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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4">Cuando callan los fusiles. Impacto de   la paz negociada en Colombia y en Centro am&eacute;rica</font></p>     <p align="center"><font size="3">Nasi, Carlo (2007). Cuando callan los fusiles. Impacto de   la paz negociada en Colombia y en Centro am&eacute;rica. Bogot&aacute;: Grupo Editorial Norma-Universidad de los Andes. (pp. 347)</font></p>     <p><b>Francisco Leal</b>*</p>     <p>* Soci&oacute;logo de la Universidad Nacional de Colombia y Ph.D.   de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos. Profesor honorario de la   Universidad Nacional de Colombia y de la Universidad de los Andes. Fundador de   las revistas Estudios Rurales Latinoamericanos, Bogot&aacute;, 1977, An&aacute;lisis Pol&iacute;tico,   Bogot&aacute;, 1987, y Revista de Estudios Sociales, Bogot&aacute;, 1998. Entre sus   publicaciones m&aacute;s recientes cabe destacar: Pol&iacute;ticas de seguridad: de   improvisaci&oacute;n en improvisaci&oacute;n. En: Francisco Leal (Ed.), En la encrucijada.   Colombia en el siglo XXI, (Norma-Universidad de los Andes, 2006); La pol&iacute;tica de   seguridad democr&aacute;tica: 2002-2005, An&aacute;lisis Pol&iacute;tico, No. 57, mayo/agosto de   2006; La inseguridad de la seguridad. Colombia 1958-2005, (Planeta Editores,   2006); La seguridad durante el primer a&ntilde;o del gobierno de &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez.   En: Linda Helfrich y Sabine Kurtenbach (Eds.), Colombia: caminos para salir de   la violencia, (Iberoamericana/Vervuert, 2006); The Military and the National   Security Doctrine. En: Michiel Baud y Donny Meertens (Eds.), Colombia from the   Inside. Perspectives on Drugs, War and Peace, (Cedla, 2004); Armed actors in the   Colombian conflict. En: Kees Koonings y Dirk Kruijt (Eds.), Armed Actors.   Organised Violence and State Failure in Latin America, (Zed Books, 2004).Correo   electr&oacute;nico: <a href="mailto:frleal@uniandes.edu.co">frleal@uniandes.edu.co</a></p> <hr size="1">     <p>La lectura del libro de Carlo es grata, ilustrativa y enriquecedora. Adem&aacute;s   de ense&ntilde;ar muchos detalles sobre los procesos de paz de Nicaragua, El Salvador,   Guatemala y Colombia, incursiona en varios temas relacionados con un problema   central del libro que es la guerra civil y su variante &ndash;en el esquema conceptual   del autor&ndash; la guerra de guerrillas. La democracia, la ideolog&iacute;a, los partidos   pol&iacute;ticos y sus derivaciones son esos temas que enriquecen el an&aacute;lisis. Todo   esto se desarrolla con hechos ocurridos en especial durante las dos &uacute;ltimas   d&eacute;cadas del siglo pasado, mediante pormenores anal&iacute;ticos sustentados en teor&iacute;as   de reconocidos autores. En esta presentaci&oacute;n no es posible detenerse siquiera de   manera breve en los aspectos que llaman la atenci&oacute;n. Por eso, y para no dar una   impresi&oacute;n distorsionada del contenido de la publicaci&oacute;n, indico los temas   centrales de sus cap&iacute;tulos y hago algunas referencias que considero   relevantes.</p>       <p>   La Introducci&oacute;n del libro presenta el contexto del trabajo,   que &ndash;valga decirlo&ndash; es dif&iacute;cil para una aproximaci&oacute;n comparativa, puesto que los   casos estudiados son dis&iacute;miles. Sirvan de ejemplo Nicaragua, que se sale del   marco por la injerencia de Estados Unidos en la conformaci&oacute;n de una fuerza   privada contrainsurgente, y Colombia, que present&oacute; el par&eacute;ntesis de un acuerdo   de paz, en medio de la permanencia del conflicto armado con guerrillas que   cuentan con mayor capacidad b&eacute;lica que las desmovilizadas. En cuanto a las   referencias conceptuales que sirven de apoyo al trabajo, son clarificadas en la   Introducci&oacute;n para saber a qu&eacute; atenerse, sobre todo en conceptos que son   discutibles, como el de guerra civil. Sobresale en esta Introducci&oacute;n la tesis   que indica que, en contraposici&oacute;n con la din&aacute;mica de las guerras civiles, todos   los acuerdos de paz producen transformaciones importantes que tienden a ser   positivas en el funcionamiento de la pol&iacute;tica, la econom&iacute;a y la   sociedad.