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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Proceso de reforma constitucional y resolución de conflictos en Colombia: el Frente Nacional de 1957 y la Constituyente de 1991]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[1991&#8217;s National Constituent Assembly (NCA) was a democratic process never seen before in national history. However, its impact on the armed conflict was very modest. The fact that the main actors of the conflict (such as FARC and ELN) did not take part in the NCA, caused an incapability of the institutional democratization to solve the problem of political violence. This article supports the idea of Colombian constitutional reforms being true conflict resolution mechanisms, in cases where the confronted actors have taken part in the constitutional agreements, as was the case of the Frente Nacional (National Front - NF). Based on a comparison between 1957&#8217;s NF and 1991&#8217;s NCA, the present article questions some presumptions on the constitutional reform issue and its relation to democracy and armed conflict.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4">Proceso de reforma constitucional y resoluci&oacute;n de conflictos en Colombia: el Frente Nacional de 1957 y la Constituyente de 1991*</font> </p>     <p><b>M&oacute;nica Hurtado**</b></p>     <p>* 	Este art&iacute;culo es una versi&oacute;n corta y modificada de la tesis de maestr&iacute;a en Estudios de Am&eacute;rica Latina que concluy&oacute; la autora en la Universidad de Stanford en 2001. </p>     <p>** 	Politol&oacute;ga de la Universidad de los Andes. Maestr&iacute;a en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Stanford y Maestr&iacute;a en Estudios Internacionales de Paz de la Universidad de Notre Dame. Consultora externa de la Organizaci&oacute;n Internacional de Migraciones (OIM) en el programa de Trata de Personas. </p> <hr size="1">      <p><b>Resumen </b></p>     <p>La Asamblea Nacional Constituyente (ANC) de 1991 fue un proceso democr&aacute;tico sin precedentes en la historia nacional. Sin embargo, su impacto en el conflicto armado fue bastante modesto. El hecho de que los principales actores del conflicto (como las FARC y ELN) no hicieran parte de la ANC, hizo que la democratizaci&oacute;n institucional no resolviera el problema de la violencia pol&iacute;tica. El presente art&iacute;culo sostiene que las reformas constitucionales en Colombia han sido verdaderos mecanismos de resoluci&oacute;n de conflictos cuando los actores enfrentados han formado parte del acuerdo constitucional como fue el caso del Frente Nacional (FN). A partir de una comparaci&oacute;n entre el FN de 1957 y la ANC de 1991, este art&iacute;culo cuestiona algunas presunciones en torno al tema de reforma constitucional y su relaci&oacute;n con la democracia y el conflicto armado. </p>     <p><b>Palabras clave:</b> Asamblea Nacional Constituyente, Frente Nacional, violencia, democracia, reforma constitucional. </p> <hr size="1">      <p><b>Abstract </b></p>     <p>1991&rsquo;s National Constituent Assembly (NCA) was a democratic process never seen before in national history. However, its impact on the armed conflict was very modest. The fact that the main actors of the conflict (such as FARC and ELN) did not take part in the NCA, caused an incapability of the institutional democratization to solve the problem of political violence. This article supports the idea of Colombian constitutional reforms being true conflict resolution mechanisms, in cases where the confronted actors have taken part in the constitutional agreements, as was the case of the Frente Nacional (National Front - NF). Based on a comparison between 1957&rsquo;s NF and 1991&rsquo;s NCA, the present article questions some presumptions on the constitutional reform issue and its relation to democracy and armed conflict. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Keywords:</b> National Constituent Assembly, Frente Nacional, violence, democracy, constitutional reform. </p> <hr size="1">      <p>Reformar la constituci&oacute;n en Colombia ha sido un evento relativamente rutinario.<Sup><a href="#n1">1</a></Sup> Lo que resulta extra&ntilde;o es que se lleve a cabo de manera democr&aacute;tica. La reforma constitucional de 1991 fue el resultado de un proceso particularmente democr&aacute;tico, en comparaci&oacute;n con otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina y con otros episodios de la historia nacional. En efecto, a diferencia de otras reformas constitucionales de los 80 y los 90 en la regi&oacute;n,<Sup><a href="#n2">2</a></Sup> la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en Colombia, no fue una simple artima&ntilde;a del ejecutivo para aprobar su reelecci&oacute;n y/o para implementar medidas de ajuste econ&oacute;mico -como ocurri&oacute; con Menem en Argentina, Fujimori en Per&uacute;, o Ch&aacute;vez en Venezuela-. La reforma constitucional de 1991 tampoco fue un sello de victoria militar de un partido sobre otro, como ocurr&iacute;a en el siglo XIX (Valencia, 1987, p. 80-97), o un &ldquo;pacto de caballeros&rdquo; (Wilde, 1978) como en el caso de la reforma de 1957, donde se excluyeron terceras fuerzas distintas al bipartidismo liberal-conservador. La constituci&oacute;n de 1991 fue un proceso abierto donde ning&uacute;n grupo pol&iacute;tico prevaleci&oacute; (Dugas, 1993, p. 45-76; Cepeda, 1993, p. viii-xx) y por esto mismo no se pudo prever con certeza el resultado de la nueva carta. </p>     <p>Este art&iacute;culo argumenta que aunque la ANC de 1991 conllev&oacute; un proceso participativo e incluso profundiz&oacute; la democracia en Colombia, no fue eficaz en reducir los niveles de violencia pol&iacute;tica. La raz&oacute;n de ello es que las reformas constitucionales en Colombia han funcionado como verdaderos mecanismos de resoluci&oacute;n de conflictos cuando han sido el resultado de un pacto pol&iacute;tico entre los principales actores enfrentados -tal como ocurri&oacute; con el Frente Nacional-. En el caso de la ANC