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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Brújula rota. Cultura nómada de los trabajadores migratorios centroamericanos]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Broken compass. Nomadic culture of the central American Working Immigrants]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Based on interviews, the present text approaches the issue of Central American migrations towards the United States. By means of testimonies of people who have walked across the desert, the jungle, and the river, and who have used cruel means of transport-such as the train from which they are pulled-off until they lose parts of their bodies-, the authors analyze the changing identity of nomads, who come and go with no stable starting point or destination.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"> <font size="4">BRÚJULA ROTA. CULTURA "NÓMADA" DE LOS TRABAJADORES MIGRATORIOS CENTROAMERICANOS </font> </p>     <p align="center"><font size="3">BROKEN COMPASS. "NOMADIC" CULTURE OF THE CENTRAL AMERICAN WORKING IMMIGRANTS </font></p>     <p><b>Amparo Marroquín Parducci&nbsp; </b> </p>     <p>Amparo Marroquín Parducci es profesora de comunicación e  investigadora sobre procesos de cultura e identidad en la Universidad  Centroamericana José Simeón Cañas de El Salvador. </p>     <p><b>Miguel Huezo-Mixco </b> </p>     <p>Miguel Huezo Mixco es poeta y ensayista, autor de nueve libros;  en 1999 se hizo acreedor a un Premio Centroamericano de Literatura. Desde 2004  han iniciado una relación de colaboración en torno al tema de las migraciones  internacionales salvadoreñas.&nbsp; </p><hr size="1">     <p><b>Resumen</b></p>     <p>El texto, fundamentado en entrevistas, aborda el tema de las migraciones de  centroamericanos hacia los Estados Unidos. A través de testimonios de personas  que han recorrido difíciles caminos como el desierto, la selva y el río, y han  utilizado crueles medios de trasporte como el tren del que son empujados hasta  perder pedazos de sus cuerpos, los autores se centran en un análisis de la  identidad cambiante del &quot;nómada&quot;, que va y viene sin un lugar fijo al cual  llegar o del cual partir.</p>     <p><b>Palabras clave</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Migraciones, identidad, cultura, Centroamérica, tránsito.</p>     <p><b>Abstract</b></p>     <p>Based on interviews, the present text approaches the issue of Central American  migrations towards the United States. By means of testimonies of people who have  walked across the desert, the jungle, and the river, and who have used cruel  means of transport—such as the train from which they are pulled-off until they  lose parts of their bodies—, the authors analyze the changing identity of &quot;nomads&quot;,  who come and go with no stable starting point or destination.</p>     <p><b>Keywords</b></p>     <p>Migrations, identity, culture, Central America, transit.</p> <hr size="1">     <p>La pobreza ha salido de sus escondrijos a peregrinar. Desde los años 70 del  siglo pasado, verdaderas muchedumbres de centroamericanos buscan anhelantes el  llamado &quot;sueño americano&quot;, transitando por una de las zonas más peligrosas del  hemisferio, la llamada &quot;ruta del Soconusco&quot;. Una garganta infestada de  salteadores, víboras, malaria y traficantes de humanos, que se extiende a lo  largo de unos 150 kilómetros desde Tecún-Umán, en el borde fronterizo de  Guatemala, hasta Tapachula, en México. Estuvimos allí, en julio de 2005, en el  curso de una investigación sobre los impactos culturales de los migrantes en la  sociedad salvadoreña. Luego, en San Salvador, participamos de una serie de  conversaciones con diferentes grupos de personas asociadas al tema, incluyendo  una mesa (&quot;grupo de discusión&quot;) con personas que vivieron en carne propia la  experiencia del viaje al norte y el regreso, en unos casos voluntario, en otros  forzado, a El Salvador. De aquella vivencia, tanto como de las lecturas y la  escucha de esos testimonios, de la revisión del rico material fílmico recogido  por el