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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This work explores some critical exercises that place the Amazon Indian within the occidental symbolic coordinates and the meaning transformations, which are imposed to him when he is moved into knowledge circuits distant from the cultural environment he comes from. Meanwhile, it reconstructs and examines in a critical way the relation established by the critics of Colombian literature with this symbolic system. In this analysis&#8217; perspective, anthropologic, historical, and literary points of reference are continuously intertwined; however, the most important one is the in-depth and detailed research made by Robin Wright (1981) on Brazilian Baniwa groups.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4">El mito de Yurupary: memoria ancestral como resistencia hist&oacute;rica</font> </p>     <P><b>Betty Osorio*</b></P>     <P>* 	Licenciada en Humanidades de la Universidad del Cauca. Maestr&iacute;a en Literatura Espa&ntilde;ola e Hispanoamericana y PhD. en Literatura Espa&ntilde;ola e Hispanoamericana de la University of Illinois. </P> <hr size="1">      <p><b>Resumen </b></p>     <p>Este trabajo estudia algunos ejercicios cr&iacute;ticos que traducen el mito amaz&oacute;nico a las coordenadas simb&oacute;licas occidentales y las transformaciones de significado que le son impuestas al entrar a moverse en circuitos de conocimiento ajenos al &aacute;mbito cultural de donde procede. Paralelamente reconstruye y examina cr&iacute;ticamente la relaci&oacute;n que los cr&iacute;ticos de la literatura colombiana han establecido con este sistema simb&oacute;lico. En la perspectiva de an&aacute;lisis se entrecruzan continuamente referentes antropol&oacute;gicos, hist&oacute;ricos y de historia literaria. Sin embargo, el referente m&aacute;s importante es la investigaci&oacute;n extensa y detallada de Robin Wright (1981) sobre los grupos baniwa del Brasil. </p>    <p><b>Palabras clave: </b>Yurupary, ind&iacute;genas, Amazonas, misi&oacute;n, mito. </p> <hr size="1">      <p><b>Abstract </b></p>     <p>This work explores some critical exercises that place the Amazon Indian within the occidental symbolic coordinates and the meaning transformations, which are imposed to him when he is moved into knowledge circuits distant from the cultural environment he comes from. Meanwhile, it reconstructs and examines in a critical way the relation established by the critics of Colombian literature with this symbolic system. In this analysis&rsquo; perspective, anthropologic, historical, and literary points of reference are continuously intertwined; however, the most important one is the in-depth and detailed research made by Robin Wright (1981) on Brazilian Baniwa groups. </p>     <p><b>Keywords:</b> Yurupary, Indians, Amazons, mission, myth. </p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El Yurupary es una de las expresiones m&aacute;s importantes del pensamiento simb&oacute;lico de las sociedades del noroeste del Amazonas. A trav&eacute;s de este sistema de mitos se le da sentido y trascendencia a una situaci&oacute;n que regulaba, hasta el siglo XX, la vida de los grupos ind&iacute;genas de estas regiones; la estricta separaci&oacute;n de las labores entre los sexos implica un orden social: las mujeres procesan y preparan los alimentos, cuidan a los ni&ntilde;os peque&ntilde;os y cultivan la chagra; los hombres tienen a su cargo la caza y la pesca, el establecimiento de relaciones comerciales y pol&iacute;ticas y las decisiones fundamentales de la vida comunitaria. Por lo tanto, este sistema simb&oacute;lico modela tanto el comportamiento individual como el colectivo, afecta tanto la esfera pol&iacute;tica interna de la comunidad como sus relaciones con otras sociedades. M&aacute;s que por un solo mito est&aacute; formado por un conjunto de mitos relacionados entre s&iacute;, y que pueden ser narrados independientemente. Este sistema de mitos ha sido comentado y a menudo criticado por misioneros y viajeros europeos desde el siglo XVIII. Las primeras noticias son del misionero Juan Rivero (1733) y del padre Jos&eacute; Gumilla (1745), estos cronistas interpretan el mito desde postulados cat&oacute;licos contrarreformistas que establecen una alianza incuestionable entre lo demon&iacute;aco y el poder sexual. En el siglo XIX, viajeros franceses, ingleses, alemanes e italianos, al entrar en contacto con este imaginario, reaccionaron desde presupuestos occidentales construyendo versiones incompletas y distorsionadas de este sistema m&iacute;tico. </p>     <p>Referencias tanto al mito como al sistema ritual que lo actualiza, se encuentran en los escritos de Alexander von Humbold (1804), Alfred Russell Wallace (1853), G.A. Colini (1884), Henry Coudreau (1887), Ermanno Stradelli (1890) y Joao Barbosa Rodr&iacute;guez (1890). Estos relatos a menudo le a&ntilde;aden al mito la visi&oacute;n rom&aacute;ntica del siglo XIX; lo ex&oacute;tico convierte los territorios de la periferia en escenario de aspiraciones coloniales de los europeos no pertenecientes al mundo hisp&aacute;nico. Estos representantes de la intelectualidad europea usan el entramado simb&oacute;lico del Amazonas como materia prima para la construcci&oacute;n de ciencias sociales como la antropolog&iacute;a, la ling&uuml;&iacute;stica y la etnolog&iacute;a. </p>     <p>A continuaci&oacute;n se estudiar&aacute;n algunas de estos ejercicios de transculturaci&oacute;n que traducen el mito amaz&oacute;nico a las coordenadas simb&oacute;licas occidentales y las transformaciones de significado que le son impuestas al entrar a moverse en circuitos de conocimiento ajenos al &aacute;mbito cultural de donde procede. Paralelamente, como estudiosa de la literatura colombiana, intentar&eacute; reconstruir y examinar cr&iacute;ticamente mi relaci&oacute;n acad&eacute;mica con este sistema m&iacute;tico. Ambas perspectivas responden a trabajos en los que se entrecruzan continuamente referentes antropol&oacute;gicos, hist&oacute;ricos