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</front><body><![CDATA[    <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4">10 A&ntilde;os de la Revista de Estudios Sociales, RES</font></p>         <p><b>Francisco Leal Buitrago</b>*</p>         <p>* Soci&oacute;logo de la Universidad Nacional de Colombia y Ph.D.   de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos. Profesor honorario de la   Universidad Nacional de Colombia y de la Universidad de los Andes. Fundador de   las revistas Estudios Rurales Latinoamericanos, Bogot&aacute;, 1977, An&aacute;lisis Pol&iacute;tico,   Bogot&aacute;, 1987, y Revista de Estudios Sociales, Bogot&aacute;, 1998. Entre sus   publicaciones m&aacute;s recientes cabe destacar: Pol&iacute;ticas de seguridad: de   improvisaci&oacute;n en improvisaci&oacute;n. En: Francisco Leal (Ed.), En la encrucijada.   Colombia en el siglo XXI, (Norma-Universidad de los Andes, 2006); La pol&iacute;tica de   seguridad democr&aacute;tica: 2002-2005, An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 57, mayo/agosto de   2006; La inseguridad de la seguridad. Colombia 1958-2005, (Planeta Editores,   2006); La seguridad durante el primer a&ntilde;o del gobierno de &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez.   En: Linda Helfrich y Sabine Kurtenbach (Eds.), Colombia: caminos para salir de   la violencia, (Ibero-americana/Vervuert, 2006); The Military and the National   Security Doctrine. En: Michiel Baud y Donny Meertens (Eds.), Colombia from the   Inside. Perspectives on Drugs, War and Peace, (Cedla, 2004); Armed actors in the   Colombian confict. En: Kees Koonings y Dirk Kruijt (Eds.), Armed Actors.   Organised Violence and State Failure in Latin America, (Zed Books, 2004).Correo   electr&oacute;nico: <a href="mailto:frleal@uniandes.edu.co">frleal@uniandes.edu.co</a> </p> <hr size="1"> 	         <p>En agosto de 1998 sali&oacute; a la luz p&uacute;blica el primer n&uacute;mero de la Revista de   Estudios Sociales, RES, publicada por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, con el patrocinio de la Fundaci&oacute;n Social. Aunque s&oacute;lo   han transcurrido 10 a&ntilde;os desde ese entonces, era un tiempo en el que todav&iacute;a las   revistas acad&eacute;micas eran escasas, ef&iacute;meras, o ten&iacute;an poca regularidad.</p>         <p>   En   Los Andes hab&iacute;an nacido y desaparecido varias revistas de contenido social,   entre ellas, Raz&oacute;n y F&aacute;bula, de grata recordaci&oacute;n. Con limitaciones,   sobreviv&iacute;an, entre otras, Desarrollo y Sociedad, en el Centro de Estudios para   el Desarrollo, Cede, de la Facultad de Econom&iacute;a; Historia Cr&iacute;tica, producto de   una feliz iniciativa temprana del Departamento de Historia, y Colombia   Internacional, en el Centro de Estudios Internacionales, CEI, de la Facultad de   Ciencias Sociales. Para evitar su muerte financiera, en ese entonces el CEI pas&oacute;   a depender del Departamento de Ciencia Pol&iacute;tica.</p>         <p>   Por mi parte, ten&iacute;a la   valiosa experiencia de haber fundado dos revistas acad&eacute;micas, una independiente   -con el apoyo de la Fundaci&oacute;n Ford-, Estudios Rurales Latinoamericanos, 20 a&ntilde;os   antes, y otra, An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, en el reci&eacute;n creado Instituto de Estudios   Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales, Iepri, de la Universidad Nacional de   Colombia, 10 a&ntilde;os atr&aacute;s. Esta experiencia fue definitiva para valorar la   necesidad de que la academia posea estos medios de difusi&oacute;n, y por lo tanto,   para emprender la tarea de crear una revista en la Facultad de Ciencias   Sociales. En ese momento, la Facultad atravesaba una etapa de reorganizaci&oacute;n y   de articulaci&oacute;n de sus seis departamentos, integrados escasamente en el   organigrama de la Universidad. Por esta raz&oacute;n, la publicaci&oacute;n proyectada hac&iacute;a   parte de la articulaci&oacute;n anhelada.