<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0123-885X</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Revista de Estudios Sociales]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[rev.estud.soc.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0123-885X</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0123-885X2014000300003</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La coyuntura actual en el contexto del śltimo medio siglo en Colombia]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Deas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Malcolm]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,University of Oxford  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
<country>(Reino Unido)</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>09</month>
<year>2014</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>09</month>
<year>2014</year>
</pub-date>
<numero>50</numero>
<fpage>13</fpage>
<lpage>16</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0123-885X2014000300003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0123-885X2014000300003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0123-885X2014000300003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">     <p align=center><font size="4"><b>La coyuntura actual en el  contexto del &uacute;ltimo medio siglo en Colombia</b></font></p>      <p><b>Malcolm Deas<sup><a name="s*" href="#*">*</a></sup></b></p>      <p><sup><a name="*" href="#s*">*</a></sup> Historiador ingl&eacute;s, realiz&oacute; estudios de Historia Moderna en la University of Oxford (Reino Unido). Tiene un Honorary Doctorate de la Universidad de los Andes (Colombia). Sus l&iacute;neas de investigaci&oacute;n se centran principalmente en la historia pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y social de Colombia, Venezuela y Ecuador  durante los siglos XIX y XX. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:Malcolm.deas@lac.ox.ac.uk">Malcolm.deas@lac.ox.ac.uk</a> </p>      <p>DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.7440/res50.2014.02"> http://dx.doi.org/10.7440/res50.2014.02</a> </p> <hr size=1>      <p>He conocido al  pa&iacute;s durante medio siglo; y en esos a&ntilde;os, a diecis&eacute;is de sus presidentes  -Alberto Lleras Camargo fue casi el primer colombiano a quien conoc&iacute;, en una  visita que hizo a Oxford en 1963-.<a name="1" href="#1">&#91;1&#93;</a>  Escribo estas reflexiones pol&iacute;ticas desde all&aacute;, blindado por la larga  perspectiva, y por la lejan&iacute;a. Espero que el ejercicio ayude a clarificar de  d&oacute;nde ha venido Colombia en estos cincuenta a&ntilde;os, y ad&oacute;nde va.</p>      <p><b> Primero, los grandes cambios sociales</b></p>      <p>La poblaci&oacute;n se  ha urbanizado, en algunas d&eacute;cadas a un ritmo asombroso. No hay movilidad  geogr&aacute;fica sin movilidad social y pol&iacute;tica, y la migraci&oacute;n a las ciudades  produjo una nueva clase media, mucho m&aacute;s grande, y contribuy&oacute; a la paulatina  muerte de las viejas lealtades sectarias. Se cambi&oacute; la posici&oacute;n de la mujer,  desde la clase alta hacia abajo, encontrando poca resistencia en una sociedad  supuestamente machista. El poder de la Iglesia cat&oacute;lica result&oacute; ser en gran  parte un espejismo, incapaz de resistir la planificaci&oacute;n familiar y la  competencia de las iglesias evang&eacute;licas. Se multiplicaron las universidades, y  con esto, la capacidad potencial del pa&iacute;s para analizar sus propios problemas.  De la escasa televisi&oacute;n en blanco y negro se ha llegado a los universales  canales en colores, de un pa&iacute;s muy mal comunicado con el resto del mundo al pa&iacute;s  con el segundo aeropuerto en tr&aacute;fico en Am&eacute;rica del Sur. Los colombianos viajan  m&aacute;s, dentro y fuera del pa&iacute;s. La vieja econom&iacute;a cafetera ha sido reemplazada por  la nueva, la del petr&oacute;leo y la miner&iacute;a. Han llegado nuevos patrones de consumo:  en las esferas altas, un lujo sin precedentes, y en las bajas, los celulares,  las motocicletas, aun el carro coreano o chino. Ha crecido mucho la corrupci&oacute;n.