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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De las intervenciones grupales a las intervenciones sociales. Un ensayo sobre el uso del conocimiento científico en el caso de las intervenciones profesionales]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Through a reflection around the issues of professional intervention in group works-group intervention, this article suggests a critical appraisal of the scientific knowledge used in such processes. Against those situations in which the intervened group becomes an object of indoctrination where no spaces are left for justice, criticism, the presentation of rationality, the discovery of the construction of truth, or the acknowledgement of resistances, the article advocates for an intervention of the social kind in which non-initiated individuals cease to be considered as passive objects devoid of a voice and of aptitudes for participation.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">     <p align=center><font size="4"> <b>De las intervenciones grupales a las intervenciones sociales. Un ensayo sobre el uso del conocimiento cient&iacute;fico en el caso de las intervenciones profesionales</b></font></p>     <p><b>Erico Renter&iacute;a P&eacute;rez<sup><a     name="s*" href=#"*">*</a></sup></b></p>     <p><sup><a href="#s*" name="*">*</a></sup> Profesor del &Aacute;rea de Psicolog&iacute;a Organizacional y del Trabajo. Instituto de  Psicolog&iacute;a. Universidad del Valle, Cali, Colombia.</p> <hr size=1>     <p><b>Resumen</b></p>     <p>Reflexionando en torno al tema de las intervenciones de los profesionales en los grupos para los cuales trabajan- intervenciones grupales-, se sugiere una valoraci&oacute;n cr&iacute;tica del conocimiento cient&iacute;fico empleado. Ante las diversas situaciones en que el grupo intervenido es objeto de un adoctrinamiento que no da lugar a espacios para la justicia, la cr&iacute;tica y exposici&oacute;n de la racionalidad, el descubrimiento de la forma de construcci&oacute;n de la verdad y el reconocimiento de resistencias, se propugna por una intervenci&oacute;n de car&aacute;cter social en la que el &quot;no iniciado&quot; deja de ser considerado un objeto pasivo, sin voz y aptitudes para la participaci&oacute;n.</p>     <p><b>Palabras claves:</b></p>     <p><i>Profesionales, intervenci&oacute;n grupal, intervenci&oacute;n social, concepci&oacute;n, conocimiento.</i></p> <hr size=1>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>Through a reflection around the issues of professional intervention in group works-group intervention, this article suggests a critical appraisal of the scientific knowledge used in such processes. Against those situations in which the intervened group becomes an object of indoctrination where no spaces are left for justice, criticism, the presentation of rationality, the discovery of the construction of truth, or the acknowledgement of resistances, the article advocates for an intervention of the social kind in which non-initiated individuals cease to be considered as passive objects devoid of a voice and of aptitudes for participation.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Key words:</b></p>     <p><i>Professionals, group interventions, social interventions, conception, knowledge.</i></p> <hr size=1>     <p>A partir de observaciones no sistematizadas sobre el trabajo profesional, principalmente en campos considerados &quot;sociales&quot;, se realiz&oacute; una aproximaci&oacute;n a las concepciones y versiones que los mismos profesionales tienen sobre su trabajo y sobre los grupos y contextos donde trabajan, es decir donde intervienen. La preocupaci&oacute;n surge, al parecer, del hecho de que no usaban el conocimiento cient&iacute;fico y s&iacute; el conocimiento &quot;pr&aacute;ctico&quot; ligado a la tradici&oacute;n de lo que se hac&iacute;a com&uacute;nmente sin tener una postura cr&iacute;tica al respecto. As&iacute; mismo, al revisar la literatura especializada sobre grupos se encontraron una serie de propuestas sobre la t&eacute;cnica orientada por una racionalidad instrumental en la cual los grupos de personas eran considerados como objetos y no como sujetos sociales. Adem&aacute;s, la literatura especializada en psicolog&iacute;a social hab&iacute;a interrumpido su reflexi&oacute;n sobre las intervenciones como objeto de estudio posible y nadie se preocupaba con esa situaci&oacute;n (Levine y Moreland, 1990; Barremblit, 1994). Eran casi 20 a&ntilde;os sin discusi&oacute;n sobre el camino que hab&iacute;a tomado la &quot;din&aacute;mica de grupos&quot;, cada vez m&aacute;s popular entre los profesionales que interven&iacute;an en empresas, escuelas, comunidades o en el &aacute;rea de la salud, como lo hab&iacute;a hecho sistem&aacute;ticamente Lewin (1952,1965 y 1984), uno de sus creadores. Sin embargo el n&uacute;mero de profesionales que usaba &quot;t&eacute;cnicas&quot; provenientes de ese campo continuaba su crecimiento. &iquest;C&oacute;mo conceb&iacute;an ellos sus objetos y estrategias de intervenci&oacute;n? &iquest;Existir&iacute;a una planeaci&oacute;n de lo que era hecho en funci&oacute;n de un uso cr&iacute;tico del conocimiento cient&iacute;fico y una reflexi&oacute;n sobre las implicaciones para las personas de los grupos con los cuales trabajaban?</p>     <p>Se llev&oacute; a cabo una investigaci&oacute;n (Renter&iacute;a, 1997) con profesionales que trabajaban con grupos en &aacute;reas como la educaci&oacute;n, las empresas, la pol&iacute;tica y la salud, que permite concluir que las respuestas a los interrogantes planteados contin&uacute;an vigentes y a la vez se&ntilde;ala otros cuestionamientos. &iquest;Cu&aacute;les eran los repertorios utilizados por los profesionales en sus intervenciones? &iquest;Cu&aacute;l era el uso del conocimiento cient&iacute;fico en las intervenciones? &iquest;Por qu&eacute; y para qu&eacute; se requerir&iacute;a una &quot;conversaci&oacute;n&quot; entre dos mundos que caminan paralelamente sin encontrarse o por lo menos sin cuestionarse cr&iacute;ticamente? Utilizando el an&aacute;lisis de pr&aacute;cticas discursivas y producci&oacute;n de sentido (Spink, 1996 y 2000) fue posible encontrar parte de la respuesta a los interrogantes planteados en la manera como los profesionales configuran sus versiones y representaciones sobre su propio trabajo. </p>     <p>Por otro lado, en la segunda mitad de la d&eacute;cada de 1990 es posible encontrar, aunque t&iacute;midamente, reflexiones desde la psicolog&iacute;a social (Tassara, 1996; Tassara y Damergian, 2002) y la din&aacute;mica de grupos (Renter&iacute;a, 1997; L&oacute;pez, 1997) que enriquecen la discusi&oacute;n. La cuesti&oacute;n es retomada y orientada en un sentido m&aacute;s amplio: las intervenciones sociales. As&iacute;, ya no es posible el uso de la t&eacute;cnica por la t&eacute;cnica en un mundo que requiere cada vez m&aacute;s respuestas a cuestiones concretas aunque mediadas simb&oacute;licamente de tal manera que tengan sentido para las personas. La reflexi&oacute;n obliga ahora a explicar las racionalidades impl&iacute;citas y las racionalizaciones expl&iacute;citas ya que las personas que hacen parte de los grupos intervenidos tambi&eacute;n poseen un conocimiento, tienen una voz, son sujetos con proyectos y no son s&oacute;lo objetos de intervenci&oacute;n.</p>     <p>Este art&iacute;culo tiene como objetivo presentar algunas reflexiones sobre la manera como los profesionales conciben su intervenci&oacute;n y de qu&eacute; forma eso puede y debe ser ampliado contextualizando socio-hist&oacute;ricamente tales intervenciones en la b&uacute;squeda de &quot;desarrollo para todos&quot;, de acciones y programas que permitan la participaci&oacute;n en proyectos en los cuales el saber de los &quot;iniciados&quot; es importante sin convertirse en elemento de dependencia permanente para los otros. Respecto a los iniciados &quot;la vanguardia debe ser eso, s&oacute;lo vanguardia&quot; (Tassara, 2003) para el crecimiento e iniciaci&oacute;n de los &quot;no iniciados&quot;. De esta forma es posible crear nuevos espacios comunicativos y una apropiaci&oacute;n y aplicaci&oacute;n del conocimiento cient&iacute;fico en su sentido inicial -la b&uacute;squeda del bienestar- asumiendo las contradicciones de la realidad que hemos construido. </p>     <p>Tres apartes forman el texto: en el primero se presenta una s&iacute;ntesis de los hallazgos acerca de las concepciones sobre las intervenciones por parte de profesionales que trabajan con grupos; en el segundo se abordan los elementos para la ubicaci&oacute;n cr&iacute;tica y la ampliaci&oacute;n de las intervenciones grupales a las intervenciones sociales; finalmente, se exponen algunos de los cuestionamientos que contin&uacute;an vigentes y para los cuales se debe mantener la discusi&oacute;n.