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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The author pleads for a meditation on co-determination and coevolution of technology/education free from maniqueisms. He states that the heart of the discussion is the acceptance of the fact that technologies&#8217; effects and global relations cannot be understood in terms of interests of media and aims. He also criticizes the studies where technology is separated from culture.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4">Tecnolog&iacute;as educativas. Una letan&iacute;a sin ton ni son</font></p>     <p><b>Alejandro Piscitelli</b>*</p>     <p>* Licenciado en Filosof&iacute;a y Sociolog&iacute;a de la Universidad de Buenos Aires. Secretario Adjunto del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y Subsecretario Acad&eacute;mico de la Carrera de Sociolog&iacute;a de la Universidad de Buenos Aires. Director general de educ.ar, el Portal Educativo Oficial del estado argentino. Profesor Titular del Taller de Procesamiento de Datos, Telem&aacute;tica e Inform&aacute;tica en Carrera de Ciencias de la Comunicaci&oacute;n, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y docente de post-grado en varias universidades argentinas, latinoamericanas y espa&ntilde;olas. Ha publicado Post-Televisi&oacute;n. Ecolog&iacute;a de los medios en la era de Internet (Paid&oacute;s, 1998); (Des)Haciendo Ciencia. Conocimiento,creencias y cultura (Ediciones del Riel, 1997); Ciberculturas. En la era de las m&aacute;quinas inteligentes (Paid&oacute;s, 1995); Meta-cultura (La cruj&iacute;a, 2002). </p><hr size="1">     <p><b>Resumen </b></p>     <p>El autor aboga por una reflexi&oacute;n de la codeterminaci&oacute;n y la coevoluci&oacute;n Tecnolog&iacute;a/Educaci&oacute;n en la que se eviten los manique&iacute;smos. Sostiene que el coraz&oacute;n de la discusi&oacute;n se centra en aceptar que los efectos y las relaciones globales de las tecnolog&iacute;as no pueden entenderse en funci&oacute;n de los intereses en materia de medios y fines, y critica los an&aacute;lisis en los que la tecnolog&iacute;a es separada de la cultura. </p>     <p><b>Palabras clave:</b> Educaci&oacute;n, tecnolog&iacute;a, tecnolog&iacute;as de la comunicaci&oacute;n, epistemolog&iacute;a, cultura. </p> <hr size="1">     <p><b>Abstract </b></p>     <p>The author pleads for a meditation on co-determination and coevolution of technology/education free from maniqueisms. He states that the heart of the discussion is the acceptance of the fact that technologies&rsquo; effects and global relations cannot be understood in terms of interests of media and aims. He also criticizes the studies where technology is separated from culture. </p>     <p><b>Keywords:</b> Education, technology, communication technology, epistemology, culture. </p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Haciendo tabla rasa con el facilismo epistemol&oacute;gico </b></p>     <p>El presente -salvo error o decepci&oacute;n- es mucho menos glamoroso y ut&oacute;pico que el pasado o el futuro. Frente a las indolencias e inclemencias de una realidad mutante y agresiva, que perturba nuestra tendencia a la comodidad y el goce, tendemos a divinizar tanto al pasado como el futuro. Frente a la indocilidad de la realidad, preferimos refugiarnos en hipot&eacute;ticas edades de oro ed&eacute;nicas o ad&aacute;nicas, e igualmente no nos tiembla el pulso si de huir hacia adelante se trata, con la excusa (fraudulenta pero transitoriamente convincente) de que el futuro curar&aacute; la impotencia del aqu&iacute; y el ahora. </p>     <p>Estos mecanismos generales de funcionamiento del psiquismo (deseos y pulsiones) ponen en cuesti&oacute;n todo facilismo epistemol&oacute;gico que pretende todav&iacute;a hoy refugiarse en un racionalismo burdo, y en hip&oacute;tesis hace rato desacreditadas, acerca de la naturaleza intr&iacute;nsecamente racional de las conductas humanas, y acerca de la previsi&oacute;n y control de los comportamientos humanos a nivel macro y social. </p>     <p>En el terreno hoy tan vapuleado de las tecnolog&iacute;as y la educaci&oacute;n<Sup><a href="#n1">1</a></Sup> se han escrito tantas tonter&iacute;as y se han proclamado tantas ingenuidades, que resulta pr&aacute;cticamente imposible detectar un solo gramo de sensatez o de plausibilidad en las propuestas ventiladas medi&aacute;ticamente acerca de la revoluci&oacute;n educativa hecha posible por las nuevas tecnolog&iacute;as. El problema es que la tonter&iacute;a no solo abunda del lado del mercado que quiere vender chatarra a cualquier precio, ni tampoco de los intermediarios que aun buscan convertir al Estado en un financista barato (en pleno &eacute;xtasis de d&eacute;ficit fiscal cero) sino tambi&eacute;n a los mentores del propio campo pedag&oacute;gico y educacional. </p>     <p>Oscilando entre el tremendismo apocal&iacute;ptico y la no menos torpe y desviada actitud de abrazar cualquier innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica como un Santo Grial (la Mejor Manera de Ense&ntilde;ar o la Nueva Cosa), lo que se esconde en estos pseudo-debates son las intenciones mutuamente aniquiladoras de esquivarle el bulto a lo m&aacute;s importante, a saber a un nuevo planteo capaz de evitar manique&iacute;smos y de proponer lecturas osadas y plausibles acerca de la codeterminaci&oacute;n y la coevoluci&oacute;n