<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0123-885X</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Revista de Estudios Sociales]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[rev.estud.soc.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0123-885X</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0123-885X2006000300011</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La globalización del miedo]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Globalization of fear]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ordóñez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Leonardo]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad del Rosario Escuela de Ciencias Humanas ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<numero>25</numero>
<fpage>95</fpage>
<lpage>103</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0123-885X2006000300011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0123-885X2006000300011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0123-885X2006000300011&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Un rasgo importante del actual proceso de globalización consiste en que los sentimientos de miedo acosan cada vez con más fuerza a los habitantes de la aldea global. El incremento del terrorismo, las amenazas ambientales, los riesgos asociados al desarrollo de nuevas tecnologías y, en general, la atmósfera de inestabilidad que caracteriza la vida contemporánea, se traducen en una creciente propagación del miedo. En este artículo examinaremos primero las principales causas por las cuales la sociedad actual resulta tan vulnerable frente al miedo, especialmente el derivado del terrorismo. Luego, veremos de qué modo los medios de comunicación acrecientan esta vulnerabilidad. Al final, mostraremos en qué sentido estamos asistiendo al surgimiento de una sociedad global en estado de miedo permanente.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[An important feature of the current globalization process is that fear hunts the inhabitants of the global village with more intensity each day. The growth of terrorism, environmental threats, risks associated to the development of newtechnologies, and, indeed, an atmosphere of uncertainty that characterizes contemporary life, produces an increasing propagation of fear. In this article we will first examine the reasons for which the current society is so vulnerable to fear—specially the one derived from terrorism. Then, we will see how the mass media increases this vulnerability. Finally, we will show in which way it can be said that today we are attending the appearance of a global society in state of permanent fear.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[Miedo]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[terrorismo]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[globalización]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[medios de comunicación]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Fear]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[terrorism]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[globalization]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[mass media]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">        <p align=center><b><font size="4">La globalizaci&oacute;n del miedo</font></b></p>      <p><b>Leonardo Ord&oacute;&ntilde;ez</b></p>      <p>Fil&oacute;sofo y mag&iacute;ster en filosof&iacute;a. Docente e investigador en la  Escuela de Ciencias Humanas, Universidad del Rosario. Autor del libro Poes&iacute;a y  modernidad &#40;Bogot&aacute;: Ministerio de Cultura de Colombia, 2002&#41; . Correo  electr&oacute;nico: <A href="mailto:lordonez@urosario.edu.co">lordonez@urosario.edu.co</A>  <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>Un rasgo importante del actual proceso de  globalizaci&oacute;n consiste en que los sentimientos de miedo acosan cada vez con m&aacute;s  fuerza a los habitantes de la aldea global. El incremento del terrorismo, las  amenazas ambientales, los riesgos asociados al desarrollo de nuevas tecnolog&iacute;as  y, en general, la atm&oacute;sfera de inestabilidad que caracteriza la vida  contempor&aacute;nea, se traducen en una creciente propagaci&oacute;n del miedo. En este  art&iacute;culo examinaremos primero las principales causas por las cuales la sociedad  actual resulta tan vulnerable frente al miedo, especialmente el derivado del  terrorismo. Luego, veremos de qu&eacute; modo los medios de comunicaci&oacute;n acrecientan  esta vulnerabilidad. Al final, mostraremos en qu&eacute; sentido estamos asistiendo al  surgimiento de una sociedad global en estado de miedo permanente.</p>      <p><b>PALABRAS CLAVE</b></p>     <p>Miedo, terrorismo, globalizaci&oacute;n, medios de comunicaci&oacute;n.</p>  <hr size="1">      <p align=center><b><font size="3">The Globalization of fear</font></b>       <p><b>ABSTRACT</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>An important feature of the current  globalization process is that fear hunts the inhabitants of the global village  with more intensity each day. The growth of terrorism, environmental threats,  risks associated to the development of newtechnologies, and, indeed, an  atmosphere of uncertainty that characterizes contemporary life, produces an  increasing propagation of fear. In this article we will first examine the  reasons for which the current society is so vulnerable to fear&mdash;specially the one  derived from terrorism. Then, we will see how the mass media increases this  vulnerability. Finally, we will show in which way it can be said that today we  are attending the appearance of a global society in state of permanent  fear.</p>      <p><b>KEYWORDS</b></p>     <p>Fear, terrorism, globalization, mass media.</p>  <hr size="1">      <p>Un nuevo fantasma recorre el mundo: el miedo. La novedad no procede del miedo en s&iacute; mismo &#40;pues este sentimiento acompa&ntilde;a a los seres humanos desde los or&iacute;genes de la especie&#41; , sino de las formas que adopta su protagonismo en el escenario de la sociedad global. La creciente integraci&oacute;n de las relaciones econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y culturales a lo largo y ancho del planeta ha tra&iacute;do consigo efectos colaterales no deseados, entre los cuales la difusi&oacute;n global del alarmismo y de los sentimientos de miedo e incertidumbre est&aacute; pasando a primer plano. Las fuentes de las que se nutre esta tendencia son diversas. Si bien la atenci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica mundial actualmente gravita alrededor de la preocupaci&oacute;n por el incremento del terrorismo, tambi&eacute;n est&aacute;n a la orden del d&iacute;a los temores suscitados por la degradaci&oacute;n ambiental planetaria, por el desarrollo de tecnolog&iacute;as potencialmente peligrosas, por las crisis econ&oacute;micas y, en general, por la atm&oacute;sfera de inestabilidad y zozobra que caracteriza la vida contempor&aacute;nea. Ello ha generado una creciente globalizaci&oacute;n del miedo que con frecuencia se traduce en miedo a la globalizaci&oacute;n.</p>      <p>La situaci&oacute;n resulta parad&oacute;jica en la medida en que una de las metas de la modernizaci&oacute;n consist&iacute;a en minimizar los peligros que atemorizan a los individuos. Las p&oacute;lizas de seguros, los sistemas de seguridad social, los implementos t&eacute;cnicos y m&eacute;dicos, as&iacute; como otros mecanismos de control, fueron dise&ntilde;ados con el objeto de resguardar en lo posible a las personas de accidentes y calamidades, creando un clima de confianza y confort en el que la vida pudiese transcurrir sin angustias. Sin embargo, pese al elevado nivel de eficiencia que han alcanzado las instituciones y las tecnolog&iacute;as modernas, la vida contempor&aacute;nea se caracteriza por la sensaci&oacute;n de continuo sobresalto que impregna la existencia cotidiana de la gente. Luego de las terribles experiencias hist&oacute;ricas del siglo XX, la ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n pareci&oacute; abrir una &eacute;poca de apaciguamiento de las tensiones internacionales; no obstante, apenas 15 a&ntilde;os m&aacute;s tarde, con el auge del terrorismo y la persistencia de la violencia en numerosas zonas del mundo, resulta apenas obvio que se trataba de una impresi&oacute;n infundada. Las nuevas tecnolog&iacute;as, lejos de apagar el clamor de las alarmas que advierten sobre la amenaza de un colapso ambiental, parecen haberlo agudizado y diversificado. &iquest;C&oacute;mo explicar esta curiosa inversi&oacute;n por la cual el miedo creciente aparece como resultado no esperado del propio proceso modernizador destinado a combatirlo?