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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Based on the use of primary sources, the article studies Japanese immigration towards Colombia during the XX Century. It takes into consideration the immigration projects at Cauca and the Atlantic Coast, as well as the crisis triggered by the beginning of the Second World War. The analysis extends until nowadays, and includes a thought on the remittances issue.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4">Japoneses en Colombia. Historia de inmigraci&oacute;n, sus descendientes en Jap&oacute;n</font></p>       <p><b>Ines Sanmiguel*</b></p>     <p>* 	Antrop&oacute;loga de la Universidad de los Andes. Doctora en filosofia de la Facultad de Artes de la Universidad de Durham, Inglaterra. Catedratica de la Universidad de Teikyo, Departamento de Estudios Interculturales (Intercultural Studies), Tokio, Jap&oacute;n. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:sanmigel@main.teikyo-u.ac.jp">sanmigel@main.teikyo-u.ac.jp</a> </p> <hr size="1">      <p><b>Resumen </b></p>     <p>A trav&eacute;s del uso de fuentes primarias, el art&iacute;culo profundiza en el tema de la inmigraci&oacute;n japonesa a Colombia durante el siglo XX. Retoma los proyectos de inmigraci&oacute;n al Cauca, Corinto y la Costa Atlantica, as&iacute; como el momento de crisis que supuso el inicio de la segunda guerra mundial. El an&aacute;lisis se extiende hasta nuestros d&iacute;as e incorpora una reflexi&oacute;n en torno al tema de las remesas. </p>     <p><b>Palabras clave:</b> Inmigraci&oacute;n, Jap&oacute;n, Colombia, raza, remesas. </p> <hr size="1">      <p><b>Abstract </b></p>     <p>Based on the use of primary sources, the article studies Japanese immigration towards Colombia during the XX Century. It takes into consideration the immigration projects at Cauca and the Atlantic Coast, as well as the crisis triggered by the beginning of the Second World War. The analysis extends until nowadays, and includes a thought on the remittances issue. </p>     <p><b>Keywords: </b>Immigration, Japan, Colombia, Race, Remittances. </p> <hr size="1">      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A partir de la d&eacute;cada de 1980, el crecimiento de inmigrantes trabajadores en busca de mejorar su calidad de vida ha aumentado cuatro veces m&aacute;s r&aacute;pido que el de la poblaci&oacute;n mundial. El proceso migratorio, que durante los siglos XIX y XX se concentr&oacute; en las Am&eacute;ricas, ha cambiado el destino de la ruta -casi que podr&iacute;amos decir- a la inversa. En el caso de los inmigrantes procedentes de Latinoam&eacute;rica, el lugar de destino se ha concentrado con preferencia en los Estados Unidos, Espa&ntilde;a y algunos otros pa&iacute;ses de Europa y Jap&oacute;n. Muchos de estos trabajadores son los descendientes de anteriores emigrantes europeos y japoneses a quienes algunos gobiernos les han ofrecido un visado especial, permiti&eacute;ndoseles trabajar en oficios no especializados. Las remesas de dinero que los inmigrantes env&iacute;an a sus familias regularmente se han vuelto hoy d&iacute;a indispensables para la supervivencia de millones de familias y el bienestar de muchas econom&iacute;as nacionales en Latinoam&eacute;rica y el Caribe (Inter-American Development Bank, 2005). </p>     <p>La experiencia hist&oacute;rica de Colombia sobre migraci&oacute;n caracteriza al pa&iacute;s como naci&oacute;n t&iacute;picamente receptora. Este es un com&uacute;n denominador que comparte con el resto de los pa&iacute;ses latinoamericanos desde su consolidaci&oacute;n como pa&iacute;ses americanos independientes. Sin embargo, a diferencia de otros lugares como Argentina, Brasil y Uruguay, que recibieron la mayor parte de los once millones de inmigrantes entre 1850 y 1930, Colombia no atrajo un mayor n&uacute;mero de inmigrantes. Los intentos hechos por el Gobierno no fueron suficientes para atraer al inmigrante con proyectos de inversi&oacute;n empresarial grande como tampoco al inmigrante aventurero y pobre. Seg&uacute;nc&aacute;lculos hechos por Fernando Bastos de &Aacute;vila, el n&uacute;mero de personas nacidas en el exterior hasta 1939 no llegaba a exceder el 0.35% del total de la poblaci&oacute;n colombiana. Esto nos muestra que en t&eacute;rminos demogr&aacute;ficos el flujo migratorio fue bastante bajo (M&ouml;rner, 1985, p. 47; Deas,1985, p.216; Bastos de &Aacute;vila, 1964, p.15). </p>     <p><b>Inmigraci&oacute;n japonesa </b></p>     <p>A partir de 1868, cuando el Gobierno de Jap&oacute;n permit&oacute; la salida libre al exterior de sus ciudadanos, la migraci&oacute;n se dirigi&oacute; mayormente a los pa&iacute;ses de habla inglesa. Los Estados Unidos, Canad&aacute; y Australia atrajeron desde un comienzo el mayor n&uacute;mero de inmigrantes japoneses. Sin embargo, a partir de 1908, cuando Jap&oacute;n respondi&oacute; a las demandas de los Estados Unidos y acept&oacute; restringir el n&uacute;mero de pasaportes a trav&eacute;s de la negociaci&oacute;n del llamado Gentlemen&rsquo;s Agreement (Tratado de Caballeros); luego en 1921, cuando prohibi&oacute; a trav&eacute;s del Ladies&rsquo; Agreement (Acuerdo de Damas) la emigraci&oacute;n de las prometidas por foto en matrimonionio; y finalmente, con la ratificaci&oacute;n por ley en los Estados Unidos del Acta de la Cuota de Inmigraci&oacute;n en 1924 que prohibi&oacute; la inmigraci&oacute;n de japoneses, &eacute;sta lleg&oacute; a su fin. Igualmente sucedi&oacute; en otros pa&iacute;ses como Canad&aacute; y Australia, que dieron preferencia a la migraci&oacute;n blanca proveniente de Europa. La restricci&oacute;n impuesta en los pa&iacute;ses de habla inglesa hizo que el rumbo de la emigraci&oacute;n japonesa cambiara hacia los de habla espa&ntilde;ola y portuguesa. Los emigrantes viajaron bajo contrato para trabajar en las haciendas, como fue el caso de los que iban hacia Brasil y Per&uacute;, o en las empresas de minas y ferrocarriles en M&eacute;xico. De la emigraci&oacute;n estaban encargadas las compa&ntilde;&iacute;as que se hac&iacute;an cargo de llevar a cabo todos los tr&aacute;mites legales que permitiera la salida de los trabajadores de Jap&oacute;n, y a su vez, realizar los contratos en los pa&iacute;ses receptores. </p>     <p>A partir de 1924 hubo un gran cambio en la orientaci&oacute;n que le dio el Gobierno japon&eacute;s a la emigraci&oacute;n a los pa&iacute;ses extranjeros. En este a&ntilde;o el Gobierno envi&oacute; a Suram&eacute;rica una misi&oacute;n comercial con el fin de que se investigaran las posibilidades de comercio e inmigraci&oacute;n. Esta misi&oacute;n hab&iacute;a sido encargada por el Consejo de Emigraci&oacute;n que estaba presidido por Kij&ucirc;r&ocirc; Shidehara, entonces Ministro de Relaciones Exteriores. Las recomendaciones de la misi&oacute;n comercial dieron preferencia a Brasil, lo cual produjo que a partir de la fecha el Gobierno concentrara sus esfuerzos en promover la emigraci&oacute;n hacia Brasil a gran escala (Normano y Antonello, 1943, p. 27). El Ministro Shidehara consideraba la emigraci&oacute;n al exterior como una inversi&oacute;n para Jap&oacute;n, a la vez que una ayuda al pa&iacute;s receptor. En un comunicado expres&oacute; las siguientes palabras: </p>     <blockquote>       <p>&ldquo;Nuestro deseo constante es suministrar capital o trabajo a las regiones en desarrollo del mundo, y promover el bienestar y prosperidad no s&oacute;lo de los emigrantes mismos y de su pa&iacute;s de origen, sino tambi&eacute;n de aquellos pa&iacute;ses en los que vayan a establecerse. Para lograrlo estamos dispuestos a extender nuestros infatigables esfuerzos&rdquo;( The Trans-Pacific, 1930, p. 11-12). </p> </blockquote>     <p>Las palabras de Shidehara nos muestran con claridad la actitud del Gobierno japon&eacute;s con respecto a la emigraci&oacute;n: la intenci&oacute;n tanto de extender protecci&oacute;n a sus ciudadanos como la de lograr sus metas de desarrollo pol&iacute;tico y econ&oacute;mico. De esta manera, Jap&oacute;n comenz&oacute; a aparecer en la escena internacional como promotor de prosperidad para las naciones en desarrollo a trav&eacute;s de su pol&iacute;tica de emigraci&oacute;n. Las compa&ntilde;&iacute;as de emigraci&oacute;n en Jap&oacute;n, de cuya organizaci&oacute;n depend&iacute;a la migraci&oacute;n al exterior, fueron desapareciendo al tiempo que &eacute;sta empezaba a prosperar en los pa&iacute;ses latinoamericanos. En 1908, 18 compan&iacute;as hab&iacute;an cerrado sus actividades comerciales y s&oacute;lo quedaban 5 en operaci&oacute;n. En 1917, por iniciativa del Gobierno, se cre&oacute; la Compa&ntilde;&iacute;a de Fomento de Ultramar (Kaigai K&ocirc;gy&ocirc; Kabushiki Kaisha). &Eacute;sta integr&oacute; todas las antiguas compa&ntilde;&iacute;as de emigraci&oacute;n, con excepci&oacute;n de la Morioka que finalmente se uni&oacute; a la de Ultramar en 1920. La semiprivatizaci&oacute;n de las compa&ntilde;&iacute;as y su fusi&oacute;n posterior en una sola, le dio al Gobierno una mayor facilidad de intervenci&oacute;n en los programas de emigraci&oacute;n. </p>     <p>Una de las estrategias de los proyectos, a partir de las recomendaciones hechas por el Consejo de Emigraci&oacute;n, consisti&oacute; en la creaci&oacute;n de colonias agr&iacute;colas. Una vez que el Gobierno cambi&oacute; la orientaci&oacute;n de la emigraci&oacute;n de peones rurales asalariados a agricultores con tierras propias, los candidatos ya no fueron individuos, sino familias. La emigraci&oacute;n al exterior lleg&oacute; a formar parte de la pol&iacute;tica gubernamentral (kokusaku imin), dependiendo fundamentalmente de la organizaci&oacute;n e intereses de las compa&ntilde;&iacute;as de emigraci&oacute;n. Los emigrantes viajaban contratados y se esperaba que se establecieran de forma definitiva. S&oacute;lo tres pa&iacute;ses en Latinoam&eacute;rica fueron escogidos por Jap&oacute;n para el establecimiento de colonias agr&iacute;colas permanentes: Brasil, Colombia y Paraguay. La pol&iacute;tica de subsidio del Gobierno japon&eacute;s se mantuvo hasta 1984, fecha en la que el Gobierno anuncia el a&ntilde;o de liquidaci&oacute;n de la historia de la emigraci&oacute;n japonesa al extranjero (Yanaguida y Rodr&iacute;guez del Alisal, 1992, p. 330). </p>     <p>Los asentamientos agr&iacute;colas siguieron una pauta com&uacute;n de organizaci&oacute;n que consist&iacute;a en que la compa&ntilde;&iacute;a porporcionaba el dinero para la compra de la tierra. Ella ten&iacute;a bajo control la administraci&oacute;n y manejo de los productos agr&iacute;colas hasta que los emigrantes hubieran cancelado la deuda del pago de la tierra, el cual hab&iacute;a sido negociado por la compa&ntilde;&iacute;a de emigraci&oacute;n. Desde luego que hubo variaciones en cada programa, en donde muchas veces se construyeron hospitales y escuelas para que los ni&ntilde;os tuvieran educaci&oacute;n en el idioma japon&eacute;s, y tambi&eacute;n se crearon cooperativas para el manejo y venta de los productos. Sin embargo, la meta anticipada para el inmigrante era hacer de &eacute;l y su familia personas independientes de la compa&ntilde;&iacute;a y del subsidio otorgado por el Gobierno japon&eacute;s. Los emigrantes que se acogieron a los programas de colonias agr&iacute;colas ya no siguieron emigrando al exterior como trabajadores asalariados, sino como participantes directos en programas de desarrollo agr&iacute;cola. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La emigraci&oacute;n a otros pa&iacute;ses continu&oacute; por cuenta propia sin intervenci&oacute;n de las compa&ntilde;&iacute;as de emigraci&oacute;n. Los pa&iacute;ses que atrajeron un mayor n&uacute;mero de inmigrantes hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial fueron Per&uacute;, Argentina y M&eacute;xico, a&uacute;n cuando este &uacute;ltimo tambi&eacute;n fue una v&iacute;a para entrar ilegalmente a los Estados Unidos (Yanaguida y Rodr&iacute;guez del Alisal, 1992, pP. 149, 152-6, 162, 167-8; Mishima, 1985, pp. 63-4). En el caso de Per&uacute;, en noviembre de 1923 las compa&ntilde;&iacute;as acordaron finalizar el transporte de trabajadores para las haciendas. Seg&uacute;n lo ha hecho ver Isabelle Lausent-Herrera en su trabajo sobre Per&uacute;, las condiciones internas en este pa&iacute;s, caracterizado por reacciones de intolerancia y violencia en contra de la inmigraci&oacute;n japonesa, no permitieron la introducci&oacute;n de programas de colonizaci&oacute;n similares a los de Brasil. Tales programas hubieran ido en contra de los intereses de los terratenientes y, por tanto, serios conflictos podr&iacute;an haber ocurrido (Lausent-Herrera, 1991, pp. 19-20, 22). </p>     <p>El emigrante japon&eacute;s en Per&uacute;, aun cuando s&iacute; trabaj&oacute; en la agricultura, se dedic&oacute; preferentemente al comercio en las ciudades populosas, y lo mismo sucedi&oacute; en Argentina (Higa, 1995, p. 485). </p>     <p><b>Planes de inmigraci&oacute;n japonesa a Colombia </b></p>     <p>Iniciativas de planes de inmigraci&oacute;n s&iacute; las hubo, tanto en Colombia como en Jap&oacute;n. Ninguna lleg&oacute; a realizarse, con excepci&oacute;n de tres grupos de familias en 1929, 1930 y 1935, que contaron con la subvenci&oacute;n y apoyo de la Compa&ntilde;&iacute;a de Emigraci&oacute;n de Ultramar y de la Prefectura de Fukuoka, y de otro grupo de hombres, contratados en 1960 por una firma privada para trabajar en una plantaci&oacute;n bananera. Los tres primeros los formaron 20 familias con un total de 159 individuos, mientras que el proyecto bananero consisti&oacute; en una pareja encargada de la administraci&oacute;n, un asistente y 17 j&oacute;venes solteros. A continuaci&oacute;n dar&eacute; una breve descripci&oacute;n de algunos proyectos migratorios, lo cual nos lleva a entender mejor por qu&eacute; la emigraci&oacute;n japonesa a Colombia no tuvo &eacute;xito en t&eacute;rminos num&eacute;ricos<Sup><a href="#n1">1</a></Sup>.