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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align=center><font size="4"> <b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>        <p align=center><font size="4"><b>Evaluaci&oacute;n,  competencias hist&oacute;ricas y educaci&oacute;n ciudadana</b></font><sup><a    name="s*" href="#*">*</a></sup></p>        <p><b>Cosme J. G&oacute;mez Carrasco<sup><a    name="s**" href="#**">**</a></sup> , Pedro Miralles Mart&iacute;nez<sup><a    name="s***" href="#***">***</a></sup> , Sebasti&aacute;n Molina Puche<sup><a    name="s****" href="#****">****</a></sup></b></p>      <p><sup><a href="#s**" name="**">**</a></sup>  		Doctor en Historia Moderna por la Universidad de Castilla-La Mancha  		(Espa&ntilde;a). Profesor de Did&aacute;ctica de las Ciencias Sociales en la  		Facultad de Educaci&oacute;n de la Universidad de Murcia (Espa&ntilde;a). Correo  		electr&oacute;nico: 		<a href="mailto:cjgomez@um.es">cjgomez@um.es</a>       <p><sup><a href="#s***" name="***">***</a></sup>  		Doctor en Historia Moderna por la Universidad de Murcia (Espa&ntilde;a).  		Profesor titular de Did&aacute;ctica de las Ciencias Sociales en la Facultad de  		Educaci&oacute;n de la Universidad de Murcia (Espa&ntilde;a). Correo electr&oacute;nico: 		<a href="mailto:pedromir@um.es">pedromir@um.es</a>       <p><sup><a href="#s****" name="****">****</a></sup>  		Doctor en Historia Moderna por la Universidad de Murcia (Espa&ntilde;a).  		Profesor de la Facultad de Educaci&oacute;n de la Universidad de Murcia. Correo  		electr&oacute;nico: 		<a href="mailto:smolina@um.es">smolina@um.es</a>         <p>DOI:<a target="_blank" href="http://dx.doi.org/10.7440/res52.2015.01"> http://dx.doi.org/10.7440/res52.2015.01</a> </p> <hr size="1">      <p>El presente n&uacute;mero tem&aacute;tico parte del intenso di&aacute;logo internacional que se ha  abierto desde hace unos a&ntilde;os en la comunidad cient&iacute;fica sobre la investigaci&oacute;n y  aplicaci&oacute;n en el aula de las competencias educativas, los procesos de  evaluaci&oacute;n, la ense&ntilde;anza de la historia y la educaci&oacute;n ciudadana. Este <i> dossier</i> se origina en un proyecto de investigaci&oacute;n I+D+i financiado por el  Ministerio de Econom&iacute;a y Competitividad de Espa&ntilde;a, y coordinado entre la  Universidad de Santiago de Compostela, la Universidad de Barcelona y la  Universidad de Murcia. Concretamente, esta idea surge del grupo de investigaci&oacute;n  &quot;Did&aacute;ctica de las Ciencias Sociales&quot; (DICSO) de la Universidad de Murcia a  trav&eacute;s del proyecto &quot;La evaluaci&oacute;n de las  competencias b&aacute;sicas en Educaci&oacute;n Secundaria Obligatoria desde las ciencias  sociales&quot;. El equipo desde  donde parte la propuesta cuenta con una notable experiencia de investigaci&oacute;n en  el an&aacute;lisis de los procedimientos e instrumentos de evaluaci&oacute;n en ciencias  sociales, las competencias educativas y el pensamiento hist&oacute;rico, a trav&eacute;s de la  participaci&oacute;n y direcci&oacute;n de diversos proyectos competitivos en la &uacute;ltima  d&eacute;cada. Los contactos internacionales de este grupo de investigaci&oacute;n en Europa  (Italia, Francia, Portugal y Reino Unido) y Latinoam&eacute;rica (Brasil, Chile,  Ecuador y Argentina) fueron el acicate para la propuesta de un <i>dossier</i> en  una revista de gran impacto internacional como es la <i>Revista de Estudios  Sociales</i>. Con la aceptaci&oacute;n de este n&uacute;mero tem&aacute;tico en 2013 por parte del  equipo editorial de la Revista, comenzamos el proceso de divulgaci&oacute;n y  evaluaci&oacute;n de este proyecto, que se ha cerrado con nueve textos de alta calidad,  en el que participan investigadores de once universidades de cinco pa&iacute;ses  (Colombia, Chile, Reino Unido, Canad&aacute; y Espa&ntilde;a). </p>       <p>Es indudable el gran papel que est&aacute;n teniendo los procesos de evaluaci&oacute;n en la  organizaci&oacute;n escolar y en el curr&iacute;culo. Quiz&aacute;s se deba en gran parte a  la influencia de las evaluaciones internacionales (PISA, PIRLS, ICCS…) que,  pretendidamente, persiguen buscar la excelencia y medir los niveles de calidad  de las instituciones y sistemas educativos, clasificando