</p>      <p><b>De la globalizaci&oacute;n de los riesgos la globalizaci&oacute;n del miedo</b></p>      <p>En a&ntilde;os recientes Ulrich Beck ha desarrollado el concepto de sociedad del riesgo para subrayar el rol que los sentimientos de incertidumbre y temor juegan en la sociedad globalizada. Seg&uacute;n este autor, el proceso de modernizaci&oacute;n conduce a una situaci&oacute;n en la que la probabilidad de trastornos y de desastres es mayor y no menor que antes, debido a los factores de riesgo que se generan a medida que la complejidad de los entramados institucionales aumenta, y a medida que la ciencia y la tecnolog&iacute;a introducen nuevos implementos y procedimientos cuyos efectos son dif&iacute;ciles de prever tanto como de controlar. Beck plantea que el mundo moderno &quot;incrementa al ritmo de su desarrollo tecnol&oacute;gico la diferencia entre dos mundos: el del lenguaje de los riesgos cuantificables, en cuyo &aacute;mbito pensamos y actuamos, y el de la inseguridad no cuantificable, que tambi&eacute;n estamos creando&quot; &#40;2003, p. 16&#41; . </p>      <p>En una l&iacute;nea argumentativa parecida, Giddens distingue &#40;2000, p. 38 y ss&#41; los riesgos naturales tradicionales de los riesgos manufacturados&mdash;es decir, aquellos producidos por el propio avance de la modernidad&mdash;y sostiene que la proliferaci&oacute;n de estos &uacute;ltimos constituye uno de los elementos que definen la atm&oacute;sfera de nerviosismo de la civilizaci&oacute;n contempor&aacute;nea. Este punto de vista, pese a la porci&oacute;n de verdad que contiene, resulta insuficiente para explicar la propagaci&oacute;n global del miedo. Si bien es cierto que los riesgos son ahora de car&aacute;cter global, de ello no se infiere que nuestra &eacute;poca sea m&aacute;s peligrosa que otras anteriores. La sociedad se globaliza y, con ello, cambia el marco para la interpretaci&oacute;n de los riesgos que la acechan, pero todav&iacute;a hace falta saber c&oacute;mo funciona la relaci&oacute;n entre los riesgos y su percepci&oacute;n por parte de la sociedad. De hecho, contra lo que quiz&aacute; podr&iacute;a suponerse, la relaci&oacute;n entre riesgo y miedo con mucha frecuencia no es directamente proporcional. El miedo puede alcanzar con facilidad niveles desproporcionados en relaci&oacute;n con los riesgos reales, mientras que situaciones de alto riesgo pueden en ocasiones ser asumidas con tranquilidad y sangre fr&iacute;a. Esto parece indicar la conveniencia de distinguir la <i>globalizaci&oacute;n de los riesgos de la globalizaci&oacute;n del miedo</i>. Veamos.</p>      <p>La globalizaci&oacute;n de los riesgos es un hecho que comienza a cuajar en la &eacute;poca de los grandes descubrimientos geogr&aacute;ficos, quinientos a&ntilde;os atr&aacute;s. Como ha mostrado Giddens, las culturas anteriores a la modernidad ten&iacute;an el concepto de miedo pero no el de riesgo, debido a que este &uacute;ltimo designa amenazas o eventualidades que se analizan en relaci&oacute;n a posibilidades futuras. En t&eacute;rminos de Giddens, la idea de riesgo &quot;s&oacute;lo alcanza un uso extendido en una sociedad orientada hacia el futuro&quot;, ya que &quot;supone una sociedad que trata activamente de romper con su pasado&mdash;la caracter&iacute;stica fundamental de la civilizaci&oacute;n industrial moderna&mdash;&quot; &#40;2000, p. 35&#41; . De acuerdo con este planteamiento, las sociedades tradicionales&mdash;a causa de su orientaci&oacute;n hacia el pasado&mdash;no necesitan el concepto de riesgo. Los exploradores espa&ntilde;oles y portugueses fueron los primeros en utilizar el t&eacute;rmino &quot;riesgo&quot;, con el cual designaban la navegaci&oacute;n en aguas desconocidas. El origen del t&eacute;rmino, por consiguiente, involucra tanto el temor que produce la exploraci&oacute;n de un espacio ignorado &#40;nuevos mares, nuevos territorios&#41; como el que produce la incertidumbre acerca del futuro &#40;el resultado del viaje, la llegada a buen puerto&#41; . Con el desarrollo del sistema bancario, los inversionistas precisaron el sentido del t&eacute;rmino al utilizarlo para designar la evaluaci&oacute;n de las posibilidades de &eacute;xito o fracaso de un proyecto. Por este camino, la racionalizaci&oacute;n de los riesgos condujo al desarrollo de las empresas aseguradoras y los sistemas estatales de bienestar. Desde la revoluci&oacute;n industrial, los riesgos adoptan un cariz cada vez m&aacute;s global, debido al impacto trasnacional de las nuevas tecnolog&iacute;as y a la creciente integraci&oacute;n de regiones distantes del planeta posibilitada por los modernos sistemas de transporte y de comunicaci&oacute;n.</p>      <p>La globalizaci&oacute;n del miedo es un hecho de naturaleza distinta. A diferencia del riesgo, el miedo no surge con la modernidad sino que la precede, y aun podr&iacute;amos decir que, en cierto modo, precede y acompa&ntilde;a toda civilizaci&oacute;n, en la medida en que las sensaciones de miedo hunden sus ra&iacute;ces en el desarrollo biol&oacute;gico de la especie. Pero, como ha advertido Taussig, el miedo &quot;no s&oacute;lo es un estado fisiol&oacute;gico, sino tambi&eacute;n social&quot; &#40;1987, p. 5&#41; . Numerosos autores han se&ntilde;alado la importancia de la elaboraci&oacute;n cultural del miedo y del terror. Rossana Reguillo, por ejemplo, muestra c&oacute;mo, aunque son las personas concretas las que sienten miedo, &quot;es la sociedad la que construye las nociones de riesgo, amenaza, peligro y genera unos modos de respuesta estandarizada, reactualizando ambos, nociones y modos de respuesta, seg&uacute;n los diferentes per&iacute;odos hist&oacute;ricos&quot; &#40;2000, p. 65&#41; . Consideremos uno de los casos que utiliza la autora para ilustrar esta idea. Frente al aumento de la actividad del volc&aacute;n Popocat&eacute;petl en M&eacute;xico a finales del siglo XX, las comunidades ind&iacute;genas y campesinas que viv&iacute;an en las laderas del volc&aacute;n fueron presionadas por el gobierno para abandonar sus terru&ntilde;os y su modo de vida. Sin embargo, esa perspectiva &#40;cuya conveniencia era respaldada con detallados estudios y mediciones por el Centro Universitario para la Prevenci&oacute;n de Desastres Regionales&#41; les caus&oacute; un temor mayor que la de permanecer al lado de &quot;Don Goyo&quot; &#40;como llaman ellos al volc&aacute;n&#41; , de quien dicen que ha hablado en sue&ntilde;os con los mentores de la comunidad y les ha asegurado que &quot;no piensa hacer da&ntilde;o&quot;. Los campesinos e ind&iacute;genas perciben los aparatos de medici&oacute;n de los cient&iacute;ficos como una amenaza mucho m&aacute;s temible que las se&ntilde;ales de actividad del volc&aacute;n&mdash;a diferencia de los habitantes de las zonas urbanas aleda&ntilde;as, que s&iacute; conf&iacute;an en las advertencias de los cient&iacute;ficos y ven al volc&aacute;n como un aut&eacute;ntico peligro&mdash;. Este ejemplo muestra que los miedos humanos no se nutren solamente de condicionamientos biol&oacute;gicos, sino tambi&eacute;n de formas de temer y de recelar que son aprendidas en el seno de la vida social o comunitaria. Sin embargo, este mismo ejemplo ilustra a la vez el localismo que caracteriza a los miedos sociales hasta fechas recientes. Los miedos tradicionales, incluso cuando no obedec&iacute;an a causas naturales sino a la violencia o a la inestabilidad pol&iacute;tica, se alimentaban de circunstancias espec&iacute;ficas cuyo alcance raras veces&mdash;y s&oacute;lo de un modo t&iacute;mido&mdash;desbordaba los &aacute;mbitos regionales o nacionales. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas esta situaci&oacute;n ha empezado a cambiar. El punto de inflexi&oacute;n a este respecto fue marcado por la Guerra Fr&iacute;a. El temor de un conflicto nuclear entre dos superpotencias polarmente enfrentadas represent&oacute; lo que podr&iacute;amos llamar el primer miedo globalizado de la historia. Desde entonces, los miedos sociales han unido su suerte a la de la propia globalizaci&oacute;n. Esto no quiere decir que el arraigo local de los miedos desaparezca; quiere decir m&aacute;s bien que, por una parte, los miedos locales pueden ahora alcanzar una dimensi&oacute;n global que nunca hab&iacute;an tenido, al tiempo que, por otra, los miedos globales inciden en los escenarios locales de constituci&oacute;n del miedo. En otras palabras: la elaboraci&oacute;n cultural del miedo ya no tiene lugar s&oacute;lo a nivel local sino tambi&eacute;n a nivel global. Estos dos niveles no funcionan como estratos separados de la experiencia, sino que se articulan mutuamente. Como advierte Beck, &quot;no es verdad que la globalizaci&oacute;n est&eacute; hecha s&oacute;lo de globalizaci&oacute;n. Est&aacute; hecha de localizaci&oacute;n tambi&eacute;n. No es posible pensar en la globalizaci&oacute;n sin hacer referencia a lugares y sitios espec&iacute;ficos&quot; &#40;2002, p. 23&#41; . En concordancia con esta l&oacute;gica, un miedo s&oacute;lo puede volverse global si encuentra la manera de articularse en las din&aacute;micas de constituci&oacute;n del miedo que tienen lugar en escenarios sociales concretos. Los procesos locales de constituci&oacute;n del miedo, a su vez, se ven cada vez m&aacute;s influidos por amenazas y temores cuyo origen no es local sino externo, pero los cuales interioriza y convierte en parte de su propia din&aacute;mica. De este modo, las fronteras entre miedo local y miedo global tienden a hacerse difusas. En el complejo sistema de vasos comunicantes de la sociedad globalizada, el miedo puede circular y desplazarse de un sitio a otro con mayor rapidez que nunca. Para los individuos, esto equivale a tener que vivir en una atm&oacute;sfera de inquietud y desasosiego, ya que en lo sucesivo la sombra del miedo acecha por todas partes.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La importancia de distinguir la globalizaci&oacute;n de los riesgos de la globalizaci&oacute;n del miedo se pone en evidencia cuando consideramos el diagn&oacute;stico de la situaci&oacute;n actual realizado por Zygmunt Bauman. Seg&uacute;n este autor, es la &quot;fluidificaci&oacute;n&quot; de las viejas estructuras sociales, suscitada por los desarrollos tard&iacute;os de la modernizaci&oacute;n, la que ha dado lugar a esa atm&oacute;sfera en la que los individuos experimentan sensaciones de aislamiento y desamparo que los tornan m&aacute;s vulnerables frente a los embates del miedo. &quot;La inseguridad nos afecta a todos, inmersos como estamos en un mundo fluido e impredecible de desregulaci&oacute;n, flexibilidad, competitividad e incertidumbre end&eacute;micas&quot; &#40;2003, p. 169&#41; . &iquest;Esta tesis no implica, entonces, un retorno a la a&ntilde;eja concepci&oacute;n de Marx seg&uacute;n la cual en la modernidad todo lo s&oacute;lido se desvanece en el aire? El caso es que, para Bauman, ahora estamos asistiendo a una radicalizaci&oacute;n de esa tendencia. Si bien en su fase temprana el proceso de modernizaci&oacute;n desarraig&oacute; los antiguos lazos comunitarios, los reemplaz&oacute; enseguida con una serie de mecanismos de control y de gesti&oacute;n del trabajo que resultaban&mdash;sea por v&iacute;a taylorista o por v&iacute;a fondista&mdash;m&aacute;s o menos coercitivos. La modernidad tard&iacute;a, en cambio, est&aacute; aflojando el marco institucional r&iacute;gido heredado de esa primera modernidad. La idea, seg&uacute;n parece, es conceder a los individuos un amplio margen de libertad para construir su vida seg&uacute;n sus propios intereses en el marco de una competencia exenta de intervenciones estatales. Empero, y sean cuales fueren los beneficios de la flexibilidad y la desregulaci&oacute;n crecientes, &eacute;stos no est&aacute;n siendo distribuidos de manera equitativa. Los grupos sociales menos favorecidos, que son la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n mundial, se encuentran casi inermes ante las condiciones sociales emergentes. En t&eacute;rminos de Bauman, &quot;el tipo de incertidumbre, de oscuras premoniciones y temores respecto al futuro que acosan a hombres y mujeres en el entorno social fluido, en perpetuo cambio, en el que las reglas de juego cambian a mitad de la partida sin previo aviso o sin una pauta legible, no une a los que sufren: los separa y los a&iacute;sla&quot; &#40;2003, p. 59&#41; . En el seno de esta &quot;modernidad l&iacute;quida&quot;, las nuevas elites disfrutan de una movilidad que les permite evadir tanto las fuentes locales de temor como los marcos institucionales r&iacute;gidos; las mayor&iacute;as pobres, en cambio, est&aacute;n atadas a su lugar de nacimiento y a las problem&aacute;ticas sociales que hacen que sus vidas sean dif&iacute;ciles y oscuras. La &uacute;nica solidaridad que prospera en estas circunstancias es la del miedo. Pero como el miedo por definici&oacute;n no puede constituir la base para una genuina cohesi&oacute;n social, lo que impera es un estado de atomizaci&oacute;n social en el que cada quien s&oacute;lo puede confiar en su propia habilidad para eludir el peligro.</p>      <p>Este planteamiento, al igual que el de Beck, resulta muy &uacute;til para explicar la globalizaci&oacute;n de los riesgos pero se queda corto en el momento de dar cuenta de la globalizaci&oacute;n del miedo. En efecto, el miedo reinante no puede explicarse solamente a partir de las tensiones y desigualdades en curso, como tampoco pod&iacute;a explic&aacute;rselo a partir de un cambio en la naturaleza de los riesgos, por m&aacute;s que esas tensiones y esos riesgos nos ayuden a entender la vulnerabilidad de la sociedad contempor&aacute;nea frente al miedo. Dado que el miedo es, al menos en parte, el resultado de una elaboraci&oacute;n social, sus niveles de intensidad y difusi&oacute;n s&oacute;lo parcialmente dependen de los riesgos y de las amenazas vigentes en un momento dado. As&iacute; como nuestra percepci&oacute;n de una situaci&oacute;n depende tanto de la situaci&oacute;n misma como del estado de nuestra sensibilidad, el modo en que una comunidad o un grupo perciben una amenaza juega un papel decisivo en la interpretaci&oacute;n de su peligrosidad. Este es el punto en el que la tesis de Beck sobre la sociedad del riesgo y la tesis de Bauman sobre la modernidad l&iacute;quida necesitan ser complementadas. La atm&oacute;sfera de temor que reina en la sociedad global se ha emancipado de los factores de riesgo y de la situaci&oacute;n social explosiva en un sentido importante. Si bien los riesgos son indiscutiblemente reales y la situaci&oacute;n social ejerce una fuerte presi&oacute;n sobre el sistema, la cobertura e intensidad de los miedos no est&aacute; supeditada &uacute;nicamente a estos factores. La globalizaci&oacute;n del miedo, en especial el derivado de las acciones de los grupos terroristas, se basa en gran medida en la interconexi&oacute;n global entre sociedades y culturas distintas a trav&eacute;s de un vasto sistema de medios de comunicaci&oacute;n masiva.</p>      <p><b>El papel de los medios masivos en la globalizaci&oacute;n del miedo</b></p>      <p>Resulta apenas obvio que acontecimientos o hechos susceptibles de provocar sentimientos de miedo pueden alcanzar, gracias a los medios, una resonancia mucho m&aacute;s amplia y vigorosa de la que habr&iacute;an tenido en ausencia de &eacute;stos. Es usual que un mismo hecho suscite temores mayores o menores dependiendo del modo como sea puesto en conocimiento de las audiencias a trav&eacute;s de los canales informativos. En este sentido, el papel de los medios en relaci&oacute;n con los hechos no se reduce nunca a su faceta informativa o comunicativa. Las sensaciones de miedo bien pueden estar justificadas por los riesgos, las violencias o las atrocidades que tienen lugar a diario en diferentes lugares del mundo, pero tambi&eacute;n pueden ser aumentadas o menguadas seg&uacute;n el tratamiento que se le d&eacute; a la informaci&oacute;n &#40;incluso cuando &eacute;sta se esfuerza por dar cuenta de los hechos &quot;tal como ocurrieron&quot;&#41; . Anunciar que el p&aacute;nico cunde en una poblaci&oacute;n o en un territorio puede reforzar el p&aacute;nico mismo o incluso desencadenar nuevas oleadas de p&aacute;nico que no se hab&iacute;an desatado hasta entonces porque hab&iacute;an permanecido por debajo de un cierto umbral de tolerancia. Pero tambi&eacute;n la sustracci&oacute;n u omisi&oacute;n de informaci&oacute;n relevante puede contribuir a la instauraci&oacute;n de una atm&oacute;sfera de incertidumbre y miedo. Esto implica que los medios no solamente informan acerca del mundo sino que act&uacute;an sobre &eacute;l.