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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">       <p align=center><b><font face="verdana" size="4">El misterioso encanto de las v&iacute;ctimas </font></b></p>       <p><b>Gabriel Gatti<a    name="s**" href="#**"><sup>**</sup></a></b></p>       <p><a href="#*" name="s*" ><sup>*</sup></a> Doctor en  Sociolog&iacute;a por la Universidad del Pa&iacute;s Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea  (Espa&ntilde;a) y profesor de la misma Universidad. Es Director del programa Mundo(s)  de v&iacute;ctimas, y autor, entre otros libros, de <i>Surviving Forced Disappearance  in Argentina and Uruguay</i>. Nueva York: Palgrave Macmillan, 2014. <a href="mailto:g.gatti@ehu.eus"> g.gatti@ehu.eus</a> <a href='javascript:history.go(-1)'></p>        <p>DOI: <a href="http://dx.doi.org/10.7440/res56.2016.09" target=_blank> http://dx.doi.org/10.7440/res56.2016.09</a></p> <hr size="1">      <p><b>Una figura reciente... </b></p>      <p>V&iacute;ctimas. Las hay por  todas partes y las hay de todo. Se las ve en Europa, en Estados Unidos, en  Oriente Medio y en &Aacute;frica; se las ve, y mucho, en Am&eacute;rica Latina, donde se  encuentran de sur a norte y de este a oeste. Su dolor se muestra organizado a  veces, solitario otras. A veces ni se ve ni se oye directamente, pero s&iacute; a  distancia de televisor o se intuye que es profundo cuando otros -expertos,  profesionales, gentes solidarias...- nos hablan de &eacute;l. Y lo son de muchas cosas,  de muchos dolores distintos, con sufrimientos de intensidades y causas variadas,  tantas que son incomparables. Pero son muchas, casi tantas como ciudadanos.</p>      <p>Hasta hace algunos  a&ntilde;os, no mucho m&aacute;s de un par de d&eacute;cadas, solamente merec&iacute;an ese sustantivo, <i> v&iacute;ctimas,</i> quienes sufran violencias trascendentes, esas que hacen a los  pactos sociales que sustancian la vida en com&uacute;n: perseguidos pol&iacute;ticos, los que  sufren genocidio, muertos por el ejercicio de la violencia de Estado, familiares  de desaparecidos, asesinados por violencias <i>terroristas</i>. Las v&iacute;ctimas,  por entonces, se paseaban por los mismos pasillos en los que la historia coloc&oacute;  a h&eacute;roes o m&aacute;rtires; no siempre eran pasillos de palacio, aunque muchas de  ellas, sin quererlo, alimentaban el nutrido martirologio de las narrativas  nacionales, que iniciaban o contribu&iacute;an a estructurar, y daban con eso alimento  y justificaci&oacute;n a alg&uacute;n que otro relato de poder. Tambi&eacute;n hab&iacute;a entonces, hace  a&ntilde;os, v&iacute;ctimas con residencias m&aacute;s modestas -las "del pueblo", o "del progreso",  o "de la revoluci&oacute;n"-; pero aunque modestas, &eacute;stas, como las otras,  satisficieron roles de peso, trascendentes: ayudaban a elaborar narrativas  extraordinarias, las que constituyen lo com&uacute;n cuando lo com&uacute;n es grande y se  escribe con may&uacute;sculas (naciones, patrias, pa&iacute;ses, pueblo...). Eran v&iacute;ctimas  extraordinarias, funcionales a fen&oacute;menos extraordinarios.</p>       <p>Pero desde hace un tiempo, dos d&eacute;cadas, no creo que m&aacute;s,<sup><a    name="#s1" href=1>1</a></sup>  eso cambi&oacute;. El sustantivo -v&iacute;ctima- se hizo com&uacute;n, se hizo <i>ordinario</i>.  Hasta democr&aacute;tico. Quienes pod&iacute;an usarlo con legitimidad, si antes eran muchos y  muchas, ahora son muchos m&aacute;s. Ahora, solas u organizadas, las v&iacute;ctimas lo son de  muchas razones, algunas trascendentes como las de antes, de esas que organizan  relatos nacionales e Historias, pero otras, mucho menos: accidentes, violencias  dom&eacute;sticas, y por frecuentes comunes, cat&aacute;strofes, desahucios, ataques de  animales, negligencias m&eacute;dicas, olvidos de la historia... De quererlo, ser&iacute;a  dif&iacute;cil ser exhaustivo pues lo humano todo, casi todo, aparecer&iacute;a recogido en la  larga lista de