</p>       <p>   El Cap&iacute;tulo 1 aborda el tema de la guerra de guerrillas, cuyo   nombre, surgido en la era moderna, trata un fen&oacute;meno ancestral en la historia de   la humanidad. Su parentesco con las guerras civiles justifica la inclusi&oacute;n de   este concepto en el trabajo. Las estrategias contrainsurgentes, desarrolladas   durante el siglo XX, llevaron a que la poblaci&oacute;n civil fuese la principal   v&iacute;ctima de la violencia &ndash;indica el autor&ndash;, pues pese a las atrocidades de las   guerrillas, sus acciones son sobrepasadas por lo general por las fuerzas   contrainsurgentes. A&ntilde;ade, que esto se debe a que los Estados rara vez tienen la   capacidad de dar respuestas adecuadas a los aspectos no militares de la   insurgencia. El &eacute;nfasis oficial en la confrontaci&oacute;n militar trae como   consecuencia que los civiles sean las principales v&iacute;ctimas del conflicto. De   esta manera, agrego yo, el Estado, que debe ser directriz de la pol&iacute;tica de un   pa&iacute;s, hace abstracci&oacute;n de su esencia mostrando su fuerza bruta por razones casi   siempre privadas de conveniencia pol&iacute;tica. Carlo afirma que la precariedad   democr&aacute;tica tiene mucho que ver con esta situaci&oacute;n. Aqu&iacute; no sobra recordar que   el caso de Colombia es un ejemplo diciente al respecto.</p>       <p>   El Cap&iacute;tulo 2   considera el impacto de los acuerdos de paz, en el sentido de la continuidad y   los cambios en la violencia. El autor recuerda que la formaci&oacute;n de los Estados   modernos est&aacute; plagada de violencia, incluso luego de que el proceso estatal de   monopolizaci&oacute;n del uso de la violencia hab&iacute;a avanzado. Esta situaci&oacute;n es m&aacute;s   notoria en el caso de los pa&iacute;ses llamados en v&iacute;a de desarrollo, no pocas veces   estimulados por sus relaciones con los pa&iacute;ses desarrollados. Carlo se&ntilde;ala que la   poblaci&oacute;n civil ha sido tambi&eacute;n la v&iacute;ctima principal de la violencia que desat&oacute;   esta larga historia moderna de la humanidad. Los tres elementos destacados que   contrarrestan esta tendencia &ndash;nos recuerda el autor&ndash; aparecieron entrelazados y   son complementarios: el democr&aacute;tico, el republicano y el liberal. Pero es a   partir de la segunda mitad del siglo XX cuando se dan los mayores avances &ndash;digo   yo&ndash;, luego de que los pa&iacute;ses desarrollados dieron el peor ejemplo con las   mayores carnicer&iacute;as en la historia de la humanidad: las dos guerras mundiales.   En este cap&iacute;tulo, Carlo muestra las formas de violencia que se dieron en los   casos nacionales estudiados, desde el m&aacute;s brutal en Guatemala, pasando por los   de El Salvador, Colombia y el caso at&iacute;pico de Per&uacute;, donde la guerrilla fue el   principal victimario. Todos estos casos son confrontados con los cambios en la   violencia, antes y despu&eacute;s de los acuerdos de paz, que son una precondici&oacute;n   necesaria de la democracia.