colectivo Meridiano 89° y el documentalista Uli Stelzner, es posible  concluir que muchos de nuestros migrantes tienen allí la primera gran prueba de  su tránsito hacia el norte. Un tránsito que puede prolongarse por muchos años,  hasta configurar, poco a poco, una cultura nómada, un proyecto de vida que  consiste en un constante ir y venir, en muchos casos sin saber a dónde se  llegará. Para cruzar hacia Guatemala un centroamericano no necesita de una visa,  pero las autoridades policiales suelen aprovecharse de la vulnerabilidad y las  incertidumbres de los migrantes para empezar a cobrarles &quot;mordidas&quot; desde que  ponen un pie en la frontera. </p>     <p>De manera convencional se concibe a la migración como un proceso de ida y  retorno, con etapas diferenciadas. Cuando el grupo mexicano Los Tigres del Norte  canta la experiencia de los cruces a nado de los tres ríos fronterizos —Paz (El  Salvador/Guatemala), Suchiate Guatemala/México) y Bravo (México/Estados  Unidos)—y sostiene que los salvadoreños son tres veces mojados, no hace sino  recoger las sagas contadas por los nómadas salvadoreños. </p>     <p>En realidad, puede ser un proceso de tránsito, largo y complejo, con  numerosas estaciones, que incluye pasos decisivos, como el de Soconusco, a los  que le sigue el arriesgado tránsito por el territorio mexicano, pasando por toda  clase de vejaciones (robos, violaciones, heridas), y a veces encontrando hasta  la muerte. El salto a los Estados Unidos incluye, a su vez, la tortuosa travesía  por las zonas desérticas y las diferentes etapas del internamiento urbano, el  encuentro de un espacio para vivir, la obtención de uno o varios trabajos, las  capturas, la deportación... Pero el tránsito no termina allí. La estadía misma  en Estados Unidos suele ser vivida como una nueva transición que tiene como  horizonte el regreso, más tarde o más temprano, al lugar de origen. Este  retorno, con frecuencia, no significa el fin de la travesía sino sólo una nueva  estación, una parte consustancial de su forma de ser: en tránsito. </p>     <p>De ello vienen dando testimonio muchos nómadas que han ido al norte &quot;sin  papeles&quot;, retornando a sus lugares de origen y reemprendiendo de nuevo la ruta.  Una, dos, tres veces más. </p>     <p>No sólo la música nos habla de estas experiencias, también las cartas,  álbumes de fotos y poemas lo hacen desde una vivencia más íntima. Un ejemplo de  ello es el poema &quot;Apátrida&quot; de Alex Canizález: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&quot;Siempre me siento extranjero    <br> no importa dónde estoy...    <br> alguien rompió mi brújula    <br> me echó a transitar por el mundo    <br> vuelvo siempre    <br> buscando una calle    <br> una casa    <br> a la que nunca regreso&quot;. <a href="#(1)"><sup>1</sup></a></p>     <p align="center"><b>Foto 1. Subiendo al tren. Fotografía del documental &quot;Asalto a un  sueño”.Tapachula. Uli Stelzner ©</b></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/res/n24/n24a04f1.jpg" ></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><b>Foto 2. Inmigrantes centroamericanos esperan el tren en la estación  deTapachula. Fotografía del documental &quot;Asalto a un sueño”.Tapachula. Uli  Stelzner ©</b></p>     <p align="center"><img  src="/img/revistas/res/n24/n24a04f2.jpg" ></p>     <p>Aquella estación es un enorme plantel con numerosas vías que convergen y se  separan. Huele a gasolina y orines. Entre la escasa luz de la luna se miran los  lomos de los vagones parqueados. El sitio no es muy seguro. La comida y el agua  escasean. Los policías federales o los pandilleros—no se sabe cuál de los dos  grupos es más de temer—caen sorpresivamente para desvalijarlos de dinero,  golpearlos, o llevarse a las mujeres y pasar un rato loco, de sexo forzado,  alcohol, drogas y golpes. </p>     <p>Allí conocimos a Mauricio N., originario de Honduras, padre de dos niños. A  sus 23 años se considera un veterano de la ruta. La primera vez que emigró tenía  19 años. Recostado sobre su mochila, nos habló de su trabajo como peón en un  circo en Miami, y luego la historia de sus cuatro viajes al norte. &quot;Me  deportaron la última vez hace sólo ocho días. Ahora voy de regreso para el 'otro  lado'. No sé cuánto tiempo voy a quedarme, pero volveré las veces que haga  falta&quot;. Sonia R. estaba esperando también en la estación, junto con su marido,  René D. Ambos son originarios de Guatemala. Hace tres años, Sonia se fue por  primera vez, ella sola, por las líneas del tren. René se quedó cuidando a los  hijos. Ahora los hijos están con los abuelos y los dos se aventuran en el viaje.  