</p>      <p><b> Segundo, ciertos ciclos experimentados</b></p>      <p>Los ciclos de  la econom&iacute;a ilegal: de las esmeraldas, negocio de la primera &quot;gente emergente&quot;,  a la marihuana y a la coca&iacute;na; el auge y declive de los grandes carteles; los  ciclos de la lucha armada, de violencia, homicidio, secuestro, crimen  organizado; auge de la guerrilla en los sesenta, con el est&iacute;mulo de la  Revoluci&oacute;n Cubana; declive, renacimiento bajo otros est&iacute;mulos, hasta su tope al  fin del siglo; auge y declive del paramilitarismo; los intentos de hacer la paz,  desde el presidente Turbay en adelante.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b> Tercero, unos cambios institucionales</b></p>      <p>El Frente  Nacional fue desmantelado desde 1974. En 1991 fue abandonada, despu&eacute;s de 105  a&ntilde;os, la Constituci&oacute;n de 1886, y reemplazada por la nueva Carta, reformadora del  viejo centralismo, llena de derechos. Las Fuerzas Militares y la Policia  Nacional han aumentado su capacidad, y ahora est&aacute;n bajo un Ministero de Defensa  civil -Colombia ahora tiene el Ej&eacute;rcito m&aacute;s formidable de Am&eacute;rica Latina-.</p>      <p>El prop&oacute;sito de  repasar estos cambios y ciclos -de manera muy somera y distante, sin intentar  hacer justicia a los muchos esfuerzos encomiables de los gobiernos que tuvieron  que lidiar con tan grandes retos-, es tratar de ubicar lo que me atrevo a llamar  &quot;la agenda pol&iacute;tica profunda&quot; del pa&iacute;s en su coyuntura actual.</p>      <p>Empezamos con  la paz. Ahora se reconoce que la guerrilla no tiene ninguna posibilidad de  llegar al poder por la v&iacute;a de la lucha armada. Aunque tal resultado nunca fue  probable, su imposibilidad no fue tan clara a mediados de los a&ntilde;os noventa del  siglo pasado. El conflicto ha limitado, hecho m&aacute;s estrecha, la agenda,  concentr&aacute;ndola necesariamente en la seguridad: que el presidente Uribe haya  reconocido la importancia fundamental de ese derecho, aunque no es  expl&iacute;citamente reconocido en la Constituci&oacute;n de 1991, explica en gran parte su  alta y larga popularidad. La relativa seguridad de la que han gozado los  bogotanos acomodados por casi toda la historia republicana explica por qu&eacute;  muchos de ellos no entienden este fen&oacute;meno.</p>      <p>Regresemos a la  b&uacute;squeda de la agenda profunda. Si se llega a un acuerdo, ciertas obligaciones  del Gobierno van a aparecer con una mayor claridad. Una es la necesidad de  gobernar todo el territorio de la naci&oacute;n. En muchas partes, un acuerdo va a  producir situaciones delicadas: la paz puede ser desestabilizadora, porque  inyecta incertidumbre en los arreglos pragm&aacute;ticos entre las guerrillas y los  dem&aacute;s que existen en la periferia. Manejar adecuadamente estos problemas  venideros va a exigir un salto cualitativo en la competencia del Gobierno  nacional.</p>      <p>No va a ser  f&aacute;cil lograrlo. La Costituci&oacute;n de 1991 rompi&oacute; algunas cadenas de mando y  disminuy&oacute; su poder en provincia. No obstante la decentralizaci&oacute;n, la provincia y  la periferia siguen echando las culpas al Gobierno nacional. &Eacute;ste sigue siendo  mal informado, como sigue siendo mal y tard&iacute;amente informada la opini&oacute;n  metropolitana. Colombia no tiene una prensa nacional, los peri&oacute;dicos principales  son bogotanos, y los peri&oacute;dicos de provincia los leen muy pocos bogotanos. De  vez en cuando, la periferia produce esc&aacute;ndalos -Buenaventura, La Guajira- y  protestas -Catatumbo, Putumayo- que el Gobierno nacional parece incapaz de  anticipar y de solucionar.