</p>     <p><b>Sobre las intervenciones grupales desde la psicolog&iacute;a social</b></p>     <p>La s&iacute;ntesis presentada se basa en la investigaci&oacute;n de Renter&iacute;a (1997), la cual ha sido validada y ampliada m&aacute;s recientemente en discusiones con profesionales y en espacios de debate acad&eacute;mico en Colombia y Brasil. Inicialmente el estudio se llev&oacute; a cabo con profesionales con m&aacute;s de cinco a&ntilde;os de experiencia en trabajo con grupos -intervenciones grupales- de la ciudad de Sao Paulo, y posteriormente se adelant&oacute; la discusi&oacute;n con trabajos ligados a programas acad&eacute;micos de pregrado y postgrado, as&iacute; como a los del &Aacute;rea y Grupo de Investigaci&oacute;n en Psicolog&iacute;a Organizacional y del Trabajo del Instituto de Psicolog&iacute;a de la Universidad del Valle en Colombia. Complementariamente este debate se actualiza en el curso Intervenci&oacute;n Social y Conocimiento Cient&iacute;fico (Tassara, 2003) del Doctorado en Psicolog&iacute;a de la Universidad de Sao Paulo.</p>     <p>A nivel te&oacute;rico, la aproximaci&oacute;n se hizo a partir de la categor&iacute;a &quot;concepci&oacute;n&quot; por el hecho de ser flexible como concepto. De esta forma es posible incluir valores, sentidos, puntos de vista, ideas, representaciones, teor&iacute;as, conceptos o definiciones tanto en el posicionamiento de los profesionales como en la literatura especializada sobre grupos e intervenciones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las concepciones (versiones, verdades o racionalidades) son formas de explicar los fen&oacute;menos sociales; son abstracciones de situaciones reales expresadas a trav&eacute;s de narrativas o discursos &quot;te&oacute;ricos&quot; o &quot;pr&aacute;cticos&quot; sobre acciones espec&iacute;ficas de personas, o sobre objetos sociales en diferentes esferas de la vida social; son recortes espec&iacute;ficos, &quot;particularizaciones&quot; o &quot;generalizaciones&quot;; son las &quot;teor&iacute;as en uso&quot; que las personas (profesionales o no) tienen del mundo y de lo que hacen. </p>     <p>La funci&oacute;n de las concepciones es la de justificar acciones, decisiones, procedimientos y servir de modelos orientadores para comprender, explicar, &quot;fijar&quot;, incluir o excluir caracterizaciones o representaciones sobre fen&oacute;menos de la vida humana. Esto es: cumplen una funci&oacute;n de conocimiento que implica necesariamente la orientaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas sociales. En este caso la ciencia y el &quot;trabajo&quot; se ubican dentro de esas pr&aacute;cticas y en particular, la actividad del profesional deber&iacute;a intercalarlas en interfase y no manejarlas paralelamente. La forma como concebimos el mundo depender&aacute; en gran parte de nuestro posicionamiento cr&iacute;tico as&iacute; como de los efectos sobre los grupos sociales en los cuales estamos incluidos o con los cuales trabajamos (Tassara, 1998). </p>     <p>Otra dimensi&oacute;n importante en la comprensi&oacute;n de las concepciones sobre intervenci&oacute;n se encuentra en el estudio de la psicolog&iacute;a discursiva de los <i>tiempos sociales y de las voces presentes en los discursos sociales </i>(Davies y Harr&eacute;, 1990; Billig, 1991; Potter y Edwars, 1992; Potter y Wetherell, 1995). En este abordaje los tiempos sociales de los cuales hace parte y se transforma el conocimiento cient&iacute;fico -la ciencia y su uso- (Koyr&eacute;, 1982; Tassara, 2003) son formaciones sociales por las cuales una persona o grupo social pasa y est&aacute; implicado permanentemente. En esa determinante socio-hist&oacute;rica surgen las voces que configuran concepciones sobre la realidad; es ah&iacute; que podemos identificar qui&eacute;n est&aacute; hablando, desde d&oacute;nde y hacia d&oacute;nde. Es necesario recordar que el conocimiento (cient&iacute;fico o no) tiene car&aacute;cter acumulativo y toda construcci&oacute;n es hecha a futuro basada en el pasado (Tassara, 2003).</p>     <p>Se han identificado tres tiempos y en su interfase son posibles nuestros conocimientos sobre el mundo y lo que hacemos en &eacute;l: el <i>tiempo largo y duradero</i>es el hist&oacute;rico en que se inscriben los contenidos sociales acumulativos; es el tiempo de la ciencia e imaginario social donde se construyen cultural e hist&oacute;ricamente los repertorios ling&uuml;&iacute;sticos disponibles para que las personas y grupos sociales puedan mantener redes de significados acumulativos. Esto es particularmente importante en el caso de las construcciones y connotaciones sobre lo que es intervenci&oacute;n e intervenir, ya que en general la elaboraci&oacute;n sobre &eacute;sta noci&oacute;n es pol&iacute;ticamente peyorativa e invasiva.<sup><a     name="s1" href=#"1">1</a></sup></p>     <p>El <i>tiempo medio </i>corresponde a la <i>socializaci&oacute;n </i>(en el sentido procesual) de las personas y de los grupos; los periodos de relaci&oacute;n con lenguajes profesionales. Es el tiempo de la construcci&oacute;n de representaciones compartidas por grupos concretos en momentos hist&oacute;ricos espec&iacute;ficos, en el cual los individuos son iniciados en las redes compartidas y particularizadas que les permitir&aacute;n posicionamientos espec&iacute;ficos ante la realidad. </p>     <p>Finalmente, <i>el tiempo corto </i>o del <i>aqu&iacute; y ahora </i>es el tiempo de la interacci&oacute;n, de las pr&aacute;cticas sociales y del di&aacute;logo. Es el tiempo de la acci&oacute;n comunicativa en el sentido concreto y el espacio social de encuentro entre singularidades y posicionamientos. Es aqu&iacute; donde las personas act&uacute;an y actualizan los repertorios provenientes de los otros dos, donde ciencia y t&eacute;cnica se encuentran en el sentido de marco comprensivo y explicativo en acci&oacute;n. </p>     <p>En la interfase de los tiempos sociales es posible inferir e identificar, tanto en la literatura especializada como en las versiones de los profesionales, las concepciones sobre intervenciones y sobre los sistemas sociales en los cuales est&aacute;n implicados y se pretende dar cuenta. Por ejemplo, el tiempo largo o del imaginario social permitir&iacute;a un repertorio de intervenci&oacute;n ligado a la idea de interferencia externa. Un profesional formado -tiempo de socializaci&oacute;n- en un marco te&oacute;rico de dependencia podr&iacute;a considerar su modelo de intervenci&oacute;n como el m&aacute;s adecuado en una perspectiva asistencialista. Finalmente en el momento concreto de la intervenci&oacute;n -tiempo corto del aqu&iacute; y el ahora- el tipo de proyecto social en el que se participa puede exigir una serie de acciones validadas por la organizaci&oacute;n instituyente sobre las personas implicadas, sin que necesariamente se analice de forma cr&iacute;tica la acci&oacute;n del profesional, pues su legitimaci&oacute;n est&aacute; dada independiente de aquellos &quot;sobre los que se requiere la intervenci&oacute;n&quot; y para los cuales se sabe lo que se debe hacer.</p>     <p>Los resultados de la investigaci&oacute;n mostraban como, en el caso de la literatura especializada, no exist&iacute;a desde la psicolog&iacute;a social una reflexi&oacute;n sistematizada sobre lo social en temas orientados a las intervenciones grupales o &quot;sociales&quot;. Sin embargo, a trav&eacute;s de la revisi&oacute;n de m&uacute;ltiples versiones y posicionamientos es posible inferir y proponer una taxonom&iacute;a para caracterizar los tres principales marcos de referencia utilizados en la comprensi&oacute;n y explicaci&oacute;n de lo social, como se sintetiza en la Figura 1: dos de car&aacute;cter sist&eacute;mico y uno centrado en el individuo. Los modelos de car&aacute;cter sist&eacute;mico social se ilustran a trav&eacute;s de la concepci&oacute;n de lo grupal o lo social como diferente y superior a la sumatoria de las partes que lo componen haciendo &eacute;nfasis en las relaciones y sus resultantes. Estos modelos divergen principalmente en la manera de asumir las diferencias y el conflicto, y en la forma como se asume lo social en una perspectiva arm&oacute;nica o dial&eacute;ctica. En el modelo sist&eacute;mico dial&eacute;ctico, las diferencias y el conflicto son reconocidos como inherentes a la vida social y deben ser identificados y legitimados en cualquier intervenci&oacute;n. Ya en el caso del modelo sist&eacute;mico arm&oacute;nico, las intervenciones se deben realizar para mantener o recuperar el equilibrio del sistema como un todo; cada parte mantendr&aacute; su funci&oacute;n en el orden establecido. En el enfoque centrado en la persona, la individualizaci&oacute;n (Beck y Beck-Gernsheim, 2002) es el &eacute;nfasis de la explicaci&oacute;n de lo social pues el individuo es causa y efecto, y las relaciones grupales -y sus resultantes-son consideradas s&oacute;lo en su funci&oacute;n de problemas individuales o restringidos a ese nivel. En ese caso, las explicaciones y la intervenci&oacute;n son una cuesti&oacute;n de detectar los actores problem&aacute;ticos para trabajar en esa direcci&oacute;n.