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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Anotaciones para una agenda de investigación sobre las relaciones tecnocientíficas Sur-Norte]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this paper we investigate a few examples of potential interest to those concerned with problems regarding the technoscientific scientific exchange between North and South from the social studies of science and technology perspective. We present a review of the state of the art of those subjects we discuss, namely: science, technology and development theories; the Green Revolutions; and technoscience and Cold War in the South. We argue that, in order to understand the role of technoscience, both in the South and the North, it is essential to study the dynamics of the technoscientific exchanges between the Third World and the industrialized countries.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4">Anotaciones para una agenda de investigaci&oacute;n sobre las relaciones tecnocient&iacute;ficas Sur-Norte</font> </p>     <p><b>Alexis De Greiff</b>*, <b>Mauricio Nieto</b>**</p>     <p>* F&iacute;sico de la Universidad de los Andes, Master en f&iacute;sica te&oacute;rica de la Universidad Nacional de Colombia. Maestr&iacute;a y Doctorado en historia y filosof&iacute;a de la ciencia de la Universidad de Londres. Profesor invitado de la Universit&agrave; degli Studi di Milano. Vice-rector General de la Universidad Nacional de Colombia. Profesor asociado del Departamento de Sociolog&iacute;a e investigador del Centro de Estudios Sociales. Ha publicado sobre discursos y pr&aacute;cticas de intercambio tecnocient&iacute;fico Norte-Sur y sobre instituciones internacionales de cooperaci&oacute;n internacional. Actualmente es director del grupo de investigaci&oacute;n en Estudios Sociales de la Ciencia, la Tecnolog&iacute;a y la Medicina de la Universidad Nacional. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:ahdegreiffa@unal.edu.co">ahdegreiffa@unal.edu.co</a> </p>     <p>** Fil&oacute;sofo de la Universidad de los Andes. Maestr&iacute;a y Doctorado en historia de las ciencias en la Universidad de Londres. Ha sido profesor de historia y sociolog&iacute;a de la ciencia en las Universidades de los Andes y Nacional de Bogot&aacute;. Investigador invitado del Departamento de historia y filosof&iacute;a de la Ciencia de la Universidad de Cambridge y del Departamento de historia de la ciencia del CSIC en Madrid. Actualmente se desempe&ntilde;a como profesor asociado del Departamento de historia de la Universidad de los Andes. Entre sus publicaciones se destaca el libro Remedios para el imperio: historia natural y la apropiaci&oacute;n del nuevo mundo (Bogot&aacute;: ICANH, 2000), obra galardonada con el premio Silvio Zavala de Historia Colonial , 2001. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:mnieto@uniandes.edu.co">mnieto@uniandes.edu.co</a> </p> <hr size="1">     <p><b>Resumen </b></p>     <p>En este art&iacute;culo exploramos algunos temas que consideramos de potencial inter&eacute;s para investigar los problemas de la cooperaci&oacute;n tecnocient&iacute;fica entre el Norte y el Sur desde la perspectiva de los estudios sociales de la ciencia y la tecnolog&iacute;a. Para ello presentamos un somero repaso del estado del arte en los temas que discutimos, a saber: ciencia, tecnolog&iacute;a y teor&iacute;as del desarrollo; las Revoluciones Verdes y tecnociencia y Guerra Fr&iacute;a en el Sur. Nuestro argumento central es que la comprensi&oacute;n de la din&aacute;mica de los intercambios tecnocient&iacute;ficos entre el Tercer Mundo y los pa&iacute;ses industrializados es esencial para continuar desarrollando los estudios sociales de la ciencia y entender el papel de la tecnociencia no solo en el Sur sino tambi&eacute;n en el Norte. </p>     <p><b>Palabras clave:</b> Relaciones internacionales, instituciones cient&iacute;ficas, Guerra Fr&iacute;a, Siglo XX, Revoluci&oacute;n Verde, desarrollo, Tercer Mundo, Ciencia y Tecnolog&iacute;a. </p> <hr size="1">     <p><b>Abstract </b></p>     <p>In this paper we investigate a few examples of potential interest to those concerned with problems regarding the technoscientific scientific exchange between North and South from the social studies of science and technology perspective. We present a review of the state of the art of those subjects we discuss, namely: science, technology and development theories; the Green Revolutions; and technoscience and Cold War in the South. We argue that, in order to understand the role of technoscience, both in the South and the North, it is essential to study the dynamics of the technoscientific exchanges between the Third World and the industrialized countries. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Keywords:</b> International relationships, scientific institutions, Cold War, XX Century, Green Revolution, development, Third World, science and technology. </p> <hr size="1">     <p>En julio del 2001 tuvo lugar en Ciudad de M&eacute;xico el XXI Congreso Internacional de Historia de la Ciencia. El t&iacute;tulo de la reuni&oacute;n era provocador y relevante: 'ciencia y diversidad cultural'. Era particularmente significativo que esta tradicional reuni&oacute;n tuviera lugar en Am&eacute;rica Latina. </p>     <p>M&eacute;xico, un pa&iacute;s que en t&eacute;rminos geopol&iacute;ticos podemos considerar del &lsquo;Sur&rsquo;, cuna de algunas de las m&aacute;s complejas e interesantes culturas americanas, imagen v&iacute;vida de todos los excesos del imperialismo y ejemplo orgulloso de supervivencia de una cultura aut&oacute;ctona, parec&iacute;a un lugar apropiado para discutir sobre diversidad cultural. Cincuenta y dos pa&iacute;ses diferentes y centenares de historiadores acudieron al encuentro. La conferencia inaugural tuvo lugar en el Palacio de Bellas Artes, cuyos enormes murales encierran un claro sentido de orgullo nacional. Con la ayuda de traducci&oacute;n simult&aacute;nea a varios idiomas pudimos escuchar las intervenciones de apertura del protocolo, las cuales predec&iacute;an que iba a tratarse de una ocasi&oacute;n muy especial. El invitado especial a cargo de la conferencia inaugural era el fil&oacute;sofo e historiador de la ciencia, de origen egipcio Roshdi Rashed. Su procedencia parec&iacute;a congruente con el esp&iacute;ritu del congreso y anticipaba que desde el comienzo &iacute;bamos a hacer parte de una estimulante renovaci&oacute;n. El profesor Rashed resalt&oacute; el hecho de que este era el primer congreso de historia de la ciencia que ten&iacute;a lugar en &ldquo;un pa&iacute;s de cultura antigua que no es ni mediterr&aacute;neo ni asi&aacute;tico&rdquo;, y que se trataba del primero de estos encuentros que no ten&iacute;a como anfitri&oacute;n a &ldquo;un pa&iacute;s industrializado del Norte&rdquo; (Rashed, 2003, p. 15). </p>     <p>Sin embargo, para nuestro desconcierto, en lugar de mostrar la riqueza de la pregunta sobre la diversidad cultural y la ciencia, el profesor Rashed parec&iacute;a estar realizando un esfuerzo por bloquear toda alternativa y descorazonar a quienquiera que estuviera interesado en el problema. Nuestro distinguido conferencista expres&oacute; su preocupaci&oacute;n por la diversidad, &ldquo;para no decir dispersi&oacute;n&rdquo;, de la disciplina y su temor sobre la &ldquo;floreciente tentaci&oacute;n de extender la historia social a la tradici&oacute;n conceptual&hellip;&rdquo; (Rashed, 2003, p. 27). A lo largo de su exposici&oacute;n, claramente establec&iacute;a lo que &eacute;l consideraba era el verdadero camino de la historia de la ciencia, a saber una historia &ldquo;interna&rdquo; de las ideas de ideas y de las disciplinas. </p>     <p>De acuerdo con Rashed, no s&oacute;lo era importante establecer la diferencia entre los elementos sociales externos y aquellos genuinamente cient&iacute;ficos, sino que era adem&aacute;s necesario &ldquo;preguntarse qu&eacute; la distingue [a la ciencia] de todas las dem&aacute;s producciones culturales&rdquo; (Rashed, 2003, p. 27). Para el profesor Rashed la difusi&oacute;n del conocimiento es diferente de su producci&oacute;n. Y va a&uacute;n m&aacute;s all&aacute; al decir que los factores externos &ldquo;pueden explicar controversias cuando los hechos est&aacute;n imperfectamente establecidos y no se han llevado a cabo pruebas rigurosas&rdquo; (Rashed, 2003, p. 27). </p>     <p>Hemos empezado nuestra reflexi&oacute;n con este episodio pues nos parece ilustrativo del tipo de obst&aacute;culos que tienen que enfrentar los estudios sociales del intercambio tecnocient&iacute;fico Sur-Norte. Algunas de las afirmaciones hechas en la conferencia inaugural no s&oacute;lo eran descorazonadoras para iniciar un debate sobre ciencia y diversidad cultural, sino que expresan una clara resistencia a entender la ciencia y la tecnolog&iacute;a como pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas. Las afirmaciones con las que se inaugur&oacute; el congreso de M&eacute;xico parecen darle la espalda a los logros y la riqueza de m&aacute;s de medio siglo de investigaci&oacute;n sobre ciencia, tecnolog&iacute;a y sociedad. Varias d&eacute;cadas despu&eacute;s de que Thomas Kuhn iniciara una nueva fase en los estudios hist&oacute;ricos de la ciencia y la tecnolog&iacute;a; luego de varias d&eacute;cadas de trabajo de historiadores, soci&oacute;logos y fil&oacute;sofos que mostraron una y otra vez &ndash;apelando a estudios de caso- las