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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The present article analyzes the enacting and reenacting of cafés in Popayán—a colonial city located in the southern part of Colombia. Two specific moments are discussed, before and after the 1983 earthquake, highlighting the period called the "Coffee Crisis" &#40;1989-1994&#41; , during which new cafés appear throughout the city. According to the author, it is possible to observe differentiating and contesting social processes grounded on social identity and gender, which show elements of the social structure of the city. As a conclusion, the text invites the reader to consider such places as "windows" to social life, claiming that they are more than simple spaces for coffee consumption. Moreover, the article suggests that similar spaces—where these types of interactions take place—may reveal social characteristics of the groups being studied.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align=center><b><font size="4">&quot;Caf&eacute;s en la &quot;ciudad blanca&quot;: identidad, crisis cafetera y el restablecimiento del orden social en Colombia&quot;</font></b></p>      <p><b>Jairo Tocancip&aacute;-Falla</b></p>      <p>Una versi&oacute;n de este art&iacute;culo fue presentado en el I Congreso  Latinoamericano de Antropolog&iacute;a realizado en El Rosario, Argentina, entre e 11 y  el 15 de Julio de 2005. Se agradece el apoyo de la Vicerrector&iacute;a de  Investigaciones de la Universidad del Cauca. El autor agradece igualmente al  evaluador an&oacute;nimo por los comentarios cr&iacute;ticos al texto en su versi&oacute;n inicial.</p>      <p>Profesor Asociado. Coordinador del Grupo de Estudios Sociales Comparativos de la  Universidad del Cauca, Popay&aacute;n, Colombia. Correo electr&oacute;nico: <A href="mailto:jtocancipa@unicauca.edu.co">jtocancipa@unicauca.edu.co</A></p>  <hr size="1">      <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>En este art&iacute;culo se analiza el caso de la  emergencia y re-surgimiento de los caf&eacute;s en Popay&aacute;n&mdash; una ciudad colonial del sur  del pa&iacute;s&mdash;como un evento que permite actualizar procesos renovados de identidad,  en contextos de &quot;crisis cafetera&quot;. Se analizan dos momentos que vive la ciudad,  antes y despu&eacute;s del sismo de 1983, destacando el per&iacute;odo de la llamada crisis  cafetera &#40;1989-1994&#41; , cuando surgen nuevos caf&eacute;s. A trav&eacute;s de estos lugares se  pueden apreciar procesos diferenciadores y de contestaci&oacute;n social basados en la  identidad social y de g&eacute;nero que ejemplifican parte de la estructura social  propia de Popay&aacute;n. El autor concluye se&ntilde;alando que este tipo de espacios pueden  ser considerados &quot;ventanas&quot; a la vida social, pues van m&aacute;s all&aacute; de ser simples  zonas de consumo. De esta forma, el texto invita a estimar otros lugares  similares, en donde las interacciones sean posibles y en donde se puedan revelar  particularidades sociales de los grupos en cuesti&oacute;n.</p>      <p><b>PALABRAS CLAVE</b></p>     <p>Identidad social, caf&eacute;s, antropolog&iacute;a urbana, cambio social, crisis cafetera.</p>  <hr size="1">      <p align=center><b><font size="3"> &quot;Cafes at the &quot;white city&quot;: identuty, coffee crisis, and the reestablishment of social order within Colombia&quot; </font></b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>The present article analyzes the enacting and  reenacting of caf&eacute;s in Popay&aacute;n&mdash;a colonial city located in the southern part of  Colombia. Two specific moments are discussed, before and after the 1983  earthquake, highlighting the period called the &quot;Coffee Crisis&quot; &#40;1989-1994&#41; ,  during which new caf&eacute;s appear throughout the city. According to the author, it  is possible to observe differentiating and contesting social processes grounded  on social identity and gender, which show elements of the social structure of  the city. As a conclusion, the text invites the reader to consider such places  as &quot;windows&quot; to social life, claiming that they are more than simple spaces for  coffee consumption. Moreover, the article suggests that similar spaces&mdash;where  these types of interactions take place&mdash;may reveal social characteristics of the  groups being studied.</p>      <p><b>KEYWORDS</b></p>     <p>Social identities, caf&eacute;s, urban anthropology, social change, coffee crisis.</p>  <hr size="1">      <p>La ca&iacute;da de los precios del caf&eacute; a nivel internacional&mdash; ocurrida durante la &uacute;ltima d&eacute;cada y producida por el exceso de vol&uacute;menes y el colapso del Acuerdo Internacional Cafetero en 1989&mdash;ha desencadenado un reordenamiento en las relaciones econ&oacute;micas y productivas entre pa&iacute;ses cultivadores y consumidores. Este reordenamiento, calificado como &quot;crisis cafetera&quot;, el cual ha significado la revaloraci&oacute;n de las condiciones de producci&oacute;n y los esquemas institucionales que la sustentan, se ha apreciado m&aacute;s en pa&iacute;ses productores que en los consumidores. Teniendo en cuenta este antecedente, el texto pretende explorar c&oacute;mo este fen&oacute;meno ha afectado dicho orden para el caso particular de Colombia y, m&aacute;s espec&iacute;ficamente, su relaci&oacute;n con el consumo en una ciudad colonial como Popay&aacute;n. La importancia del espacio en las investigaciones desarrolladas desde las disciplinas sociales&mdash;en especial la geograf&iacute;a&mdash;no ha sido tan afortunada. Wallerstein &#40;1996, p. 29&#41; , por ejemplo, se&ntilde;ala que &quot;el acento en el progreso y la pol&iacute;tica de organizaci&oacute;n social del cambio social dio una importancia b&aacute;sica a la dimensi&oacute;n temporal de la existencia social, pero dej&oacute; la dimensi&oacute;n espacial en un limbo incierto&quot; &#40;ver tambi&eacute;n Escobar, 2001&#41; . Es as&iacute; como, durante las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas, las investigaciones sociales que involucran nuevas cartograf&iacute;as y la importancia del espacio y el territorio como fundamentos de procesos sociales e identitarios y/o de contestaci&oacute;n, han venido aumentando considerablemente &#40;cfr. por ejemplo, Oslender, 2002; P&eacute;caut, 1999&#41; . Los caf&eacute;s&mdash;como espacios no s&oacute;lo de consumo sino de distinci&oacute;n, renovaci&oacute;n de identidades e interacci&oacute;n social y de g&eacute;nero&mdash;son la fuente de este ejercicio exploratorio que busca ilustrar el v&iacute;nculo que se establece con otros dominios en la vida de las mercanc&iacute;as, para seguir la expresi&oacute;n de Appadurai y otros autores &#40;1986a; 1986b&#41; . De igual forma, al enfocarnos en los caf&eacute;s como espacios sociales de consumo de un producto o mercanc&iacute;a como el caf&eacute;, se pretende demostrar su importancia, no s&oacute;lo en este &aacute;mbito sino tambi&eacute;n en el contexto de la estructura social que soporta. Una mirada etnogr&aacute;fica e hist&oacute;rica permite entender los caf&eacute;s como ventanas a trav&eacute;s de las cuales se pueden visualizar los cambios sociales y culturales que las ciudades experimentan en la configuraci&oacute;n de las identidades sociales y de las relaciones de g&eacute;nero<sup><a    name="s1" href="#1">1</a></sup>. Este es el caso de Popay&aacute;n, una ciudad tipificada como colonial, en la que las &eacute;lites locales han contribuido a configurar una imagen de ciudad culta y educada &#40;identidad social&#41; , y en donde los hombres mantienen una asociaci&oacute;n con el espacio p&uacute;blico y las mujeres con el espacio privado &#40;relaciones de g&eacute;nero&#41; ; proposiciones que se pueden apreciar en la historia social de los caf&eacute;s, en un primer momento antes del sismo de 1983 y que en alguna medida cambiar&iacute;an y sostendr&iacute;an algunas valoraciones en un segundo momento post-terremoto. Este argumento es desarrollado a continuaci&oacute;n en tres secciones diferentes.</p>      <p>En la primera parte, y de manera introductoria, se presenta una s&iacute;ntesis sobre el dinamismo socioecon&oacute;mico que la industria cafetera ha generado hist&oacute;ricamente en el pa&iacute;s. Bas&aacute;ndose en trabajos preliminares de antrop&oacute;logos y soci&oacute;logos &#40;Crist, 1950; Crist, 1971; Romoli, 1943; Whiteford, 1963; Whiteford, 1976&#41; , la segunda secci&oacute;n destaca aspectos relevantes de la historia social de Popay&aacute;n como ciudad colonial, poniendo particular atenci&oacute;n sobre las &uacute;ltimas d&eacute;cadas durante las cuales ocurrieron cambios significativos en la vida citadina desde que en 1983 un terremoto sacudi&oacute; los cimientos de la ciudad. En la tercera secci&oacute;n&mdash;y siguiendo a algunos de los autores ya se&ntilde;alados, y con base en el trabajo de campo realizado en algunos caf&eacute;s en el per&iacute;odo 2002, 2003, 2005 y 2006&mdash;, se presenta una aproximaci&oacute;n a la historia social de los caf&eacute;s destacando aquellos de tipo tradicional, as&iacute; como los que aparecieron posteriormente al terremoto, y m&aacute;s espec&iacute;ficamente aquellos que surgieron recientemente en el ambiente que produjo la &quot;crisis cafetera&quot;. En esta secci&oacute;n se destaca, desde una perspectiva comparativa, los dos estilos que mantienen dos tipos de caf&eacute; en la ciudad: uno de ellos que renace en el contexto de la crisis cafetera, el caf&eacute; Kaldivia; y el otro, que deviene de la tradici&oacute;n de la ciudad, el caf&eacute; Colombia, que, si bien ha adoptado ciertos cambios en su estilo, conserva su adscripci&oacute;n social identitaria desde antes del sismo de 1983. El art&iacute;culo concluye destacando los procesos de identidad social y cambio en tales adscripciones sociales de clase y de g&eacute;nero, que se revelan al estudiar los caf&eacute;s de distinta naturaleza y desde una perspectiva comparativa. Si bien antes del terremoto se podr&iacute;a identificar cierta mentalidad &quot;aristocr&aacute;tica&quot; en las &eacute;lites &#40;familias que ostentaban un pasado cercano a los colonizadores espa&ntilde;oles y que controlaban el centro de la ciudad&#41; , despu&eacute;s del terremoto esta mentalidad entr&oacute; en interacci&oacute;n con una m&aacute;s &quot;burguesa&quot; &#40;nuevos profesionales y empresarios formados en las universidades&#41; ; interacci&oacute;n que facilitar&aacute; un reacomodamiento en el sistema de relaciones de una ciudad que se perfila en otro orden, aparentemente menos &quot;colonial&quot;. Terminamos se&ntilde;alando que este ejercicio sobre espacios sociales como los caf&eacute;s invita a realizar m&aacute;s investigaciones locales sobre otros espacios significativos socialmente, as&iacute; como a fortalecer los estudios sociales de tipo comparativo que contribuyen a una mejor comprensi&oacute;n de las din&aacute;micas y tradiciones de la ciudad.