</p>         <p>   A diferencia de lo que ocurre ahora,   la situaci&oacute;n financiera de la Facultad era precaria, con herencias deficitarias   y presupuestos m&iacute;nimos. Con alguna excepci&oacute;n, esta situaci&oacute;n no era muy ajena a   la de las dem&aacute;s facultades. Pero la Universidad experimentaba tambi&eacute;n   importantes cambios en el orden administrativo y financiero, que le dar&iacute;an   holgura en pocos a&ntilde;os, permiti&eacute;ndole emprender renovaciones en su planta f&iacute;sica,   en sus instalaciones pedag&oacute;gicas y en la planta profesoral, lo cual redundar&iacute;a   en mejoras de la calidad acad&eacute;mica, que era ya reconocida en el &aacute;mbito   universitario nacional e internacional.</p>         <p>   Esta precariedad financiera   presentaba un obst&aacute;culo para las tareas de reorganizaci&oacute;n de la Facultad, entre   ellas, por supuesto, la de la creaci&oacute;n de una nueva publicaci&oacute;n peri&oacute;dica. Por   tal motivo, al escudri&ntilde;ar con amigos en instituciones con visi&oacute;n acad&eacute;mica y   social, me encontr&eacute; con Germ&aacute;n Rey, en ese entonces profesor externo de la   Universidad y vicepresidente de Axiolog&iacute;a de la Fundaci&oacute;n Social, a quien le   entusiasm&oacute; la idea de fundar una revista con el prop&oacute;sito se&ntilde;alado. Nos pusimos   de acuerdo, entonces, para que &eacute;sta fuera novedosa en su contenido y en su   dise&ntilde;o, y dirigida por el decano de la Facultad, como una manera de garantizar   su continuidad. Por eso, con el apoyo financiero de la Fundaci&oacute;n y un gran   entusiasmo, emprendimos la tarea.</p>         <p>   Para el efecto, conformamos un equipo   de trabajo con participaci&oacute;n de ambas instituciones. Por la Fundaci&oacute;n Social se   incorporaron Germ&aacute;n, como es apenas obvio, Jes&uacute;s Mart&iacute;n Barbero y Fernando   Viviescas, y por la Facultad, Felipe C&aacute;rdenas, Felipe Casta&ntilde;eda, Mauricio Nieto   y yo. A este equipo integramos luego, como editor, a Andr&eacute;s D&aacute;vila, tambi&eacute;n de   la Facultad.</p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   En ese momento nos dimos el lujo de acordar un dise&ntilde;o que   hubiera sido econ&oacute;micamente inalcanzable para la Facultad, pero que con la   generosidad de la Fundaci&oacute;n Social y el buen gusto del equipo se hizo realidad.   Mateo Castillo fue el art&iacute;fice de ese dise&ntilde;o, con ajustes y aprobaci&oacute;n nuestra,   por supuesto. Tambi&eacute;n nos dimos el lujo, ya sin costos extras, pues cont&aacute;bamos   con calidad acad&eacute;mica de sobra, de elaborar una estructura y un contenido que   a&uacute;n permanecen, y una periodicidad de tres n&uacute;meros al a&ntilde;o. Las secciones   &#39;Dossier&#39;, &#39;Otras voces&#39;, &#39;Debate&#39;, &#39;Documentos&#39; y &#39;Lecturas&#39; fueron   enriquecidas en su contenido con el trabajo de acad&eacute;micos y estudiantes, la   mayor parte de ellos de la Facultad y la Universidad. Desde el primer n&uacute;mero de   RES se ha mantenido esta calidad, con la valiosa variante de contar, en la mayor   parte de los 30 n&uacute;meros editados, con ediciones monogr&aacute;ficas, bien novedosas y   de actualidad, que han sido exitosas en la demanda de un p&uacute;blico que, en   general, no es exclusivo del campo acad&eacute;mico. Tales ediciones cuentan con   editores invitados, especialistas en los respectivos temas. Pero antes, al   comienzo, en el n&uacute;mero inaugural, nos dimos otro lujo: la distribuci&oacute;n gratuita   de la totalidad de sus ejemplares y una oferta de promoci&oacute;n para suscriptores en   ese momento.</p>         <p>   Vale la pena ac&aacute; mencionar los temas de las ediciones   monogr&aacute;ficas, con el fin de apreciar la originalidad de muchos de ellos y el   tratamiento acad&eacute;mico de temas sociales de especial importancia, con frecuencia   dejados de lado porque, de manera ligera, se consideran ajenos a un quehacer   cient&iacute;fico, y aun intelectual, dentro de la rigidez que con frecuencia acompa&ntilde;a   a la producci&oacute;n de los centros de educaci&oacute;n superior. De los 29 n&uacute;meros   publicados antes de &eacute;ste, con el que se celebran los 10 a&ntilde;os de RES, que tambi&eacute;n   es monogr&aacute;fico, solamente siete se dedicaron a &#39;temas varios&#39;, que es como se   denominan, a partir del n&uacute;mero seis -mayo de 2000-, las ediciones que tienen   contenido diverso. Los 22 n&uacute;meros restantes son monogr&aacute;ficos.