ra&iacute;ces hist&oacute;ricas y sociales de los problemas epistemol&oacute;gicos; cuando los escritos de David Bloor, Steve Shapin, Michel Callon y Bruno Latour, entre otros, son lecturas obligadas para los historiadores de la ciencia<Sup><a href="#n1">1</a></Sup>; las afirmaciones de Rashhed resultan provocadoras y en nuestra opini&oacute;n problem&aacute;ticas. Sin embargo, es innegable que el profesor Rashed estaba en lo cierto en un punto clave: los estudios sociales de la ciencia, a pesar de sus logros, lejos de ser una disciplina plenamente constituida, son un campo de investigaci&oacute;n con un largo y fascinante camino por recorrer. </p>     <p>No contamos a&uacute;n con una historia de los estudios sociales de la ciencia, sin embargo, sus or&iacute;genes pueden remontarse a una &eacute;poca de preocupaci&oacute;n p&uacute;blica y pol&iacute;tica acerca de los intereses imperialistas y coloniales, el g&eacute;nero, la raza, las consecuencias de la tecnolog&iacute;a militar, la Guerra Fr&iacute;a y el medio ambiente. Sus lineamientos ideol&oacute;gicos yacen en el marxismo y en el movimiento contra-cultural. Recordemos a Paul Forman en los Estados Unidos, Hillary y Steven Rose en el Reino Unido y Marcello Cini en Italia. Para muchos de los futuros estudiantes de la ciencia, la tecnolog&iacute;a y la sociedad, la &ldquo;Sociedad para la Responsabilidad Social en la Ciencia&rdquo;, as&iacute; como la &ldquo;Ciencia para el Pueblo&rdquo; se convirtieron en espacios para la acci&oacute;n pol&iacute;tica y la reflexi&oacute;n te&oacute;rica sobre el papel de la ciencia en la sociedad contempor&aacute;nea, especialmente en la guerra de Vietnam. El legado del compromiso pol&iacute;tico de J. D. Bernal era evidente. Su inter&eacute;s por la ciencia y la tecnolog&iacute;a era s&oacute;lo una parte de una preocupaci&oacute;n mayor sobre la pol&iacute;tica global. Su objetivo era develar la relaci&oacute;n entre el capitalismo, las relaciones asim&eacute;tricas entre Sur y Norte, y la ciencia y la tecnolog&iacute;a. Despu&eacute;s de todo, el movimiento de 1968 estuvo inoculado por una fuerte conciencia antiimperialista. Tristemente, el compromiso pol&iacute;tico e intelectual con respecto al intercambio Sur-Norte casi desapareci&oacute; de las agendas profesionales de los historiadores y soci&oacute;logos de la ciencia. Libros sobre este tema son escasos; hay pocos cursos que lo abordan; y la presencia de estudiosos del Tercer Mundo brilla por su ausencia en la mayor&iacute;a de consejos editoriales. </p>     <p>Este trabajo pretende ser una introducci&oacute;n a algunas de las cuestiones y t&oacute;picos centrales en el estudio del intercambio tecno-cient&iacute;fico Sur-Norte. T&eacute;rminos como Norte, Sur, Este, Oeste y tecnociencia fueron acu&ntilde;ados como nociones pol&iacute;ticas luego de la Segunda Guerra Mundial<Sup><a href="#n2">2</a></Sup>. Por lo tanto, el intercambio tecno-cient&iacute;fico Sur-Norte indica aqu&iacute; las relaciones internacionales que involucraron a la tecnociencia como una parte constituyente durante la segunda mitad del siglo veinte. Sin embargo, nuestras reflexiones sobre eurocentrismo tienen sus ra&iacute;ces en los inicios de la modernidad. Argumentaremos que considerar atentamente y analizar el intercambio tecno-cient&iacute;fico Sur-Norte es esencial para entender la historia pol&iacute;tica del mundo moderno y contempor&aacute;neo. El nacimiento de la ciencia moderna no se podr&iacute;a explicar sin entender los procesos de expansi&oacute;n europea y la tecnociencia en el Norte no se desarrolla independientemente de las negociaciones entre Sur y Norte. M&aacute;s a&uacute;n, volviendo nuestra atenci&oacute;n a estos temas tocamos las verdaderas ra&iacute;ces de los estudios sociales de la ciencia. </p>     <p>El presente ensayo es adem&aacute;s una invitaci&oacute;n al estudio del tipo de problemas, brechas, dificultades conceptuales y temas pol&iacute;ticos relacionados con los estudios sobre ciencia y tecnolog&iacute;a en la din&aacute;mica de intercambio Sur-Norte. No pretendemos cubrir todos los posibles temas relevantes, sino m&aacute;s bien ofrecer ejemplos que nos permitan ilustrar que para hablar de ciencia y pol&iacute;tica no requerimos modificar los marcos de referencia ni cambiar el nivel de los an&aacute;lisis, como si los an&aacute;lisis de la pol&iacute;tica y de la ciencia requirieran competencias distintas. En la primera secci&oacute;n exploramos de qu&eacute; forma en los estudios sobre ciencia e imperialismo, los cr&iacute;ticos de la historiograf&iacute;a colonial tradicional y de los estudios postcoloniales han contribuido a construir una visi&oacute;n cr&iacute;tica de la ciencia y la tecnolog&iacute;a. </p>     <p>Luego ofrecemos un breve resumen de tres tipos diferentes de literatura, a saber: Desarrollo, Revoluciones Verdes y Guerra Fr&iacute;a. Aunque no necesariamente relacionados con el campo actual de los Estudios Sociales de la Ciencia, constituyen poderosas ilustraciones de los nexos irrompibles entre ciencia y pol&iacute;tica, o mejor dicho, son buenos ejemplos de la ciencia como pol&iacute;tica. Hemos elegido revisar con alg&uacute;n grado de detalle estos temas pues son campos de investigaci&oacute;n interesantes y cruciales hoy en d&iacute;a, a pesar de que existen muchos otros<Sup><a href="#n3">3</a></Sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los viajes de exploraci&oacute;n cient&iacute;fica, la Historia Natural, la Geograf&iacute;a, la Medicina o la Antropolog&iacute;a son, entre otros, temas de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica y sociol&oacute;gica en los que la relaci&oacute;n entre la pr&aacute;ctica cient&iacute;fica y el poder son evidentes. </p>     <p>Esperamos que los t&oacute;picos desarrollados en lo que sigue ayuden a entender la importancia de los argumentos esgrimidos por la reciente sociolog&iacute;a de la ciencia. A pesar de la evidencia, como hemos se&ntilde;alado, algunos historiadores a&uacute;n tratan de explicar la ciencia como un producto humano diferente e independiente de otras pr&aacute;cticas culturales. El presente trabajo busca mostrar que para un cabal entendimiento del intercambio tecnocient&iacute;fico entre Sur y Norte debemos considerar seriamente las lecciones fundamentales de la sociolog&iacute;a, a saber que el conocimiento cient&iacute;fico y la tecnolog&iacute;a son inseparables del ejercicio de la autoridad, del control y de la dominaci&oacute;n. </p>     <p><b>Eurocentrismo, postcolonialismo y la difusi&oacute;n de la tecnociencia </b></p>     <p>En las reflexiones sobre ciencia y pol&iacute;tica convergen campos de estudio diversos. Adem&aacute;s de aquellos que se han ocupado de los que podr&iacute;amos llamar de manera gen&eacute;rica los Estudios sociales de ciencia y Tecnolog&iacute;a, y que re&uacute;ne fil&oacute;sofos, soci&oacute;logos e historiadores, entre otros; hoy contamos con frentes de la investigaci&oacute;n social para los cuales la ciencia y la tecnolog&iacute;a son ejes de an&aacute;lisis central. </p>     <p>Desde una perspectiva feminista (Harding, 1998); desde el punto de vista de los estudios poscoloniales o subalternos (Guha y Spivak, 1988); desde la cr&iacute;tica al orientalismo o la cr&iacute;tica al discurso colonial (Said, 1978); o desde los estudios literarios (Pratt, 1992); ha sido posible profundizar en el an&aacute;lisis pol&iacute;tico de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas. Muchas de estas reflexiones conducen a un problema central de la historia del mundo moderno: la consolidaci&oacute;n de 'Occidente' como centro de la historia del mundo, el problema del eurocentrismo y su estrecha relaci&oacute;n con las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas y tecnol&oacute;gicas. Tanto 'Occidente' como 'Europa' son categor&iacute;as que deben ser explicadas hist&oacute;ricamente (Dussel, 2000) pero podemos decir que su sentido m&aacute;s frecuente en la actualidad, es el resultado de una forma de ver la historia del mundo como un proceso lineal e ininterrumpido que parece tener sus ra&iacute;ces en la antig&uuml;edad cl&aacute;sica y que llega a su m&aacute;xima expresi&oacute;n con la Ilustraci&oacute;n europea. Esta percepci&oacute;n de la historia del mundo en la cual los griegos, el mundo cristiano, y el renacimiento italiano son vistos como pre&aacute;mbulos de la Ilustraci&oacute;n europea es falsa y excluyente, pero muy efectiva pol&iacute;ticamente y familiar entre nosotros. Esta visi&oacute;n que hemos denominado 'euroc&eacute;ntrica' no ser&iacute;a posible sin el &eacute;xito tecnol&oacute;gico de los viajes de exploraci&oacute;n de los siglos XV y XVI, el &ldquo;descubrimiento de Am&eacute;rica&rdquo; y la circunnavegaci&oacute;n del globo a comienzos del siglo XVI por parte de espa&ntilde;oles y portugueses. La apertura del circuito comercial Atl&aacute;ntico permiti&oacute; la conexi&oacute;n de c&iacute;rculoscomerciales ya existentes en Asia, &Aacute;frica y Europa, y este es un factor determinante en la idea del &ldquo;hemisferio occidental&rdquo; (Mignolo, 2000). </p>     <p>Este es un proceso que se ver&aacute; notoriamente fortalecido en el periodo de la Ilustraci&oacute;n como una consecuencia del auge de la exploraci&oacute;n cient&iacute;fica del globo por parte de los imperios de Europa occidental, a los cuales ya se han sumado Francia, Holanda e Inglaterra. </p>     <p>Tal vez sea innegable que todas las culturas han sido