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</front><body><![CDATA[   <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4">Entender el C&oacute;mic: El arte invisible*</font></p>     <p align="center"><font size="3">McCloud, Scott - Entender el C&oacute;mic: El arte invisible. (Abul&iacute;, Enrique Trad.) Bilbao:   Astiberri. (pp. 216)</b>. (Trabajo original publicado en 1994 con el t&iacute;tulo Understanding Comics: The Invisible Art por Harper Paperbacks). </font></p>     <p><b>Alejandro Mart&iacute;n</b>**</p>     <p>* Reproducci&oacute;n de im&aacute;genes autorizada por Harper Collins.</p>     <p>** Egresado del programa de matem&aacute;ticas de la Universidad   de los Andes, Bogot&aacute;, Colombia. D.E.A. en L&oacute;gica y Filosof&iacute;a de la Ciencia,   Universidad Nacional de Estudios a Distancia, Espa&ntilde;a. Entre sus publicaciones   m&aacute;s recientes se encuentran: Elster, Leibniz &amp; el esp&iacute;ritu del capitalismo.   Revista Laguna, 13, 6984 (2003) y La l&oacute;gica entre las matem&aacute;ticas y el derecho,   Precedente, Anuario Jur&iacute;dico, 127137 (2004). Del 2004 al 2007 se desempe&ntilde;&oacute; como   editor de la revista Piedep&aacute;gina y actualmente se desempe&ntilde;a como coordinador de   la Biblioteca Virtual de la Biblioteca Luis &Aacute;ngel Arango. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:alemartin@gmail.com">alemartin@gmail.com</a> </p>  <hr size="1">       <p>    <center><img src="img/revistas/res/n30/30a12f1.jpg"></center></p>       <p>Fuera de algunos pocos intentos, los c&oacute;mics han sido poco estudiados, y lo   que resulta m&aacute;s grave a&uacute;n: como g&eacute;nero el de los c&oacute;mics todav&iacute;a ha sido   entendido por muy pocos en cuanto a su importancia y su potencialidad.   Utilizando el medio mismo de los c&oacute;mics &ndash;Understanding Comics es un ensayo   te&oacute;rico contado en vi&ntilde;etas&ndash;, Scott Mc Cloud realiza un an&aacute;lisis profundo de lo   que son los c&oacute;mics: su lenguaje, sus elementos internos, su relaci&oacute;n con otros   medios; y con ello consigue no s&oacute;lo darnos claves para ayudarnos en una lectura   m&aacute;s profunda de los mismos, sino que nos prueba que los c&oacute;mics son un g&eacute;nero   art&iacute;stico tan valioso como los dem&aacute;s y un medio con una cantidad infinita de   posibilidades en muy distintos contextos.</p>       <p>   Dos aspectos, sin duda, deben   ser destacados en el libro de Mc Cloud: el rigor metodol&oacute;gico y el h&aacute;bil uso del   lenguaje de los c&oacute;mics, en particular, de los diagramas y los &iacute;conos. Al tratar   cada aspecto (que identifica cada cap&iacute;tulo) introduce conceptos claramente   definidos que le sirven para crear tipolog&iacute;as mediante las cuales hace   clasificaciones que cubren la totalidad del universo de los c&oacute;mics: organizando   tanto aquellos que se han dado en la historia (en los distintos pa&iacute;ses y   tiempos) como los que podr&iacute;an surgir en los dominios por explorar. Y en cada   caso sus clasificaciones analizan con el mismo cuidado los c&oacute;mics m&aacute;s   sofisticados y los m&aacute;s populares. Sus tipolog&iacute;as son tratadas con una ingeniosa   metodolog&iacute;a gr&aacute;fica que prueba c&oacute;mo los diagramas resultan fundamentales en la   presentaci&oacute;n y en la conceptualizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n. Y, por &uacute;ltimo, el   hecho de que haga corresponder un &iacute;cono con cada concepto le permite hablar con   im&aacute;genes y mostrar su elocuencia y efectividad para la memoria y para la   expresividad.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Pero no se queda ah&iacute;; su trabajo no se restringe al   an&aacute;lisis del medio, ya que mediante el estudio de los mecanismos del c&oacute;mic el   autor nos brinda herramientas muy ricas para comprender otros medios y la forma   como nos relacionamos con el mundo a trav&eacute;s de las im&aacute;genes. Sin duda, el   proyecto es pretencioso y el autor resulta a ratos un poco ingenuo al elevarse   en el vuelo te&oacute;rico. Cada aspecto propio de los c&oacute;mics lo lleva a una pregunta   sobre las cuestiones filos&oacute;ficas cl&aacute;sicas: la percepci&oacute;n, el tiempo, la   comunicaci&oacute;n, la individualidad, el arte, la humanidad. Sin embargo, Mc Cloud   consigue salir airoso en la mayor&iacute;a de los casos, tanto por el sentido del humor   con que maneja todo como por la agudeza con la que hace las conexiones en cada   caso. Esto &uacute;ltimo, su uso de los elementos particulares para hacerse preguntas   abstractas, sumado al modo como el autor se introduce a s&iacute; mismo en el libro   como personaje narrador para contarnos en &quot;primera persona&quot; sus hallazgos,   convierten el libro en algo que va m&aacute;s all&aacute; de un &quot;manual para leer c&oacute;mics&quot; y lo   llevan a constituir un ejemplo muy singular de lo que puede ser un &quot;ensayo&quot;   escrito en c&oacute;mics, que ha de interesar incluso a quien pens&oacute; (o piensa) que   nunca volver&iacute;a a leer una historieta.