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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Bienvenidos a Cyberia: Notas para una Antropología de la cibercultura]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Significant changes in the nature of social life are being brought about by computer, information, and biological technologies, to the extent that-some argue-a new cultural order, “cyberculture”, is coming into being. This paper presents an overview of the types of anthropological analyses that are being conducted in the area of new technologies and suggests additional steps for the articulation of an anthropology of cyberculture. It builds upon science, technology, and society studies in various fields and on critical studies of modernity. The implications of technoscience for both anthropological theory and ethnographic research are explored.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Antropología de la cibercultura]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4">Bienvenidos a Cyberia. Notas para una Antropolog&iacute;a de la cibercultura</font>* </p>     <p><b>Arturo Escobar</b>**/***</p>     <p>* Este art&iacute;culo fue publicado originalmente en ingl&eacute;s como: Welcome to Cyberia. Notes on the Anthropology of Cyberculture (Escobar, 1994). El tema tambi&eacute;n fue tratado posteriormente en un corto art&iacute;culo: Living in Cyberia (Escobar, 1995b). Una versi&oacute;n en espa&ntilde;ol de este &uacute;ltimo texto se encuentra en el libro: El final del salvaje. Naturaleza, cultura y pol&iacute;tica en la antropolog&iacute;a contempor&aacute;nea (Escobar, 1999, 319-325). </p>     <p>** Profesor del Departamento de Antropolog&iacute;a en la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill, Estados Unidos. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:aescobar@email.unc.edu">aescobar@email.unc.edu</a> </p>     <p>*** Traducci&oacute;n: Carlos Andr&eacute;s Barrag&aacute;n. Antrop&oacute;logo. Contratista del Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a e Historia (ICANH). </p><hr size="1">     <p><b>Resumen </b></p>     <p>El uso generalizado de computadores, de biotecnolog&iacute;as y el flujo de informaci&oacute;n digital han introducido en la vida social contempor&aacute;nea transformaciones importantes. Tanto, que algunos argumentan que un nuevo orden cultural est&aacute; cobrando forma: la &ldquo;cibercultura&rdquo; (cyberculture). En este art&iacute;culo presento un panorama del tipo de an&aacute;lisis antropol&oacute;gicos que est&aacute;n siendo implementados en el &aacute;rea de las nuevas tecnolog&iacute;as; as&iacute; mismo, sugiero algunos pasos adicionales para la articulaci&oacute;n de una antropolog&iacute;a de la cibercultura. Esta aproximaci&oacute;n se cimienta en estudios de ciencia, tecnolog&iacute;a y sociedad en varios campos y en an&aacute;lisis cr&iacute;ticos sobre la modernidad. Tambi&eacute;n exploro las implicaciones de la tecnociencia para la teor&iacute;a antropol&oacute;gica y la investigaci&oacute;n etnogr&aacute;fica. </p>     <p><b>Palabras clave:</b> Antropolog&iacute;a de la cibercultura, nuevas tecnolog&iacute;as, investigaci&oacute;n etnogr&aacute;fica. </p> <hr size="1">     <p><b>Abstract </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Significant changes in the nature of social life are being brought about by computer, information, and biological technologies, to the extent that&mdash;some argue&mdash;a new cultural order, &ldquo;cyberculture&rdquo;, is coming into being. This paper presents an overview of the types of anthropological analyses that are being conducted in the area of new technologies and suggests additional steps for the articulation of an anthropology of cyberculture. It builds upon science, technology, and society studies in various fields and on critical studies of modernity. The implications of technoscience for both anthropological theory and ethnographic research are explored. </p>     <p><b>Keywords:</b> Anthropology of cyberculture, new technologies, ethnographic research. </p> <hr size="1">     <p>Actualmente est&aacute;n tomando lugar cambios considerables tanto en el car&aacute;cter de la tecnolog&iacute;a como en la manera en que la entendemos. La informaci&oacute;n computarizada y las biotecnolog&iacute;as est&aacute;n produciendo una transformaci&oacute;n fundamental en la estructura y en el significado de la cultura y de la sociedad moderna. Dicha transformaci&oacute;n no s&oacute;lo es susceptible al cuestionamiento de la antropolog&iacute;a, sino que quiz&aacute;s constituye un campo privilegiado para avanzar en el proyecto antropol&oacute;gico de comprender las sociedades humanas desde los puntos de vista estrat&eacute;gicos de la biolog&iacute;a, el lenguaje, la historia y la cultura. En este art&iacute;culo reviso las clases de an&aacute;lisis que est&aacute;n siendo desarrollados sobre la naturaleza social, el impacto y el uso de nuevas tecnolog&iacute;as; adem&aacute;s sugiero contextos y pasos adicionales para la articulaci&oacute;n de una &ldquo;antropolog&iacute;a de la cibercultura&rdquo; (cyberculture)<Sup><a href="#n1">1</a></Sup>. </p>     <p>Como un nuevo campo de pr&aacute;ctica antropol&oacute;gica, el estudio de la cibercultura est&aacute; relacionado particularmente con las construcciones y reconstrucciones culturales en las que las nuevas tecnolog&iacute;as est&aacute;n basadas y a las que a su vez ayudan a tomar forma. El punto de partida de este cuestionamiento es la creencia de que cualquier tecnolog&iacute;a representa una invenci&oacute;n cultural en el sentido de que &eacute;sta contribuye a formar un mundo nuevo. Toda tecnolog&iacute;a emerge de unas condiciones culturales particulares y de forma concomitante ayuda a producir otras. Los antrop&oacute;logos podr&iacute;an llegar a estar bien preparados para entender estos procesos si est&aacute;n abiertos a la idea de que la ciencia y la tecnolog&iacute;a son campos cruciales para la creaci&oacute;n cultural en el mundo contempor&aacute;neo. La entrada a este mundo podr&iacute;a permitir a los antrop&oacute;logos renovar su inter&eacute;s en el car&aacute;cter pol&iacute;tico del cambio cultural y de la diversidad cultural. </p>     <p><b>Modernidad, tecnolog&iacute;a y las ciencias sociales </b></p>     <p>Muchas de las nociones convencionales en el campo de la tecnolog&iacute;a est&aacute;n siendo transformadas por nuevas tendencias producidas en los estudios sociales de &eacute;stas. En enfoques convencionales, la tecnolog&iacute;a es identificada de forma estrecha con herramientas, m&aacute;quinas; as&iacute; mismo la historia de la tecnolog&iacute;a es asociada con la historia de estos instrumentos y con su progresiva eficacia en el desarrollo econ&oacute;mico y en el bienestar humano y social. Como una forma de &ldquo;ciencia aplicada&rdquo;, a la tecnolog&iacute;a se le ubica por fuera de la sociedad, se le considera aut&oacute;noma, y se le se&ntilde;ala como valorativamente neutral. Dado que la tecnolog&iacute;a no es calificada ni como buena o mala, &eacute;sta no puede ser culpada por los usos que los humanos le han dado o le dan<Sup><a href="#n2">2</a></Sup>. La teor&iacute;a subyacente a estas consideraciones es que la ciencia y la tecnolog&iacute;a inducen el progreso de manera aut&oacute;noma &ndash;una creencia representada por la met&aacute;fora de &ldquo;la flecha del progreso&rdquo;-. Extendida por estudios en variadas disciplinas, la flecha del progreso personifica un evolucionismo determinista que va desde la ciencia a la tecnolog&iacute;a, a la industria, al comercio y, finalmente, al progreso social. Excepciones prominentes a este imperativo tecnol&oacute;gico se encuentran en los trabajos de cr&iacute;ticos radicales de la sociedad tecnol&oacute;gica que van desde Heidegger y Ortega y Gasset a Marcuse, Illich, Mumford y Ellul. </p>     <p>Acad&eacute;micos de varias tendencias argumentan que los eventos de la d&eacute;cada de 1960 auspiciaron un nuevo marco de comprensi&oacute;n de la ciencia y la tecnolog&iacute;a. Entre los factores que abrieron paso a un nuevo cuestionamiento de la perspectiva tradicional que considera a la ciencia y la tecnolog&iacute;a como independiente de los contextos socioecon&oacute;micos y pol&iacute;ticos se encuentran la aparici&oacute;n de la &ldquo;gran ciencia&rdquo;, la difusi&oacute;n de una conciencia sobre los efectos negativos de las tecnolog&iacute;as nucleares e industriales &ndash;y el consecuente surgimiento de movimientos a favor de tecnolog&iacute;as apropiadas&ndash;, y la aparici&oacute;n de una clase de expertos en ciencia, en pol&iacute;ticas tecnol&oacute;gicas y en su evaluaci&oacute;n (Sanmart&iacute;n y Luj&aacute;n, 1992). Tanto en las comunidades t&eacute;cnico-cient&iacute;ficas como en las ciencias sociales, han comenzado a conformarse nuevas perspectivas. En estas &uacute;ltimas, un campo completo de ense&ntilde;anza e investigaci&oacute;n tom&oacute; forma alrededor de dos proyectos distintos pero relacionados: (a) los estudios de ciencia y tecnolog&iacute;a y (b) los programas de ciencia, tecnolog&iacute;a y sociedad. Estos proyectos han sido institucionalizados en varias formas, incluyendo asociaciones como la National Association for Science, Technology, and Society (NAST), la Society for Social Studies of Science (4S), y la Society for Philosophy and Technology, todas con sede en Estados Unidos. </p>     <p>Los programas de ciencia, tecnolog&iacute;a y sociedad existen desde hace tiempo en varias universidades alrededor del mundo, aunque sin una orientaci&oacute;n com&uacute;n distinta del inter&eacute;s en analizar la ciencia y la tecnolog&iacute;a como empresas complejas resultado de procesos pol&iacute;ticos y socio-econ&oacute;micos. De manera general los estudios de ciencia y tecnolog&iacute;a<Sup><a href="#n3">3</a></Sup> intentan explicar las implicaciones de la constituci&oacute;n de la ciencia y la tecnolog&iacute;a como formas y pr&aacute;cticas dominantes de conocimiento en la cultura moderna. El an&aacute;lisis algunas veces se dirige a la consideraci&oacute;n de cuestionamientos pol&iacute;ticos y &eacute;ticos que &ldquo;&hellip; ayuden a orientar nuestra comprensi&oacute;n del lugar de la tecnolog&iacute;a en los asuntos humanos&rdquo; (Winner, 1993a, p. 364). Es ampliamente sostenido que los estudios de ciencia y tecnolog&iacute;a han alterado radicalmente los enfoques pasados sobre la tecnolog&iacute;a, desplazando as&iacute; la concepci&oacute;n lineal del cambio tecnol&oacute;gico y posibilitando la apertura de s&oacute;lidos programas de investigaci&oacute;n que est&aacute;n dando como resultado una verdadera renovaci&oacute;n te&oacute;rica. En el centro de esta renovaci&oacute;n est&aacute; el constructivismo social cultivado especialmente por los soci&oacute;logos y los historiadores. Con el objetivo de estudiar la ciencia y la tecnolog&iacute;a como una construcci&oacute;n social, estos acad&eacute;micos han comenzado a investigar laboratorios y grupos de tecn&oacute;logos y han visto con nuevos ojos sus archivos hist&oacute;ricos. Los constructivistas han demostrado, contrario al determinismo tecnol&oacute;gico del pasado, que la contingencia y la flexibilidad son la esencia del cambio tecnol&oacute;gico. Al evidenciar que los procesos sociales son inherentes a las innovaciones tecnol&oacute;gicas, han dado un golpe contundente a la alegada distancia entre la tecnolog&iacute;a y la sociedad y entre &eacute;stas y la naturaleza. La creencia m&aacute;s generalizada es que los sistemas de ciencia y tecnolog&iacute;a son regulados a trav&eacute;s de acuerdos t&eacute;cnico-sociales flexibles que, dentro de ciertas limitantes estructurales, propician acuerdos sociales alrededor de ciertos desarrollos. Algunos investigadores han ido m&aacute;s all&aacute; para afirmar que la naturaleza y las m&aacute;quinas han llegado a ser actores importantes en los procesos hist&oacute;ricos que determinan el cambio tecnol&oacute;gico<Sup><a href="#n4">4</a></Sup>. </p>     <p>Adem&aacute;s de la decisi&oacute;n metodol&oacute;gica de observar de cerca las tecnolog&iacute;as y los sistemas que los rodean -acercamiento con el cual los antrop&oacute;logos simpatizan-, el constructivismo social ha introducido innovaciones conceptuales sugerentes,como la noci&oacute;n de &ldquo;flexibilidad interpretativa&rdquo;. &Eacute;sta corresponde al hecho bien conocido entre los antrop&oacute;logos, de que los diferentes actores (categor&iacute;a equivalente en el lenguaje constructivista a &ldquo;grupos sociales relevantes&rdquo;), interpretan los artefactos de diversas maneras. El principal objetivo de an&aacute;lisis corresponde a la identificaci&oacute;n de los grupos sociales relevantes, la variabilidad en sus interpretaciones sobre la entidad t&eacute;cnica en cuesti&oacute;n, y los mecanismos por los cuales dicha variabilidad es reducida alrededor de una opci&oacute;n dada. Esto hace posible explicar por qu&eacute; algunas tecnolog&iacute;as son escogidas y otras no. El resultado &uacute;ltimo de toda esta investigaci&oacute;n es un modelo evolutivo del cambio tecnol&oacute;gico con m&uacute;ltiples caminos y niveles. En la &ldquo;teor&iacute;a de actor-red&rdquo; de Michel Callon y Bruno Latour, la investigaci&oacute;n y el desarrollo son estudiados de manera similar; en especial, en lo que concierne a las estrategias con que los actores &ndash;humanos y no humanos&ndash; pugnan alrededor de la identificaci&oacute;n de los problemas a solucionar (Sanmart&iacute;n y Luj&aacute;n, 1992). </p>     <p>A pesar de su importancia y visibilidad, el constructivismo social igualmente ha despertado cr&iacute;ticas y controversias. Una de ellas se relaciona con su objetivo de responder por qu&eacute; surgen las tecnolog&iacute;as y por qu&eacute; prevalecen ciertos componentes, por encima de otros an&aacute;lisis, como por ejemplo, los efectos de tecnolog&iacute;as particulares, sobre la poblaci&oacute;n y/o las estructuras de poder. Esta tendencia es considerada por algunos como una forma irresponsable de relativismo. As&iacute; mismo se reprocha su silencio con respecto a los grupos sociales &ldquo;irrelevantes&rdquo;, los cuales no obstante tambi&eacute;n son afectados por la tecnolog&iacute;a (Winner, 1993a). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde una corriente m&aacute;s filos&oacute;fica, pero atendiendo la misma cr&iacute;tica, los constructivistas dan por sentado el profundo trasfondo cultural que condiciona la interpretaci&oacute;n y a la pr&aacute;ctica tecnol&oacute;gica. Es apropiado considerar la flexibilidad interpretativa, &ldquo;hasta cierto punto&rdquo;; pero, sin un an&aacute;lisis paralelo de los significados que los logros tecnol&oacute;gicos tienen para las personas, &ldquo;... prontamente &eacute;sta se convierte en indiferencia moral y pol&iacute;tica&rdquo; (Winner 1993a, p. 372). Desde una perspectiva diferente se ha sostenido que el constructivismo social simplifica el papel de la ciencia en el desarrollo tecnol&oacute;gico y minimiza el efecto de otros factores en ese proceso, tales como la econom&iacute;a, los medios informativos y el p&uacute;blico general (Sanmart&iacute;n y Ort&iacute;, 1992). El an&aacute;lisis de los esquemas socio-t&eacute;cnicos debe ser complementado, al menos, con preguntas acerca de la conveniencia de las pr&aacute;cticas personales y sociales informadas por las tecnolog&iacute;as bajo consideraci&oacute;n -de nuevo, preguntas que los constructivistas parecen pasar por alto (Medina, 1992)-. </p>     <p>Algunas de las cr&iacute;ticas mencionadas son consideradas en otros estudios antropol&oacute;gicos, filos&oacute;ficos y postestructurales sobre ciencia y tecnolog&iacute;a. El cuestionamiento de la modernidad como el escenario para la actual comprensi&oacute;n y pr&aacute;ctica de la tecnolog&iacute;a es de vital importancia entre los antrop&oacute;logos. En esta antropolog&iacute;a de la modernidad este cuestionamiento est&aacute; m&aacute;s cercano de la filosof&iacute;a que de la nueva sociolog&iacute;a de la tecnolog&iacute;a. </p>     <p>De hecho, la cibercultura est&aacute; fomentando una reformulaci&oacute;n de la naturaleza de la modernidad en formas que ya no est&aacute;n mediadas solamente por consideraciones literarias y/o epistemol&oacute;gicas. Si nuestra era es posmoderna o moderna modificada (&ldquo;tard&iacute;a&rdquo;, &ldquo;meta&rdquo;, o &ldquo;hiper&rdquo;, como lo han propuesto algunos), es una pregunta que no puede ser contestada antes de una investigaci&oacute;n sobre el estado y el estatus actual de la ciencia y la tecnolog&iacute;a. Aunque algunos insisten en que la ciencia y el capital todav&iacute;a funcionan como principios vectoriales de los &oacute;rdenes sociales dominantes, no es posible afirmar que ya nos hayamos despedido de la modernidad, no obstante los modos de operaci&oacute;n sin precedente desarrollados por estos dos principios en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas<Sup><a href="#n5">5</a></Sup>. De acuerdo con Michel Foucault (1973), el per&iacute;odo moderno trajo consigo &oacute;rdenes particulares de la vida, el trabajo y el lenguaje, encarnados en la multiplicidad de pr&aacute;cticas por medio de las cuales la vida y la sociedad son producidas, reguladas y articuladas por los discursos cient&iacute;ficos. &iquest;De qu&eacute; maneras la cibercultura contin&uacute;a participando en estos agenciamientos de vida, trabajo y lenguaje? Los sistemas que cuentan en la producci&oacute;n de la vida (el cuerpo, el ser, la naturaleza), el trabajo (la producci&oacute;n, la econom&iacute;a), y el lenguaje (el discurso, la comunicaci&oacute;n, el sujeto hablante), &iquest;han sido modificados significativamente? La discusi&oacute;n sobre si la biopol&iacute;tica foucaultiana y los bordes de las disciplinas han sido transcendidos por la biotecnolog&iacute;a y por la ingenier&iacute;a gen&eacute;tica es un tema a&uacute;n por abordar. Los antrop&oacute;logos pueden ser invitados de honor en este &aacute;lgido debate. </p>     <p>La modernidad ha sido caracterizada por te&oacute;ricos como Foucault (1973), J&uuml;rgen Habermas (1987) y Anthony Giddens (1989) en t&eacute;rminos de la continua apropiaci&oacute;n de trasfondos y pr&aacute;cticas culturales dados por sentado por parte de mecanismos expl&iacute;citos de poder y conocimiento. Con la modernidad, muchos aspectos de la vida previamente regulados por normas tradicionales (la salud, el conocimiento, el trabajo, el cuerpo, el espacio y el tiempo), fueron apropiados progresivamente por discursos cient&iacute;ficos acompa&ntilde;ados de formas t&eacute;cnicas y administrativas de organizaci&oacute;n. Modelos org&aacute;nicos y mec&aacute;nicos de vida social y f&iacute;sica abrieron paso a modelos centrados en la producci&oacute;n y maximizaci&oacute;n de la vida en s&iacute; misma, incluyendo formas novedosas de articulaci&oacute;n entre el cuerpo y las m&aacute;quinas en espacios como las f&aacute;bricas, las escuelas, los hospitales y los hogares. Ah&iacute; comenz&oacute; la &iacute;ntima imbricaci&oacute;n de procesos entre el capital y el conocimiento para la producci&oacute;n simult&aacute;nea de valor y vida<Sup><a href="#n6">6</a></Sup>. La expansi&oacute;n de la palabra escrita, la preeminencia de la m&aacute;quina, el control del tiempo y del espacio, y las revoluciones biol&oacute;gicas y bioqu&iacute;micas en los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os han producido &oacute;rdenes biot&eacute;cnicos sin precedentes, que hoy encuentran nuevas formas de expresi&oacute;n en los reg&iacute;menes ciberculturales. </p>     <p>Aunque la relaci&oacute;n entre ciencia, tecnolog&iacute;a y cultura permanece insuficientemente teorizada (L&eacute;court, 1992), la ciencia y la tecnolog&iacute;a, o si se quiere la tecno-ciencia, ha tenido un papel central en el orden moderno. A este respecto sigue siendo ejemplar el tratamiento de Heidegger sobre la tecnolog&iacute;a como una pr&aacute;ctica paradigm&aacute;tica de la modernidad. Para este autor ciencia y tecnolog&iacute;a son medios para la creaci&oacute;n de nuevas realidades, nuevas manifestaciones de ser. La ciencia moderna necesariamente construye (&ldquo;encuadra&rdquo; / &ldquo;enframes&rdquo;) la naturaleza como algo que debe ser apropiado, algo cuya