</p>      <p>Si vamos un poco m&aacute;s all&aacute; de esta consideraci&oacute;n b&aacute;sica, lo primero que descubrimos es que los efectos performativos de los medios no se agotan en la difusi&oacute;n &#40;o en la ocultaci&oacute;n&#41; de un hecho en particular en un momento espec&iacute;fico del tiempo, sino que se refuerzan incesantemente debido a la continuidad de la acci&oacute;n del aparato medi&aacute;tico a lo largo de periodos prolongados. La vigencia de las noticias rara vez tiene una duraci&oacute;n que alcance m&aacute;s all&aacute; de una o dos semanas; la mayor&iacute;a de ellas desaparece luego de despertar un breve inter&eacute;s. Pero detr&aacute;s de una noticia viene otra y su efecto acumulativo es lo que cuenta a la hora de evaluar la incidencia de los medios en procesos de mediano y largo plazo. Una situaci&oacute;n de miedo puede ser pasajera; una atm&oacute;sfera de miedo necesita ser sostenida por la acci&oacute;n continua de los factores que la suscitan. A este respecto, lo esencial es notar que no basta con que existan riesgos o acontezcan hechos temibles; hace falta adem&aacute;s que el p&uacute;blico tenga conocimiento de ello y que ese conocimiento sea renovado una y otra vez. Aqu&iacute; resulta pertinente la tesis de Gil Calvo seg&uacute;n la cual &quot;lo que ha crecido con la globalizaci&oacute;n no es tanto el riesgo real como el conocimiento p&uacute;blico del riesgo percibido&quot; &#40;2003, p. 38&#41; . En opini&oacute;n de este autor, el alarmismo global es &quot;un efecto emergente creado por los medios de comunicaci&oacute;n&quot; &#40;2003, p. 40&#41; . Examinemos algunos de los corolarios que se derivan de este planteamiento.</p>      <p>Que el conocimiento p&uacute;blico del riesgo percibido aumente significa que los factores de miedo conquistan una porci&oacute;n creciente de la atenci&oacute;n p&uacute;blica, con lo que permanecen presentes m&aacute;s tiempo en la conciencia de los individuos. Que la sensaci&oacute;n de alarma as&iacute; intensificada sea un efecto emergente significa que esta din&aacute;mica no obedece a los designios de una voluntad conspiradora empe&ntilde;ada en extender el miedo entre la poblaci&oacute;n. La intensificaci&oacute;n de la alarma creada por los medios es un efecto no calculado que se debe tanto al perfeccionamiento del aparato tecnol&oacute;gico de los medios como al alcance global que est&aacute; alcanzando su cobertura. Lo caracter&iacute;stico de la globalizaci&oacute;n del miedo radica en que la atm&oacute;sfera generalizada de temor se nutre de hechos violentos o de situaciones de riesgo que tienen lugar en sitios muy precisos pero que alcanzan una resonancia global debido a la acci&oacute;n del aparato medi&aacute;tico. Este cambio podr&iacute;a considerarse como un fen&oacute;meno puramente cuantitativo &#40;ahora mucha m&aacute;s gente se entera de los hechos&#41; si no fuera porque, una vez tamizada por la acci&oacute;n de los medios, la percepci&oacute;n del miedo cambia de signo. De hecho, como sostiene Reguillo, gracias a los medios el terror se est&aacute; convirtiendo en &quot;una narrativa de exportaci&oacute;n global&quot; &#40;2000, p. 68&#41; . Esta perspectiva resulta sugerente por cuanto indica que en la aldea global los individuos, adem&aacute;s de consumirse a fuego lento en el caldero del miedo, son tambi&eacute;n &aacute;vidos consumidores de miedos medi&aacute;ticos. Pero lo que interesa subrayar ahora es que las narrativas globales del miedo tienen un potencial para atemorizar a la gente que suele estar ausente en las narrativas locales. El an&aacute;lisis de un ejemplo puede ayudarnos a aclarar este punto.</p>      <p>Ya hace casi cuarenta a&ntilde;os Morin se hab&iacute;a referido al asesinato de J. F. Kennedy como la primera &quot;teletragedia planetaria&quot; &#40;1994, p. 408 y ss&#41; . Expresiones an&aacute;logas se oyeron por doquier con motivo de la ca&iacute;da de las Torres Gemelas en el 2001. Habermas se refiri&oacute; a este hecho como al &quot;primer acontecimiento hist&oacute;rico mundial en sentido estricto&quot;, pues se consum&oacute; &quot;ante los ojos de la opini&oacute;n p&uacute;blica mundial&quot; &#40;Borradori, 2003, p. 57&#41; . Derrida, por su parte, interpret&oacute; el hecho como el s&iacute;ntoma de un &quot;terror absoluto&quot; que sobrevuela el mundo con todos sus &quot;efectos traum&aacute;ticos&quot; &#40;Borradori, 2003, pgs. 147-148&#41; . Ambos fil&oacute;sofos coincidieron en atribuir un papel primordial a la difusi&oacute;n del hecho en tiempo real y al posterior cubrimiento de los detalles a trav&eacute;s de las cadenas de televisi&oacute;n &#40;las c&aacute;maras se las arreglaron para transformar a la opini&oacute;n p&uacute;blica mundial en una legi&oacute;n de &quot;mirones&quot;&#41; . No obstante, ambos se abstuvieron de se&ntilde;alar que el impacto de la difusi&oacute;n medi&aacute;tica no hab&iacute;a sido homog&eacute;neo en un sentido importante: la conmoci&oacute;n experimentada por los neoyorquinos no era equiparable a la experimentada por las audiencias de otras ciudades u otros continentes. Para los primeros, el zarpazo s&uacute;bito del terror resquebrajaba su confianza en la invulnerabilidad de un territorio en el cual estaba anclada su experiencia vital; para los segundos, el hecho constitu&iacute;a un aviso de que, a partir de ahora, nadie en ninguna parte pod&iacute;a considerarse completamente a salvo. En el primer caso, el miedo se nutr&iacute;a de circunstancias concretas y v&iacute;vidas; en el segundo, de im&aacute;genes y de comentarios puestos en circulaci&oacute;n por los medios. Los neoyorquinos pod&iacute;an imaginarse a s&iacute; mismos como v&iacute;ctimas de este ataque; las personas de otras regiones del mundo s&oacute;lo pod&iacute;an imaginarse a s&iacute; mismas como v&iacute;ctimas de ataques an&aacute;logos.</p>      <p>Esta diferencia no es trivial, por m&aacute;s que enseguida lo sucedido se convirtiera, aun para los propios neoyorquinos, en objeto de un tratamiento medi&aacute;tico intensivo. Cuando el miedo nace de hechos en los que podr&iacute;amos haber resultado afectados &#40;si es que no lo hemos sido&#41; , la superaci&oacute;n del trauma subsiguiente depende de nuestra capacidad para incorporar esos hechos a una narrativa personal y local, d&aacute;ndoles as&iacute; un semblante y un contexto preciso que los torna reconocibles y, en mayor o menor grado, manejables. Adem&aacute;s, los hechos que ocurren en un lugar familiar para nosotros no pueden, por terribles que sean, resultarnos totalmente ajenos. Cuando, por el contrario, los miedos nacen de hechos no localizables en un contexto personal, se transforman en una sensaci&oacute;n difusa que, justamente a causa de ello, resulta tanto m&aacute;s inquietante e ind&oacute;cil. Los v&iacute;nculos que conectan un acontecimiento temible con el entorno local en que ha tenido lugar se tornan impalpables tan pronto el acontecimiento pasa a formar parte del circuito global de las comunicaciones. Esta desterritorializaci&oacute;n del acontecimiento por obra de los medios introduce un elemento de abstracci&oacute;n e inaprehensibilidad en la percepci&oacute;n del miedo. Este ya no tiene propiamente un lugar sino que pasa a estar en cualquier lugar.</p>      <p>Por eso es posible afirmar que &quot;los miedos se fortalecen en la ampliaci&oacute;n sobrecogedora de su narraci&oacute;n medi&aacute;tica&quot; &#40;Reguillo, 2000, p. 68&#41; . A este respecto, la ca&iacute;da de las Torres Gemelas s&oacute;lo se diferencia de otros eventos terror&iacute;ficos por la magnitud de la difusi&oacute;n que tuvo. Por lo dem&aacute;s, la aseveraci&oacute;n de Reguillo resulta v&aacute;lida para la mayor&iacute;a de los hechos de violencia y de sangre que aparecen a diario por los medios. Las noticias sobre cr&iacute;menes, atentados suicidas, cat&aacute;strofes, cartas-bomba, mensajes con &aacute;ntrax, as&iacute; como las estad&iacute;sticas relativas a secuestros, accidentes, agresiones, masacres, generan un sordo sentimiento de tensi&oacute;n y de alarma. La inquietud se instala poco a poco en los corazones y, por ende, en las relaciones interpersonales. Pronto impera un miedo vago e indefinido que obstaculiza tanto la identificaci&oacute;n de los responsables como el c&aacute;lculo de los riesgos. S&oacute;lo los rumores circulan por doquier: la tensi&oacute;n planea sobre las cabezas de todos porque nadie sabe a ciencia cierta cu&aacute;ndo y d&oacute;nde ser&aacute; el pr&oacute;ximo golpe.