</p>       <p>   El libro se estructura en nueve   cap&iacute;tulos, cada uno dedicado a un eje de an&aacute;lisis y en el que se prueba una   tesis fundamental:</p>       <p>   1. La definici&oacute;n de c&oacute;mic: los c&oacute;mics constituyen un   universo inmenso que se opone a la estrechez de la concepci&oacute;n popular del   t&eacute;rmino (Poner las cosas en su lugar).    <br>   2. El lenguaje de los c&oacute;mics: las   im&aacute;genes en tanto que &iacute;conos pueden clasificarse por distintos niveles (y modos)   de abstracci&oacute;n (Vocabulario de los c&oacute;mics).    <br>   3. La clausura: la esencia del   c&oacute;mic la constituye todo aquello que tiene que a&ntilde;adir el lector y la potencia   del &quot;canal&quot;, espacio entre vi&ntilde;eta y vi&ntilde;eta (Sangre en el callej&oacute;n).    <br>   4. El   manejo del tiempo: las vi&ntilde;etas no son simples fotogramas, el tiempo se introduce   en ellas de modos muy diferentes (Las vi&ntilde;etas y el tiempo).    <br>   5. Los modos de   hacer visible lo invisible: con meras l&iacute;neas no se comunican &quot;s&oacute;lo&quot; im&aacute;genes: se   transmiten sentimientos, sensaciones, todos los sentidos (La l&iacute;nea viva).    <br>   6.   Las im&aacute;genes y los textos: al contrario que en las artes m&aacute;s prestigiosas   &ndash;novelas y pinturas&ndash;, en los c&oacute;mics se articulan de modo inigualable im&aacute;genes y   textos (Mostrar y contar).    <br>   7. La metodolog&iacute;a de trabajo: en todas las artes   es necesario recorrer los mismos pasos para llegar a elaborar obras de fondo   (Los seis pasos).    <br>   8. El color: en los c&oacute;mics, el uso del color ha estado   siempre condicionado por las posibilidades de la tecnolog&iacute;a y el mercado   (Algunas palabras sobre el color).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   9. Resumen: un libro se puede resumir en   una serie de diagramas (Ensamble de las piezas).</p>       <p>    <b>La definici&oacute;n de  &quot;c&oacute;mic&quot;</b></p>      <p>Ver <a href="#f2">figura 2</a> </p>     <p>    <center><a name="f2"><img src="img/revistas/res/n30/30a12f2.jpg"></a> </center></p>            <p>   Luego de poner a   prueba la cl&aacute;sica definici&oacute;n de Will Eisner de los c&oacute;mics: &quot;arte secuencial&quot; (un   expositor la expone ante una audiencia exigente que sugiere todo tipo de casos   que, sin ser c&oacute;mics, la &quot;cumplen&quot;: el cine, las palabras, etc.), Scott Mc Cloud   (el personaje) llega a proponer la suya propia: &quot;Ilustraciones y otro tipo de   im&aacute;genes yuxtapuestas en secuencia deliberada, con el prop&oacute;sito de transmitir   informaci&oacute;n y obtener una respuesta est&eacute;tica del lector&quot; (p. 9).</p>       <p>   Esta   definici&oacute;n le sirve para buscar expandir el uso del t&eacute;rmino que para mucha gente   s&oacute;lo nombra: &quot;[libros] toscos, pobremente dibujados, semiliterarios, baratos,   desechables, cosa de ni&ntilde;os&quot; (p. 3).</p>       <p>   Haciendo un viaje por la historia del   arte y la escritura, el autor nos descubre c&oacute;mo, si nos regimos por la   definici&oacute;n propuesta, el t&eacute;rmino cubrir&iacute;a no s&oacute;lo aquellas publicaciones que nos   muestran las tradicionales historias del c&oacute;mic (que suelen comenzar alrededor de   1900), sino mucho m&aacute;s: desde los libros ilustrados aztecas, las narraciones con   im&aacute;genes del medioevo franc&eacute;s, algunas pinturas egipcias, pasando por las   historietas de Hogarth (siglo XVIII), y llegando hasta librosarte de varios   artistas clave del siglo XX (Lynd Ward, Franz Masreel, Max Ernst).