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<publisher-name><![CDATA[Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De territorios, límites, bordes y fronteras: una conceptualización para abordar conflictos sociales]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align=center><font size="4"><b>De territorios, l&iacute;mites, bordes y fronteras: una conceptualizaci&oacute;n para abordar  conflictos sociales </b></font></p>      <p><b>Luis S&aacute;nchez Ayala <sup><a     name="s*" href="#*">*</a></sup></a></b></p>      <p><sup><a href="#s*" name="*">*</a></sup> Ph.D.  en Geograf&iacute;a por la Florida State University (Estados Unidos). Profesor asociado  del Departamento de Historia de la Universidad de los Andes (Colombia). Correo  electr&oacute;nico: <a href="mailto:ld.sanchez20@uniandes.edu.co"> ld.sanchez20@uniandes.edu.co</a></p>      <p>DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.7440/res53.2015.14" target=_blank> http://dx.doi.org/10.7440/res53.2015.14</a> </p>  <hr size="1">      <p>Entender el territorio y las din&aacute;micas de territorialidad es un aspecto fundamental para la actividad social. El territorio, despu&eacute;s de todo, es un elemento primordial para nuestra organizaci&oacute;n espacial y social, as&iacute; como la pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y cultural. A escala social, se&ntilde;ala Smith (1986), la territorialidad es instrumental para la integraci&oacute;n. Esto quiere decir que el territorio es fundamental para definir relaciones sociales. De la forma m&aacute;s simple, el territorio se refiere a una porci&oacute;n del espacio terrestre reclamada y/u ocupada por una persona, un grupo o instituci&oacute;n (Paasi 2003). Por tanto, el territorio puede ser entendido como un lugar en el cual el sujeto y la comunidad arraigan y afirman sus valores, pudiendo de esta manera hablarse de un proceso de territorialidad (Bonnemaison 1981, 249). En t&eacute;rminos m&aacute;s simples, el territorio es una forma por la cual el ser humano se identifica con el lugar.</p>      <p>Visualizar y entender un territorio es algo complejo, desde el punto de vista de un sentido pr&aacute;ctico, sin la existencia de bordes y l&iacute;mites que lo concreticen. As&iacute;, entonces, un territorio es un espacio delimitado con significados. Por tanto, la noci&oacute;n de bordes es intr&iacute;nseca a cualquier entendimiento de territorio, ya que no podemos concebir una porci&oacute;n de espacio sin concebir sus l&iacute;mites en relaci&oacute;n con otras porciones de espacio (Popescu 2012, 11). </p>      <p>Estas din&aacute;micas inciden, con particulares grados de relevancia, a diferentes escalas de nuestra existencia social. Sin embargo, cuando desde las instituciones estatales se realizan estas pr&aacute;cticas de construcci&oacute;n de territorios, y, por tanto, involucrando identificaci&oacute;n de l&iacute;mites y bordes, el entendimiento del territorio y de las din&aacute;micas de territorialidad es vital. En este sentido, la interpretaci&oacute;n territorial y los bordes y l&iacute;mites que de &eacute;sta emanen implican particulares concepciones y formas de organizaci&oacute;n y ordenamiento del espacio, lo que de forma directa incide en relaciones y reacciones sociales. </p>      <p>A pesar de lo anterior, tanto para los individuos como para las instituciones, no siempre son claros las implicaciones y los elementos involucrados en estos procesos. En este sentido, es de vital importancia contemplar y entender dos elementos fundamentales: 1) el territorio y las din&aacute;micas de territorialidad, y 2) los conceptos de borde, l&iacute;mite y frontera. </p>      <p>Como mencion&eacute; anteriormente, el territorio es un elemento fundamental para nuestra organizaci&oacute;n tanto espacial como social. &Eacute;ste es un proceso social, as&iacute; como pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y cultural. As&iacute;, entonces, los procesos de territorialidad act&uacute;an en tiempo y espacio produciendo diversas manifestaciones a m&uacute;ltiples escalas. Por lo que la localizaci&oacute;n dentro de un territorio determina pertenencia o membres&iacute;a a un grupo (Sack 1986). En este sentido, una de las cosas con mayor significado en los procesos de territorialidad es si se est&aacute; dentro o fuera de &eacute;sta. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si una persona se siente &quot;dentro&quot; en t&eacute;rminos territoriales, a su vez se siente segura y no amenazada, protegida y no expuesta. Por otro lado, si se siente separada o alejada, la persona desarrolla de alguna forma una especie de divisi&oacute;n o separaci&oacute;n entre ella y el mundo. En este contexto, Relph (1976) sugiere que cuanto m&aacute;s profundamente se siente una persona en el interior de un lugar, m&aacute;s fuerte ser&aacute; su identidad con el lugar. Fenomenol&oacute;gicamente, el punto crucial es que estar dentro o fuera constituye una dial&eacute;ctica fundamental en la vida humana y que, a trav&eacute;s de diversas combinaciones e intensidades de estar dentro o fuera, diferentes lugares asumen distintas identidades para diferentes individuos y grupos, y la experiencia humana adquiere dis&iacute;miles cualidades en cuanto a emociones, significados, relaci&oacute;n con el entorno, y acci&oacute;n (Seamon y Sowers 2008, 45). Esto apunta a que nuestras organizaciones territoriales pueden significar y crear percepciones que den la sensaci&oacute;n de que el mundo est&eacute;cerrado o abierto para nosotros. </p>      <p>Aprender a observar a trav&eacute;s del territorio, y sus bordes, es invaluable para entender el mundo, como un todo, as&iacute; como los mundos dentro de los que vivimos nuestras vidas (Delaney 2005). En consecuencia, la territorialidad es una dimensi&oacute;n de nuestra espacialidad social, la cual est&aacute; &iacute;ntimamente relacionada con c&oacute;mo se organizan nuestras relaciones sociales, y que a su vez produce particulares arreglos y ordenamientos espaciales sobre el mismo territorio.</p>      <p>Los procesos de territorializaci&oacute;n representan mucho m&aacute;s que una estrategia de control espacial: implican y est&aacute;n implicados con formas de pensar y actuar, as&iacute; como con cosmovisiones construidas y cimentadas por creencias y formas de conocer cultural e hist&oacute;ricamente contingentes (Delaney 2005, 12). El territorio es una entidad espacial que sirve como instrumento de comunicaci&oacute;n que visibiliza y hace tangible estructuras sociales, tales como autoridad, identidad, derechos, aspiraciones, prejuicios, entre muchas otras. </p>      <p>As&iacute;, entonces, la creaci&oacute;n y existencia de bordes en el territorio son indispensables para la diversidad de din&aacute;micas sociales involucradas en nuestra existencia social. Sin embargo, pensar en bordes trae a nuestra atenci&oacute;n otros dos conceptos relacionados, los cuales no siempre se tienen presentes, ni se conocen del todo sus implicaciones. Me refiero a los conceptos de<i> l&iacute;mite </i>y <i>frontera</i>, sumados al de <i>borde</i>. </p>      <p>Desde diferentes escalas, estos conceptos toman relevancia en cuanto a su papel en el accionar diario. La construcci&oacute;n de bordes engendra un sentido en la gente de estar en el lugar apropiado o fuera de lugar (Store y 2001, 146). Los bordes, entonces, concretizan el territorio y lo que estos territorios significan. En este sentido, no s&oacute;lo materializan la territorialidad, sino que tambi&eacute;n involucran el &quot;aqu&iacute;&quot; y &quot;all&aacute;&quot;. Los bordes se&ntilde;alan , y a la vez unen y contienen (personas, ideas, prejuicios, formas de vida, bienes, sistemas, etc&eacute;tera).