</p>       <p>   El Cap&iacute;tulo 3 trata la relaci&oacute;n compleja   entre guerra de guerrillas, acuerdos de paz y reg&iacute;menes pol&iacute;ticos. El autor   afirma que distintos analistas han clasificado mal a los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos que   hacen elecciones en medio de guerra de guerrillas, pues no han definido   est&aacute;ndares emp&iacute;ricos sobre c&oacute;mo la violencia pol&iacute;tica altera la situaci&oacute;n   democr&aacute;tica de un pa&iacute;s. En El Salvador y Guatemala coexistieron la guerra civil   y las dictaduras militares. Hubo reglas electorales tard&iacute;as antes de los   acuerdos de paz, las que luego se modificaron tras esos acuerdos. Nicaragua fue   el &uacute;nico caso en el que la insurgencia derrot&oacute; a la dictadura, con lo cual no se   acab&oacute; la guerra civil y el autoritarismo. La injerencia gringa con los &#39;contras&#39;   termin&oacute; cuando fue derrotado electoralmente el gobierno sandinista, ya que el   nuevo gobierno firm&oacute; acuerdos de paz con ese grupo.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   En Colombia, con   gobiernos democr&aacute;ticos, tambi&eacute;n hubo procedimientos electorales tras los   acuerdos con los rebeldes. En este contexto, Carlo muestra c&oacute;mo se ha minimizado   la importancia de la intensidad de la violencia pol&iacute;tica para determinar el   estatus democr&aacute;tico de los pa&iacute;ses, con distintos tipos de fallas en la   clasificaci&oacute;n de los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos. Es preferible, seg&uacute;n el autor, asumir   una clasificaci&oacute;n emp&iacute;rica &ndash;como la de guerra civil&ndash;, as&iacute; sea un poco   arbitraria, a desconocer hechos graves de violencia para definir niveles de   democracia. La observaci&oacute;n en los momentos electorales es insuficiente, pues   desconoce las acciones ocurridas entre las elecciones, ya que pueden ser nocivas   para resultados que se consideran democr&aacute;ticos, como el de impedir la formaci&oacute;n   de sociedades pluralistas.</p>       <p>   El Cap&iacute;tulo 4 analiza los acuerdos de paz y su   relaci&oacute;n con la democratizaci&oacute;n, con el trasfondo de un debate te&oacute;rico. Carlo   afirma que las guerras civiles &ndash;que incluyen las de guerrillas&ndash; tienen   consecuencias m&aacute;s negativas para la democracia que las producidas por otros   factores. Por lo tanto, los acuerdos de paz son requisitos, necesarios pero no   suficientes, para hacer la transici&oacute;n de limitados reg&iacute;menes electorales a   poliarqu&iacute;as, de acuerdo con el concepto de Robert Dahl. Puede haber   representaci&oacute;n sin elecciones, elecciones sin representaci&oacute;n y elecciones con   representaci&oacute;n, si se tiene en cuenta la separaci&oacute;n de estos dos conceptos,   derivada de los desarrollos democr&aacute;ticos y su consecuencia en sociedades en   guerra civil. La democracia y la guerra civil es una ecuaci&oacute;n imposible, se&ntilde;ala   el autor. Luego de repasar distintas posiciones te&oacute;ricas cr&iacute;ticas con respecto a   la democracia representativa, Carlo presenta respuestas a cada una de ellas, con   el fin de sacar conclusiones de orden general. El autor recuerda que en todas   las democracias existe una brecha entre intereses efectivamente representados y   aquellos que deber&iacute;an haber sido representados sobre la base de criterios de   justicia y equidad. Cuanto mayor sea la brecha, menos representativo ser&aacute; el   gobierno. Aqu&iacute;, Carlo afirma que la exclusi&oacute;n es el extremo de los problemas que   afectan la naturaleza representativa de un r&eacute;gimen democr&aacute;tico. Y concluye que   las presiones armadas tienden a destruir o impedir el funcionamiento de los   mecanismos de acci&oacute;n colectiva. Por consiguiente, al detener la guerra se ampl&iacute;a   la libertad de acci&oacute;n de los grupos afectados y se aumenta el potencial de   cambios positivos.