Tecnolog&iacute;a/Educaci&oacute;n. </p>     <p>Son por ello un b&aacute;lsamo de finesa e inteligencia las reflexiones hechas por Nicholas C. Burbules, profesor de Estudios de Pol&iacute;tica Educacional en la Universidad de Illinois Urbana-Champaign y de Thomas A. Callister (jr), jefe del departamento de educaci&oacute;n del Whitman College en Washington, autores de Educaci&oacute;n: Riesgos y promesas de las nuevas tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n (2001). Abrevando en tradiciones de investigaci&oacute;n afines a las nuestras, desde el constructivismo radical al tecno-realismo, desde la paradigmatolog&iacute;a hasta los estudios sociales de la ciencia y la tecnolog&iacute;a, los autores ponen por fin los puntos sobre las &iacute;es y se plantean con una fuerza que aplaudimos, d&oacute;nde est&aacute;n los errores que distraen la atenci&oacute;n, y c&oacute;mo podemos abrir nuevos surcos en una alianza en la que hay mucho que ganar, pero que correlativamente implica perdidas irreversibles no menos evidentes. </p>     <p>Contrariamente a mucho discurso simplista, la incorporaci&oacute;n de nuevas tecnolog&iacute;as, aunque no se trata de un juego de suma cero se acerca peligrosamente a &eacute;l, mucho m&aacute;s que esas promesas chirles de integrar todo con todo. El punto de partida de Burbules<Sup><a href="#n2">2</a></Sup> y Callister es terminar con las dicotom&iacute;as baratas y mal orientadas. Son tan tecnol&oacute;gicas las opciones tradicionales de formalizar el conocimiento y compartirlo, segmentarlo, atesorarlo o diseminarlo, (como el l&aacute;piz y el papel) como lo son las tecnolog&iacute;as sofisticadas de la computaci&oacute;n y la Internet. </p>     <p>En el primer caso no vemos que no vemos y naturalizamos nuestras herramientas de hacer/conocer, en el segundo, al rev&eacute;s, la complejidad nos atemoriza y nos lleva a verlas como antinaturales, cometiendo en ambos casos errores de lesa apreciaci&oacute;n, que tienen consecuencias educacionales negativas tanto para los docentes como para los alumnos. </p>     <p>Una de las palabras que nos acerca a la indomesticabilidad de la incorporaci&oacute;n educacional de las tecnolog&iacute;as es la tramposa idea de elecci&oacute;n. Suponer que elegimos qu&eacute; tecnolog&iacute;as utilizar para educarnos (y lo mismo sucede en el caso de las tecnolog&iacute;as que utilizamos para transportarnos, para alimentarnos, para vestirnos) es tan ingenuo como creer que los procesos sociales y humanos nacen de una planificaci&oacute;n y de una optimizaci&oacute;n de las necesidades y de los deseos. </p>     <p>No remitimos a cuestiones metaf&iacute;sicas sino al instante clave en que una nueva tecnolog&iacute;a (de la comunicaci&oacute;n o de la informaci&oacute;n por ejemplo) es introducida en un complejo entramado sociot&eacute;cnico pre-existente. Las nuevas tecnolog&iacute;as se han convertido en un problema educativo, un desaf&iacute;o, una oportunidad, un riesgo, una necesidad, por razones que poco o nada tienen que ver con las decisiones intencionales de los propios educadores. Por ello mismo pensar las tecnolog&iacute;as educativas implica salirse de los modelos estrechos de las reflexiones precocinadas en t&eacute;rminos de su selecci&oacute;n (&iquest;es mejor el CBT o el WBT?, &iquest;es mejor el CD-Rom o la Intranet?, &iquest;es mejor la tecnolog&iacute;a inal&aacute;mbrica o la fibra &oacute;ptica?) y tambi&eacute;n del listado de sus posibles usos. Porque el coraz&oacute;n de la cuesti&oacute;n es aceptar (algo que ni educadores ni mucho menos tecn&oacute;filos quieren ni est&aacute;n dispuestos a hacer) que los efectos y las relaciones globales de las tecnolog&iacute;as no pueden entenderse en funci&oacute;n de nuestros intereses en materia de medios y fines. Y mucho menos en t&eacute;rminos de efectos buenos y malos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El cambio tecnol&oacute;gico rompe con cualquier esquematismo racionalista y horada todas las divisiones binarias. Porque instala una constelaci&oacute;n que abarca lo que se elige y lo que no se elige, lo que se prev&eacute; y lo que no puede preverse, lo que se desea y lo que no de desea. Aprehendiendo estos rasgos contradictorios y mutuamente imbricados los autores subtitularon su libro con la controvertida figura de las promesas de riesgos y los riesgos promisorios. Pero Burbules &amp; Callister no se agotan en pre&aacute;mbulos sino que llevan adelante una discusi&oacute;n epistemol&oacute;gica muy fina y detallada acerca de los planteos err&oacute;neos que punt&uacute;an la relaci&oacute;n entre tecnolog&iacute;as y educaci&oacute;n, abri&eacute;ndose camino hacia un impensamiento de la relaci&oacute;n y hacia una irreducci&oacute;n de cualquiera de uno de los t&eacute;rminos al otro<Sup><a href="#n3">3</a></Sup>. </p>     <p><b>Cuando la soluci&oacute;n es parte del problema </b></p>     <p>Hace rato que sabemos que el enunciado del problema muchas veces es el propio problema. Las preguntas no son inocentes y a menos que seamos cuidadosos -lo que siempre conlleva tiempo y esfuerzo-, es m&aacute;s que probable que en el momento de su formulaci&oacute;n estemos volviendo imposible poder responderlas con la amplitud, b&uacute;squeda de diversidad y la posibilidad de enriquecernos que nos gustar&iacute;a. </p>     <p>El grado de presupuestos err&oacute;neos que hay en una