</p>     <p> Toraji Irie, en su voluminosa obra sobre la inmigraci&oacute;n japonesa a ultramar, menciona que despu&eacute;s de 1903, a&ntilde;o en el que Colombia perdi&oacute; el Istmo de Panam&aacute;, &eacute;sta se sinti&oacute; amenzada y con la necesidad de protegerse de una posterior intervenci&oacute;n de los Estados Unidos. Por lo cual, en el viaje que en 1908 hizo Antonio Izquierdo a Jap&oacute;n, parece ser que ten&iacute;a  -seg&uacute;n palabras de Irie- el encargo de solicitar a Jap&oacute;n 100.000 trabajadores. La intenci&oacute;n era colocarlos en la frontera con el istmo (1938, vol. 1, pp. 351-2). Irie no menciona la fuente de informaci&oacute;n de donde tom&oacute; &eacute;ste y otros datos relacionados con la visita de Izquierdo a Jap&oacute;n y su posterior regreso a Colombia. </p>     <p>La mencionada visita por Irie que hizo Izquierdo de la Torre en 1908, la cual incluy&oacute; a Jap&oacute;n y otros pa&iacute;ses del Asia, la present&oacute; Izquierdo al Congreso de la Rep&uacute;blica en 1909 (Izquierdo, 1909). Seg&uacute;n sus palabras: </p>     <blockquote>       <p>&ldquo;Estoy tratando el asunto de la inmigraci&oacute;n de japoneses para Colombia, y especialmente para la costa del Pac&iacute;fico&hellip; Los trabajadores ir&aacute;n destinados para trabajos agr&iacute;colas y para los ferrocarriles&hellip; Dos de las compa&ntilde;&iacute;as de emigraci&oacute;n con quienes estoy celebrando contratos tienen vapores que me prometen hacer tocar en nuestros puertos del Pac&iacute;fico&rdquo; (Izquierdo, 1910, p. 73-4). </p> </blockquote>     <p>Durante su visita a Jap&oacute;n, Izquierdo menciona que se firmaron contratos ad referendum, y que esperan s&oacute;lamente a </p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&ldquo;que se firme el tratado comercial entre Colombia y el Jap&oacute;n para mandar dos comisionados a estudiar a Colombia con el objeto de ver si alientan la inmigraci&oacute;n&rdquo; (Izquierdo, 1910, p. 73). </p> </blockquote>     <p>Izquierdo no menciona ning&uacute;n n&uacute;mero posible de emigrantes, s&oacute;lo dice que: </p>     <blockquote>       <p>&ldquo;En estos momentos ser&iacute;a f&aacute;cil llevar cualquier n&uacute;mero de inmigrantes &hellip; De acuerdo con mi compromiso llevo un jardinero que me cedi&oacute; el Conde Okuma: trabaj&oacute; ocho a&ntilde;os en los jardines imperiales y cuatro en los del Conde&rdquo; (Izquierdo, 1910, p. 75; Izquierdo, 1909, p.38). </p> </blockquote>     <p>El jardinero de quien hace menci&oacute;n Izquierdo le hab&iacute;a sido encargado por el presidente de la Rep&uacute;blica, Rafael Reyes. Daniel Ortega Ricaurte hace menci&oacute;n de la finca que el General Reyes ten&iacute;a en Chapinero y del jardinero japon&eacute;s: </p>     <blockquote>       <p>&ldquo;Aquella magn&iacute;fica casa ten&iacute;a fama por sus bellos jardines cuidados y arreglados esmeradamente por un jardinero japon&eacute;s, que el Presidente hab&iacute;a mandado traer en especial para el arreglo de su finca&rdquo; (Ortega, 1967, p.49). </p> </blockquote>     <p>Este jardinero, Tomohiro Kawaguchi, es el primer emigrante japon&eacute;s a Colombia de quien se conoce su nombre y oficio. De &eacute;l tambi&eacute;n se sabe que trabaj&oacute; en el embellecimiento del Bosque de San Diego, terreno de propiedad de Antonio Izquierdo, en donde tuvo lugar la Exposici&oacute;n Industrial de 1910. Al finalizar la exposici&oacute;n, el terreno se convirti&oacute; en el Parque de la Independencia. Ni&ntilde;o Murcia reconoce que el trabajo de Kawaguchi fue &ldquo;muy importante para la vegetaci&oacute;n y ambiente del predio&rdquo; (Ni&ntilde;o Murcia, 1991, p. 55).</p>     <p> Kawaguchi continu&oacute; trabajando como jardinero en Bogot&aacute; y posteriormente en las casas veraniegas del Ocaso, Cundinamarca, en donde vivi&oacute; los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida (Aniversario de 30 A&ntilde;os de Colonizaci&oacute;n. Historia de la Emigraci&oacute;n Japonesa a Colombia, 1964, pp. 9-10). All&iacute; muri&oacute; y su cuerpo fue enterrado en el cementerio del pueblo (Conversaci&oacute;n con Alberto Escovar Wilson-White, 2004). Irie menciona que Izquierdo regres&oacute; junto con dos jardineros y un carpintero (H&ocirc;jin Kaigan Hatten-shi, p. 352); pero Izquierdo s&oacute;lo menciona a Kawaguchi. No hay informaci&oacute;n sobre los nombres y detalles de la vida en Colombia de las otras dos personas, aun cuando s&iacute; es muy probable que hubieran ido junto con Kawaguchi. </p>     <p>Una vez ratificado el Tratado de Amistad, Comercio y Navegaci&oacute;n entre las dos naciones, el 10 de diciembre de 1908, el Gobierno japon&eacute;s cumpli&oacute; con lo prometido a Izquierdo de enviar un representante para investigar las condiciones del pa&iacute;s con miras a una futura emigraci&oacute;n. Un peri&oacute;dico en Tokio hab&iacute;a publicado una nota en la que menciona que, a pesar de haber transcurrido un a&ntilde;o desde la firma del tratado y de no haberse a&uacute;n iniciado las relaciones comerciales y diplom&aacute;ticas, se esperaba el futuro desarrollo de ellas y la emigraci&oacute;n a ese &ldquo;gran territorio&rdquo;<Sup><a href="#n2">2</a></Sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A Ry&ocirc;ji Noda, que era secretario de los consulados en Per&uacute; y Brasil y un experto consejero del Gobierno en asuntos de inmigraci&oacute;n a Suram&eacute;rica, le encomendaron la misi&oacute;n en esta ocasi&oacute;n. A su regreso a Jap&oacute;n present&oacute; un informe de su recorrido por Colombia al Ministerio de Relaciones Exteriores de su Gobierno. En &eacute;ste, Noda se abstuvo de recomendar la emigraci&oacute;n a Colombia por varias razones, entre otras: la falta de una ruta directa de navegaci&oacute;n, lo que har&iacute;a el viaje muy largo y costoso; las deficientes condiciones internas de comunicaci&oacute;n en Colombia, lo que har&iacute;a dif&iacute;cil entrar y salir del pa&iacute;s; la enorme extensi&oacute;n ocupada por escarpadas monta&ntilde;as; la falta de variedad de productos agr&iacute;colas y las peri&oacute;dicas inundaciones en las zonas f&eacute;rtiles de los r&iacute;os Magdalena y Cauca. Noda predijo, sin embargo, que de lograrse en un futuro la emigraci&oacute;n a Colombia, &eacute;l ve&iacute;a el sur del Valle del Cauca, en especial la parte comprendida entre Santander de Quilichao al sur y Cartago al norte, como una regi&oacute;n prometedora  (Noda, Vol 2, 1986, pp. 94109). &Eacute;sta fue precisamente el &aacute;rea que veinte a&ntilde;os m&aacute;s tarde comenzaron a ocupar los inmigrantes japoneses agricultores. El informe negativo de Noda se uni&oacute; casualmente a la crisis pol&iacute;tica que estaba sufriendo el pa&iacute;s, y como parte de ella el abandono del poder del General Reyes, bajo cuya presidencia se hab&iacute;a firmado el tratado entre los dos pa&iacute;ses, y &eacute;poca en la que hab&iacute;a nacido el inter&eacute;s por parte de Colombia en la inmigraci&oacute;n de trabajadores japoneses. </p>     <p>El asunto de buscar trabajadores en Jap&oacute;n volvi&oacute; a presentarse en 1920, cuando el General Reyes se ofreci&oacute; a viajar y a hacer &eacute;l mismo los contratos. Esta iniciativa se debi&oacute; a la propuesta que la Sociedad de Agricultores de Colombia enviara a los ministerios de Relaciones Exteriores y de Agricultura y Comercio, llamando la atenci&oacute;n del Gobierno sobre la falta de trabajadores agr&iacute;colas a causa del incremento de trabajadores en las ferrov&iacute;as. La Sociedad propon&iacute;a al Gobierno enviar una misi&oacute;n a Jap&oacute;n para negociar este asunto, dado que &ldquo;la inmigraci&oacute;n japonesa parece ser la m&aacute;s apropiada para Colombia&rdquo;. La misi&oacute;n nunca parti&oacute; y el asunto se archiv&oacute; (Ver Revista de la Sociedad Nacional de Agricultura, 1920, p. 250; El Tiempo, febrero 25 de 1920; Galvis y Donadio, 1986, p. 258). </p>     <p>El siguiente plan para reclutar trabajadores japoneses, fue unproyecto conjunto entre el empresario colombiano &Aacute;lvaro Uribe y la compa&ntilde;&iacute;a japonesa de emigraci&oacute;n a ultramar. Las dos partes estaban interesadas por la explotaci&oacute;n de la selva del bajo r&iacute;o Atrato y requer&iacute;an de 10.000 a 15.000 trabajadores. El Ministro de Relaciones Exteriores en Colombia, al recibir el comunicado al respecto del C&oacute;nsul en Kobe, orden&oacute; que se transmitiera la informaci&oacute;n al Ministerio de Industrias &ldquo;a fin de obtener un fundamento para contestar&rdquo; (Comunicado interno del Ministro de Relaciones Exteriores, julio 16 de 1924). Al parecer el Ministerio de Industrias, para emitir un concepto sobre la propuesta, necesitaba informaci&oacute;n concreta sobre las condiciones de los contratos y para ello era necesario que el C&oacute;nsul le diera unarespuesta por escrito a &Aacute;lvaro Uribe. Pasaron los meses y el C&oacute;nsul en Kobe no respond&iacute;a a la solicitud de Uribe. El Ministerio de Industrias envi&oacute; entonces un comunicado al Ministro de Relaciones Exteriores para rogarle </p>     <blockquote>       <p>&ldquo;Se sirva impartir las &oacute;rdenes del caso a nuestro C&oacute;nsul en Kobe, Jap&oacute;n, para que suministre a dicho se&ntilde;or los informes pedidos por &eacute;l, relativos a las condiciones en que podr&iacute;an contratarse trabajadores japoneses para la explotaci&oacute;n de bosques en las regiones del bajo Atrato&rdquo; (Ministro de Industrias al Ministro de Relaciones Exteriores, septiembre 8 de 1924). </p> </blockquote>     <p>El C&oacute;nsul fue amonestado por el Ministro de Relaciones Exteriores por su negligencia. Pasados varios meses de recibida la solicitud, el C&oacute;nsul finalmente respondi&oacute; por escrito a Uribe quej&aacute;ndose de parecerle &ldquo;prohibitivas algunas de las condiciones&rdquo; de la compa&ntilde;&iacute;a de emigraci&oacute;n. Mac&iacute;as aprovech&oacute; la oportunidad para enviarle al Ministro de Relaciones Exteriores una copia de su respuesta a Uribe y expresarle que: </p>     <blockquote>       <p>&ldquo;A pesar de que no me precio de conocer bien este impenetrable pa&iacute;s, ni la &iacute;ndole de sus habitantes&hellip;, considero que la inmigraci&oacute;n japonesa no es deseable para Colombia&rdquo; (C&oacute;nsul en Kobe al Ministro de Relaciones Exteriores, diciembre 2 de 1924). </p> </blockquote>     <p>En el caso anteriormente expuesto, seg&uacute;n puede verificarse en los oficios enviados entre los Ministerios de Industrias y el de Relaciones Exteriores, ambas secciones del Gobierno estaban dispuestas a que se le dieran posibilidades al proyecto. Sin embargo, el c&oacute;nsul en Kobe, que s&oacute;lo llevaba un par de meses en su cargo cuando le fue presentado el proyecto, fue quien tom&oacute; la iniciativa de descartarlo. En la correspondencia enviada al Ministerio no explic&oacute; claramente el por qu&eacute; de su negativa pero, una vez terminado su cargo y vuelto a Colombia dio una entrevista a la prensa, en la cual dej&oacute; ver por qu&eacute; estaba opuesto a la inmigraci&oacute;n japonesa y que, seg&uacute;n &eacute;l, ten&iacute;a el respaldo del entonces Ministro de Relaciones Exteriores. En la entrevista, en donde ir&oacute;nicamente aparece su fotograf&iacute;a vestido en kimono, manifest&oacute; su argumento: </p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&ldquo;Tienen una mentalidad absolutamente diversa y hasta contraria a la nuestra por su religi&oacute;n, por su raza, por su idioma, por sus costumbres&hellip; Mezclar nuestros indios o nuestros mulatos con japoneses ser&iacute;a fabricar un producto h&iacute;brido de consecuencias vitales desastrosas para todos y para todo&rdquo; (El Relator, diciembre 8 de 1928; El Espectador, enero 21 de 1929). </p> </blockquote>     <p>Si su oposici&oacute;n a la inmigraci&oacute;n japonesa era una creencia personal o no, un despacho del FBI que incluye un recorte de la entrevista dice que los comentarios del C&oacute;nsul, &ldquo;con respecto a lo indeseable de la inmigraci&oacute;n japonesa a Colombia, reflejan la mayor parte de la opinion p&uacute;blica colombiana&rdquo; (Microfilm rollo 63, National Archives of the United Status). </p>     <p>En 1925 parece haber existido un serio movimiento para trasladar a la Costa Atl&aacute;ntica a unos 25.000 japoneses, que resid&iacute;an entonces en los Estados Unidos. Para esta fecha, la emigraci&oacute;n de japoneses a este pa&iacute;s hab&iacute;a pr&aacute;cticamente llegado a su fin debido a la ratificaci&oacute;n por ley en 1924 del Acta de la Cuota de Inmigraci&oacute;n. Es posible que la hostilidad de