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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4">Presentaci&oacute;n</font></p>     <p><b>Beatriz Gonz&aacute;lez</b>*</p>     <p>* Maestra en Bellas Artes, Universidad de los Andes,   Bogot&aacute;. Curso de grabado en la Academia de Bellas Artes de Rotterdam, Holanda.   Maestra Honoris Causa en Artes Pl&aacute;sticas, (2000) Universidad de Antioquia.   Investigadora (Historia del Arte) Premio Vida y Obra del Ministerio de Cultura   (2006). Ha expuesto individual y colectivamente desde 1964. Ha obtenido varias   distinciones, entre ellas, en el Sal&oacute;n Anual de Artistas Colombianos, durante   las versiones XVII (1965), XIX (1967) y XXXIII (1990). Directora del   Departamento de Educaci&oacute;n del Museo de Arte Moderno (1970-1983). Curadora e   investigadora de exposiciones de la Biblioteca Lu&iacute;s &Aacute;ngel Arango (1985-1989).   Asesora de Artes Pl&aacute;sticas del Banco de la Rep&uacute;blica (1985-2008). Curadora de   Arte e Historia del Museo Nacional de Colombia (1989-2004). Desde 1977 trabaja   en investigaci&oacute;n sobre museolog&iacute;a, historia del arte y caricatura. Algunas de   sus publicaciones son: Jos&eacute; Gabriel Tatis Ahumada, un pintor comprometido   (Carlos Valencia Editores, 1987); Jos&eacute; Mar&iacute;a Espinosa, abanderado del arte en el   siglo XIX (Museo Nacional de Colombia, 1994); &iexcl;Qu&eacute;dese quieto!, Gaspard-F&eacute;lix   Tournachon &quot;Nadar&quot;, 1820-1910 (Museo Nacional de Colombia, 1995); Le Moyne en   Colombia 1828-1841 (Museo Nacional de Colombia), y numerosos textos de cr&iacute;tica   de arte.Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:beatrizgonzaleza@yahoo.com">beatrizgonzaleza@yahoo.com</a></p> <hr size="1">     <p>Creo que ha sido una irresponsabilidad m&iacute;a aceptar ser editora invitada de   este n&uacute;mero de la Revista de Estudios Sociales de la Facultad de Ciencias   Sociales de la Universidad de los Andes.<sup><a href="#1">1</a></sup> Aunque me   considero una descastada de mi universidad, &iquest;c&oacute;mo decir que no, cuando las   revistas en Colombia han sido las custodias del pensamiento? Con s&oacute;lo recordar   Eco, Mito, Prisma, que han incidido en el transcurso de nuestra vida, se   justifica su existencia. M&aacute;s que formadoras de opini&oacute;n, las revistas son   promotoras de valores.</p>     <p>   La revista como g&eacute;nero floreci&oacute; a mediados del   siglo XIX. El 15 de mayo de 1881, Jos&eacute; Mar&iacute;a Samper, en su Memoria sobre el   periodismo colombiano, la defini&oacute; como </p> 	    <blockquote> 	      <p>variado conjunto de op&uacute;sculos, que   contiene en sus p&aacute;ginas verdaderos extractos o vulgarizaciones de libros, y se   aplica principalmente a servir a la historia, la alta literatura, las ciencias   pol&iacute;ticas, las bellas artes, la filosof&iacute;a y la cr&iacute;tica. Puede decirse que no   tiene del peri&oacute;dico sino la periodicidad, la elasticidad moral y de composici&oacute;n   con que se presta a dar cabida a muy diversas materias, y la facilidad relativa   con que se adapta, por su precio mucho m&aacute;s reducido que el de los muchos libros   que puede contener, a las necesidades intelectuales de un n&uacute;mero muy   considerable de lectores (Samper, 1881, pp.7-8).</p> 	      <p> Es m&aacute;s: por su   naturaleza misma, tan cercana de la seriedad y solidez del libro, y por las   fuentes de donde emanan sus escritos, la revista peri&oacute;dica produce siempre entre   sus lectores m&aacute;s profunda y durable impresi&oacute;n que el peri&oacute;dico volante, sin   reclamar por eso de aquellos toda la atenci&oacute;n de estudio que requiere el libro.   Por lo mismo que sus trabajos son de generalizaci&oacute;n, de condensaci&oacute;n y de   vulgarizaci&oacute;n de otros m&aacute;s extensos y laboriosos trabajos, son simp&aacute;ticos para   las gentes que ocupan un grado intermediario en la escala de los conocimientos;   ahorran la lectura de muchos libros de consulta y el estudio de muchos   pormenores, y ponen las ideas que propagan al alcance de un n&uacute;mero de lectores   mucho mayor que el de los que solicitan en los libros las fuentes de los   conocimientos. Por &uacute;ltimo, la revista peri&oacute;dica tiene, por su composici&oacute;n misma   y por la naturaleza de los lectores a quienes se dirige, un patente car&aacute;cter de   cosmopolitismo (Samper, 1881, p.8).