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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font size="4"><b><i>Diccionario de estudios culturales latinoamericanos</i></b></font></p>      <p><b>Gregory Lobo</b></p>      <p> Ph.D. de la Universidad de California. Profesor asociado del Departamento de Lenguajes y  Estudios Socioculturales de la Universidad de los Andes. &Aacute;reas de trabajo:  estudios culturales, ideolog&iacute;a, discurso, hegemon&iacute;a, naci&oacute;n, raza. Autor de <i> Colombia: algo diferente a una naci&oacute;n. </i>Bogot&aacute;: Universidad de los Andes,  2009; coeditor invitado del n&uacute;mero especial de la revista acad&eacute;mica <i>Politics  and Culture </i>&lt;politicsandculture.org&gt; 3 y 4 sobre The Left at War with Itself:  A Special Double-Issue Devoted to Discussing Michael B&eacute;rub&eacute;&#39;s <i>The Left At War </i>&amp; the Questions it Raises, que incluye el art&iacute;culo de su autor&iacute;a "For  Liberalism &amp; Thinking Politically Again: Reflections Inspired by Michael  B&eacute;rub&eacute;&#39;s <i>The Left at War", </i>2010; editor principal invitado del n&uacute;mero  especial de la revista acad&eacute;mica <i>Cultural Studies </i>&#40;en prensa&#41; sobre la  institucionalizaci&oacute;n de los estudios culturales en Am&eacute;rica Latina, que incluye  el art&iacute;culo de su autor&iacute;a "Institutionalizing Cultural Studies in Colombia; or,  an Argument about Marx and Foucault". Correo electr&oacute;nico:  <a href="mailto:globo@uniandes.edu.co"> globo@uniandes.edu.co</a></p>  <hr size="1">      <p>Todav&iacute;a no han transcurrido diez a&ntilde;os desde que cerraron el Center for Contemporary Cultural  Studies de la Universidad de Birmingham, en el Reino Unido. Fue este Centro el  que le prest&oacute; su nombre al proyecto pol&iacute;tico-acad&eacute;mico internacional -Cultural  Studies/Estudios Culturales- en todo el mundo, aunque son varios los eruditos  latinoamericanos que han insistido en que, en Am&eacute;rica Latina, los intelectuales  y acad&eacute;micos han venido haciendo estudios culturales sin saber nada del supuesto  proyecto, y menos del Centro en Birmingham.</p>      <p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, sin embargo, el continente -desde el Cono Sur hasta la frontera mexicana  con Estados Unidos- ha testimoniado el auge de posgrados centrados en el campo y  hasta un pregrado en la Universidad de los Andes en Bogot&aacute;: parece que los  estudios culturales, en y sobre Am&eacute;rica Latina, ya son un hecho. Es grato,  entonces, y probablemente necesario, que se haya publicado el <i>Diccionario de  estudios culturales latinoamericanos</i>. Es hora, seg&uacute;n los coordinadores  M&oacute;nica Szurmuk y Robert Mckee Irwin, de "codificar, unificar y ordenar" &#40;9&#41; el  campo, a trav&eacute;s de esta colecci&oacute;n de "48 t&eacute;rminos provenientes de paradigmas  diversos que consideramos fundamentales para quien se acerque al campo" &#40;9&#41;. La  idea general es evitar la repetici&oacute;n de los empe&ntilde;os de otros diccionarios  enfocados en la teor&iacute;a sociocultural, como <i>T&eacute;rminos cr&iacute;ticos de la sociolog&iacute;a  de la cultura </i>de Carlos Altamirano &#40;2002&#41; o el <i>Diccionario de teor&iacute;a  cr&iacute;tica y estudios culturales </i>de Michael Payne &#40;2002&#41;, por supuesto, y, m&aacute;s  bien, complementarlos y llenar un hueco al "hacer un retrato de un momento en  los estudios culturales &#91;espec&iacute;ficamente&#93; latinoamericanos" &#40;9&#41;.