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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">      <p align=center>     <p align=center><font size="4"><b>Pensar pedag&oacute;gicamente desde el  constructivismo. De las concepciones a las pr&aacute;cticas pedagógicas</b></font></p>       <p><b>Claudia Luc&iacute;a Ord&oacute;&ntilde;ez<sup><a     name="s*" href=#"*">*</a></sup></b></p>      <p><sup><a href="#s*" name="*">*</a></sup> Ed. Harvard Graduate School of Education. Directora del Centro de Investigaciones y Formaci&oacute;n en Educaci&oacute;n - CIFE -, Universidad de los Andes,  Bogot&aacute;, Colombia.</p>  <hr size="1">      <p>La pedagog&iacute;a debe dejar de ser, para nosotros los educadores, una simple fuente de metodolog&iacute;as de ense&ntilde;anza; una especie de &aacute;rea de apoyo en la educaci&oacute;n, productora de f&oacute;rmulas m&aacute;gicas para que nuestras clases &quot;salgan mejor&quot; &Eacute;sta es una funci&oacute;n demasiado trivial para una disciplina acad&eacute;mica que, al igual que las dem&aacute;s, se sustenta sobre importantes bases de conocimiento adquirido a partir de la teor&iacute;a acerca del conocimiento y el aprendizaje, de la documentaci&oacute;n de experiencias pr&aacute;cticas, de la experimentaci&oacute;n y de la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica, tanto cuantitativa como cualitativa. En su af&aacute;n de adquirir estatus como disciplina acad&eacute;mica, la pedagog&iacute;a tambi&eacute;n debe dejar de crear discursos no s&oacute;lo ininteligibles para otras disciplinas, probablemente por la intenci&oacute;n de emularlas, sino de muy poco inter&eacute;s para el maestro que enfrenta el problema diario del aprendizaje de aquellos que han puesto en &eacute;l su confianza y su esperanza de avanzar en el conocimiento. Propongo que entendamos la pedagog&iacute;a como una disciplina que se mueve entre la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica, y que debe valerse de la primera para crear formas de mejorar la efectividad de la segunda en el aprendizaje de las personas, por medio de la experiencia y la investigaci&oacute;n, de cualquier naturaleza que &eacute;sta sea.</p>     <p>Puede que esto sea m&aacute;s f&aacute;cil si consideramos que toda pr&aacute;ctica pedag&oacute;gica, aun cualquiera que usemos actualmente y hayamos usado como maestros, responde a concepciones que mantenemos, normalmente, en el cuarto de atr&aacute;s de nuestra mente cuando decidimos c&oacute;mo conducir el aprendizaje de nuestros alumnos. &iquest;Qu&eacute; preferimos hacer cuando ense&ntilde;amos? Si preferimos preparar y poner en escena una presentaci&oacute;n lo m&aacute;s clara posible de conocimientos que consideramos importantes para quienes aprenden, probablemente nos basemos en concepciones espec&iacute;ficas sobre el aprendizaje, la ense&ntilde;anza, la disciplina que manejamos y los roles de quienes intervenimos en la escena. Posiblemente creamos que aprender y ense&ntilde;ar son acciones que responden a un modelo b&aacute;sico de transmisi&oacute;n y recepci&oacute;n de conocimientos entre quien los posee y quien no los intuye siquiera. Posiblemente pensemos, entonces, que nuestra disciplina es un conjunto dado y transmisible de conocimientos. Aun si creemos que no es propiamente esto sino un conjunto de habilidades o competencias para hacer cosas en el mundo, probablemente estemos convencidos de que para lograrlas es necesario <i>-primero- </i>acumular unos conocimientos b&aacute;sicos, generalmente de naturaleza &#39;te&oacute;rica,&#39; y observar a los expertos &#40;nosotros&#41; utilizarlos. Estas concepciones, a su vez, nos llevan a las de los roles: nosotros, transmisores de lo que sabemos; los aprendices, receptores cuya responsabilidad es entender y demostrarnos que lo han hecho. Ellos, por supuesto, ser&aacute;n m&aacute;s o menos capaces de comprender seg&uacute;n nuestra concepci&oacute;n acerca de su habilidad o inteligencia, probablemente un nivel determinado de una capacidad innata. A la hora de la pr&aacute;ctica, nuestra responsabilidad se limitar&aacute; a ser lo m&aacute;s claros posibles al presentar la informaci&oacute;n, mientras que la de quien aprende es trabajar, normalmente &quot;estudiar&quot;, para luego demostrar comprensi&oacute;n en evaluaciones que tambi&eacute;n corresponder&aacute;n a nuestras concepciones sobre el conocimiento y sobre nuestra disciplina.