</p>         <p>   En orden   cronol&oacute;gico, los siguientes son los sugestivos temas monogr&aacute;ficos. El n&uacute;mero 2   -di-ciembre de 1998- se dedic&oacute; a &#39;guerra y paz&#39;; los n&uacute;meros 3 y 4 -junio y   agosto de 1999-, a la &#39;historia de las ciencias sociales en Colombia&#39;; el n&uacute;mero   5 -enero de 2000-, titulado &#39;Fin de siglo&#39;, plantea una visi&oacute;n cultural diversa   sobre ese momento hist&oacute;rico; los n&uacute;meros 7 y 8 -septiembre de 2000 y enero de   2001- se dedicaron a los &#39;colombianos en la di&aacute;spora&#39;; las ediciones 10 y 11   -octubre de 2001 y febrero de 2002-, a &#39;la ciudad y las ciencias sociales en   Colombia&#39;; el n&uacute;mero 13 -octubre de 2002-, a &#39;el lenguaje y las ciencias   sociales&#39;; los n&uacute;meros 14, 15 y 16 -febrero, junio y octubre de 2003-, al tema   de &#39;guerra&#39;; el n&uacute;mero 18 -agosto de 2004-, a &#39;psicolog&iacute;a en Colombia&#39;; los   n&uacute;meros 19 y 20 -diciembre de 2004 y junio de 2005, a &#39;educaci&oacute;n&#39;; el n&uacute;mero 22   -diciembre de 2005-, a &#39;tecnolog&iacute;a y sociedad&#39;; los n&uacute;meros 24 y 25 -agosto y   diciembre de 2006- se dedicaron a un tema heterodoxo: &#39;otros relatos de los   social&#39;; los n&uacute;meros 26 y 27 -abril y agosto de 2007-, a &#39;raza y naci&oacute;n&#39;; el   n&uacute;mero 28 -diciembre de 2007-, a &#39;sexualidades&#39;; y el n&uacute;mero 29 -abril de 2008-,   a &#39;historias de la comida y la comida en la historia&#39;.</p>         <p>   El editorial del   n&uacute;mero inaugural de hace 10 a&ntilde;os se refer&iacute;a a la profundidad de los cambios por   los que atravesaba el mundo en ese entonces desde hac&iacute;a casi tres d&eacute;cadas   -cambios que en manera alguna hoy han culminado, al no decantarse un nuevo orden   internacional-, y a sus consecuencias en t&eacute;rminos de la fragilidad de los   paradigmas de las ciencias sociales para sustentar los an&aacute;lisis. Pero, al mismo   tiempo -afirmaba el editorial-, esos cambios conllevaban la valorizaci&oacute;n de   disciplinas, como la sociolog&iacute;a y la ciencia pol&iacute;tica, ya que antes sus   postulados no hab&iacute;an sido prioritarios para los tomadores de decisiones. De ah&iacute;   que la insuficiencia explicativa de esa &eacute;poca sirviera para buscar   complementaciones &uacute;tiles para mejorar los an&aacute;lisis sobre situaciones que generan   incertidumbre.</p>         <p>   La interdisciplinariedad de todas las ciencias, en general   -a&ntilde;ad&iacute;a el editorial del primer n&uacute;mero de RES-, hab&iacute;a sido una de las respuestas   de las universidades de los pa&iacute;ses de lo que se llam&oacute; el Primer Mundo, con el   fin de llenar vac&iacute;os antes ignorados. Pero -afirmaba tambi&eacute;n- en los pa&iacute;ses de   lo que fue el Tercer Mundo ese proceso era m&aacute;s lento, pese a la notoriedad en   ese entonces de lo que bien se conoce hoy como la globalizaci&oacute;n. En el caso de   Colombia -dec&iacute;a el escrito-, la experiencia era variada y sobre todo atravesada   por las violencias, que pesaban m&aacute;s como restricciones que como est&iacute;mulos. Esta   situaci&oacute;n era amortiguada, en la d&eacute;cada pasada, por el esp&iacute;ritu de la nueva   Constituci&oacute;n y por el fin de la Guerra Fr&iacute;a, factores que abrieron nuevos   espacios y redujeron las prevenciones frente a muchas actividades sociales.   Dec&iacute;a tambi&eacute;n el editorial que entre las restricciones estaba la poca difusi&oacute;n   escrita de trabajos acad&eacute;micos de calidad, por falta de los medios adecuados.   