los Estados Unidos hacia los residentes japoneses pudiera haber sido el motivo de tal plan reinmigratorio. </p>     <p>Las negociaciones del proyecto se llevaron a cabo entre un representante norteamericano y otro colombiano. Inicialmente elaboraron un proyecto en las cercan&iacute;as de la Bah&iacute;a de Cispat&aacute;, a unos 120 kil&oacute;metros al suroeste de Cartagena. La propuesta fue abandonada debido a la cercan&iacute;a de aquel sitio al Canal de Panam&aacute;. Se busc&oacute; otro lugar con 10.000 hect&aacute;reas de extensi&oacute;n, situado al noreste de Cartagena. Esta &aacute;rea estaba deshabitada y se esperaba que la llegada de varios miles de inmigrantes al departamento de Bol&iacute;var, ayudara a mejorar las condiciones econ&oacute;micas en la Costa Atl&aacute;ntica. El C&oacute;nsul norteamericano que inform&oacute; a Washington del proyecto no dej&oacute; de reconocer las ventajas que &eacute;ste traer&iacute;a a Colombia, un pa&iacute;s despoblado y con mucha necesidad de implementer la agricultura. Sin embargo, no dej&oacute; de advertir que aunque la inmigraci&oacute;n organizada de japoneses traer&iacute;a beneficios a Colombia,</p>     <blockquote>       <p> &ldquo;la existencia de una colonia japonesa a lo largo de la costa podr&iacute;a amenazar, en tiempo de guerra, la seguridad del Canal de Panam&aacute;&rdquo; (Schnare al Secretario de Estado, mayo 7 de 1925). </p> </blockquote>     <p>De los documentos existentes sobre &eacute;ste y otros proyectos que se consideraron antes de la Segunda Guerra Mundial, bien se puede deducir que los intereses pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos de los Estados Unidos, en especial en lo concerniente a la protecci&oacute;n y la seguridad del Canal, tuvieron prioridad sobre cualquier otro programa que trajera inversi&oacute;n social y prosperidad para Colombia. No se puede negar que Colombia no atrajo inmigrantes por razones tales como la inestabilidad pol&iacute;tica y las continuas guerras civiles despu&eacute;s de la independencia de Espa&ntilde;a, el enorme tama&ntilde;o del pa&iacute;s poco poblado y mal comunicado, la tenencia de la tierra en manos de unas pocas familias privilegiadas, la falta de una agricultura diversificada con predominio del monocultivo del caf&eacute;, y la vigencia de una legislaci&oacute;n que daba la apariencia de favorecer la inmigraci&oacute;n internacional, pero que no iba m&aacute;s all&aacute; de ideas con buenas intenciones puestas sobre el papel, y sin ponerse en pr&aacute;ctica por falta de recursos econ&oacute;micos. Pero tampoco se puede descartar la interferencia de los Estados Unidos en los asuntos internos de Colombia. Despu&eacute;s del incidente de 1903, Colombia no s&oacute;lo perdi&oacute; control sobre el Istmo de Panam&aacute; y el eventual beneficio resultante de la construcci&oacute;n de un canal transoce&aacute;nico, sino que tambi&eacute;n vio vulnerada su independencia pol&iacute;tica a favor de la seguridad del Canal. El temor a la presencia de los japoneses cerca del Canal lo dej&oacute; se&ntilde;alado el agregado militar estadounidense en Costa Rica en un comunicado que dec&iacute;a: </p>     <blockquote>       <p>&ldquo;Es bueno tener presente, sin embargo, que los puertos de colonizaci&oacute;n japonesa son cuidadosamente estudiados y seleccionados no s&oacute;lo desde el punto de vista econ&oacute;mico, sino desde los puntos estrat&eacute;gicos de valor militar&hellip; Es claro que cuando los japoneses colonizadores se hayan establecido constituir&aacute;n una base y amenaza para la seguridad del Canal&rdquo; (Campanole, agregado militar de Costa Rica, 5 de octubre de 1935). </p> </blockquote>     <p>El anterior comunicado, enviado en 1935, muestra que no es una coincidencia el hecho de que no hubieran existido colonias de japoneses en los pa&iacute;ses centroamericanos, cercanos al Canal de Panam&aacute;. Sin embargo, no sobra a&ntilde;adir que el oficial militar, tan preocupado por la protecci&oacute;n del Canal, ignoraba que aquellos inmigrantes japoneses, en la mayor&iacute;a campesinos pobres, eran gente que dejaban su pa&iacute;s en busca de mejores oportunidades para llevar una vida decente tanto ellos como sus familias. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El proyecto de inmigraci&oacute;n m&aacute;s ambicioso fue presentado al Gobierno colombiano por un empresario japon&eacute;s, Ken&rsquo;ichi Tomita. El 2 de octubre de 1928, Tomita y Jos&eacute; A. Montalvo, ministro de Industrias, firmaron un contrato en el cual se conced&iacute;an, libres de costo, 100.000 hect&aacute;reas de tierras bald&iacute;as para un proyecto de colonizaci&oacute;n en los Llanos Orientales. El proyecto estaba concebido para 2.000 colonos que se dedicar&iacute;an al cultivo intensivo del arroz y parcialmente a la ganader&iacute;a. Tomita se compromet&iacute;a a lograr apoyo por parte de Jap&oacute;n para facilitar a la regi&oacute;n asistencia t&eacute;cnica, un sistema de cooperativa, puestos de salud, caminos y carreteras, servicios de tel&eacute;fono y tel&eacute;grafo, encomiendas y correo postal para conectar los aislados Llanos Orientales con la capital del pa&iacute;s. </p>     <p>En el contrato se estipulaba que para que &eacute;ste se hiciera efectivo, necesitaba el benepl&aacute;cito de la Academia Nacional de Medicina de Bogot&aacute;, antes de ser presentado al Consejo de Ministros, al Consejo de Estado, y finalmente al Presidente de la Rep&uacute;blica para su aprobaci&oacute;n. As&iacute; que cinco semanas despu&eacute;s de ser firmado el contrato por las dos partes, se envi&oacute; una copia a la Academia para que sus miembros emitieran un dictamen sobre el proyecto. Pasados siete meses los acad&eacute;micos remitieron al Ministro la proposici&oacute;n aprobada por unanimidad en la sesi&oacute;n del 18 de junio de 1929. En ella reconocieron &ldquo;las altas condiciones del pueblo japon&eacute;s, que son un ejemplo y un motivo de admiraci&oacute;n para el mundo civilizado&rdquo;, pero no dejaron de expresar su gran preocupaci&oacute;n por las consecuencias biol&oacute;gicas que podr&iacute;an resultar de su mezcla con el pueblo colombiano: </p>     <blockquote>       <p>&ldquo;Hasta donde es posible inferirlo de la observaci&oacute;n com&uacute;n, una mestizaci&oacute;n de sangre japonesa en su variedad Mong&oacute;lico-Malaya con los diversos elementos &eacute;tnicos de nuestro pa&iacute;s no dar&iacute;a resultados ventajosos ni por el aspecto morfol&oacute;gico, ni por el aspecto funcional ni desde el punto de vista de la resistencia a las diversas influencias morbosas de nuestra zona&hellip; Resuelve manifestar al se&ntilde;or Ministro de Industrias&hellip; que una inmigraci&oacute;n en masa de colonos japoneses, desde el punto de vista &eacute;tnico no es aconsejable para Colombia&rdquo; (Evaluaci&oacute;n sobre la inmigraci&oacute;n japonesa a Colombia por la Academia Nacional de Medicina y dirigida al Ministro de Industrias, junio 25 de 1929). </p> </blockquote>     <p>La cl&aacute;usula trig&eacute;simo primera establec&iacute;a de manera expresa, que este contrato para su completa validez requer&iacute;a de la aprobaci&oacute;n del Presidente de la Rep&uacute;blica,&ldquo;el previo concepto favorable de la Academia Nacional de Medicina en cuanto a que los inmigrantes que van a traerse, al tenor de este contrato, no son inconvenientes por sus condiciones &eacute;tnicas, para el mejor desarrollo de la raza&rdquo; (Montalvo y Tomita, octubre 2 de 1928). </p>     <p>Por tanto, al recibir el concepto negativo de la Academia de Medicina, el contrato no podr&iacute;a perfeccionarse ni tener existencia jur&iacute;dica. &ldquo;Seguramente el Ministerio, en vista de que tal concepto fue adverso, no volvi&oacute; a ocuparse en el asunto&rdquo;, explic&oacute; dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde el Ministro de Industrias en cargo al de Relaciones Exteriores (Chaux, 5 de junio de 1931). </p>     <p>La evaluaci&oacute;n de los miembros de la Academia Nacional de Medicina no es de extra&ntilde;ar. En 1920 los m&eacute;dicos hab&iacute;an tomado parte en el III Congreso M&eacute;dico Colombiano, celebrado en Cartagena, en el cual discutieron sobre los problemas de la raza en Colombia para concluir que &ldquo;el m&aacute;s deseable para regenerar nuestra poblaci&oacute;n es un producto de raza blanca&rdquo;. En este congreso los asistententes trataron de probar la inferioridad de las razas negra y amarilla con base en razones patol&oacute;gicas (Memorias presentadas al 3er. Congreso M&eacute;dico Colombiano, 1920, p. 38). Los resultados de este congreso debieron haber influido en la promulgaci&oacute;n de la ley 114 de 1922 que dice en su art&iacute;culo 1: </p>     <blockquote>       <p>&ldquo;Con el fin de propender al desarrollo econ&oacute;mico e intelectual del pa&iacute;s y al mejoramiento de sus condiciones &eacute;tnicas, tanto f&iacute;sicas como morales, el Poder Ejecutivo fomentar&aacute; la inmigraci&oacute;n de individuos y de familias que por sus condiciones personales y raciales no puedan o no deban ser motivo de precauciones respecto del orden social&rdquo;. </p> </blockquote>     <p>Este tipo de pensamiento que ve&iacute;a a los que no fueran blancos como seres inferiores no era nada nuevo en los pa&iacute;ses latinoamericanos. &Eacute;stos, influenciados por el positivismo europeo del siglo XIX, vieron que la &uacute;nica v&iacute;a al progreso era recurrir a la inmigraci&oacute;n masiva proveniente de los pa&iacute;ses europeos como sustituto de la fuerza local laboral. Estos inmigrantes &lsquo;blanquear&iacute;an&rsquo; la poblaci&oacute;n mestiza, y se esperaba que este nuevo proceso de mestizaje pudiera decolorar las deficiencias raciales (Woodward, 1971; Jaramillo Uribe, 1964; Stein y Stein, 1970). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Proyecto de inmigraci&oacute;n al Cauca </b></p>     <p>En la misma &eacute;poca en que el proyecto presentado por Tomita fuera rechazado por motivos &eacute;tnicos y raciales, la compa&ntilde;&iacute;a de emigraci&oacute;n de ultamar estaba alistando los preparativos para la emigraci&oacute;n de 20 familias japoneses al sur de Colombia, provenientes de la prefectura de Fukuoka. </p>     <p>En 1926, la Compan&iacute;a de Emigraci&oacute;n de Ultramar hab&iacute;a comisionado a dos de sus empleados, Y&ucirc;z&ocirc; Takeshima y Tokuhisa Makijima para que hiceran un viaje exploratorio por Colombia en busca de un lugar apropiado para establecer una colonia agr&iacute;cola. Takahiko Wakabayashi, el c&oacute;nsul japon&eacute;s en Panam&aacute;, los acompa&ntilde;&oacute; en el recorrido que hiceron entre otros lugares por Bogot&aacute;, Medell&iacute;n y Barranquilla, la sabana de Bogot&aacute;, los valles del Cauca y del Magdalena. Su visita por Colombia la hicieron en privado, sin tener ning&uacute;n contacto con el Ministerio de Industrias que ten&iacute;a la facultad de aprobar los proyectos para futuros inmigrantes, como tampoco solicitaron terrenos bald&iacute;os para los futuros inmigrantes como s&iacute; lo hab&iacute;a hecho Tomita. A su regreso a Tokio, la compa&ntilde;&iacute;a de emigraci&oacute;n present&oacute; al Ministerio de Relaciones Exteriores los informes del primero y un segundo viaje a Colombia para obtener la aprobaci&oacute;n del proyecto de emigraci&oacute;n (Informe sobre las Condiciones de Emigraci&oacute;n y Colonizaci&oacute;n en Colombia, vol. 14, 1927 y vol. 20, 1929). Una vez obtenida &eacute;sta, la compa&ntilde;&iacute;a, con la asesor&iacute;a que recibi&oacute; de los emigrantes japoneses radicados en Cali y Palmira, compr&oacute; un terreno en el departamento del Cauca para establecer el programa agr&iacute;cola con las primeras diez familias de emigrantes. </p>     <p>No fue f&aacute;cil para la compa&ntilde;&iacute;a de emigraci&oacute;n encontrar familias dispuestas a emigrar. Ello es comprensible ya que Colombia era un pa&iacute;s totalmente desconocido en Fukuoka y hasta la fecha no hab&iacute;a habido nadie que hubiera regresado para contar sus experiencias, ni tampoco hab&iacute;a cartas de emigrantes anteriores. &ldquo;Inmigrantes que hab&iacute;an tenido &eacute;xito por lo general animaban a sus parientes, vecinos y amigos a compartir su buena suerte&rdquo;, dice con mucha raz&oacute;n Staniford en su estudio sobre una colonia japonesa en Brasil (Staniford, 1973). Brasil y Per&uacute; eran los dos pa&iacute;ses m&aacute;s conocidos en Jap&oacute;n para emigrar. Por ejemplo, dos de las familias que emigraron a Colombia hab&iacute;an vivido anteriormente en Per&uacute;, y dos de los emigrantes dijeron que originariamente hab&iacute;an deseado ir a Brasil. Uno cambi&oacute; de opini&oacute;n despu&eacute;s de haberse informado sobre Colombia en la revista de emigraci&oacute;n Kaigai, y el otro despu&eacute;s de haber visto la propaganda &lsquo;Kono yo no tengoku ga arutosureba, Koronbia ij&ucirc;chi wo sasu&rsquo; (Si en este mundo existe el para&iacute;so, &eacute;ste es Colombia) (Los Pasos de 50 A&ntilde;os: Historia de la Inmigraci&oacute;n Japonesa a Colombia, 1986, pp. 33-7). </p>     <p>Una vez las primeras cinco familias estuvieron listas para emigrar, la compa&ntilde;&iacute;a de emigraci&oacute;n se acerc&oacute; al consulado colombiano en Yokohama a solicitar la visa