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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Del teatro experimental al nuevo teatro, 1959-1975]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The article advocates for a history of the theatre in Colombia, one that refrains from partisan tendencies and ideological complicity. Starting from a bibliographical revision of literature on Colombian theatre between the late 1950s and the present, the article criticizes the emphasis on aspects that ignore fundamental elements of the activities of Colombian theatrical modernity, TEC and La Candelaria. As opposed to most of the theoreticians and critics, who locate modernization in the 1970s and ascribe it to the rise of what is known as Nuevo Teatro (New Theatre), the author suggests that the true modernization of Colombian theatre begins with the generation of La Violencia, around the 1950s. The professionalizing of theatrical activity; the shift in conceptions such as actor, the playwright, and the audience; the renewed political sense; and the reflection on scenic spaces are thus considered as a product of an experimental theatre that was in order between 1950 and 1975. In this sense, rather than initiating a great movement, Nuevo Teatro represents the end of the avant-garde.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">     <p align=center><font size="4"><b>Del teatro experimental al nuevo teatro, 1959-1975<sup><a    name="s*" href="#*">*</a></sup></b></font></p>     <p><b>Claudia Montilla V.</b><sup><a    name="s**" href="#**">**</a></sup></p>     <p><sup><a href="#s**" name="**">**</a></sup> Profesora Asociada al Departamento de Lenguajes y Estudios Socioculturales, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes.</p> <hr size="1">      <p align="right">La &uacute;nica cosa que no puede hacer el artista es detenerse </p>     <p align="right"> en f&oacute;rmulas caducas, porque este lastre pesa de manera </p>     <p align="right">intolerable y paraliza el arte en determinado lugar.</p>     <p align="right"><i>Marta Traba, </i></p>     <p align="right"><i>La pintura nueva en Latinoam&eacute;rica</i></p>  <hr size="1">      <p><b>Resumen:</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El art&iacute;culo propugna por una historia del teatro en Colombia que se abstenga de inclinaciones partidistas y encubrimientos ideol&oacute;gicos. A partir de una revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica de la literatura sobre el teatro en Colombia entre el final de la d&eacute;cada del 50 y el presente, critica el &eacute;nfasis en aspectos que desconocen elementos fundamentales de la actividad de los grupos pioneros de la modernidad teatral colombiana, TEC y La Candelaria. El art&iacute;culo sugiere que la verdadera modernizaci&oacute;n del teatro colombiano se inicia con la generaci&oacute;n de la Violencia, hacia los a&ntilde;os 50, y no en la d&eacute;cada del 70 como sostiene la mayor&iacute;a de los te&oacute;ricos y cr&iacute;ticos, quienes centran la modernizaci&oacute;n en la d&eacute;cada de 1970 y en el surgimiento del llamado Nuevo Teatro. </p>     <p>La profesionalizaci&oacute;n de la actividad teatral, el cambio en las concepciones del actor, director, dramaturgo y p&uacute;blico, el renovado sentido pol&iacute;tico y la reflexi&oacute;n sobre los espacios esc&eacute;nicos, son entonces considerados un producto del teatro experimental que se realiza entre 1950 y 1975. En ese sentido, se estima que el Nuevo Teatro m&aacute;s que el inicio de un gran momento, fue el fin de una vanguardia.</p>     <p><b>Palabras clave:</b></p>     <p><i>Teatro, experimentaci&oacute;n, modernidad, pol&iacute;tica, cr&iacute;tica teatral.</i></p> <hr size="1">     <p><b>Abstract:</b></p>     <p>The article advocates for a history of the theatre in Colombia, one that refrains from partisan tendencies and ideological complicity. Starting from a bibliographical revision of literature on Colombian theatre between the late 1950s and the present, the article criticizes the emphasis on aspects that ignore fundamental elements of the activities of Colombian theatrical modernity, TEC and La Candelaria. As opposed to most of the theoreticians and critics, who locate modernization in the 1970s and ascribe it to the rise of what is known as Nuevo Teatro (New Theatre), the author suggests that the true modernization of Colombian theatre begins with the generation of La Violencia, around the 1950s. </p>     <p>The professionalizing of theatrical activity; the shift in conceptions such as actor, the playwright, and the audience; the renewed political sense; and the reflection on scenic spaces are thus considered as a product of an experimental theatre that was in order between 1950 and 1975. In this sense, rather than initiating a great movement, Nuevo Teatro represents the end of the avant-garde.</p>     <p><b>Key Words:</b></p>     <p><i>Theatre, experimentation, modernity, politics, theatrical criticism.</i></p>  <hr size="1">     <p>Un primer acercamiento a la bibliograf&iacute;a sobre la historia reciente del teatro colombiano insin&uacute;a la existencia de un fuerte movimiento teatral con muy positivos resultados, tanto en el nivel de la pr&aacute;ctica teatral en todos sus aspectos como en el de la teor&iacute;a, reconocimiento y repercusiones en el &aacute;mbito internacional. Tambi&eacute;n se resalta una labor de enriquecimiento de la dramaturgia colombiana y un &eacute;xito sin precedentes-en el nivel nacional-en la formaci&oacute;n de un p&uacute;blico espectador. En varios autores hay la tendencia a identificar ese movimiento-que aqu&iacute; llamaremos Teatro Moderno y que cubre el per&iacute;odo entre mediados de la d&eacute;cada de 1950 hasta 1975-con el llamado Nuevo Teatro.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El Teatro Moderno surge en Colombia gracias a una conjunci&oacute;n de factores diversos, entre los cuales vale la pena destacar, en el plano hist&oacute;rico y social, el per&iacute;odo de <i>La Violencia, </i>con la paralela polarizaci&oacute;n partidista de la vida pol&iacute;tica nacional a partir de 1948 y la migraci&oacute;n masiva a las ciudades junto con el consiguiente florecimiento de la vida urbana. En el plano intelectual y art&iacute;stico es necesario mencionar toda una generaci&oacute;n de artistas, llamados <i>Generaci&oacute;n de La Violencia, </i>que en todos los campos del arte buscaron la revitalizaci&oacute;n de los lenguajes est&eacute;ticos. Entre ellos cabe mencionar escritores como &Aacute;lvaro Cepeda Samudio y Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, pintores como Alejandro Obreg&oacute;n y Enrique Grau y hombres de teatro como Enrique Buenaventura y Santiago Garc&iacute;a. En el &aacute;mbito de lo teatral, el trabajo de estos dos artistas comienza como reacci&oacute;n frente al teatro de corte costumbrista que hab&iacute;a predominado desde la d&eacute;cada de 1930. </p>     <p>Gracias a la labor de difusi&oacute;n de las revistas culturales, en especial <i>Mito, </i>el arte colombiano vivi&oacute; desde 1955 una etapa de exploraci&oacute;n experimental, marcada en el &aacute;mbito particular del teatro por el conocimiento de las teor&iacute;as de maestros europeos como Konstantin Stanislavsky y Bertolt Brecht. Estos dos hombres de teatro, cuya influencia es incuestionable en todo el mundo, significaron aportes que tuvieron claras repercusiones en el desarrollo del teatro colombiano, a pesar del hecho de que sus teor&iacute;as llegaron a nuestro pa&iacute;s con varios a&ntilde;os de retraso (mayor en el caso de Stanislavsky). A riesgo de simplificar excesivamente, se podr&iacute;a anotar que Stanislavsky signific&oacute; el &eacute;nfasis en el actor como veh&iacute;culo central de la expresi&oacute;n teatral, mediante los procesos de interiorizaci&oacute;n, entrenamiento y creaci&oacute;n del personaje. Esta idea se opone tajantemente a la existencia de &quot;divismo&quot; en el teatro, e implica al menos una revisi&oacute;n del rol del director. En cuanto a Brecht, cabe resaltar sobre todo la teor&iacute;a del distanciamiento como manera de evitar la identificaci&oacute;n del espectador con el personaje, y as&iacute; fomentar la capacidad de reflexi&oacute;n del primero sobre los temas expuestos en la obra. Durante la d&eacute;cada de 1960, el inter&eacute;s primordial en las ideas de Brecht se centr&oacute; en el car&aacute;cter pol&iacute;tico del teatro, que el dramaturgo alem&aacute;n explor&oacute; de maneras diversas en sus dos &uacute;ltimas etapas, la did&aacute;ctica y la &eacute;pica. </p>     <p>Los j&oacute;venes hombres de teatro de los primeros a&ntilde;os, entonces, tuvieron acceso a los desarrollos de las vanguardias europeas, no solamente mediante las revistas culturales, sino tambi&eacute;n a trav&eacute;s de sus viajes de estudio a Europa y a pa&iacute;ses latinoamericanos como M&eacute;xico y Argentina. Estas vanguardias se convirtieron en &quot;caldo de cultivo&quot; de una intensa actividad experimental que determin&oacute; los rumbos del teatro moderno colombiano al menos durante quince a&ntilde;os, es decir, por lo menos hasta 1975 (a&ntilde;o del estreno de <i>Guadalupe a&ntilde;os sin cuenta, </i>de La Candelaria, obra paradigm&aacute;tica del Nuevo Teatro, y del I Festival del Nuevo Teatro, organizado por la CCT con el apoyo de Colcultura).