</p>      <p>   Mc   Cloud utiliza un esquema de tres &iacute;conos para ilustrar las distintas concepciones   del espectro de los c&oacute;mics: un callej&oacute;n estrecho, que representar&iacute;a la   concepci&oacute;n ordinaria corta de miras e injusta con un arte tan variado; un   mapamundi con retratos de los protagonistas m&aacute;s famosos el mundo de los c&oacute;mics   cl&aacute;sicos, que dar&iacute;a una idea de la posible geograf&iacute;a del mundo real de los   c&oacute;mics; y una serie de constelaciones, que simbolizar&iacute;a el universo de   posibilidades (g&eacute;neros, herramientas, medios, filosof&iacute;as, movimientos) que a&uacute;n   no han sido exploradas. Ver <a href="#f3">figura 3</a> </p>       <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><a name="f3"><img src="img/revistas/res/n30/30a12f3.jpg"></a>   </center></p>           <p>     <b>El   lenguaje de los c&oacute;mics</b></p>       <p>   La noci&oacute;n central en este cap&iacute;tulo es la de   &iacute;cono, que el autor utiliza para significar: &quot;Una imagen que es usada para   representar a una persona, un lugar, una cosa o una idea&quot; (p. 27).</p>       <p>   A su   vez, divide la noci&oacute;n de &iacute;cono en las categor&iacute;as de: s&iacute;mbolos (para representar   ideas o filosof&iacute;as), &iacute;conos de la ciencia, lenguaje y comunicaci&oacute;n (n&uacute;meros,   letras, s&iacute;mbolos matem&aacute;ticos, etc.), y por &uacute;ltimo, aquellos que representan por   parecerse a su objeto. Durante este cap&iacute;tulo, mostrar&aacute; la omnipresencia de las   im&aacute;genes ic&oacute;nicas en el mundo actual (se&ntilde;alizaci&oacute;n, publicidad, etiquetas,   etc.), de modo que la teor&iacute;a elaborada all&iacute; deber&iacute;a ser de gran inter&eacute;s no s&oacute;lo   para los interesados en el c&oacute;mic y la caricatura.<sup><a href="#1">1</a></sup></p>    Y   adem&aacute;s, su reflexi&oacute;n sobre la &quot;imagen abstracta&quot; (y, sobre todo, su   esquematizaci&oacute;n) tendr&aacute; implicaciones profundas tanto para la filosof&iacute;a de la   mente y de los conceptos como para la teor&iacute;a del arte.Ver <a href="#f4">figura 4</a> </p>        <p>    <center><a name="f4"><img src="img/revistas/res/n30/30a12f4.jpg"></a>   </center></p>         <p>   A los &iacute;conos que representan por su &quot;parecido&quot; es a los que   m&aacute;s espacio dedica en este cap&iacute;tulo. Elabora para ellos una clasificaci&oacute;n   lineal, seg&uacute;n el nivel de &quot;abstracci&oacute;n&quot;: un continuo que va desde la imagen   fotogr&aacute;fica hasta el esquema cl&aacute;sico de un rostro (dos puntos y una rayita). Da   el nombre de caricaturas [cartoons] a aquellas im&aacute;genes hechas de pocos trazos   muy sencillos y que est&aacute;n, dentro del espectro, en la esquina contraria a la de   la imagen fotogr&aacute;fica. Y bas&aacute;ndose en el hecho (que da por comprobado y que nos   ilustra muy ingeniosamente con la imagen de un tomacorriente) de que cada uno de   nosotros al ver dos puntos y una l&iacute;nea no puede dejar de ver un rostro, Mc Cloud   intenta exponer las razones por las cuales los lectores son absorbidos de una   forma tan particular por las narraciones que utilizan este tipo de im&aacute;genes de   caricatura (c&oacute;mics, animaciones, mu&ntilde;ecos animados). Ver <a href="#f5">figura 5</a></p>     <p>    <center><a name="f5"><img src="img/revistas/res/n30/30a12f5.jpg"></a> </center></p>        <p>   Esto lo lleva a una reflexi&oacute;n filos&oacute;fica bastante   especulativa, en la que propone que la concepci&oacute;n que cada uno tiene de s&iacute; mismo   tiene forma de caricatura: al no poder vernos a nosotros mismos de cuerpo   entero, la &quot;imagen&quot; que tenemos de nosotros est&aacute; compuesta de &quot;ideas&quot; de   nuestras partes, y estas ideas son m&aacute;s bien abstracciones an&aacute;logas a las de la   caricatura. Al ser conscientes de nuestro cuerpo no tenemos la imagen   fotogr&aacute;fica de nuestras partes sino ideas de las mismas. Al leer caricaturas nos   identificamos con personajes que al tener tan pocos rasgos concretos   &quot;representan&quot; siempre al lector tal como se concibe a s&iacute; mismo   (esquem&aacute;ticamente).</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   De todos modos, lo m&aacute;s potente de este cap&iacute;tulo, y   quiz&aacute;s del libro entero, es la teor&iacute;a de la abstracci&oacute;n que elabora acerca de   las im&aacute;genes. &Eacute;sta se basa en distinguir los dos ejes principales en los que se   usa esta noci&oacute;n:</p>       <p>   &ndash; Por un lado, la abstracci&oacute;n en el sentido filos&oacute;fico   tradicional: que va de lo particular a lo general, y que en el caso de las   im&aacute;genes va de la m&aacute;s realista a la m&aacute;s caricaturesca.