de 1991, el hecho de que algunos de los principales actores en conflicto (en particular las FARC, el ELN y los grupos paramilitares) no formaran parte de un pacto pol&iacute;tico que les garantizara sus intereses vitales, impidi&oacute; que la nueva carta se implementara adecuadamente. En consecuencia, por m&aacute;s democr&aacute;tico que fuese el proceso de reforma de 1991, no redujo los niveles de violencia. De hecho, quince a&ntilde;os despu&eacute;s de la promulgaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n, el conflicto armado no s&oacute;lo ha persistido, sino que por momentos ha escalado. Por otro lado, los actores armados se han fortalecido pol&iacute;tica y militarmente. A continuaci&oacute;n se har&aacute; un an&aacute;lisis comparativo de los dos procesos de reforma constitucional, en particular en relaci&oacute;n con los contextos de violencia y crisis institucional en los que surgieron y el impacto de cada uno en los &iacute;ndices de violencia pol&iacute;tica. </p>     <p><b>Contexto hist&oacute;rico: el Frente Nacional y la Constituyente de 1991 </b></p>     <p>Los antecedentes inmediatos tanto del FN como de la ANC son similares, en el sentido de que Colombia atravesaba por verdaderas crisis, no s&oacute;lo por los altos &iacute;ndices de violencia pol&iacute;tica, sino tambi&eacute;n por la incapacidad institucional para resolver conflictos. </p>     <p>En el caso del FN, desde finales de los 40 el enfrentamiento entre los partidos pol&iacute;ticos Liberal y Conservador alcanz&oacute; niveles inusitados: dos a&ntilde;os (1948 y 1950) registraron m&aacute;s de 40 mil muertes por violencia pol&iacute;tica (v&eacute;ase gr&aacute;fico al final). El enfrentamiento entre los partidos tradicionales no se debi&oacute; a grandes diferencias ideol&oacute;gicas,<Sup><a href="#n3">3</a></Sup> ni a que las comunidades pol&iacute;ticas representaran enclaves &eacute;tnicos, religiosos o de clase. El motivo de la confrontaci&oacute;n gir&oacute; en torno al poder y al control del Estado. As&iacute;, los l&iacute;deres de cada partido cimentaban las lealtades de sus seguidores considerados &ldquo;conservadores o liberales de sangre&rdquo; mediante el odio al contendor (Leal, 1984, p. 132-141; Call, 1995, p. 10) y acud&iacute;an a las urnas como m&aacute;quinas de guerra. El partido en el poder utilizaba todos los recursos disponibles para reducir el poder de su oponente. La confrontaci&oacute;n bipartidista escal&oacute; cuando el gobierno de Laureano G&oacute;mez cre&oacute; los chulavitas y los p&aacute;jaros, grupos conservadores armados dedicados a exterminar liberales. A su vez, los liberales crearon las guerrillas que igualmente asesinaban miembros del Partido Conservador. </p>     <p>Para acabar con el enfrentamiento b&eacute;lico que cobraba cada vez mas v&iacute;ctimas, en 1953 el Partido Liberal y la facci&oacute;n Ospinista del Partido Conservador acordaron instaurar un gobierno militar de transici&oacute;n en cabeza del general Rojas Pinilla. El Gobierno militar logr&oacute; reducir los &iacute;ndices de violencia pol&iacute;tica durante los primeros a&ntilde;os, pero no logr&oacute; conjurar del todo el espectro de la violencia bipartidista. Posteriormente, al dar indicios de querer continuar en el poder, el general Rojas se convirti&oacute; en una amenaza para los partidos tradicionales. De ah&iacute; que tanto liberales como conservadores se propusieran terminar la dictadura militar de Rojas, restaurar la democracia y evitar la reincidencia de ciclos de violencia (Hartlyn y Dugas, 1999, p. 264). </p>     <p>En lo que se refiere a los antecedentes de la ANC de 1991, se observan algunas similitudes con el FN. Desde mediados de 1980, los &iacute;ndices de violencia pol&iacute;tica escalaron significativamente. Mientras en 1980 se registraron 177 muertes por razones pol&iacute;ticas, en 1988 la cifra alcanz&oacute; un tope de 4.304 (v&eacute;ase gr&aacute;fico al final). Aunque comparativamente menos intensa, la violencia de esta d&eacute;cada mostr&oacute; mayor complejidad que la vivida en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 50. Para empezar, el origen del enfrentamiento no era bipartidista, sino que se trataba de un conflicto armado donde distintas guerrillas comunistas desafiaban al Estado. Simult&aacute;neamente, varios narcotraficantes, latifundistas y militares en retiro integraron un creciente n&uacute;mero de grupos de paramilitares que enfrentaron a las guerrillas. </p>     <p>El impacto del narcotr&aacute;fico en este periodo nutri&oacute; el conflicto en la medida que en fortaleci&oacute; a los actores armados de lado y lado: a la guerrilla le pagaba por el cuidado de los cultivos il&iacute;citos y a los paramilitares por defender sus propiedades y haciendas. Tal fue la polarizaci&oacute;n de esta d&eacute;cada, que la sociedad civil perdi&oacute; su condici&oacute;n de neutralidad y se convirti&oacute; en v&iacute;ctima de los actores armados. </p>     <p>A mediados de los a&ntilde;os 80, durante el gobierno Barco, varias guerras se superpusieron: por un lado, la guerra oficial contra la guerrilla y el narcotr&aacute;fico, y por otro lado, una guerra no oficial, la llamada &ldquo;guerra sucia&rdquo;, que tuvo como principales v&iacute;ctimas a militantes de izquierda y representantes de movimientos sociales -sindicatos, campesinos y profesores-. Tres candidatos presidenciales fueron asesinados en menos de un a&ntilde;o y los miembros de terceras fuerzas como la UP fueron pr&aacute;cticamente aniquilados por la guerra sucia (Chernick, 1999, p. 177). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Paralelo al escalamiento de la violencia pol&iacute;tica, la crisis institucional se profundiz&oacute; en los 80, en parte por el legado del FN. En efecto, este pacto bipartidista convirti&oacute; a los partidos pol&iacute;ticos en maquinarias clientelistas que no representaban adecuadamente a la naci&oacute;n, a la vez que cerr&oacute; la posibilidad a terceras fuerzas de acceder efectivamente al poder. Aunque el pa&iacute;s se hab&iacute;a urbanizado, el Congreso segu&iacute;a sobrerepresentando la zona rural<Sup><a href="#n4">4</a></Sup> y se opuso consistentemente a cualquier cambio constitucional que amenazara a sus clientelas y beneficios (Shugart, 1999, p. 321). En este per&iacute;odo, m&uacute;ltiples intentos de reforma fueron abortados.