</p> 	      <p> Juzgo, por tanto, que el peri&oacute;dico   voluminoso, esencialmente literario y cient&iacute;fico y de lenta o mesurada   publicidad, llamado &#39;Revista&#39;, y el op&uacute;sculo &mdash;t&eacute;rmino medio entre el libro y la   revista&mdash; son las formas m&aacute;s adecuadas a los fines de una propaganda moral.   Sirvi&eacute;ndose de ellas, nuestra prensa pol&iacute;tica podr&aacute; obtener los mejores   resultados, dadas las circunstancias sociales y pol&iacute;ticas de nuestro pa&iacute;s,   mayormente cuando la &iacute;ndole de los talentos colombianos se inclina mucho a los   atildados trabajos de la ciencia y la   literatura(Samper,1881,pp.63-64).</p> </blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Cuando Jos&eacute; Mar&iacute;a Samper escribi&oacute; este   ensayo, en el pa&iacute;s hab&iacute;a muy pocas universidades; por lo tanto, no se debi&oacute;   imaginar que ese g&eacute;nero entrar&iacute;a a formar parte de la vida estudiantil, que las   distintas facultades tendr&iacute;an su publicaci&oacute;n y que las revistas de las   facultades se difundir&iacute;an por otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica. Porque las revistas   universitarias son un g&eacute;nero particular, una aventura. Y una aventura tambi&eacute;n es   editarla.</p>         <p>   En la edici&oacute;n del n&uacute;mero 30 de la Revista de Estudios Sociales   se pretendi&oacute; algo que no sospech&oacute; Samper, a pocos a&ntilde;os de convertirse en   Constituyente de la Regeneraci&oacute;n: combinar en la revista art&iacute;culos sobre el   libro, sobre la prensa peri&oacute;dica y debatir sobre el humor, el grabado, el poder,   la censura y la intolerancia. Se han incluido para animar la edici&oacute;n No. 30, un   documento in&eacute;dito de la persecuci&oacute;n a la libertad de imprenta durante la   dictadura de Gustavo Rojas Pinilla y una colecci&oacute;n de gr&aacute;ficas cr&iacute;ticas que   parodian uno de los s&iacute;mbolos patrios.</p>         <p>   Se intent&oacute; en el contenido   aproximarse a diferentes formas de expresi&oacute;n. El ensayo del historiador Ren&aacute;n   Silva presenta un estudio de la incidencia de la colecci&oacute;n espa&ntilde;ola Araluce en   el nivel popular, como un programa de gobierno en el decenio de 1930. La   profesora Mar&iacute;a Clara Bernal trata el tema de la visi&oacute;n fant&aacute;stica del Caribe   que llegaron a formarse los artistas europeos, a partir de relatos de viajeros o   de pinturas que hicieron pensar a los surrealistas que los sue&ntilde;os de su   inconsciente se hab&iacute;an anticipado. Juan Carlos Guerrero act&uacute;a como un curador al   incluir la obra de artistas contempor&aacute;neos que trabajan en la modalidad del   performance para desarrollar una relaci&oacute;n entre la filosof&iacute;a y el arte a partir   de reflexiones sobre la caricatura y la posmodernidad.</p>         <p>   En &quot;Del grabado   como estrategia. Mediaciones entre el original y la copia&quot;, la profesora   Patricia Zalamea parte de la mec&aacute;nica de los procesos de impresi&oacute;n y su   incidencia y funciones en el Renacimiento para rese&ntilde;ar otros relatos que   enriquecen la historia y el papel del grabado como medio art&iacute;stico.</p>         <p>   En   las &quot;Visiones par&oacute;dicas: risas, demonios, jocosidades y caricaturas&quot; la editora   pretende tomar cuatro momentos de la historia de la gr&aacute;fica cr&iacute;tica en los que   la parodia se convierte en protagonista.</p>         <p>   En esta edici&oacute;n se ofrece al   lector arte, risa, filosof&iacute;a e historia como un trasfondo para reflexionar sobre   nuestra propia realidad.</p>     <hr size="1"> 	    <p><b>Comentarios</b></p>         <p><a name="1">1</a> Sorprende escribir todas estas palabras con may&uacute;scula cuando el internet nos ha   obligado a usar las min&uacute;sculas en los nombres propios. Hablar de nombre propios   resulta arcaico; sin embargo, las revistas tienen nombres propios. </p>     <hr size="1">         <p>      <b>Referencias</b></p>         <p>Samper, Jos&eacute; Mar&iacute;a   (1881). Memoria sobre el periodismo colombiano. En: Memorias Acad&eacute;micas. Bogot&aacute;:   Imprenta de Zalamea Hermanos. </p>     </font>     ]]></body>
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