las v&iacute;ctimas contempor&aacute;neas. </p>       <p>Y no, no estoy haciendo un uso licencioso, esto es, abierto y metaf&oacute;rico de la figura. Es  apenas una fotograf&iacute;a r&aacute;pida de por d&oacute;nde aparece as&iacute; nombrado, <i>v&iacute;ctima</i>,  este personaje central de la vida social contempor&aacute;nea. Lo encontramos en los  usos vulgares de cualquier <i>reality show</i> de vocaci&oacute;n lacrim&oacute;gena, y  tambi&eacute;n en las cumbres de los dispositivos de producci&oacute;n de verdad, las leyes,  que sobre v&iacute;ctimas las hay de todo tenor y alcance: sobre v&iacute;ctimas de la  violencia de g&eacute;nero; sobre v&iacute;ctimas de la desaparici&oacute;n forzada de personas;  sobre las de grandes accidentes; en muchas leyes propias de per&iacute;odos  transicionales -leyes de reconocimiento o de reconciliaci&oacute;n o de reparaci&oacute;n de  sufrimientos pasados-; o en leyes <i>de v&iacute;ctimas</i>, sin m&aacute;s, como las que ya  han sido aprobadas por el legislador en muchos pa&iacute;ses de Occidente (Francia,  Espa&ntilde;a...).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>... y una figura dif&iacute;cil de pensar</b></p>      <p>Y desde que se presentaron en multitud en la escena p&uacute;blica, siempre han sido personajes  dif&iacute;ciles de pensar para las ciencias sociales, por mucho que se multipliquen  las propuestas para hacerlo. Hay de todo: trabajos terap&eacute;utico-curativos -&iquest;qu&eacute;  hacer para que la v&iacute;ctima no sufra/supere el trauma/gestione el trauma/...?-;  descripciones estad&iacute;sticas -&iquest;cu&aacute;ntas v&iacute;ctimas hay/qu&eacute; debe repararse/qu&eacute; causas  deben atenderse?-. Hay bibliograf&iacute;a atenta a su expansi&oacute;n, masiva e invasiva  (Chaumont 1997; Erner 2007); otra que calibra por qu&eacute; y con qu&eacute; alcance el dolor  estructura la vida social (Kleinmann, Das y Lock 1997); textos que con mirada  cr&iacute;tica analizan el aparato, los dispositivos, que se conforman para ellas y por  ellas, y que las amplifican (Agier 2008; Boltanski 1993; Fassin y Rechtman  2007); e incluso otros que apuestan por pensarlas desde la convicci&oacute;n que  hacerlo da acceso a la condici&oacute;n humana en algunas de sus dimensiones m&aacute;s  esenciales (Butler 2006). </p>       <p>Mucho, y bueno. Si se organiza algo m&aacute;s esa bibliograf&iacute;a se observan en ella dos formas de afrontar la  figura en su dimensi&oacute;n social (Gatti 2014a). Una -de marcado acento franc&eacute;s- es  sensible a c&oacute;mo la v&iacute;ctima aborda y desborda el viejo y central personaje del  ciudadano. En esta tradici&oacute;n, ante la avalancha de sujetos que ingresan en la  vida social, la vida pol&iacute;tica, la vida jur&iacute;dica, desde dolores privados, la  reacci&oacute;n es de profundo recelo, con el desprecio en el extremo y la denuncia o  el an&aacute;lisis en clave de sospecha como el mejor resultado: la v&iacute;ctima, se dice,  quita espacio, confronta, rivaliza, polemiza, y hasta disputa, la posici&oacute;n  central del que ha sido el soporte subjetivo del lazo social moderno, de la  sociedad &agrave; la francesa, el ciudadano (Chaumont 1997; Erner 2007; Garapon y Salas  2007; Wieviorka 2003, entre otros). La v&iacute;ctima representa, se afirma, una  "identidad negativa", que impide la ciudadan&iacute;a y dificulta el funcionamiento del  engranaje de la vida colectiva. Es se&ntilde;al de una "ciudadan&iacute;a inmadura", sin  responsabilidad, asistida, asentada en la queja. Sospecha es la palabra clave.</p>       <p>Otra bibliograf&iacute;a -de sonoridad m&aacute;s anglosajona- aborda la v&iacute;ctima como una manifestaci&oacute;n del ser  humano en situaci&oacute;n doliente. Pensar sobre la condici&oacute;n antropol&oacute;gica del que  sufre supone un alto precio por pagar: la deshistorizaci&oacute;n y la naturalizaci&oacute;n.  