</p>      <p>Com&uacute;nmente se piensa en bordes en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos (bordes nacionales y pol&iacute;tico-administrativos). Sin embargo, los bordes est&aacute;n presentes (cumpliendo m&uacute;ltiples funciones) a diversas escalas y dimensiones. De esta manera, los bordes cumplen la funci&oacute;n de delinear no s&oacute;lo el espacio, sino tambi&eacute;n procesos en el espacio. Por ejemplo, muchas de las formas m&aacute;s evidentes de identidad social se trazan mediante bordes que construyen territorialidades. En esto, Sible y <i>et al</i>. (2005, 89) sostienen que nuestras identidades se articulan racionalmente a trav&eacute;s de bordes de inclusi&oacute;n y exclusi&oacute;n social. Los bordes son entonces instrumentales para relaciones y procesos sociales nuestros. </p>      <p>Pero, entonces, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; la diferencia entre el borde, el l&iacute;mite y la frontera? Estos conceptos son a menudo utilizados indiscriminadamente sin reconocer los elementos que los diferencian. Por un lado, el borde (en ingl&eacute;s, <i>border</i>) y el l&iacute;mite (en ingl&eacute;s, <i>boundary</i>) son conceptos muy cercanos. Su diferencia descansa en la escala. En decir, concretamente el l&iacute;mite se refiere a la &quot;l&iacute;nea&quot; divisoria; el l&iacute;mite entre territorios distintos. Mientras que, por otro lado, el borde es la regi&oacute;n contigua al l&iacute;mite, una regi&oacute;n inmediata donde la sociedad y el paisaje est&aacute;n marcados por la presencia del l&iacute;mite. </p>      <p>Para entender claramente esta diferencia de escala, los bordes se tienen que delimitar, es decir, &quot;trazar&quot; l&iacute;mites sobre ellos para que adquieran su funcionalidad y la percepci&oacute;n que com&uacute;nmente tenemos sobre &eacute;stos en cuanto a &quot;l&iacute;neas&quot; de control, separaci&oacute;n, unificaci&oacute;n, etc&eacute;tera. Esto es congruente con la expresi&oacute;n o intenci&oacute;n de &quot;llegar hasta el l&iacute;mite&quot;, lo que significa llegar hasta un finito o fin, donde existe una terminaci&oacute;n y ya no se puede m&aacute;s. </p>      <p>Acentuando las diferencias de escala entre borde y l&iacute;mite, el concepto de borde se relaciona con los &quot;borderlands&quot; y &quot;borderspaces&quot; (aproximadamente traducidos al espa&ntilde;ol como zonas de borde y paisajes de borde). En t&eacute;rminos simples, el &quot;borderland&quot; es una zona a ambos lados del l&iacute;mite. El &quot;borderland&quot; es una regi&oacute;n translim&iacute;trofe que comparte aspectos en com&uacute;n, produciendo una regi&oacute;n geogr&aacute;fica de identidad diferenciada (precisamente, por este &uacute;ltimo aspecto, tambi&eacute;n es utilizado el t&eacute;rmino &quot;borderscape&quot;). </p>      <p>El t&eacute;rmino &quot;frontera&quot;, aunque generalmente utilizado para referirse a todos los anteriores (borde, l&iacute;mite, &quot;borderland&quot;), presenta ciertas diferenciaciones. En este sentido, el concepto <i>frontera</i> tiene dos dimensiones: la primera es aquella en la que <i>frontera</i> se refiere m&aacute;s a una zona desconocida y/o inexplorada no dominada y de potencial expansi&oacute;n. En este aspecto, la frontera transciende los aspectos del l&iacute;mite, ya que no se trata de una &quot;l&iacute;nea&quot; delimitada que marca concretamente el fin y principio territorial, sino que, por el contrario, es un fin y principio de forma difusa, donde el l&iacute;mite no se concibe como presente, sino que existe la idea de que pudiera estarlo m&aacute;s all&aacute; en alg&uacute;n lugar de la &quot;frontera&quot;. Es precisamente dentro de esta idea que se habla de la &quot;expansi&oacute;n de la frontera agr&iacute;cola&quot; o de la Ant&aacute;rtica como la &quot;&uacute;ltima frontera&quot;, por ejemplo. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como menciona Taylor (2007, 241), quiz&aacute;s quien primero utiliz&oacute; &quot;frontera&quot; desde esta dimensi&oacute;n fue el historiador estadounidense Frederick Turner, en su ensayo &quot;The Significance of the Frontier in American History&quot; (1893). Para Turner, la palabra <i>frontera</i> significaba una tierra lim&iacute;trofe lejana. En este mismo sentido, en el <i>International Dictionary of the English Language</i>, editado entre 1889 y 1891, se refer&iacute;a a la &quot;frontera de la parte colonizada o civilizada de un pa&iacute;s; por ejemplo, la frontera de la civilizaci&oacute;n&quot; (Taylor 2007, 245). Este &uacute;ltimo ejemplo se refiere a la frontera como un proceso de avance (en este caso, de la civilizaci&oacute;n), en el cual no existe un l&iacute;mite concreto, sino que se tiene la idea de que el l&iacute;mite avanza hacia las zonas desconocidas y/o inexploradas no dominadas que se encuentran m&aacute;s all&aacute; en alg&uacute;n lugar de la &quot;frontera&quot;. Es por esto que para Turner la frontera tambi&eacute;n se conceb&iacute;a como un proceso de adaptaci&oacute;n o una condici&oacute;n, como en el caso, por ejemplo, de la existencia de tierras v&iacute;rgenes al borde de una regi&oacute;n colonizada (Taylor 2007, 245).</p>      <p>La segunda dimensi&oacute;n del concepto de <i>frontera</i> tampoco representa una &quot;l&iacute;nea&quot;, sino que la frontera se refiere a un &aacute;rea de integraci&oacute;n/separaci&oacute;n gradual e incluso, a veces, simult&aacute;nea. Esto quiere decir que la frontera es una zona de transici&oacute;n entre territorios. Es precisamente en la frontera donde se encuentran e interact&uacute;an, y hasta se funden, las diferentes formas y normas que caracterizan cada territorio. Por tanto, mientras que l&iacute;mite se refiere a una l&iacute;nea que separa dos territorios, frontera se refiere a una regi&oacute;n o zona que tiene cierto grado de profundidad (Boggs 1940, 23; Sep&uacute;lveda 1983, 171; Taylor 2007, 232). As&iacute;, entonces, desde esta dimensi&oacute;n, la frontera constituye una zona o un ambiente de transici&oacute;n y cambio en medio del cual se encuentra el l&iacute;mite, cumpliendo as&iacute; con una funci&oacute;n dual de ser barrera y membrana permeable a la vez (Taylor 2007, 235).</p>      <p>Esta segunda dimensi&oacute;n de frontera est&aacute; estrechamente ligada al concepto de borde y, por tanto, de &quot;borderland&quot;. En este sentido, el &aacute;rea de integraci&oacute;n/separaci&oacute;n gradual que es la frontera est&aacute; ligada a la regi&oacute;n contigua al l&iacute;mite donde la sociedad y el paisaje est&aacute;n marcados por la presencia del l&iacute;mite, as&iacute; como regi&oacute;n translim&iacute;trofe que comparte aspectos en com&uacute;n, produciendo una regi&oacute;n geogr&aacute;fica de identidad diferenciada que son los bordes y &quot;borderlands&quot;. Es, por tanto, &eacute;ste el punto en donde estos conceptos presentan una cercan&iacute;a que permite el intercambio en su utilizaci&oacute;n. </p>      <p>A su vez, quiz&aacute;s es este punto de confluencia entre frontera y borde la fuente de confusi&oacute;n por la cual tambi&eacute;n se utiliza &quot;frontera&quot; como igual a &quot;l&iacute;mite&quot;. Es precisamente aqu&iacute; desde donde emanan las malas interpretaciones con la utilizaci&oacute;n del concepto de <i>frontera</i>. Es decir, la utilizaci&oacute;n de frontera sin tener conciencia de las dos dimensiones que este concepto encarna, y, por tanto, utilizarlo de forma inadecuada seg&uacute;n el contexto de aplicaci&oacute;n. Esta utilizaci&oacute;n inadecuada, y hasta errada, puede entonces convertirse en fuente de conflictos territoriales.