</p>      <p><b>El dinamismo hist&oacute;rico en la formaci&oacute;n de la Colombia cafetera</b> <sup><a    name="s2" href="#2">2</a></sup></p>      <p>La econom&iacute;a colombiana ha estado estructurada sobre el cultivo del caf&eacute; durante casi dos siglos. Este producto agr&iacute;cola introducido en las Am&eacute;ricas en el siglo XVIII, se ha constituido desde el comienzo como el principal medio de subsistencia para millones de productores del grano &#40;Banks, McFadden et al., 2003; Chalarca, 1987; Junguito &amp; Pizano, 1991; Palacios, 2002; Pendergrast, 2002; Romoli, 1943&#41; . En este proceso expansivo, dos variedades de caf&eacute; han dominado la producci&oacute;n, Ar&aacute;bica &#40;de Etiop&iacute;a&#41; y Robusta &#40;de la costa atl&aacute;ntica en la regi&oacute;n de &quot;Kouilou y en los alrededores de Angola&quot;&#41; &#40;cfr. Ukers, 1922; UNCTAD/WTO, 2002, p. 6&#41; . Aproximadamente m&aacute;s de 500 mil familias &#40;principalmente peque&ntilde;os productores&#41; se han especializado en la variedad suave Ar&aacute;bica, de la cual producen lo que se considera hoy el &quot;caf&eacute; m&aacute;s suave del mundo&quot; &#40;ver <a href="http://www.cafedecolombia.com" target=blank>www.cafedecolombia.com</a>&#41; .</p>      <p>En cuanto a la introducci&oacute;n del grano, existen varias versiones. A pesar de las hip&oacute;tesis que establecen que el caf&eacute; pudo ser introducido a Colombia a trav&eacute;s de Centroam&eacute;rica &#40;Chalarca, 1987, p. 5&#41; , la ruta Venezolana &#40;hacia el siglo XVIII&#41; parece ser la m&aacute;s convincente en la medida en que algunos documentos, y el mismo proceso expansivo que se dio a partir del nororiente del pa&iacute;s, as&iacute; lo ilustran. Misioneros, viajeros, colonos y empresarios aparecen como los actores principales en ese proceso expansivo que en poco m&aacute;s de dos centurias fue involucrando a un n&uacute;mero creciente de poblaci&oacute;n y regiones: si en el siglo XIX una sola provincia o departamento &#40;Santander al nororiente del pa&iacute;s&#41; daba cuenta de la producci&oacute;n cafetera, ya en el siglo XX otras regiones en el centro, occidente y sur del pa&iacute;s empiezan a dominar y a aportar los vol&uacute;menes de producci&oacute;n m&aacute;s significativos en la historia del pa&iacute;s. As&iacute;, de uno a tres departamentos cafeteros de finales del siglo XIX y a comienzos del siglo XX, Colombia pas&oacute; a finales de este siglo a contar con 16 departamentos localizados a lo largo y ancho de las cordilleras occidental, central y oriental. Este proceso expansivo se vio reflejado en los vol&uacute;menes de exportaci&oacute;n que, seg&uacute;n el historiador Palacios &#40;Palacios 2002, p. 438&#41; en su compilaci&oacute;n de distintas fuentes secundarias, crecieron significativamente: mientras en 1933 el total de exportaciones colombianas era de 2.867.804 sacos de 60 kgs, en 1970 las exportaciones llegaban a 6.508.660 sacos; esto es una duplicaci&oacute;n de los vol&uacute;menes exportables del grano en un per&iacute;odo de casi cuarenta a&ntilde;os. Los aportes en este proceso expansivo han sido dominados por las regiones centrales y del occidente, consideradas &#40;especialmente esta &uacute;ltima&#41; &quot;la regi&oacute;n cafetera del pa&iacute;s&quot; por antonomasia, la cual incluye los departamentos de Antioquia, Caldas, Quind&iacute;o y Risaralda. De estos departamentos&mdash;especialmente el primero&mdash;se expandi&oacute; el cultivo en el proceso conocido como la &quot;colonizaci&oacute;n antioque&ntilde;a&quot; &#40;Parsons, 1968&#41; . Sin embargo, aspectos de esta historia han sido cuestionados por reflejar una versi&oacute;n rosa del proceso de expansi&oacute;n agr&iacute;cola, que no valor&oacute; la participaci&oacute;n de las poblaciones campesinas sometidas a presiones y conflictos en la colonizaci&oacute;n de tierras &#40;Arango, 1982; Bejarano, 1987; Palacios, 2002&#41; . Con sus variaciones hist&oacute;ricas y sociales, algunos estudiosos especialistas en el tema del caf&eacute; en Colombia han identificado siete regiones cafeteras. Estas incluyen a los dos Santanderes, en donde el cultivo del caf&eacute; empez&oacute; su expansi&oacute;n hacia el nororiente; la regi&oacute;n cundi-boyacense caracterizada por haciendas y propiedades medianas; el &aacute;rea de colonizaci&oacute;n antioque&ntilde;a &#40;central y perif&eacute;rica que comprende departamentos tales como Antioquia, Caldas, Risaralda, el Quind&iacute;o y algunas municipalidades del departamento vecino del Valle&#41; caracterizada por medianas y peque&ntilde;as propiedades; el Tolima Grande &#40;departamentos del Huila yTolima&#41; con grandes, medianas y peque&ntilde;as propiedades; el sur del Cauca y Nari&ntilde;o, tipificada con peque&ntilde;as propiedades y una regi&oacute;n marginal &#40;sic&#41; cafetera que incluye a los departamentos del Atl&aacute;ntico, Meta y otros departamentos del Oriente &#40;Paredes y Zambrano en Correa, 1992; Palacios, 2002&#41; . De acuerdo con Herrera &#40;2003, p. 67&#41; , en algunas de estas regiones las &eacute;lites tradicionales lograron modernizarse gracias a la industria del caf&eacute;, generando as&iacute; nuevos valores en el contexto urbano.</p>      <p>Dentro del escalafonamiento que la Federaci&oacute;n Nacional de Cafeteros realiza por los vol&uacute;menes de producci&oacute;n, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os el departamento del Cauca se ha ubicado en promedio en la octava posici&oacute;n entre un total de 16 departamentos cafeteros &#40;cfr. Luna, Rodr&iacute;guez et al., 2002&#41; . Pero la marginalidad sustentada en niveles de productividad no siempre es un buen indicador. El per&iacute;odo de la llamada &quot;crisis cafetera&quot; &#40;1989-2004&#41; <sup><a    name="s3" href="#3">3</a></sup>, reflejada en los bajos precios que se produjeron a causa de la ruptura del pacto cafetero en 1989 y en la presencia de nuevos productores como Vietnam, han develado nuevas estrategias para enfrentar la crisis; entre &eacute;stas est&aacute; incrementar el consumo de caf&eacute; interno, desarrollar nuevas l&iacute;neas de comercializaci&oacute;n a partir de los caf&eacute;s especiales y org&aacute;nicos y en los cuales algunos departamentos pueden aparecer m&aacute;s notablemente que otros. El v&iacute;nculo entre producci&oacute;n y consumo aparece entonces como un tema promisorio a ser investigado. Teniendo en cuenta esta &uacute;ltima premisa, los caf&eacute;s en ciudades como Popay&aacute;n aparecen como espacios sociales ideales, no s&oacute;lo para el consumo sino tambi&eacute;n para reproducir interacciones sociales que permiten visualizar diferenciaciones y contestaciones en la producci&oacute;n de ciertas formas de identidad social. Para ello adoptamos una perspectiva historicista que demuestra c&oacute;mo, a pesar de que el consumo de caf&eacute; se considera una actividad marginal, es posible apreciar procesos de valoraci&oacute;n y producci&oacute;n de significados sociales que pueden convertirse en modelos de pr&aacute;cticas para los grupos sociales a nivel local. La crisis cafetera no s&oacute;lo genera un problema exclusivamente econ&oacute;mico, sino que tambi&eacute;n asocia un conjunto de oportunidades que empresarios locales pueden capitalizar mejor en el &aacute;mbito urbano para la reafirmaci&oacute;n del orden y la estructura social. Igualmente, y al tiempo que se analizan dos per&iacute;odos motivados por un cambio radical generado por la naturaleza &#40;pre y post-terremoto&#41; , se destaca la intersecci&oacute;n e interacci&oacute;n de al menos dos estilos o mentalidades propias de la historia y la din&aacute;mica social de la ciudad: una mentalidad aristocr&aacute;tica y una clase burguesa emergente. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>La ciudad del ayer y la ciudad del presente: hacia la actualizaci&oacute;n de las jerarqu&iacute;as sociales</b></p>      <p>Popay&aacute;n, ciudad capital del departamento del Cauca, fue fundada en 1535 por Sebasti&aacute;n de Belalc&aacute;zar, uno de los conquistadores espa&ntilde;oles, constituy&eacute;ndose en uno de los centros de la Corona Espa&ntilde;ola desde donde se gobernaron vastos territorios &#40;Romoli, 1943; Whiteford, 1963&#41; . Desde la historia de conquista y colonizaci&oacute;n, y a pesar de los cambios sociales, pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos, Popay&aacute;n conserv&oacute; el esp&iacute;ritu colonial y de jerarqu&iacute;as sociales que anta&ntilde;o la caracterizaron. Esta tipificaci&oacute;n ha contribuido a la identificaci&oacute;n de Popay&aacute;n como la ciudad &quot;blanca&quot; y con cierto estilo aristocr&aacute;tico, por conservar su arquitectura, su universidad, sus centros pol&iacute;tico-administrativos, sus iglesias coloniales y casonas y su distribuci&oacute;n en Damero que ha caracterizado a muchas ciudades espa&ntilde;olizadas en Am&eacute;rica Latina &#40;Romero, 1976&#41; . El uso de los apellidos &#40;e.g. Arboleda, los Valencia, los Velasco, los Caicedo, los Obando, los Ayerbe, los Angulo, los Mu&ntilde;oz. Cfr. Whiteford, 1963, p. 95&#41; sigue siendo un mecanismo &uacute;til para los locales en el establecimiento de la importancia social y jer&aacute;rquica de las familias por su conexi&oacute;n con la historia oficial. </p>      <p>Desde un punto de vista antropol&oacute;gico, existen pocas referencias actualizadas de lo que Popay&aacute;n expresa en su condici&oacute;n de &quot;ciudad blanca&quot; o &quot;ciudad del conocimiento&quot;, como recientemente algunos pol&iacute;ticos y acad&eacute;micos han querido designarla. A partir del 31 de marzo de 1983, a&ntilde;o en el que un terremoto casi destruye enteramente el centro de la ciudad y otros sectores aleda&ntilde;os, muchos pobladores consideran que la Popay&aacute;n contempor&aacute;nea se dividi&oacute; en dos: una ciudad antes del terremoto y otra ciudad post-terremoto. Esta diferenciaci&oacute;n ideol&oacute;gica presentada por algunos miembros de grupos sociales dominantes en la ciudad se puede compaginar con un crecimiento poblacional y urbano apreciable&#40;cuantitativa y cualitativamente hablando&#41; , y que despu&eacute;s de 1983 