</p>       <p>   El Cap&iacute;tulo 5 plantea un marco de an&aacute;lisis para   evaluar los cambios observados en los casos estudiados. Los acuerdos de paz   impiden que los funcionarios elegidos sean v&iacute;ctimas de la polarizaci&oacute;n t&iacute;pica de   la guerra. Carlo dice que los tres elementos que afectaron la competencia   electoral son la violencia pol&iacute;tica, la prohibici&oacute;n legal de partidos de   oposici&oacute;n y el rechazo de la oposici&oacute;n a participar en las elecciones. Sobre   esta base, analiza los casos estudiados. En Guatemala, luego de la apertura   democr&aacute;tica a mediados de los a&ntilde;os ochenta, hubo prohibici&oacute;n de participar a los   partidos que los militares no consideraron aceptables. S&oacute;lo una d&eacute;cada despu&eacute;s   hubo participaci&oacute;n electoral de la izquierda, aunque el trauma dejado por la   violencia limit&oacute; la participaci&oacute;n. En El Salvador no hubo prohibiciones, aunque   la violencia pol&iacute;tica restringi&oacute; la competencia. Tan solo en la misma &eacute;poca que   en Guatemala, ya avanzado el proceso de paz, se abrieron las posibilidades de   participaci&oacute;n electoral bajo la observaci&oacute;n internacional. En Colombia, cada vez   que hubo asomos de triunfos de la izquierda, surg&iacute;an campa&ntilde;as de violencia   contra sus grupos, como fue el caso de la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica. Adem&aacute;s, los   limitados alcances de los acuerdos de paz posibilitaron la confrontaci&oacute;n armada   hasta el presente. En Nicaragua hay diferencias con los otros casos, dada la   victoria de la izquierda. Pese a la injerencia de Estados Unidos con la   conformaci&oacute;n de guerrillas de derecha, el r&eacute;gimen sandinista, a&uacute;n con   restricci&oacute;n de libertades, hizo esfuerzos para que hubiese participaci&oacute;n   abierta. Con la desmovilizaci&oacute;n inminente de los &#39;contras&#39;, en 1990, el r&eacute;gimen   sali&oacute; derrotado dada la alta participaci&oacute;n de los grupos de derecha. Todos los   casos, concluye el autor, muestran que los acuerdos de paz exitosos ampl&iacute;an el   espectro pol&iacute;tico, aunque las relaciones de poder de cada pa&iacute;s determinan las   opciones que se crean. Pero el problema con los acuerdos de paz radica en la   incertidumbre pol&iacute;tica que deja en los grupos desmovilizados. Adem&aacute;s, a&ntilde;ade, los   gobiernos tienden a manipular los incentivos electorales durante los procesos de   paz. Con las organizaciones guerrilleras fuertes son restrictivos y las que son   d&eacute;biles enfrentan incertidumbres. A estos asuntos se sum&oacute; el vac&iacute;o pol&iacute;tico que   dej&oacute; la finalizaci&oacute;n de la Guerra Fr&iacute;a en los grupos de la izquierda   latinoamericana.</p>       <p>   Los dos &uacute;ltimos cap&iacute;tulos, el 6 y el 7, relacionan los   acuerdos de paz con la democratizaci&oacute;n, el 6 con respecto al cambio en las   reglas electorales y los niveles de votaci&oacute;n, y el 7 con relaci&oacute;n a los patrones   de representaci&oacute;n pol&iacute;tica. En el Cap&iacute;tulo 6, el autor se&ntilde;ala que supon&iacute;a que   donde hab&iacute;a guerrillas fuertes, como en Nicaragua y El Salvador, los gobiernos   tratar&iacute;an de poner obst&aacute;culos para su desempe&ntilde;o electoral, y viceversa, como en   Guatemala y Colombia. Sin embargo, &ndash;indica&ndash; en Nicaragua hubo reglas permisivas   con la oposici&oacute;n. Los &#39;contras&#39; no pretend&iacute;an formar un partido pol&iacute;tico y   fueron disueltos por su patrocinador, Estados Unidos. En los otros casos, los   acuerdos buscaron que los desmovilizados formaran partidos y compitieran en las   elecciones.</p>       <p>   En El Salvador, la guerrilla obtuvo pocas concesiones, en   comparaci&oacute;n con la oposici&oacute;n en Nicaragua. En Guatemala, la oposici&oacute;n se margin&oacute;   una vez que dej&oacute; las armas, pese a algunas normas permisivas para participar. En   Colombia, hubo algunos cambios en las reglas electorales, aunque m&aacute;s por otras   causas &ndash;como la nueva Constituci&oacute;n&ndash; que por los acuerdos. Carlo concluye que en   los casos estudiados hubo diferencias en cuanto al empoderamiento de la   oposici&oacute;n luego de los acuerdos de paz. Sin embargo, el impacto de los acuerdos   siempre es menor que el producido por la transici&oacute;n luego de terminados los   gobiernos autoritarios, sobre todo donde las guerrillas son d&eacute;biles.