y de historia literaria entre los que se encuentran: Jonathan D. Hill(1988), &Aacute;lvaro F&eacute;lix Bola&ntilde;os (1994 y 2002), Luis Fernando Restrepo (1999). Sin embargo, la investigaci&oacute;n extensa y detallada de Robin Wright (1981) sobre los grupos baniwa del Brasil es el referente m&aacute;s importante para las reflexiones que siguen. La reciente edici&oacute;n del mito de Yurupary hecha por Beatriz Alzate y Roberto Pineada (2004) sit&uacute;a la perspectiva hist&oacute;rica del texto y da m&aacute;s detalles sobre el &aacute;mbito cultural y social en que se movi&oacute; Ermmanno Stradelli y por lo tanto abre la posibilidad de indagaciones como la que intentar&eacute; hacer. </p>     <p>Mi primer encuentro con este sistema m&iacute;tico se produjo al comienzo de la d&eacute;cada de los noventa y estuvo motivado por las reflexiones y debates generados alrededor de los quinientos a&ntilde;os del desembarco de Col&oacute;n en las islas del Caribe. La edici&oacute;n y traducci&oacute;n del texto de Ermanno Stradelli hecha por el profesor H&eacute;ctor Orjuela y Susana N. Salessi hab&iacute;a sido publicada en 1983. Este es un trabajo erudito que situ&oacute; fuentes y conserv&oacute; las notas ling&uuml;&iacute;sticas hechas por el viajero italiano. El texto traducido puede leerse f&aacute;cilmente como la saga de una figura cham&aacute;nica que iba imponiendo su sistema m&iacute;tico mientras viajaba por los r&iacute;os de la selva amaz&oacute;nica. La consolidaci&oacute;n de la instituci&oacute;n del chamanismo se convert&iacute;a as&iacute; en el centro significativo de un texto que, a pesar de un proceso de traducci&oacute;n doble, conserva huellas de m&uacute;ltiples lenguas amaz&oacute;nicas. Sin embargo, mientras el texto avanza se notan cortes repentinos y la continuidad indispensable en un texto occidental se desmorona en r&aacute;pidas acciones que quedan en suspenso. La saga se cierra con Yurupary y su compa&ntilde;ero Caryda perdi&eacute;ndose en el horizonte. La discontinuidad de las acciones al final del texto sugiere que la coherencia interna del conjunto m&iacute;tico no depende completamente de la estructura lineal de viaje dada por Stradelli, sino que pod&iacute;a provenir del contexto aut&oacute;ctono en el cual el mito ha circulado y crecido, pero que los an&aacute;lisis literarios y los estudios tradicionales de antropolog&iacute;a apenas insin&uacute;an. </p>     <p>Escritos antropol&oacute;gicos como los can&oacute;nicos de Irving Goldman, Gerardo Reichel Dolmatoff, Christine y Sthephen Hugh- Jones, analizan el mito desde los postulados procedentes de teor&iacute;as estructuralistas como las de Claude L&eacute;vi-Straus, es decir, su estructura y coherencia internas y su significaci&oacute;n para unas sociedades que parec&iacute;an vivir una historia totalmente aislada de las relaciones conflictivas con las sociedades mestizas tanto de Brasil como de Colombia. Los estudios, rese&ntilde;as e incluso algunas pel&iacute;culas y videos hechos desde esta perspectiva, incluyendo algunas contribuciones m&iacute;as, insisten en la des-historizaci&oacute;n del Yurupary y lo presentan como un objeto simb&oacute;lico que vincula al cham&aacute;n amaz&oacute;nico o pay&eacute; con los ciclos naturales de la selva, un objeto deslumbrante por su belleza ex&oacute;tica. Sin embargo, en estas lecturas la instituci&oacute;n del chamanismo no confronta, como era de esperarse, los procesos de colonizaci&oacute;n y de evangelizaci&oacute;n. </p>     <p>El profesor Orjuela, en la introducci&oacute;n a la edici&oacute;n del Caro y Cuervo, incluye una informaci&oacute;n valiosa que apunta en otra direcci&oacute;n y que posteriormente llam&oacute; poderosamente mi atenci&oacute;n. La versi&oacute;n al italiano del Conde Ermanno Stradelli (1852- 1926) est&aacute; hecha sobre otra, recogida por Maximiano Jos&eacute; Roberto, &ldquo;Caboclo&rdquo;, descendiente por el lado materno de un grupo tariana del Vaup&eacute;s. M&aacute;s adelante esta informaci&oacute;n se ampli&oacute; gracias a una nota de la tesis de doctorado de Robin Wright en la cual examina las condiciones que rodearon la traducci&oacute;n del manuscrito de Yurupary (Nota 52, 345-346). Adem&aacute;s, en L&rsquo;Uaup&eacute;s e gli Uaup&eacute;s (1890b), Stradelli comenta que Maximiano recogi&oacute; las diferentes versiones del mito en Tarunmanmiry &ldquo;que es un sitio de encuentro de todos los ind&iacute;genas del Vaup&eacute;s&rdquo;; adem&aacute;s describe el m&eacute;todo que us&oacute; para recoger el mito: &ldquo;Comenz&oacute; recogiendo la leyenda entre unos y otros, comparando, ordenando las diversas narraciones y someti&eacute;ndolas a la cr&iacute;tica de los diferentes ind&iacute;genas reunidos&hellip;&rdquo; (Luque, Osorio y P&eacute;rez, 1998, traducci&oacute;n de Anduquia, p. 254). Stradelli afirma, en la parte final de esta publicaci&oacute;n, que Maximiano Jos&eacute; Roberto ten&iacute;a un manuscrito en &ntilde;engatu, una lengua franca usada en la evangelizaci&oacute;n, listo para darle y que &eacute;l simplemente lo tradujo y elogia de la siguiente manera la labor del tariana: &ldquo;&hellip;un trabajo destinado a modificar profundamente todo aquello que se conoce sobre estos ind&iacute;genas y a llevar una luz inmensa sobre su proveniencia; y sobre el m&eacute;todo seguido en la recolecci&oacute;n&rdquo; (Luque, Osorio y P&eacute;rez, 1998, traducci&oacute;n de Anduquia, p. 254). La informaci&oacute;n de Wright usa esta misma fuente. </p>     <p>El m&eacute;todo de recolecci&oacute;n usado por Maximiano Jos&eacute; Roberto indica que el sistema m&iacute;tico de Yurupary no pod&iacute;a ser una versi&oacute;n uniforme, pues la regi&oacute;n del noroeste del Amazona es un territorio multiling&uuml;e en el cual las lenguas experimentan fen&oacute;menos muy din&aacute;micos de interacci&oacute;n y cambio. Estos datos me ayudaron a comprender las huellas dejadas por Maximiano en el texto; el etn&oacute;grafo ind&iacute;gena hace constantemente anotaciones en m&aacute;s de una docena de lenguas amaz&oacute;nicas: tariana, tukano, tapuya, cubeo y muchas otras. La existencia de esta matriz ling&uuml;&iacute;stica subyacente al &ntilde;engat&uacute; o lengua geral confirma este sistema m&iacute;tico y ritual como uno de los m&aacute;s importantes de esta zona. Igualmente sugiere, debido tambi&eacute;n a la misma actividad din&aacute;mica de las lenguas amaz&oacute;nicas, que cada grupo adapta el mito a su propia historia y a las estructuras econ&oacute;micas y geogr&aacute;ficas locales. Es decir, el mito tiene una estructura abierta que le permite adaptarse r&aacute;pidamente, y por lo tanto el h&eacute;roe m&iacute;tico cambia de nombre. Yurupary es una palabra del &ntilde;engatu o lengua geral, y fue acu&ntilde;ada por los jesuitas para cubrir una amplia gama de conceptos que se pueden identificar con el demonio cat&oacute;lico.