</p>      <p>El alto grado  de tolerancia con la cual se miran estos d&eacute;ficits de buen gobierno, a veces se  explica referiendo a &quot;la gobernabilidad&quot;: sin llegar a arreglos con los  elementos de poder real de ciertas regiones, es imposible sostener una  administraci&oacute;n. Bajo tal argumento, mantener &quot;la gobernabilidad&quot; llega a ser  hasta una excusa para no gobernar, pero no gobernar tiene sus consecuencias.</p>      <p>Los esc&aacute;ndalos  son muy visibles desde el exterior. En el &uacute;ltimo medio siglo, los colombianos  han llegado a conocer y a entender mucho m&aacute;s el mundo exterior, pero no se dan  cuenta de que el mundo exterior conoce todav&iacute;a muy poco a Colombia, y su mala  fama persiste, no sin raz&oacute;n. No ayuda una diplomacia muy desigual, por no decir  m&aacute;s.</p>      <p>Y ahora, esta  incapacidad de comprender los problemas lejanos preocupa m&aacute;s, con la perspectiva  de un acuerdo de paz. Se ha invitado a la guerrilla a hacer pol&iacute;tica. Si acepta  la invitaci&oacute;n, su liderazgo no va a abandonar sus ambiciones, ni va a  contentarse con uno u otro municipio lejano, o con unas cuantas juntas de acci&oacute;n  comunal. Dejando las armas, lo probable es que vaya a seguir combinando otras  formas de lucha: marchas, movimientos sociales, paros, bloqueos, todo lo que  viene a la mano, y que les conviene. As&iacute; va a ser, as&iacute; debe ser, y los que han  hecho la invitaci&oacute;n no deben ser sorprendidos. Eso ser&iacute;a, en la trajinada  met&aacute;fora, matar al tigre y asustarse con el cuero. No se puede decir cu&aacute;nto  &eacute;xito va a tener la nueva competencia pol&iacute;tica, pero la va a haber. Quiz&aacute; la  &quot;luna de miel&quot; con la guerrilla reinsertada va a ser corta, pero de todos modos  ella y sus aliados van a ofrecer un nuevo reto a &quot;la gobernabilidad&quot;.</p>      <p>Mirando atr&aacute;s,  en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os de pol&iacute;tica colombiana, adem&aacute;s de cambios y  ciclos, se nota una gran continuidad. Cada presidente termin&oacute; su per&iacute;odo, el  calendario electoral nunca sufri&oacute; interrupci&oacute;n. Los dos partidos tradicionales  paulatinamente perdieron su dominio, pero ninguno de los dos desapareci&oacute;, y  ambos siguen dando se&ntilde;ales ocasionales de vida; y puede ser que vayan a tener  m&aacute;s larga vida que la mayor&iacute;a de sus nuevos rivales. La ola populista de la  Anapo creci&oacute;, nunca lleg&oacute; a la mitad de los sufragantes, y baj&oacute;. La izquierda  sigui&oacute; d&eacute;bil, con su eterna secuencia de cambios de nombre y de divisiones  internas. Aqu&iacute; ha habido un cambio: el sindicalismo en el &uacute;ltimo medio siglo se  ha debilitado; fue mucho m&aacute;s fuerte en los a&ntilde;os sesenta, cuando por primera vez  vine al pa&iacute;s. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Despu&eacute;s de  hacer este breve <i>tour d&#39;horizon</i> de la historia pol&iacute;tica reciente, la  tentaci&oacute;n inmediata es gritar: &quot;”Qu&eacute; pa&iacute;s tan lampedusiano! ”Qu&eacute; habilidad de  hacer s&oacute;lo los cambios necesarios para que todo siga igual!&quot;. </p>      <p>&iquest;Las cosas van  a seguir as&iacute; con el fin del conflicto? Tal vez no. Ofrezco un <i>tour d&#39;horizon</i>  m&aacute;s actual, de un pr&oacute;ximo futuro posible.</p>      <p>Con el fin de  la balacera, la agenda va a cambiar. Miremos uno de los puntos ya anunciados: el  agro.