energ&iacute;a debe ser liberada para prop&oacute;sitos humanos. Este es &ldquo;el peligro en el sentido &uacute;ltimo&rdquo;, al punto de que este encuadramiento lleva a actividades destructivas y, particularmente, a la desaparici&oacute;n de otras formas fundamentales de revelar la esencia de ser (&ldquo;poiesis&rdquo;). Esencia que Heidegger ve presente en las artes y en ciertas filosof&iacute;as orientales. Su noci&oacute;n de tecnolog&iacute;a tiene un rol ontol&oacute;gico importante en tanto que el mundo se nos vuelve presente a trav&eacute;s de conexiones t&eacute;cnicas (links) de distintas clases. En este sentido es por medio de las pr&aacute;cticas t&eacute;cnicas que el car&aacute;cter social del mundo toma forma (Heidegger, 1962). Algunos fil&oacute;sofos han sugerido recientemente que la racionalidad t&eacute;cnica es el modo primario de conocer y de ser, reversando as&iacute; la primac&iacute;a de la ciencia sobre la tecnolog&iacute;a y de la teor&iacute;a sobre la pr&aacute;ctica (Medina y Sanmart&iacute;n, 1989; Mitcham, 1990)<Sup><a href="#n7">7</a></Sup>. </p>     <p>Para estos fil&oacute;sofos, la prioridad concedida a la ciencia y a la teor&iacute;a por encima de la creatividad t&eacute;cnica ha dejado que los modernos crean que pueden describir la naturaleza y la sociedad de acuerdo a leyes. M&aacute;s que el efecto de pr&aacute;cticas, la naturaleza y la sociedad aparecen en las concepciones modernas como objetos con mecanismos y por consiguiente son tratados de manera instrumental (Medina y Sanmart&iacute;n, 1989). Las nuevas tecnolog&iacute;as parecen profundizar estas tendencias en formas que son visualizadas de mejor forma por la ciencia-ficci&oacute;n contempor&aacute;nea. Los nuevos paisajes de la ciencia-ficci&oacute;n est&aacute;n poblados con cyborgs de todas las clases (seres humanos y otros organismos con innumerables pr&oacute;tesis e interfaces tecnol&oacute;gicas) que se mueven en vastos ciberespacios (cyberspaces), realidades virtuales y ambientes mediados por computador<Sup><a href="#n8">8</a></Sup>. </p>     <p>Pero mientras que muchos escritores de ciencia-ficci&oacute;n y dise&ntilde;adores de nuevas tecnolog&iacute;as manifiestan una posici&oacute;n poco cr&iacute;tica de estas tendencias, queda por determinar hasta qu&eacute; punto y en qu&eacute; maneras espec&iacute;ficas las transformaciones que estos han vislumbrado se encuentran en proceso de convertirse en realidad. Esta es otra tarea para la antropolog&iacute;a de la cibercultura<Sup><a href="#n9">9</a></Sup>. </p>     <p><b>La naturaleza de la cibercultura </b></p>     <p>Mientras que cualquier tecnolog&iacute;a puede ser estudiada antropol&oacute;gicamente desde varias perspectivas &ndash;los rituales que origina, las relaciones sociales que ayuda a crear, las pr&aacute;cticas desarrolladas por distintos usuarios alrededor de &eacute;stas, los valores que fomenta&ndash;, la cibercultura refiere espec&iacute;ficamente a nuevas tecnolog&iacute;as en dos &aacute;reas: (a) inteligencia artificial, particularmente tecnolog&iacute;as de computaci&oacute;n e informaci&oacute;n; y (b) la biotecnolog&iacute;a<Sup><a href="#n10">10</a></Sup>.Es posible separar estos dos conjuntos de tecnolog&iacute;as para prop&oacute;sitos anal&iacute;ticos; sin embargo, no es una coincidencia que los dos hayan alcanzado su actual auge de manera simult&aacute;nea. Mientras que las tecnolog&iacute;as de la computaci&oacute;n y la informaci&oacute;n est&aacute;n trayendo a discusi&oacute;n un r&eacute;gimen de tecno-socialidad (Stone, 1991), considerado como un proceso de construcci&oacute;n sociocultural puesto en acci&oacute;n en el despertar de las nuevas tecnolog&iacute;as; las biotecnolog&iacute;as est&aacute;n dando lugar a la bio-socialidad (Rabinow, 1992a), un nuevo orden para la producci&oacute;n de vida, de naturaleza y del cuerpo a trav&eacute;s de intervenciones tecnol&oacute;gicas fundamentadas en la biolog&iacute;a. Estos dos reg&iacute;menes forman la base de lo que yo llamo cibercultura. </p>     <p>A pesar de la novedad, la cibercultura se origina en una bien conocida matriz social y cultural de la modernidad, aunque &eacute;sta se oriente hacia la constituci&oacute;n de un nuevo orden- el cual a&uacute;n no podemos conceptuar, pero que debemos tratar de entender- a trav&eacute;s de la transformaci&oacute;n de los posibles tipos de comunicaci&oacute;n, trabajo y formas de ser. La modernidad constituye el &ldquo;trasfondo de entendimiento&rdquo; (background of understanding) &ndash;la tradici&oacute;n y forma de ser que se da por sentada y en cuyos t&eacute;rminos interpretamos y actuamos&ndash;, y que inevitablemente moldea los discursos y las pr&aacute;cticas generadas por y alrededor de las nuevas tecnolog&iacute;as. Esta tradici&oacute;n ha creado una imagen neutral de la tecnolog&iacute;a, &uacute;til para liberar la energ&iacute;a de la naturaleza con el objeto de aumentar las capacidades humanas y servir a sus prop&oacute;sitos (Heidegger, 1977). Con el fin de reorientar esta tradici&oacute;n dominante es preciso hacer expl&iacute;cita esta tradici&oacute;n. Algunos consideran como el fin &uacute;ltimo de esta reorientaci&oacute;n, aportar a una democratizaci&oacute;n de la ciencia y la tecnolog&iacute;a y al desarrollo de pr&aacute;cticas tecnol&oacute;gicas y tecno-ilustradas que est&eacute;n m&aacute;s acordes a las necesidades humanas, y que contrasten con las actuales (Winograd y Flores, 1986; Winner, 1993a; Medina, 1992). Acorde con esta presentaci&oacute;n general, la investigaci&oacute;n antropol&oacute;gica puede estar guiada por el siguiente conjunto de interrogantes: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>1.</b> &iquest;Cu&aacute;les son los discursos y pr&aacute;cticas que son creados alrededor de y por los computadores y la biotecnolog&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; dominios nuevos de actividad humana crean estos discursos y pr&aacute;cticas? &iquest;En qu&eacute; redes sociales &ndash;instituciones, valores, convenciones, etc.&ndash; est&aacute;n situados estos dominios? En una perspectiva m&aacute;s amplia, &iquest;qu&eacute; nuevas formas de construcci&oacute;n de la realidad, &ldquo;tecno-espacios&rdquo; (technoscapes), y de negociaci&oacute;n de tal(es) construcci&oacute;n(es) est&aacute;n siendo introducidas por las nuevas tecnolog&iacute;as? &iquest;De qu&eacute; manera rutinaria las personas vinculan estos &ldquo;tecnoespacios&rdquo;, y cu&aacute;les son las consecuencias de esta vinculaci&oacute;n en t&eacute;rminos de la adopci&oacute;n de nuevas formas de pensamiento y de ser? &iquest;En qu&eacute; formas nuestras pr&aacute;cticas sociales y &eacute;ticas cambian a medida que el proyecto t&eacute;cnico-cient&iacute;fico avanza? </p>     <p><b>2.</b> &iquest;C&oacute;mo estudiar etnogr&aacute;ficamente estas pr&aacute;cticas y dominios en diferentes espacios sociales, regionales y &eacute;tnicos? &iquest;Qu&eacute; conceptos y m&eacute;todos antropol&oacute;gicos establecidos pueden ser apropiados para el estudio de la cibercultura? &iquest;Cu&aacute;l(es) tendr&iacute;a(n) que ser modificado(s)? &iquest;C&oacute;mo, por ejemplo, distintas nociones de comunidad, trabajo de campo, cuerpo, naturaleza, visi&oacute;n, sujeto, identidad, y escritura, podr&aacute;n ser transformadas por las nuevas tecnolog&iacute;as? </p>     <p><b>3.</b> &iquest;Cu&aacute;l es el trasfondo de comprensi&oacute;n desde el cual las nuevas tecnolog&iacute;as surgen? De manera m&aacute;s espec&iacute;fica &iquest;qu&eacute; pr&aacute;cticas modernas de la vida, del trabajo, y del lenguaje, moldean la actual comprensi&oacute;n, dise&ntilde;o y maneras de relacionarse con la tecnolog&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; continuidades presentan las nuevas tecnolog&iacute;as con relaci&oacute;n al orden moderno? &iquest;Qu&eacute; clase de apropiaciones, resistencias, o innovaciones con relaci&oacute;n a las nuevas tecnolog&iacute;as est&aacute;n tomando lugar en los contextos, por ejemplo, de las culturas minoritarias? &iquest;Cu&aacute;les de &eacute;stas pueden representar aproximaciones diferentes a la comprensi&oacute;n de la tecnolog&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; le sucede a las perspectivas no occidentales a medida que las nuevas tecnolog&iacute;as extienden su alcance? </p>     <p><b>4.</b> &iquest;Cu&aacute;l es la econom&iacute;a pol&iacute;tica de la cibercultura? &iquest;En qu&eacute; maneras, por ejemplo, est&aacute;n siendo reestructuradas las relaciones, en base a las nuevas tecnolog&iacute;as, entre los denominados Primer y Tercer Mundo? &iquest;Qu&eacute; nuevas articulaciones locales con formas de capital global y basadas en nuevas tecnolog&iacute;as est&aacute;n apareciendo? &iquest;C&oacute;mo la automatizaci&oacute;n, las m&aacute;quinas inteligentes y la biotecnolog&iacute;a transforman los procesos de producci&oacute;n, de capitalizaci&oacute;n de la naturaleza, y la creaci&oacute;n de valor en el contexto global? Si los distintos grupos de personas (clases sociales, mujeres, minor&iacute;as, grupos &eacute;tnicos, etc.) est&aacute;n ubicados de manera diferencial en los contextos de las nuevas tecnolog&iacute;as, &iquest;C&oacute;mo pueden los antrop&oacute;logos teorizar y explorar este orden de construcci&oacute;n tecno-cultural? Para finalizar, &iquest;cu&aacute;les son las implicaciones de este an&aacute;lisis para una pol&iacute;tica cultural de la ciencia y la tecnolog&iacute;a? </p>     <p><b>El proyecto antropol&oacute;gico </b></p>     <p><b>Formulaciones te&oacute;ricas </b></p>     <p>El inter&eacute;s por parte de los antrop&oacute;logos sociales / culturales sobre la ciencia y la tecnolog&iacute;a ha aumentado constantemente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Ya se han dado pasos para construir una presencia institucional de la antropolog&iacute;a de la ciencia y la tecnolog&iacute;a dentro de la American Anthropological Association (AAA) de los Estados Unidos<Sup><a href="#n11">11</a></Sup>. Una variedad de paneles relacionados con temas de ciencia y tecnolog&iacute;a fueron llevados a cabo, por ejemplo, en las reuniones de esta Asociaci&oacute;n en los a&ntilde;os 1992 y 1993<Sup><a href="#n12">12</a></Sup>. En los a&ntilde;os m&aacute;s recientes algunos de los t&oacute;picos de inter&eacute;s para los antrop&oacute;logos han incluido etnograf&iacute;as de cient&iacute;ficos, estudios sobre tecnolog&iacute;as reproductivas y m&eacute;dicas, temas sobre g&eacute;nero y ciencia, &eacute;tica y valores, y la ense&ntilde;anza de la ciencia y la ingenier&iacute;a. Los estudios proclives a convertirse en temas de moda como la tecnolog&iacute;a computacional y biol&oacute;gica, la realidad virtual, las comunidades virtuales y el ciberespacio, est&aacute;n captando la atenci&oacute;n general de manera creciente. Un esfuerzo por teorizar la antropolog&iacute;a de la ciencia y la tecnolog&iacute;a tambi&eacute;n ha estado en proceso de consolidaci&oacute;n<Sup><a href="#n13">13</a></Sup>. </p>     <p>Aunque la gran mayor&iacute;a de estudios antropol&oacute;gicos sobre ciencia y tecnolog&iacute;a han tenido lugar en pa&iacute;ses altamente industrializados, hay una creciente atenci&oacute;n a estos temas en el Tercer Mundo. Esta se desprende del hecho de que la globalizaci&oacute;n de la producci&oacute;n econ&oacute;mica y cultural se apoya cada vez m&aacute;s en las nuevas tecnolog&iacute;as de vida y en las de informaci&oacute;n. Ya sea que el encuentro entre el Norte y el Sur se d&eacute; en los dominios del desarrollo, la informaci&oacute;n, la guerra &ndash;mediados por la biotecnolog&iacute;a&ndash;, &eacute;ste est&aacute; fuertemente mediado por gran variedad de tecnolog&iacute;as. El impacto de tecnolog&iacute;as como la televisi&oacute;n y los videocasetes sobre nociones locales de modernidad y desarrollo y de sus respectivos efectos en antiguas pr&aacute;cticas culturales y sociales ya ha sido abordado etnogr&aacute;ficamente (Abu-Lughod, 1990; Dahl y Rabo, 1992; Garc&iacute;a Canclini, 1990). Consideradas antes como responsables de una homogenizaci&oacute;n mundial y de una generalizada aculturaci&oacute;n, actualmente la ciencia y tecnolog&iacute;a cosmopolitas son vistas en t&eacute;rminos de su contribuci&oacute;n real o potencial a la formaci&oacute;n de culturas h&iacute;bridas y de procesos de autoafirmaci&oacute;n a trav&eacute;s de la selecci&oacute;n aut&oacute;noma y parcial de &eacute;stas<Sup><a href="#n14">14</a></Sup>. Incluso est&aacute; presente la esperanza de que los avances en biotecnolog&iacute;a puedan ser usados por grupos locales en regiones ricas en biodiversidad alrededor del mundo, con el objetivo de defender sus territorios y articular nuevas estrategias culturales y econ&oacute;micas. Sin embargo, como David Hess (1993) lo argumenta, el efecto de tecnolog&iacute;as cosmopolitas en grupos del Tercer Mundo a&uacute;n permanece poco estudiado, especialmente desde el punto privilegiado de las pol&iacute;ticas culturales que &eacute;stas ponen en movimiento. Aqu&iacute; se incluyen temas como la destrucci&oacute;n cultural, la hibridaci&oacute;n, la homogenizaci&oacute;n, y la creaci&oacute;n de nuevas diferencias a trav&eacute;s de formas de conexi&oacute;n fomentadas por las nuevas tecnolog&iacute;as &ndash;sin duda un aspecto de lo que Arjun Appadurai denomina &ldquo;etno-espacios&rdquo; (ethnoscapes) globales (Appadurai, 1991). El trabajo sobre estos temas est&aacute; avanzando r&aacute;pidamente, en particular en conexi&oacute;n con la redefinici&oacute;n de desarrollo (Hess, 1993; Escobar, 1995a). </p>     <p>Por supuesto, la reflexi&oacute;n antropol&oacute;gica de la relaci&oacute;n entre cultura y tecnolog&iacute;a no es nueva. El impacto de las tecnolog&iacute;as occidentales sobre la evoluci&oacute;n y el cambio cultural ha sido un tema de investigaci&oacute;n desde los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada de 1950<Sup><a href="#n15">15</a></Sup>. El control tecnol&oacute;gico y la econom&iacute;a pol&iacute;tica est&aacute;n generando fuertes discusiones, dadas las preocupaciones que despiertan. No obstante, los estudios de cultura material y tecnolog&iacute;a han sufrido de una dependencia de lo que un cr&iacute;tico del tema ha denominado &ldquo;la concepci&oacute;n est&aacute;ndar de la tecnolog&iacute;a&rdquo; (basada en una teleolog&iacute;a descontextualizada que arranca con las herramientas simples y termina con las m&aacute;quinascomplejas). &Uacute;nicamente con los estudios contempor&aacute;neos de ciencia y tecnolog&iacute;a, se tiene la posibilidad de ver la ciencia y la tecnolog&iacute;a en relaci&oacute;n con sistemas tecnol&oacute;gicos complejos. Esto &ldquo;... crea la base para una comunicaci&oacute;n fruct&iacute;fera entre los antrop&oacute;logos sociales, etnoarque&oacute;logos, arque&oacute;logos, y los estudiosos de la evoluci&oacute;n humana&rdquo; (Pfaffenberger, 1992, p. 513). Tambi&eacute;n promueve el intercambio entre antrop&oacute;logos y otras disciplinas involucradas en estos estudios como la filosof&iacute;a, la ciencia cognitiva y la ling&uuml;&iacute;stica. </p>     <p>En el Primer Mundo han comenzado variados intentos por articular una estrategia antropol&oacute;gica centrada expl&iacute;citamente en el an&aacute;lisis de la informaci&oacute;n digital, la computaci&oacute;n y las biotecnolog&iacute;as. Una importante precursora en esta materia fue Margaret Mead, en particular con su trabajo en el contexto de surgimiento de la cibern&eacute;tica entre la Segunda Guerra Mundial y la primera mitad de la d&eacute;cada de 1960<Sup><a href="#n16">16</a></Sup>.Al comienzo de la d&eacute;cada de 1990, es posible identificar tres diferentes propuestas. La primera, enunciada por el antrop&oacute;logo David Thomas, se fundamenta en la creciente literatura sobre nociones de &ldquo;ciberespacio&rdquo;<Sup><a href="#n17">17</a></Sup> y el &ldquo;cyborg&rdquo; &ndash;definido en un sentido amplio como una mezcla entre humano y m&aacute;quina&ndash;. El autor argumenta que las formas avanzadas de tecnolog&iacute;a occidental est&aacute;n produciendo &ldquo;un rito de paso&rdquo; entre las sociedades industriales y &ldquo;postorg&aacute;nicas&rdquo;, y entre &ldquo;... formas de vida org&aacute;nicamente humanas y aquellas formas de vida ciberf&iacute;sicas digitales reconfiguradas a trav&eacute;s de sistemas de software de computador&rdquo; (Thomas, 1991, p. 33). En este contexto el autor hace un llamado a los antrop&oacute;logos a abordar los &ldquo;mundos de las tecnolog&iacute;as virtuales durante esta etapa temprana de especulaci&oacute;n y desarrollo&rdquo;; en especial desde el punto de vista de c&oacute;mo estas tecnolog&iacute;as son producidas socialmente. Desde los paradigmas de lectura y escritura visual a los mundos virtuales de la informaci&oacute;n digital, estamos siendo testigos de una transici&oacute;n a una etapa post-corp&oacute;rea muy prometedora en t&eacute;rminos de creaci&oacute;n de l&oacute;gicas sociales y de reg&iacute;menes sensoriales. El ciberespacio proporciona a los antrop&oacute;logos posibilidades sin precedente para hacer palpable esta promesa. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La segunda propuesta es una &ldquo;antropolog&iacute;a cyborg&rdquo;. &Eacute;sta fue lanzada formalmente con dos sesiones que tuvieron lugar en San Francisco en la reuni&oacute;n de la AAA en el a&ntilde;o 1992, y en las que se tom&oacute; como punto de partida los estudios feministas de ciencia y tecnolog&iacute;a. Aunque su principal objetivo fue el an&aacute;lisis de la ciencia y la tecnolog&iacute;a como un fen&oacute;meno cultural, uno de sus mayores logros ha sido el estudio etnogr&aacute;fico de los l&iacute;mites entre humanos y m&aacute;quinas, espec&iacute;ficos a las sociedades del final del siglo XX. Con la convicci&oacute;n de que el &ldquo;anthropos&rdquo; debe ser desplazado &ndash;como tema y objeto de la disciplina&ndash;, los antrop&oacute;logos emergentes del &ldquo;cyborg&rdquo; argumentan que la realidad humana y social es un producto tanto de las m&aacute;quinas como de las actividades humanas. Asimismo, sostienen que debemos reconocer una labor de agenciamiento a las m&aacute;quinas, y que la tarea propicia de la antropolog&iacute;a de la ciencia y la tecnolog&iacute;a es examinar etnogr&aacute;ficamente c&oacute;mo la tecnolog&iacute;a sirve de agente de producci&oacute;n social y cultural<Sup><a href="#n18">18</a></Sup>.