</p>     <p>Si por el contrario, hemos entrado ya en la &quot;ense&ntilde;anza activa&quot;, posiblemente seguimos estando convencidos de la responsabilidad de quien aprende en su propio aprendizaje, pero buscamos m&aacute;s claramente ver que trabaje para lograrlo. Puede que todav&iacute;a concibamos el aprendizaje como intercambio de informaci&oacute;n entre fuente y receptor, pero ya no nos vemos a nosotros mismos como fuente &uacute;nica, ni siquiera principal. Sin embargo, es posible que todav&iacute;a entendamos nuestra labor como la de solucionar los problemas del conocimiento por nuestros alumnos. Cambiar concepciones es dif&iacute;cil, y m&aacute;s lo es acomodar las pr&aacute;cticas a concepciones nuevas. M&aacute;s com&uacute;nmente cambiamos pr&aacute;cticas, si somos lo suficientemente osados para ensayar cosas nuevas y, obviamente, si pensamos que el cambio se necesita por alguna buena raz&oacute;n. Pero nuestras concepciones sobre lo que es y c&oacute;mo ocurre el aprendizaje y sobre nuestra propia disciplina no cambian al mismo tiempo, de modo que seguimos jugando el mismo papel de &quot;dadores&quot; de conocimiento.</p>     <p>No es suficiente acogerse a la &quot;pedagog&iacute;a activa&quot; para buscar nuevas rutas de aprendizaje para nuestros alumnos. Hay que recordar que la llamada Escuela Activa de Ense&ntilde;anza proviene de finales del siglo XIX, a partir de desarrollos pedag&oacute;gicos pr&aacute;cticos de grandes observadores del aprendizaje infantil como Ovidio Decroly, Johann Herbart, Celestin Freinet y Mar&iacute;a Montessori, quienes notaron que los ni&ntilde;os ejercen naturalmente su curiosidad de saber, en sus actividades propias. Es de ellas de donde debe partirse para ayudarlos a buscar v&iacute;as para llegar a conocer. De aqu&iacute; viene el gran inter&eacute;s de la educaci&oacute;n en el juego como forma de aprender y la concepci&oacute;n, por fin expl&iacute;cita en la historia de la pedagog&iacute;a, del aprendiz como agente y no s&oacute;lo como receptor del conocimiento. Pero el pensamiento y el conocimiento que pueden alimentar la pr&aacute;ctica pedag&oacute;gica han avanzado mucho a partir de este movimiento de la actividad del aprendiz, que comenz&oacute; con ni&ntilde;os peque&ntilde;os y parece haberse quedado circunscrito a la pedagog&iacute;a infantil durante mucho tiempo, para aparecer &uacute;ltimamente como lo nuevo en pedagog&iacute;a en su extrapolaci&oacute;n a la ense&ntilde;anza de aprendices mayores. Porque todav&iacute;a la pedagog&iacute;a activa se interesa por la ense&ntilde;anza. Pero los adelantos m&aacute;s importantes en la pedagog&iacute;a actualmente se relacionan con la comprensi&oacute;n que ahora tenemos de qu&eacute; es y c&oacute;mo ocurre el aprendizaje; y la investigaci&oacute;n y las teor&iacute;as m&aacute;s &uacute;tiles para esta comprensi&oacute;n son probablemente las que componen, hoy en d&iacute;a y desde muy diversos puntos de vista, lo que se denomina el constructivismo en educaci&oacute;n. Y es que el constructivismo emerge como valios&iacute;simo soporte para las decisiones pedag&oacute;gicas al ayudarnos a concebir el conocimiento y el aprendizaje de maneras nuevas y m&aacute;s identificables con nuestras propias experiencias efectivas de aprendizaje y conocimiento. Si pensamos en aquello en lo que realmente nos consideramos &quot;buenos&quot; hoy en d&iacute;a y analizamos las diversas