al alumnado y  divulgando los <i>ranking</i> de pa&iacute;ses, desde los que presentan una supuesta  excelencia en su sistema educativo hasta los que se clasifican como deficientes. Desde hace veinticinco a&ntilde;os la evaluaci&oacute;n ha tenido  una entidad propia en todas las modificaciones legislativas realizadas en el  &aacute;mbito educativo en Espa&ntilde;a, tanto en la Ley Org&aacute;nica General del Sistema  Educativo (LOGSE, 1990) como en la Ley Org&aacute;nica de Educaci&oacute;n (LOE, 2006), y  tambi&eacute;n en la reciente Ley Org&aacute;nica de la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE,  2013). Desde la propuesta curricular expuesta en la LOGSE a comienzos de la  d&eacute;cada de 1990, la evaluaci&oacute;n se conceptualiz&oacute;, al menos en el plano te&oacute;rico,  como un proceso de di&aacute;logo, comprensi&oacute;n y mejora del proceso de ense&ntilde;anza y  aprendizaje, y no s&oacute;lo como un marcador o calificaci&oacute;n que evaluara los  objetivos alcanzados. La funci&oacute;n evaluadora se fundament&oacute; como un proceso  integrado en el modelo de ense&ntilde;anza y aprendizaje, prestando especial atenci&oacute;n a  sus controles internos y respondiendo a las exigencias de racionalidad,  sistematizaci&oacute;n, control de variables y contraste de resultados. Por ello, desde  una concepci&oacute;n abierta, toda propuesta de mejora e innovaci&oacute;n educativa debe  incidir en estas nuevas dimensiones de la evaluaci&oacute;n, en nuevos instrumentos de  obtenci&oacute;n de informaci&oacute;n y an&aacute;lisis de la misma (Miralles,  Molina y Santisteban 2011).</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La aparici&oacute;n en la d&eacute;cada del dos mil del nuevo concepto pedag&oacute;gico de competencias  supuso un nuevo reto e impulso para el concepto de evaluaci&oacute;n educativa. La  necesidad de educar en competencias, con un alto nivel de contenidos  procedimentales, y de aplicar conocimientos interdisciplinares, destrezas y  actitudes a situaciones determinadas, deb&iacute;a obligar a una mayor presencia de la  evaluaci&oacute;n formativa en dicho proceso educativo. Estas competencias<i> </i>han pasado a ser elementos integrantes de los nuevos  curr&iacute;culos y de las rutinas diarias de los docentes, ante  la necesidad de desarrollar sistemas de evaluaci&oacute;n que recojan informaci&oacute;n sobre  los tres tipos de contenidos (conceptos, procedimientos y actitudes), y su  movilizaci&oacute;n de forma adecuada a trav&eacute;s del planteamiento de situaciones  ver&iacute;dicas, que requieran la actuaci&oacute;n activa del alumno ante problemas reales  para aplicar sus conocimientos de manera creativa.</p>       <p>As&iacute; mismo, la  implementaci&oacute;n, el desarrollo y la evaluaci&oacute;n de las competencias b&aacute;sicas han  tenido que aplicarse de forma transversal en todas las &aacute;reas. En opini&oacute;n de  L&oacute;pez (2013), las ciencias sociales y la historia son disciplinas que hacen  posible el desarrollo y aprendizaje de estas competencias educativas b&aacute;sicas, no  s&oacute;lo la social y ciudadana, redefinida en la actual LOMCE como &quot;Competencias  sociales y c&iacute;vicas&quot;. Hay que intentar superar una interpretaci&oacute;n de las  competencias que se conecte &uacute;nicamente con la competitividad. Ser competente  implica saber interpretar el medio en el que el alumno interact&uacute;a, saber  proponer alternativas, ser capaz de argumentar. Estas operaciones necesitan de  unos conocimientos sobre c&oacute;mo es y c&oacute;mo funciona la sociedad, c&oacute;mo se han ido  generando y modificando las relaciones humanas a lo largo del tiempo, qu&eacute;  consecuencias han tenido y tienen las acciones que realizan las personas y los  colectivos (L&oacute;pez 2013). Comprender los significados de las acciones humanas en  diferentes contextos forma parte de la esencia de las ciencias sociales. Para  ello, los docentes deben ser conscientes de que los conocimientos sociales son  imprescindibles para la formaci&oacute;n de personas competentes, capaces de  desenvolverse en el mundo actual. Sin embargo, para ser efectivos y cumplir las  demandas sociales que los nuevos curr&iacute;culos explicitan han de superarse ciertas  rutinas y reformular la pr&aacute;ctica docente. No se trata de prescindir de  conocimientos disciplinares, sino de utilizarlos de manera m&aacute;s vinculada a los  retos actuales y a las vivencias del alumnado.