de los emigrantes. El C&oacute;nsul pidi&oacute; la autorizaci&oacute;n al Ministerio de Industrias de Bogot&aacute;, que neg&oacute; su expedici&oacute;n. La compa&ntilde;&iacute;a se alarm&oacute; y busc&oacute; la ayuda del antiguo secretario de la Legaci&oacute;n en Per&uacute;, J&ocirc;ji Amari, que se encontraba de vuelta en Jap&oacute;n. Amari, que hab&iacute;a comenzado su carrera de negociador y diplom&aacute;tico en Suram&eacute;rica, cuando viaj&oacute; a Per&uacute; por primera vez en 1898 para negociar el primer grupo de trabajadores japoneses a ese pa&iacute;s, hab&iacute;a pasado hac&iacute;a poco por Bogot&aacute; y saludado al ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Uribe Cordovez (1927-29). </p>     <p>Amari aprovech&oacute; este contacto personal con el Ministro y le envi&oacute; un telegrama para explicar lo grave que se volver&iacute;a la situaci&oacute;n, si no se les conced&iacute;a la visa, ya que las cinco familias estaban listas para partir. El Ministro de Relaciones Exteriores, a quien compet&iacute;a aprobar la entrada de los pasajeros en tr&aacute;nsito, envi&oacute; inmediatamente un cablegrama a Amari en el cual expresaba lo siguiente: </p>     <blockquote>       <p>&ldquo;Cordialmente retorno sus expresiones y correspondo sentimientos su Gobierno. Hoy ord&eacute;nase consulado vise pasaportes haciendo constar no son inmigrantes ni se acogen ley colombiana inmigraci&oacute;n (marconigramas de Uribe a Amari y de Uribe a Cuervo Borda, 28 de septiembre de 1929). </p> </blockquote>     <p>Un cablegrama similar fue enviado al consulado en Yokohama, y unos d&iacute;as m&aacute;s tarde, el ministro Uribe, al recibir un comunicado de la Secretar&iacute;a del Gobierno de Cali, en donde le ped&iacute;an instrucciones sobre qu&eacute; hacer con &ldquo;la llegada al puerto de Buenaventura de 50 o 60 inmigrantes&rdquo;, dirigi&oacute; un telegrama a Buenaventura ordenando que los &ldquo;Japoneses que vengan con sus pasaportes debidamente arreglados pueden entrar al pa&iacute;s&rdquo; (Ministro de Relaciones Exteriores al jefe encargado del Puerto de Buenaventura, Noviembre 5 de 1929). Gracias a la buena voluntad del ministro de Relaciones Exteriores, Uribe Cordovez, quien permiti&oacute; su entrada bajo la categor&iacute;a de pasajeros visitantes, la colonia de agricultores japoneses pudo establecerse en el Cauca. </p>     <p>Los datos aqu&iacute; presentados dan la impresi&oacute;n de que los emigrantes japoneses hubieran entrado a Colombia sin obedecer la ley de emigraci&oacute;n. Sin embargo, tanto el Ministerio de Industrias como la Academia Nacional de Medicina hab&iacute;an sido informados a trav&eacute;s del Ministerio de Relaciones Exteriores del plan de emigraci&oacute;n al Cauca. En junio de 1929, el c&oacute;nsul en Jap&oacute;n, Carlos Cuervo Borda (1927-35) hab&iacute;a enviado al Ministerio de Relaciones Exteriores una copia de la gu&iacute;a de emigraci&oacute;n a Colombia.&Eacute;sta hab&iacute;a sido preparada para los futuros emigrantes y conten&iacute;a informaci&oacute;n general sobre el clima y la geograf&iacute;a, y algunas recomendaciones sobre el viaje por barco y comportamiento para seguir en Colombia. La gu&iacute;a fue enviada en su original en japon&eacute;s, junto con la traducci&oacute;n al castellano. Iba acompa&ntilde;ada por una carta del C&oacute;nsul al Ministro en la cual dec&iacute;a: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&ldquo;Este proyecto ha sido aprobado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Jap&oacute;n y recibe el apoyo pecuniario del Gobierno Imperial&hellip; He prestado mi colaboraci&oacute;n para que se efect&uacute;e el viaje de estos inmigrantes porque estimo conveniente que se observe y estudie personalmente al trabajador japon&eacute;s para que, en caso de que sea h&aacute;bil y adaptable al medio colombiano, se le dejen las puertas abiertas&hellip; Estando vigente el Tratado de Amistad, Comercio y Navegaci&oacute;n con el Jap&oacute;n&hellip; he considerado que es mi obligaci&oacute;n como funcionario del Gobierno colombiano no poner obst&aacute;culos a este proyecto (C&oacute;nsul en Yokohama al Ministro de Relaciones Exteriores en Bogot&aacute;, 19 de junio de 1929). </p>     <p>En el original enviado a Bogot&aacute; hay una nota puesta al margen de la primera p&aacute;gina con letra manuscrita, probablemente del ministro Uribe, que dice: &ldquo;Avisar recibo en nota y comunic&aacute;rselo M. Industrias y Ac. de Medicina&rdquo;. Todo parece indicar que ni el Ministerio de Industrias ni la Academia de Medicina prestaron atenci&oacute;n al comunicado de Relaciones Exteriores. De haberlo hecho, con seguridad el proyecto hubiera fracasado como sucedi&oacute; con el de Tomita. La falta de atenci&oacute;n de la entidad gubernamental, bajo cuya responsabilidad ca&iacute;an los inmigrantes internacionales, result&oacute; en que el Ministro de Relaciones Exteriores, cuando su colega de Industrias quizo impedir la emigraci&oacute;n de los japoneses que ya ten&iacute;an todo preparado y se encontraban en v&iacute;speras de dejar Jap&oacute;n, les ayudara haciendo uso del recurso legal que le permiti&oacute; autorizar el visado en calidad de pasajeros. Los otros dos grupos que se unieron a la colonia en el Cauca en 1930 y 1935 tambi&eacute;n entraron al pa&iacute;s con visa de visitantes. A partir de 1933 los que viajaron en el tercer grupo, igual que las mujeres que fueron comprometidas para casarse y los inmigrantes llamados por sus parientes y amigos para trabajar en la colonia del Cauca, todos tuvieron que pagar el impuesto que se cobraba a los visitantes temporales. El impuesto de cien pesos por persona, que hab&iacute;a sido expedido por Decreto 1066 de 1933 con el fin de impedir que inmigrantes con pocos recursos econ&oacute;micos desembarcaran en Colombia, les fue devuelto despu&eacute;s de pasado un a&ntilde;o de residencia. La emigraci&oacute;n de los tres grupos coincidi&oacute; con el tiempo de Cuervo Borda en el consulado, quien no les puso obst&aacute;culos a los emigrantes y continu&oacute; otorg&aacute;ndoles la visa de visitantes, a pesar de que Carlos Uribe ya se hab&iacute;a retirado del Ministerio de Relaciones Exteriores y no pod&iacute;an contar con su apoyo. A estos dos funcionarios del estado colombiano, Uribe Cordovez y Cuervo Borda, se les debe un justo reconocimiento al haber hecho posible la inmigraci&oacute;n de los agricultores japoneses al sur de Colombia. </p>     <p>El Gobierno colombiano no reconoci&oacute; la inmigraci&oacute;n japonesa, mientras que el japon&eacute;s s&iacute; lo hizo. Esto lo acreditan los documentos que quedan en los archivos. En 1938, siendo Gabriel Turbay ministro de Relaciones Exteriores, recibi&oacute; una nota de la Legaci&oacute;n en Tokio en la que el Secretario Comercial le informaba que Jap&oacute;n ten&iacute;a resuelto el problema de la emigraci&oacute;n con la colonizaci&oacute;n en Manchuria y que por el momento no pensaba buscar otros pa&iacute;ses de emigraci&oacute;n. Adjunto al informe iban algunos recortes de la prensa relacionados con la emigraci&oacute;n a Suram&eacute;rica. El ministro Turbay le recalc&oacute; que &ldquo;Colombia no tiene inter&eacute;s en la inmigraci&oacute;n japonesa&rdquo;. En su respuesta al secretario en Jap&oacute;n, Turbay puso en claro que la inmigraci&oacute;n japonesa no estaba acreditada en Colombia, ya que &ldquo;en el pasado los asuntos de inmigraci&oacute;n nunca se trataron a nivel de negociaci&oacute;n entre los dos gobiernos&rdquo; (Comunicado de Borda Rold&aacute;n, marzo 14 de 1938; Ministro al Encargado de Negocios, abril 20 de 1938). </p>     <p>Lo anterior explica una conversaci&oacute;n ocurrida en Tokio en 1934, entre el embajador brit&aacute;nico y el Ministro de la Legaci&oacute;n de Colombia. En ella, el ministro Esguerra expres&oacute; que las familias japonesas que se hab&iacute;an establecido en el Cauca, </p>     <blockquote>       <p>&ldquo;no estaban consideradas conforme a la legislaci&oacute;n colombiana como inmigrantes, ya que hab&iacute;an cubierto todos sus gastos y adquirido la tierra con sus propios recursos&rdquo; (memorandum de conversaci&oacute;n, Ch. Dodd a Sir John Simon, 9 de julio de 1934). </p> </blockquote>     <p>Estos documentos son de inter&eacute;s porque contienen la raz&oacute;n oficial para argumentar que, confundiendo los hechos con la distorsi&oacute;n de la categor&iacute;a &lsquo;inmigrante internacional&rsquo;, no hubo en Colombia inmigraci&oacute;n japonesa que la acreditase como tal. </p>     <p><b>Los primeros inmigrantes </b></p>     <p>Ll&aacute;mense pasajeros o inmigrantes y est&eacute;n oficialmente reconocidos o no, lo cierto es que la inmigraci&oacute;n japonesa a Colombia a lo largo del siglo XX es un hecho, y que se caracteriza por tres tipos de inmigrantes: los pioneros que viajaron por cuenta propia y que en su mayor&iacute;a no llegaron directamente desde Jap&oacute;n, los que viajaron por contrato con la compa&ntilde;&iacute;a de emigraci&oacute;n como parte de un programa agr&iacute;cola y los que fueron llamados por parientes y amigos. </p>     <p>El primer tipo de inmigrante lleg&oacute; a Colombia en las tres primeras d&eacute;cadas del siglo XX y se estableci&oacute; con preferencia en la Costa Atl&aacute;ntica norte o en el Valle del Cauca en el sur del pa&iacute;s, seg&uacute;n el puerto por donde hab&iacute;a entrado. Sus actividades de trabajo se centraron en la jardiner&iacute;a, el comercio y la barber&iacute;a. El total de ellos no pasa de unas 30 personas. La mayor parte fueron hombres solteros, con excepci&oacute;n de una familia que hab&iacute;a emigrado inicialmente a Cuba, y de una joven pareja que viaj&oacute; junto con una novia prometida en matrimonio con uno de los emigrantes de Barranquilla. A pesar de que algunos viajaron directamente desde Jap&oacute;n con la intenci&oacute;n de establecerse en Colombia, la mayor parte de ellos hab&iacute;an probado suerte anteriormente en otros pa&iacute;ses de habla hispana. Algunos pasaron en barco desde Per&uacute;, entrando por Buenaventura, y los que estaban en las Islas del Caribe y Panam&aacute;. desembarcaban en Puerto Colombia. La apertura del Canal de Panam&aacute; en 1914, facilit&oacute; bastante la comunicaci&oacute;n mar&iacute;tima entre el Jap&oacute;n, la Am&eacute;rica del Sur y las Islas del Caribe. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El segundo tipo de inmigrantes fue el que lleg&oacute; a trav&eacute;s del contrato establecido con la Compa&ntilde;&iacute;a de Emigraci&oacute;n de Ultramar para radicarse en la colonia agr&iacute;cola del departamento del Cauca. El tercer tipo de inmigrantes lo formaron los parientes y amigos que viajaron de Jap&oacute;n a Colombia en calidad de trabajadores de los inmigrantes agricultores, y de algunas pocas mujeres que llegaron comprometidas en matrimonio. Aquellos que se dirigieron a la regi&oacute;n del Valle del Cauca hicieron contratos de trabajo con los que les hab&iacute;an precedido, sin interferencia alguna de la compa&ntilde;&iacute;a. La actividad de &eacute;sta termin&oacute; en 1935 al finalizar el compromiso del establecimiento de la colonia agr&iacute;cola con veinte familias. </p>     <p>En 1960, un grupo de 17 hombres fue contratado para la zona bananera de Tumaco, pero el proyecto no tuvo el &eacute;xito que esperaban. Al fracasar el proyecto, 14 de ellos se quedaron en Colombia. Ellos establecieron lazos de trabajo y de uni&oacute;n familiar con los anterioreses agricultores de Corinto, que para entonces se hab&iacute;an dispersado por algunas zonas del Valle del Cauca, ampliando de esta manera el n&uacute;mero de los agricultores japoneses en el sur de Colombia. </p>     <p>La barber&iacute;a fue el oficio m&aacute;s popular entre los japoneses que viv&iacute;an en la Costa Atl&aacute;ntica. Otras actividades tales como el cultivo de hortalizas, venta callejera de raspados de hielo, administraci&oacute;n de tiendas de abarrotes y bares de su propiedad con juegos de billar, completaron las actividades que les asegur&oacute; un ingreso econ&oacute;mico. Ejercer el oficio de barbero, el cual fue bastante popular entre los japoneses que viv&iacute;an en Panam&aacute;, ten&iacute;a la ventaja de poder aprenderlo y trabajar de ayudante con otro japon&eacute;s para ganar experiencia. No requer&iacute;a de mucho capital inicial y se pod&iacute;a trabajar en compa&ntilde;&iacute;a o independientemente. Bastaba con un equipo y muebles sencillos. Lo que s&iacute; exig&iacute;a el oficio era limpieza y destreza manual. Los barberos japoneses en Barranquilla adquirieron la reputaci&oacute;n de ser limpios, cuidadosos y suaves. Su fama les gan&oacute; el apelativo de manitos de seda. </p>     <p>Mientras que los inmigrantes en la Costa norte sobresalieron en el oficio de la barber&iacute;a, los que migraron al interior destacaron en la jardiner&iacute;a y la agricultura. Los jardineros japoneses gozaron de una posici&oacute;n superior a la del jardinero local. La gente no los vio como simples cortadores del c&eacute;sped, sino dotados de la capacidad de crear algo original. Sin duda que el trabajo de Tomohiro Kawaguchi en los jardines de la Exposici&oacute;n Industrial de Bogot&aacute;, el esmerado cuidado del jard&iacute;n en la casa del General Reyes y su