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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Estudios sobre el pensamiento colombiano. ]Pachón, Damián. 2011. Estudios sobre el pensamiento colombiano. Bogotá: Desde Abajo &#91;351 pp.&#93;]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center" ><font size="4"><b>Estudios sobre el pensamiento colombiano. Pach&oacute;n, Dami&aacute;n. 2011. <i>Estudios sobre el pensamiento colombiano. Bogot&aacute;: Desde Abajo </i>&#91;351 pp.&#93;</b></font></p>     <p><b>Juan Camilo Betancur</b></p>     <p>Fil&oacute;sofo de la Universidad Javeriana, Bogot&aacute;, Colombia. Estudiante de la Maestr&iacute;a en Filosof&iacute;a de la Universidad Nacional de Colombia,  Bogot&aacute;. Profesor del Colegio Campoalegre, Sop&oacute;. Correo electr&oacute;nico: juancamilo_be-<a href="mailto:tancur@yahoo.com">tancur@yahoo.com</a> </p> <hr size="1">      <p>El t&iacute;tulo del libro se explica desde la primera p&aacute;gina. Al ocuparse del pensamiento colombiano se est&aacute; ensayando una historia de las ideas en su conexi&oacute;n con las circunstancias sociales en que ellas tuvieron lugar. De ah&iacute; que el autor comience por una explicitaci&oacute;n del sentido amplio en que entiende las &quot;ideas&quot; por estudiar: no s&oacute;lo como elaboraci&oacute;n rigurosa y met&oacute;dica (as&iacute; entiende el pensamiento filos&oacute;fico), sino tambi&eacute;n como intuiciones valiosas que terminaron dejando un aporte a la sociedad y, &quot;en &uacute;ltimas, a nuestra autocomprensi&oacute;n&quot;. Con este modo de entender las ideas se introduce un criterio valorativo con el que el autor quiere ir m&aacute;s all&aacute; de la &quot;simple historia de las ideas&quot; y alcanzar un estudio cr&iacute;tico que toma partido, dilucida o esclarece, fundando sus afirmaciones. En esto cifra el autor el aporte de sus <i>Estudios </i>y su diferencia fundamental respecto de otros textos ya cl&aacute;sicos sobre la filosof&iacute;a en Colombia.</p>     <p>El esfuerzo por hacer una historia que no prescinda de la valoraci&oacute;n, pero que a la vez justifique y haga expl&iacute;citas sus posiciones de valor, se mantiene firme a lo largo del trabajo. Se evidencia en el autor un inter&eacute;s constante por <i>dejar hablar </i>a los fil&oacute;sofos de nuestro pasado, sin tergiversarlos con sesgos tendenciosos o silenciarlos con el ruido de juicios externos a ellos. Muy en la l&iacute;nea del estilo ensay&iacute;stico de Danilo Cruz V&eacute;lez, en el libro de Pach&oacute;n tanto el conjunto como las partes est&aacute;n dispuestos de tal manera que, <i>antes de </i>emitir el juicio cr&iacute;tico (o valorativo), viene un momento expositivo, ya para mostrar los hechos sociales involucrados con las ideas en cierto momento del proceso de la filosof&iacute;a en Colombia, ya para esbozar una aproximaci&oacute;n a los pensadores en cuesti&oacute;n. Esto se puede ver en los ensayos cr&iacute;ticos de la segunda parte, que rescatan cuestiones abiertas por pensadores colombianos. Por nombrar s&oacute;lo algunas de ellas: los aportes de Luis Eduardo Nieto Arteta y las cr&iacute;ticas de Estanislao Zuleta a la historiograf&iacute;a colombiana; la esencia del derecho y su finalidad en Rafael Carrillo; la posibilidad de una filosof&iacute;a latinoamericana, la propuesta de una &eacute;tica de la t&eacute;cnica y la cuesti&oacute;n del paso de Husserl a Heidegger, en Danilo Cruz V&eacute;lez; los problemas de la educaci&oacute;n y la burocratizaci&oacute;n de la ense&ntilde;anza filos&oacute;fica en autores como Estanislao Zuleta, Danilo Cruz V&eacute;lez y Cayetano Betancur.