<Sup><a href="#n5">5</a></Sup></p>     <p>En otras palabras, hubo varios desaf&iacute;os pol&iacute;ticos que precedieron la ANC. Por un lado, hab&iacute;a que desmontar el FN para abrir el sistema pol&iacute;tico a nuevas fuerzas, lo que en principio ayudar&iacute;a a terminar el conflicto armado. Por otro lado, hab&iacute;a que superar los obst&aacute;culos del Congreso para adelantar reformas institucionales de fondo. </p>     <p>En s&iacute;ntesis, tanto el FN como la ANC se propusieron como mecanismos de resoluci&oacute;n de conflicto en contextos de guerra y crisis institucional. La siguiente secci&oacute;n muestra un contraste sustancial entre los dos casos en lo que se refiere a los procesos de reforma. </p>     <p><b>Procesos de reforma: pacto frente a contienda abierta </b></p>     <p>El FN fue fundamentalmente un pacto de caballeros (Wilde, 1978). Despu&eacute;s de un a&ntilde;o de conversaciones en Espa&ntilde;a, los representantes de los partidos pol&iacute;ticos tradicionales, Laureano Gomez y Alberto Lleras, lograron concretar el nuevo acuerdo bipartidista que establec&iacute;a paridad burocr&aacute;tica y alternancia en la presidencia. La participaci&oacute;n popular en cuanto a la convocatoria, integraci&oacute;n y temario del FN fue muy poco democr&aacute;tica. Solamente la ratificaci&oacute;n del pacto pol&iacute;tico cont&oacute; con una masiva votaci&oacute;n, en particular, por la inclusi&oacute;n del voto femenino por primera vez en Colombia (Hartlyn, 1988, p. 266). </p>     <p>Aunque la Iglesia y los militares no tomaron parte directa en la elaboraci&oacute;n del FN, s&iacute; tuvieron un lugar especial en el pacto: la Iglesia cat&oacute;lica fue reconocida como la oficial y el estamento militar, aunque qued&oacute; marginado de la actividad pol&iacute;tica, no fue sometido a purga alguna. Adicionalmente, se estableci&oacute; que el Ministro de Defensa ser&iacute;a un militar (Dix, 1987, p. 316). </p>     <p>Lo anterior muestra un marcado contraste con el car&aacute;cter democr&aacute;tico del proceso de la ANC. Dada la imposibilidad de adelantar una reforma a trav&eacute;s del Congreso, el gobierno de Barco promovi&oacute; la idea de realizar una constituyente con el apoyo de una movilizaci&oacute;n estudiantil -que convoc&oacute; informalmente a la opini&oacute;n p&uacute;blica- y con el respaldo activo de sectores antes marginados, como ind&iacute;genas y el grupo guerrillero reci&eacute;n desmovilizado, M-19, entre otros. Pero fue s&oacute;lo hasta comienzos de los 90, con el gobierno Gaviria, que la ANC pudo materializarse gracias, en gran parte, al fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre el decreto 1926, a trav&eacute;s del cual se podr&iacute;a convocar la ANC. </p>     <p>Adicionalmente este alto tribunal, derog&oacute; los l&iacute;mites en cuanto al temario establecidos en dicho decreto.<Sup><a href="#n6">6</a></Sup> El proceso de la ANC fue democr&aacute;tico seg&uacute;n el criterio establecido por Pzeworski (1988): se trat&oacute; de un mecanismo con reglas ciertas, pero resultados inciertos. Es decir, todos los grupos interesados en participar en la ANC conoc&iacute;an las normas bajo las cuales se someter&iacute;an a la competencia electoral (circunscripci&oacute;n nacional, temario abierto, listas ilimitadas). Lo que no se pod&iacute;a saber de antemano era el resultado de la contienda. Lo cierto es que la composici&oacute;n pol&iacute;tica de la ANC fue excepcional, y la constituci&oacute;n result&oacute; heterodoxa.<Sup><a href="#n7">7</a></Sup></p>     <p>Aunque la elecci&oacute;n de la ANC tuvo un alto &iacute;ndice de abstenci&oacute;n (del 75%)<Sup><a href="#n8">8</a></Sup>, el voto de opini&oacute;n urbano result&oacute; m&aacute;s favorecido que el rural -este &uacute;ltimo considerado m&aacute;s amarrado a las clientelas tradicionales-. De otro lado, la integraci&oacute;n de este cuerpo colegiado fue sui generis: a pesar de ser Colombia un pa&iacute;s tradicionalmente bipartidista, el n&uacute;mero efectivo de partidos  se increment&oacute; a 4.5 (este n&uacute;mero resulta de aplicar la f&oacute;rmula que aparece en Liphart, 1984, p. 120). De los 72 delegatarios de la ANC, hubo representantes de los partidos tradicionales, de las organizaciones guerrilleras desmovilizadas, de grupos de evang&eacute;licos y minor&iacute;as &eacute;tnicas como los ind&iacute;genas. Hubo una presidencia colegiada integrada por las fuerzas pol&iacute;ticas con mayor representaci&oacute;n, es decir, el Partido Liberal, el M-19 y el Movimiento de Salvaci&oacute;n Nacional. </p>     <p>Comparando los procesos del FN y la ANC se evidencia una disyuntiva entre participaci&oacute;n y representaci&oacute;n. Mientras el FN tuvo menos participaci&oacute;n en la convocatoria, integraci&oacute;n y temario de la reforma, alcanz&oacute; una alta representatividad. Los partidos pol&iacute;ticos, para esta &eacute;poca, reflejaban efectivamente las estructuras sociales, pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas, tanto a nivel local como nacional (Harltyn, 1988, p. 74). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La ANC en cambio, tuvo mayor participaci&oacute;n en la integraci&oacute;n de la Constituyente y en la definici&oacute;n de reformas, sin embargo, no fue suficientemente representativa de los actores en conflicto. A la crisis de representaci&oacute;n de los partidos, se sum&oacute; que grupos guerrilleros como las FARC y el ELN no aceptaron la ANC como escenario leg&iacute;timo. Este hecho lleva a cuestionar una de las presunciones que tuvieron m&aacute;s acogida durante la ANC, en el sentido de que &ldquo;m&aacute;s participaci&oacute;n equivale a mejor democracia y, m&aacute;s a&uacute;n, a superar el modelo de democracia representativa&rdquo; (Fals Borda, 1990). Por lo menos se evidencia que esta ecuaci&oacute;n no es tan simple. </p>     <p>La comparaci&oacute;n entre los dos procesos tambi&eacute;n da lugar a cuestionar la premisa que en cuanto m&aacute;s abierto y democr&aacute;tico un proceso de reforma constitucional, mejor. En el FN los partidos pol&iacute;ticos reconocieron que el costo de continuar la violencia era mayor al de restablecer una convivencia, as&iacute; fuera bajo un r&eacute;gimen de democracia restringida. En ese sentido, la reforma constitucional del 57 fue el sello de un pacto de paz que tuvo plena implementaci&oacute;n. La ANC no fue un pacto como tal, sino el resultado de un proceso abierto, sometido a debate y votaci&oacute;n. As&iacute;, el compromiso de implementar y desarrollar la nueva Constituci&oacute;n fue parcial. Ni toda la clase pol&iacute;tica ni todos los actores armados se comprometieron a desarrollar la nueva Constituci&oacute;n. </p>     <p><b>Proceso de reforma y violencia pol&iacute;tica </b></p>     <p>A juzgar por las cifras de violencia pol&iacute;tica, el FN fue exitoso en finiquitar la confrontaci&oacute;n bipartidista. Durante el periodo formal de su vigencia (1958 &ndash; 1974) no s&oacute;lo se redujeron significativamente los &iacute;ndices de homicidios pol&iacute;ticos, sino que adem&aacute;s no reincidieron los ciclos de violencia entre los partidos tradicionales. Los l&iacute;deres de los partidos tradicionales renunciaron a utilizar la violencia como medio para acceder al poder, al tiempo que aceptaron regresar a la democracia (aunque restringida).<Sup><a href="#n9">9</a></Sup></p>     <p>Esto no quiere decir, sin embargo, que el desarrollo del FN haya sido lineal y homog&eacute;neo. Como lo afirma Archila, &ldquo;fueron muchos los encuentros y desencuentros que vivieron los colombianos en estos treinta y tres a&ntilde;os&rdquo; de FN (2003, p. 88). De hecho, persistieron algunas autodefensas campesinas, surgieron focos insurgentes y algunos de los antiguos guerrilleros liberales que no se acogieron al pacto bipartidista acabaron en el bandolerismo. En cuanto a la oposici&oacute;n legal, tambi&eacute;n surgieron sectores inconformes que amenazaron en cierta forma la estabilidad del FN, entre otros grupos, los seguidores del general Rojas y las divisiones internas de los partidos.<Sup><a href="#n10">10</a></Sup></p>     <p>El impacto de la ANC en los &iacute;ndices de violencia pol&iacute;tica no fue tan contundente como ocurri&oacute; con el FN. Si bien cuatro grupos desmovilizados (M-19, EPL, MAQL y PRT) participaron en esta reforma constitucional, esto no se reflej&oacute; en una disminuci&oacute;n de los &iacute;ndices de asesinatos pol&iacute;ticos. De hecho, el desarrollo de la ANC coincidi&oacute; con un escalamiento del conflicto armado. El gobierno Gaviria ofreci&oacute; garant&iacute;as a los grupos insurgentes para que participaran en la ANC, siempre y cuando emprendieran un proceso de paz bajo los par&aacute;metros establecidos por el Gobierno (los que no se acogieran al proceso de paz enfrentar&iacute;an a la fuerza p&uacute;blica; Garc&iacute;a, 1992, pp. 71-72). Dado que los integrantes de la llamada Coordinadora Guerrillera Sim&oacute;n Bol&iacute;var (CGSB), FARC, ELN y una disidencia del EPL, decidieron no formar parte de este cuerpo colegiado, el conflicto armado se recrudeci&oacute;. </p>     <p>De este modo, la ANC no fue un espacio de negociaci&oacute;n para el Gobierno con la CGSB. De hecho, el mismo d&iacute;a de elecciones para elegir la Constituyente, los militares se tomaron Casa Verde, el santuario de las FARC &ldquo;donde hab&iacute;an tenido lugar m&uacute;ltiples reuniones con voceros del Gobierno en el marco de di&aacute;logos de paz&rdquo; (G&oacute;mez, 2000, p. 262). Por su parte, la CGSB, siendo uno de los principales actores del conflicto, nunca renunci&oacute; a usar la violencia como medio para acceder al poder y mantuvo un doble est&aacute;ndar frente a la ANC. A la vez que incrementaba sus acciones terroristas,<Sup><a href="#n11">11</a></Sup> afirmaba p&uacute;blicamente su inter&eacute;s en participar en este cuerpo colegiado. Es m&aacute;s: propuso que 20 de sus miembros fueran parte de la ANC: 8 de las FARC, 8 del ELN y 4 de la disidencia del EPL (Garc&iacute;a, 1992, p. 214). La propuesta fue considerada inaceptable, m&aacute;xime cuando la CGSB no hab&iacute;a participado en las elecciones para la ANC. </p>     <p>Es importante reconocer que a diferencia del FN, la ANC no represent&oacute; las mismas ventajas para los grupos en conflicto. Mientras en el primero, la paridad burocr&aacute;tica y la alternancia de la presidencia garantizaba los intereses vitales de ambos partidos, en la ANC no hubo tal. Los grupos guerrilleros que ten&iacute;an m&aacute;s presencia urbana, pudieron eventualmente capitalizarla pol&iacute;ticamente, como fue el caso particular del M-19, que a pesar de estar diezmado militarmente al momento de su desmovilizaci&oacute;n, logr&oacute; resultados electorales sin precedentes en la historia de la izquierda en Colombia. El caso de las FARC y el ELN fue muy distinto. Su fortaleza militar junto a su debilidad pol&iacute;tica, especialmente en escenarios urbanos, convirti&oacute; la ANC en un escenario no tan favorable, que los dejaba sin banderas de cambio y con enormes dificultades de apelar al electorado en las ciudades. De ah&iacute; que la ANC fuera ante todo un espacio t&aacute;ctico para la CGSB, en la medida en que era el escenario obligatorio para ventilar algunos debates<Sup><a href="#n12">12</a></Sup> y mostrarse ante la opini&oacute;n p&uacute;blica, pero no para dejar las armas. Pero &iquest;a cambio de qu&eacute; estos grupos renunciar&iacute;an a su creciente poder&iacute;o militar y millonarios ingresos? </p>     <p>No es de extra&ntilde;ar entonces, que, a diferencia del FN, que dio lugar a una disminuci&oacute;n consistente de los niveles de violencia pol&iacute;tica, en los a&ntilde;os posteriores a la ANC los altos &iacute;ndices de violencia