</p>     <p> Las posiciones cr&iacute;ticas sobre las dos propuestas anteriores han comenzado a articularse de manera notable en la antropolog&iacute;a visual. Dada la importancia de la visi&oacute;n en temas como la realidad virtual, las redes de computadores, las gr&aacute;ficas e interfaces y las tecnolog&iacute;as de imagen &ndash;desde sat&eacute;lites de vigilancia, estrategia militar, exploraciones espaciales hasta tecnolog&iacute;as m&eacute;dicas como la tomograf&iacute;a y la ecograf&iacute;a prenatal (Haraway, 1988; DeLanda, 1991; Cartwright y Goldfarb, 1992; Duden, 1990)&ndash;, no es sorprendente que el campo de la antropolog&iacute;a m&aacute;s sintonizado con el an&aacute;lisis de lo visual como un r&eacute;gimen cultural y epistemol&oacute;gico, haya sido el primero en reaccionar ante la celebraci&oacute;n poco cr&iacute;tica de las tecnolog&iacute;as ciberespaciales (ver Benedikt, 1991; Rheingold, 1991). El se&ntilde;alamiento que hacen algunos dise&ntilde;adores ciberespaciales con respecto a que las nuevas tecnolog&iacute;as &ldquo;har&aacute;n al cuerpo obsoleto, destruir&aacute;n la subjetividad, crear&aacute;n nuevos mundos y universos, cambiar&aacute;n el futuro pol&iacute;tico y econ&oacute;mico de la humanidad y dejar&aacute;n un nuevo orden post-humano&rdquo;, constituyen para los cr&iacute;ticos, en el mejor caso, un deseo piadoso, motivado por el car&aacute;cter seductivo de la realidad virtual y de tecnolog&iacute;as similares. En el peor de los casos constituyen esfuerzos equivocados en la ingenier&iacute;a de la realidad social (Gray y Driscoll, 1992, p. 399). Ellos argumentan, entonces, que esta lectura se da por la atenci&oacute;n aparentemente exclusiva a una sociedad cyborgrizada mediada por las interacciones entre humanos y m&aacute;quinas<Sup><a href="#n19">19</a></Sup>. M&aacute;s que sugerir que se necesita una nueva subdisciplina antropol&oacute;gica, Gray y Driscoll prefieren referirse a una &ldquo;antropolog&iacute;a de, y en el ciberespacio&rdquo;. </p>     <p>Desde esta perspectiva, los antrop&oacute;logos podr&iacute;an estudiar las tecnolog&iacute;as en los entornos en los cuales &eacute;stas se originaron y en los que operan, incluyendo sus continuas conexiones a los valores dominantes de racionalidad, instrumentalidad, beneficio y violencia. No es coincidencia, siguiendo el argumento de estos autores, que la realidad virtual como uno de los desarrollos recientes en el centro del movimiento ciberespacial, ha sido y seguir&aacute; estando circunscrita por intereses econ&oacute;micos y militares. Y que a pesar de su esperado potencial para prop&oacute;sitos de liberaci&oacute;n y humanizaci&oacute;n, las aplicaciones orientadas hacia un beneficio econ&oacute;mico seguir&aacute;n siendo indudablemente dominantes. Su prescripci&oacute;n apunta a examinar estas tecnolog&iacute;as desde una perspectiva que considere la forma en que &eacute;stas permiten a varios grupos de personas negociar formas espec&iacute;ficas de poder, autoridad y representaci&oacute;n. </p>     <p>Desde la antropolog&iacute;a de la cibercultura, podemos descartar a priori la existencia de una nueva era, y la necesidad de una nueva &aacute;rea de trabajo en la antropolog&iacute;a. Realmente la disciplina est&aacute; &ndash;en principio&ndash; bien dotada para abordar lo que debe iniciarse m&aacute;s bien como un proyecto etnogr&aacute;fico tradicional: describir, a la manera de un diagn&oacute;stico cultural inicial, qu&eacute; est&aacute; pasando en t&eacute;rminos de la emergencia de pr&aacute;cticas y transformaciones asociadas al aumento de desarrollos t&eacute;cnico-cient&iacute;ficos. Sin embargo, dado que estos desarrollos son sitios crecientes de articulaci&oacute;n de conocimiento y poder sin precedente, es pertinente preguntarse sobre la adecuaci&oacute;n te&oacute;rica de conceptos establecidos a la luz de sus especificidades hist&oacute;ricas y culturales. </p>     <p>Uno de los acercamientos m&aacute;s fruct&iacute;feros es que la tecnociencia est&aacute; motivando una implosi&oacute;n de categor&iacute;as en diferentes niveles, particularmente de aquellas categor&iacute;as que han definido lo natural, lo org&aacute;nico, lo t&eacute;cnico y lo textual. Los l&iacute;mites entre naturaleza y cultura, entre organismo y m&aacute;quina est&aacute;n siendo incesantemente redibujados de acuerdo a complejos factores hist&oacute;ricos en los cuales los discursos sobre ciencia y tecnolog&iacute;a juegan un papel decisivo (Haraway, 1991). De esta manera, los &ldquo;cuerpos&rdquo;, los &ldquo;organismos&rdquo; y las &ldquo;comunidades&rdquo;, tienen que ser nuevamente teorizados como compuestos de elementos que se originan en tres distintos dominios demarcados por l&iacute;mites permeables: lo org&aacute;nico, lo t&eacute;cnico (o lo t&eacute;cnico-econ&oacute;mico), y lo textual (dicho de una manera amplia, lo cultural). Mientras que la naturaleza, los cuerpos y los organismos ciertamente tienen una base org&aacute;nica, de manera creciente estos est&aacute;n producidos en conjunci&oacute;n con m&aacute;quinas y esta producci&oacute;n est&aacute; siempre mediada por narrativas cient&iacute;ficas (&ldquo;discursos&rdquo; de la biolog&iacute;a, la tecnolog&iacute;a y otras similares) y por la cultura en general. La cibercultura debe ser entendida como el campo de fuerzas y significados, en el cual esta compleja producci&oacute;n de sentidos de vida, de trabajo y de lenguaje, toma lugar. Para algunos investigadores (Haraway, 1991; Rabinow, 1991a), mientras que la cibercultura puede ser vista como la imposici&oacute;n de una nueva cuadr&iacute;cula de control en el planeta, tambi&eacute;n representa nuevas posibilidades para articulaciones potenciales entre los seres humanos, la naturaleza y las m&aacute;quinas. Lo org&aacute;nico, siguiendo estas cr&iacute;ticas, no necesariamente est&aacute; opuesto a lo tecnol&oacute;gico. Tambi&eacute;n se debe hacer &eacute;nfasis en que las nuevas configuraciones de conocimiento y poder est&aacute;n estrechando la vida y el trabajo, como en el caso del proyecto sobre el genoma humano. Por ejemplo, en los avances vinculados a t&eacute;cnicas computacionales, el bio-chip se ha proyectado de manera superficial como su mejor promesa. Este campo podr&iacute;a llegar a probar ser el espacio m&aacute;s fuerte para remoldear la sociedad en formas nunca antes atestiguadas. La naturaleza ser&iacute;a conocida y reelaborada a trav&eacute;s de la t&eacute;cnica; literalmente ser&aacute; construida en la misma forma en la que la cultura lo es, con la diferencia de que la hechura de la naturaleza tomar&aacute; lugar a trav&eacute;s de la reconfiguraci&oacute;n de la vida social por micropr&aacute;cticas en la medicina, la biolog&iacute;a y la biotecnolog&iacute;a (Rabinow, 1991a). Aspectos similares han sido se&ntilde;alados por Evelyn Fox Keller con respecto a que la relaci&oacute;n entre naturaleza y cultura ser&aacute; igualmente reconcebida; lo anterior al punto de que la biolog&iacute;a molecular est&aacute; creando la sensaci&oacute;n, por ejemplo, de una &ldquo;nueva maleabilidad de la naturaleza&rdquo; (Keller, 1992b). El &ldquo;derecho a genes normales&rdquo; podr&iacute;a llegar a ser el grito de batalla de un ej&eacute;rcito de expertos en salud y de pol&iacute;ticos reformistas desplegando pr&aacute;cticas de transformaci&oacute;n biosocial, un alcance no visto desde &ldquo;el nacimiento de la cl&iacute;nica&rdquo; hace poco m&aacute;s de dos siglos (Foucault, 1975). </p>     <p>El corolario de este an&aacute;lisis es la necesidad de prestar atenci&oacute;n a las relaciones sociales y culturales entre la ciencia y la tecnolog&iacute;a como mecanismos centrales de producci&oacute;n de vida y cultura en el siglo XXI. El capital, con certeza continuar&aacute; jugando un papel importante en la reinvenci&oacute;n de la vida y la sociedad. La actual expansi&oacute;n del valor y la plusval&iacute;a, sin embargo, toma lugar ya no tanto en la extracci&oacute;n directa de plusval&iacute;a de la mano de obra o de la industrializaci&oacute;n convencional, como a trav&eacute;s de la capitalizaci&oacute;n de la naturaleza y la sociedad en base a la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y el desarrollo (principalmente en las &aacute;reas de inteligencia artificial y biotecnolog&iacute;a). Incluso el genoma humano ha llegado a ser un campo importante para la reestructuraci&oacute;n capitalista, y por ende importante para la contestaci&oacute;n. La reinvenci&oacute;n actual de la naturaleza y la cultura &ndash;efectuada por y dentro de redes de significado y producci&oacute;n que conectan ciencia y capital&ndash;, deben ser comprendidas de acuerdo a una econom&iacute;a pol&iacute;tica que se ajuste a la era de la cibercultura. Los antrop&oacute;logos necesitan comenzar en serio el estudio de las pr&aacute;cticas sociales, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas relacionadas con la tecnolog&iacute;a y a trav&eacute;s de las cuales la vida, el lenguaje y el trabajo est&aacute;n siendo articulados y producidos. </p>     <p><b>Dominios etnogr&aacute;ficos </b></p>     <p>Como ya he mencionado, las preguntas principales a ser enunciadas por la antropolog&iacute;a de la cibercultura incluyen los siguientes temas: &iquest;Qu&eacute; nuevas formas de construcci&oacute;n social de realidad y de negociaci&oacute;n de dichas construcciones est&aacute;n siendo creadas o modificadas? &iquest;C&oacute;mo son socializadas las personas por sus propias experiencias rutinarias de espacios construidos, creados a su vez por las nuevas tecnolog&iacute;as? &iquest;C&oacute;mo se relaciona la gente con sus mundos tecnol&oacute;gicos (m&aacute;quinas, cuerpos y naturalezas reinventados)? Si la gente est&aacute; posicionada diferencialmente en los tecno-espacios, de acuerdo a aspectos como raza, g&eacute;nero, clase social, ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica, &iquest;c&oacute;mo difieren entonces sus experiencias de estos espacios? Finalmente, &iquest;podr&iacute;a ser posible dar cuenta etnogr&aacute;fica de la multiplicidad de pr&aacute;cticas asociadas con las nuevas tecnolog&iacute;as en diversos contextos sociales, &eacute;tnicos y geogr&aacute;ficos? &iquest;De qu&eacute; maneras estas pr&aacute;cticas se relacionan a temas sociales m&aacute;s amplios como por ejemplo, el control de la mano de obra, la acumulaci&oacute;n de capital, la organizaci&oacute;n de modos de vida, y la globalizaci&oacute;n de la producci&oacute;n cultural? </p>     <p>Uno podr&iacute;a comenzar a pensar estas preguntas en t&eacute;rminos de espacios etnogr&aacute;ficos posibles y de estrategias concretas de investigaci&oacute;n. Algunas pistas concernientes a estos espacios pueden ser encontradas en proyectos de investigaci&oacute;n contempor&aacute;neos. Diferentes dominios de investigaci&oacute;n etnogr&aacute;fica pueden ser identificados como aproximaciones iniciales, para luego ser refinados como avances de investigaci&oacute;n: </p>     <p><b>1.</b> La producci&oacute;n y el uso de nuevas tecnolog&iacute;as. En este punto la investigaci&oacute;n antropol&oacute;gica se concentrar&aacute;, por una parte, en cient&iacute;ficos y expertos, en sitios tales como los laboratorios de investigaci&oacute;n gen&eacute;tica, corporaciones de alta tecnolog&iacute;a, y en centros de dise&ntilde;o de realidad virtual; y por otra, en los usuarios de estas tecnolog&iacute;as. Las etnograf&iacute;as en este dominio podr&iacute;an seguir en t&eacute;rminos generales los pasos de las &uacute;tiles etnograf&iacute;as de la ciencia y tecnolog&iacute;a moderna (Latour y Woolgar, 1979; Martin, 1987; Visvanathan, 1985; Latour, 1988; Traweek, 1988; Kondo, 1990); la teorizaci&oacute;n de la ciencia y la tecnolog&iacute;a, en particular desde la antropolog&iacute;a (Hakken, s.f.; Pfaffenberger, 1992; Hess y Layne, 1992; Hess, 1993); los estudios feministas de ciencia y tecnolog&iacute;a (Haraway, 1989, 1991; Jacobus et al., 1990; Wajcman, 1991; Keller, 1992a). No obstante, estos tienen que ser resituados dentro del espacio conceptual de la antropolog&iacute;a de la cibercultura. Un pu&ntilde;ado de estudios de esta clase ya han sido comenzados<Sup><a href="#n20">20</a></Sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un aspecto sobresaliente de la investigaci&oacute;n en este campo es el estudio etnogr&aacute;fico de la producci&oacute;n de subjetividades que acompa&ntilde;an las nuevas tecnolog&iacute;as. Sherry Turkle ha mostrado en un estudio pionero (1984) que el computador es &ldquo;un objeto evocativo&rdquo;, un medio para proyectar la construcci&oacute;n de una variedad de mundos privados y p&uacute;blicos. </p>     <p>A medida que el uso del computador se extiende, Turkle muestra que m&aacute;s y m&aacute;s personas comienzan a pensarse a s&iacute; mismos en t&eacute;rminos de computadores. Los computadores personales est&aacute;n cambiando nociones de identidad y de ser en modos que son poco comprendidos. La cibercultura est&aacute; creando un conjunto de verdaderas &ldquo;tecnolog&iacute;as del ser&rdquo; que van m&aacute;s all&aacute; de la visi&oacute;n del ser como m&aacute;quina; y la productividad cultural de estas nociones solamente puede ser valorada etnogr&aacute;ficamente. Mundos virtuales constituidos por la participaci&oacute;n de individuos en juegos de rol en l&iacute;nea pueden ser vistos como una forma de moverse fuera del ser individualizado y entrar al mundo de las interacciones sociales virtuales. Aunque este medio es ampliamente percibido como negativo, el trabajo de Turkle indica que estos mundos virtuales pueden llegar a ser instrumentos para la reconstrucci&oacute;n de identidades en formas interactivas y como fuentes de conocimiento acerca de otras culturas y del mundo exterior. Existe un componente global a la producci&oacute;n de subjetividades que debe ser explorado. &iquest;Cu&aacute;l es el significado de la globalizaci&oacute;n de aparatos tecnol&oacute;gicos de entretenimiento como Nintendo, Play Station, Game Cube, X-Box, en la cultura juvenil? &iquest;C&oacute;mo son &ldquo;consumidos&rdquo; los videojuegos en sociedades que tienen diferentes c&oacute;digos culturales? </p>     <p>El hecho de que la reconstrucci&oacute;n de espacio vincule la reconstrucci&oacute;n del cuerpo, es algo que necesita ser teorizado. &iquest;C&oacute;mo est&aacute; siendo reconfigurado e imaginado el cuerpo a trav&eacute;s de inscripciones en el contexto de la relaci&oacute;n entre cuerpo y m&aacute;quina? &iquest;Qu&eacute; constituir&iacute;a un an&aacute;lisis postestructural del cuerpo en el ciberespacio, si este conocimiento busca evitar las trampas de la frontera (el cuerpo que puede o no ser trascendido) y del humanismo (el cuerpo que uno puede &ldquo;rehacer&rdquo; m&aacute;s o menos a voluntad)? Una fruct&iacute;fera teorizaci&oacute;n de la post-humanidad podr&iacute;a tomar como punto de partida este grupo de cuestionamientos. Si las nuevas tecnolog&iacute;as permiten oportunidades para la reproducci&oacute;n de la vida a trav&eacute;s de las m&aacute;quinas, entonces &iquest;debe el computador ser incluido en el conjunto de las tecnolog&iacute;as reproductivas? &iquest;Qu&eacute; significar&iacute;a un &ldquo;cuerpo femenino&rdquo; en estos procesos, desde una perspectiva feminista?<Sup><a href="#n21">21</a></Sup> </p>     <p><b>2.</b> La aparici&oacute;n de comunidades mediadas por computador, como las llamadas comunidades virtuales y en general, lo que uno de los dise&ntilde;adores m&aacute;s creativos de ambientes computarizados ha llamado &ldquo;las nuevas y vibrantes aldeas de actividad dentro de enormes culturas de computaci&oacute;n&rdquo; (Laurel, 1990, p. 93)<Sup><a href="#n22">22</a></Sup>. El an&aacute;lisis antropol&oacute;gico puede ser relevante no &uacute;nicamente para la comprensi&oacute;n de lo que estas nuevas &ldquo;aldeas&rdquo; y &ldquo;comunidades&rdquo; son; de igual forma sirve para imaginar las clases de comunidades que los grupos humanos pueden crear con la ayuda de tecnolog&iacute;as emergentes. De nuevo, la investigaci&oacute;n en este campo est&aacute; apenas comenzando. Podemos anticipar una activa discusi&oacute;n sobre los m&eacute;todos apropiados para estudiar estas comunidades, incluyendo preguntas sobre el trabajo de campo on line / off line, sobre los l&iacute;mites del grupo a ser estudiado, la interpretaci&oacute;n, la &eacute;tica, etc<Sup><a href="#n23">23</a></Sup>. </p>     <p>Una variante de esta l&iacute;nea de investigaci&oacute;n es lo que Laurel ha denominado &ldquo;antropolog&iacute;a de interfaces&rdquo; (1990, pgs. 91-93). La creaci&oacute;n de interfaces entre humanos y computadores ha sido tratada de forma estrecha y como un problema de dise&ntilde;o de ingenier&iacute;a que intenta hacer coincidir las tareas a ser desarrolladas con las herramientas de que se dispone. Pero la pregunta central sobre los distintos usuarios a los que van dirigidas las tecnolog&iacute;as todav&iacute;a contin&uacute;a siendo ignorada o en algunos casos es inferida de informaci&oacute;n estad&iacute;stica. De igual forma el cuestionamiento cr&iacute;tico sobre el efecto que la tecnolog&iacute;a tiene en los usuarios y de lo que a estos les permite hacer, nunca se plantea. Los ni&ntilde;os, maestros, dise&ntilde;adores de juegos de computador y usuarios, escritores de ficci&oacute;n, arquitectos, activistas tienen diferentes necesidades y acercamientos a estas preguntas b&aacute;sicas. Una &ldquo;antropolog&iacute;a de interfaces&rdquo; que se&ntilde;ale esta ausencia se concentrar&iacute;a en las intersecciones entre usuario / contexto, encontrando &ldquo;informantes&rdquo; para guiar la exploraci&oacute;n cr&iacute;tica (no meramente utilitaria) de los usuarios y los contextos<Sup><a href="#n24">24</a></Sup>. </p>     <p><b>3.</b> Estudios de cultura popular de la ciencia y la tecnolog&iacute;a, incluido su efecto en el imaginario popular (el conjunto de elementos b&aacute;sicos que estructuran un discurso dado y de las relaciones entre ellos) y en las pr&aacute;cticas populares. &iquest;Qu&eacute; sucede cuando tecnolog&iacute;as como los computadores y la realidad virtual permean las discusiones diarias? La emergencia de un &ldquo;tecno-charla&rdquo; (Barry, 1992) es solo la punta del iceberg en relaci&oacute;n con los cambios que est&aacute;n tomando lugar en este nivel. Para Beatriz Sarlo (1992) &ndash;cr&iacute;tica cultural de nacionalidad argentina&ndash;, la principal necesidad es examinar la inclusi&oacute;n est&eacute;tica y la pr&aacute;ctica de la tecnolog&iacute;a en la vida diaria. En el contexto de los sectores populares, el imaginario tecnol&oacute;gico despierta una reorganizaci&oacute;n de los conocimientos populares y el desarrollo de contenidos simb&oacute;licos que, innegablemente modernos, difieren de manera significativa de aquellos que pretenden los cient&iacute;ficos. Lo anterior tiene que tomarse en consideraci&oacute;n en el estudio de las pr&aacute;cticas tecno-literarias que permiten que la gente se relacione activamente con las nuevas tecnolog&iacute;as (Penley y Ross, 1991). Desde la mitad de la d&eacute;cada de 1980 los estudios etnogr&aacute;ficos de cultura popular (Fiske, 1989; Willis, 1990) han estado lidiando con algunos de estos temas. La imbricaci&oacute;n de formas culturales con cuestiones sociales puede ser estudiada etnogr&aacute;ficamente; incluso puede ser recogida desde la literatura y otras producciones populares, as&iacute; como lo demuestra el trabajo de Sarlo (1992), Seltzer (1992), y Jenkins (1992)<Sup><a href="#n25">25</a></Sup>. </p>     <p><b>4.