</p>       <p>En este sentido,  es necesario que entendamos el estrecho v&iacute;nculo entre la formaci&oacute;n hist&oacute;rica del  alumnado y el desarrollo de una ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica, cr&iacute;tica y responsable  (Molina, Miralles y Ortu&ntilde;o 2013). Esto no significa que la historia deba estar  necesariamente al servicio de la educaci&oacute;n c&iacute;vica y ciudadana, sino coadyuvarla  desde los valores propios que se desprenden de la ense&ntilde;anza de la historia y de  la disciplina, y que potencian la formaci&oacute;n de los individuos para reconocer y  orientarse en el mundo actual. Y esa interpretaci&oacute;n que necesariamente  condiciona la pr&aacute;ctica docente debe abandonar la concepci&oacute;n de un saber  hist&oacute;rico heredado del siglo XIX, para entender esta disciplina como un saber  &uacute;til en el siglo XXI. Para conseguir esta cuesti&oacute;n es necesario que los  conocimientos hist&oacute;ricos est&eacute;n conectados con la adquisici&oacute;n de capacidades  cognitivas complejas y de competencias sociales y educativas.</p>       <p>Siempre que se  impulsa desde los poderes p&uacute;blicos un cambio legislativo que afecta a los  curr&iacute;culos escolares surgen grandes debates en torno a qu&eacute; contenidos de  historia deben adquirir los estudiantes. Pero no se trata de un hecho privativo  del caso espa&ntilde;ol: el trabajo de Diego Arias muestra  algunos episodios donde la ense&ntilde;anza de las ciencias sociales en Colombia ha  sido objeto de conflicto entre intelectuales, acad&eacute;micos y el Estado. En este  proceso los historiadores profesionales han tenido un importante protagonismo,  seg&uacute;n el propio autor. M&aacute;s all&aacute; del  prurito cient&iacute;fico que quiere cargar de rigor el saber escolar, en esta  conflictiva din&aacute;mica por establecer los saberes leg&iacute;timos escolares interesa  identificar el sentido que tales conocimientos impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente  declaran respecto al tipo de sociedad y de persona que persiguen. Relacionado  con este texto, el art&iacute;culo de Adri&aacute;n Serna reflexiona sobre la problem&aacute;tica que  surge en torno a la ense&ntilde;anza de la historia, las ciencias sociales y la  ciudadan&iacute;a en contextos de conflictos sociales intensos. Una relaci&oacute;n entre la  educaci&oacute;n ciudadana y la ense&ntilde;anza de la historia que tambi&eacute;n es abordada por el  art&iacute;culo de Mar&iacute;a Isabel Toledo y otros colaboradores sobre los temas  controversiales y la percepci&oacute;n de los estudiantes. En este trabajo se muestran  los resultados de una investigaci&oacute;n a gran escala y de corte cuantitativo sobre  el trabajo did&aacute;ctico de temas controvertidos por parte de profesores de  Secundaria de Historia, Geograf&iacute;a y Ciencias Sociales en Chile.</p>       <p>Es cierto que en  el caso de la ense&ntilde;anza de la historia, los debates suelen girar siempre  alrededor de qu&eacute; contenidos hist&oacute;ricos concretos se deben introducir en el  curr&iacute;culo, dejando al margen una cuesti&oacute;n m&aacute;s importante: por qu&eacute; los  estudiantes deben saber historia. El empecinamiento en los contenidos hist&oacute;ricos  sustantivos (fechas, datos, conceptos y acontecimientos) enmascara que este  enfoque de ense&ntilde;anza de la historia est&aacute; &iacute;ntimamente ligado a la construcci&oacute;n de  identidades sociales, culturales y pol&iacute;ticas, y a la transmisi&oacute;n de una memoria  colectiva (Carretero <i>et al</i>. 