etnoc&eacute;ntricas, pero el etnocentrismo de los europeos modernos adquiere unas caracter&iacute;sticas y un &eacute;xito sin precedentes. Su rasgo fundamental no es tanto sus proclamaciones de superioridad racial o su violencia, sino la manera como la cultura occidental se auto-comprende como universal. Es decir que lo interesante est&aacute; en entender los mecanismos a trav&eacute;s de los cuales se justifica el derecho sobre el mundo natural y el dominio sobre los dem&aacute;s. Su firmeza parece descansar sobre las ideas de &lsquo;civilizaci&oacute;n&rsquo;, &lsquo;progreso&rsquo; y m&aacute;s recientemente &lsquo;desarrollo&rsquo;, de una racionalidad que se presenta como absoluta y que por lo tanto se abstiene de justificar su prop&oacute;sito de dominar o eliminar a todo aquel que se presente como un obst&aacute;culo para la expansi&oacute;n de dichas verdades sin reparo alguno sobre los medios. Su violencia e &lsquo;irracionalidad&rsquo; son encubiertos bajo el manto de la autoridad absoluta de la verdad y por lo tanto la hegemon&iacute;a se presenta como un proceso de liberaci&oacute;n. </p>     <p>Hoy podemos negar la inocencia del cometido civilizatorio y denunciar la brutalidad de sus acciones, pero m&aacute;s interesante que la mera denuncia es la explicaci&oacute;n de los mecanismos que han hecho posible el control de ciertos grupos humanos sobre otros. Es en ese sentido que consideramos pertinente un examen cuidadoso del car&aacute;cter pol&iacute;tico del conocimiento, los procesos de difusi&oacute;n de la ciencia y la tecnolog&iacute;a de Occidente y las relaciones tecnocient&iacute;ficas Sur-Norte. </p>     <p>El modelo de George Basalla sobre la difusi&oacute;n de la ciencia en tres fases<Sup><a href="#n4">4</a></Sup> que se public&oacute; en la revista Science en 1967 ha sido suficientemente criticado (Bassala, 1967; Lafuente, Elena, y Ortega, 1993). Algunos comentaristas han se&ntilde;alado que las tres etapas de Basalla podr&iacute;an ofrecer un marco te&oacute;rico adecuado para la discusi&oacute;n del desarrollo cient&iacute;fico en pa&iacute;ses como los Estados Unidos, Rusia o Jap&oacute;n, pero tambi&eacute;n que sus propuestas son insuficientes al tratar de explicar la historia de la ciencia en los pa&iacute;ses no industrializados. Ni siquiera tenemos certidumbre de que una situaci&oacute;n como la descrita en la tercera etapa de Basalla haya tenido jam&aacute;s lugar en los pa&iacute;ses menos desarrollados. Pero m&aacute;s all&aacute; de la universalidad del modelo, la noci&oacute;n de difusi&oacute;n es problem&aacute;tica en tanto supone que aquello que se difunde tiene unas caracter&iacute;sticas definidas y mantiene el mismo car&aacute;cter en el nuevo lugar, desplazando todo aquello que la antecede. As&iacute;, el emisor (que difunde, propaga, esparce, divulga y extiende) aparece como la parte activa, y el receptor tiene un car&aacute;cter pasivo. En el caso de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas, resulta m&aacute;s interesante pensar en la configuraci&oacute;n rec&iacute;proca de formas de conocimiento, en el proceso de construcci&oacute;n de la ciencia europea como el referente del conocimiento leg&iacute;timo y del proceso de socializaci&oacute;n de los diferentes actores dentro de marcos europeos.</p>     <p> Una de las mayores contribuciones de la sociolog&iacute;a del conocimiento cient&iacute;fico es haber removido la distinci&oacute;n tradicional entre los contextos del descubrimiento y los de la justificaci&oacute;n, mostrando que la producci&oacute;n y la difusi&oacute;n del conocimiento son procesos simult&aacute;neos. Si reconocemos que la creaci&oacute;n, o el nacimiento, de lo que llamamos ciencia occidental es inseparable de su expansi&oacute;n, el estudio de su difusi&oacute;n adquiere un significado fundamental, muy diferente del lugar marginal y accesorio que por lo general ocupa. Esto conlleva a que la expansi&oacute;n de la ciencia occidental no pueda ser explicada en t&eacute;rminos epistemol&oacute;gicos o por el rigor de sus m&eacute;todos; por el contrario, su status es una consecuencia de su expansi&oacute;n. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como ya ha sido comentado, la cr&iacute;tica a la noci&oacute;n de una ciencia occidental &uacute;nica y superior ha sido tambi&eacute;n llevada a cabo por tradiciones intelectuales diferentes a los estudios sociales de la ciencia y la tecnolog&iacute;a. Es as&iacute; que los estudios post-coloniales y de g&eacute;nero son &uacute;tiles para examinar los supuestos de una historiograf&iacute;a que ha centrado su atenci&oacute;n primero en Europa y luego en los Estados Unidos. En contraste, la historiograf&iacute;a de la tecnolog&iacute;a a&uacute;n se centra en la innovaci&oacute;n m&aacute;s que en los usos, imponiendo serias limitaciones a los tentativos de escapar del Norte-centrismo (Edgerton, 1999). </p>     <p>La historiograf&iacute;a post-colonial, la cual comparte problemas con ciertas ramas del feminismo, ha despertado inter&eacute;s en la explicaci&oacute;n de las relaciones causales existentes entre la expansi&oacute;n europea y la creaci&oacute;n de una ciencia moderna en Europa, poniendo especial atenci&oacute;n en la noci&oacute;n de desarrollo. De otro lado, se ha argumentado que la difusi&oacute;n de pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas como la geograf&iacute;a, la historia natural o la medicina fueron mecanismos poderosos de establecimiento de orden as&iacute; como de formas eficientes de control y dominaci&oacute;n (Nieto, 2000). El examen cr&iacute;tico del proceso de la difusi&oacute;n cient&iacute;fica abre todo un campo para la meditaci&oacute;n hist&oacute;rica y pol&iacute;tica en una constelaci&oacute;n de temas ignorados por historiadores o polit&oacute;logos consagrados al estudio de aspectos legales, econ&oacute;micos y culturales, pero alejados de la ciencia. Es decir que la noci&oacute;n de pol&iacute;tica que nos interesa no puede restringirse a las esferas del Estado, del gobierno o las leyes. </p>     <p>En este sentido, Sandra Harding muestra formas en las que los estudios post-coloniales de la ciencia y la tecnolog&iacute;a, un campo que de hecho a&uacute;n no existe, pueden ser desarrollados, &ldquo;la relaci&oacute;n entre el cambio cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico y los proyectos del imperio europeo y norteamericano, recuentos euroc&eacute;ntricos de la tradici&oacute;n cient&iacute;fica y tecnol&oacute;gica de otras culturas, y las implicaciones de las ahora obvias fallas de los intentos del Norte por incrementar el nivel de vida en el Sur- [en suma] la falla del &lsquo;desarrollo&rsquo;&rdquo; (Harding, 1998, p. 25) . </p>     <p>El poder se ejerce a trav&eacute;s de pr&aacute;cticas sociales concretas tales como la historia natural, la taxonom&iacute;a, la elaboraci&oacute;n de mapas y cartas celestes y n&aacute;uticas, el ejercicio de la medicina, la construcci&oacute;n y el uso de cron&oacute;metros o instrumentos de medici&oacute;n, la puesta en marcha de una imprenta, o la construcci&oacute;n de una planta nuclear. Estas pr&aacute;cticas constituyen un ejercicio activo de poder y su diseminaci&oacute;n debe verse como un intento por ganar control en nuevos espacios. Nuestra tarea -como sugiere Macleodes entonces estudiar la ciencia no dentro de la historia imperial sino como historia imperial (Macleod, 1987). </p>     <p>En este punto se hace necesario hacer algunas aclaraciones. El intento por escapar a las visiones euroc&eacute;ntricas y norteamericano-c&eacute;ntricas de la historia, y la necesidad de hacer posibles y perceptibles otras voces no pueden reducirse a negar la importancia de Europa y de los Estados Unidos en la historia moderna, o a negar el protagonismo de la ciencia occidental. Por el contrario, debemos explicar hist&oacute;rica, social, cultural y pol&iacute;ticamente su &eacute;xito y las consecuencias del mismo. Asimismo, la idea no es abandonar nuestro inter&eacute;s en la ciencia occidental para rescatar &ldquo;otras formas de conocimiento&rdquo;. Tal como Arif Dirlik ha se&ntilde;alado, &ldquo;El rasgo caracter&iacute;stico del eurocentrismo no es su exclusividad, la cual es com&uacute;n a todos los etnocentrismos, sino m&aacute;s bien el reverso: su inclusividad&rdquo; (Dirlik, 2002). El eurocentrismo no es el resultado de ignorar a los otros, sino m&aacute;s bien la consecuencia de organizar el conocimiento del mundo, incluyendo otras formas de saber, bajo un &uacute;nico marco de referencia. Debemos ayudar a deconstruir este estado de cosas, pero la tentaci&oacute;n de identificarnos con los excluidos y volvernos los portavoces de los subordinados tiene el gran riesgo de suponer que somos leg&iacute;timos traductores, y portavoces del &ldquo;otro&rdquo;, y en consecuencia, de ratificar la cultura occidental como el marco de referencia privilegiado (Spivak, 1994). </p>     <p><b>La carrera por los corazones y las mentes del Tercer Mundo: la seducci&oacute;n del desarrollo </b></p>     <p>Durante las d&eacute;cadas de 1950 y 1960, amplios sectores de la poblaci&oacute;n mundial lucharon por la construcci&oacute;n de una identidad nacional dentro del contexto de tensi&oacute;n internacional, luchas nacionales de clases y debate ideol&oacute;gico. Aunque el estado de revuelta es un aspecto bien conocido del Tercer Mundo, es s&oacute;lo un aspecto de la historia de sus naciones. Tal como Arturo Escobar y otros han se&ntilde;alado, dicho