Obviamente, con ello se sustentaban la necesidad e importancia de la nueva   publicaci&oacute;n que sal&iacute;a en ese momento a la luz p&uacute;blica.</p>         <p>   Este abrebocas del   editorial de RES cerraba la reflexi&oacute;n al anotar que la publicaci&oacute;n contribu&iacute;a a   llenar un vac&iacute;o en el campo del pensamiento social, en un momento de   requerimiento urgente del pa&iacute;s, dada su crisis pol&iacute;tica. La necesidad de ideas y   orientaci&oacute;n -conclu&iacute;a- es importante para superar la carencia de liderazgos y   decisiones para el bien com&uacute;n, ausencias que hab&iacute;an servido para entronizar   vicios contrarios a la convivencia democr&aacute;tica.</p>         <p>   Al mirar en retrospectiva   esas ideas escritas hace una d&eacute;cada, sin duda se aprecia que la revista cumpli&oacute;   con los objetivos inmediatos propuestos, adem&aacute;s de que su fortaleza sirvi&oacute; para   estimular nuevas publicaciones peri&oacute;dicas en la Facultad. Esto, sin contar con   lo que los economistas llaman &#39;efecto demostraci&oacute;n&#39;, al servir tambi&eacute;n de   est&iacute;mulo para reproducir realizaciones similares en otros centros   universitarios. Hoy, las universidades cuentan con m&aacute;s revistas acad&eacute;micas   -varias de ellas de buena calidad-, pero es claro que a&uacute;n hacen falta muchas   m&aacute;s.</p>         <p>   Tambi&eacute;n acierta ese editorial en la esperanza que se tuvo en ese   momento de producir nuevas ideas y orientaci&oacute;n para ayudar a superar la crisis   pol&iacute;tica. S&oacute;lo que, pese a tal acierto, acompa&ntilde;ado de muchos esfuerzos en el   campo acad&eacute;mico y en otros m&aacute;s, en lugar de que la crisis se superara, lo que   ocurri&oacute; fue que se profundiz&oacute;. Pero, como se afirmaba a&ntilde;os despu&eacute;s en un texto   de Documentos Ceso, el uso repetido del t&eacute;rmino crisis -para se&ntilde;alar momentos de   &#39;coyunturas agravadas&#39;- hizo agua, dada la secuencia de estas situaciones en el   pa&iacute;s (Camacho y Wills, 2003).<sup><a href="#1">1</a></sup></p>         <p>   Todav&iacute;a son muchos   los esfuerzos que se requieren para salir del atolladero en que ha transcurrido   la historia nacional contempor&aacute;nea. La extrema fragilidad de la democracia   -atenuada en la superficie por la continuidad formal de los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos,   casi siempre con periodicidad electoral y ausencia de dictaduras y   caudillismos-, acompa&ntilde;ada de la debilidad pol&iacute;tica del Estado, abrieron la   puerta a la ligereza y falta de responsabilidad de buena parte de los gobiernos,   pero sobre todo a la mediocridad y la mala fe de la clase pol&iacute;tica. La   connivencia de gobiernos y clase pol&iacute;tica con el empresariado, una vez que se   produjo el proceso tard&iacute;o, veloz y traum&aacute;tico de modernizaci&oacute;n capitalista del   pa&iacute;s, desde mediados del siglo pasado, ha dado como resultado una &#39;clase   dirigente&#39; ma&ntilde;osa y &aacute;vida de enriquecimiento f&aacute;cil. La profunda transformaci&oacute;n   estructural producida por esa modernizaci&oacute;n no cambi&oacute; los tremendos contrastes   sociales premodernos en los mismos espacios de convivencia, con el agravante de   que el pa&iacute;s sali&oacute; de su tradicional pobreza, disparando la inequidad social a   uno de los niveles m&aacute;s altos del planeta.</p>         <p>   Las ventajas geoestrat&eacute;gicas   -t&eacute;rmino del lenguaje castrense en el contexto geogr&aacute;fico, pol&iacute;tico y social de   una regi&oacute;n o un pa&iacute;s- de Colombia s&oacute;lo han servido para estimular al   narcotr&aacute;fico y a su capacidad corruptora y de magnificaci&oacute;n de los problemas.   