2012). La ense&ntilde;anza de la historia desde un  enfoque fundamentalmente descriptivo y conceptual provoca una creencia  epist&eacute;mica general en la que pasado e historia son realidades mim&eacute;ticas, cuando  en realidad no es as&iacute;. El pasado es el objeto de estudio de la historia, y, por  definici&oacute;n, el pasado es inabarcable en toda su complejidad y extensi&oacute;n, y  adem&aacute;s imposible de conocer con exactitud de manera emp&iacute;rica, por cuanto no es  factible tener en mente o controladas todas las variables que explicaron los  hechos pasados. Sin embargo, a trav&eacute;s del trabajo de los historiadores, dicha  intangibilidad se hace cognoscible merced a la metodolog&iacute;a propia de la  disciplina y a que se aplican criterios de inclusi&oacute;n y omisi&oacute;n a la hora de  estudiar y abordar el pasado, y a la hora de transmitirlo en el aula. Los  alumnos, por tanto, deben aprender desde edades tempranas c&oacute;mo se construyen  esas narrativas del pasado, as&iacute; como las herramientas disciplinares para  interpretarlas adecuadamente y de una forma cr&iacute;tica. Esto les permitir&aacute; entender  el pasado m&aacute;s all&aacute; de manipulaciones pol&iacute;ticas e ideol&oacute;gicas (Wineburg 2001).</p>       <p>Precisamente, partiendo de las premisas epistemol&oacute;gicas que definen la disciplina de la  historia, este <i>dossier</i> aspira a mostrar miradas diversas sobre qu&eacute; y c&oacute;mo  se est&aacute; evaluando en la materia de historia, la definici&oacute;n de un modelo de  aprendizaje acorde con las nuevas investigaciones que ahondan en las capacidades  cognitivas que se movilizan para la construcci&oacute;n del pasado; y vincular este  conocimiento con el desarrollo y aplicaci&oacute;n de las competencias educativas  b&aacute;sicas, la formaci&oacute;n ciudadana y cr&iacute;tica. En este  sentido, el art&iacute;culo de Hilary Cooper aborda c&oacute;mo planificar la progresi&oacute;n en el  aprendizaje de la historia en Educaci&oacute;n Primaria ante los nuevos cambios  curriculares en Inglaterra. Frente a la tradici&oacute;n de grupos de investigaci&oacute;n  ingleses de an&aacute;lisis del pensamiento hist&oacute;rico a trav&eacute;s de niveles de  progresi&oacute;n, este trabajo plantea que los estudios de casos a peque&ntilde;a  escala pueden ser muy &uacute;tiles para avanzar en las investigaciones sobre  competencias hist&oacute;ricas.</p>       <p>La inclusi&oacute;n de las competencias b&aacute;sicas en el sistema educativo implica tener que  revisar el concepto actual de evaluaci&oacute;n, en el que todav&iacute;a en la materia de  Historia se sigue valorando principalmente la adquisici&oacute;n de conocimientos  conceptuales, y en la que el uso del examen tiene una supremac&iacute;a casi  incontestada como instrumento de medici&oacute;n (Calatayud 2000; G&oacute;mez y Miralles  2013). Las investigaciones sobre la ense&ntilde;anza de la historia  demuestran que los procedimientos y criterios de evaluaci&oacute;n siguen estando  ligados a unas finalidades culturalistas, a una pretendida &quot;objetividad&quot;, al uso  casi exclusivo del libro de texto como material did&aacute;ctico y al predominio de  unos contenidos excesivamente conceptuales y descontextualizados de la realidad  social (Miralles, G&oacute;mez y S&aacute;nchez 2014; Mu&ntilde;oz y Mart&iacute;nez 2011). El proceso de  evaluaci&oacute;n que se efect&uacute;a del contenido disciplinar se realiza como si fuera un  conocimiento est&aacute;tico, imperecedero e inmutable. La presentaci&oacute;n de la  evaluaci&oacute;n de hechos y datos descontextualizados es una t&oacute;nica general, y lo m&aacute;s  preocupante es que el profesorado presta m&aacute;s importancia a la cantidad que a la  calidad. Dirigir la educaci&oacute;n hacia la consecuci&oacute;n de  competencias educativas b&aacute;sicas exige un cambio en la concepci&oacute;n de la ense&ntilde;anza  y de la pr&aacute;ctica en el aula que conlleva tambi&eacute;n una reflexi&oacute;n sobre la  naturaleza de la evaluaci&oacute;n del alumnado y los m&eacute;todos e instrumentos utilizados  para la misma. La idea subyacente a este planteamiento supone que el aprendizaje  no puede concebirse, ni exclusiva ni principalmente, como la adquisici&oacute;n de los  conocimientos disciplinares —como tradicionalmente se realizaba en la mayor  parte de las &aacute;reas curriculares, muy especialmente en las ciencias sociales—,  sino que los docentes deben tener en cuenta la capacidad de aplicar dichos  conocimientos en situaciones nuevas que pueden plantearse cotidianamente en la  vida adulta (Tiana 2011).