</p>     <p>Mi inter&eacute;s en plantear la necesidad de estudiar esta etapa experimental del teatro moderno en Colombia surge de la ya casi generalizada, y errada, en mi opini&oacute;n, concepci&oacute;n de que el Nuevo Teatro fue (y sigue siendo) el teatro de vanguardia en Colombia. El t&eacute;rmino Nuevo Teatro denota un tipo espec&iacute;fico de actividad teatral adscrito a la Corporaci&oacute;n Colombiana de Teatro (CCT) y asociado con la Creaci&oacute;n Colectiva como m&eacute;todo, la estructura de grupo, la tem&aacute;tica esencialmente popular y la vinculaci&oacute;n de una audiencia mayoritariamente proletaria. </p>     <p>Corresponde principalmente a la pr&aacute;ctica de los grupos La Candelaria y TEC, de Bogot&aacute; y Cali, respectivamente. Por tanto, el Nuevo Teatro es s&oacute;lo una entre varias tendencias o etapas que constituyen ese &aacute;mbito heterog&eacute;neo que es el Teatro Moderno. Entre dichas etapas interesa especialmente delimitar, definir y analizar, como ya se dijo, aquella que inaugur&oacute; tanto la reflexi&oacute;n te&oacute;rica y program&aacute;tica como la propia praxis teatral moderna y durante la cual la actividad teatral colombiana se desarroll&oacute; en un esp&iacute;ritu experimental comparable con el de las vanguardias europeas de los primeros a&ntilde;os del siglo XX. A grandes rasgos, puede afirmarse que un esp&iacute;ritu experimental apunta a la renovaci&oacute;n de los lenguajes art&iacute;sticos y surge de una necesidad de reaccionar en contra del realismo y el naturalismo. Por lo tanto, el teatro experimental fue una etapa de aprendizaje que marc&oacute; profunda e irreversiblemente el rumbo del arte esc&eacute;nico en Colombia y merece ser estudiado como etapa diferente a la que se inicia en 1975. Cambi&oacute; concepciones como la de actor, director, dramaturgo y p&uacute;blico, reflexion&oacute; sobre los espacios esc&eacute;nicos, adjudic&oacute; un profundo y renovado sentido pol&iacute;tico, y en &uacute;ltima instancia plante&oacute; la necesidad de fomentar la profesionalizaci&oacute;n de la actividad teatral. Uno de sus aspectos m&aacute;s importantes fue el recurso a las teor&iacute;as-ya cl&aacute;sicas-del teatro moderno, y la realizaci&oacute;n de montajes de obras de dramaturgos contempor&aacute;neos de Europa y Norteam&eacute;rica, as&iacute; como de algunos textos cl&aacute;sicos de la tradici&oacute;n occidental, en especial la tragedia griega y el Siglo de Oro espa&ntilde;ol. El despertar de la vida teatral que produjo el teatro experimental incit&oacute; tambi&eacute;n a los principales grupos a canalizar el deseo de revitalizar la producci&oacute;n dramat&uacute;rgica colombiana. </p>     <p>Por otra parte, de todas las tendencias que surgieron de la fase experimental, la que m&aacute;s atenci&oacute;n ha recibido por parte de algunos sectores de la cr&iacute;tica es el Nuevo Teatro. Este se aliment&oacute; de las ense&ntilde;anzas del teatro experimental, de sus &eacute;xitos y fracasos y de sus presupuestos (est&eacute;ticos, pol&iacute;ticos, t&eacute;cnicos), y logr&oacute; convertirse, gracias a los oficios de una Corporaci&oacute;n Colombiana de Teatro (CCT) que desde mediados de los a&ntilde;os 70 tergiversa sus objetivos iniciales, en el &quot;&uacute;nico teatro aut&eacute;nticamente nacional&quot;. En este orden de ideas, para la mayor&iacute;a de los te&oacute;ricos, cr&iacute;ticos y comentaristas del teatro, el teatro experimental constituy&oacute; tan s&oacute;lo una especie de &quot;tr&aacute;mite&quot;, un paso m&aacute;s que ten&iacute;a que recorrer el Nuevo Teatro hacia su consagraci&oacute;n como &uacute;nico teatro verdadero. Esta postura impide apreciar la complejidad del advenimiento del teatro moderno en nuestro pa&iacute;s, y equ&iacute;vocamente pretende promover la idea de que la plena madurez (te&oacute;rica, teatral y pol&iacute;tica) del teatro colombiano se alcanza a partir de 1975, cuando la CCT busca imponer una homogeneidad program&aacute;tica que ata el desarrollo del teatro y sus proyectos art&iacute;sticos a las actividades y tendencias pol&iacute;ticas de sus practicantes. Un an&aacute;lisis detallado de la bibliograf&iacute;a al respecto, sin embargo, puede llevar a la conclusi&oacute;n de que el Nuevo Teatro, m&aacute;s que la apoteosis del teatro &quot;aut&eacute;nticamente nacional&quot;, es la decadencia del teatro verdaderamente experimental, el fin de la vanguardia, etapa en la cual el teatro se alinea pol&iacute;ticamente, se acomoda en f&oacute;rmulas y restringe la investigaci&oacute;n y la creatividad tanto en el nivel de la teor&iacute;a como de la pr&aacute;ctica.</p>     <p>En la actualidad, a pesar del asentamiento que podr&iacute;an haber permitido los 43 a&ntilde;os que han transcurrido desde el montaje de 1959 de <i>Edipo Rey, </i>de S&oacute;focles, dirigido por Enrique Buenaventura, predominan confusiones, exclusiones, silencios y vac&iacute;os que redundan en una comprensi&oacute;n tendenciosa y alineada del quehacer teatral en Colombia, as&iacute; como en el rechazo y hasta repudio de las mismas fuentes que originaron el esp&iacute;ritu de ruptura, perfeccionamiento t&eacute;cnico y profesionalizaci&oacute;n que caracteriz&oacute; a la vanguardia.</p>     <p>M&aacute;s que sobre los propios directores te&oacute;ricos, quienes en su momento asumieron a cabalidad lo que consideraron deber&iacute;a ser su compromiso art&iacute;stico y pol&iacute;tico, esta responsabilidad recae sobre la cr&iacute;tica. Una cr&iacute;tica partidista, por una parte, que no ha trascendido los l&iacute;mites de su propia convicci&oacute;n ideol&oacute;gica y que no ha cumplido su labor de contextualizaci&oacute;n o evaluaci&oacute;n equilibrada de las m&uacute;ltiples variables que han influido hist&oacute;ricamente en el desarrollo del teatro colombiano, y por otra parte una cr&iacute;tica acad&eacute;mica que no ha sabido denunciar los excesos de su contraparte partidista ni dar seguimiento a la actividad teatral desde un trasfondo neutral. </p>     <p>La cr&iacute;tica partidista desconoce, cuando no descarta de plano, algunos elementos cruciales de la historia cultural universal y de Colombia que en su momento ejercieron un considerable peso en el desarrollo del teatro colombiano. As&iacute;, por ejemplo, el <i>Bogotazo </i>y <i>La Violencia, </i>junto con la Revoluci&oacute;n Cubana, ocupan un lugar prominente, mientras que hechos como la Revoluci&oacute;n Cultural China, la Guerra de Vietnam y la Revoluci&oacute;n estudiantil de Mayo de 1968, por ejemplo, son r&aacute;pidamente descartados. En la esfera de la cultura colombiana, sobresale la omisi&oacute;n, por parte de la cr&iacute;tica partidista, de fen&oacute;menos muy importantes para la cultura nacional en general, como la <i>Revista Mito </i>y su influencia en todos los campos de la vida intelectual, de los artistas de la &quot;Generaci&oacute;n de la Violencia&quot; (Camacho, Entrevista), y de otros aspectos m&aacute;s cercanos a la esfera de lo teatral que influyeron en el desarrollo del teatro moderno. Entre estos hay que mencionar la herencia de la dramaturgia de Luis Enrique Osorio, que a pesar de su l&iacute;nea comercial y costumbrista, hizo &eacute;nfasis en &quot;el esp&iacute;ritu cr&iacute;tico y burlesco hacia la realidad pol&iacute;tica del pa&iacute;s&quot; y &quot;logr&oacute; una gran aceptaci&oacute;n por parte de amplios sectores populares&quot; (Plata, 1996, p. 279) y el radioteatro de la Radiodifusora Nacional, impulsado por el primer director de la emisora, Rafael Guizado (Plata, 1996, p. 280; Valencia, 275; Camacho, Entrevista), cuya labor, desde 1940, &quot;puede considerarse la cuna del movimiento teatral contempor&aacute;neo en Colombia, pues cuando vino Seki Sano a ense&ntilde;ar a Bogot&aacute; encontr&oacute; ya un terreno abonado&quot; (Valencia, 275).