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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4">Dulzura y Poder: el lugar del azúcar en la historia moderna</font></p>     <p>Mintz, S. (1996). Dulzura y Poder: el lugar del azúcar en la historia moderna. México: Siglo XXI</p>     <p><b>Santiago Mu&ntilde;oz</b>*</p>     <p>* Historiador, Universidad de los   Andes.  Estudiante de la Maestr&iacute;a en Historia de la misma universidad. Correo   electr&oacute;nico: <A href="mailto:santiagomunoza@gmail.com">santiagomunoza@gmail.com</A></p>  <hr size="1">     <p>En este maravilloso libro, publicado en ingl&eacute;s por primera vez en 1985,   Sidney Mintz rastrea la historia del az&uacute;car desde su producci&oacute;n en las econom&iacute;as   de plantaci&oacute;n de las islas del Caribe hasta su consumo entre un p&uacute;blico urbano y   asalariado que surg&iacute;a durante la Revoluci&oacute;n Industrial inglesa. Se trata de un   libro novedoso, en el que el antrop&oacute;logo estadounidense propone una nueva manera   de entender el surgimiento del capitalismo y su conexi&oacute;n con las colonias, a   trav&eacute;s del paradigm&aacute;tico caso del az&uacute;car.</p>        <p> Para seguir al az&uacute;car desde su   producci&oacute;n hasta su consumo, Mintz se sirve de cinco cap&iacute;tulos. El primero de   ellos est&aacute; orientado a abrir el campo para una antropolog&iacute;a de la comida, que en   el caso particular del az&uacute;car se traduce en una discusi&oacute;n sobre la dulzura y   hasta qu&eacute; punto &eacute;sta responde a necesidades fisiol&oacute;gicas o a aspectos   culturales. En este debate, Mintz sugiere que si bien existe una predisposici&oacute;n   de la especie humana hacia el sabor dulce, esto no podr&iacute;a dar cuenta, entre   otras cosas, de los diferentes sentidos culturales del gusto. Una historia del   az&uacute;car, sugiere el autor, debe dar cuenta tambi&eacute;n de los cambios alimenticios   que atraviesan las sociedades modernas. De esta manera, explica que la nutrici&oacute;n   de la mayor&iacute;a de sociedades humanas se basa en un alimento central (como el ma&iacute;z   y la papa) y en alimentos perif&eacute;ricos. As&iacute;, pues, mientras que en 1650 en el   Reino Unido este tipo de dieta era predominante, en un solo siglo empez&oacute; una   transformaci&oacute;n en la alimentaci&oacute;n que estaba relacionada con los cambios que   gener&oacute; la industrializaci&oacute;n en la sociedad inglesa. Con el surgimiento de las   grandes masas de trabajadores urbanos se generaron demandas de otro tipo de   alimentos altamente energ&eacute;ticos, entre ellos, el az&uacute;car.</p>          <p>  El segundo   cap&iacute;tulo explora la producci&oacute;n de az&uacute;car posterior a 1650, cuando &eacute;ste dej&oacute; de   ser un bien escaso y lujoso en Europa y adquiri&oacute; una gran relevancia en los   procesos hist&oacute;ricos de esta regi&oacute;n. Como muestra Mintz, para el momento en el   que los portugueses y los espa&ntilde;oles comenzaron a establecer una industria   azucarera en sus colonias en las islas del Atl&aacute;ntico, el az&uacute;car era todav&iacute;a   considerado un lujo, una medicina y una especie para la Europa Occidental. A   partir de este momento se inici&oacute; un asombroso incremento de la demanda de az&uacute;car   en Inglaterra, que vino acompa&ntilde;ado de la expansi&oacute;n inglesa y francesa en las   islas del Caribe. Mientras que las plantaciones de ca&ntilde;a en las colonias   portuguesas, inglesas e, incluso, holandesas se encontraban en auge, en las   colonias espa&ntilde;olas decay&oacute; fuertemente este tipo de cultivo. Lo m&aacute;s interesante   de este cap&iacute;tulo es que muestra c&oacute;mo las econom&iacute;as de plantaci&oacute;n de ca&ntilde;a de las   islas del Caribe y el aumento en el consumo de az&uacute;car en Inglaterra generaron   una serie de conexiones mundiales, en las que los productos terminados eran   transportados a &Aacute;frica, los esclavos africanos eran llevados a las Am&eacute;ricas y   las mercanc&iacute;as producidas en el Nuevo Mundo (como el az&uacute;car) eran consumidas en   Europa. Se trataba de unos circuitos que conectaban los procesos hist&oacute;ricos de   Inglaterra, &Aacute;frica y Am&eacute;rica; la esclavitud, la deforestaci&oacute;n y las econom&iacute;as de   plantaci&oacute;n, con la industrializaci&oacute;n y el surgimiento del proletariado ingl&eacute;s.   Pero para repensar estos circuitos, sugiere Mintz, debemos revisar lo que   entendemos por capitalismo y lo que entendemos por industria. Las econom&iacute;as de   plantaci&oacute;n podr&iacute;an pensarse como formas de organizaci&oacute;n industrial, si se tiene   en cuenta el car&aacute;cter especulativo de las plantaciones, la combinaci&oacute;n de   cultivos y f&aacute;brica, de trabajadores expertos e inexpertos y la r&iacute;gida   organizaci&oacute;n del tiempo que ten&iacute;an lugar en su interior. En este sentido, ser&iacute;a   dif&iacute;cil rotular a la econom&iacute;a de plantaci&oacute;n simplemente como "capitalista" o   "precapitalista", y m&aacute;s bien, sugiere el autor, se debe pensar a partir de sus   din&aacute;micas internas y su lugar en la emergente econom&iacute;a mundial.