</p>       <p>   &ndash; Por otro lado,   la abstracci&oacute;n en el sentido cl&aacute;sico de la teor&iacute;a del arte: que va de la imagen   realista a la imagen compuesta de elementos geom&eacute;tricos simples. Ver <a href="#f6">figura 6</a></p>       <p>    <center><a name="f6"><img src="img/revistas/res/n30/30a12f6.jpg"></a>   </center></p>      <p>   Como se trata de dos l&iacute;neas que tienen un   lado en com&uacute;n (la imagen realista), el todo resulta ser un tri&aacute;ngulo. Tri&aacute;ngulo   que Scott Mc Cloud aprovecha para clasificar una cantidad inmensa de los c&oacute;mics   cl&aacute;sicos seg&uacute;n su grado de abstracci&oacute;n en ambos ejes. </p>        <p>    <b>La   clausura</b></p>       <p>   Ver <a href="#f7">figura 7</a></p>     <p>    <center><a name="f7"><img src="img/revistas/res/n30/30a12f7.jpg"></a>   </center></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   La &quot;clausura&quot;, tal   como la concibe Mc Cloud, ser&iacute;a la caracter&iacute;stica fundamental de la percepci&oacute;n,   seg&uacute;n la cual concebimos un todo cuando s&oacute;lo recibimos una informaci&oacute;n parcial   (al escuchar el ruido de la puerta asumimos que alguien entr&oacute;). Luego de una   introducci&oacute;n de corte fenomenol&oacute;gico, en la que da cuenta de los muchos modos en   los que la clausura forma parte de nuestra vida, el autor se ocupa del modo   fundamental en que &eacute;sta tiene lugar en los c&oacute;mics: el &quot;canal&quot; entre vi&ntilde;eta y   vi&ntilde;eta. A partir de dos im&aacute;genes una al lado de la otra, el lector debe entender   una acci&oacute;n, una situaci&oacute;n, una idea completa. La habilidad del que escribe cada   historia est&aacute; en el modo como lleva al lector a &quot;completar la historia&quot;; en   muchos casos, esa colaboraci&oacute;n parecer&aacute; intuitiva; en otros tendr&aacute; que ser mucho   m&aacute;s activa.</p>       <p>   Ver <a href="#f8">figuras 8a y 8b</a></p>      <p>    <center><a name="f8"><img src="img/revistas/res/n30/30a12f8.jpg"></a>   </center></p>       <p>   Mc Cloud   propone distinguir seis tipos de salto entre vi&ntilde;eta y vi&ntilde;eta:</p>       <p>   1. momento   a momento    <br>   2. acci&oacute;n a acci&oacute;n    <br>   3. tema a tema    <br>   4. escena a escena    <br>   5.   aspecto a aspecto    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   6. non sequitur</p>       <p>Ver <a href="#f8">figura 9</a> </p>       <p>   Partiendo de esta clasificaci&oacute;n, crea un modo de an&aacute;lisis para cada   c&oacute;mic: mediante un diagrama de barras representa la proporci&oacute;n del uso que se   hace de los distintos saltos. Y uno de los aspectos m&aacute;s notorios que encuentra   es que en la mayor&iacute;a de los c&oacute;mics, tanto norteamericanos como europeos (desde   los de superh&eacute;roes, pasando por Eisner, Manara y Tardi, hasta Tintin), el   esquema es el mismo: la mayor&iacute;a de cortes son del tipo 2 acci&oacute;naacci&oacute;n (65%),   con una cierta medida de los del tipo 3 temaatema (20%) y del tipo 4   escenaaescena (15%). En todos los casos, en este tipo de c&oacute;mics el eje est&aacute; en   la narraci&oacute;n, en contar una historia, y &eacute;sta &quot;avanza&quot; principalmente por   secuencias de acciones.</p>       <p>  Ver <a href="#f9">figura 10</a> </p>       <p>    <center><a name="f9"><img src="img/revistas/res/n30/30a12f9.jpg"></a>   </center></p>       <p>   No es   extra&ntilde;o que Mc Cloud encuentre los otros tipos de transiciones en los c&oacute;mics   experimentales, como los que hizo Spiegelman en los setenta, pero lo que s&iacute;   resulta m&aacute;s interesante es el hecho de que los esquemas de barras de los c&oacute;mics   japoneses en general sean significativamente diferentes de los occidentales. Por   un lado, utilizan una proporci&oacute;n mucho m&aacute;s cercana de los cortes de tipo 2 y 3,   y los del tipo 1 s&iacute; tienen uso (en los c&oacute;mics japoneses una acci&oacute;n puede   alargarse mostrando los distintos momentos intermedios, cosa que no suele   suceder en los occidentales, mucho m&aacute;s &quot;sint&eacute;ticos&quot;). Pero lo m&aacute;s interesante es   que la transici&oacute;n tipo 5 aspecto a aspecto, que en Occidente casi no se usa, en   los c&oacute;mics japoneses recibe alrededor de un 15%. Mc Cloud aprovecha esta   circunstancia para reflexionar un poco sobre la diferencia entre las culturas   occidental y oriental, en particular, sobre la concepci&oacute;n del tiempo y de la   noci&oacute;n de momento en la narraci&oacute;n, notando c&oacute;mo en los c&oacute;mics japoneses un   instante se toma m&aacute;s vi&ntilde;etas y se aprovecha tanto para darle un cierto esp&iacute;ritu   al ambiente como para profundizar en el interior de los   personajes.