periodo estuvo marcado por la construcci&oacute;n del &ldquo;discurso del desarrollo&rdquo; como una nueva forma de dominio sobre las nuevas naciones y m&aacute;s en general, sobre los denominados &ldquo;pa&iacute;ses en desarrollo&rdquo; (Escobar, 1995). Instituciones internacionales, entre las que son de notar el Banco Mundial y las agencias t&eacute;cnicas de las Naciones Unidas, jugaron un papel central en el advenimiento del discurso y de las pr&aacute;cticas de los programas de desarrollo. </p>     <p>El efecto de estos programas signific&oacute; la creaci&oacute;n de brechas a&uacute;n m&aacute;s grandes entre pa&iacute;ses ricos y pobres, la ampliaci&oacute;n de los conflictos sociales, culturales y econ&oacute;micos internos y el agotamiento del medio ambiente entre otros. Los trabajos de la ret&oacute;rica p&uacute;blica y de la pr&aacute;ctica del desarrollo a&uacute;n permanecen inexplorados en gran medida por la historiograf&iacute;a actual, a pesar de que se han realizado algunos esfuerzos por investigar el fen&oacute;meno en estudios de discriminaci&oacute;n en an&aacute;lisis literario, as&iacute; como trabajos antropol&oacute;gicos sobre modernizaci&oacute;n y resistencia,especialmente en Asia, &Aacute;frica y Am&eacute;rica Latina (Mubimbe, 1988; Mohanty, Russo y Torres, 1991; Bhabha, 1994). </p>     <p>Curiosamente, estos trabajos no han tocado el tema de la ciencia y el desarrollo con la misma atenci&oacute;n que algunos historiadores han estudiado los nexos cercanos existentes entre dominaci&oacute;n colonial, ciencia y tecnolog&iacute;a. Una lecci&oacute;n importante a aprender de estos trabajos es la necesidad de desviar el objeto de estudio &ldquo;de los pueblos a ser &lsquo;desarrollados&rsquo; hacia el aparato institucional que est&aacute; llevando a cabo el &lsquo;desarrollo&rsquo;&rdquo;(Escobar, 1995, p. 107). En otras palabras, necesitamos abandonar la idea de que el desarrollo y la modernidad son proyectos &ldquo;inconclusos&rdquo; en todas partes excepto en Europa occidental y Norte Am&eacute;rica, debido a los obst&aacute;culos culturales y/o estructurales de la gente a ser&ldquo;desarrollada&rdquo;, y empezar a mirar las instituciones del desarrollo como instrumentos de control y dominio, y as&iacute; reconocer que los programas cient&iacute;ficos son programas pol&iacute;ticos. </p>     <p>Mientras que Escobar se concentra en el desarrollo como pr&aacute;ctica, esto es, en el establecimiento y operaci&oacute;n de instituciones preocupadas por la implementaci&oacute;n de programas, movilizaci&oacute;n de recursos y creaci&oacute;n de nuevos espacios de representaci&oacute;n basados en la idea de &ldquo;desarrollo&rdquo;, desde una perspectiva ligeramente diferente Gilbert Rist analiza la historia del concepto y la manera en que ha moldeado las visiones de la historia del mundo durante el siglo XX. Rist se&ntilde;ala que el &ldquo;desarrollo&rdquo; es un elemento central de la religi&oacute;n de la modernidad (Rist, 1999, p. 22). &iquest;Cu&aacute;l es el papel de la ciencia y la tecnolog&iacute;a en las teor&iacute;as del desarrollo? Tal como se&ntilde;ala John Agnew (1982), todas las teor&iacute;as del desarrollo y del cambio social contienen en su interior posiciones sobre el rol y el impacto de la ciencia y de la tecnolog&iacute;a en el desarrollo&rdquo;. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sorprendentemente, el di&aacute;logo entre los estudios de ciencia y tecnolog&iacute;a y los an&aacute;lisis cr&iacute;ticos del desarrollo es pobre. Mientras que los estudios sobre ciencia y tecnolog&iacute;a han sido virtualmente olvidadizos con respecto al intercambio Sur-Norte para el desarrollo, los autores cr&iacute;ticos con el desarrollo contin&uacute;an tratando a la ciencia y a la tecnolog&iacute;a como cajas negras. Escobar ha observado que la ciencia y la tecnolog&iacute;a act&uacute;an no s&oacute;lo como &ldquo;promesas&rdquo; (palabra que recuerda el paradigma de Kuhn), sino como &ldquo;marcadores de civilizaci&oacute;n&rdquo;; &iquest;pero en qu&eacute; medida? </p>     <p>Tristemente, el trabajo de Michael Adas (1989) sobre la ciencia y la tecnolog&iacute;a como instrumentos ideol&oacute;gicos para el establecimiento del poder colonial brit&aacute;nico culmina en la Gran Guerra. Sin embargo, el papel de la ciencia y la tecnolog&iacute;a en las relaciones internacionales se ha intensificado desde entonces. De qu&eacute; manera las nuevas formas de dominio (el discurso del desarrollo) trabajaron hombro a hombro con la ciencia y la tecnolog&iacute;a, es un tema que requiere mayor atenci&oacute;n. Mientras que los trabajos de los cient&iacute;ficos sociales en el diagn&oacute;stico y construcci&oacute;n de representaciones sociales del mundo &ldquo;desarrollado&rdquo; han sido estudiados en detalle, los cient&iacute;ficos naturales brillan por su ausencia en numerosas obras sobre el &ldquo;subdesarrollo&rdquo;. Varias cuestiones requieren de estudio: por ejemplo, el papel de personal t&eacute;cnico, ingenieros, administradores cient&iacute;ficos y cient&iacute;ficos en proyectos cient&iacute;ficos y tecnol&oacute;gicos de desarrollo; sus negociaciones locales y el uso de recursos culturales locales para adquirir supremac&iacute;a epistemol&oacute;gica, y, por lo tanto, acceso a los recursos; la imagen de la ciencia y la tecnolog&iacute;a que estos agentes tratan de establecer; as&iacute; como la imagen h&iacute;brida que resulta de este esfuerzo y del conocimiento local. </p>     <p>Existe en la literatura sobre las relaciones tecno-cient&iacute;ficas internacionales una interesante asimetr&iacute;a. Mientras que los trabajos que se ocupan de las relaciones internacionales entre los pa&iacute;ses industrializados hablan de &ldquo;intercambio cient&iacute;fico&rdquo;, la literatura sobre el intercambio Sur-Norte se ubica en los estudios de &ldquo;cooperaci&oacute;n cient&iacute;fica y t&eacute;cnica&rdquo;, vale decir el an&aacute;lisis de los programas de asistencia para el desarrollo. Como si las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas, no vinculadas expl&iacute;citamente con el desarrollo de proyectos en el Sur, fueran marginales para las relaciones pol&iacute;ticas y cient&iacute;ficas internacionales. Dicha distinci&oacute;n entre intercambio y cooperaci&oacute;n debe entenderse como un producto hist&oacute;rico en s&iacute; mismo. Muy poco ha sido estudiado sobre la excelencia cient&iacute;fica del Sur, para usar la expresi&oacute;n de Cueto, y sobre los intercambios horizontales con el Norte (Cueto, 1989). Los recursos disponibles, las pr&aacute;cticas profesionales, los instrumentos y el impacto son radicalmente diferentes. Sin embargo, como en las teor&iacute;as del desarrollo, estas diferencias son a menudo percibidas como defectos y manifestaciones de que estamos un paso atr&aacute;s en el &ldquo;desarrollo&rdquo;. M&aacute;s a&uacute;n, un cierto tipo de &ldquo;sociolog&iacute;a de los obst&aacute;culos&rdquo; es com&uacute;n en trabajos sobre ciencia, tecnolog&iacute;a y desarrollo econ&oacute;mico. Desde una perspectiva m&aacute;s amplia, debemos se&ntilde;alar lo poco que se sabe sobre la forma en que conflictos internacionales modularon las din&aacute;micas de la cooperaci&oacute;n internacional, especialmente en la segunda mitad del siglo veinte; virtualmente nada se ha publicado sobre instrumentos pol&iacute;ticos como el boicot (De Greiff, 2005). </p>     <p>Por su parte, los centros nacionales de investigaci&oacute;n del Tercer Mundo desarrollaron interesantes y complejos v&iacute;nculos intelectuales, pol&iacute;ticos, t&eacute;cnicos y econ&oacute;micos con institutos del Norte. Aunque el n&uacute;mero de trabajos va en aumento (Kim, 2002; Ribeiro de Andrade, 1999), a&uacute;n estamos lejos de tener un buen mapa de estos institutos y de sus relaciones mutuas. Necesitamos aprender m&aacute;s acerca del papel de las academias y sociedades cient&iacute;ficas en el Sur en la consolidaci&oacute;n de las &eacute;lites locales que utilizaron la ciencia para el discurso sobre el desarrollo, convirti&eacute;ndose en agentes locales de programas de ayuda ofrecidos por los pa&iacute;ses industrializados. Las &eacute;lites cient&iacute;ficas y pol&iacute;ticas en el Tercer Mundo con frecuencia recibieron entrenamiento en Europa y en los Estados Unidos. Sin embargo, las investigaciones detalladas sobre la globalizaci&oacute;n del conocimiento luego de la Segunda Guerra Mundial son escasas. </p>     <p>En particular, haciendo un escrutinio de los centros que promov&iacute;an la cooperaci&oacute;n Sur-Norte podemos aumentar la comprensi&oacute;n del papel de los institutos cient&iacute;ficos en la construcci&oacute;n de los programas para el desarrollo y, de esta manera, aprenderemos sobre la distribuci&oacute;n global del conocimiento. La ciencia, la tecnolog&iacute;a y los programas de entrenamiento fueron apoyados con entusiasmo por parte de instituciones filantr&oacute;picas. No obstante, los estudios existentes revelan tambi&eacute;n la enorme diversidad de motivaciones, mecanismos y estrategias esgrimidas por igual por solicitantes y por las fundaciones mismas. Incluso si realmente queremos saber acerca de los patrones de financiaci&oacute;n por parte de instituciones filantr&oacute;picas norteamericanas, y sobre el tipo de conocimiento por ellas promovido ansiosamente, debemos enfocarnos en sus actividades en el Tercer Mundo, en donde invirtieron m&aacute;s del doble que lo