Aunque tambi&eacute;n es alta la ganancia: sensibilidad por el sujeto sufriente, por lo  espec&iacute;fico de su lenguaje, y por sus capacidades de articular comunidad y  sentido (Ortega 2008). En esta forma de aproximarse a la v&iacute;ctima, &eacute;sta es un  sujeto que hace su agencia en el dolor, pese a que no es transmisible, y hace  comunidad (Jimeno 2008; Ortega 2008) desde esa experiencia, desde el cuerpo  roto, desde su lenguaje quebrado. Comprensi&oacute;n es aqu&iacute; el t&eacute;rmino s&iacute;ntesis.<sup><a    name="#s2" href=2>2</a></sup></p>       <p>Poderosos argumentos de estas dos tradiciones. La una es racional y cr&iacute;tica. La otra, sensible e  intensa. Pero una es insuficiente para entender una figura de densidades nuevas,  que pone en juego aspectos otros que los que caracterizan a un actor social  convencional, y desde luego, muy distinta al ya viejo <i>ciudadano moderno</i>.  Y la otra parece pobre para acercarse a la historicidad de una figura de  calidades muy contempor&aacute;neas, dif&iacute;cilmente desligable de la expansi&oacute;n planetaria  de la sensibilidad por lo vulnerable y lo humano descompuesto, y de sus  maquinarias de gesti&oacute;n. </p>       <p>Ninguna parece, en todo caso, bastar para acercarse a una figura tensa, intensa, misteriosa. Y  sobre todo, muy parad&oacute;jica, de texturas extra&ntilde;as, complicada: lo es por su <i> agencia</i>, pues, dice el t&oacute;pico, es pasiva, y sin embargo la literatura y la  mirada socioantropol&oacute;gica nos muestran que tiene agencia, y que la tiene,  incluso, colectiva (Lefranc y Mathieu 2009); lo es tambi&eacute;n por su <i>palabra</i>,  pues no habla, no puede, pues la palabra -dolorida- se quebr&oacute; a partir de lo que  sea que la llev&oacute; a su actual condici&oacute;n, y sin embargo no solo habla -es incluso  parlanchina (Boltanski 1993)- sino que dice muchas m&aacute;s cosas de lo que dicen en  su lugar sus muchos voceros -expertos, asistentes, cuidadores-; es parad&oacute;jica  tambi&eacute;n la identidad que otorga a quien puede ostentarla con legitimidad, mucha,  muy intensa, muy profunda, por mucho que al tiempo la condici&oacute;n de v&iacute;ctima sea  poco deseable; y es una figura parad&oacute;jica tambi&eacute;n por su extra&ntilde;o equilibrio  entre particularidad y universalidad, pues aunque entendemos que el sufrimiento  se vive con intensidad intransferible -que es indecible, pensamos, que no se  puede contar, decimos- o dif&iacute;cilmente transferible -s&oacute;lo otros igual que ellas  los comprenden, afirma el t&oacute;pico-, la condici&oacute;n de v&iacute;ctima constituye uno de los  catalizadores m&aacute;s intensos de la solidaridad social hoy; esto es, las v&iacute;ctimas  son uno -aislados, solos, incomunicados- y son tambi&eacute;n multitud.</p>      <p><b>La envidia de pena, o el deseable encanto de la v&iacute;ctima</b></p>      <p>En la Navidad de 2015, en Argentina, apareci&oacute; una m&aacute;s, se pens&oacute; que la 120, de las hijas de  desaparecidos que all&iacute; llaman "nietas" o "nietos", pues son las Abuelas de Plaza  de Mayo las que suelen liderar su b&uacute;squeda y, en este caso, recuperaci&oacute;n. Se  trataba de la nieta de "Chicha" Mariani, Clara Anah&iacute;, secuestrada con apenas  tres meses en un operativo del Ej&eacute;rcito argentino, recuperada, se cre&iacute;a, 39 a&ntilde;os  despu&eacute;s. La noticia corri&oacute; r&aacute;pidamente, recorri&oacute;  la prensa y gener&oacute; una intensa algarab&iacute;a en las redes sociales.