</p>       <p>     <b>El manejo del tiempo</b></p>       <p>  Ver <a href="#f9">figura 11</a> </p>       <p>   Por un analog&iacute;a equivocada con el cine, se toman los cuadros   de cada c&oacute;mic como si fueran fotogramas que representan instantes. En este caso,   Mc Cloud se encargar&aacute; de mostrar con cuidado c&oacute;mo en muchos de los casos los   paneles de los c&oacute;mics nos cuentan un per&iacute;odo m&aacute;s amplio y muchos de ellos habr&aacute;n   de ser le&iacute;dos temporalmente. Conociendo la regla de la lectura en Occidente, de   izquierda a derecha y de arriba abajo, el narrador aprovechar&aacute; ese &quot;movimiento   de los ojos&quot; para llenar de tiempo cada imagen y cada p&aacute;gina. El panel se   convierte entonces en objeto de an&aacute;lisis del libro y, al ser examinado como   signo mismo, se presentar&aacute;n los modos en que puede ser usado para estructurar el   tiempo de una escena. Al cortarlo y estirarlo, al mezclar paneles largos con   paneles cortos, este signo servir&aacute; para manejar el tiempo e incluso permitir&aacute;   narrativas experimentales: bifurcaciones o bucles.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  Ver <a href="#f9">figura 12</a> </p>       <p>   La otra noci&oacute;n temporal fundamental en los c&oacute;mics tiene que   ver con el modo de representar el movimiento en im&aacute;genes fijas. Mc Cloud   comienza por mostrarnos c&oacute;mo esta cuesti&oacute;n se conecta a la historia del arte, en   el momento de la invenci&oacute;n de la fotograf&iacute;a y el cine, y que tiene ejemplos   particularmente interesantes en las series de fotograf&iacute;as de Muybridge y en   experimentos pict&oacute;ricos como los del futurismo y la famosa pintura de Duchamp   del hombre bajando la escalera. En el c&oacute;mic este tema deviene un problema   fundamental que no ha dejado de evolucionar en el siglo XX, cuando se ha   experimentado con distintas estrategias que se han convertido en s&iacute;mbolos: desde   el uso de las l&iacute;neas de movimiento que dan idea del tramo recorrido por el m&oacute;vil   hasta el uso de efectos borrosos para las figuras o los fondos (marca de estilo   del c&oacute;mic japon&eacute;s). Estos efectos pueden ser utilizados simplemente para   transmitir la idea de un movimiento, o ser incorporados de manera realmente   dram&aacute;tica para convertirse en elementos propiamente   expresivos.</p>       <p>      <b>Los modos de hacer visible lo invisible</b></p>       <p>  Ver <a href="#f9">figura 13</a> </p>       <p>   De nuevo, Mc Cloud arranca insertando los   c&oacute;mics en la historia del arte. En este caso, se trata del expresionismo y las   investigaciones de Kandinsky, y los modos como en ambos casos se busc&oacute;   representar emociones mediante la pintura (en particular, mediante los trazos y   los colores). Nuestro &quot;profesor&quot; se concentra en la l&iacute;nea y las maneras como el   trazo puede se&ntilde;alar tantos rasgos del car&aacute;cter: una l&iacute;nea que puede ser   tranquila o angustiada, racional, suave o salvaje... De nuevo, aprovecha su   erudici&oacute;n para indicarnos las formas en que los autores de c&oacute;mics han usado esas   l&iacute;neas para crear personajes inocentes (Disney), neur&oacute;ticos (Crumb), din&aacute;micos y   amistosos (Kirby). Y esas mismas l&iacute;neas que perfilan los personajes, al   configurar los fondos, proveen tambi&eacute;n de ambiente y esp&iacute;ritu a la   historia.