persistieran. A partir de 1991 se siguieron reportando m&aacute;s de 1.000 muertes por razones pol&iacute;ticas al a&ntilde;o, lo que de acuerdo con un creciente consenso acad&eacute;mico, constituye un estado de guerra civil (para las cifras de muertes relacionadas con el conflicto armado, v&eacute;ase Comisi&oacute;n Andina de Juristas, 1997; para el debate sobre la guerra civil, v&eacute;ase Nasi, Ram&iacute;rez y Lair, 2003). </p>     <p><b>Reforma constitucional como mecanismo de resoluci&oacute;n de conflictos</b> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Causas de la violencia y reforma constitucional </b></p>     <p>Algunos autores consideran que para que una reforma constitucional opere como un mecanismo efectivo de resoluci&oacute;n de conflictos, debe atacar las causas mismas de la violencia. Seg&uacute;n esta l&oacute;gica, en Colombia hay violencia porque no se ha resuelto el tema agrario, y por los altos &iacute;ndices de pobreza e inequidad (Chernick, 1999, p. 63; Corredor, 2001, p. 116-119; Vargas, 2001, p. 60). Sin embargo, esta tesis es inconsistente a la luz de los procesos rese&ntilde;ados. Comparada con otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, Colombia ha mantenido una econom&iacute;a relativamente sana y estable, macroecon&oacute;micamente hablando. En los 80, el gasto social no fue proc&iacute;clico, es decir, no decreci&oacute; con las recesiones. El desempleo se mantuvo en un 10% en promedio entre 1990 y 1996, s&oacute;lo se increment&oacute; en 1997 en un 12.4% y en 1998 en un 15.3% (Stallings y Peres, 2000, p. 120). Estas particularidades de la econom&iacute;a colombiana no desconocen los altos &iacute;ndices de pobreza e inequidad.<Sup><a href="#n13">13</a></Sup> No obstante, estos indicadores son insuficientes para explicar los altos &iacute;ndices de violencia. Por otra parte, es dif&iacute;cil sustentar que el escalamiento de la violencia pol&iacute;tica se explica a partir de la implementaci&oacute;n de medidas neoliberales, dado que tales medidas datan de 1990, mientras que la intensificaci&oacute;n del conflicto tuvo lugar a partir de los 80. </p>     <p>Desde otra perspectiva, autores como Rubio (1988) y Echand&iacute;a (1999), argumentan que no es la escasez, sino la abundancia de recursos lo que ha escalado el conflicto. En efecto, los municipios con mayores &iacute;ndices de violencia no son los m&aacute;s pobres, sino los m&aacute;s pr&oacute;speros, dado que ofrecen mayores oportunidades a los actores armados de extorsionar el sector productivo. Llama la atenci&oacute;n que el FN aunque no incluy&oacute; reformas econ&oacute;micas redistributivas (fue eminentemente una repartici&oacute;n de poder), s&iacute; redujo significativamente el n&uacute;mero de muertes violentas. Por su parte, la ANC que declar&oacute; al Estado colombiano como un &lsquo;estado social de derecho,&rsquo; no impidi&oacute; implementar medidas neoliberales, ni logr&oacute; contener la violencia pol&iacute;tica. De ah&iacute; que las explicaciones eminentemente econ&oacute;micas sean insuficientes para dar cuenta de la violencia. </p>     <p><b>Fetichismo legalista </b></p>     <p>En Colombia, las reformas constitucionales han servido en ocasiones como mecanismos de resoluci&oacute;n de conflictos, pero no necesariamente por consolidar el estado de derecho. En efecto, despu&eacute;s de varias reformas constitucionales el Estado sigue siendo incapaz de proteger efectivamente la integridad personal de todos los ciudadanos, y varias instituciones pol&iacute;ticas (como el Congreso o los partidos) tienen bajos niveles de legitimidad.<Sup><a href="#n14">14</a></Sup> Sin embargo, la Constituci&oacute;n ha sido el marco fundamental de los acuerdos pol&iacute;ticos que han establecido hist&oacute;ricamente las reglas del juego para acceder al poder: qui&eacute;n puede ocupar las altas magistraturas, y c&oacute;mo se compite para ello. </p>     <p>Quiz&aacute;s por esta particularidad, se ha creado un mito que contin&uacute;a teniendo eco: la Constituci&oacute;n es la &ldquo;medicina&rdquo; para conjurar todas las crisis. Por supuesto, las normas no son inocuas y pueden tener una considerable responsabilidad en el funcionamiento (bueno o malo) del sistema pol&iacute;tico -es el caso de f&oacute;rmulas electorales, la regulaci&oacute;n de los partidos y otras-. Pero independiente de la perfecci&oacute;n de la ley, es el acuerdo entre grupos enfrentados lo que permite que la Constituci&oacute;n sea (o no) un mecanismo de resoluci&oacute;n de conflictos.<Sup><a href="#n15">15</a></Sup> Para entender, entonces, el &eacute;xito o fracaso de una reforma  en reducir niveles de violencia, es fundamental analizar no s&oacute;lo el contenido de las reformas mismas, sino tambi&eacute;n los procesos pol&iacute;ticos que acompa&ntilde;aron tales reformas. </p>     <p><b>Conclusiones </b></p>     <p>Contrario a lo que se esperar&iacute;a, no todo proceso de democratizaci&oacute;n en Colombia ha conducido a una reducci&oacute;n de los &iacute;ndices de violencia pol&iacute;tica. En efecto, varios episodios de democratizaci&oacute;n, como fueron la elecci&oacute;n popular de alcaldes, la ANC del 91 y la iniciaci&oacute;n de procesos de paz, han venido acompa&ntilde;ados por escaladas de violencia pol&iacute;tica (Romero, 2003).