pregunta puede estar asociado, a un nivel todav&iacute;a m&aacute;s primario, a uno de los t&eacute;rminos que la misma incluye. Algo que se da por sentado cuando justamente hacerlo es invalidarla. En el caso de la relaci&oacute;n entre tecnolog&iacute;a y educaci&oacute;n no hay peor met&aacute;fora para tratar de averiguar el alcance y las ventajas de la incorporaci&oacute;n de nuevas tecnolog&iacute;as que a&ntilde;adirles al sustantivo el adjetivo &quot;de la informaci&oacute;n&quot;. Imaginarnos que la revoluci&oacute;n educativa pasa por las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n -a esta altura un truismo compartido por igual tanto por tecn&oacute;filos como por tecn&oacute;fobos- es equivocar el punto de partida, y asegurarnos que no llegaremos a ning&uacute;n lado. </p>     <p>La informaci&oacute;n tiene la mala suerte de presentarse como un presupuesto, un dato o un hecho. Participa de lo m&aacute;s granado de la constelaci&oacute;n representacionalista que todos lo tomemos como algo elemental o primero. Salvo rar&iacute;simas excepciones ni siquiera los investigadores full time de muchos de estos fen&oacute;menos tenemos acceso a informaci&oacute;n primaria o al dato en crudo. El 99% de lo que circula hoy en el mundo como informaci&oacute;n son datos cocinados, fabricados o alterados a fin de adaptarlos a conclusiones preexistentes. </p>     <p>Esto sucede en la prensa diaria (comparar titulares es una aburrida pero necesaria confirmaci&oacute;n de la cocina de la informaci&oacute;n urbi et orbe), pero tambi&eacute;n en la citadela cient&iacute;fica que oscila entre inventar (o falsear resultados) para conseguir fondos, en formular hip&oacute;tesis que cuando sean constatadas agradar&aacute;n a financistas y fundamentalmente en una avidez muy fuerte de los investigadores<Sup><a href="#n4">4</a></Sup> para evitar -y esto vale tanto para el neoliberalismo como para lo que queda de la izquierda ex&oacute;tica- confundir las conclusiones de las que parten con las preguntas que deber&iacute;an ser capaces de desestimarlas -y no a la inversa como sucede casi siempre. No nos vengan a correr con que profesamos un relativismo a la Feyerabend. No decimos que toda informaci&oacute;n es falsa o in&uacute;til, insistimos, eso si, que nunca es un dato o un dato respecto de los hechos mas obvios<Sup><a href="#n5">5</a></Sup>. </p>     <p>El segundo error de la expresi&oacute;n tecnolog&iacute;a de la informaci&oacute;n es centrarse en lo inerte y opinable y descartar que su poder nace (y se estrella) mucho m&aacute;s como posibilidad/dificultad de la comunicaci&oacute;n que como mero conducto transmisor de datos. Por suerte investigadores del nuevo entorno (medio, ciberespacio) comienzan a conceptualizar su multidimensionalidad, arranc&aacute;ndolo de las estrechas conductas en que tanto admiradores como r&eacute;probos tratan de reducir al nuevo medio. Es por ello que podemos imaginarnos a este nuevo espacio como facilitando y ampliando los intereses b&aacute;sicos de todo aprendizaje como son la indagaci&oacute;n, la comunicaci&oacute;n, la construcci&oacute;n y la expresi&oacute;n. </p>     <p>En la misma direcci&oacute;n va la observaci&oacute;n de que Internet y las tecnolog&iacute;as asociadas, adem&aacute;s de irreductibles a la visi&oacute;n telegr&aacute;fica de la comunicaci&oacute;n y mucho m&aacute;s a un mero entorno de interacci&oacute;n desigual y ca&oacute;tica, es principalmente un entorno, un espacio, una muestra sesgada pero no menos valiosa del mundo real. Se trata, con todas las dificultades de acceso y con la necesaria acu&ntilde;aci&oacute;n de criterios y de condiciones -como lo hacen excelentemente bien Burbules y Callister-, de un espacio p&uacute;blico, de entornos colaborativos, de coconstrucci&oacute;n de ideas, conceptos e interpretaciones, de dise&ntilde;o de nuevos productos, y tambi&eacute;n como motor principal de la creaci&oacute;n del contexto global generando interacciones a distancia irreductibles al contacto cara a cara (lo que es bueno y malo a la vez). </p>     <p>Internet no es tan solo un nuevo medio, sino un espacio virtual en el que pasan cosas. Por ello imaginarla como una biblioteca virtual o un repositorio multimedial es (deliberadamente) no entender nada. Se trata m&aacute;s bien de un territorio potencial de colaboraci&oacute;n en el cual pueden desplegarse de manera adecuada (pero tambi&eacute;n en forma muy equivocada) procesos de actividades de ense&ntilde;anza y aprendizaje. </p>     <p>Por otra parte si nos cuesta tanto entender la imbricaci&oacute;n entre tecnolog&iacute;a y educaci&oacute;n ello se debe b&aacute;sicamente a la insuficiencia de las ret&oacute;ricas actuales que tratan de pensar (o usufructuar esa relaci&oacute;n). As&iacute; es claramente insuficiente la concepci&oacute;n harto difundida de que la tecnolog&iacute;a es instrumental porque reduce la tecnolog&iacute;a a una funci&oacute;n y deja (supuestamente) abierta la posibilidad de utilizarla en funci&oacute;n de criterios de adopci&oacute;n claros y distintos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La concepci&oacute;n instrumental hace agua por todos lados. Dif&iacute;cilmente las tecnolog&iacute;as se agotan (o vayan en la direcci&oacute;n correcta) en el enunciado de prop&oacute;sitos por parte de sus inventores (o marketineros). Generalmente (y esto vale desde la propia Internet