</p>     <p>En los  cincuenta a&ntilde;os pasados, como anotamos al principio, la poblaci&oacute;n se urbaniz&oacute;, y  sus dirigentes tardaron en darse cuenta de que, sin embargo, el conflicto sigui&oacute;  teniendo en el campo su escenario y algunas de sus principales ra&iacute;ces. Mientras  tanto, se hab&iacute;an olvidado casi completamente las pol&eacute;micas de los a&ntilde;os sesenta  sobre la reforma agraria. Mientras algunos economistas celebran la memoria de  Albert Hirschman -con todos sus encantos, un economista poco pr&aacute;ctico y nebuloso  en sus consejos-, muy pocos recuerdan las observaciones cr&iacute;ticas de Lauchlin  Currie: lo importante no es necesariamente la distribuci&oacute;n de la tierra, es el  aumento del ingreso campesino, y la provisi&oacute;n de servicios de buena calidad en  el campo. No pretendo explorar todos estos argumentos ac&aacute;, ni dictaminar qui&eacute;n  tuvo la raz&oacute;n; s&oacute;lo quiero se&ntilde;alar su pertinencia actual y la pobreza  comparativa de los debates recientes. El olvido no se limita a la &eacute;poca de la  Alianza para el Progreso; cubre tambi&eacute;n los programas rurales de los sucesivos  gobiernos de las d&eacute;cadas posteriores, que si algo han mostrado, es c&oacute;mo es de  dif&iacute;cil establecer econom&iacute;as campesinas sostenibles -no imposible, pero harto  dif&iacute;cil-.</p>      <p>Adem&aacute;s de la  amnesia, el Estado padece de la falta de un adecuado equipo administrativo en  este campo, como queda claro en el libro de despedida, con tono bastante  pesimista, que public&oacute; el exministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo. A&uacute;n  faltan muchos datos esenciales y actuales, por ejemplo, sobre los bald&iacute;os. Ac&aacute;  tenemos un ejemplo muy claro de la necesidad de hacer un salto cualitativo en  las capacidades del Gobierno. Una nueva &quot;ciudadan&iacute;a rural&quot; no se puede lograr  con improvisaciones y la alegre repartici&oacute;n de subsidios.</p>      <p>Esto me trae a  la mente otra especulaci&oacute;n: &iquest;Cu&aacute;les son las consecuencias pol&iacute;ticas de los  cambios en la forma de la econom&iacute;a nacional, el paso de la vieja econom&iacute;a  cafetera a la nueva minera-petrolera? A grandes rasgos, la primera garantizaba  cierto grado, al menos en apariencia, de distribuci&oacute;n del ingreso; no produjo un  Estado con muchos recursos. La segunda concentra muchos recursos en el Estado y  ha producido esta sensaci&oacute;n de estar pasando por los a&ntilde;os de las vacas gordas  que se siente en ciertas partes y ciertos estratos. Va con los aumentos en la  corrupci&oacute;n, y con la autocomplacencia -<i>complacency</i>- pol&iacute;tica: no nos  preocupamos, hay plata para todo.</p>      <p>La tolerancia  colombiana de la corrupci&oacute;n, sin duda, tiene varias explicaciones. Una de ellas  es la prolongada historia de tener gobiernos pobres, con el resultado de que la  excusa de la falta de recursos, que &quot;no hay con qu&eacute;&quot;, fue por tanto tiempo  plausible. Otra es una participaci&oacute;n ancha en la corrupci&oacute;n, propiciada por el  clientelismo en todas sus m&uacute;ltiples formas, y otra, la ineficacia de los &oacute;rganos  de control, que, lejos de ser soluci&oacute;n, son parte del problema, y la enredada  crisis general de la justicia. Sin embargo, es posible que esta tolerancia vaya  a disminuir. Una amenaza menor a las malas costumbres es la democratizaci&oacute;n del  an&aacute;lisis pol&iacute;tico, representada por la feliz acu&ntilde;aci&oacute;n del t&eacute;rmino <i>mermelada</i>  por el ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry, que las resumi&oacute; en una sola y  conveniente palabra. Otra, y que da m&aacute;s esperanza, es la emergencia de una  fuerza genuina de oposici&oacute;n en el Congreso, sin la cual no puede existir una  fiscalizaci&oacute;n eficaz.