</p>      <p>  Ver <a href="#f9">figura 14</a> </p>     &iquest;Pero qu&eacute; otros m&eacute;todos   tiene el dibujante de c&oacute;mics para transmitir tantas cosas &quot;invisibles&quot;? En este   momento, Mc Cloud entra a analizar el uso de distintos tipos de s&iacute;mbolos   gr&aacute;ficos propios de los c&oacute;mics: las l&iacute;neas onduladas que representan olores, el   soplido de tranquilidad, los corazones del enamorado, los pajaritos del que fue   golpeado en la cabeza, el sudor de angustia, etc. En esta serie de casos detecta   un proceso muy interesante que resulta fundamental: cuando las im&aacute;genes dejan de   ser &iacute;conos que representan por parecido, a ser elementos simb&oacute;licos que   representan algo invisible mediante un c&oacute;digo. &quot;Este salto de lo visible a lo   invisible ha sido la base de todos los lenguajes escritos desde que comenz&oacute; la   civilizaci&oacute;n&quot; (p.130). Un ejemplo interesante de lo convencional en estos   s&iacute;mbolos que representan estados de &aacute;nimo es lo diferentes que son las   convenciones japonesas de las occidentales.   </p>        <p>  Ver <a href="#f10">figura 15</a> </p>     <p>    <center><a name="f10"><img src="img/revistas/res/n30/30a12f10.jpg"></a>   </center></p>       <p>   Antes de terminar este cap&iacute;tulo, Mc Cloud no puede dejar de analizar   los s&iacute;mbolos de los c&oacute;mics que est&aacute;n m&aacute;s claramente dedicados a representar lo   &quot;invisible&quot;: los globos de texto y los textosgr&aacute;ficos que en sus m&uacute;ltiples   trazos denotan los sonidos y pensamientos y todos sus matices.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>      <b>Las   im&aacute;genes y los textos</b></p>       <p>  Ver <a href="#f10">figura 16</a> </p>       <p>   Scott   Mc Cloud comienza este cap&iacute;tulo identificando una corriente dentro de la   modernidad occidental que tendi&oacute; a separar im&aacute;genes y textos, llegando a su   punto m&aacute;s alto en el siglo XIX, cuando las obras cumbres de la pintura tend&iacute;an   al m&aacute;ximo realismo, y los textos de poes&iacute;a a la m&aacute;xima abstracci&oacute;n, situ&aacute;ndolos   en los dos bordes del continuo que estableci&oacute; en el cap&iacute;tulo 2. Aprovecha para   oponer estas dos posiciones extremas a todo ese mundo donde por lo general   suelen venir combinadas las im&aacute;genes y los textos: la publicidad, las portadas,   los logotipos; y que tradicionalmente son considerados: &quot;en el mejor de los   casos, un entretenimiento para las masas; en el peor de ellos, un producto de   burdo comercialismo&quot; (p.140). Esa perspectiva (que, como en el resto del libro,   parte de la b&uacute;squeda de encontrar una explicaci&oacute;n para la poca valoraci&oacute;n de los   c&oacute;mics que encuentra en nuestra cultura) puede ser acusada de acomodar los   hechos a la tesis que se quiere probar, por ejemplo, invocando la importancia de   la escritura realista en el siglo XIX. Pero estos &quot;pecadillos&quot; en realidad no   importan, ya que de todos modos el uso de su &quot;tri&aacute;ngulo de abstracci&oacute;n&quot; en este   cap&iacute;tulo da muestras de lo &uacute;til que puede ser esta herramienta te&oacute;rica para   entender distintos movimientos en la historia del arte. &Eacute;ste prueba ser   especialmente interesante, cuando Mc Cloud lo aplica para representar los giros   dentro del tri&aacute;ngulo que significaron las vanguardias, las cuales, en el cambio   de siglo del XIX al XX, se salieron del realismo en la pintura (tendiendo a las   dos esquinas de abstracci&oacute;n: la geom&eacute;trica y la general). Con ello, como sucedi&oacute;   en el caso del Dada, las vanguardias integraron de nuevo imagen y texto de   diversas maneras.</p>       <p>   Con relaci&oacute;n a los modos de integrar im&aacute;genes y texto   en los c&oacute;mics, el autor aplica de nuevo su habilidad clasificatoria para   categorizar los distintos modos de combinarlos en una vi&ntilde;eta:</p>       <p>   1.   centradas en el texto (im&aacute;genes ilustran pero no a&ntilde;aden)    <br>   2. centradas en la   imagen (textos son banda sonora o a&ntilde;aden visualmente)    <br>   3. duales (im&aacute;genes y   texto dicen lo mismo)    <br>   4. aditivas    <br>   5. paralelas    <br>   6. montaje (palabras   parte de la imagen)    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   7. interdependientes</p>       <p>   Para esta clasificaci&oacute;n, s&oacute;lo   las explica usando ejemplos; y para el &uacute;ltimo caso da una muestra de c&oacute;mo se   puede usar en distintas proporciones el balance entre im&aacute;genes y textos. Sus   ejemplos no lo llevan a mayores reflexiones, si bien los casos que presenta son   muy &uacute;tiles para cualquiera que piense hacer un c&oacute;mic y no sea todav&iacute;a consciente   de c&oacute;mo balancear en sus vi&ntilde;etas im&aacute;genes y texto.