</p>     <p>Cabe destacar que al reabrir la discusi&oacute;n sobre tales cuestiones, el autor est&aacute; re-anudando los hilos dispersos de una tradici&oacute;n de pensamiento que todav&iacute;a est&aacute; por consolidarse. Ya Cayetano Betancur hac&iacute;a ver que s&oacute;lo a partir del reconocimiento de los temas y problemas recurrentes en la historia de nuestras ideas podremos alcanzar un pensamiento m&aacute;s situado y aut&eacute;ntico (Betancur 1945). En esto radica el aporte de los <i>Estudios sobre el pensamiento colombiano.</i></p>     <p>Acerca del proceso de la filosof&iacute;a en Colombia, la primera parte del estudio hace un repaso de distintas etapas (Colonia, &quot;Ilustraci&oacute;n&quot;, siglo XIX, hegemon&iacute;a conservadora, normalizaci&oacute;n filos&oacute;fica), para extraer de all&iacute; un balance de los l&iacute;mites y obst&aacute;culos que &eacute;sta ha tenido y proyectar perspectivas de futuro. Las ideas del &quot;ingreso de la filosof&iacute;a moderna&quot; y de la &quot;normalizaci&oacute;n filos&oacute;fica&quot; est&aacute;n presentes a todo lo largo de su exposici&oacute;n y se ponen en juego incluso en los juicios cr&iacute;ticos del autor. Por eso parece pertinente hacer algunas anotaciones sobre c&oacute;mo se entienden tales conceptos en estos <i>Estudios.</i></p>     <p>La revisi&oacute;n de la filosof&iacute;a en la Colonia se resuelve en un juicio negativo. No s&oacute;lo porque en esta &eacute;poca se ve el comienzo de varias limitaciones del pensamiento (anacronismo cultural venido de Espa&ntilde;a, acceso restringido a la educaci&oacute;n, rechazo del propio pasado, etc.), sino porque en el contexto mismo de la discusi&oacute;n escolar colonial, el autor s&oacute;lo ve un &quot;malabarismo verbal&quot; (Pach&oacute;n 2011, 20). Reconoce que se dieron casos como el de Juan Mart&iacute;nez de Ripalda o Denis Meslan, pero en lugar de preguntarse por las condiciones sociales que hicieron posible el surgimiento de esos casos excepcionales (cosa que dijo proponerse en su pr&oacute;logo), su balance general es negativo: &quot;no se puede deducir que la Colonia fue un per&iacute;odo productivo, cr&iacute;tico, progresista e innovador en filosof&iacute;a&quot;. Y si bien esta filosof&iacute;a no se redujo a la escol&aacute;stica medieval, sino que se enriqueci&oacute; con las cuestiones suaristas, &quot;era una filosof&iacute;a en contrav&iacute;a de la modernidad y ser&iacute;a la causante de desarrollos muy diferentes a los europeos&quot; (Pach&oacute;n 2011, 27). A juicio del autor, el estudio de la filosof&iacute;a en la Colonia no se dio en el contexto de una educaci&oacute;n libre dedicada a la investigaci&oacute;n, sino encaminada a sustentar la fe, y, en consecuencia, &quot;la universidad en la &eacute;poca no contribuy&oacute; al desarrollo de la sociedad&quot; (Pach&oacute;n 2011, 20).</p>     <p>Ahora bien: el anterior juicio parece apoyarse en un criterio relativo y, en consecuencia, puede ser ambivalente. Se exige de la filosof&iacute;a y la universidad coloniales que hayan contribuido al &quot;desarrollo de la sociedad&quot;, pero se niega que lo hayan hecho. La ambivalencia de este juicio se debe a que no queda claro de cu&aacute;l sociedad se est&aacute; hablando: seg&uacute;n se trate de la sociedad colonial, o de la sociedad colombiana actual, el criterio de desarrollo y de contribuci&oacute;n social ser&aacute; muy distinto. Si se trata de aquella sociedad que el mismo autor ya ha descrito como fundamentalmente religiosa, &iquest;por qu&eacute; decir que la universidad no aport&oacute; a su desarrollo? M&aacute;s a&uacute;n, el rol social de la filosof&iacute;a estaba muy definido: la sustentaci&oacute;n