</p>     <p>Estas carencias de ambas tendencias cr&iacute;ticas pueden deberse al hecho de que, como ya se anot&oacute;, la mayor&iacute;a de los libros y art&iacute;culos sobre el teatro moderno en Colombia fueron y han sido escritos por participantes, principalmente directores, miembros de los grupos que estaban empe&ntilde;ados en la construcci&oacute;n de una vanguardia, Enrique Buenaventura y Santiago Garc&iacute;a, en especial. Con toda legitimidad, estos directores te&oacute;ricos articularon en forma generosa (Antei, 1989, p 171) los aspectos determinantes de su propia experiencia. Pero obviamente, tambi&eacute;n omitieron otros factores paralelos, secundarios tal vez desde el punto de vista de sus propios grupos y sus intereses pol&iacute;ticos, pero decisivos en el escenario general de la cultura y la pol&iacute;tica colombiana. Un acompa&ntilde;amiento cr&iacute;tico seriamente comprometido con el arte teatral (y no tanto con la actividad pol&iacute;tica de sus figuras principales) habr&iacute;a podido matizar, problematizar y contextualizar estos aportes te&oacute;ricos, enriqueciendo a la vez la experiencia art&iacute;stica de los grupos y el conocimiento sistematizado sobre el teatro.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los estudiosos ajenos al mundo teatral propiamente dicho, entre los cuales se cuentan los cr&iacute;ticos Fernando del Toro, Mar&iacute;a Mercedes Jaramillo y Beatriz Rizk, es decir, una vertiente de la cr&iacute;tica acad&eacute;mica, celebra, sobre todo en a&ntilde;os muy recientes, la actitud social y pol&iacute;tica del teatro, pero no se ocupa cr&iacute;ticamente de su historia teatral, su desarrollo o sus resultados. En este sentido, tampoco eval&uacute;a cr&iacute;ticamente los planteamientos program&aacute;ticos de autores como Buenaventura y Garc&iacute;a, y m&aacute;s bien los convierte en art&iacute;culos de fe y en pilares para el desarrollo futuro del teatro. Por ejemplo, no se detiene a evaluar, desde ese &aacute;mbito privilegiado de la investigaci&oacute;n acad&eacute;mica, que podr&iacute;a contribuir no solamente a enriquecer cr&iacute;ticamente la actividad del teatro sino adem&aacute;s a educar un p&uacute;blico que a&uacute;n carece de tradici&oacute;n teatral, la manera como los pioneros de la vanguardia leyeron a los te&oacute;ricos cl&aacute;sicos del teatro moderno universal, y sobre todo, las tergiversaciones pol&iacute;ticas (Antei, 1989, p. 168) que pudieron influir de manera definitiva en los derroteros del teatro moderno en Colombia. Esta vertiente, la de la cr&iacute;tica acad&eacute;mica, tal vez por provenir mayoritariamente del campo de los estudios literarios y de la m&aacute;s reciente tendencia de los estudios culturales, omite aquellos aspectos que definen el teatro como teatro, es decir, la pr&aacute;ctica teatral misma, y aborda el mundo del teatro desde su impacto sociol&oacute;gico, desde sus postulados sociopol&iacute;ticos y desde sus propias simpat&iacute;as ideol&oacute;gicas, es decir, siempre desde afuera. Esta tendencia cr&iacute;tica se queda en una ingenua aclamaci&oacute;n de las incuestionables &quot;buenas intenciones&quot; sociales y pol&iacute;ticas del teatro moderno colombiano, pero no trasciende hacia la reflexi&oacute;n cr&iacute;tica sobre sus realizaciones. No se ocupa de aspectos fundamentales como la direcci&oacute;n, la actuaci&oacute;n y la t&eacute;cnica, tampoco hace &eacute;nfasis en la calidad dramat&uacute;rgica de sus textos, y mucho menos en la explicaci&oacute;n de lo que poco a poco se va haciendo evidente, su languidez. </p>     <p>Este aspecto es, en mi opini&oacute;n, crucial para la inserci&oacute;n del teatro moderno en la historia cultural de Colombia. Si bien es obvio que aquellos directores conoc&iacute;an las teor&iacute;as que pon&iacute;an en pr&aacute;ctica en sus laboratorios, y que su deseo de divulgar los fundamentos de sus postulados en libros, art&iacute;culos y revistas fue leg&iacute;timo desde todo punto de vista, como ya se anot&oacute;, no por ello se concluye, por ejemplo, que sus interpretaciones de la teor&iacute;a no sean susceptibles de cr&iacute;tica. Es especialmente notable que la apropiaci&oacute;n de las teor&iacute;as de Stanislavsky, Brecht y Grotowsky, para mencionar solamente tres de las importantes influencias for&aacute;neas que, seg&uacute;n todos los analistas del teatro colombiano han fundamentado los diferentes momentos de la etapa moderna, no ha sido evaluada cr&iacute;ticamente, tal vez con la notable excepci&oacute;n del trabajo del profesor Eduardo G&oacute;mez en sus &quot;Notas sobre la iniciaci&oacute;n del teatro moderno en Colombia&quot;. Es m&aacute;s, en algunos casos se percibe que la mera menci&oacute;n de Brecht provee de una vez y de manera monol&iacute;tica un marco te&oacute;rico incuestionable para la acci&oacute;n teatral, asumiendo tal vez que el trabajo te&oacute;rico del dramaturgo y director alem&aacute;n carece de etapas, matices, contradicciones y lo que es m&aacute;s importante, de dimensiones claramente po&eacute;ticas. El art&iacute;culo de Eduardo G&oacute;mez, por ejemplo, subraya la apropiaci&oacute;n acr&iacute;tica de las teor&iacute;as de la etapa did&aacute;ctica de Brecht, adem&aacute;s de anotar, tambi&eacute;n en una vena cr&iacute;tica, el poco inter&eacute;s que entre los grupos teatrales colombianos ha suscitado la etapa &eacute;pica (G&oacute;mez, 1978, p. 368-381). Con respecto a Stanislavsky, ninguno de los estudiosos entra a discutir en detalle la importancia de sus postulados espec&iacute;ficos sobre el trabajo del actor individual, especialmente su entrenamiento, y tampoco sit&uacute;a las ense&ntilde;anzas del maestro ruso como punto de contraste con el tipo de teatro que predominaba en Colombia antes del advenimiento de la vanguardia, uno de los puntos centrales para comprender el acceso a la modernidad. Por lo general, la cr&iacute;tica no se detiene a analizar cuidadosamente las diferencias que existen entre las posturas de Stanislavsky y Brecht, a pesar de que el mismo Enrique Buenaventura public&oacute;, en el n&uacute;mero 21 de la <i>Revista Mito - </i>dedicado a Brecht, un art&iacute;culo titulado &quot;De Stanislavsky a Bert Brecht&quot;. Parecer&iacute;a que con mencionar ambos nombres basta para identificar su influencia. Los matices y contrastes que podr&iacute;a implicar la referencia a Meyerhold y Artaud, por ejemplo, en una discusi&oacute;n te&oacute;rica a partir de los aportes de Stanislavsky, permitir&iacute;a entender de una manera m&aacute;s coherente la necesidad por parte de los pioneros del teatro moderno de explorar aspectos de la actividad teatral mediante la experimentaci&oacute;n. </p>     <p>De esta manera cobra importancia la necesidad de emprender un proyecto destinado a recoger una historia del teatro colombiano reciente, m&aacute;s inclusiva y menos alineada, la cual podr&aacute;, entre otras cosas, dar cuenta del desvanecimiento de la vanguardia teatral paralelo a la entronizaci&oacute;n del teatro comercial a lo largo de los a&ntilde;os 80 y 90. Ya en la introducci&oacute;n a su importante recopilaci&oacute;n de 1978, <i>Materiales para una historia del teatro colombiano, </i>Carlos Jos&eacute; Reyes y Maida Watson Espener anotaban que el prop&oacute;sito de su trabajo era &quot;fundamentar un estudio posterior que logre sintetizar y condensar aquellos elementos constantes que signifiquen aportes b&aacute;sicos del teatro a nuestra cultura&quot; (Reyes y Watson, 1978, p. 30). Esos <i>Materiales</i>son una antolog&iacute;a heterog&eacute;nea que incluye posiciones radicalmente opuestas-los autores mismos expresan su divergencia total hacia algunos de ellos (p. 30)-y que clama por un estudio futuro que abra las puertas al &quot;debate y al an&aacute;lisis, a la discusi&oacute;n en el medio teatral activo y al estudio riguroso que redunde con el tiempo en la estructuraci&oacute;n de un panorama teatral que no reniegue de sus ra&iacute;ces ni postule normas o recetas sobre el camino que debe tener el movimiento teatral en el inmediato futuro&quot; (Reyes y Watson, 1978, p. 30). </p>     <p>Como su t&iacute;tulo lo indica, el trabajo de Reyes y Watson no es dicho estudio, pero s&iacute; aporta elementos de juicio escogidos (de manera nada casual), los cuales a su vez apuntan discretamente hacia un modo espec&iacute;fico de considerar la producci&oacute;n teatral, hacia &quot;una distancia y una serenidad que permita ver m&aacute;s all&aacute; del utilitarismo inmediato de varias de las proposiciones expuestas&quot; (Reyes y Watson, 1978, p. 31). Ignoramos hoy en d&iacute;a las razones por las cuales un hombre de teatro como Carlos Jos&eacute; Reyes se alej&oacute; de la escena, y tambi&eacute;n los detalles de su distanciamiento del movimiento teatral y de la Corporaci&oacute;n Colombiana de Teatro, de los cuales fue promotor y en cuya actividad se destac&oacute; tanto en el papel de director como el de dramaturgo. Sin embargo, los argumentos que presenta junto con su coautora en el pr&oacute;logo de los <i>Materiales</i>son bastante sugerentes para el investigador que, tal vez con el paso del tiempo, ha ganado en efecto cierta distancia y serenidad:</p> <ul>La reducci&oacute;n del an&aacute;lisis de la producci&oacute;n teatral a argumentos sociologizantes desvirt&uacute;a sin duda la interpretaci&oacute;n original y profunda que coloca una obra en su medio y en su &eacute;poca sin violentar la obra misma, a fin de esclarecer o permitir una lectura de su polisemia y variedad intensas. El sociologismo vulgar aparece cuando el an&aacute;lisis es sustituido por argumentos coyunturales, creados a prop&oacute;sito con el objeto de impulsar pol&iacute;ticas partidarias, de ganar pros&eacute;litos o de crear la desmesura ilusoria de la cantidad, como valor representativo de tendencias dominantes, antes que profundizar en los valores intr&iacute;nsecos de las obras mismas (Reyes y Watson, 1978, p. 31).    </ul>     <p>Aunque no entra en detalles, la advertencia misma es ya germen de sospecha y, t&aacute;citamente, critica un cierto discurso sectario que, en todo caso, no corresponde al &quot;discurso &uacute;nico y sintetizador que extraiga conclusiones y elabore un cuadro razonado de una actividad (teatral)&quot; (Reyes y Watson, 1978, p. 31) que deber&aacute; ser, desde el punto de vista de los autores, la nueva historia del teatro colombiano. A la luz de los planteamientos del pr&oacute;logo, los materiales propiamente dichos revelan el estado de la cuesti&oacute;n hacia finales de la d&eacute;cada de 1970 e indican que un modo espec&iacute;fico-sociologizante-de abordar la actividad teatral se ha apoderado de la escena y amenaza con dar al traste con las lecciones de los veinte a&ntilde;os precedentes. Las cr&iacute;ticas de Reyes, m&aacute;s expl&iacute;citas en su art&iacute;culo &quot;Apuntes sobre el teatro colombiano&quot;, que tambi&eacute;n forma parte de los <i>Materiales, </i>se dirigen contra los lineamientos de la Corporaci&oacute;n Colombiana de Teatro, CCT, creada en 1969 y al estado de su proyecto de &quot;espejismos&quot; e &quot;ilusiones&quot; en 1978 (Reyes, 1978, p. 40). Los <i>Apuntes</i>se basan en una cuidadosa interpretaci&oacute;n de las estad&iacute;sticas del Primer Festival Nacional del Nuevo Teatro (1975), organizado por la CCT. Reyes discute &quot;una primera lectura, un intento de interpretaci&oacute;n de las proyecciones del movimiento teatral&quot; (Reyes, 1978, p. 410) por parte de la Corporaci&oacute;n (y que recoge Pablo Azc&aacute;rate en el art&iacute;culo que en los <i>Materiales </i>aparece inmediatamente despu&eacute;s de los <i>Apuntes</i>de Reyes), y su primera secci&oacute;n culmina en la afirmaci&oacute;n de que</p> <ul>La realidad, entonces, del Nuevo Teatro Colombiano, con muchas de sus tesis ret&oacute;ricas sobre la vinculaci&oacute;n a los sectores populares y la lucha por la liberaci&oacute;n nacional, se presenta en un contradictorio juego entre el teatro, como actividad espec&iacute;fica, y el uso del ceremonial teatral para satisfacer otras necesidades personales o colectivas, pol&iacute;ticas, gremiales y que, por lo tanto, descuidan de hecho al teatro mismo en sus t&eacute;cnicas y est&eacute;tica, por cuanto su ejercicio pasa a convertirse en un pre-texto para otra cosa (Reyes, 1978, p. 417).    </ul>     <p>Ocho a&ntilde;os despu&eacute;s aparece la <i>Historia del teatro en Colombia, </i>de Fernando Gonz&aacute;lez Cajiao, obra que mereci&oacute; en 1985 el primer premio del I Concurso Nacional de Ensayo, auspiciado por la Universidad de Medell&iacute;n. La obra, publicada en 1986, constituye un importante aporte en varios sentidos, entre los cuales vale la pena resaltar la demostraci&oacute;n, en contra de los presupuestos del Nuevo Teatro, de que en Colombia s&iacute; exist&iacute;a actividad teatral antes de la vanguardia que se inicia en la d&eacute;cada de 1950. Otro aporte considerable es la menci&oacute;n de un n&uacute;mero sobresaliente de dramaturgos colombianos desde los tiempos de la Colonia, incluidos los m&aacute;s recientes, junto con un an&aacute;lisis cuidadoso de sus obras m&aacute;s importantes, labor en la cual tambi&eacute;n es notable el trabajo de Jorge Plata. En el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de su obra, &quot;El teatro de hoy en Colombia&quot;, Gonz&aacute;lez Cajiao parece emprender ese estudio distanciado y sereno que propon&iacute;an los <i>Materiales</i>,y afirma, en sus primeros comentarios sobre la d&eacute;cada de los 70, que &eacute;sta</p> <ul>viene precedida por un acentuado inter&eacute;s de los grupos teatrales-casi todos-por expresar los ideales y las luchas de las clases trabajadoras, inter&eacute;s que va en aumento en el transcurso de los a&ntilde;os y que produce un teatro de tipo esencialmente pol&iacute;tico, que desea comprometerse con la realidad nacional del obrero, a veces en forma sincera, pero que acaba, demasiado a menudo, en el panfleto o en un drama parcializado y moralizante, con escasa calidad (Gonz&aacute;lez Cajiao, 1986, p. 357).    </ul>     <p>Agrega Gonz&aacute;lez Cajiao que &quot;parece adecuado iniciar este recuento de los a&ntilde;os 70 con el establecimiento de la Corporaci&oacute;n Colombiana de Teatro, alrededor de 1970&quot; (Gonz&aacute;lez Cajiao, 1986, p. 357), no sin aclarar que no todos los grupos teatrales se afiliaron a ella (Gonz&aacute;lez Cajiao, 1986, p. 358). Su an&aacute;lisis de las actividades de la CCT-que incluye la problem&aacute;tica del teatro universitario, entre otros elementos-lleva a Gonz&aacute;lez Cajiao a la afirmaci&oacute;n de que &quot;lo que la Corporaci&oacute;n Colombiana de Teatro estaba sin duda logrando r&aacute;pidamente era la uniformidad del teatro a escala nacional, tanto en su tem&aacute;tica como en su forma; ya en 1975 se sent&iacute;a agudamente la falta de creaci&oacute;n individual, que comenzaba a ahogar la imaginaci&oacute;n&quot; (Gonz&aacute;lez Cajiao, 1986, p. 370). Procede Gonz&aacute;lez Cajiao a citar a Jaime Mej&iacute;a Duque, quien concuerda con Reyes en afirmar, en 1977, que &quot;Hay quienes todav&iacute;a creen, sin saberlo explicar-las creencias son as&iacute;-que en Colombia el teatro sigui&oacute; creciendo despu&eacute;s de 1975. Pero se trata de una ilusi&oacute;n, tal vez dotada de empecinamiento, sobre todo entre las &#39;gentes de teatro&#39; cuya autocr&iacute;tica degener&oacute; en f&oacute;rmula&quot; (Gonz&aacute;lez Cajiao, 1986, p. 370). Gonz&aacute;lez Cajiao termina su obra con el siguiente comentario:</p> <ul>El teatro colombiano de hoy en d&iacute;a, como vemos, se muestra como un profundo iceberg del que s&oacute;lo sobresale una peque&ntilde;a parte; debajo de la superficie hay infinidad de grupos, casi imposibles de catalogar, de autores muchas veces injustamente ignorados, de montajes que pasan como un meteoro, de actuaciones nunca apreciadas, tanto en la capital como, sobre todo, en la provincia; gentes y cosas que se mueven en un mundo casi subterr&aacute;neo en donde es dif&iacute;cil penetrar, que dif&iacute;cilmente llama la atenci&oacute;n de los escasos cr&iacute;ticos, dedicados, ante todo, a consagrar lo ya consagrado; de los peri&oacute;dicos, que no ven noticia en la cultura, de las revistas, que prefieren las frivolidades; y, sin embargo, ah&iacute; se mueven, all&iacute; est&aacute;n germinando las semillas del teatro colombiano de ma&ntilde;ana, as&iacute; no salgan a la luz frecuentemente esos peque&ntilde;os reto&ntilde;os que tan f&aacute;cilmente podr&iacute;an morir; si no se recogen ahora, si al menos no se trata de hacer un inventario y una evaluaci&oacute;n, ser&aacute; dif&iacute;cil, si no imposible, saber en el siglo XXI, que ya no est&aacute; tan lejos, c&oacute;mo era el teatro colombiano de nuestros d&iacute;as (Gonz&aacute;lez Cajiao, 1986, p. 417).    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>     <p>A pesar de haber organizado su cap&iacute;tulo final en torno a una apreciaci&oacute;n cr&iacute;tica sobre las actividades de la CCT y de haber ampliado el contexto del mundo teatral en la direcci&oacute;n indicada por Reyes y Watson en los <i>Materiales, </i>en el sentido de incluir en el recuento hist&oacute;rico la actividad de una amplia gama de grupos y directores no alineados con el Nuevo Teatro, Gonz&aacute;lez Cajiao declara a&uacute;n muchas carencias en relaci&oacute;n con la recopilaci&oacute;n de los trabajos de otros grupos, especialmente de provincia. M&aacute;s importante a&uacute;n, se suma a las voces que exigen un trabajo cr&iacute;tico informado y consecuente que acompa&ntilde;e el futuro desarrollo del teatro. Su <i>Historia</i>constituye, como ya se ha dicho, un completo panorama del teatro colombiano hasta 1985. Media d&eacute;cada despu&eacute;s, en su libro <i>Las rutas del teatro </i>(1989), Giorgio Antei, otro entusiasta que abandon&oacute; el mundo del teatro colombiano, incluye un art&iacute;culo de su autor&iacute;a titulado &quot;Teatro colombiano: una interpretaci&oacute;n&quot;, cuya tesis central es que la carencia de una cultura teatral es la variable que determina el pobre desarrollo del teatro colombiano en los a&ntilde;os 80. Al igual que Reyes y Watson y Gonz&aacute;lez Cajiao, Antei se muestra claramente cr&iacute;tico del radio de influencia de la CCT, as&iacute; como de los resultados del Nuevo