Sonia ríe. &quot;Ahora estamos felices porque, si Dios quiere, ya pronto llegaremos  allá. Si llegamos en cuanto se pueda mandamos a traer a los niños. Este—señala a  René—está nervioso. Es la primera vez que viaja así y tiene miedo. Los hombres  son más miedosos y por eso toman (licor) para aguantar el viaje. Pero así ya  tomados entonces se caen del tren, como aquel de allá, mire—nos muestra a otro  viajero que parece sumergido en los vapores del alcohol—&quot;. René también ríe y  toma fuerte la mano de Sonia. No la suelta. </p>     <p>Pese a lo que propone cierta retórica, las fronteras no son imaginarias. En  los últimos años y especialmente en los últimos meses, se habla mucho de los  peligros que corren los migrantes en la demarcación entre México y Estados  Unidos. La ruta de Soconusco es todavía uno de los pasadizos más riesgosos, pero  sobre los que todavía existe poca atención. </p>     <p>Las políticas migratorias de Estados Unidos han convertido la zona en el  primer gran coto de caza de centroamericanos. En esa vía se producen miles de  detenciones, principalmente en el perímetro de los primeros kilómetros  posteriores al borde fronterizo. Allí tiene lugar también la mayor cantidad de  vejaciones y abusos de parte de autoridades y particulares contra los migrantes. </p>     <p><b>Caminos de extravío </b> </p>     <p>Los migrantes indocumentados, provenientes de países pobres, despedazados por  guerras y violencia, son la encarnación de una atávica discriminación  sistemática de clase, género y etnicidad. Pero en ese paraje, también la  historia y la naturaleza parecieran confabularse contra ellos. La historia de la  zona ha estado amarrada a la de los países centroamericanos: fue conquistada en  1524 por el español Pedro de Alvarado—el mismo que conquistó Guatemala y El  Salvador—y formó parte de la Capitanía General de Guatemala, la Centroamérica de  nuestros días. Al consumarse la independencia centroamericana en 1821, el  Soconusco decidió formar parte del llamado Primer Imperio Mexicano, de Agustín  de Iturbide. Tras el fracaso anexionista, el Soconusco optó por existir como  nación independiente. En 1842, en otro golpe de timón, se unió a la jurisdicción  de Chiapas y a la república mexicana. </p>     <p>Por su historia y ubicación geográfica, esa franja ha seguido entrelazada con  Centroamérica. De hecho, una parte de la riqueza de la zona proviene de la  agricultura y la mano de obra centroamericana que comenzó a llegar tras la  introducción del cultivo del café, a principios del siglo XIX. El flujo de  trabajadores migrantes estacionales no se ha detenido desde entonces. Durante  nuestra travesía, en el puesto fronterizo de Ciudad Hidalgo, México, mientras  las autoridades sellaban nuestros pasaportes, se formó una larga cola de hombres  y mujeres indígenas guatemaltecos, probablemente en camino de las fincas  chiapanecas. Las mujeres, todas muy jóvenes, casi niñas, vestían invariablemente  las prendas de su etnia, y algunas cargaban a sus bebés atados a la espalda. </p>     <p>En aquella historia, los migrantes salvadoreños, hondureños y nicaragüenses  aparecieron más tarde. El auge agrícola hizo posible en 1908 la construcción de  la línea férrea del tren carguero destinado a conectar la zona con el resto de  México. Con los años, este ferrocarril vendría a convertir la &quot;ruta de  Soconusco&quot; en el camino cardinal para migrar al norte. En efecto, el principal  polo de atracción de los migrantes de nuestros días son las estaciones del tren  de Ciudad Hidalgo y de Tapachula. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La naturaleza de la zona presenta sus propios desafíos. La densa cobertura  vegetal impone el uso de carreteras, vías férreas y veredas. Durante los meses  de invierno, la zona registra una importante concentración de lluvias. Entre  junio y diciembre, las lluvias torrenciales ensanchan los ríos y la zona se mira  azotada por frecuentes huracanes. Aunque en esa temporada la temperatura  promedio es de 30° centígrados, en el verano el calor puede alcanzar los 40°. La  conjunción de agua y calor ha creado un medio fértil para la proliferación de  zancudos que propagan la malaria y el dengue. A esto debe sumarse la presencia  de víboras de cascabel, alacranes y también de &quot;personas de corazón negro&quot;, como  sostuvo Roberto, un inmigrante hondureño que fue asaltado en la zona y ahora  mendiga por las calles. </p>     <p>En esa ratonera existen algunos oasis, como la Casa del Migrante, que dirige  el misionero Ademar Barilli, donde nómadas de Centroamérica, Ecuador y otros  países, encuentran una cama limpia y pueden descansar por un par de días. Por  allí han pasado más de 70 mil personas migrantes desde 1995. De acuerdo con sus  estadísticas, casi 90 de cada cien deportados deciden emprender de nuevo el  viaje al norte. &quot;Muchos que pasan, aquí los volvemos a ver&quot;, nos dijo Walter  Arreaga, coordinador del trabajo de atención. </p>     <p><b>Foto 3. Mural en La Casa del Migrante, Tecún Umán.</b></p>     <p align="center"><img  src="/img/revistas/res/n24/n24a04f3.jpg" ></p>     <p>La revista Sin fronteras, publicada por la Casa, asegura que 75 de cada cien  delitos cometidos contra los migrantes en Guatemala ocurren a manos de policías  corruptos. De igual manera, una de las peores experiencias son las continuas  extorsiones de la policía mexicana. Cuando los migrantes rodean las casetas  permanentes de las autoridades para evitar ser detectados, se topan con los  delincuentes que los acechan en el monte. Olivia Ruiz, investigadora del Center  U.S.-Mexican Studies de California, describe que en los caminos de extravío  suelen verse, entre las coronas de los árboles, plataformas construidas por  ladrones para observar y esperar el paso de los nómadas. Los forajidos se lanzan  sorpresivamente sobre ellos desde lo alto de los árboles. El 27 de julio de  2005, la visita al albergue Jesús El Buen Pastor, en Tapachula, fue  particularmente impresionante. Allí, voluntarios dirigidos por Olga Sánchez  Martínez, una mujer menuda y de ademanes suaves, atienden a las víctimas del  tren: hombres y mujeres de Centroamérica mutilados de manos, pies, piernas y  brazos. Ningún otro lugar acoge a estas personas y sus proyectos truncados. Se  va demasiada energía, demasiado dinero en sanar las heridas del alma y del  cuerpo. En la sala principal se observa, en la pared, un inmenso crucifijo y dos  muletas a su lado. </p>     <p>Para quienes han ido a parar a este albergue, las posibilidades de continuar  el viaje han terminado. Incluso, la posibilidad misma de retornar a su país pues  muchos carecen de papeles. Tal es el caso de Consuelo, una salvadoreña de 21  años. Ella perdió un brazo y una pierna al ser derribada de lo alto de uno de  los vagones por lo que ella supone fue una rama. Fue levantada inconsciente por  una patrulla del mexicano Grupo Beta que intenta proteger a los migrantes en las  rutas críticas. No tiene papeles pues para evadir el control de las autoridades  intentó hacerse pasar por guatemalteca y luego por mexicana. Lleva ya nueve  meses en el albergue. Muchos van, muchos vienen. Algunos, como Consuelo, no  saben cuándo regresarán. No saben si regresarán. </p>     <p>Nuestro viaje fue asomarnos a otro mundo. Habíamos estado en El Soconusco, a  medio camino entre la desesperación y la esperanza. Habíamos sentido sus olores,  el rostro de la muerte, del hambre, también de la lucha y de la vida. Los  rostros que trajimos para contar no son sólo los suyos. Pudieron ser los de  muchos otros que, esta noche, mientras escribimos, están acurrucados en la  sombra, esperando el rugido de &quot;la bestia&quot; que los llevará al sueño