posterior trabajo en las fincas veraniegas del Ocaso, fueron buen motivo para asociar a los japoneses con la jardiner&iacute;a, y ello ayud&oacute; a los que siguieron en este oficio, como fue el caso de Jorge Ry&ocirc;jo Hoshino. Este lleg&oacute; a Bogot&aacute; en 1921 y abri&oacute; una tienda de productos importados de Jap&oacute;n, pero el Gran Terremoto de Kanto de 1923 lo forz&oacute; a cerrar el negocio. Sin saber qu&eacute; hacer, empez&oacute; a probar suerte como jardinero, en lo cual alcanz&oacute; &eacute;xito y fama. </p>     <p>En 1923 un grupo de cuatro j&oacute;venes amigos, Matsuo, Nakamura, Nishikuni y Shima, cruzaron el Pac&iacute;fico entusiasmados con las descripciones del Valle del Cauca hechas en la Mar&iacute;a de Jorge Isaacs, que les hab&iacute;a dado a conocer Y&ucirc;z&ocirc; Takeshima. En Cali encontraron a Koichi Tamura, due&ntilde;o de un hotel y restaurante, quien les dio una carta de presentaci&oacute;n para conseguir trabajo en el ingenio azucarero La Manuelita, en las cercac&iacute;as de Palmira. Tambi&eacute;n gracias al apoyo que recibieron del entonces director de la Secretar&iacute;a de Agricultura e Industria del departamento del Valle del Cauca, Ciro Molina Garc&eacute;s, consiguieron colocarse en otras haciendas como mec&aacute;nicos y tractoristas y en la Estaci&oacute;n Agr&iacute;cola y Experimental de Palmira. Ellos cumplieron con &eacute;xito su trabajo, con lo que desde entonces la mente de los colombianos uni&oacute; a los japoneses con la agricultura y se cre&oacute; una imagen positiva que ayudar&iacute;a a la introducci&oacute;n de inmigrantes japoneses en esta &aacute;rea. </p>     <p><b>Asentamiento en Jagual </b></p>     <p>Entre los a&ntilde;os de 1929 a 1935 llegaron a la denominada &lsquo;Colonia El Jagual&rsquo; en Corinto, las 20 familias, cuyo n&uacute;mero hab&iacute;a sido aprobado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Jap&oacute;n, y que hac&iacute;an parte del proyecto presentado al Ministerio por la Compa&ntilde;&iacute;a de Emigraci&oacute;n de Ultramar. Entre los requisitos del programa figuraba uno que exig&iacute;a que el cabeza de familia fuera agricultor, y que hubiese un n&uacute;mero m&iacute;nimo de tres adultos por familia. Las familias del primer grupo tuvieron un promedio de cinco personas, mientras que las del segundo y tercero, formado este &uacute;ltimo en realidad por 14 familias en vez de 10, tuvieron un promedio de siete personas. El 17% del total de las familias abandon&oacute; el programa y regres&oacute; a Jap&oacute;n. El &aacute;rea total de la colonia med&iacute;a 198 hect&aacute;reas, incluyendo tierras comunales y las de administraci&oacute;n. Cada familia recibi&oacute; un promedio aproximado de siete hect&aacute;reas. El responsable era el cabeza de familia, persona que hab&iacute;a firmado el contrato con la compa&ntilde;&iacute;a de emigraci&oacute;n. Los del tercer grupo firmaron con la prefectura de Fukuoka que les facilit&oacute; el dinero para ampliar el terreno anexo a la colonia. Parte muy importante de la fuerza laboral la constituyeron los hombres y mujeres allegados por parentesco o amistad. Ellos pod&iacute;an ser cu&ntilde;ados, sobrinos, primos o conocidos del cabeza de familia o de su esposa. En el primer grupo sumaron el 32%, mientras que el 26% en el segundo y el 28% en el tercero. Los inmigrantes que tuvieron posibilidades econ&oacute;micas llamaron posteriormente a parientes y amigos que deseaban emigrar en calidad de trabajadores (yobiyose imin). Por medio de un contrato verbal se acordaba que el cabeza de familia cubrir&iacute;a los gastos de viaje y una vez en Colombia los de comida y ropa, a cambio de seis a diez a&ntilde;os de trabajo sin remuneraci&oacute;n alguna. Hubo casos en que estos trabajadores se casaron con las hijas del jefe de familia, pero este matrimoniono no los liberaba de la deuda. S&oacute;lo cumplidos los a&ntilde;os de compromiso, pod&iacute;an independizarse e irse a vivir aparte. </p>     <p>En la colonia El Jagual cada unidad familiar, a cuya cabeza estaba el jefe y due&ntilde;o &uacute;nico de la parcela, estaba guiada por su liderazgo y autoridad, firmemente establecida dentro de la jerarqu&iacute;a familiar. Fundamental era la unidad familiar, cuyos miembros dorm&iacute;an bajo el mismo techo y trabajaban en conjunto para lograr la prosperidad econ&oacute;mica. Desde luego que hay ejemplos que muestran que cuando hubo la necesidad, cooperaron y se ayudaron mutuamente. Cuando Eduardo Masao Tanaka, por ejemplo, invent&oacute; una m&aacute;quina que pod&iacute;a arrastrar hasta cinco surcadoras de madera, con lo cual redujo dr&aacute;sticamente el tiempo de siembra del frijol, o cuando invent&oacute; la desgranadora-aventadora, todo ello lo ense&ntilde;&oacute; a sus compa&ntilde;eros de la colonia (Los Pasos de 50 A&ntilde;os: Historia de la Inmigraci&oacute;n Japonesa a Colombia, 1986, p. 73; Ramos, 1974, pp. 67-8). Sin embargo, la necesidad de ayuda mutua y la existencia de relaciones sociales no implicaron la solidaridad &eacute;tnica, ni el hecho de vivir en la misma &aacute;rea alent&oacute; el trabajo comunal. Por el contrario, la competici&oacute;n por cultivar el mismo tipo de productos y la b&uacute;squeda constante de tierras para alquilar crearon discordias, descontentos y conflictos. </p>     <p>Los inmigrantes de la colonia agr&iacute;cola contaron con dos tipos de ayuda: la unidad familiar y cierta cantidad de dinero que les recomend&oacute; llevar consigo la compa&ntilde;&iacute;a de emigraci&oacute;n para gastos iniciales y futura inversi&oacute;n, ayuda con la que no contaron los inmigrantes independientes a las ciudades. Takeshima, en el segundo informe presentado al Ministerio de Relaciones Exteriores de Jap&oacute;n, enfatiz&oacute; la importancia para los emigrantes de llevar dinero para invertir, porque de no hacerlo &ldquo;ir&iacute;an a terminar trabajando de peones para los colombianos&rdquo; (Gaimush&oacute;, vol. 20, abril 1929, p. 126). La familia que se inscrib&iacute;a al programa de emigraci&oacute;n ten&iacute;a que demostrar que dispon&iacute;a de una suma minima de 1.690 yenes ($800 d&oacute;lares americanos). Restando los gastos ocasionados para la expedici&oacute;n del pasaporte y otros certificados en Jap&oacute;n, de la comida durante los 35 d&iacute;as que duraba el viaje por mar, y los gastos de la vida en Colombia durante los primeros meses hasta que comenzaran a rendir las cosechas, se esperaba que a cada unidad familiar le quedara un capital libre equivalente a mil yenes para invertir en la parcela agr&iacute;cola.</p>     <p>El Gobierno japon&eacute;s subsidiaba el equivalente a la mitad de los gastos de transporte nacional desde Fukuoka hasta el puerto de embarque, el billete por barco hasta Colombia y una suma para cada individuo para transportarse desde Buenaventura hasta la colonia de Corinto. Del Gobierno en Colombia no se esperaba ninguna ayuda. Al recibir la visa en Yokohama, cada uno de ellos firm&oacute; un documento en el cual constaba que no ten&iacute;an derecho a solicitar exenciones ni los favores que la legislaci&oacute;n colombiana ofrec&iacute;a a los inmigrantes que establecieran su residencia en el pa&iacute;s (Cuervo Borda a Carlos Uribe, 9 de octubre de 1929). Por esta raz&oacute;n en 1935, a los del tercer grupo que tambi&eacute;n entraron como pasajeros, les cobraron el impuesto de entrada portuaria en Buenaventura. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Asentamiento en la Costa Atl&aacute;ntica </b></p>     <p>La sobrevivencia econ&oacute;mica es una constante preocupaci&oacute;n del inmigrante en el nuevo ambiente. Adaptarse con &eacute;xito depende de varios factores. Ante todo, de la habilidad social y de la destreza profesional, seguidas por las ambiciones, deseos y valores de cada uno. Tambi&eacute;n depende de las oportunidades que el emigrante encuentre. Barranquilla era una ciudad con atractivos para inmigrantes por dos factores importantes: &ldquo;oportunidad econ&oacute;mica y movilidad social&rdquo; (Fawcett y Posada-Carb&oacute;, 1997, p. 59). Sin embargo, todo depend&iacute;a de lo bien o lo mal que estuvieran preparados los inmigrantes japoneses para moverse en una ciudad que les ofrec&iacute;a oportunidades sin l&iacute;mites. Al estudiar la experiencia de este grupo que no se diluy&oacute;, sino que lleg&oacute; a formar una peque&ntilde;a comunidad, vale la pena explorar los cimientos sobre los que se establecieron. </p>     <p>Es de gran inter&eacute;s observar la forma en que los barberos de Barranquilla lograron sobrevivir econ&oacute;mica y socialmente. Ellos no crearon una comunidad en el sentido de haber residido en el mismo barrio. Vivieron por separado, en calles diferentes, y por lo general cerca del centro de la ciudad. Para el inmigrante, asegurarse de la comida y el alojamiento son dos desaf&iacute;os por vencer de inmediato. En la ciudad, a diferencia del campo, es m&aacute;s dif&iacute;cil conseguir el alojamiento que la comida. Muchas veces los due&ntilde;os de barber&iacute;a facilitaron a sus ayudantes el alojamiento. Este tipo de relaci&oacute;n, con car&aacute;cter de familia, tiene las ventajas y desventajas inherentes en una familia. En su estudio sobre inmigrantes japoneses, Kitano dice lo siguiente: </p>     <blockquote>       <p>&ldquo;Esto podr&iacute;a significar una explotaci&oacute;n econ&oacute;mica con largas jornadas de trabajo, aunque s&iacute; fomentara un sentido de identidad, pertenencia, seguridad y confort&rdquo;. (Kitano, 1969, p 20). </p> </blockquote>     <p>A pesar del descontento y problemas inevitables, esta forma de empleo paternalista era quiz&aacute; una soluci&oacute;n m&aacute;s acertada para el inmigrante urbano, que el vivir solo o con una familia local en condiciones de tensi&oacute;n. </p>     <p>Los inmigrantes de Barranquilla pusieron en pr&aacute;ctica un sistema de cr&eacute;dito rotativo llamado tanomoshiko. Este no requiere la firma de documentos ni el respaldo del fiador, ambos comunes en la compleja organizaci&oacute;n bancaria, sino que est&aacute; basado en la confianza mutua. No hay inter&eacute;s y si lo hay es muy bajo, lo que hace el cr&eacute;dito accesible a todos los socios de la organizaci&oacute;n (Drake, 1994, vol. 3, pp. 349-50). Gracias a este fondo com&uacute;n, los participantes no tienen la necesidad de acudir a los bancos locales con riesgo de recibir una negativa. El dinero prestado ayudaba unas veces a quien estaba en necesidad urgente y otras a mejorar las instalaciones de la barber&iacute;a. </p>     <p>Un aspecto muy importante de este sistema de ayuda econ&oacute;mica fue su funci&oacute;n social. Los hombres se reun&iacute;an una vez por mes para comer, beber y jugar a las cartas. En la reuni&oacute;n cada uno contribu&iacute;a con una cantidad fija de dinero con lo que pagaban lo que consum&iacute;an, y el resto iba al fondo de ahorro com&uacute;n del grupo. Parte del dinero, bien fuera por rifa o por solicitud, se prestaba a uno de los asistentes, libre de inter&eacute;s. En las reuniones mensuales los socios se divert&iacute;an, preparaban comida japonesa, se comunicaban en su idioma nativo y se olvidaban de las tensiones de la vida cotidiana. Los inmigrantes ten&iacute;an que adaptarse a la comida local y a la comunicaci&oacute;n en castellano con sus familias, vecinos y clientes. As&iacute; que estos encuentros peri&oacute;dicos, en los que compart&iacute;an la comida y la lengua nativas, eran buenas ocasiones para confirmar la identidad &eacute;tnica y recuperar el &aacute;nimo para seguir adelante en un pa&iacute;s ajeno. </p>     <p><b>La Guerra del Pac&iacute;fico </b></p>     <p>Sobrevino el ataque a&eacute;reo a Pearl Harbor y luego la Guerra del Pac&iacute;fico, lo que afect&oacute; a los japoneses que estaban viviendo en los pa&iacute;ses extranjeros. Colombia rompi&oacute; relaciones diplom&aacute;ticas con Jap&oacute;n un d&iacute;a despu&eacute;s de lo ocurrido en Hawai. Las reuniones de los de Barraquilla se terminaron, puesto que qued&oacute; prohibido que se reunieran m&aacute;s de tres japoneses. Los habitantes del Valle del Cauca perdieron la libertad de movimiento sin el salvoconducto expedido por la Polic&iacute;a. Colombia </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>permiti&oacute; la repatriaci&oacute;n de todos los funcionarios de la Legaci&oacute;n japonesa y de otros residentes a trav&eacute;s de los Estados Unidos. Trece pa&iacute;ses latinoamericanos, entre ellos Colombia, cooperaron con los Estados Unidos en la captura y deportaci&oacute;n de los ciudadanos de los pa&iacute;ses del Eje (Gardiner, 1981, p. viii). Algunos de los inmigrantes de la colonia El Jagual y otros pocos de Barranquilla fueron detenidos y trasladados al Hotel Sabaneta en Fusagasug&aacute;. El hotel fue convertido en un campo de internamiento para los ciudadanos alemanes, japoneses e italianos hasta que termin&oacute; la guerra en Europa y Asia. Los &uacute;ltimos en abandonar el lugar de detenci&oacute;n, de la cual tuvieron que pagar los gastos de hospedaje y alojamiento, fueron los japoneses. El 6 de septiembre de 1945, cuatro d&iacute;as despu&eacute;s de que el General MacArthur aceptara la declaraci&oacute;n formal de la derrota de Jap&oacute;n, los dejaron en libertad. </p>     <p>En suma, para los