<Sup><a href="#n1">1</a></Sup> Es decir no existe un personaje con la identidad fija que aparece en el texto de Stradelli, sino un concepto complejo que articula el pensamiento simb&oacute;lico, y la historia de origen de un grupo a la historia de origen de otros grupos del Amazonas, mediante la met&aacute;fora del viaje que proviene de los relatos de la canoa anaconda. </p>     <p>Eduardo y Francisco Valencia se&ntilde;alan enf&aacute;ticamente que la relaci&oacute;n diablo-Yurupary es fabricaci&oacute;n de los misioneros. &ldquo;Los misioneros llegaron y dijeron que ese era el diablo. Lo mismo la palabra diablo y su connotaci&oacute;n. Entonces metieron esa idea que ese era Yurupary, pusieron el nombre Yurupary, en vez de tener otro nombre (F. Valencia y E. Valencia, Luque et al, 1998, anexo). Por otra parte, la palabra Yurupary entra a circular en la cultura letrada colombiana con la significaci&oacute;n de h&eacute;roe cultural que somete el matriarcado, mientras en el contexto hist&oacute;rico ind&iacute;gena tiene al menos dos posibles significaciones. Dentro del vocabulario misionero se relaciona con el demonio cat&oacute;lico y esta asociaci&oacute;n sirve para anular el referente sagrado del nativo; desde la perspectiva ind&iacute;gena es una forma de negar informaci&oacute;n, devolvi&eacute;ndole al agresor su propia invenci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica vac&iacute;a de sentido y protegiendo as&iacute; aquello que debe permanecer secreto; es decir, un acto de resistencia ling&uuml;&iacute;stico. </p>     <p>Stradelli viaj&oacute; por el noroeste del Amazonas en varias ocasiones: en 1887 consigue apoyo de la Societa Geogr&aacute;fica Italiana para intentar descubrir el nacimiento del r&iacute;o Orinoco (Orjuela, 2002, p. 130-132); desde su posici&oacute;n como representante de la ciencia europea recoge este mito y otros, al igual que un valioso diccionario de la lengua &ntilde;engatu. Sin embargo, los otros textos de Stradelli publicados en el Bolletino de la Sociedad geogr&aacute;fica italiana, no son tan conocidos ni tampoco han sido traducidos al espa&ntilde;ol, lo cual indica que es precisamente la estructura unificada del mito y la ausencia de datos externos contempor&aacute;neos al momento de su trascripci&oacute;n en notaci&oacute;n alfab&eacute;tica, que enturbiar&iacute;an su autenticidad arqueol&oacute;gica, lo que ha atra&iacute;do los comentarios acad&eacute;micos. Sin embargo, la edici&oacute;n hecha por Roberto Pineda y Beatriz Alzate plantea preguntas semejantes a las de este ensayo sobre el contexto hist&oacute;rico que rodea al mito, como por ejemplo el papel del etn&oacute;grafo brasile&ntilde;o Joao Barbosa Rodr&iacute;guez y de otros miembros del grupo de Manaos en la edici&oacute;n del manuscrito que recibi&oacute; Stradelli.<Sup><a href="#n2">2</a></Sup></p>     <p>La relaci&oacute;n de los europeos con este sistema simb&oacute;lico dista mucho de ser neutral, como lo comprueban los siguientes ejemplos extra&iacute;dos de relatos de viajeros que resumir&eacute; con el fin de devolverle al mito su contexto hist&oacute;rico y agencia como un etno-texto. El rasgo que une los relatos europeos alrededor del tema de Yurupary es el car&aacute;cter ex&oacute;tico del fen&oacute;meno. Tal rareza proviene de dos rasgos: una extra&ntilde;a m&uacute;sica producida por unas flautas sagradas y el tab&uacute; que proh&iacute;be a las mujeres mirar, tocar y aun o&iacute;r las flautas. A continuaci&oacute;n analizar&eacute; dos citas del viajero ingl&eacute;s Alfred Russel Wallace para tratar de mostrar cu&aacute;l ha sido la posici&oacute;n tradicional de la cultura occidental frente a este sistema simb&oacute;lico. En el ejemplo siguiente,<Sup><a href="#n3">3</a></Sup> centra su atenci&oacute;n en la m&uacute;sica de yurupary y en la hu&iacute;da de las mujeres. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p>&ldquo;Aqu&iacute;, tambi&eacute;n, yo v&iacute; y o&iacute; por primera vez el &ldquo;Jurupari&rdquo;, o m&uacute;sica del demonio de los indios. Una tarde durante una fiesta para beber cixiri; y poco antes del atardecer se oy&oacute; un sonido de trombones y bajos que ven&iacute;a desde el r&iacute;o hacia la aldea. Desde el primer momento que se oy&oacute; la m&uacute;sica, todas las mujeres, viejas y j&oacute;venes, desaparecieron; una de las m&aacute;s extra&ntilde;as supersticiones de los indios del Vaup&eacute;s, consiste en creer que es muy peligroso para cualquier mujer ver alguna vez estos instrumentos, si lo hacen, son condenadas a morir envenenadas&rdquo; (Traducci&oacute;n m&iacute;a, citado en Orjuela, 2002, p. 48). </p> </blockquote>     <p>Al parecer, Rusell Wallace se comporta como un etn&oacute;grafo, tomando notas de un evento que pertenece a una cultura diferente a la suya. Sin embargo, esa neutralidad es s&oacute;lo aparente. El ingl&eacute;s nos advierte que nunca ha visto u o&iacute;do la m&uacute;sica de Yurupary, no obstante, est&aacute; dispuesto a descalificarla inmediatamente como fen&oacute;meno del demonio, lo cual confirma la polisemia de la palabra anotada antes. Este viajero, a la vez que