Teatro:</p> <ul>Los &eacute;xitos del Nuevo Teatro no son separables de la acci&oacute;n de la Corporaci&oacute;n Colombiana de Teatro, CCT, una entidad gremial que no s&oacute;lo asumi&oacute; la vocer&iacute;a program&aacute;tica, ideol&oacute;gica y est&eacute;tica del movimiento teatral en Colombia sino que lleg&oacute; a ser la interlocutora exclusiva del aparato estatal encargado de fijar la pol&iacute;tica teatral oficial. Bien organizada y org&aacute;nicamente vinculada a la CSTC, el peque&ntilde;o pero activo sindicato del PC colombiano, la Corporaci&oacute;n logr&oacute; desarrollar una serie de importantes eventos: muestras y festivales nacionales, talleres, simposios, etc., todo esto mediante la contribuci&oacute;n econ&oacute;mica del Estado, pero sin que &eacute;sta correspondiera a la ejecuci&oacute;n de un programa de desarrollo y menos a&uacute;n a la aplicaci&oacute;n de una seria pol&iacute;tica cultural (en cambio es veros&iacute;mil que se debiera precisamente al vac&iacute;o de ideas y a la confusi&oacute;n que caracterizaban a los organismos culturales del Estado). As&iacute; la CCT, aprovechando inteligentemente los impulsos demag&oacute;gicos y las contradicciones de un poder pol&iacute;tico sustancialmente desinteresado frente a los asuntos culturales, pudo consolidar su liderazgo hasta volverse la representante &uacute;nica del teatro nacional tanto en Colombia como en el exterior; al mismo tiempo logr&oacute; establecer una amplia red de relaciones con los intelectuales y artistas de izquierda (especialmente la izquierda cercana al partido Comunista; la izquierda mao&iacute;sta se coloc&oacute;, en cambio, en una posici&oacute;n antag&oacute;nica): de esta manera lleg&oacute; a ser, por un tiempo, el centro de un movimiento cultural de notables proporciones, el cual, a su vez, sirvi&oacute; de caja de resonancia para el Nuevo Teatro (Antei, 1989, p. 170).    </ul>     <p>Tal vez el aporte m&aacute;s interesante de Antei en este art&iacute;culo es el de introducir la afirmaci&oacute;n de que el Nuevo Teatro, para 1989, hab&iacute;a sobrevivido tan s&oacute;lo gracias a la solidaridad de un p&uacute;blico c&oacute;mplice y partidista, el cual &quot;lo empobreci&oacute;, empuj&aacute;ndolo hacia un l&aacute;nguido continuismo&quot; (Antei, 1989, p. 170). La CCT, por su parte, contin&uacute;a Antei, &quot;asumi&oacute; una posici&oacute;n obstinadamente defensiva, insistiendo en rechazar un debate que, aunque desgarrador, le habr&iacute;a permitido revitalizar sus programas&quot; (Antei, 1989, p. 170), eligiendo &quot;el camino de la marginaci&oacute;n&quot; (Antei, 1989, p. 170), pero sin embargo &quot;defendiendo orgullosamente la legitimidad de su &#39;primato&#39; y el derecho, para el Nuevo Teatro, de ser considerado el &uacute;nico teatro aut&eacute;nticamente nacional&quot; (Antei, 1989, p. 171). Las afirmaciones de Pablo Azc&aacute;rate en su art&iacute;culo de 1977, &quot;El Nuevo Teatro y la CCT&quot;, (incluido en los <i>Materiales) </i>contrastan dr&aacute;sticamente con las anteriormente rese&ntilde;adas. Comienza Azc&aacute;rate diciendo:</p> <ul>Nuestro movimiento teatral ha experimentado un notable desarrollo, hasta el punto de poderse hablar hoy en Colombia de la existencia de un teatro nacional, popular y experimental, con todo lo que esto implica. Un aspecto nuevo y destacado de este movimiento est&aacute; dado por su estrecha ligaz&oacute;n con el movimiento obrero y popular, y su consecuente conversi&oacute;n en un elemento vital dentro de la din&aacute;mica del proceso de liberaci&oacute;n nacional. El proletariado y el pueblo colombiano han venido apropi&aacute;ndose del teatro, penetr&aacute;ndolo de su visi&oacute;n del mundo, de su sentido de organizaci&oacute;n y, al mismo tiempo, &quot;us&aacute;ndolo&quot; en su lucha. Todo esto transforma de manera profunda los diferentes niveles de la actividad teatral: las im&aacute;genes, los m&eacute;todos de trabajo, la relaci&oacute;n con el p&uacute;blico, etc. Lo que ha venido llam&aacute;ndose en los &uacute;ltimos tiempos el Nuevo Teatro colombiano, es el resultado de esta transformaci&oacute;n (Azc&aacute;rate, 1978, p. 435).    </ul>     <p>Como ya se ha anotado anteriormente, en la introducci&oacute;n de las etapas del desarrollo del teatro en Colombia predominan los elementos pol&iacute;ticos y sociales, ajenos al teatro mismo, y son ellos, y no el desarrollo de un quehacer, los que marcan derroteros para la historia del teatro. Analizando las mismas estad&iacute;sticas que mencionamos al comentar los <i>Apuntes</i>de Carlos Jos&eacute; Reyes, cuyo art&iacute;culo parece surgir de la necesidad de responder al que ahora nos ocupa, Azc&aacute;rate presenta la CCT como expresi&oacute;n del Nuevo Teatro que</p> <ul>...resume lo que es (el Nuevo Teatro Colombiano), tanto por su importancia cuantitativa como por las tendencias que se desenvuelven en su interior. Re&uacute;ne los grupos m&aacute;s avanzados y aquellos que recientemente han venido surgiendo en el panorama nacional. Por ello se ha convertido en un elemento acumulador y transmisor de una rica experiencia. Es a la vez defensora del teatro y sus trabajadores, un instrumento de lucha que permite la unidad pr&aacute;ctica de los artistas con la clase obrera y sus aliados (Azc&aacute;rate, 1978, p. 446-447).<sup><a     name="s1" href="#1">1</a></sup>    </ul>     <p>Luego pasa al an&aacute;lisis de los datos estad&iacute;sticos. Como se puede apreciar al cotejar los dos art&iacute;culos (el de Reyes y el de Azc&aacute;rate), las lecturas son absolutamente contradictorias. Donde Azc&aacute;rate aprecia la juventud y vigor del Nuevo Teatro (&quot;El Nuevo Teatro colombiano es un movimiento joven. Joven por la edad de sus integrantes, por la reciente constituci&oacute;n de buena parte de sus grupos y adem&aacute;s por lo que significa en cuanto representante de las tendencias m&aacute;s nuevas y progresistas de la sociedad en el terreno art&iacute;stico&quot; (Azc&aacute;rate, 1978, p. 447), Reyes ve carencia de formaci&oacute;n e improvisaci&oacute;n,&quot;El 78% de los actores tiene menos de 25 a&ntilde;os; no pretendemos menospreciar esta apasionada participaci&oacute;n juvenil en el movimiento teatral, pero creemos que frente a una tal emergencia s&oacute;lo un comp&aacute;s de espera podr&aacute; demostrar la manera real como este trabajo fue asumido&quot; (Reyes,1978, p. 411); &quot;El 50% de los encuestados lleva menos de un a&ntilde;o de actividad teatral. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;amos entonces considerar esta participaci&oacute;n? &iquest;Podr&iacute;amos llamarlos &#39;trabajadores de la cultura&#39; o &#39;profesionales del teatro&#39;? ¡De ninguna manera!&quot; (Reyes, 1978, p. 411) Las conclusiones que Reyes deriva del an&aacute;lisis de Azc&aacute;rate se pueden resumir en una serie de preguntas, adem&aacute;s de las ya citadas, las cuales ponen en entredicho-o al menos evidencian serias carencias-la interpretaci&oacute;n de las &quot;cifras que crearon el espejismo del movimiento teatral m&aacute;s grande de Am&eacute;rica Latina y uno de los m&aacute;s prestigiosos del mundo&quot; (Reyes, 1978, p. 425):</p> <ul>&iquest;C&oacute;mo podr&iacute;amos hablar de un nuevo tipo de <i>calidad</i>o de &#39;elaboraci&oacute;n art&iacute;stica&#39; realizada sobre la base de la improvisaci&oacute;n escolar y de una elemental falta de preparaci&oacute;n de los actores en los niveles t&eacute;cnicos m&aacute;s elementales? &iquest;C&oacute;mo es posible que se sostenga que los criterios de la &#39;calidad art&iacute;stica&#39; est&aacute;n basados sobre patrones europeos y se pongan como ejemplo producciones ind&iacute;genas elaboradas durante siglos? (.) Defender ciegamente unas ideas acusando a quienes no las comparten de tener criterios &#39;europeizantes&#39; y metropolitanos contra una producci&oacute;n amorfa, cuantitativa y defectuosa, es otra piadosa ilusi&oacute;n que no quiere ver el problema en su realidad concreta. (.) &iquest;Podemos decir entonces que nuestro aporte frente a la &#39;cultura europea de museo&#39; es un teatro que a&uacute;n no ha aprendido a hablar? (Reyes, 1978, p. 426-427)    </ul>     <p>En un esp&iacute;ritu similar al propugnado por los defensores del Nuevo Teatro y de la Corporaci&oacute;n, afirmaciones como &quot;el teatro que surgi&oacute; en la d&eacute;cada del sesenta naci&oacute; del pueblo y con una perspectiva popular&quot; (Mar&iacute;a Mercedes Jaramillo, 1992, p. 21), cobran una asombrosa legitimidad a pesar de que es un hecho reconocido que el origen del teatro de los a&ntilde;os 60 se sit&uacute;a en la llegada al pa&iacute;s de refinados maestros extranjeros, especialmente de Seki Sano, quien hab&iacute;a sido &quot;disc&iacute;pulo de Meyerhold y hab&iacute;a estudiado en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, en el teatro de arte de Mosc&uacute;; otro de sus maestros hab&iacute;a sido Vakhtangov, quien fue el que sistematiz&oacute; el sistema de Stanislavski&quot;, en palabras de Santiago Garc&iacute;a (Garc&iacute;a, Contribuciones, p. 256), y uno de cuyos objetivos fue &quot;formar actores y desarrollar en ellos la capacidad creadora&quot;, como lo anota la misma Jaramillo (Jaramillo, 1992, p. 83). No sin iron&iacute;a, por cierto, hasta podr&iacute;a afirmarse que el teatro de vanguardia lleg&oacute; a Colombia auspiciado por el r&eacute;gimen militar de Gustavo Rojas Pinilla: como anota Azc&aacute;rate, &quot;la necesidad de una amplia labor ideol&oacute;gica dentro de la poblaci&oacute;n con miras a ganar apoyo y frenar el desprestigio producido por la corrupci&oacute;n oficial, conduce a reforzar algunos medios de informaci&oacute;n como la T.V. De ella salen las primeras figuras de nuestro teatro. A ella llega un hombre, Seki Sano, que ser&aacute; un verdadero pionero de todo el movimiento que hoy vivimos&quot; (Azc&aacute;rate, 1978, p. 437).