</p>       <p>    <b>La metodolog&iacute;a   de trabajo</b></p>       <p>   En este cap&iacute;tulo, el autor cierra su argumento sobre la   relaci&oacute;n entre el arte y los c&oacute;mics, y quiz&aacute;s, de todas sus elucubraciones, la   que desarrolla aqu&iacute; es la que luce m&aacute;s ingenua y arriesgada. Intenta definir en   un par de vi&ntilde;etas lo que es el arte y c&oacute;mo este resulta determinado en la   evoluci&oacute;n humana por la capacidad de los hombres de hacer cosas que no tienen un   prop&oacute;sito definido: productos cuya finalidad no est&aacute; pensada con miras a la   supervivencia (todo esto contado con historias de cavern&iacute;colas que descubren el   arte de modos insospechados). Como siempre, consigue ser chistoso y &aacute;gil, pero a   ratos luce un poco torpe y simpl&oacute;n.</p>       <p>   De todos modos, el lado fuerte del   cap&iacute;tulo tiene lugar cuando explica su teor&iacute;a de los seis pasos que deber&iacute;a   tener toda creaci&oacute;n art&iacute;stica (representados por las distintas capas de una   manzana):</p>       <p>   1. idea/prop&oacute;sito    <br>   2. forma    <br>   3. estilo    <br>   4. estructura    <br>   5. destreza    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   6. superficie</p>       <p>   Cada uno de los pasos queda   magn&iacute;ficamente explicado con una serie de historias cortas de personajes que   quieren dedicarse a los c&oacute;mics, y cada uno s&oacute;lo consigue llegar hasta un punto:   el joven que consigue pulidas im&aacute;genes (superficie), la muchacha que llega   realmente a dominar el trazo y la construcci&oacute;n de figuras (destreza) pero no   sabe narrar, el tipo que llega a ser muy buen dibujante y a contar bien   historias (estructura) pero no se distingue del resto, la mujer que adem&aacute;s llega   a tener su propio idioma (estilo), el se&ntilde;or que luego de llegar a ese punto se   pregunta: &quot;&iquest;Por qu&eacute; hago esto?&quot; (Cualquiera que llegase s&oacute;lo hasta aqu&iacute;   producir&iacute;a una &quot;manzana hueca&quot;) (p.182).</p>       <p>   Y ante esta pregunta, Mc Cloud   propone dos posibles respuestas: &quot;&iquest;Pretende el artista decir algo sobre la vida   o decirnos algo sobre el trabajo que realiza?&quot; (p.178). La opci&oacute;n que tome lo   llevar&aacute; a escoger la forma, y convertirse en un experimentador (como McCay o   Moebius), o a escoger el camino de la idea/prop&oacute;sito, y hacer de su arte una   herramienta (como Herg&eacute; o Eisner), y en este caso, &quot;contar la historia (o en el   caso de la no ficci&oacute;n, transmitir el mensaje) adquiere prioridad por encima de   la inventiva, si bien contar una historia lo m&aacute;s efectivamente posible requerir&aacute;   cierta invenci&oacute;n, como a menudo sucede&quot; (p.179). No es imprescindible tomar una   &uacute;nica opci&oacute;n, como prueba el caso de Spiegelman, que luego de su trabajo   experimental lanz&oacute; su obra m&aacute;s narrativa: Maus (donde, a pesar de que el peso   est&aacute; en la historia, se siente el pulso formal del autor).</p>       <p>   De nuevo, este   esquema que presenta resulta muy &uacute;til para mirar las distintas producciones   humanas, y en particular, todas aquellas en las que la noci&oacute;n de proyecto est&aacute;   en el coraz&oacute;n del asunto.</p>       <p>      <b>El color</b></p>       <p>   &Eacute;ste es el cap&iacute;tulo   m&aacute;s ligero y superficial. El autor apenas se&ntilde;ala c&oacute;mo los condicionamientos   iniciales del uso del color en los c&oacute;mics tuvieron que ver con la tecnolog&iacute;a que   hac&iacute;a posible su reproducci&oacute;n y con las condiciones del mercado: tanto los   costos de las tintas extras como los ingresos por captar un p&uacute;blico m&aacute;s amplio.   Encuentra as&iacute; las razones que explican los colores planos que identifican los   c&oacute;mics populares de superh&eacute;roes. A&ntilde;ade tambi&eacute;n una nota m&aacute;s a su continuo de   abstracci&oacute;n al se&ntilde;alar c&oacute;mo el color puede dar un toque m&aacute;s de realismo. Y   termina el cap&iacute;tulo indicando ciertos experimentos interesantes que ya han   tenido lugar y ciertos caminos que todav&iacute;a est&aacute;n por   explorar.