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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4">Narcotráfico: Europa, Estados Unidos, América Latina</font></p>      <p align="center"><font size="3">Camacho, &Aacute;lvaro (ed) (2006). Narcotr&aacute;fico: Europa, Estados   Unidos, Am&eacute;rica Latina. Bogot&aacute;: Obreal -Comisi&oacute;n Europea- Universidad de los   Andes. (pp. 253)</font> </p>     <p><b>Miguel Eduardo C&aacute;rdenas</b>*</p>      <p>* Doctor en derecho, asesor cient&iacute;fico de la Friedrich   Ebert Stiftung en Colombia-Fescol-, ha publicado recientemente: Pol&iacute;ticas   p&uacute;blicas para Colombia (Friedrich Ebert Stiftung; Fondo Editorial CEREC, 2006);   (Coord.) La reforma pol&iacute;tica del Estado en Colombia: una salida integral a la   crisis (Friedrich Ebert Stiftung; Fondo Editorial CEREC, 2005). Correo   electr&oacute;nico: <a href="mailto:miguel.cardenas@fescol.org.co">miguel.cardenas@fescol.org.co</a>.</p> <hr size="1">     <p>El libro contiene la memo ria del Seminario El &quot;Narcotr&aacute;fico y las relaciones   entre Am&eacute;rica Latina, Europa y los Estados Unidos&quot; convocado por el Centro de   Estudios Sociales de la Universidad de los Andes en octubre de 2005, con los   auspicios de la Comisi&oacute;n Europea y el Observatorio de las Relaciones Uni&oacute;n   Europea Am&eacute;rica Latina (OBREAL).</p>       <p>   El texto presenta de manera secuencial   las diferentes visiones que sobre el llamado &quot;problema de las drogas&quot; tienen   funcionarios de Naciones Unidas y especialistas en el tema provenientes de   Europa, Estados Unidos y Am&eacute;rica Latina. La organizaci&oacute;n geogr&aacute;fica de las   ponencias no supone consensos continentales sino, por el contrario, la   constataci&oacute;n de la pluralidad de interpretaciones y posturas pol&iacute;ticas   existentes sobre esa realidad multidimensional gen&eacute;ricamente denominada   &quot;Narcotr&aacute;fico&quot;.</p>       <p>   Discursos institucionales como el del Sr. Sandro Calvani,   representante en Colombia de la Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y   el Crimen Organizado (UNDOC), cuyos planteamientos traducen a la realidad   colombiana los lineamientos de la Convenci&oacute;n de Viena de 1989 y de la   Declaraci&oacute;n de la Vig&eacute;sima Sesi&oacute;n Especial de la Asamblea de las Naciones Unidas   sobre Control Internacional de la Droga, realizada en Nueva York en 1998. De la   primera, la problematizaci&oacute;n de la producci&oacute;n, tr&aacute;fico y consumo de drogas como   una realidad global que debe eliminarse de la faz de la Tierra, por sus efectos   perversos sobre la gobernabilidad, la econom&iacute;a legal, la salud p&uacute;blica y el   medio ambiente; de la segunda, la aceptaci&oacute;n expl&iacute;cita de las causas   estructurales que empujan a los pobladores del campo a sembrar coca, amapola o   marihuana en pa&iacute;ses como Bolivia, Colombia, M&eacute;xico, Birmania o   Afganist&aacute;n.</p>       <p>   Frente al marco prohibicionista de Viena, lo aprobado en   Nueva York se consider&oacute; un avance conceptual y un respiro a los pa&iacute;ses   productores, en cuanto daba prioridad al desarrollo alternativo, incluso por   encima de las metas de erradicaci&oacute;n unilateralmente definidas por Estados Unidos   en el cuestionado mecanismo de la certificaci&oacute;n. De esa declaraci&oacute;n, el Sr.   Calvani cita un aparte ilustrativo: &quot;Donde existan estructuras campesinas de   producci&oacute;n agr&iacute;cola de baja rentabilidad &ndash;dice la declaraci&oacute;n de 1998&ndash; el   desarrollo alternativo es la medida m&aacute;s sostenible, as&iacute; como social y   econ&oacute;micamente m&aacute;s apropiada que la erradicaci&oacute;n forzada&quot;. Dicho en Colombia, el   pa&iacute;s piloto de la m&aacute;s agresiva &quot;Guerra contra las Drogas&quot;, la cita tiene un   especial significado. Llama la atenci&oacute;n de las autoridades a no ignorar el   transfondo agrario del problema, y a establecer diferenciaciones sensatas entre   cultivadores y narcotraficantes.