</p>     <p>La identificaci&oacute;n de esos marcos de referencia es producto de la acumulaci&oacute;n de conocimientos y explicaciones sobre lo social, incorporados en la psicolog&iacute;a (tiempo largo) y en los lenguajes profesionales de la academia (tiempo de socializaci&oacute;n). Sin embargo, la utilizaci&oacute;n de los mismos en la pr&aacute;ctica profesional parece estar lejos en la medida que las condiciones de uso de ese conocimiento cient&iacute;fico disponible cuestionan y obligan a posicionamientos cr&iacute;ticos de car&aacute;cter pol&iacute;tico cada vez m&aacute;s fuertes en el sentido del impacto social que implican las intervenciones. </p>     <p>Una vez ubicados los marcos de referencia sobre la concepci&oacute;n de lo social en los grupos, se propone una taxonom&iacute;a para el caso de las intervenciones; aqu&iacute; la situaci&oacute;n es m&aacute;s compleja pues lo que existe generalmente son propuestas de t&eacute;cnicas, procedimientos y tecnolog&iacute;as de intervenci&oacute;n en las cuales el asunto principal parecer&iacute;a ser una cuesti&oacute;n de m&eacute;todo que no obliga a la reflexi&oacute;n epistemol&oacute;gica del mismo en el sentido del conocimiento que ayuda a producir (o reproducir) y a su impacto. M&aacute;s que definiciones y enfoques marcados conceptualmente, lo que se puede identificar (tanto en la literatura especializada como en los profesionales) son par&aacute;metros para caracterizar lo que es una intervenci&oacute;n grupal y, en el intento de una &quot;taxonom&iacute;a&quot;, para proponer clasificaciones para los posicionamientos encontrados (Figura 2).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align=center><a name=f1><img src="img/revistas/res/n19/n19a05f1.jpg"></a></p>      <p>Los par&aacute;metros de caracterizaci&oacute;n identificados y propuestos (Renter&iacute;a, 1997) son:</p>     <p>-&nbsp;<i>La existencia de una entidad social real y significativa en la cual se hace necesaria una intervenci&oacute;n. </i>En este caso puede ser un grupo peque&ntilde;o, una comunidad o una empresa. Sin embargo, las clasificaciones de lo que es &quot;grupo&quot; son tan amplias que la discusi&oacute;n lleva cada vez m&aacute;s a la noci&oacute;n de &quot;formas organizativas&quot; en las cuales se interviene, y se aleja de la concepci&oacute;n restrictiva de grupo peque&ntilde;o.</p>     <p>Esta entidad es real y significativa para quien interviene sin que necesariamente lo sea para los intervenidos. De esta manera, el uso del poder instituido (Foucault, 2002) del conocimiento de los iniciados de la &eacute;lite (Tassara, 1998) y de la creaci&oacute;n de racionalizaciones surge desde el momento en el que se define el objeto de intervenci&oacute;n.</p>     <p>-&nbsp;Un <i>contexto espec&iacute;fico </i>en el cual se hace necesaria la acci&oacute;n o el cambio y que legitima o rechaza las pr&aacute;cticas o tecnolog&iacute;as a ser empleadas. El contexto pasa a ser el pretexto para la definici&oacute;n de qui&eacute;n habla por qui&eacute;n; qui&eacute;n debe hacer qu&eacute; y qu&eacute; puede o no hacer por los otros. El contexto corresponde en realidad al sistema social en el cual las relaciones asim&eacute;tricas de poder -donde los que saben pueden legitimar las racionalidades generalmente en forma de racionalizaciones ligadas a discursos sobre lo social y el bienestar- definen qui&eacute;n piensa por qui&eacute;n y qui&eacute;n sigue a qui&eacute;n.</p>     <p>-&nbsp;La intervenci&oacute;n implica necesariamente <i>un conjunto de acciones planeadas con el prop&oacute;sito de generar alg&uacute;n tipo de cambio</i>. La transformaci&oacute;n de una situaci&oacute;n, su mantenimiento (en el sentido de no permitir cambios) o el intento de crear, aparecen relacionadas con el repertorio de m&eacute;todo o de instrumental en este caso. La visibilidad se da a trav&eacute;s de la t&eacute;cnica utilizada, siendo que el repertorio posible del profesional es indicador del camino aceptado de manera leg&iacute;tima por el contexto instituyente de su intervenci&oacute;n. Planear, en este caso, es generalmente una cuesti&oacute;n de especialistas y la participaci&oacute;n de los intervenidos es una forma de validaci&oacute;n-aceptaci&oacute;n. La elecci&oacute;n se hace a partir de racionalizaciones sobre las formas de intervenir m&aacute;s adecuadas derivadas de narrativas especializadas que usan el &quot;conocimiento cient&iacute;fico&quot; y el reconocimiento social de la profesi&oacute;n como marco legitimador.</p>     <p>-&nbsp;Siempre una <i>forma particular de acci&oacute;n ejercida a trav&eacute;s de eventos y mediaciones orientados al cambio que implican la noci&oacute;n de poder en alg&uacute;n lugar. </i>Las acciones se ejercen desde la perspectiva de la planeaci&oacute;n a&uacute;n dentro de las limitaciones consideradas anteriormente. En este sentido, el lenguaje, los s&iacute;mbolos compartidos y los sistemas de mediaci&oacute;n simb&oacute;lica son fundamentales para alcanzar el cambio o no, para lograr el bienestar para todos o legitimar por qu&eacute; s&oacute;lo para algunos. El uso de lenguajes ideol&oacute;gicos incorporados a trav&eacute;s del tiempo largo y del tiempo de socializaci&oacute;n es fundamental en este caso, y el poder es el recurso clave para ello ya que habilita y facilita el control e influencia sobre otros (Shaw, 1989).</p>     <p>-El <i>cambio</i>(o su intento) implica necesariamente una visi&oacute;n de la vida social. La armon&iacute;a, el conflicto, la confusi&oacute;n (Sato, 2002) y la individualizaci&oacute;n ser&aacute;n claves para comprender de qu&eacute; tipo de cambio se est&aacute; hablando. Parad&oacute;jicamente, el mantenimiento del <i>status quo </i>hace parte del cambio en el sentido de intencionalidad en el caso de las intervenciones. En la Figura 2, esto corresponde a la postura que el profesional asume en relaci&oacute;n con el grupo o al tipo de trabajo que realiza principalmente; una vez asumida una posici&oacute;n, otras tres opciones de direcci&oacute;n del cambio son posibles en una segunda instancia: el objetivo ligado a la situaci&oacute;n, el foco de la intervenci&oacute;n y el origen y participaci&oacute;n del grupo en la planeaci&oacute;n y decisi&oacute;n sobre la intervenci&oacute;n.</p>     <p>- La explicitaci&oacute;n y racionalizaci&oacute;n del uso del conocimiento especializado asimilado a &quot;conocimiento cient&iacute;fico&quot;, se produce a trav&eacute;s de narrativas y del uso de <i>saberes te&oacute;rico -metodol&oacute;gico - t&eacute;cnicos, formalizados o no, bajo la cualidad de cuerpos &#39;cient&iacute;ficos&#39;, doctrinas, ideolog&iacute;as o pr&aacute;cticas. </i>En este caso, el conocimiento obtenido en el tiempo de socializaci&oacute;n sobre los fen&oacute;menos o problem&aacute;ticas intervenibles es fundamental. La Figura 2 ilustra las opciones de posicionamientos que se entrecruzan para el uso y legitimaci&oacute;n de esos saberes y el direccionamiento de los mismos por parte de los profesionales, para los cuales igualmente parece estar orientada la literatura especializada. De esta forma, la legitimaci&oacute;n se basa en el poder del hecho de ser profesional, esto significa: profesional = conocimiento cient&iacute;fico. El uso cr&iacute;tico del conocimiento cient&iacute;fico no se cuestiona pues la legitimaci&oacute;n social que ya fue hecha previamente por la academia, la cual se considera igual a ciencia. El uso social del conocimiento no est&aacute; en cuesti&oacute;n; lo que el profesional dice es una &quot;verdad&quot; pues &eacute;l en su calidad de &quot;iniciado&quot; y &quot;especialista&quot; posee una verdad que se valida por el mito de la