hasta la web, desde las interfases hasta las aplicaciones mas sofisticadas). Muchas veces (y el caso del e-mail es uno de los mejores ejemplos) pueden crear prop&oacute;sitos nuevos inimaginables antes de la puesta en circulaci&oacute;n de la innovaci&oacute;n. Por otra parte las herramientas modifican (al coevolucionar cada vez m&aacute;s &iacute;ntimamente) a los usuarios. No solo el e-mail, la navegaci&oacute;n hipertextual y la visualizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n cambian la forma como vemos y actuamos sobre el mundo. Sino que lo hacen en una continuidad perfectamente encastrada con modificaciones ancestrales en la relaci&oacute;n entre utensilio, redise&ntilde;o biol&oacute;gico e invenci&oacute;n de los rasgos profundamente humanos<Sup><a href="#n6">6</a></Sup>. </p>     <p>No solo usamos las herramientas sino que estas nos usan a nosotros, en forma permanente e indeleble. Al usar la tecnolog&iacute;a para cambiar al medio, el medio nos cambia a nosotros (recodar ese maravilloso ejemplo de coevoluci&oacute;n de personas y habitats que es el codise&ntilde;o habitante de la casa y mutaci&oacute;n de la casa en Steward Brand, How Bulding Learn. What happens after they are built, 1994). La relaci&oacute;n de las personas con la tecnolog&iacute;a no es unilateral e instrumental sino bilateral y por ello Burbules y Callister la denominan (como hemos hechos nosotros y tantos otros como Lewis Mumford, Langdon Winner, Bruno Latour, Michael Callon, Knorr-Cetina, etc) relacional. </p>     <p><b>La falsa gran divisoria tecnolog&iacute;a vs cultura </b></p>     <p>Quiz&aacute;s el peor impedimento para un an&aacute;lisis m&aacute;s sutil de la imbricaci&oacute;n tecnolog&iacute;a/educaci&oacute;n proviene de nuestra idea simplista y reduccionista que quiere plantar una pica de Flandes separando (al peor estilo cartesiano) a la humanidad de un lado, y a la tecnolog&iacute;a del otro. Como si pudiera haber una tecnolog&iacute;a antihumana o una humanidad antitecnol&oacute;gica -como insisten a m&aacute;s no poder los tecnof&oacute;bicos (partiendo de Jaques Ellul hasta llegar a Clifford Stoll y Steven Biejkerts)-. </p>     <p>Las mismas m&aacute;quinas que nos ayudan nos enferman. El s&iacute;ndrome del t&uacute;nel carpiano se difunde, hay quienes creen todav&iacute;a que los monitores y los celulares est&aacute;n creando c&aacute;nceres de nueva generaci&oacute;n -son sus principales tesis-. Pero no menos claro es que las t&eacute;cnicas de diagn&oacute;stico por im&aacute;genes y los nuevos an&aacute;lisis bioqu&iacute;micos modifican nuestra manera de entender la salud y la enfermedad. Cambian asimismo las nociones de capacidad, pero muy especialmente la noci&oacute;n de ser humano puramente natural. Donna Haraway lo dijo hace 10 a&ntilde;os atr&aacute;s y son&oacute; a esc&aacute;ndalo. Todos somos Cyborgs. A medidos de 2004, Proyecto Genoma Humano, as&iacute; como los avances en nanotecnologia y en computaci&oacute;n ubicua y transplantable mediante, nos permiten prever un futuro a la vez colosal y angustiante. </p>     <p>Al concebir relacionalmente a la tecnolog&iacute;a debemos estar atentos a su enorme poder de interferencia en las pr&aacute;cticas sociales anteriores. La etnograf&iacute;a muestra<Sup><a href="#n7">7</a></Sup> c&oacute;mo modificaciones en condiciones iniciales m&iacute;nimas (dejar ollas de metal en una cultura de greda) pueden producir transformaciones macro imprevisibles e irreversibles. En el caso de las tecnolog&iacute;as de la comunicaci&oacute;n, y a pesar de nuestra dureza imaginativa en cuanto a valorar los inicios de estas transformaciones, los resultados son tan espectaculares (y ca&oacute;ticos) como los que estamos viviendo actualmente. </p>     <p>La tecnolog&iacute;a no es solo la cosa, sino la cosa y las pautas de uso con las que se la aplica, la forma en que la gente piensa y habla sobre ella, as&iacute; como los problemas y expectativas cambiantes que genera. Esto que es una se&ntilde;al de alarma tambi&eacute;n podr&iacute;a serlo de alivio y viceversa. En el campo educativo lo m&aacute;s importante no son las tecnolog&iacute;as. De hecho 20 a&ntilde;os de uso de computadoras en el aula han dejado, en t&eacute;rminos de costos/beneficio, un resultado ruinoso para el sistema, de desconfianza hacia los fabricantes y de justificado desprecio frente al software que se viene utilizando<Sup><a href="#n8">8</a></Sup>. </p>     <p>El impacto producido por la tecnolog&iacute;a solo se sentir&aacute; cuando cambien simult&aacute;neamente (antes y/o despu&eacute;s) en una cascada de relaciones muchas veces dif&iacute;ciles de prever otras pr&aacute;cticas y relaciones educacionales encadenadas. La capacidad de transformaci&oacute;n no es algo intr&iacute;nseco a la tecnolog&iacute;a, imaginar que lo es -la pel&iacute;cula que desde hace m&aacute;s de dos d&eacute;cadas tambi&eacute;n nos quieren vender Bill Gates y Nicholas Negroponte- es el sue&ntilde;o (o la pesadilla) tecnocr&aacute;tica del fundamentalismo digital, y frente a ella hay que plantearse firme e inteligentemente. </p>     <p>Muchas de las propuestas de reforma educacional v&iacute;a la tecnolog&iacute;a parten de concepciones totalmente err&oacute;neas acerca de su naturaleza, uso y alcances, acerca de la sociedad y acerca de los modos en que ambas se codise&ntilde;an mutuamente. Cada uno de los intentos que