tipific&oacute; otra ciudad, que seg&uacute;n los locales en parte se llev&oacute; la tradici&oacute;n de ciudad colonial que siempre la caracteriz&oacute;. Durante el proceso de &quot;reconstrucci&oacute;n&quot;, como fue conocido por los habitantes, la ciudad pas&oacute; de 28 barrios a m&aacute;s de 273 en un per&iacute;odo de m&aacute;s de 20 a&ntilde;os. Durante este lapso de tiempo, las familias consideradas &quot;tradicionales&quot; que habitaban en el centro y que correspond&iacute;an a grupos sociales dominantes en la ciudad, migraron hacia los nuevos barrios perif&eacute;ricos que se convirtieron en el &quot;norte&quot; de la misma. Al mismo tiempo, gentes de municipalidades vecinas y de otros departamentos o provincias encontraron en el per&iacute;odo de &quot;reconstrucci&oacute;n&quot; o post-terremoto las condiciones id&oacute;neas para capitalizar oportunidades sociales y econ&oacute;micas, como la instalaci&oacute;n de peque&ntilde;os negocios; condiciones que antes la ciudad no estaba en capacidad de ofrecer. Como consecuencia de estos cambios, la ciudad cambi&oacute; su fisonom&iacute;a social mas no su arquitectura colonial y de ciudad ilustre, paradigmas de identidad que hist&oacute;ricamente hab&iacute;an tipificado a Popay&aacute;n a nivel regional y nacional. M&aacute;s recientemente, el profesor Whiteford &#40;2002&#41; ha referido c&oacute;mo Popay&aacute;n y el departamento del Cauca se han visto involucrados en problem&aacute;ticas m&aacute;s complejas que refieren a narcotr&aacute;fico, guerrilla y paramilitarismo; condiciones que remiten a cierto estereotipo de identidad que algunos caracterizan, en una escala nacional, a la Colombia actual.</p>      <p>En este contexto cabr&iacute;a preguntarse Â¿cu&aacute;les eran esas condiciones sociales de Popay&aacute;n antes de 1983, y c&oacute;mo despu&eacute;s de este a&ntilde;o se empezaron a manifestar cambios que llevaron a los pobladores a considerar la ciudad como &quot;la misma&quot;, pero al mismo tiempo &quot;otra&quot;? Antes conviene precisar te&oacute;ricamente la idea de &quot;mentalidad aristocr&aacute;tica&quot; o de valores aristocr&aacute;ticos. Aunque el referente emp&iacute;rico para teorizar es un pa&iacute;s europeo, he encontrado en el trabajo del soci&oacute;logo franc&eacute;s Pierre Bourdieu criterios conceptuales importantes para el caso que tratamos de ilustrar aqu&iacute;. Para este autor, las aristocracias, en plural, son esencialistas en el sentido de que ellas no establecen &quot;valores intr&iacute;nsecos sobre los actos legales y no legales asociados en los registros y recuentos de la memoria burocr&aacute;tica&quot; &#40;Bourdieu, 1984, p. 24&#41; . Es decir, su sistema de valores y de adscripci&oacute;n del &quot;ser&quot; se definen por su &quot;fidelidad al linaje, las propiedades, una raza, un pasado, una madre tierra, una tradici&oacute;n&quot; &#40;Bourdieu, 1984, p. 23&#41; . Aqu&iacute;, el tiempo y la capacidad para adquirir y legitimar su condici&oacute;n aparecen de manera prominente. Adem&aacute;s de la arquitectura y los apellidos, los espacios y las interacciones sociales que se dan en esos espacios socializados tambi&eacute;n contribuyen a tipificar cierta actitud y pensamiento vinculado a lo aristocr&aacute;tico. En el caso de Popay&aacute;n y en este orden de discusi&oacute;n, la descripci&oacute;n y el an&aacute;lisis de los caf&eacute;s permite valorar el papel fundamental que este tipo de espacios sociales han tenido en la historia contempor&aacute;nea de la ciudad como un locus de identidad y de &quot;contestaci&oacute;n&quot; sobre los valores sociales persistentes en la ciudad.</p>      <p><b>Popay&aacute;n y los caf&eacute;s:pasado colonial, orden y pertenencia social</b></p>      <p>La caracterizaci&oacute;n de la ciudad de antes puede ser apreciada en la literatura de antrop&oacute;logos y soci&oacute;logos que trabajaron en Popay&aacute;n d&eacute;cadas atr&aacute;s. As&iacute;, los trabajos de los Whiteford &#40;padre e hijo&#41; &#40;1970; 1963; 1976&#41; , Romoli &#40;1943&#41; , y Crist &#40;1950; 1971&#41; siguen siendo referencias obligadas en este sentido.</p>      <p>Uno de los momentos m&aacute;s apremiantes para comprender el sentido de pertenencia y cierto sentimiento de orgullo de pertenecer a un lugar, se puede apreciar en el &aacute;mbito de las amenazas de cambio que se imponen en dicho sitio. Whiteford &#40;1963, p. 25&#41; , por ejemplo, ilustra el caso de Popay&aacute;n en c&oacute;mo, en 1925 cuando el ferrocarril llega a la ciudad, los &quot;l&iacute;deres intelectuales y sociales de la ciudad&quot; se mostraron opacos y renuentes frente a esta novedad. En a&ntilde;os subsiguientes, nos dice este antrop&oacute;logo, la hostilidad hacia los cambios sustantivos en la ciudad segu&iacute;an siendo una constante:&quot;&#91;...&#93; hasta 1952 y despu&eacute;s, se hab&iacute;a hecho muy poco y la ciudad continuaba siendo una gema colonial: aristocr&aacute;tica, culta, refinada, y remota, como algunas ancianas patricias que, a&ntilde;orando las maravillas de su juventud, retienen un halo de elegante pasado incontaminable por el vulgar modernismo&quot; &#40;Cfr tambi&eacute;n Romoli, 1943; Whiteford, 1963, pgs. 25-26&#41; . Esta condici&oacute;n seguir&iacute;a siendo la misma hasta antes de 1983 cuando la ciudad todav&iacute;a segu&iacute;a apegada a un sistema de divisi&oacute;n de clases sociales que, seg&uacute;n aquellos investigadores sociales, constitu&iacute;a la forma del ordenamiento social en la misma &#40;Crist, 1950; Romoli, 1943; Whiteford, 1963; Whiteford, 1976&#41; . El esquema divisorio de clases, tomado de la sociolog&iacute;a, era presentado en sus distintos niveles espec&iacute;ficos al caso de Popay&aacute;n: clase aristocr&aacute;tica o clase alta, clase media con sus variaciones media-alta, media-media, y media-baja, y la clase baja tambi&eacute;n con sus diferencias clase baja-alta y baja-baja. En s&iacute;ntesis, esta estructura social le permit&iacute;a a las mismas clases pudientes considerar a la ciudad de manera aut&oacute;noma y suficiente, no s&oacute;lo frente a s&iacute; misma sino tambi&eacute;n frente al mundo exterior, lo cual se apreciaba en la aguda expresi&oacute;n de algunos locales: &quot;el mundo es Popay&aacute;n&quot;&#40;Romoli, 1943, p.196&#41;.</p>      <p>De acuerdo con Whiteford, estas categorizaciones no eran meras construcciones del investigador, y efectivamente los miembros de las diferentes clases sociales empleaban especialmente aquellos referentes para establecer sus distinciones sociales; e.g. los peri&oacute;dicos locales se refer&iacute;an a las clases altas en los eventos sociales como &quot;la aristocracia&quot;, &quot;la flor y nata&quot; o la &quot;vida alta&quot; &#40;Whiteford 1963, p. 40&#41; . Las categorizaciones, sin embargo, pueden ser asimiladas de manera distinta, y es as&iacute; como el t&eacute;rmino &quot;clase baja&quot;&mdash;especialmente en comparaci&oacute;n con la ciudad de Quer&eacute;taro en M&eacute;jico&mdash;era &quot;usado muy infrecuentemente porque todos lo consideraban degradante, y prefer&iacute;an el de &#39;clase humilde&#39;, &#39;clase trabajadora&#39;, o simplemente &#39;los pobres&#39;&quot;&#40;Whiteford, 1963,p. 149&#41; . Teniendo en cuenta el trabajo de los Whiteford se observa que existe una atenci&oacute;n m&aacute;s detenida a los usos y valoraciones de estas categor&iacute;as en espacios p&uacute;blicos en donde las interacciones sociales son m&aacute;s recurrentes. El espacio urbano y social constituye un marco de referencia para ilustrar este aspecto, dentro del cual los caf&eacute;s constituyen un paradigma de ese tipo de interacciones y valoraciones sociales de las jerarqu&iacute;as existentes entre grupos.</p>      <p>Como en muchas ciudades coloniales, el centro de la ciudad constitu&iacute;a en Popay&aacute;n el espacio a partir del cual gravitaba la vida social. Antes de 1983, Whiteford nos recuerda c&oacute;mo, por ejemplo, a pesar de que la ciudad aparec&iacute;a para el for&aacute;neo como una ciudad l&aacute;nguida y triste, la vida social transcurr&iacute;a en los teatros, los clubes privados, los caf&eacute;s <sup><a    name="s4" href="#4">4</a></sup> y por supuesto en la plaza central.</p>  <ul>    <p>All&iacute;, todav&iacute;a m&aacute;s que en Quer&eacute;taro, era un pasatiempo favorito el pasear, y cada tarde, despu&eacute;s de las cinco, las calles se llenaban de grupos, familias y parejas, que caminaban y hablaban en la tranquila y blanda tarde. Algunos se deten&iacute;an a charlar en la plaza, otros se paraban en los caf&eacute;s atestados, las mujeres, los muchachos y los j&oacute;venes observaban el flujo de la gente mientras com&iacute;an &quot;salpicones&quot; hechos de frutas o beb&iacute;an gaseosas en las fuentes de soda, y otros recorr&iacute;an lentamente la ligera pendiente hasta la piscina y regresaban a un caf&eacute; o a uno de los peque&ntilde;os restaurantes a comer &#39;empanadas&#39; o &#39;tamales&#39;&#40;Whiteford, 1963, p. 104&#41; .</p>    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>      <p>Aunque es dif&iacute;cil establecer cu&aacute;ntos caf&eacute;s exist&iacute;an, digamos, en la d&eacute;cada de 1950 &#40;como referencia, en 1951 la ciudad contaba con aproximadamente 31.866 habitantes; ver Whiteford, 1963&#41; , la mayor&iacute;a de estos lugares p&uacute;blicos se encontraban en el centro, aunque tambi&eacute;n se sabe que exist&iacute;an en otras barriadas de la ciudad.