</p>       <p>En consecuencia,  y si supuestamente la historia permite el desarrollo de una capacidad  inquisitiva frente al porqu&eacute; del mundo actual y fomenta el pensamiento cr&iacute;tico  necesario para mejorar la sociedad, el hecho de ense&ntilde;arla de una manera tan  descontextualizada y como un producto cerrado contribuye al bajo nivel alcanzado  en las pruebas de evaluaci&oacute;n y al escaso inter&eacute;s mostrado por la materia escolar  entre el alumnado. Y, por tanto, cabe cuestionarse si los estudiantes con tan  bajo nivel de conocimiento pueden alcanzar una conciencia social y un nivel de  desarrollo en el pensamiento que les permitan la noci&oacute;n hist&oacute;rica, y con ello,  sentirse parte del contexto social y colaborar en su entendimiento y  transformaci&oacute;n. O lo que es lo mismo, si van a alcanzar debidamente las  competencias b&aacute;sicas. As&iacute;, tanto el art&iacute;culo de Cosme J. G&oacute;mez y Pedro Miralles  —sobre la evaluaci&oacute;n de los contenidos hist&oacute;ricos a trav&eacute;s de los ex&aacute;menes— como  el de Javier Trigueros, Jorge Ortu&ntilde;o y Sebasti&aacute;n Molina —sobre la percepci&oacute;n de  los alumnos de la evaluaci&oacute;n en historia— inciden en un planteamiento  diagn&oacute;stico. Ambos trabajos concluyen la necesidad de cambiar el modelo  cognitivo de la ense&ntilde;anza de la historia y buscar una evaluaci&oacute;n que favorezca y  eval&uacute;e el pensamiento hist&oacute;rico, ya que los resultados muestran la hegemon&iacute;a de  preguntas repetitivas y memor&iacute;sticas, sin profundizar en la relevancia de los  procesos hist&oacute;ricos, la causalidad, el cambio y la continuidad, o saber emitir  juicios razonados y propios.</p>       <p>En este sentido, la introducci&oacute;n de las competencias puede ser una oportunidad para incluir en la  ense&ntilde;anza una democratizaci&oacute;n de los modelos de evaluaci&oacute;n. El objetivo final  ser&iacute;a poder llevar a cabo una evaluaci&oacute;n del alumnado que conecte con las  necesidades reales en el futuro desempe&ntilde;o ciudadano y profesional. Intentar  averiguar qu&eacute; sabe o qu&eacute; es capaz de hacer, utilizando estrategias y  procedimientos evaluativos nuevos, incluyendo tareas complejas y  contextualizadas que obligan a una evaluaci&oacute;n prolongada en el tiempo, y no s&oacute;lo  al final del proceso (Perrenoud 2008). El trabajo de Angela Bermudez plantea cuatro herramientas para la indagaci&oacute;n cr&iacute;tica en el &aacute;rea de ciencias sociales,  integrando el pensamiento cr&iacute;tico, la ense&ntilde;anza de la historia, la educaci&oacute;n  moral y la pedagog&iacute;a cr&iacute;tica. En el art&iacute;culo se describe para cada herramienta  lo que se permite realizar al docente, y c&oacute;mo cada una de ellas articula la  funci&oacute;n epist&eacute;mica de fomentar la comprensi&oacute;n con la funci&oacute;n social de cultivar  ciudadanos pensantes, responsables, pluralistas y no violentos.</p>       <p>No obstante, buena parte del inter&eacute;s y personalidad de este <i>dossier</i> es que  va m&aacute;s all&aacute; del concepto de evaluaci&oacute;n como un ente abstracto. La intenci&oacute;n es  buscar una mayor precisi&oacute;n y plasmaci&oacute;n pr&aacute;ctica en el &aacute;mbito concreto de una  materia educativa tan importante como la historia. La adaptaci&oacute;n del proceso de  ense&ntilde;anza-aprendizaje a las competencias b&aacute;sicas exige una evaluaci&oacute;n adecuada a  las caracter&iacute;sticas propias de cada una de las &aacute;reas de conocimiento. Es decir,  la aplicaci&oacute;n de las competencias educativas b&aacute;sicas y los procesos de  evaluaci&oacute;n deben ser adecuados a los fundamentos epistemol&oacute;gicos, pedag&oacute;gicos y  cognitivos de cada materia, y deben ser adaptados a cada una de las etapas  educativas. As&iacute;, en el trabajo de Pellegrino,  Chudowsky y Glaser (2001) se incide en que cada  evaluaci&oacute;n, independientemente del prop&oacute;sito, debe apoyarse en tres pilares: un  modelo te&oacute;rico de c&oacute;mo los estudiantes representan el conocimiento y desarrollan  competencias en el &aacute;mbito tem&aacute;tico en el que se les eval&uacute;a; las tareas o  situaciones que permiten observar el desempe&ntilde;o de los estudiantes; y un m&eacute;todo  de interpretaci&oacute;n para hacer inferencias a partir de las pruebas de rendimiento  obtenidas de este modo. Si la presencia de las  competencias b&aacute;sicas en los curr&iacute;culos oficiales requiere una formaci&oacute;n de los  alumnos con unos conocimientos que puedan dar respuesta a los problemas  planteados en la sociedad actual, este sistema evaluador debe basarse en estos  tres pilares.