los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os han querido venderle a la sociedad la soluci&oacute;n tecnol&oacute;gica se han encapsulado en dos o tres mantras indefendibles. </p>     <p>El m&aacute;s conocido -y que hasta la ca&iacute;da del Nasdaq era la encarnaci&oacute;n m&aacute;s moderna de viejas ilusiones- es concebir a la computadora (o a Internet) como La panacea. Seg&uacute;n esta perspectiva que participa de un simplismo rampl&oacute;n y de capacidad argumentativa cercana al 0 absoluto (endosada por ejemplo por <a href="http://www.Educ.ar" target="_blank">Educ.ar</a>) las nuevas tecnolog&iacute;as traen consigo posibilidades intr&iacute;nsecas capaces de revolucionar la educaci&oacute;n, y bastar&iacute;a con liberar este potencial para que se resolvieran la mayor&iacute;a de los problemas que asolan a las escuelas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque se podr&iacute;a deshojar esta margarita en detalle, antes de perder el tiempo en enunciados absurdos, sinteticemos el error garrafal de esta propuesta. La mayor&iacute;a de las dificultades educativas (y de la sociedad en su conjunto) derivan de la insuficiencia o de la mala distribuci&oacute;n de los recursos, canalizar hacia un solo sector la mayor parte de los limitados fondos disponibles podr&iacute;a aumentar estos problemas en vez de remediarlos. </p>     <p>Como bien insisten Burbules &amp; Callister, la Revoluci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a de la Informaci&oacute;n es solo el &uacute;ltimo de esta larga serie de sue&ntilde;os ut&oacute;picos y dogm&aacute;ticos, y siempre habr&aacute; en el campo educativo (como en el econ&oacute;mico o social) quienquiera comprarse estas burradas-esperanzas. Otra concepci&oacute;n que es la de la computadora y la Internet como herramienta ha sido desestimada m&aacute;s arriba por ello conviene detenernos un poco en una tercer propuesta que tambi&eacute;n debe ser criticada- que sostiene (supuestamente en forma realista contra las otras dos anteriores) que hay que nivelar costos y beneficios, reconocer lo bueno y lo malo en la tecnolog&iacute;a, comprender el lenguaje de las consecuencias no deseadas, y aceptar las imperfecciones de la racionalidad humana. Por m&aacute;s que parece prometer, lamentablemente sigue siendo una variante del tecnocratismo. </p>     <p>Los invitamos a recorrer el primer cap&iacute;tulo de la obra de Burbules para abrevar de primera mano en las cr&iacute;ticas que los autores le hacen a las visiones tecnocr&aacute;ticas y c&oacute;mo proponen superarlas. Propositivamente se trata de interpretar el c&aacute;lculo de costos y beneficios como un modo de evaluar el cambio. Porque la historia social de la tecnolog&iacute;a muestra acabadamente que existen consecuencias no deseadas a las que no puede adjudic&aacute;rseles valor alguno porque no son previsibles, y que hay m&uacute;ltiples secuelas dif&iacute;ciles de aislar o de apreciar en forma separada<Sup><a href="#n9">9</a></Sup>. </p>     <p><b>Hacia una forma postecnocr&aacute;tica de hacer/pensar </b></p>     <p>Pero se puede ir un poquito m&aacute;s lejos que los an&aacute;lisis muchas veces defensivos de Tenner. Al proponer desarrollar una forma postecnocr&aacute;tica de hacer/pensar debemos simult&aacute;neamente (y contradictoriamente) destacar los l&iacute;mites de la previsi&oacute;n y la planificaci&oacute;n humanas, la interdependencia de m&uacute;ltiples consecuencias, y lo dif&iacute;cil que es discriminar los resultados buenos de los malos Porque lo bueno/malo est&aacute; contenido en todos los asuntos humanos que se precien y ninguna consecuencia importante de una decisi&oacute;n puede evaluarse en forma individual. Cualquier cosa lo bastante poderosa para hacer el bien y el mal en gran escala es simult&aacute;neamente peligrosa. Las consecuencias que hay que sacar son claras y contundentes. Las nuevas tecnolog&iacute;as son poderosisimas y por lo tanto son peligros&iacute;simas. </p>     <p>Si estas observaciones valen para todas las tecnolog&iacute;as, son mucho mas aplicables que en ning&uacute;n otro lugar a la interfaz educaci&oacute;n/tecnolog&iacute;a. Las razones son evidentes para quienes balizamos este territorio durante los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os, y en particular durante los &uacute;ltimos 10 tonificados por la existencia de las web que justo ahora cumple 10 a&ntilde;os de vida gr&aacute;fica.</p>     <p>El campo de las tecnolog&iacute;as de la comunicaci&oacute;n es el que m&aacute;s r&aacute;pido evoluciona, el m&aacute;s din&aacute;mico de los sectores industriales y una &aacute;rea estrat&eacute;gica en donde las innovaciones se realimentan a si mismas de un modo singular. Se trata de un campo autoreflexivo en donde los avances posibilitan m&aacute;s avances. Este car&aacute;cter autoreflexivo no es particularmente agradable ya que vuelve muy proclive a definir sus propios problemas y objetivos de manera herm&eacute;tica, como metas t&eacute;cnicas valiosas en si mismas, apart&aacute;ndose de una evaluaci&oacute;n de las consecuencias para la sociedad en su conjunto<Sup><a href="#n10">10</a></Sup>. </p>     <p>Para complicar m&aacute;s las cosas como estas tecnolog&iacute;as trabajan sobre la informaci&oacute;n, y esta se plantea como baremo en la plausibilidad de la construcci&oacute;n del mundo, quienes orientan las especulaciones