</p>      <p>As&iacute; es como los medios alimentan el miedo a nivel global, aun sin propon&eacute;rselo. La l&oacute;gica que gobierna el tratamiento de la informaci&oacute;n a trav&eacute;s de los medios obedece menos a un oscuro inter&eacute;s en infundir terror que al objetivo m&aacute;s prosaico de llamar la atenci&oacute;n. Los peri&oacute;dicos, las emisiones radiales, los telenoticieros necesitan incrementar o al menos mantener su audiencia para continuar al aire o en circulaci&oacute;n. Infelizmente, da la casualidad de que el miedo constituye uno de los mejores ganchos para lograrlo. En condiciones de dura competencia, es f&aacute;cil para los encargados de un medio caer en la tentaci&oacute;n de subrayar los aspectos m&aacute;s llamativos de unos acontecimientos de por s&iacute; llamativos. Es aqu&iacute; donde resulta oportuno recordar el apetito creciente por las im&aacute;genes de violencia y de sangre que caracteriza a la sociedad contempor&aacute;nea. Susan Sontag ha subrayado que, desde hace varias d&eacute;cadas, el grado de violencia, sadismo y horror admitidos en la cultura de masas &#40;a trav&eacute;s de las pel&iacute;culas, la televisi&oacute;n, los videojuegos, etc&eacute;tera&#41; viene en aumento: &quot;Im&aacute;genes que habr&iacute;an tenido a la audiencia encogida y apart&aacute;ndose de repulsi&oacute;n hace cuarenta a&ntilde;os son vistas hoy sin siquiera un pesta&ntilde;eo por todos los adolescentes en los multicines&quot; &#40;2003, pgs. 100-101&#41; . Antes de ser las v&iacute;ctimas del miedo, los individuos ya eran sus consumidores. Por eso no es extra&ntilde;o que la destrucci&oacute;n de las Torres Gemelas hubiese sido anticipada con lujo de detalles por Hollywood, esa enorme industria del entretenimiento experta en escenificar hecatombes &#40;conflagraciones nucleares, naufragios multitudinarios, choques del planeta con meteoritos, matanzas a cargo de asesinos naturales, exterminios que ponen en peligro a la especie humana...&#41; . En cierto sentido, las pel&iacute;culas y los programas basados en la estetizaci&oacute;n del terror no son meros pasatiempos: su existencia contribuye eficazmente a curtir las audiencias, a prepararlas para el consumo del terror real, el cual de todos modos llega atenuado cuando aparece transmitido en los noticieros&mdash; por m&aacute;s que los televidentes, antes de cambiar de canal, alcancen a pensar:&quot; Ã‚Â¡Qu&eacute; terrible que algo as&iacute; haya podido ocurrir!&quot;&mdash;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esto muestra que el papel central jugado por los medios en la globalizaci&oacute;n del miedo no se debe s&oacute;lo al poder de los propios medios, sino tambi&eacute;n a la silenciosa complicidad del p&uacute;blico. Mientras los eventos sangrientos sigan siendo una garant&iacute;a de espect&aacute;culo, mientras las narrativas del terror y la violencia contin&uacute;en conquistando audiencias, seguramente los medios seguir&aacute;n utilizando este tipo de ganchos y, en consecuencia, continuar&aacute;n actuando como agentes de la propagaci&oacute;n del miedo. Y no porque los medios se hayan propuesto deliberadamente extender el miedo &#40;hemos dicho ya que el alarmismo es un efecto emergente no deseado&#41; , sino porque apelan a &eacute;l como a una f&oacute;rmula que en repetidas ocasiones ha probado su eficacia.</p>      <p><b>La sociedad global en estado de miedo permanente</b></p>      <p>El hecho de que la globalizaci&oacute;n del miedo sea un efecto emergente no significa, empero, que los poderes constituidos no puedan aprovechar la nueva situaci&oacute;n para inclinar la balanza del miedo en una u otra direcci&oacute;n. Para nadie es un secreto que los hechos reciben una atenci&oacute;n diferenciada por parte de los medios, y todos sabemos que el empleo de tecnolog&iacute;as medi&aacute;ticas ofrece enormes posibilidades, tanto a la hora de seleccionar los contenidos informativos que circular&aacute;n globalmente, como a la hora de dosificar o multiplicar el efecto de un acontecimiento sobre las audiencias. Estas posibilidades resultan atractivas para muchos debido a que la gesti&oacute;n medi&aacute;tica del miedo es una herramienta eficaz para el logro de ciertos prop&oacute;sitos &#40;emprender una guerra, promover un proyecto legislativo que limita la inmigraci&oacute;n extranjera, motivar una ola de popularidad en &eacute;poca de elecciones, sembrar la desconfianza en una comunidad, etc&eacute;tera&#41; . Por otra parte, el miedo reduce la capacidad de resistencia y de vigilancia cr&iacute;tica de la ciudadan&iacute;a. Como escriben Deleuze y Parnet, &quot;los poderes tienen m&aacute;s necesidad de angustiarnos que de reprimirnos&quot; y por eso est&aacute;n interesados ante todo en &quot;administrar y organizar nuestros peque&ntilde;os terrores &iacute;ntimos&quot; &#40;1997, p. 71&#41; . Por su efecto paralizante sobre los individuos, el miedo es un controlador social bastante eficiente. Bajo su influjo, los individuos tienden menos a actuar y m&aacute;s a permanecer en estado de alerta, a la espera de los acontecimientos.</p>      <p>Ahora bien, estar a la espera no suele ser un modo adecuado de resolver el problema&mdash;o de aclarar la situaci&oacute;n&mdash;que suscita el miedo. Dilatar la espera pr&aacute;cticamente equivale a prolongar la existencia del problema, y prolongar el problema equivale a su vez a dilatar la espera de la soluci&oacute;n. Ya los fil&oacute;sofos del siglo XVII han mostrado claramente que no hay esperanza sin miedo ni miedo sin esperanza, pues el miedo va unido siempre a la esperanza de que aquello que se teme no ocurra y la esperanza va unida siempre al miedo de que aquello que se espera no llegue &#40;Descartes, Tratado de las pasiones, LVIII; Spinoza, Etica, III, Definiciones de los afectos, XII-XIII&#41; . Esta interdependencia entre esperanza y miedo tiene fuertes implicaciones en la esfera de la vida p&uacute;blica, ya que abre un camino muy efectivo para influir sobre la conducta de las personas. En este sentido, la globalizaci&oacute;n del miedo es un desarrollo emergente que le viene bien a todo aquel que quiera mantener viva entre la ciudadan&iacute;a la esperanza de un triunfo sobre el miedo. Los gobernantes con frecuencia son los primeros interesados en ello, ya que, en la medida en que la atm&oacute;sfera de miedo se mantenga viva, la esperanza de derrotar el miedo&mdash; proyecto que ellos prometen cumplir&mdash;tambi&eacute;n persistir&aacute;. En este orden de ideas, alimentar el miedo puede ser un medio para ganar puntos en los sondeos o para obtener votos. Pol&iacute;ticas del tipo Seguridad democr&aacute;tica o Guerra contra el terrorismo encuentran la clave de su popularidad en la esperanza de los ciudadanos de trocar la incertidumbre por la tranquilidad, el miedo por la confianza. Por eso los promotores de estas pol&iacute;ticas suelen estar prontos a utilizar los medios para persuadir a la opini&oacute;n p&uacute;blica, tanto de la peligrosidad de la amenaza terrorista, como de las bondades de su estrategia para combatirla.</p>      <p>El problema es que los procedimientos empleados para combatir el terror usualmente recurren a formas m&aacute;s o menos veladas de ese mismo terror que fustigan, con lo que, como dice Derrida, &quot;trabajan para regenerar, a corto o largo plazo, las causas del mal que pretenden exterminar&quot; &#40;Borradori, 2003, p. 149&#41; . Si Occidente ha sido objeto de una fuerte estigmatizaci&oacute;n por parte de grupos extremistas isl&aacute;micos, es indudable que las principales democracias occidentales han respondido a ello con estrategias que se aproximan peligrosamente a una estigmatizaci&oacute;n de signo inverso contra el Islam. Si los grupos terroristas han sembrado el p&aacute;nico con sus acciones criminales, es indudable que el despliegue de los ej&eacute;rcitos justicieros encargados de perseguirlos ha resultado igualmente aterrador. En su estudio sobre el terror en el Putumayo durante la &eacute;poca cauchera, Taussig cita el testimonio del fraile capuchino Gaspar de Pinell, a quien la estad&iacute;a en la regi&oacute;n lo hab&iacute;a convencido de que &quot;al hombre civilizado le resulta m&aacute;s f&aacute;cil salvajizarse al tratar con los indios, que no conseguir que los indios se civilicen con los actos de los civilizados&quot; &#40;1987, p. 81&#41; . Cuando reformulamos esta idea en t&eacute;rminos contempor&aacute;neos, advertimos que, en la lucha contra el fundamentalismo, le resulta m&aacute;s f&aacute;cil al defensor de los valores democr&aacute;ticos terminar actuando como un fundamentalista y no lograr que el fundamentalista se convierta en un partidario de la democracia. Esto implica que, a la larga, se hace necesario proteger la democracia no s&oacute;lo de sus agresores sino tambi&eacute;n de sus autoproclamados defensores.