que lo hicieron en Europa (De Greiff, 2001, p. 50) . </p>     <p>En un nivel diferente tenemos el papel que jugaron las distintas disciplinas cient&iacute;ficas. Primero, los discursos y pr&aacute;cticas del desarrollo produjeron im&aacute;genes cambiantes de la ciencia. La imagen de la ciencia moderna y del progreso estaba representada m&aacute;s por el f&iacute;sico te&oacute;rico que por el agr&oacute;nomo. La f&iacute;sica te&oacute;rica en particular, como otras ramas de las ciencias llamadas &lsquo;b&aacute;sicas&rsquo; traen consigo fuertes supuestos de neutralidad y universalidad y por lo tanto parecen inmunes a cualquier resistencia social o ingerencia pol&iacute;tica. Por supuesto, las culturas y las tradiciones locales contribuyeron a consolidar dichas im&aacute;genes (Kim, 2002). </p>     <p>&iquest;Cu&aacute;l es la relaci&oacute;n entre estas ideas sobre la ciencia y la tecnolog&iacute;a y los proyectos de la modernidad en los diferentes establecimientos culturales del Sur? El apoyo financiero estaba invariablemente condicionado para demostrar que los proyectos contribu&iacute;an al desarrollo. En consecuencia, algunas &aacute;reas de investigaci&oacute;n se volvieron m&aacute;s &ldquo;pertinentes&rdquo; que otras. &iquest;Por qu&eacute; apoyaron los gobiernos ciertos tipos de proyectos cient&iacute;ficos, como la f&iacute;sica te&oacute;rica o la corrosi&oacute;n, y qu&eacute; se esperaba de ellos? </p>     <p>&iquest;Qu&eacute; hicieron los cient&iacute;ficos para llenar esas expectativas o al menos para dar esa impresi&oacute;n? Los procesos de recepci&oacute;n e incorporaci&oacute;n de pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas son procesos complejos que no se han estudiado con suficiente cuidado. Algunas &aacute;reas de investigaci&oacute;n procedentes del Norte, tanto en establecimientos cient&iacute;ficos como industriales, tuvieron que ser adaptadas en el Sur dado que las tradiciones culturales, las facilidades de infraestructura, los recursos humanos y naturales, etc. eran diferentes. Estos procesos de adaptaci&oacute;n son, en efecto, &ldquo;nuevos usos&rdquo; de material y de artefactos conceptuales. El estudio de estos usos podr&iacute;a dar una nueva visi&oacute;n de las innovaciones en el Sur (Katz, 1976; Edgerton, 1999). </p>     <p><b>Nuevas y viejas Revoluciones Verdes </b></p>     <p>Los alimentos y la pobreza, sobre todo con posterioridad a la d&eacute;cada de 1970, han sido los temas centrales de la mayor&iacute;a de los programas de desarrollo. La Revoluci&oacute;n Verde es quiz&aacute;s uno de los casos m&aacute;s discutidos en la literatura sobre ciencia y desarrollo. Tal como lo explica un historiador del medio ambiente, se trat&oacute; de un &ldquo;paquete t&eacute;cnico y gerencial exportado del Primer Mundo hacia el Tercer Mundo, empezando en la d&eacute;cada de 1940 pero con su mayor impacto en las d&eacute;cadas de 1960 y 1970&rdquo; (McNeil, 2000, p. 219) . </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En 1970, el bot&aacute;nico norteamericano Norman Borlaug, director de la Divisi&oacute;n de Cultivo de Cereales en el Centro Internacional de Mejoramiento del Ma&iacute;z y Trigo en M&eacute;xico, fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Era el principal promotor de un programa mundial de desarrollo de la agricultura basado en la manipulaci&oacute;n gen&eacute;tica de las semillas para incrementar la producci&oacute;n -la Revoluci&oacute;n Verde-. El programa fue introducido en varios pa&iacute;ses asi&aacute;ticos en 1965. Cinco a&ntilde;os m&aacute;s tarde, cubr&iacute;a diez millones de hect&aacute;reas de &aacute;rea cultivada. El programa hab&iacute;a sido promovido y apoyado por varias instituciones de los Estados Unidos, Francia, Canad&aacute;, Alemania, Brasil, India, Nigeria y otros, las cuales conformaban el Grupo de Consulta de la Investigaci&oacute;n Internacional en Agricultura. Fundaciones filantr&oacute;picas tales como la Fundaci&oacute;n Rockefeller y la Fundaci&oacute;n Ford participaron activamente en el programa. </p>     <p>El impacto de la Revoluci&oacute;n Verde es motivo de grandes debates. Por un lado, sus efectos sobre la producci&oacute;n nacional de trigo y arroz se hicieron sentir pronto. Varios pa&iacute;ses de Am&eacute;rica del Sur y de Asia alcanzaron cifras r&eacute;cord en sus cosechas. A finales de los a&ntilde;os 1970, India era autosuficiente en materia de trigo y arroz, llegando a triplicar su producci&oacute;n de trigo entre 1961 y 1980. Este era el lado positivo de la Revoluci&oacute;n Verde, de acuerdo con sus defensores (McNeil, 2000, pgs. 219-227; Glaeser, 1987, pgs. 1-9). Por otro lado, desde los mismos a&ntilde;os 1970 la Revoluci&oacute;n Verde fue objeto de severas cr&iacute;ticas. La principal de ellas era que, para que el programa fuera rentable, eran necesarios suelos ricos, una irrigaci&oacute;n &oacute;ptima y un uso intensivo de fertilizantes y de pesticidas qu&iacute;micos. A&uacute;n en aquellos pa&iacute;ses en donde fue exitoso, algunos autores encontraron fallas. J. K. Bajaj argumenta que, antes que incrementar el sistema agr&iacute;cola, devast&oacute; su productividad y aument&oacute; el hambre. La dependencia econ&oacute;mica aument&oacute;, puesto que la reducci&oacute;n en la importaci&oacute;n de cereales fue compensada con la importaci&oacute;n de fertilizantes y la dependencia del conocimiento de &ldquo;expertos&rdquo;. Por esto Bajaj cuestiona la aseveraci&oacute;n de que la Revoluci&oacute;n Verde haya convertido a la India en autosuficiente en producci&oacute;n agr&iacute;cola (Bajaj, 1988). Desde un punto de vista ambiental, la velocidad y escala de la diseminaci&oacute;n de nuevas semillas hizo de la Revoluci&oacute;n Verde el m&aacute;s grande conjunto de transferencia de granos en la historia mundial, reduciendo, seg&uacute;n sus cr&iacute;ticos, dram&aacute;ticamente la biodiversidad. </p>     <p>La Revoluci&oacute;n Verde era el ep&iacute;tome de una soluci&oacute;n tecnocient&iacute;fica, alternativa a la revoluci&oacute;n social. En regiones cercanas a la frontera comunista, como Turqu&iacute;a y Corea, su introducci&oacute;n fue el resultado del temor norteamericano a la difusi&oacute;n del comunismo chino (McNeill, 2000, p. 222). Sin embargo, esta revoluci&oacute;n se presentaba en s&iacute; misma como pol&iacute;ticamente neutral. Shiva brillantemente demuestra de qu&eacute; manera la ciencia &ldquo;era ofrecida como una receta &lsquo;milagrosa&rsquo; para la prosperidad. Pero cuando el descontento y nuevas carencias hicieron su aparici&oacute;n, la ciencia se deslig&oacute; de los procesos econ&oacute;micos&rdquo; (Shiva, 1991, p. 20). Este poder de la ciencia para desaparecer de la escena pol&iacute;tica cuando las cosas van mal cimenta la fe en la tecnociencia como motor del progreso: borra las contradicciones entre teor&iacute;a y pr&aacute;ctica del desarrollo. M&aacute;s estudios de caso sobre los programas de intercambio Sur-Norte ser&iacute;an &uacute;tiles para la comprensi&oacute;n de episodios sobre ciencia y democracia hoy en d&iacute;a. </p>     <p>La ingenier&iacute;a gen&eacute;tica (IG) y sus productos, los Objetos Gen&eacute;ticamente Modificados (OGM), son vistos como la nueva promesa tecnol&oacute;gica para aliviar el hambre en el Tercer Mundo. Los OGM se transfieren de Norte a Sur, mientras que los genes caminan en la otra direcci&oacute;n. Por lo que concierne a la transferencia tecnol&oacute;gica hacia el Sur, se ha argumentado que la Revoluci&oacute;n Verde sirvi&oacute; como marco de referencia para identificar los puntos en juego (Sorj y Wilkinson, 1994). Hasta ahora, la Revoluci&oacute;n Verde ha sido estudiada sobre todo en el caso hind&uacute;. Pero las compa&ntilde;&iacute;as de IG tienen intereses en otros pa&iacute;ses del Tercer Mundo. Por esto necesitamos saber m&aacute;s acerca del proceso de g&eacute;nesis e impacto de la Revoluci&oacute;n Verde en otras partes del mundo. Las lecciones que las firmas de IG extrajeron de la Revoluci&oacute;n Verde constituyen una cuesti&oacute;n importante. Conclusiones como estas provienen de lecturas cr&iacute;ticas, pero tambi&eacute;n necesitamos saber m&aacute;s sobre aquellos que la consideran un &eacute;xito, y que por tanto justifican la IG como una versi&oacute;n mejorada de aquel primer experimento. &iquest;Qu&eacute; clase de pr&aacute;cticas tecno-cient&iacute;ficas llevan o no a relaciones de dominio? Por ejemplo, se requiere mucho an&aacute;lisis, discusi&oacute;n y debate acerca del acceso a la propiedad intelectual y a la regulaci&oacute;n sobre patentes. Comparado con los a&ntilde;os del desarrollo, el centro del poder se ha desplazado al sector privado. &iquest;Cu&aacute;les son las implicaciones del papel l&iacute;der de los poderes corporativos, especialmente en aquellas regiones en las que el Estado ha sido end&eacute;micamente d&eacute;bil? </p>     <p><b>La Guerra Fr&iacute;a/Caliente desde una perspectiva del intercambio Sur-Norte tecnocient&iacute;fico </b></p>     <p>La Guerra Fr&iacute;a y las ideolog&iacute;as, programas y discursos del desarrollo se traslaparon. M&aacute;s a&uacute;n, el &ldquo;desarrollo&rdquo; era un instrumento de dominaci&oacute;n y un factor constitutivo de la Guerra Fr&iacute;a. Con todo, la historiograf&iacute;a de las relaciones internacionales del siglo veinte ve la Guerra Fr&iacute;a como una confrontaci&oacute;n Este-Oeste, mientras que las relaciones Sur-Norte son vistas en