observa, eval&uacute;a; ya sabe lo bastante sobre la cultura de la regi&oacute;n como para comprender que se trata de una m&uacute;sica sagrada, asociada a cultos religiosos y, por eso, aun antes de definirla en sus propios t&eacute;rminos, la asocia con aquello que debe ser reprimido y censurado que es por antonomasia lo diab&oacute;lico. El viajero puede no ser consciente de ello, pero tiene detr&aacute;s de s&iacute; una larga tradici&oacute;n de evangelizaci&oacute;n que ha fijado de antemano los t&eacute;rminos de esta relaci&oacute;n. Russell no ha escuchado la m&uacute;sica que es en realidad un sonido profundo emitido por flautas y trompetas, decoradas y preparadas para la ocasi&oacute;n, que parece salir de las profundidades de la selva. </p>     <p>M&aacute;s adelante describe la fuga de las mujeres que deben cumplir con la interdicci&oacute;n de no ver ni tocar las flautas y se le escapa otro comentario que revela otro de los paradigmas desde el cual se eval&uacute;a este ritual: &ldquo;Es una de las m&aacute;s extra&ntilde;as supersticiones de los indios del Vaup&eacute;s&rdquo;. Aqu&iacute; el tono es el del europeo del siglo XIX que proyecta sobre Am&eacute;rica su necesidad de exotismo. Nota el fen&oacute;meno porque su condici&oacute;n de ajeno no encuentra equivalencia dentro de su propio sistema cultural. Extra&ntilde;o o ex&oacute;tico se convierten en r&oacute;tulos que permiten manipular porciones muy extensas de las realidades culturales, en este caso americanas; son t&eacute;rminos que escamotean los fen&oacute;menos mismos y que le asignan a lo extra&ntilde;o una situaci&oacute;n marginal dentro de la cultura del europeo. La exclusi&oacute;n de las mujeres del ritual y los serios castigos que sufren quienes violan esta ley es uno de los aspectos del mito y el ritual que ha desconcertado a los antrop&oacute;logos y estudiosos del tema.</p>     <p>En las sociedades del noroeste del Amazonas, la vida social y familiar est&aacute; organizada a partir de una profunda separaci&oacute;n de las actividades masculinas y femeninas. Para una mujer de la cultura blanca y letrada como yo, este sistema es excluyente e injusto e invita a una cr&iacute;tica devastadora. Mis primeros trabajos sobre este aspecto del mito se alimentaron de versiones cr&iacute;ticas anteriores que lo le&iacute;an como una lucha de poderes entre un matriarcado primigenio y un patriarcado que lo habr&iacute;a sometido. Esto es, una lectura feminista bastante radical. Otras lecturas desde la perspectiva literaria proponen esta leyenda como un texto que dar&iacute;a origen a la literatura colombiana, disput&aacute;ndole as&iacute; este lugar simb&oacute;lico a la cr&oacute;nica El Carnero de Juan Rodr&iacute;guez Freile. </p>     <p>Es imposible desconocer que esta separaci&oacute;n tajante de roles coloca a las mujeres de esta zona en desventaja ante sus padres, maridos y hermanos; aun as&iacute; es indispensable comprender la din&aacute;mica cultural que le da sentido y ser extremamente cuidadoso; un proceso hermen&eacute;utico simplista, no s&oacute;lo destruir&iacute;a el delicado complejo simb&oacute;lico que lo constituye, sino que lo convertir&iacute;a en instrumento al servicio de la colonizaci&oacute;n de los grupos amaz&oacute;nicos que todav&iacute;a luchan por mantener sus derechos en el continente verde. La separaci&oacute;n radical de los &aacute;mbitos masculino y femenino, como lo ha descrito Stephen Hugh-Jones, encuentra su confirmaci&oacute;n en el ritual de iniciaci&oacute;n masculina de la Casa He. Esta estructura con &eacute;nfasis en separaci&oacute;n de roles masculinos y femeninos, y sobre todo la pena de muerte que implica esta transgresi&oacute;n, ha sido utilizada para legitimar las acciones de los evangelizadores. Misioneros jesuitas, capuchinos, franciscanos, salesianos, monfortinos y, m&aacute;s recientemente, protestantes han perseguido y reprimido este sistema simb&oacute;lico. Un episodio que ilustra muy bien este duelo simb&oacute;lico es el protagonizado por tres franciscanos italianos. La historia es recogida por Robin Wright quien la reconstruye bas&aacute;ndose en las versiones de Colini y de Coudreau (Wright, 1853) pp. 335-347) e igualmente se encuentra rese&ntilde;ada en el libro de Ettore Bicocca (1965). </p>     <p>Seg&uacute;n la versi&oacute;n traducida por Wright, en 1880 llegaron a la regi&oacute;n del Vaup&eacute;s tres frailes franciscanos con la intenci&oacute;n de dividirse el territorio entre ellos para establecer misiones: Fray Venacio Zilochi, Fray Matthieu Camioni y Fray Iluminato Jos&eacute; Coppi. En 1884 ya hab&iacute;an organizado colonias misioneras entre los tarianas y los tukanos. El padre Coppi ten&iacute;a grandes proyectos para evangelizar la zona; entre ellos, tal vez el m&aacute;s importante, era desterrar las ceremonias relacionadas con el culto de Yurupary. En ese intento Coppi y Camioni se aliaron. Pronto tuvieron una oportunidad excelente para apoderarse de los instrumentos del culto. Un ind&iacute;gena, Ambrosio Piquita, fue acusado de envenenar a un jefe tariana; Coppi lo hizo arrestar y negoci&oacute; con &eacute;l la libertad a cambio de una caja que conten&iacute;a m&aacute;scaras e instrumentos sagrados de Yurupary, que fue entregada exigiendo la promesa de no mostr&aacute;rselos a nadie. Por supuesto, Coppi no cumpli&oacute; lo prometido. Wright recoge la siguiente versi&oacute;n de Colini sobre lo ocurrido. </p>     <blockquote>       <p>&ldquo;El 21 de octubre, despu&eacute;s de la escuela, yo conduje a los muchachos de ambos sexos a un cuarto de la misi&oacute;n, y a la se&ntilde;al convenida, hice salir a un hombre que ten&iacute;a puesta la m&aacute;scara del &iacute;dolo. La m&aacute;scara que ellos ya conoc&iacute;an, comenz&oacute; a golpear con las manos y a gritar &ldquo;Izi&rdquo;, &ldquo;Izi&rdquo;. Las muchachas sorprendidas, se las aprision&oacute; para que no huyeran, pero trataban de esconderse una detr&aacute;s de la otra. </p>       <p>&hellip; Yo comenc&eacute; a rega&ntilde;arlos por esta