</p>      <p>Por tanto, en t&eacute;rminos pr&aacute;cticos y aplicados, estos debates conceptuales entran en acci&oacute;n y toman vital relevancia en contextos de conflictos sociales, que se presentan, precisamente, por la indiscriminada utilizaci&oacute;n de estos conceptos, as&iacute; como por su mala interpretaci&oacute;n. As&iacute;, entonces, un entendimiento y manejo claro de estos conceptos se tornan relevantes cuando de forma concreta tratamos de organizar los espacios que nos rodean; acciones que involucran delimitaci&oacute;n y construcci&oacute;n territorial. </p>      <p>Consecuentemente, cuando desde la institucionalidad se pretende delimitar el espacio, construyendo, por tanto, territorios y territorialidades, la relevancia de este asunto se ve acentuada. Es posible argumentar esto, ya que las territorialidades que potencialmente resultar&iacute;an de los procesos de delimitaci&oacute;n institucional se convierten en territorios pol&iacute;ticos y/o administrativos con influencias y afectaciones formales en muchos aspectos de nuestro desarrollo diario, de los cuales se destacan los pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos, sociales y culturales. Uno de estos contextos es precisamente el que experiment&eacute; en Cuenca (Ecuador), donde los planes del gobierno para legalmente delimitar sus territorios pol&iacute;tico-administrativos demuestran la importancia de la claridad en estos conceptos. </p>      <p>En Ecuador, el desarrollo espacial del Estado ha demandado la creaci&oacute;n de nuevas unidades pol&iacute;tico-administrativas que han subdividido el territorio. Por lo tanto, como consecuencia de la creaci&oacute;n de estas nuevas unidades territoriales, las diferentes regiones de Ecuador no s&oacute;lo se han encontrado con continuos cambios territoriales, sino tambi&eacute;n con procesos de reorganizaci&oacute;n socioespaciales donde han primado la ambig&uuml;edad y confusi&oacute;n territoriales. Pero, sobre todo, domina la incertidumbre de las poblaciones, lo cual ha provocado conflictos socioespaciales por interpretaciones unilaterales, incertidumbres, reclamos o imprecisiones en materia lim&iacute;trofe.</p>      <p>Esta ambig&uuml;edad y confusi&oacute;n territoriales descansan precisamente en la aproximaci&oacute;n conceptual que se ha manejado desde la institucionalidad. Hist&oacute;rica y predominantemente, las instituciones estatales han utilizado el concepto de <i>frontera</i> para abordar el asunto territorial. Esto desde una perspectiva tanto t&eacute;cnica como social. En ese sentido, el Estado ecuatoriano ha descansado en la idea de la existencia de unas fronteras, con variadas interpretaciones y confusiones territoriales a diferentes escalas dentro de Ecuador. El debate se centra en que las interpretaciones de frontera, as&iacute; como las din&aacute;micas territoriales involucradas en &eacute;stas, no han tenido la suficiente claridad para asumir la situaci&oacute;n lim&iacute;trofe de las unidades territoriales de Ecuador. Por tanto, este vago e inadecuado manejo de los conceptos y el pobre entendimiento pr&aacute;ctico sobre el territorio de estos mismos conceptos han permitido e incentivado interpretaciones, incertidumbres, reclamos e imprecisiones territoriales en el suelo ecuatoriano. </p>      <p>En t&eacute;rminos simples, debido a la vaguedad e inapropiada utilizaci&oacute;n conceptual, las diferentes escalas pol&iacute;ticas y sociales en Ecuador no saben con certeza las dimensiones de su territorialidad. Consecuentemente, los provincias, los cantones y las parroquias (todas las anteriores son las instancias pol&iacute;tico-administrativas reconocidas en la Constituci&oacute;n de Ecuador) no conocen con exactitud d&oacute;nde comienzan y terminan sus territorios, teniendo as&iacute; cada uno una interpretaci&oacute;n particular de los mismos; interpretaci&oacute;n que no necesariamente coincide con la de sus unidades vecinas. Esta falta de certeza, a su vez, afecta la cotidianidad de las personas, al incidir en asuntos concretos como los relacionados con catastro, impuestos, infraestructura, inversi&oacute;n, seguridad, educaci&oacute;n, salud, etc&eacute;tera. A su vez, tambi&eacute;n incide en asuntos no tan tangibles, pero no menos importantes, como los relacionados con pertenencia, apegos, identidad, memoria, entre muchos otros.