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Formar al alumnado con base en competencias supone dotarlos de una habilidad espec&iacute;fica  para interpretar y conferir nuevos sentidos a la realidad sobre la que act&uacute;an.  Pero tambi&eacute;n, el profesorado debe tener muy claro el modelo cognitivo de  aprendizaje de la materia —en este caso, qu&eacute; significa que sus alumnos adquieran  conocimiento sobre historia—, su relaci&oacute;n con las competencias, los  instrumentos, o las tareas que permitan obtener informaci&oacute;n sobre esa  adquisici&oacute;n de conocimientos, y una serie de herramientas que permitan  interpretarla. Frente a esta cuesti&oacute;n, los marcos legislativos que proponen una  ense&ntilde;anza por competencias (tanto la LOE como la LOMCE, en el caso de Espa&ntilde;a)  carecen de situaciones concretas que indiquen a los docentes c&oacute;mo llevar a cabo  tales principios y, mucho menos, c&oacute;mo evaluar la adquisici&oacute;n de esas  competencias. Por esa misma raz&oacute;n, resultan totalmente necesarias todas aquellas  actividades que permitan tener unos criterios e instrumentos claros que ayuden a  valorar la consecuci&oacute;n de las competencias b&aacute;sicas y de capacidades cognitivas  complejas. Y en este sentido, igualmente importante es que los docentes tengan  la capacidad de utilizar en el aula diversos tipos de tareas que permitan  interpretar los niveles de progresi&oacute;n del alumnado en la comprensi&oacute;n hist&oacute;rica. </p>       <p>As&iacute;, el art&iacute;culo de St&eacute;phane L&eacute;vesque y Paul Zanazanian sobre la concepci&oacute;n de la  ense&ntilde;anza de la historia en futuros profesores en Canad&aacute; muestra que estos  docentes en formaci&oacute;n tienen bastante clara la necesidad de aplicar una  metodolog&iacute;a did&aacute;ctica basada en m&eacute;todos de indagaci&oacute;n. Sin embargo, este estudio  tambi&eacute;n indica que existen deficiencias y problemas diversos en la concepci&oacute;n  epistemol&oacute;gica de esta disciplina, en el uso de fuentes primarias y en la  concepci&oacute;n sobre el papel de la historia en la escuela. En un plano similar se  encuentra el trabajo de Jorge S&aacute;iz y Ram&oacute;n L&oacute;pez Facal. En este caso, se  analizaron las competencias hist&oacute;ricas del alumnado de Educaci&oacute;n Secundaria y  del alumnado del M&aacute;ster de Formaci&oacute;n del Profesorado, a trav&eacute;s de sus narrativas  sobre la historia de Espa&ntilde;a. Los  resultados muestran que la mayor&iacute;a de los estudiantes de Secundaria no utilizan  contenidos estrat&eacute;gicos o de segundo orden, mientras que en las narrativas del  profesorado en formaci&oacute;n, estas habilidades est&aacute;n relacionadas con el empleo de  contenidos sustantivos.</p>       <p>Resulta por lo tanto trascendental definir el modelo cognitivo de aprendizaje de la historia  para adaptar la ense&ntilde;anza y la evaluaci&oacute;n de competencias b&aacute;sicas en esta  materia. En las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas, un gran n&uacute;mero de trabajos han abordado  esta cuesti&oacute;n a trav&eacute;s de un debate que ha girado alrededor de qu&eacute; historia se  debe ense&ntilde;ar y del valor educativo de los conocimientos hist&oacute;ricos. Autores como  Peck y Seixas (2008) han incidido en tres formas de concebir la educaci&oacute;n  hist&oacute;rica del alumnado: la primera se centra en la narrativa de la construcci&oacute;n  de la naci&oacute;n; la segunda se enfoca hacia el an&aacute;lisis de problemas contempor&aacute;neos  en un contexto hist&oacute;rico (m&aacute;s cercano al enfoque de los estudios sociales); y la  tercera busca comprender la historia como un m&eacute;todo, como una manera de  investigar desde esta &aacute;rea de conocimiento y, por lo tanto, aprender a pensar y  reflexionar con la historia. Esta &uacute;ltima concepci&oacute;n de la educaci&oacute;n