superstici&oacute;n y, entonces, los j&oacute;venes d&aacute;ndose cuenta que el mirar la m&aacute;scara no causaba muerte como ellos pensaban, la miraron bien y la tocaron. Mientras tanto, debido al llanto de las muchachas, que yo hab&iacute;a expuesto a Izi, un cham&aacute;n intervino y les dijo a las mujeres que se fueran. </p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entusiasmado por el &eacute;xito, al d&iacute;a siguiente, coloqu&eacute; (sic) en el patio de mi casa, en un &aacute;rbol alto, en la cima del cual coloqu&eacute; todo el d&iacute;a las m&aacute;scaras. De rato en rato, llamaba a las mujeres para ver al &iacute;dolo. Estas, por temor al cham&aacute;n, y a sus esposos, huyeron y se escondieron en sus casas. </p>       <p>Cuando fue hora de la oraci&oacute;n, cincuenta hombres vinieron diciendo que las mujeres hab&iacute;an huido por miedo a Izi&rdquo; (Colini citado en Wright, 1853, p. 342; la traducci&oacute;n del ingl&eacute;s es m&iacute;a). </p> </blockquote>     <p>Los misioneros se enfrentan a los pay&eacute;s, los ind&iacute;genas rescatan sus instrumentos sagrados y los cat&oacute;licos, con crucifijos en alto tratan de detenerlos. Los pay&eacute;s hacen una humareda para disipar el peligro ocasionado por el contacto con el Yurupary, un pay&eacute; trata de matar a Coppi con un arma de fuego que no funcion&oacute;. En medio de la confusi&oacute;n general, los misioneros se escapan. Jairo Nieto (Ver nota 1) encontr&oacute; vivo este episodio entre los piratapuyo, r&iacute;o Papur&iacute;. Su informante le coment&oacute; que este episodio le dio un golpe de gracia a la tradici&oacute;n del Yurupary en esa comunidad. Biocca (1965)<Sup><a href="#n4">4</a></Sup> narra un episodio semejante en Monfort, segunda poblaci&oacute;n del Vaup&eacute;s, all&iacute;, un misionero conocido como el padre Clemente, sol&iacute;a colocar una flauta de Yurupary en la puerta de la enfermer&iacute;a para que aquellos que necesitaran ayuda m&eacute;dica vieran la flauta prohibida. Clemente manten&iacute;a a su alcance un fusil. Biocca a&ntilde;ade que en 1963 Antonio, un ind&iacute;gena del r&iacute;o Papur&iacute;, le cont&oacute; que los misioneros bajaban por el r&iacute;o tocando m&uacute;sica de Yurupary (Biocca, en Luque et al, 1998, p.187). </p>     <p>Este episodio hace parte de las experiencias traum&aacute;ticas que ocurren en los duelos culturales y ponen al descubierto las aspiraciones imperiales de aproximaciones aparentemente leg&iacute;timas. Por ejemplo, la acusaci&oacute;n de canibalismo autoriz&oacute; el exterminio de naciones como la pijao del centro de Colombia como lo ha demostrado &Aacute;lvaro F&eacute;lix Bola&ntilde;os. Este tipo de ideologemas tienen un uso frecuente en los procesos de dominaci&oacute;n, pues implican la des-legitimizaci&oacute;n de los s&iacute;mbolos de los vencidos. La historia de estos tres misioneros, italianos como Stradelli, permanece en la memoria de los nativos del Vaup&eacute;s. La historia es recordada por Sim&oacute;n Valencia, un etnolinguista cubeo de Mit&uacute;, quien la supo de labios de su abuelo. En su versi&oacute;n se narran los mismos acontecimientos, pero el nombre del protagonista se cambia un poco, lo mismo ocurre con el tiempo de la acci&oacute;n y con la situaci&oacute;n geogr&aacute;fica. El episodio ha adoptado la forma de una leyenda oral que cada grupo narra para aludir al desmoronamiento de este sistema simb&oacute;lico. </p>     <p>Stradelli conoce la versi&oacute;n de Coppi cuando fue publicado el libro del viajero franc&eacute;s Henry Coudreu en 1880 y se propone recoger otra versi&oacute;n que pueda desmentir la relaci&oacute;n con el demonio hecha por sus compatriotas y escribe: &ldquo;La &uacute;nica impresi&oacute;n que de todo aquello se me hab&iacute;a formado en la mente era que la identificaci&oacute;n de Yurupar&iacute; con el diablo era falsa, que bien lejos de ser el mito cristiano, se acercaba al concepto de daimonion griego&rdquo; (Stradelli, 1890b, p. 253). El viajero italiano, como reacci&oacute;n critica a la acci&oacute;n de Coppi y Camioni, decide convertir este sistema simb&oacute;lico en un relato ex&oacute;tico de corte rom&aacute;ntico, en el cual Yurupary se comporta como un h&eacute;roe griego. Se debe se&ntilde;alar que Stradelli escrib&iacute;a y publicaba poes&iacute;a (Orjuela, 2002, p. 130). Esta habilidad le permite borrar de su traducci&oacute;n al demonio cat&oacute;lico y desautorizar as&iacute; a los misioneros. </p>     <p>Otros textos de Stradelli muestran su posici&oacute;n cr&iacute;tica frente a la explotaci&oacute;n despiadada a que estaban siendo sometidos los nativos del R&iacute;o Negro. En Dal Cucuhy a Manaos (1889) describe la penosa situaci&oacute;n de las sociedades nativas que est&aacute;n siendo arrasadas por la fiebre del caucho. &ldquo;&hellip;La goma el&aacute;stica es el recurso y la ruina del R&iacute;o Negro. Lo que la persecuci&oacute;n y las necesidades del gobernador, y las autoridades que siguieron no hab&iacute;an podido hacer, la goma el&aacute;stica lo ha hecho (citado en Wright, 1981, p.321; traducci&oacute;n m&iacute;a). Wright luego establece una proporci&oacute;n directa entre el aumento de la producci&oacute;n cauchera y el descenso de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena (1981, pp. 321-322). </p>     <p>Desde 1830 hasta 1911, los grupos amaz&oacute;nicos estaban siendo objeto de un genocidio cultural, agenciado por las casas caucheras, algunas de las cuales ten&iacute;an sus cuarteles en Manaos y Belem de Par&aacute; (Wright, 1981). Stradelli (1889) es una de las fuentes usadas por el antrop&oacute;logo norteamericano para estudiar los procesos de operaci&oacute;n de de los &ldquo;patrones del caucho&rdquo;. Jos&eacute; Eustacio Rivera, en su novela La vor&aacute;gine (1924), dej&oacute; un testimonio po&eacute;tico sobre esta debacle cultural, aunque se preocup&oacute; m&aacute;s por la suerte de los blancos que por la de los ind&iacute;genas que apenas son visibles en su relato. Las