<Sup><a href="#n16">16</a></Sup> La ANC de 1991 fue un medio para profundizar procesos de democratizaci&oacute;n del Estado y la sociedad, pero no fue un mecanismo efectivo de resoluci&oacute;n de conflictos. Contrasta esto con el caso del FN de 1957 que, a pesar de ser un pacto pol&iacute;tico excluyente, termin&oacute; con la guerra civil de los a&ntilde;os 50. En efecto, el FN fue producto de la renuncia decidida por parte de los principales actores del conflicto (el partido Liberal y el Conservador) al uso de la violencia para acceder al poder. Esto no desconoce el hecho de que en el mediano y largo plazo el FN tuvo efectos negativos, tales como la exclusi&oacute;n, el clientelismo y la corrupci&oacute;n, lo cual posteriormente contribuy&oacute; a generar violencia. </p>     <p>Pero, m&aacute;s all&aacute; de ponderar un proceso sobre otro, este art&iacute;culo busc&oacute; cuestionar algunas presunciones en torno al tema de reforma constitucional, democracia, y violencia pol&iacute;tica y/o conflicto armado en Colombia. Por ejemplo, la presunci&oacute;n de que m&aacute;s participaci&oacute;n equivale a mejor representaci&oacute;n y/o democracia queda revaluada, as&iacute; como la creencia de que un pacto abierto y democr&aacute;tico conduce necesariamente a la paz. Como se observ&oacute; anteriormente, la participaci&oacute;n es una condici&oacute;n necesaria pero no suficiente para que un proceso de reforma constitucional opere como mecanismo de resoluci&oacute;n de conflictos. Si los principales actores del conflicto no renuncian al uso de la violencia y se marginan del proceso de reforma (bien sea por voluntad propia, o porque el establecimiento no los deja participar), muy probablemente los &iacute;ndices de violencia no ceder&aacute;n. </p>     <p>Lo cierto es que, bajo ciertas circunstancias, reformar la Constituci&oacute;n en Colombia ha sido un mecanismo importante de repartici&oacute;n de poder y en ese sentido ha logrado resolver conflictos. Un eventual acuerdo de paz con las organizaciones guerrilleras probablemente requerir&aacute; legitimarse a trav&eacute;s de una reforma constitucional. De ser as&iacute;, surgen varios interrogantes: &iquest;Qu&eacute; tipo de proceso pol&iacute;tico ser&iacute;a adecuado? &iquest;un pacto previo entre los actores en conflicto (en este caso, el Gobierno y las organizaciones guerrilleras) como fue el caso del FN, o un proceso abierto como el de la ANC? Dada la degradaci&oacute;n e impopularidad de las guerrillas, adelantar un proceso democr&aacute;tico como el de la ANC de 1991 podr&iacute;a servir para marginar a la insurgencia, lo cual probablemente no la estimular&iacute;a a participar. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por otro lado, un pacto entre el Gobierno e insurgentes podr&iacute;a tener poca legitimidad, dado que estos &uacute;ltimos no son representativos de los m&uacute;ltiples grupos e intereses que existen en la sociedad colombiana. Un pacto de &ldquo;caballeros&rdquo; tendr&iacute;a el riesgo de correr con la suerte de los acuerdos de paz en Guatemala, donde al momento de ratificar las reformas constitucionales derivadas de las negociaciones de paz por refer&eacute;ndum, no lograron ser aprobadas. En ese sentido, las consultas que est&aacute; adelantando el ELN pueden ser &uacute;tiles a la hora de una negociaci&oacute;n, en t&eacute;rminos que antes de formular propuestas, este grupo lleva a cabo una exploraci&oacute;n de los intereses de distintos sectores pol&iacute;ticos. </p>     <p>Una pregunta que se debe formular, entonces, es no solo &iquest;qui&eacute;nes deber&iacute;an participar?, sino &iquest;en qu&eacute; t&eacute;rminos? Una pregunta adicional que debe abordarse tiene que ver con el contenido de la reforma, &iquest;qu&eacute; temas deber&iacute;an incluirse: &iquest;s&oacute;lo los relacionados con la repartici&oacute;n del poder, como ocurri&oacute; con el FN, y/o temas econ&oacute;micos tales como reforma agraria y redistribuci&oacute;n?  Es preciso reflexionar y dar respuesta a estos interrogantes si se piensa en alcanzar un acuerdo de paz anclado en una reforma constitucional que ponga fin al conflicto armado. Las experiencias hist&oacute;ricas aqu&iacute; comparadas son relevantes para sacar algunas conclusiones sobre la relaci&oacute;n que existe entre guerra, democracia y proceso de reforma constitucional en Colombia. </p>     <p>    <center><img src="/img/revistas/res/n23/23a9g1.jpeg"></center> </p>     <p>    <center><img src="/img/revistas/res/n23/23a9g2.jpeg"></center> </p>  <hr size="1">      <p><b>Comentarios</b></p>     <p><a name="n1">1</a> 	Colombia tuvo &ldquo;quince constituciones nacionales entre 1811 y 1886, y sesenta y siete reformas entre 1886 y 1986&rdquo; (Valencia, 1989). </p>     <p><a name="n2">2</a> En la d&eacute;cada de los 80 y los 90 varias reformas constitucionales, parciales o totales, tuvieron lugar en Am&eacute;rica Latina. Entre otros casos, est&aacute; Chile (1980), Per&uacute; (1980, 1993), Uruguay (1980), Honduras (1982), Guatemala (1984), Nicaragua (1987), Brazil (1988), Colombia (1991), Paraguay (1992), Argentina (1994), Ecuador (1998) y Venezuela (1999). </p>     <p><a name="n3">3</a> Los partidos tradicionales tuvieron algunas diferencias en torno a tres temas fundamentalmente: la relaci&oacute;n Iglesia-Estado, la descentralizaci&oacute;n y el rol del Estado en la econom&iacute;a (Hartlyn, 1988, p. 19). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n4">4</a> Colombia pas&oacute; de ser un pa&iacute;s rural a uno urbano en menos de tres d&eacute;cadas: en 1951, el 61,3% viv&iacute;a en el campo, en 1985 s&oacute;lo el 30,4%; &ldquo;la tasa de escolaridad evolucion&oacute; de 3,14 en 1958 a 6,13 en 1990 (&hellip;) el analfabetismo disminuy&oacute; de 37,7% en 1951 a 12,2% en 1985&rdquo; (Archila, 2004, p. 128). </p>     <p><a name="n5">5</a> Sobre las reformas constitucionales fallidas de L&oacute;pez, Turbay, Betancur y Barco, v&eacute;ase Archer y Shugart, 1997, p.113-116. </p>     <p><a name="n6">6</a> Una vez elegido como presidente, Gaviria suscribi&oacute; un acuerdo con las fuerzas pol&iacute;ticas que obtuvieron mayor votaci&oacute;n en las urnas para elegir presidente (el Movimiento de Salvaci&oacute;n Nacional, el M-19 y el Partido Social Conservador). Este acuerdo se conoci&oacute; como el pacto del 2 de agosto y estableci&oacute; los lineamientos de la composici&oacute;n, integraci&oacute;n, per&iacute;odo, organizaci&oacute;n y convocatoria de la ANC. Posteriormente este acuerdo ser&iacute;a el contenido del decreto 1926 (v&eacute;ase Amador, 2005, pp. 100-108). </p>     <p><a name="n7">7</a> 	Aunque el contenido de las reformas adelantadas en la ANC no son el tema de este art&iacute;culo, deben destacarse algunos puntos. Para empezar, hubo avances significativos en