<sup><a    name="s5" href="#5">5</a></sup> A partir de informaci&oacute;n recolectada en el peri&oacute;dico local <i>El Liberal</i> &#40;1941&#41; , en donde se hac&iacute;a una campa&ntilde;a nacional para motivar el consumo del caf&eacute;, un reportero identificaba cinco caf&eacute;s en la ciudad donde se servir&iacute;a&quot;tinto&quot; gratis &#40;expresi&oacute;n para referir a una peque&ntilde;a taza de caf&eacute;&#41; : <i>&#39;Nimbus&#39;, &#39;El El&eacute;ctrico&#39;, &#39;La Playa&#39;, &#39;Purac&eacute;&#39;y &#39;Aguila de Oro&#39;</i>&#40;Liberal, 1941, p. 1 y &uacute;ltima&#41; &#40;ver <a href="#sf1">imagen 1</a>&#41; . Es muy probable que hayan existido m&aacute;s caf&eacute;s, ya que estos negocios cambiaban de propietarios, otros eran menos visibles, unos desaparec&iacute;an, otros eran creados, etc<sup><a    name="s6" href="#6">6</a></sup>. Whiteford &#40;1963, p. 144&#41; se&ntilde;ala que los lugares favoritos para disfrutar buena parte del tiempo por parte de los hombres de la clase media-baja eran los caf&eacute;s, los billares donde se escuchaba m&uacute;sica y se tomaba cerveza. Tambi&eacute;n exist&iacute;an aquellos caf&eacute;s como aqu&eacute;l que quedaba cerca del centro, adjunto a la piscina p&uacute;blica. Igual acontec&iacute;a en los barrios perif&eacute;ricos de la ciudad en donde las &quot;clases bajas&quot; tambi&eacute;n se recreaban. Tal como lo anota este autor: &quot;en Popay&aacute;n, largo rato despu&eacute;s de que el resto de la ciudad estaba oscuro y silencioso, avanzaba la noche, las cantinas y caf&eacute;s cerca de los sectores de la clase baja estaban iluminados y animados por los roncos sonidos de la radiola&quot; &#40;Whiteford, 1963, p. 211&#41; <sup><a    name="s7" href="#7">7</a></sup>. Un aspecto interesante a se&ntilde;alar aqu&iacute; es la proximidad de estos barrios perif&eacute;ricos con la ruralidad y, particularmente, con &aacute;reas de producci&oacute;n cafetera; aspecto que se reflejaba &#40;como tambi&eacute;n ocurre hoy en d&iacute;a&#41; en las calles de algunos de estos barrios donde se seca caf&eacute; y donde algunas familias todav&iacute;a tienen nexos con municipios del departamento de donde proceden. Este contraste se diluye a medida que se avanza hacia el centro de la ciudad, en donde el caf&eacute; es transformado y consumido <sup><a    name="s8" href="#8">8</a></sup>.</p>      <p align=center><img src="img/revistas/res/n25/25a09f1.jpg"><a name="sf1"></a></p>      <p>En general, y de acuerdo con Whiteford, los caf&eacute;s eran sitios frecuentados y clasificados de acuerdo con su clientela: uno era m&aacute;s visitado por ganaderos, otro por profesionales y otro por los estudiantes de la Universidad del Cauca, la cual hac&iacute;a parte de la tradici&oacute;n local y del orgullo de las clases dirigentes de la ciudad. A pesar de esta clasificaci&oacute;n, se podr&iacute;a afirmar que los caf&eacute;s eran principalmente espacios de dominio masculino; caracter&iacute;stica de naturaleza exclusivista que en el segundo momento post-terremoto cambiar&iacute;a para ciertos caf&eacute;s &#40;ver abajo&#41; . Frente a estas dos caracter&iacute;sticas, tipificaci&oacute;n de acuerdo con la clientela y con su g&eacute;nero, se reafirman procesos de identidad y del orden social de la misma ciudad. Analicemos cada una de ellas. En cuanto a la clientela, tal como lo ilustra este anuncio publicado en El Liberal, los caf&eacute;s pod&iacute;an ser espacios sociales amplios que ofrec&iacute;an distintas bebidas y refrescos, al igual que mesas de billar para el entretenimiento de sus asistentes<sup><a    name="s9" href="#9">9</a></sup>. </p>      <p>A pesar de estas condiciones, los caf&eacute;s, como lo anota Whiteford, eran clasificados de acuerdo con la concurrencia de los visitantes quienes defin&iacute;an su estilo, esp&iacute;ritu o ambiente social. El ambiente literario, acad&eacute;mico y profesional que se respiraba en algunos de estos caf&eacute;s es uno de estos ejemplos en donde la intersecci&oacute;n entre educaci&oacute;n superior, ciudad blanca y distinci&oacute;n social era notoria <sup><a    name="s10" href="#10">10</a></sup>. Por ejemplo, en 1944 un estudiante universitario que escribi&oacute; un art&iacute;culo en el peri&oacute;dico local bajo el seud&oacute;nimo de Simbad &#40;1944&#41; , se&ntilde;alaba que la vida en los caf&eacute;s era de &quot;una gran vivacidad&quot;, de una &quot;riqueza anecd&oacute;tica y de una gran concurrencia y participaci&oacute;n de personas&quot;. Este aspecto de la participaci&oacute;n y la democracia, tambi&eacute;n vinculado en el &aacute;mbito de la producci&oacute;n cafetera &#40;e.g. Nieto Arteta, 1975&#41; , fue ilustrado claramente por Simbad: &quot;la noble instituci&oacute;n del caf&eacute; lleg&oacute; al pa&iacute;s junto con la democracia. En las colonias, los caf&eacute;s no exist&iacute;an debido a que los encuentros eran privados y muy discretos. El caf&eacute; debe ser visto en el contexto de la plaza p&uacute;blica&quot; &#40;Simbad, 1944, p. 3 y &uacute;ltima&#41; . M&aacute;s adelante, el mismo periodista nos presenta una caracterizaci&oacute;n de los caf&eacute;s:</p>  <ul>    <p>En El El&eacute;ctrico encontraremos un ambiente pausado y zumb&oacute;n, donde las ideas m&aacute;s grandes y los hechos m&aacute;s voluminosos, bajar&aacute;n a la simple categor&iacute;a de motivos para hacer la tertulia. En el Ãguila encontrareis gontes &#91;sic, Â¿tal vez gentes?&#93; que van resueltas a buscar los azares del alcohol, en un ambiente denso de humo, de tangos acatarrados y de boleros l&aacute;nguidos. Por eso los s&aacute;bados por la noche, su atm&oacute;sfera arde como una llama y hay un fuerte aleteo de manos que gesticulan y se elevan sobre el ambiente, haci&eacute;ndolo m&aacute;s alegre y m&aacute;s m&oacute;vil y por &uacute;ltimo tenemos el Caf&eacute; Popay&aacute;n, en donde se ejercita libremente el tonto y simple deporte del billar y en donde nos damos un ba&ntilde;o de euforia viendo la sonrisa permanente de V&iacute;ctor Vivas &#40;Simbad, 1944, p. 3 y &uacute;ltima&#41; .</p>    </ul>      <p>Seg&uacute;n la lectura del analista social, en los caf&eacute;s era posible observar cierta pol&iacute;tica y actitud entre los asistentes de dichos espacios p&uacute;blicos. Es decir, por la forma de vestir, la manera de expresarse y especialmente por el uso de los apellidos, los participantes establec&iacute;an el modo de distinci&oacute;n social, dando as&iacute; importancia a la procedencia o el origen social. Se institu&iacute;a entonces sobre la existencia de cierta clientela &quot;con clase&quot;. Este reconocimiento de lo social fue ilustrado por un historiador local, quien en carne propia vivi&oacute; su experiencia en el caf&eacute; El El&eacute;ctrico, donde despu&eacute;s de algunos a&ntilde;os de ausencia no fue reconocido por alguien, generando un conflicto personal oblig&aacute;ndose &eacute;l mismo a hacerse valer como alguien reconocido en la ciudad &#40;Entrevista Diego Castrill&oacute;n, 2003&#41; . El caf&eacute; El El&eacute;ctrico, m&aacute;s tarde conocido como caf&eacute; Alc&aacute;zar, se localizaba en una de las esquinas de la plaza central y era frecuentado por pol&iacute;ticos, intelectuales, profesionales, estudiantes y profesores de la Universidad &#40;ver im&aacute;genes <a href="#sf2">2</a>, <a href="#sf3">3</a> y <a href="#sf4">4</a>&#41; . Adem&aacute;s de la barra, el caf&eacute; contaba con dos grandes secciones: una que correspond&iacute;a a las mesas con sillas en donde se serv&iacute;a el caf&eacute; y la otra donde funcionaban algunas mesas de billar. Los dos espacios estaban separados, aunque dicha distribuci&oacute;n no era totalmente exclusiva de este tipo de caf&eacute;s; tal como se puede observar todav&iacute;a hoy en caf&eacute;s como el Colombia. Hasta el 30 de marzo de 1982, caf&eacute;s como El El&eacute;ctrico manifestaban el orden y distinci&oacute;n social que los locales, especialmente personas cercanas a grupos sociales de las &eacute;lites, reflejaban en sus visitas diarias. Aunque el ingreso all&iacute; era abierto, la &quot;aceptaci&oacute;n social era una cuesti&oacute;n reservada; los emboladores eran aceptados pero gentes de clase popular casi no&quot; &#40;Entrevista Diego Castrill&oacute;n, 2003&#41; . Esto resaltaba con otros tipos de caf&eacute; m&aacute;s &quot;populares&quot; como el Colombia, en el que se pod&iacute;a apreciar otro tipo de clientela de condici&oacute;n social distinta y quienes asist&iacute;an para tomarse un &quot;tinto&quot; o simplemente buscaban un motivo para pasar la ma&ntilde;ana o las tardes mustias en la ciudad, tal y como lo hac&iacute;an sus similares. </p>      <p align=center><img src="img/revistas/res/n25/25a09f2.jpg"><a name="sf2"></a></p>      <p align=center><img src="img/revistas/res/n25/25a09f3.jpg"><a name="sf3"></a></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En otro orden, en los caf&eacute;s se encontraba la &uacute;ltima noticia o novedad relacionada con la vida citadina; la visita de alg&uacute;n mago reconocido, grupos de danza, teatro, o el comentario sobre alg&uacute;n pol&iacute;tico en particular. As&iacute;, por ejemplo, en la esquina donde funcion&oacute; el caf&eacute; El El&eacute;ctrico se ubicaban avisos y anuncios sobre eventos destacados en la ciudad &#40;ver <a href="#sf2">imagen 2</a>&#41; . Debe aclararse, sin embargo, que la pol&iacute;tica en estos lugares no representaba una subversi&oacute;n o amenaza al orden social establecido mediante alg&uacute;n tipo de conspiraci&oacute;n y agitaci&oacute;n social, como ocurri&oacute; en los caf&eacute;s de Paris, y en parte en Londres, Alemania y Argentina &#40;Banks, McFadden et al., 2003; Bramah, 1972; Burnett, 1999; Cowan, 2004; Dicum &amp; Luttinger, 1999; Haine, 1992, p. 610; Ohienart, 2005; Schivelbusch, 1993; Ukers, 1922&#41; . En Popay&aacute;n la pol&iacute;tica era un asunto menos de subversi&oacute;n que de contestaci&oacute;n y discusi&oacute;n que iba desde lo local, pasando por lo regional y hasta involucrar el &aacute;mbito nacional. En caf&eacute;s como El El&eacute;ctrico, muchos clientes dec&iacute;an con orgullo c&oacute;mo la ciudad le hab&iacute;a aportado al pa&iacute;s m&aacute;s de 20 presidentes de la Rep&uacute;blica, y c&oacute;mo reconocidos senadores de la ciudad fueron protagonistas de la gran pol&iacute;tica nacional. Uno de los propietarios de otro caf&eacute; vecino a El El&eacute;ctrico, el caf&eacute; Colombia se&ntilde;alaba que en El El&eacute;ctrico &quot;pr&aacute;cticamente se nombraban funcionarios p&uacute;blicos destacados no s&oacute;lo aqu&iacute; en Popay&aacute;n sino tambi&eacute;n a nivel de ministerios a nivel nacional. Mucho antes de que se nombraran estos funcionarios, en el caf&eacute; ya se sab&iacute;a qui&eacute;nes iban a ser los designados&quot; &#40;Entrevista El Gitano, 2006&#41; .</p>      <p>En otro orden, Whiteford &#40;1963, p. 104&#41; tambi&eacute;n anota que &quot;en el caf&eacute; un hombre no solamente pod&iacute;a conversar sobre negocios sino tambi&eacute;n hacer nuevos contactos y definir su posici&oacute;n en la pol&iacute;tica. Invariablemente beb&iacute;a innumerables pocillos de &#39;tinto&#39; y en la tarde pod&iacute;a seguir con cerveza, jugar billar, o trasladarse a su club a tomar bebidas m&aacute;s fuertes y a jugar cartas&quot;. En 1982 todav&iacute;a exist&iacute;an algunos de estos caf&eacute;s con otros nombres, pero ocupando b&aacute;sicamente el mismo espacio que tradicionalmente hab&iacute;an ocupado. El caf&eacute; Colombia, localizado a 100 metros de la plaza central de la ciudad, era frecuentado por ganaderos, comerciantes y personas de distintas clases sociales y que contrastaba con la clientela del caf&eacute; El El&eacute;ctrico; contraste que como veremos contin&uacute;a, pero con ciertos cambios que reflejan las condiciones sociales de la ciudad &#40;ver <a href="#sf4">imagen 4</a>&#41; .