</p>      <p>Esta paradoja se nutre de la circunstancia de que es muy dif&iacute;cil luchar contra el miedo sin apelar a su vez al miedo como escudo de protecci&oacute;n. Se ha dicho con frecuencia que la violencia genera m&aacute;s violencia; una afirmaci&oacute;n similar vale en caso del miedo. Quien vive rodeado de una atm&oacute;sfera de miedo percibe el peligro en todas partes; se siente asediado por enemigos que, sin embargo, no logra identificar claramente. Negri y Hardt han mostrado que &quot;hoy en d&iacute;a les resulta cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil a los ide&oacute;logos de Estados Unidos nombrar a un &uacute;nico, unificado enemigo; por el contrario, parece que hay enemigos menores y elusivos en todas partes&quot; &#40;2001, p. 202&#41; . Un corolario importante que se deriva de esta atm&oacute;sfera de peligro es que, bajo su influencia, la representaci&oacute;n de la realidad tiende a revertir en mecanismos de dominio. Quien vive en un mundo aterrador se convence f&aacute;cilmente de que el &uacute;nico modo de sobrevivir consiste en inspirar a su vez un terror a&uacute;n mayor. Por este camino, la lucha contra el miedo termina sirviendo para justificar la construcci&oacute;n de muros, el trazado de l&iacute;neas fronterizas, el dise&ntilde;o de armamentos m&aacute;s sofisticados, la producci&oacute;n de identidades ficticias, la b&uacute;squeda de chivos expiatorios sobre los cuales descargar la furia de la venganza. </p>      <p>El precio que se paga por ello radica en el debilitamiento de la legitimidad del gobierno instituido. Como mostr&oacute; Benjamin hace casi un siglo, el derecho que tienen los gobernantes de hacer cumplir las leyes se basa en la fuerza, por m&aacute;s que la finalidad del derecho sea la superaci&oacute;n del estado en el cual impera la ley del m&aacute;s fuerte. Esto implica, por un lado, que ning&uacute;n sistema de gobierno puede renunciar al uso de la fuerza, al mismo tiempo que, por el otro, los despliegues de fuerza mediante los cuales hace cumplir la ley debilitan &#40;sobre todo una vez traspasan cierto l&iacute;mite&#41; el principio del cual extraen su propia legitimidad: &quot;A la larga, toda violencia conservadora de derecho indirectamente debilita a la fundadora de derecho en ella misma representada, al reprimir violencias opuestas hostiles. &#40;...&#41; Esta situaci&oacute;n perdura hasta que nuevas expresiones de violencia o las anteriormente reprimidas, llegan a predominar sobre la violencia fundadora hasta entonces establecida, y fundan un nuevo derecho sobre sus ruinas&quot; &#40;Benjamin, 1999, p. 44&#41; . El terrorismo sin duda no ofrece una base leg&iacute;tima para fundar un nuevo derecho. Sin embargo, en sus esfuerzos por reprimir el terrorismo, los gobiernos pueden terminar realizando un despliegue de fuerza desproporcionado &#40;es decir, terrorista en mayor o menor grado&#41; debido a la dificultad de identificar al enemigo, que se torna cada vez m&aacute;s inasible y escurridizo. El hecho mismo de declararle la guerra a los terroristas es ya un s&iacute;ntoma de esta desproporci&oacute;n que, como ha se&ntilde;alado Habermas, s&oacute;lo puede conducir a una &quot;guerra a ciegas&quot; &#40;Borradori, 2003, p. 66&#41; . De ah&iacute; que, por momentos, el terror desencadenado por los terroristas y el terror de las respuestas estatales tiendan a confundirse, a volverse borrosos e indistintos. En la novela La inmortalidad de Kundera se encuentra una frase que, si se nos permitiera cambiar la palabra 'odio' por la palabra 'miedo', dir&iacute;a: &quot;El peligro del miedo consiste en que nos ata al adversario en un estrecho abrazo&quot;. Este parece ser el riesgo que afrontan hoy los gobiernos democr&aacute;ticos que han sido atacados por el terrorismo. Ello no significa que la globalizaci&oacute;n del miedo implique necesariamente un regreso al terrorismo de Estado, esa herencia siniestra de la revoluci&oacute;n francesa en la cual el poder estatal manten&iacute;a el control absoluto de un territorio mediante el uso de la fuerza. Si bien diversos indicios parecen indicar un retorno de la Realpolitik y del estado guardi&aacute;n hobbesiano, en nuestra &eacute;poca ya no se trata tanto de controlar los territorios mediante el terror como de gestionar, administrar, dosificar h&aacute;bilmente el terror que el sistema mismo produce, de manera que la situaci&oacute;n tome, como por a&ntilde;adidura, el curso deseado. La ambig&uuml;edad impl&iacute;cita en los atentados del 11 de septiembre ilustra bien este punto. Los terroristas que organizaron el ataque y el gobierno del pa&iacute;s atacado ten&iacute;an un inter&eacute;s compartido: darle a los hechos la mayor resonancia posible a trav&eacute;s de los medios. Como era de esperarse, cada una de las partes procur&oacute; sacar el m&aacute;ximo partido del funcionamiento del aparato medi&aacute;tico, a fin de encauzar el terror en la direcci&oacute;n m&aacute;s acorde con los propios objetivos, por m&aacute;s que el inter&eacute;s de unos consistiera en sembrar el miedo por doquier mientras que el de los otros consist&iacute;a en canalizar ese miedo &#40;cuyo desencadenamiento no se hab&iacute;a podido impedir&#41; para legitimar una respuesta aplastante y al mismo tiempo estrat&eacute;gica.</p>      <p>El miedo mismo entretanto sigue su propia l&oacute;gica, en paralelo a los esfuerzos de unos y otros por ponerlo a su servicio. Los nuevos ataques que tuvieron lugar en Madrid y en Londres encontraron el terreno abonado para la propagaci&oacute;n de una desconfianza generalizada, en especial contra los extranjeros residentes en esos pa&iacute;ses. A diferencia de los miedos desatados por eventos anteriores &#40;como la explosi&oacute;n de un reactor nuclear en Chernobyl o el accidente deThree Mile Island&#41; , en los cuales la reacci&oacute;n negativa de la opini&oacute;n p&uacute;blica recay&oacute; sobre la tecnolog&iacute;a y el armamento desarrollados durante la Guerra Fr&iacute;a, los ataques terroristas recientes han producido desgarrones que afectan directamente el tejido social, incrustando en &eacute;l un elemento de suspicacia e inestabilidad. La amenaza que provoca mayor temor ya no es la de una guerra nuclear ni la de un accidente nuclear &#40;aunque estos temores a&uacute;n subsisten&#41; , sino la de un ataque nuclear organizado por grupos criminales o bandas terroristas. A esto hay que agregar el temor constante a los ataques m&aacute;s peque&ntilde;os pero igualmente destructivos que acontecen aqu&iacute; y all&aacute;, golpeando de pronto donde menos se lo espera. Cualquiera podr&iacute;a ser la pr&oacute;xima v&iacute;ctima; el victimario puede estar en cualquier lugar. Todo esto ocurre en un momento hist&oacute;rico en el que las sociedades democr&aacute;ticas resultan muy vulnerables frente a los embates del miedo, tanto por la amplificaci&oacute;n medi&aacute;tica del temor como por la atomizaci&oacute;n de las propias audiencias, integradas cada vez m&aacute;s por individuos relativamente aislados, cuyas viviendas y cuyos proyectos de vida tienden a ser unipersonales. Bajo estas condiciones, construir lazos de solidaridad no resulta una tarea f&aacute;cil. Aqu&iacute; vale la pena recordar el certero aforismo de Gonzalo Arango: &quot;El miedo amontona, no une&quot;. Las comunidades del miedo son constitutivamente fr&aacute;giles; en ellas mismas prospera el gusano destinado a carcomerlas.</p>      <p>Precisamente por ello, el hecho de que la gesti&oacute;n calculada del miedo haya prevalecido hasta ahora en las respuestas pol&iacute;ticas a la amenaza terrorista constituye un s&iacute;ntoma tanto m&aacute;s revelador del futuro que se avecina para la aldea global. En un alarde de realismo que, empero, no basta para disimular el car&aacute;cter profundamente reaccionario de su pensamiento, Huntington escribe: &quot;Tras el 11 de septiembre, el presidente Bush dijo: &quot;Nos negamos a vivir con miedo&quot;. Pero este nuevo mundo es un mundo aterrador y los estadounidenses no tendr&aacute;n m&aacute;s remedio que convivir con ese temor o, incluso, vivir atemorizados&quot; &#40;2004, p. 383&#41; . Si aprender a vivir en un mundo aterrador es la tarea para la cual todos tendr&aacute;n que prepararse, entonces lo que se avizora en el horizonte es una verificaci&oacute;n de la tesis de Benjamin seg&uacute;n la cual el estado de sitio constituye un modelo adecuado para la interpretaci&oacute;n de la vida social. Con este matiz esencial: lo que para Benjamin constitu&iacute;a un argumento en contra de la idea de progreso, representa para Huntington su resultado inevitable y natural, raz&oacute;n por la cual hay que resignarse a &eacute;l. La ret&oacute;rica que proclama: &quot;Nos negamos a vivir