</b> El crecimiento y el desarrollo cualitativo de la comunicaci&oacute;n humana mediada por la computaci&oacute;n; particularmente desde la perspectiva de la relaci&oacute;n entre lenguaje, comunicaci&oacute;n, estructuras sociales, e identidad cultural. Mientras que la comunicaci&oacute;n mediada por computadores comparte muchas caracter&iacute;sticas con otras formas de comunicaci&oacute;n mediada, como es el caso del tel&eacute;fono, las m&aacute;quinas contestadoras de mensajes (bien estudiadas por ling&uuml;istas y antrop&oacute;logos ling&uuml;istas), tambi&eacute;n difiere en aspectos importantes. La interacci&oacute;n humana a trav&eacute;s de computadores personales debe ser estudiada no &uacute;nicamente desde la perspectiva de los principios transculturales y transituacionales y de las estrategias de discurso (Gumperz, 1983) que gobiernan cualquier tipo de interacci&oacute;n humana; tambi&eacute;n debe abordarse en t&eacute;rminos de la especificidad de las pr&aacute;cticas comunicativas y ling&uuml;&iacute;sticas que afloran de la naturaleza del medio en cuesti&oacute;n. En el proceso de construcci&oacute;n decomunidades mediadas por la computaci&oacute;n (Celso &Aacute;lvarez, comunicaci&oacute;n personal, 1992) existen tres dimensiones relevantes de an&aacute;lisis: (a) la relaci&oacute;n entre las m&aacute;quinas y los sujetos sociales como productores de discurso en el umbral del nacimiento de una sociedad internacional &ldquo;ciberliterada&rdquo; (cyberliterate); (b) la pregunta por la creaci&oacute;n y la distribuci&oacute;n de y el acceso a los c&oacute;digos y lenguajes &ldquo;autorizados&rdquo; o &ldquo;leg&iacute;timos&rdquo; de la comunicaci&oacute;n mediada por computadores, cuyo dominio y manipulaci&oacute;n le garantiza a grupos de practicantes particulares una autoridad simb&oacute;lica y control sobre la circulaci&oacute;n de la cibercultura;(c) el rol de la comunicaci&oacute;n mediada por computador en el establecimiento de conexiones entre s&iacute;, en propiciar cohesi&oacute;n, y en la creaci&oacute;n de continuidades en la historia interaccional de los miembros del grupo (sumadas a las conversaciones telef&oacute;nicas, al correo electr&oacute;nico estable, y a la interacci&oacute;n cara a cara). Esto quiz&aacute;s pueda incluir investigaci&oacute;n sobre conversaci&oacute;n, interacci&oacute;n y tecnolog&iacute;a en espacios de trabajo (Goodwin y Harness Goodwin, 1992) y en contextos de ocio. As&iacute; mismo en la formaci&oacute;n y reformaci&oacute;n de l&iacute;mites sociales y culturales dentro de una comunidad computacional dada y otras comunidades y tambi&eacute;n dentro de tales comunidades. </p>     <p>Un aspecto particular de este campo de investigaci&oacute;n lo constituye el hipertexto. Este es un texto de computador dise&ntilde;ado para ser recreado o transformado a trav&eacute;s de actos colaborativos que envuelven una persona, o una base de datos, o muchos usuarios llevando a cabo operaciones sobre un(os) texto(s). Su importancia est&aacute; dada en que es el ambiente virtual del hipertexto lo que permite que una &ldquo;matriz&rdquo; (&ldquo;matrix&rdquo;) de usuarios potencialmente conocibles interact&uacute;en (Barrett, 1989; Piscitelli, 1991)<Sup><a href="#n26">26</a></Sup>. </p>     <p>Una inquietud apenas explorada en este dominio es la hip&oacute;tesis de la transici&oacute;n a una sociedad post-escritural facilitada por las tecnolog&iacute;as de informaci&oacute;n. Si la escritura y sus modos l&oacute;gicos de pensamiento reemplazaron la oralidad y las formas situacionales de pensar, la era de la informaci&oacute;n digital podr&iacute;a estar marcando un distanciamiento de la escritura como la tecnolog&iacute;a intelectual dominante. En la misma manera en la que la escritura incorpora la oralidad, la informaci&oacute;n podr&iacute;a incorporar la escritura; por supuesto, luego de una mutaci&oacute;n cultural de consideraci&oacute;n. El conocimiento te&oacute;rico y hermen&eacute;utico &ndash;tan cercanamente conectado con la escritura&ndash; entrar&iacute;a igualmente en un per&iacute;odo de declinaci&oacute;n o, al menos, de conversi&oacute;n a una forma secundaria. Nuevas formas de pensamiento determinadas por las necesidades operacionales de informaci&oacute;n y computaci&oacute;n estar&iacute;an siendo instituidas. El tiempo no ser&iacute;a m&aacute;s una concepci&oacute;n circular (como ocurre en la oralidad), ni lineal (como en las sociedades hist&oacute;ricas que utilizan la escritura), ser&iacute;a puntual. El tiempo puntual y la aceleraci&oacute;n de la informaci&oacute;n traer&iacute;a consigo que el conocimiento no sea fijado, como en la escritura, pero s&iacute; evolucionado, como en un sistema experto (L&eacute;vy, 1991). Donde sea que estos cambios de gran importancia tomen lugar, postular&aacute;n dif&iacute;ciles preguntas para la antropolog&iacute;a -tan dependiente en s&iacute; misma de la escritura y de la interpretaci&oacute;n hermen&eacute;utica-. Una cosa parece certera: a pesar de los extendidos argumentos que afirman una situaci&oacute;n contraria, la comunicaci&oacute;n electr&oacute;nica ha producido cambios b&aacute;sicos en las experiencias ling&uuml;&iacute;sticas y en la construcci&oacute;n de eventos. &ldquo;Lo que est&aacute; en riesgo son las nuevas formas de lenguaje que alteran de forma significante la red de relaciones sociales, que reestructuran aquellas relaciones y a los sujetos que ellas constituyen&rdquo; (Poster, 1990, p. 8). La comprensi&oacute;n de estos cambios demanda aventurarse en dominios de an&aacute;lisis inexplorados. </p>     <p><b>5.</b> La econom&iacute;a pol&iacute;tica de la cibercultura. En d&eacute;cadas recientes la antropolog&iacute;a le ha prestado mucha atenci&oacute;n al an&aacute;lisis de las comunidades en contextos globales e hist&oacute;ricos (Wolf, 1982; Roseberry, 1992). La cibercultura presenta nuevos retos para una articulaci&oacute;n continuada de una econom&iacute;a pol&iacute;tica antropol&oacute;gica. Lo que desde diferentes perspectivas se ha llamado el &ldquo;orden del silic&oacute;n&rdquo;, el &ldquo;capitalismo del microchip&rdquo;, y la &ldquo;econom&iacute;a de la informaci&oacute;n&rdquo;, guardan profundos cambios en la acumulaci&oacute;n del capital, las relaciones sociales y en la divisi&oacute;n del trabajo a distintos niveles. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Cu&aacute;l es la relaci&oacute;n entre &ldquo;informaci&oacute;n&rdquo; y &ldquo;capital&rdquo;? &iquest;Es apropiado postular, como algunos lo han hecho (Poster, 1990), la existencia de un &ldquo;modo de informaci&oacute;n&rdquo; semejante a un modo de producci&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo podemos teorizar la articulaci&oacute;n entre informaci&oacute;n, mercados y &oacute;rdenes culturales? El cambio a las nuevas tecnolog&iacute;as de informaci&oacute;n ha marcado la aparici&oacute;n de procesos flexibles, descentralizados de mano de obra, pero altamente estratificados por factores de g&eacute;nero, raza, etnia, clase social y ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica. Este &ldquo;r&eacute;gimen post-fordista&rdquo; (Harvey, 1989) presenta nuevas articulaciones del capital global con culturas locales. Estamos asistiendo a &ldquo;... la producci&oacute;n de diferencia cultural dentro de un sistema estructura de econom&iacute;a pol&iacute;tica global&rdquo; (Pred y Watts, 1992, p. 18). &iquest;En qu&eacute; formas espec&iacute;ficas est&aacute;n estos procesos globales mediados y constituidos localmente? &iquest;Qu&eacute; pasa con las nociones locales de desarrollo y modernidad a medida que toman forma nuevos mecanismos de interacci&oacute;n local-global? </p>     <p>La aparici&oacute;n de una &ldquo;sociedad de control&rdquo; (Deleuze, 1993b) y de la ciberocracia (cyberocracy) o &ldquo;el gobierno por la ruta de la informaci&oacute;n&rdquo; (Ronfeldt, 1991), es un llamado a la necesidad de etnograf&iacute;as institucionales orientadas desde la perspectiva de la econom&iacute;a pol&iacute;tica de la informaci&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;les son los sitios institucionales dentro y desde los cuales son creadas y circuladas categor&iacute;as de informaci&oacute;n centrales? &iquest;Qu&eacute; perspectivas del mundo representan estas categor&iacute;as, y c&oacute;mo &eacute;stas decretan mecanismos de manejo, que dependen de la relaci&oacute;n de grupos particulares al modo de producci&oacute;n de informaci&oacute;n? Estas etnograf&iacute;as se mover&iacute;an de la producci&oacute;n de informaci&oacute;n mediada por computador, al an&aacute;lisis de su recepci&oacute;n y uso; investigando en cada nivel las din&aacute;micas culturales y las pol&iacute;ticas que la &ldquo;informaci&oacute;n&rdquo; pone en juego. </p>     <p>Como informaci&oacute;n, la ciencia y la tecnolog&iacute;a se han convertido en una parte central del capitalismo en tanto que la creaci&oacute;n de valor y plusval&iacute;a depende directamente de los desarrollos cient&iacute;ficos y tecnol&oacute;gicos. Las formas concretas de apropiaci&oacute;n cient&iacute;fica de la vida y la mano de obra por parte del capital, muestran nuevas caracter&iacute;sticas como la cada vez m&aacute;s estrecha relaci&oacute;n entre la academia y la industria y el campo biotecnol&oacute;gico (Rabinow, 1992b). Estas nuevas fuerzas est&aacute;n por desarrollar una &ldquo;biorevoluci&oacute;n&rdquo; en el Tercer Mundo: &ldquo;Nuevas formas t&eacute;cnicas... podr&aacute;n cambiar de manera significativa el contexto dentro del cual es conceptuado y planeado el cambio tecnol&oacute;gico en el Tercer Mundo. Nosotros sugerimos que el grupo de t&eacute;cnicas emergentes llamadas de forma gen&eacute;rica &lsquo;biotecnolog&iacute;a' ser&aacute; a la Revoluci&oacute;n Verde, lo que la Revoluci&oacute;n Verde fue para la variedad de plantas y pr&aacute;cticas tradicionales&rdquo; (Buttel et al., 1985, p. 32). La gen&eacute;tica de plantas, la producci&oacute;n industrial de tejido, el uso de microorganismos gen&eacute;ticamente manipulados, representan intervenciones sin antecedente en el contexto de desarrollo del Tercer Mundo. Las corporaciones ya est&aacute;n en la delantera con relaci&oacute;n a la investigaci&oacute;n y al desarrollo de estos temas. Como lo muestra el an&aacute;lisis de estos investigadores sobre el comportamiento corporativo, los prospectos para el Tercer Mundo son siniestros porque a las corporaciones simplemente no les importan las necesidades e intereses del Tercer Mundo. </p>     <p>En el caso de las regiones con una alta biodiversidad, la naturaleza biof&iacute;sica est&aacute; siendo representada de manera creciente como una reserva de valor en s&iacute; misma para ser explotada por la biotecnolog&iacute;a en el nombre de un uso racional y eficiente. Las comunidades locales y los movimientos locales son engatusados a participar en estos esquemas, como &ldquo;guardianes&rdquo; del capital social y natural. </p>     <p>Las comunidades o sus sobrevivientes, son reconocidos finalmente como los due&ntilde;os legales &ldquo;del medioambiente&rdquo;, s&oacute;lo en la medida que acuerden tratarlo (y a ellos mismos) como capital (O'Connor, 1993). Todo el tema de &ldquo;derechos de propiedad intelectual&rdquo; conectado con los recursos naturales del Tercer Mundo<Sup><a href="#n27">27</a></Sup> est&aacute; surgiendo como uno de los aspectos m&aacute;s inquietantes de la fase ecol&oacute;gica del capital (Shiva, 1993; Kloppenburg, 1991). &iquest;Cu&aacute;les son las implicaciones de estos desarrollos para los estudios de cultura material y para la antropolog&iacute;a biol&oacute;gica? Los antrop&oacute;logos han sostenido que la transformaci&oacute;n de ecosistemas por el capital es mediada por las pr&aacute;cticas de sociedades espec&iacute;ficas en las cuales tales apropiaciones ocurren (Godelier, 1986). Actualmente, la ingenier&iacute;a gen&eacute;tica, la biolog&iacute;a molecular y las ciencias relacionadas con productos naturales califican el concepto de &ldquo;mediaci&oacute;n&rdquo; de tal forma que hacen que los an&aacute;lisis antropol&oacute;gicos disponibles no sean suficientes<Sup><a href="#n28">28</a></Sup>. </p>     <p>Finalmente, la reestructuraci&oacute;n de las relaciones pol&iacute;ticas y macroecon&oacute;micas entre pa&iacute;ses ricos y pobres en el despertar de la cibercultura debe ser un tema de an&aacute;lisis prioritario. Como algunos afirman, la tecnolog&iacute;a de punta ha devenido en una &ldquo;nueva dependencia&rdquo; de los pa&iacute;ses con tecnolog&iacute;a pobre hacia los l&iacute;deres de la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica en el mercado de los computadores, la informaci&oacute;n digital y la biotecnolog&iacute;a (Castells, 1986; Castells y Laserna, 1989; Smith, 1993). Los pa&iacute;ses del Tercer Mundo, de acuerdo a estos autores, deben negociar esta dependencia por medio de una agresiva modernizaci&oacute;n tecnol&oacute;gica que vaya acompa&ntilde;ada de una reforma social. Desde un punto de vista antropol&oacute;gico, esta opci&oacute;n es problem&aacute;tica en tanto que respalda las pol&iacute;ticas de desarrollo posteriores a la Segunda Guerra Mundial y que como se sabe han tenido efectos desastrosos en la cultura y en la econom&iacute;a del Tercer Mundo (Escobar, 1995a). Al igual que el desarrollo, las tecnolog&iacute;as no son culturalmente neutrales. </p>     <p>&iquest;Hay otras posibilidades para las sociedades del Tercer Mundo que incluyan otras formas de participaci&oacute;n en las conversaciones y procesos tecnol&oacute;gicos que est&aacute;n transformando el mundo? &iquest;C&oacute;mo pueden los movimientossociales en Asia, &Aacute;frica, y Latinoam&eacute;rica articular pol&iacute;ticas que les permitan participar en las ciberculturas sin que se sometan del todo a las reglas del juego? &iquest;Podr&aacute;n los grupos del Tercer Mundo estar en posici&oacute;n incluso de conocer sobre las posibilidades que permiten acceder a las nuevas tecnolog&iacute;as? Una pregunta importante es si los gobiernos del Tercer Mundo estar&aacute;n interesados en construir los &ldquo;imaginarios&rdquo; que se necesitan para acceder a las nuevas tecnolog&iacute;as, desde la perspectiva de un dise&ntilde;o m&aacute;s aut&oacute;nomo: &ldquo;... no habr&aacute; una transformaci&oacute;n social genuina, sin la transformaci&oacute;n de la relaci&oacute;n entre la sociedad y las tecnolog&iacute;as que incorpora&rdquo; (Sutz, 1993, p. 138). Sin duda, comenzar a prestar atenci&oacute;n a la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica es un primer paso hacia la obtenci&oacute;n de una &ldquo;autoestima tecnol&oacute;gica&rdquo;. Una inquietud m&aacute;s general es si las nuevas tecnolog&iacute;as pueden ser conceptualizadas en formas que no las reduzcan a su rol en el desarrollo econ&oacute;mico, y otra es lo que significan las ciberculturas desde distintas perspectivas del Tercer Mundo. </p>     <p>La importancia de discutir estos temas en el Tercer Mundo tambi&eacute;n surge del rol que juega la mujer en la industria de la tecnolog&iacute;a en un contexto global. El desarrollo de la cibercultura se apoya, en muchas formas, en la fuerza trabajo de mujeres j&oacute;venes en Norteam&eacute;rica, Jap&oacute;n, y en enclaves industriales de Europa en Asia sur-oriental, Am&eacute;rica Central, y en otras partes del Tercer Mundo (Ong, 1987; Mies, 1986). Hay muchas razones para creer que la electr&oacute;nica continuar&aacute; siendo favorecida en los esquemas industriales del Tercer Mundo, bajo el auspicio de las corporaciones multinacionales; as&iacute; mismo, tambi&eacute;n es posible pensar que las mujeres j&oacute;venes seguir&aacute;n siendo consideradas por estas industrias como la fuerza laboral &ldquo;ideal&rdquo; para usar. Las consecuencias de estos procesos en las din&aacute;micas de g&eacute;nero y cultura son enormes, como lo pueden evidenciar las escasas investigaciones sobre las maquiladoras y las f&aacute;bricas de explotaci&oacute;n. La antropolog&iacute;a feminista y la econom&iacute;a pol&iacute;tica tienen muchas consideraciones y aportes que hacer a este aspecto trascendental de la cibercultura. </p>     <p>Los antrop&oacute;logos pueden contribuir con estudios profundos sobre aspectos de clase social, de g&eacute;nero y raza en la construcci&oacute;n de la cibercultura; y as&iacute; mismo, con desaf&iacute;os a &eacute;sta. En este &uacute;ltimo aspecto se incluyen an&aacute;lisis de las &eacute;lites t&eacute;cnico-cient&iacute;ficas, por una parte, y del potencial que tienen los individuos, los grupos y los movimientos sociales para articular tecnolog&iacute;as alternativas o paralelas, formas de conocer, y el estudio de las relaciones sociales en la tecnolog&iacute;a y la ciencia (Darnovsky et al., 1991). Los estudios antropol&oacute;gicos sobre las ciberculturas pueden ayudarnos a imaginar contextos (que s&iacute; puedan surgir) en los cuales las posibilidades de relacionarse con la tecnocultura no exacerben los desbalances de poder en la sociedad. </p>     <p><b>Antropolog&iacute;a y complejidad: &iquest;repensando la tecnolog&iacute;a? </b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las innovaciones tecnol&oacute;gicas y las visiones globales dominantes generalmente se transforman una a la otra para legitimizar y naturalizar las tecnolog&iacute;as de la &eacute;poca. La naturaleza y la sociedad vienen a ser explicadas en t&eacute;rminos que refuerzan los imperativos tecnol&oacute;gicos actuales, haci&eacute;ndolos parecer como la forma m&aacute;s racional y eficiente de pr&aacute;ctica social. En la era moderna este refuerzo mutuo ha resultado en la universalizaci&oacute;n del imaginario t&eacute;cnico-cient&iacute;fico europeo. Para algunos la visualizaci&oacute;n de una sociedad post t&eacute;cnico-cient&iacute;fica depender&aacute; de la habilidad de fijar l&iacute;mites a este imperativo tecnol&oacute;gico, as&iacute; como tambi&eacute;n de estudiar de cerca el alcance de la tecnociencia, para luego discutir qu&eacute; dominios deben ser defendidos de &eacute;sta y demarcando dominios t&eacute;cnicos apropiados y estilos de competencia (Medina, 1992). Independiente de que esta propuesta sea viable o no, o incluso &uacute;til, se necesitan nuevos lenguajes para permitir que distintos grupos de personas (expertos, movimientos sociales, grupos de ciudadanos), reorienten la comprensi&oacute;n dominante que se tiene de la tecnolog&iacute;a. Algunos de estos lenguajes son armados dentro de la propia ciencia (desde la ecolog&iacute;a, la ciencia feminista, las tradiciones cient&iacute;ficas no occidentales, etc.). Uno de estos nuevos lenguajes &ndash;que parece estar ganando prestigio r&aacute;pidamente&ndash; es el lenguaje de la complejidad. </p>     <p>De acuerdo con aquellos dedicados a esta empresa, los desarrollos durante los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os en la termodin&aacute;mica y las matem&aacute;ticas (la termodin&aacute;mica de fen&oacute;menos irreversibles y la teor&iacute;a de sistemas din&aacute;micos) han forzado a los cient&iacute;ficos a reconocer que la separaci&oacute;n entre los mundos f&iacute;sico-qu&iacute;micos y los biol&oacute;gicos, entre lo &ldquo;simple&rdquo; y lo &ldquo;complejo&rdquo; y entre &ldquo;orden&rdquo; y &ldquo;desorden&rdquo;, no es tan clara ni tan grande como se hab&iacute;a pensado. El descubrimiento de que la materia &ldquo;inerte&rdquo; tiene propiedades que est&aacute;n notablemente cerca de aquellas de las formas de vida llev&oacute; al postulado de que la vida es una propiedad no de la materia org&aacute;nica per se, sino de la organizaci&oacute;n de la materia; de ah&iacute; el concepto mismo de vida no org&aacute;nica (DeLanda, 1992). En una corriente similar, los cient&iacute;ficos han comenzado a prestar atenci&oacute;n al hecho de que sistemas simples como algunas reacciones qu&iacute;micas y un p&eacute;ndulo mec&aacute;nico pueden generar comportamientos extremadamente complejos; mientras que sistemas altamente complejos pueden dar lugar a fen&oacute;menos simples y f&aacute;cilmente cuantificables<Sup><a href="#n29">29</a></Sup>. La constataci&oacute;n de que eventos previamente considerados fuera del alcance de la ciencia porque no pod&iacute;an ser descritos por sistemas de ecuaciones lineares, eran de hecho centrales en el universo, les permiti&oacute; a los cient&iacute;ficos plantear la teorizaci&oacute;n de la complejidad como programa crucial de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica para las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XX y de las que vendr&aacute;n<Sup><a href="#n30">30</a></Sup>. </p>     <p>As&iacute; como los dise&ntilde;adores de las nuevas tecnolog&iacute;as creen estar haciendo un aporte a la transformaci&oacute;n del mundo, los cient&iacute;ficos que trabajan en el desarrollo de la ciencia de la complejidad no tienen duda que est&aacute;n en el umbral de una gran revoluci&oacute;n cient&iacute;fica. En lugar de enfatizar la estabilidad en la naturaleza y las sociedades, ellos enfatizan las inestabilidades y las fluctuaciones; en lugar de procesos reversibles lineales, la no-linealidad y la irreversibilidad son ubicadas en el centro del inquirir cient&iacute;fico. De manera similar, los &ldquo;sistemas conservativos&rdquo; (sistemas f&iacute;sicos considerados en aislamiento de sus alrededores) han dado espacio a sistemas &ldquo;auto-organizados&rdquo;; equilibrio est&aacute;tico al equilibrio din&aacute;mico y al no-equilibrio; orden al caos; elementos fijos y cantidades a patrones y posibilidades; y predicci&oacute;n a explicaci&oacute;n.