</p>      <p align=center><img src="img/revistas/res/n25/25a09f4.jpg"><a name="sf4"></a></p>      <p>La otra caracter&iacute;stica que asociaba a espacios sociales como los caf&eacute;s tiene que ver con las distinciones de g&eacute;nero. En la antropolog&iacute;a estas distinciones de g&eacute;nero, espacio y procesos de identidad ha sido ya discutida &#40;e.g. Brown, 1996; Fischer, 1999; Jenkins, 1996; Kottak, 2000; Sokefeld, 1999; Zonabend, 1977&#41; . En un manual de antropolog&iacute;a como el de Kottak &#40;2000, p.419, mi traducci&oacute;n&#41; , por ejemplo, se explica que &quot;los roles de g&eacute;nero son las tareas y actividades que una cultura asigna a cada sexo&quot;. En este sentido, el autor sugiere que &quot;una distinci&oacute;n entre el trabajo dom&eacute;stico de las mujeres y el trabajo productivo &#39;extra-dom&eacute;stico&#39; de los hombres puede reforzar un contraste entre lo masculino como p&uacute;blico y valioso y lo femenino como dom&eacute;stico e inferior&quot; &#40;Kottak, 2000, p. 419, mi traducci&oacute;n&#41; . Aunque esta valoraci&oacute;n te&oacute;rica puede dar cuenta de la condici&oacute;n diferencial en cuanto a g&eacute;nero y espacio que se daba en Popay&aacute;n en el per&iacute;odo antes del terremoto, su apreciaci&oacute;n tiene que ser valorada etnogr&aacute;ficamente. Ciertamente, a trav&eacute;s de los testimonios y observaciones obtenidas antes y despu&eacute;s del terremoto de 1983, los caf&eacute;s segu&iacute;an conservando esa diferenciaci&oacute;n de g&eacute;nero en su uso, valoraci&oacute;n y apropiaci&oacute;n&mdash;aunque no era la &uacute;nica modalidad, como veremos en el per&iacute;odo postterremoto.</p>      <p>Como bien lo indic&aacute;bamos anteriormente, los caf&eacute;s eran espacios masculinos; y esto aplicaba tanto para los caf&eacute;s que eran visitados por profesionales, comerciantes y ganaderos asociados con la &eacute;lite &#40;e.g. caf&eacute; El El&eacute;ctrico&#41; , como para aquellos que eran frecuentados por comerciantes y personas de menor &#39;status social&#39; &#40;e.g. caf&eacute; Colombia&#41; <sup><a name="s11" href="#11">11</a></sup>, en t&eacute;rminos de los grupos sociales dominantes. La presencia de mujeres atractivas, las cuales eran contratadas como &quot;coperas&quot; o &quot;camareras&quot;, pronto lleg&oacute; a convertirse en una modalidad com&uacute;n<sup><a name="s12" href="#12">12</a></sup>. De acuerdo con El Gitano &#40;Entrevista, 2006&#41; , los propietarios del caf&eacute; <i>&quot;El El&eacute;ctrico</i>&quot; fueron los primeros en &quot;innovar&quot; al contratar mujeres en el caf&eacute;. Todav&iacute;a &eacute;l recuerda una &quot;rubia atractiva&quot; que era la &quot;sensaci&oacute;n&quot; en el caf&eacute;. &quot;Ya despu&eacute;s otros empezaron a hacer lo mismo, a contratar mujeres para servir los tintos&quot;. La presencia de las mujeres en los caf&eacute;s entonces tuvo un papel sumiso en las relaciones de g&eacute;nero en la que el rol de hombre admirador y seductor aparec&iacute;a de manera prominente. Al respecto, Whiteford &#40;1963, p. 102&#41; nos explica:</p>  <ul>    <p>Las camareras de los caf&eacute;s y cantinas eran consideradas como v&iacute;ctimas corrientes y las muchachas de las clases bajas estaban constantemente en peligro de ser molestadas o seducidas. Los j&oacute;venes de las clases media y alta desempe&ntilde;aban el papel del macho ardiente como est&aacute; prescrito tradicionalmente en la cultura latinoamericana y desfogaban con las prostitutas y muchachas de clase baja las pasiones que sent&iacute;an frustradas por los limitados contactos que se les permit&iacute;a tener con las mujeres de su propio status social.</p>    </ul>      <p>Los caf&eacute;s entonces tipificaban el espacio masculino donde hombres se reconoc&iacute;an en su condici&oacute;n, mientras el espacio de las mujeres, al menos aquel que las &eacute;lites socialmente prescrib&iacute;an como aceptable, se configuraba en el hogar donde la crianza de los hijos era posible. En resumen, guardando el contexto social, y como bien lo anota Zonabend &#40;1977, pgs. 273, 279, mi traducci&oacute;n&#41; : &quot;el hombre est&aacute; designado por lo tanto en su referencia espacial, &eacute;l est&aacute; situado en un espacio geogr&aacute;fico. La mujer, como tambi&eacute;n el ni&ntilde;o&#40;a&#41; , son nominados en un tiempo geneal&oacute;gico &#40;...&#41; Toponimia y patronimia constituyen dos lenguajes en espejo. Un continuum existe entre espacio nominado y sociedad denominada&quot;. Para el caso ilustrado de los caf&eacute;s ya ejemplificados, no s&oacute;lo se presentaban en un continuum sino tambi&eacute;n un discontinuum caracterizado por la naturaleza del espacio constituido en el contexto de la vida social urbana. Es decir, lo que hac&iacute;an los hombres en los caf&eacute;s contrastaba con el rol que desempe&ntilde;aban en los hogares. Sin embargo, la fijaci&oacute;n de los espacios sociales a un g&eacute;nero particular, en este caso masculino, se ver&iacute;a afectado en su campo sem&aacute;ntico.</p>      <p>Efectivamente, el 31 de marzo de 1983 a las 8:10 de la ma&ntilde;ana, un sismo de alta intensidad casi destruye la ciudad. Los cimientos no s&oacute;lo f&iacute;sicos sino tambi&eacute;n sociales se vieron afectados, dando paso a una nueva fisonom&iacute;a de Popay&aacute;n; con ella, los caf&eacute;s &quot;tradicionales&quot; desaparecen, para regresar a&ntilde;os despu&eacute;s en el contexto de la &quot;crisis cafetera&quot;, ofreciendo ser una &quot;ventana abierta&quot; a la vida social de una ciudad nost&aacute;lgicamente recordada. Los valores aristocr&aacute;ticos de antes del sismo tambi&eacute;n se ver&iacute;an afectados con el cambio fison&oacute;mico de la ciudad, y los referentes de nuevas clases de profesionales cercanos a una forma de burgues&iacute;a empezar&iacute;an a crear nuevos referentes sociales basados en los espacios de interacci&oacute;n, y dentro de estos los nuevos caf&eacute;s.</p>      <p><b>La ciudad de hoy: renovaci&oacute;n de los caf&eacute;s y reestructuraci&oacute;n del orden social</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s del terremoto de 1983, el departamento de antropolog&iacute;a de la Universidad del Cauca produjo un c&uacute;mulo de investigaciones referidas al fen&oacute;meno en s&iacute; y, en otros casos, al impacto que el sismo produjo en t&eacute;rminos de cambio social y cultural. A partir de estos trabajos se identificaron procesos migratorios, de re-territoralizaci&oacute;n del espacio urbano y las adaptaciones a nuevos espacios que se dieron en aquel per&iacute;odo. El proceso de reconstrucci&oacute;n de la ciudad tom&oacute; m&aacute;s de una d&eacute;cada, y la nueva fisonom&iacute;a urbana implic&oacute; el desplazamiento de la mayor&iacute;a de las grandes familias due&ntilde;as de las casonas en el centro, para dar lugar a espacios comerciales, bancarios y gubernamentales &#40;ver <a href="#sf3">imagen 3</a>&#41; . Como bien se anot&oacute;, la ciudad creci&oacute; cualitativa y cuantitativamente produciendo un nuevo dinamismo que se vio reflejado en una resignificaci&oacute;n de espacios urbanos como el centro hist&oacute;rico, el surgimiento de barrios de clase alta localizados en el norte de la ciudad y otros conjuntos cerrados de viviendas habitados por familias de profesionales. En cierta manera, la mayor&iacute;a de las casonas coloniales pertenecientes a las familias de apellido de &quot;alta alcurnia&quot; se vieron sustituidas por espacios institucionales y colectivizados. Detr&aacute;s de las fachadas blancas, sin embargo, todav&iacute;a exist&iacute;an vestigios y manifestaciones de la jerarqu&iacute;a social imperante antes del terremoto, y eventualmente hoy todav&iacute;a es posible escuchar comentarios repetitivos en diferentes formatos sobre la ciudad que se &quot;perdi&oacute;&quot; despu&eacute;s del sismo de 1983.</p>      <p>Frente a este escenario, los caf&eacute;s en el centro de la ciudad tambi&eacute;n tuvieron continuidades y discontinuidades. Algunos de ellos, como el caf&eacute; Colombia, siguieron siendo frecuentados por ganaderos, comerciantes y pensionados de distintas clases sociales. Este caf&eacute; continu&oacute; ocupando el mismo espacio de antes del sismo de 1983, aunque parte de la distribuci&oacute;n espacial interna se vio sustancialmente afectada, perdiendo parte de los cub&iacute;culos que eran ocupados por los grandes clientes, en donde realizaban juegos &#40;como naipe&#41; y en donde se hac&iacute;an grandes apuestas de bienes como fincas y casas &#40;Entrevista El Gitano, 2006&#41; . Sin embargo, los caf&eacute;s al estilo del caf&eacute; El El&eacute;ctrico, en donde pol&iacute;ticos, intelectuales, estudiantes, profesionales y locales exhib&iacute;an sus valores de distinci&oacute;n social, perdieron su espacio. Fue solamente m&aacute;s de una d&eacute;cada despu&eacute;s que nuevos caf&eacute;s empezaron a surgir retomando esos valores de distinci&oacute;n. La aparici&oacute;n de nuevos caf&eacute;s como Kaldivia, perteneciente a un consorcio de inversionistas familiarizados con la industria cafetera, es apenas un ejemplo.