</p>       <p>   <b>Resumen</b></p>       <p>   Mc Cloud cierra el libro redondeando su   teor&iacute;a de la comunicaci&oacute;n, en la que, a pesar de ser creada para analizar un   medio en el que forma y contenido est&aacute;n tan inextricablemente unidos, carga   todav&iacute;a de un modo muy fuerte con la tradici&oacute;n &quot;plat&oacute;nica&quot; que tiende a separar   radicalmente las &quot;ideas&quot; de los &quot;materiales&quot; que han de transmitirlas. Para el   autor, al parecer, los c&oacute;mics son esencialmente formas de transmitir una idea de   la mente del creador, y no esos libros que en s&iacute; mismos son formalmente tan   ricos y expresivos.</p>       <p>   En todo caso, hay que aceptar que, sea cual sea la   concepci&oacute;n que tenga de lo que es una &quot;idea&quot;, Mc Cloud es un genio en los   distintos modos de &quot;esquematizar&quot; las suyas, y lo prueba en este cap&iacute;tulo final,   donde dedica para cada uno de sus cap&iacute;tulos una p&aacute;gina, o m&aacute;ximo dos, para   &quot;resumir&quot; la &quot;idea&quot; central expuesta all&iacute;. Aqu&iacute; se pueden ver aprovechados, en   su m&aacute;xima potencia, los &iacute;conos y esquemas que desarroll&oacute; a trav&eacute;s del   libro.</p>       <p>     <b>Conclusi&oacute;n</b></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El ensayo es un g&eacute;nero muy particular   en el que, si bien tiene algunas reglas, sus m&aacute;ximos exponentes surgen por lo   general en lugares muy distintos y no obedecen a ning&uacute;n tipo de entrenamiento.   Son obras singulares que consiguen, a un mismo tiempo, iluminar de modo   potent&iacute;simo el terreno al que dirigen su luz, ser signos de su tiempo y marca   del alma de sus autores. Se vuelven textos de obligada lectura para aquellos que   se ocupan de ese terreno, pero por lo general encuentran su popularidad en otros   dominios a los que abren ese terreno. Son profundos, arriesgados y personales.   Dicen mucho m&aacute;s de lo que en principio pretenden y abren muchas puertas. Estoy   pensando en textos cl&aacute;sicos como La c&aacute;mara l&uacute;cida de Roland Barthes, por se&ntilde;alar   otro cl&aacute;sico de los estudios visuales, junto a los cuales este libro habr&iacute;a de   ser situado. Si bien habr&iacute;a que reconocer que las herramientas te&oacute;ricas de   Understanding comics son en realidad m&aacute;s efectivas, La c&aacute;mara l&uacute;cida resulta   mucho m&aacute;s sutil y profundo. Sin duda, es dentro de la categor&iacute;a de los ensayos,   y de los grandes ensayos, que este libro deber&aacute; ser situado.</p>       <p>   Sin embargo,   quiz&aacute;s el proyecto m&aacute;s cercano con el que deber&iacute;a ser comparado ser&iacute;an los   videos de John Berger, Modos de ver; ya que son pocos los casos donde un &quot;texto&quot;   te&oacute;rico se analiza a s&iacute; mismo y usa de modo tan efectivo los medios que el mismo   medio le provee. Sin meterse nunca en las honduras del an&aacute;lisis ideol&oacute;gico del   te&oacute;rico ingl&eacute;s, Mc Cloud prueba aqu&iacute; incluso m&aacute;s habilidad en el aprovechamiento   de las herramientas que el medio que est&aacute; analizando le brinda. Quiz&aacute;s una de   las ideas m&aacute;s singulares que consigue probar, y de modo impecable, es c&oacute;mo el   c&oacute;mic puede ser un medio para otro tipo de escrituras.</p>       <p>   En su modo de   pensar y decir las cosas, Mc Cloud es claramente gringo: directo y seguro de lo   que piensa; y aunque puede abusar de su ingenuidad a la hora de meterse en   terrenos que no domina, lo compensa con creces con un conocimiento profundo y   minucioso del objeto que lo obsesiona: los c&oacute;mics.</p>       <p>   Este libro es una   muestra clara de c&oacute;mo una reflexi&oacute;n profunda sobre un objeto particular puede   dirigir tan distintas y variadas reflexiones generales.</p>       <p>   Y, sin duda   alguna, es una muestra de c&oacute;mo la investigaci&oacute;n y el trabajo te&oacute;rico pueden   producir objetos que son arriesgados, divertidos, retadores, hermosos,   singulares, y que pueden abrir todo un mundo para aquel que dedique un tiempo   para meterse en ellos.</p>      <p>  Ver <a href="#f11">figura 17</a> </p>     <p>    <center><a name="f11"><img src="img/revistas/res/n30/30a12f11.jpg"></a>  </center></p>         <p>    <center><img src="img/revistas/res/n30/30a12f12.jpg"></center></p> <hr size="1">      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Comentarios</b></p>     <p><a name="1">1</a> Hasta ahora los m&aacute;s interesados en el libro parecen haber   sido aquellos que se ocupan del dise&ntilde;o de interfaces computacionales.</p>  </font>      ]]></body>
</article>