</p>       <p>Los intensos y tambi&eacute;n muy institucionalizados circuitos que en los &uacute;ltimos  quince a&ntilde;os se fueron organizando en aquel pa&iacute;s en torno a las reclamaciones por  los derechos humanos trasladaron la buena nueva con la rapidez con la que corre  la p&oacute;lvora. No era la primera vez que esto ocurr&iacute;a -119 nietos hab&iacute;an aparecido  antes- pero el caso ten&iacute;a algunas singularidades que explicaban la intensidad  especial de la celebraci&oacute;n: la Abuela de la ni&ntilde;a, ahora una adulta de 39 a&ntilde;os,  fue fundadora y presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo y es un personaje de  cierta notoriedad p&uacute;blica, con mucho predicamento en los circuitos del activismo  en pro de los derechos humanos en Argentina y con una fundaci&oacute;n,<sup><a    name="#s3" href=3>3</a></sup>  la fundaci&oacute;n Clara Anah&iacute;, que ayudaba a mantener el caso presente en la memoria;  el secuestro, desaparici&oacute;n y asesinato de los padres de Clara Anah&iacute;, aun no  siendo ni m&aacute;s brutales ni m&aacute;s dram&aacute;ticos que otros, s&iacute; tuvo algunas  caracter&iacute;sticas que contribu&iacute;an a singularizarlo; una magn&iacute;fica novela, <i>La  casa de los conejos </i>(Alcoba 2008), recreaba la vida de la c&eacute;lula de  Montoneros a la que pertenec&iacute;an los padres de Clara Anah&iacute; antes de su  desaparici&oacute;n... </p>      <p>Y adem&aacute;s, y sobre todo, desde la celeb&eacute;rrima aparici&oacute;n en agosto de 2014 del  nieto de la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto (Gatti  2014b), la celebraci&oacute;n de estas reapariciones hab&iacute;a adoptado una cierta  ritualidad, algo banal, algo pop, que en este caso tambi&eacute;n se dio. Siguiendo sus  reglas, en apenas un d&iacute;a, se desplegaron los festejos, las manifestaciones  p&uacute;blicas y privadas de alegr&iacute;a y las celebraciones: "Bienvenida Clara Anah&iacute;",  "Lleg&oacute; la 120, ahora el 121", "las Abuelas son lo mejor de Argentina"... La fiesta  era, una vez m&aacute;s, un&aacute;nime, sincera, sensible, sentida. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero a los dos d&iacute;as salta la noticia que quiebra los &aacute;nimos: el cotejo de las muestras de ADN  entre quien dijo ser Clara Anah&iacute; y su abuela revelaba que no hab&iacute;a v&iacute;nculo  biol&oacute;gico entre ambas. <i>La v&iacute;ctima no lo era</i>. "Usurpadora", "mentirosa  patol&oacute;gica", "farsante", "impostora", "codiciosa", se dijo. <i>La v&iacute;ctima era  una falsa v&iacute;ctima</i>. No era m&aacute;s Clara Anah&iacute; Mariani. Volv&iacute;a a ser nadie, Mar&iacute;a  Elena Wehrli, s&oacute;lo una hu&eacute;rfana sin una historia destacable detr&aacute;s (Leguizam&oacute;n  2015).</p>      <p>No es la primera de la historia: Enric Marco, en Espa&ntilde;a, que alcanz&oacute; altas cotas de popularidad y  cierto poder en lo que algunos han llamado "industria de la memoria hist&oacute;rica"  (Cercas 2014), se hizo pasar por superviviente del campo de concentraci&oacute;n nazi  de Flossenb&uuml;rg, sin serlo; en Estados  Unidos, Tania Head/Alicia Esteve pas&oacute; durante seis a&ntilde;os por v&iacute;ctima de los  atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, llegando a dirigir una de  las asociaciones que agrupaba a las v&iacute;ctimas y los afectados por aquellos  hechos; Somaly Mam, que construy&oacute; una dura biograf&iacute;a de esclava sexual, que la  llev&oacute; a las m&aacute;s altas cimas en la escala de las v&iacute;ctimas reconocidas (Premio  Pr&iacute;ncipe de Asturias, Naciones Unidas...), construy&oacute; con datos inciertos parte  importante de su historia de dolor. </p>       <p>&iquest;Son &eacute;stas, o la de la falsa Clara Anah&iacute;, manifestaciones de simples patolog&iacute;as? &iquest;Acaso son  apenas una muestra m&aacute;s de a d&oacute;nde pueden llegar las argucias del p&iacute;caro? Aunque  una y otras son las explicaciones m&aacute;s al uso, ni una ni otra pueden conformar  las inquietudes de un cient&iacute;fico social. Apostemos por otra hip&oacute;tesis: estos  casos son muestras de las consecuencias -no deseadas, es claro- de la  institucionalizaci&oacute;n de las maquinarias del humanitarismo, maquinarias que  generan las condiciones de su propia posibilidad y que requieren oficios,  experticias que las armonicen, testimonios que les den calor y relato... y tambi&eacute;n  v&iacute;ctimas que les proporcionen carnadura, materialidad sufriente. </p>      <p>Hace ya unos a&ntilde;os, en 1997, Jean-Michel Chaumont propuso entender la comparecencia masiva al  espacio p&uacute;blico de v&iacute;ctimas del Holocausto con el t&eacute;rmino "concurrencia", <i> concurrence</i>, es decir, competencia. Aunque asociado a una situaci&oacute;n  indeseable -el sufrimiento pasado-, ser v&iacute;ctima daba acceso a bienes deseables  -reconocimiento, visibilidad, identidad...