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De cualquier manera, la trivialidad de este tipo de afirmaciones contrasta con el recuento que hace el propio Santiago Garc&iacute;a de las fuentes de su propia actividad teatral:</p> <ul>... aparece tambi&eacute;n este problema y este fen&oacute;meno del teatro, que al no tener como antecedente el teatro comercial, entonces <i>comienza con el teatro que en este momento nos llega como imagen de lo que era el teatro de Europa, pero el teatro m&aacute;s avanzado que hab&iacute;a all&iacute; en ese momento. </i>&iquest;Y qu&eacute; era lo que m&aacute;s hab&iacute;a avanzado en Europa a finales de los a&ntilde;os 40 y comienzos de los 50? Pues Bertolt Brecht...(Garc&iacute;a, Contribuciones, p. 255)<sup><a     name="s2" href="#2">2</a></sup>    </ul>     <p>Y tambi&eacute;n con la evaluaci&oacute;n que de los primeros avances del teatro moderno hace Giorgio Antei: &quot;As&iacute;, en la pr&aacute;ctica, las propuestas m&aacute;s originales se debieron a los conjuntos dirigidos por personalidades dotadas de experiencia y conocimientos madurados a trav&eacute;s del contacto con el teatro europeo y norteamericano&quot; (Antei, 1989, p. 167). Por otra parte, Jaramillo tambi&eacute;n afirma que</p> <ul>La defensa del patrimonio cultural es una misi&oacute;n que ha encontrado un eco en los trabajadores del Nuevo Teatro latinoamericano, quienes sienten la necesidad de partir de lo <i>aut&eacute;ntico. </i>Para ellos la creaci&oacute;n art&iacute;stica s&oacute;lo puede realizarse cuando existen criterios culturales e ideol&oacute;gicos <i>propios, </i>que les permitan comprender la realidad y transformarla art&iacute;sticamente, sin <i>estancarse en la copia de modelos extranjeros. </i>Esta segunda independencia cultural busca mejorar las condiciones sociales y culturales del pueblo latinoamericano, adquiriendo una autonom&iacute;a en la cultura que permita expresar las contradicciones ideol&oacute;gicas, las transformaciones hist&oacute;ricas y los problemas pol&iacute;ticos a los que est&aacute; sometido el continente (Jaramillo, 1992, p. 64).<sup><a     name="s3" href="#3">3</a></sup>    </ul>     <p>El &eacute;nfasis en lo aut&eacute;ntico y lo propio como lo verdadero, como aquello que permite la creaci&oacute;n y evita el estancamiento, por oposici&oacute;n a los &quot;modelos extranjeros&quot;-que como hemos visto, fueron el principal motor de la etapa experimental, junto con la afirmaci&oacute;n de que el verdadero teatro colombiano surgi&oacute; del pueblo, y otras de similar talante parroquial, relacionadas especialmente con la cr&iacute;tica al recurso a textos cl&aacute;sicos de la dramaturgia universal por ser inapropiados para la comprensi&oacute;n de la realidad nacional, implica no solamente un desconocimiento de los procesos din&aacute;micos que abundan en la historia del arte, tanto occidental como no occidental, sino adem&aacute;s revela el riesgoso y ahist&oacute;rico car&aacute;cter de la empresa que pretende eliminar de plano toda la tradici&oacute;n experimental que sustenta los logros de la modernidad teatral colombiana. Justamente, fue esa tradici&oacute;n experimental iniciada por los disc&iacute;pulos de Seki Sano la que permiti&oacute; la modernizaci&oacute;n del teatro colombiano, y con ella todo el valor de procesos de b&uacute;squeda teatral en las dos primeras d&eacute;cadas del Teatro Moderno. La menci&oacute;n del grupo <i>El B&uacute;ho </i>por parte de la mayor&iacute;a de los comentaristas del Nuevo Teatro como su antecesor cobra una enorme pero parad&oacute;jica importancia. El B&uacute;ho, dirigido por el espa&ntilde;ol Fausto Cabrera y otros disc&iacute;pulos del Maestro Seki Sano y en cuyas filas se contaban actores como M&oacute;nica Silva, Santiago Garc&iacute;a y Celmira Yepes, la cineasta Gabriela Samper, los directores Paco Barrera y V&iacute;ctor Mu&ntilde;oz Valencia, entre otros, contribuy&oacute; en forma positiva &quot;a la formaci&oacute;n de un nuevo p&uacute;blico, por medio de un repertorio integrado por la &uacute;ltima vanguardia mundial, Adamov, lonesco, Ghelderode, Brecht, Tennessee Williams, Eugene O&#39;Neill, Garc&iacute;a Lorca, Thronton Wilder, Jean Tardieu, William Saroyan, etc.&quot; (Gonz&aacute;lez Cajiao, 1986, p. 290); a prop&oacute;sito de la trayectoria de TEC, por otra parte, George Woodyard anota que &quot;Desde el comienzo el grupo se dedic&oacute; a la promoci&oacute;n y difusi&oacute;n del teatro mundial en una proporci&oacute;n asombrosa: los tempranos estrenos incluyen, por ejemplo, obras de Moliere, Cervantes, Ch&eacute;jov, Garc&iacute;a Lorca y otros&quot; (Woodyard, 1989, p. 165). Luego de anotar que la formaci&oacute;n de un nuevo p&uacute;blico es una de las victorias que se adjudican al Nuevo Teatro, vale la pena mencionar, como recuerda Santiago Garc&iacute;a, que el p&uacute;blico que concurr&iacute;a a las obras de los tiempos de la experimentaci&oacute;n &quot;nos apoy&oacute; mucho, adem&aacute;s, por el hecho de que nosotros, en ese momento, ten&iacute;amos como material de trabajo inmediato el mejor teatro que en ese momento se estaba haciendo en Europa. (...) Entonces, a trav&eacute;s de esas revistas y de esos medios de difusi&oacute;n interoce&aacute;nicos, conocimos a Brecht y empezamos a montar sus obras&quot; (Garc&iacute;a, 1994, p. 259). </p>     <p>El comentario de Santiago Garc&iacute;a hace inevitable la menci&oacute;n de la revista <i>Mito </i>(1955-1962), cuyo papel preponderante en la modernizaci&oacute;n cultural del pa&iacute;s es incuestionable y est&aacute; enmarcado hist&oacute;ricamente, seg&uacute;n Juan Gustavo Cobo, entre el 9 de abril de 1948 y la Revoluci&oacute;n Cubana (1959) (Cobo, 1988, p. 148). Con el prop&oacute;sito de &quot;actualizar&quot; a Colombia en el terreno cultural, de oponerse al costumbrismo y el folklore, de combatir el provincialismo y el atraso, <i>Mito</i>constituy&oacute; una fuente sorprendentemente rica de informaci&oacute;n sobre lo que en el mundo ocurr&iacute;a en los &aacute;mbitos de la literatura, las artes, la poes&iacute;a, el teatro y la filosof&iacute;a. La lista de autores cuyos escritos aparec&iacute;an en los n&uacute;meros de <i>Mito</i>es interminable y, obviamente, entre ellos se encuentra Brecht. El comentario de Hernando T&eacute;llez, en su &quot;Nota sobre Mito&quot;, de 1958, parece resumir la historia de la revista e insinuar la manera como se empez&oacute; a desvanecer la aparentemente equilibrada tensi&oacute;n creativa instigada por la <i>Violencia:</i></p> <ul>Una revista as&iacute;, libre, inconforme, en la cual la literatura, el arte, la ciencia, o la filosof&iacute;a no aparecen como pobres damas vergonzantes a quienes se les da refugio provisional por ben&eacute;vola condescendencia, sino como la raz&oacute;n de que ella exista, merece larga vida. Y merecer&iacute;a el respeto de la comunidad, si a la comunidad le interesaran estas cosas. Pero es obvio-y natural-que no le interesan (Cobo, 1988, p. 139).    </ul>     <p>El aporte de <i>Mito</i>,gran ausente en las historias del teatro colombiano, signific&oacute; pues un acercamiento a la vanguardia, a la ruptura (Cobo, 1988, p. 157). Rafael Guti&eacute;rrez Girardot hace &eacute;nfasis en un car&aacute;cter cr&iacute;tico, riguroso, de largo alcance y verdaderamente comprometido con la realidad nacional, que puede resumir al menos los ideales de los artistas e intelectuales de los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la d&eacute;cada de 1950, entre los cuales se contaban los pioneros de la experimentaci&oacute;n en el teatro:</p> <ul>La <i>Revista Mito </i>desmitific&oacute; la vida cultural colombiana y revel&oacute;, con publicaciones documentales, las deformaciones de la vida cotidiana debidas al imperio se&ntilde;orial. No fue una revista de capillas, porque en ella colaboraron autores de tendencias y militancias pol&iacute;ticas opuestas (Gerardo Molina y Eduardo Cote Lamus, por ejemplo). Su principio y su medida fueron el rigor en el trabajo intelectual, una sinceridad robespierrana, una voluntad insobornable de claridad, en suma, cr&iacute;tica y conciencia de la funci&oacute;n del intelectual. Demostr&oacute; que en Colombia era posible romper el cerco de la mediocridad y que, consiguientemente, &eacute;sta no es fatalmente constitutiva del pa&iacute;s (Guti&eacute;rrez Girardot, 1989, p. 409).    </ul>     <p>Y en efecto, ya en 1958 exist&iacute;a una clara conciencia, entre los directores de teatro, de que el alejamiento del teatro costumbrista que hab&iacute;a predominado en la escena colombiana desde los a&ntilde;os 30 estaba ligado a la ruptura, la innovaci&oacute;n y la experimentaci&oacute;n. Adem&aacute;s, como lo anota Carlos Jos&eacute; Reyes en su art&iacute;culo &quot;Cien a&ntilde;os de teatro en Colombia&quot;, ya desde el medio siglo Bernardo Romero Lozano hab&iacute;a procurado &quot;actualizar los m&eacute;todos de ense&ntilde;anza y divulgar los escritos y teor&iacute;as de los grandes creadores de la puesta en escena del siglo XX, Konstantin Stanislavsky y Bertolt Brecht&quot; (Reyes, 1989, p. 224). Fausto Cabrera, quien dirigir&iacute;a el primer montaje de Brecht en Colombia, <i>Los fusiles de la madre Carrar </i>(Antei, 1989, p. 164), anot&oacute; que &quot;s&oacute;lo un teatro experimental estar&iacute;a en capacidad de generar las condiciones para la transformaci&oacute;n de una conciencia teatral&quot; (Antei, 1989, p. 164). Cabrera expres&oacute; su programa en 1958, en sus Comentarios sobre el teatro en Colombia, en los siguientes t&eacute;rminos:</p> <ul>Consecuente a esto los Teatros Experimentales tienen un doble compromiso. Primero orientar su repertorio en una l&iacute;nea que signifique efectivo aporte a la cultura y sistematizar su trabajo interno en la f&oacute;rmula del trabajo de equipo, libre de divismo (sic) y de carteles individuales, mancomunados desde el director de la obra al tramoyista. La esperanza de un teatro permanente en Colombia est&aacute; en los teatros experimentales... (Antei, 1989, p. 164).    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>     <p>Es necesario anotar que, adem&aacute;s de hacer patente la necesidad de aportar a la cultura, sin entrar el director a precisar qu&eacute; entiende, o qu&eacute; entend&iacute;a en 1958 por cultura, paralelamente menciona la propuesta del trabajo de grupo y la cooperaci&oacute;n mutua en oposici&oacute;n a la estructura jer&aacute;rquica de la compa&ntilde;&iacute;a, predominante en etapas anteriores y sobre todo en el teatro comercial. Este factor estructural, la disoluci&oacute;n de la compa&ntilde;&iacute;a de actores y la preeminencia del grupo, que la cr&iacute;tica partidista reivindica como conquista del Nuevo Teatro, ser&aacute; crucial para el desarrollo del arte esc&eacute;nico durante las d&eacute;cadas de 1960 y 1970, e interesa situarlo justamente en el per&iacute;odo experimental de finales de los a&ntilde;os 50, lig&aacute;ndolo a otra de las determinantes fundamentales del teatro colombiano, la profesionalizaci&oacute;n. Antei (1989, p.165) trae a colaci&oacute;n un comentario de Enrique Buenaventura, que en 1958 invita a &quot;desenmascarar y alejar del teatro a los impostores&quot;:</p> <ul>Tal vez en ning&uacute;n arte abunda m&aacute;s el &quot;aventurerismo&quot; y la irresponsabilidad que en el teatro. No son pocas las personas que amanecen actores o directores un buen d&iacute;a de su apacible vida. No se les ocurrir&iacute;a pintar un cuadro (por lo menos un cuadro figurativo) o tocar el piano sin estudio previo, pero s&iacute; se lanzan a la actuaci&oacute;n o a la direcci&oacute;n en teatro como quien se mete en la ducha. Como no los conocen, niegan cualquier m&eacute;todo y se dedican a &quot;montar&quot; y a &quot;interpretar&quot; (Antei, 1989, p. 165).    </ul>     <p>Antei insiste en que tanto la actitud de Buenaventura como la de Cabrera apuntaban hacia &quot;el &#39;experimentalismo&#39;, o sea un teatro generador de cultura y conciencia teatral&quot; (Antei, 1989, p. 165). Es por esta raz&oacute;n, a&ntilde;ade Antei, que su inter&eacute;s &quot;vierte sobre los actores, los m&eacute;todos de trabajo esc&eacute;nico, la confrontaci&oacute;n de una nueva dramaturgia, la actualizaci&oacute;n de los cl&aacute;sicos, la b&uacute;squeda de una expresi&oacute;n popular... De esta forma, &#39;teatro experimental&#39; llega a significar, en la perspectiva de los teatristas de avanzada, teatro de ruptura e innovaci&oacute;n, <i>teatro nuevo&quot; </i>(Antei, 1989, p. 165). El teatro experimental, entonces, como se puede apreciar, hab&iacute;a planteado y desarrollado ya desde finales de los a&ntilde;os 50, todas las ideas que predominar&iacute;an en el desarrollo y gloria del teatro colombiano a partir de finales de la d&eacute;cada de 1960 y los comienzos de la del 70, y que el Nuevo Teatro reivindic&oacute; como suyas. Son estas ideas el trabajo en grupo, la importancia del actor, la b&uacute;squeda de la expresi&oacute;n popular y la formaci&oacute;n de un nuevo p&uacute;blico. Y estas ideas estuvieron estrechamente relacionadas con las influencias llegadas desde Europa y Norteam&eacute;rica, principalmente a trav&eacute;s de Stanislavski, Brecht, Grotowski, y fueron promovidas por maestros extranjeros como Seki Sano y Cayetano Luca de Tena-aunque en menor grado-y sus disc&iacute;pulos, j&oacute;venes colombianos que buscaron continua su formaci&oacute;n en el exterior y adquirir experiencia teatral a trav&eacute;s de viajes por Am&eacute;rica Latina y Europa. Estos mismos j&oacute;venes, adem&aacute;s, como bien anota Giorgio Antei, estaban &quot;en capacidad de &#39;pensar&#39; el teatro&quot;, de incursionar en el &aacute;mbito de la teor&iacute;a y de promover la existencia de una &quot;cultura teatral&quot; que podr&iacute;a dotar al teatro de &quot;sentido hist&oacute;rico&quot; y de &quot;perspectivas&quot; (Antei, 1989, p. 161), y por tanto de canalizar la conciencia que los intelectuales y artistas hab&iacute;an adquirido desde los inicios de la Violencia. </p>     <p>Como se ha podido apreciar, desde 1977, y en boca de hombres de teatro interesados en la reflexi&oacute;n cr&iacute;tica sobre el quehacer teatral en Colombia (Carlos Jos&eacute; Reyes, Fernando Gonz&aacute;lez Cajiao y Giorgio Antei, principalmente), se empez&oacute; a gestar una dura reacci&oacute;n en contra de la evidente hegemon&iacute;a de los planteamientos de la Corporaci&oacute;n Colombiana de Teatro y de los supuestos avances del Nuevo Teatro. Los tres autores, cada uno a su manera, plantean la necesidad de una revitalizaci&oacute;n de la cr&iacute;tica teatral orientada a frenar la burocratizaci&oacute;n del oficio, por una parte, y a desenmascarar los postulados que pretenden regirlo desde el surgimiento de la Corporaci&oacute;n (1969) y la desaparici&oacute;n de los Festivales de Teatro Universitario (1973). Como afirma Gonz&aacute;lez Cajiao, por otra parte, estos dos eventos marcan el final de la etapa experimental y universitaria del teatro colombiano moderno (Gonz&aacute;lez Cajiao, 1986, p. 372) y la entronizaci&oacute;n del Nuevo Teatro.</p>     <p>Para estos cr&iacute;ticos, dicha entronizaci&oacute;n implica el fin del teatro de vanguardia, deducci&oacute;n que contrasta vivamente con los planteamientos mesi&aacute;nicos de la tendencia partidista y de los acad&eacute;micos que la acompa&ntilde;an. La nueva historia deber&aacute; entonces retomar el an&aacute;lisis de la vanguardia experimental, indagando por las complejas redes de influencias, procesos hist&oacute;ricos nacionales y universales, contextos culturales nacionales y extranjeros, tendencias acad&eacute;micas, filiaciones pol&iacute;ticas y antecedentes culturales. Deber&aacute; tambi&eacute;n desentra&ntilde;ar los secretos de la Corporaci&oacute;n Colombiana de Teatro y los ejes de su relaci&oacute;n con el Partido Comunista, para descubrir el n&uacute;cleo que origin&oacute; su facilismo y las razones por las cuales, como lo sugieren los tres cr&iacute;ticos mencionados, ella se apoder&oacute;, domestic&oacute; y paraliz&oacute; el din&aacute;mico y cr&iacute;tico movimiento teatral que crearon hombres de teatro como Enrique Buenaventura y Santiago Garc&iacute;a, buscando imponer control y uniformidad sobre toda la actividad teatral en Colombia. </p>     <p>Por otra parte, el estudio detallado de la etapa experimental obligar&aacute; necesariamente la menci&oacute;n de su p&uacute;blico predominantemente universitario, el cual, con el tiempo, condujo a la creaci&oacute;n de grupos de teatro en las universidades y a la creaci&oacute;n de los Festivales de Teatro Universitario. En muchos sentidos teatrales, el teatro universitario form&oacute; parte integral de la etapa experimental, pero la