formas como llegamos a serlo, probablemente entendamos c&oacute;mo hemos construido esos conocimientos, que seguramente no son te&oacute;ricos, sino que se plasman en acci&oacute;n a la vista de todos y en constante perfeccionamiento, con el apoyo permanente de muchas personas y de muchos medios que hemos utilizado con autonom&iacute;a. Al ayudarnos a entender el aprendizaje en formas novedosas y aut&eacute;nticas, el constructivismo puede ayudarnos a crear ambientes que favorezcan procesos diferentes a los que hemos imaginado hasta ahora desde los &aacute;mbitos educativos. Nos obliga a concentrarnos ya no en lo que nosotros como maestros debemos hacer para que aprendan nuestros alumnos ni en lo que debemos &quot;poner a hacer&quot; a los alumnos, sino en las formas como debemos relacionarnos los protagonistas entre nosotros, con otros participantes y con multitud de medios y herramientas, en un proceso paulatino de comprensi&oacute;n en la acci&oacute;n.</p>     <p>El constructivismo es un conjunto de concepciones sobre el aprendizaje, que provienen de dos teor&iacute;as b&aacute;sicas del desarrollo cognoscitivo &#40;Piaget, 1970; Vygotsky, 1978&#41;. Como conjunto de concepciones nos proporciona una base s&oacute;lida para entender que el aprendizaje ocurre permanentemente en las personas en sus medios de socializaci&oacute;n y no es un fen&oacute;meno exclusivo de la escuela y de las aulas; y es que el constructivismo no es una teor&iacute;a educativa ni pedag&oacute;gica en su base. Sin embargo, a nosotros los maestros nos aleja de un n&uacute;mero limitado y limitante de las llamadas &quot;metodolog&iacute;as&quot; de ense&ntilde;anza-aprendizaje propias de los salones de clase, para imaginar una enorme variedad de ambientes efectivos de aprendizaje, en las aulas y fuera de ellas, que realmente estimulen el acercamiento significativo y &uacute;til al conocimiento y su utilizaci&oacute;n. Si como maestros podemos hacer esto, tambi&eacute;n podremos evaluar cr&iacute;ticamente las propuestas &quot;metodol&oacute;gicas&quot; que otros produzcan para el aprendizaje en nuestras disciplinas. Las concepciones constructivistas pueden llevarnos a la actividad de creaci&oacute;n pedag&oacute;gica que debe convertirse en natural para nosotros como maestros: formular y tratar de contestar unas preguntas b&aacute;sicas sobre c&oacute;mo dar verdadero soporte al aprendizaje de nuestros alumnos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>Las concepciones construtivistas... y una propuesta de preguntas</i></b></p>     <p><b><i>Proceso constructivo</i></b></p>     <p>Piaget &#40;1970&#41; localiza el conocimiento en la relaci&oacute;n entre la experiencia que se tiene con la realidad del medio circundante y las estructuras de pensamiento que se van desarrollando a partir de ella, para adaptarse al mundo. Sent&oacute; las bases para entender el desarrollo cognoscitivo como un proceso del cual depende el aprendizaje, en oposici&oacute;n a la visi&oacute;n tradicional de aprendizaje como efecto inmediato de la transmisi&oacute;n proveniente de otros.</p>     <p>Pero Vygotsky &#40;1978&#41; les devolvi&oacute; a los otros, como parte del ambiente y la experiencia que rodean al individuo, el poder que logren tener sobre el aprendizaje humano, desde una visi&oacute;n de naturaleza sociocultural. Indic&oacute;, al contrario de Piaget, que el aprendizaje es condici&oacute;n para el desarrollo cognoscitivo y que requiere la asistencia de otros que ya han construido desarrollos m&aacute;s avanzados. Defini&oacute; el aprendizaje como fen&oacute;meno que ocurre en una &quot;zona de desarrollo pr&oacute;ximo&quot;, en la cual el aprendiz puede resolver, con la ayuda de socios de aprendizaje m&aacute;s avanzados, problemas m&aacute;s complejos de los que resolver&iacute;a solo. A partir de estas teor&iacute;as b&aacute;sicas, las visiones constructivistas actuales han relacionado el aprendizaje