</p>       <p>   El   tema del &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, el impacto de los acuerdos de paz en los patrones de   representaci&oacute;n pol&iacute;tica, muestra la variada situaci&oacute;n de los casos estudiados.   El autor analiza todos los casos. En Nicaragua, hubo cambios importantes en la   representaci&oacute;n, pese a que los &#39;contras&#39; no llegaron a ser un partido pol&iacute;tico.   En El Salvador, tambi&eacute;n hubo cambios significativos en la representaci&oacute;n   pol&iacute;tica; all&iacute; la guerrilla s&iacute; se convirti&oacute; en un partido pol&iacute;tico fuerte. En   Guatemala, donde la oposici&oacute;n armada era d&eacute;bil, se observa una transformaci&oacute;n   tard&iacute;a, quiz&aacute;s por los altos niveles de represi&oacute;n oficial y el trauma que caus&oacute;,   adem&aacute;s de las secuelas del poder militar autoritario, como fue la fragmentaci&oacute;n   del sistema pol&iacute;tico. Colombia es un caso complejo y diferente. La debilidad de   los grupos desmovilizados no explica mucho las dificultades de obtener ventajas,   sino m&aacute;s bien la continuidad del conflicto con los grupos que no negociaron, que   eran m&aacute;s fuertes. En todos los casos &ndash;concluye Carlo&ndash;, en donde las guerrillas   eran fuertes (Nicaragua y El Salvador), &eacute;stas derivaron en grupos pol&iacute;ticos   fuertes. Tambi&eacute;n sucedi&oacute; lo contrario, en los casos de Guatemala y Colombia. De   igual manera, los cambios pol&iacute;ticos logrados guardan la misma relaci&oacute;n   directa.</p>       <p>   La idea principal que me dej&oacute; la lectura del libro de Carlo es   su gran riqueza, en t&eacute;rminos de la complejidad del problema estudiado. Son   innumerables las aristas que presenta, la mayor parte de las cuales son   novedosas en sus mutuas relaciones. Por ejemplo, como lo indica el mismo autor,   no ha habido una adecuada comunicaci&oacute;n entre los estudiosos de la guerra y los   de la democracia. Tambi&eacute;n se&ntilde;ala las incompatibilidades de fondo que existen   entre guerra interna y democracia, a&uacute;n al tener en cuenta la complejidad que   implica este concepto en las sociedades contempor&aacute;neas. Y, lo m&aacute;s importante,   aboga porque el gobierno colombiano considere la pol&iacute;tica en el tratamiento del   conflicto armado.</p>       <p>   En mi opini&oacute;n, lo mejor de la investigaci&oacute;n de Carlo es   la diversidad lograda a partir de un tema central los procesos de paz&ndash;, pues   abre varias perspectivas de investigaci&oacute;n que pueden dar muchas luces para   entender din&aacute;micas viejas y nuevas de la pol&iacute;tica, a partir de un fen&oacute;meno que   ha sido constante a trav&eacute;s de todos los tiempos: la guerra. Al respecto, hay que   recordar la frase ya olvidada de Marx cuando afirma que la violencia ha sido la   partera de la historia. A&uacute;n con los avances logrados en materia de convivencia   pac&iacute;fica, mediante la integraci&oacute;n y la cooperaci&oacute;n internacionales luego de   culminada la Segunda Guerra Mundial, hay demasiados problemas internos de fondo   en los pa&iacute;ses que, como Colombia, no han alcanzado niveles aceptables de   democracia. Para estas sociedades, una mejor democracia es muy esquiva, debido a   las tendencias depredadoras que muestran los desarrollos del capitalismo   globalizado que impera en el mundo.</p>  </font>      ]]></body>
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