cr&iacute;tica ha diluido el reconocimiento de sus aportes con comentarios sobre la inmadurez pol&iacute;tica de sus participantes, el car&aacute;cter ef&iacute;mero de su compromiso art&iacute;stico, el desmedido entusiasmo pol&iacute;tico juvenil y la identificaci&oacute;n de su actividad art&iacute;stica con el <i>agit-prop</i>.La mayor&iacute;a de estas premisas se ver&aacute;n devaluadas en un seguimiento equilibrado de la actividad que realizaron los actores y directores estudiantes que dedicaron su vida al teatro. Al interpretar los conflictos internos, deserciones y rompimientos que se iniciaron desde comienzos de la d&eacute;cada de 1970, entre los cuales es necesario mencionar el de ASONATU (Asociaci&oacute;n Nacional de Teatro Universitario), y que se extienden por lo menos hasta 1978, la nueva historia podr&aacute; apreciar de manera informada y cr&iacute;tica la contribuci&oacute;n de grupos independientes que, como el TPB, el Local y el Teatro Libre, intentaron continuar una labor de experimentaci&oacute;n, estudio y actualizaci&oacute;n, a pesar de la marginalidad a la que quiso someterlos la Corporaci&oacute;n. </p>     <p>Algunos de ellos, que reiniciaron el estudio de los cl&aacute;sicos del teatro desde apropiaciones ponderadas de las teor&iacute;as contempor&aacute;neas, abriendo una nueva posibilidad de perfeccionamiento, como el TPB, sucumbieron ante los embates de los grandes vencedores de la escena de los 80 y los 90, la televisi&oacute;n y el teatro comercial. Otros, como el Teatro Libre, persisten en su empe&ntilde;o y contribuyen de manera decisiva a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n de sus propias escuelas de formaci&oacute;n de actores. El trabajo de los egresados de las escuelas, que han ido formando sus grupos independientes, tambi&eacute;n ha enriquecido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os el panorama teatral colombiano. La nueva cr&iacute;tica podr&aacute; tambi&eacute;n perfilar el alejamiento de Santiago Garc&iacute;a y La Candelaria del m&eacute;todo de la Creaci&oacute;n Colectiva como &uacute;nica posibilidad creadora, y su recurso a textos, en los a&ntilde;os recientes, de la gran tradici&oacute;n occidental, como la poes&iacute;a de Quevedo, la novel&iacute;stica de autores como Lewis Carroll, y el <i>Quijote </i>de Cervantes.</p> <hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>     <p><sup><a href="#s*" name="*">*</a></sup> La investigaci&oacute;n que fundamenta este trabajo fue posible  gracias a la financiaci&oacute;n del Comit&eacute; para el Apoyo a la Investigaci&oacute;n y la  Creaci&oacute;n de la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de los Andes</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s1" name="1">1</a></sup> &Eacute;nfasis del autor.</p>     <p><sup><a href="#s2" name="2">2</a></sup> &Eacute;nfasis del autor.</p>     <p><sup><a href="#s3" name="3">3</a></sup> &Eacute;nfasis del autor.</p> <hr size="1">     <p><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>     <!-- ref --><p>Antei, G. (1989). <i>Las rutas del teatro</i>.Bogot&aacute;: Centro Editorial de la Universidad Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0123-885X200400010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Arcila, G. (1992). <i>La imagen teatral en La Candelaria. L&oacute;gica y g&eacute;nesis de su proceso de trabajo. </i>Bogot&aacute;: Ediciones Teatro La Candelaria.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0123-885X200400010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Azc&aacute;rate, P. (1978). El Nuevo Teatro y la CCT. En C. Reyes, M. Watson (Eds.), <i>Materiales para una historia del teatro en Colombia. </i>Bogot&aacute;: lnstituto Colombiano de Cultura.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0123-885X200400010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Buenaventura, E. (1958). De Stanislavski a Bert Brecht. <i>Mito, </i>21, 177-182.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0123-885X200400010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Buenaventura, E. (1963). <i>Teatro. </i>Bogot&aacute;: Ediciones Tercer Mundo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0123-885X200400010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Buenaventura, E. (1977). <i>Teatro. </i>Bogot&aacute;: lnstituto Colombiano de Cultura.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0123-885X200400010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Buenaventura, E. (1989). Acercamiento al teatro latinoamericano. En G. Antei (Ed.), <i>Las rutas del teatro. </i>Bogot&aacute;: Centro Editorial de la Universidad Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0123-885X200400010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Camacho, R. (1996). Entrevista con la autora (sin publicar).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0123-885X200400010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Cobo, J. (1988). Mito. En <i>Manual de literatura colombiana. </i>Bogot&aacute;: Planeta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0123-885X200400010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Duque, F. (1995). <i>Antolog&iacute;a del teatro experimental en Bogot&aacute;. </i>Bogot&aacute;: Instituto Distrital de Cultura y Turismo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0123-885X200400010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Garc&iacute;a, S. (1994). <i>Teor&iacute;a y pr&aacute;ctica del teatro. </i>Bogot&aacute;: Ediciones Teatro La Candelaria.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0123-885X200400010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>G&oacute;mez, E. (1978). Notas sobre la iniciaci&oacute;n del teatro moderno en Colombia. En C. Reyes, M. Watson (Eds.), <i>Materiales para una historia del teatro en Colombia. </i>Bogot&aacute;: Instituto Colombiano de Cultura.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0123-885X200400010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez Cajiao, F. (1986). <i>Historia del teatro en Colombia. </i>Bogot&aacute;: Instituto Colombiano de Cultura.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0123-885X200400010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez Cajiao, F. (1988). El proceso del teatro en Colombia. En <i>Manual de literatura colombiana. </i>Bogot&aacute;: Planeta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0123-885X200400010000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Guti&eacute;rrez , R. (1989). <i>Hispanoam&eacute;rica: im&aacute;genes y perspectivas. </i>Bogot&aacute;: Temis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0123-885X200400010000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Jaramillo, D. (1996). <i>Enciclopedia C&iacute;rculo de Colombia. </i>Bogot&aacute;: C&iacute;rculo de Lectores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0123-885X200400010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Jaramillo, M. (1992). <i>Nuevo Teatro colombiano: arte y pol&iacute;tica. </i>Medell&iacute;n: Editorial Universidad de Antioquia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0123-885X200400010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Orjuela, H. (1974). <i>Bibliograf&iacute;a del teatro colombiano. </i>Bogot&aacute;: Instituto Caro y Cuervo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0123-885X200400010000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Plata, J. (1996). La dramaturgia en el siglo XX. En D. Jaramillo (Dir.acad&eacute;mico), <i>Enciclopedia C&iacute;rculo de Colombia. </i>Bogot&aacute;: C&iacute;rculo de Lectores, Tomo 5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0123-885X200400010000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Reyes, C., Watson, M. (1978). <i>Materiales para una historia del teatro en Colombia. </i>Bogot&aacute;: Instituto Colombiano de Cultura.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0123-885X200400010000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Reyes, C. (1978). Apuntes sobre el teatro colombiano I y II. En C. Reyes, M. Watson (Eds.), <i>Materiales para una historia del teatro en Colombia. </i>Bogot&aacute;: Instituto Colombiano de Cultura.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0123-885X200400010000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Reyes, C. (1989). Cien a&ntilde;os de teatro en Colombia. En &Aacute;. Tirado (Dir.ac.), <i>Nueva Historia de Colombia. </i>Bogot&aacute;: Planeta Editorial, Tomo VI, 213-236.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0123-885X200400010000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Tirado, &Aacute;. (1989). <i>Nueva Historia de Colombia. </i>Bogot&aacute;: Planeta Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0123-885X200400010000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
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