con la comprensi&oacute;n como capacidad creciente de acci&oacute;n con lo que se aprende &#40;Perkins, 1997&#41;. Adem&aacute;s es m&aacute;s claro hoy en d&iacute;a que quien aprende utiliza todo tipo de experiencias para ir comprendiendo lo que aprende paulatinamente y que el proceso no es lineal, sino que en &eacute;l se avanza y se retrocede permanentemente &#40;Rogoff, 1996&#41;. El proceso de aprendizaje de un concepto, tema o habilidad, probablemente, no tiene fin. Siempre se puede entender mejor o m&aacute;s, hacer m&aacute;s relaciones significativas entre lo que se &quot;sabe&quot; por experiencias previas, los conceptos nuevos y las nuevas experiencias, e inclusive cambiar comprensiones previas por otras m&aacute;s efectivas, consistentes y complejas. As&iacute;, el constructivismo actual habla de procesos en los que quienes aprenden, y tambi&eacute;n sus pares y sus gu&iacute;as m&aacute;s avanzados, act&uacute;an todo el tiempo en ambientes ricos en los que viven experiencias que les facilitan hacer cada vez m&aacute;s compleja su comprensi&oacute;n de lo que sea que est&eacute;n en proceso de aprender, a medida que la demuestran en la acci&oacute;n.</p>     <p><b><i>&iquest;Puede dise&ntilde;arse una serie de experiencias a lo largo de las cuales un grupo de personas vaya avanzando en su comprensi&oacute;n de algo, haciendo cosas y no simplemente recibiendo informaci&oacute;n?</i></b></p>     <p><b><i>Aprendizaje previo</i></b></p>     <p>La experiencia produce aprendizajes que est&aacute;n vigentes mientras no entren en conflicto con experiencias nuevas. La construcci&oacute;n de significado empieza en el individuo a partir de lo que ya sabe sobre aquello que aprende. Toda persona que aprende algo, probablemente, tiene ya una porci&oacute;n de conocimiento construido sobre ello a partir de las experiencias anteriores que ha vivido. Pero ese conocimiento ya &quot;adquirido&quot; puede ser parcial, incorrecto o ingenuo en cualquier momento de la vida &#40;Gardner, 1991&#41;. Tanto en el aprendizaje previo como en cada paso del proceso de construcci&oacute;n de nuevo conocimiento puede haber comprensiones err&oacute;neas o incompletas. Si el conocimiento resulta de la relaci&oacute;n entre unos saberes previos y unos nuevos &#40;Savery y Duffy, 1996; Coll et al., 1993&#41;, tanto cometer como identificar y corregir errores resultan eventos importantes en el proceso de aprender. Cuando aprender se concibe como proceso permanente y continuo, el error es una oportunidad de entender la comprensi&oacute;n actual y eventualmente modificarla &#40;Carretero, 2001; Coll et al., 1993&#41;.</p>     <p><b><i>&iquest;C&oacute;mo puede usarse el conocimiento previo de las personas que aprenden dentro de las experiencias de aprendizaje que vayan viviendo, y lograr que vayan ajust&aacute;ndolo a comprensiones cada vez m&aacute;s complejas y adecuadas?</i></b></p>     <p><b><i>Desempe&ntilde;o</i></b></p>     <p>A partir de Piaget se argumenta que entender es poseer representaciones, im&aacute;genes o estructuras mentales &quot;adecuadas&quot;. Perkins &#40;1997&#41; en cambio, argumenta que la comprensi&oacute;n no necesariamente est&aacute; ligada a las representaciones mentales, pero s&iacute; se traduce siempre en flexibilidad de desempe&ntilde;o. Con esto destaca la importancia de basarse en desempe&ntilde;os o acciones tanto para construir como para plasmar la comprensi&oacute;n en desarrollo de quien aprende.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como se desprende de los principios anteriores, y aun de las ideas de Piaget &#40;1970&#41;, se construye aprendizaje al ejercer acciones sobre el medio. Igualmente, se hace visible lo que se va aprendiendo, tanto para quien aprende como para otros, en desempe&ntilde;os que demuestren su uso en el logro de productos diversos. Seg&uacute;n Perkins &#40;1992, 1997&#41;, el verdadero aprendizaje se traduce en poder pensar y actuar de manera flexible, en contextos diferentes, con aquello que se va aprendiendo &#40;Perkins, 1997&#41;.