o a la  muerte. </p>     <p><b>Los relatos: (Tránsito a dos voces y coro)</b></p>     <p>Como parte de la investigación, entrevistamos en San Salvador a un grupo de  migrantes. Unos que no alcanzaron a llegar a Estados Unidos, y otros que  regresaron, después de trabajar allá. Nos dijeron que podíamos contar sus  historias, pero sin revelar sus verdaderos nombres. Muchos piensan volver a  cruzar fronteras; su proyecto no es quedarse en esta tierra para siempre. Los  relatos fueron muchos. En todo caso, las historias iniciaban siempre con ese  momento en el que hicieron una pequeña mochila. Dos cambios de ropa, agua, un  suéter, algunas veces una cuerda para amarrarse al tren, las fotos de los hijos,  de la mamá, o de la esposa y un poco de dinero escondido en los zapatos, en las  costuras del pantalón. Se dejaban atrás las querencias y el tránsito iniciaba. </p>     <p>José emigró la primera vez hace veintiséis años. Cuando su mamá huyó del país  a Canadá. Él tenía entonces ocho años. Aprendió inglés, se adaptó al estilo de  vida, intentó quedarse amparándose en un programa de amnistía pero fue  imposible. Regresó a su país cuando tenía veinte años. Después de algunos años  en El Salvador decidió probar suerte. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&quot;Un día un amigo llegó a mi casa y me dijo que si no quería irme con él. Era  un día de la madre, y yo le dije que sí. Le pregunté cuánto tenía de dinero y me  dijo que 100 colones<a href="#(2)"><sup>2</sup></a>; yo tenía 14 dólares que me había mandado mi mamá. Así  nos fuimos.&quot; </p>     <p>Estuvo en Estados Unidos casi tres años, dos de ellos en Nueva York, ahí fue  deportado. En unos años más probará de nuevo suerte para reencontrarse con su  familia. Carmen, en cambio se fue porque quería buscar un mejor futuro para sus  hijos. Después de algunos años logró llevárselos a Estados Unidos. Ella fue  deportada y sus hijos quedaron allá. Piensa intentar subirse al tren, aunque le  da miedo: &quot;Hoy está bien difícil, yo miro cómo salen sin una pierna, es bien  riesgoso irse, si estoy completa aquí...&quot;. Sus ojos se pierden pensando en sus  hijos. La identidad del tránsito no termina, no descansa. Las historias  trenzadas nos hablaron de cuatro tránsitos y de las muchas estaciones que han  hecho. Las estaciones son apenas espacios de paso, que conectan un tránsito con  el siguiente. </p>     <p><b>El primer tránsito: Soconusco. El paso a México. El tren </b> </p>     <p>El tren lo toman hombres y mujeres que no tienen el dinero suficiente para  costearse una ruta más segura con un coyote. Aunque últimamente, como nos  contaba Estela, en el albergue deTecún Umán, también los coyotes utilizan estas  rutas. Nos hablaron sobre las redes de corrupción, pero también de las otras,  las de la solidaridad que se vive en diferentes momentos del trayecto, como nos  explicó David, que anduvo errante por Estados Unidos por casi cuatro años. </p>     <p>&quot;¿Qué puedo contar? Yo llegué allá viajando en tren... Uno está expuesto a  muchas cosas, uno come de todo, si es posible hasta de lo que está en la calle.  Hay alguna gente que es buena onda, pues cuando uno se va, le toca andar  pidiendo.&quot; </p>     <p>José también nos relató su paso desde Guatemala, donde los problemas  iniciaron, hasta el Soconusco. </p>     <p>&quot;Llegamos a Tecún Umán y el dinero ya se nos había acabado. Estuvimos dos  días en una casa de inmigrantes. Lavábamos los platos y hacíamos limpieza para  que nos dejaran dormir. Para cruzar la frontera, le ayudé a una señora a subir  unas cosas a una balsa, ella les dijo a los oficiales que yo era su hijo. Seguí  hasta Tapachula en donde caí preso. Entonces, le pregunté al oficial si tenía  hijos, le dije que yo también y que iba para el norte, porque quería trabajar  para mis hijos. Pero el oficial me dijo que si me dejaba libre por cualquier  lado que agarrara me iban a matar. Le respondí que con la fe en Dios no me iba a  pasar nada. Me dijo que me esperara a que pasaran todos los inmigrantes y luego  nos soltó, y salimos corriendo. Un guatemalteco se metió en una choza y yo me  quedé en la calle. Ahí encontré a alguien que me dió dinero para que tomara el  bus hasta Arriaga (Chiapas), ya en mi nuevo destino me encontré a un señor que  me llevó a una iglesia adventista, andaba sucio, todo mugroso, pero el pastor me  presentó y pidió ayuda para mí. Con ese dinero me fui y llegué a otro lugar de  Arriaga en donde una señora que tenía un comedor me acogió. Me dijo que yo era  bien inteligente porque trabajaba, me levantaba a las cuatro de la mañana a  barrer, a lavar los trastes. Luego, llegó un señor solicitando trabajadores y  ella le dijo que yo estaba disponible.