japoneses residentes en Colombia, la guerra no signific&oacute; otras cosa que sufrimientos, separaci&oacute;n de las familias y dificultades econ&oacute;micas. El cierre del cr&eacute;dito y las transacciones bancarias, la congelaci&oacute;n de sus bienes y la inclusi&oacute;n de sus nombres en la llamada lista negra, signific&oacute; p&eacute;rdidas de lo que con tanto esfuerzo y sacrificio hab&iacute;an alcanzado con su trabajo. En algunas partes les negaron hacer las compras y en las calles les profirieron palabras ofensivas. En fin, fue un tiempo muy duro que les hizo caer en la cuenta de que eran una minor&iacute;a &eacute;tnica vulnerable, que eran vistos como extra&ntilde;os e indeseables, y que estaban expuestos a recibir en cualquier momento malos tratos del Gobierno y de la gente colombiana. Su reacci&oacute;n, especialmente en la region del Valle del Cauca, fue de uni&oacute;n y ayuda mutua. Comenzaron a crear asociaciones en las que se sent&iacute;an c&oacute;modos, seguros y unidos, y recordaron sus propias ra&iacute;ces culturales dignas de orgullo. </p>     <p><b>El per&iacute;odo de la post guerra </b></p>     <p>Finalizada la guerra, la colonia El Jagual termin&oacute; por abandonarse. Por razones pr&aacute;cticas, el terreno fue vendido en su totalidad a un solo comprador. De la antigua colonia ha quedado una plantaci&oacute;n de ca&ntilde;a de az&uacute;car con una f&aacute;brica de panela. Las familias de los dos primeros grupos, una vez libres de obligaciones con la compa&ntilde;ia de emigraci&oacute;n, hab&iacute;an comenzado a trasladarse a las poblaciones urbanas o a las cercan&iacute;as de Santander de Quilichao, Cartago, Palmira, Florida y Miranda por dos razones obvias: los colegios para educar a los hijos, y las f&eacute;rtiles tierras que se encuentran en los alrededores de estas poblaciones. </p>     <p>Con la llegada del tercer grupo a El Jagual, el n&uacute;mero de ni&ntilde;os aument&oacute;, por lo que decidieron construir su propia escuela y traer un maestro que proveyera la educaci&oacute;n en japon&eacute;s y un colombiano para la clase de espa&ntilde;ol. La escuela la inauguraron en 1936, gracias a la ayuda que recibieron del Gobierno japon&eacute;s y al trabajo voluntario de Tulio Tsuneyoshi Tokunaga y Emilio Tokuji Kuboyama en la construcci&oacute;n de las sillas, pupitres, ventanas y puertas de la escuela (Los Pasos de 50 A&ntilde;os: Historia de la Inmigraci&oacute;n Japonesa a Colombia, 1986, pp. 55, 70). En el estudio hecho por los antrop&oacute;logos Reichel Dolmatoff en una poblaci&oacute;n de la Sierra Nevada de Santa Marta, encontramos una descripci&oacute;n detallada de la disciplina de la &eacute;poca, dada con golpes y castigos, as&iacute; como de la instrucci&oacute;n escolar en escuelas primarias p&uacute;blicas. El material de ense&ntilde;anza se copiaba y se heredaba, recopiado, de maestro a maestro. Los ni&ntilde;os ten&iacute;an que repetir en clase de ciencias absurdos como estos: &iquest;C&oacute;mo duerme la abeja? Respuesta: De pie. O en la clase de Historia Patria: &iquest;C&oacute;mo muri&oacute; Bol&iacute;var? Respuesta: Desnudo, como naci&oacute;. O en la de c&iacute;vica: &ldquo;La monarqu&iacute;a es una forma de gobierno que no existe en los pa&iacute;ses civilizados&rdquo;. Pero cuando los Reichel preguntaron a los chicos del cuarto grado: &iquest;Cu&aacute;l es la capital de Colombia? ninguno supo la respuesta (G. y A. Reichel-Dolmatoff, 1961, pp. 115-25). Una de las personas que lleg&oacute; al Jagual en 1929 siendo una peque&ntilde;a ni&ntilde;a, escribi&oacute; en las memorias publicadas por los inmigrantes que en la escuela del poblado m&aacute;s cercano a la colonia &ldquo;m&aacute;s que clases nos pon&iacute;an a trabajar construyendo caminos y derribando montes&rdquo; (Los Pasos de 50 A&ntilde;os: Historia de la Inmigraci&oacute;n Japonesa a Colombia, 1986, pp. 90-1). No es de extra&ntilde;ar que los inmigrantes hubiesen abandonado la colonia para establecerse en las poblaciones en donde hab&iacute;a colegios privados a los que pod&iacute;an enviar a sus hijos. </p>     <p>A la vez que los inmigrantes de la colonia El Jagual comenzaron su expansi&oacute;n territorial por el Valle del Cauca, el pa&iacute;s comenz&oacute; a modificar la ley de la tenencia de la tierra bajo el primer gobierno de Alfonso L&oacute;pez. Con la ley 200 de 1936, que confer&iacute;a el derecho a la propiedad a los invasores de tierras sin labrar, y la posterior Ley 135 de 1961 que se&ntilde;alaba la divisi&oacute;n de los latifundios, se tuvo la esperanza de que se iba a modificar el sistema de tenencia de la tierra y los medios de explotaci&oacute;n. Ello traer&iacute;a cambios radicales al pa&iacute;s, en donde los terratenientes y el campesinado pagaban poco o nada de impuesto por el goce o usufructo de propiedad. El vallecaucano de entonces ha sido tradicionalmente descrito como el caballero due&ntilde;o de extensas y f&eacute;rtiles tierras, para quien la vida ideal estaba representada en recorrer a caballo la hacienda de numeroso ganado (Blasier, 1966, p. 396). La situaci&oacute;n de inseguridad y miedo que provocaron en el terrateniente la invasi&oacute;n permitida por el Gobierno de terrenos sin cultivar y la expropiaci&oacute;n de los grandes latifundios, ambos favorecieron a los cultivadores japoneses, &aacute;vidos de conseguir tierras de labranza. Si los due&ntilde;os de los terrenos los ten&iacute;an alquilados, pod&iacute;an evitar el riesgo de los invasores y tambi&eacute;n el de la expropiaci&oacute;n. </p>     <p>A los japoneses no les interesaba tanto comprar tierras como arrendarlas por un tiempo corto, ya que despu&eacute;s de tres a&ntilde;os de explotaci&oacute;n consecutiva, hab&iacute;a que dejarlas descansar porque se hac&iacute;a est&eacute;ril y era m&aacute;s productivo sembrar en otra nueva, a pesar de todo el trabajo que implicaba la preparaci&oacute;n de un terrreno abandonado. El arrendamiento de tierra no pod&iacute;a pasar desapercibido entre los pol&iacute;ticos. Cuando se discuti&oacute; en el Senado la Ley 135 de la Reforma Agraria, el Senador por el departamento del Valle del Cauca propuso al Gobierno acabar con los contratos de arrendamiento de tierra, se&ntilde;alando a los cultivadores japoneses en su departamento &ldquo;que han hecho grandes fortunas como arrendatarios, y que yo sepa, nunca han querido comprar una pulgada de tierra&rdquo; (Citado en Gardiner, 1972, p. 229). </p>     <p>Estas palabras son una exageraci&oacute;n ya que muchos de los japoneses s&iacute; eran propietarios, aunque ciertamente la mayor parte de sus tierras sembradas lo eran en arrendamiento. Ya en 1955, el &aacute;rea cultivada por ellos alcanz&oacute; a las 13.000 hect&aacute;reas (Los Pasos de 50 A&ntilde;os: Historia de la Inmigraci&oacute;n Japonesa a Colombia, 1986, p. 285). Si comparamos esta cifra con el total de 198 hect&aacute;reas recibida inicialmente por las veinte familias, podemos ver el esfuerzo extraordinario que hab&iacute;an puesto los inmigrantes en s&oacute;lo algo m&aacute;s de dos d&eacute;cadas. Cuando el precio del fr&iacute;jol se fue abajo a fines de 1951, ellos se unieron y fundaron la Sociedad de Agricultores Japoneses SAJA. Gracias al buen manejo de la cooperativa lograron mantener a salvo el cultivo del frijol y diversificar los productos de cultivo. A trav&eacute;s de la cooperativa compraron tractores, trilladoras, camiones y fertilizantes, lo cual suplant&oacute; las pr&aacute;cticas existentes hasta entonces en la regi&oacute;n en donde, a pesar de tener tierras tan f&eacute;rtiles, sus due&ntilde;os las dejaban para apacentar libremente el ganado. Los cultivadores japoneses, adem&aacute;s de abastecer el mercado nacional, tambi&eacute;n produjeron para el mercado en Jap&oacute;n. En 1967, por ejemplo, importaron de Jap&oacute;n tres toneladas de semillas de frijol azuki, lo cual produjo 81 toneladas para exportar. Los pron&oacute;sticos indicaban la exportaci&oacute;n de 280 y 1.000 toneladas en los a&ntilde;os siguientes y la de 3.000 a 5.000 toneladas de frijol anualmente a Jap&oacute;n (Gonz&aacute;lez, 1969, p. 8). </p>     <p>La contribuci&oacute;n de los inmigrantes japoneses al sur de Colombia no s&oacute;lo estuvo en la producci&oacute;n de ma&iacute;z y frijol, &ldquo;enormes para la &eacute;poca&rdquo;, lo atestigu&oacute; Guillermo Barney Mater&oacute;n, hijo de un terrateniente (Barney Mater&oacute;n, 1989, p.38). Su gran contribuci&oacute;n fue tambi&eacute;n la de haber mecanizado la faena con la introducci&oacute;n de tractores y de haber convertido grandes extensiones de pastizales en tierras de labranza. Dicho en palabras de Guillermo Ramos N&uacute;&ntilde;ez: </p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&ldquo;Es de justicia aceptar que el progreso rural del valle geogr&aacute;fico del R&iacute;o Cauca est&aacute; vinculado a los colonos japoneses, y que desde su expansi&oacute;n como arrendatarios, se dividi&oacute; en dos &eacute;pocas el desarrollo agr&iacute;cola del &aacute;rea plana aprovechable del pa&iacute;s&rdquo; (Ramos N&uacute;&ntilde;ez, 1974, p. 78). </p> </blockquote>     <p>La Gobernaci&oacute;n del departamento del Valle del Cauca en varias ocasiones ha hecho p&uacute;blico reconocimiento de su contribuci&oacute;n al desarrollo de la regi&oacute;n con el otorgamiento de menciones a los inmigrantes destacados. La prosperidad econ&oacute;mica les permiti&oacute; una r&aacute;pida movilidad social. Su honestidad en el cumplimiento de los negocios les abri&oacute; las puertas del &eacute;xito. La econom&iacute;a holgada les facilit&oacute; formar sus propias asociaciones, que en un comienzo fueron como una puerta de entrada para acercarse a la sociedad colombiana. Tambi&eacute;n les hizo posible tener su propio club social, viajar a Jap&oacute;n, rodearse de objetos decorativos japoneses en sus casas, sembrar las huertas caseras con semillas importadas de Jap&oacute;n y tener en sus casas jardines de estilo japon&eacute;s. Todos estos elementos, que actualmente rodean la vida en Colombia de los inmigrantes y sus descendientes, han contribuido a reforzar el sentido de pertenencia al grupo &eacute;tnico y cultural del cual hacen parte. Instituciones tales como las asociaciones Colombo-Japonesas en Barranquilla, Bogot&aacute; y Cali, y en esta &uacute;ltima la presencia de Tenri-kyo y en Palmira de Seicho no ie, tambi&eacute;n han contribuido a mantener vivas las relaciones y el contacto permanente de los familiares y amigos que comparten la ascendencia japonesa. </p>      <p><b>Reforma a la ley de inmigraci&oacute;n </b></p>     <p>Desde los comienzos de los a&ntilde;os 1980, un enorme incremento en el n&uacute;mero de trabajadores ilegales, la mayor&iacute;a provenientes de los pa&iacute;ses asi&aacute;ticos y del Medio Oriente, llev&oacute; al Gobierno japon&eacute;s a revisar la ley de inmigraci&oacute;n en 1989, la cual se hizo efectiva en junio de 1990. Una segunda revisi&oacute;n tuvo lugar en octubre de 1999. Con la revisi&oacute;n de la ley se aprob&oacute; el c&oacute;digo penal contra los agentes que encontraran trabajos para los ilegales y para las compa&ntilde;&iacute;as que los contratasen. La pena incluy&oacute; encarcelamiento hasta por tres a&ntilde;os y multa hasta por dos millones de yenes -aproximadamente 40 millones de pesos- (Hirai et al., 2001, p. 1688). </p>     <p>Ello no ha detenido, sin embargo, a los trabajadores ilegales de permanecer en Jap&oacute;n debido a la demanda continua que hay de trabajo de mano de obra. El Acta de Control de Inmigraci&oacute;n, puesta en pr&aacute;ctica en 1952, estipula que el Gobierno japon&eacute;s s&oacute;lo admite trabajadores extranjeros con entrenamiento o conocimientos de los que los nacionales carecen. Esto hac&iacute;a legalmente imposible para un extranjero no calificado trabajar en Jap&oacute;n. La reforma de 1989 no signific&oacute; que ese pa&iacute;s cambiase su pol&iacute;tica con respecto a los trabajadores extranjeros. Lo que s&iacute; cambi&oacute; fue el haber ampliado de 18 a 28 las categor&iacute;as en las que se acepta a los extranjeros calificados con visa de trabajo hasta de tres a&ntilde;os y, por otro lado, permitir la entrada al pa&iacute;s de la segunda y tercera generaci&oacute;n de los descendientes de japoneses y sus c&oacute;nyuges por un per&iacute;odo indefinido. A pesar de que la categor&iacute;a de la visa concedida a los descendientes de japoneses no es, estrictamente hablando, una visa de trabajo, impl&iacute;citamente s&iacute; les concede el derecho a trabajar en cualquier oficio sin las restricciones a las que se ven obligados el resto de extranjeros en Jap&oacute;n. </p>     <p>La reforma de la ley de inmigraci&oacute;n cre&oacute; incentivos para los trabajadores nikkei o nikkeijin (hijos de japoneses nacidos fuera de Jap&oacute;n), especialmente de aquellos que viven en pa&iacute;ses acosados por problemas pol&iacute;ticos y sociales. Una vez expedida la reforma a la ley de inmigraci&oacute;n, vino un gran aumento en la demanda de trabajadores procedentes de los pa&iacute;ses latinoamericanos (Sanmiguel, 2005, Fig. 4.1 y Ap&eacute;ndice IV, pp. 166, 183). Impulsados por los problemas sufridos en sus propios pa&iacute;ses, los descendientes de japoneses han podido aprovechar la ocasi&oacute;n ofrecida por el Gobierno