</p>      <p>B&aacute;sicamente, la &quot;crisis cafetera&quot; reciente permiti&oacute; ahondar o explorar alternativas de superaci&oacute;n, entre las cuales la expansi&oacute;n del consumo aparece como una de las principales. A diferencia de Brasil, que ostenta un volumen sostenido y creciente de consumo, Colombia muestra unas cifras menos constantes y en crecimiento: en 1986/1987, por ejemplo, mientras el pa&iacute;s consum&iacute;a 1.700.000 sacos de caf&eacute; de 60 Kgs en 1991/1992, la cifra apenas llegaba a aproximadamente 1.400.000.00 sacos &#40;Unctad, 1995, p. 65&#41; . Esta situaci&oacute;n de crisis fue la que aleccion&oacute; el incremento del consumo a distintos niveles y, entre estas motivaciones, estuvo la creaci&oacute;n de nuevos caf&eacute;s. Para el a&ntilde;o 2003 ya exist&iacute;an m&aacute;s de 20 caf&eacute;s en Popay&aacute;n, distribuidos en todos los puntos cardinales de la ciudad; aun as&iacute;, la mayor&iacute;a de ellos eran considerados m&aacute;s como cafeter&iacute;as&mdash;expresi&oacute;n que asocia el consumo de caf&eacute; y de otras bebidas, aunque en M&eacute;jico se toma como &quot;restaurante modesto&quot; &#40;Espa&ntilde;ola, 2001, p. 263&#41; . En cuanto a los caf&eacute;s como lugares exclusivos para el consumo de una taza de caf&eacute;, con cierto sentido de pertenencia, exist&iacute;an tres en la ciudad: Tierradentro, el cual era frecuentado por extranjeros y admiradores de la cultura ind&iacute;gena del nororiente del departamento entre otros, el caf&eacute; La Plazuela vinculado con un hotel reconocido en la ciudad y Kaldivia, creado en el a&ntilde;o 2002 presentando una renovaci&oacute;n en los valores sociales distintivos que anta&ntilde;o presentaba la ciudad<sup><a    name="s13" href="#13">13</a></sup>. Este &uacute;ltimo caso resulta significativo, en la medida en que el espacio como tal presenta una combinaci&oacute;n de lo tradicional y lo moderno. Hablamos de lo tradicional, porque a trav&eacute;s de estos espacios se trata de renovar el sentido de la distinci&oacute;n que caracteriza a personas vinculadas al grupo social de &eacute;lites, pol&iacute;ticos, empresarios o de profesionales exitosos quienes aparecen como clientes frecuentes. Este aspecto se vio reflejado en el acondicionamiento del espacio, el cual invitaba a personas con cierto &quot;gusto&quot; especial por el conocimiento del caf&eacute;, as&iacute; como en que sus bebidas se mezclaban discretamente con alcohol, y la tecnolog&iacute;a y los objetos que adornaban el lugar invitaban al visitante a sentirse parte de ese espacio de segregaci&oacute;n social. Un visitante especialista en el proceso de transformaci&oacute;n del caf&eacute; me ofreci&oacute; la siguiente descripci&oacute;n &#40;Entrevista Jefe de Producci&oacute;n Trilladora <i>La Generosa</i>, 2004&#41; :</p>  <ul>    <p>Kaldivia es un sitio &quot;exclusivo&quot; de Popay&aacute;n. Utilizo este t&eacute;rmino para designar exclusi&oacute;n, es decir que es frecuentado m&aacute;s que todo por gente de un nivel considerado un poco alto ya que los precios de un caf&eacute; corriente o especial siempre son altos. Tambi&eacute;n es exclusivo porque es un lugar para las personas que conozcan un poco de caf&eacute; y quieran disfrutar de una buena taza. Es un sitio donde una persona puede ir a hojear un peri&oacute;dico mientras se toma un buen tinto o tambi&eacute;n puede ser un punto de encuentro en donde se va a hablar acerca de alg&uacute;n negocio. Puede ser utilizado como tertuliadero o mejor dicho como &quot;chismoseadero de se&ntilde;oras&quot; por lo que pude observar. Y en este punto quiero decir que es visitado casi en igual proporci&oacute;n por hombres que por mujeres. Por su ambiente calmado y acogedor deber&iacute;a ser unbuen sitio para leer libros cuando est&eacute; lloviendo, por ejemplo, porque en realidad para leer me parece mejor el parque Caldas. Yo lo definir&iacute;a como una cafeter&iacute;a fina, desde el punto de vista social o sociol&oacute;gico &#91;.....&#93;</p>    </ul>      <p>Esta apreciaci&oacute;n social, de alguien procedente de otra disciplina m&aacute;s localizada en el campo tecnol&oacute;gico, tipifica algo de lo que la ciudad extra&ntilde;aba antes del sismo de 1983: la importancia de ser distinguido socialmente, aunque tales intenciones se hayan modificado o transformado por la presencia de nuevas clientelas y, especialmente, nuevas generaciones de profesionales y comerciantes. Tal como nos dice el especialista en caf&eacute;:</p>  <ul>    <p>Este caf&eacute; es un sitio copiado de los caf&eacute;s de las grandes ciudades del mundo &#40;digo esto por lo que he le&iacute;do acerca de esos sitios&#41; porque en realidad Colombia a trav&eacute;s de los a&ntilde;os ha sido un pa&iacute;s exportador de caf&eacute; y no un pa&iacute;s consumidor de buen caf&eacute;. En esta medida pienso que existe un poco de motivaci&oacute;n &#39;loba&#39; &#91;presumida y ostentosa&#93; en algunas de las personas que asisten a estos lugares; es decir, que asisten all&iacute; porque sienten que haci&eacute;ndolo se destacan socialmente.</p>    </ul>      <p>Es claro entonces que esta forma de destacarse socialmente y de establecer negocios no ocurre en un vac&iacute;o social. Los inversores deben pensar en el medio social en el cual tales inversiones se puedan realizar. Aqu&iacute; la emergencia de una burgues&iacute;a que soporta su reconocimiento en la individualidad y el control de la natalidad, por fuera de ataduras familiares o del tiempo, aparecen de manera destacada &#40;cfr. Bourdieu, 1984&#41; . Al cabo del a&ntilde;o de ser inaugurado el caf&eacute; Kaldivia, por ejemplo, los due&ntilde;os organizaron un evento de cataci&oacute;n de caf&eacute;, en el que al final el conocimiento por &quot;el gusto al caf&eacute; y al aroma&quot; result&oacute; de manera distintiva como un valor socialmente adquirido. Igualmente, en esta actividad se pudo conjugar la interacci&oacute;n de una mentalidad aristocr&aacute;tica que, a juzgar por los comentarios, dej&oacute; entrever esa relaci&oacute;n renovada por la ciudad y expres&oacute; su conformidad con la creaci&oacute;n de un sitio como estos, ya que &quot;tanta falta le hac&iacute;an a la ciudad&quot; o que junto con &quot;la torre del reloj, el caf&eacute; ya es parte de la tradici&oacute;n de la ciudad&quot;, etc. Estas dos valoraciones, la aristocr&aacute;tica y la burguesa, permiten sugerir que no son excluyentes y que entre una y otra se establecen de manera conciliada. Recientemente &#40;2005&#41; se han creado otros caf&eacute;s en los que valores sociales y de contextualizaci&oacute;n &#40;manejo de im&aacute;genes for&aacute;neas, uso de colores ocres, la presencia de objetos y equipos que se asocian con el procesamiento del caf&eacute; y que evocan un tiempo singular anclado en el pasado&#41; resultan similares a los presentados por Kaldivia. Estos nuevos caf&eacute;s tales como <i>El Madeira</i>, tambi&eacute;n localizados en el centro, reproducen de manera similar el ambiente social inaugurado por Kaldivia. Aqu&iacute; cabr&iacute;a anotar que m&aacute;s que una confrontaci&oacute;n entre una mentalidad aristocr&aacute;tica y otra burguesa emergente, se tratar&iacute;a de una estrategia de renovaci&oacute;n y adecuaci&oacute;n de los valores anclados en un pasado colonial y el surgimiento de nuevos profesionales y empresarios que empiezan a formarse en centros de educaci&oacute;n superior <sup><a name="s14" href="#14">14</a></sup>. Pero de otro lado, se incorporan nuevos elementos que la misma educaci&oacute;n superior viene promoviendo en cuanto a relaciones iguales de g&eacute;nero. En estos caf&eacute;s como <i>Kaldivia</i>, ya el espacio no es tan masculino como en el pasado. J&oacute;venes, mujeres adultas y hombres concurren con la misma intensidad y preocupaci&oacute;n por socializar. Las &quot;coperas&quot; y &quot;meseras&quot; dieron paso a j&oacute;venes universitarios de ambos sexos, quienes atienden con trajes o uniformes corporativos alusivos al caf&eacute;.</p>      <p>Este contraste de la historia social de los caf&eacute;s en un momento pre-terremoto y otro post-terremoto, tambi&eacute;n invita a considerar y comparar otros aspectos con caf&eacute;s menos exclusivistas como el caf&eacute; Colombia. A diferencia de los nuevos caf&eacute;s, este continu&oacute; abierto algunos meses despu&eacute;s del terremoto y, si bien perdi&oacute; buena parte de la muebler&iacute;a y el espacio reservado para la pr&aacute;ctica de variados juegos de sal&oacute;n &#40;cartas o naipes, principalmente&#41; , conserv&oacute; el ambiente abierto de participaci&oacute;n de una clientela variada; aunque tambi&eacute;n preserv&oacute; el dominio masculino que lo caracteriz&oacute; en el per&iacute;odo pre-terremoto. Las &quot;meseras&quot; o &quot;coperas&quot; siguen atendiendo, ahora acompa&ntilde;adas de mujeres ya reconocidas que venden &quot;chance&quot; o boletos de loter&iacute;a. Todav&iacute;a se permite el espacio abierto para que gentes de distinta condici&oacute;n, desde vendedores ambulantes de comidas, art&iacute;culos varios, ropa, etc., ingresen y soliciten el servicio correspondiente. A&uacute;n se conserva la divisi&oacute;n del &aacute;rea del caf&eacute; en la parte frontal, debidamente separada del &aacute;rea de juegos de billar; contando al fondo con la innovaci&oacute;n de juegos de azar conocidos como &quot;maquinitas&quot;. Eventualmente, la presencia de mujeres se valida, especialmente si va a acompa&ntilde;ada de alg&uacute;n hombre.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A la luz de la experiencia observada en caf&eacute;s como Kaldivia, el caf&eacute; Colombia sostiene su &quot;tradici&oacute;n&quot; aunque cambios recientes en el ambiente indican que tambi&eacute;n tienen la capacidad para adoptar y adaptar nuevos cambios que motiven o fortalezcan la presencia de nueva clientela. La existencia de este tipo de caf&eacute;s en una ciudad como Popay&aacute;n validan la idea que planteamos inicialmente en este art&iacute;culo: a trav&eacute;s de los caf&eacute;s es posible apreciar cambios socialmente significativos en las sociedades y c&oacute;mo estos cambios son aprovechados para el restablecimiento del orden social y el fortalecimiento de valores sociales identitarios de grupos sociales dominantes De igual manera, otro tipo de caf&eacute;s contin&uacute;an con otra tradici&oacute;n pero en su estilo abierto y menos &quot;exclusivista&quot;. En este &aacute;mbito, las ideas no son s&oacute;lo transferidas sino tambi&eacute;n apropiadas y reinterpretadas para producir significaciones que demarcan fronteras que grupos de poder demandan para s&iacute; como formas de control y distinci&oacute;n social. Igualmente, si bien en esta trayectoria aparecen elementos de cambio, existen condiciones de continuidad de valores o tradiciones ya establecidas antes del terremoto de 1983, tal y como aconteci&oacute; con las relaciones de g&eacute;nero que se proyectaron en el caf&eacute; Colombia.</p>      <p><b>Conclusi&oacute;n: el ciclo del caf&eacute;, crisis y diferenciaciones sociales</b></p>      <p>En este art&iacute;culo se ha analizado el caso de los caf&eacute;s como espacios sociales significativos, en los que a trav&eacute;s del tiempo se pueden apreciar las continuidades y discontinuidades sociales que grupos de poder ejercen en una ciudad colonial como Popay&aacute;n. Aunque se requiere m&aacute;s investigaci&oacute;n para proveer detalles de lo que ocurre dentro de los caf&eacute;s y su relaci&oacute;n con otros espacios sociales e instancias de interacci&oacute;n social, los ejemplos sirven para enmarcar la importancia de articular los procesos productivos y de consumo cuando se trate de comprender el caf&eacute; en sus diferentes ciclos.