&quot; </p>     <p>Su nuevo empleador lo llevó a Veracruz. Le enseñó las tradiciones de San  Carlos, por si las autoridades lo interrogaban, él podría probar que era  veracruzano. Anduvo como vendedor ambulante y no tuvo problemas, incluso llegaba  a los cuarteles de los soldados a venderles ropa. De Veracruz siguió a Matamoros  vendiendo sillas, láminas, colchonetas, de todo lo que le pidieran. Con el  dinero que le pagaron tomó un autobús. Para que los oficiales no lo agarraran se  fue sentado adelante, junto al chofer. Al llegar a su nuevo destino buscó a un  señor que le habían referido para que le consiguiera trabajo. Para identificarse  como migrante sin ponerse en peligro, debía decir que buscaba a una persona  llamada Carlos. </p>     <p>&quot;Cuando lo encontré, le dije que andaba buscando a ese mi tío, que se llamaba  Carlos. Él me dijo que lo conocía. Me dijo que a un kilómetro estaba su casa y  me llevó hasta ella. Ya en su casa, me preguntó de dónde era yo realmente, le  dije que salvadoreño. Me preguntó si tenía lana, a lo que respondí que sí.  Entonces, me dijo que me quedara pero no en su casa, sino en la 'troca'. Puse un  cartón como colchón y allí dormía, mis sábanas eran unos periódicos, le pagaba  por la comida y por estar allí. Trabajé unos días como ayudante de albañil, me  pagaron, compré una tarjeta y le hablé a mi mamá. Ella me mandó 400 dólares para  que le pagara a un guía que me pasara por el Río Bravo.&quot; </p>     <p>Algunos pasan muchos días, semanas, meses, en territorio mexicano. Para  otros, la experiencia se va de un tren a otro, de una estación a la siguiente.  Un viaje en autobús. Aunque viajen solos poco a poco se juntan en grupos para  cruzar el desierto. Muchas veces la inexperiencia hace que la ruta se extravíe.  Otras más, las pandillas y los asaltantes comunes aparecen. Si estos peligros no  llegan, la policía está siempre al acecho. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El río Bravo es uno de los últimos obstáculos de este primer tránsito,  también guarda sus sorpresas, como lo que le sucedió a Ernesto:</p>     <p>&quot;Lo peor en río Bravo fue que llegando a la orilla me dijo el guía que me  desnudara y que me tirara al agua. Ya en el agua me tiró la ropa y me robó los  últimos cien dólares que me habían quedado. Gracias a Dios que sabía nadar y me  fui bajo de agua hasta alcanzar mi ropa y salir.&quot; El migrante que logra sortear  estos obstáculos alcanzará su siguiente tránsito. </p>     <p align="center"><b>Foto 4. En el tren. María, salvadoreña, lucha contra el sueño: &quot;Ya van cuatro  días que no duermo. Hay que hacer un gran sacrificio para no dormirse&quot;.  Fotografía del documental &quot;Asalto a un sueño&quot;. Tapachula. Uli Stelzner ©</b></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/res/n24/n24a04f4.jpg" ></p>     <p><b>Segundo tránsito: Estados Unidos </b> </p>     <p>Llegar no significa terminar, no se cierra un ciclo. No se sueltan anclas con  la brújula rota. Llegar a la tierra prometida es, para nuestros nómadas,  continuar. De un lugar a otro van, duran algunos días, o meses, incluso años.  