ciencia. </p>     <p>-  Los <i>mecanismos de feedback que permiten el contraste entre la situaci&oacute;n inicial y el &quot;grado de cambio&quot; </i>son las formas de legitimar las narrativas sobre lo que fue, es o ser&aacute; hecho en la intervenci&oacute;n. En este caso, se retoma la cuesti&oacute;n de la l&oacute;gica de la argumentaci&oacute;n y no de la b&uacute;squeda de la verdad; lo que importa es si los proyectos y lo que se hace, est&aacute; dentro de la l&oacute;gica de validez impl&iacute;cita en la racionalidad instrumental y lineal que generalmente asumen las intervenciones (una vez aprobadas hay que desarrollar el proyecto como &quot;fue definido&quot; negando el espacio a la verdadera retroalimentaci&oacute;n). La aprobaci&oacute;n del proyecto se realiza en los par&aacute;metros del contexto instituyente y no a trav&eacute;s de una verdadera confrontaci&oacute;n con los m&uacute;ltiples actores (Tassara, 2002), lo cual dificulta el desarrollo real de las personas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Finalmente, entre los par&aacute;metros de caracterizaci&oacute;n aparece el profesional: <i>una persona externa o &quot;especialista-interventor&quot;, lo que implica una pr&aacute;ctica socialmente reconocida como l&iacute;cita. </i>Las personas y los grupos no iniciados requieren de una clase que ya fue iniciada para resolver &quot;sus problemas&quot;. Ese profesional o especialista va a incidir fuertemente en los caminos a seguir, en la legitimaci&oacute;n de las narrativas o de las racionalidades sobre el problema o fen&oacute;meno, aunque &eacute;l mismo no sepa cu&aacute;les son las racionalidades impl&iacute;citas y las verdades que est&aacute; legitimando. En este sentido, en la Figura 2 se proponen m&uacute;ltiples clasificaciones tanto de la literatura como de los posicionamientos particulares de los profesionales que de alguna manera facilitan, en una perspectiva no cr&iacute;tica, evitar la confrontaci&oacute;n con cuestiones del tipo de conocimiento y verdad (racionalidades) que est&aacute;n en juego cada vez que se interviene.</p>      <p align=center><a name=f2><img src="img/revistas/res/n19/n19a05f2.jpg"></a></p>        <p>Una vez identificados conceptualmente los par&aacute;metros para la caracterizaci&oacute;n de las intervenciones es importante se&ntilde;alar la manera como se configuran -en la interfase de los tres tiempos sociales- los referenciales y concepciones de los profesionales. La dificultad de la cr&iacute;tica y la necesidad de racionalizaci&oacute;n pueden ilustrarse en la din&aacute;mica de posicionamientos, en la medida en que la noci&oacute;n de intervenci&oacute;n es rechazada sistem&aacute;ticamente por ellos mismos: &quot;intervenci&oacute;n es lo que otros hacen&quot; (Renter&iacute;a, 1997).</p>     <p>En el plano de la pr&aacute;ctica de intervenci&oacute;n, los resultados de la investigaci&oacute;n muestran c&oacute;mo al ser cuestionados sobre las intervenciones, los propios profesionales reconocen b&aacute;sicamente los siguientes elementos que aunque no surgen oficialmente como contradictorios son aceptados y legitimados en los contextos donde trabajan o act&uacute;an:</p>     <p>-&nbsp;Los referenciales utilizados son de tipo situacional ligados a las condiciones institucionales donde los profesionales est&aacute;n inmersos; esto significa que el conocimiento adquirido durante el periodo de socializaci&oacute;n como especialistas no es de uso obligatorio en contraposici&oacute;n con lo requerido y aprobado en el tiempo del aqu&iacute; y ahora del contexto instituyente. La respuesta situacional ubica en ese sentido las intervenciones por fuera de proyectos a largo plazo y entra en una l&oacute;gica meramente instrumental de la acci&oacute;n profesional.</p>     <p>-&nbsp;Las concepciones de intervenci&oacute;n se configuran a partir de la noci&oacute;n de <i>regulaci&oacute;n</i>por medio de acciones no cotidianas en la vida del grupo o de las personas. De ah&iacute; la idea de que intervenci&oacute;n es lo que otros hacen pues interfiere en la vida de las personas. Lo que los profesionales hacen &quot;es otra cosa&quot;: es trabajo, es asistencia social, es militancia, es ciencia. La idea de regulaci&oacute;n de otros es reconocida pero racionalizada en la necesidad de ayuda.</p>     <p>-&nbsp;El tipo de acciones <i>legitimadas por el contexto </i>y desarrolladas a trav&eacute;s de un <i>agente externo </i>se sustentan en la idea de que hay personas que saben lo que otras no saben. Una divisi&oacute;n social del conocimiento y su uso por parte de grupos de iniciados contin&uacute;a formando parte de la justificaci&oacute;n de las desigualdades y de los que est&aacute;n o son reconocidos como incluidos o excluidos.</p>     <p>-&nbsp;En cuanto al poder del conocimiento reconocido como instrumento de control y de direcci&oacute;n, se mantiene la <i>doble legitimaci&oacute;n</i>de las acciones de intervenci&oacute;n: la habilitaci&oacute;n social dada por la academia (representante del conocimiento leg&iacute;timo) y por el tipo de organizaci&oacute;n o instituci&oacute;n representante de las pr&aacute;cticas leg&iacute;timas en la cual los profesionales desarrollan su ejercicio. El aspecto cr&iacute;tico sigue siendo el hecho de que la existencia de la academia y de las organizaciones o instituciones profesionales como fuentes de habilitaci&oacute;n, <i>no obliga la conversaci&oacute;n sistem&aacute;tica</i>entre ellas para orientar la acci&oacute;n en las intervenciones.</p>     <p>-&nbsp;Un punto clave, reconocido sistem&aacute;ticamente, es que los profesionales asumen el car&aacute;cter <i>regulador y legitimador de acciones y de sentidos </i>sin que necesariamente exista una evaluaci&oacute;n sistem&aacute;tica o sist&eacute;mica de su impacto. Cabe preguntar, &iquest;qui&eacute;n est&aacute; hablando por qui&eacute;n? El an&aacute;lisis de las voces presentes a trav&eacute;s de los tres tiempos sociales puede facilitar la comprensi&oacute;n de la situaci&oacute;n y probablemente su verdadero cambio.</p>     <p>-&nbsp;Es muy interesante que el conocimiento y la educaci&oacute;n institucionalmente reconocidos hayan sido legitimados como conceptos en una misma dimensi&oacute;n social. Ideas como regulaci&oacute;n y legitimaci&oacute;n se justifican a trav&eacute;s de acciones de <i>car&aacute;cter educativo, de cambios de h&aacute;bitos</i>y del ejercicio de pr&aacute;cticas cotidianas diferentes de las realizadas por el grupo o las personas. Es por esto que un especialista debe &quot;ense&ntilde;arle a las personas&quot; c&oacute;mo pensar, actuar o vivir. Aqu&iacute; surge de nuevo la cuesti&oacute;n de la cr&iacute;tica y de las racionalizaciones como elementos a ser analizados para no caer en el mantenimiento de situaciones que pueden convertirse en c&iacute;rculos viciosos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>-&nbsp;Finalmente, en la pr&aacute;ctica las intervenciones profesionales cumplen su funci&oacute;n principal -la mayor&iacute;a de veces independientemente de la intenci&oacute;n- en la medida en que, a trav&eacute;s del lenguaje y de repertorios de significaci&oacute;n posibles, logren crear sistemas de <i>mediaci&oacute;n e intermediaci&oacute;n </i>legitimados por la &quot;necesidad&quot; de ayudar. En este panorama, el profesional se convierte en un instrumento que no puede escapar a las contradicciones del contexto en el cual est&aacute; inmerso (Figura 3), lo que no significa que no pueda trabajar por su transformaci&oacute;n.</p>      <p align=center><a name=f3><img src="img/revistas/res/n19/n19a05f3.jpg"></a></p>        <p>En este orden de ideas, vale la pena reflexionar sobre la propuesta de Baremblitt (1994) al considerar las intervenciones en Am&eacute;rica Latina, la apropiaci&oacute;n del conocimiento cient&iacute;fico y la manera como se les da el car&aacute;cter de verdad, as&iacute; como las implicaciones de la <i>importaci&oacute;n de l&iacute;neas de pensamiento.</i></p>     <p>Probablemente, esas tendencias son exportadas cuando ya se hab&iacute;an prostituido en su lugar de origen (...) en Am&eacute;rica Latina la desteorizaci&oacute;n que pregonan le hace el juego a la demagogia, al populismo y al analfabetismo. Su desprofesionalizaci&oacute;n los libera del control de las entidades sindicales, ministeriales o acad&eacute;micas, lo que genera impunidad en cuanto a su uso para numerosos charlatanes (interesantes mezclas subdesarrolladas de cham&aacute;n con animador de televisi&oacute;n, con pedagogo, corruptor, psicoterap&eacute;uta, business man, etc.) (Baremblitt, 1994, p. 33).