acerca del uso y la finalidad de la informaci&oacute;n decidir&aacute;n al mismo tiempo acerca de lo pensable (o de lo que necesita ser hecho/pensado). Lo que quede fuera de la materia prima tambi&eacute;n se volver&aacute; inaccesible y por ende indecidible (de eso no se habla, de eso no opina, eso no se toca, de aqu&iacute; al pensamiento &uacute;nico hay un paso que todos dan f&aacute;cilmente no solo en econom&iacute;a sino tambi&eacute;n en tecnolog&iacute;a, en semi&oacute;tica, en filosof&iacute;a o donde fuera). </p>     <p>Por ello debemos descartar definitivamente los an&aacute;lisis en t&eacute;rminos de costos/beneficios, medios/fines (sistematizados demasiado apol&iacute;neamente en los an&aacute;lisis FODA) y lanzarnos de lleno a analizar, incidir e intervenir sobre la constelaci&oacute;n mucho m&aacute;s atractiva de lo conocido/desconocido multiplicada -como bien dicen Burbules &amp; Callister- por una reflexi&oacute;n cr&iacute;tica sobre lo que puede y no decirnos el medio de informaci&oacute;n sobre lo conocido/desconocido<Sup><a href="#n11">11</a></Sup>. </p>     <p>Porque para Burbules &amp; Callister las futuras l&iacute;neas de desarrollo son literalmente inconcebibles, no solo por la rapidez y complejidad del cambio, ni por la dimensi&oacute;n autorreflexiva de la innovaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n porque los vaivenes en las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y de la comunicaci&oacute;n impulsan al mismo tiempo, nuevos avances en nuestras posibilidades de imaginar las capacidades y las metas. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuando insistimos en que Internet es la imprenta del siglo XXI tenemos algo de raz&oacute;n pero generalmente no por las razones que nosotros mismos invocamos. La imprenta (ver los estudios siempre frescos de Elizabeth Einsenstein, Roger Chartier, Robert Escarpit, Alberto Manguel y Ann-Marie Chartier, al respecto) no solo gener&oacute; un nuevo tipo de transmisi&oacute;n de la escritura, sino que modific&oacute; las condiciones de la propia accesibilidad de sus aplicaciones (hizo posible y necesario que m&aacute;s gente aprendiera a leer, en un fen&oacute;meno de feedback positivo imparable). </p>     <p>Gener&oacute; un mecanismo para una nueva clase de producci&oacute;n, organizaci&oacute;n y difusi&oacute;n de la informaci&oacute;n y como tal cre&oacute; posibilidades inimaginables e irrealizables antes de su emergencia -pero que tampoco estaban contenidas como un programa o plantilla en su estructura-. Es imposible conocer todos los cambios que presagian las nuevas tecnolog&iacute;as y hoy consideramos bueno o malo<Sup><a href="#n12">12</a></Sup>,es probable que se invierta o se ignore cuando hayamos entrado de pleno en La Tercera Fase -ver editoriales del ILHN n&ordm; 2334 y siguientes, Tres fases en la historia del conocer-. </p>     <p>Seguimos viviendo encerrados en binarismos esclerosados. Por rechazar la promoci&oacute;n de la gran panacea (o de la gran divisoria) caemos indefinidamente en el negativismo -bien reflejado en las obras tecnof&oacute;bicas de Neil Postman y Clifford Stoll). Lo fascinante de las tesis de Burbules &amp; Callister es su propuesta de incorporar una perspectiva critica, no en oposici&oacute;n total a la nuevas tecnolog&iacute;as de la comunicaci&oacute;n y la informaci&oacute;n, sino dentro de una pol&eacute;mica sobre &eacute;stas. Esta perspectiva muy af&iacute;n al tecno-realismo sopesa riesgos y promesas, pero al mismo tiempo los ve como inseparables. Los peligros y posibilidades de estas tecnolog&iacute;as no se oponen entre si, son aspectos de sus mismas capacidades. No se puede escoger unas y rechazar otras. </p>     <p>Como inconclusiones podemos sacar que, convertir todo lo dicho en materia de controversia, solo tiene por efecto polarizar las posturas e introducir la met&aacute;fora de la guerra (ver Lakoff y Jonson, Met&aacute;foras de la vida cotidiana, 1980) donde el discurso ganar&iacute;a mucho m&aacute;s de la danza (Ver de E.T.Hall, La danza de la vida). </p>     <p>Pero mucho m&aacute;s interesante aun es que debemos abandonar la idea (grabada a fuego en la cabeza de los intelectuales) de que el simple hecho de investigar m&aacute;s nos dir&aacute; qu&eacute; (buen) rumbo adoptar. Los estudios en si no tienen valores intr&iacute;nsecos, porque la mayor&iacute;a de las decisiones que se toman los puentean alegremente, y obedecen a una combinatoria ins&oacute;lita de datos anecd&oacute;ticos, presiones de los grupos de intereses, prejuicios y fantas&iacute;as. </p>     <p>Ni los tratados, ni las conferencias, ni las compilaciones ni los an&aacute;lisis que dicen albergar la verdad sobre las cosas inciden grandemente (ni disuelven de ninguna forma) todos los enigmas, contradicciones, ambig&uuml;edades y dilemas planteados previamente<Sup><a href="#n13">13</a></Sup>. Ning&uacute;n dise&ntilde;o experimental, ninguna metodolog&iacute;a simplista ni ninguna epistemolog&iacute;a (que ni siquiera entiende la complejidad de la realidad de medio o un siglo atr&aacute;s) arrojan ninguna luz sobre estos problemas. Porque lo que todos estos trabajos ignoran (aunque UNESCO y otras instituciones les regalan decenas de millones de d&oacute;lares que podr&iacute;an ser utilizados de forma mucho m&aacute;s &uacute;til e inteligente) es que estamos en medio de un proceso de reformulaci&oacute;n