</p>     <p><b><i>&iquest;Pueden dise&ntilde;arse actividades en las que quienes aprenden tengan que hacer una variedad de desempe&ntilde;os o desarrollar una variedad de acciones y/o productos para aprender, no s&oacute;lo para facilitar la evaluaci&oacute;n del aprendizaje?</i></b></p>     <p><b>Desempe&ntilde;os aut&eacute;nticos</b></p>     <p>Los desempe&ntilde;os que mejor pueden constituirse tanto en medios como en objetos de aprendizaje en diferentes disciplinas son reconocibles a partir del an&aacute;lisis de los problemas y modos de pensar propios y necesarios para la vida diaria y de los desempe&ntilde;os propios de especialistas de diferentes tipos que practican o utilizan cada disciplina en el mundo real. Estos desempe&ntilde;os revelan tanto problemas como modos de pensar propios de los campos disciplinares te&oacute;ricos y de las disciplinas aplicadas. Son, pues, desempe&ntilde;os aut&eacute;nticos &#40;Perrone, 1997; Boix Mansilla y Gardner, 1997; Hetland, Hammerness, Unger y Wilson, 1997&#41;.</p>     <p>Buenos ejemplos de desempe&ntilde;os aut&eacute;nticos son los ling&uuml;&iacute;sticos. La discusi&oacute;n en grupo, por ejemplo, constituye un desempe&ntilde;o o conjunto de desempe&ntilde;os que manifiesta los diferentes niveles de comprensi&oacute;n de los participantes, a la vez que constituye una forma de avanzar en la construcci&oacute;n de comprensiones individuales cada vez m&aacute;s complejas a partir de la confrontaci&oacute;n de comprensiones diferentes. Los desempe&ntilde;os ling&uuml;&iacute;sticos como &eacute;ste o como la producci&oacute;n de textos orales o escritos pueden bastar para estimular y demostrar algunos aprendizajes en &aacute;reas como el an&aacute;lisis literario o el hist&oacute;rico. Pero en el lenguaje, en la literatura, en la historia y en todas las dem&aacute;s &aacute;reas acad&eacute;micas, es probable que sea necesario llegar hasta la pr&aacute;ctica con acciones espec&iacute;ficas, la producci&oacute;n de objetos y obras de distinta naturaleza, el logro de prop&oacute;sitos o la planeaci&oacute;n individual o en quipo, ejecuci&oacute;n y evaluaci&oacute;n de proyectos de diversa &iacute;ndole. El principio espec&iacute;fico de los desempe&ntilde;os aut&eacute;nticos cambia as&iacute; la concepci&oacute;n de lo que debe ser una actividad de ense&ntilde;anza-aprendizaje, que tradicionalmente gira alrededor de situaciones y problemas artificiales y lejanos de la realidad de la vida y de las disciplinas; cambia la idea de tarea de aprendizaje que s&oacute;lo funciona en los salones de clase.</p>     <p><b><i>&iquest;Los desempe&ntilde;os que tengan que realizar las personas que viven experiencias de aprendizaje pueden tener que ver con la vida real o parecerse a los que realizan los expertos que usan una disciplina determinada dentro de su quehacer real?</i></b></p>     <p><b><i>Interacci&oacute;n social</i></b></p>     <p>La construcci&oacute;n de aprendizaje es individual y produce resultados visibles en desempe&ntilde;os individuales, pero el proceso ocurre naturalmente y se estimula en la interacci&oacute;n con otros y en la producci&oacute;n en colaboraci&oacute;n con otros. Los dem&aacute;s son parte important&iacute;sima del medio en que se desenvuelve quien aprende y, por ende, de su aprendizaje permanente &#40;i.e. Vygotsky, 1978; Perkins, 1992; Bruffee, 1999; Brown en De Miranda y Folkstead, 2000; Dickelman y Greenberg, 2000; Savery y Duffy, 1996&#41;,</p>     <p><b><i>&iquest;Durante las experiencias de aprendizaje que dise&ntilde;emos, quienes aprenden pueden hacerlo con otros y de otros, interactuando y comparando comprensiones?