</p>     <p>La ciencia de la complejidad ha reemplazado la f&iacute;sica del siglo XIX como modelo, por la biolog&iacute;a moderna. Estudia los fen&oacute;menos f&iacute;sicos como complejos procesos biol&oacute;gicos y emplea tipos de an&aacute;lisis que est&aacute;n m&aacute;s basados en lo concreto y en lo heterog&eacute;neo que en lo abstracto o lo homog&eacute;neo y en lo general. Mientras que la epistemolog&iacute;a cartesiana y la ciencia newtoniana buscaron modelar el orden de las cosas por medio de leyes, la ciencia de la complejidad (aunque todav&iacute;a busca una ley general de los patrones de formaci&oacute;n para todos los sistemas fuera de equilibrio en el universo), se acerca a una visi&oacute;n pluralista del mundo f&iacute;sico; redes m&aacute;s que estructuras; y conexiones y transgresiones en lugar de l&iacute;mites bien trazados que a&iacute;slan sistemas pr&iacute;stinos. </p>     <p>La popularidad alcanzada por la teor&iacute;a de fractales y la del caos (un subconjunto relativamente peque&ntilde;o de la complejidad) en la d&eacute;cada de 1980 ha ayudado inmensamente a colocar estos desarrollos en el mapa de la discusi&oacute;n p&uacute;blica. El caos lleg&oacute; a ser el significante de muchas cosas, pocas de las cuales tal vez tienen algo que ver con el trabajo cient&iacute;fico que se adelanta actualmente. Esta popularidad despierta preguntas importantes, recientemente tomadas en cuenta por un grupo de ling&uuml;istas te&oacute;ricos: el grado hasta el cual la ciencia y la cultura intervienen en la producci&oacute;n de imaginarios populares. La teor&iacute;a del caos, de acuerdo a algunos de sus representantes (Hayles, 1991a; 1991b), da eco y participa en tendencias como la teor&iacute;a post-estructural y el postmodernismo. El nacimiento del caos y la complejidad no es independiente del fermento hist&oacute;rico que le dio origen a la &ldquo;condici&oacute;n posmoderna&rdquo;: un mundo que cada vez es m&aacute;s ca&oacute;tico y m&aacute;s totalizado, con eventos peque&ntilde;os que tienen efectos grandes en la econom&iacute;a y en el orden social y con la expansi&oacute;n mundial de la informaci&oacute;n. El &ldquo;caos&rdquo; debe ser visto entonces como una fuerza que es negociada en diversos lugares dentro de la cultura, incluyendo la ciencia, el post-estructuralismo, y el postmodernismo; &eacute;ste es parte de la condici&oacute;n posmoderna, bien sea reflejada en la literatura, las ciencias humanas, o las ciencias de la complejidad<Sup><a href="#n31">31</a></Sup>. </p>     <p>Sea como sea, la ciencia de la complejidad ya ha desarrollado un vocabulario y un cuerpo te&oacute;rico impresionantes (Nicolis y Prigogine, 1989, pgs. 5-78). En el coraz&oacute;n de la complejidad est&aacute; la idea del fen&oacute;meno de auto organizaci&oacute;n generado por sistemas complejos bajo ciertas condiciones<Sup><a href="#n32">32</a></Sup>. La idea de auto-organizaci&oacute;n no est&aacute; restringida a la complejidad. Maturana, Varela y otros colegas (Maturana y Varela, 1987; Varela et al., 1991) han hecho de la auto-organizaci&oacute;n (la autopoiesis de la vida), la piedra angular de su biolog&iacute;a y de su epistemolog&iacute;a te&oacute;rica. </p>     <p>La conceptualizaci&oacute;n de las formaciones discursivas planteada por Foucault puede ser vista, de manera similar, como una teor&iacute;a del car&aacute;cter auto regulativo de los sistemas de conocimiento. Quiz&aacute;s la visi&oacute;n m&aacute;s completa del car&aacute;cter penetrante de los procesos de auto-organizaci&oacute;n es el trabajo de Deleuze y Guattari (1987; y Guattari, 1993a). Independiente de que sea en los dominios de la materia inerte (geolog&iacute;a), de las ciencias, la econom&iacute;a pol&iacute;tica, o el ser, lo que estos autores han encontrado en su trabajo son procesos &ldquo;maqu&iacute;nicos&rdquo;, estratificaciones y territorializaciones que devienen en las estructuras que conocemos<Sup><a href="#n33">33</a></Sup>. </p>     <p>La tecnolog&iacute;a ha sido esencial para la aparici&oacute;n yconsolidaci&oacute;n de las estructuras modernas. &Eacute;stas se relacionan con la l&iacute;nea, la demarcaci&oacute;n de l&iacute;mites, la disciplinariedad, la unidad y el control jer&aacute;rquico. Perspectivas como los fractales, el caos, la complejidad, la &ldquo;nomadolog&iacute;a&rdquo; podr&iacute;an dictar diferentes din&aacute;micas de vida: fluidez, multiplicidad, pluralidad, conexi&oacute;n, segmentariedad, heterogeneidad, elasticidad; no &ldquo;ciencia&rdquo; pero s&iacute; conocimientos de lo concreto y lo local, no leyes pero s&iacute; conocimiento de los problemas y de las din&aacute;micas de autoorganizaci&oacute;n org&aacute;nicas y no org&aacute;nicas y de fen&oacute;menos sociales. Hay un esfuerzo de conscientizaci&oacute;n entre los cient&iacute;ficos de la complejidad, de que est&aacute;n reversando una actitud dual&iacute;stica (mantenida desde hace siglos) de Occidente, de la l&oacute;gica binaria, y de la estrategia reduccionista y utilitaria. Algunos incluso han entablado conexiones con el pensamiento oriental (Varela et al., 1991). </p>     <p>Estos cient&iacute;ficos, en contraste con los fil&oacute;sofos postestructuralistas, todav&iacute;a contin&uacute;an haciendo mucho &eacute;nfasis en el orden y en las leyes generales y han entrado (muy r&aacute;pido, quiz&aacute;s) en el juego intelectual de aplicar las ideas de la complejidad a fen&oacute;menos sociales como la econom&iacute;a, los &oacute;rdenes sociales, la evoluci&oacute;n, y en la formaci&oacute;n y el ocaso de las civilizaciones. Su tendencia a producir teor&iacute;as totalizadoras que conecten los mundos de la f&iacute;sica, la biolog&iacute;a, lo social y cultural sin hacer expl&iacute;citos los procesos y los supuestos epistemol&oacute;gicos envueltos en este esfuerzo, tiene como resultado una perspectiva problem&aacute;tica (ver Winner, 1993b)<Sup><a href="#n34">34</a></Sup>. </p>     <p>En otras palabras la complejidad necesita ser antropologizada; al mismo tiempo que podr&iacute;a ofrecer introspecciones a la antropolog&iacute;a. Las preguntas antropol&oacute;gicas dif&iacute;cilmente han sido tratadas dentro de la ciencia de la complejidad, con la excepci&oacute;n de una reformulaci&oacute;n en progreso de la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n con el objetivo de establecer el rol del aprendizaje, la autoorganizaci&oacute;n (en adici&oacute;n a la selecci&oacute;n natural) y la articulaci&oacute;n de un concepto m&aacute;s complejo de adaptaci&oacute;n. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De hecho, el Santa Fe Institute considera buena parte de su trabajo como la investigaci&oacute;n de sistemas complejos de adaptaci&oacute;n. Aunque hay alg&uacute;n inter&eacute;s en la complejidad cultural, la pregunta no ha sido a&uacute;n comenzada a discutir con suficiente fuerza y frecuencia. Se puede afirmar que los antrop&oacute;logos han estado preocupados en la complejidad de la vida y han resistido la reducci&oacute;n de &eacute;sta a f&oacute;rmulas m&aacute;gicas o leyes. Sin embargo, a trav&eacute;s de todo el siglo XIX hasta los trabajos de Malinowski, Boas, Benedict, y de L&eacute;vi-Strauss a Geertz, ha estado presente la tendencia a reducir la realidad cultural a descripciones de instituciones, patrones y estructuras definidas. S&oacute;lo en a&ntilde;os recientes esta tendencia ha comenzado a ser modificada con el desarrollo de an&aacute;lisis que enfatizan la parcialidad, para abandonar finalmente cualquier pretensi&oacute;n de dar cuenta de leyes o de perspectivas objetivas. </p>     <p>&iquest;Puede la empresa de la complejidad &ndash;aparentemente tan distante de la ciencia convencional, pero relacionada de forma estrecha con la cultura cient&iacute;fica&ndash; ayudar a reorientar la comprensi&oacute;n prevaleciente que se tiene de la tecnolog&iacute;a? La perspectiva que los cient&iacute;ficos de la complejidad est&aacute;n intentando brindar a la comunidad cient&iacute;fica y al p&uacute;blico, es verdaderamente poderosa, y parece que su influencia est&aacute; creciendo. Sus implicaciones para la reorientaci&oacute;n de la tecnociencia a&uacute;n no han sido exploradas, y esto es cierto para el caso de la teor&iacute;a post-estructural tambi&eacute;n a este nivel. &iquest;Es posible desestabilizar (desestratificar, desterritorializar) los sistemas sociales modernos tecnocient&iacute;ficos, pol&iacute;tico-econ&oacute;micos, y biosociales, en la manera que lo proponen Deleuze y Guattari (1987)? Una expansi&oacute;n de la articulaci&oacute;n y de la adopci&oacute;n de entendimientos tecnol&oacute;gicos y de pol&iacute;ticas que puedan contribuir a la vida aut&oacute;noma de la gente y a experiencias de auto-organizaci&oacute;n, en el mejor de los casos est&aacute;n proyectados a darse dentro de unos cuantos a&ntilde;os. Si estamos dispuestos a creer en aquellos que trabajan en nuevas formas de entender el universo y la vida social &ndash;sea en la ciencia o en las humanidades&ndash;, entonces es posible una metodolog&iacute;a social n&oacute;mada de la tecnolog&iacute;a. Tal vez el lenguaje de la complejidad est&eacute; se&ntilde;alando que es posible para la(s) tecnociencia(s) contribuir al dise&ntilde;o de formas de vida que le hagan el quite a los mecanismos de estructuraci&oacute;n de la vida y del mundo introducidos por el proyecto de modernidad. No se trata de una pregunta que resulte en una utop&iacute;a tecnosocial &ndash;descentralizada, auto-organizada, empoderada&ndash;, pero s&iacute; una que permita pensar de forma imaginativa si la tecnociencia no puede ser parcialmente reorientada para servir diferentes proyectos pol&iacute;ticos y culturales. </p>     <p><b>&iquest;Antropolog&iacute;a sin primitivos? </b></p>     <p>Sobre la antropolog&iacute;a se contin&uacute;a afirmando que a&uacute;n est&aacute; circunscrita al orden del moderno y del salvaje, el ser civilizado y el otro incivilizado (ver Trouillot, 1991). Si &eacute;sta quiere &ldquo;entrar de nuevo al mundo real&rdquo; y &ldquo;trabajar en el presente&rdquo; (Fox, 1991) tendr&aacute; que tratar con el avance progresivo de la cibercultura. Adem&aacute;s, la cibercultura le ofrece a la antropolog&iacute;a una v&iacute;a para renovarse a s&iacute; misma sin que alcance &ndash;como en la antropolog&iacute;a del siglo XX&ndash; un encerramiento prematuro alrededor de figuras como el &ldquo;otro&rdquo; y el mismo. Estas preguntas y en general la cibercultura, conciernen sobre aquello de lo que se trata la antropolog&iacute;a: la historia de la vida como ha sido vivida y es vivida en este preciso momento. &iquest;Qu&eacute; le est&aacute; pasando a la vida en la &uacute;ltima parte del siglo XX? &iquest;Qu&eacute; est&aacute; a&uacute;n por venir? </p>     <p><b>Ep&iacute;logo</b><Sup><a href="#n35">35</a></Sup> </p>     <p>Una de las caracter&iacute;sticas de &ldquo;Bienvenidos a Cyberia&rdquo; es el &eacute;nfasis en considerar las nuevas tecnolog&iacute;as desde una perspectiva integrada y a diferentes niveles. El primero, geogr&aacute;fico (el Primer Mundo, el Tercer Mundo, las variaciones y los &eacute;nfasis regionales); el segundo, tecnol&oacute;gico (tecnolog&iacute;as biol&oacute;gicas, de informaci&oacute;n y computaci&oacute;n); y el tercero, disciplinar (los enfoques de las ciencias humanas y sociales, en los que la antropolog&iacute;a se ubica en alg&uacute;n lugar en el medio). Este acercamiento tiene ventajas, como la identificaci&oacute;n de conexiones, efectos y mecanismos que de otra manera quedar&iacute;an sin enunciar. As&iacute; mismo muestra desventajas, como la sobre generalizaci&oacute;n y la falta de profundidad. Marilyn Strathern (1994), no obstante, tiene raz&oacute;n al se&ntilde;alar que mi consideraci&oacute;n de cibercultura es sobredimensionada y ambiciosa, con lo cual socava el mismo principio de complejidad que mi planteamiento parece invocar. Sin embargo, en el art&iacute;culo no trato de se&ntilde;alar una &ldquo;verdad total&rdquo;. Simplemente es un intento de hacer comprensibles las nuevas tecnolog&iacute;as desde una perspectiva que considere los efectos hist&oacute;ricos y geogr&aacute;ficos actuales del capitalismo y la modernidad. Es imposible no considerar la fuerza universalizante del conocimiento moderno y de la acumulaci&oacute;n y circulaci&oacute;n del capital. Esta fuerza es reflejada en los ordenamientos tecnol&oacute;gicos as&iacute; como en la forma en que se estructura el trabajo. El verdadero reto es teorizar tales efectos sin dejar pasar las m&uacute;ltiples formas que estos toman y as&iacute; mismo considerar las infinitas variaciones en las cuales operan. </p>     <p>Como uno de los tantos participantes de un esfuerzo colectivo por articular una antropolog&iacute;a de la ciencia y la tecnolog&iacute;a, David Hess (1994) se encuentra en una posici&oacute;n privilegiada para contextualizar cualquier contribuci&oacute;n a este objetivo. Dado que no he participado en las reuniones de este grupo durante los a&ntilde;os pasados, recibo con gratitud sus ilustrativos comentarios a mi breve acercamiento a &eacute;stas. Estos tempranos esfuerzos, afirma Hess, tuvieron como objetivo abrir horizontes disciplinarios m&aacute;s que crear nuevos campos, objetivo que actualmente sigue vigente. Hess tambi&eacute;n nos advierte no dejar pasar por alto la necesidad de estudios continuos sobre tecnolog&iacute;as bien conocidas, particularmente en el Tercer Mundo. Estoy de acuerdo. Difiero en su consideraci&oacute;n sobre los peligros que &eacute;l ve con relaci&oacute;n a concentrarse en tecnolog&iacute;as vanguardistas. Por una parte es preciso se&ntilde;alar que un buen n&uacute;mero de biotecnolog&iacute;as y tecnolog&iacute;as computacionales se encuentran ya ampliamente dispersas; por otra, que existe una particularidad cultural sobre estas tecnolog&iacute;as que es importante se&ntilde;alar. Sin embargo, este enfoque &ndash;como &eacute;l enfatiza&ndash; no debe ser a expensas del estudio antropol&oacute;gico de otras clases de tecnolog&iacute;as. </p>     <p>Necesitamos, por ejemplo, miradas retrospectivas completas sobre estudios antropol&oacute;gicos de ciencia y tecnolog&iacute;a. Este es uno de los puntos m&aacute;s fuertes en los comentarios que presenta Willis Sibley (1994). El ejemplo que &eacute;l da sobre c&oacute;mo los sistemas de alcantarillado contribuyen a la conformaci&oacute;n de din&aacute;micas en la poblaci&oacute;n de las ciudades, da espacio a una pregunta m&aacute;s general: la relaci&oacute;n entre tecnolog&iacute;a y modernidad. Rabinow (1989) ha demostrado c&oacute;mo las pr&aacute;cticas de planeaci&oacute;n en ciudades francesas yde &Aacute;frica del Norte influenciaron la producci&oacute;n social de nociones de espacio, de poblaciones y subjetividades; llegando a tener un papel instrumental al configurar la modernidad como un orden cultural. &iquest;Hasta qu&eacute; punto debe ser incorporado el estudio de las &ldquo;pr&aacute;cticas de la raz&oacute;n&rdquo; &ndash;aquellas que combinan verdad y poder&ndash; en la antropolog&iacute;a de la ciencia y la tecnolog&iacute;a? Un f&iacute;sico, por ejemplo, &iquest;constituye un tema de investigaci&oacute;n m&aacute;s leg&iacute;timo para los estudios de ciencia y tecnolog&iacute;a que, digamos, un planeador del Banco Mundial encargado de financiar proyectos de desarrollo? &iquest;Qu&eacute; visi&oacute;n de ciencia y tecnolog&iacute;a subyacer&iacute;a a tal suposici&oacute;n? Hay una relaci&oacute;n entre la antropolog&iacute;a de la modernidad y la antropolog&iacute;a de la ciencia y la tecnolog&iacute;a que necesita ser trabajada. </p>     <p>Una de las preocupaciones m&aacute;s fuertes que salen de los varios comentarios es el tratamiento diferencial de la ciencia y la tecnolog&iacute;a en el Primer Mundo en comparaci&oacute;n con el de las sociedades del Tercer Mundo. La noci&oacute;n de Hess de cyborgs de &lsquo;baja tecnolog&iacute;a' (low-tech cyborgs) es una manera de dar forma a esta diferencia. Como nos recuerda Strathern (1994), las personas del Tercer Mundo tambi&eacute;n hacen cyborgs por fuera de su trato con el otro. </p>     <p>Esto por supuesto toma lugar a trav&eacute;s de m&uacute;ltiples tecnolog&iacute;as, bien sean consideradas &lsquo;altas' (high-tech) o &lsquo;bajas', y con lo cual no estoy sugiriendo que sean m&aacute;s o menos complejas. El punto m&aacute;s general a este respecto lo presenta Judith Sutz (1994). Como coordinadora de un proyecto de investigaci&oacute;n sobre tecnolog&iacute;a en Latinoam&eacute;rica, ella tambi&eacute;n est&aacute; en una excelente posici&oacute;n para hablar sobre esto. Ella afirma que el contexto hist&oacute;rico latinoamericano conlleva a que analicemos de diferentes formas el tema de la tecnolog&iacute;a en concordancia con la especificidad de la modernidad en Latinoam&eacute;rica. Las subjetividades y las estructuras latinoamericanas &ndash;desde instancias como el gobierno, los grupos econ&oacute;micos y las clases populares&ndash; marcan diferentes relaciones con la tecnolog&iacute;a. La conclusi&oacute;n es que los estudios cr&iacute;ticos sobre ciencia y tecnolog&iacute;a tienen que desarrollar distintas pol&iacute;ticas en los contextos del Primer y Tercer Mundo. En el primer caso el dominio de imaginarios tecnol&oacute;gicos ameritan los diagn&oacute;sticos y los estudios cr&iacute;ticos. En el segundo, los estudios quiz&aacute;s revelen la creatividad tecnol&oacute;gica que est&aacute; asociada con tecnolog&iacute;as globales como una forma de fomentar tecno-culturas (technocultures) m&aacute;s aut&oacute;nomas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Strathern elabora sus comentarios alrededor de las inquietudes que se derivan de la &uacute;ltima parte del art&iacute;culo (el discurso cient&iacute;fico sobre la complejidad). Una de las caracter&iacute;sticas que personalmente encuentro m&aacute;s atractiva del trabajo de Strathern es su notable habilidad para evidenciar el lugar desde el cu&aacute;l los antrop&oacute;logos hablan. </p>     <p>Todo cuestionamiento antropol&oacute;gico, como lo expone en su libro The Gender of the Gift, deber&iacute;a estar acompa&ntilde;ado por &ldquo;una etnograf&iacute;a de las pr&aacute;cticas del conocimiento occidental (Strathern,1988: xi)&rdquo;. Este empe&ntilde;o requiere acercamientos creativos como la ciencia de la complejidad &ldquo;&hellip; a trav&eacute;s de una apreciaci&oacute;n de las culturas de las ciencias sociales occidentales y su respaldo a ciertos intereses en la descripci&oacute;n de la vida social&rdquo; (Strathern, 1988, p. 4). Sus escritos nos recuerdan con una inusual fuerza que nuestros esfuerzos cient&iacute;ficos y etnogr&aacute;ficos son construcciones del mundo. De ah&iacute; su definici&oacute;n de la complejidad como &ldquo;&hellip; aquella caracter&iacute;stica de la percepci&oacute;n que conserva el detalle del fen&oacute;meno sin importar la escala&hellip; Nosotros simplemente la hacemos visible en aquellas descripciones / intervenciones que apuntan a lo &lsquo;concreto' y a la &lsquo;heterogeneidad'&rdquo; (Strathern, 1988, p. 4). </p>     <p>Este es un correctivo necesario tanto para aquellos cient&iacute;ficos de la complejidad (de los cuales muchos est&aacute;n a&uacute;n comprometidos con epistemolog&iacute;as realistas), como para los antrop&oacute;logos que persisten en una comprensi&oacute;n modernista de la complejidad, con sus cuentos anacr&oacute;nicos sobre sociedades simples o complejas. Esta es la tradici&oacute;n antropol&oacute;gica a la cual Strathern nos invita a descartar de una vez por todas, al repensar la relaci&oacute;n entre etnograf&iacute;a y complejidad &ndash;tema que desarrolla en su libro Partial Connections (1991). Desde esta perspectiva, la antropolog&iacute;a nos ense&ntilde;a que nunca ha existido una precibercultura (precyberculture); que la vida social siempre ha sido compleja y que la tecnolog&iacute;a ha sido parte de esa complejidad. Lo cual nos es equivalente a decir que las nuevas tecnolog&iacute;as no est&aacute;n fomentando importantes transformaciones culturales. Como construcciones acad&eacute;micas, el discurso sobre la complejidad y la antropolog&iacute;a de la ciencia y la tecnolog&iacute;a est&aacute;n intentando entender la vibrante creatividad de la vida social y natural. </p>     <p>De formas que no tienen precedente alguno, las nuevas tecnolog&iacute;as tal vez est&aacute;n facilitando la aparici&oacute;n de esta nueva mirada. </p>     <p>Esta &uacute;ltima posibilidad es bosquejada en algunos escritos de Guattari (1993), especialmente en su noci&oacute;n de sociedad post-medi&aacute;tica. Aunque &eacute;l reconoce que las biotecnolog&iacute;as, la informaci&oacute;n digital y la tecnolog&iacute;a computacional refuerzan los sistemas alienantes y retr&oacute;grados de la modernidad capitalista, tambi&eacute;n se&ntilde;ala que &eacute;stas proveen espacios para la creaci&oacute;n de nuevas subjetividades auto-referenciadas. Para Guattari eso constituye una posibilidad hist&oacute;rica que vale la pena pelear. </p>     <p>Para llegar a ser real requiere la actualizaci&oacute;n del derecho a la singularidad y la alteridad, a nuevos tipos de relaci&oacute;n entre el Norte y el Sur, y una democratizaci&oacute;n radical de las relaciones de g&eacute;nero. Lo que &eacute;l denomina &ldquo;pr&aacute;cticas ecos&oacute;ficas&rdquo; incluyen una profunda transformaci&oacute;n de las econom&iacute;as, de las ecolog&iacute;as urbanas y rurales, de la ciencia, y de formas de pensamiento (un cuestionamiento que trasciende la elemental concepci&oacute;n de auto-manejo y autonom&iacute;a y que se ocupa de una complejidad social que socava la hegemon&iacute;a de la valorizaci&oacute;n t&eacute;cnico-capitalista). </p>     <p>El afianzamiento de esta complejidad puede ser adelantado por desterritorializaciones que hagan posibles nuevas bifurcaciones de singularidades existentes y potenciales, y en la formaci&oacute;n de diversas subjetividades colectivas. Ah&iacute; puede encontrarse tambi&eacute;n otra forma de ser bienvenido a la cibercultura. </p><hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>     <p><a name="n1">1</a> Desde una perspectiva etimológica, los términos “cyberculture”, “cyberspace”, “cyberocracy”, y similares, son nombres inapropiados. Al acuñar el término “cybernetics” / “cibernética”, Norbert Wiener tuvo en mente la palabra en griego para “piloto” o “timonero” (kybernetes); en otras palabras, no existe una raíz griega para “Cyber”. Dada la extendida aceptación del prefijo “Cyber”, utilizaré cibercultura (cyberculture) como un elemento de análisis.