del significado y de los fines de la educaci&oacute;n y no buscando (con el auxilio de m&aacute;quinas m&aacute;s o menos tontas) seguir haciendo (bien) lo mal que est&aacute;bamos actuando en educaci&oacute;n hasta ayer. </p>     <p>Es por ello un esc&aacute;ndalo y una verg&uuml;enza que cualquier consideraci&oacute;n acerca del futuro del aprendizaje, y especialmente cualquier propuesta de e-learning no pase antes por la criba de una critica radical del aprendizaje fallido, y de los peligros de reiterar sus fallas, m&aacute;s all&aacute; de las maquinas que se utilicen, a menos que nos tomemos en serio en qu&eacute; consiste la cultura del aprendizaje<Sup><a href="#n14">14</a></Sup>. </p><hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>     <p><a name="n1">1</a> Pat&eacute;ticamente reafirmado en las infinitas charlas y discusiones que supuestamente dan cuenta de nuestra impotencia pedag&oacute;gica y de nuestra ceguera did&aacute;ctica. </p>     <p><a name="n2">2</a> Dio en el a&ntilde;o 2000 una charla en la Universidad de San Andr&eacute;s, Argentina, invitado por Silvia Gvirtz, directora del departamento de educaci&oacute;n de la citada casa de estudios y de la colecci&oacute;n de Granica donde fuera publicado su libro. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n3">3</a> Inmanuel Wallerstein (especialmente en The End of the World As We Know It: Social Science for the Twenty-first Century, 1999) nos ense&ntilde;&oacute; hace tiempo que nuestros problemas de conceptualizaci&oacute;n de la complejidad utilizando las categor&iacute;as de las ciencias sociales decimon&oacute;nicas emanaban de nuestra incapacidad de impensarlas, lo que nos lleva a repetir -y a esclerosar- sus falsos planteos y sus malas propuestas; Bruno Latour (especialmente en Pandora's Hope: Essays on the Reality of Science Studies, 1999) nos viene entrenando desde hace dos d&eacute;cadas insistiendo en respetar la complejidad de los fen&oacute;menos sin reducirlos jam&aacute;s a algunas de sus facetas o partes constituyentes, preservando permanentemente su interconectividad y mutua dependencia. </p>     <p><a name="n4">4</a> Los analistas deber&iacute;an volver a la universidad y tragarse de cabo a rabo la importante obra de Georges Devereux, De la ansiedad al m&eacute;todo en las ciencias del comportamiento, una de las mejores al momento de analizar la dificultad que &eacute;stos tienen para no provocar efectos de transferencia sobre sus objetos de estudio. </p>     <p><a name="n5">5</a> Que a m&aacute;s de 500 a&ntilde;os de sucedido el &quot;hecho&quot;, sigamos discutiendo si Am&eacute;rica fue descubierta o inventada, o de si el contacto entre espa&ntilde;oles y americanos fue un encuentro o un desencuentro resume con concisi&oacute;n de qu&eacute; estamos hablando. </p>     <p><a name="n6">6</a> Algo que anticip&oacute; Edgar Morin en su maravilloso texto El paradigma perdido. La naturaleza humana (1973) al referirse a la continuidad /mano/pie/cerebro, y como est&aacute; maravillosamente ejemplificado en la antropolog&iacute;a de la mano en la obra de Frank R. Wilson, The Hand. How its use shapes the brain, language and human culture (1998). </p>     <p><a name="n7">7</a> La pel&iacute;cula Los Dioses deben estar locos de Jamie Uys (1981) que recorre el espinel que va de la ca&iacute;da accidental de una botella de Coca Cola en medio del desierto de Kalahari a la invenci&oacute;n de una sociedad de clases bosquimana, caricaturizadamente revela ese poder. </p>     <p><a name="n8">8</a> Ver el articulo seminal de Tedd Oppenheimer, The computer delusion en The Atlantic Monthly de Julio 1997 y nuestras editoriales del ILHN n&ordm; 886 y sucesivas, El conocimiento de las manos nunca se fue y est&aacute; por volver. &iexcl;Computers go home! </p>     <p><a name="n9">9</a> Burbules &amp; Callister son &aacute;vidos lectores de la mejor literatura existente acerca de las consecuencias imprevisibles y muchas veces contraproducentes de la tecnolog&iacute;a. Y por ello se recuestan en el maravilloso libro de Edward Tenner, When things byte back, quien revela mejor que nadie c&oacute;mo las derivaciones no queridas no son infortunados efectos secundarios de los cambios que se procuran lograr, sino que muchas veces representan lo opuesto a los mismos y de hecho agravan el problema que supuestamente deber&iacute;an resolver. Ver en la misma l&iacute;nea de an&aacute;lisis, de Ivars Peterson, Fatal defect. Chasing Killer computer bugs (1995), as&iacute; como nuestras referencias en las editoriales del ILHN n&ordm; 182, Repulsi&oacute;n fatal. Breve incursi&oacute;n al mundo de los chips asesinos (31/7/1995), y n&ordm; 1774, Mas bugs asesinos. El infierno del software. </p>     <p><a name="n10">10</a> Para un extraordinario an&aacute;lisis de los peligros de este enfoque en la oposici&oacute;n entre medicina preventiva social y gen&eacute;tica post hoc individual, ver el articulo publicado por Robert Pollack en el Clar&iacute;n de Buenos Aires del 16 de Julio del 2001, &ldquo;La fascinaci&oacute;n por la gen&eacute;tica atenta contra la salud p&uacute;blica&rdquo;. </p>     <p><a name="n11">11</a> Por si sus aportes ya no hubiesen sido lo suficientemente generosos y l&uacute;cidos, los autores -consecuentes con todo lo que ven&iacute;an diciendo insisten en que debemos tomarnos en serio observaciones del tipo de las que alguna vez hicimos en el cap&iacute;tulo 1 de Ciberculturas 2.0 acerca del advenimiento de las inteligencias o situaciones posthumanas (o post-racionales en el sentido de despojarnos de la tutela cartesiana que nos tiene presos, pero tambi&eacute;n de la freudiana que solo nos libra de la anterior para arrinconarnos en sus neo-garras). </p>     <p><a name="n12">12</a> M&aacute;s all&aacute; de las pavadas que recitan ciertos fil&oacute;sofos para quienes este tipo de afirmaciones provienen de una mala lectura de la metamatem&aacute;tica como insiste Jacques Bouveresse en su obra Prodigios y vertigos de las analog&iacute;as (2001). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n13">13</a> Para una epistemolog&iacute;a de estas impotencias devorarse de Massimo Piatelli- Palmarini, Inevitable illusions. How mistakes of reason rule our minds (1994). </p>     <p><a name="n14">14</a> Para un recorrido maravilloso sobre el tema apropiarse de Ignacio Pozo Municio, Aprendices y Maestros. La nueva cultura del aprendizaje (2001). </p> <hr size="1">     <p><b>Referencias </b></p>     <!-- ref --><p>Brand, S. (1994). <i>How Building Learn. What Happens After they are Built</i>. New York: Viking. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0123-885X200500030001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bouveresse, J. (2001). <i>Prodigios y vertigos de las analog&iacute;as: sobre el abuso de la Literatura en el pensamiento</i>. Buenos Aires: Libros del Zorzal. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0123-885X200500030001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Burbules, N. y Callister, T. (2001). <i>Educaci&oacute;n: Riesgos y promesas de las nuevas tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n</i>. Buenos Aires: Granica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0123-885X200500030001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ILHN. <i>El conocimiento de las manos nunca se fue y est&aacute; por volver. &iexcl;Computers go home!</i> No 886. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0123-885X200500030001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ILHN. <i>Repulsi&oacute;n fatal. Breve incursi&oacute;n al mundo de los chips asesinos</i> (31/7/1995). No 182. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0123-885X200500030001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ILHN. <i>M&aacute;s bugs asesinos. El infierno del software</i>. No 1774. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0123-885X200500030001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Latour, B. (1999). <i>Pandora's Hope: Essays on the Reality of Science Studies</i>. Boston: Harvard Univ Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0123-885X200500030001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Morin, E. (1973). <i>El paradigma perdido</i><i>. </i><i>La naturaleza humana</i>. Barcelona: Kair&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0123-885X200500030001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Oppenheimer, T. (1997). The Computer Delusi&oacute;n. <i>The Atlantic Monthly</i>, Julio. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0123-885X200500030001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Peterson, I. (1995). <i>Fatal Defect. Chasing Killer Computer Bugs</i>. New York: Times Books Division of Random House. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0123-885X200500030001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Pollack, R. (2001).  La fascinaci&oacute;n por la gen&eacute;tica atenta contra la salud p&uacute;blica.<i>Clar&iacute;n</i> 16 de Julio. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0123-885X200500030001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">Piatelli - Palmarini, M. (1994). <i>Inevitable Illusions: How Mistakes of Reason Rule our Minds</i>. New York: John Wiley y Sons. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0123-885X200500030001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Piscitelli, A. (2001). <i>Ciberculturas 2.0</i>. Argentina: Paid&oacute;s. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0123-885X200500030001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Pozo Municio, I. (2001). <i>Aprendices y Maestros. La nueva cultura del aprendizaje</i>. Buenos Aires: Alianza. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0123-885X200500030001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tenner, E. (1996). <i>When Things Byte Back: Technology and the Revenge of Unintended Consequences</i>. New York: Alfred A. Knopf. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0123-885X200500030001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Wallerstein, I. (1999). <i>The End of the World As We Know It: Social Science for the Twenty-first Century</i>. Minnesota: University of Minnesota Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0123-885X200500030001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Wilson, F. (1998). <i>The Hand. How its Use Shapes the Brain, Language and Human Culture</i>. New York: Vintage Books. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0123-885X200500030001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="center">Fecha de recepci&oacute;n: Agosto de 2005 &bull; Fecha de aceptaci&oacute;n: Septiembre de 2005 </p>  </font>      ]]></body><back>
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