de tales estudios a   ignorar  el nivel est&eacute;tico, las posibilidades peculiares de expresi&oacute;n que   tiene  la literatura y su facultad de plasmar verdades m&uacute;ltiples y matizadas,   evaluaciones  diferentes de la realidad, a trav&eacute;s de la <i>forma</i>. (257)</blockquote>     <p>De  este modo, al mismo tiempo que expone su lectura, Diaconu   cuestiona  una serie de categor&iacute;as explicativas &quot;inadecuadas&quot; e &quot;inoperantes&quot;   (247),  que desafortunadamente distorsionan la valoraci&oacute;n   est&eacute;tica  y hacen que los cr&iacute;ticos permanezcan atrapados en el criterio   anecd&oacute;tico,  tem&aacute;tico, referencial, documental y extraest&eacute;tico. Para   exponer  este problema de recepci&oacute;n y demostrar que gran parte de   las  valoraciones hechas hasta ahora minan el nivel est&eacute;tico de la obra   de  Vallejo, la autora revisa y pone en tela de juicio lecturas &quot;en clave   costumbrista&quot;  y categor&iacute;as explicativas como &quot;<i>novela  sicaresca</i>&quot;,   categor&iacute;as  vagas y generalizantes como &quot;literatura de la violencia&quot;   (239),  &quot;literatura del <i>post-boom</i>&quot;,  &quot;literatura desviacionista&quot; (241),   &quot;literatura  testimonial&quot; (243), &quot;rom&aacute;ntica&quot; (251), &quot;novela de la violencia&quot;   (258),  as&iacute; como &quot;literatura homoer&oacute;tica&quot;, &quot;literatura gay&quot; o   &quot;literatura  queer&quot; (220), incluso, &quot;novela urbana&quot; o &quot;literatura de la   ciudad&quot;  (estas &uacute;ltimas sugeridas entre l&iacute;neas). Por esta raz&oacute;n, afirma   que  &quot;la definici&oacute;n de un g&eacute;nero jam&aacute;s se puede reducir a un aspecto   tem&aacute;tico  (o a varios)&quot; (240), pues &quot;esta actitud conduce a la sobrevaloraci&oacute;n   del  documento y la incomprensi&oacute;n de la obra literaria en   su  dimensi&oacute;n espec&iacute;fica&quot; (257). Aquello que hasta ahora hab&iacute;a sido   le&iacute;do  de manera t&oacute;pica o incluso como cinismo vulgar aparece en   la  propuesta de Diaconu dotado de un sentido literario, hist&oacute;rico,   cultural  y existencial.</p>     <p>En  el cap&iacute;tulo cuarto, despu&eacute;s de explicar la m&aacute;xima expresi&oacute;n del   &quot;hiperrealismo&quot;  en <i>El desbarrancadero</i>, la autora explora la &uacute;ltima   faceta  del recorrido literario de Fernando Vallejo. Indagando en el   significado  del hecho de que el autor renuncie a escribir m&aacute;s autoficciones,   Diaconu  analiza los &quot;libros de ciencia&quot;: <i>La  tautolog&iacute;a darwinista</i>,   <i>Manualito de imposturolog&iacute;a f&iacute;sica </i>y el ensayo hist&oacute;rico <i>La puta</i>   <i>de Babilonia</i>. El  an&aacute;lisis abarca no solo la &quot;crisis de fe&quot; de Vallejo en la   literatura,  sino tambi&eacute;n otros autores del campo afectados por lo que   ella  denomina &quot;el s&iacute;ndrome de Bartleby&quot;, es decir, una literatura del   no  a la ficci&oacute;n y a la imaginaci&oacute;n, y m&aacute;s bien una opci&oacute;n por decir   &quot;la  verdad a todo precio, desenmascarando las falsas ideolog&iacute;as vehiculadas   por  el discurso hegem&oacute;nico&quot; (311). De acuerdo con Diaconu,   estos  libros exhiben tambi&eacute;n una intenci&oacute;n literaria, por supuesto   mal  interpretada, que inscrita en la l&iacute;nea ir&oacute;nica de sus autoficciones,   busca  desmontar las pretensiones de la ciencias, &quot;m&aacute;xima conquista   y  sumo orgullo del esp&iacute;ritu moderno&quot;, al tratar de explicar algo tan   imprevisible  como la vida y los seres humanos (322). Al igual que las   autoficciones,  los remedos de exactitud cient&iacute;fica de Vallejo tan solo   buscan  mostrar c&oacute;mo la ciencia, en vez de producir un conocimiento   profundo,  tan solo realiza alegres mitificaciones (337).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Adem&aacute;s  de la conclusi&oacute;n y una rica bibliograf&iacute;a, el libro de   Diaconu  se cierra con un anexo en el cual se presenta una entrevista   realizada  por ella a Vallejo durante el Carnaval Internacional de las   Artes  de Barranquilla (18 de enero de 2008) (349-356). Para cerrar,   no  queda m&aacute;s que invitar al lector profesional y no profesional a   recorrer  las p&aacute;ginas de este libro que por su rigor acad&eacute;mico, su sentido   cr&iacute;tico,  hist&oacute;rico y sociocultural, por la originalidad del asunto   que  trata, est&aacute; llamado a convertirse en un libro de referencia en lo   que  respecta a los problemas de definici&oacute;n gen&eacute;rica de la autoficci&oacute;n,   as&iacute;  como en todo lo relacionado con la obra del autor de <i>La virgen de</i>   <i>los sicarios</i>. Toda  nueva investigaci&oacute;n alrededor de estos problemas deber&aacute;  consultar el detallado estudio de Diaconu.</p> </font>      ]]></body>
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