con miedo&quot;, es la misma que no considera la posibilidad de someter su propio privilegio de producir miedo a alg&uacute;n tipo de restricci&oacute;n. Cuando Bush declara: &quot;El mundo es un lugar peligroso&quot;, sin duda tiene razones para decirlo, puesto que de su pa&iacute;s proviene m&aacute;s del 50% de las armas que se producen en el mundo. Por eso no es de extra&ntilde;ar que la sociedad globalizada parezca estar pr&oacute;xima a convertirse, no en un escenario de convivencia cosmopolita, sino en un estado mundial de miedo permanente. Esa es la forma que adopta hoy la apor&iacute;a que est&aacute; en el n&uacute;cleo del proceso modernizador. Como dice Susan Sontag, la sensibilidad &eacute;tica moderna se define por &quot;la convicci&oacute;n de que la guerra, aunque inevitable, es una aberraci&oacute;n. De que la paz, aunque inalcanzable, es la norma. No es as&iacute;, desde luego, como la guerra ha sido vista a trav&eacute;s de la historia. La guerra ha sido la norma, y la paz, la excepci&oacute;n&quot; &#40;2003, p. 74&#41; . Que la guerra sea la norma significa que el estado de discordia deja de ser excepcional y que el imperio del miedo, lejos de ser el efecto de una situaci&oacute;n espor&aacute;dica, es el tono principal que marca el comp&aacute;s de la vida diaria. Desde esta perspectiva, la sociedad global no puede ser caracterizada en t&eacute;rminos de hospitalidad ni aun de tolerancia, pues su esencia consiste m&aacute;s bien en la estilizaci&oacute;n y la regimentaci&oacute;n del estado de guerra, en la perpetuaci&oacute;n de las luchas bajo formas a las cuales insistimos en denominar con etiquetas pudorosas tales como convivencia o pacto social.</p>      <p>El terrorismo es, por lo tanto, y a pesar de su irracionalidad, un producto l&oacute;gico del orden mundial que ahora intenta castigarlo y desmantelarlo. Si bien es apenas obvio que los pactos, las alianzas y las formas civilizadas de convivencia funcionan bien para muchos, tambi&eacute;n es cierto que otros pagan con su sufrimiento o su angustia ese &quot;feliz&quot; resultado. Ya no es posible disimular por m&aacute;s tiempo que son las propias estructuras del capitalismo global las que generan situaciones objetivas que hacen posible el terrorismo. De aqu&iacute; extrae su validez la afirmaci&oacute;n de Beck seg&uacute;n la cual &quot;el capitalismo global amenaza la cultura de la libertad democr&aacute;tica al radicalizar las desigualdades sociales y al revocar los principios de la seguridad y la justicia social&quot; &#40;2002, p. 40&#41; . La finalizaci&oacute;n de esa gran crisis mundial que fue la Guerra Fr&iacute;a ha dado paso a una crisis permanente que circula por todas partes, a un terror descentrado que se niega a permanecer confinado dentro de las fronteras de los estados nacionales. Sucede un poco como si el terror reservado hasta ahora para los m&aacute;s d&eacute;biles estuviera tratando de &quot;redistribuirse&quot; de una manera m&aacute;s equitativa &#40;con un &eacute;xito parcial, ya que el viejo esquema hegem&oacute;nico ha sido vulnerado pero est&aacute; lejos de ser derrotado&#41; . Estos efectos de reacomodamiento de las fuerzas son un claro indicio de las luchas subterr&aacute;neas que minan el capitalismo. En este sentido, el reconocimiento de que la globalizaci&oacute;n del miedo es un efecto emergente desencadenado por la mundializaci&oacute;n de las comunicaciones no puede hacernos perder de vista los escenarios locales de constituci&oacute;n del miedo. Los hechos de terror se nutren de circunstancias espec&iacute;ficas que es preciso analizar en cada caso. El miedo es globalizado por los medios, pero los medios s&oacute;lo globalizan miedos que han sido previamente producidos. La producci&oacute;n del miedo, a su vez, no responde s&oacute;lo al fanatismo de ciertos grupos radicales; responde tambi&eacute;n a las din&aacute;micas globales que lo hacen posible y que se encargan luego de multiplicar su resonancia, constituyendo un bucle en el que el terror se retroalimenta a s&iacute; mismo sin cesar.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Conclusi&oacute;n</b></p>      <p>A la luz de las anteriores consideraciones, la globalizaci&oacute;n del miedo se nos presenta como un fen&oacute;meno sumamente complejo en el que intervienen al menos tres factores principales: a&#41; inaprehensibilidad y propagaci&oacute;n horizontal de las nuevas formas de terrorismo; b&#41; presencia invasiva de los medios de comunicaci&oacute;n en la vida cotidiana de las personas en el mundo entero; c&#41; utilizaci&oacute;n estrat&eacute;gica del miedo por parte de los poderes pol&iacute;tico-econ&oacute;micos del capitalismo global. Una comprensi&oacute;n adecuada de la globalizaci&oacute;n del miedo requiere una investigaci&oacute;n minuciosa de las complejas articulaciones que existen entre estos factores &#40;tarea que, desde luego, desborda ampliamente el alcance de este art&iacute;culo&#41; . Si bien el potencial que los factores citados tienen para suscitar una atm&oacute;sfera de miedo depende en gran medida de las tensiones y de los riesgos t&iacute;picos de la modernidad tard&iacute;a, el an&aacute;lisis espec&iacute;fico de sus formas de eslabonamiento puede arrojar luces acerca de las condiciones en las cuales el miedo global aparece como un fen&oacute;meno in&eacute;dito en la historia.</p>      <p>La ciudadan&iacute;a global es una aspiraci&oacute;n que, como subraya Richard Falk &#40;2004&#41; , ha eclipsado por el momento, debido tanto a los ataques del 11 de septiembre como a la reacci&oacute;n de Estados Unidos y sus aliados. Bajo las circunstancias actuales, el panorama presenta un aspecto sombr&iacute;o en cuyo horizonte se perfila una sociedad en estado de miedo permanente. La tecnolog&iacute;a, la comunicaci&oacute;n y la pol&iacute;tica convergen como los principales factores que hacen posible ese estado de miedo. Si, como pensaba Hannah Arendt, la violencia&mdash;a diferencia del poder&mdash;depende del uso de artefactos de destrucci&oacute;n e intimidaci&oacute;n, entonces nuestra &eacute;poca est&aacute; especialmente expuesta a la violencia y al terror en la medida en que ese tipo de artefactos es hoy m&aacute;s sofisticado que nunca. Si, como sugiere Gil Calvo, el miedo es la emoci&oacute;n m&aacute;s contagiosa que existe, entonces nuestra &eacute;poca resulta especialmente vulnerable ante el miedo debido al incremento del conocimiento p&uacute;blico del riesgo motivado por la expansi&oacute;n mundial de los medios masivos. Si el estado de sitio es, como sosten&iacute;a Benjamin, un modelo adecuado para la interpretaci&oacute;n de la historia moderna, entonces nuestra &eacute;poca, lejos de rebasar las apor&iacute;as fundadoras de la modernidad, las lleva hasta su extremo al convertir la aldea global en el escenario de un despliegue generalizado del miedo.</p>      <p>La globalizaci&oacute;n del miedo, sin embargo, no es en modo alguno un proceso irreversible &#40;aunque la globalizaci&oacute;n misma s&iacute; lo sea&#41; . El estado de miedo permanente, lejos de ser una consecuencia inevitable, constituye m&aacute;s bien un desaf&iacute;o a la espera de una respuesta inteligente. Spinoza nos ofrece una pista clave a la hora de revertir la hegemon&iacute;a del miedo. &Eacute;ste, en efecto, es s&oacute;lo una de las caras de una moneda cuya otra cara es la esperanza. </p>      <p>Para vencer el miedo, es preciso vencer antes la seducci&oacute;n que ejerce la esperanza de seguridad. Esto no implica, empero, abrirle las puertas a la resignaci&oacute;n y la pasividad. Implica solamente la necesidad de decirle adi&oacute;s a las ilusiones del progreso o, por lo menos, de someter sus promesas a una cr&iacute;tica severa, sobre todo cuando tienen lugar en un contexto pol&iacute;tico. La historia es el reino de la libertad y, por lo tanto, del peligro. En este sentido, el miedo es un compa&ntilde;ero inseparable del ser humano. Sin embargo, de aqu&iacute; no se sigue que sea necesario resignarse a vivir acosados por el miedo. La tarea es m&aacute;s bien, como sugiere Taussig, &quot;despojar de su sensacionalismo al terror&quot; &#40;1987, p. 135&#41; . Esto revela, de un lado, la necesidad de desactivar la magnificaci&oacute;n medi&aacute;tica y psicol&oacute;gica del miedo, y del otro, la urgencia de no ignorar por m&aacute;s tiempo las condiciones sociales que lo perpet&uacute;an.</p>  <hr size="1">      <p><b>Referencias</b></p>    <!-- ref --><p>Bauman, Z. &#40;2003&#41; .  <i>Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil</i>. Madrid: Siglo  XXI.