</p>      <p>El argumento presentado aqu&iacute; es que los nuevos caf&eacute;s creados durante el per&iacute;odo de crisis han implicado la introducci&oacute;n de nuevos conceptos de marketing, en los que su articulaci&oacute;n con los valores en el orden social aparecen como una estrategia de adaptaci&oacute;n. Dicha adaptaci&oacute;n, por ejemplo, tuvo en cuenta valores de distinci&oacute;n social que todav&iacute;a se observan en el centro de la ciudad en distintos &aacute;mbitos. En suma, los proponentes de nuevos negocios de caf&eacute;s reflexionaron sobre aquellos aspectos socioculturales t&iacute;picos de la ciudad colonial que pod&iacute;an asignarle la impronta respectiva a este tipo de espacios sociales. La creaci&oacute;n de los nuevos caf&eacute;s facilit&oacute;, as&iacute;, la introducci&oacute;n y revalorizaci&oacute;n de esos elementos de distinci&oacute;n que se basaron en el conocimiento de una buena taza de caf&eacute;, con cierto &quot;gusto&quot; y &quot;jerarqu&iacute;a&quot; social. En alguna medida, nuevos caf&eacute;s como Kaldivia ofrecieron una nueva oportunidad para las nuevas &eacute;lites de profesionales y empresarios que encontraron en este tipo de lugar el espacio ideal de identificaci&oacute;n social como &eacute;lites bien educadas. Este argumento se halla en la misma direcci&oacute;n planteada por James &#40;citado en Mintz &amp; Bois, 2002, p. 109&#41; , quien contrapone la &quot;identidad local a la globalizaci&oacute;n&quot;, sugiriendo c&oacute;mo &quot;lo global podr&iacute;a reestablecer lo local, m&aacute;s que suplantarlo.&quot; En este orden entre lo local y lo global, el caso analizado aqu&iacute; se ubica en un nivel de coexistencia m&aacute;s que de contestaci&oacute;n radical, aunque bien pueden existir otros espacios que contienen elementos de esta naturaleza y que quedan por ser investigados. Valdr&iacute;a la pena tambi&eacute;n comparar con mayor profundidad lo que ocurre con otros caf&eacute;s como el Colombia, en donde la clientela presenta otro tipo de valoraciones sociales que podr&iacute;an reafirmar o invalidar las observaciones de distinci&oacute;n y jerarqu&iacute;a que ofrecen caf&eacute;s destacados como el Kaldivia.</p>      <p>Finalmente, lo que acontece en los caf&eacute;s puede entra&ntilde;ar lo que Geertz llam&oacute; un evento humano paradigm&aacute;tico &#40;Geertz, 1973, p. 450&#41; , y lo que hemos hecho aqu&iacute; es apenas presentar los ribetes de un fen&oacute;meno social m&aacute;s profundo y extenso. Si bien los caf&eacute;s aluden a las esferas de la producci&oacute;n y el consumo de una mercanc&iacute;a como el caf&eacute;, existen otros espacios sociales en donde otras valoraciones son tambi&eacute;n posibles. Una perspectiva m&aacute;s integral de los desplazamientos, fijaciones y valoraciones que asocia el caf&eacute; en su ciclo sigue siendo un problema por investigar; asimismo, el consumo, como algunos acad&eacute;micos ya han se&ntilde;alado, no es un destino final sino una etapa m&aacute;s en el ciclo de vida de las mercanc&iacute;as que muchos productos siguen, y que en sus m&uacute;ltiples trayectorias adquieren variadas significaciones e interpretaciones sociales.</p>  <hr size="1">      <p><b>Comentarios </b></p>      <p><a href="#s1" name="1"><sup>1</sup></a> La investigaci&oacute;n sobre el caf&eacute; en Colombia sigue dominada por la esfera de la producci&oacute;n, dejando subvalorada la esfera del consumo. Esto aplica para el sector urbano como el rural &#40;para el &aacute;mbito rural ver, por ejemplo, Tocancip&aacute;-Falla, 2005&#41; . </p>      <p><a href="#s2" name="2"><sup>2</sup></a> Describir y analizar el dinamismo hist&oacute;rico social sobre c&oacute;mo Colombia lleg&oacute; a ser un pa&iacute;s cafetero no es consecuente con el espacio disponible aqu&iacute;. Con esta claridad s&oacute;lo intentaremos rese&ntilde;ar, de modo muy esquem&aacute;tico e introductorio, algunos aspectos significativos para el caso que nos ocupa. </p>      <p><a href="#s3" name="3"><sup>3</sup></a> A finales de 2004 el pacto cafetero fue restaurado con el reintegro de los Estados Unidos como el mayor consumidor de caf&eacute; en el mundo, situaci&oacute;n que se concret&oacute; recientemente, y que se vi&oacute; reflejada en el mejoramiento sustancial de los precios a nivel internacional y nacional.</p>      <p><a href="#s4" name="4"><sup>4</sup></a> La idea de los caf&eacute;s fue conocida inicialmente en Turqu&iacute;a. Francis Bacon &#40;1663, pgs. 5,7, mi traducci&oacute;n&#41; , por ejemplo, se&ntilde;ala que en Turqu&iacute;a tienen &quot;una bebida llamada <i>Coffa,</i> hecho de una cereza que lleva el mismo nombre, tan negra como el carb&oacute;n y de una fuerte esencia, pero no arom&aacute;tica, el cual ellos toman en polvo batido con agua tan caliente como ellos puedan y la toman en sus <i>Coffa-houses</i>, las cuales son como nuestras tabernas &#91;....&#93; es bueno a toda hora del d&iacute;a pero especialmente en las ma&ntilde;anas y en la noche, cuando para ese prop&oacute;sito se entretienen entre s&iacute; dos o tres horas en <i>Coffa-ho</i>uses, los cuales en Turqu&iacute;a abundan m&aacute;s que los Inns y los Alehouses entre nosotros &#91;....&#93;&quot;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s5" name="5"><sup>5</sup></a> Aunque en este art&iacute;culo nos detenemos en ciertos caf&eacute;s exclusivos localizados en el centro de la ciudad, estos no son los &uacute;nicos en cuanto avaloraci&oacute;n social de las jerarqu&iacute;as. En ciudades &quot;ilustradas&quot; como Par&iacute;s yLondres o en Argentina tambi&eacute;n existieron caf&eacute;s de distinta &iacute;ndole &#40;cfr por ejemplo Bourdieu, 1984; Bramah, 1972; Burnett, 1999; Cowan, 2004; Dicum &amp; Luttinger, 1999; Ohienart, 2005; Stella, 1997; Ukers, 1922&#41; .</p>      <p><a href="#s6" name="6"><sup>6</sup></a> En 1947, por ejemplo, en el peri&oacute;dico local se anunciaba la venta del caf&eacute; <i>Popay&aacute;n</i>, como el &quot;m&aacute;s concurrido en la ciudad &quot;&#40;<em>Liberal</em>, 1947&#41; .</p>      <p><a href="#s7" name="7"><sup>7</sup></a> En una perspectiva contempor&aacute;nea, Bourdieu &#40;1984, p.183&#41; presenta un contraste entre el caf&eacute; peque&ntilde;o burgu&eacute;s y el caf&eacute; popular. Un caso similarpara el caso de Argentina puede ser visto en Ohienart &#40;2005&#41; .</p>      <p><a href="#s8" name="8"><sup>8</sup></a>Las trilladoras de caf&eacute; constituyen otro espacio de transformaci&oacute;n del grano.En Popay&aacute;n, las trilladoras han crecido en n&uacute;mero en los &uacute;ltimos cincuentaa&ntilde;os: de s&oacute;lo contar con una o dos trilladoras en la d&eacute;cada de 1950, en el 2006 se cuenta con seis; la mayor&iacute;a de ellas creadas en los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os,a partir de la crisis cafetera.</p>      <p><a href="#s9" name="9"><sup>9</sup></a> Este tipo de juegos son comunes y aparecen asociados a los caf&eacute;s &#40;cfr un caso similar en Argentina en Ohienart, 2005&#41; .</p>      <p><a href="#s10" name="10"><sup>10</sup></a> Ejemplos que conjugan otros tipos de configuraciones urbanas, pero que conservan el esp&iacute;ritu intelectual, pueden ser vistos en Bourdieu &#40;1984&#41; , Stella&#40;1997&#41; , Dicum &amp; Luttinger &#40;1999&#41; . Un ejemplo para el caso de las transformaciones urbanas en Bogot&aacute; y su relaci&oacute;n con representaciones enel &aacute;mbito nacional puede servisto en Herrera &#40;2003&#41; .</p>      <p><a href="#s11" name="11"><sup>11</sup></a> Una experiencia similar puede ser encontrada en ciudades menos &quot;coloniales&quot; como Manizales &#40;fundada en 1850&#41; donde los &quot;caf&eacute;s tradicionales&quot; como el &quot;Osiris&quot;, <i>&quot;El Polo&quot;</i> y <i>&quot;El Nogal&quot;</i> se localizaban en el centro de la ciudad y eran frecuentados exclusivamente por hombres, quienes eran atendidos por &#39;coperas&#39;&mdash;t&eacute;rmino que deriva de las mujeres que serv&iacute;an copas de aguardiente&mdash;. Mientras el &quot;<i>Osiris&quot;</i> y <i>&quot;El Polo&quot;</i> manten&iacute;an cierta distinci&oacute;n por el estatus social de los clientes que asist&iacute;an all&iacute; &#40;comerciantes, cafeteros empresarios, etc.&#41; , en <i>&quot;El Nogal&quot;,</i> que aunque quedaba localizado en el centro, era un poco m&aacute;s &#39;retirado&#39;, tal distinci&oacute;n era menor y all&iacute; asist&iacute;an tambi&eacute;n comerciantes, cafeteros, y &quot;otras personas&quot; que ten&iacute;an menos jerarqu&iacute;a social. En estos tres caf&eacute;s, sin embargo, la clientela era exclusivamente masculina y la sola idea de ingresar en este tipo de espacios hac&iacute;a temer por el estigma que se asociaba con las &quot;coperas&quot; &#40;Agradezco a do&ntilde;a Gilma In&eacute;s Quijano, manizalista de 64 a&ntilde;os, por esta informaci&oacute;n&#41; .</p>      <p><a href="#s12" name="12"><sup>12</sup></a> Siguiendo a Ohienart &#40;2005, p. 25&#41; , en Argentina los caf&eacute;s eran tambi&eacute;n espacios masculinos, tal como se deduce de los personajes destacados que visitaban este tipo de espacios, los cuales eran atendidos por &quot;mozos&quot;. Dicha apreciaci&oacute;n se valida en su definici&oacute;n moderna cuando afirma que &quot;para los porte&ntilde;os, en el caf&eacute; se arregla un negocio, se discute, se enamoran mujeres, se llora el primer desenga&ntilde;o, se estudia, se lee, se escribe&quot; &#40;<i>El &eacute;nfasis en it&aacute;licas es m&iacute;o</i>&#41; .</p>      <p><a href="#s13" name="13"><sup>13</sup></a> En el 2003, Kaldivia dio apertura a otro caf&eacute; en un &aacute;rea comercial fuera del centro hist&oacute;rico, pero conservando a&uacute;n el estilo tradicional que lo ha caracterizado.</p>      <p><a href="#s14" name="14"><sup>14</sup></a> Un reporte sobre la presencia de nuevos centros de educaci&oacute;n superior en la ciudad en un per&iacute;odo de m&aacute;s de una d&eacute;cada resulta significativo: si a comienzos de los noventa apenas exist&iacute;an en Popay&aacute;n tres universidades, para el 2006 se registran m&aacute;s de 20 centros de educaci&oacute;n superior. Esta condici&oacute;n ha favorecido la propuesta que vienen gestionando algunos profesionales en el sentido de calificar a Popay&aacute;n como &quot;Ciudad del Conocimiento&quot;. </p>   <hr size="1">       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Referencias</b></p>      <!-- ref --><p>Appadurai, A. &#40;1986a&#41; . Introduction: Commodities and the Politics of Value. En A. Appadurai  &#40;Ed.&#41; , <i>The Social Life of Things. Commodities in Cultural Perspective.