</p>     <p>La pregunta es: &iquest;a qui&eacute;n sirve ese tipo de actuaci&oacute;n y actividad social?</p>     <p><b>Elementos para la ubicaci&oacute;n cr&iacute;tica y ampliaci&oacute;n de las intervenciones grupales a las sociales</b></p>     <p>A continuaci&oacute;n se presentan algunas cuestiones que auxilian el modelo de ampliaci&oacute;n de las intervenciones grupales al encuadrarlas en su esencia: las intervenciones sociales. La propuesta se basa principalmente en los postulados de Tassara (1998, 2002 y 2003) ya que estos permiten ubicar las concepciones de los profesionales y de la literatura especializada en un contexto determinado hist&oacute;ricamente no s&oacute;lo en su origen, sino tambi&eacute;n, en su proyecci&oacute;n en forma de proyecto de vida para todos. Para Tassara, la intervenci&oacute;n se ejerce en el nivel del m&eacute;todo. Etimol&oacute;gicamente <i>m&eacute;todo </i>viene de <i>Meta y Odos </i>que significan objetivo o lugar a llegar y el camino para alcanzarlo. Dentro del m&eacute;todo se localiza la <i>t&eacute;cnica </i>que corresponde a la aplicaci&oacute;n de un conocimiento en la soluci&oacute;n de un problema pr&aacute;ctico: <i>si hay una pr&aacute;ctica, hay una t&eacute;cnica </i>(Tassara, 2003). </p>     <p>Las intervenciones son asumidas como conjuntos de t&eacute;cnicas incluidas en m&eacute;todos que buscan alcanzar objetivos o metas para personas o grupos espec&iacute;ficos. La cuesti&oacute;n t&eacute;cnica e instrumental es la que surge primero. Sin embargo, y como se evidencia tanto en la literatura especializada como en las versiones de los profesionales, no se explicitan otras dimensiones adem&aacute;s de la instrumental.</p>     <p>Una de esas dimensiones que anteceden el uso de la t&eacute;cnica, de la pr&aacute;ctica y de la aplicaci&oacute;n es la <i>Intenci&oacute;n</i>. En ella est&aacute; implicada la racionalidad que encuadra el conocimiento y las versiones macro que permiten la generaci&oacute;n de estrategias para dar forma al m&eacute;todo. Un ejemplo importante y cada vez m&aacute;s relevante es el de los proyectos sociales. Particularmente en el caso de Am&eacute;rica Latina se orienta por una racionalidad instrumental y lineal del tipo causa-efecto que se traduce en un sistema &quot;estrat&eacute;gico&quot; de control en la forma de &quot;&aacute;rbol de problemas&quot; que debe ser observado para la aprobaci&oacute;n de los proyectos, as&iacute; como para su ejecuci&oacute;n y evaluaci&oacute;n. De esta manera, los problemas son vistos como algo ubicado en el ambiente que requiere una soluci&oacute;n y que se define a voluntad (Tassara, 2002) y se enmarcan en las l&oacute;gicas y racionalidades instituidas que muchas veces consideran &uacute;nicamente la intenci&oacute;n de la parte m&aacute;s fuerte en la relaci&oacute;n social entre los actores sociales implicados. </p>     <p>Como lo se&ntilde;alan Renter&iacute;a (1997) y Tassara (2003), el especialista o el &quot;iniciado&quot; decide desde la racionalizaci&oacute;n qu&eacute; le es posible y qu&eacute; le es permitido en su contexto instituyente; as&iacute; como desde su repertorio sobre el problema y el &quot;m&eacute;todo&quot; para solucionarlo. La <i>deseabilidad, </i>la <i>intenci&oacute;n</i>y la <i>voluntad</i>son secuestradas en la intervenci&oacute;n por el dominio de la racionalizaci&oacute;n de una racionalidad cultural. En este caso los discursos profesionales -consolidados principalmente a partir del siglo XX- juegan un papel importante en el imaginario que justifica qui&eacute;n desea por qui&eacute;n; qui&eacute;n sabe los problemas y las soluciones para otros no iniciados desde los repertorios de &eacute;lite sobre la vida.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La ideolog&iacute;a entra a configurar versiones basadas en intenciones de buena voluntad, de ayuda, de militancia, de educaci&oacute;n o de investigaci&oacute;n (Figura 2) para &quot;secuestrar el conocimiento&quot; y hacer que sea utilizado unidireccionalmente seg&uacute;n la postura de los interventores en el marco contextual en el que est&aacute;n presos. La deseabilidad como cuesti&oacute;n de origen de las intervenciones -en un segundo plano para los grupos y personas a ser intervenidos- es una cuesti&oacute;n de primer plano s&oacute;lo para los que deciden. Sin embargo, discursos y racionalidades como los de auto-gesti&oacute;n y participaci&oacute;n han ayudado en gran medida al mantenimiento de esta situaci&oacute;n en las tres &uacute;ltimas d&eacute;cadas. De esta forma, <i>la inclusi&oacute;n </i>en el sentido de &quot;permitir que el sujeto se incluya en la resistencia a la racionalidad&quot; es una cuesti&oacute;n de decisi&oacute;n por fuera del propio individuo que queda &quot;dessujetado&quot; en la medida en que la racionalidad le es extra&ntilde;a y no puede ser cuestionada, y en caso que lo sea, corre el riesgo de exclusi&oacute;n.</p>     <p>Tassara (1998) presenta cuatro opciones para trabajar en la construcci&oacute;n de salidas en las intervenciones sociales -aunque en el nivel de la utop&iacute;a- o como propondr&iacute;a Archer (2001) como estrategias para &quot;resistir la disoluci&oacute;n de la humanidad&quot;. La base de la propuesta busca un abordaje de trabajo en proyectos de caracter ecol&oacute;gico en el sentido del paradigma de la complejidad y no de la linealidad. Los ejes propuestos por Tassara implican: 1) la cr&iacute;tica al camino perdido de la ciencia; 2) asumir que cultura, t&eacute;cnica y ambiente son una triada indisociable; 3) preguntarse sobre las cuestiones de pol&iacute;tica y gesti&oacute;n implicadas; y 4) la explicitaci&oacute;n de las estrategias educativas, t&eacute;cnicas y program&aacute;ticas de la intervenci&oacute;n. </p>     <p>A continuaci&oacute;n se discuten las implicaciones de estos cuatro ejes para la ampliaci&oacute;n y contextualizaci&oacute;n de las intervenciones sociales y las &quot;opciones&quot; y &quot;salidas&quot; para continuar pensando en proyectos &quot;ecol&oacute;gicos&quot; en la triada que implica a los hombres y las intervenciones que son hechas en su nombre.</p>     <p>1) <i>La cr&iacute;tica al camino perdido </i>es el punto de cualquier problema en la ciencia y en la pr&aacute;ctica. Hay algo que hace falta, que est&aacute; ausente o que debe ser hecho. Hay un vac&iacute;o; algo debe ser suplido; en este sentido deben existir opciones orientadas al cambio de una situaci&oacute;n actual de carencia. Con esa l&oacute;gica debe determinarse la orientaci&oacute;n sobre lo que debe ser hecho, sobre los objetivos y sobre las estrategias para que el m&eacute;todo cumpla su prop&oacute;sito en la soluci&oacute;n del problema. Aqu&iacute; emerge de nuevo la cuesti&oacute;n de la deseabilidad, la intenci&oacute;n y principalmente la pregunta cada vez m&aacute;s relevante sobre qu&eacute; es un problema para qui&eacute;n (Figura 2).</p>     <p>&iquest;Cu&aacute;les son los actores que definen sobre la intenci&oacute;n y no s&oacute;lo sobre los objetivos oficiales a ser alcanzados? &iquest;Qui&eacute;n participa? &iquest;Todos deben participar? O mejor: &iquest;todos pueden participar? Estas cuestiones deben extrapolar el &aacute;mbito local de la intervenci&oacute;n y considerar los referenciales macro. Al observar las versiones de la literatura y de los profesionales sobre intervenciones es posible percibir que la postura del profesional es el elemento definitorio de mayor incidencia sobre los otros recortes posibles (Figuras 2 y 3). Si el profesional no consigue salir de la racionalidad psicol&oacute;gica en la cual est&aacute; preso y a la que ayuda a sustentar, si no reconoce el momento hist&oacute;rico para saber realmente qui&eacute;n est&aacute; conduciendo el proceso, entonces es probable que muchas de las intervenciones no tengan sentido ni para &eacute;l ni para las personas o grupos involucrados. De ah&iacute; que la cr&iacute;tica sobre el origen de las intervenciones y el uso de la ciencia deba mantenerse como referencial no s&oacute;lo de la deseabilidad, sino de la necesidad real o el problema a ser resuelto.