</i></b></p>     <p><b>Conclusi&oacute;n</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Adoptar principios constructivistas como concepciones tras nuestras decisiones pedag&oacute;gicas nos ayuda y tambi&eacute;n nos obliga a crear ambientes de aprendizaje con caracter&iacute;sticas especiales. En ellos, los aprendices deben enfrentarse permanentemente a desempe&ntilde;os complejos que los comprometan con la verdadera comprensi&oacute;n; en ellos, deben trabajar desde el principio como verdaderos cient&iacute;ficos, comunicadores, profesionales y ciudadanos constructivos; en ellos, los aprendices deben poder volver a utilizar aprendizajes anteriores en formas cada vez m&aacute;s elaboradas, conectadas y complejas; y en ellos deben expresar permanentemente sus ideas, usarlas para producir acciones y productos y confrontarlas con las de los dem&aacute;s y con las elaboraciones que los dem&aacute;s hagan de ellas.</p>     <p><b><i>&iquest;Es posible esto en nuestros salones de clase y/o fuera de ellos, para lograr aprendizajes que interesen en nuestras disciplinas? &iquest;C&oacute;mo se ver&iacute;a?</i></b></p>  <hr size="1">      <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Boix-Mansilla,V. &amp; Gardner, H. &#40;1997&#41;.What are the qualities of understanding? En M. S. Wiske &#40;Ed.&#41;. <i>Teaching for Understanding </i>&#40;161 - 196&#41;. San Francisco: Jossey-Bass Publishers.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000036&pid=S0123-885X200400030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bruffee, K. &#40;1999&#41;. <i>Collaborative learning, higher education, interdependence, and the authority of knowledge. </i>Baltimore: The Johns Hopkins University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000038&pid=S0123-885X200400030000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Carretero, M. &#40;2001&#41;. <i>Constructivismo y educaci&oacute;n. </i>Buenos Aires: Grupo Editorial Aique.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000040&pid=S0123-885X200400030000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Coll, C.; Mart&iacute;n, E.; Mauri, T.; Miras, M.; Onrubia, J.; Sol&eacute;, I. &amp; Zabala, A. &#40;1993&#41;. <i>El constructivismo en el aula. </i>Barcelona: Editorial Gra&oacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000042&pid=S0123-885X200400030000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>De Miranda, M. &amp; Folkstead, J. &#40;2000&#41;. Linking cognitive science theory and technology education practice: A powerful connection not fully realized. <i>Journal of Industrial Teacher Education </i>37, &#40;4&#41;. Consultado en: <a href="http://scholar.lib.vt.edu/ejournals/JITE/v37n4/demiranda.html" target=_blank>http://scholar.lib.vt.edu/ejournals/JITE/v37n4/demiranda.html</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000044&pid=S0123-885X200400030000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dickelman, G. &amp; Greenberg, J.D. &#40;2000&#41;. Distributed cognition: a foundation for performance support. <i>Performance Improvement, </i>39, &#40;6&#41;, 18 - 24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S0123-885X200400030000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gardner, H. &#40;1991&#41;. <i>The unschooled mind: How children think and how schools should teach. </i>New York: Basic Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0123-885X200400030000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hetland, L.; Hammerness, K.; Unger, C. &amp; Wilson, D.G. &#40;1997&#41;. How do students demonstrate understanding? En M. S. Wiske &#40;Ed.&#41;. <i>Teaching for Understanding </i>&#40;197 - 232&#41;. San Francisco: Jossey-Bass Publishers.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0123-885X200400030000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Perkins, D. &#40;1992&#41;. <i>Smart schools. </i>New York: The Free Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0123-885X200400030000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
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