catedrales de la selva distancian, minimizan y convierten en emoci&oacute;n est&eacute;tica, el terrible sufrimiento vivido por los nativos. Un gran sector de la cr&iacute;tica de La vor&aacute;gine ha seguido este camino, que a mi juicio evita as&iacute; confrontaciones con la elite pol&iacute;tica e intelectual, que son funciones a menudo compartidas en la vida cultural colombiana. En mi opini&oacute;n algo semejante ha ocurrido con las aproximaciones al Yurupary por parte de antrop&oacute;logos y literatos que hemos borrado la voz hist&oacute;rica del ind&iacute;gena para convertirlo en un hermoso objeto de museo. </p>     <p>Seg&uacute;n Robin Wrigth, durante este per&iacute;odo y como respuesta a la evangelizaci&oacute;n y a la esclavitud del caucho, en el Vaup&eacute;s colombiano y en el R&iacute;o Negro del Brasil surgieron movimientos milenaristas impulsados por unos extra&ntilde;os chamanes llamados los cristos: El chamanismo adopta funciones externas del ejercicio del misionero como bautizar, pero convoca a bailes rituales como los de Yurupary, en un intento de revitalizar la cultura y de devolverle al cham&aacute;n amaz&oacute;nico su capacidad para encauzar las fuerzas de la procreaci&oacute;n y a las comunidades, su derecho a existir. Desde este horizonte, la reiterativa historia de restituirle al chaman amaz&oacute;nico la agencia pol&iacute;tica que aparece en el texto, es la matriz simb&oacute;lica que lo sostiene, y adem&aacute;s este &eacute;nfasis es un acto pol&iacute;tico de resistencias. M&aacute;s que una lucha entre matriarcado y patriarcado, este sistema de mitos, a finales del siglo XIX, opone el cham&aacute;n amaz&oacute;nico o pay&eacute; del texto, al misionero que destruye su sistema m&iacute;tico y al cauchero que lo esclaviza, que est&aacute;n por fuera del texto. Stradelli era consciente de esa situaci&oacute;n cuando recogi&oacute; el mito, pues viaj&oacute; a la regi&oacute;n de Jap&uacute; con el motivo expreso de conocer a Vicente Cristo,<Sup><a href="#n5">5</a></Sup> uno de los mes&iacute;as del Vaup&eacute;s que profetizaba la expulsi&oacute;n de los mercaderes del caucho y ofrec&iacute;a curar y proteger a los nativos. La reacci&oacute;n de los colonos mestizos fue perseguir a los l&iacute;deres de este movimiento, y la de los ind&iacute;genas internarse en la selva y encontrar en sus rituales la fuerza espiritual para mantener sus tradiciones y modos de vida (Wright, 1981, pp. 331-333). </p>     <p>Este era el contexto en el cual circula el mito de Yurupary cuando Stradelli lo recoge en 1880. La preocupaci&oacute;n de Stradelli por la dif&iacute;cil situaci&oacute;n que estaban atravesando las sociedades amaz&oacute;nicas corre pareja con su inter&eacute;s por el mito, lo cual podr&iacute;a indicar que el mito de Yurupary puede estar siendo usado como una herramienta poderosa de resistencia. Robin Wright sugiere una explicaci&oacute;n parecida a las numerosas referencias sobre el mismo que es a la que aluden los viajeros europeos durante estos a&ntilde;os: &ldquo;Tal vez Yurupary fue de hecho m&aacute;s &ldquo;visible&rdquo; durante este per&iacute;odo, tal vez este hecho est&aacute; relacionado con el resurgimiento de movimientos mesi&aacute;nicos&rdquo; (Wright, 1981, Nota 51, p. 345). Sin embargo este contexto hist&oacute;rico no est&aacute; presente en la elaboraci&oacute;n y traducci&oacute;n del mito, el texto que contiene la leyenda aparece en un fasc&iacute;culo independiente del Bolletino de la Societa Geografica Italiana (Leggenda dell&rsquo; Jurupary. Bolletino della Societ&aacute; Geografica italiana, (III), 1890, pp. 659-89, 798-835). Las pr&aacute;cticas de interpretaci&oacute;n de la academia occidental fueron minimizando estas complejas situaciones de colonizaci&oacute;n para construir una hermosa historia que borra el conflicto inmediato y que lo convierte en un texto con cualidades est&eacute;ticas dignas de una &oacute;pera italiana. Sin embargo, la publicaci&oacute;n de la versi&oacute;n de Stradelli parece haber tenido alg&uacute;n efecto ideol&oacute;gico, pues en 1908 el Obispo Da Costa declar&oacute; que era err&oacute;neo identificar al Yurupary con el demonio cat&oacute;lico (Wright, 1981, 344). Sin embargo este comentario tuvo poco impacto en las actividades misioneras. </p>     <p>Como estas versiones de versiones lo expresan, el sistema m&iacute;tico de Yurupary a finales del siglo XIX y comienzos del XX, era territorio simb&oacute;lico muy conflictivo, pues estaba ligado al chamanismo y, por lo tanto, en confrontaci&oacute;n directa con los intereses de los misioneros que han sido los puntos de avanzada para colonizaci&oacute;n de estos territorios. Este referente podr&iacute;a dar otro sentido a la acci&oacute;n de Maximiano Jos&eacute; Roberto que es un caboclo descendiente de tarianas, como los nativos violentados por los frailes italianos y testigo de una de las p&aacute;ginas m&aacute;s negras de la historia del Amazonas: la esclavitud del caucho. Tal vez por ello, Maximiano pone a circular dos versiones del mito de Yurupary, pues tambi&eacute;n le da una versi&oacute;n casi id&eacute;ntica a Joao Barbosa Rodr&iacute;guez, y difunde este sistema m&iacute;tico en circuitos por fuera de la conflictiva zona de contacto. Esta acci&oacute;n hace trascender el mito a &aacute;mbitos de poder que podr&iacute;an intervenir beneficiosamente. Adem&aacute;s es un testimonio que afirma el chamanismo como fuerza social indispensable para la supervivencia y bienestar de los grupos de nativos que habitan la selva que produce m&aacute;s agua y ox&iacute;geno en nuestro planeta. Este proceder no es ajeno a las estrategias de resistencia de los nativos americanos, en los siglos XVI y XVII lo encontramos, por ejemplo, en la cr&oacute;nica de Felipe Guaman Poma de Ayala y en el uso que le dieron a la escritura los ixiles que vertieron el Popol-Vuh a notaci&oacute;n alfab&eacute;tica. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las lecturas que los acad&eacute;micos hemos hechos de este texto y de otros mitos ind&iacute;genas son con frecuencia &ldquo;hermosas mentiras&rdquo;, o verdades a medias, desprovistas de su contenido &eacute;tico y pol&iacute;tico. Una experiencia como la anterior sirve para que consideremos urgentemente que entre los proyectos acad&eacute;micos y el entramado ideol&oacute;gico existen canales que pueden convertir la m&aacute;s bella met&aacute;fora en un instrumento de colonizaci&oacute;n, muy eficaz porque es casi invisible. Mi lectura feminista del sistema m&iacute;tico de Yurupary hac&iacute;a los mismos &eacute;nfasis descalificadores, pero expresados con un vocabulario y una arquitectura te&oacute;rica contempor&aacute;nea, que los feroces anatemas lanzados en una aldea tariana del noroeste del Amazonas por los tres misioneros italianos, cuya intenci&oacute;n era desmantelar el sistema simb&oacute;lico de los grupos del Vaup&eacute;s. El estudio de este texto como origen de la literatura muestra la nostalgia del acad&eacute;mico por un pasado primordial que nos permita fundar nuestros sistemas simb&oacute;licos en referentes nativos, pero el sistema m&iacute;tico de Yurupary, hasta ahora, es totalmente ajeno a la tradici&oacute;n letrada colombiana; es un texto amaz&oacute;nico cuya producci&oacute;n y circulaci&oacute;n obedecen a los mecanismos culturales de las sociedades que lo construyeron. </p>     <p>Actualmente el proyecto de desmantelamiento de las culturas de la selva contin&uacute;a en marcha, acelerado por la aparici&oacute;n de fuerzas procedentes del mercado de la droga y sus secuelas violentas y corruptas, lo cual implica que los chamanes amaz&oacute;nicos, como Yurupary, Vicente Cristo, y su aliado Maximiano Jos&eacute; Roberto son una especie en v&iacute;a de extinci&oacute;n; con ellos se ir&aacute; la selva y las sociedades que la cuidaron desde tiempos inmemoriales. </p> <hr size="1">      <p><b>Comentarios</b></p>     <p><a name="n1">1</a> 	Los comentarios ling&uuml;&iacute;sticos anteriores est&aacute;n basados en las observaciones de Sim&oacute;n Valencia. Entre 1993 y 1998, el grupo de investigaci&oacute;n integrado por Myriam Luque, Enrique P&eacute;rez y Betty Osorio, con el apoyo del Comit&eacute; de Investigaciones de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, trabaj&oacute; diferentes aspectos del mito de Yurupary. Para este trabajo fue clave la asesor&iacute;a de Sim&oacute;n Valencia, ind&iacute;gena cubeo graduado en ling&uuml;&iacute;stica del Centro Colombiano de Lenguas Abor&iacute;genes, CCLA. Igualmente se cont&oacute; con el apoyo de la familia Valencia, de Puerto Tolima, en el r&iacute;o Querari, Vaup&eacute;s: Francisco Valencia era el narrador de las historias m&iacute;ticas, Eduardo Valencia ayud&oacute; con la traducci&oacute;n del cubeo al espa&ntilde;ol, Aurelio Valencia y Mar&iacute;a Valencia ayudaron con comentarios y recomendaciones. Participaron como asesores Beatriz Alzate con su trabajo sobre los viajeros del amazonas, y don Emilio Murillo, cham&aacute;n residente en Mit&uacute;, as&iacute; como Jairo Nieto, antrop&oacute;logo que ha trabajado durante varios a&ntilde;os en esta zona y Juan Carlos Anduquia con traducciones del italiano de textos de Stradelli. De este trabajo han salido varias publicaciones que se rese&ntilde;an en la bibliograf&iacute;a. </p>     <p><a name="n2">2</a> Conversaci&oacute;n telef&oacute;nica con Beatriz Alzate, marzo 11 de 2006. </p>     <p><a name="n3">3</a> Here, too, I first saw and heard the &ldquo;Jurupari&rdquo;, or Devil-music of the Indians. One evening there was a caixiri-drinking; and a little before dusk a sound as of trombones and bassoons was heard coming on the river towards the village&hellip; From the moment the music was first heard, not a female, old or young, was to be seen; for it is one of the strangest superstitions of the Vaupes Indians, that they consider it so dangerous for women ever to see one of these instruments, that having done so in punished with death generally by poison (citado en Orjuela, 2002, p. 48). </p>     <p><a name="n4">4</a> 	La traducci&oacute;n de este texto fue hecha por Juan Carlos Anduquia para el proyecto La vigencia del mito de Yurupary. </p>     <p><a name="n5">5</a> 	Seg&uacute;n Wright, Vicente Cristo ten&iacute;a una Maloca en un tributario del r&iacute;o Jap&uacute;; era un ind&iacute;gena arapaco que hablaba tukano. </p> <hr size="1">      <p><b>Referencias</b> </p>    <!-- ref --><p>Arango, J. (1965). <i>Ra&iacute;z y desarrollo de la literatura colombiana</i>. Bogot&aacute;: Ediciones Lerner. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0123-885X200600010001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Barbosa, J. (1986). Poranduba amazonense. <i>Anais de Biblioteca Nacional de R&iacute;o de Janeiro</i>, 14 (2). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0123-885X200600010001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Biocca, E. (1965). <i>Viaggi tra gli Indi. Alto Rio Negro-Alto Orinoco. Appunti di un biologo</i>. Volume I: Tukano-TarianoBaniwa-Maku. Roma: Consiglio Nazionale delle Richerche. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0123-885X200600010001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bola&ntilde;os, &Aacute;. (1994). <i>Barbarie y canibalismo en la ret&oacute;rica colonial: Los indios Pijaos de Fray Pedro Sim&oacute;n</i>. Bogot&aacute;: CEREC. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0123-885X200600010001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bola&ntilde;os, &Aacute;. y Verdesio, G. (ed) (2002). <i>Colonialism Past and Present. Reading and Writing about Colonial Latin America Today</i>. Albany: State University of New York Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0123-885X200600010001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Caicedo, C. (1990). <i>Origen de la literatura colombiana. Yurupary</i>. Pereira: Universidad tecnol&oacute;gica de Pereira, Vol. Serie Human&iacute;stica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0123-885X200600010001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Colini, G.A. (1884). Cr&oacute;nica del Museu Preistoric ed Etnograficc di Roma. <i>Bollettino della Societa Geografica italiana</i>, 2 (21). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0123-885X200600010001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Colini, G.A. (1885) La Provincia delle Amazona: secondo la relazione del P. Illuminato Guissepe Coppi, missionario franciscano. <i>Bolletino della Societ&aacute; Geografica Italiana</i>, 22, 136-41, 193-204. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0123-885X200600010001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">Coudreau, H. (1887). Voyage &aacute; travers Les Guyanes et l'Amazonie. <i>La France Equinoxiale</i>, 2. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0123-885X200600010001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Chernela, J. (1984). <i>Female Scarcity. Gender Ideology, and Sexual Politics in the North West Amazon. Working Papers on South American Indians: Sexual Ideologies in Lowland South America No. 5</i>. Bennington: Bennington College. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0123-885X200600010001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Goldman, I. (1968). <i>Los cubeo</i>. M&eacute;xico: Instituto indigenista. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0123-885X200600010001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hill, J. D. (1988). <i>Rethinking History and Myth. Indigenous South American Perspectives on the Past</i>. Urbana-Champaign: University of Illinois Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0123-885X200600010001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hugh-Jones, Ch. (1979). <i>From the Milk River. Spatial and Temporal Process in Northwest Amazonia</i>. London: Cambridge University Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0123-885X200600010001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hugh-Jones, S. (1979). <i>The Palm and the Pleiades: Initiation and Cosmology in North West Amazonia</i>. London: Cambridge Univerity Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0123-885X200600010001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hugh-Jones, S. (1981). Historia del Vaup&eacute;s. <i>Maguar&eacute;</i>, 1, 29-52. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0123-885X200600010001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Luque, M., Osorio, B. y P&eacute;rez, E. (1998). <i>Historia, Mito y Oralidad en el Vaup&eacute;s</i>. Bogot&aacute;: Comit&eacute; de Investigaciones Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0123-885X200600010001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Luque, M., Osorio, B. y P&eacute;rez, E. (1998). <i>Gu&iacute;a Simb&oacute;lica del Vaup&eacute;s</i>. Bogot&aacute;: Comit&eacute; de Investigaciones Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0123-885X200600010001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Moser, B. (Dir), Hugh-Jones, Ch., Hugh-Jones, S. (Asesores) (1970). 16 mm. Color. 70 minutos. ICANH. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0123-885X200600010001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Orjuela, H. (2002). <i>Historia cr&iacute;tica de la literatura colombiana. Introducci&oacute;n al estudio de las literaturas ind&iacute;genas.</i> Bogot&aacute;: Editora Guadalupe. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0123-885X200600010001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Osorio, B. (1992). Literatura ind&iacute;gena en Colombia-Yurupary. <i>Gran Enciclopedia de Colombia.</i> Literatura, V.4. Bogot&aacute;: C&iacute;rculo de lectores. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0123-885X200600010001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Osorio, B. (1994). G&eacute;nero y lenguaje simb&oacute;lico en el Amazonas. En I. Rodr&iacute;guez Vergara (ed), <i>Colombia: literatura y cultura del Siglo XX</i>. Washington: Interamer. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0123-885X200600010001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Osorio, B. (1997). Yurupary: SymbolicThought and Cosmology. <i>Readerly/Writerly Texts</i>. 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Leggenda dell' Jurupary. <i>Bolletino della Societ&aacute; Geografica italiana</i>, (III), 659-89, 798-835. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0123-885X200600010001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana">Stradelli, E. (1890b). L'Uaup&eacute;s e gli Uaup&eacute;s. <i>Bolletino della Societ&aacute; Geografica italiana</i>, (III), 425-453. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0123-885X200600010001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Stradelli, E. (1983). <i>Yurupary. Mito Leyenda y Epopeya del Vaup&eacute;s</i>. Edici&oacute;n e introducci&oacute;n de H. Orjuela, traducci&oacute;n por N. Salessi. Bogot&aacute;: Instituto Caro y Cuervo. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0123-885X200600010001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Stradelli, E. (2004). <i>Yurupary</i>. Edici&oacute;n e introducci&oacute;n de R. Pineda y B. Alzate. Bogot&aacute;: Panamericana Editorial. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0123-885X200600010001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Wallace Russell, A. (1853). <i>A Narrative of Travels on the Amazon and Rio Negro</i>. London: Reeve &amp; Co. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0123-885X200600010001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Wright, R. (1981). <i>History and Religion of the Baniwa People of the Upper Rio Negro Valley</i>. Michigan: PhD. Dissertation, Stanford University. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0123-885X200600010001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>Fecha de recepci&oacute;n: Febrero de 2006 &middot; Fecha de aceptaci&oacute;n: Abril de 2006 </p> </font>      ]]></body><back>
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