racional de la fe. El sesgo que impide ver esto se debe a que el autor da una carga moderna a la exigencia de contribuir al <i>&quot;desarrollo </i>de la sociedad&quot;. Pero le hace falta precisar y distinguir qu&eacute; ser&iacute;a el &quot;desarrollo social&quot; para la sociedad colonial. Hoy la fe cristiana no tiene ya un papel tan importante en la sociedad como lo ten&iacute;a entonces. Pero si queremos valorar el aporte de la universidad y de la filosof&iacute;a <i>a la sociedad colonial, </i>habr&iacute;a que decir tal vez que &eacute;ste s&iacute; se adecuaba a ella. El juicio cr&iacute;tico del autor se revela entonces como externo. Lo criticable ser&iacute;a que en &eacute;pocas o contextos sociales posteriores la filosof&iacute;a pretendiera mantener las mismas funciones que le asign&oacute; la sociedad colonial: por ejemplo, cuando los fil&oacute;sofos dieron la espalda a la Expedici&oacute;n Bot&aacute;nica y los aires cient&iacute;ficos del siglo XVIII, y se quedaron encerrados en las disputas escolares. Esto, sin embargo, no puede reprocharse de toda la tradici&oacute;n espa&ntilde;ola, pues, como se recuerda m&aacute;s adelante, el pensamiento pol&iacute;tico ilustrado y las ideas gestantes de la Independencia se plantearon principalmente sobre bases hispano-escol&aacute;sticas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo anterior se relaciona con otro reparo constante del autor a las filosof&iacute;as pasadas: su falta de sentido cr&iacute;tico sobre la sociedad y sobre las modas intelectuales recibidas. La filosof&iacute;a no s&oacute;lo deber&iacute;a estar a la altura de su &eacute;poca y cumplir un papel adecuado a la sociedad, sino que ese papel tiene que ser eminentemente cr&iacute;tico, p&uacute;blico y libre. Y esto, seg&uacute;n el autor, falt&oacute; en la filosof&iacute;a, ya por su uso religioso en la Colonia, ya por los usos ideol&oacute;gicos que recibi&oacute; en el siglo XIX. Tambi&eacute;n cabe aqu&iacute; recordar su rechazo al marxismo parroquial (dogm&aacute;tico, reverencial) introducido en la d&eacute;cada de 1930. Leonardo Tovar (2009), al hablar de las &quot;Fundaciones de la filosof&iacute;a latinoamericana&quot;, tambi&eacute;n propone la criticidad como una de las notas para un concepto anal&oacute;gico de &quot;filosof&iacute;a latinoamericana&quot;; pero aclara que el uso de dichas notas conceptuales no debe ser deductivo, sino abductivo, en funci&oacute;n de los usos efectivos que corregir&aacute;n el alcance sem&aacute;ntico del concepto. En cambio, el par&aacute;metro de criticidad en que se apoya Pach&oacute;n para juzgar el pensamiento colombiano es tomado de la filosof&iacute;a moderna, en un sentido un&iacute;voco que no permite dar cuenta de otros modos de pensamiento cr&iacute;tico. En otras palabras, la valoraci&oacute;n de los usos religiosos e ideol&oacute;gicos de la filosof&iacute;a como acr&iacute;ticos y serviles est&aacute; s&oacute;lo en funci&oacute;n de que la filosof&iacute;a ganara su autonom&iacute;a como disciplina. Apunta con ello a mostrar el siguiente paso en el proceso de la filosof&iacute;a en Colombia: la normalizaci&oacute;n. A continuaci&oacute;n, se someter&aacute;n a revisi&oacute;n dos aspectos que Pach&oacute;n comprende de este momento: el primero ser&aacute; el problema de la equivalencia entre normalizaci&oacute;n y modernidad; el segundo, la reducci&oacute;n institucional de la normalizaci&oacute;n filos&oacute;fica.