</p>       <p>   Las ponencias de George Estievenart y   Alain Labrousse exponen los principios de la Uni&oacute;n y el Parlamento europeos al   respecto: responsabilidad compartida, equilibrio entre reducci&oacute;n de la demanda y   la oferta, enfoque hacia la cooperaci&oacute;n para el desarrollo y respeto a la   soberan&iacute;a e integridad territorial de los pa&iacute;ses. Este esquema le permiti&oacute; a   Europa diferenciarse claramente de Estados Unidos en Bolivia, Per&uacute; y Colombia,   al financiar programas de desarrollo alternativo que no supongan acciones   represivas contra las comunidades. Labrousse comenta c&oacute;mo el escenario   internacional post Once de Septiembre debilita las cr&iacute;ticas europeas hacia el   Plan Colombia y las fumigaciones, en una clara aceptaci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina como   &aacute;rea de influencia de Estados Unidos.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Lamentablemente, los llamados a la   sensatez son cada vez menos audibles por parte de los dise&ntilde;adores de pol&iacute;ticas   en Washington y Bogot&aacute;. Seg&uacute;n Coletta Youngers, la estrategia del &quot;Garrote y la   Zanahoria&quot; se caracteriza porque blande un azote descomunal sobre los   productores agrarios, mientras que la peque&ntilde;a zanahoria que se ofrece no alcanza   siquiera a amortiguar los golpes m&aacute;s visibles del prohibicionismo sobre el   campesinado. Mucho menos para transformar radicalmente sus condiciones de vida o   el entorno rural en que se desenvuelve. Para la representante de Washington   Office of Latin America, la pol&iacute;tica de represi&oacute;n a la oferta impuesta por   Estados Unidos no s&oacute;lo es ineficaz por sus resultados, sino contraproducente en   t&eacute;rminos de la gobernabilidad democr&aacute;tica, el desarrollo social y la vigencia de   los derechos humanos de los pa&iacute;ses productores.</p>       <p>   Lo grave del asunto es   que, lejos de replantear la pol&iacute;tica, Estados Unidos encontr&oacute; en la coyuntura   del 11 de septiembre de 2001 el argumento perfecto para incluir el tema de las   drogas a la par que el fundamentalismo isl&aacute;mico en su Agenda de Seguridad   Nacional. Ello le permiti&oacute; fusionar expl&iacute;citamente la estrategia antinarc&oacute;ticos   y la estrategia contrainsurgente en la mitad de vigencia del Plan Colombia, lo   que se tradujo en la subordinaci&oacute;n completa de los programas de control de   drogas y desarrollo alternativo a los ritmos y requerimientos de la guerra   interna.</p>       <p>   An&aacute;lisis m&aacute;s recientes de WOLA atribuyen el fracaso del Plan   Colombia a la desproprorci&oacute;n de los recursos dirigidos a lo militar y lo social,   pero sobre todo a su negativa a considerar un enfoque de reducci&oacute;n de da&ntilde;os   similar al que aplican algunos pa&iacute;ses europeos sobre sus consumidores. La   obsesi&oacute;n por disminuir a cualquier costo las hect&aacute;reas de coca cultivadas, y de   contera liquidar a la guerrilla de las FARC, anul&oacute; durante el gobierno Bush   cualquier posibilidad de reformulaci&oacute;n de la pol&iacute;tica en el sentido propuesto   por Youngers. Podemos preguntarnos si el triunfo dem&oacute;crata en las elecciones   permitir&aacute; dicho replanteamiento o solamente elevar&aacute; el nivel de exigencias de   eficacia en la inversi&oacute;n y de mayor respeto a los derechos humanos en   Colombia.</p>       <p>   La constataci&oacute;n de la interrelaci&oacute;n entre narcotr&aacute;fico y   conflicto armado es el ingrediente m&aacute;s problem&aacute;tico de todos. Tanto para Calvani   como para Vargas, la econom&iacute;a pol&iacute;tica de las drogas alimenta simult&aacute;neamente a   las mafias y a los grupos armados ilegales, y supone para su funcionamiento el   control de circuitos, poblaciones y territorios en casi toda la geograf&iacute;a   nacional. &Eacute;ste es un hecho innegable que explica la ferocidad de la lucha por la   posesi&oacute;n de los escenarios regionales estrat&eacute;gicos, pero tambi&eacute;n la simbiosis   entre la ilegalidad de las drogas y los factores reales del poder, como se   aprecia en el reciente esc&aacute;ndalo de la parapol&iacute;tica.</p>       <p>   La guerra y la   econom&iacute;a siempre han estado interelacionadas, como lo demuestran los conflictos   en el Oriente Medio, &Aacute;frica o Colombia, con independencia de la legalidad o   ilegalidad de la riqueza en disputa. Cuanto m&aacute;s grande sea el bot&iacute;n, m&aacute;s cruel   es la violencia entre los bandos. La pregunta es s&oacute;lo una: &iquest;el argumento de   secar la fuente de financiaci&oacute;n de los grupos armados justifica la presi&oacute;n   excesiva sobre la franja de productores agr&iacute;colas que cultivan coca y   amapola?