</i>  New York: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0123-885X200600030000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Appadurai, A. &#40;Ed&#41;  &#40;1986b&#41; . <i>The  Social Life of Things. Commodities in Cultural Perspective</i>. New York:  Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0123-885X200600030000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Arango, M. &#40;1982&#41; . <i>El Caf&eacute; en Colombia  1930-1958. Producci&oacute;n, circulaci&oacute;n y pol&iacute;tica</i>. Bogot&aacute;: Carlos Valencia  editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0123-885X200600030000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bacon, F. &#40;1663&#41; . The Vertues of Coffee &#91;microform&#93;: Set Forth  in the Works of &#91;brace&#93; the Lord Bacon his Natural hist., Mr. Parkinson his  Herbal, Sir George Sandys his Travails, James Howel Esq. his Epistles/ collected  and published for the satisfaction of the drinkers thereof London. London:  Printed W.G.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0123-885X200600030000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Banks, M., McFadden, C. et al. &#40;2003&#41; . <i>The World  Encyclopaedia of Coffee</i>. London: Lorenz Books.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0123-885X200600030000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bejarano, J. A.  &#40;1987&#41; . <i>Ensayos de historia agraria Colombiana</i>. Bogot&aacute;: Fondo Editorial  CEREC.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0123-885X200600030000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bourdieu, P. &#40;1984&#41; . <i>Distinction. A Social Critique of the  Judgement of Taste</i>. New York and London: Routledge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0123-885X200600030000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bramah, E. &#40;1972&#41; . <i>Tea & Coffee. A Modern View of Three Hundred Years of  Tradition</i>. London: Hutchinson.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0123-885X200600030000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Brown, R. &#40;1996&#41; . <i>Social  Identity. The Social Science Encyclopedia. Adam Kuper and Jessica Kuper.</i>  London and New York: Routledge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0123-885X200600030000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Burnett, J. &#40;1999&#41; . <i>Liquid Pleasures:  a Social History of Drinks in Modern Britain.</i> London and New York:  Routledge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0123-885X200600030000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Chalarca, J. &#40;1987&#41; . <i>El caf&eacute; en la vida de Colombia.</i>  Bogot&aacute;: Federaci&oacute;n Nacional de Cafeteros de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0123-885X200600030000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Correa, C. &#40;1992&#41; .  El desarrollo de la caficultura en el Cauca.<i> En Ensayos sobre Econom&iacute;a  Cafetera.</i> Bogot&aacute;: Federaci&oacute;n Nacional de Cafeteros.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0123-885X200600030000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cowan, B. &#40;2004&#41; . The Rise of the Coffehouse Reconsidered. <i>The Historical  Journal</i>,47&#40;1&#41; , 21-46.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0123-885X200600030000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Crist, R. E. &#40;1950&#41; . The Personality of  Popay&aacute;n. <i>Rural Sociology</i>, 15&#40;1-4&#41; , 130-140.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0123-885X200600030000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Crist, R. E. &#40;1971&#41; .  Popay&aacute;n Revisited. <i>Am&eacute;ricas, 23</i>&#40;4&#41; , 25-32.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0123-885X200600030000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dicum, G. and N.  Luttinger &#40;1999&#41; . <i>The Coffee Book. Anatomy of an industry from crop to the  last drop.</i> New York: The New Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0123-885X200600030000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>El Liberal</i>. &#40;1947&#41; . Se  vende el caf&eacute; Popay&aacute;n. Popay&aacute;n: 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0123-885X200600030000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><i>El Liberal.</i> &#40;1941&#41; . Una  campa&ntilde;a pro consumo del caf&eacute; se inicia ahora - Lujoso programa de m&uacute;sica  nacional habr&aacute; esta noche por la radiodifusora del gobierno. Tinto Gratis se  distribuir&aacute; esta noche en algunos caf&eacute;s. Popay&aacute;n: 1 y &uacute;ltima.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0123-885X200600030000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Escobar, A. &#40;2001&#41; . Culture Sits in Places: Reflections on Globalism and Subaltern  Strategies of Localization. <i>Political Geography, </i>20,  139-174.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0123-885X200600030000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Espa&ntilde;ola, R. A. &#40;2001&#41; . <i>Diccionario de la Lengua  Espa&ntilde;ola</i>. Madrid: Real Academia Espa&ntilde;ola.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0123-885X200600030000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Fischer, E. &#40;1999&#41; .  Cultural Logic and Maya Identity: Rethinking Constructivism and Essentialism.  <i>Current Anthropology,</i> 40&#40;4&#41; , 473-499.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0123-885X200600030000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Geertz, C. &#40;1973&#41; . <i>The Interpretation of Cultures</i>. New York: Basic Books.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0123-885X200600030000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Haine, W. S. &#40;1992&#41; . Caf&eacute; Friend&#39;: Friendship and Fraternity in ParisianWorking-Class Caf&eacute;s,  1850-1914. <i>Journal of Contemporary History,</i> 27&#40;4&#41; ,  607-626.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0123-885X200600030000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Herrera, C. &#40;2003&#41; . The City as a Modernizing Paradigm: Colombia  in the First Decades of the Twentieth Century. <i>Pedagogica Historica</i>,  39&#40;1&#41; , 65-74.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0123-885X200600030000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Junguito, R. and D. Pizano &#40;1991&#41; . <i>Producci&oacute;n de caf&eacute;  en Colombia</i>. Bogot&aacute;: FEDESARROLLO-Fondo Cultural Cafetero.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0123-885X200600030000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kottak, K. &#40;2000&#41; . Anthropology. The Exploration of Human Diversity. Boston: McGraw  Hill.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0123-885X200600030000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Luna, D. R., F. G. Rodr&iacute;guez, et al. &#40;2002&#41; . La Cadena de Caf&eacute; en  Colombia. <i>Documento de Trabajo No 29</i>. La Cadena de Caf&eacute; en Colombia.  Bogot&aacute;: Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0123-885X200600030000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mintz, S. and C. M.  D. Bois &#40;2002&#41; . The Anthropology of Food and Eating. <i>Annual Review of  Anthropology</i>, 31, 99-119.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0123-885X200600030000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Nieto Arteta, L. E. &#40;1975&#41; . <i>El Caf&eacute; en  la Sociedad Colombiana</i>. Bogot&aacute;: Ediciones Tiempo Presente.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0123-885X200600030000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ohienart, M. &#40;2005&#41; . <i>De Tangos & Caf&eacute;</i>. Una costumbre argentina. Buenos Aires:  Escritores Argentinos de Hoy.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0123-885X200600030000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Oslender, U. &#40;2002&#41; . The Logic of the  River: A Spatial Approach to Ethnic-Territorial Mobilization in the Colombian  Pacific Region. <i>Journal of Latin American Anthropology</i>, 7&#40;2&#41; ,  86-117.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0123-885X200600030000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Palacios, M. &#40;2002&#41; . <i>El Caf&eacute; en Colombia, 1850-1970. Una  Historia Econ&oacute;mica, Social y Pol&iacute;tica.</i> Bogot&aacute;: Planeta/Universidad de los  Andes/El colegio de M&eacute;xico.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0123-885X200600030000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Parsons, J. J. &#40;1968&#41; . <i>Antioque&ntilde;o  colonization in Western Colombia</i>. Berkeley: University of California  Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0123-885X200600030000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>P&eacute;caut, D. &#40;1999&#41; . Configuraciones del Espacio. El tiempo y la  subjetividad en un contexto de terror: el caso colombiano. <i>Revista  Colombiana de Antropolog&iacute;a</i>, 35, 8-35.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0123-885X200600030000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Pendergrast, M. &#40;2002&#41; . <i>El  Caf&eacute;. Historia de la Semilla que cambi&oacute; al Mundo</i>. Buenos Aires: Javier  Vergara Editor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0123-885X200600030000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Romero, J. L. &#40;1976&#41; . <i>Latinoam&eacute;rica: las ciudades y  las ideas.</i> M&eacute;xico: Siglo XXI.       &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0123-885X200600030000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Romoli, K. &#40;1943&#41; . <I>Colombia</I>. Gateway to South America. Garden City, N.Y,  Doubleday: Dorand & Company, Inc. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0123-885X200600030000900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P>Schivelbusch, W. &#40;1993&#41; . <I>Tastes of Paradise. A Social History of Spices,  Stimulants and Intoxicants</I>. 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Pourquoi nommer? &#40;Les noms de personnes dans un village  fran&ccedil;ais: Minot-en-Ch&acirc;tillonnais&#41; . En <I>L&#39;identit&eacute;. S&eacute;minaire  interdisciplinaire dirig&eacute; par Claude L&eacute;vi-Strauss professeur au coll&egrave;ge de  France 1974-1975</I>. Paris: Quadridge / puf. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0123-885X200600030000900051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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