</p>      <p>En el caso particular de Cuenca, estas din&aacute;micas se ven acentuadas, ya que este cant&oacute;n es una de las unidades territoriales m&aacute;s antiguas de Ecuador, as&iacute; como una de las que presenta menos claridad territorial en materia de bordes y l&iacute;mites. Identificada la necesidad de entender y abordar adecuadamente la situaci&oacute;n socioespacial de Cuenca -con el apoyo de la Secretar&iacute;a Nacional de Educaci&oacute;n Superior, Ciencia, Tecnolog&iacute;a e Innovaci&oacute;n de Ecuador-, se llev&oacute; a un acercamiento que contemplaba las din&aacute;micas territoriales y de territorialidad, y, por tanto, los diferentes conceptos y sus dimensiones relacionados con estas din&aacute;micas y con la delimitaci&oacute;n territorial.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En ese sentido, se desarroll&oacute; el proyecto &quot;Metodolog&iacute;a de procesos para soluci&oacute;n de conflictos lim&iacute;trofes jurisdiccionales pol&iacute;tico-administrativos del cant&oacute;n Cuenca y sus 21 parroquias rurales&quot;. Este proyecto tuvo como objetivo desarrollar y aplicar una metodolog&iacute;a que pudiera conciliar la dimensi&oacute;n t&eacute;cnica con la social para la aproximaci&oacute;n a temas de indefinici&oacute;n lim&iacute;trofe y conflictos socioespaciales dentro del contexto hist&oacute;rico y espacial particular que presenta en Ecuador el cant&oacute;n Cuenca. La metodolog&iacute;a dise&ntilde;ada en el marco de este proyecto aplic&oacute; una aproximaci&oacute;n metodol&oacute;gica-multi escalar contemplando factores socioespaciales y geoespaciales. </p>      <p>Como resultado, por un lado, se lleg&oacute; a clarificar la aplicabilidad de los conceptos (de forma pr&aacute;ctica) que eran necesarios en cada escala y situaci&oacute;n. Es decir, se comprendieron la importancia y utilizaci&oacute;n por parte de la institucionalidad de un &quot;l&iacute;mite&quot;, respetando los &quot;bordes&quot; que se relacionan con &eacute;ste, para que de esta manera la cotidianidad de las personas no se viera contradicha y/u obstaculizada por las territorialidades institucionalizadas en materia pol&iacute;tico-administrativa. As&iacute; mismo, esto permiti&oacute; un mejor entendimiento y armonizaci&oacute;n entre las territorialidades de los habitantes con los territorios construidos por el Estado. Por otro lado, este acercamiento permiti&oacute; llegar a acuerdos entre las partes presentando diferendos territoriales; as&iacute;, entonces, se suscribieron acuerdos lim&iacute;trofes entre las diferentes unidades territoriales.</p>      <p>La base de esta aproximaci&oacute;n presentada por el proyecto ejecutado estuvo, por un lado, en tener presente la importancia del territorio y las din&aacute;micas de territorialidad como aspectos fundamentales para la actividad social, as&iacute; como comprender que para el entendimiento de un territorio es necesario reconocer la existencia de los bordes y l&iacute;mites que lo concretizan. Por otro lado, esta aproximaci&oacute;n se fundament&oacute; en entender que la acci&oacute;n de definir l&iacute;mites territoriales es un asunto que requiere mucho m&aacute;s que el acto t&eacute;cnico y pol&iacute;tico de trazar una l&iacute;nea en un mapa, sino que exige un entendimiento de la relaci&oacute;n tan estrecha que existe entre lo social y lo espacial. Por tanto, una aproximaci&oacute;n desde estas perspectivas permiti&oacute; poder entender las l&oacute;gicas y los fundamentos de los diferentes reclamos espaciales, entendidos desde relaciones sociales, apropiaciones espaciales y construcci&oacute;n de lugar. </p>  <hr size="1">      <p><b>Referencias</b></p>      <!-- ref --><p>1. Boggs, Samuel. 