</p>      <p>Escribo estas  reflexiones a principios de agosto de 2014. Los peri&oacute;dicos est&aacute;n llenos de  gabinetolog&iacute;a y uno y otro art&iacute;culo menor sobre otras prometidas reformas de la  ya frecuentemente reformada Constituci&oacute;n. La especulaci&oacute;n sobre los posibles  ministros no promete nada nuevo, y las reformas pol&iacute;ticas parecen ir en  contrav&iacute;a de una ampliaci&oacute;n democr&aacute;tica. Se asume que la reelecci&oacute;n por un solo  per&iacute;odo del presidente es antidemocr&aacute;tica, mientras que se puede argumentar que  la experiencia de los dos recientes turnos en las presidenciales muestra lo  contrario, y mientras ciertas mentes dan por asegurado el futuro ascenso del  actual vicepresidente. Al mismo tiempo, se restringe la participaci&oacute;n ciudadana  prometiendo alargar excesivamente los per&iacute;odos de mando de los gobernadores y  alcaldes. En resumidas cuentas, el mensaje es que nada tiene que cambiar, y que  algunos cambios tienen que ser reversados, para que todo siga igual. Hay un aire  de improvisaci&oacute;n, incoherencia e irrealidad.</p>      <p>Recuerdo a un  habitante del bajo fondo de El Cartucho, quien confes&oacute; que le gust&oacute; salir a  otras partes de la ciudad de vez en cuando, &quot;para paniquear a la gente&quot;. Para <i> paniquear</i> a mis lectores, les voy a recordar la Venezuela de antes de 1998:  un pa&iacute;s petrolero-minero, un gobierno rico, aunque el precio del petr&oacute;leo no era  bueno; un sistema pol&iacute;tico inerte, con dos partidos dominantes en decadencia,  incapaz de renovarse, maquinarias ya sin m&iacute;stica; un &quot;consumismo&quot; desbordado,  altos niveles de corrupci&oacute;n en los reducidos c&iacute;rculos de favorecidos, servicios  p&uacute;blicos de dudosa calidad... All&aacute; pas&oacute; algo: vino el chavismo.</p>     <p>Por fortuna,  existen diferencias, adem&aacute;s de similitudes, con la pol&iacute;tica colombiana. En  Colombia ha habido siempre una circulaci&oacute;n de &eacute;lites m&aacute;s vigorosa, gusten o no  gusten las &eacute;lites, al nivel nacional y al nivel local. Hay un sector privado m&aacute;s  grande y m&aacute;s independiente que su equivalente venezolano. La ideolog&iacute;a de las  Fuerzas Armadas es decididamente constitucionalista, sus oficiales no tienen ni  lealtades partidistas ni la costumbre de conspirar. No hay un pasado  autoritario...</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Tampoco ha  habido mucho populismo. Algunos comentaristas han deplorado esa relativa  ausencia, atribuy&eacute;ndole las desigualdades del pa&iacute;s, como si una experiencia  populista fuera una fiebre juvenil por la cual hay que pasar para llegar a una  democr&aacute;tica madurez. Me parece que los ejemplos de Argentina y de Venezuela no  apoyan esa tesis. Sin embargo, un <i>tour d&#39;horizon</i> colombiano completo debe  contemplar la posibilidad de una nueva ola populista. Y uno debe recordar que  los populismos, en su mayor&iacute;a, no se anuncian desde muy lejos: nacen de  sorpresa. Nacen acompa&ntilde;ados de protestas. Nacen para llenar un vac&iacute;o.</p>      <p>Protestas  recientes ha habido, pero no en escala brasile&ntilde;a: m&aacute;s bien, en unas dosis  homeop&aacute;ticas -los paros, las marchas, las &quot;dignidades&quot;-. Cierto vac&iacute;o se siente,  pero no es un vac&iacute;o que abarque todo el panorama pol&iacute;tico, en gran parte gracias  al uribismo. Con algunos rasgos populistas, es el mayor obst&aacute;culo para otros  populismos.</p>  Entonces,  asumiendo que al fin las conversaciones de La Habana terminen en un acuerdo -he  evitado fatigar al lector con especulaciones sobre eso, confiando en que ya ha  le&iacute;do suficientes-, Colombia va a experimentar un sistema, no de gobierno y  oposici&oacute;n, sino de gobierno y oposiciones. Nunca ha sido una rep&uacute;blica f&aacute;cil de  gobernar, y no va a ser f&aacute;cil de gobernar.     <p> <hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>      <p> <a name="1" href="s1">&#91;1&#93;</a> Ocho bogotanos, tres antioque&ntilde;os, y uno de cada uno de los departamentos de Boyac&aacute;, Cauca, Huila, Norte de Santander&nbsp; y  Risaralda; tal vez nueve &quot;oligarcas&quot;, pero por lo menos dos de ellos venidos a menos, y no todos  &quot;oligarcas&quot; bogotanos...      </font>     ]]></body>
</article>