</p>     <p>En cuanto al primer aspecto, as&iacute; como la anormalidad hab&iacute;a llegado a Latinoam&eacute;rica como eco de la anormalidad peninsular, de la misma manera la normalizaci&oacute;n filos&oacute;fica espa&ntilde;ola de comienzos del siglo XX  repercuti&oacute; en Hispanoam&eacute;rica. Visto en clave del atraso espa&ntilde;ol, y tambi&eacute;n  remitiendo a tesis de Weber y de Guti&eacute;rrez Girardot sobre la relaci&oacute;n entre capitalismo, racionalizaci&oacute;n y secularizaci&oacute;n, Pach&oacute;n ve la normalizaci&oacute;n filos&oacute;fica como consecuencia de estos procesos modernos y termina identific&aacute;ndola con el ingreso de la filosof&iacute;a moderna.</p>     <p>Con lo anterior, no obstante, y afirmando que Espa&ntilde;a y por ende sus colonias vivieron cuatro siglos al margen de la modernidad europea, &quot;en una posici&oacute;n de atraso respecto de Europa&quot; (Pach&oacute;n 2011, 84), o en lo que Cruz V&eacute;lez calific&oacute; de &quot;anormalidad&quot; cultural (1991), Pach&oacute;n se acerca mucho al &quot;paradigma euroc&eacute;ntrico&quot; que &eacute;l mismo critica m&aacute;s adelante: al hablar de recepci&oacute;n o ingreso de la filosof&iacute;a moderna, toma la modernidad como proyecci&oacute;n europea y llega a insinuarla como &uacute;nica alternativa o inevitable paso posterior a la tradici&oacute;n colonial. As&iacute; como Guti&eacute;rrez Girardot termina sobrevalorando la literatura comprometida con la modernidad (Pach&oacute;n 2011, 249), Pach&oacute;n tambi&eacute;n da mayor valor a la producci&oacute;n filos&oacute;fica que considera como m&aacute;s moderna y desde all&iacute; subestima, como vimos, la filosof&iacute;a colonial. El mismo paradigma se evidencia tambi&eacute;n en la tesis de Pach&oacute;n seg&uacute;n la cual los problemas de &quot;atraso&quot; y <i>&quot;recepci&oacute;n </i>acr&iacute;tica&quot; de la filosof&iacute;a en Colombia se han debido a una &quot;falta de tradici&oacute;n&quot; en la asimilaci&oacute;n de filosof&iacute;as como la alemana (Pach&oacute;n 2011, 86, 131 y 284-285).</p>     <p>La segunda parte del libro insiste en resaltar el aporte del Grupo Modernidad/Colonialidad como una nueva perspectiva filos&oacute;fica desde Am&eacute;rica Latina, pero llama la atenci&oacute;n que falte all&iacute; el apartado cr&iacute;tico posterior al momento de exposici&oacute;n del giro decolonial y su proyecto emancipatorio. Si la Transmodernidad propuesta por Dussel exige una reescritura no colonial de la historia, queda faltando una relaci&oacute;n clara de estas teor&iacute;as con la primera parte del libro, que se&ntilde;ale en cu&aacute;les puntos la revisi&oacute;n hist&oacute;rica de Pach&oacute;n deja de ser deudora del paradigma euroc&eacute;ntrico y de los problemas que el propio autor les atribuye a lecturas como la de Rafael Guti&eacute;rrez Girardot o Rub&eacute;n Jaramillo V&eacute;lez. Por ejemplo, qued&oacute; pendiente, o t&iacute;midamente impl&iacute;cita, la exhibici&oacute;n de los aportes hechos en la l&iacute;nea de un &quot;pensamiento decolonial cr&iacute;tico&quot; desde tiempos de la Colonia en los pensadores colombianos (Pach&oacute;n 2011, 327). Ciertamente, Pach&oacute;n no acude a la tesis de la falta de reforma protestante como explicaci&oacute;n del atraso latinoamericano; y en coherencia con ello, el autor llegar&aacute; a decir que frente a la crisis actual de los presupuestos modernos, &quot;Am&eacute;rica no tiene por qu&eacute; repetir un proyecto que fracas&oacute; en Europa y Estados Unidos&quot; (Pach&oacute;n 2011, 292-293). Con todo, la primera parte de su libro parece impregnada del mito civilizatorio de la modernidad, al darle tanto peso a la oposici&oacute;n entre &quot;secularizaci&oacute;n&quot; y &quot;catolicismo&quot; para sopesar el <i>progreso </i>de la filosof&iacute;a y, m&aacute;s a&uacute;n, al reducir este &quot;avance&quot; al ingreso de la filosof&iacute;a moderna (con excepci&oacute;n del caso de G&oacute;mez D&aacute;vila, pierde de vista los aportes del pensamiento cat&oacute;lico a los problemas de la modernidad en el siglo XX).