t&eacute;rminos de econom&iacute;as de intercambio, a pesar del hecho de que la guerra en el Sur no era fr&iacute;a. Quiz&aacute;s no sea sorprendente que la literatura sobre internacionalismo cient&iacute;fico se haya enfocado en el primer periodo de globalizaci&oacute;n liberal (1870-1914) y en la crisis generada por la Gran Guerra en los a&ntilde;os de entre guerra. M&aacute;s dif&iacute;cil resulta explicar porqu&eacute; la historiograf&iacute;a de la ciencia ha mostrado tan poco inter&eacute;s en estos temas en relaci&oacute;n con las actitudes pol&iacute;ticas posteriores a 1940. La ret&oacute;rica del internacionalismo cient&iacute;fico tom&oacute; un nuevo y tal vez m&aacute;s dram&aacute;tico rumbo luego de la guerra debido a la creciente importancia atribuida a la ciencia y a la tecnolog&iacute;a, catalizada por la amenaza del conflicto nuclear. En consecuencia, el periodo postcolonial ofrece un excelente y poco usado contexto en el cual estudiar el fen&oacute;meno de la ciencia internacional y la ideolog&iacute;a del internacionalismo cient&iacute;fico. </p>     <p>Para los estudiosos que se ocupan de las cuestiones sobre la tecnociencia en el Sur, es siempre decepcionante ver cu&aacute;n poco ha sido estudiada la tecnociencia de la Guerra Fr&iacute;a por fuera de los Estados Unidos y Europa occidental. La literatura sobre ciencia, tecnolog&iacute;a y Guerra Fr&iacute;a se concentra en la producci&oacute;n de conocimiento y en la producci&oacute;n de bienes tecnol&oacute;gicos y, en particular, en la manera en que la Guerra Fr&iacute;a &ldquo;distorsion&oacute;&rdquo; la ciencia y la tecnolog&iacute;a (Hounshell, 2001). La Gran Ciencia ocupa un papel privilegiado en los estudios sociales de la ciencia, al enfocarse en el complejo industrial-acad&eacute;mico-militar en los Estados Unidos. Dicho en breve, las armas nucleares, la carrera espacial y los artefactos militares de alta tecnolog&iacute;a son dominantes en la literatura. Se ha argumentado que la Gran Ciencia es un fen&oacute;meno que trasciende la cuesti&oacute;n obvia de la escala. Ella afect&oacute; la forma en que los cient&iacute;ficos interactuaban con el poder, la imagen p&uacute;blica del poder, las interacciones entre los cient&iacute;ficos, ingenieros, t&eacute;cnicos y administradores, y las t&eacute;cnicas pedag&oacute;gicas (Galison y Hevly, 1992). Instituciones en Estados Unidos y Europa que carec&iacute;an de gran instrumentaci&oacute;n se convirtieron en laboratorios de f&iacute;sica te&oacute;rica, desarrollando nuevas t&eacute;cnicas, conceptos y tecnolog&iacute;as te&oacute;ricas (Kaiser, 2005). </p>     <p>La Gran Ciencia tuvo, de hecho, un impacto significativo en la imagen y pr&aacute;ctica de la ciencia y la tecnolog&iacute;a en varios pa&iacute;ses del Tercer Mundo. El m&aacute;s inmediato ejemplo es el de los programas nucleares en algunos de estos pa&iacute;ses. El asombro p&uacute;blico ante la capacidad nuclear de naciones como Pakist&aacute;n, Irak o Ir&aacute;n es una consecuencia de la pobre atenci&oacute;n dada a los programas de investigaci&oacute;n nuclear que se iniciaron hace unos treinta a&ntilde;os con la asistencia activa de pa&iacute;ses como Estados Unidos, Canad&aacute;, Francia y Reino Unido. El establecimiento de una hegemon&iacute;a nuclear regional era ciertamente una de las motivaciones, pero no la &uacute;nica. En un corto pero punzante libro, Itty Abraham sugiere que el programa hind&uacute; era un moderno fetiche que sirvi&oacute; para la consolidaci&oacute;n del Estado. En sus palabras, el proyecto hind&uacute; era una estrategia que deb&iacute;a verse en el marco de la cultura postcolonial. Asimismo, muestra de qu&eacute; manera la Comisi&oacute;n de Energ&iacute;a At&oacute;mica estuvo en capacidad de negociar simult&aacute;neamente con varios proveedores nucleares en el Norte para producir una explosi&oacute;n at&oacute;mica en suelo indio (Abraham, 1998).</p>     <p>Aquellos pa&iacute;ses involucrados en la construcci&oacute;n de capacidades nucleares, para fines pac&iacute;ficos o de otra &iacute;ndole, tales como India, Pakist&aacute;n, Argentina, Brasil, Espa&ntilde;a, Irak e Israel, iniciaron una activa b&uacute;squeda de proveedores en el Norte. Si bien estos casos han merecido alguna atenci&oacute;n en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, a&uacute;n hay un universo por explorar. A mitadde la d&eacute;cada de 1950, en el marco de la iniciativa &ldquo;&Aacute;tomos para la paz&rdquo;, los Estados Unidos iniciaron una pol&iacute;tica at&oacute;mica hacia algunos pa&iacute;ses del Tercer Mundo. La l&oacute;gica de dicha asistencia segu&iacute;a de cerca los intereses geopol&iacute;ticos de la Guerra Fr&iacute;a. Comisiones de Energ&iacute;a At&oacute;mica fueron establecidas en casi todos los pa&iacute;ses, a la espera de la llegada de la tecnolog&iacute;a prometida. Con algo de renuencia, las &eacute;lites pol&iacute;ticas en aquellos pa&iacute;ses que no hab&iacute;an mostrado inter&eacute;s en el desarrollo de capacidades nucleares &ndash;como Colombia y Paraguay, por ejemplo&ndash; aceptaron el &lsquo;regalo&rsquo; norteamericano como s&iacute;mbolo del sue&ntilde;o nuclear. No representaba el desarrollo de conocimiento local, sino una modernidad importada. Desde la perspectiva norteamericana, el reactor era un instrumento pol&iacute;tico para presionar a los gobiernos a la firma de tratados bilaterales con el propio gobierno. Los cient&iacute;ficos, que ve&iacute;an en &eacute;l la ocasi&oacute;n para la institucionalizaci&oacute;n de la f&iacute;sica, desarrollaron las habilidades necesarias, trayendo al debate aliados humanos y no humanos &ndash;como el mismo reactor&ndash; con el fin de romper el escepticismo (Le&oacute;n, 2004). Por medio de un an&aacute;lisis de esta compleja red de intereses y negociaciones uno podr&iacute;a aprender acerca del papel de los cient&iacute;ficos del Tercer Mundo en los intercambios diplom&aacute;ticos, sobre la relaci&oacute;n de la ciencia y la tecnolog&iacute;a con los militares en el Tercer Mundo (Hurtado, en prensa), sobre el entramado de la ciencia y el desarrollo ideol&oacute;gico de la Guerra Fr&iacute;a, y sobre los criterios de los pa&iacute;ses industrializados para colaborar con ciertos regimenes antes que con otros. </p>     <p>El rol activo de actores locales nos obliga a preguntar por otras iniciativas institucionales. Si es poco lo que sabemos acerca de la pol&iacute;tica cient&iacute;fica exterior de los norteamericanos y los sovi&eacute;ticos en relaci&oacute;n con sus aliados, sabemos a&uacute;n menos sobre sus actividades con respecto a naciones &ldquo;poco amigables&rdquo;. Por ejemplo, la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica proporcion&oacute; asistencia t&eacute;cnica a varios pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina aparte de Cuba. Tambi&eacute;n acogi&oacute; a varios estudiantes de diferentes naciones bajo la influencia norteamericana que retornaron a sus pa&iacute;ses de origen luego de finalizar sus estudios. &iquest;Cu&aacute;l era la l&oacute;gica detr&aacute;s de estas iniciativas? &iquest;Cu&aacute;l el impacto sobre la investigaci&oacute;n y las pr&aacute;cticas pedag&oacute;gicas? &iquest;C&oacute;mo era la interacci&oacute;n entre estos estudiantes y aquellos que proced&iacute;an del bloque occidental? Estos temas merecen especial atenci&oacute;n si queremos aprender sobre las relaciones internacionales de la tecnociencia en una perspectiva amplia. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La ciencia de la Guerra Fr&iacute;a se ha asociado con la Gran Ciencia, excluyendo a la tecnociencia en el Tercer Mundo. A pesar de que las armas nucleares fueron centrales en las negociaciones Este-Oeste, es importante notar que el principal campo de batalla de la Guerra Fr&iacute;a fue el Tercer Mundo. Las acciones militares de la segunda mitad delsiglo veinte tuvieron lugar en Asia, &Aacute;frica y Am&eacute;rica Latina. Mientras que las armas nucleares tuvieron un efecto disuasor, no se usaron, mientras que las armas menores fueron usadas extensamente en este periodo. Vietnam es un doloroso episodio en la historia norteamericana. Sin embargo, el n&uacute;mero de v&iacute;ctimas civiles vietnamitas fue casi sesenta veces superior al n&uacute;mero de v&iacute;ctimas norteamericanas. El &eacute;nfasis contin&uacute;a poni&eacute;ndose en la confrontaci&oacute;n Este-Oeste y en las implicaciones de la guerra en lo social, pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y, en menor grado, en las consecuencias cient&iacute;ficas y tecnol&oacute;gicas en los Estados Unidos, Europa, y m&aacute;s recientemente en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Tenemos que dar un paso adelante y echar una mirada a las v&iacute;ctimas de la Guerra Fr&iacute;a. Los discursos del desarrollo y de la Guerra Fr&iacute;a inflaron las ambiciones neocoloniales del Norte en el Sur; por lo tanto, la Guerra Fr&iacute;a/Caliente puede verse como una fase del intercambio Sur-Norte modulado por el conflicto Este-Oeste. A&uacute;n m&aacute;s, si adoptamos esta perspectiva, el terrorismo del nuevo siglo puede ser visto como otra fase de esta relaci&oacute;n conflictiva. </p>     <p>Una perspectiva como esta nos permitir&iacute;a dirigir nuestra atenci&oacute;n hacia otros problemas relacionados con el intercambio Sur-Norte. La agenda de guerras del siglo veinte fue transformada por la innovaci&oacute;n y nuevos usos de las armas convencionales