Pero no está ahí la meta, nuevos tránsitos llegarán posteriormente. Hemos  recopilado algunas estaciones de ese tren abordado por los migrantes; parajes  donde se hace un alto en el camino, donde se espera un momento a que llegue un  nuevo transporte. En estas estaciones aparecen de nuevo el sufrimiento, la  corrupción, la cárcel o los centros de detención de la frontera sur de Estados  Unidos, los &quot;corralones&quot;. También aparece la solidaridad y la posibilidad de  enviar el dinero a sus parientes con todo lo que implica simbólicamente. Es  volver a estar allá y aquí, tener presencia y voz entre los que se quedaron  lejos. Los primeros envíos serán para la mamá, el hijo o la abuela. Con las  primeras compras habrá, en la casa que se dejó atrás, objetos que hablen del  migrante que, desde lejos, vivirá cada acontecimiento familiar. Estos son  algunos relatos de las estaciones que tanto David como José nos compartieron. </p>     <p><b>Estación casa de migrantes </b> </p>     <p>Después de una larga estación en México y de hacerse pasar por veracruzano,  José pasó el río Bravo. Después de caminar mucho rato encontró a unas personas.  Les preguntó por una casa de migrantes que quedaba por la zona. &quot;Ellos me  dijeron que la casa estaba a unos kilómetros de allí, pero yo ya no podía seguir  caminando porque me dolían los pies. Uno de ellos me dijo que me esperara. En la  madrugada me llevaron a esa casa de acogida. Allí estuve. Al siguiente día nos  entrevistó una monja, nos dijo que ahí llegaban a buscar trabajadores y me dijo  que si quería, que trabajara allí. Llegó un gringo con quien hice el trato de  trabajar por cinco dólares la hora. Trabajé desde las seis de la mañana hasta  las seis de tarde. El gringo me llevó a cortar naranjas a una finca. Todos me  preguntaban que cómo había hecho para lograr esa paga tan buena y les dije que  porque sabía hablar inglés.&quot; </p>     <p><b>Estación jardinería </b> </p>     <p>Mientras José cortaba naranjas, David estuvo en Houston un tiempo, trabajando  como jardinero. &quot;Una señora nos consiguió un chance de trabajar, pero nos estaba  estafando, el pago nos los quitaba casi todo y nos tenía amenazados de que iba a  llamar a migración. Los voy a tener así y tienen que hacer lo que yo quiera,  decía.&quot; David decidió buscar mejor suerte con una pariente que tenía en  California. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Estación el corralón </b> </p>     <p>Después de trabajar y vivir un tiempo en la casa para migrantes, José siguió  su camino pues quería llegar a Nueva York, donde se encontraban sus hermanos y  donde era más sencillo encontrarse con su mamá que entonces seguía viviendo en  Canadá. Su camino no fue sencillo. &quot;Pasé quince días en una montaña. Solo, sin  comida, ni agua, ni nada….. Yo sé lo que es beberse sus propios orines. En el  camino, me agarraron los policías y me llevaron al corralón. Ahí estuve seis  meses. Me cayó una multa de diez mil dólares. Mi familia no podía pagar ese  dinero y buscaron una casa de fianzas. Cuando usted sale del corralón y lo dejan  en Estados Unidos lo mandan sucio, pero si lo regresan para su país lo mandan  limpio. A míme mandaron mugroso para allá. Mi familia pagó un hotel para que yo  me bañara y lavara mi ropa. Entonces me fui para Nueva York.&quot; </p>     <p><b>Estación nuevo tren </b> </p>     <p>Cuando David llegó a California se encontró con que su pariente no podía  darle alojamiento, ni contactos. Sin tener a dónde ir, y sin querer regresar a  Houston, se fue a la estación del tren. </p>     <p>&quot;Estuve durmiendo en la estación, andaba como con 300 dólares. Ya me había  resignado a que si no me salía trabajo en una semana mejor me regresaba a  Houston. La primera noche no salió nada, yo me ponía en la esquina viendo qué  salía. Ya al tercer día estaba desesperado, me puse a pedirle a Dios. Pero en la  madrugada me despertó mi amigo, un hondureño, y me dijo que había un 'jale'. Nos  llegaron a traer en una camioneta para ir a 'zanjear', en una construcción. Nos  tardamos cerca de dos semanas haciendo ese trabajo. El propio contratista, todos  los días me llegaba a traer a la estación, pues allí estuve viviendo casi un mes  completo, pero al menos tenía con qué estar comiendo.