-. Planteada as&iacute;, la cuesti&oacute;n de casos  como el Clara Anah&iacute; y las otras <i>falsas v&iacute;ctimas </i>no se dirime en un eje  delimitado en los extremos por la verdad o la mentira; esto es, no se trata aqu&iacute;  ni de saber -ni de juzgar- si se es o no v&iacute;ctima de verdad, si se es un  sufriente real: &iquest;Qu&eacute; delimita el sufrimiento leg&iacute;timo del intolerable? &iquest;Cu&aacute;l es  el sufrimiento reconocido? &iquest;Es v&iacute;ctima todo aquel que sufre? &iquest;Qui&eacute;n sufre de  verdad? &iquest;Qui&eacute;n es, entonces, una v&iacute;ctima? La categor&iacute;a es demasiado escurridiza  y muy poco universalizable para que nos tomemos en serio la posibilidad de  hablar con base sociol&oacute;gica de <i>verdaderas </i>y <i>falsas </i>v&iacute;ctimas.</p>       <p>La cuesti&oacute;n pasa entonces por saber c&oacute;mo se otorga reconocimiento al sufrimiento, cu&aacute;l es el  estatuto que alcanza aquel que es nombrado por esa condici&oacute;n -la de sufriente,  la de v&iacute;ctima- y cu&aacute;l es la centralidad de esa condici&oacute;n en el espacio social  que la contiene, y lo que estar en esa condici&oacute;n comporta: &iquest;Piedad? &iquest;Ayudas?  &iquest;Dinero? &iquest;Poder? &iquest;Olvido? &iquest;Prebendas? &iquest;Identidad? &iquest;Dolor? &iquest;Patetismo?  &iquest;(In) existencia social? &iquest;Silencio? </p>      <p>De todo hay, de todo ha habido. Hoy la posici&oacute;n social de la v&iacute;ctima suscita no s&oacute;lo la <i> concurrence</i>, en el sentido de Chaumont, sino tambi&eacute;n la <i>concurrencia, </i> a saber: multitud son los que concurren a ese lugar social (Gatti 2014a), los  que acuden al tentador llamado de la v&iacute;ctima. Miles de personas demandan, en  efecto, ser reconocidas a trav&eacute;s de lo que les ha hecho sufrir; cientos de miles  reclaman ser nombradas por lo que han padecido o padecen; millones entienden,  entendemos, que somos ciudadanos a trav&eacute;s de algo, lo que sea, la causa importa  poco, que justamente impide que lo seamos. El deseo de ser v&iacute;ctima invade, s&iacute;,  la sociedad contempor&aacute;nea: otorga reconocimiento, ayuda  a salir de la invisibilidad social y colectiva... Permite existir a quienes, si  no, instalados en otras categor&iacute;as, raramente resultan audibles. </p>      <p>Dicen que Mar&iacute;a Elena Wehrli, cuando se present&oacute; en la Fundaci&oacute;n Clara Anah&iacute;, dijo: "Soy hija de  desaparecidos. Estoy buscando mi identidad". No ment&iacute;a. Pod&iacute;a haber sido una  v&iacute;ctima de ETA en Espa&ntilde;a, un sobreviviente de Auschwitz, una sobreviviente del  11-M de Madrid o del 11-S de Nueva York, o una v&iacute;ctima de las FARC o de alg&uacute;n  grupo paramilitar en Colombia. Deseaba ser <i>alguien</i>, ocupar<i> </i>un  lugar que se reconociese y abandonar el lugar de los nadie: hospicios,  orfanatos, pobrer&iacute;as, historias an&oacute;nimas... La nada. Envidiaba la pena de otros,  que era pena nombrada, visible, reconocida. Hoy, ser v&iacute;ctima es nada m&aacute;s y nada  menos que una v&iacute;a de acceso a la condici&oacute;n de ciudadano.