</p>     <p>2) <i>La triada cultura-t&eacute;cnica-ambiente es una triada indisociable. </i>La cultura como sistema de repertorios posibles de significaci&oacute;n y de sentidos -para dar cuenta de la realidad o partes de ella- implica necesariamente las representaciones sobre la t&eacute;cnica y el ambiente. Estas dos construcciones son socio-hist&oacute;ricas y se legitiman contextual y situacionalmente. La t&eacute;cnica implica el conocimiento como reflejo del conjunto de saberes te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos disponibles y dentro del cual los profesionales y las personas &quot;no iniciadas&quot; act&uacute;an en sus pr&aacute;cticas cotidianas y no cotidianas. De esta manera, el impacto de cualquier acci&oacute;n sobre el &quot;ambiente&quot; -entendido en una perspectiva ecol&oacute;gica amplia donde naturaleza y cultura hacen parte sin distinci&oacute;n o privilegio en el sentido de impacto sobre las personas-, debe considerarse por fuera de la racionalidad instrumental que impone el m&eacute;todo a la soluci&oacute;n del problema, principalmente cuando &eacute;ste ha sido definido externamente al grupo, o su &quot;soluci&oacute;n&quot; es definida y aceptada en instancias de poder diferentes a las propias personas afectadas. Retomando la cuesti&oacute;n de la deseabilidad y los actores sociales que desean por otros, es importante reconocer que los profesionales hacen parte de este grupo. </p>     <p>Cuestiones como valores, definici&oacute;n de problemas, formas de hacer y representar pasan a tener una importancia mayor que el simple diagn&oacute;stico del problema y el uso o determinaci&oacute;n de las t&eacute;cnicas para su soluci&oacute;n. La explicitaci&oacute;n de la concepci&oacute;n de lo social -hecho generalmente no solicitado a las personas- al proponer una intervenci&oacute;n pasa a ser un problema de validez ecol&oacute;gica en el sentido de impacto real m&aacute;s que argumentativo. Es a trav&eacute;s de la t&eacute;cnica que se hace, a partir de la cultura que se interpreta, representa y se valida, y finalmente en el ambiente (material o social) que se vive y se impacta a las personas en sus proyectos de vida.</p>     <p>3) <i>Pol&iacute;tica y gesti&oacute;n </i>son dos dimensiones</span> que hacen parte del papel de los &quot;iniciados&quot;, de los poseedores del conocimiento. La pol&iacute;tica implica la administraci&oacute;n del poder en tanto que la gesti&oacute;n involucra concebir, producir y generar as&iacute; como inventar, engendrar o crear. Las acepciones del concepto implican claramente la posibilidad de incrementar, proponer e inventar. De esta forma, la administraci&oacute;n de la invenci&oacute;n, de la creaci&oacute;n y de la producci&oacute;n son cuestiones que deben ser igualmente consideradas en las intervenciones sociales. Para ello es necesario desde el origen y desde el momento de la deseabilidad, tener en cuenta entre los actores sociales implicados qui&eacute;n va a negociar qu&eacute; (problema, carencia y m&eacute;todo) a nombre de qui&eacute;n. As&iacute; es posible intentar la b&uacute;squeda de criterios y estrategias de decisi&oacute;n que permitan que el impacto ecol&oacute;gico de la intervenci&oacute;n sea el m&aacute;s favorable posible. De nuevo, como se propone en la Figura 1, la concepci&oacute;n de lo social orientar&aacute; en gran medida &eacute;sta escogencia, as&iacute; como la postura del profesional (Figura 2) har&aacute; que los otros pasen de ser simples actores a participar de la autor&iacute;a. En este sentido, el papel del profesional contin&uacute;a siendo el de intermediador o mediador social (Figura 3) pero con la posibilidad de una interfase que le permita un proyecto negociado m&aacute;s favorable al contexto instituyente y a los afectados.</p>     <p>4)<i> Educaci&oacute;n, t&eacute;cnica y programa de trabajo. </i>Es interesante la asociaci&oacute;n entre intervenciones y educaci&oacute;n. Expl&iacute;citamente los profesionales hacen alusi&oacute;n al car&aacute;cter educativo que se pretende en las intervenciones (Renter&iacute;a, 1997). La concepci&oacute;n de lo educativo tiene que ver con la preparaci&oacute;n y el impacto sobre la vida y el cotidiano de las personas lo que implica la incorporaci&oacute;n de nuevos repertorios y pr&aacute;cticas de actuaci&oacute;n o de significaci&oacute;n. Es as&iacute; como la cuesti&oacute;n de la t&eacute;cnica como medio e instrumento de cambio debe ser igualmente considerada en una perspectiva cr&iacute;tica. La t&eacute;cnica por s&iacute; sola no representa cambios a no ser en contextos donde las personas conozcan y justifiquen lo que est&aacute; siendo hecho y el impacto para sus vidas en m&uacute;ltiples esferas y perspectivas. Probablemente es por ese motivo que en la psicolog&iacute;a social -desde finales de la d&eacute;cada de los setenta- se restringi&oacute; la reflexi&oacute;n amplia sobre las intervenciones y el movimiento de din&aacute;mica de grupos. Posiblemente la cuesti&oacute;n de la t&eacute;cnica era fuertemente cuestionada y sus poseedores no estaban interesados en la discusi&oacute;n. De ah&iacute; tambi&eacute;n el fracaso de muchas intervenciones &quot;sin sentido&quot; debido a repertorios t&eacute;cnicos inadecuados al prop&oacute;sito &quot;educativo&quot; y por fuera de estrategias enmarcadas en programas de trabajo claros. En este punto es importante destacar que tanto en la formulaci&oacute;n de los proyectos de intervenci&oacute;n como en la especificaci&oacute;n de los programas de trabajo, la racionalidad lineal de tipo causa-efecto contin&uacute;a siendo en la pr&aacute;ctica el principal referencial utilizado por los profesionales. La &quot;irracionalidad&quot; de muchos programas de intervenci&oacute;n donde la t&eacute;cnica es lineal, las explicaciones son no-sist&eacute;micas y las concepciones de lo social no se explicitan, puede ser una de las razones para el fracaso reiterado. De nuevo aqu&iacute; vale la pena preguntarse el por qu&eacute; de la &quot;conversaci&oacute;n paralela&quot; entre el conocimiento cient&iacute;fico disponible y sus explicaciones como si fuesen dos dimensiones totalmente extra&ntilde;as.</p>     <p><b>Algunas cuestiones finales</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Cu&aacute;les son las consecuencias de no tener una conversaci&oacute;n permanente entre conocimiento cient&iacute;fico, uso de la t&eacute;cnica derivada, las intenciones y los repertorios culturales de significaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de las realidades de los grupos o personas intervenidas? &iquest;Qu&eacute; hacer ante el anterior interrogante que ha sido esbozado tanto en la primera parte -donde aparecen los par&aacute;metros y aproximaciones &quot;taxon&oacute;micas&quot; para las intervenciones grupales- como en la segunda donde se ampl&iacute;an las reflexiones macro que contextualizan a&uacute;n m&aacute;s las cuestiones t&eacute;cnicas y pol&iacute;ticas as&iacute; como el impacto ecol&oacute;gico en la vida de las personas y para la sociedad? </p>     <p>A continuaci&oacute;n se presentan algunas consecuencias y preguntas abiertas sobre el asunto:</p>     <p>- Seg&uacute;n Tassara (2002 y 2003) cuando los ejes de la cr&iacute;tica al camino perdido de la ciencia, la triada cultura-t&eacute;cnica y ambiente, la pol&iacute;tica y la gesti&oacute;n y las estrategias educativas, t&eacute;cnicas y program&aacute;ticas de la intervenci&oacute;n, no son considerados o explicitados en t&eacute;rminos de las racionalidades impl&iacute;citas, estamos frente a estrategias de adoctrinamiento y no de intervenci&oacute;n en la b&uacute;squeda de bienestar y calidad de vida de las personas. Para esta autora intervenir es mantenerse en la cr&iacute;tica y compresi&oacute;n de la racionalidad para entrar en el nivel de la posibilidad. Aqu&iacute; la racionalizaci&oacute;n, a trav&eacute;s de sistemas de mediaci&oacute;n sofisticados o no, cumple un papel fundamental para los discursos profesionales y legitimadores enmascarados detr&aacute;s de versiones de cientificidad que niegan sus propias hip&oacute;tesis y postulados en el mismo momento en que no se someten a prueba o discusi&oacute;n.</p>     <p>En este orden de ideas, un posible paralelo entre intervenci&oacute;n propiamente dicha y adoctrinamiento es propuesto por Tassara de la siguiente manera:</p>     <p align="center"><b>Intervenci&oacute;n social      </b><b>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vs.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Adoctrinamiento</b></p>     <p>-&nbsp;B&uacute;squeda de la justicia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&nbsp;Racionalizaci&oacute;n.</p>     <p>-&nbsp;Cr&iacute;tica y exposici&oacute;n de la racionalidad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&nbsp;Ocultamiento.  &nbsp;</p>     <p>-&nbsp;Descubrimiento de la forma de construcci&oacute;n de la verdad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;  -&nbsp;Propaganda como &uacute;ltima opci&oacute;n. </p>     <p>-&nbsp;Reconocimiento de las resistencias.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Negaci&oacute;n de diferencia e intereses.</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>-&nbsp;Al incorporar estas consideraciones a los par&aacute;metros de caracterizaci&oacute;n identificados por Renter&iacute;a (1997), es posible concluir que la mayor&iacute;a de las veces nos encontramos frente a pr&aacute;cticas de intervenci&oacute;n en el sentido de interferencia que procuran objetivos para una de las partes que determina y desea por los otros, pero no frente a estrategias que buscan justicia, que reconocen las resistencias y los deseos de los otros y que son capaces de exponerse a la cr&iacute;tica cient&iacute;fica en la cual &quot;se sustentan&quot;.</p>     <p>Aqu&iacute; es evidente que los discursos profesionales han ayudado en gran parte para que las racionalidades impl&iacute;citas se mantengan ocultas y las racionalidades discursivas -cada vez m&aacute;s sofisticadas en los sistemas de mediaci&oacute;n simb&oacute;lica o a trav&eacute;s de sistemas de fuerza e imposici&oacute;n a los que son sometidas las personas- se apropien de repertorios hegem&oacute;nicos orientados a &quot;hacer de cuenta que se hace&quot;.</p>     <p>En la &eacute;poca actual, la verdad como b&uacute;squeda de reflejo de la realidad incluye tanto la dimensi&oacute;n literario-argumentativo como la cient&iacute;fica. Sin embargo, en la l&iacute;nea argumentativa que estamos siguiendo, el manejo del conocimiento en una dimensi&oacute;n de car&aacute;cter meramente argumentativo de validez estar&iacute;a utilizando la ciencia como pretexto para mantener oculta la racionalidad y aprovecharse del poder atribuido al conocimiento cient&iacute;fico. En este punto, como lo plantea la Escuela de Frankfurt fue necesario crear el mito de la ciencia como conocimiento verdadero para acabar con el mito de la &quot;fe&quot; (Adorno y Horkheimer, 1994). Parad&oacute;jicamente, la ciencia se convirti&oacute; en mito y ahora es utilizada como &quot;la verdadera opci&oacute;n&quot; a pesar de que el discurso no acompa&ntilde;e la realidad o la b&uacute;squeda de ideas de justicia y de bienestar para todos. Los &quot;iniciados&quot; contin&uacute;an teniendo el poder del conocimiento aunque no necesariamente lo sepan. En este orden de ideas, las intervenciones sociales realizadas por profesionales sin &quot;la cr&iacute;tica&quot; son pr&aacute;cticas ideol&oacute;gicas que representan intereses particulares que no son los de los grupos o las personas intervenidas. Aqu&iacute; la <i>doxa</i>no est&aacute; muy lejos pues la investigaci&oacute;n evidencia c&oacute;mo los profesionales usan referencias situacionales para dar cuenta del momento -aunque eso no tenga articulaci&oacute;n con el programa de trabajo- o se contraponga a los valores y sentidos de los implicados.</p>     <p>- Otra consecuencia importante ligada a las intervenciones es la <i>participaci&oacute;n </i>como opci&oacute;n de inclusi&oacute;n social. Todo programa de intervenci&oacute;n involucra una estrategia en la cual la participaci&oacute;n implica a su vez incluir un n&uacute;mero mayor de personas yendo m&aacute;s all&aacute; de los planeadores-especialistas. La participaci&oacute;n como modelo deber&iacute;a ser una derivaci&oacute;n racional de los proyectos en su dimensi&oacute;n pol&iacute;tica (Tassara, 2002). Sin embargo, la participaci&oacute;n ligada al desarrollo colectivo -o por lo menos conjunto- de estrategias puede ser una trampa de co-optaci&oacute;n si no se han explicitado las racionalidades y las intenciones (Enr&iacute;quez, 2000). Si bien para Tassara un modelo de planeaci&oacute;n tipo &quot;incremental articulado&quot; (crecimiento por la articulaci&oacute;n pol&iacute;tica de deseos/intenciones) es parte de la opci&oacute;n para la construcci&oacute;n y mantenimiento de la utop&iacute;a de una salida racional para el bienestar colectivo, vale la pena recordar que sin que las intenciones cumplan realmente su papel de educaci&oacute;n no hay posibilidad de participaci&oacute;n en igualdad de condiciones, y la discusi&oacute;n sobre la deseabilidad y la planeaci&oacute;n continuar&aacute; siendo un asunto de &quot;iniciados&quot;. La participaci&oacute;n efectiva requiere de competencias individuales y colectivas as&iacute; como de condiciones organizacionales y contextuales. De la misma manera como en las intervenciones grupales y sociales, cuando algunos de esos elementos faltan, dif&iacute;cilmente puede alcanzarse el objetivo de participaci&oacute;n deseado (Engel y Renter&iacute;a, 1988).</p>     <p>Otra implicaci&oacute;n seria est&aacute; relacionada con la posibilidad de <i>construcci&oacute;n de sujetos sociales </i>lo cual se refleja en el hecho de que usualmente hablamos en t&eacute;rminos de actores sociales y no de autores-actores o de coautores. En el caso de las intervenciones sociales hay autores y actores y no siempre son la misma persona; en este caso, &iquest;estamos hablando del proyecto de qui&eacute;n? Visto de esta manera parecer&iacute;a que las personas est&aacute;n presas y que s&oacute;lo unos pocos saben lo que est&aacute; sucediendo y estar&iacute;an libres (o por lo menos concientes) de las m&uacute;ltiples contradicciones que hacen parte de la realidad social. Nociones como las de <i>Action y Agency<sup><a     name="s2" href=#"2">2</a></sup> </i>discutidas por Cochran (1997) y Archer (2000), equivalentes de alguna manera a las de adaptaci&oacute;n y control propuestas por Sato (1997), pueden ser un buen subsidio para esta discusi&oacute;n. <i>Action </i>se refiere a la actividad sin que necesariamente se implique en ella al sujeto humano; esto es, se act&uacute;a como categor&iacute;a social pero no como sujeto activo que corresponde a la dimensi&oacute;n ontol&oacute;gica de la humanidad que ha permitido la creaci&oacute;n -aunque asim&eacute;trica- de lo que tenemos hoy. <i>Agency</i>parte y reconoce al sujeto como ser de acci&oacute;n. En este sentido la construcci&oacute;n de lo social se basa en una acci&oacute;n que por el hecho de ser humana est&aacute; acompa&ntilde;ada por lo simb&oacute;lico. </p>     <p>Esa dimensi&oacute;n simb&oacute;lica y subjetiva se caracterizar&iacute;a por ser conscientemente asumida y direccionada. <i>Agency </i>de alguna manera implica la salida en la medida que las personas se puedan posicionar como &quot;agentes econ&oacute;mico-reflexivos&quot; (Malvezzi, 1999). No se trata de simples actores sino de sujetos que pueden reconocer las paradojas y contradicciones de su actividad puesta en contexto. Involucra individuos capaces de ver las contradicciones e inconsistencias de las narrativas que intentan explicar y representar el mundo, es decir sujetos capaces de transformar por su capacidad de <i>&quot;agenciar&quot; y </i>no s&oacute;lo de actuar o de interpretar. En t&eacute;rminos de Habermas (1987) se trata de sujetos capaces de ayudar en la construcci&oacute;n de salida de la misma manera como se lleg&oacute; a la situaci&oacute;n actual, a trav&eacute;s de acciones comunicativas dirigidas y orientadas por y desde nuestra condici&oacute;n de humanos. Mantener la pregunta de Archer sobre por qu&eacute; resistirnos a la &quot;disoluci&oacute;n de la humanidad&quot; es conservar la opci&oacute;n de que a&uacute;n hay algo que nos une ontol&oacute;gicamente y no legimitar o naturalizar las desigualdades y las relaciones asim&eacute;tricas de poder, negando su caracter hist&oacute;rico y procesual, de lo cual no escapan las implicaciones para las intervenciones grupales o sociales. Mantener la pregunta es conservar la utop&iacute;a propuesta por Tassara: el ambiente como proyecto. Mantener la posibilidad de construcci&oacute;n planeada de futuro que involucra intervenciones pues a fin de cuentas llegamos al estado social que tenemos en gran parte a trav&eacute;s de ellas. Se trata de un problema pol&iacute;tico, de una utop&iacute;a que implica crear a trav&eacute;s de sujetos capaces de <i>agency </i>un modelo de pensar el futuro como un proyecto pol&iacute;ticamente correcto. Todos estos ser&iacute;an los elementos para una salida racional (Tassara, 2002).</p> <hr size=1>     <p><b>Comentarios:</b></p>     <p><sup><a href="#s1" name="1">1</a></sup>   Las acepciones de intervenci&oacute;n son: 1) &quot;acto o efecto de intervenir; interferencia&quot;, 2) &#91;med&#93; operaci&oacute;n, 3) intersecci&oacute;n, mediaci&oacute;n 4) acci&oacute;n directa del gobierno federal en un estado de la federaci&oacute;n. Diccionario <i>Aur&eacute;lio Electr&oacute;nico, </i>Versi&oacute;n 1997.