</p>     <p><a name="n2">2</a> Esta postura fue modificada por la evaluaci&oacute;n tecnol&oacute;gica que surgi&oacute; en los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada de 1970 y que desde ah&iacute; ha llegado a constituirse en un campo importante de estudio. Como lo se&ntilde;alan sus cr&iacute;ticos, el prop&oacute;sito de la &ldquo;evaluaci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a&rdquo; no es su reorientaci&oacute;n, sino la adaptaci&oacute;n de los humanos a los efectos peligrosos, actuales o potenciales, que las evaluaciones revelan (Sanmart&iacute;n y Ortiz, 1992). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n3">3</a> STS, por su sigla en ingl&eacute;s (Science and Technology Studies). </p>     <p><a name="n4">4</a> Por supuesto, esta no pretende ser una aproximaci&oacute;n exhaustiva al enfoque constructivista, cuyos proponentes no necesariamente constituyen un grupo homog&eacute;neo. Entre los trabajos m&aacute;s citados por estos autores se encuentran, por ejemplo: Knorr-Cetina y Mulkay (1983), Latour y Woolgar (1979), Bijker, Hughes y Pinch (1987), Latour (1987; 1988), y Woolgar (1988; 1991). Otros nombres importantes, asociados con el constructivismo son: Michel Callon, H. M. Collins, Thomas Hughes y John Law. Para una rese&ntilde;a de estos estudios ver los trabajos de Winner (1993a) y Medina (1992). </p>     <p><a name="n5">5</a> Que las recientes innovaciones en los dispositivos biol&oacute;gicos y tecnol&oacute;gicos no sean el resultado de un cambio radical en las estructuras culturales y epistemol&oacute;gicas, pero s&iacute; de la profundidad del proceso de modernizaci&oacute;n y creaciones biosociales a partir del siglo XVIII, es el punto de partida de la colecci&oacute;n Incorporaciones (Incorporations); ver Crary y Kwinter (1992). Este aspecto ha sido se&ntilde;alado tambi&eacute;n por Rabinow (1992a). </p>     <p><a name="n6">6</a> La imbricaci&oacute;n de capital y vida est&aacute; condensada en la noci&oacute;n de &ldquo;biopoder&rdquo; de Foucault. El autor la explica en t&eacute;rminos de dos procesos: (a) una anatom&iacute;a pol&iacute;tica del cuerpo humano, realizada por la normalizaci&oacute;n y disciplinizaci&oacute;n de la vida diaria; (b) las biopol&iacute;ticas de la poblaci&oacute;n, llevadas a cabo por mecanismos de planeaci&oacute;n, regulaci&oacute;n y administraci&oacute;n (Foucault, 1980, pgs. 135-159). Ver tambi&eacute;n Guattari (1992) y Deleuze y Guattari (1987). </p>     <p><a name="n7">7</a> La filosof&iacute;a de la tecnolog&iacute;a despeg&oacute; en los setenta y en los ochenta (ver Mitcham, 1990). Aspectos centrales en este proceso han sido, por ejemplo, la creaci&oacute;n en Nueva York del Philosophy and Technology Studies Center bajo la direcci&oacute;n de Carl Mitcham, la conformaci&oacute;n de un grupo similar en la Universidad Polit&eacute;cnica de Valencia (INVESCIT), y la aparici&oacute;n de la Society for Philosophy and Technology. </p>     <p><a name="n8">8</a> La publicaci&oacute;n del libro Neuromancer por William Gibson (1984) marc&oacute; el asenso del g&eacute;nero de ciencia-ficci&oacute;n conocido como cyberpunk. As&iacute; mismo, es considerado como el punto de partida de la era ciberespacial. Para una introducci&oacute;n al cyberpunk ver McCaffrey (1991). Mientras que algunos ven en el cyberpunk una cr&iacute;tica velada a los a&ntilde;os de gobierno de Ronald Reagan, es inquietante analizar la forma en la cual el movimiento ha crecido y ha sido presentado en los medios. Ver por ejemplo el art&iacute;culo principal de la revista Time sobre el cyberpunk y el &ldquo;underground electr&oacute;nico&rdquo; (Febrero 8 de 1993). Ver tambi&eacute;n Mondo 2000, quiz&aacute;s el medio impreso m&aacute;s visible sobre cyberpunk y su User's Guide to the New Edge (1992). Para un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de estas tendencias ver Rosenthal (1992). </p>     <p><a name="n9">9</a> La literatura sobre ciberespacio y realidad virtual producida por sus comentaristas y practicantes es caracterizada por lo grandioso de sus afirmaciones. Dos ejemplos provenientes de dos prominentes dise&ntilde;adores, Scott Fisher y Myron Kruger, pueden que sean suficientes: &ldquo;Parece ser que las posibilidades de la realidad virtual son tan ilimitadas como las posibilidades de la realidad. Ellas pueden proveer de una interfase que desaparece &ndash;una puerta hacia otros mundos&ndash;&rdquo; (Fischer, citado en Rheingold, 1991, p. 131). A&uacute;n m&aacute;s interesante es el concepto de Kruger: &ldquo;Estamos incre&iacute;blemente afianzados a la idea de que el &uacute;nico prop&oacute;sito de nuestra tecnolog&iacute;a es resolver problemas. &Eacute;sta tambi&eacute;n crea conceptos y filosof&iacute;a. Debemos explorar completamente esta caracter&iacute;stica de nuestras invenciones, porque la nueva generaci&oacute;n de tecnolog&iacute;a hablar&aacute; por nosotros, nos entender&aacute;, y percibir&aacute; nuestro comportamiento. Entrar&aacute; en cada hogar y oficina... Debemos reconocer esto si queremos entender y escoger lo que hemos llegado a ser como resultado de lo que hemos hecho&rdquo; (Kruger, citado en Rheingold, 1991, p. 113; mi &eacute;nfasis). Algunos conectan las actuales transformaciones a la revoluci&oacute;n industrial, aunque esta vez &ldquo;... abastecida no por petr&oacute;leo sino por un nuevo bien llamado inteligencia artificial&rdquo; (Kurzweil, 1990, p. 13). </p>     <p><a name="n10">10</a> No es claro el por qu&eacute; las tecnolog&iacute;as de la computaci&oacute;n y la informaci&oacute;n caen ambas bajo la r&uacute;brica de la inteligencia artificial. En la medida que los computadores pueden ser pensados como las tecnolog&iacute;as dominantes actuales, es valido proponer que &ldquo;... todo lo inform&aacute;tico puede ser pensado como inteligencia artificial&rdquo; (L&eacute;vy, 1991, p. 8). </p>     <p><a name="n11">11</a> El primer paso fue dado en la reuni&oacute;n anual de la Society for the Social Studies of Science en 1992, donde un grupo de antrop&oacute;logos norteamericanos (entre ellos Michael Fischer, Sharon Traweek, Rayna Rapp, David Hess, Lisa Handwerker, Shirley Gorenstein y David Hakken) se reunieron para discutir estrategias para la implementaci&oacute;n de un Comit&eacute; de Ciencia y Tecnolog&iacute;a dentro de la AAA. Este proceso se encuentra detallado en la edici&oacute;n de 1992 del Social / Cultural Anthropology of Science and Technology Newsletter, editado por David Hess. </p>     <p><a name="n12">12</a> Los paneles en la reuni&oacute;n de 1992 incluyeron, por ejemplo, temas como: la antropolog&iacute;a del cyborg; perspectivas culturales sobre la computaci&oacute;n; barreras culturales a la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica; comunidades virtuales (tambi&eacute;n llamadas comunidades en l&iacute;nea), consecuencias de la implementaci&oacute;n de tecnolog&iacute;as de informaci&oacute;n interactivas en el campo cultural y en la educaci&oacute;n; y cyborgs y mujeres (en honor de Donna Haraway). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n13">13</a> Para una gu&iacute;a y bibliograf&iacute;a sobre estudios antropol&oacute;gicos sobre ciencia y tecnolog&iacute;a ver Hess (1992), Hess y Layne (1992), Pfaffenberger (1992) y Hakken (s.f.). </p>     <p><a name="n14">14</a> Por ejemplo, el uso cada vez m&aacute;s generalizado de video c&aacute;maras, aviones y la aplicaci&oacute;n de rentas a la explotaci&oacute;n de minas de oro entre los kayapo de la selva amaz&oacute;nica &ndash;como parte de su estrategia de autonom&iacute;a cultural&ndash; se ha convertido en caso legendario. </p>     <p><a name="n15">15</a> Entre los estudios m&aacute;s conocidos se encuentra el trabajo de Godelier (1971), en el cual el autor desarrolla los efectos de la introducci&oacute;n de hachas de acero entre los abor&iacute;genes australianos y entre los baruya de Papua, en Nueva Guinea. Un &uacute;til repaso de trabajos previos es rese&ntilde;ado por Hess (1992). </p>     <p><a name="n16">16</a> Mead fue una participante activa en las Conferencias Macy sobre cibern&eacute;tica (Mead et al., 1950-1956), as&iacute; como tambi&eacute;n una figura central en la fundaci&oacute;n de la American Society for Cybernetics (Mead, 1968). La vida de este ilustre grupo de &ldquo;cibern&eacute;ticos&rdquo;, en el cual participaron Gregory Bateson, Heinz von Foerster, Norbert Wiener, y Kurt Levin entre otros, es descrita en el libro de Heims (1991). Es preciso se&ntilde;alar que las Conferencias Macy tomaron lugar en el contexto de la Guerra Fr&iacute;a, la primera ola de tecnolog&iacute;a computacional, y en el desarrollo general de la teor&iacute;a de sistemas; actualmente los contextos hist&oacute;ricos y epistemol&oacute;gicos son bastante diferentes. </p>     <p><a name="n17">17</a> El t&eacute;rmino ciberespacio (cyberspace) fue acu&ntilde;ado por William Gibson (1984) e introducido en los c&iacute;rculos intelectuales, art&iacute;sticos y acad&eacute;micos en el libro editado por Michael Benedikt: Cyberspace: The First Steps (1991). El t&eacute;rmino hace alusi&oacute;n a las crecientes redes y sistemas de ambientes mediados por computadores. Como una red de interacciones espacializadas &ndash;mediadas por la computaci&oacute;n&ndash;, el ciberespacio es visto como la &ldquo;habilitaci&oacute;n de una co-presencia e interacci&oacute;n completa de m&uacute;ltiples usuarios, que permite una entrada y una salida desde y hacia el campo sensorial humano, con lo cual se permite percibir realidades virtuales y reales, recolecci&oacute;n remota de informaci&oacute;n, control por medio de telepresencia y una total integraci&oacute;n e intercomunicaci&oacute;n con un rango completo de productos y ambientes inteligentes en el espacio real&rdquo; (Novak, 1991, p. 225). Para una introducci&oacute;n al concepto de ciberespacio ver Rheingold (1991) y Stone (1991, 1992). Para una presentaci&oacute;n general de las redes globales de computaci&oacute;n ver Dertouzos (1991) y Cerf (1991). Una breve revisi&oacute;n de las gu&iacute;as de Internet se encuentra en el Chronicle of Higher Education (1992, diciembre 16, pg. A9). </p>     <p><a name="n18">18</a> Esta descripci&oacute;n est&aacute; basada en la ponencia presentada en el panel: &ldquo;Antropolog&iacute;a Cyborg I: Sobre la producci&oacute;n de la humanidad y sus l&iacute;mites&rdquo;, por Gary Lee Downey, Joseph Dumit y Sarah Williams (1992). Algunos de los trabajos presentados tocaron temas como la participaci&oacute;n de la mujer japonesa en los campos de la f&iacute;sica de alta energ&iacute;a; seguidores de la ciencia-ficci&oacute;n; psicoterapia asistida por computador; cyborgs de baja tecnolog&iacute;a (cyborgs en el Tercer Mundo); tecnolog&iacute;a reproductiva y construcciones culturales de la biotecnolog&iacute;a. </p>     <p><a name="n19">19</a> Para Roseanne Stone (1991; 1992), el &eacute;nfasis en &ldquo;post-corporalidad&rdquo;, surge de la disconformidad masculina con el cuerpo. Este sesgo ser&aacute; corregido, en la perspectiva de la autora, cuando m&aacute;s mujeres participen en el dise&ntilde;o de las tecnolog&iacute;as virtuales y ciberespaciales. Aunque esto est&aacute; comenzando a suceder, los resultados a&uacute;n est&aacute;n por verse. Desde otro &aacute;ngulo, se puede argumentar que el &eacute;nfasis en trascender el cuerpo en el contexto cyber es otro aspecto de la despersonificaci&oacute;n de la &ldquo;teorizaci&oacute;n virtual&rdquo;, y que algunas veces tiene tenues conexiones con la realidad (Tsugawa, 1992). </p>     <p><a name="n20">20</a> Estos incluyen, por ejemplo, el estudio de Deborah Heath sobre un laboratorio de biotecnolog&iacute;a molecular (1992), la etnograf&iacute;a de Barbara Joans sobre dise&ntilde;adores de realidad virtual (1992), y el trabajo de David West sobre usuarios de realidad virtual (comunicaci&oacute;n personal). </p>     <p><a name="n21">21</a> Estas ideas sobre el cuerpo provienen de Jennifer Terry (comunicaci&oacute;n personal). </p>     <p><a name="n22">22</a> Las comunidades virtuales est&aacute;n formadas por grupos de personas que se relacionan entre s&iacute; principalmente a trav&eacute;s de un medio electr&oacute;nico como el computador, el correo electr&oacute;nico y redes especializadas como PeaceNet, EcoNet, y de una gran variedad de carteles (bulletin boards) y sistemas de conferencia provenientes de espacios acad&eacute;micos, de negocios, etc., los cuales est&aacute;n conectados a trav&eacute;s de lo que fue Bitnet, Usenet y actualmente Internet. Un ejemplo &uacute;nico de comunidad on-line es el Whole Earth Lectronico Link (WELL), localizado en el &aacute;rea de la bah&iacute;a de San Francisco, y en el cual participan personas de distintas partes de Estados Unidos. En el WELL se mantienen discusiones permanentes sobre el significado de las comunidades virtuales, realidad virtual, multimedia, y temas relacionados. Una etnograf&iacute;a del WELL est&aacute; en proceso (Bessinger, 1993). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n23">23</a> La dimensi&oacute;n &eacute;tica en comunidades virtuales es muy significante con temas como la posibilidad de asumir diferentes personas, la relaci&oacute;n entre personas &ldquo;virtuales&rdquo; y &ldquo;reales&rdquo;, el reconocimiento de marcadores sociales propios, como el g&eacute;nero, la raza, la clase social o la posibilidad de hacer &ldquo;lurking&rdquo; (es decir, observar una comunidad sin hacer conocer la propia presencia a aquellos que se observa). Hay un rico conjunto de aspectos a ser explorados por antrop&oacute;logos (ver Bessinger,1993).Aspectos sobre el intercambio de informaci&oacute;n entre antrop&oacute;logos de distintas partes del mundo y entre estos y aquellos con quienes trabajan en campo, toman una nueva dimensi&oacute;n con el avance de las redes electr&oacute;nicas. En algunas situaciones las comunidades virtuales llegan a ser parte del &ldquo;campo&rdquo;, m&aacute;s que una mera expresi&oacute;n, o extensi&oacute;n de &eacute;ste. Un esfuerzo por conectar antrop&oacute;logos y otros sujetos en el mundo a trav&eacute;s de medios electr&oacute;nicos para discutir temas, ideas, libros, conferencias que son relevantes para la antropolog&iacute;a, ha sido liderado por Arjun Appadurai y Carol Breckenridge miembros de la revista Public Culture. </p>     <p><a name="n24">24</a> Walker distingue cinco fases en la historia de interfaces de usuario: (a) perillas y teclado, (b) series (un operador especializado de computador manejando un mont&oacute;n de trabajos sobre tarjetas perforadas, (c) tiempo compartido, (d) men&uacute;s, y (e) gr&aacute;ficas, o ventanas (Walter, 1990). La siguiente fase llevar&aacute; al usuario directamente al interior (&ldquo;inside&rdquo;) del computador; en otras palabras: a trav&eacute;s de la pantalla al ciberespacio. Este ser&aacute; un espacio tridimensional, tal y como el que ha alcanzado la realidad virtual actualmente. La esperanza de los dise&ntilde;adores es que paulatinamente se reemplazar&aacute; una visi&oacute;n contemplativa pasiva con una participaci&oacute;n activa. </p>     <p><a name="n25">25</a> En su libro, Seltzer examina &ldquo;... la antropolog&iacute;a de la ni&ntilde;ez y la adolescencia en la transici&oacute;n del siglo XIX al XX y las tecnolog&iacute;as sociales y culturales en la &lsquo;formaci&oacute;n del hombre' &rdquo; (1991, p. 5), desde la perspectiva foucaultiana de la producci&oacute;n de subjetividades y de cuerpos d&oacute;ciles. El trabajo de Sarlo reflexiona alrededor de la introducci&oacute;n en Argentina de nuevas tecnolog&iacute;as en las d&eacute;cadas de 1920 y 1930. Uno de los puntos m&aacute;s fuertes de este trabajo es que en los momentos hist&oacute;ricos en los cuales las nuevas tecnolog&iacute;as son introducidas (al igual que en el presente), es que existe la posibilidad de una cierta construcci&oacute;n popular original en conexi&oacute;n con &eacute;stas. El trabajo de Penley y Ross consiste en el an&aacute;lisis de las pr&aacute;cticas de grupos como los hackers y seguidores de la ciencia-ficci&oacute;n. Por su parte, la defensa propuesta por Jenkins (1992) del estudio de las &ldquo;apropiaciones textuales&rdquo; (textual poaching) de los escritores de ciencia-ficci&oacute;n y por usuarios de computador, apunta en la misma direcci&oacute;n. </p>     <p><a name="n26">26</a> Celso &Aacute;lvarez afirma que la caracterizaci&oacute;n de los grupos de comunicaci&oacute;n mediados por computaci&oacute;n, como comunidad &ldquo;virtual&rdquo; es equivocada, dado que desde la perspectiva de interacci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica, ellas son comunidades &ldquo;reales&rdquo;. Un cuestionamiento sobre lo adecuado del modelo de conversaci&oacute;n para tratar con los computadores ha sido propuesta por Walker: &ldquo;Cuando usted est&aacute; interactuando con un computador, usted no est&aacute; conversando con otra persona. Usted est&aacute; explorando otro mundo&rdquo; (1990, p. 443). Aqu&iacute; tambi&eacute;n podr&iacute;an yacer algunos retos para la antropolog&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica. </p>     <p><a name="n27">27</a> Aqu&iacute; se incluye el tr&aacute;mite de patentes por parte de corporaciones multinacionales de semillas y variedades de plantas, y de las sustancias derivadas de cepas usadas por &ldquo;sociedades tradicionales&rdquo; en el Tercer Mundo. </p>     <p><a name="n28">28</a> No es coincidencia que el Banco Mundial, a trav&eacute;s de su Global Environment Facility (GEF), est&eacute; liderando esfuerzos para la conservaci&oacute;n de la diversidad biol&oacute;gica. En Latinoam&eacute;rica, en pa&iacute;ses como Colombia, Brasil y M&eacute;xico, ya est&aacute;n en funcionamiento proyectos del GEF orientados hacia sus respectivas zonas selv&aacute;ticas. Otros proyectos del GEF tambi&eacute;n est&aacute;n tomando como objetivo otras zonas biodiversas, todas ubicadas en el Tercer Mundo. El conflicto entre las corporaciones, los movimientos sociales, y los Estados sobre estos recursos en &eacute;stas &aacute;reas es muy intenso, dado que es la base para una industria multimillonaria. As&iacute; es tambi&eacute;n el conflicto por la patente de genes y de nuevas formas de vida. </p>     <p><a name="n29">29</a> Los ejemplos m&aacute;s comunes usados para ilustrar estos procesos son el reloj qu&iacute;mico, para el primer tipo; y los tsunamis, para el segundo. </p>     <p><a name="n30">30</a> La investigaci&oacute;n sobre complejidad ha sido encabezada por el Santa Fe Institute, establecido en la mitad de la d&eacute;cada de 1980, principalmente por f&iacute;sicos y economistas. Sin embargo, algunas de las ideas b&aacute;sicas vienen de varias d&eacute;cadas atr&aacute;s de trabajos hechos en la ciencia y la filosof&iacute;a de sistemas y de trabajos hechos desde la biolog&iacute;a, las matem&aacute;ticas y las teor&iacute;as de auto-organizaci&oacute;n (por ejemplo Prigogine y Stengers, 1983). La gran mayor&iacute;a de estos precursores son pasados por alto en el de otro modo, recuento informativo que hace Waldrop (1992) de la historia y del trabajo del Santa Fe Institute. Una introducci&oacute;n a la complejidad, para aquellos lectores con algunos a&ntilde;os de entrenamiento en matem&aacute;tica, se puede encontrar en Nicolis y Prigogine (1989). Introducciones &uacute;tiles a la teor&iacute;a del caos y la auto-organizaci&oacute;n las ofrecen DeLanda (1992), Hayles (1991a, 1991b) y Kauffman (1991). </p>     <p><a name="n31">31</a> Otro intento de relacionar la complejidad (particularmente el caos) a las ciencias humanas corresponde a la cr&iacute;tica de la deconstrucci&oacute;n expuesta por Argyro (1991). </p>     <p><a name="n32">32</a> El concepto de auto-organizaci&oacute;n es intuitivamente simple y te&oacute;ricamente complejo. Una perturbaci&oacute;n inicial podr&iacute;a conducir ciertos sistemas a un tipo de no-equilibrio y comportamiento ca&oacute;tico que no es, sin embargo, un desorden total. De hecho, patrones recurrentes y comportamientos auto-organizados pueden aparecer alrededor de ciertos estados (atractores), desviando parte de la energ&iacute;a del sistema dentro de un comportamiento ordenado de nuevo tipo (una estructura disipada). Esta estructura est&aacute; caracterizada por el rompimiento de la asimetr&iacute;a previa y de la aparici&oacute;n de m&uacute;ltiples opciones. En otras palabras, los sistemas auto-organizados pueden desarrollar diferentes patrones partiendo de unas condiciones iniciales. M&aacute;s all&aacute; de cierto punto, estos sistemas pueden mostrar bifurcaciones hacia m&uacute;ltiples estados o soluciones; una soluci&oacute;n dada es dictada por azar y no puede ser predicha. Cualquier evoluci&oacute;n subsecuente del sistema, sin embargo, depender&aacute; de la elecci&oacute;n tomada en el punto de bifurcaci&oacute;n. Estos puntos marcan el paso del sistema hacia la complejidad: representa innovaci&oacute;n y diversificaci&oacute;n, dado que ellos traen consigo nuevas soluciones o senderos de cambio. Los sistemas auto-organizados tienen as&iacute; una dimensi&oacute;n hist&oacute;rica; una &ldquo;ontogenia&rdquo;, en los t&eacute;rminos de Maturana y Varela (1987). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n33">33</a> Deluze y Guattari oponen el &aacute;rbol &ndash;el tropo por excelencia del mundo moderno&ndash; al de rizoma. En contraste con el &aacute;rbol, el rizoma asume diversas formas, bifurc&aacute;ndose en todas las direcciones. Tiene distintos principios de concepci&oacute;n y heterogeneidad; es m&uacute;ltiple, dando avance a su propia estructura, pero tambi&eacute;n rompiendo la estructura de acuerdo con las &ldquo;l&iacute;neas de fuga&rdquo; que contiene. &ldquo;Estamos cansados de los &aacute;rboles&rdquo;, escriben Deleuze y Guattari. &ldquo;Debemos dejar de creer en &aacute;rboles, ra&iacute;ces y rad&iacute;culas. Estos nos han hecho sufrir demasiado. Todo lo de la cultura arborescente est&aacute; fundamentando sobre s&iacute;, desde la biolog&iacute;a a la ling&uuml;&iacute;stica (1987, p. 15)&rdquo;. </p>     <p><a name="n34">34</a> Ver por ejemplo los estudios sobre ciencias de la complejidad del Santa Fe Institute; y para una aplicaci&oacute;n de la teor&iacute;a de la complejidad a la econom&iacute;a ver el trabajo de Anderson et al. (1988). La investigaci&oacute;n sobre la complejidad se est&aacute; dando a un ritmo r&aacute;pido; &eacute;sta incluye &aacute;reas como la vida artificial, modelos computacionales adaptativos, auto-cat&aacute;lisis, redes neuronales, aut&oacute;matas celulares, emergencia y co-evoluci&oacute;n. </p>     <p><a name="n35">35</a> Este texto corresponde a la respuesta que Escobar (1994, pgs. 227-228) present&oacute; a los comentarios suscritos por David Hess, Isabel Licha (1994), Willis Sibley (1994), Marylin Strathern (1994) y Judith Sutz (1994) al art&iacute;culo, y que fueron incluidos en el mismo n&uacute;mero de Current Anthropology. </p> <hr size="1">     <p><b>Referencias </b></p>     <!-- ref --><p>Abu-Lughod, L. (1990). The Romance of Resistance. <i>American Ethnologist</i>, 17, 401-455. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0123-885X200500030000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Anderson, P., Arrow, K. Y Pines, D. (Eds.) (1988). <i>The Economy as an Evolving Complex System</i>. New York: Addison-Wesley. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0123-885X200500030000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Appadurai, A. (1991). Global Ethnoscapes. En R. Fox (Ed.), <i>Recapturing Anthropology: Working in the Present</i>. Santa Fe: School of American Research. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0123-885X200500030000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Argyros, A. (1991). <i>A Blessed Rage for Order</i>. Ann Arbor: University of Michigan Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0123-885X200500030000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Barrett, E. (Ed.) (1989). <i>The Society of Text</i>. Cambridge: M.I.T. Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0123-885X200500030000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Barry, J. (1991). <i>Technobabble</i>. Cambridge: M.I.T. Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0123-885X200500030000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Benedikt, M. (1991). <i>Cyberspace: The First Steps</i>. Cambridge: M.I.T. Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0123-885X200500030000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bessinger, K. (1993). <i>Virtual Communities, Post-organic Anthropology, and the new Social Relations of Cyberspace</i>. Northampton, Massachusetts: Departamento de Antropolog&iacute;a, Smith College. Manuscrito no publicado. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0123-885X200500030000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bijker, W.P., Hughes, T.P. Y Pinch, T. (Eds.) (1987). <i>The Social Construction of Technological Systems: New Directions in the Sociology and History of Technology</i>. Cambridge: M.I.T. Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0123-885X200500030000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Buttel, F., Kenney, M. Y Kloppenburg, J. (1985). From Green Revolution to Biorevolution: Some Observations on the Changing Technological Bases of Economic Transformation in the Third World. <i>Economic Development and Cultural Change</i>, 34, 31-55. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0123-885X200500030000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cartwright, L. Y Goldfarb, B. (1992). Radiography, Cinematography, and the Decline of the Lens. En J. Crary Y S. Kwinter (Eds.), <i>Incorporations</i>. New York: Zone Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0123-885X200500030000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Castells, M. (1986). High Technology, World Development, and Structural Transformation: The Trends and the Debates. <i>Alternatives</i>, 11, 297-344. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0123-885X200500030000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Castells, M. Y Laserna, R. (1989). The New Dependency: Technological Change and Socioeconomic Restructuring in Latin America. <i>Sociological Forum</i>, 4, 535-560. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0123-885X200500030000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cerf, V. (1991). Networks. <i>Scientific American</i>, 265(3), 72-85. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0123-885X200500030000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Crary, J. Y Kwinter, S. (Eds) (1992). <i>Incorporations</i>. New York: Zone Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0123-885X200500030000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dahl, G. Y Rabo, A. (Eds) (1992). <i>Kam-ap or Take-off: Local Notions of Development</i>. Stockholm: Stockholm Studies in Social Anthropology. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0123-885X200500030000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Darnovsky, M., Epstein, S. Y Wilson, A. (1991). Radical Experiments: Social Movements Take on Technoscience. <i>Socialist Review</i>, 21(2), 31-33. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0123-885X200500030000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>DeLanda, M. (1991). <i>War in the Age of Intelligent Machines</i>. New York: Zone Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0123-885X200500030000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>DeLanda, M. (1992). Nonorganic life. En J. Crary Y S. Kwinter (Eds.), <i>Incorporations</i>. New York: Zone Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0123-885X200500030000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Deleuze, G. (1993a). <i>The Fold: Leibniz and the Baroque</i>. Minneapolis: University of Minnesota Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0123-885X200500030000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Deleuze, G. (1993b). Control y devenir: Entrevista con Toni Negri. <i>Magaz&iacute;n Dominical</i>, 511 (Febrero 7). (Traducido por Edgar Garavito). Bogot&aacute; D.C., El Espectador. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0123-885X200500030000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Deleuze, G. Y Guattari, F. (1987). <i>A Thousand Plateaus</i>. Minneapolis: University of Minnesota Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0123-885X200500030000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dertouzos, M. (1991). Communications, Computers, and Networks. <i>Scientific American</i>, 265(3), 62-71. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0123-885X200500030000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Downey, G., Dumit, J. Y Traweek, S. (1997). <i>Cyborgs and Citadels: Anthropological Interventions Into Technocultures</i>. Santa Fe: School of American Research Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0123-885X200500030000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Downey, G., Dumit, J. Y Williams, S. (1992). Granting Membership to the Cyborg Image. Ponencia presentada en el Panel: <i>Cyborg Anthropology, 91st Annual Meeting of the American Anthropological Association</i>. San Francisco, California, Diciembre 2-6. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0123-885X200500030000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Duden, B. (1990). <i>The Woman Beneath the Skin</i>. Cambridge: Harvard University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0123-885X200500030000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Escobar, A. (1994). Welcome to Cyberia. Notes on the Anthropology of Cyberculture. <i>Current Anthropology</i>, 35(3), 211-231. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0123-885X200500030000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Escobar, A. (1995a). <i>Encountering Development: The Making and Un-making of the Third World</i>. Princeton: Princeton University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0123-885X200500030000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Escobar, A. (1995b). Living in Cyberia. <i>Organization</i>, 2(3-4), 533-537. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0123-885X200500030000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Escobar, A. (1999). <i>El final del salvaje. Naturaleza, cultura y pol&iacute;tica en la antropolog&iacute;a contempor&aacute;nea</i>. Bogot&aacute; D.C.: Instituto Colombiano de Antropolog&iacute;a/CEREC. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0123-885X200500030000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fiske, J. (1989). <i>Understanding Popular Culture</i>. Boston: Unwin Hyman. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0123-885X200500030000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Foucault, M. (1972). <i>The Archaeology of Knowledge</i>. New York: Harper Colophon Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0123-885X200500030000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Foucault, M. (1973). <i>The Order of Things</i>. New York: Vintage Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0123-885X200500030000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Foucault, M. (1975). <i>The Birth of the Clinic</i>. New York: Vintage Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0123-885X200500030000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Foucault, M. (1980). <i>The History of Sexuality</i>. Volume I. New York: Vintage Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0123-885X200500030000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fox, R. (Ed.) (1991). <i>Recapturing Anthropology: Working in the Present</i>. Santa Fe: School of American Research. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0123-885X200500030000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Frankin, S. (1993). Postmodern Procreation: Representing Reproductive Practice. <i>Science as Culture</i>, 17, 522-561. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0123-885X200500030000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Garc&iacute;a Canclini, N. (1990). <i>Culturas h&iacute;bridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad</i>. M&eacute;xico D.F.: Grijalbo. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0123-885X200500030000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gibson, W. (1984). <i>Neuromancer</i>. New York: Bantam Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0123-885X200500030000200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Giddens, A. (1990). <i>The Consequences of Modernity</i>. Stanford: Stanford University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0123-885X200500030000200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Godelier, M. (1971). "Salt Currency" and the Circulation of Commodities Among the Baruya of New Guinea. En G. Dalton (Ed.), <i>Studies in Economic Anthropology</i>. Washington, D.C.: American Anthropological Association. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0123-885X200500030000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Godelier, M. (1986). <i>The Mental and the Material</i>. London: Verso. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0123-885X200500030000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Goodwin, Ch. Y Harness Goodwin, M. (1992). Context, Activity and Participation. En P. Auer Y A. Di Luzio (Eds.), <i>The Contextualization of Language</i>. Amsterdam: John Benjamins. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0123-885X200500030000200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">Gray, C. Y Driscoll, M. (1992). What's Real About Virtual Reality? Anthropology of, and in, Cyberspace. <i>Visual Anthropology Review</i>, 8(2), 39-49. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0123-885X200500030000200044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Guattari, F. (1992). Regimes, Pathways, Subjects. En J. Crary Y S. Kwinter (Eds.), <i>Incorporations</i>. New York: Zone Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0123-885X200500030000200045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Guattari, F. (1993). <i>El constructivismo guattariano</i>. Cali: Editorial Universidad del Valle. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0123-885X200500030000200046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gumperz, J. (1983). <i>Discourse Strategies</i>. Berkeley: University of California Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0123-885X200500030000200047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Habermas, J. (1987). <i>The Philosophical Discourse of Modernity</i>. Cambridge: M.I.T. Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0123-885X200500030000200048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hakken, D. (1993). Computing and Social Change: New Technology and Workplace Transformation, 1980-1990. <i>Annual Review of Anthropology</i>, 22, 107-132. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0123-885X200500030000200049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hakken, D. (s.f.). Has There Been a Computer Revolution? An Anthropological Approach. <i>Journal of Computing and Society</i>, 1(1), 11-28. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0123-885X200500030000200050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Haraway, D. (1988). Situated Knowledges: The Science Question in Feminism as a Site of Discourse on the Privilege of Partial Perspective. <i>Feminist Studies</i>, 14, 575-599. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0123-885X200500030000200051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Haraway, D. (1989). <i>Primate Visions</i>. New York: Routledge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0123-885X200500030000200052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Haraway, D. (1991). <i>Simians, Cyborgs, and Women: The Reinvention of Nature</i>. New York: Routledge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0123-885X200500030000200053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Harvey, D. (1989). <i>The Condition of Postmodernity</i>. Oxford: Basic Blackwell. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0123-885X200500030000200054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hayles, K. (1991a.) Introduction: Complex Dynamics in Literature and Science. En K. Hayles (Ed.), <i>Chaos and order: Complex Dynamics in Literature and Science</i>. Chicago: University of Chicago Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0123-885X200500030000200055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hayles, K. (1991b) (Ed.). <i>Chaos and Order: Complex Dynamics in Literature and Society</i>. Chicago: University of Chicago Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0123-885X200500030000200056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">Heath, D. (1992). Computers' Bodies: Prosthesis and Simulation in Molecular Biotechnology. Ponencia presentada en el Panel: <i>Cyborg Anthropology, 91st Annual Meeting of the American Anthropological Association</i>, San Francisco, California, Diciembre 2-6. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0123-885X200500030000200057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Heath, D., Glaser, G., Gudmundsen, S., Curry Jansen, S., Lewis, J. Y Rooney, P. (1991). STS and gender. En S. Fuller Y S. Raman (Eds.), <i>Teaching Science and Technology Studies: A Guide for Curricular Planners.</i> Sin datos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0123-885X200500030000200058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Heidegger, M. (1962). <i>Being and Time</i>. New York: Harper and Row. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0123-885X200500030000200059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Heidegger, M. (1977). <i>The Question Concerning Technology</i>. New York: Harper and Row. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0123-885X200500030000200060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Heims, S. (1991). <i>The Cybernetics Group</i>. Cambridge: M.I.T. Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0123-885X200500030000200061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hess, D. (Ed.) (1992). The social/cultural anthropology of science and technology. <i>Social/Cultural Anthropology of Science and Technology Newsletter</i>. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0123-885X200500030000200062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hess, D. (1993). <i>Science and Technology in a Multicultural World</i>. Manuscrito in&eacute;dito. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0123-885X200500030000200063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">Hess, D. (1994). Comments on Escobar's Welcome to Cyberia. <i>Current Anthropology</i>, 35(3), 223-224. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0123-885X200500030000200064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hess, D. (1997). If you are Thinking of Living in STS. A Guide to the Perplexed. En G. Downey Y J. Dumit (Ed.), <i>Cyborgs and Citadels: Anthropological Interventions into Technocultures</i>. Santa Fe: School of American Research Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0123-885X200500030000200065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hess, D. Y Layne, L. (Eds.) (1992). <i>Knowledge and Society</i>. Vol. 9. The Anthropology of Science and Technology. Greenwich: JAI Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0123-885X200500030000200066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jacobus, M., Keller, E. Y Shuttleworth, S. (Eds.) (1990). <i>Body/politics: Women and the Discourses of Science</i>. New York: Routledge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0123-885X200500030000200067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jenkins, H. (1992). <i>Textual Poachers</i>. New York: Routledge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0123-885X200500030000200068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Joans, B. (1992). Outlaws and Vigilantes in Cyberspace. Ponencia presentada al Panel: <i>Virtual Communities, 91st Annual Meeting of the American Anthropological Association</i>, San Francisco, California, Diciembre 2-6. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0123-885X200500030000200069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kauffman, S. (1991). Antichaos and Adaptation. <i>Scientific American</i>, 265(2), 78-84. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0123-885X200500030000200070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Keller, E. (1992a). <i>Secrets of Life, Secrets of Death: Essays on Language, Gender, and Science</i>. New York: Routledge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0123-885X200500030000200071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Keller, E. (1992b). Nature, Nurture, and the Human Genome Project. En D. Kevles Y L. Hood (Eds.), <i>The Code of Codes: Scientific and Social Issues in the Human Genome Project</i>. Cambridge: Harvard University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0123-885X200500030000200072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kloppenburg, J. (1991). Alternative Agriculture and the new Biotechnologies. <i>Science as Culture</i>, 2, 483-506. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0123-885X200500030000200073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Knorr-Cetina, K.D. Y Mulkay, M.J. (Eds.) (1983). <i>Science Observed: Perspectives on the Social Study of Science</i>. Beverly Hills: Sage. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0123-885X200500030000200074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kondo, D. (1990). <i>Crafting Selves</i>. Chicago: University of Chicago Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0123-885X200500030000200075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kurzweil, R. (1990). <i>The Age of Intelligent Machines</i>. Cambridge: M.I.T. Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0123-885X200500030000200076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Latour, B. (1987). <i>Science in Action: How to Follow Scientists and Engineers through Society</i>. Milton Keynes: Open University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0123-885X200500030000200077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Latour, B. (1988). <i>The Pasteurization of France</i>. Cambridge: Harvard University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0123-885X200500030000200078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Latour, B. (1993). <i>We Have Never Been Modern</i>. London: Harvester Wheatsheaf. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0123-885X200500030000200079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Latour, B. Y Woolgar, S. (1979). <i>Laboratory Life: The Social Construction of Scientific Facts</i>. Princeton: Princeton University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0123-885X200500030000200080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Laurel, B. (Ed.) (1990). <i>The Art of Human-computer Interface Design</i>. New York: Addison-Wesley. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0123-885X200500030000200081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>L&eacute;court, D. (1992). The Scientist and the Citizen: A Critique of Technoscience. <i>Philosophical Forum</i>, 23, 174-178. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0123-885X200500030000200082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>L&eacute;vy, P. (1991). La oralidad primaria, la escritura y la inform&aacute;tica. <i>David y Goliath</i>, Buenos Aires, 58, 4-16. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0123-885X200500030000200083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Licha, I. (1994). Comments on Escobar's Welcome to Cyberia. <i>Current Anthropology</i>, 35(3), 224. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0123-885X200500030000200084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>McCaffrey, L. (Ed.) (1991). <i>Storming the Reality Studio: A Casebook of Cyberpunk and Postmodern Fiction</i>. Durham: Duke University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0123-885X200500030000200085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Martin, E. (1987). <i>The Woman in the Body</i>. Boston: Beacon Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0123-885X200500030000200086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Maturana, H. Y Varela, F. (1987). <i>The Tree of Knowledge</i>. Boston: New Science Library/ Shambhala. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0123-885X200500030000200087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mead, M. (1968). Cybernetics of Cybernetics. En H. von Foerster (Ed.), <i>Purposive Systems</i>. New York: Spartan Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0123-885X200500030000200088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mead, M., Teuber, H.L. Y von Foerster, H. (Eds.) (1950-1956). <i>Cybernetics</i>. 5 vols. New York: Josiah Macy, Jr., Foundation. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0123-885X200500030000200089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Medina, M. (1992). Nuevas tecnolog&iacute;as, evaluaci&oacute;n de la investigaci&oacute;n tecnol&oacute;gica y gesti&oacute;n de riesgos. En J. Sanmart&iacute;n, S.H. Cutcliffe, S.L. Goldman y M. Medina (Eds.), <i>Estudios sobre sociedad y tecnolog&iacute;a</i>. Barcelona: Anthropos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0123-885X200500030000200090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Medina, M. y Sanmart&iacute;n, J. (1989). Filosof&iacute;a de la tecnolog&iacute;a, INVESCIT y el Programa TECNAS. <i>Anthropos</i>, 94/95, 4-7. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0123-885X200500030000200091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mies, M. (1986). <i>Patriarchy and Accumulation on a World Scale</i>. London: Zed Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0123-885X200500030000200092&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mitcham, C. (1990). Three Ways of Being-with-technology. En G. Ormiston (Ed.), <i>From Artifact to Habitat: Studies in the Critical Engagement of Technology</i>. Cranbury, N.J.: Lehigh University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0123-885X200500030000200093&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mol, A. Y Law, J. (s.f.). <i>Regions, networks, and fluids: Anaemia and social topology</i>. University of Limburg, University of Keele. Manuscrito in&eacute;dito. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S0123-885X200500030000200094&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MONDO 2000. (1992). <i>Mondo user's guide to the new edge</i>. New York: Harper Perennial. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000231&pid=S0123-885X200500030000200095&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Munro, R. (s.f.). Cybernetics and the Social: Conversations with Unspeakable Machines. En F.A. Stowell (Ed.), <i>Systems science</i>: Addressing Global Issues. New York: Plenum Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000232&pid=S0123-885X200500030000200096&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Nicolis, G. Y Prigogine, I. (1989). <i>Exploring Complexity</i>. New York: Freeman. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000233&pid=S0123-885X200500030000200097&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Novak, M. (1992). Liquid Architecture in Cyberspace. En M. Benedikt (Ed.), <i>Cyberspace: The First Steps</i>. Cambridge: M.I.T. Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000234&pid=S0123-885X200500030000200098&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>O&acute;Connor, M. (1993). On the Misadventures of Capitalist Nature. <i>Capitalism, Nature, Socialism</i>, 4(4), 7-40. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000235&pid=S0123-885X200500030000200099&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ong, A. (1987). <i>Spirits of Resistance and Capitalist Discipline</i>. Albany: SUNY Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000236&pid=S0123-885X200500030000200100&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Penley, C. Y Ross, A. (Eds.) (1991). <i>Technoculture</i>. Minneapolis: University of Minnesota Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000237&pid=S0123-885X200500030000200101&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Pfaffenberger, B. (1992). The Social Anthropology of Technology. <i>Annual Review of Anthropology</i>, 21, 491-516. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000238&pid=S0123-885X200500030000200102&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Piscitelli, A. (1991). Los hipermedios y el placer del texto electr&oacute;nico. <i>David y Goliath</i>, 58, 64-78. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000239&pid=S0123-885X200500030000200103&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Poster, M. (1990). <i>The Mode of Information: Poststructuralism and Social Context</i>. Chicago: University of Chicago Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000240&pid=S0123-885X200500030000200104&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Pred, A. Y Watts, M. (1992). <i>Reworking Modernity: Capitalism and Symbolic Discontent</i>. New Brunswick: Rutgers University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000241&pid=S0123-885X200500030000200105&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Prigogine, I. Y Stengers, I. (1984). <i>Order out of Chaos</i>. Toronto: Bantam Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000242&pid=S0123-885X200500030000200106&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rabinow, P. (1989). <i>French Modern</i>. Cambridge: M.I.T. Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000243&pid=S0123-885X200500030000200107&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rabinow, P. (1992a). Artificiality and Enlightenment: From Sociobiology to Biosociality. En J. Crary Y S. Kwinter (Eds.), <i>Incorporations</i>. New York: Zone Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000244&pid=S0123-885X200500030000200108&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rabinow, P. (1992b). Severing the Ties: Fragmentation and Dignity in Late Modernity. En D. Hess Y L. Layne (Eds.), <i>Knowledge and Society: The Anthropology of Science and Technology</i>, vol. 9. Greenwich: JAI Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000245&pid=S0123-885X200500030000200109&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rheingold, H. (1991). <i>Virtual Reality</i>. New York: Simon Y Schuster. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000246&pid=S0123-885X200500030000200110&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ronfeldt, D. (1991). <i>Cyberocracy, Cyberspace, and Cyberology: Political Effects of the Information Revolution</i>. Santa Monica: RAND Corporation. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000247&pid=S0123-885X200500030000200111&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Roseberry, W. (1992). <i>Anthropologies and Histories: Essays in Culture, History, and Political Economy</i>. New Brunswick: Rutgers University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000248&pid=S0123-885X200500030000200112&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rosenthal, P. (1992). Remixing Memory and Desire: The Meanings and Mythologies of Virtual Reality. <i>Socialist Review</i>, 22, 107-118. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000249&pid=S0123-885X200500030000200113&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sanmart&iacute;n, J. y Ort&iacute;, &Aacute;. (1992). Evaluaci&oacute;n de tecnolog&iacute;as. En J. Sanmart&iacute;n, S.H. Cutcliffe, S.L. Goldman y M. Medina (Eds.), <i>Estudios sobre sociedad y tecnolog&iacute;a</i>. Barcelona: Anthropos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000250&pid=S0123-885X200500030000200114&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sanmart&iacute;n, J. y Luj&aacute;n, J.L. (1992). Educaci&oacute;n en ciencia, tecnolog&iacute;a y sociedad. En J. Sanmart&iacute;n, S.H. Cutcliffe, S.L. Goldman y M. Medina (Eds.), <i>Estudios sobre sociedad y tecnolog&iacute;a</i>. Barcelona: Anthropos. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000251&pid=S0123-885X200500030000200115&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Sarlo, B. (1992). <i>La imaginaci&oacute;n t&eacute;cnica</i><i>: </i><i>Sue&ntilde;os modernos de la cultura argentina</i>. Buenos Aires: Nueva Visi&oacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000252&pid=S0123-885X200500030000200116&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Seltzer, M. (1992). <i>Bodies and Machines</i>. New York: Routledge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000253&pid=S0123-885X200500030000200117&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">Shiva, V. (1993). <i>Monocultures of the Mind: Biodiversity, Biotechnology, and &quot;Scientific&quot; Agriculture</i>. London: Zed Books. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000254&pid=S0123-885X200500030000200118&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sibley, W. (1961). Artisan Nomads in a Modern Setting: A Preliminary Study of Professional Dam Workers. Ponencia presentada en el <i>Annual Meeting of the American Anthropological Association</i>. Philadelphia, Diciembre. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000255&pid=S0123-885X200500030000200119&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sibley, W. (1979). An Anthropologist in the Bureaucracy. <i>Practicing Anthropology</i> I, 5-6. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000256&pid=S0123-885X200500030000200120&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sibley, W. (1982). Septic Tanks and Sewers: Community Conflict and Technological Change in a Midwestern County. Ponencia presentada en el <i>Annual Meeting of the American Anthropological Association</i>. Washington D.C. Diciembre. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000257&pid=S0123-885X200500030000200121&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sibley, W. (1994). Comments on Escobar's Welcome to Cyberia. <i>Current Anthropology</i>, 35(3), 224-225. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000258&pid=S0123-885X200500030000200122&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Smith, D. (1993). Technology and the Modern World System: Some Reflections. <i>Science, Technology, and Human Values</i>, 18, 186-195. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000259&pid=S0123-885X200500030000200123&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Stone, A.R. (1991). <i>Virtual Systems: The Architecture of Elsewhere. Santa Cruz: Group for the Study of Virtual Systems, Center for Cultural Studies</i>, University of California. Manuscrito in&eacute;dito. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000260&pid=S0123-885X200500030000200124&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Stone, A.R. (1992) Virtual Systems. En J. Crary Y S. Kwinter (Eds.), <i>Incorporations</i>. New York: Zone Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000261&pid=S0123-885X200500030000200125&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Strathern, M. (1988). <i>The Gender of the Gift. Berkeley</i>: University of California Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000262&pid=S0123-885X200500030000200126&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Strathern, M. (1991). <i>Partial Connections</i>. Sabage: Rowman Y Littlefield Publishers. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000263&pid=S0123-885X200500030000200127&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Strathern, M. (1994). Comments on Escobar's Welcome to Cyberia. <i>Current Anthropology</i>, 35(3), 225-226. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000264&pid=S0123-885X200500030000200128&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sutz, J. (1993). Los cambios tecnol&oacute;gicos y sus impactos: Un largo camino hacia la construcci&oacute;n solidaria de oportunidades. <i>Fermentum</i> (Caracas), 3, 124-150. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000265&pid=S0123-885X200500030000200129&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sutz, J. (1994). Comments on Escobar's Welcome to Cyberia. <i>Current Anthropology</i>, 35(3), 226-227. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000266&pid=S0123-885X200500030000200130&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Thomas, D. (1991). Old Rituals for New space: Rites of Passage and William Gibson's Cultural Model of Cyberspace. En M. Benedikt (Ed.), <i>Cyberspace: The first steps</i>. Cambridge: M.I.T. Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000267&pid=S0123-885X200500030000200131&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Traweek, S. (1988). <i>Beamtimes and Lifetimes: The World of High-energy Physicists</i>. Cambridge: Harvard University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000268&pid=S0123-885X200500030000200132&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Traweek, S. (1993). An Introduction to Cultural, Gender, and Social Studies of Science and Technology. <i>Journal of Culture, Medicine, and Psychiatry</i>, 17, 3-25. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000269&pid=S0123-885X200500030000200133&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Trouillot, R. (1991). Anthropology and the Savage Slot: The Poetics and Politics of Otherness. En R. Fox (Ed.), <i>Recapturing Anthropology</i>. Santa Fe: School of American Research. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000270&pid=S0123-885X200500030000200134&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tsugawa, T. (1992). <i>Theoretical Dis/simulations and Utopian Dreams: The Politics of Theorizing within the Project of Cultural Studies</i>. Amherst, Massachusetts. Manuscrito sin publicar. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000271&pid=S0123-885X200500030000200135&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Turkle, S. (1984). <i>The Second Self: Computers and the Human Spirit</i>. New York: Simon Y Schuster. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000272&pid=S0123-885X200500030000200136&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Turkle, S. (1992). Living in the MUDs: Multiplicity and Identity in Virtual Reality. Ponencia presentada en el Panel: Cyborg Anthropology, 91st <i>Annual Meeting of the American Anthropological Association</i>, San Francisco, California, Diciembre 2-6. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000273&pid=S0123-885X200500030000200137&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Varela, F., Thompson, E. 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Upon Opening the Black Box and Finding it Empty: Social Constructivism and the Philosophy of Technology. <i>Science, Technology, and Human Values</i>, 18, 362-378. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000280&pid=S0123-885X200500030000200144&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Winner, L. (1993b). If you Liked Chaos, you'll Love Complexity. <i>New York Times Book Review</i>, Febrero 14. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000281&pid=S0123-885X200500030000200145&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Winograd, T. Y Torres, F. (1986). <i>Under-Standing Computers and Cognition</i>. 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