japon&eacute;s para mejorar su calidad de vida y la de las familias dejadas en el lugar de origen. Desafortunadamente el estar en Jap&oacute;n ha causado una fuerte disminuci&oacute;n de la poblaci&oacute;n en las comunidades nikkeijin. Un ejemplo lo presenta la asociaci&oacute;n de Barranquilla que pr&aacute;cticamente desapareci&oacute; despu&eacute;s de que muchos de ellos se trasladaron a Jap&oacute;n. </p>     <p>El Gobierno japon&eacute;s no ha dejado de recibir cr&iacute;ticas por no permitir el acceso de trabajadores extranjeros no calificados, excepto a quienes tienen ascendencia japonesa. Desde luego que s&iacute; hay programas en donde gente no calificada recibe entrenamiento y remuneraci&oacute;n por un per&iacute;odo de tiempo limitado. Jap&oacute;n no se encuentra aislado en su pol&iacute;tica. Al igual que otros pa&iacute;ses europeos, ha permitido en las d&eacute;cadas m&aacute;s recientes el derecho a trabajar y obtener la nacionalidad a los descendientes de antiguos inmigrantes. Este acto del Gobierno puede verse como una manera de saldar una deuda con los antepasados de los nikkei que antes se vieron obligados a abandonar su pa&iacute;s, y quienes contribuyeron enormemente al desarrollo de la econom&iacute;a del Jap&oacute;n con el env&iacute;o de remesas para sus familias. Pero tambi&eacute;n es el resultado de la importancia que le dan a los lazos familiares sangu&iacute;neos. El Gobierno de Jap&oacute;n otorga la ciudadan&iacute;a de acuerdo con el principio de &lsquo;jus sanguinis&rsquo; (ley sangu&iacute;nea), no del principio de &lsquo;jus soli&rsquo; (ley territorial). Por ello, los hijos de extranjeros nacidos en suelo japon&eacute;s no tienen derecho a la ciudadan&iacute;a del pa&iacute;s. Mientras que los descendientes de japoneses nacidos en el extranjero s&iacute; tienen derecho a ella una vez queden inclu&iacute;dos en el registro familiar. </p>     <p>La causa del origen de la reforma de la ley de inmigraci&oacute;n no fue necesariamente dictaminada por la necesidad de ayudar a los descendientes de japoneses que estaban sufriendo dificultades en sus pa&iacute;ses o que quisieran mejorar sus ingresos. La preferencia dada a los nikkei traer&iacute;a como consecuencia inmediata que estos pudieran reemplazar a los trabajadores ilegales. &Eacute;sta parece haber sido la raz&oacute;n primordial que llev&oacute; a la reforma de la ley con el prop&oacute;sito de controlar el exceso de trabajadores chinos y de otros pa&iacute;ses asi&aacute;ticos (Mori, 1997, p. 111; de Carvalho, 2003, p. 80). </p>     <p><b>Colombianos nikkei en Jap&oacute;n </b></p>     <p>A partir de la promulgaci&oacute;n de la revisi&oacute;n de la ley de inmigraci&oacute;n en 1989, el flujo de personas procedentes de los pa&iacute;ses latinoamericanos aument&oacute; muy r&aacute;pido en corto tiempo. Mientras que en 1984 la poblaci&oacute;n de latinoamericanos residentes en Jap&oacute;n s&oacute;lo llegaba a 4.260 personas, en 1990 aument&oacute; a 72.673 y en 1995 se hab&iacute;a triplicado a 223.812. Los colombianos, que en 1984 eran 232, en 1990 sumaron 425 y en 1995 el n&uacute;mero alcanzaba 1.367 personas (Sanmiguel, 2005, p. 183). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estas cifras no discriminan la poblaci&oacute;n nikkeijin de quienes no tienen ascendencia japonesa. Se estima que la poblaci&oacute;n nikkei se ha estabilizado actualmente en 240.000 personas. Para el caso de Colombia, su n&uacute;mero es de aproximadamente 300 personas, lo cual representa el 12% de la poblaci&oacute;n nikkei de Colombia, cuyo n&uacute;mero se estima en 2.500 personas. </p>     <p>En un comienzo, los descendientes de japoneses que fueron a su pa&iacute;s en busca de trabajo, lo hicieron a trav&eacute;s de los intermediarios. En el caso de Colombia, un subcontratista que en el a&ntilde;o 1991 estaba haciendo un recorrido por otros pa&iacute;ses de Sur Am&eacute;rica en busca de trabajadores de origen japon&eacute;s, hizo el contacto inicial a trav&eacute;s de las asociaciones colombo-japonesas en Cali y Barranquilla. En este primer a&ntilde;o, 40 personas se inscribieron para trabajar en Jap&oacute;n, siendo un poco mayor el n&uacute;mero de hombres que de mujeres. Al comienzo viajaron solos y despu&eacute;s de pasado un tiempo, comenzaron a llevar sus familias que se hab&iacute;an quedado en Colombia. </p>     <p>Para los emigrantes que desconoc&iacute;an Jap&oacute;n, el idioma y las costumbres, fue ventajoso el contacto con las firmas contratistas. A trav&eacute;s suyo consiguieron pr&eacute;stamos para financiar el viaje, recibieron ayuda en el tr&aacute;mite de los papeles oficiales con la secci&oacute;n de inmigraci&oacute;n, encontraron empleo f&aacute;cilmente y alojamiento cerca del trabajo. Pasados los a&ntilde;os iniciales de ajuste al trabajo, y gracias a tener ya establecido sus propios contactos y ampliado sus relaciones personales y de trabajo, los nikkei se han vuelto m&aacute;s independientes. No les es necesario recurrir a las firmas contratistas para conseguir un nuevo empleo, sino que pueden hacerlo directamente o a trav&eacute;s de familiares y amigos. </p>     <p>Los trabajadores nikkei contin&uacute;an desempe&ntilde;ando un papel importante en la sociedad japonesa por cuanto ayudan a cubrir &aacute;reas de trabajo en donde escasea la mano de obra. El privilegio que se les ha otorgado les permite emplearse en cualquier tipo de trabajo y ello es una ventaja que tienen sobre todos los dem&aacute;s extranjeros en Jap&oacute;n. La mayor&iacute;a de los descendientes de japoneses se encuentran trabajando en la industria manufacturera y de construcci&oacute;n o en el procesamiento de pescado. Por lo general laboran por contrato de tiempo limitado y reciben el salario de acuerdo con las horas trabajadas. Algunos de los nikkei colombianos, que comenzaron como el resto de sus compa&ntilde;eros realizando los trabajos duros y pesados de las f&aacute;bricas, gozan de posiciones que son acordes con su entrenamiento profesional. </p>     <p>A pesar de haber transcurrido m&aacute;s de una d&eacute;cada desde que se aprob&oacute; la reforma a la ley de inmigraci&oacute;n y del consiguiente flujo de trabajadores nikkeijin, las preocupaciones b&aacute;sicas de los inmigrantes no han cambiado. Ellas contin&uacute;an siendo la educaci&oacute;n de los hijos, la falta de un seguro social que los cubra en caso de enfermedad o accidente y la falta de una pensi&oacute;n en el futuro cuando cesen de trabajar. En cuanto a la educaci&oacute;n, quiz&aacute; el problema m&aacute;s serio se presenta cuando los ni&ntilde;os no tienen suficiente conocimiento del idioma japon&eacute;s y sus padres tampoco pueden ayudarles con las tareas escolares. El resultado es el abandono de la escuela durante los a&ntilde;os de educaci&oacute;n obligatoria. Muchos hijos de inmigrantes no reciben la educaci&oacute;n adecuada en Jap&oacute;n ni en el pa&iacute;s de origen, siendo pocos los que completan la educaci&oacute;n superior y universitaria. La falta del seguro social y de jubilaci&oacute;n que angustia al inmigrante que se est&aacute; haciendo mayor en Jap&oacute;n, se debe en parte a que las compa&ntilde;&iacute;as tratan de evitar el pago obligatorio para sus empleados, ofreci&eacute;ndoles contratos a corto plazo o por horas. Adem&aacute;s de que los inmigrantes mismos, que se sienten inciertos cuando van a regresar a su pa&iacute;s, tampoco quieren aportar con la cuota del seguro social. </p>     <p>Hasta la fecha, no han formado una asociaci&oacute;n como s&iacute; las tienen los nikkei de Brasil y Per&uacute;. Los nikkei colombianos, que son relativamente pocos, viven en zonas bastante separadas unas de otras, lo cual hace muy dif&iacute;cil reunirse. Todos viven muy ocupados en sus trabajos y socializar con extra&ntilde;os, aun cuando provengan del mismo pa&iacute;s, es un lujo que no pueden permitirse. La vida social fuera del c&iacute;rculo familiar la comparten con otros inmigrantes de origen japon&eacute;s que viven cerca o que trabajan en el mismo lugar. En varios sitios se encuentran tiendas y restaurantes de comidas de Brasil y Per&uacute;. Aqu&iacute; se re&uacute;nen los inmigrantes para hacer las compras, socializar y conseguir nuevas amistades. Debido a que la gran mayor&iacute;a de los inmigrantes nikkei proviene de Brasil, el portugu&eacute;s es el segundo idioma despu&eacute;s del japon&eacute;s en el lugar de trabajo, en las agencias de viaje y en los restaurantes y tiendas de comida atendidas por brasile&ntilde;os. Para los hablantes de espa&ntilde;ol entender y aprender portugu&eacute;s es f&aacute;cil y viceversa. Esto ha facilitado la comunicaci&oacute;n entre los nikkei y en los lugares de trabajo o de residencia. </p>     <p><b>Los inmigrantes ayer y hoy </b></p>     <p>La historia de los inmigrantes japoneses al contiente suramericano la han continuado sus descendientes al dirigirse al pa&iacute;s de origen de sus padres y abuelos. El sufrimiento de abandonar su tierra natal, dejando a sus familias y amigos, la dificultad de adaptarse y aprender otro idioma, luchar contra las costumbres, comida y clima diferentes, igualmente que la satisfacci&oacute;n y el &eacute;xito logrados, todo ello lo est&aacute;n viviendo los nikkei que hoy se encuentran en Jap&oacute;n. Repitiendo la historia de sus antepasados, ellos est&aacute;n contribuyendo enormemente al bienestar de las familias y a la econom&iacute;a de su pa&iacute;s con el env&iacute;o peri&oacute;dico de remesas, a la vez que est&aacute;n sirviendo de puente para un mejor entendimiento entre naciones y pueblos diferentes. </p>      <p>En el caso de Jap&oacute;n, el aumento de poblaci&oacute;n a partir de la restauraci&oacute;n Meiji (1868), acompa&ntilde;ado del r&aacute;pido desarrollo industrial y del abandono de los campos a la ciudad, dej&oacute; a muchas familias sin recursos suficientes para vivir. El Gobierno permiti&oacute; entonces la migraci&oacute;n de sus ciudadanos al exterior, lo cual lleg&oacute; a formar parte importante de su pol&iacute;tica de expansi&oacute;n al exterior y de la modernizaci&oacute;n del pa&iacute;s. La pol&iacute;tica de emigraci&oacute;n impulsada por el Gobierno trajo consigo estrechar lazos diplom&aacute;ticos y comerciales y el est&iacute;mulo del comercio y turismo y del intercambio cultural. El conocimiento adquirido por los inmigrantes que regresaban a Jap&oacute;n tambi&eacute;n fue &uacute;til para el pa&iacute;s. </p>     <p>Durante el per&iacute;odo de 80 a&ntilde;os en que la emigraci&oacute;n form&oacute; parte de la pol&iacute;tica del Gobierno japon&eacute;s, aproximadamente un mill&oacute;n de trabajadores salieron a trabajar en los pa&iacute;ses extranjeros. Esta cifra que apenas alcanza el 2.5% del crecimiento de la poblaci&oacute;n durante este per&iacute;odo, es insignificante si se compara con datos de inmigrantes del Reino Unido (74.2%), Italia (46.8%) y Alemania (14.6%). Por lo tanto, el inter&eacute;s por persuadir y subsidiar programas de emigraci&oacute;n no se debi&oacute; tanto a la necesidad de reducir el exceso de poblaci&oacute;n, sino m&aacute;s bien fue el medio para obtener beneficio econ&oacute;mico al incrementarse el capital del pa&iacute;s con las remesas que los inmigrantes enviaban a sus familias. En 1933, por ejemplo, las remesas enviadas a Jap&oacute;n por 98.6 millones de yenes, alcanzaron al equivalente del 10% del total del super&aacute;vit de comercio exterior, y los inmigrantes que regresaron de Brasil en este a&ntilde;o trajeron consigo $3.8 millones de d&oacute;lares americanos (Takenaka, 2004, pp. 78-9). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El compromiso con los valores familiares ha dado origen a lo que se conoce como familias transnacionales, que son aquellos que viven en dos pa&iacute;ses y contribuyen al desarrollo de dos econom&iacute;as, y son un puente cultural al mismo tiempo. Los pa&iacute;ses desarrollados necesitan de la mano de obra del emigrante para realizar los trabajos que sus nacionales no quieren comprometerse a hacer, y las familias en casa necesitan las remesas que env&iacute;an sus familiares. Millones de trabajadores emigrantes han estado enviando billones de d&oacute;lares a sus pa&iacute;ses para mantener a sus familias. Sin embargo, estos movimientos de dinero han pasado desapercibidos porque el dinero es enviado en peque&ntilde;os montos y al margen del sistema financiero formal. </p>     <p>Seg&uacute;n un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se estima que 25 millones de adultos nacidos en Latinoam&eacute;rica y el Caribe viven fuera de su pa&iacute;s de origen. Cerca del 65% env&iacute;a dinero de forma regular, entre $100 y $300 d&oacute;lares americanos por mes. En 2004 las remesas de dinero alcanzaron m&aacute;s de $45.000 millones de d&oacute;lares, lo que convirti&oacute; la regi&oacute;n de Latinoam&eacute;rica y el Caribe en el mercado de remesas m&aacute;s grande del mundo. El mayor receptor de remesas fue M&eacute;xico, con m&aacute;s de $16.000 millones, seguido de Brasil con $5.6 millones y Colombia con $3.8 millones. Cerca de un 75% de las remesas son enviadas desde Estados Unidos y otros flujos importantes provienen de Jap&oacute;n, en donde la mayor parte de los trabajadores inmigrantes procedentes de Latinoam&eacute;rica son descendientes de japoneses (Inter-American Development Bank, 2005; Semana, edici&oacute;n 1195, 2005). Debido a que los salarios que los trabajadores reciben en Jap&oacute;n son relativamente altos, las remesas enviadas a Latinoam&eacute;rica constituyen probablemente las m&aacute;s altas remesas individuales del mundo. Con un promedio anual de entradas de $50.000 d&oacute;lares, lo cual es aproximadamente el doble del promedio calculado para los Estados Unidos, los trabajadores latinoamericanos en Jap&oacute;n pueden enviar remesas de cantidades superiores y con mayor frecuencia. Seg&uacute;n los resultados dados a conocer en el a&ntilde;o 2005 por un estudio comisionado por el Banco Interamericano de Desarrollo, en la actualidad hay m&aacute;s de 435.000 adultos de Latinoam&eacute;rica que viven en Jap&oacute;n. De esta cifra, cerca de 305.000 individuos, o sea el 70% de la poblaci&oacute;n adulta de los inmigrantes, env&iacute;a dinero regularmente a sus familias, figurativamente 14.5 veces por a&ntilde;o, con un promedio de $600 d&oacute;lares cada vez. Seg&uacute;n estos datos, el trabajador est&aacute; aportando con remesas el equivalente a un promedio del 20% de sus ganancias para el sostenimiento de sus familias. Adicionalmente, al 85% de los remitentes le queda una suma que puede ahorrar (Inter-American Development Bank, 2005). </p>     <p>Los flujos de remesas son hoy tema de debate p&uacute;blico y de reflexi&oacute;n sobre pol&iacute;ticas por formular. Para los gobiernos, las remesas son un alivio por cuanto ayudan con los problemas crecientes de desempleo y pobreza en Latinoam&eacute;rica. Pero a su vez representan un peligro porque el dinero que llega de afuera puede producir resultados similares a los del narcotr&aacute;fico al encarecer el valor de la tierra y de las necesidades b&aacute;sicas. La preocupaci&oacute;n est&aacute; en c&oacute;mo ayudar a canalizar esas remesas y ahorros para que el inmigrante invierta en la industria o en negocios productivos para el pa&iacute;s. El alto env&iacute;o de remesas internacionales es una prueba del enorme esfuerzo y compromiso de los trabajadores emigrantes con sus familias y este esfuerzo merece el aprecio y ayuda del Gobierno receptor. Es innegable que el inmigrante trabajador est&aacute; cambiando la econom&iacute;a y la cultura de sus regiones de origen en el actual proceso irreversible de la globalizaci&oacute;n. </p> <hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>     <p><a name="n1">1</a> Una descripci&oacute;n detallada de los planes de emigraci&oacute;n a Colombia puede consultarse en I. Sanmiguel (2005), Japan&rsquo;s Quest for El Dorado: Emigration to Colombia. Tokio: Kojinshoten, pp. 29-44. </p>     <p><a name="n2">2</a> &lsquo;Japan Will Create Legation in Columbia With Hopes of Commerce and Emigration&rsquo;. Recorte que aparece como anexo a la nota no. 26 enviada por el c&oacute;nsul Carlos Cuervo Borda al Ministerio de Relaciones Exteriores, Yokohama, 23 de junio de 1929. El recorte carece de fecha y nombre del peri&oacute;dico. La fecha debi&oacute; haber sido hacia diciembre 1909. </p> <hr size="1">     <p><b>Referencias </b></p>     <!-- ref --><p>Barney Mater&oacute;n, G. (1989). <i>Los japoneses en el Valle</i>. Asoca&ntilde;a. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0123-885X200600010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bastos de &Aacute;vila, F. (1964). <i>La Inmigraci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina</i>. Washington: Uni&oacute;n Panamericana. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0123-885X200600010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Blasier, C. (1996). Power and social change in Colombia: The Cauca Valley. <i>Journal of Inter-American Studies</i>, 8 (3). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0123-885X200600010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Deas, M. (1985). Colombia. En <i>South America, Central America and the Caribbean</i>. Europa: Europa Publications. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0123-885X200600010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>De Carvalho, D. (2003). <i>Migrants and Identity in Japan and Brazil: The Nikkeijin</i>. London: Routledge Curzon. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0123-885X200600010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Drake, P.J. (1994). Revolving credit systems. En P. Newman, M. Milgate y J. Eatwell (eds.), <i>The New Palgrave Dictionary of Money &amp; Finance</i>. London: Macmillan Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0123-885X200600010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fawcett, L. y Posada-Carb&oacute;, E. (1997). Arabs and Jews in the development of the Colombian Caribbean, 1850-1950. <i>Immigrants and Minorities</i>, 16 (1-2). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0123-885X200600010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gaimush&ocirc; (1929). <i>Iminchi Jij&ocirc;: Nanbei Koronbia Koku Ishokumin Jij&ocirc; Shisatsu H&ocirc;koku (Informe sobre las Condiciones de Emigraci&oacute;n y Colonizaci&oacute;n en Colombia)</i>. Ministerio de Relaciones Exteriores. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0123-885X200600010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Galvis, S. y Donadio, A. (1986). <i>Colombia Nazi 1939-1945: Espionaje Alem&aacute;n. La Cacer&iacute;a del FBI. Santos, L&oacute;pez y los Pactos Secretos</i>. Bogot&aacute;: Editorial Planeta Colombiana. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0123-885X200600010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gardiner, C.H. (1972). Los japoneses y Colombia. <i>Bolet&iacute;n de la Academia de Historia del Valle del Cauca</i>, 40 (158-160). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0123-885X200600010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gardiner, C.H. (1981). <i>Pawns in a Triangle of Hate: The Peruvian-Japanese and the United States</i>. Seattle: University of Washington Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0123-885X200600010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gonz&aacute;lez, G. (1969). La colonia japonesa: Cuatro decenios, cuatro ejemplos. <i>Occidente</i>, 26 de noviembre. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0123-885X200600010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Higa, M.G. (1995). Desarrollo hist&oacute;rico de la inmigraci&oacute;n japonesa en la Argentina hasta la segunda guerra mundial. <i>Estudios Migratorios Latinoamericanos</i>, 10 (30). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0123-885X200600010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Inter-American Development Bank (2005). <i>Remittances to Latin America</i>. Multilateral Investment Fund: Okinawa. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0123-885X200600010000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Irie, T. (1938). <i>H&ocirc;jin Kaigan Hatten-shi (Historia de los Japoneses en Ultramar)</i>. Kenky&ucirc;-kai: Imin Mondai. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0123-885X200600010000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jaramillo Uribe, J. (1964). <i>El Pensamiento Colombiano en el Siglo XIX</i>. Bogot&aacute;: Editorial Temis. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0123-885X200600010000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kitano, H.K.L. (1969). <i>Japanese Americans: The Evolution of a Subculture</i>. NJ: Orentice Hall, Englewood Cliffs. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0123-885X200600010000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lausent-Herrera, I. (1991). <i>Pasado y Presente de la Comunidad Japonesa en el Per&uacute;</i>. Lima: IEP Ediciones. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0123-885X200600010000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>Los Pasos de 50 A&ntilde;os: Historia de la Inmigraci&oacute;n Japonesa a Colombia</i> (1986). Cali: Asociaci&oacute;n Colombo-Japonesa. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0123-885X200600010000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>Memorias presentadas al 3er. Congreso M&eacute;dico Colombiano, 1920. Los problemas de la raza en Colombia</i>. (1920). Bogot&aacute;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0123-885X200600010000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mori, H. (1997). <i>Immigration Policy and Foreign Workers in Japan</i>. London: Macmillan. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0123-885X200600010000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>M&ouml;rner, M. (1985). <i>Adventurers and Proletarians: The Story of Migrants in Latin America</i>. Pittsburgh: University of Pittsburgh Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0123-885X200600010000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ni&ntilde;o Murcia, C. (1991). <i>Arquitectura y Estado: contexto y significado de las construcciones del Ministerio de Obras P&uacute;blicas, Colombia, 1905-1960</i>. Bogot&aacute;: Instituto Colombiano de Cultura. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0123-885X200600010000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Noda, R. (1986). <i>Imin Ch&ocirc;sa H&ocirc;koku (Reporte de Investigaci&oacute;n sobre la emigraci&oacute;n)</i>. Tokio: Ministerio de Relaciones Exteriores. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0123-885X200600010000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Normano, J.F. y Antonello, G.. (1943). <i>The Japanese in South America. An Introductory Survey with Special Reference to Peru</i>. New York: International Secretariat, Institute of Pacific Relations. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0123-885X200600010000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>Ny&ucirc;shoku Sanj&ucirc;nen Kinen: Koronbia Nihonjin Imin-shi (Aniversario de 30 A&ntilde;os de Colonizaci&oacute;n. Historia de la Emigraci&oacute;n Japonesa a Colombia)</i> (1964). Tokio: Chiyoda Shuppan Insatsu. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0123-885X200600010000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ortega Ricaurte, D. (1967). <i>Apuntes para la historia de Chapinero</i>. Bogot&aacute;: Editorial Nelly. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0123-885X200600010000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ota Mishima, M.E.. (1985}. <i>Siete migraciones en M&eacute;xico, 1890-1978</i>. M&eacute;xico: El Colegio de M&eacute;xico. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0123-885X200600010000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ramos N&uacute;&ntilde;ez, G. (1974). <i>Rese&ntilde;a hist&oacute;rica de la Colonia Japonesa de Corinto - Cauca, Colombia</i>. Palmira: Club Colombo-Japon&eacute;s. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0123-885X200600010000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Reichel-Dolmatoff, G. y Reichel-Dolmatoff, A. (1961). <i>The People of Aritama: The Cultural Personality of a Colombian Mestizo Village</i>. London: Routledge and Kegan Paul. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0123-885X200600010000800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">Sanmiguel, I. (2005). <i>Japan's Quest for El Dorado: Emigration to Colombia</i>. Tokio: Kojinshoten. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0123-885X200600010000800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Staniford, P. (1973). <i>Pioneers in the Tropics: The Political Organization of Japanese in an Immigrant Community in Brazil</i>. London: The Athlone Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0123-885X200600010000800032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Stein, S.J. y Stein, B.H. (1970). <i>The Colonial Heritage of Latin America: Essays on Economic Dependence in Perspective</i>. New York: Oxford University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0123-885X200600010000800033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Takenaka, A. (2004). The Japanese in Peru. History of Immigration, Settlement, and Racialization. <i>Latin American Perspectives</i>, issue 136, 31(3). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0123-885X200600010000800034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>The Trans-Pacific</i> (1930). Enero. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0123-885X200600010000800035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Woodward, R.L. (ed.) (1971). <i>Positivism in Latin America, 1850-1900: Are Order and Progress Reconcilable?</i> Lexington: Heath. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0123-885X200600010000800036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Yanaguida, T. y Rodr&iacute;guez del Alisal, M.D. (1992). <i>Japoneses en Am&eacute;rica</i>, Madrid: MAPFRE. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0123-885X200600010000800037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Archivos consultados </b></p>     <p>Archivo Nacional de Colombia, Bogot&aacute;.  National Archives of the United States, Washington.</p>     <p>Fecha de recepci&oacute;n: Febrero de 2006 &middot; Fecha de aceptaci&oacute;n: Abril de 2006 </p>  </font>      ]]></body><back>
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