</p>       <p>   Vargas tiene el dilema de la izquierda sobre cu&aacute;nto garrote y   cu&aacute;nta zanahoria hay que darles a los actores, y al proponer planes de   erradicaci&oacute;n manual, Vargas es un erradicador blando. Mientras que Thoumi est&aacute;   en el medio, dando un toque cultural al problema, al referirse a la habilidosa   maldad de los colombianos, su desafecto a la legitimidad, a la legalidad. Thoumi   se coloca en el medio, pues en su enfoque la pobreza no lo explica: los   colombianos son los primeros falsificadores de d&oacute;lares, de euros, y los primeros   productores de coca&iacute;na.</p>       <p>   Sobre la relaci&oacute;n conflicto armado y droga, debe   apuntarse que la econom&iacute;a siempre ha estado articulada a la guerra, puede ser   por un producto legal como el oro o los diamantes; o en otros casos, el petr&oacute;leo   como mecanismo extorsivo y el fen&oacute;meno de la parapol&iacute;tica, la ilegalidad y la   guerra se articulan con lo legal (sector financiero, finca ra&iacute;z, etc.) y lo   institucional (Congreso, Fiscal&iacute;a, Procuradur&iacute;a, etc.).</p>       <p>   En el campo, se   carga la mano a los cultivadores; as&iacute;, la guerra contra las drogas es una guerra   contra los campesinos, es una verdadera guerra social en el campo.</p>       <p>   Desde   la perspectiva legalizacionista, Ethan Nadelman, tambi&eacute;n estadounidense, le da   un giro radical al an&aacute;lisis. Para el director de Drug Policy Aliance, el   prohibicionismo de las drogas causa m&aacute;s da&ntilde;os que el abuso de las drogas, si se   miran las estad&iacute;sticas de mortalidad, corrupci&oacute;n, violencia, detenciones,   toxicidad y derechos ciudadanos en todo el continente, incluido Estados Unidos.   Aunque muchos pol&iacute;ticos y estadistas latinoamericanos comparten este juicio,   Belisario Betancur, &Oacute;scar Arias, Lilia Gueiler; entre ellos, casi todos sucumben   ante las presiones norteamericanas cuando est&aacute;n en el ejercicio del poder,   agregar&iacute;a yo a la enumeraci&oacute;n de personalidades &quot;criticas&quot; hecha por   Nadelman.</p>       <p>   &Eacute;ste es el art&iacute;culo m&aacute;s motivante. Tensa el arco m&aacute;s all&aacute; de lo   com&uacute;n, invitando a buscar claves interpretativas y posturas pol&iacute;ticas nuevas, en   lugar de quedarnos atrapados en la discusi&oacute;n de cu&aacute;n grande debe ser el garrote   o la zanahoria. Una postura con demasiados simpatizantes en nuestro medio que   lleva indefectiblemente a condenar al cultivo, al cultivador, a las mulas, a los   consumidores, casi con la misma rudeza que al narcotraficante. Con sentido   pr&aacute;ctico se&ntilde;ala la ruta: uno, romper las amarras del pensamiento prohibicionista   en cualquiera de sus matices; dos, dirigir la mirada hacia opciones alternativas   que se construyen en Europa y Canad&aacute;; tres, revalorizar la hoja de coca y sus   productos org&aacute;nicos derivados, y cuatro, posicionar a Am&eacute;rica Latina como el   centro estrat&eacute;gico de la reflexi&oacute;n y la acci&oacute;n pol&iacute;tica, porque posee &quot;tanto la   postura moral como la masa cr&iacute;tica del liderazgo pol&iacute;tico requerido para forzar   una revisi&oacute;n fundamental de la [&hellip;] pol&iacute;tica global antidrogas en el siglo XXI&quot;.   Esta frase, pronunciada poco antes del triunfo de Evo Morales Ayma en Bolivia,   adquiere ahora aun mayor validez.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El libro Narcotr&aacute;fico: Europa, Estados   Unidos, Am&eacute;rica Latina es una valiosa compilaci&oacute;n de ponencias de funcionarios,   acad&eacute;micos y miembros de prestigiosas organizaciones no gubernamentales   relacionadas con el tema. Una visi&oacute;n m&aacute;s plural contar&iacute;a con la presencia   insustituible de los actores sociales sobre los que se ejerce la mayor presi&oacute;n   en este momento, y que en muchas oportunidades han estructurado tal vez las   agendas m&aacute;s completas de reforma estructural del campo colombiano, como salida   de la problem&aacute;tica planteada por la ilegalidad de las drogas. Enumero las m&aacute;s   importantes: los Acuerdos firmados en las marchas cocaleras de 1996, las   ponencias presentadas en la Audiencia Internacional sobre Cultivos Il&iacute;citos y   Medio Ambiente en San Vicente del Cagu&aacute;n, en junio de 2000, con la presencia de   40 embajadores, incluido un representante de la Santa Sede, y las agendas   Regionales y Sectoriales elaboradas en el Magdalena Medio, Cauca, Putumayo,   Caquet&aacute; y Guaviare en la &uacute;ltima d&eacute;cada.</p>  </font>      ]]></body>
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