Adem&aacute;s, la inmensa diversidad regional del pa&iacute;s, en lo f&iacute;sico y lo biol&oacute;gico, ha   sido funcional para sostener al Estado en su m&iacute;nima expresi&oacute;n como administrador   de la democracia. Esta debilidad pol&iacute;tica -mas no en la administraci&oacute;n de   recursos durante el &uacute;ltimo medio siglo- ha sido aprovechada -y estimulada- para   entronizar cacicazgos y corruptelas, que en su accionar conformaron el &quot;sistema   pol&iacute;tico del clientelismo&quot; (Leal y D&aacute;vila, 1990). En este ambiente -y desde   antes-, la violencia ha sido la principal intermediaria de la pol&iacute;tica, a todas   luces propicia para cerrar el c&iacute;rculo con que comenz&oacute; esta dolorosa descripci&oacute;n:   una cuasi-democracia signada por una profunda inequidad y adicionada, en las dos   &uacute;ltimas d&eacute;cadas, por una criminalidad que rompi&oacute;, mediante el desplazamiento de   grupos sociales, con el patr&oacute;n de distribuci&oacute;n regional de la poblaci&oacute;n m&aacute;s   vulnerable.</p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Ahora, este pa&iacute;s traumatizado se debate en una situaci&oacute;n   pol&iacute;tica tendiente a la polarizaci&oacute;n, estimulada por los poderes rectores de la   institucionalidad, contradicci&oacute;n &eacute;sta que se explica en la medida en que ha   emergido un caudillismo inexistente antes en Colombia, aunque rodeado de pa&iacute;ses   donde este fen&oacute;meno ha sido m&aacute;s la regla que la excepci&oacute;n. Este caudillismo -que   como a todos ellos le estorban los partidos pol&iacute;ticos y las instituciones-, al   mantener una complacencia incondicional con el gobierno m&aacute;s desprestigiado que   ha tenido la potencia hegem&oacute;nica del Continente, ha aislado y conservatizado m&aacute;s   al pa&iacute;s mediante la bandera de la seguridad. El h&aacute;bil manejo medi&aacute;tico del   actual gobierno, destinado a mantener excepcionales niveles de aceptaci&oacute;n en   grupos sociales objeto de las encuestas de opini&oacute;n p&uacute;blica, sumado a los bien   costosos &eacute;xitos en seguridad, han convertido a la figura del gobernante en   providencial, alimentando su proyecto caudillista y, por tanto, debilitando la   modesta pero necesaria institucionalidad nacional.</p>         <p>   No es f&aacute;cil, pues,   mirar el futuro de la democracia liberal en el pa&iacute;s, en el sentido de presagiar   una mejora siquiera a mediano plazo. Pero las herramientas de an&aacute;lisis que   proporciona la academia, con la ayuda de los medios de difusi&oacute;n escrita con que   cuenta, constituyen elementos que contribuyen a correr el pesado velo de las   distorsiones a que se ve abocada la realidad. Claro est&aacute; que toda lectura o   an&aacute;lisis es s&oacute;lo una interpretaci&oacute;n de esa realidad, pero los medios te&oacute;ricos y   metodol&oacute;gicos que apoyan las visiones acad&eacute;micas de los fen&oacute;menos sociales   distan mucho de las interpretaciones distorsionadas inducidas -de manera   consciente, por lo general- por quienes manejan intereses pol&iacute;ticos movidos por   personalismos. Por esta raz&oacute;n de peso, es bien importante dar una calurosa   bienvenida a los primeros 10 a&ntilde;os de la Revista de Estudios Sociales, y con   ellos a su edici&oacute;n n&uacute;mero 30.</p> <hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>     <p><a name="1">1</a> Con el   fn de darle sentido al t&eacute;rmino crisis, este texto presenta una discusi&oacute;n al   respecto, sin desconocer la permanente inestabilidad &quot;cr&iacute;tica&quot; en lo pol&iacute;tico y   social que ha experimentado el pa&iacute;s en gran parte de su historia. <hr size="1">     <p><b>Referencias</b></p>         <p>   1. Camacho, &Aacute;lvaro y Wills, Laura (2003). &iquest;Crisis   colombiana? Elementos de debate. Documento Ceso No. 59. Bogot&aacute;: Universidad de   los Andes.</p>         <p>   2. Leal, Francisco y D&aacute;vila, Andr&eacute;s (1990). Clientelismo: el   sistema pol&iacute;tico y su expresi&oacute;n regional. Bogot&aacute;: Tercer Mundo Editores-Iepri,   Universidad Nacional de Colombia.</p>  </font>      ]]></body>
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