</p>  <hr size="1">      <p><b>Comentarios</b></p>      <p><sup><a href="#s1" name="1">1</a></sup>   Lo creo, junto al equipo del  		proyecto "Mundo(s) de v&iacute;ctimas", un proyecto pionero en abordar la  		figura de la v&iacute;ctima, sin atender a sus apellidos (de g&eacute;nero, pol&iacute;tica,  		de tr&aacute;fico...) sino a lo que la sustancia. El proyecto fue financiado por  		el antes llamado Ministerio de Innovaci&oacute;n espa&ntilde;ol en su programa de  		investigaci&oacute;n de excelencia entre 2012 y 2015 (ref. CSO 2011-22451). De  		lo discutido y aprendido con ese equipo surge lo que contiene este  		ensayo. </p>       <p><sup><a href="#s2" name="2">2</a></sup> Hay, es claro, mucho m&aacute;s que eso:  		la poderosa producci&oacute;n acad&eacute;mica generada a partir de la experiencia  		hist&oacute;rica de varios pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, por ejemplo, fuera de los  		trabajos m&aacute;s emp&iacute;ricos, les ha dado vueltas a algunas variantes locales  		de la figura, con conclusiones relevantes sobre su presencia en las  		pol&iacute;ticas de la memoria (Jelin 2002), su marcado familismo (Vecchioli  		2005), la centralidad de las v&iacute;ctimas de ra&iacute;z pol&iacute;tica en la  		construcci&oacute;n de las narrativas nacionales postransicionales (Piper 2005)  		o las muchas pol&iacute;ticas nacionales de administraci&oacute;n del dolor (Aparicio  		2012; Castillejo 2009). Tampoco es de desde&ntilde;ar la producci&oacute;n espa&ntilde;ola en  		la materia. </p> 		     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s3" name="3">3</a></sup> Su sitio web, muy desfasado  		actualmente, puede orientar al lector interesado sobre estas  		peculiaridades, 		<a href="https://fundacionanahi.wordpress.com" target=_blank>https://fundacionanahi.wordpress.com</a> </p> 		 		 <hr size="1">      <p><b>Referencias</b></p>      <!-- ref --><p>1. Agier, Michel. 2008. <i>G&eacute;rer  les ind&eacute;sirables. Des camps des r&eacute;fugi&eacute;s au gouvernement humanitaire</i>. Par&iacute;s: Flammarion.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970324&pid=S0123-885X201600020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>2. Alcoba, Laura. 2008. <i>La casa de los conejos.</i>Buenos Aires: Edhasa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970326&pid=S0123-885X201600020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>3. Aparicio, Juan Ricardo.  2012. <i>Rumores, residuos y Estado en la mejor esquina de Am&eacute;rica</i>. Bogot&aacute;: Ediciones Uniandes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970328&pid=S0123-885X201600020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>4. Boltanski, Luc. 1993. <i>La souffrance &agrave; distance</i>. Par&iacute;s: Folio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970330&pid=S0123-885X201600020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>5. Butler, Judith. 2006. <i>El poder del duelo y la violencia</i>.  Buenos Aires: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970332&pid=S0123-885X201600020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>6. Castillejo, Alejandro. 2009. <i> Los archivos del dolor</i>. Bogot&aacute;: Ediciones Uniandes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970334&pid=S0123-885X201600020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>7. Cercas, Javier. 2014. <i>El impostor</i>. Madrid: Random House.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970336&pid=S0123-885X201600020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>8. Chaumont, Jean-Michel. 1997. <i>La concurrence des victimes. G&eacute;nocides,  identit&eacute;, reconnaissance</i>. Par&iacute;s: La D&eacute;couverte.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970338&pid=S0123-885X201600020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>9. Erner, Guillaume. 2007. <i>La soci&eacute;t&eacute; des victimes.</i> Par&iacute;s: La  D&eacute;couverte.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970340&pid=S0123-885X201600020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>10. Fassin, D. y R. Rechtman. 2007.  <i>L'empire du traumatisme.</i> <i>Enqu&ecirc;te sur la condition de  victime</i>. Par&iacute;s: Flammarion.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970342&pid=S0123-885X201600020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>11. Garapon, Antoine y Denis Salas. 