</p>     <p><sup><a href="#s2" name="2">2</a></sup>   Se mantienen los t&eacute;rminos en ingl&eacute;s para evitar confusiones asociadas a traducciones sobre las que no hay consenso.</p> <hr size=1>     <p><b>Bibliograf&iacute;a:</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Adorno, T. y Horkheimer, M. (1994). <i>Dial&eacute;ctica do esclarescimento. </i>R&iacute;o de Janeiro: Zahar.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0123-885X200400020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Archer, M. (2001). Being Human: <i>The problem of agency. </i>UK: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0123-885X200400020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Baremblitt, G. (1994). <i>Grupos. Teoria e t&eacute;cnica. </i>Rio de Janeiro: Edicoes GRAAL Ltda.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0123-885X200400020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Beck, U. y Beck-Gernsheim, E. (2002). <i>Individualization. </i>London: Sage.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0123-885X200400020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Billig, M. (1991). Thinking as arguing. En <i>Ideology and opinions - studies in rhetorical psychology. </i>London: Sage.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0123-885X200400020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Cochran, L. (1997). <i>Career Counseling. A narrative Approach. </i>Thousand Oaks, CA: Sage.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0123-885X200400020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Davies, B. y Harr&eacute;, R. (1990). Positioning: The discursive production of selves. <i>Journal for the theory of social behavior, 20, </i>1, 43-63.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0123-885X200400020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Engel, A. y Rentar&iacute;a, E. (1988). <i>Relaci&oacute;n entre los factores motivacionales y la participaci&oacute;n eficaz en el trabajo. </i>Trabajo de Grado. Instituto de psicolog&iacute;a: Universidad del Valle.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0123-885X200400020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Enriquez, E. (2000). Vida ps&iacute;quica e organiza&ccedil;&atilde;o. En F. Motta y M. Freitas. <i>Vida ps&iacute;quica e organiza&ccedil;&atilde;o. </i>Rio de Janeiro: FGV.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0123-885X200400020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Enriquez, E. (2000). <i>O Individuo preso na Armadilha da estrutura estrat&eacute;gica. </i>En F. Motta y M. Freitas, <i>Vida Ps&iacute;quica e  organiza&ccedil;&atilde;o. </i>Rio de Janeiro: FGV.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0123-885X200400020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Foucault, M. (2002). <i>A verdade e as formas jur&iacute;dicas. </i>Rio de Janeiro: NAU Editora.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0123-885X200400020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Habermas, J. (1987). <i>Teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa. </i>Madrid: Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0123-885X200400020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Koyr&eacute;, A. (1982). <i>Estudos de historia do pensamento cient&iacute;fico. </i>Rio de Janeiro: Forense Universitaria.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0123-885X200400020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Levine, J. y Moreland, R. (1990). Progress in small group research. <i>Annual Review of psychology, 41, </i>585-634.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0123-885X200400020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Lewin, K. (1984). <i>Principios de psicolog&iacute;a topol&oacute;gica. </i>S&atilde;o Paulo: Culturix.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0123-885X200400020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Lewin, K. (1965). <i>Teoria de campo em ci&ecirc;ncia social. </i>S&atilde;o Paulo: Livraria Pioneira Editora.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0123-885X200400020000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Lewin, K. (1952). <i>Problemas de Din&acirc;mica de grupo. </i>S&atilde;o paulo: Culturix.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0123-885X200400020000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>L&oacute;pez-Yarto, L. (1997). <i>Din&aacute;mica de grupos. 50 a&ntilde;os despu&eacute;s. </i>Bilbao: Editorial Descl&eacute;e de Brouwer.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0123-885X200400020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Malvezzi, S. (1999). El agente econ&oacute;mico reflexivo. <i>Desarrollo y Capacitaci&oacute;n, 49.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0123-885X200400020000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></p>     <!-- ref --><p>Potter, J. y Edwards, D. (1992). <i>Discursive psychology. </i>London: Sage.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0123-885X200400020000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Potter, J. y Wetherell, M. (1987). How to analyze discourse. En <i>Discourse and social psychology. </i>London: Sage.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0123-885X200400020000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Renteria, E. (1997). <i>Grupos e interven&ccedil;&otilde;es grupais: Concep&ccedil;&otilde;es, rela&ccedil;&otilde;es e implica&ccedil;&otilde;es na perspectiva de profissionais que trabalham com grupos. </i>Diserta&ccedil;&atilde;o de Mestrado. S&atilde;o Paulo: PUC-SP.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0123-885X200400020000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>San Juan Guillen, C. (1996). <i>Intervenci&oacute;n Psicosocial. Elementos de programaci&oacute;n y evaluaci&oacute;n socialmente eficaces</i>. Anthropos: Bogot&aacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0123-885X200400020000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>Sato, L. (2002). Preven&ccedil;&atilde;o de agravos &agrave; sa&uacute;de do trabalhador: replanejando o trabalho atrav&eacute;s das negociagoes cotidianas. <i>Cadernos de Sa&uacute;de P&uacute;blica, 18, </i>5, 1147-1166.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0123-885X200400020000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Shaw, M. (1989). <i>Din&aacute;mica de grupo. Psicolog&iacute;a de la conducta de los peque&ntilde;os grupos. </i>Barcelona: Herder.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0123-885X200400020000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Spink, M. (2000). <i>Pr&aacute;ticas Discursivas e Produ&ccedil;&atilde;o de Sentidos no Cotidiano. </i>S&atilde;o Paulo: Cortez Editora.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0123-885X200400020000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Tassara, E. (2002). <i>Avalia&ccedil;&atilde;o de projetos sociais: uma alternativa pol&iacute;tica de  inclus&atilde;o? </i>Texto basado en la conferencia presentada en el curso &quot;Avalia&ccedil;&atilde;o de projetos sociais: constru&ccedil;&atilde;o de indicadores&quot;, promovido por el Lab-Social (S&atilde;o Paulo, SP), Universidad de S&atilde;o Paulo: USP-SP.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0123-885X200400020000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Tassara, E. (1998). Utopia e anti-utipia: o ressucitar da historia. Em L. Souza; M.F. Freitas y M.M. Rodrigues, <i>Psicologia Reflex&otilde;es (im)pertinentes</i>. S&atilde;o Paulo: Casa do Psic&oacute;logo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0123-885X200400020000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Tassara, E. (2003). Notas de clase. Curso &quot;Interven&ccedil;&atilde;o social e conhecimento cient&iacute;fico&quot;. Universidad de S&atilde;o Paulo, Instituto de Psicologia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0123-885X200400020000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Tassara, E. y Damergian, S. (1996). Para um novo humanismo: contribui&ccedil;&otilde;es da psicologia social. <i>Estudos avan&ccedil;ados</i>, 10, 28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0123-885X200400020000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>    ]]></body>
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