materia de derechos y garant&iacute;as, se reconocieron tratados internacionales, igualmente se crearon instituciones de protecci&oacute;n y control de poder -la Corte Constitucional y defensor&iacute;a del pueblo-. En relaci&oacute;n con las Fuerzas Armadas, se estableci&oacute; el nombramiento del ministro civil de defensa, sin embargo se dej&oacute; intacto un punto &aacute;lgido relacionado con violaci&oacute;n de derechos humanos como es el principio de obediencia debida de los militares y de justicia penal militar para cr&iacute;menes de lesa humanidad (Ameritas Watch, 1993, p. 142-145). En lo econ&oacute;mico, por otro lado, se declar&oacute; el estado social de derecho pero se dejaron espacios para adoptar e implementar reformas neoliberales. </p>     <p><a name="n8">8</a> 	La interpretaci&oacute;n sobre el &iacute;ndice de abstenci&oacute;n ha generado todo un debate. Algunos afirman que es la muestra de la poca legitimidad de la nueva Carta, otros sostienen que se debi&oacute; a la fatiga electoral de ese a&ntilde;o &ndash;m&aacute;s de tres eventos electorales tuvieron lugar entre marzo y noviembre- y el hecho de que el beneficio de votar fuera intangible hizo que las clientelas no se motivaran a participar masivamente. </p>     <p><a name="n9">9</a> La democracia consociacional del FN estableci&oacute; serios l&iacute;mites a la competencia justa y libre de toda democracia en sentido pleno. Adicionalmente, la prolongaci&oacute;n de este pacto pol&iacute;tico, m&aacute;s all&aacute; del tiempo inicialmente acordado (1974), profundiz&oacute;, entre otras cosas, la marginaci&oacute;n de fuerzas pol&iacute;ticas emergentes y gener&oacute; graves problemas de corrupci&oacute;n y clientelismo. </p>     <p><a name="n10">10</a> Entre las facciones opositoras al FN m&aacute;s importantes est&aacute;n: el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) y el laureanismo, que de ser defensor inicialmente se convirti&oacute; en opositor despu&eacute;s de elecciones al Congreso. </p>     <p><a name="n11">11</a> Incluso consider&oacute; al M-19 desertor y traidor por participar en la ANC (Villamizar, 1997). </p>     <p><a name="n12">12</a> Entre otros, desmilitarizaci&oacute;n, guerra sucia y paramilitarismo, depuraci&oacute;n de las FF.AA, programas de desnacionalizaci&oacute;n de los recursos naturales. </p>     <p><a name="n13">13</a> Seg&uacute;n los informes del Banco Mundial, en 1999 el 64% de la poblaci&oacute;n colombiana se consideraba en situaci&oacute;n de pobreza y el 23% en situaci&oacute;n de extrema pobreza. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="n14">14</a> En 1997 una encuesta revel&oacute; que &ldquo;89% de los colombianos no confiaban en los partidos pol&iacute;ticos; 79% en el Congreso; 71%, en la administraci&oacute;n publica; 58%, en el poder judicial; 51% en la Polic&iacute;a y 39%, en los militares&rdquo; (Hoskin y Murillo, 2001, p. 32-45). </p>     <p><a name="n15">15</a> A lo largo de la historia colombiana, algunas coaliciones bipartidistas facilitaron puntos de transici&oacute;n y cambio institucional (tales como en los 1880s, 1930s, y 1950s; Hartlyn &amp; Dugas, 1999, p. 255). De hecho uno de los per&iacute;odos mas estables pol&iacute;ticamente hablando tuvo lugar entre 1910 y 1946, durante la denominada democracia olig&aacute;rquica (ibid). </p>     <p><a name="n16">16</a> Seg&uacute;n este autor, el fortalecimiento de los grupos paramilitares en Colombia ha sido una reacci&oacute;n al acercamiento entre el Gobierno central y la guerrilla. Las AUC, por ejemplo, crecieron de 4000 efectivos en 1997 a 8000 en el 2000 (Romero, 2003). </p> <hr size="1">      <p><b>Referencias </b></p> </font>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">Amador, S. (2005). El camino de la constituci&oacute;n de 1991: diario de la exclusi&oacute;n. En O. Mej&iacute;a (ed.), <i>Poder constituyente, conflicto y constituci&oacute;n en Colombia</i>. Bogot&aacute;: Universidad de los Andes - CIJUS. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0123-885X200600010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Americas Watch. (1993). <i>La violencia contin&uacute;a</i>. Bogot&aacute;: Tercer Mundo, IEPRI, CEI. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0123-885X200600010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Archer, R. y Shugart, M. (1997). The Unrealized Potential of Presidential Dominance in Colombia. En M. Shugart (ed.), <i>Presidentialism and Democracy in Latin America</i>. Cambridge: Cambridge University Press 1997. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0123-885X200600010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Archila, M. (2004). <i>Idas y venidas, vueltas y revueltas</i>. Bogot&aacute;: CINEP, ICANH. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0123-885X200600010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Call, Ch. (1995). <i>From &quot;Patisan Cleansing&quot; to Power-Sharing? Lessons for Security from Colombia&acute;s National Front</i>. Stanford: Center for International Security and Cooperation. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0123-885X200600010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cepeda, M.J. (1993). <i>La constituyente por dentro</i>. Bogot&aacute;: Imprenta Nacional de Colombia. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0123-885X200600010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Chernick, Marc. (1999). Negotiating Peace amid Multiple Forms of Violence: The Protracted Search for a Settlement to the Armed Conflicts in Colombia. En C. Arnson (ed.), <i>Comparative peace processes in Latin America</i>. Washington and Stanford: Woodrow Wilson Center Press and Stanford University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0123-885X200600010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Comision Andina de Juristas (1997). <i>Colombia, derechos humanos y derecho humanitario: 1996</i>. Serie: Informes anuales. Bogot&aacute;: Comision Andina de Juristas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0123-885X200600010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Corredor, M. C. (2001). <i>Desarrollo, econom&iacute;a y paz. En Colombia: conflicto armado, perspectivas de paz y democracia</i>. Miami, Florida: Latin American and Caribbean Center. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0123-885X200600010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>D&aacute;vila, A. (2002). <i>Democracia Pactada: El Frente Nacional y el proceso constituyente del 91</i>. Bogot&aacute;: Alfaomega, Ceso-Uniandes, Departamento de Ciencia Pol&iacute;tica, IFEA. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0123-885X200600010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dix, R. (1987). <i>The Politics of Colombia</i>. California: Hoover Institute Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0123-885X200600010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dugas, J. (1993). <i>La Constitucion de 1991: Un pacto pol&iacute;tico viable?</i> Bogota: Universidad de los Andes. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0123-885X200600010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Echandia, C. (1999). Expansion territorial de las guerrillas colombianas: geografia, economia y violencia. En M. Deas y M. V. Llorente (eds.), <i>Reconocer la guerra para construir la paz</i>. Santa Fe de Bogota: CEREC, Ediciones Uniandes y Ediciones Norma. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0123-885X200600010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fals Borda, O. (1990). Democracia participativa y constituyente. <i>Revista Foro</i>, 13. Bogot&aacute;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0123-885X200600010000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Garc&iacute;a, M. (1992). <i>De la Uribe a Tlaxcala: Procesos de Paz</i>. Bogota: CINEP. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0123-885X200600010000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>G&oacute;mez, J.G. (2000). Sobre las constituciones de Colombia (inclu&iacute;da la de papel). En <i>Colombia cambio de siglo, balances y perspectivas</i>. Bogot&aacute;: Planeta, IEPRI. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0123-885X200600010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hartlyn, J. (1988). <i>The Politics of Coalition Rule in Colombia</i>. New York: Cambridge University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0123-885X200600010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hartlyn, J. y Dugas, J. (1999). The Politics of Violence and Democratic Transformation. En L. Diamond, J. Hartlyn, J. Linz, y S. Martin Lipset (eds.), <i>Democracy in Developing Countries: Latin America</i>. Boulder, Colorado: Lynne Rienner Publishers, Inc. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0123-885X200600010000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hoskin, G. y Murillo, G. (2001). Colombia's Perpetual Quest for Peace. <i>Journal of Democracy</i>, 12 (2), 32-45. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0123-885X200600010000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Leal, F. (1984). <i>Estado y Pol&iacute;tica en Colombia</i>. Bogot&aacute;: Siglo XXI y CEREC. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0123-885X200600010000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Liphart, A. (1984). <i>Democracies: Patterns of Mayoritarian and Consensus Government in Twenty-one Countries</i>. 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Bogot&aacute;: IEPRI. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0123-885X200600010000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rubio, M. (1998). <i>La violencia en Colombia: Dimensionamiento y pol&iacute;ticas de control</i>. Santa Fe de Bogota: Colombia: Inter-American Bank. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0123-885X200600010000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Shugart, M. (1999). Constitutional Change in Colombia. <i>Comparative Political Studies</i>, 32 (3), 313-341. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0123-885X200600010000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Stallings, B. y Peres, W. (2000). <i>Growth, Employment, and Equity : the Impact of the Economic Reforms in Latin America and the Caribbean</i>. Washington, D.C.: Brooking Institution Press; Santiago Chile: United Nations Economic Commission for Latin America and the Caribbean. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0123-885X200600010000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Valencia, H. (1987). <i>Cartas de batalla</i>. Bogot&aacute;: U. Nacional, CEREC. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0123-885X200600010000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vargas, A. (2001). La democracia colombiana tratando de salir de su laberinto. En <i>Colombia: conflicto armado, perspectivas de paz y democracia</i>. Miami, Florida: Latin American and Caribbean Center. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0123-885X200600010000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Villamizar, D. (1997). <i>Un adi&oacute;s a la guerra</i>. Santa Fe de Bogota: Planeta. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0123-885X200600010000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Wilde, A. (ed.) (1978). Conversations among Gentlemen: Oligarchical Democracy in Colombia. A. Stepan (ed.), <i>The Breakdown of Democratic Regimes</i>. Baltimore: Johns Hopkins Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0123-885X200600010000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>World Bank, Latin America and the Caribbean Regional Office (2003). <i>Colombia: Poverty Assessment Report</i>. Document of the World Bank: New York: World Bank. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0123-885X200600010000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>Fecha de recepci&oacute;n: Febrero de 2006 &middot; Fecha de aceptaci&oacute;n: Abril de 2006 </p>  </font>     ]]></body>
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