2007. "La victime plut&ocirc;t que le droit". <i>Esprit</i> 11: 74-82&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970344&pid=S0123-885X201600020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Gatti, Gabriel. 2014a.  "Como la &#91;v&iacute;ctima&#93; espa&ntilde;ola no hay. (Pistas confusas para poder seguir de cerca  y entender la singular vida de un personaje social en pleno esplendor)". <i> Kamchatka</i> 4: 275-292.  <a href="http://dx.doi.org/10.7203/KAM.4.4141" target=_blank> http://dx.doi.org/10.7203/KAM.4.4141</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970345&pid=S0123-885X201600020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Gatti, Gabriel. 2014b.  "Las Abuelas, el gobierno de la sangre y la banalidad del bien". <i>Brecha</i>  5/9.  <a href="http://brecha.com.uy/las-abuelas-el-gobierno-de-la-sangre-y-la-banalidad-del-bien/" target=_blank> http://brecha.com.uy/las-abuelas-el-gobierno-de-la-sangre-y-la-banalidad-del-bien/</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970346&pid=S0123-885X201600020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Jelin, Elizabeth. 2002. <i>Los trabajos  de la memoria. </i>Buenos Aires: Siglo XXI Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970347&pid=S0123-885X201600020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>15. Jimeno, Myriam. 2008. "Lenguaje, subjetividad y experiencias de violencia". En <i>Veena Das: Sujetos del dolor, agentes de dignidad</i>, editado por Francisco Ortega, 261-292. Bogot&aacute;:  Pontificia Universidad Javeriana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970349&pid=S0123-885X201600020001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>16. Kleinmann, Arthur, Veena Das y Margaret M. Lock, eds. 1997. <i>Social  Suffering. </i>Berkeley: University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970351&pid=S0123-885X201600020001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>17. Lefranc, Sandrine y Lilian Mathieu, dir. 2009. <i>Mobilisations de  victimes</i>. Rennes: Presses Universitaires de Rennes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970353&pid=S0123-885X201600020001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>18. Leguizam&oacute;n, Dante. 2015.  "&iquest;Qui&eacute;n soy? &iquest;D&oacute;nde estoy?". <i>Revista Anfibia</i>.  <a href="http://www.revistaanfibia.com/cronica/quien-soy-donde-estoy/" target=_blank> http://www.revistaanfibia.com/cronica/quien-soy-donde-estoy/</a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970355&pid=S0123-885X201600020001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Ortega, Francisco, ed. 2008. <i>Veena Das</i>: <i>Sujetos del dolor, agentes de dignidad.</i> Bogot&aacute;: Pontificia Universidad Javeriana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970356&pid=S0123-885X201600020001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>20. Piper, Isabel. 2005.  "Obstinaciones de la memoria", disertaci&oacute;n doctoral, Universidad Aut&oacute;noma de  Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970358&pid=S0123-885X201600020001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>21. Vecchioli, Virginia. 2005. "La naci&oacute;n  como familia. Met&aacute;foras pol&iacute;ticas en el movimiento argentino por los derechos  humanos". En <i>Cultura y pol&iacute;tica en etnograf&iacute;as sobre la Argentina</i>,  compilado por Germ&aacute;n Soprano y Sabina Frederic, 241-270. Buenos Aires:  Universidad Nacional de Quilmes – Prometeo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970360&pid=S0123-885X201600020001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>22. Wieviorka, Michel. 2003. "L'&eacute;mergence des victimes". <i>Sphera publica</i>  3: 19-38.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2970362&pid=S0123-885X201600020001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>   		</font>       ]]></body><back>
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