y de la tecnolog&iacute;a en serie. Deber&iacute;amos investigar la participaci&oacute;n de cient&iacute;ficos e ingenieros, y las negociaciones con los militares en ese tipo de empresas. Siguiendo una ideolog&iacute;a liberal, muchos historiadores creen que la colaboraci&oacute;n entre cient&iacute;ficos y militares es contingente y desafortunada (Edgerton, 1996). </p>     <p>Esta idea ha imbuido tambi&eacute;n a toda la historiograf&iacute;a del Tercer Mundo. El surgimiento de dictaduras militares ha sido asociado con masivas emigraciones cient&iacute;ficas y con la destrucci&oacute;n de comunidades cient&iacute;ficas en pa&iacute;ses como Argentina. Con todo, ser&iacute;a ingenuo pensar que los militares carec&iacute;an de inter&eacute;s en la tecnociencia. Algunos pa&iacute;ses del Sur, como Brasil, producen y exportan tecnolog&iacute;a militar gracias, entre otros, a la participaci&oacute;n de personal calificado cuyas habilidades, educaci&oacute;n, tipo de investigaci&oacute;n que desarrollan y poder relativo en la estructura pol&iacute;tica y militar es desconocida. La transferencia de conocimiento y la adaptaci&oacute;n a condiciones locales debe haber ocurrido. </p>     <p>Esta transferencia, tanto Sur-Norte como Sur-Sur, involucraba armas y tambi&eacute;n instrumentos de represi&oacute;n que se convirtieron en t&eacute;cnicas rutinarias anticomunistas como la tortura. El otro lado del conflicto tambi&eacute;n requiere ser investigado. Pr&aacute;cticamente nada sabemos sobre innovaci&oacute;n y nuevos usos de la tecnolog&iacute;a en las fuerzas insurgentes. Pero tenemos que prevenir a los interesados en esta l&iacute;nea de investigaci&oacute;n: si nos enfocamos en la innovaci&oacute;n, como lo ha hecho la historiograf&iacute;a de la tecnolog&iacute;a, el resultado puede ser decepcionante. Por otro lado, si nos concentramos en los nuevos usos de la tecnolog&iacute;a, el campo es f&eacute;rtil: la adaptaci&oacute;n y usos de cilindros de gas como bombas por parte de los grupos insurgentes en Colombia, o la bicicleta en Vietnam, son dos ejemplos. La cuesti&oacute;n puede extenderse al estudio del terrorismo, tal como lo demuestra la reinvenci&oacute;n de los kamikazes en Nueva York, Madrid y Londres. </p>     <p><b>Anotaciones para una agenda abierta </b></p>     <p>Empezamos este art&iacute;culo refiri&eacute;ndonos a la importancia que los intercambios Sur-Norte tuvieron para la generaci&oacute;n que repens&oacute; las relaciones entre ciencia y sociedad en el Norte. El movimiento de la &ldquo;Ciencia para el Pueblo&rdquo; tom&oacute; el liderazgo en cuanto a demostraciones contra la participaci&oacute;n de cient&iacute;ficos en la Guerra de Vietnam. Sin embargo, con el paso del tiempo, su inter&eacute;s disminuy&oacute;. No sabemos de un solo estudio sobre la Divisi&oacute;n Jason o entes similares en las guerras anticomunistas en el Sur<Sup><a href="#n5">5</a></Sup>. Para entender la din&aacute;mica de estos conflictos, debemos aprender sobre la concepci&oacute;n, representaci&oacute;n y acciones de aquellos cient&iacute;ficos que participaron en las decisiones gubernamentales o actuaron como consultores (Solovey, 2001). Sin embargo, nuestra investigaci&oacute;n no puede confinarse al rol de los cient&iacute;ficos involucrados en pol&iacute;tica, sino que tambi&eacute;n debe investigar las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas en s&iacute; mismas para poder hacer visibles sus consecuencias pol&iacute;ticas. Esta ser&iacute;a una oportunidad para que los estudios sociales de la ciencia redescubrieran y reivindicaran su vocaci&oacute;n pol&iacute;tica en una &eacute;poca de crecimiento de las diferencias y de peligrosas confrontaciones entre Norte y Sur. </p>     <p>Hemos presentado lo que consideramos podr&iacute;an ser algunas de las m&aacute;s promisorias y relevantes l&iacute;neas de investigaci&oacute;n en historia y sociolog&iacute;a de la ciencia. Los t&oacute;picos y los problemas mencionados anteriormente cubren una amplia variedad de campos y algunos de ellos han sido abordados desde diferentes literaturas y perspectivas, pero todos ellos comparten bases comunes de an&aacute;lisis: el car&aacute;cter pol&iacute;tico de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas y tecnol&oacute;gicas. </p>     <p>Como ha sido argumentado, el estudio del intercambio cient&iacute;fico Sur-Norte puede beneficiarse de los debates recientes propuestos tanto por la historiograf&iacute;a postcolonial como por los soci&oacute;logos de la ciencia. Las dicotom&iacute;as tradicionales tales como &ldquo;cient&iacute;fico/social&rdquo;, &ldquo;t&eacute;cnico/social&rdquo;, &ldquo;ciencia/tecnolog&iacute;a&rdquo;, &ldquo;externo/interno&rdquo;, &ldquo;pol&iacute;tico/epistemol&oacute;gico&rdquo;, &ldquo;puro/aplicado&rdquo;, &ldquo;producci&oacute;n cient&iacute;fica/difusi&oacute;n cient&iacute;fica&rdquo; y &ldquo;poder/conocimiento&rdquo; impiden una comprensi&oacute;n cabal de la ciencia, la tecnolog&iacute;a y la sociedad. La idea de una ciencia y tecnolog&iacute;a como empresas aut&oacute;nomas, independientes de la pol&iacute;tica, ha sido uno de los mayores obst&aacute;culos hacia una explicaci&oacute;n cr&iacute;tica del papel de la ciencia en la conformaci&oacute;n del mundo moderno. En particular, el estudio del intercambio cient&iacute;fico Sur-Norte requiere considerar seriamente el car&aacute;cter pol&iacute;tico de la ciencia y la tecnolog&iacute;a. </p><hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>     <p><a name="n1">1</a> Entre los numerosos trabajos que se han ocupado del car&aacute;cter social de la ciencia y la tecnolog&iacute;a, podr&iacute;amos mencionar, entre muchos otros: Bloor (1991), Barnes (1977), Shapin y Schaffer (1985), Latour (1999). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n2">2</a> El t&eacute;rmino &ldquo;Tercer Mundo,&rdquo; que por sus or&iacute;genes pol&iacute;ticos hallamos m&aacute;s apropiado, fue acu&ntilde;ado por el dem&oacute;grafo e historiador econ&oacute;mico franc&eacute;s Alfred Sauvy en 1952 (Sauvy, 1952), y entr&oacute; en vigencia luego de la Afro-Asian Conference de Badung en 1955. Utilizamos los t&eacute;rminos Sur-Norte y Este-Oeste de la misma forma en que son usados actualmente por la ciencia pol&iacute;tica. El Norte se refiere a los pa&iacute;ses industrializados, algunas veces llamados tambi&eacute;n &ldquo;pa&iacute;ses atl&aacute;nticos&rdquo;; el Este al bloque sovi&eacute;tico; el Oeste a los Estados Unidos y Europa; y el Sur al &ldquo;Tercer Mundo&rdquo;. </p>     <p><a name="n3">3</a> Todo &ldquo;art&iacute;culo de revisi&oacute;n&rdquo; es un intento deliberado de los autores por crear, consolidar o cerrar un campo de investigaci&oacute;n, incluyendo y excluyendo sujetos, autores y cuestiones para poder establecer una agenda para los futuros investigadores (Restrepo, 2003). </p>     <p><a name="n4">4</a> Durante la fase 1 una sociedad o naci&oacute;n no cient&iacute;fica se reduce a ser fuente y objeto de la ciencia europea; en la fase 2 se desarrolla una ciencia colonial, la cual se desarrolla en estos pa&iacute;ses distintos de Europa pero con una total dependencia te&oacute;rica e instrumental frente a los colonizadores; y en la fase 3 se completa el proceso de difusi&oacute;n con la consolidaci&oacute;n de pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas independientes o nacionales. </p>     <p><a name="n5">5</a> La existencia de la Division Jason, en la que participaron j&oacute;venes f&iacute;sicos te&oacute;ricos, fue expuesta en The New York Times (1971). </p> <hr size="1">     <p><b>Referencias </b></p>     <!-- ref --><p>Abraham, I. (1998). <i>The Making of the Indian Atomic Bomb. Science, Secrecy and Postcolonial State</i>. Londres &amp; Nueva York: Zed Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0123-885X200500030000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Adas, M.(1989). <i>Machines as the Measure of Men</i>. Ithaca: Cornell University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0123-885X200500030000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Agnew, J. (1982). Technology Transfer and Theories of Development. <i>Journal of Asian and African Studies</i>, 17, 16-31. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0123-885X200500030000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bhabha, H. (1994). <i>The Location of Culture</i>. Londres &amp; Nueva York: Routledge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0123-885X200500030000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bajaj, J.K. (1988). Science and Hunger. A Historical Perspective on the Green Revolution. En Ziauddin Sardar, <i>The Revenge of Athena. Science, Exploitation and the Third World</i>. Londres &amp; Nueva York: Mansell Publishing Limited, 131-156. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0123-885X200500030000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Barry, B. (1977).<i> Interests and the growth of knowledge</i>. Boston: Routledge &amp; Kegan Paul. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0123-885X200500030000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Basalla, G. (1967). The Spread of Western Science. <i>Science</i>, 156. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0123-885X200500030000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bloor, D. (1991). <i>Knowledge and social imagery</i>. Chicago: The University of Chicago Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0123-885X200500030000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cueto, M. (1989). <i>Excelencia cient&iacute;fica en la periferia. Actividades cient&iacute;ficas e investigaci&oacute;n biom&eacute;dica en el Per&uacute;, 1890-1950</i>. Lima: Grade-Concytec. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0123-885X200500030000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">De Greiff, A. (2005). The Politics of Non-cooperation: the Boycott of the International Centre for Theoretical Physics. <i>OSIRIS (&quot;Science, Technology and International Affairs: Historical Perspectives&quot;</i>. Eds. John Krige &amp; Kai-Henrik Barth), Vol. 20. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0123-885X200500030000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>De Greiff, A. (2001). Supporting Theoretical Physics for the Third World Development. The Ford Foundation and the International Centre for Theoretical Physics in Trieste (1966-1973). En G. Gemelli, <i>American Foundations and Large-Scale Research: Construction and Transfer of Knowledge</i>. Bologna: CLUEB. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0123-885X200500030000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">Dirlik, A. (2002). History without a Center? Reflexions on Eurocentrism. En E. Fuchs y B. S. (Eds.), <i>Across Cultural Borders</i><i>: </i><i>historiography in global perspective</i>. Lanham MD: Rowman y Littlefield.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0123-885X200500030000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dussel, E. (2000). Europa, modernidad y eurocentrismo. En E. Lander (Compilador), <i>La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas</i>. Buenos Aires: CLACSO. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0123-885X200500030000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Edgerton, D. (1999). From innovation to use: Ten Eclectic Theses on the Historiography of Technology.<i>History and Technology</i>, 16, N.2, 111-136. Traducci&oacute;n: David Edgerton, De la innovaci&oacute;n al uso: diez tesis ecl&eacute;cticas sobre la historigraf&iacute;a de las t&eacute;cnicas, Actes de la VI trobada d'Hist&ograve;ria de la Ciencia i la t&egrave;cnica (Barcelona, SCHCT, 2002), 57-75.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0123-885X200500030000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Edgeton, D. (1996). Science and War. En R.C Olby (Ed.), <i>Companion to the History of Modern Science</i>. Londres: Routledge. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0123-885X200500030000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Escobar, A. (1995). <i>Encountering Development: The Making and Unmaking of the Third World</i>. Princeton: Princeton University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0123-885X200500030000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Galison, P. &amp; Hevly, B. (Eds.) (1992). <i>Big Science. The Growth of Large-Scale Research</i>. Stanford: Stanford University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0123-885X200500030000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Glaeser, B. (Ed.) (1987). <i>The Green Revolution revisited. Critique and alternatives</i>. London: Allen &amp; Unwin. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0123-885X200500030000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Guha, R. &amp; Spivak, G. (Eds.) (1988). <i>Selected Subaltern Studies</i>. Nueva York: Oxford University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0123-885X200500030000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Harding, S. (1998). <i>Is Science Multicultural? Poscolonialisms, Femunisms and Epistemologies</i>. Indian&aacute;polis: Indiana University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0123-885X200500030000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hounshell, D. (2001). Epilogue. Rethinking the Cold War; Rethinking Science and Technology in the Cold War; Rethinking the Social Study of Science and Technology. <i>Social Studies of Science</i>, (Edici&oacute;n Especial: Science in the Cold War) 31, No.2, abril, 289-297. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0123-885X200500030000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">Hurtado de Mendoza, D. (2005). Autonomy, even regional hegemony: Argentina and the 'hard way' toward the first research reactor (1945-1958). <i>Science in Context</i>, vol. 18, No.2, 285-308. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0123-885X200500030000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kaiser, D. (2005). <i>Drawing Theories Apart. The Dispersion of Feynman Diagrams in Postwar Physics</i>. Chicago: The University of Chicago Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0123-885X200500030000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Katz, J. (1976). <i>De la importaci&oacute;n de tecnolog&iacute;a al desarrollo local</i>. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0123-885X200500030000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kim, D.W. (2002). The conflict between image and role of physics in South Korea. <i>Historical Studies in the Physical and Biological Sciences</i>, 33, Part 1, 107-130. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0123-885X200500030000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Latour, B. (1999). <i>La Esperanza de Pandora: Ensayos sobre la realidad de los estudios sociales de la ciencia</i>. Barcelona: Gedisa Editorial. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0123-885X200500030000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lafuente, A., Elena,A., y Ortega, M. (Eds.) (1993). <i>Mundializaci&oacute;n de la ciencia y la cultura nacional</i>. Madrid: Doce Calles. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0123-885X200500030000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Le&oacute;n, J. A. (2004). 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Lander (Comp.), <i>La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas</i>. Buenos Aires: CLACSO. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0123-885X200500030000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mohanty, Ch., Russo, A. &amp; Torres, L. (Eds.) (1991). <i>Third World Women and the Politics of Feminism</i>. Bloomington: Indiana University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0123-885X200500030000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mubimbe, V.Y. (1988). <i>The Invention of Africa</i>. 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Salda&ntilde;a (Ed.), <i>Science and Cultural Diversity, Proceedings of the XXIst International Congress of History of Science</i>. M&eacute;xico: Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y la Tecnolog&iacute;a-UNAM. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0123-885X200500030000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Restrepo Forero, O. (2003). <i>On Writing Review Articles and Constructing Fields of Study. Disertaci&oacute;n doctoral</i>, University of York. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0123-885X200500030000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rist, G. (1999). <i>The History of Development. From Western Origins to Global Faith</i>. Londres, Nueva York, Cape Town: ZED Books, University of Cape Town Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0123-885X200500030000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sauvy, A. (1952). Trois Mondes, Une Plan&egrave;te. <i>L'Observateur</i>, 14 August. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0123-885X200500030000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Said, E. (1998). <i>Orientalismo</i>. Nueva York, Pantheon Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0123-885X200500030000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Shapin, S. &amp; Schaffer, S. (1985). <i>Leviathan and the Air-Pump: Hobbes, Boyle and teh Experimental Life</i>. Princeton: Princeton University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0123-885X200500030000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Shiva, V. (1991). <i>The Violence of the Green Revolution. Third World Agriculture, Ecology and Politics</i>. Londres &amp; Nueva York: Zed Books Ltd. 20. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0123-885X200500030000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Solovey, M. (2001). Project Camelot and the 1960s Epistemological Revolution: Rethinthing the PoliticsPatronage-Social Science Nexus. <i>Social Studies of Science</i>, 31, No 2, 171-206 (Edici&oacute;n especial editada por Mark Solovey). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0123-885X200500030000500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sorj, B. &amp; Wilkinson, J. (1994). Biotechnologies, Multinationals and the Agrofood Systems of Developing Countries. En A. Bonanno, L. Busch, W.H. Fieldland, L. Gouveia &amp; E. Mingione (Eds.), <i>From Columbus to Congra: the Globalization of Agriculture and Food</i>. 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New York: Bantam Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0123-885X200500030000500047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="center">Fecha de recepci&oacute;n: Agosto de 2005 &bull; Fecha de aceptaci&oacute;n: Septiembre de 2005 </p>   </font>      ]]></body><back>
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