1940. <i>International Boundaries: A Study of Boundary Functions and Problems</i>. Nueva York: Columbia University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000037&pid=S0123-885X201500030001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>2. Bonnemaison, Jo&euml;l. 1981. Voyage autour du territoire. <i>L’Espace G&eacute;ographique </i>4: 249-262.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S0123-885X201500030001500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>3. Delaney, David. 2005. <i>Territory: A Short Introduction</i>. Nueva York: Wiley- Blackwell. &lt;DOI: 10.1002/9780470773925&gt;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000041&pid=S0123-885X201500030001500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>4. Paasi, Anssi. 2003. Territory. En <i>A Companion to Political Geography</i>, eds. John Agnew, Katharyne Mitchell y Gerard Toal. Oxford: Blackwell, 109-120.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S0123-885X201500030001500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>5. Popescu, Gabriel. 2012. <i>Bordering and Ordering the Twenty-first Century</i>. Lanham: Rowman and Littlefield.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S0123-885X201500030001500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>6. Relph, Edward. 1976. <i>Place and Placelessness</i>. Londres: Pion.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0123-885X201500030001500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>7. Sack, Robert. 1986. <i>Human Territoriality: Its Theory and History</i>. Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0123-885X201500030001500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>8. Seamon, David y Jacob Sowers. 2008. Place and Placelessness (1976): Edward Relph. En <i>Key Texts in Human Geography</i>, eds. Phil Hubbard, Rob Kitchin y Gill Valentine. Thousand Oaks: Sage, 45-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0123-885X201500030001500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>9. Sep&uacute;lveda, C&eacute;sar. 1983. <i>La frontera norte de M&eacute;xico: historia, conflictos, 1762-1983</i>.M&eacute;xico: Editorial Porr&uacute;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0123-885X201500030001500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>10. Sibley, David, Peter Jackson, David Atkinson y Neil Washbourne. 2005. <i>Cultural Geography: A Critical Dictionary of Key Concepts</i>. Nueva York: I. B. Tauris.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0123-885X201500030001500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>11. Smith, Graham. 1986. Territoriality. En <i>The Dictionary of Human Geography</i>, eds. Ron Johnston, Derek Gregory, Geraldine Pratt y Michael Watts. Oxford: Blackwell, 823-824.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0123-885X201500030001500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>12.Storey, David. 2001. <i>Territory: The Claims of Space</i>. Oxford: Pearson.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0123-885X201500030001500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>13. Taylor, Lawrence. 2007. El concepto hist&oacute;rico de frontera. En <i>Antropolog&iacute;a de las fronteras:</i> <i>Alteridad, historia e identidad m&aacute;s all&aacute; de la l&iacute;nea</i>, coord. Miguel Olmos Aguilera. Tijuana: El Colegio de la Frontera Norte, 231-261.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0123-885X201500030001500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>14. Turner, Frederick J. 1987. El significado de la frontera en la historia americana. <i>Secuencia. Revista de Historia y Ciencias Sociales</i> 7: 187-207.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0123-885X201500030001500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>  </font>       ]]></body><back>
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