</p>     <p>La identificaci&oacute;n normalidad-modernidad en lo filos&oacute;fico desconoce, adem&aacute;s, que el concepto de &quot;normalidad filos&oacute;fica&quot; es s&oacute;lo relativo a ciertas condiciones culturales de producci&oacute;n de la filosof&iacute;a. A partir de esa equivalencia, nos vemos en la extra&ntilde;a situaci&oacute;n de concluir, por ejemplo, que la filosof&iacute;a propiamente dicha s&oacute;lo alcanz&oacute; su &quot;normalidad&quot; cultural con el pensamiento moderno, y no con los griegos. Tendr&iacute;amos, asimismo, que negar la posibilidad de una filosof&iacute;a en otras culturas distintas de la cultura moderna europea. En el caso de la filosof&iacute;a en Colombia, se introduce un sesgo que impide explicar mejor la producci&oacute;n escrita desde la interesante encrucijada entre &quot;tradici&oacute;n cat&oacute;lica&quot; y &quot;modernidad secular&quot; en los escritores criollos, y se pierde tambi&eacute;n la oportunidad de preguntar por las condiciones que hicieron posible dicha producci&oacute;n.</p>     <p>En el segundo aspecto: la normalizaci&oacute;n, como proceso institucional de profesionalizaci&oacute;n de la filosof&iacute;a, tuvo su inicio en los a&ntilde;os cuarenta, si bien la tesis principal de Pach&oacute;n es que este proceso se vio truncado por la Violencia de mediados del siglo XX, de manera que su completa realizaci&oacute;n se dilatar&iacute;a hasta los a&ntilde;os setenta, cuando se ver&iacute;an los frutos de los fil&oacute;sofos colombianos formados en Alemania que volvieron al pa&iacute;s en la d&eacute;cada del sesenta. Seg&uacute;n esta tesis, todo lo que se fund&oacute; entre los a&ntilde;os cuarenta y setenta, como el Instituto de Filosof&iacute;a de la Universidad Nacional (1946), o revistas como <i>Ideas y Valores </i>(1951), <i>Mito </i>(1955), <i>Eco </i>(1960), etc., fue s&oacute;lo una semilla de lo que florecer&iacute;a en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas del siglo XX. La tesis, referida a los <i>resultados </i>de la normalizaci&oacute;n en un sentido institucional, puede resultar plausible. Sin embargo, hace falta preguntar tambi&eacute;n si lo que <i>se entendi&oacute; y se pretendi&oacute; </i>como normalidad filos&oacute;fica en los a&ntilde;os cuarenta permaneci&oacute; inalterado en el transcurso de las tres d&eacute;cadas en que pareci&oacute; estancarse, y si es identificable con los resultados institucionales mencionados. Para dar una respuesta hace falta precisar qu&eacute; se esperaba de la filosof&iacute;a en los a&ntilde;os cuarenta y qu&eacute; lugar se le daba a su profesionalizaci&oacute;n.</p>     <p>Es claro, por lo menos, que para la &quot;generaci&oacute;n normalizadora&quot; de los a&ntilde;os cuarenta (al menos para Rafael Carrillo, Danilo Cruz V&eacute;lez, Cayetano Betancur), la institucionalizaci&oacute;n de la filosof&iacute;a ten&iacute;a tambi&eacute;n unos riesgos: la remuneraci&oacute;n como finalidad, seg&uacute;n Rafael Carrillo; la burocratizaci&oacute;n y p&eacute;rdida de libertad, para Danilo Cruz V&eacute;lez; el reemplazo del filosofar mismo por una filosof&iacute;a meramente profesoral, seg&uacute;n Betancur. De hecho, ellos no le apostaron s&oacute;lo a la profesionalizaci&oacute;n de la filosof&iacute;a. Carrillo lleg&oacute; a decir del Instituto de Filosof&iacute;a que su misi&oacute;n no era graduar profesionales, sino completar esa tarea propia de la universidad mediante la