</p>      <p>Adem&aacute;s de las 48 definiciones que constituyen la gran parte del grosor del diccionario, los  coordinadores han escrito una presentaci&oacute;n muy &uacute;til para el lector, que incluye  una genealog&iacute;a de los estudios culturales latinoamericanos, una discusi&oacute;n de los  "espacios" de los estudios culturales latinoamericanos y unas p&aacute;ginas dedicadas  a los debates alrededor de los cuales el campo toma forma, y al final han  incluido una bibliograf&iacute;a general que servir&aacute; mucho a los interesados. La  presentaci&oacute;n tiene entre sus m&eacute;ritos particulares el de distinguir entre la  gesti&oacute;n cultural y los estudios culturales. Los estudiantes que se matriculan en  estos programas no siempre saben en qu&eacute; se est&aacute;n metiendo. Los coordinadores  aclaran que los estudios culturales no contemplan, generalmente, la gesti&oacute;n  cultural, aunque no son pocos los que llegan a los programas esperando  precisamente &eacute;sta. Para subrayar la distinci&oacute;n, Szurmuk e Irwin proveen una  buena definici&oacute;n de los estudios culturales, que resalta su vertiente pol&iacute;tica:  los estudios culturales denominan una forma de "la cr&iacute;tica cultural &#91;...&#93; en la  que se aplican metodolog&iacute;as y teor&iacute;as multidisciplinarias a la cr&iacute;tica y consumo  de la cultura, como parte de un proyecto pol&iacute;tico de interrogar jerarqu&iacute;as  culturales y sociales, y mecanismos de comunicaci&oacute;n y manipulaci&oacute;n ideol&oacute;gica"  &#40;25&#41;. De esta manera, queda claro que el enfoque est&aacute; en el poder, lo cual es, o  deber&iacute;a ser, la caracter&iacute;stica definitiva del proyecto de los estudios  culturales.</p>      <p>Por lo dem&aacute;s, esta rese&ntilde;a no va a convertirse, obviamente, en 48 "mini-rese&ntilde;as", pero no puedo  pasar por alto la obligaci&oacute;n de comentar por lo menos algunas de las  definiciones. Son extensas todas, incluso algunas son muy extensas. Proveen una  genealog&iacute;a del t&eacute;rmino y luego relatan, cuando esta genealog&iacute;a no es  estrictamente latinoamericana, su desarrollo en el campo de los estudios  culturales latinoamericanos. Una manera de medir, por as&iacute; decirlo, la calidad de  las definiciones es preguntar si podr&iacute;an servir como esquema para cursos sobre  los temas. En este aspecto, la de <i>performance </i>de Antonio Prieto Stambaugh  es ejemplar, como lo son la de <i>poder </i>de Mar&iacute;a In&eacute;s Garc&iacute;a Canal, la de <i> g&eacute;nero </i>de Maricruz Castro Ricalde, y la de N&uacute;ria Vilanova sobre <i> desterritorializaci&oacute;n</i>.</p>      <p>Como es de esperar, algunas definiciones son, al contrario, bastante insatisfactorias. Por ejemplo,  la entrada sobre <i>alteridad </i>no ofrece mucho que ayude a entender esta  idea. Al contrario, se explaya sobre la historia del otro, y al leerla, uno  piensa que habr&iacute;a sido m&aacute;s apta para entradas sobre el <i>otro</i>, <i>otredad</i>,  o <i>diferencia, </i>pero estas entradas ni siquiera salen en el diccionario. La  entrada sobre <i>deconstruccionismo</i>, si bien reconoce la notoria dificultad  de definir este t&eacute;rmino, no relata mucho m&aacute;s que una historia geopol&iacute;tica de las  Am&eacute;ricas en el siglo XX. La entrada sobre <i>producci&oacute;n cultural </i>trata m&aacute;s  bien la teor&iacute;a cultural, sin decirnos en qu&eacute; consiste la producci&oacute;n como tal.  Uno queda descontento; aunque la informaci&oacute;n puede ser &uacute;til en general, no  constituye una definici&oacute;n espec&iacute;fica correspondiente.</p>      <p>Las susodichas definiciones me parecen particularmente inadecuadas, pero s&oacute;lo son cuatro. Por  otra parte, aunque la mayor&iacute;a de las definiciones tienden a ser una buena gu&iacute;a  para los practicantes en el campo, es igualmente verdad que a veces se encuentra  reproducido el tipo de pensamiento descuidado que aflige a este mismo campo, y a  las ciencias sociales y humanidades en general. En su aporte sobre <i>identidad </i>No-hemy Sol&oacute;rzano-Thompson y Cristina Rivera-Garza invocan la  "heterogeneidad de la poblaci&oacute;n latinoamericana &#91;...