&quot; </p>     <p>Salieron luego algunos trabajos, se aprendieron nuevos oficios. En algunas  ocasiones se reunían con amigos y familia para descansar un poco, recordar a la  familia que se quedó &quot;allá&quot; y agarrar de nuevo fuerzas. Ninguno de nuestros  nómadas creó una nueva familia en Estados Unidos. &quot;No quedaba tiempo—explica  Ernesto—, yo trabajaba de nueve de la mañana a cuatro de la tarde en donde se  hacía cerámica. Luego entraba de seis a nueve haciendo cosas de jardinería.  Luego de once a una de la mañana recogiendo basura. Me tocaba bien penquiado…..  pero yo digo que el sacrificio vale la pena.&quot; Las estaciones se suceden de un  empleo y al otro. De un estado al siguiente. Pero el tránsito muchas veces se  detiene y vuelve al ciclo de origen cuando la deportación aparece en el  horizonte. </p>     <p><b>Tercer tránsito: deportado, como garrobo </b> </p>     <p>Los nómadas no miran la deportación como un fracaso. Unos tienen más suerte  que otros, pero no está escrito sobre piedra que no se pueda volver. Siempre es  posible tomar el tren una vez más. Lo que aparece es un alto en el camino. Una  vuelta de tuerca que los trae de nuevo al país, pero que no los compromete a  nada definitivo, no los ancla. En el caso de David, la deportación llegó de  manera rápida y simple. Lo esperaba en su lugar de trabajo. </p>     <p>&quot;Me salió otra oportunidad de ganar un poquito más, pero esa era la mala,  pues fue de donde me deportaron. Yo estaba trabajando cuando nos cayó una redada  de oficiales y por no tener papeles nos deportaron. Fue de una forma hasta  graciosa a la vez, pues de 25 que agarraron, hicieron un sorteo de quiénes se  quedaban. Los oficiales nos pidieron que sacáramos un número. Cinco tuvieron  suerte y se quedaron. Nosotros nos vinimos.&quot; </p>     <p>José, con toda su familia allá, tuvo un abogado que tramitó sus papeles para  la residencia definitiva. Cada cierto tiempo debía presentarse a la corte para  comprobar su estilo de vida. Sin embargo, su abogado equivocó la quinta cita y  él no asistió la fecha que las autoridades solicitaban. Lo obligaron a pagar dos  mil quinientos dólares de multa y su pasaje. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&quot;Para El Salvador a uno lo mandan esposado de pies, manos, cintura y cuello.  Como un garrobo. Yo pagué mi fianza y no me dejaron ni siquiera sacar un  pantalón, nada de ropa, ni mi dinero que tenía guardado en el banco. Me dijeron  que no tenía derecho a nada, por castigo. El aeropuerto Kennedy es grandísimo.  Me hicieron caminar todo un piso, esposado, y que me viera la gente. El juez se  molestó porque me sacaron a las tres de la madrugada y me llevaron al  aeropuerto. Mi vuelo era a las siete de la mañana. Mis pies hasta se inflamaron  por caminar con las esposas. Caminar como si uno es robot, no es bonito.&quot; </p>     <p><b>El regreso </b> </p>     <p>Se llega con la brújula rota. Se traen nuevas costumbres, gestos y palabras  que no gustan. Algunos los señalan como &quot;la mala semilla&quot; que pierde nuestra  &quot;identidad verdadera&quot;. Son deportados. Vienen sin dólares. Algunos tienen  antecedentes penales en el país del norte. Ser deportado es un estigma que  equivale, según cierto discurso oficial dominante, a decir que son mareros.  Causantes de la violencia que el país vive. Su llegada es considerada como una  violación a los derechos de las y los salvadoreños. Se busca evitar que las  autoridades de Estados Unidos los deporte. Que se queden allá. Vuelven a un país  donde lo que más ha crecido en la economía durante los últimos cinco años es el  desempleo. Después de muchos esfuerzos la gran mayoría ha conseguido  establecerse de nuevo, al menos por un tiempo. </p>     <p>Muchas veces se vuelve y se sigue siendo extranjero. ¿Terminará en algún  momento el viaje? Para muchos la esperanza es justamente que esto no llegue a  pasar. </p> <hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>     <p><a name="#(1)">1 </a>Canizález pertenece al grupo literario Talega, que se formó después de la  guerra civil. El poema está en el libro Casa prestada (2005), San Salvador:  Ediciones Escorpión.</p>     <p><a name="#(2)">2</a><sup> </sup>Aproximadamente once dólares. </p> </font>      ]]></body>
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