sit&uacute;a la  disciplina hist&oacute;rica con un lenguaje y una l&oacute;gica propios, que hace uso de esas  herramientas para generar nuevos conocimientos. El reto de este enfoque en la  ense&ntilde;anza de la historia est&aacute; en plantear su aprendizaje tanto desde la  necesidad de conocer los contenidos generados desde la larga tradici&oacute;n  cient&iacute;fica como desde la de profundizar en los contenidos procedimentales  propios del historiador (G&oacute;mez, Ortu&ntilde;o y Molina 2014). Esto obliga a practicar  una ense&ntilde;anza de la historia mediante el trabajo directo con fuentes y a  enfrentarse a las diversas interpretaciones sobre determinados procesos o hechos  (Chapman 2011).</p>       <p>Las &uacute;ltimas  investigaciones realizadas han incidido en los contenidos hist&oacute;ricos  estrat&eacute;gicos o de segundo orden. &eacute;stos se definen por la posesi&oacute;n o el  despliegue de diferentes estrategias, capacidades o competencias para responder  a cuestiones hist&oacute;ricas y entender el pasado de una forma m&aacute;s compleja. Este  &uacute;ltimo tipo de conocimientos hist&oacute;ricos est&aacute;n relacionados con habilidades del  historiador: la b&uacute;squeda, la selecci&oacute;n y el tratamiento de fuentes hist&oacute;ricas,  la empat&iacute;a o la perspectiva hist&oacute;rica (VanSledright 2014). Es por tanto  necesario incidir e investigar en el dise&ntilde;o de otras formas de evaluaci&oacute;n que  capten el aprendizaje de habilidades y destrezas en los alumnos, y, c&oacute;mo no, de  competencias que introduzca un nuevo modelo cognitivo de aprendizaje de la  historia.</p> <hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>      <p> <sup><a href="#s*" name="*">*</a></sup> 		Este art&iacute;culo es producto de los proyectos de investigaci&oacute;n 		&quot;La  		evaluaci&oacute;n de las competencias b&aacute;sicas en Educaci&oacute;n Secundaria desde las  		ciencias sociales&quot;  		(EDU2012-37909-C03-03),  		&quot;Familia,  		desigualdad social y cambio generacional en la Espa&ntilde;a centro-meridional,  		ss. XVI-XIX&quot;  		(HAR2013-48901-C6-6-R), financiados por el Ministerio de Econom&iacute;a y  		Competitividad; y el proyecto &quot;La formaci&oacute;n en identidad regional en  		ciencias sociales a partir del patrimonio inmaterial. Aplicaciones  		did&aacute;cticas para Educaci&oacute;n Secundaria  		Obligatoria&quot;(18951/JLI/1318951/JLI/13), financiado por la Fundaci&oacute;n  		S&eacute;neca, Agencia Regional de Ciencia y Tecnolog&iacute;a de la CARM.    <hr size="1">      <p><b>Referencias</b></p>       <!-- ref --><p>1.  Calatayud, Mar&iacute;a Amparo. 2000. La supremac&iacute;a del examen: la evaluaci&oacute;n como  examen. Su uso y abuso, a&uacute;n, en la Educaci&oacute;n Primaria. <i>Bord&oacute;n. Revista de  Pedagog&iacute;a </i>52, n° 2: 165-178.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000030&pid=S0123-885X201500020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>2. Carretero, Mario, C&eacute;sar L&oacute;pez, Mar&iacute;a Fernanda Gonz&aacute;lez y Mar&iacute;a  Rodr&iacute;guez-Moneo.  2012. Students Historical Narratives and Concepts about Nation. En <i>History  Education and the Construction of National Identities</i>, eds. Mario  Carretero, Mikel Asensio y Mar&iacute;a Rodr&iacute;guez Moneo. Charlotte: Information Age  Publishing, 153-170.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000032&pid=S0123-885X201500020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>3. Chapman,  Arthur. 2011. Historical Interpretations. En <i>Debates in History Teaching</i>,  ed. Ian Davies. Oxon: Routledge, 96-109.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000034&pid=S0123-885X201500020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>4. G&oacute;mez,  Cosme J. y Pedro Miralles. 2013. Los contenidos de ciencias sociales y las  capacidades cognitivas en los ex&aacute;menes de tercer ciclo de educaci&oacute;n primaria.  &iquest;Una evaluaci&oacute;n en competencias?<i>Revista Complutense de Educaci&oacute;n</i> 24, n°  1: 91-121.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000036&pid=S0123-885X201500020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>5. G&oacute;mez, Cosme  J., Jorge Ortu&ntilde;o y Sebasti&aacute;n Molina. 