</p>          <p>  En el   tercer cap&iacute;tulo, Mintz se centra en el consumo, y muestra c&oacute;mo el az&uacute;car penetr&oacute;   en la vida social inglesa, adquiriendo nuevos usos y nuevos significados.   Mientras que antes de 1650 era un lujo, una medicina, una especie e, incluso,   una decoraci&oacute;n, despu&eacute;s de esta fecha atraves&oacute; un acelerado proceso de   transformaci&oacute;n que lo convirti&oacute; en un producto endulzante de consumo cotidiano y   necesario. A medida que su producci&oacute;n se incrementaba, el az&uacute;car se hizo cada   vez m&aacute;s abundante y asequible, y su utilizaci&oacute;n como un bien de lujo y su poder   simb&oacute;lico declinaron, para dar inicio a un comercio masivo que potenci&oacute; sus   beneficios econ&oacute;micos. Su transformaci&oacute;n en un producto com&uacute;n en Inglaterra va   de la mano del incremento en el consumo de t&eacute;, convirti&eacute;ndose en la base   alimenticia del naciente proletariado ingl&eacute;s. El az&uacute;car, junto con otros   alimentos, se ajustar&iacute;a a los tiempos de trabajo y de descanso de la f&aacute;brica, y   suplir&iacute;a las necesidades energ&eacute;ticas de trabajadores que no ten&iacute;an la capacidad   de producir sus propios alimentos.</p>          <p>  El cuarto cap&iacute;tulo toma como eje el   poder. Para ello, Mintz propone una separaci&oacute;n conceptual entre significado   externo y significado interno. Mientras que el primero hace referencia a los   factores de la econom&iacute;a pol&iacute;tica que generan ciertas tendencias en la   circulaci&oacute;n del az&uacute;car, el segundo se refiere a las din&aacute;micas cotidianas que   moldean los significados espec&iacute;ficos que se le atribuyen en la pr&aacute;ctica. En este   sentido, el significado que adquir&iacute;a el az&uacute;car en la econom&iacute;a imperial era   distinto del que eventualmente habr&iacute;a de adquirir en la vida de los ingleses,   pero aspectos como el precio y la accesibilidad del az&uacute;car eran consecuencias de   las pol&iacute;ticas imperiales que repercut&iacute;an en el significado "interno" del az&uacute;car.   A partir de estos conceptos, ilustra las distintas dimensiones del poder en la   historia del az&uacute;car.</p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  Finalmente, el quinto cap&iacute;tulo delinea los caminos   futuros de la historia del az&uacute;car, con lo cual Mintz propone que los cambios en   la alimentaci&oacute;n ocurridos con la industrializaci&oacute;n inglesa est&aacute;n relacionados   con la experiencia del tiempo en las sociedades modernas, y que, por tanto, este   estudio de caso es revelador de un fen&oacute;meno de proporciones mayores. Para Mintz,   la historia de c&oacute;mo los ingleses se convirtieron en consumidores de az&uacute;car   muestra c&oacute;mo se relaciona una antropolog&iacute;a de la comida con una antropolog&iacute;a de   la modernidad, pues revela lo que ha significado la vida moderna en relaci&oacute;n con   la alimentaci&oacute;n.</p>          <p>  En s&iacute;ntesis, a lo largo del libro se muestra que el   incremento del consumo de az&uacute;car en Inglaterra tuvo como base la expansi&oacute;n   ultramarina, que posibilit&oacute; un robusto comercio de africanos esclavizados e hizo   que un creciente n&uacute;mero de econom&iacute;as&nbsp; de plantaci&oacute;n&nbsp; tuvieran un gran impacto en   el devenir de las islas del Caribe. En Inglaterra, el az&uacute;car, antes raro y   prestigioso, se volvi&oacute; una necesidad de los trabajadores industriales y urbanos,   prefigurando as&iacute; unas transformaciones estructurales en t&eacute;rminos sociales,   econ&oacute;micos y alimentarios.</p>          <p>  Dulzura y poder es un libro brillante y bien   escrito que arroja distintas perspectivas para abordar problemas hist&oacute;ricos y   antropol&oacute;gicos, como la historia de la comida, la historia de los objetos e,   incluso, la historia del Atl&aacute;ntico. Igualmente, este libro es un excelente   exponente de un c&iacute;rculo intelectual que busca conciliar el concepto de cultura   con el de econom&iacute;a pol&iacute;tica<sup><a href="#1">1</a></sup> y que se preocupa por los sistemas mundo y por las   conexiones entre las distintas partes del globo.</p> <hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>     <p><a name="1">1</a> Véase el trabajo de Eric Wolf y de William Roseberry, por ejemplo.</p>       </font>      ]]></body>
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