formaci&oacute;n de una cultura general e investigadora; Cruz V&eacute;lez, a pesar de sus a&ntilde;os de dedicaci&oacute;n a la ense&ntilde;anza de la filosof&iacute;a, critic&oacute; la figura del fil&oacute;sofo bur&oacute;crata y decidi&oacute; abandonar las facultades para dedicarse a la escritura; Betancur, por su parte, mantuvo una pretensi&oacute;n divulgativa, pues no s&oacute;lo publicaba en revistas acad&eacute;micas de su especialidad (derecho), sino tambi&eacute;n en revistas de filosof&iacute;a y columnas de opini&oacute;n en varios diarios colombianos. Se trata de tres caminos complementarios a los de la mera profesionalizaci&oacute;n profesoral, que reclaman una revisi&oacute;n de lo que hemos entendido por &quot;normalizaci&oacute;n&quot; y &quot;normalidad&quot; filos&oacute;ficas.</p>     <p>Este concepto y esta aspiraci&oacute;n planteaban pues, desde sus inicios, una relaci&oacute;n entre la filosof&iacute;a y la cultura. Y no s&oacute;lo como una relaci&oacute;n referida al &quot;clima apto&quot; <i>para </i>el ejercicio filos&oacute;fico, sino que adem&aacute;s supon&iacute;an que la filosof&iacute;a ten&iacute;a que cumplir una funci&oacute;n cultural <i>para </i>el mundo hisp&aacute;nico. Pero adem&aacute;s es notable que sigan circulando entre nosotros despu&eacute;s de setenta a&ntilde;os. As&iacute;, en el balance final de las limitaciones pasadas y presentes de la filosof&iacute;a en Colombia, Dami&aacute;n Pach&oacute;n introduce un criterio valorativo que parece mantener este sentido cultural de la normalizaci&oacute;n, cuando pide que las modas europeas sean recibidas desde una tradici&oacute;n cr&iacute;tica que permita discutir <i>si aportan algo a la cultura </i>(Pach&oacute;n 2011, 130), o cuando denuncia la marginalidad del fil&oacute;sofo en la sociedad. De hecho, al final de su balance concluye que &quot;podemos esperar &#91;...&#93; un futuro por donde la normalizaci&oacute;n filos&oacute;fica no se entienda &uacute;nicamente la existencia de un clima filos&oacute;fico apto, de discusi&oacute;n, expresi&oacute;n, sino de creaci&oacute;n o de filosof&iacute;a primaria &#91;.&#93;, una filosof&iacute;a que piense nuestro mundo y nuestros problemas de forma rigurosa y universal&quot; (Pach&oacute;n 2011, 140). Se ve pues c&oacute;mo el intento por ir m&aacute;s all&aacute; del sentido institucional y profesoral de la normalizaci&oacute;n, hacia una relaci&oacute;n m&aacute;s estrecha de la filosof&iacute;a con la cultura local, aun cuando no hubiera sido conseguida del todo por la generaci&oacute;n de los a&ntilde;os cuarenta, sigue transmiti&eacute;ndose subterr&aacute;neamente por la historia de las ideas en Colombia, en espera de su realizaci&oacute;n.</p> <hr size="1">      <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>1. Betancur, Cayetano. 1945. La filosof&iacute;a en Am&eacute;rica. <i>Revista de las Indias </i>84: 229-246.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000022&pid=S0123-885X201200010001700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Cruz V&eacute;lez, Danilo. 1991. <i>Tabula rasa. </i>Bogot&aacute;: Planeta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000024&pid=S0123-885X201200010001700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. Tovar, Leonardo. 2009. Las fundaciones de la filosof&iacute;a latinoamericana. En <i>Sobre la filosof&iacute;a y filosof&iacute;a latinoamericana, </i>eds. Daniel Herrera y Leonardo Tovar, 25-46. Bogot&aacute;: USTA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000026&pid=S0123-885X201200010001700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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