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0123-885X200600030001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Beck, U. &#40;2002&#41; . The Cosmopolitan Society and its Enemies.  <i>Theory, Culture & Society</i>, 19&#40;1-2&#41; , 17-44.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S0123-885X200600030001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Beck, U. &#40;2003&#41; .  <i>Sobre el terrorismo y la guerra</i>. Barcelona: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0123-885X200600030001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Benjamin, W.  &#40;1999&#41; . Para una cr&iacute;tica de la violencia y otros ensayos. <i>Iluminaciones</i>  IV. Madrid: Taurus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0123-885X200600030001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bibes, P. &#40;2001&#41; . Transnational Organized Crime and  Terrorism. <i>Journal of Contemporary Criminal Justice</i>, 17&#40;3&#41; ,  243-258.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0123-885X200600030001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Borradori, G. &#40;2003&#41; . La filosof&iacute;a en una &eacute;poca de terror.  <i>Di&aacute;logos con J&uuml;rgen Habermas y Jacques Derrida</i>. Madrid:  Taurus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0123-885X200600030001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Deleuze, G. y Parnet, C. &#40;1997&#41;  Di&aacute;logos. Valencia:  Pre-Textos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0123-885X200600030001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Falk, R. &#40;2004&#41; . Citizenship and Globalism. Markets, Empire,  and Terrorism. En: Brysk & Shafir &#40;Eds&#41; , People Out of Place.  <i>Globalization, Human Rights, and the Citizenship Gap</i>. London:  Routledge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0123-885X200600030001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Giddens, A. &#40;2000&#41; . <i>Un mundo desbocado. Los efectos de la  globalizaci&oacute;n en nuestras vidas</i>. Madrid: Taurus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0123-885X200600030001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Gil Calvo, E.  &#40;2003&#41; . <i>El miedo es el mensaje</i>. Riesgo, incertidumbre y  medios de comunicaci&oacute;n. Madrid: Alianza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0123-885X200600030001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Huntington, S. &#40;2004&#41; .  <i>&iquest;Qui&eacute;nes somos? Los desaf&iacute;os a la identidad nacional estadounidense</i>.  Barcelona: Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0123-885X200600030001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Morin, E. &#40;1994&#41; . Une t&eacute;l&eacute;-trag&eacute;die plan&eacute;taire.  Sociologie, 408-414.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0123-885X200600030001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Negri, T. y Hardt, M. &#40;2001&#41; . Imperio. Bogot&aacute;:  Ediciones Desde Abajo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0123-885X200600030001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Reguillo, R. &#40;2000&#41; . Los laberintos del miedo. Un  recorrido para fin de siglo. <i>Revista de Estudios Sociales</i>, 5,  63-72.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0123-885X200600030001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Sontag, S. &#40;2003&#41; . <i>Regarding the Pain of Others.</i> New  York: Farrar, Straus and Giroux.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0123-885X200600030001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Taussig, M. &#40;1987&#41; . <i>Shamanism,  Colonialism, and the Wild Man. A Study in Terror and Healing</i>. Chicago: The  University of Chicago Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0123-885X200600030001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bauman]]></surname>
<given-names><![CDATA[Z]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Comunidad: En busca de seguridad en un mundo hostil]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid: ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Siglo XXI]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Beck]]></surname>
<given-names><![CDATA[U]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Cosmopolitan Society and its Enemies]]></article-title>
<source><![CDATA[Theory, Culture & Society]]></source>
<year>2002</year>
<volume>19</volume>
<numero>1-2</numero>
<issue>1-2</issue>
<page-range>17-44</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Beck]]></surname>
<given-names><![CDATA[U]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Sobre el terrorismo y la guerra]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Benjamin]]></surname>
<given-names><![CDATA[W]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Para una crítica de la violencia y otros ensayos: Iluminaciones IV]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Taurus]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bibes]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Transnational Organized Crime and Terrorism]]></article-title>
<source><![CDATA[Journal of Contemporary Criminal Justice]]></source>
<year>2001</year>
<volume>17</volume>
<numero>3</numero>
<issue>3</issue>
<page-range>243-258</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Borradori]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La filosofía en una época de terror: Diálogos con Jürgen Habermas y Jacques Derrida]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Taurus]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Deleuze]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Parnet]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Diálogos]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Valencia ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Pre-Textos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Falk]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Citizenship and Globalism: Markets, Empire, and Terrorism]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Brysk]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Shafir]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[People Out of Place: Globalization, Human Rights, and the Citizenship Gap]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Routledge]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Giddens]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Un mundo desbocado: Los efectos de la globalización en nuestras vidas]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Taurus]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gil Calvo]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El miedo es el mensaje: Riesgo, incertidumbre y medios de comunicación]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alianza]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Huntington]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[¿Quiénes somos?: Los desafíos a la identidad nacional estadounidense]]></source>
<year>2004</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Morin]]></surname>
<given-names><![CDATA[E]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Une télé-tragédie planétaire: Sociologie]]></source>
<year>1994</year>
<page-range>408-414</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Negri]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Hardt]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Imperio]]></source>
<year>2001</year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ediciones Desde Abajo]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Reguillo]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los laberintos del miedo: Un recorrido para fin de siglo]]></article-title>
<source><![CDATA[Revista de Estudios Sociales]]></source>
<year>2000</year>
<numero>5</numero>
<issue>5</issue>
<page-range>63-72</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sontag]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Regarding the Pain of Others]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[New York ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Farrar, Straus and Giroux]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Taussig]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Shamanism, Colonialism, and the Wild Man: A Study in Terror and Healing]]></source>
<year>1987</year>
<publisher-loc><![CDATA[Chicago ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[The University of Chicago Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