&#93; que hizo esta labor &#91;la de  crear una naci&oacute;n&#93; dif&iacute;cil en comparaci&oacute;n con las del &#39;viejo mundo&#39;, cuyas  poblaciones se entend&iacute;an como uniformes" &#40;142&#41;. Este incre&iacute;ble ahistoricismo,  que no entiende que en el Viejo Mundo la supuesta uniformidad fue el resultado  de conquistas internas, de guerras y violentos procesos industriales, en contra  de poblaciones asentadas y ya desaparecidas, recapitula el pensamiento idealista  que entiende -equivocadamente- las naciones como comunidades casi espirituales,  en vez de productos de historias brutales. As&iacute; mismo, es problem&aacute;tica la  repetida invocaci&oacute;n del mercado, por ejemplo, en el caso de la definici&oacute;n de <i> industria cultural </i>de Victor&iacute;a Ru&eacute;talo &#40;154&#41;, como si el mercado fuera una  fuerza siniestra, un hecho cumplido, y no, m&aacute;s bien, una ret&oacute;rica, un discurso,  a trav&eacute;s del cual se forjan relaciones sociales que privilegian a pocos a  expensas de muchos. El mercado, como tal, tanto para los liberales como para los  radicales, es un ideal. Ambos quieren un mercado de verdad: verdaderamente  libre, tanto en el nivel de las ideas como en el del proceso pol&iacute;tico, y de la  producci&oacute;n de bienes. El problema es que lo que pasa por mercado no lo es; es,  m&aacute;s bien, un sistema sesgado que produce resultados parciales, en vez de  imparciales. Si las ciencias sociales, en general, y los estudios culturales, en  particular, van a avanzar, tiene que superarse este d&eacute;bil pero caracter&iacute;stico  pensamiento politizado.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En otros aspectos -no necesariamente menores-, lastimosamente, el libro adolece de los errores  tipogr&aacute;ficos y de edici&oacute;n de los que suele padecer la industria editorial  latinoamericana: "ppo" &#40;15&#41;, "de Certau" &#40;16&#41;, el uso de la palabra "vertical"  &#40;16&#41;, cuando se quer&iacute;a repetir la palabra "horizontal" &#40;12&#41;, el t&iacute;tulo del libro  de Beverley: "Against Literatura" &#40;55&#41;. Igualmente, la impresi&oacute;n no es de  primera calidad, con varias p&aacute;ginas mal impresas, como si escaseara la tinta,  por lo menos en el ejemplar que us&eacute; para esta rese&ntilde;a.</p>      <p>El diccionario, en fin, no es perfecto pero, en resumen, s&iacute; es un recurso que no puede faltar en  las bibliotecas de quienes trabajan en este campo, tanto los intelectuales  establecidos como los estudiantes que inician sus carreras. Es un buen aporte  que va a ayudar a asentar los estudios culturales latinoamericanos sobre unas  bases bien definidas, s&oacute;lidas e, importantemente, pol&iacute;ticas. Sin duda, este  diccionario deber&iacute;a ser obligatorio para los estudiantes en los programas de  Estudios Culturales; es m&aacute;s, quienes organizan y administran estos programas  podr&iacute;an recurrir al libro cuando reflexionen sobre el contenido de los <i> pensum, </i>que deber&iacute;an preparar a los inscritos para "revisar archivos,  entrevistar a informantes, interpretar textos escritos y visuales, seguir los  procesos de comunicaci&oacute;n cultural, interpretar datos demogr&aacute;ficos", y adem&aacute;s,  para poder entender la econom&iacute;a pol&iacute;tica &#40;25&#41;; igualmente, nos ayuda a cavilar  sobre nuestro prop&oacute;sito pol&iacute;tico-acad&eacute;mico, tr&aacute;tese de nosotros mismos o de  nuestros estudiantes: el de "formar investigadores, profesores y lectores no  especializados que buscan una perspectiva cr&iacute;tica que fomente el cambio social"  &#40;25&#41;, como bien lo dicen Szurmuk e Irwin. </p>  </font>      ]]></body>
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