2014. Aprender a pensar hist&oacute;ricamente.  Retos para la historia en el siglo XXI. <i>Tempo e Argumento</i> 6, n° 11: 5-27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000038&pid=S0123-885X201500020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>6.  L&oacute;pez Facal, Ram&oacute;n. 2013. Competencias y ense&ntilde;anza de las ciencias sociales. <i> &iacute;ber. Did&aacute;ctica de las Ciencias Sociales, Geograf&iacute;a e Historia</i> 74: 5-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000040&pid=S0123-885X201500020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>7.  Miralles, Pedro, Sebasti&aacute;n Molina y Antoni Santisteban (eds.). 2011.<i>La evaluaci&oacute;n en el  proceso de ense&ntilde;anza y aprendizaje de las ciencias sociales</i>.  Dos vols. Murcia:  Asociaci&oacute;n Universitaria del Profesorado de  Did&aacute;ctica de Ciencias Sociales.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000042&pid=S0123-885X201500020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>8.  Miralles, Pedro, Cosme J. G&oacute;mez y Raquel S&aacute;nchez. 2014. Dime qu&eacute; preguntas y te  dir&eacute; qu&eacute; eval&uacute;as y ense&ntilde;as. An&aacute;lisis de los ex&aacute;menes de ciencias sociales en  tercer ciclo de Educaci&oacute;n Primaria. <i>Aula Abierta </i>42, n° 2: 83-89.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000044&pid=S0123-885X201500020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>9.  Molina, Sebasti&aacute;n, Pedro Miralles y Jorge Ortu&ntilde;o. 2013. Concepciones de los  futuros maestros de Educaci&oacute;n Primaria sobre formaci&oacute;n c&iacute;vica y ciudadana. <i> Educatio Siglo XXI </i>31, n° 1: 105-126.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000046&pid=S0123-885X201500020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>10.  Mu&ntilde;oz, Carlos y Rosendo Mart&iacute;nez. 2011. La evaluaci&oacute;n de los contenidos  curriculares en las aulas de segundo ciclo de la Educaci&oacute;n General B&aacute;sica. En <i> La evaluaci&oacute;n en el proceso de ense&ntilde;anza y aprendizaje de las ciencias sociales</i>,<i> </i>eds. Pedro Miralles, Sebasti&aacute;n Molina y Antoni Santisteban. Murcia: AUPDCS,  327-348.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S0123-885X201500020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>11.  Peck, Carla y Peter Seixas.  2008. Benchmarks of Historical Thinking: First Steps. <i>Canadian Journal of  Education</i> 31, n° 4: 1015-1038.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S0123-885X201500020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>12. Pellegrino,  James, Naomi Chudowsky y Robert Glaser. 2001. <i>Knowing What Students Know: The  Science and Design of Educational Assessment. </i>Washington:<i> </i>Committee  on the Foundations of Assessment.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0123-885X201500020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>13.  Perrenoud, Philippe. 2008. <i> La evaluaci&oacute;n de los alumnos. De la producci&oacute;n de la excelencia a la regulaci&oacute;n  de los aprendizajes. Entre dos l&oacute;gicas</i>. Buenos  Aires: Colihue.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0123-885X201500020000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>14.  Tiana, Alejandro. 2011. An&aacute;lisis de las competencias b&aacute;sicas como n&uacute;cleo  curricular en la educaci&oacute;n obligatoria espa&ntilde;ola. <i> Bord&oacute;n. Revista de Pedagog&iacute;a </i> 63, n° 1: 63-75.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0123-885X201500020000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>15. VanSledright,  Bruce A. 2014. <i>Assessing Historical Thinking and Understanding. Innovation  Design for New Standards. </i>Nueva York: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0123-885X201500020000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>16. Wineburg, Sam.  2001. <i>Historical Thinking and Other Unnaturals Acts: Charting the Future of  Teaching the Past</i>. Filadelfia: Temple University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0123-885X201500020000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  		  </font>      ]]></body><back>
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